Ir a misa mejora la salud

Magdalena Trillo | 29 de mayo de 2016 a las 12:23

Ir a misa todas las semanas prolonga la vida. Lo asegura un grupo de científicos tras realizar un amplísimo trabajo de campo con casi 75.000 enfermeras de Estados Unidos durante 16 años. Los resultados se acaban de publicar en la revista Jama Internal Medicine poniendo cifras a los efectos saludables de la espiritualidad: asistir a los oficios religiosos de forma habitual reduce un 27% el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y un 21% por efecto del cáncer. Exactamente. Ni más ni menos. Ir a misa más de una vez a la semana supone un 33% menos de riesgo de morir frente a quienes nunca pisan un templo; acudir semanalmente rebaja el riesgo un 26% y, si suavizamos ligeramente la práctica, los beneficios caen al 13%.

Los científicos, investigadores de la Harvard Chan School of Public, han dedicado casi dos décadas a conocer la dieta y el estilo de vida de las norteamericanas. La información sobre el estudio la publicaba hace unos días el periódico Abc y, si superamos la perplejidad del titular, contenemos el escepticismo por la contundencia y la precisión de las conclusiones y descendemos a la letra pequeña, los resultados terminan conectando más con lo terrenal que con lo divino. Tienen que ver con los efectos del apoyo social, con el menor consumo de tabaco, con la baja propensión a sufrir depresión y ataques de ansiedad y con la elevada preocupación por el cuidado de la salud que tiene un colectivo tan especial como el de las enfermeras. Todas de raza blanca, de alto nivel socioeconómico y perfectamente integradas en su comunidad. En resumen, que ni el estudio se puede generalizar ni podemos perder de perspectiva que sólo las personas sanas pueden ir a misa; que las verdaderamente enfermas se tienen que quedar en casa o en el hospital…

Les confieso que recorté el artículo con la idea de hacer una crítica despiadada sobre un tema que realmente me preocupa: que se dediquen fondos y esfuerzos a investigaciones que rozan lo ridículo. Lo absurdo. Les animo a que buceen en las notas de prensa que emiten los gabinetes de las universidades españolas y a que consulten los listados de los proyectos que reciben financiación pública relacionados con la investigación y hasta con la innovación. Llevo años, sin éxito, intentado descubrir los criterios. Encontrarán iniciativas sorprendentes, valiosísimas, y verdaderas estupideces. No hablo del incuestionable coste de la ciencia básica ni defiendo el pragmatismo por encima del conocimiento; hablo de cuando se cruzan intereses que nada tienen que ver con la ciencia, con el saber, con el progreso. Trabajos que responden al márketing institucional, a la propaganda, al proselitismo, casi al mismo nivel que las campañas políticas se diluyen en el espectáculo. Ni siquiera entro en la mediocridad y el camino fácil -la vida fácil- que no deja de comer terreno a ese difícil principio de excelencia que se supone entre las paredes de una universidad. Hablo del sentido común, de proporcionalidad y hasta de coherencia.

Decía esta semana el consejero de Economía que habría que hacer un “pacto de Estado” -ese que nostálgicamente pedimos para todos los grandes temas que luego lanzamos a la arena de la confrontación política y electoral- para eliminar la “patética burocracia” que sufren los investigadores. Para acabar con el “infierno” del papeleo. Cualquiera que conozca el mundo de la Aneca lo firmaría sin leerlo. Pero no es sólo el continente lo que requiere cirugía en la Universidad; también el fondo. El siempre polémico y cuestionado impacto de los ranking y el irresoluble debate sobre la financiación suelen acaparar el tenue debate público sobre el modelo de educación superior. Pero hay otro plano que nos debería preocupar casi más: qué se enseña, sobre qué se investiga, qué aporta la Universidad.

En la misma carpeta en que guardé la noticia de Abc coloqué un artículo sobre dos jóvenes emprendedores de California, de una start up de San Francisco, en Silicon Valley, capaces de convertir el agua en vino en sólo 15 minutos. “Recreamos vinos desde cero, sabor a sabor, combinando los compuestos en su nivel preciso. Sin levadura, sin fermentación, con control infinito del sabor y del aroma”. Hace dos años, los medios ya se hacían eco de una “máquina milagrosa” que fabricaba vino en tres días -el asunto quedó en una campaña de crowdfunding para recabar financiación para su comercialización- y son varios los vídeos de Youtube que van del divertimento de los experimentos caseros a las reminiscencias bíblicas de las bodas de Caná.

Quería criticar que en PlayaGranada, en uno de los rincones más turísticos de la costa, en la zona más exclusiva de Motril, en zona verde, hayan decidido construir una iglesia cuando no hay ni una franquicia de supermercado… Luego he pensado en lo fresquito que se estará allí dentro cuando lleguen los días tórridos de julio y, al final, me ha podido la superstición: ¿y si fuera verdad lo de las misas y la salud? Mi madre siempre me lo decía de pequeña: mientras estés en la iglesia no estarás haciendo otras cosas. Ella pensaba en los novios, las discotecas y el alcohol -amenazas más que reales para la “salud” de una adolescente- y yo me pregunto hoy si al final todo tiene su tono, su sentido y su contexto.

Hablando sobre su nueva novela, El azar y viceversa, Felipe Benítez Reyes advierte contra las actitudes de “solemnidad” que no llevan más que a la “grandilocuencia” y el “tremendismo”. “La vida”, reflexiona en una entrevista en la revista Mercurio, “es fascinante y a menudo puede resultar terrible, pero también es bastante absurda y ridícula. Si prescindimos del humor, le mutilamos la mitad”. ¿Quién soy yo, adicta a la coca-cola, para criticar entonces a quienes quieran beber vino sintético? ¿Quién soy yo para cuestionar si es más importante alimentar el cuerpo que el alma?

Me lo pregunto cuando media aristocracia europea hace las dos cosas asistiendo a la boda de la hija del duque de Wellington, Charlotte Wellesley, con el multimillonario colombiano Alejandro Santo Domingo en la pequeña Iglesia de la Encarnación de Íllora por el capricho de la novia…

Me lo pregunto después de ver a Pablo Iglesias hacerse fan del Papa, a los políticos catalanes comprando la paz social con los okupas radicales, a las feministas socialistas guerrear contra las feministas de Podemos por una charla sobre sexo, amor y porno, a Carmen Thyssen quejándose de lo “difícil” y de la “responsabilidad” que es “ser rico”. ¿Usted sabría ponerle el tono?

Una foto que vale un mandato

Magdalena Trillo | 22 de mayo de 2016 a las 10:33

Cuánto cuesta una foto. Una foto que salvara todo un mandato. Una foto que viniera a legitimar la inesperada oportunidad de ser alcalde sin tener que volver a pasar por las urnas. Una foto que terminara justificando el desalojo del gobierno del adversario -la lista más votada- con el respaldo de toda la oposición y compensara las penurias, el sufrimiento y las “duras decisiones” que empiezan a vislumbrar las quebradas cuentas municipales.

Es una foto compleja pero posible. Es la foto del legado de Federico García Lorca en Granada. Torres Hurtado inauguró el edificio que simbolizará la reconciliación de la ciudad con su poeta más universal, pero vacío. Paco Cuenca probablemente esté el día en que se desempaqueten las cajas y asciendan las cartas, los libros, los dibujos y los manuscritos a la cámara acorazada del Centro Lorca.

La política no es justa. Ni compasiva. Ni agradece ni espera. Durante tres mandatos, Federico ha sido uno de los ejes vertebradores de la gestión del PP. El anterior gobierno tripartito lo intentó pero sin éxito. En 2003, a los pocos meses de desembarcar en la Plaza del Carmen, fue el equipo de Pepe Torres (PP) quien consiguió desbloquear la negociación para traer el legado, acordó con la familia el emplazamiento en la Plaza de la Romanilla y, aunque con siete años de retraso, ha podido abrir las puertas del centro.

