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Políticos, jueces y payasos: ¿quién es quién?

Magdalena Trillo | 30 de octubre de 2016 a las 12:50

Podría referirme a la fractura de una formación centenaria como el PSOE que ha terminado envuelta en la bandera de la disciplina de partido para seguir pareciendo un partido, podríamos pensar en los más de 300 días de espectáculo mediático que hemos necesitado en España para acabar claudicando ante un Gobierno tristemente parecido al que se hubiera podido conformar hace un año y podríamos preguntarnos a qué nuevo callejón nos lleva que sean los mismos políticos los que parece que nos representan cuando se sientan en el hemiciclo y, “legítimamente”, decidan no representarnos cuando se movilizan a las puertas del Congreso para protestar por el transcurso de un juego en el que ya son juez y parte.

No son paradojas de la alta política; son contradicciones intrínsecas al momento de transición que estamos viviendo. Y no es sólo en Madrid o Cataluña donde supuran las heridas. El pleno del pasado viernes en Granada sólo puede entenderse desde el diván de la confusión y la incertidumbre, de la ausencia de determinación y los temores con que estamos caminando en lo que tal vez tenga más que ver con una tremenda crisis finisecular de valores, de conceptos y de estructuras que con un coyuntural choque de trenes entre la vieja y la nueva política. Lo que se tambalea es el modelo. Y no es una enmienda al 78; es la constatación de que la vida misma ha cambiado en las plazas y los bares sin que las lámparas de araña y las alfombras rojas de los templos públicos se hayan percatado siquiera.

¿Políticos y jueces se han intercambiado los sillones? Hace años que Félix de Azúa decretó la “muerte del arte”, no dudó en certificar el fin de la literatura en su Autobiografía de papel y hasta se atrevió a situar al periodismo como el “rompeolas de todos los géneros” en lo que podríamos ver ya como una descomposición en cadena de lo conocido, lo aprendido y lo socialmente aceptado.

Reconozco que no sabría decir qué fue antes: si la politización de la justicia o la judicialización de la vida pública. Pero desde la perspectiva de los efectos no es relevante: no hay ni una sola macrocausa o complejo proceso de corrupción en nuestro país que no arrastre la sombra de la utilización partidista, las sospechas de presiones y las crecientes dudas sobre si los viejos principios de objetividad, imparcialidad y honestidad son compatibles con el gran hermano de sobreactuación, superficialidad y alarmante mediocridad con que estamos descafeinando nuestras sobrevaloradas democracias.

paco cuenca

En lo que ocurrió el viernes en la Plaza del Carmen, transmutada en ese teatro con fachada, actores y personajes que hace décadas retrató Erving Goffman con sus teorías sobre la dramaturgia social, tiene mucho que ver el poroso y escurridizo debate sobre los muros y las fronteras que nunca hemos resuelto. De las físicas y las imaginarias. En sentido estricto y en sentido figurado. Sobre cuáles queremos levantar y cuáles derrumbar. Sobre cuáles son útiles y cuáles peligrosas. Podríamos verlo como una transposición de la “muerte de los géneros” que, como en la literatura, también decidimos abrazar los medios de comunicación pensando que estábamos innovando -sin darnos cuenta de que acabaríamos metiéndonos todos en un peligroso círculo de pseudoinformación- y resulta una manera sorprendentemente eficaz de analizar buena parte de las crisis y escándalos que nos sobresaltan a diario.

El conflicto de las puertas giratorias no existiría, por ejemplo, si hubiéramos dejado clara cuál es la frontera entre lo público y lo privado y tampoco nos veríamos sumidos en un constante dilema ético (cuando no deriva en fraude) si los políticos aprendieran a diferenciar lo que es el partido y lo que es la institución cuando llegan al poder. Igual ocurriría con los casos de financiación ilegal (con la Gürtel a la cabeza) si siguiéramos aquel consejo tan sano de diferenciar lo propio y lo ajeno y escándalos como el de las tarjetas black con todo un ‘ex’ del FMI confesando ante un juez que no tenía muy claro cuál era su nómina.

La crisis de esta semana en Granada con la imputación de Paco Cuenca por un juzgado de Sevilla -se investiga a una decena de altos cargos a raíz de una denuncia sindical por unos contratos de su etapa como delegado de Economía de la Junta- no escapa de esta disyuntiva. El interrogante es muy sencillo: ¿es corrupción o estamos ante una presunta irregularidad administrativa? ¿Es un caso penal o debería esclarecerse por la vía de lo contencioso?

