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Juego de tronos, en clave local

Magdalena Trillo | 1 de junio de 2014 a las 12:49

Las intrigas de ‘palacio’ que ya se han abierto para ocupar el sillón de la Plaza del Carmen bien podrían justificar un capítulo de Juego de Tronos. Mientras los productores de HBO buscan localizaciones en Andalucía para rodar la quinta temporada de la exitosa serie televisiva, los Stark, Targaryen y Lannister de este especial Sur que sirvió de inspiración al creador de la saga literaria definen estrategias para diseñar su particular asalto a Desembarco del Rey.

Con la esperanza de servir de escenario para ese Festín de Cuervos que ha de tomar forma en el árido y semidesértico nuevo reino de Dorne, no hay rincón en Andalucía que no esté moviendo ficha en el sacudido tablero de poderes que ha resultado del 25-M. De la Alhambra de Canción de Hielo y Fuego a las cumbres de Invernalia, héroes y villanos se miden para convertirse en leyendas o perecer de forma terrible y prematura. O ganas o mueres.

Así de implacable es el juego de este Tolkien de dragones y mazmorras que, con menos épica y fantasía que en la pequeña pantalla, tan fácilmente conduce a las catacumbas de la política actual. Con Génova y Ferraz abiertas en canal -unos con más disimulo que otros-, ni el férreo liderazgo con que Susana Díaz gobierna desde San Vicente y San Telmo se escapa a la tempestad. Se acerca el invierno… El de verdad. Por mucho que nos digan que no se pueden extrapolar los datos a unas municipales, deberán reconocer los iluminados de las encuestas que no hay termómetro más fiable en estos momentos que el 25-M. Los grandes partidos han perdido el paso. Y lo saben.

Todos con excepción del líder regional del PP, que vive su particular lucha por el Trono de Hierro creyéndose que se han alcanzado los objetivos. ¿La derrota? ¿Romper un ciclo de tres victorias consecutivas? ¿Demostrar que, con o sin Susana Díaz, el PP no va gobernar en Andalucía? Hasta sus ‘barones’ se han alarmado esta semana con su fantasiosa lectura de las elecciones. El equilibrio en los Siete Reinos de Poniente está a punto de romperse. Los ‘salvajes’ del otro lado del muro se han infiltrado y la lucha ha dejado de ser cosa de dos: la Casa del Norte y la Casa del Sur corren el riesgo de quedarse en fuerzas marginales. No conectan con los jóvenes, no convencen a los indecisos, no dejan de perder incondicionales y no funciona ni la comunicación ni el mensaje.

Unos caen y otro suben: ‘Podemos’ debutará en Europa con cinco parlamentarios y sería una equivocación no considerar seriamente que va a entrar en la política local. En Granada ya planea la sombra del tripartito. El 25-M le ha dado oxígeno a Torres Hurtado para presentarse en 2015 contra el criterio del partido provincial -incluso para ‘aguantar’ hasta ese “2031” que ha convertido en mensaje electoral- pero la partida es otra. Si no logra la mayoría absoluta (tiene que recuperar más de 10.000 votos en barrios ‘rebeldes’ como Chana, Zaidín y Albaicín), un bloque de izquierdas impulsado por PSOE, IU y ‘Podemos’ podría dejarle sin opciones de gobierno para ese cuarto mandato que parece acariciar.

Sólo UpyD podría salir en auxilio de los populares y nada hace indicar que Mayte Olalla vaya a querer casarse con quienes llevan dos años ninguneándola y cabreándola (la última ‘afrenta’, la reducción del sueldo con la eliminación de la dedicación exclusiva). En el PSOE la situación no es mejor: acortan distancias pero no terminan de conectar; las primarias locales de septiembre se prevén movidas -si lo son “de verdad” entrarán en la partida aspirantes como César Girón- y quién sabe si el papel de los socialistas en el tripartito termina siendo de comparsa.

La candidatura de Torres Hurtado está en manos de Génova. Y, ojo, será también su responsabilidad. La dirección nacional se reúne el martes con los líderes provinciales y regionales para comenzar a trabajar en las candidaturas de las municipales. El alcalde tiene margen pero siguen siendo muchos los que, dentro y fuera del partido, entienden que se ha acabado su tiempo. Si pasa el filtro de Rajoy, Sebastián Pérez lo apoyará. No habrá una mínima división cuando lo que el propio PP se juega es la Diputación.

Aún hay un año de partido, pero tendrían que recuperar tres diputados (Capital, Cinturón y Costa) para no perder el gobierno provincial ante un bloque de izquierdas que lideraría Pepe Entrena. Se ruede o no en Granada, son muchas las lecciones que podrían extraer unos y otros de Juego de Tronos… Que tan importante como las fuerzas son los tiempos. Que tanta grandeza hay en saber llegar que en saber irse. Que una retirada a tiempo, a veces, es una victoria.

