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22-M: No todos son iguales

Magdalena Trillo | 15 de marzo de 2015 a las 10:00

Escuchar a un banquero hablar de valores choca. Sorprende si lo dice alguien que está al frente de una entidad como Bankia, con una historia tan poco ejemplar detrás, y más perplejidad produce si lo hace desde Granada con todo un alegato contra la fatalidad. ¡Cuánto podríamos contar nosotros sobre la fatalidad!

Si algunos de los muchos asesores que rodean a los candidatos a la Presidencia de la Junta se hubieran dado esta semana una vuelta por el Parque de las Ciencias y hubieran asistido a la entrega de los Premios Andaluces del Futuro habría encontrado una magnífica munición que incorporar a la campaña electoral. Susana Díaz, que todavía no se ha hecho la foto con el presidente de la antigua CajaMadrid, puede que no sepa que poco tiene que ver Goirigolzarri con los banqueros al uso y que tal vez tenga el discurso más rompedor de quienes dedican hoy sus esfuerzos a los balances antes que a las palabras. “Creer en el futuro es la mejor medicina contra el fatalismo, un mal que nos conduce a ser espectadores y no actores de nuestra propia vida”.

Como en política, el sistema financiero está atravesando uno de los momentos de mayor descrédito y cuestionamiento de nuestra historia democrática. Como en política, también en el mundo de los periódicos color salmón se está viviendo una intensa etapa de regeneración. Y, como en política, costará saber si son nuevos rostros para viejas prácticas o si, realmente, los errores pasados están obligando a imponer una mínima ética aunque sea por pura supervivencia.

Al terminar la entrega de la séptima edición de los premios que organizamos Grupo Joly y Bankia, los propios colaboradores de Goirigolzarri me confesaban que nada de lo que entendamos como “previsible” e “imaginable” tiene que ver con la persona que desde hace tres años está intentando enderezar uno de escándalos más sonoros de la banca española.

Empezando porque se escribe su propio discurso, sacude la fibra sensible y dice lo que quiere decir pasando de protocolo y formalismos: “Deben servir de espejo del progreso andaluz”. Se refería a Pablo, Mariela, José David, Alberto y Sara, los protagonistas del acto. “Sois un ejemplo de ilusión, de compromiso y de responsabilidad. Estos son los valores que necesitamos hoy y los valores que necesitaremos siempre”. Olviden el contexto. Cualquiera de ellos podría haber estado en La Maestranza recibiendo una delas distinciones del Día de Andalucía.

Sin acento andaluz, con acento (casi) extranjero, el cordobés Pablo Gómez Castro expresó con tremenda sensibilidad lo que allí pensábamos todos y lo que, seguro, a todos nos gustaría encontrar cuando miramos a Andalucía: “Me reconozco en una Andalucía que ama y que se deja amar, una Andalucía que no tiene complejos, una Andalucía que nada tiene que ver con los tópicos”. Recuerden su nombre. Está afincado en Los Ángeles y en su curriculum ya aparece su participación en películas como Blancanieves. A Pablo le pasa como a cualquiera de los políticos que estos días pide su voto; que “no se conforma”.

Es la generación del esfuerzo. Es la generación del talento. Todos ellos son de esa generación ‘perdida’ que todos los partidos quieren ahora salvar. Para que “retornen”, para que no se tengan que marchar. Bueno, en estos días lo rescatamos todo y a todos. A las mujeres, a los abuelos, a las familias, a los parados, a los enfermos. Miren qué necesitan y busquen la ‘solución’ en las cientos de medidas que se acumulan en los programas.

Pero empiecen también a comparar. Bien saben los bancos que sobre el papel se arregla todo, que los balances contables –como las promesas electorales– lo soportan todo. Distinto será cuando despertemos, cuando nos tengamos que volver a levantar y se hayan apagado las sintonías de la campaña. Dicen ellos que se juegan mucho el 22 de marzo. Créalos. Pero no por ellos; por usted. Somos ‘nosotros’ los que nos jugamos mucho el próximo domingo. Todavía tiene una semana para pensar y para decidir a quién votar.

