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La navaja de Ockham en política: lo que faltan son sillones

Magdalena Trillo | 25 de octubre de 2015 a las 11:44

El líder de Podemos reconoció hace justo una semana que no le salen las cuentas. Pero que no pasa nada; que lo importante de su programa electoral son los principios a los que se aspira, lo que se pretende conseguir…

No quedó bien ni en televisión. Pablo Iglesias confesó ante cinco millones de españoles lo que muchos intuían: que sus propuestas para el 20-D son una carta a los Reyes Magos; que se pueden prometer pero no se pueden cumplir. En su decadente camino para “asaltar el cielo”, al dirigente (cansado) de la formación morada le falla ya hasta la oratoria. Pero el problema no es exclusivo de Podemos. Es compartido y se contagia.

pablo iglesias

 

Bruselas ya ha advertido al Gobierno contra las ‘alegrías’ con que ha confeccionado los presupuestos de 2016 -su programa, de facto-, del borrador socialista sólo conocemos un avance de su “radical” enmienda a la totalidad -de momento no hay letra (ni grande ni pequeña) que lo sostenga-, la Junta de Andalucía ha tenido que ceder ante Ciudadanos acordando una bajada de impuestos en un verdadero ejercicio de acrobacia financiera y, a nivel local, ya han empezado a saltar las alarmas. O se recauda más o los números no salen.

Estoy mezclando presupuestos y programas (obligaciones y deseos), pero la culpa no es mía. Es lo que tiene convocar unas elecciones generales a diez días de que se cierre el año, con olor a castañas y mazapán, con las cartas (las verdaderas) a sus Majestades de Oriente en los bolsillos y la presión nada buenista de Hacienda sobre nuestras cabezas.

En la Plaza del Carmen se han vuelto a saltar la disciplina de partido y han decidido contarlo. El propio alcalde ha sido el protagonista de este nuevo arrebato de sinceridad cuando ha cargado sonora y directamente contra el Gobierno de Rajoy (su gobierno) por provocar la asfixia económica de la ciudad y, en última instancia, obligar a subir impuestos. La palabra mágica es “revisión” pero la consecuencia es siempre la misma: cuando se desmadran los números rojos, la solución es siempre la misma. Recaudar más. Que lo paguemos usted y yo.

pablo iglesias

El razonamiento es simple: si hay que subir el sueldo un 1% a los trabajadores públicos, devolver la paga extra, empezar a amortizar el crédito que se pidió para afrontar el plan de pago a proveedores y no se pueden pedir nuevos préstamos ni aumentar la deuda por la Ley de Estabilidad Presupuestaria… ¡Pues no es sólo la TG-7 lo que se tambalea! Son los servicios básicos, la gráfica imagen de levantar a diario la persiana de la ciudad, lo que se condiciona. La deuda de 450.000 euros que se ha destapado en la televisión municipal es sólo el principio. En unos días nos contarán el ‘agujero’ de la Rober y, acomódense bien en el sillón, porque es una precampaña a tumba abierta lo que se empieza a dibujar.

En los corrillos de los periodistas hay una teoría: a Torres Hurtado lo han llamado de Madrid y le han dicho que vaya haciendo las maletas, que se coma los turrones y que no vuelva. En este escenario, por qué no pelear hasta el último día por su ciudad, caiga quien caiga, y mucho mejor si a quien se mina es al partido que ha encargado a su jefe y compañero Sebastián Pérez que dirija la campaña del PP a nivel andaluz. ¿Cuanto peor sea el resultado del 20-D para el PP mejor es para Pepe Torres? ¿Es una forma de evidenciar que su desgaste en las municipales no fue propio sino “consecuencia” del castigo de los votantes a las reformas y ajustes de Rajoy?

Deberíamos tener más que dudas sobre el servicio público de la TG-7 pero muy pocas sobre su efecto propagandístico. ¿La dejamos en servicios mínimos justo en la carrera electoral? Sitúe en este contexto el sorpresivo ataque del partido provincial a la concejal Isabel Nieto (en el núcleo duro del alcalde) y calcule opciones.

Porque, aun con fecha de caducidad, el mando lo sigue teniendo Torres Hurtado. Si ‘provoca’ una moción de censura, le abre la puerta de la Alcaldía al socialista Paco Cuenca; si accede a jubilarse no será sin contrapartida y, como imaginará, en ningún caso el relevo será Sebastián Pérez. ¿Juan García Montero candidato de consenso?

torres hurtado

Nada es casual. La tarta es cada vez más pequeña y son más lo que se quedan sin porción. Puede que PP y PSOE se mantengan en los primeros puestos, pero la sangría que se atisba tendrá consecuencias en sus filas. La fuga de apoyos al bipartidismo es creciente y son dos nuevas formaciones las que llaman con fuerza a la puerta.

Bastan dos simples restas: de los 186 diputados que consiguió el PP en 2011 a los 128 que le daba, por ejemplo, hace una semana la encuesta de ABC; de los 110 que logró el PSOE a los 84 que es estiman en la convocatoria de diciembre. Son más de ochenta sillones -¿dos menos en Granada?- los que se esfumarían del reparto para los grandes partidos. Que se sumarían a todos los damnificados que han quedado por el camino tras las municipales y las autonómicas.

Lamentablemente, hemos construido un sistema político y de poder en España que transforma en una auténtica tragedia lo que debería ser normalidad. Estar o no en política debería ser una elección, una oportunidad, no una necesidad. Pero la crítica a los partidos por actuar como agencias de colocación no es baladí. Vemos a diario cómo colocan por la puerta de atrás, gratifican los servicios prestados con las giratorias y terminan cargando con la situación familiar y hasta personal de quienes no tienen otro oficio que ser útil al partido (a nivel orgánico o a nivel institucional). ¿Sabe alguien a qué se puede dedicar Juan Antonio Fuentes después del desbarajuste de TG7? Es un simple ejemplo. Uno de tantos.