Las sombras de Europa

Magdalena Trillo | 11 de mayo de 2014 a las 11:16

La caída de la participación en las consultas electorales es el primer síntoma. Luego llega la crítica gruesa a la ineficacia del sistema político, la denuncia visceral sobre su costo y sus privilegios y el cuestionamiento de su utilidad. El resultado es una democracia cadáver que languidece dejando sitio a los populismos y los gobiernos autoritarios. La enfermedad se llama desafección y engorda con sobredosis de desprecio e inquina hacia las instituciones públicas y los políticos.

Si usted se encuentra entre el 17% de los españoles que ni siquiera sabe que el 25 de mayo hay elecciones al Parlamento Europeo sabrá de qué le hablo. Si lo sabe y no piensa ir a votar, también. Si su gran dilema es cómo expresar con más claridad su indignación y su hastío, cómo ejercer su voto de castigo, tal vez haya una oportunidad.

Siempre he creído que no es muy diferente la política de la religión: las dos se mueven gracias a la fe y la confianza de legiones de convencidos y las dos persisten mientras se mantiene inquebrantable el pacto a uno y otro lado del tablero. Ni lo uno ni lo otro se cumple en un escenario electoral en el que, según desvela la última encuesta del CIS, más de la mitad de los españoles no piensa ir a votar y una abrumadora mayoría suspende a gobierno y oposición con similar contundencia.

Desde la escalada de desafección que dibuja la filósofa Amelia Valcárcel, resulta difícil intuir si estamos ante una enfermedad remisible o ante una peligrosa degradación del sistema con estertor a cementerio. Hace unos meses apilé en mis montañas de recortes una entrevista al ensayista italiano Luciano Canfora que me sigue inquietando: “Estamos asistiendo a un cambio importantísimo. El andamiaje es igual y sigue en pie (el Parlamento, las elecciones…) pero la realidad es que se ha consolidado un fortísimo poder supranacional no electivo, de carácter tecnocrático y financiero, que tiene en los organismos europeos los instrumentos para gobernar toda la comunidad y que da a un país más importante que los demás, Alemania, el papel de dictar las reglas”.

En realidad, no dice nada el autor de La historia falsa que no hayamos pensado más de una vez: que al final manda Merkel, que el verdadero poder lo tienen los mercados y que el Parlamento Europeo que elegiremos en dos semanas no es más que un espejismo de normalidad democrática. De una democracia que “ha muerto” y ha dejado caminar su cadáver “convocando elecciones y promulgando leyes” mientras son otros los que deciden.

Si al derrotismo de Canfora, a su visión sobre los “parásitos muy bien pagados” que sólo sirven para que Europa no parezca antidemocrática, unimos el fracaso tanto de la izquierda como de la derecha para convencernos de que realmente hay un modelo de sociedad alternativa, reconozco que quedarían pocos motivos para ir a votar. Menos aún si se nos ocurre recuperar el controvertido documental sobre los “negocios de Bruselas” con que las televisiones de Austria y Bélgica desentrañan las sombras del poder que mueve los hilos en esta Europa que acuerda el 80% de las normas que determinan nuestras vidas sin que sepamos cómo funciona, ni qué personas lo gestionan.

Es evidente que a esta cancerígena oligarquía de parásitos (éstos sí) ni la hemos elegido nosotros ni nos representa… Otra cuestión es preguntarnos si somos capaces de tener la fe y la confianza suficientes para creer que desde dentro del sistema podemos cambiarlo; que aún es posible luchar por una democracia en la que quienes no poseen la riqueza cuenten en la vida política. Reconozco que cuesta tener esperanza, pero pensar lo contrario sería enterrar la democracia y en el vacío sólo encuentro el abismo del totalitarismo y el populismo; tan peligroso uno como seductor el otro.

Regreso de un viaje a Alemania aún impactada por las imágenes del campo de concentración de Dachau. No hay eufemismos; no hay hipocresía… Me encuentro en el regreso a un Putin melancólico invocando la “justicia histórica” en la reconquistada Crimea en un nuevo episodio de provocación. Pienso si lleva razón Hobsbawm al advertir que estamos escribiendo el tercer milenio sin resolver los problemas que dieron lugar a la Primera y la Segunda Guerra Mundial… Pienso si lleva razón Judt cuando nos dice que “algo va mal” cuando no tenemos conciencia de que “la democracia puede sucumbir ante una versión corrupta de sí misma, mucho más que a los encantos del totalitarismo, el autoritarismo o la oligarquía”.

Hay muchas sombras en la Europa de hoy pero ningunas tan terrible como las que nos han sacudido no hace tanto. La Europa con que soñamos no se construye en un día, pero sí debemos tener claro que se construye desde dentro.

La hora de las mujeres

Magdalena Trillo | 30 de junio de 2013 a las 10:33

Antes de un año José Antonio Griñán podrá dedicarse a las cosas de su edad: malcriar a los nietos y escribir las novelas que aparcó cuando su (ex) amigo Chaves le cedió el testigo de la Junta. Se irá, aunque sacrifique el horizonte de tres años de alianza “solidaria” que había pactado con IU, y lo hará a la española: dejándolo todo atado y bien atado. En Andalucía y en Madrid. En el gobierno y en el partido.

