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Encierros que a nadie representan

Magdalena Trillo | 19 de marzo de 2017 a las 10:30

Hace dos años, la llegada de la primavera en Granada era sinónimo de botellón. El cronograma de la movilización juvenil se repetía como un reloj y el único interrogante era si se superaría el récord de participantes de la edición anterior y el número de kilos de basura de la jornada de resaca. Media ciudad paralizada, la circunvalación sumergida en un insufrible colapso y toda España mirando atónita el gran desmadre festivo -autorizado y consentido- al que se sumaban miles de universitarios, adolescentes y menores.

Unas elecciones lo cambiaron todo. El equipo de Torres Hurtado perdió en 2015 la mayoría absoluta y su acuerdo con Ciudadanos para mantener el bastón de mando obligó a la corporación a acabar con el botellódromo. Era una de las líneas rojas de la investidura. Con la operación Nazarí del año pasado, la inesperada pérdida de la Alcaldía por parte del PP y la entrada de los socialistas en el Ayuntamiento, el proceso de desmantelamiento se ha acelerado y, aunque el problema sigue latente con microbotellones esporádicos por la ciudad y un deficitario -por no decir inexistente- programa de ocio alternativo para los jóvenes, basta mirar al macrobotellón que se acaba de celebrar en Toledo para comprobar que la política sí importa. Que la toma de decisiones en el ejercicio del poder tienen consecuencias y que una gestión errática o acertada puede incendiar un problema o sofocarlo.

encierro

Lo hemos visto con el encierro de universitarios en la Facultad de Ciencias y el rebrote de la protesta en Letras. Después de pasar una semana okupando la biblioteca, bloqueando el servicio para más de 2.200 compañeros y profesores, los estudiantes han accedido a orientar sus reivindicaciones por los cauces legalmente establecidos. ¿Los motivos de su “lucha”? Que el B1 sea totalmente gratuito, la “elección democrática del calendario”, la implantación de “baños multigénero” o la revisión del protocolo contra el acoso sexual al entender que no se ha dado solución a los “casos existentes”… Reivindicaciones legítimas, unas más que otras, en algunos casos compromisos ya recogidos incluso en el programa de gestión que está desarrollando Pilar Aranda, pero completamente desproporcionadas y alejadas de una medida tan drástica como un encierro. ¿A quiénes representaban? Ni lo supieron concretar ellos ni lo hemos podido averiguar nosotros.

Y es que (también) las movilizaciones se pueden frivolizar. Por la falta de correlación entre los objetivos y la hoja de ruta de las protestas y por la coherencia misma con que se asume un derecho fundamental de la ciudadanía que está protegido al máximo nivel en nuestra Constitución: ¿Nos encerramos y desencerramos para salir a comer o descansar? ¿Nos ausentamos para asistir a clase para que el profesor de turno no nos penalice en la nota final?

Poco contribuimos a la memoria de quienes han tumbado injusticias a lo largo de la historia, a quienes han logrado irreversibles conquistas sociales, descafeinando ese valioso instrumento democrático que, en sus múltiples estadios de presión, supone la movilización social. Tampoco transformándolo en rutina.

En los años duros de la crisis económica, con los datos alarmantes del paro y la destrucción de empresas, con la implacable política de las instituciones con los recortes y la inhumana espiral de bancos y jueces con los desahucios, muchos nos preguntábamos cómo era posible que no estuviéramos en las calles quemando contenedores. Qué nivel de madurez social había alcanzado la sociedad española, y qué responsabilidad, para no sucumbir a esas imágenes violentas de indignación y de protesta incendiaria que se repetían en otros países como Grecia.

Aunque la fuerza ciudadana es espontánea e incontrolable -ahí está la marea blanca por la sanidad que ha roto en Granada décadas de letargo-, es en la gestión de los despachos, en el gris de la burocracia y en los tiras y aflojas de la negociación donde se juegan los éxitos y los fracasos. Se ha puesto en evidencia con el botellón comprobando que “sí era posible” clausurar el recinto de Hipercor, lo acabamos de ver con la mano izquierda y la extrema paciencia con que el actual equipo rectoral ha hecho frente al sorpresivo encierro de universitarios en Ciencias -y con el pequeño grupo que se atrincheró en Filosofía y Letras- y está por construir en buena parte de las grandes batallas que Granada tiene abiertas.

Me refiero al fin del aislamiento ferroviario y al proyecto de soterramiento low-cost del AVE que Fomento ha puesto esta semana sobre la mesa -en diez días se espera contar con un proyecto técnico y económico “realista” y “viable”- y pienso en la firmeza con que hay que defender que el Metro se ponga en marcha potenciando el transporte público y facilitando un verdadero sistema intermodal que no castigue a los usuarios de la Rober en la capital.

Como en todas las guerras, hay que saber medir las fuerzas y canalizar los efectivos pero también asumir que no todas las batallas se pueden ganar. Es más; hay contiendas en las que una retirada a tiempo es la mejor estrategia y otras en las que el error de cálculo de emprenderlas es el punto de partida. La carrera por la Agencia del Medicamento, por ejemplo, no ha sido más que un fracaso anunciado. Ya el Gobierno se posicionó a favor de Barcelona como alternativa a la opción londinense -la finalmente elegida por Europa cuando se puso en marcha la institución- y lo que ha hecho ahora Madrid no es sólo actuar con coherencia con los criterios iniciales; también contribuye al intento de acercamiento con Cataluña en un momento especialmente crítico de desafío independentista y evita además el desgaste de mediar en el enfrentamiento directo entre Granada y Málaga por coger el relevo de la sede tras el Brexit.

Completamente diferente es el acelerador de partículas, el único proyecto con recorrido y con verdadero potencial que hay de momento en el horizonte de Granada para convertirse en un puntal de desarrollo para la provincia. Una batalla que sí deberíamos ser capaces de afrontar y de ganar. En los despachos. Sin protagonismos ni intereses partidistas. Sin necesidad de tomar las calles.

En los últimos meses hemos visto en Granada cómo el éxito de las mareas -de la blanca sanitaria a la amarilla por las infraestructuras o la morada de la igualdad- ha logrado un respaldo social abrumador y, consecuentemente, una respuesta inequívoca de las instituciones por cambiar el paso y encauzar el malestar. ¿Ahora toca a los encierros como arma de reivindicación? Bien, pero no nos equivoquemos. Tanta legitimidad hay en quien reclama como en quien no acepta el chantaje ni se arrodilla ante causas frívolas, desmedidas o injustas. No todo vale. Tampoco en la movilización. Menos aún en batallas que a nadie representan. Decidamos bien por qué merece la pena luchar.

A lo grande

Magdalena Trillo | 20 de noviembre de 2016 a las 10:30

Toda la historia de la Humanidad se ha intentado escribir en mayúsculas. Desde las obras faraónicas de la antigüedad hasta la megalomanía de los monumentos y esculturas que, en ciudades de todo el mundo, nos recuerdan la debilidad del hombre por lo grande. Su rendición, calibrada en toneladas de mármol y de hormigón, al viejo pecado de la vanidad.

¿Pero más es mejor? La crisis económica se ha encargado en los últimos años de darnos una dura lección de pragmatismo: no todos los proyectos los podemos valorar al peso; no si hablamos de éxitos y de fracasos. Podríamos recordar casos simbólicos como el aeropuerto de Castellón o la Ciudad de las Artes de Valencia, detenernos en cualquiera de las burbujas que se han ido desinflando a golpe de realidad y, en un plano mucho más escurridizo, cuestionar sin miramientos la contagiosa deriva de crecimiento incontrolado que se ha terminado infiltrando en las instituciones públicas de todo el país.