Desde la transición no teníamos una oferta tan amplia. Piénselo, desde el corazón, pero también desde la razón. No todos son iguales.

Los ‘outsiders’ de la campaña

Magdalena Trillo | 1 de marzo de 2015 a las 10:16

¿Ha tenido tiempo de rezar? Ésta era la propuesta que nos había lanzado el obispo de Córdoba para celebrar el Día de Andalucía: “Orar para que desaparezca la corrupción en la administración y en toda la sociedad”. Lo que no está logrando ni la juez Alaya con sus infinitas macrocausas y sus ya previsibles irrupciones en campaña lo quiere resolver la Iglesia con plegarias. Coincido con Demetrio Fernández en que “es una vergüenza que algunos aprovechen su puesto de servicio para enriquecerse robando el dinero de todos”. Ahora bien, media un abismo entre el diagnóstico certero que realiza sobre la codicia humana y ese remedio divino y casi mágico que propone.

A monseñor Fernández le ocurre como al arzobispo de Granada: es más que consciente de que no debe lanzarse a la arena política, de que no debería ser el púlpito una plataforma para encender la polémica, pero su ‘sentido de la responsabilidad’ le supera. Así, “llegado el Día de Andalucía”, decide ofrecer en su carta pastoral una “conveniente reflexión desde la fe” para que meditemos bien nuestro voto de cara a las próximas elecciones regionales” y aprovecha para sumarse al ambiente preelectoral recordando a fieles y electores los posicionamientos de la Iglesia en cuestiones de intenso debate como el aborto y la educación.

Sus planteamientos son un ataque directo contra la escuela pública por “ser uno de los grandes males para una sociedad que quiere ser libre y educar en libertad”. El obispo expresa su perplejidad por que, en “un Estado aconfesional” como el español, “se favorezca todo lo que va contra Dios y contra la religión católica” y, como solución, hace una defensa cerrada del modelo concertado que con tanta eficiencia controla la Conferencia Episcopal y que tan bien representa al teórico 92% de andaluces y españoles que, según él, nos decimos católicos.

No debería extrañarnos. Los obispos acaban de presentar al Gobierno su propuesta de contenidos para la asignatura de Religión -el curriculum ya se ha publicado en el BOE y se empezará a impartir el próximo curso- y la consideración más suave que ha recibido es que supone una peligrosa “involución” educativa y social. A los obispos, sin embargo, les pasa como a los bancos, que nunca tienen bastante. Mientras piden a las comunidades más díscolas que no limiten las horas de religión en las escuelas, su propuesta para “enseñar la realidad del cristianismo sin catequizar” es poner a los niños de 8 años a rezar en las aulas y, en Secundaria, eliminar las referencias a cualquier religión que no sea la estrictamente protegida en nuestra Constitución.

Es decir, que a los primeros les examinarán por sus cánticos (la asignatura es optativa pero evaluable) y a los segundos les privarán de la oportunidad de entender qué hay detrás del ataque yihadista a Charlie Hebdo y hasta de saber que Andalucía, Al-Andalus, fue un día símbolo de convivencia, respeto e integración entre pueblos. Tendremos escolares que aprenderán a “expresar la gratitud a Dios por su amistad”, “comprender el origen divino del cosmos” e, incluso, “reconocer la incapacidad de la persona para alcanzar por sí misma la felicidad”. Pero difícil será saber si estamos formando a ciudadanos críticos capaces de asumir con coherencia su responsabilidad en la sociedad y desenvolverse desde la cultura del esfuerzo y la tolerancia. Mucho menos si se inculcarán unos valores mínimos de ética y respeto que terminen siéndonos útiles a todos -también a la Iglesia- cuando nos planteemos la aspiración como sociedad de, por ejemplo, atajar la corrupción. Porque tan legítimo es defender la oración, el adoctrinamiento y la catequesis dentro de las parroquias (para eso están) como debería ser reservar la escuela pública para inculcar esos valores de civismo y moralidad que deberían impregnar nuestra convivencia y que tanta falta nos hacen para vacunarnos contra todos esos “males” ante los que nos previene la propia Iglesia.