Es un estratega de los tiempos. El 25-M hundió a Arenas con aquella amarga e insuficiente victoria que todavía pesa en el desánimo de los populares y ahora va a prejubilar a Rubalcaba; entonces dejó perpleja a media España cambiando los ritmos electorales, desmontando todas las encuestas y salvando la ‘aldea’ del socialismo y ahora ha descolocado a su partido y a la oposición abriendo el debate sucesorio. No nos equivoquemos, las consecuencias de no presentarse a la reelección, de dar paso a “savia nueva” y de impulsar la renovación en el PSOE no es una decisión de consumo interno: afectará al ‘bipartito’, modificará la hoja de ruta del partido a nivel federal y obligará al PP a recomponerse en tiempo récord.

Si es coherente con lo que dijo hace un solo mes de convocar primarias cerca de los comicios, y si es cierto lo que solemnemente ha proclamado esta semana en el Parlamento de que a él no le pierde “ni el poder, ni el boato, ni las apariencias ni los sobresueldos”, no hay escenario posible que no pase por un progresivo trasvase de funciones -institucionales y orgánicas- y por un adelanto electoral que ya hay quien sitúa con las europeas de mayo.

La renovación griñanista tiene nombre, tanto en Andalucía como en España: su consejera de Presidencia y número 2 Susana Díaz y la ex ministra Carme Chacón. A la primera ya la ha bendecido para una sucesión teledirigida, un dedazo encubierto de primarias; con la segunda, la que fue su candidata frente a Rubalcaba en el congreso fallido de Sevilla, mantiene una maquiavélica sintonía que ha vuelto a evidenciarse con el anuncio de su retirada. Rubalcaba, circunspecto; Chaves, atónito; Jáuregui, ausente. A ella ni le sorprendió. Sospechosa complicidad.

Más allá de la operación de marketing que Griñán está liderando para resituar a un PSOE cada vez más vapuleado en las encuestas y frenar el creciente terreno electoral que le está arrebatando IU desde la plataforma de San Telmo, lo más triste y criticable de su supuesta hoja de ruta de revulsivo es que nada tiene que ver con lo que predica de más democracia, más transparencia, más participación.

Susana Díaz. ¿Es renovación o es continuidad? ¿Aparte de llevar con mano de hierro la fontanería del partido, es capaz de liderar un nuevo tiempo? Su edad (39 años frente a los 67 de Griñán) y su condición sexual tal vez sean suficientes para justificar lo nuevo pero no lo bueno y mucho menos lo necesario. Decía Amparo Rubiales que ha llegado la hora de que las mujeres sean “cabeza de león” y no “cola de ratón”. Ojalá. Pero hablemos de capacidades y de aptitudes. Y convoquemos unas primarias limpias. Abrámoslas a los simpatizantes y demos tiempo a las corrientes críticas a que preparen a sus candidatos (¿la precipitación es una maniobra calculada para desactivar la opción de Micaela Navarro desde el feudo crítico de los socialistas de Jaén?). Si la joven de Triana, puro aparato, profesional de la política, es el rostro del nuevo socialismo, que se lo gane con una lección de democracia y de participación, que no herede el poder por la puerta de atrás.

Ni Susana Díaz ni Carme Chacón. Si son la cara del futuro, de la renovación, que nos convenzan. Pero con ideas, con un programa, con un proyecto. Con talante, con liderazgo. Todavía recuerdo la lamentable portada de Vogue con las ministras de ZP; la imagen de unas políticas por la igualdad mal entendidas y peor gestionadas. Nunca el género debiera ser un impedimento pero tampoco una ventaja. Y mucho menos un paraguas para ocultar la propia incompetencia. En el debate sobre el estado de la ciudad del jueves la concejal de UPyD Mayte Olalla acusó a García Montero de “machista” porque le criticó que su discurso era propio “de una niña de cuarto de la ESO”. Cínico, tal vez cruel, pero ¿machista?

En Italia, el mismo día que se producía el terremoto Griñán, había quienes proponían a Berlusconi volver a fundar Forza Italia y colocar a su hija al frente. La “heredera natural”, argumentaban, “la mejor defensora de sus intereses” (¿de su corrupción y de sus fraudes?) Desconozco las cualidades y la solvencia de Marina Berlusconi, pero hiela ver las alcantarillas de unos partidos que se siguen llamando democráticos mientras nos dan lecciones de despotismo. Y ni siquiera ilustrado.

Me gustaría que estuviéramos a las puertas de un nuevo tiempo político; pero no a la defensiva. Me gustaría que fuera la hora de las mujeres; pero no a cualquier precio.

El mensaje del sur

Magdalena Trillo | 1 de abril de 2012 a las 11:38

Desde la estepa madrileña, las vacas sagradas de la política y el periodismo enjuician con vehemencia y desdén todo lo que ocurre al otro lado de Despeñaperros. Hace justo una semana, dos millones de andaluces osaron votar a partidos de izquierda; una tragedia que sólo pueden explicar por la estulticia, dependencia y falta de criterio del pueblo andaluz. A la cuarta, el Partido Popular lograba una “victoria histórica” pero no gobernará; a la primera, José Antonio Griñán renace de sus cenizas emulando la hazaña de Rubalcaba del congreso federal y ya ha fijado la hoja de ruta con IU para marcar el contrapunto al gobierno de Rajoy. Se hará, desde el sur, pero tendrá precio.