Granada no es una excepción. Al contrario. La enfermedad del gigantismo la vivimos por partida doble: en dimensión y en tiempo. Tal vez ya no nos acordemos de lo que nos costó librarnos de los conos para poder bajar en autovía a la playa ni de la eternidad que hemos sufrido hasta ver la A-7 terminada. Pero es porque había una sólida razón: eran absolutamente necesarias y, al final, funcionan. En estos momentos, las dos grandes infraestructuras en macha, el Metro y el AVE, comparten una larga década de complicaciones, replanteos y retrasos y una preocupante incertidumbre sobre su utilidad y su viabilidad. Al tranvía lo hemos visto esta semana atravesar en pruebas todo el trayecto subterráneo del Camino de Ronda y circular por el Zaidín -nada más elocuente que el “¡Ya era hora!” con que los vecinos se unieron el jueves a la preinauguración- suscitando una compartida expectativa de optimismo: que se ponga en servicio para Semana Santa y que se cumplan los datos que maneja la Junta sobre el nivel de usuarios y rentabilidad. El caso del AVE es mucho más sombrío: no hay un horizonte en el corto plazo para poner fin al aislamiento ferroviario que sufre la provincia desde hace cerca de 600 días ni un compromiso de fechas por parte de Fomento para la llegada definitiva del tren. Para el proyecto del soterramiento sólo hay buenas palabras y, lo más grave de todo, no está claro que sea un sistema de Alta Velocidad realmente competitivo lo que acabe llegando a la Avenida de Andaluces. Eso sí, a una estación “remozada” que nada tiene que ver con el millonario y majestuoso proyecto que en su día diseñó Rafael Moneo y el equipo de Torres Hurtado se encargó de tumbar porque -en este caso- era “demasiado” para Granada…

El Hospital del PTS va camino de convertirse en un ejemplo de manual sobre cómo convertir un proyecto emblemático para una ciudad en un problema. Después de 14 años de espera, el complejo sanitario abrió sus puertas en verano desencadenando la mayor crisis que probablemente haya sufrido el SAS en Andalucía en toda la Democracia: aunque hasta la Junta reconoce ya los desajustes y errores que se han cometido en el proceso de fusión, la realidad hoy es que Granada tiene uno de los hospitales más grandes de España, uno de los mejor equipados de toda Europa y un monumental clima ciudadano de cabreo que, lejos de amainar, ya se ha contagiado a Málaga y Huelva. ¿Se acuerdan del proyecto? Se trataba de levantar un ‘nuevo Clínico'; de construir un gran hospital -con más de 160.000 metros cuadrados, es la mayor obra civil de Andalucía- para mejorar la asistencia de los usuarios del decadente San Cecilio. Pero la crisis económica, los recortes presupuestarios y la reorganización hospitalaria llegaron después desdibujando la idea inicial y transformando lo que debió ser un éxito -una de esas grandes iniciativas sociales que ayudan a ganar elecciones- en un incontrolable problema.

Frente al PTS, el Centro Nevada abre esta semana sus puertas. Después de 21 años de pleitos, denuncias y líos judiciales, se pone en marcha uno de los gigantes del comercio más grandes de España. Un imponente árbol de Navidad, el más alto de Europa, saluda ya a los miles de visitantes que pasarán cada día por las más de 250 tiendas y establecimientos que integran la oferta comercial y de ocio inicial -los cálculos del promotor son superar los 25 millones al tercer año-. Sobre la inmensidad de los 280.000 metros cuadrados del parque comercial, Tomás Olivo recordaba ayer a los medios que se han invertido 480 millones de euros y que generará más de 7.000 empleos… Sin resentimientos, mirando “hacia adelante”. Lo que no sabemos es cuántos destruirá. Si la riqueza que generará el Nevada Shopping compensará el incierto destino de otros centros como el Serrallo. Porque ahí está el fantasma del Neptuno para generar la duda. Porque el Leroy Merlin acaba de cumplir un año y, a sólo unos cientos de metros de distancia, ya ha cerrado el Akí.

No sólo el pequeño comercio está preocupado. El colapso de tráfico en la zona es ya una rutina para cualquiera que transite por la Ronda Sur. Aunque se han activado algunas medidas de choque para agilizar los accesos, no es difícil intuir la imagen que tendrá la Circunvalación cuando nos sumerjamos en la fiebre consumista navideña. Y el ruido. Y la contaminación. Podríamos compensar pensando que, para primavera, se habrá creado un gran corredor verde en todo el entorno del PTS con más de 2.000 árboles: el parque más grande de Granada. Un nuevo pulmón verde de 117.000 metros cuadrados para lo que está llamado a ser “uno de los espacios de excelencia” de Granada. El consejero de Economía visitaba este viernes la ciudad para conocer junto al alcalde el estado de las obras de urbanización de zonas verdes y espacios libres que se iniciaron en verano una vez superado el desacuerdo entre la Junta y el Ayuntamiento. La previsión final de inversión global en el PTS, con 2.800 profesionales trabajando ya en el centenar de empresas ubicadas en el Campus y en torno a 3.000 en el Hospital, llegará a los 750 millones.

Sobre un Excel, las cifras son incontestables. De todos los proyectos. Para responder la pregunta inicial habrá que esperar y tiene matices. ¿Más es mejor? ¿Grande es sinónimo de éxito? Puede. En comparación con qué y según para quién.

530 días sin tren: soluciones, no chapuzas

Magdalena Trillo | 18 de septiembre de 2016 a las 9:30

La marcha del 17-S era necesaria. La unión de instituciones, empresarios, sindicatos y agentes sociales reconociendo el hartazgo ciudadano, también. Que Granada haya sido capaz de construir un frente común de toda Andalucía Oriental por una causa de “justicia” y de “respeto” resulta casi tan histórico como el retraso en infraestructuras y los 530 días de aislamiento ferroviario que se denuncian.

En este contexto, es casi anecdótico si la marcha sacó a la calle a 3.000, 5.000 o 7.000 granadinos. Es más, deberíamos lamentarnos de por qué no fueron 30.000 los que recorrieron los cientos de metros que separan Renfe de la Gran Vía. La foto del “basta ya” había que construirla por un motivo emotivo y otro pragmático: para que la tierra del quejío y la lamentación se levante la autoestima -no todo es un complot de fatalidad en nuestra contra- y para que se utilice en los despachos a partir de hoy. Para presionar. Para desbloquear. Para reactivar las obras en Loja, para fijar nuevos plazos para la llegada del AVE y para arrancar al Gobierno una apuesta definitiva en los presupuestos de 2017.

Era por tanto una marcha necesaria, ¿pero útil? Lo sabremos con los titulares de los próximos días. La movilización tendrá continuidad con una segunda estación de protesta en Madrid y está por ver si un Gobierno en funciones es capaz de hacer algo más que subsistir. El PP no estuvo y, de momento, son los que más puede mediar en Madrid para lograr una solución. Dirigentes del partido me confesaban esta semana que Adif está negociando “a cara de perro” y que se hubieran unido si Fomento no estuviera trabajando para encontrar una salida. Es un futurible difícil de comprobar en un país que lleva un año en bucle electoral pero es otra la pregunta de fondo: si realmente hay una escapatoria (legal), cuándo y a qué precio.