A cuenta de los buenos datos de la última EPA, me preguntaba un buen amigo si había analizado bien los datos de nueva contratación. Estaba indignado. Más de 20.000 nuevos empleos se han creado en el sector público. La ex directora de TG7 está ya colocada en los Mondragones. ¿A esto nos referimos?

tg7

Torres Hurtado ha pedido “responsabilidad” a los partidos para aprobar las ordenanzas fiscales porque sólo recaudando más (7 millones estima el concejal de Economía con la revisión del IBI) se pueden cuadrar las cuentas y evitar que se “paralice la ciudad”. Bien, pero la responsabilidad ha de ser compartida. Si de verdad estamos en un momento de gobierno sin ataduras, de ejercicio del poder al servicio de la ciudad (no del partido), deberíamos asumir que no son sólo ajenos los cadáveres que se tendrán que dejar por el camino.

El principio de la navaja de Ockham se ha utilizado en economía, en lingüística, en biología y hasta en música. Deberíamos aplicarlo a la política: “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. No sé si a Pepe Torres lo han llamado de Madrid, pero me quedo con la reflexión más simple: ¿recuerdan aquello de “qué hay de lo mío”?. Son guerras de poder, es política, es economía… pero lo que faltan son sillones. Y sueldos.

Alhambra: Año III

Magdalena Trillo | 12 de julio de 2015 a las 9:35

Hace un par de años la revista Yo Donna eligió a Mar Villafranca como una de las veinte españolas más influyentes en el mundo del arte poniendo de relieve su “reconocido prestigio internacional en museología, gestión cultural, investigación y conservación del patrimonio histórico”. Para más de un concejal del Ayuntamiento de la capital, siempre ha sido la “sultana”; la “sultanilla” en los momentos de mayor tensión. Mateo Revilla fue el “virrey de la Alhambra” y Villafranca se ha quedado con el título más cercano al Califato. Desde la irrelevante llanura de la Plaza del Carmen, no son más que variaciones de un mismo sentimiento de recelo y de envidia hacia esa insolente Colina Roja que, como ocurre con los más agresivos contrapicados fotográficos, recuerda a diario que el poder siempre está arriba.

Hace un año la propia reina Sofía le hacía entrega del Premio Europa Nostra por “su contribución a la conservación y gestión de uno de los conjuntos más emblemáticos del patrimonio europeo”. Si dejamos a un lado las siempre difíciles relaciones con el Ayuntamiento, ya durante los 19 años de gestión de Revilla y de forma especialmente dura desde que el PP llegó al gobierno local con una abrumadora mayoría absoluta en 2003, sólo las noticias sobre el fraude de las entradas que destapó justo a su llegada -el macrojuicio está aún pendiente de celebrarse con decenas de trabajadores imputados por las irregularidades en el acceso al monumento- habían manchado una etapa que, si de algo ha pecado, ha sido justamente de ser demasiado brillante. Y en esta ingrata Granada ya tenemos numerosos ejemplos de que, cuando realmente hay que preocuparse, es el momento en el que se sobresale más de la cuenta.

Hace seis meses ostentaba uno de los cargos públicos menos cuestionados en estos tiempos revueltos de profunda inestabilidad, cambio político y relevo generacional. Pocos pensarían entonces que la campaña de acoso y derribo que el equipo de Torres Hurtado encendió en las municipales aprovechando la polémica del Atrio y su metedura de pata en las redes sociales llamando “tontos del culo” a los votantes del PP pudieran terminar moviéndola del sillón. Ni la rectificación inmediata ni pedir perdón es ya suficiente para hacer frente a las implacables redes sociales que, como acaba de vivir el alcalde con sus “desafortunados” consejos a estudiantes para asistir fresquitos a un acto social -las chicas, cuanto más desnudas, más elegantes, son capaces de convertir en asunto nacional el traspiés más inocente.

Hace dos semanas fue detenida por la Policía Nacional y puesta en libertad con cargos por el caso de las audioguías. La denuncia ante la Agencia Tributaria sobre supuestas irregularidades en la adjudicación y control del servicio partió de un extrabajador de la empresa que ganó el concurso pero no son pocos los que ven una ‘mano negra’ detrás capaz de transformar un teóricamente caso administrativo en un asunto penal.

Hace una semana la Fiscalía Provincial presentó una demoledora querella ante el juez contra Villafranca, tres altos cargos del Patronato y dos empresarios por prevaricación, malversación y blanqueo de capitales. En menos de 24 horas dimite. Mañana, la Consejería de Cultura tiene previsto nombrar sucesor. Será el tercero en un cuarto de siglo de historia. 19 años Revilla; 11, Villafranca. Antes no existía el Patronato como lo entendemos hoy; antes fueron los tiempos de la Alhambra como Monumento Nacional y no era en Sevilla sino en Madrid donde se tomaban las decisiones. Luego llegó la autonomía, las transferencias y el modelo de gestión que sigue vigente hoy.

Hasta aquí, la secuencia de una caída orquestada. La Alhambra cerró con polémica los últimos días de Mateo Revilla y vuelve a ocurrir con Villafranca. El 14 de julio de 2004, justo el martes hará once años, la hasta ese momento directora general de Instituciones del Patrimonio Histórico de la Junta e integrante del equipo de asesores de Rodríguez Zapatero tomaba posesión en el emblemático Patio de los Arrayanes de la Alhambra con un exclusivo acto de 200 personas al que no se invitó al director saliente. Villafranca había recibido el encargo del entonces presidente Manuel Chaves de “situar la Alhambra como espejo de la modernización cultural de Andalucía” y nada más situarse al frente de la institución más potente de Granada anunció un ambicioso plan director para, “desde el talante abierto y el diálogo permanente”, dar un nuevo impulso al Patronato.