No veo a nadie haciendo las maletas por un resultado electoral pero sí a muchos cabreados. Andalucía, refugio y símbolo para la “reconquista” socialista, se convertirá en rehén del enfrentamiento entre los dos grandes partidos y de la guerra entre comunidades. El mensaje electoral del sur contradice, además, el guión de recortes de Mariano Rajoy.

Está por ver si un gobierno PSOE-IU es capaz de demostrar que se puede gestionar sin dilapidar el Estado del Bienestar, que la socialdemocracia no está muerta, que las recetas del neoliberalismo no son infalibles y que puede haber salida a la crisis desde la izquierda como predica en Francia François Hollande. Todo esto en la teoría; en la práctica, Griñán tendrá que demostrar que su presupuesto expansivo es sostenible con el recorte exigido de 2.500 millones y que es posible ahorrar en sanidad sin copago, en educación sin privatizar colegios y en la Administración sin recurrir al despido masivo.

Izquierda Unida pondrá sobre la mesa de negociación el programa que firmaron ante notario pero es difícil pensar que se mantengan al margen del reparto de sillones. Se situarán al frente del Parlamento, habrá comisión de investigación sobre el fraude de los ERE y ya empiezan a sonar nombres para quedarse con áreas tan simbólicas como agricultura y empleo y tan ‘rentables’ como turismo. Descartada por completo la opción de un gobierno de concentración y, a la espera de la letra pequeña del pacto Griñán-Valderas, lo curioso es que tanto en el PSOE como en el PP se dan un margen de menos de dos años para las primeras crisis de gobierno.

Dos teorías serían compatibles. La primera: entre la agresividad de la reforma laboral, el aumento del paro en más de 600.000 personas y el retraso de la recuperación económica por la caída del PIB, el Ejecutivo de Rajoy estará haciendo aguas en poco más de un año. Será entonces cuando el presidente del Gobierno deba afrontar su primera remodelación y ‘rescate’ a Javier Arenas en Madrid, ya sea de vicepresidente, de ministro o al frente de alguna de las grandes empresas públicas.

Aunque su sucesión sigue siendo tema tabú, hay dos delfines que coinciden en casi todas las quinielas: la malagueña Esperanza Oña y el cordobés José Antonio Nieto. El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y el alcalde de Motril, Carlos Rojas, entran y salen de las apuestas según preferencias.

El segundo futurible tiene que ver con las dificultades que atravesará ese gobierno de contrapoder del sur que habrá de contentar no pocos egos y continuar como agencia de colocación para demasiados damnificados del poder local y provincial sin renunciar a las reformas ni a las políticas de austeridad. Dos años como máximo para que Griñán rompa con IU y, en plena crisis del Gobierno central, convoque elecciones y gane (entonces sí) por mayoría absoluta…

De momento, es uno de los ministros ‘hacedores’ del fracaso de Arenas, Cristóbal Montoro, quien intensifica la escalada de desgaste. A los recortes draconianos de los Presupuestos, han sumado aquella amnistía fiscal que Rajoy tildó de “ocurrencia” cuando estaba en la oposición y Cospedal definió como “impresentable, injusta y antisocial”. Pues ya está aprobada para que los legales paguemos más y los que defraudan hallen el perdón. Se anunció el Viernes de Dolores y, por suerte, también ese día el mensaje desde Andalucía fue distinto.

Mientras Madrid explicaba al mundo la nueva tanda de tijeretazos, el artista irlandés Sean Scully mostraba en la Alhambra su nueva obra. La luz del sur. La geometría como reflejo del alma; ni tinieblas ni tragedia. La luz del sur; con todo su significado y sus consecuencias, con toda su intensidad y amplitud.

Libertades

Magdalena Trillo | 25 de marzo de 2012 a las 18:54

“El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. Nadie pensaría hoy que el concepto de felicidad forma parte del primer texto constitucional que se ha promulgado en la historia de España, aquella Carta Magna que un grupo de abogados, comerciantes, funcionarios, burgueses, nobles y clérigos aprobó hace dos siglos en una Cádiz deprimida, asediada por las tropas napoleónicas y hasta acosada por la epidemia. El pasado lunes celebramos con boato y solemnidad el Bicentenario de La Pepa pero no se oyó a ninguno de nuestros gobernantes invocar el artículo 13, el que habla de nuestro derecho a vivir con dignidad. Tal vez pobres, puede que en paro y desahuciados, pero felices.