El caso del AVE de Granada es de manual: administración y empresa contratan en circunstancias temerarias y luego resuelven bajo cuerda el sobrecoste de los modificados millonarios. Con una responsabilidad compartida, lo normal es que las tensiones desemboquen en acuerdo y no en una amenaza de la promotora de abandonar las obras. No hay más en Loja. No lo habría si Fomento tuviera más margen de maniobra y la empresa de Florentino Pérez estuviera en un escenario de intangibles y expectativas que la animara a ceder. De todo esto no se puede hablar, mucho menos escribir, pero es la triste realidad: la cara b de los acuerdos; del último corredor de fincas al mayor contrato de la administración pública. Se negocia -y se contrarresta- en base a lo que hay, lo que ha habido y lo que habrá.

El titular del desatasco de las obras en Loja llegará; otra cuestión diferente es si con ello Granada se suma de verdad al mapa de la Alta Velocidad Española. Con la coartada de la crisis y de los recortes presupuestarios, se ha renunciado a tanto en los últimos años que es difícil valorar si el AVE descafeinado que entrará en Andaluces habrá merecido la pena. Si, más allá de la megalómana estación de Moneo y el hoy inasumible soterramiento en La Chana, la reconexión ferroviaria supondrá un despegue real con la solución low-cost que se terminó aplicando en Loja.

El frente común de Granada, Jaén y Almería para reclamar la vertebración de Andalucía Oriental no deja de ser un peligroso eje del fracaso. Porque es el tren, pero también lo es el aeropuerto desplomándose en la escala regional de tráfico de viajeros y lo es el Puerto de Motril si no terminamos de entender que es uno de los pocos proyectos con un claro recorrido de expansión económica e industrial en una provincia que subsiste por inercia mientras sopla el viento del turismo y no se desinfla la burbuja del sector público.

Cuando los manifestantes gritaban ayer que “a Granada se la respeta” y pedían “dignidad”, no podía evitar recordar al ministro De Guindos en sus no-explicaciones sobre el caso Soria diciendo poéticamente que “la dignidad es un concepto evanescente”. Porque nada tiene el “Granada por tren ya” de bebida espirituosa y porque nada hay de misterio en esa alternativa tercermundista por Moreda que puede terminar convirtiendo en éxito una chapuza. Lo clamaba ayer la gente -no los políticos- en la marcha del 17-S y deberíamos sumarnos todos: “Dejarse de pollas”. En este caso el clamor es tan evidente que no hay que recurrir a la poesía.

 

Como decíamos ayer

Magdalena Trillo | 4 de septiembre de 2016 a las 10:55

Llevan razón: el título de la columna no invita a leer. No cuando hemos superado el ecuador del año con ‘más de lo mismo’. En stand by. Sumidos en un inaudito bucle de no-noticias y sin expectativas de salida. Al contrario. Lo más sorprendente del impasse vacacional es que ha tenido un efecto regresión. Fracasó la utopía de la gran coalición, fracasó Pedro Sánchez con su solemne ‘pacto del abrazo’ y ha fracasado Rajoy con su distopía posibilista. ¿Y ahora?

Les sintetizo los escenarios: 1. Que las elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre provoquen una convulsión en los partidos y a Rajoy le dejen formar un gobierno de mínimos. 2. Que el PP se inmole y proponga un candidato alternativo que ponga en marcha la legislatura. 3. Que los barones socialistas den un paso adelante y eliminen el fantasma de las urnas obligando a su líder a dejar pasar. 4. Que volvamos al fallido intento de gobierno a tres bandas entre rojos, morados y naranjas -y el apoyo puntual de los nacionalistas- con el enésimo intento de Pedro Sánchez de ser presidente con la estrategia del mestizaje. 6. Que haya un pacto de urgencia para reformar la ley electoral y evitar que las terceras elecciones sean el 25 de diciembre -iríamos a votar el 18 y se acortaría una semana la campaña-. 7. Que se apruebe una reforma de mayor calado que cambiara por completo las reglas del juego: nueva cita electoral pero con segunda vuelta. A las urnas el 25-D pero con una seguridad: al estilo americano o francés, la última palabra la seguiremos teniendo nosotros.

En este rápido estado de la cuestión, sería incapaz de fijar una progresión de probabilidad. Hasta sería arriesgado aventurar si hay una salida distinta a lo que ya parece estar escrito: terceras elecciones el día de Navidad con un resultado similar al 20-D y 26-J y vuelta a los despachos. Vuelta a empezar.

En los manuales no escritos del articulismo, las primeras columnas de septiembre se reservan a los retos y novedades del inicio de curso. Pero nada se dice de años como éste en que no hay nada que iniciar. Ni siquiera que reiniciar. Menos aún cuando es todo un país el que ha quedado bloqueado, noqueado, rehén, de una suerte de Cofradías del Santo Reproche. Lamentablemente, no son los poéticos 19 días y 500 noches de Joaquín Sabina; son muchos más: son meses viviendo de la inercia. Son 300 días sin gobierno; son 500 días de aislamiento ferroviario.

Lo relaciono porque todo tiene relación. Y porque gracias a la Física sabemos que el movimiento pendular no es infinito. España ha funcionado -al margen de si bien o mal- porque había un presupuesto, esa misma hoja de ruta que da oxígeno a las autonomías y a los ayuntamientos. Desde este verano, lo que tenemos es un cerrojazo contable con consecuencias en cadena. De Madrid al último de nuestros pueblos. Los recientes datos macroeconómicos dicen que España “va bien” sin Gobierno. Al otro lado de este revival aznariano están los informes que advierten de que se está creando una nueva burbuja inmobiliaria y avisan de lo frágil que es vivir en el mundo feliz del turismo. Sin caer en la tentación de comprar al PP su tesis de “ellos o el caos”, debería bastar con recurrir a la sabiduría popular para inferir que “todo tiene un límite”. También el desgobierno.

Granada va a salir del verano mucho peor que estaba. Una provincia sin AVE y sin trenes empeñada en alejar la posible solución. Una capital sumida en viejos y nuevos atascos – el nudo en la Ronda Sur con la apertura del hospital del PTS y el Centro Nevada en otoño será monumental-, con previsibles dudas sobre la puesta en funcionamiento del Metro y con la certeza de que la LAC llegó para quedarse… que no podemos “tirar los autobuses al río”.

A falta de comprobar si el final de la era del botellódromo es el inicio de la era del microbotellón, a la espera de saber si de verdad llegará el legado de Lorca y pendientes de conocer la letra pequeña del Eje de Desarrollo, Granada no deja de ser un laboratorio a escala local de la inestable y compleja política que se vive en Madrid. No se pueden levantar las persianas sin presupuestos. Hasta la más insignificante decisión de gasto e inversión forma parte de un engranaje superior. Podemos plantarnos en un tren chárter en la capital de España para protestar por el aislamiento ferroviario pero poco avanzaremos si no hay dinero sobre la mesa. La triste y fría realidad de los números. Como decíamos ayer…

¡Nos falta ambición!

Magdalena Trillo | 26 de junio de 2016 a las 11:58

Uu alcalde airado. Un alto cargo de Madrid sumido en la perplejidad. Se llevarán más de veinte años. La impetuosidad de Paco Cuenca choca con el pelo blanco y el aplomo del secretario de Estado. Después de una semana de plantones y desconcierto, Fomento ha accedido a abordar el bloqueo del AVE y el aislamiento ferroviario que sufre Granada desde hace más de un año. Torres Hurtado lo intentó sin éxito. Se enfrentó a su partido y sólo consiguió que la ministra Pastor se hiciera unas fotos con Sebastián Pérez sin comprometerse a nada. Rajoy tampoco lo ha hecho en campaña cuando tuvo la oportunidad en el mitin de postal del Mirador de San Nicolás; sólo dijo que era una “prioridad”.