Récord anual de visitantes -con 2,3 millones en el último ejercicio, es el principal reclamo turístico-cultural del país-. Cerca de 300 empleados directos y otros tantos dependientes de los servicios subcontratados -genera hasta 6.800 de forma indirecta-. Unos ingresos al año de 27 millones de euros. Un impacto económico de 550 millones en Granada y de 750 millones en Andalucía.

Ése es el ‘monstruo’ al que tendrá que enfrentarse la persona que asuma la dirección en esta tercera etapa de gestión que la Junta de Andalucía abrirá mañana y que ya ha provocado la primera pataleta en el Ayuntamiento. Oficialmente por las formas en que se ha convocado el pleno; en la práctica, porque la ciudad no cuenta todo lo que quisiera, no decide todo lo que le gustaría y no maneja el dinero como querría. A Luciano Alonso se le ha criticado tanto desde Granada, tan nefasto se ha valorado su paso por la Consejería de Cultura, que todavía es posible creer que Rosa Aguilar pueda restablecer mínimamente las relaciones con la ciudad con algunas concesiones iniciales como frenar el proyecto del Atrio.

Impensable parece que pueda llegar ni a plantearse valorar el “despropósito” -así al menos se ha visto en los círculos culturales- de Torres Hurtado de modificar el modelo de gestión y separar la vertiente de conservación y la turística y, completamente sujeto a lo que ocurra mañana, queda comprobar si habrá o no un relevo de consenso.

No es fácil. La Alhambra ha crecido exponencialmente en los últimos años pero se ha mantenido una estructura de gestión ineficaz e insuficiente para abordar la envergadura del desafío que realmente tiene ante sí. Casos como el de las audioguías, con independencia de cómo se resuelva judicialmente, dan idea de las dificultades de control y de las infinitas ventanas al ‘trapicheo’ que plantea un ente que en estos momentos se percibe como un caramelo envenenado con una severa lupa pública diseccionándolo.

La nueva consejera de Cultura puede seguir dos caminos: cubrir expediente con alguien obediente que ponga el motor en ralentí y no moleste más de la cuenta al resto de patronos en el escenario de una ciudad -una provincia, una comunidad- ensimismada y letalmente conformista o abordar la transformación que la Alhambra necesita para ser de verdad ese gran proyecto político y cultural para Andalucía y para España que justifican los números que maneja, ese baluarte nacional e internacional que le corresponde.

Cuando tengamos un nombre que unir a este Año III que empieza ahora lo sabremos.

Político, profesión de alto riesgo

Magdalena Trillo | 26 de abril de 2015 a las 10:59

Por acción y por omisión. Para ellos mismos y para todos nosotros. Ser político hoy se ha convertido en una profesión de alto riesgo. Por culpa de quienes roban, prevarican, malversan y se corrompen y por culpa de quienes nos demuestran a diario que nada de vocación, altruismo y servicio público hay en el desempeño de sus funciones. La casuística es amplia y de toda ella hemos tenido ejemplos esta semana:

Los peligros más evidentes llegan por la acción. Y el destino final va de la inhabilitación a la cárcel. Entre rejas está Bárcenas y en los tribunales se decidirá también el epílogo de viejas glorias de este país como el ex vicepresidente Rodrigo Rato. Sólo una codicia enfermiza puede explicar el supuesto fraude que ha desvelado la Agencia Tributaria para alguien que, subido en un Porsche y enfundado en estilosas camisas italianas, iba de ‘dandi’ por la vida; para alguien que lo tuvo todo y se permitió despreciarlo. Dejó el FMI porque se aburría, escribió la defunción de Bankia porque le dejaron, se enfangó con el escándalo de las tarjetas black porque pudo. Ahora sabemos que su milagro económico forma parte de la misma farsa con que ha terminado manchando su biografía.

Y sólo es una de las 715 personas de “especial relevancia” que están siendo investigadas tras acogerse a la amnistía –la grieta legal– que ideó el Gobierno para acabar con la opacidad fiscal y aflorar fortunas millonarias. Si nos creemos que la carrera ahora es por la transparencia, poco se entienden las reticencias del PP para desvelar los nombres de los demás privilegiados (175 de un total de 30.000 contribuyentes) que los funcionarios de la hacienda pública, inesperados protagonistas de la agenda política, han puesto bajo sospecha tras constatar que los datos que manejan son “la repera patatera”. Con tal elocuencia lo dijo esta semana el director general de la Agencia Tributaria cuando compareció en el Congreso para dar cuenta de las actividades de blanqueo que se están detectando a partir de esa “regularización fiscal” que, con mucho menos desparpajo y credibilidad, el ministro Montoro sigue defendiendo: ¿Seguro que “no limpia ni borra delitos”?

El ‘caso Rato’, como los cientos de las causas de políticos que se dirimen en los tribunales de todo el país, contribuye a la judicialización de la vida pública pero por razones más que justificadas. La ley, al menos en teoría, es igual para todos y las consecuencias de saltársela, también. En este tipo de situaciones, los peligros de ‘ser político’ son buscados: los privilegios se convierten rápidamente en prebendas y las posiciones de ventaja acaban desdibujando la legalidad. En el plano local, mucho podría reflexionar el ex alcalde de Almuñécar Juan Carlos Benavides, que se ha pasado media vida de litigios y siempre ha salido sorpresivamente airoso, o el ex regidor de Otura, que acaba de aceptar 16 años de inhabilitación por prevaricación.