Recriminamos a los políticos lo alejados que están de la calle, de las preocupaciones reales de la gente, pero lo cierto es que es otro mal que se contagia con la misma naturalidad con que socialmente lo aceptamos. Les aseguro que no es ingenuidad, es el reconocimiento de que lo que de verdad se nos da bien en este país es confundir. Cargados siempre de ideología y con unos intereses nunca claros. Confundir para, a continuación, interferir. Es lógico que el año electoral haya acelerado la vida pública pero no deberíamos permitir que la ‘justificación’ de unos comicios nos hurten el debate y nos dejen en una apática posición de indiferencia.

No es sólo la juez Alaya la especialista en las injerencias. Junto a los ousiders habituales de las campañas electorales, están los que aprovechan para pescar en río revuelto -admitamos que el obispo de Córdoba nos anime a rezar contra la corrupción política, pero no de que se olvide de mirar hacia dentro cuando el propio Papa está pidiendo perdón y tan cerca tiene el escándalo de los casos de pederastia en Granada…- y los que, con la excusa del patriotismo y la responsabilidad, irrumpen de forma estrepitosa arropados por el corporativismo, el interés partidista, cierta dosis de frivolidad y una absoluta y compartida ausencia de autocrítica. El momento bandera andaluza de Manolo Pezzi en el Congreso de los Diputados, prestando el ‘noble’ servicio de defender nuestra comunidad cuando se atacaba al PSOE, no es menos tramposo que el memorándum de cifras que nos arrojó el presidente del Gobierno para transformar el Debate sobre el Estado de la Nación en un improvisado ‘país de las maravillas’ y convencernos de que la recuperación no tiene los pies de barro y es real. Volvemos a confundir. El diputado granadino jugó a lo que juega su partido. Porque, aunque los socialistas llevan el rojo en sus siglas, es el verde de Andalucía el que han hecho propio en tres décadas de gobierno con la misma fuerza camaleónica con que se han quedado con la bandera del andalucismo.

Honestamente, entre los tiempos de rezos de unos y los tiempos electorales de otros poco espacio queda para “potenciar la Marca Andalucía”, para hacer país, como proponían esta semana los empresarios al presentar (ellos también) su decálogo de propuestas para el 22-M. Pidieron lealtad, pero no es la lealtad lo que mejor nos define. Y no, no es orando en los colegios como vamos a conseguir que “no prevalezca la mentira, el engaño, la trampa y el embuste” ni tampoco como vamos a desterrar esos tópicos que unas veces criticamos y otras enarbolamos. Mucho menos el ‘tópico’ de la corrupción.

La nostalgia del cambio

Magdalena Trillo | 1 de febrero de 2015 a las 11:17

Elija el “cambio” que más le interese, póngale el rostro que más le apetezca y vaya pensando a quién votar el 22 de marzo. Tanto hemos prostituido y distorsionado la palabra que todo cabe en seis caracteres: la derecha que quiere acabar el “régimen socialista” con la “oportunidad de cambio” que representa Juanma Moreno, los ‘susanistas’ que se encomiendan al indiscutible liderazgo de su secretaria general para esquivar el declive de sus propias siglas sin que se note que son los ‘mismos’ los que llevan tres décadas gobernando en Andalucía, los damnificados de IU que han visto cómo Podemos se apropiaba de su programa, de sus militantes y de su espacio electoral al mismo tiempo que eran ‘desahuciados’ de San Telmo y, por supuesto, los ‘extremistas’ de Podemos a los que se intenta demonizar como un peligroso virus capaz de frenar la esperanzadora recuperación mientras ellos, con su “marcha por el cambio”, vuelven a demostrar a pie de calle que tienen el apoyo de la gente.