La estabilidad misma del gobierno local depende de la respuesta. Hasta tal punto que, en otro ejercicio de malabarismo teatral, toda la oposición convirtió el viernes el pleno municipal en un severísimo juicio al alcalde. Con la firmeza que no se ha conseguido en ninguna de las infructuosas comisiones de investigación que se han llevado a cabo hasta ahora en Andalucía. Llegando a lo que históricamente no ha logrado España en toda su etapa democrática: que los políticos asuman responsabilidades políticas con independencia del camino judicial.

Ahora juzgamos en los plenos y hacemos política en los juzgados. Más que un avance parecen los primeros acordes de un réquiem. Aunque también confuso. Sin saber de qué. Sin atisbar hacia dónde.

Que hasta los McDonalds haya tenido que esconder a Ronald para no asustar a los niños tal vez sea más que un símbolo… Lo llaman clown sights (avistamientos de payasos) y creepy clowns (payasos terroríficos). Los payasos ya no hacen gracia; ahora asustan. Los populares bufones han salido a las calles con navajas, hachas y hasta motosierras para sembrar el terror.

payasos

Podríamos pensar que es cine. Deberíamos estar hablando de Pennywise, Horny o Krusty. Pero no. No están en la pantalla, ni en los libros ni en la imaginación. Ni siquiera es algo esporádico circunscrito a Halloween. En Texas y Alabama se han tenido que cerrar algunos colegios por denuncias vecinales. En Suecia ya se ha registrado algún herido…

La frontera entre el divertimento y la violencia también la hemos tumbado. Como la fiesta y el drama. Como el vodevil y la tragedia. Y todavía está por ver si no sentamos a un payaso en el despacho oval de la Casa Blanca. Si no es un réquiem, se le parece…

¡Nos falta ambición!

Magdalena Trillo | 26 de junio de 2016 a las 11:58

Uu alcalde airado. Un alto cargo de Madrid sumido en la perplejidad. Se llevarán más de veinte años. La impetuosidad de Paco Cuenca choca con el pelo blanco y el aplomo del secretario de Estado. Después de una semana de plantones y desconcierto, Fomento ha accedido a abordar el bloqueo del AVE y el aislamiento ferroviario que sufre Granada desde hace más de un año. Torres Hurtado lo intentó sin éxito. Se enfrentó a su partido y sólo consiguió que la ministra Pastor se hiciera unas fotos con Sebastián Pérez sin comprometerse a nada. Rajoy tampoco lo ha hecho en campaña cuando tuvo la oportunidad en el mitin de postal del Mirador de San Nicolás; sólo dijo que era una “prioridad”.

Finalmente hay reunión, pero en territorio amigo -en la Subdelegación- y sin vecinos, sindicatos, empresarios ni presión social. El alcalde le espeta a Gómez-Pomar que “ya está bien de chorradas”, que bastante se ha despreciado a la ciudad y que lo “primero” que tienen que hacer es “pedir perdón”. El encuentro no sirve para nada. Sólo un par de días más tarde, aparece una foto de la ministra con el alcalde de Ourense firmando un convenio de 100 millones para las obras del AVE gallego. A Granada le piden “comprensión” y “paciencia” ante el chantaje de las constructoras pero a mil kilómetros de distancia, en una ciudad gobernada por el PP, sí hay avances y dinero.

El vídeo del enfrentamiento ha volado en las redes sociales. La primera lectura podría ser crítica: ha sido un exceso; el alcalde le falta el respeto; no había necesidad. Lo que ha trascendido es bien distinto: está defendiendo los intereses de su ciudad. ¡Por fin! La exclamación no es gratuita. Ha surgido un clima de opinión de autoestima y de oportunidad. Ya no es la política del “quejío” a la que nos han acostumbrado, sino una política de enfado y justificada reivindicación. Hemos subido un escalón. Llevamos décadas lamiéndonos las heridas, consintiendo la discriminación, y nos hemos cansado…

No es el efecto Marea Amarilla. No es electoralismo. Es lo inédito de pensar que sí estamos representados. Que hay alguien que pone los intereses de la ciudad por encima del partido y hasta de las buenas formas. Si fuera Paco Cuenca quien se presentara hoy a las elecciones, ¡quién sabe si hasta ganaría! Podríamos cuestionarnos si es como en el boxeo y en las peleas de gallos, cuando el clima lo distorsiona y lo caldea todo, o un momento excepcional de arrogancia y de soberbia. En todo caso, los socialistas no llevan aún ni los cien días de gobierno de rigor y habrá tiempo de evaluar las dos teorías.