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Todo empezó con la polémica foto del ex presidente José María Aznar y Laura García-Lorca en La Moncloa pero después vendrían las instantáneas de la buena sintonía institucional. Las de los brindis y los acuerdos. El compromiso local era firme y no importaba demasiado quién gobernaba en Sevilla y en Madrid. Todos tuvieron su foto. La inversión millonaria llegaba desde Europa y casi bastaba con dejarse abrumar por la obra escultórica que se colaba en la plaza y empezaba a coquetear con la Catedral.

No sólo la corrupción rompió el sueño. A la avaricia de unos se unió la ambición de otros. La bajeza de la condición humana. Intrigas palaciegas en tiempos de falsa transparencia y de sobreactuación. Maniobras más que cuestionables. ¿Necesidad? Por encima del maniqueísmo de buenos y malos, una deriva moralmente reprobable.

No hablo de lo legal ni de lo penal. De lo que administrativamente y judicialmente todavía ha de esclarecerse. Hablo del momento en que se expulsó a la Fundación del Consorcio Lorca con una modificación estatutaria engañosamente explicada a la opinión pública.Había un teórico fin superior -legítimo y hasta defendible- de castigar la gestión de la familia Lorca tras destaparse la presunta estafa del gerente y los problemas para justificar los gastos. Pero también una operación encubierta de asumir las riendas del futuro centro. De nuevo, el poder.

Los propios patronos de la Fundación, intelectuales ajenos a este particular desafío de sillones, han criticado abiertamente la desvirtuación del proyecto que se ha producido en el último año. Fue la ruptura del consenso y el torpedeo del Consorcio, pero fueron también las amenazas veladas de recurrir a los tribunales para hacer efectiva la llegada del legado y ha sido, sobre todo, el sorpresivo ‘blindaje’ del legado lorquiano como BIC a iniciativa del Ministerio de Cultura y la Comunidad de Madrid con sospechas interesadas sobre su custodia y conservación.

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Entonces llegó la foto. La de Paco Cuenca y Laura García-Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Justo un día antes de la ceremonia del Premio Lorca. Doce años después de la puesta de largo del certamen literario en el mítico Waldorf Astoria de Nueva York, el edificio de La Romanilla acogería por primera vez la entrega de la estatuilla lorquiana. Y por primera vez sería un alcalde socialista, arropado por un presidente de la Diputación socialista y una delegada de la Junta socialista, quien ocupara la foto.

Al otro lado, el venezolano Rafael Cadenas denunciaba el insoportable “sufrimiento” que está provocando el “régimen” en su país y ponía voz a la poesía que se alza contra el poder. Contra cualquier abuso de poder. Allí y aquí. Llevaba razón: tal vez no tengamos una idea exacta de qué es la poesía, con qué forma se nos presenta, pero la sabemos reconocer cuando aparece.

Probablemente porque es poesía, se ha salvado el Premio Lorca del naufragio del equipo de Torres Hurtado. Aunque el final de la historia del Centro está por escribir, en nada debería interferir con la otra gran pata del proyecto lorquiano que impulsó el PP nada más llegar a la Alcaldía. Al contrario. La ilusión y el “pulso” que tiene ahora el equipo de Paco Cuenca no difieren demasiado de los aires de cambio y del impulso que se vivían en la Plaza del Carmen tras poner fin al conflictivo tripartito de Moratalla. Y si hoy hay Centro Lorca, si hoy se ha consolidado el Premio Lorca de Poesía en el implacable mundo de las letras, es porque políticos -y aliados- de aquel equipo lo supieron ver, valorar y defender.

No es una foto fija ni simple la que necesita Paco Cuenca para ir construyendo una gestión que vaya más allá de la estricta supervivencia, que reduzca su paso por el poder a un mandato de pura transición. Ni siquiera es sólo una. Esta semana ha logrado el primer flash de la foto lorquiana, pero difuminada por la sombra de lo que costará. Hablamos de lo realmente complicado: de dinero. Del ‘agujero’ al que hay que hacer frente. De las partidas sin justificar, de los fondos supuestamente saqueados y del sobrecoste que ha supuesto la obra. De la preocupación por que el legado llegue “a cambio” de la condonación de las deudas.

El legado de Lorca tiene que estar en Granada pero ni el chantaje ni la extorsión pueden formar parte de ese viaje. ¿Eso significa que no tendrá en precio? No seamos ilusos, todo tiene un precio: simbólico y real. La cuestión es tan sencilla -y tan difícil- como penetrar en el agujero negro del Centro Lorca y fijar qué cuota de responsabilidad corresponde a cada uno de los actores que se disputan aparecer en la foto. En esa foto en la que todos quieren estar. En esa foto que bien vale un mandato.

Granada, laboratorio de la ‘nueva’ política

Magdalena Trillo | 15 de mayo de 2016 a las 12:13

Es difícil encontrar el momento en que murió la Política 1.0, resbaladizo fijar la transición a la 2.0 y casi temerario pensar en una versión 3.0 que de verdad hable de la gente. Cuente con la gente. Dé respuestas con coherencia y responsabilidad. Con compromiso. Son palabras tan vacías como las “disculpas” y el “perdón” que se han colado ya en el argumentario de los políticos como coartada para seguir instalados en su burbuja de desconexión y falsa ejemplaridad.

En tecnología, cada número que subimos en la escala es sinónimo de progreso: mayores prestaciones; mayor utilidad. En Política, se está convirtiendo en la imagen del fracaso. De la decepción colectiva. La Política 2.0 iba a subir a los ciudadanos -de verdad- a los grandes temas del debate público con el revulsivo de internet y las redes sociales. Con voz propia y en un camino de ida y vuelta. Lo que hemos visto en los últimos meses ha sido una parodia de telerrealidad basada en una parrilla monocorde de estrategia partidista y de cálculo electoral. La oportunidad de recuperar la capacidad ciudadana de denuncia social se ha desvirtuado en ruido. Por todos los canales, por todos los medios, pero ruido. Mucho ruido.

Granada es el espejo. Desde las municipales de hace un año, ha ido formado parte de todos los escenarios inéditos que está fabricando la nueva política. Recordarán el 13 de junio de hace un año cuando en el inesperado pleno de investidura Torres Hurtado pidió perdón públicamente a Luis Salvador por la agresiva campaña contra el líder de Ciudadanos, prometió a todos los grupos un mandato de consenso y diálogo y se ofreció a funcionar de pieza de engrase en la vida municipal con aquel populista “usadme”. El 13 de abril de este año la Policía llamó a su casa y puso fin a 13 años de gobierno del PP en la capital. Toda una historia de decadencia marcada por el caprichoso número 13 que ya ha situado a la capital en paradigma de la fragilidad, inestabilidad y quiebra de la gobernabilidad en que se han traducido los débiles acuerdos de investidura de hace un año.

Y no cuenta demasiado si el desafío de la negociación se afronta desde la derecha o desde la izquierda. Con el salto de Granada al mapa nacional de la corrupción del PP, al margen del recorrido judicial del caso, de lo que finalmente se puede demostrar en los tribunales y sobre quién termine recayendo la responsabilidad por la trama de intereses y favores que ha marcado la gestión urbanística en la última década, el equipo de Torres Hurtado no ha podido más que mantener en la UVI a la ciudad, desarrollar una política de supervivencia y buscar resquicios con los que sortear la falta de apoyos para afrontar cualquier iniciativa que fuera más allá del día a día.