En el Oratorio de San Felipe Neri, Mariano Rajoy recurrió a La Pepa para justificar la dureza de sus programas: “Gracias a la decisión de los constitucionalistas de 1812, la reforma trajo el cambio y hoy, como entonces, el cambio es la reforma. En tiempos de crisis no hay que tener miedo a hacer reformas, sino la valentía de llevarlas a cabo frente al inmovilismo y la resignación”. Reforma como sinónimo de progreso para el presidente del Gobierno; reforma como contrarreforma e involución para la oposición. Porque del mismo modo que Rajoy invocó el espíritu del 12 para atacar los mensajes del miedo en el ecuador de la campaña andaluza, Rubalcaba ensalzó los valores doceañistas para defender “las libertades frente a quienes quieren recortarlas o amputarlas”; derechos frente a recortes. Por encima de la batalla electoral, marcando distancias con Fernando VII, y alejándose del protocolo como ya hizo hace unos días con aquel “déjame hablar” que imploró a la Reina, fue don Juan Carlos quien apeló a la “unidad” de la sociedad española, proclamó la libertad y la soberanía nacional y enfatizó cómo el pueblo español “estuvo muy por encima de sus autoridades”. Hace doscientos años… y hoy.

Seamos consecuentes. La Constitución del 12, el texto que permitió abolir la Inquisición, romper con el Antiguo Régimen, consagrar la separación de poderes y la soberanía popular, dar paso a la Monarquía parlamentaria y fijar el pago de impuestos para todos los ciudadanos (¡incluida la nobleza y el clero!), ni está exenta de zonas grises y contradicciones (la Iglesia, intocable; las mujeres, relegadas), ni es ajena a reinterpretaciones partidistas, ni puede mantenerse al margen de reescrituras interesadas. Pese a ello, y aunque se haya mitificado, sería injusto no reconocer la vigencia de sus principios fundamentales y valorar el revulsivo que ha significado para la modernización del país.

Ese mismo país que asiste hoy, perplejo pero también cómplice, a un alarmante proceso de ataque y derribo hacia esos viejos derechos y libertades que creíamos plenamente consolidados. La economía nos da ejemplos todos los días; la seguridad –nuestro supuesto bienestar– también. La prueba más cercana de cómo la economía se ha impuesto a la política son las elecciones andaluzas. Tristes y agónicas. Supeditadas a la estabilidad financiera, el déficit y los vaivenes de la Bolsa. La crisis se ha comido el debate andaluz. Ni ilusiones ni sueños; sólo número de parados y facturas en los cajones.

En aras de la seguridad, Nicolás Sarkozy, en su particular campaña a la Presidencia francesa, nos sorprendía esta semana con una iniciativa aterradora: quiere modificar las leyes para castigar penalmente a quienes consulten páginas webs que inciten al odio y la violencia. ¿Lucha contra el terrorismo o censura? ¿Responsabilidad política o populismo barato para ganar votos? Al otro lado del Atlántico, hace justo dos siglos, Benjamin Franklin advertía que “quien decide renunciar a la libertad esencial para obtener una pequeña seguridad transitoria, no merece ni la libertad ni la seguridad”. Lo recordaba Enrique Novi este viernes en su columna en Granada Hoy. Estoy de acuerdo. ¿Fanáticos? ¡Quiénes! La soberanía reside en el pueblo. Y el pueblo tiene derecho, incluso, a querer ser feliz. Aunque haya que retrotraerse dos siglos para que alguien se atreva a proclamarlo.

En las trincheras del 25-M

Magdalena Trillo | 18 de marzo de 2012 a las 9:35

HACE tres semanas, Rafael Escuredo era investido doctor Honoris Causa en la Universidad de Almería; este viernes, el ex presidente de la Junta de Andalucía se ponía el birrete electoral e irrumpía en campaña llamando “gilipollas” a los populares. Lo hacía con toda ‘solemnidad’, en un acto organizado por los socialistas para entregar las distinciones Clara Campoamor a mujeres que han destacado en la lucha por la igualdad. Sus palabras saltaron a Menéame y encendieron las redes sociales: “Algunos no lo saben, pero el PSOE va a ganar las próximas elecciones regionales (…) El problema es qué hay que cambiar. ¿Para qué? Ésa es la pregunta. Lo tienen escrito en el corazón, en el alma y en un programa que están esperando al 26: desmantelamiento del estado de las autonomías y del Estado del bienestar (…) Son tan gilipollas que van ‘sobraos”.

A siete días de la votación, las encuestas internas que maneja el PSOE le dan cierto margen para el optimismo: el PP tiene prácticamente atada la mayoría absoluta pero a los socialistas sólo les falta un “empujón” para terminar de movilizar y reagrupar a los electores de izquierdas. La partida está completamente abierta. Y aquí el discurso de encefalograma plano de Griñán no funciona. Llega la caballería con el mensaje del miedo y, a la espera de que descabalguen junto a Rubalcaba los Guerra, Chaves o González, la arenga apocalíptica la ha empezado Escuredo: “Hace 30 años lo teníamos peor: paro, analfabetos, sin derechos de las mujeres, el Gobierno en contra; los andaluces y los socialistas nos cogimos de la mano y dijimos no pasarán”.

Ahora lo tendrán más difícil. El martes, la juez Alaya ha citado a declarar al chófer del ex director general de Empleo. El de las fiestas y la cocaína. Sus palabras acapararán las portadas de los periódicos y las tertulias. Puro morbo. Tal vez sea ese “pellizco” del que hablan los socialistas para desestabilizar la balanza, aunque lo hará a favor del PP o acrecentará aún más el hartazgo entre los ciudadanos y empujará a demasiados andaluces a no ir a votar.