La pregunta que muchos analistas se hacen estos días es si Pablo Iglesias despierta la misma ola de simpatía y complicidad ciudadana que en los 80 logró aquel jovencísimo Felipe González que, con su pelo desenfadado, sus pantalones de campana y su chaqueta de pana, surgió de Suresnes suscitando tanto temor en la esfera empresarial como hoy desata ‘El coletas’ en los mercados. Porque entonces también eran radicales, provocadores e ilusos. La dosis de mercadotecnia tal vez fuera menor pero también la sociedad española era otra. Si tenemos en cuenta el cambio generacional, el letargo de entonces y la sobreexposición mediática de ahora, puede que lleguemos a una radiografía muy similar.

Y seamos realistas. En frente de Pablo Iglesias no está Pedro Sánchez, está Susana Díaz. Hacía demasiado tiempo que los socialistas no recibían el calor de la calle y el motivo es sólo uno: esa ‘fontanera’ felizmente embarazada que tan nervioso ha puesto al PP. Los selfies se unen a besos y abrazos (¿no va a coger la gripe con tanta exposición?) haciendo más nítida la respuesta. La presidenta lo sabe. Es su mejor encuesta. Ha conectado con los andaluces y está convencida de que va a tener ‘su’ oportunidad. El ‘efecto Susana Díaz’ es tan potente en cualquier pueblo de nuestra comunidad como lo es el ‘efecto Podemos’ en las ciudades. Si la astucia y la estrategia es un valor en política, ella va tan sobrada como Pablo Iglesias de oratoria.

Esta misma semana volvió a demostrarlo en Fitur cuando se unió con exultante naturalidad a la comitiva real y luego no cayó en la ‘trampa’ que le habían preparado en el stand de Granada: nada de desplantes, le zampó dos efusivos besos a Sebastián Pérez, hizo campaña en territorio hostil y allí los dejó… Unas horas antes, era el propio presidente del Gobierno el que despertaba del “letargo invernal” -Susana Díaz casi le contestó en directo a las acusaciones de que va a utilizar Andalucía de “trampolín” para disputarle La Moncloa- para despejar el camino a su ¿sólo “prometedor”? candidato para Andalucía.

Pero, sinceramente, no sé si le ayudó o se lo puso más difícil. Juanma Moreno todavía no ha convencido ni a los suyos de que es el cabeza de cartel que necesitan cuando tienen que enfrentarse a una líder nata y convencer de que la oposición en nuestra comunidad ni está en manos de la juez Alaya ni necesita que se la hagan desde Madrid.

Después del espoleo de Aznar, tal vez haya entendido Rajoy que va tener que bajar a la arena política, tomar decisiones -¿cuánto más tienen que esperar ¡los suyos! para saber si están dentro o fuera de la partida?- y explicar mucho mejor si en su hoja de ruta realmente está la opción de victoria. Sigo sin ver razones claras para el adelanto, pero bienvenida sea la campaña si logramos que aflojen el cinturón, que nos ‘animen a votar’ restituyendo algo de lo perdido y nos devuelvan la ilusión de creer que un cambio real es posible.

Cuando Felipe González protagonizó la ‘movida’ de los 80, los que hoy se disputan la batuta de la transformación estarían estrenando la EGB. A todos nos interesa que 2015 sea un año para sumar, no para restar, y que el ‘cambio’ que todos enarbolan vaya más allá del relevo generacional. Sin la volatilidad de la moda y sin la nostalgia de lo que fue.