El nuevo equipo socialista ya ha lanzado su aviso a navegantes: las cuentas municipales están tan mal como sospechaban. Han alejado el fantasma del impago de nóminas que insistentemente se ha estado colando en los corrillos de la Plaza del Carmen pero ya han advertido que “no hay dinero” para aprobar nuevo presupuesto. Sólo queda continuar la prórroga de las cuentas de 2015 a la que ya recurrió el PP y, muy probablemente, en Granada será noticia dentro de medio año lo que en Cádiz, desde el extremo contrario de Podemos, lo ha sido esta semana: presupuestos por decreto. Una situación inédita en democracia.

El gobierno de José María González ‘Kichi’ los aprobará este martes en junta de gobierno local después de meses de incapacidad para llegar a un acuerdo. Ni se ha logrado a nivel nacional en los últimos cuatro meses para evitar la repetición de las elecciones, ni se ha alcanzado esta semana para hacer un guiño a los ciudadanos abaratando la campaña ni se consigue a nivel local cuando queda en manos del voluntarismo y del difícil juego de intereses de los grupos con los partidos enfocados al 26-J.

En Granada, del Pacto del Asador de Castilla hemos pasado al Pacto del Meliá. Ese mismo que los partidos ya han bautizado a nivel regional y nacional como el “pacto a la granadina” alertando de la estrategia de Ciudadanos de acercarse a los socialistas y ‘sacar’ al PP de las instituciones aprovechando la privilegiada posición que consiguieron en las urnas como llave en el difícil tablero de la gobernabilidad. Antes y ahora. Con el PP y con el PSOE.

Tal vez por ello Albert Rivera haya dejado claro esta misma semana que, si de Ciudadanos depende, después del 26-J es tan factible un gobierno a la derecha con los populares como a la izquierda con los socialistas. En ese día después, sólo dos consignas parecen mantenerse tras la batalla postelectoral del 20-D: se mantiene como línea roja que no entrará en juego Pablo Iglesias -y mucho menos la alianza Unidos Podemos con que viejos y nuevos se han propuesto disputar al PSOE el liderazgo de la izquierda- y cualquier acercamiento al PP tendrá el precio irrenunciable de la renuncia de Mariano Rajoy.

No son pocos los encuentros personales que el líder de C’s ha mantenido con Soraya Sáenz de Santamaría -uno de los más recientes con la crisis de Granada sobre la mesa- ni es un secreto el buen feeling que irradian los dos políticos frente a la visible incomodidad que rodea al imposible tándem Rajoy-Rivera.

Y tal vez por ello Luis Salvador haya hecho lo mismo en una esfera local que no ha requerido segunda vuelta electoral: el equipo de 8 del PSOE necesitará para “todo” sus 4 concejales pero, si se escoran muy a la izquierda con los 3 de Vamos Granada y el de IU, ahí estará el PP aguardando en la oposición el momento de desempolvar la moción de censura. Y con 15 votos sobra…

Antes de todo esto tendremos que soportar una nueva campaña. Y la precampaña en la que algunos se instalaron la misma noche del 20-D. En el debate del Senado para construir alianzas desde la izquierda que arrebaten la mayoría absoluta al PP, también Granada se ha situado como laboratorio nacional y el “no gracias” del PSOE a Podemos ha llegado con la misma incertidumbre que el de Pedro Sánchez. Dejando a un lado el frente del referéndum catalán, no es muy diferente el planteamiento sobre la reforma y el papel futuro del Senado que propugna Podemos con lo que aprobaron de forma mayoritaria los socialistas en la Declaración de Granada.

Bien distinto es si hablamos de estrategia. De esa política artificial del 3.0 que nada tiene que ver con lo que pueda interesar a los ciudadanos; con la certeza de que un programa reformista y regenerador, verdaderamente de “cambio”, no tendrá recorrido si el PP lo bloquea en el Senado. Pero si se trata de minar a los socialistas, de dividirlos, de situarlos frente a sus propias contradicciones -lo que unos ven como “sensibilidades” y otros como choque de intereses-, los de Pablo Iglesias siguen tomando la iniciativa. Y desestabilizando.

Durante toda la jornada de hoy, cinco años después, la Plaza del Carmen volverá a ser el escenario del #15M. El del sueño del cambio. Nos animan a participar con una provocadora llamada a sumarnos al #15MenPie. Con un #Despertamos. ¿Lo hicimos?

Segunda oportunidad para Granada

Magdalena Trillo | 8 de mayo de 2016 a las 10:46

Una de las decisiones menores que deberán tomar los socialistas tras poner fin a 13 años de mandato del PP en la capital es decidir si rinden homenaje a Torres Hurtado y colocan el óleo del ex alcalde en la planta noble del Ayuntamiento. Están todos los predecesores. Cada uno eligió su pintor de cámara y sus rostros vigilan, solemnes, a cualquiera que se dirija al simbólico Despacho de la Mariana. El corazón del poder local. En más de una ocasión le pregunté a Pepe Torres si había encargado ya su retrato y la respuesta siempre fue la misma: “Hay tiempo; no quieras que me vaya tan rápido”.

Hoy ya es tarde para los pinceles. De momento, inoportuno. La fotografía inesperada se la tomaron en digital el 13 de abril en la Comisaría. Le gustaba compararse con Antonio Jara recordando que eran los dos únicos regidores que habían conseguido revalidar tres mandatos consecutivos de gobierno en la ciudad. La ambición le ganó; quería superarle. La cuarta victoria le engrandecería en la Wikipedia. Ahora ya ha hecho historia. Otra historia: es el primer alcalde fichado de Granada. Ni su foto ni sus huellas dactilares se borrarán de los registros de la Policía aunque lo declaren inocente de todos los cargos. El próximo jueves tendrá que hace el paseíllo, de nuevo, en los juzgados de Caleta. Otra foto que sumar al esperpento de la mañana en que estalló la operación Nazarí y toda España lo vio saliendo del Ayuntamiento entre cartones.

Las informaciones que se han ido filtrando estos días sobre su implicación directa en la la trama de corrupción urbanística que se está investigando empiezan a cuestionar la versión ampliamente compartida -por amigos y enemigos- de que consintió pero no se enriqueció. Un informe de la UDEF lo sitúa directamente como “cabecilla” y apunta que manejaba las concejalías “a su antojo” para, tal y como ya ha desvelado algún empresario ante la juez, “arreglarlo todo entre bastidores”.

Sobre su espectacular ático de Obispo Hurtado pesa ya algo más que ese dinero procedente de una cuenta de Suiza que le habría prestado su yerno (suizo…). ¿Una metedura de pata de la fiscal? Porque ya ha entrado en escena, de momento de forma discreta, su hermano constructor. Ese mismo con quien trabajaba antes de ser elegido alcalde en 2003. Tal vez ahora haya que dar otra interpretación a aquella vieja noticia de la Gerencia de Urbanismo que les paralizó una obra en Gomérez; tal vez ahora podamos analizar con más claves qué ocurrió cuando Torres Hurtado acabó de forma abrupta con la carrera de Nino García-Royo al frente de Urbanismo.

La versión local de que “el poder corrompe” la iremos concretando esta semana cuando comparezcan en el Juzgado de Instrucción 2 los pesos pesados del caso Nazarí: el director de Obras, Manuel Lorente, la secretaria del Ayuntamiento, Mercedes López Domenech; la concejal de Urbanismo, Isabel Nieto; y el ex el alcalde, Torres Hurtado. Que el poder ‘empacha’ resulta ya una constatación.

Tres semanas han sido suficientes en la Plaza del Carmen para crear un clima de opinión inalterable sobre la necesidad, y la urgencia, del relevo de gobierno. Toda la oposición se ha unido para desalojar al PP. IU ha logrado lo que ya reclamaba el mismo día que estalló el escándalo de corrupción, Ciudadanos ha impuesto (de nuevo) sus condiciones -con la renuncia del diputado de Deportes son ya cuatro las dimisiones que se ha cobrado el caso Nazarí- y Vamos Granada ha dado el paso con el refrendo de sus bases.