De momento, a mí me interesa una muy diferente: el valor de la ambición. Nunca he entendido que tuviéramos que renunciar a una estación de AVE firmada por Rafael Moneo porque era “mucho” para Granada. ¿”Mucho” respecto a qué? ¿En qué contexto? Nadie cuestionaría pedirle a una empresa -incluso exigirle- que sea “competitiva”. Pero los territorios tienen que ser sumisos y solidarios. Más aún las personas. Sin embargo, no hay lógica en el trasfondo; tan sólo la consecuencia de una cultura hipócrita, interesada y punitiva.

En el foro empresarial de debate que Granada Hoy organizó esta semana junto al Grupo Covirán, el presidente de la Cámara de Comercio de España hizo un alegato a favor de la “ambición” (sana) con la misma vehemencia con que defendía las tres T: Talento, Tenacidad y Trabajo. Entre el público, el alcalde asentía convencido: ¡Eso es lo que nos falta en Granada, ambición!

Reconozcamos que si hay algo que admirar de los catalanes es su pragmatismo. Pueden ser brillantes o mediocres pero es difícil encontrarles en operaciones de distracción. Todo tiene un sentido. Y un para qué. Con tono provocador, José Luis Bonet nos recordó lo que hemos perdido con la desaparición de la mili: antes viajábamos entre regiones, nos conocíamos y nos valorábamos; hoy no. Los estereotipos y los clichés han ganado la batalla con la misma facilidad que se han impuesto los nacionalismos y los populismos.

El AVE es sólo un síntoma. Desgasta menos perderse en la coartada de chantajes y de la burocracia que admitir una debilidad. En Granada, además, siempre nos ha ido bien explotando los agravios y mirando hacia atrás con tono de nostalgia. Es una excusa como otra cualquiera para no admitir un fracaso. ¿Se imaginan a Barcelona, Madrid, Valencia o Bilbao quince meses sin tren? Es la política, son las ‘circunstancias’ y somos nosotros… ¡Nos falta ambición!

Segunda oportunidad para Granada

Magdalena Trillo | 8 de mayo de 2016 a las 10:46

Una de las decisiones menores que deberán tomar los socialistas tras poner fin a 13 años de mandato del PP en la capital es decidir si rinden homenaje a Torres Hurtado y colocan el óleo del ex alcalde en la planta noble del Ayuntamiento. Están todos los predecesores. Cada uno eligió su pintor de cámara y sus rostros vigilan, solemnes, a cualquiera que se dirija al simbólico Despacho de la Mariana. El corazón del poder local. En más de una ocasión le pregunté a Pepe Torres si había encargado ya su retrato y la respuesta siempre fue la misma: “Hay tiempo; no quieras que me vaya tan rápido”.

Hoy ya es tarde para los pinceles. De momento, inoportuno. La fotografía inesperada se la tomaron en digital el 13 de abril en la Comisaría. Le gustaba compararse con Antonio Jara recordando que eran los dos únicos regidores que habían conseguido revalidar tres mandatos consecutivos de gobierno en la ciudad. La ambición le ganó; quería superarle. La cuarta victoria le engrandecería en la Wikipedia. Ahora ya ha hecho historia. Otra historia: es el primer alcalde fichado de Granada. Ni su foto ni sus huellas dactilares se borrarán de los registros de la Policía aunque lo declaren inocente de todos los cargos. El próximo jueves tendrá que hace el paseíllo, de nuevo, en los juzgados de Caleta. Otra foto que sumar al esperpento de la mañana en que estalló la operación Nazarí y toda España lo vio saliendo del Ayuntamiento entre cartones.

Las informaciones que se han ido filtrando estos días sobre su implicación directa en la la trama de corrupción urbanística que se está investigando empiezan a cuestionar la versión ampliamente compartida -por amigos y enemigos- de que consintió pero no se enriqueció. Un informe de la UDEF lo sitúa directamente como “cabecilla” y apunta que manejaba las concejalías “a su antojo” para, tal y como ya ha desvelado algún empresario ante la juez, “arreglarlo todo entre bastidores”.