No sin preguntas

Magdalena Trillo | 9 de mayo de 2011 a las 8:51

Acabo de ver en Twitter que más de cuarenta medios y organizaciones se han sumado ya al manifiesto Sin preguntas no hay cobertura. Más de cuatro mil periodistas de toda España están mostrando su “indignación” ante el rechazo de muchos políticos a admitir réplicas; una actitud que consideramos “inconstitucional”, una falta de respeto al criterio informativo y “una manipulación inaceptable”. Nos indignamos “ante los reiterados intentos de presión sobre el trabajo profesional de los periodistas”. Denunciamos a quienes se refugian en el ‘hoy no toca’ porque nos convierten en taquígrafos y desvirtúan los principios más básicos de la profesión. Nos plantamos ante quienes quieren volver al periodismo folletinesco y de propaganda.

Me sumo… Pero con matices. Está bien que aprovechemos la campaña electoral para lanzar el debate y mantener un pulso a quienes nos gobiernan olvidándose, demasiadas veces, que están obligados a rendir cuentas ante los ciudadanos. Olvidándose de que nosotros somos simples intermediarios, no el enemigo, y que nuestro trabajo es cuestionar, desconfiar, poner en aprietos, interpelar. Es el juego democrático.

Sin embargo, no son los políticos los únicos que distorsionan las reglas del periodismo: ¿nos sometemos a empresarios, banqueros y jueces? ¿hacemos una excepción con los ‘Mou’ del deporte y nos tragamos las insolencias y extravagancias de los artistas?

Y no es sólo en campaña cuando tenemos que ser guerreros. Casi al contrario; los políticos se ponen ahora la careta de la felicidad, son amables, cercanos, pacientes y acceden a (casi) todo. Será distinto a partir del 22-M. Pensemos en Francisco Camps cuando, a pesar de todo el escándalo de corrupción del Gürtel, los ciudadanos lo premien reforzando su mayoría en Valencia… Se lo podrá permitir (casi) todo. Quedémonos en Granada. Nada hay nada más difícil que conseguir una entrevista con Torres Hurtado. Seamos francos: no le hace falta. Se puede negar a (casi) todo. ¿Por qué exponerse a debatir con Paco Cuenca si la duda no es otra que cuánto ampliará su mayoría absoluta y si será suficiente para situar a Sebastián Pérez en Diputación?

Por su puesto que el código de malas prácticas no es generalizable (no todos son iguales) ni es exclusivo del PP. ¿Han olvidado ya los meses de incertidumbre de ZP sobre su retirada y sus secretitos con Bono? ¿Hay alguien más hábil en no contestar que Rubalcaba? ¿Alguien más borde que Blanco? ¿Alguien que haya ninguneado más a los medios en las últimas semanas que Carme Chacón?

Miremos ahora al otro lado de la noticia. No es la primera vez que un compañero de un gabinete de prensa me confiesa el sinsentido de las comparecencias cuando los periodistas que se sientan al otro lado de la mesa parecen autistas. Toman nota y se largan; cogen el primer corte útil y desenchufan los micrófonos. Ni una pregunta. Ni una cuestión incómoda. Quienes se exponen a interpelar, tal vez se vean obligados a sufrir las miradas de frustración de más de un compañero que estaba levantándose… Desde luego, no es éste el camino para prestigiar nuestra profesión y hacernos valer.

#sinpreguntasnohaycobertura es una excusa perfecta para que reflexionemos, todos, sobre el papel que de verdad estamos ejerciendo como garantes del derecho a la información. Pero ni es la solución ni creo que debamos aplicarlo de forma generalizada. Imagínense que comparece don Juan Carlos para comunicar su renuncia a la Corona y dice la Casa Real que no hay preguntas. ¿No informamos? Soñemos con una rueda de prensa sin preguntas de ETA en la que anuncien la entrega de las armas… ¿Ponemos nuestras exigencias por encima de nuestra obligación y responsabilidad como periodistas? ¿Situamos nuestro orgullo y vanidad por encima de los intereses de nuestros lectores? Empecemos (todos) por creer en lo que hacemos y exijamos, siempre, pero con sentido común.