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La llegada de Paco Cuenca a la Alcaldía ha tenido precio, pero asumible. De momento son líneas rojas y decálogos de exigencias las que marcan el cambio de rumbo en el Ayuntamiento de la capital pero, a partir de esta semana, los socialistas tendrán que demostrar que la “gobernabilidad” es posible con un equipo mínimo y llenar de contenido y de pragmatismo los voluntaristas discursos del jueves.

La toma de decisiones no puede esperar. La persiana del PP se ha cerrado y, quienes ya han empezado a recoger papeles y bajar las escaleras del poder, son conscientes de que ni las nóminas de junio están garantizadas. Lo de “abrir ventanas” y “levantar alfombras” queda muy poético pero poco sirve para resolver la situación de parálisis que vive la capital. Es evidente que no se puede gobernar sin saber el nivel de envenenamiento de la herencia recibida, pero tampoco aplazando lo inevitable.

Los 27 concejales que integran la corporación son co-responsables. Con o sin bastón de mando. Todos fueron elegidos por los granadinos el pasado 24 de mayo. Podemos criticar los “acuerdos de despacho” y agitar la campaña electoral denunciando el “atraco” del Pacto de Granada. Pero no nos confundamos. Sí nos representan. Todos. Y tan importante es en una institución local quien gobierna como quien fiscaliza a quien gobierna desde la bancada de la oposición. A los socialistas les ha costado mucho entenderlo. Cinco años ha estado Paco Cuenca esperando su momento y teniendo que convencer, una y otra vez, de qué él no daría la espantá…

Asegura que llega con “energía” y que será “perseverante”. Le hará falta. Lo tiene todo por demostrar y la moción de censura que PP y Ciudadanos podrían sacar adelante en cualquier momento del mandato sigue en la recámara. El desenlace del caso Nazarí contará tanto como el nuevo escenario de juego que imponga el 26-J. Y, por supuesto, la mano izquierda y el diálogo con que sea capaz de lidiar con ese contragobierno que tendrá en frente.

De momento, la estética ya ha cambiado. La última vez que recuerdo tanta gente en un acto de investidura fue en las elecciones del 15-M. Centenares de granadinos indignados gritaban contra los políticos. Esta semana se agolpaban los vecinos de los barrios ilusionados con la oportunidad que puede suponer el cambio de gobierno. En su discurso el nuevo alcalde hasta habló de cultura y de rock… Por la tarde, se sumaba a la Marea Amarilla por el AVE. No quiere coche oficial y sigue llevando a sus hijos al colegio. En su barrio de siempre, en La Chana, ayer parecía una jornada de triunfante resaca electoral.

Le lloverán las críticas. Y las zancadillas. Y no tendrá fácil un mandato que probablemente tenga que afrontar aprobando la subida de impuestos a la que tanto se opuso hace sólo unos meses. Pero ha conseguido conjurar el bloqueo, que a nivel nacional nos ha abocado a una repetición electoral, y el reloj se ha vuelto a poner en marcha. Con otro color. Con otra estética. Con otra ética.

5 de mayo: sigue la función

Magdalena Trillo | 1 de mayo de 2016 a las 9:04

La era Torres Hurtado acabó el 13 de abril cuando los agentes de élite de la Policía Nacional ‘tomaron’ su casa. Dicen que buscaban unos cuantos millones y sólo se encontraron 1.650 euros en una pequeña caja fuerte de los que el ya exalcalde tenía una plausible explicación: acababa de vender el viejo coche de su mujer que tantos dolores de cabeza le habían dado. Nani todavía está afectada. No quiere ni salir de casa. Durante todos los años de vida pública de Pepe Torres, ella se ha entregado como ‘primera dama’ a la ciudad y la han expulsado sin explicaciones.

Son los efectos colaterales de los que todos nos olvidamos cuando subimos el volumen de la radio y nos paralizamos ante la pantalla -¿sorprendiéndonos? ¿reafirmándonos?- viendo cómo les va a los otros. Son personas. Tienen familia. Hay un daño inevitable, y hasta necesario, pero hay otro que entra en la escala del puro espectáculo. Los límites entonces se ensanchan. Incluso hay momentos en los que los personajes se trasmutan y las víctimas hacen de verdugos. Sí, tampoco en la casa de Sebastián Pérez están siendo días fáciles…

¿Lo merecen? ¿Se lo han buscado? ¿Es el precio? ¿Para todos?

La política es implacable. Los medios somos implacables. La vida pública es implacable.

“Lo que diferencia al político del resto de especies es que es el único capaz de ahogar a una camada de pequeños gatitos por diez minutos de prime time”.

Lo de la “vocación” y el “servicio público” viene en el manual, pero a lo que acaba llevando el empacho del poder es al filo de la navaja. A una caprichosa cuerda floja capaz de elevarte con la misma fuerza que te lanza al fango. Con efecto difusor. Con consecuencias incontrolables.

Quien hablaba de la camada de gatitos es el protagonista de House of Cards... El arrogante y soberbio presidente de Estados Unidos capaz hasta de asesinar con sus propias manos por el poder. Por aferrarse al sillón. En el capítulo que vi anoche lanza un mensaje desde su Ala Este de la Casa Blanca: “La política es espectáculo. ¡Demos la mejor función de la ciudad!”.

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Kevin Spacey interpreta al presidenta de Estados Unidos Frank Underwood en la exitosa serie ‘House of Cards’

En España es lo que estamos haciendo desde el 20-D. En Granada es lo que estamos haciendo desde el 24-M. Cuatro meses en blanco. Un año de insostenible rutina de supervivencia.

La nueva política requiere nuevos tiempos. Aparte de una campaña “austera”, es urgente cambiar los actores y ajustar las reglas del juego. Cuatro meses para volver a convocar elecciones son una barbaridad. Lo son cuando sabemos que no es un tiempo necesario para negociar sino para conspirar. Lo son cuando sabemos que en todas las conversaciones hay dos cintas de rodaje: la se que desvela a la opinión pública a través de los medios de comunicación -manipulando, emitiendo información interesada y estratégicamente medida- y la que realmente transcurre al margen de los focos.

También los 10 días que contempla la ley para poder celebrar un pleno de investidura en un Ayuntamiento tras la retirada del alcalde son una eternidad. El pleno del pasado lunes fue puro formalismo: 33 segundos para fulminar 13 años de gestión. Lo que ha venido a continuación combina el postureo con los egos y el afán de protagonismo. Los partidos buscan su espacio. Se reparten su sitio en la foto. Su minuto de gloria.

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Cruce PP-PSOE: los concejales del PP, de camino al Ayuntamiento; los socialistas, tomando café en Calle Navas.

No hay hechos, sólo declaraciones. Intenciones. Vacuidad. El concepto de verdad y mentira se difumina en las “circunstancias”. En el contexto. Los periodistas no podemos más que interpretar y deducir. De lo que nos dicen y, sobre todo, de lo que nos ocultan. De lo que callan.

Les revelo la constatación. En las mesas de conversaciones, en estos últimos días, hay políticos que han llegado a confesar en privado que públicamente tenían que decir ante los medios que su postura es A -el juego obliga- pero que luego será B, que no se preocupen… Tanto es así que no sabremos quién es el próximo alcalde de Granada hasta la mañana del jueves. La plaza interesa a nivel regional; a nivel nacional… Tampoco sabremos qué modelo de ciudad y qué hoja de ruta diseñará el nuevo equipo de gobierno hasta el día siguiente de la investidura. Todo está pendiente del color de la Alcaldía que se refrende la misma mañana del pleno en la Plaza del Carmen y, sobre todo, de lo que se haya ocultado bajo las alfombras.