Basta con bucear unos minutos en los duros y ofensivos vídeos que los dos grandes partidos están moviendo en Youtube. Las #mentirasdeGriñán compiten con las #mentirasdeArenas y, junto a los tropiezos y contradicciones de los dos candidatos, las imágenes más anacrónicas de sus carreras; desde aquel Griñán que fue ministro de Trabajo con Felipe González hasta ese Arenas señorito andaluz que se deja limpiar las botas y vende renovación cuando lleva 33 años en política.

Javier Arenas, quien no te conozca que te compre es especialmente agresivo: “Estuviste en contra de la autonomía de Andalucía, mentiste sobre el 11-M y la guerra de Iraq, eres empleado público sin hacer oposiciones, te has presentado a tres elecciones y has perdido…” Tan provocador como El 25 de marzo elige quien te defienda con un sumiso Arenas tragando en papilla todas las recetas de Rajoy: subida de impuestos, copago en la sanidad y la educación, paralización de la ley de dependencia, despidos mucho más baratos…

Y no menos sarcástico que la campaña ‘popular’ en torno a fraude y los intrusos en los expedientes de regulación de empleo con los “EREvisión”, la “EREcorrupción” y los “politongos” para descargar en el móvil recordando que 30 años de PSOE es suficiente. Desde los “30 años de socialismo, 30% de paro” al “Griñán, presidente del fondo de reptiles” pasando por la ‘inesperada’ ayuda de los propios socialistas con el eslogan difundido en Tuenti con un “elije” (¡sí, con jota!) que bien valdría un suspenso en cualquier curso de Primaria.

Si dejamos de lado la guerra de trincheras que se libra en las redes sociales, lo cierto es que estamos viviendo un angustioso, agónico e interminable epílogo del 20-N. No encuentro a un solo elector ilusionado. En aras del pragmatismo, se mantiene un discurso apático y de perfil bajo incapaz de infundir algo de optimismo y esperanza. ¿No queríamos unas elecciones independientes para hablar de Andalucía? ¿Tan ‘sobraos’ van todos que no importa si los ciudadanos no tienen ni un solo motivo positivo, sólo temores, para ir a votar?

El gran dilema

Magdalena Trillo | 11 de marzo de 2012 a las 11:43

En dos semanas, Andalucía celebrará las elecciones más disputadas, abiertas y decisivas de toda la democracia. Todas las encuestas, incluida la que hoy publicamos los nueve periódicos de Grupo Joly, apuntan en una misma dirección: la ola de cambio que los españoles iniciaron hace un año en los ayuntamientos y consolidaron el 20 de noviembre en las generales aupando a Mariano Rajoy a La Moncloa se puede llevar por delante tres décadas de gobierno socialista. Javier Arenas, a la cuarta, emprende la campaña como virtual ganador. Nunca lo ha tenido tan cerca.

Ni la subida de impuestos ni la movilización contra la reforma laboral y los recortes dan suficiente oxígeno al Ejecutivo de José Antonio Griñán para invertir las expectativas de voto. Pero sí para minar la amplitud de la victoria. La incógnita, una vez más, se traslada al escenario de pactos. Si la movilización ‘popular’ será lo bastante contundente como para alcanzar la mayoría absoluta y, en caso contrario, si el PP podrá desactivar un gobierno entre PSOE e IU recurriendo al diputado con el que, según nuestro sondeo, UPyD irrumpiría en el Parlamento.

Los de Arenas inician el partido con un “ganamos, pero no os confiéis” y los de Griñán con un “podemos ganar”. El PP está “al borde” de la mayoría absoluta pero el PSOE recorta distancias; IU crece como aglutinadora de los ‘descontentos’ del PSOE y UPyD se posiciona como “llave” de gobierno. El ‘ahora Andalucía’ del PP se enfrenta al ‘camino seguro’ de los socialistas. Arenas defiende que “Andalucía tiene derecho a conocer un gobierno distinto” y Griñán advierte que lo que está en juego son dos modelos: “El cambio ya está aquí y es involución”.

Es verdad que el clima de cambio está en la calle -Andalucía y Asturias completarían la España azul de Rajoy a la espera de las autonómicas del País Vasco de 2013- pero también el clima de preocupación por el enorme poder que tendrían los populares con una oposición prácticamente borrada y arrinconada de las instancias de gobierno. El gran dilema: 30 años de gobierno en Andalucía es excesivo; pero todo el país en manos del PP también es excesivo. Desgaste Gobierno vs. desgaste Griñán. Y los dos son relativos: habrá que ver si la crudeza de los ajustes se lleva por delante la ilusión en el PP para remontar la situación económica y no perder de vista que, en contradicción con las expectativas de voto, Griñán se mantiene como el líder mejor valorado y el PSOE como el partido que genera más confianza.