Finalmente hay reunión, pero en territorio amigo -en la Subdelegación- y sin vecinos, sindicatos, empresarios ni presión social. El alcalde le espeta a Gómez-Pomar que “ya está bien de chorradas”, que bastante se ha despreciado a la ciudad y que lo “primero” que tienen que hacer es “pedir perdón”. El encuentro no sirve para nada. Sólo un par de días más tarde, aparece una foto de la ministra con el alcalde de Ourense firmando un convenio de 100 millones para las obras del AVE gallego. A Granada le piden “comprensión” y “paciencia” ante el chantaje de las constructoras pero a mil kilómetros de distancia, en una ciudad gobernada por el PP, sí hay avances y dinero.

El vídeo del enfrentamiento ha volado en las redes sociales. La primera lectura podría ser crítica: ha sido un exceso; el alcalde le falta el respeto; no había necesidad. Lo que ha trascendido es bien distinto: está defendiendo los intereses de su ciudad. ¡Por fin! La exclamación no es gratuita. Ha surgido un clima de opinión de autoestima y de oportunidad. Ya no es la política del “quejío” a la que nos han acostumbrado, sino una política de enfado y justificada reivindicación. Hemos subido un escalón. Llevamos décadas lamiéndonos las heridas, consintiendo la discriminación, y nos hemos cansado…

No es el efecto Marea Amarilla. No es electoralismo. Es lo inédito de pensar que sí estamos representados. Que hay alguien que pone los intereses de la ciudad por encima del partido y hasta de las buenas formas. Si fuera Paco Cuenca quien se presentara hoy a las elecciones, ¡quién sabe si hasta ganaría! Podríamos cuestionarnos si es como en el boxeo y en las peleas de gallos, cuando el clima lo distorsiona y lo caldea todo, o un momento excepcional de arrogancia y de soberbia. En todo caso, los socialistas no llevan aún ni los cien días de gobierno de rigor y habrá tiempo de evaluar las dos teorías.

De momento, a mí me interesa una muy diferente: el valor de la ambición. Nunca he entendido que tuviéramos que renunciar a una estación de AVE firmada por Rafael Moneo porque era “mucho” para Granada. ¿”Mucho” respecto a qué? ¿En qué contexto? Nadie cuestionaría pedirle a una empresa -incluso exigirle- que sea “competitiva”. Pero los territorios tienen que ser sumisos y solidarios. Más aún las personas. Sin embargo, no hay lógica en el trasfondo; tan sólo la consecuencia de una cultura hipócrita, interesada y punitiva.

En el foro empresarial de debate que Granada Hoy organizó esta semana junto al Grupo Covirán, el presidente de la Cámara de Comercio de España hizo un alegato a favor de la “ambición” (sana) con la misma vehemencia con que defendía las tres T: Talento, Tenacidad y Trabajo. Entre el público, el alcalde asentía convencido: ¡Eso es lo que nos falta en Granada, ambición!

Reconozcamos que si hay algo que admirar de los catalanes es su pragmatismo. Pueden ser brillantes o mediocres pero es difícil encontrarles en operaciones de distracción. Todo tiene un sentido. Y un para qué. Con tono provocador, José Luis Bonet nos recordó lo que hemos perdido con la desaparición de la mili: antes viajábamos entre regiones, nos conocíamos y nos valorábamos; hoy no. Los estereotipos y los clichés han ganado la batalla con la misma facilidad que se han impuesto los nacionalismos y los populismos.

El AVE es sólo un síntoma. Desgasta menos perderse en la coartada de chantajes y de la burocracia que admitir una debilidad. En Granada, además, siempre nos ha ido bien explotando los agravios y mirando hacia atrás con tono de nostalgia. Es una excusa como otra cualquiera para no admitir un fracaso. ¿Se imaginan a Barcelona, Madrid, Valencia o Bilbao quince meses sin tren? Es la política, son las ‘circunstancias’ y somos nosotros… ¡Nos falta ambición!

Vivir del cuento

Magdalena Trillo | 10 de abril de 2016 a las 11:05

Decía Albert Einstein que no entiendes algo si no eres capaz de explicárselo a tu abuela. Sin demasiadas esperanzas de conseguirlo, voy a seguir su consejo y hacer un intento con la gran efeméride que ha marcado la actualidad informativa esta semana en Granada: todo un año de aislamiento ferroviario. Desafiando abiertamente el rigor del saber científico, saltándome la exigencia de seriedad del propio periodismo, voy a recurrir al género predilecto de los abuelos: el cuento. Porque todo comenzó hace mucho, mucho tiempo, allí donde todo es posible…

¿Piedra, papel o tijera? Para explicar por qué Granada acaba de celebrar su privilegiada posición tercermundista en el mapa de Renfe, resultaría sugerente recordar el popular juego infantil. La variación es que en la tormentosa relación de Fomento con nuestra provincia no hay exclusión, se acumulan todos los males: es piedra, papel “y” tijera.

Todo empezó en un lugar del que nadie quiere acordarse. Granada tenía que despertar y decidir que quería formar parte de la exitosa red ferroviaria española de la Alta Velocidad. No era ninguna obviedad. Desde Renfe nos prescribían lo maravilloso que era pasar medio día viajando a Madrid en autobús y el propio proyecto tuvo que superar la travesía del desierto con que esta provincia recibe, siempre, cualquier iniciativa que signifique cambio: debate estéril y enfrentamiento político.

ave zp

Con suerte, el AVE llegará a Granada justo una década después del firme compromiso de ZP!!

Pero se consiguió: nos apuntamos a la modernidad y hasta pusimos fecha del final feliz. Era 2004 y el entonces secretario de Organización del PSOE se mostraba tajante: “En 2007 volveré a Granada para estar con todos vosotros y vendré en un AVE en debidas condiciones: en el que va a hacer José Luis Rodríguez Zapatero”. El compromiso verbal de José Blanco iba escrito en el programa socialista: el AVE, como aún se puede consultar en las hemerotecas locales, estaría en esa legislatura. Ni lo estuvo ni lo está. Ni con gobierno del PSOE ni con gobierno del PP.

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Inauguración del último tramo de la Autovía del Mediterráneo.

La primera ‘piedra’ en el camino, la compleja orografía de Granada, ya la conocemos por la A-7. Del “tramo de carretera más caro de España” hemos pasado al tramo de ferrocarril más lento de todo el país. Dos puntos han servido para boicotear la infraestructura: el tramo de Loja y la entrada en Granada. La llegada a la capital la resolvimos con una enmienda a la totalidad: adiós al AVE soterrado por La Chana -en la nueva ficción las segundas partes sí son buenas- e inesperada renuncia a la emblemática estación de Rafael Moneo que debía unirse al patrimonio de la ciudad -¿para qué iba a necesitar Granada ensanchar su patrimonio con la insignificante obra de quien acaba de ser galardonado con el Nacional de Arquitectura?-.

moneo

Proyecto para la estación del AVE llevado a cabo por Rafael Moneo… y guardado en un cajón…

En el Poniente seguimos atascados. Después de superar los siete años de crisis que han proporcionado excusas a todos los gobiernos para justificar todo lo (in)justicable en el manejo de las tijera, nos sorprendieron a primeros de año con la críptica versión del “difícil problema administrativo” para admitir el estancamiento de las obras y, de repente, tras más de cien días con Gobierno en funciones en Madrid, la interinidad del Ejecutivo de Rajoy se ha convertido en la excusa oficial del PP.