Si sigue gobernando el PP con Rocío Díaz de alcaldesa habrá sorpresas, pero menores. Controlables. Si son los socialistas los que por fin cogen el bastón de mando con el respaldo del resto de grupos de la oposición, tendremos asegurados titulares de infarto durante todo el mandato. Es seguro que la “herencia recibida” dará juego en urbanismo -las revelaciones del ex jefe del área Jacobo de la Rosa que hoy publicamos no son más que un anticipo- pero es la gestión de toda una década la que será inspeccionada con lupa. ¿Seremos comprensibles cuando nos suban los impuestos?

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Luis Salvador, Sebastián Pérez y Paco Cuenca, en la gala inaugural de TEN. El pasado jueves en Madrid.

En Granada llevamos semanas haciendo de laboratorio de las disfunciones del tablero político nacional pero, en realidad, sólo hay un hilo conductor compartido: sobre nosotros recaerá lo que los partidos no han sido capaces de entender, de gestionar. Para solucionar la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos tendremos que volver a votar el 26-J; para resolver que el “usadme” de Pepe Torres haya sido una proclama de cara a la galería seremos testigos este jueves de una nueva sesión de investidura.

Desde Podemos, Pablo Iglesias ha situado el foco en los medios y se ha empeñado estos días en darnos lecciones de ética. No minusvaloro sus propuestas. Ni siquiera sus críticas. Pero podríamos empezar el debate recordando que no hay espectáculo sin actores. Que no hay espectáculo sin público. Regulemos lo que haya que regular y cambiemos lo que haya que cambiar. Pero pensando en la gente; no contando votos. Entonces sí podremos hacernos la foto el 3 de mayo defendiendo la libertad de prensa.

Caso Nazarí: la tormenta imperfecta

Magdalena Trillo | 24 de abril de 2016 a las 11:27

El problema de las tormentas es que no son controlables. Por eso son tormentas. Porque se desatan y cobran vida propia. Ajenas a los hilos de quien las desata. Perturbadoras. Adversas. Imprevisiblemente imperfectas. Incluso para quienes en un primer momento han podido tener la tentación de zarandear las nubes y han terminado viendo cómo se les escapaban de las manos. Incluso para quienes se han alegrado mirando al cielo creyéndose protegidos de las descargas.

Justo así es el temporal que se ha instalado sobre la Plaza del Carmen desde que hace semana y media nos sobresaltamos con el despliegue policial de la Operación Nazarí. La caída del tablero de Torres Hurtado, Isabel Nieto y Sebastián Pérez ha sido (sólo) el comienzo. Doloroso en lo personal. Estratégico en lo político.

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Frente judicial

La sobreactuación de la UDEF al estilo Rambo sigue siendo contestada dentro y fuera del marco de las fuerzas de seguridad. Tanto como la inédita reacción de la Fiscalía General del Estado desmarcándose de la detención del alcalde. Hasta el presidente del TSJA se ha tenido que pronunciar: la operación judicial se ajustó a la legalidad pero no es “nada habitual” el comunicado que emitió la fiscal y mucho menos que las “diferencias de criterio” entre las distintas partes de una causa se diriman en los medios de comunicación. ¿Se toman demasiados canapés en esta ciudad? Sin cuestionar la obligada independencia y profesionalidad de jueces y fiscales, sólo recordaré que son personas. Con todas sus virtudes, fallos y debilidades. Con sus familias y sus círculos de amistades…

Frente urbanístico

La investigación judicial que ha puesto en marcha toda la macrooperación se inició en enero pero son más de cuatro años los que la cúpula de Urbanismo, incluida la concejal y el interventor del Ayuntamiento, han estado recibiendo denuncias y advertencias sobre posibles irregularidades. Hoy publicamos al detalle parte del expediente relacionado con el residencial de 300 viviendas que J.J. Romero construyó junto a Kinépolis y que ha motivado una de las querellas que están en el origen del Caso Nazarí: decenas de escritos de denuncia y multitud de firmas de los altos funcionarios que han venido haciendo y deshaciendo en Urbanismo -con sus particulares rencillas, enfrentamientos e intereses particulares- y de los responsables políticos. Es sólo una muestra del “cortijo” que muchos ven en el área de Urbanismo. Desde siempre. Desde mucho antes de la etapa de Díaz Berbel.

Frente político

A falta de que se levante el secreto de sumario, es una de las tesis que va imponiéndose sobre el recorrido final que tendrá la macrooperación de la UDEF: el chiringuito de Urbanismo estallaría tarde o temprano y los dos bandos Pepe Torres-Sebastián Pérez que se han llegado a clonar en la sede de las Hermanitas de los Pobres no han hecho más que precipitarlo. Hasta qué punto el propio alcalde se ha implicado -favoreciendo, firmando o beneficiándose- está por ver pero pocos lo sitúan en un escenario de mordidas. Irreversible ha sido, sin embargo, el punto y final a su vida política. Una inmerecida, pero provocada, puerta de atrás.

Torres Hurtado ha accedido por fin a la petición de retirada del PP -nunca debió presentarse a un cuarto mandato- y ha logrado despedirse con la pequeña victoria de obligar a dimitir a su número 2, a quien en estos momentos debería ser el candidato del PP a relevarle y mantener la Alcaldía de la capital. Consigue irse llevándose de trofeo la cabeza de su rival político -en este prime asalto- pero deja un profundo daño en su familia, un golpe irreparable a su imagen, a la del partido y a la de Granada y complicadas consecuencias a su propio equipo.

Porque no nos equivoquemos. Sebastián Pérez sigue manejando el partido -más aún con la muerte de Martínez Soriano justo cuando estaba pergeñando una operación para disputarle el poder en el próximo congreso provincial-, sigue definiendo la estrategia-suya ha sido la decisión de situar a Rocío Díaz como alcaldable- y es mucho lo que el partido le debe por el “gesto de generosidad” del pasado lunes que todo el aparato ya ha empezado a rentabilizar. La retirada de Pepe Torres es definitiva; la suya, sólo un paso táctico. ¿Alguien duda que no sea el candidato del PP en las próximas municipales?

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Paco Cuenca o Rocío Díaz

Si hoy está en tablas la Alcaldía es por la operación del lunes de la triple dimisión. Lo que hizo el PP fue abrir la puerta a la continuidad. Ha llevado la tensión a las filas socialistas, ha vuelto a golpear al candidato socialista con la sombra de la corrupción de los ERE y el caso Invercaria y, con la elección de Rocío Díaz, ha logrado lo inimaginable: que todo el PP se venga arriba, que se aparquen los dos bandos y que hasta se minimice el malestar inicial de haber tenido que enterarse por la prensa.

Si en lugar de Rocío Díaz el candidato fuera, por ejemplo, Juan Antonio Fuentes o María Francés, los de Pepe Torres se habrían rebelado. El propio Fernando Egea, a quien todavía hoy nadie le ha dado una explicación de por qué siendo el siguiente en la lista no es el alcaldable, hubiera protagonizado algún episodio nuevo de crisis. Abandonando o votando en contra. Nada de esto sucederá. Ciudadanos vuelve a tener la llave y, al margen de lo que Luis Salvador quiera decir públicamente, tantas posibilidades hay de que siga el PP como de que se constituya un gobierno de cambio.

Es la semana del cortejo y, en dotes de seducción y maniobras a contrarreloj, los del PP son alumnos aventajados frente a un PSOE que sigue despistado enarbolando la ética y la responsabilidad. Que C’s haya llegado a pedir la cabeza del diputado de Deportes para apoyar a Cuenca no es más que el inicio de un relato. Las jugadas e intereses de los partidos para el 26-J cuentan y los de Rivera no pueden presentarse a las elecciones con la mochila de ser muleta de gobierno de la izquierda en demasiadas plazas.