Sobre su espectacular ático de Obispo Hurtado pesa ya algo más que ese dinero procedente de una cuenta de Suiza que le habría prestado su yerno (suizo…). ¿Una metedura de pata de la fiscal? Porque ya ha entrado en escena, de momento de forma discreta, su hermano constructor. Ese mismo con quien trabajaba antes de ser elegido alcalde en 2003. Tal vez ahora haya que dar otra interpretación a aquella vieja noticia de la Gerencia de Urbanismo que les paralizó una obra en Gomérez; tal vez ahora podamos analizar con más claves qué ocurrió cuando Torres Hurtado acabó de forma abrupta con la carrera de Nino García-Royo al frente de Urbanismo.

La versión local de que “el poder corrompe” la iremos concretando esta semana cuando comparezcan en el Juzgado de Instrucción 2 los pesos pesados del caso Nazarí: el director de Obras, Manuel Lorente, la secretaria del Ayuntamiento, Mercedes López Domenech; la concejal de Urbanismo, Isabel Nieto; y el ex el alcalde, Torres Hurtado. Que el poder ‘empacha’ resulta ya una constatación.

Tres semanas han sido suficientes en la Plaza del Carmen para crear un clima de opinión inalterable sobre la necesidad, y la urgencia, del relevo de gobierno. Toda la oposición se ha unido para desalojar al PP. IU ha logrado lo que ya reclamaba el mismo día que estalló el escándalo de corrupción, Ciudadanos ha impuesto (de nuevo) sus condiciones -con la renuncia del diputado de Deportes son ya cuatro las dimisiones que se ha cobrado el caso Nazarí- y Vamos Granada ha dado el paso con el refrendo de sus bases.

paco

 

La llegada de Paco Cuenca a la Alcaldía ha tenido precio, pero asumible. De momento son líneas rojas y decálogos de exigencias las que marcan el cambio de rumbo en el Ayuntamiento de la capital pero, a partir de esta semana, los socialistas tendrán que demostrar que la “gobernabilidad” es posible con un equipo mínimo y llenar de contenido y de pragmatismo los voluntaristas discursos del jueves.

La toma de decisiones no puede esperar. La persiana del PP se ha cerrado y, quienes ya han empezado a recoger papeles y bajar las escaleras del poder, son conscientes de que ni las nóminas de junio están garantizadas. Lo de “abrir ventanas” y “levantar alfombras” queda muy poético pero poco sirve para resolver la situación de parálisis que vive la capital. Es evidente que no se puede gobernar sin saber el nivel de envenenamiento de la herencia recibida, pero tampoco aplazando lo inevitable.

Los 27 concejales que integran la corporación son co-responsables. Con o sin bastón de mando. Todos fueron elegidos por los granadinos el pasado 24 de mayo. Podemos criticar los “acuerdos de despacho” y agitar la campaña electoral denunciando el “atraco” del Pacto de Granada. Pero no nos confundamos. Sí nos representan. Todos. Y tan importante es en una institución local quien gobierna como quien fiscaliza a quien gobierna desde la bancada de la oposición. A los socialistas les ha costado mucho entenderlo. Cinco años ha estado Paco Cuenca esperando su momento y teniendo que convencer, una y otra vez, de qué él no daría la espantá…

Asegura que llega con “energía” y que será “perseverante”. Le hará falta. Lo tiene todo por demostrar y la moción de censura que PP y Ciudadanos podrían sacar adelante en cualquier momento del mandato sigue en la recámara. El desenlace del caso Nazarí contará tanto como el nuevo escenario de juego que imponga el 26-J. Y, por supuesto, la mano izquierda y el diálogo con que sea capaz de lidiar con ese contragobierno que tendrá en frente.

De momento, la estética ya ha cambiado. La última vez que recuerdo tanta gente en un acto de investidura fue en las elecciones del 15-M. Centenares de granadinos indignados gritaban contra los políticos. Esta semana se agolpaban los vecinos de los barrios ilusionados con la oportunidad que puede suponer el cambio de gobierno. En su discurso el nuevo alcalde hasta habló de cultura y de rock… Por la tarde, se sumaba a la Marea Amarilla por el AVE. No quiere coche oficial y sigue llevando a sus hijos al colegio. En su barrio de siempre, en La Chana, ayer parecía una jornada de triunfante resaca electoral.