¿Será una estrategia para mantenernos en vilo? Por más que preguntamos los periodistas, no hay manera de saber qué enigmático papel está torpedeando ahora el proyecto y más misterioso resultará adivinar por qué la solución habría de pasar por que la ministra “en funciones” Ana Pastor tenga que “prevaricar”…

En Cuba Vivir del cuento es el título del programa humorístico más seguido en el país. La verdad de la isla no se cuenta en los telediarios, la relata Pánfilo en grado superlativo. Y supone, cada semana, un momento de catarsis nacional. Me pregunto si el problema en España es que nos falta un Pánfilo que nos cuente, por ejemplo, por qué en 2015 Fomento sólo ejecutó el 57% del presupuesto aprobado para el AVE a Granada y en el eje gallego superó el 120%.

pánfilo

Esta cara (la de Pánfilo) podría ser la de cualquier granadino ante el ‘desafío’ de las infraestructuras… Del enfado hemos pasado a la resignación, a la incredulidad… y al pasotismo!

Estriptis de transparencia

Magdalena Trillo | 31 de enero de 2016 a las 11:00

Siendo enólogo y fotógrafo, además de provocador ensayista y exuberante escritor, seguro que Mauricio Wiesenthal tiene un concepto bastante preciso de lo que significa la transparencia. La que no lleva letra pequeña; la que tiene que ver con la claridad y la evidencia; la que es contraria al secretismo, a las dudas, a la ambigüedad. El autor catalán, que precisamente acaba de publicar con Acantilado una apasionada y monumental obra sobre Rilke, sobre “el vidente” y sobre “lo oculto”, mañana estará en Granada para conversar con el periodista Alfredo Valenzuela en un nuevo ciclo de Diálogos literarios que ha organizado la UGR en La Madraza. Sería interesante saber qué opina este atípico intelectual “de etiqueta” sobre la transparencia en la vida pública. Sobre la competición de estriptis en que se han sumido las instituciones y los políticos de nuestro país en una absurda y acelerada carrera por recuperar la confianza de los ciudadanos. Sobre lo ridícula e inútil que resulta cuando ni es honesta ni lo pretende.

Dice Wiesenthal que “la verdad de un hombre entregado a un delirio está más cercana al escándalo que a la falsa ejemplaridad burguesa”. Habla del errante y rebelde poeta alemán que deslumbró hace un siglo con sus Sonetos a Orfeo pero su reflexión serviría para cualquiera de los personajes actuales que nos distraen maquiavélicamente con dobles discursos, con dobles varas de medir y con un desconcertante juego de focos que sólo hace límpido y cristalino lo que en cada momento interesa de forma estratégica y calculada.

Yo siempre he desconfiado de las personas que no tienen “delirios”. Del exceso de perfección; de la sobredosis de ejemplaridad. Me despiertan recelos las personas que nunca beben -ni una copa de buen vino-, que no caen ante un coulant de chocolate negro, que no tienen vicios. Grandes o pequeños, cuestionablemente saludables, pero humanos. Y es que la perfección no es más que un ideal, una aspiración, puro misticismo; lo consustancial al hombre es la imperfección. Pasiones. Debilidades.

mauricio
Dice también Wiesenthal que “un crítico sin humor es como un eunuco en un harén”; que “sabe siempre cómo hacerlo mejor” pero no puede “porque no tiene los medios”. ¿Se refiere a pontificar y dar lecciones? Porque es la regla de oro de la política actual… Unos no pueden y otros no quieren.

En realidad, el humor, vinculado a la franqueza, al reconocimiento de las propias limitaciones, al buen talante, a la mano izquierda, no es en realidad más que un síntoma de la transparencia. De la honradez y de la honestidad. Hasta de la lealtad. Y de nada sirve si vivimos castrados. Por acción o por omisión. Y en las mil y una formas en que podemos sucumbir.

Por todo esto me alertan los novedosos estriptis de transparencia. Por lo que tienen de escaparate. Por lo cerca que están de lo farisaico. Porque ocultan más que enseñan; porque arrastran demasiadas incapacidades y complejos y, siendo pragmáticos, porque la primera conclusión de la pasarela de exhibicionismo de los últimos meses es que sirven para muy poco.

Tanto ciega la oscuridad como el exceso de luz. Lo estamos viendo en las negociaciones para investir presidente y formar gobierno. Mucho más operativo sería que pactaran al margen del objetivo de las cámara sin estridencias y sin interferencias. En pro de la transparencia seguimos lo que dicen y lo que hacen, pero también lo que los demás interpretan que dicen y hacen y, tras la correspondiente tormenta de reacciones, lo que parece que han querido hacer y decir. Y todo tan volátil, confuso e inestable que los titulares no se sostienen ni un día.

Con la misma agilidad y contundencia con que el bipartidismo reformó en 2011 el artículo 135 de la Constitución para incorporar el principio de “estabilidad financiera”, puede que terminemos defendiendo ahora modificar el 99. Es el relativo al nombramiento del presidente del Gobierno y puede que hasta agradezcamos la nocturnidad y alevosía del acuerdo del bipartidismo de hace cuatro años si eso significa salir del rocambolesco e insufrible enroque en que están situados los dos líderes de los partidos más votados: Mariano Rajoy no puede y a Pedro Sánchez no lo dejan.

“Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso”. Es el apartado quinto del citado artículo, un texto que ya durante el proceso constituyente fue objeto de controversia y reiteradas modificaciones. Hoy, si en lugar de decir “a partir de la primera votación” fijara “desde la constitución del Congreso”, ya tendríamos fecha tope. Ya no habría unas negociaciones con “luz y taquígrafos” para todos los españoles y otras a puerta cerrada. Ya no tendrían tanto margen los estrategas para dilatar, para distorsionar, para desesperar.

Tengo las mismas tremendas dudas que todos ustedes, que ellos mismos, sobre lo poco que resolverían unas nuevas elecciones, pero es más que evidente que este procés (el español) está a un punto de la inanición. Y no hay nada mejor que un ultimátum (los catalanes nos lo acaban de demostrar) para que todos desvelen sus cartas. Las de verdad. Las últimas.

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Otra opción es darle sentido práctico a eso de que “el Rey reina pero no gobierna”. Aparte de aprenderlo en el colegio, podríamos esperar que también en el papel de la Monarquía haya cierta innovación en un momento inédito como el actual. ¿Terminará Felipe VI proponiendo a Pablo Iglesias a presidente? Mientras Rajoy no tiene apoyos y a Sánchez lo atan los barones, el candidato de Podemos afrontaría los nuevos comicios como presidenciable. ¿No sería más sensato que el Rey volviera a llamar a Rajoy y lo obligara a someterse a la sesión de investidura aun sabiendo que el único objetivo es poner el cronómetro a cero para las próximas elecciones? No sé si puede o debe, ¿pero no sería lo sensato?

No crean que lo de la moda de la transparencia se practica sólo en la liga nacional. Granada lleva meses pidiendo una reunión con Fomento para resolver el conflicto del AVE. El propio alcalde y la concejal de Urbanismo han reconocido públicamente el ninguneo de la ministra de Fomento. Tal vez ese haya sido su error: la transparencia; la sinceridad. Esta semana, de repente, sabemos por un comunicado del PP que Juanma Moreno y Sebastián Pérez se han sentado con Ana Pastor para acelerar la llegada de la Alta Velocidad.