Menos sentido tiene cuando los políticos miran a Caleta confiando en que sea el juez quien les resuelva su incompetencia, se conviertan en aliados en sus batallas electorales o les dé una salida a su desesperación. Aquí los periodistas también deberíamos hacer autocrítica y preguntarnos si no estamos sumándonos al circo cuando nos limitamos a actuar de meros altavoces de unos y otros. Es el peligroso periodismo de declaraciones. Insinuaciones, acusaciones sin pruebas y amenazas de demandas. A un mes de las elecciones municipales, pocos dejan pasar la oportunidad del “nos vemos en los tribunales”. Aunque unas veces funciona y otras se vuelve en contra.

La imputación de todo el grupo municipal socialista por denuncia falsa contra el alcalde no es sino el efecto boomerang tras su iniciativa de, “en defensa de los intereses” de la capital, alertar de un posible caso de prevaricación por parte de Torres Hurtado en la operación urbanística del Cerrillo. Su situación ahora es tremendamente comprometida; un ejemplo de cuando ser político –en esta ocasión asumiendo su labor de ejercer de oposición– es extremadamente peligroso… si no juegas bien tus cartas.

El concejal Fuentes y el diputado Torrente también han tenido que desfilar esta semana ante el juez por un tema de prevaricación y revelación de secretos y pendiente queda si la directora de la Alhambra terminará poniendo una querella contra Juan García Montero por sus durísimas declaraciones sobre el oscurantismo en la gestión del Patronato y supuestos tratos de favor. A un mes justo del 24-M, todos han subido el tono y han empezado a medirse trasladando a las instituciones el clima de hostilidad y los nervios que ya se están apoderando de este intenso preámbulo electoral.

La política estará desprestigiada, pero ya hay 8.527 granadinos pendientes del reparto de sillones de las municipales: 624 listas para definir el futuro de 180 poblaciones con una presencia inédita de propuestas de ‘independientes’.

Si las profesiones de riesgo sólo se eligen por vocación o por alta remuneración, tendríamos que pensar que no todo está perdido y que son muchos los ciudadanos que todavía están dispuestos a exponerse para cambiar las cosas desde dentro del sistema. Aunque la mera gestión suponga ya un peligro. Así lo sienten a diario muchos concejales de Economía y así lo acaba de comprobar la delegada del Gobierno, Sandra García, cuando se le ha comunicado que ha sido imputada por el caso de los vertidos fecales de la cárcel… Y es que la omisión también cuenta. A la espera de lo que resuelva el Supremo, es lo que podría subyacer en las actuaciones de Chaves y Griñán en el caso de los ERE. Si no idearon un sistema para robar, para dejar que otros lo hicieran, la prevaricación podría ser por omisión, por no vigilar.

De nuevo el debate sobre la responsabilidad política y la penal. Y de nuevo las dudas de en qué momento consideramos saldada una deuda moral. ¿Ha renunciado Griñán lo suficiente? ¿Ha pagado bastante por su co-responsabilidad? ¿Cómo de alto y cuántas veces hay que pedir perdón?

Porque ni está clara la legalidad, ni lo está la ética y ya ni siquiera la estética. Lo lamentable es que la mujer del César hace mucho que dejó de ser honrada y ahora parece que no importa que ni lo parezca. 5.000 euros por charlar dos veces al mes tomando café. Hablo de ‘trabajillos’ de cargos públicos para empresarios. De “asesorías”. ¿Tráfico de influencias? El caso de Pujalte y Trillo compaginando su labor en el Congreso con sus “servicios” a compañías que luego logran contratos públicos roza el esperpento. Es indecente y claramente inmoral. ¿Pasa el límite de lo legal?

No lo sé. Pero estaría bien que quienes van a dar su nombre para que los votemos el 24-M empiecen por preguntarse a sí mismos si concurren con la suficiente fortaleza e integridad para garantizar su honradez y mantener su palabra. La mayor crisis que estamos atravesando no es económica, es moral. Y es que es curiosa la profesión del político: es peligrosa para ellos, pero mucho más para nosotros.

Nos vemos en los tribunales

Magdalena Trillo | 30 de marzo de 2014 a las 12:38

ISABEL Nieto tiene fama de dura. Puede que entre todos hayamos inventado una leyenda urbana, pero media Granada sabe que desde que ella tomó las riendas de Urbanismo en la capital no hay ‘comidas de trabajo’. La explicación es un arrebato de sentido común: cualquier tema que se hable entre vinos ha de poder discutirse en una oficina municipal con la presencia de los técnicos. Le podemos llamar propuestas, presiones, prebendas… y podemos ir de los corredores de fincas que cerraban los tratos entre la nebulosa de la manzanilla y el dominó hasta la colección de maletines que ha terminado escribiendo la historia judicial de demasiados ayuntamientos de España.

El resultado es el peso de una tradición de la que es difícil escapar. Tal vez por ello y por la seriedad con que la edil se ha movido hasta ahora (no le ha salpicado ni el ‘caso del Cerrillo’ que ha puesto contra las cuerdas al propio alcalde y a toda la cúpula de su área), ha sorprendido la denuncia que realizó esta semana sobre las supuestas coacciones que sus funcionarios están recibiendo para “intimidarles” e incidir en su “imparcialidad” en la tramitación de expedientes como el que afecta al centro Serrallo. Nieto no sólo recriminó a IU que haya presentado unas alegaciones en las que viene a acusar a los técnicos de “cubrir delitos” y “delinquir” sino que desveló llamadas telefónicas de particulares “de muy malas formas” que están generando una presión inadmisible.

El asunto, que está ya en manos de los asesores jurídicos del Ayuntamiento, puede acabar en los tribunales. Y parece que con razón. El problema es que estamos en un momento de la vida pública en el que tanto se ha difuminado el muro que debía separar la política y la justicia que cada vez es más difícil saber cuándo estamos en la guerra de confrontación y cuándo se ha sobrepasado la línea que ha de justificar la acción de la justicia: cuándo los políticos hacen política y cuándo se aprovechan de los tribunales; cuándo lo jueces hacen justicia y cuándo se inmiscuyen en la política.