22-M, gana la abstención

Magdalena Trillo | 24 de abril de 2011 a las 9:01

El PP amplía la mayoría absoluta; los socialistas continúan su caída e Izquierda Unida se mantiene. Ninguna fuerza minoritaria consigue representación en el Ayuntamiento de Granada y ninguno de los alcaldables alternativos a Pepe Torres arrancan una mínima confianza del electorado. Gana el PP, pero se impone la abstención. Casi la mitad de los granadinos no iría a votar. El porcentaje de ‘ausentes’ se acerca a un preocupante 50% que, al mismo tiempo que refleja el creciente grado de desapego de los ciudadanos hacia la clase política, ha de entenderse como un contundente voto de castigo a los socialistas – y por extensión a toda la izquierda– frente a la fidelidad del electorado conservador. Éste es el escenario sobre intención de voto para las municipales que anticipa la encuesta realizada por Commentia para Granada Hoy y que hoy publicamos.

A la espera del veredicto final del 22-M, los resultados del sondeo son reveladores en cuanto a tendencias y clima de opinión. Primera reflexión: el PP no sólo sortea otro mandato sin desgaste, sino que sería capaz de arrebatar otro concejal al PSOE y llegar a los 17. Su mejor resultado histórico. Ganaría cuatro ediles en una década y superaría el 56% de los votos.

Visto así podríamos hablar de debacle socialista. Y es que la pérdida de electorado del PSOE es progresiva: si en 1999 la diferencia entre los dos grandes partidos era de dos concejales (13 a 11), ahora sería de 9. Más del doble. Sin embargo, tal vez sería más apropiado hablar de caída sostenida. ‘Sólo’ perderían un concejal después de cuatro años de continuas fugas en la Plaza del Carmen (de Torres Vela al enemigo en casa de César Girón), después del golpe de la crisis ejemplificado en el ‘efecto ZP’, después del desmoronamiento del PSOE andaluz con el caso de los ERE y la ruptura de Pizarro y, más en clave interna, después de meses de conflicto para la elección de un candidato que pudiera hacer sombra a Torres Hurtado: el miedo a los paracaidistas, el rechazo de primarias, la desconfianza hacia un candidato de perfil bajo con poca proyección…

En un escenario como éste, donde el PP se crece ante el hundimiento del PSOE en Sevilla y Madrid y las posibilidades de vuelco electoral, Paco Cuenca no cumple las expectativas de remontada, pero logra situarse en una posición de cierto reconocimiento y tendrá la oportunidad de demostrar si es capaz de reconstruir la oposición y plantar cara a un equipo de gobierno que ha vivido cuatro años tirando de mayoría absoluta sin complicarse más de lo preciso. Sin meterse en charcos y dejándoles caer.

Tampoco IU conseguiría subir a costa de los desencantados de la izquierda (a Francisco Puentedura apenas le conoce el 20%), el PA seguiría al margen del Ayuntamiento pese al rescate de Jesús Valenzuela y ni UPyD con Mayte Olalla ni Los Verdes con Mario Ortega darían sorpresa alguna… No es extraño que más del 14% de los encuestados reconozca que entre los alcaldables no hay ninguno que le guste.

A un mes de los comicios, siete de cada diez ya tienen claro que va a ganar el PP (ni los votantes socialistas apuestan por Cuenca) y no parece que la campaña vaya a significar un gran revulsivo. La cuestión no es ya si se debate sobre política local o nacional; lo triste es que hablaremos de imputados, tránsfugas, corrupción y privilegios. Una escalada de guerra sucia que evidencia la decadencia del actual sistema de partidos. Ahí está el caso de Perú con las opciones populistas. Ahí está la inesperada irrupción de Los Verdes en Alemania. Ahí está la lección de democracia del pueblo islandés… Aquí, de momento, el mensaje es doble: el desencanto con la política es tremendo pero más aún con la izquierda. Si hay que elegir, el PP arrasa.