La propia gobernabilidad de la capital está sobre la mesa. ¿De verdad puede manejar la Plaza del Carmen un alcalde con siete concejales? Seis si la edil Ana Muñoz no abandona su acta de diputada; cinco temporalmente cuando Jemi Sánchez dé a luz… Si ahora ya hay bloqueo y paralización -hasta el pago de las nóminas ha estado en el aire porque no había nadie para firmar-, imaginemos los 11 concejales del PP y los 4 de C’s gobernando la capital desde la bancada de la oposición…

Por mucho “chantaje” que sea pedir la cabeza del exalcalde de Iznalloz, las exigencias de Ciudadanos han de tener una respuesta y ¿seguro que en la Torre de la Pólvora están dispuestos a facilitar el sillón a Paco Cuenca a cualquier precio? Es evidente que no es una decisión que se tome (sólo) en Granada, pero ahora es en las filas socialistas donde emergen las teorías conspiratorias.

Cuando el PP parece dejar atrás su semana negra, la tormenta empieza a virar hacia el PSOE. Son muchos los que siguen sin ver a Cuenca de alcalde y hay quienes sitúan a Noél López en la sombra para minar la posición de Pepe Entrena (el puesto por el que luchó y perdió) y cuestionar a la propia Teresa Jiménez pensando en sus opciones para arrebatarle la secretaría en el próximo congreso provincial.

El caso Nazarí sólo ha desatado la tormenta. Imperfecta. Imprevisible.

Sálvese quien pueda

Magdalena Trillo | 17 de abril de 2016 a las 11:30

En el PP ya no hay redes de protección ante la corrupción. La fulminante dimisión del ministro Soria por su implicación en los papeles de Panamá, después de construir una decena de versiones contradictorias sobre su relación con empresas en paraísos fiscales, tiene una lectura local muy simple: Torres Hurtado tendrá que defenderse solo. El PP lo ha dejado caer con un sólido argumentario que deja poco espacio para las teorías conspiratorias, las guerras internas y las luchas de poder: la macrooperación que el cuerpo de élite de la Policía Nacional ha desplegado esta semana en Granada no responde a cuestiones menores.

: Granada : Perfil Pepe Torres

El político que no supo irse a tiempo (por Andrés Cárdenas)

Al margen del recorrido judicial del caso -está por ver si hay toda una trama de corrupción instalada en el Ayuntamiento con la connivencia de altos funcionarios y destacados empresarios de la ciudad y hasta qué punto estaría implicado directamente el regidor-, lo que hemos escrito estos días en los medios de comunicación de toda España es el inesperado epílogo de quien ha sido uno de los alcaldes más valorados y respetados en el PP.

Eso cambió hace un año cuando debió irse y no lo hizo. Cuando en el epílogo del 24-M se desarmó desde Madrid la alianza entre Ciudadanos y PSOE para propiciar un gobierno de cambio en la capital y Génova le concedió a Torres Hurtado una segunda oportunidad. Y cambió mucho más el pasado otoño cuando llegó el horizonte de noviembre que se había pactado para una retirada honrosa y lo volvió a incumplir.

Para entonces Torres Hurtado ya era una pieza incómoda en el PP con conflictos abiertos con Fomento a cuenta de las infraestructuras, con sonoros desplantes de sus anteriores compañeros y con reveladoras fotografías que lo dejaban completamente fuera de los focos.

Para entonces los relatos sobre lo acordado antes del verano empezaban a reescribirse a conveniencia, saltaba el ‘caso Serrallo’ comprometiendo el pacto de gobierno con Ciudadanos por la imputación de la concejal de Urbanismo y, azotada por la incertidumbre y desgobierno en que se han traducido las generales del 20-D en toda España, la capital se sumía en un estado crónico de parálisis.

Esta semana ni sus antiguos valedores han dado la cara por él. No hay ni un solo hilo que lo sujete a un partido del que ha sido expulsado sin más miramientos que el protocolario término de la “suspensión cautelar”. A la presión política se ha unido una presión social que ya lo ha condenado y su permanencia casi se limita a lo que pueda aguantar “un tío de los Montes”. Porque será “mucho” pero no infinito. No cuando el PSOE local ya tiene el respaldo del partido a nivel federal para “experimentar” con Granada con ese tripartito a derecha e izquierda en el que aún confía Pedro Sánchez para ser presidente del Gobierno. Hace un año se deshizo desde Madrid pero ahora el escenario es diferente: hay que desalojar al “PP de la corrupción”. En Granada y en España. Y la capital puede ser la “metáfora” de que es posible.

Torres Hurtado ha pedido un mes de plazo para tomar una decisión. Esperar a que se levante el secreto de sumario de la operación, lo lleven a declarar (está citado el 12 de mayo) y se pueda comprobar si realmente hay “papeles” que justifican la “parafernalia” del miércoles. Con independencia de las 24 horas del fútil ultimátum del PSOE y de la tres semanas que finalmente le han dado los suyos, podría ser cuestión de horas si avanzan las investigaciones policial y judicial y se prueba la versión de la trama de corrupción urbanística. Diferente será, sin embargo, si aprovecha el balón de oxígeno que ha supuesto el enfrentamiento entre la Fiscalía General del Estado y la UDEF por la “intrusiva” detención.

torres y rajoy
En todos los casos, el final será sólo uno: en su curriculum serán 13 los años que habrá gobernado en Granada. Ni uno más. Torres Hurtado, con toda la presunción de inocencia que estemos obligados a respetar, sólo tiene un camino: ceder. No importa si es inocente. El daño al partido ya está hecho y a la ciudad también. La única incógnita ahora es cuándo dará el “paso atrás” que le ha exigido la dirección regional con el visto bueno de Génova y si tendrá al menos un mínimo margen para negociar su sucesión.

El PP asegura que el debate no está abierto oficialmente, pero sí a nivel interno. En la cuenta atrás de una repetición electoral, para el PP es estratégico salvar el feudo de Granada como para el PSOE lo sería arrebatárselo. Volvemos al pantanoso paisaje de mayo de hace un año. Luis Salvador y Paco Cuenca no se entienden. Luis Salvador y Sebastián Pérez, sí. Si hay tripartito, cuatripartito sumando IU a Ciudadanos y Vamos Granada, será porque lo desbloqueen Pedro Sánchez y Albert Rivera. Si el PP salva la Alcaldía de Granada será con los sillones vacíos del alcalde y de Isabel Nieto.

Aquí se abren dos escenarios. Que sea su rival, su número 2, su presidente provincial, quien tome por fin las riendas de la Plaza del Carmen o que Torres Hurtado sea capaz de negociar su marcha dando el bastón de mando a alguien de su equipo. A quien se ha convertido en su sombra y su mano derecha en los últimos meses: a Juan García Montero.

En esta operación ceden los dos bandos. Hay concesión del partido y del propio regidor. Y se desactivaría en parte la otra lectura de la Operación Nazarí: que es una trama política urdida por Sebastián Pérez para quitar a un ‘desleal’ Torres Hurtado del ojo público. ¿Tanto poder tendría? El hecho es que el propio ‘argumentario’ de la Subdelegación del Gobierno que hace un mes se envió a los medios por error dejaba más que claro la opinión del propio PP sobre Torres Hurtado y su núcleo duro.

La cuestión es cómo interpretarlo: si todo forma parte de una maquiavélica estrategia para hundirlo, si conecta con los “dos bandos” que los empresarios denuncian que también vienen funcionando en el área de Urbanismo o si termina sumando a un objetivo buscado pero de la peor manera posible para el PP. Con un escándalo más que sumar a la teoría de la corrupción sistémica y estructural en el partido de Rajoy. Con munición para que se empiece a hablar de la “Gürtel andaluza”.