Lo menos que se puede decir de Alaya en su especial instrucción del caso de los ERE es que es una “juez peculiar“; lo último que el juez Moreno ha dicho del Ayuntamiento de Armilla y de la agencia Idea de la Junta es que “sorprende” que no se hayan personado en la causa de los vertidos fecales del Parque de la Salud. Que lo hiciera Antonio Ayllón (PP) cuando tenía la Alcaldía y que, tras la moción de censura, no lo ha haya hecho el equipo de Gerardo Sánchez (PSOE). Porque sólo la ‘ilógica’ de la política y los intereses partidistas podrían explicar que el municipio esté perjudicado por unos hechos presuntamente delictivos y, unos meses después, con un cambio de color en la corporación, se olvide todo el asunto.

En la capital, Torres Hurtado lleva buena parte de su tercer mandato criticando a la oposición, especialmente al grupo socialista, que se haya obcecado en intentar ganar en los tribunales (con bastante poca fortuna) lo que le niegan las urnas y, en la provincia, tenemos ya tantos ejemplos de guerras internas y de mociones de censura por corrupción que ni es fácil creer a unos ni confiar en otros.

A pesar de todo, y hasta de ellos mismos, la Justicia se mantiene como el último bastión de los ciudadanos en un intento -tal vez iluso- de preservar la credibilidad en el sistema. La última encuesta del Egopa constata el hartazgo ciudadano en una escala que va de la “desconfianza” y la “irritación” al “aburrimiento”; ocho de cada diez granadinos confiesan que no se identifican con ningún partido político y la incógnita no es ya si gana PSOE o PP sino quién pierde más votantes.

Lo más desalentador de todo es tener que comprobar que, si quieren, pueden. Me refiero a Aznalcóllar, un conflicto que prometía dejarnos meses de confrontación política mientras se dirimía en el Constitucional y que se ha resuelto con unas llamadas de teléfono y una buena dosis de responsabilidad y de seriedad. ¿Tan difícil es seguir el ejemplo?

En el último pleno de la capital se han analizado 105 puntos y sólo se han alcanzado cuatro acuerdos, uno de ellos para que el Gobierno de Rajoy baje el IVA a los peluqueros y otro para decirle a la Junta que elimine la obligación de que los perros lleven bozal…

Puestos a vernos en los tribunales, estaría bien que sirviera para saber hasta qué punto nos están tomando el pelo… Unos y otros… Puede que la Justicia no sea la salvación pero es evidente que ganamos todos si la preservamos de la confrontación. Respetándola cuando nos dé la razón y cuando no (incluido Artur Mas) y limitando al máximo los casos de impunidad.

Un director impuesto, ¿lo menos malo?

Magdalena Trillo | 29 de abril de 2012 a las 17:17

Es la primera vez que el director del Festival de Música y Danza de Granada no es elegido por consenso. Corrijo: sin consenso, con bronca institucional, con indignación entre los profesionales y con perplejidad en la ciudad. Por la forma y por el fondo. Porque la elección ha sido una farsa. Un concurso teóricamente público, abierto y ajustado al código de buenas prácticas que ha terminado en sainete con preludio adivinatorio y epílogo de desprestigio incluidos. La crónica de un candidato anunciado. Sólo así se puede entender la ausencia de aspirantes de primer nivel para dirigir el Festival y la ‘desmotivación’ que ha habido entre los profesionales del sector para participar en una convocatoria absolutamente politizada donde el actor principal ha aprovechado más de una rueda de prensa para ‘venderse’ y sus valedores para hacer campaña. ¿Ninguno de los directores y gestores de los grandes festivales de teatro, música y danza de Europa estaba interesado en vincular su trayectoria a Granada? No. No si creen, saben, que el puesto tiene nombre y apellidos.

La versión oficiosa que empieza a circular ante los crecientes corrillos de “incredulidad” y “preocupación” por la decisión del Consejo Rector de elegir como director a Diego Martínez, tal y como había ‘pronosticado’ hace meses el Ayuntamiento, es que ha sido “lo menos malo”. Pero ni ha sido una ‘operación’ de un día ni era desconocido el interés, legítimo por otro lado, de situar al frente del festival más importante de Granada a una persona afín al gobierno municipal y al PP. Ayer mismo me recordaban que fue Juan García Montero quien ‘trajo’ a Martínez de Úbeda con la idea de que fuera el relevo de Carlos Magán en la OCG cuando estalló la crisis de gestión en la orquesta. Entonces, hace ya más de cuatro años, se optó por José Luis Jiménez –con enorme acierto, por cierto– y el aspirante a gerente terminó recalando en el Archivo Falla con una visibilidad y remuneración mucho menos golosa que la prevista.

El momento de mover ficha llegó el pasado mes de octubre cuando, tras doce años como director, Enrique Gámez anunciaba su marcha: no pasó ni una semana y Martínez, funcionario y profesor de música, era el candidato mejor posicionado. El del PP. Porque el proceso se ha dilatado lo suficiente para poder elegirlo de la manera más pragmática y operativa: sumando votos. Ayuntamiento (PP) y Diputación (PP) ya contaban desde el 20-N con el apoyo del Ministerio y sólo tenían que esperar al 25-M para incorporar a la Junta. Ni siquiera el revés electoral en el Gobierno andaluz ha alterado su hoja de ruta. Aunque la Junta aporta más de 700.000 euros y la Diputación, por ejemplo, 128.000, todas las instituciones tienen los mismos votos: dos. Una simple operación aritmética confirma el acuerdo no unánime de la elección.