 

Al alcalde lo avisaron del encuentro sus afines de Madrid y se dio por ‘no enterado’. ¿La foto de la transparencia o la foto de la maniobra? Si el interés de los granadinos está por encima del partido, por encima de los políticos, ¿no era esperable que de esa reunión saliese un compromiso serio con Granada? Que ellos expliquen si es normal que el alcalde de la ciudad no estuviera sentado en la mesa. Si no quiso ir, si nadie lo invitó… Yo sólo les planteo una pregunta: ¿no preferirían que no hubiera foto y saber cuándo podremos coger el AVE?

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El 20-D: ¿duermen poco los políticos?

Magdalena Trillo | 18 de octubre de 2015 a las 11:40

Hay que dormir más y hablar menos. El primer consejo lo habrá leído mil veces en la prensa del corazón. Es una respuesta de manual; la explicación “sensata” del famoso de turno cuando el entrevistador cumple tópicos y le pregunta por los secretos de su belleza, de su tez radiante y de su insolente estado de forma. Lo de medir las palabras, exponerse poco y no meter la pata gratuitamente seguro que se estudia en primero de Políticas. La propia ministra Ana Pastor lo recordó este viernes en Granada a cuenta de la A-7 y el AVE: “Para las personas que tenemos responsabilidad política es muy importante tener coherencia, que consiste en hablar poco, hacer mucho y cumplir”.

Pero ya sabemos que los consejos se creen poco y se siguen menos. En demasiadas ocasiones, reconozcámoslo, por fundada desconfianza. La receta del sueño, por ejemplo, siempre me ha recordado a las dietas milagro y siempre he terminado comprobando la sospecha inicial: sin esfuerzo no hay nada que hacer. Esta semana, sin embargo, he vuelto a dudar con la opereta en tres tiempos que nos han ofrecido los políticos: inconscientes declaraciones bomba en el primer acto (ahora las llamamos “desafortunadas” e “inoportunas), intento de explicación-matización en la segunda parte y cierre del bucle en la tercera como una provocadora vuelta a empezar.

Faltan ocho semanas para las elecciones generales y sí, los nervios, se han colado en la precampaña. Mi hipótesis es que duermen poco. Me explico. Las razones no son de belleza sino de rendimiento y lucidez. Y no se argumenta desde el glamour pensando en Gisele Bündchen sino desde la ciencia. Resulta que el sueño profundo, incluso dormir la siesta, puede aumentar la inteligencia. Es el National Geographic quien se ha hecho eco de los resultados de un estudio que se presentó en California durante la convención anual de la Asociación Americana de Psicología sobre el impacto del sueño MOR (movimientos oculares rápidos cuando la fase es más intensa). La psiquiatra Sara Mednick constataba cómo dormir puede ayudar a estimular la memoria y la creatividad y, en un estudio independiente, el profesor de Harvard Daniel Schacter da un paso más y avanza que hasta puede ayudar a “imaginar” y “planificar el futuro mejor”.

margallo montoro

No lo deben saber Montoro ni García Margallo. El titular de Economía, que lleva cuatro años esforzándose en ser uno de los ministros peor valorados por los ciudadanos, se ha superado esta semana con su intempestivo modo de animar a la tropa para el 20-D: a Aznar le ha criticado que se dedique a dar lecciones desde fuera y le ha pedido que “no moleste” -que están “operando”-, a Rodrigo Rato le ha afeado que recurra a ‘black’ para ahorrarse unos miles de euros, al responsable de Exteriores le ha reprochado su “arrogancia intelectual” y, puestos a dar titulares, por qué no proclamar que “hay compañeros que se avergüenzan de ser del PP”. Al día siguiente… que si es un bromista, que si no se explicó bien, que si no se le entendió… Hasta que Margallo se sincera y le devuelve la coz: “Si eres ágrafo y no lees…”.

Todo esto ha sido en los periódicos y en los pasillos. Puro espectáculo. La crisis real del PP se evidenciaba en el País Vasco con la renuncia de su líder, Arantxa Quiroga, o en Granada a escala doméstica con el partido expedientando a la concejal de Urbanismo por cuestionar los compromisos de Fomento y exigir a la ministra que firme un documento garantizando que el AVE llegará soterrado en una segunda fase a la capital.

La ‘rebelión’ vasca se ha maquillado (que no sofocado) en menos de 24 horas recurriendo a uno de los incondicionales de Sáenz de Santamaría, el ministro Alfonso Alonso y presidente del PP alavés, y evidenciando una vez más el peso de la vicepresidenta -dentro y fuera de La Moncloa- frente a una cada vez más cuestionada Dolores de Cospedal -y no sólo por su enemistad con Javier Arenas-.

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La minicrisis del PP a nivel local podría zanjarse si es verdad que el futuro del AVE depende de que haya voluntad, diálogo y “consenso” y no es un problema de presupuesto. Tenemos dos meses para comprobarlo. Realmente, pese a la polémica por la contundencia e inoportunidad de las palabras, el trasfondo de lo que han dicho estos días Isabel Nieto y Ana Pastor no es realmente nuevo: la edil del PP, que siempre ha sido crítica en este tema, hace bien en dar la alarma y avisar de que, tras el 20-D, pocos pueden asegurar quién estará al frente de Fomento en Madrid y qué decidirá sobre el millonario proyecto si no hay un documento firmado que “obligue”. Más aún si recordamos los incumplimientos, modificaciones y retrasos que, con todo más que firmado, suelen tener las grandes iniciativas en esta ciudad. Porque, como el Metro nos ha demostrado en los últimos años, una cosa son los compromisos -incluso firmados- y otra bien distinta la realidad.

En paralelo, en público y en privado, la ministra no ha dejado de insistir en esta legislatura en que no tomará ninguna decisión “de espaldas” a la ciudad y sin un respaldo absoluto de todos los grupos. Lo del expediente del PP provincial queda muy mediático -la lectura más certera habría que realizarla en clave interna de partido y recuperar la tesis de la batalla ya poco soterrada del partido con la Plaza del Carmen- pero, siguiendo la instrucción de la propia ministra, sería mucho más rentable ser consecuentes: hablar poco y hacer más. ¿No hay tiempo hasta el 20 de diciembre?

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Si es o no por culpa del insomnio, el caso es que Isabel Nieto nunca ha sido políticamente correcta. Ni lo ha pretendido. Los ejemplos los custodian las hemerotecas pero hay uno reciente especialmente significativo. Me refiero al pasado mes de julio cuando, tras una de las protestas de los vecinos de La Chana, la edil sorprendió a los medios desvelando que a ella no le cogían el teléfono en Fomento ¡desde hace años! y aseguró que el Ayuntamiento remitió en mitad de mandato un convenio al Gobierno para cerrar el compromiso sin que “hasta ahora haya obtenido respuesta”.

A su edad, con poco que pelear y menos que perder, tampoco se desvela Torres Hurtado para quedar bien con sus compañeros. Lo digo por la franqueza con que ha apoyado a su concejal y ha bromeado con las meteduras de pata de unos y otros: “El partido está un poco nervioso. ¿Ha visto lo nerviosos que se ponen todos los candidatos en elecciones? Es como los novios”.