Todo lo que ha ocurrido esta semana en Granada lleva al exceso. Los hechos y las interpretaciones. Lo evidente y el trasfondo. Al periódico han llegado a llamar supuestas fuentes bien informadas conectando el caso con la mafia rusa y con la financiación del terrorismo islámico. Se habla de habitaciones secretas y vuelven las teorías conspiranoicas… El día que registraron la casa de Pepe Torres, junto a los agentes de la UDEF iba un médico… No era una operación menor. Esta historia no sabemos muy bien cómo ha empezado y mucho menos cómo acabará. Sí hay algo constatable: el impacto. El daño es irreparable. Para el PP y para Granada.

Vivir del cuento

Magdalena Trillo | 10 de abril de 2016 a las 11:05

Decía Albert Einstein que no entiendes algo si no eres capaz de explicárselo a tu abuela. Sin demasiadas esperanzas de conseguirlo, voy a seguir su consejo y hacer un intento con la gran efeméride que ha marcado la actualidad informativa esta semana en Granada: todo un año de aislamiento ferroviario. Desafiando abiertamente el rigor del saber científico, saltándome la exigencia de seriedad del propio periodismo, voy a recurrir al género predilecto de los abuelos: el cuento. Porque todo comenzó hace mucho, mucho tiempo, allí donde todo es posible…

¿Piedra, papel o tijera? Para explicar por qué Granada acaba de celebrar su privilegiada posición tercermundista en el mapa de Renfe, resultaría sugerente recordar el popular juego infantil. La variación es que en la tormentosa relación de Fomento con nuestra provincia no hay exclusión, se acumulan todos los males: es piedra, papel “y” tijera.

Todo empezó en un lugar del que nadie quiere acordarse. Granada tenía que despertar y decidir que quería formar parte de la exitosa red ferroviaria española de la Alta Velocidad. No era ninguna obviedad. Desde Renfe nos prescribían lo maravilloso que era pasar medio día viajando a Madrid en autobús y el propio proyecto tuvo que superar la travesía del desierto con que esta provincia recibe, siempre, cualquier iniciativa que signifique cambio: debate estéril y enfrentamiento político.

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Con suerte, el AVE llegará a Granada justo una década después del firme compromiso de ZP!!

Pero se consiguió: nos apuntamos a la modernidad y hasta pusimos fecha del final feliz. Era 2004 y el entonces secretario de Organización del PSOE se mostraba tajante: “En 2007 volveré a Granada para estar con todos vosotros y vendré en un AVE en debidas condiciones: en el que va a hacer José Luis Rodríguez Zapatero”. El compromiso verbal de José Blanco iba escrito en el programa socialista: el AVE, como aún se puede consultar en las hemerotecas locales, estaría en esa legislatura. Ni lo estuvo ni lo está. Ni con gobierno del PSOE ni con gobierno del PP.

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Inauguración del último tramo de la Autovía del Mediterráneo.

La primera ‘piedra’ en el camino, la compleja orografía de Granada, ya la conocemos por la A-7. Del “tramo de carretera más caro de España” hemos pasado al tramo de ferrocarril más lento de todo el país. Dos puntos han servido para boicotear la infraestructura: el tramo de Loja y la entrada en Granada. La llegada a la capital la resolvimos con una enmienda a la totalidad: adiós al AVE soterrado por La Chana -en la nueva ficción las segundas partes sí son buenas- e inesperada renuncia a la emblemática estación de Rafael Moneo que debía unirse al patrimonio de la ciudad -¿para qué iba a necesitar Granada ensanchar su patrimonio con la insignificante obra de quien acaba de ser galardonado con el Nacional de Arquitectura?-.

moneo

Proyecto para la estación del AVE llevado a cabo por Rafael Moneo… y guardado en un cajón…

En el Poniente seguimos atascados. Después de superar los siete años de crisis que han proporcionado excusas a todos los gobiernos para justificar todo lo (in)justicable en el manejo de las tijera, nos sorprendieron a primeros de año con la críptica versión del “difícil problema administrativo” para admitir el estancamiento de las obras y, de repente, tras más de cien días con Gobierno en funciones en Madrid, la interinidad del Ejecutivo de Rajoy se ha convertido en la excusa oficial del PP.

¿Será una estrategia para mantenernos en vilo? Por más que preguntamos los periodistas, no hay manera de saber qué enigmático papel está torpedeando ahora el proyecto y más misterioso resultará adivinar por qué la solución habría de pasar por que la ministra “en funciones” Ana Pastor tenga que “prevaricar”…

En Cuba Vivir del cuento es el título del programa humorístico más seguido en el país. La verdad de la isla no se cuenta en los telediarios, la relata Pánfilo en grado superlativo. Y supone, cada semana, un momento de catarsis nacional. Me pregunto si el problema en España es que nos falta un Pánfilo que nos cuente, por ejemplo, por qué en 2015 Fomento sólo ejecutó el 57% del presupuesto aprobado para el AVE a Granada y en el eje gallego superó el 120%.

pánfilo

Esta cara (la de Pánfilo) podría ser la de cualquier granadino ante el ‘desafío’ de las infraestructuras… Del enfado hemos pasado a la resignación, a la incredulidad… y al pasotismo!

131-161-199-253

Magdalena Trillo | 3 de abril de 2016 a las 20:40

Ya hemos llegado al momento Aritmética. A falta de explorar innovadoras combinaciones de la calculadora de pactos, uno de los cuatro números con que encabezo este artículo debería abrir la caja fuerte del próximo gobierno. El 131 es la alianza PSOE-Ciudadanos (con el respaldo del olvidado diputado de Coalición Canaria) que el Congreso tumbó el pasado 2 y 4 de marzo con una contundencia que parecía vislumbrar una inevitable cuenta atrás para la repetición de elecciones del 26 de junio.

Hoy, la barrera de los 100 días de no-gobierno en España nos dice justo lo contrario. Han cambiado las formas, está por ver hasta qué punto el fondo y empiezan a soplar nuevos vientos en el clima político electoral: el vaticinio de la derecha cobra fuerza y pocos cuestionan ya que, si la izquierda tiene una mínima opción de gobernar, lo hará.

Como la primera opción se ha recorrido ya sin éxito y la última, la del acuerdo PP-PSOE-C’s (253 diputados), se dio por muerta en los primeros minutos del juego, son los dos escenarios intermedios los que dan pie a la exploración política: el gobierno “a la valenciana” (161 escaños) que ha defendido esta semana Pablo Iglesias con su melodramático paso atrás y su catálogo de renuncias (la ‘artística’ de renunciar a una vicepresidencia que nunca tuvo y la táctica de moderar su programa económico por el “interés de España” y su “responsabilidad de Estado” en lo referente al déficit, el gasto público, la fiscalidad y hasta la reforma laboral) y el gobierno del “mestizaje” que se mantiene en la hoja de ruta de los socialistas (199 escaños) con el insistente intento del superviviente líder del PSOE de negociar a derecha y a izquierda y conseguir un ejecutivo transversal con ministros morados y naranjas.

Estas dos complejas fórmulas para el gobierno “reformista” y “de cambio” que ahora se están tanteando dependen tanto de la acción como de la omisión. La realidad es que tan clave resultan las negociaciones para llegar a acuerdos de gobierno tomando como punto de partida (o no) el pacto de 200 puntos que Pedro Sánchez y Albert Rivera suscribieron hace dos semanas como la presión que los propios partidos, los medios de comunicación y la opinión pública ejerzan sobre las formaciones para que se evite el “fracaso” (y el coste) que supondrían unos nuevos comicios y, como principio progresivamente compartido, la necesidad de desalojar de La Moncloa al PP de Rajoy, al PP de la corrupción.