El pasado martes –justo el día en que finalizaba el contrato del director saliente– se puso sobre la mesa la posibilidad de dejar desierto el concurso y seguir contando con Gámez –la edición de este año está completamente cerrada– a la espera de recomponer la situación. La propuesta fue rechazada de forma tajante por el Ayuntamiento y se acabó arriesgando por “lo menos malo”.

Imagino que ha de ser duro para el propio ‘ganador’ llegar a un festival sabiéndose candidato de un partido, objeto de conflicto institucional y tras un proceso que ha enmascarado un nombramiento a dedo. A mí me queda una duda, por qué nadie ha impugnado el concurso, y una desazón: entre la vorágine de la crisis y el bloqueo de las tres elecciones que hemos sufrido en menos de un año, tal vez nos hayamos confiado (todos) y seamos corresponsables por no exigir las ‘buenas prácticas’ prometidas, despolitizando la elección e imponiendo un mínimo de ética y rigor con un jurado de expertos.

La realidad es que la página de Gámez ya está cerrada y la de Diego Martínez abierta. Por la solidez y solvencia del equipo de profesionales que lo hacen posible, por la propia estabilidad e imagen del Festival y por Granada, ojalá sea un acierto su designación. Ojalá el fondo justifique la forma y ojalá dentro de unos años nadie tenga que mirar con nostalgia y lamentar que el Festival de Granada, con mayúsculas, se haya degradado en un festival “municipal” más. Uno de tantos. Los momentos excepcionales exigen decisiones excepcionales, pero el camino de la excepcionalidad a la mediocridad es cada vez más corto. A Diego Martínez, toda la suerte del mundo.

Salvemos al CB

Magdalena Trillo | 11 de diciembre de 2011 a las 11:07

Nunca he escrito un titular con tanto escepticismo como hoy. Las razones son dos: la primera, las numerosas circunstancias que han terminado confabulándose para llevar al Club Baloncesto Granada a su actual estado de inanición; la segunda, aquí invoco cierta subjetividad, una creencia sobre los principios y los finales que, sin tener nada que ver, no hace más que recordarme a los socialistas. Me refiero al Ave Fénix y a las cenizas. Pienso en aquello que decía Arenas sobre el “suelo” y el “techo” de los dos grandes partidos y aplico la teoría de máximos al deporte: a veces, la única salida (¿final?) es la desaparición. Volver a empezar. La refundación.

El cuadro nazarí está en una de esas ‘veces’ y la única duda, como en el PSOE, es dónde está el suelo. Fue la crisis (más económica que deportiva), fue la irremplazable marcha de José Julián (el día después ha sido caótico y nefasto), fue la caída a la LEB y el consecuente ocaso mediático, fue el ‘talibanismo’ del fútbol con la arrolladora subida del Granada CF a Primera, fue la progresiva retirada de patrocinios (privados e institucionales), fue la inevitable fuga de jugadores y es, resultado de tantos despropósitos, la situación de “desamparo” que la directiva entonó el pasado lunes para anunciar la liquidación del equipo a final de temporada.

Puestos a salvar, sólo se ‘salva’ la afición. La de verdad; no la que ha cambiado el Palacio por los Cármenes ni la que se queda en casa para no sufrir más. Se salvan los que han estado días movilizados en las redes sociales lanzando un pulso para llenar este viernes el pabellón con mensajes de apoyo a los jugadores y rotunda pitada a quienes han dejado “morir” al equipo. Se salvan quienes, después de la enésima derrota, siguen planeando en facebook y twitter cómo recaudar fondos para el club… ¿Una carrera del euro?

El CB Granada se enfrentaba al Lobe Huesca. Como escribía Juanjo Fernández en la previa del partido, era “un papelón”: el desafío era jugar “con la cabeza alta” si pensar en el anuncio de la liquidación de la entidad ni en la advertencia de que los pagos a técnicos y jugadores sólo están garantizados hasta febrero. Fue, sin embargo, un velatorio. Una “derrota estrepitosa”, nos contaba Pablo Quílez. Desolación.

Salvo que aparezca un jeque aficionado al baloncesto, algo masoca y con tendencia suicida al riesgo, el equipo vive sus últimos días. CajaGranada y Caja Rural han dado la estampida (no entraremos en las razones de unos ni en las equivocaciones de otros) y el Ayuntamiento ha confirmado que no puede apoyar con financiación directa al club (la ciudad se había convertido en el principal patrocinador). De momento, ni siquiera puede afrontar los 900.000 euros pendientes de abonar de 2010 y alega el alcalde que, con la aportación del Palacio y la explotación del Pabellón Veleta, contribuye “todo lo que puede”. Pero si las arcas municipales renquean, las cuentas del CB asustan: de los 1,2 millones presupuestados sólo hay garantizados unos 480.000…

Lo paradójico es que es la ciudad de Granada la que quiere ser sede del Mundial de Baloncesto en 2014. Imagínense. Justo veinte años después de la constitución del CB en sociedad anónima, Granada acogerá un Mundial sin equipo de baloncesto local. Oficialmente no lo desvelan, pero me cuentan que el coste del canon podría llegar a los 4 millones y que, incluso, podría estar barajándose la opción de que la capital renuncie a los partidos de la selección española para pagar (sólo) dos millones. ¿Un Mundial en Granada sin Gasol, Rudy Fernández y Ricky Rubio? ¡Mejor nos vamos todos a verlo a Málaga!

Más paradojas. Uno de los proyectos clave de la Universiada de 2015 es el pabellón de hielo, un edificio que ya se ha previsto levantar en la zona norte. ¿Para qué se va a utilizar el Palacio cuando no tengamos equipo de baloncesto? ¿Para la temporada de macroconciertos que tampoco podemos pagar? ¿Lo abandonamos? ¿Especulamos con bloques de pisos? ¿Por qué no se cubre de hielo y se utiliza para el Mundial?