Un taxista me decía esta semana que llega una edad en la que ya no interesa hacer tonterías; que nos volvemos más responsables. Mi teoría es otra. Al menos para los políticos. Bocazas hay siempre, pero creo que hay una edad en la que por fin se liberan de las cadenas de los aparatos, se pierde el miedo y se dice lo que se piensa. Correcto e incorrecto. Miren a Montoro y a Margallo. Para contar ‘divertimentos’ de este tipo merece la pena ser periodista; para leer ‘ataques de sinceridad’ estilo Nieto merece la pena comprar un periódico todos los días.

¿Y si ahora nos gusta la LAC?

Magdalena Trillo | 28 de junio de 2015 a las 9:23

No es una pregunta trampa aunque sí parcial. La Línea de Alta Capacidad (LAC) con que el equipo de Torres Hurtado rompió la soporífera rutina de su último mandato cumple un año sin que hayamos sido capaces de hacer una radiografía exacta sobre su impacto real en la ciudad más allá de la nostalgia de muchos por los viejos autobuses y la resignación de la mayoría por soportar un sistema que, teóricamente, debía hacernos la vida más fácil y reducir los niveles de ruido y contaminación.

Entre los 21.456 granadinos que hace un mes negaron su voto a Torres Hurtado pasándose a Ciudadanos o quedándose en casa había una buena legión de usuarios de la LAC. Es el coste de gobernar de espaldas a la ciudad; cinco concejales menos. Un hundimiento electoral que ha supuesto una verdadera enmienda a la totalidad a la política de rodillo que el PP ha practicado durante doce años. El correctivo, sin embargo, ha sido más contundente en los barrios que en el centro.

El moderno autobús azul que hoy atraviesa la ciudad funciona. Y empieza a gustar. Los conductores ya no tienen que ejercer de psicólogos improvisados a las 8 de la mañana para calmar a los viajeros cabreados ni dedicar media jornada con cara de suplicio a explicar el nuevo mapa de transporte. Cada tres minutos un autobús; el principal eje de movilidad del casco histórico, despejado; un decibelio menos de ruido en Gran Vía y, lejos de destruirse empleo, un compromiso cumplido de reubicación de los trabajadores ‘sobrantes’ de las antiguas líneas y una promesa de consolidación de puestos que se hará efectiva en otoño.

La ciudad, una parte de la ciudad, la ciudad de los ‘privilegiados’ del centro, ha mejorado. Pero hay una asignatura que sigue pendiente: los desesperantes transbordos que sufren los vecinos de los barrios. Se soslayó el problema en noviembre con la incorporación de tres nuevas líneas atravesando la capital pero el PTS quedó descolgado y la Estación de Autobuses también. Granada, esa Granada que va más allá de La Caleta y el Palacio de Congresos, esa Granada que no tiene sentido si no es en conexión con los 31 municipios del Cinturón, esa Granada que estará obligada a reinventarse con la inminente puesta en funcionamiento del Metro y la llegada del AVE, sigue esperando una salida coherente y eficaz a la movilidad. ¿Alguien está pensando ya en cómo responder a esa Granada real que nada tiene que ver con los intereses de poder del mapa electoral?

Miopía. Con los grandes problemas pasa como con los grandes momentos de la vida; los valoras de verdad cuando ya han pasado. Cuando no se puede volver atrás y no es posible rectificar. En unos casos para evitarlos y en otros, los menos, para apreciarlos. Y somos inopinadamente obstinados. La corrupción, por ejemplo, no es el cáncer de la política de hoy. Con poquísimas excepcionales, lo que hoy estamos juzgando en los tribunales -y en la calle- es la nefasta gestión y los comportamientos delictivos que, al amparo de las instituciones públicas, se han realizado durante los años del ‘boom’ económico. La acción (o inacción) de hoy, la de la austeridad suicida, la que está fulminando a las clases medias, la que nos está empobreciendo y ensanchando la desigualdad social, la que nos está hurtando nuestros derechos más fundamentales, es tan líquida como el tiempo.

Todo se complica, además, cuando a la miopía le sumas un punto de inconsciencia y la peligrosa provisionalidad que se ha instalado en esta sociedad volátil y frenéticamente acelerada del todo para ayer. Equivocamos los debates; llegamos tarde a los debates. Nos pasa a los periodistas; le pasa hasta al Papa… La revolucionaria encíclica sobre el medio ambiente no dice nada que los científicos no hayan escrito hace una década en las revistas de impacto de su sector. Sin tanto eco, por supuesto. Que la guerra de las futuras generaciones será por el agua, por los recursos naturales…; que tenemos la mitad de los continentes convertidos en pestosos vertederos; que, con consecuencias “catastróficas”, estamos viviendo por encima de las posibilidades del planeta… Es mucho más que una ficción y evidencia cómo el riesgo de gobernar es doble y contradictorio: la acción conlleva una responsabilidad pero la apatía también.

Si volvemos a la LAC, es evidente que lo más rentable para el PP (políticamente hablando) hubiera sido no abordar la transformación del transporte a un año de las elecciones. Con la misma vehemencia con que se justifica Rajoy cuando se ve obligado a tomar cualquier decisión, el alcalde siempre recuerda que la LAC es consecuencia del imperativo de cumplir la Ley de Economía Sostenible y reducir un 20% los gases invernadero. Bien. Pero, admitiendo la disculpa de la no-iniciativa y dejando en el aire si la solución era la LAC, ¿se ha conseguido algo?

Pues no lo sabemos. Enarbolamos la bandera de la transparencia, pero para que la practiquen otros. Ha costado semanas de persecución -y una solicitud oficial en el registro por parte de una periodista de este diario- que el equipo de gobierno haga pública su declaración de bienes y con la LAC todo está envuelto en un tremendo misterio. No tenemos datos rigurosos sobre el primer año de funcionamiento y mucho menos de futuro. No sabemos cuánto ha terminado costando y, lo realmente preocupante, no está nada claro que sea sostenible. Sí, la palabra de moda para decir que igual Granada no se la puede permitir… Me cuentan que en agosto se habrá agotado el presupuesto de todo el año. La propia Rober ya tuvo que presentar alegaciones a las cuentas municipales de 2015 y, si se confirman estas sospechas, tal vez el debate que nos aguarde tras las vacaciones no sea por qué calle deban pasar los autobuses ni hasta dónde llegar sino cómo financiar el sistema.

La parte que faltaba a la pregunta inicial es justamente ésta: ¿Y si ahora nos gusta la LAC y no la podemos pagar? No lo sabremos hasta que ocurra; hasta que se haya producido (otro) agujero financiero y se desate el conflicto con la empresa adjudicataria. Es un debate de desgaste que no encaja en el ambiente de “buen rollito” que se ha impuesto en el Ayuntamiento de la capital. Me lo decía esta semana un concejal de la oposición preocupado por esas dinámicas de comisiones, reuniones, diálogo y “todo se va a estudiar” que, al más estilo Mariano, puede terminar aniquilando por dilación y aburrimiento cualquier toma de decisión.

Hay un trasfondo: el alcalde se ha propuesto ganar a pulso su continuidad y el examen llegará a finales de noviembre con las elecciones generales. Votaremos al próximo presidente del Gobierno pero la lectura que se realizará en la capital será local. Si el PP ha rectificado, si ha recuperado la confianza de los granadinos con su nuevo tono de humildad, si Pepe Torres merece una prórroga hasta final de mandato… Tanto es así que el alcalde ya se ha embutido en el traje de regidor honorífico. Va a los actos con áurea institucional y, sobreprotegido por los suyos, no se mete en charcos… Esta semana ni le dejaron contestar a los periodistas ante las denuncias de manipulación y acoso laboral en TG7. Se juegan mucho, sí; el cuarto mandato. Pero el precio no debería ser convertir la transparencia en una opereta y el gobierno en un ejercicio de teatro amateur.