Estética o dignidad

Magdalena Trillo | 17 de abril de 2011 a las 10:29

Podría ser mi madre; y la suya. Podría ser yo; y usted. Lleva su vida cuidadosamente atada entre los hierros de un carrito de supermercado. Paraliza su dignidad. Inquieta su silencio. A veces duerme protegida por la marquesina del autobús; a veces en el rincón del cajero automático. Siempre he querido contar su historia, pero nunca me he atrevido a pararme y romper esa soledad buscada y cómplice que la acompaña.

Me pregunto si esta pequeña mujer afea la ciudad. Si molestaría a los comerciantes del centro de Madrid que están tan irritados con los “pedigüeños”. Si habría que incluirla en ese grupo de ‘sin techo’ que Gallardón quiere erradicar a la fuerza, por ley. Tal vez a algún alcalde ya se le haya ocurrido meterlos en un tren y confinarlos en un gueto de indigencia sin retorno. Seguro que hay algún nostálgico de las escuadras que las recuperaría para limpiar la ‘mugre’.

Da escalofrío pero seamos honestos: las políticas sociales no son una prioridad; menos aún la solidaridad. Pensemos en Granada. En dos años, el Ayuntamiento ha liquidado las ayudas a los colectivos que trabajaban con los ‘sin techo’, ha bloqueado el proyecto de ampliación de Calor y Café por un conflicto con los vecinos (los homeless no votan; a quienes molestan sí) y no tiene ni estatus de ‘idea’ la vieja reivindicación de construir un albergue público.

Es verdad que no todas las personas sin hogar son como la señora del carrito. Bajando a Renfe, un grupo de indigentes tiene ‘tomada’ una esquina. Confieso que en más de una ocasión me he cruzado de acera para no interrumpir su continua fiesta de litronas y no podría negar que son muchos los vecinos y comerciantes de la zona que lo viven como un problema. La propuesta del alcalde de Madrid era el jueves la conversación estrella en la frutería. Contaba la tendera que ahora les ha dado por beber “champán” y que se pasan las tardes descorchando botellas… Se mostraban realmente preocupados por la posibilidad de que, entre alcohol y drogas, se volvieran agresivos… ¿Es sólo pobreza? ¿También violencia y delincuencia?

Asegura Ruiz-Gallardón que “no es un problema de convivencia ni de estética, sino de dignidad de las personas, de su salud y de su atención”. Y matiza que su propuesta está supeditada a que haya recursos públicos gratuitos suficientes. Ésta es la cuestión. Cómo defender una política social en un momento de recortes. Cómo situarlos como una prioridad (su salida de la extrema pobreza, no quitarlos de en medio para que no estorben el 22-M) cuando podemos llegar a los 5 millones de parados.

Estamos ante un problema con tantas aristas que ni siquiera el PP se ha atrevido a arropar una propuesta que ya desde las filas socialistas se ha asimilado a la franquista Ley de Vagos y Maleantes . Esperanza Aguirre se ha desmarcado diciendo que no es “amiga de las prohibiciones” y Rajoy, como ocurre siempre que se presenta un tema de cierta complejidad, se ha escondido debajo el ala. Recuerden que el objetivo de su programa electoral es de máximos, casi un pacto de Estado para que le vote una “gran mayoría”, y ahí no hay espacio para los grises.

Con trazos gruesos no se puede afrontar un problema social. No hay una única solución para resolver necesidades tan diversas y no será fácil ni construir los caminos ni lograr que se transiten. Se nos olvida que son personas, como usted y como yo, y que tienen sus derechos, su libertad y su dignidad. En ocasiones, mucha más que quienes se sientan en un sillón de terciopelo rojo para gobernar a golpe de sanciones y prohibición. Más que los buitres de las finanzas que siguen fabricando pobres para no dejar de zampar. Más que los directivos de las grandes compañías que se embolsan cifras indecentes mientras largan a miles de familias por la puerta de atrás.