Conjeturas. Impotencia por ver otro ‘histórico’ proyecto en el túnel fúnebre de esta “difícil ciudad”. Nostalgia por ver desaparecer a un equipo que vimos jugar en la ACB. ¿Volverá?

Ciudades inteligentes

Magdalena Trillo | 4 de diciembre de 2011 a las 10:27

El mismo día que en Granada debatíamos sobre el gobierno local y los derechos de los ciudadanos en unas jornadas del Consejo Consultivo, en Barcelona se celebraba un congreso internacional sobre metrópolis inteligentes en el que nuestra ciudad no tenía nada que aportar. La Smart City World Expo ha reunido a 260 expertos y un centenar de compañías para reflexionar sobre las ciudades del mañana, esas estructuras de habitabilidad y supuesta convivencia que hemos ido construyendo sobre anquilosados modelos decimonónicos que sólo nos llevarán al colapso si no se afronta el reto de la sostenibilidad y la gestión eficiente de los recursos. Sólo un dato: el 84% de los habitantes de la tierra viviremos en ciudades en 2050, con más esperanza de vida y mayor prosperidad. Pero, ¿tendremos más calidad de vida?

La smart city es una ciudad que innova; una ciudad que aplica soluciones inteligentes a la movilidad, al medio ambiente, al urbanismo, al consumo energético y hasta a la gobernanza garantizando un desarrollo económico y urbano sostenible. Hablamos de escasez de recursos pero hablamos, también, de negocio. Birmingham, por ejemplo, ha reducido su factura energética instalando un sistema de iluminación con sensores que detectan cuándo hay transeúntes en las calles y Estocolmo ha bajado el precio del transporte público aplicando peajes en los centros urbanos. En España, la consultora IDC ha elaborado un estudio que analiza el grado de “inteligencia” y los planes de futuro de 44 ciudades de más de 150.000 habitantes a partir de 94 indicadores y 23 criterios de evaluación. A la cabeza del ránking se sitúan Málaga, Barcelona, Santander, Madrid y San Sebastián. A continuación están las ciudades ‘aspirantes’, con buenos resultados pero no excelentes, y en el tercer escalafón se sitúan las ‘participantes’, donde encontramos a Granada o Sevilla con un contundente Necesitan Mejorar.

Lo que más llama la atención de estos referentes es cómo combinan la innovación y el desarrollo tecnológico con la aplicación de modelos que permiten preservar lo que tenemos y sortear la actual asfixia financiera en la gestión pública. Austeridad e innovación. En realidad, es la misma filosofía que convierte en rentable la inversión en I+D+i: las empresas que lo hacen son las que tiran del carro y aguantan el envite de la crisis; los países que blindan este capítulo son los que están registrando los mayores niveles de crecimiento. Chile, por ejemplo, ha triplicado en cuatro años su inversión en I+D y será en 2012 el que más crezca de toda la OCDE.

Hoy, cuando todos los informes de prospectiva económica nos advierten de que estamos en el núcleo de la tormenta, los ayuntamientos son a quienes más les toca ocuparse de la ruina y hacer malabarismos financieros ante la caída de ingresos con plantillas sobredimensionadas, funcionamiento inoperante y privilegios que rozan la indecencia. ¿Cómo es posible que paguemos con nuestros impuestos horas extra a un cargo de la Policía Local por ir al fútbol y a la procesión de la Virgen de las Angustias? ¿Es sostenible una provincia con 168 municipios donde la preocupación es seguir montando estructuras administrativas con más ‘independencias’ como es el caso de Valderrubio y Calahonda?

Es la resaca de la era del ladrillo. Como hemos hecho todos, familias, empresas y administraciones, los municipios tienen que digerir ahora los excesos de los años que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. El propio Ayuntamiento de la capital presentará en unos días los presupuestos de 2012 y dará a conocer un puñado de propuestas económicas que, según me cuentan, van a cambiar por completo el modo de funcionar en la entidad local. Un plan de choque para asumir que los ingresos del pelotazo se han esfumado con la misma alevosía con que nos descubrieron los mercados que el crecimiento económico, el empleo y la riqueza de los 80 y los 90 no fueron más que un espejismo. Medidas que, seguro, provocarán contestación. Pero, ¿alguien duda que hace falta un tsunami de innovación e inteligencia en el corazón de las plazas del Carmen de toda España?

Cheques psicológicos

Magdalena Trillo | 3 de mayo de 2009 a las 10:52

EL drama del paro lo sufren los desempleados, pero también quienes ‘resisten’ en sus puestos con el doble de trabajo y el salario congelado y aguardando temerosos a que un burofax o una intempestiva llamada de teléfono les sitúe al otro lado del cristal.

En la manifestación del 1 de mayo de este año, miles de granadinos han salido a las calles bajo el eslogan “frente a la crisis: empleo, inversión pública y protección social”. Está claro que ni el hambre da tregua (basta echar un vistazo a los periódicos y rastrear las continuas noticias sobre robos famélicos) ni los bancos te perdonan el pago de la hipoteca (que se lo digan al parado de Casería de Montijo que ha permanecido 23 días en ayuno sin que haya logrado ‘salvar’ su casa) ni abundan los anuncios por palabras que solucionarían la vida a las familias que ya se ven sin prestación y con todos sus miembros apuntados en las listas del INEM.