En este punto, la siguiente incógnita del 25-M, los primeros comicios que se convocan separados de otra cita electoral desde 1990, es la participación, es decir, el ‘grueso’ de la abstención. Porque, por encima de los programas de una austera campaña en la que ni ha habido cintas que cortar ni habrá promesas que incumplir, lo que prevalece es el hartazgo y el pesimismo. Mucho pesimismo.

El mensaje de Rajoy ha calado: las cuentas del país son un desastre y no hay señales que indiquen la salida a corto plazo. “Estamos peor que hace un año y vamos a peor”, confiesan los andaluces en el sondeo de Commentia para Grupo Joly. Y no es casualidad que Arenas arrancara la carrera electoral declarando que su “enemigo no es el PSOE sino el 31% de paro en Andalucía”.

Detrás del paro y la crisis, lo más desesperanzador de los sondeos es que sean los propios políticos los que vuelvan a aparecer como la principal preocupación de los ciudadanos y, a continuación, la corrupción. El cortijo andaluz. El amiguismo, el clientelismo. El fantasma de los ERE, el calvario de Griñán. Una terrible desconfianza hacia la clase política y una creciente preocupación por la “corrupción y el enchufismo“.

Precisamente por ello, de la acritud y vileza de la campaña dependerá en buena medida el éxito o fracaso de estas elecciones. No el éxito de los candidatos; el éxito mismo de la democracia. Que los andaluces nos levantemos dentro de dos semanas y tengamos motivos para participar. Para mí, este es el verdadero dilema del 25-M: si estarán a la altura nuestros políticos para convencernos con razones y argumentos, no desde el miedo ni la crispación, para ir a votar.

Prudencia

Magdalena Trillo | 4 de marzo de 2012 a las 10:29

Inaudito. El New York Times dedicó su foto de portada del jueves a los incidentes aislados que reventaron la manifestación estudiantil de Barcelona. Sí, “incidentes”: ese mismo día coincidieron más de cincuenta movilizaciones en ciudades de toda España y sólo hubo altercados en el Paseo de Gracia. Y sí, “aislados”: ocasionados por un grupúsculo de radicales antisistema. Hagan memoria o rastreen en la hemeroteca y hallarán decenas de ejemplos. Los de siempre: unos profesionales de la bronca que se apropiaron de la primera plana de uno de los periódicos de referencia internacional con nuestra ‘violencia a la griega’.

No sé si interpretarlo desde la injusticia que supondría estigmatizar al pueblo heleno criminalizándolo de todos los males de la quebrada Europa o desde la inquietud que suscitaría pensar que es un objetivo interesado para infundir miedo a quienes se atrevan a levantar la voz: ¡Cuidado, españoles, que acabamos en las barricadas!

Aunque al otro lado del Atlántico todos parezcamos igual en esta periferia de vida alegre y despilfarro acosada por los mercados, España no es Grecia. Aunque aquí haya quien quiera ver un complot de los socialistas con los sindicatos para ganar los cuatro millones de votos que perdieron el 20-N azuzando la violencia en las calles, resulta más que excesivo conceder al PSOE tal capacidad de manipulación. Aunque a Griñán le beneficie que haya agitación a veinte días de las elecciones andaluzas, ver una mano negra promoviendo el caos se acerca más a la distorsión enfermiza que al sentido común. ¿Nerviosismo? Impaciencia, desde luego.

El caso es que Javier Arenas todavía no ha ganado la Junta. La mayoría absoluta está cerca pero cada día que pasa con protestas, aumento del paro y recortes juega en contra del PP. Paradojas de la política. A quienes realmente les hubiera venido bien la coincidencia de autonómicas y generales es a los populares. Hace tres meses sí hubieran desembarcado en San Telmo sin pestañear; hoy, por mucho fantasma de los ERE que se quiera invocar, la partida está abierta, la izquierda sumará fuerzas y UPyD ya dejó claro el otro día en Granada que su ‘llave’ tendrá precio…

Mariano Rajoy ha pedido un nuevo esfuerzo de comprensión y ha llamado a la prudencia. Lo primero lo tenemos aprendido; lo segundo es hasta razonable. Tanto que deberíamos reclamarla para todos. Para los estudiantes, que tienen derecho a manifestarse, con toda la legitimidad que da nuestro Estado de Derecho y nuestra Constitución, pero no a reventar un país. Para los sindicatos, que tienen derecho a planificar sus estrategias, pero sin necesidad de generar crispación –elegir para la próxima movilización el 11-M , el aniversario del mayor atentado terrorista que ha sufrido España, es un error de estrategia que sólo da motivos para la campaña de descrédito que están sufriendo–.

Para los socialistas, que tienen derecho a jugar los partidos del 25-M en Andalucía y Asturias pero no borrando de un plumazo su responsabilidad en la caótica gestión de la crisis que ha dejado a España al borde del precipicio. ¿“Cada oveja con su pareja”? Pues lleva razón Rubalcaba: el PP con los obispos y el PSOE con los sindicatos. ¿No es política partidista lo que han hecho los obispos andaluces con su pastoral sobre la vida humana y el matrimonio “natural” y sus denuncias de corrupción? También para ellos cautela. Porque sólo faltó la gaviota azul en el comunicado y porque España, aun gobernando el PP, sigue siendo un país laico y aconfesional.