22-M: la ilusión de volver a contar

Magdalena Trillo | 8 de marzo de 2015 a las 11:00

Lo  que les voy a contar se produjo fuera de luces y taquígrafos, con la más absoluta discreción. Ocurrió en la primavera de 2013, sólo unos meses después de que el Gobierno de Rajoy anunciara un cambio radical en el proyecto del AVE a Granada para “adaptarlo a las nuevas condiciones económicas” del país. La ministra de Fomento, con la plana mayor de Adif, nos reunió en Jaén a un destacado grupo de directivos de medios andaluces para explicarnos, en persona, el estado de algunas de las infraestructuras estratégicas de la región.

Entonces éramos más que escépticos con los responsables de Fomento y no sabíamos lo que valía la palabra de la nueva titular. Hoy sí. Y les puedo asegurar que todo lo que allí comprometió Ana Pastor se ha ido cumpliendo. Y hablo de hechos, de publicaciones en el BOE, no de promesas. Oportunista o no, que el PP de Granada haya decidido nombrar a Ana Pastor presidenta de honor del partido por su “compromiso inequívoco y rotundo” con la provincia no es ninguna casualidad.

Si analizamos el punto en el que estaban dos proyectos vitales para Granada como la Autovía del Mediterráneo y el AVE cuando en 2011 el PP asumió el Gobierno de España y cómo estarán al final de la actual legislatura, habrá que reconocer que se ha ejecutado una inversión millonaria en plena crisis y que, tal vez no con la solución final que todos hubiésemos deseado, pero van a ser una realidad en pocos meses y supondrán una transformación sin precedentes en las comunicaciones de toda Andalucía.

El propio Rajoy inaugurará el penúltimo tramo de la A-7 el próximo 27 de marzo y mañana mismo la titular de Fomento concretará en su visita a la ciudad cómo se ha previsto resolver el conflicto que ha surgido ahora con la empresa adjudicataria de las últimas obras –los 27 kilómetros del trazado de Loja y la reforma prevista en la estación de la capital– al exigir más presupuesto para poder ejecutar el proyecto.

Cuando hace unos meses Sebastián Pérez anunció el nombramiento, el partido destacaba lo “extremadamente sensible” que la ministra había sido con los argumentos y peticiones trasladados por los diputados y senadores populares y, por supuesto, con las “necesidades y expectativas” de los granadinos. A ello habría que añadir el talante y el rigor con que la titular de Fomento ha afrontado el reto de desbloquear las dos obras de mayor envergadura que probablemente afrontará Granada durante décadas. Es verdad que le va en el sueldo.

Pero coincidirán conmigo en que, aunque su trabajo sea precisamente ejecutar los proyectos y hacer que se respeten los plazos, no en todos los ministerios se trabaja con el mismo ímpetu ni con la misma capacidad resolutiva. Si utilizamos como barómetro el nivel de cumplimiento delos compromisos expresados por Ana Pastor en aquella lejana reunión, les puedo asegurar que el título se lo ha ganado. A pulso. Y por esfuerzo. Más de 1.100 páginas hemos publicado en Granada Hoy durante los últimos tres años con informaciones sobre la ministra.

Granada ha sido objetivo preferente en los escasos capítulos inversores de los presupuestos del Estado y siempre se ha mantenido en los primeros puestos en su cuaderno de prioridades. Pastor se ha ganado el título del PP y, en la práctica, el de poder considerarla como la ministra granadina del Ejecutivo de Rajoy.

Hace justo una semana le preguntábamos al también presidente de la Diputación por la ausencia de políticos granadinos en puestos de alta responsabilidad y contestaba tajante que el verdadero problema no es el DNI del cargo de turno sino que te escuchen en Madrid y vengan recursos. Tal vez. Pero reconozcamos que, salvo contadas excepciones, los políticos suelen tirar para ‘casa’ y que es más fácil hacerse oír cuando estás en el corazón y al calor de quien decide. Aquí, como podemos comprobar tirando de hemerotecas, no hay siglas que se aparten del guion. Es una cuestión inicial de ‘sensibilidad’ que al final todos terminan rentabilizando electoralmente. Así ha ocurrido con los dos grandes partidos en su reparto de poder durante toda la democracia y así lo hemos visto también en IU cuando ha asumido responsabilidades de gobierno.

La pregunta que podríamos hacernos es hasta qué punto este tipo de apuestas tienen un efecto directo en el voto. La cita más cercana es el 22-M y el caso de Pastor, por merecido que sea, no deja de ser una gota en el océano electoral. El desconocimiento del líder del PP a la Junta no ayuda, tampoco la dolorosa política de austeridad y recortes que ha marcado la gestión del Ejecutivo central y mucho menos el ‘fuego amigo’ de Monago ni las antipopulares cruzadas que han emprendido los ‘compañeros’ Wert y Gallardón uniendo a todos en su contra.

Rajoy se está empleando a fondo para ‘salvar al soldado Bonilla’ pero puede que no con el resultado buscado. En la práctica está regalando a los socialistas el mejor escenario posible: una campaña Andalucía vs. Madrid; Susana Díaz vs. Rajoy. El barómetro que todas las cabeceras de Grupo Joly estamos publicando este fin de semana va en esta línea: el PSOE sería el partido más votado en siete provincias (todas salvo Almería) y en Granada mantendría sus 6 escaños a costa, justamente, de la caída de votos del PP, que perdería hasta 2 parlamentarios. Podemos irrumpiría con fuerza con 2 o 3 plazas en el hemiciclo andaluz, Ciudadanos se alzaría con 1 e IU se quedaría sin representación.

Estamos, no obstante, ante una de las campañas más abiertas en 35 años de autonomía andaluza. A las habituales lecciones de cautela y prudencia que nos han obligado a tomar los resultados sorpresivos de los últimos comicios, hay que sumar en esta ocasión la enorme bolsa de indecisos que arrojan todos los sondeos. Cuatro de cada diez andaluces o no tienen claro aún a quién votar o no lo quieren decir o juegan al despiste y a la estrategia declarando un posicionamiento que en absoluto piensan refrendar en las urnas. Pero, ojo, hay ganas de votar.

Ha calado el mensaje de que Andalucía va a marcar la agenda electoral y de que toda España está pendiente de lo que ocurra en el Sur. Nos sentimos –nos volvemos a sentir– protagonistas. El 22-M acudiremos a las urnas para decidir hasta qué punto está herido el bipartidismo, si la debacle de IU es tan desastrosa como apuntan las encuestas, si la borrachera de éxito de Podemos es tan abrumadora y si los ‘naranjitos’ de Ciudadanos terminan siendo una opción consolidada. Lo veremos en clave regional pero también en clave local con el ojo puesto en las municipales del 24 de mayo y en clave nacional pensando en la convocatoria de noviembre.

De lo que no hay duda es de que, en esta ocasión, la campaña va a contar. Y mucho. No es un trámite legal y lo que se observa en las calles, lo que se evidencia en los mítines, es que los ciudadanos hemos recuperado la ilusión. Sólo por eso ya habrá valido la pena este intenso año electoral.