Pero nos olvidamos de la otra cara de la crisis, la que golpea calladamente. ¿Ansiedad? ¿Depresión? Es esa otra crisis que desanima y ‘bloquea’ a quienes prosiguen su vida sin mayores altibajos y que llena de ‘desesperados’ los divanes de los psicólogos. La crisis del miedo a lo que pueda pasar…

Lo saben los franceses y empiezan a saberlo las instituciones y empresas españolas. En el país vecino acaban de poner en marcha el llamado cheque-psicológico. Después del cheque-restaurante y del cheque-vacaciones, los empresarios franceses han decidido ‘premiar’ a sus trabajadores unos bonos para que puedan pagar al psiquiatra. Y parece que funciona.

En Granada, el Ayuntamiento va a obligar a todos los cargos directivos a que reciban un curso específico sobre riesgos psicosociales en el trabajo. El objetivo, como anunciaba esta semana el concejal de Personal, no es otro que conseguir que los altos funcionarios eviten las bajas laborales. Un plan de choque contra las ‘contagiosas’ depresiones. ¿Riesgos emergentes? Riesgos en todo caso capaces de echar abajo la estabilidad de cualquier empresa. Y es que, si hay una enfermedad poco controlable, esa es la del espíritu. La del alma. Tan contradictoria como imprevisible.

Frente a la crisis real, la del estómago, la del parado de la zona norte, está la subjetiva. En este grupo podríamos incluir, por ejemplo, el caso de El Güejareño. Ayuna porque no lo incluyen en el cartel taurino del Corpus. Porque el empresario no ha cumplido su palabra. Huelga de hambre por dignidad.

Y luego están los ‘Albert Casals’. .. Este chaval catalán rompe los esquemas de la crisis, de la real y de la psicológica. Un tratamiento de leucemia le salvó la vida pero le dejó sin movilidad. Hoy, sin un euro en el bolsillo, ya se ha recorrido más de 30 países en silla de ruedas y ha publicado un libro en el que relata su periplo: El mundo sobre ruedas. En su rostro, más que el llamativo pelo verdiazul, destaca su sonrisa. Imperturbable. Sincera. Le escuchas confesar que todo lo hace para ser feliz. ¡Asegura que es feliz! Y contagia…

Lo peor es que te hace pensar qué haces tú con tus crisis, y el parado de Casería de Montijo con su ayuno, y El Güejareño con su huelga de honestidad… El mundo siempre ha sido, y siempre será, de los valientes. Hasta los gorriones que sobreviven lanzándose por una pizca de pan en los chiringuitos de la playa lo saben.

Mujeres, sexo e igualdad

Magdalena Trillo | 9 de marzo de 2009 a las 10:55

DÍA de la Mujer Trabajadora. ¿Es una prostituta una mujer trabajadora? ¿Lo son quienes comercian con su cuerpo? Lo que está claro es que nada tiene que ver la joven que acaba convirtiéndose en mercancía de las mafias con la chica sin recursos que se prostituye para sobrevivir y, mucho menos, con la Madame Bovary que hace casi dos siglos retrató Gustave Flaubert…

Y mucho menos tienen que ver todos estos perfiles con las mujeres que hoy, tras siglos de dominación y de silencios, son capaces de vivir su sexualidad sin prejuicios, sumisiones ni tabúes. ¿Viciosas y ninfómanas? Más bien mujeres que se atreven a reivindicar una nueva feminidad y hasta un nuevo erotismo

Y ello a pesar de los ‘riesgos’ que siempre supone abordar el binomio sexo-mujer por la cantidad de colectivos implicados, los frágiles límites que separan unas y otras situaciones y por las zonas de sombras que oscurecen lo que en unos casos es un derecho y en otros un problema ciudadano, una lacra social y hasta un delito punible. En este punto, ¿sería muy arriesgado decir que habría que unir a las ‘asignaturas pendientes’ de la mujer, a sus derechos y a la carrera por la igualdad, otra forma más de conciliación: la sexual?

“Las feministas debemos inventar un nuevo erotismo”. Lo decía hace unos días una empresaria sueca (está visto que en esto de las pasiones las nórdicas nos llevan ventaja) en la presentación de su libro Porno para mujeres. Erika Lusti reivindica el sexo explícito, defiende el porno y advierte sobre otra forma más de machismo: “Las chicas nunca son protagonistas, son simples herramientas, no tienen gusto ni criterio. El porno hecho por hombres transmite valores machistas, racistas y homófobos”.

Por eso, su objetivo es hacer películas en las que no existan clichés del tipo enfermera caliente, teenagers o prostitutas que van con tacones a la cama”. Quiere llevar el “buen gusto” y el estilo al porno. ¿Eso es posible?

No nos equivocamos demasiado si planteamos que la propia erradicación de la prostitución callejera, entendida como explotación y vinculada a la economía sumergida, es también una forma de luchar contra el machismo. En Lleida acaban de aprobar una ordenanza que incluye multas de hasta 3.000 euros. Barcelona ya intentó algo así hace más de dos años en el Raval y la zona del Eixample y, según la prensa local, los resultados han sido bastante positivos.

El Ayuntamiento de Granada, siguiendo estos modelos, también ha emprendido su particular cruzada contra la prostitución en la vía pública. Si todo va bien, se aprobará en unos meses y empezará a aplicarse antes del verano como un punto más de la Ordenanza de la Convivencia.

¿La polémica? Que se opta por la sanción, por ‘hacer caja’, como salida. Sin embargo, el anuncio del equipo de gobierno de destinar íntegramente todo lo que se recaude a ayudar a las prostitutas evidencia que hay una firme intención de atajar el problema y no un afán recaudatorio como se ha criticado.

Si somos capaces de ‘superar’ este punto, tal vez podamos pedir a quienes nos gobiernan, y también a la opinión pública, que se afronte con valentía el debate sobre la prostitución (libre, voluntaria y con todos los derechos y protecciones exigibles) como una profesión más. Tan digna y tan antigua como la vida misma.