Pero todos los caminos parecen vislumbrar una misma foto final: Pedro Sánchez al frente de un gobierno en minoría con el apoyo directo y abstención de una de las dos formaciones emergentes (Podemos y C’s) y la incierta participación del resto de partidos que el 20 de diciembre lograron representación parlamentaria. Incluidas las confluencias de la formación morada y contando incluso con los nacionalistas, ya sea el PNV en versión moderada o los catalanes con perfil separatista.

Hasta aquí la crónica del nada recomendable periodismo de declaraciones en que nos hemos sumido los medios estos días y de la política de globos sondas y de ficción con que los políticos están afrontando el sprint final de negociaciones que aún nos separa de ese 2 de mayo en que debería de empezar a contar el reloj electoral.

Y lo cierto es que no sólo Obama está esperando que haya gobierno (ya ni siquiera se especula con que sea estable) para visitar el país… No sólo Bruselas afina las tijeras a la espera de saber el color del Ejecutivo que deberá asumir la herencia recibida (acaba de constatarse un desfase presupuestario de 56.608 millones con un desvío respecto al déficit pactado de 10.400 millones y un horizonte de recortes en 2016 de hasta 23.600 millones si se mantiene la obligación de cumplir el 2,8% del PIB comprometido)… No sólo el Banco de España advierte solemnemente a todo el arco parlamentario del riesgo que el vacío político supone para la recuperación económica.

Mientras en Francia salen a la calle decenas de miles de personas contra la dura reforma laboral que su gobierno de ‘izquierdas’ quiere copiar al de Rajoy, en España hemos normalizado la precariedad. Y la pobreza. No nos preocupa que 120 banqueros estén cobrando más de un 1 millón de euros al año porque estamos distraídos soñando con ser mileuristas desde la barrera del estandarizado salario de los 500 euros.

Hemos asumido la resignación como principio de subsistencia. La advertencia la realizaba el Defensor del Pueblo Andaluz al presentar su informe de 2015 pero no es difícil constatarla en cualquiera de nuestras ciudades: la crisis no nos abandonado. No para los de siempre. No para los colectivos más desfavorables. No para las decadentes clases medias.

Los que necesitamos un gobierno resolutivo, estable y fuerte que negocie con Bruselas la flexibilización del déficit (¿de verdad la pelea es de quién es la culpa y no a dónde nos lleva el austericidio?) somos los ciudadanos. Los que deberíamos chantajear a nuestros políticos con un decálogo inamovible de líneas rojas somos nosotros. Lamentablemente, hace tiempo que normalizamos la corrupción. ¿También vamos a permitirnos ahora normalizar la crisis y el desmantelamiento del Estado del Bienestar?

131-161-199-253… Seguro que no hay una combinación mágica, pero por alguna habría que empezar. Más que nada si somos realistas y afrontamos que el problema de la alternativa, volver a votar, no es tanto la jornada electoral como tener que soportar una segunda campaña -¿se imaginan el exasperante dejavù si no renuevan ni los actores?- y una consecuente travesía del desierto con la calculadora de pactos volviendo a echar humo. La razón es de peso: ¿usted estaría dispuesto a cambiar su voto? Yo tampoco…

Semana Santa 3.0

Magdalena Trillo | 27 de marzo de 2016 a las 11:07

Ha vuelto alguna vez a casa porque olvidó el móvil y se dio cuenta de que era incapaz de afrontar el día sin conexión? Tiene nomophobia. Es el miedo incontrolable a salir de casa sin el teléfono móvil y los síntomas pueden escalar de la ansiedad inicial a la enfermiza adicción. Con la misma velocidad que se expande la tecnología se desarrollan nuevos trastornos y patologías. Y no crea que son todas psicológicas. La sobreexposición a los gad-gets de bolsillo para leer y escribir mensajes, ver vídeos, jugar o chatear puede que nos devuelva a las cavernas. En los círculos médicos hay ya una verdadera preocupación por el llamado text neck.

El diario británico The Telegraph publicaba hace poco un reportaje sobre lo que se ha considerado el “trastorno muscular de moda en la era de la información“. Es la “postura de la cabeza hacia adelante” y lo sufren los usuarios compulsivos de móviles, los lectores de ebooks y los usuarios de tabletas y consolas portátiles. Una auténtica epidemia en Estados Unidos y en buena parte de Europa. La diagnosis es fácilmente identificable: rigidez de cuello, dolor de hombros y cefaleas. Demasiadas horas con la cabeza pegada a la pantalla. El cuello se inclina tanto que cada vez cuesta más volver a colocarlo en su sitio… hasta que pierde su curvatura natural.

Para el text neck, para la nomophobia, para las insospechadas patologías que nos quedarán por descubrir, habría una salida: la desconexión. Pero conlleva un alto precio: el aislamiento. El #unplugging empieza a abrirse tímidamente camino pero sólo entre el grupo de privilegiados que pueden permitirse el lujo de no sufrir ni tecnofobia ni tecnoeuforia. De vivir la vida al natural. Sin adjetivos. Sin puntos y sin números. Conscientes, en parte, de que “la tecnología es como un martillo buscando clavos”; conscientes, en otra parte, de que no supone ninguna salvación.

Ni para nosotros ni para nuestras ciudades. Más de la mitad de la población mundial vive ya en núcleos urbanos. Ciudades del futuro calculadamente deshumanizadas, desdibujadas bajo boinas de contaminación y sometidas a dos de los grandes males del nuevo milenio: los atascos y el ruido. Hace dos siglos había que alojar a mil millones de personas y ahora a 7.000 millones. Las razones de la deriva expansiva son evidentes pero no está tan claro que las grandes concentraciones urbanas, ineficientes, derrochadoras e insostenibles, sean el camino si es a costa de la ciudad local, de la diversidad cultural y de nuestra propia identidad.

Ni siquiera si es en aras del supuesto bienestar de la modernidad. Porque del ‘do it yoursef’ hemos saltado a la moda de las smart factories, militamos en el Internet de las Cosas y ya estamos compitiendo a nivel global en la ‘champion’ de las Smart Cities sin saber muy bien si hablamos de negocio o de convivencia. De solucionar problemas o de crearlos. Sin saber si las ciudades inteligentes son verdaderamente más eficientes y sostenibles y, sobre todo, más amables.

Pocos momentos del año como la Semana Santa representan estos dilemas de contrastes con tanta nitidez. Legiones de móviles de última generación intentando poner sentimiento y humanidad a los paisajes de pueblos y ciudades transmutados por momentos en parques temáticos. Creencias y recogimiento para unos; exhibicionismo y folclore para otros. En el trasfondo, el peso de la tradición, la fuerza de la identidad cultural y el respeto a lo sentido como propio como valores compartidos. Y una evidencia incontestable: no vendrían turistas a los pueblos y ciudades andaluces si se diluyera la experiencia de lo auténtico. De lo que aportan las personas; no los artilugios, los avances ni la técnica.

De momento… En mi pueblo, la cofradía emblemática del Jueves Santo este año ha procesionado sin hermano mayor. Para que pudiera salir el pesado paso de la Virgen han tenido que pagar a varios costaleros. En el recorrido, los carteles de “se vende” se colaban entre los destellos artificiales de las velas led de los nazarenos.

No sé si enmarcarlo todo en la recurrente excusa del cambio generacional, si acudir a la vieja disyuntiva campo-ciudad, si es una consecuencia del efecto que el envejecimiento de la población está causando ya en las zonas rurales o confiar en que quede todo en el capítulo de la casualidad. De las modas. De la excepcionalidad.

Esta última opción sería la más deseable pero también la más arriesgada. Por cuanto tiene de inconsciencia y de fracaso. Por cuanto supondría asumir que somos nomófobos, que sufrimos text neck… y que no nos importa. Por cuanto supondría aceptar que a una Semana Santa, que a las emociones, que a lo auténtico, se le puede colocar un 3.0.