Dejando de lado a los medios, que bastante hacemos con desinformar, llegamos al PP. Para los ‘salvadores’ del país, una conjura con las cuatro virtudes cardinales: prudencia para ejercer la razón y no el rodillo; fortaleza para convencer al mundo de que somos fiables; templanza para evitar que el poder les anule el juicio; y verdadera justicia porque sólo así, decía Platón, se pueden lograr el resto de virtudes.

La primera misión es titánica: que funcione el órdago y no tengamos que bajar cuatro puntos de déficit en un año de recesión; no sería “irreal” como advierte Fitch sino suicida. Rajoy dice que es “sensato y razonable”. ¿Nos creerá Bruselas? Porque no somos Grecia pero corremos el riesgo de parecerlo.

La travesía socialista: suave o moderada

Magdalena Trillo | 5 de febrero de 2012 a las 11:49

La misma incógnita que se cierne sobre la economía mundial marca el horizonte de los socialistas: si la travesía por el desierto será suave o moderada. Me refiero al contradictorio y descafeinado PSOE zapaterista que ha hundido el partido con los resultados electorales más amargos de su historia, a las horas bajas que vive la socialdemocracia en toda Europa –dando paso a una derecha cada vez más extrema y ultraconservadora– y pienso, en clave local, en las guerras cainitas que llevan años minando la credibilidad del socialismo andaluz.

La “respuesta responsable para el cambio” la dieron ayer en Sevilla un millar de militantes: Alfredo Pérez Rubalcaba. ¿Pasado como criticaban los chaconistas? ¿Experiencia y solvencia como defendían los suyos? Rubalcaba: 487; Chacón: 465. Con tres horas de retraso sobre el horario previsto y sólo 22 votos de diferencia, le tocó a José Antonio Griñán, el ‘neutral activo’ que no ha dejado de trabajar bajo cuerda por la candidata catalana, anunciar el nombre del nuevo secretario general del PSOE, el líder que ha de reconducir el partido y, en apenas siete semanas, activar la “reconquista” del socialismo español con su primera prueba de fuego tras las dos debacles electorales del año pasado: la cita andaluza del 25 de marzo.

Lo cierto es que el congreso de Sevilla resultaba para muchos intrascendente. Irrelevante en el sentido de que ninguno de los dos candidatos parece ilusionar y convencer lo suficiente para romper con los errores y desconciertos de los últimos años, movilizar con un proyecto abierto y cercano a los ciudadanos que realmente se sienten de izquierdas y, menos aún, levantar a un partido que tiene la enorme responsabilidad de consolidar una oposición fuerte, unida y coherente que frene el rodillo azul del Partido Popular. Ese PP que se presentó centrista en las elecciones, que arrasó prometiendo enderezar la economía y el paro y que no ha tardado ni dos meses en sacar su artillería ideológica más involucionista.

Es curioso. Los españoles seguimos declarando en las encuestas que somos progresistas pero votamos en masa al PP. Ya lo vimos en las elecciones generales del 20 de noviembre –la victoria de Rajoy no fue tanto por el crecimiento de los populares como por el castigo de los españoles al PSOE– y, si aciertan las encuestas, lo comprobaremos de nuevo el 25-M cuando Javier Arenas, con la ayuda de los Eres, logre pisar San Telmo. Mis dudas son dos. La principal, si las ganas de cambio que reflejan todos los sondeos y el hartazgo tras tres décadas de gobierno monocolor bastan para que el PP consiga la mayoría absoluta (en caso contrario quedará expuesto a una posible alianza con UPyD si es que la formación de Rosa Díez mantiene las expectativas de voto). En segundo lugar, si la permanencia en el banquillo será para cuatro años, para ocho, para doce… Si la travesía es suave, moderada o, quién sabe, grave.

La incógnita queda, a partir de ahora, en manos de Rubalcaba. Ayer, en su discurso como ganador, prometió “unidad y cambio”, por este orden, pidió “trabajo, trabajo y trabajo” y aseguró que “no habrá facturas”. Pero seamos realistas: el aparato socialista andaluz ha perdido, Griñán ha perdido y Granada ha perdido.

Al final llevaba razón Chema Rueda. Vía sms, el secretario del PSOE local hizo una encuesta exprés unos días antes de que las cinco agrupaciones andaluzas afines a Griñán (Granada, Almería, Córdoba, Málaga y Huelva)proclamaran públicamente su apoyo a Chacón (en la Torre de la Pólvora con urna incluida). Su resultado fue 150 para Rubalcaba y 50 para Chacón. El miércoles, la votación oficiosa de los delegados granadinos daba el 80% de los apoyos a la candidata catalana. Ayer, puede que más de uno decidiera ejercer su derecho a voto secreto e individual para dar el cambiazo. O no… Porque Rubalcaba sabía que podía ganar sin Andalucía y, más aún, si aquí se producía un empate.

¿Y Teresa Jiménez? La imagino sacando brillo a la foto con Rubalcaba que solía tener en su despacho antes de su conversión al chaconismo. Ya lo dijimos en campaña: una vela…