Encuestas

Magdalena Trillo | 27 de febrero de 2011 a las 11:53

Torres Hurtado podría irse hoy de vacaciones y volver al día siguiente de las elecciones para contar cuántos concejales más cambian de bando en la Plaza del Carmen. Sin quitarse el sombrero. Sin necesidad de programa, mítines ni carteles. Al estilo durmiente de Rajoy.

Dicen los socialistas que hay partido, pero habría que preguntarles si todos juegan con la misma camiseta. Sería una buena explicación para los titulares catastróficos de la semana. Y para el espectacular resultado electoral del 22-M que vaticina una supuesta encuesta interna del PP: los populares ampliarían aún más la mayoría absoluta subiendo de 16 a 18 concejales, el PSOE se daría un batacazo cayendo a los 6 (ahora tiene 9) e IU remontaría con 3. Un escenario ficticio que nada tiene de cierto (me aseguran en el PP que no tienen encuestas locales ni saben de dónde salen estos números que no dejan de circular), pero que nada tendría de descabellado.

Visiblemente indignado lo advertía el miércoles el compañero Agustín Martínez en el informativo de Granada Televisión: “Paco Cuenca debe estar pensando en tirarse por el Tajo del Pollero”. No seremos alarmistas, pero hay que reconocer que no le ayuda demasiado al candidato socialista desayunarse el mismo día con el bloqueo sine die del Centro Lorca (con reproches incluidos entre Junta y Gobierno) y la amenaza de las constructoras del Metro de abandonar las obras y dejar toda la capital empantanada. Y todo gracias a los ‘suyos’.

En los dos casos se pueden discutir culpables e introducir matices, pero hay dos realidades: en seis meses no han sido capaces de encontrar una salida al problema de financiación del edificio de La Romanilla y las adjudicatarias del Metropolitano están desde agosto sin cobrar. Las catorce UTEs, las decenas de subcontratas (muchas a punto de la quiebra) y los cientos de trabajadores y familias que viven del Metro. Por mucha utilización electoralista que se esté haciendo de los temas (que la hay), es difícil no coincidir con el PP cuando habla de “nefasta gestión”. Y, desde luego, no parece que se pueda admitir como excusa que el problema de liquidez es compartido…

Si unos y otros siguen ayudando en la misma dirección, el desgaste de la marca PSOE agrava la derrota socialista y no hay sorpresas en las comarcas de Loja, Guadix o Motril, el equipo de Torres Hurtado y Sebastián Pérez aumentará su porcentaje de votos en la capital y en el cinturón y la Diputación cambiará de signo tras más de tres décadas de gobierno socialista. Precisamente, el Barómetro que hoy publicamos todos los diarios de Grupo Joly constata el avance del PP en toda la comunidad (se sitúa ya en 10,2 puntos de ventaja sobre el PSOE) y refleja también que donde los socialistas están peor es en Andalucía oriental.

En Granada, el que se ha puesto ahora a remar a contracorriente es Blanco, dándole más color político que nunca a las vías del AVE y con un talante resolutivo capaz de trastocar el escenario para las autonómicas y generales. Sueñen: la Autovía del Mediterráneo en funcionamiento, la Alta Velocidad a punto de llegar, el Metro terminado, el Centro Lorca abierto… Todo lo que hoy es ciencia ficción.

Tan ficción como dar ya por vencedores a Arenas y Rajoy. Si a los logros ‘locales’ de aquí y allá le vamos sumando cierta recuperación económica, un respiro en las cifras del paro, la estabilización del sistema financiero, el saneamiento en las administraciones, el fin de ETA… no deberíamos descartar que Griñán pueda sostenerse al frente de la Junta y hasta Carme Chacón o Rubalcaba tenga alguna posibilidad de mantener La Moncloa. Aunque sea en el Estado del Medioestar que diría Llamazares.