Le lloverán las críticas. Y las zancadillas. Y no tendrá fácil un mandato que probablemente tenga que afrontar aprobando la subida de impuestos a la que tanto se opuso hace sólo unos meses. Pero ha conseguido conjurar el bloqueo, que a nivel nacional nos ha abocado a una repetición electoral, y el reloj se ha vuelto a poner en marcha. Con otro color. Con otra estética. Con otra ética.

5 de mayo: sigue la función

Magdalena Trillo | 1 de mayo de 2016 a las 9:04

La era Torres Hurtado acabó el 13 de abril cuando los agentes de élite de la Policía Nacional ‘tomaron’ su casa. Dicen que buscaban unos cuantos millones y sólo se encontraron 1.650 euros en una pequeña caja fuerte de los que el ya exalcalde tenía una plausible explicación: acababa de vender el viejo coche de su mujer que tantos dolores de cabeza le habían dado. Nani todavía está afectada. No quiere ni salir de casa. Durante todos los años de vida pública de Pepe Torres, ella se ha entregado como ‘primera dama’ a la ciudad y la han expulsado sin explicaciones.

Son los efectos colaterales de los que todos nos olvidamos cuando subimos el volumen de la radio y nos paralizamos ante la pantalla -¿sorprendiéndonos? ¿reafirmándonos?- viendo cómo les va a los otros. Son personas. Tienen familia. Hay un daño inevitable, y hasta necesario, pero hay otro que entra en la escala del puro espectáculo. Los límites entonces se ensanchan. Incluso hay momentos en los que los personajes se trasmutan y las víctimas hacen de verdugos. Sí, tampoco en la casa de Sebastián Pérez están siendo días fáciles…

¿Lo merecen? ¿Se lo han buscado? ¿Es el precio? ¿Para todos?

La política es implacable. Los medios somos implacables. La vida pública es implacable.

“Lo que diferencia al político del resto de especies es que es el único capaz de ahogar a una camada de pequeños gatitos por diez minutos de prime time”.

Lo de la “vocación” y el “servicio público” viene en el manual, pero a lo que acaba llevando el empacho del poder es al filo de la navaja. A una caprichosa cuerda floja capaz de elevarte con la misma fuerza que te lanza al fango. Con efecto difusor. Con consecuencias incontrolables.

Quien hablaba de la camada de gatitos es el protagonista de House of Cards... El arrogante y soberbio presidente de Estados Unidos capaz hasta de asesinar con sus propias manos por el poder. Por aferrarse al sillón. En el capítulo que vi anoche lanza un mensaje desde su Ala Este de la Casa Blanca: “La política es espectáculo. ¡Demos la mejor función de la ciudad!”.

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Kevin Spacey interpreta al presidenta de Estados Unidos Frank Underwood en la exitosa serie ‘House of Cards’

En España es lo que estamos haciendo desde el 20-D. En Granada es lo que estamos haciendo desde el 24-M. Cuatro meses en blanco. Un año de insostenible rutina de supervivencia.

La nueva política requiere nuevos tiempos. Aparte de una campaña “austera”, es urgente cambiar los actores y ajustar las reglas del juego. Cuatro meses para volver a convocar elecciones son una barbaridad. Lo son cuando sabemos que no es un tiempo necesario para negociar sino para conspirar. Lo son cuando sabemos que en todas las conversaciones hay dos cintas de rodaje: la se que desvela a la opinión pública a través de los medios de comunicación -manipulando, emitiendo información interesada y estratégicamente medida- y la que realmente transcurre al margen de los focos.

También los 10 días que contempla la ley para poder celebrar un pleno de investidura en un Ayuntamiento tras la retirada del alcalde son una eternidad. El pleno del pasado lunes fue puro formalismo: 33 segundos para fulminar 13 años de gestión. Lo que ha venido a continuación combina el postureo con los egos y el afán de protagonismo. Los partidos buscan su espacio. Se reparten su sitio en la foto. Su minuto de gloria.

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Cruce PP-PSOE: los concejales del PP, de camino al Ayuntamiento; los socialistas, tomando café en Calle Navas.

No hay hechos, sólo declaraciones. Intenciones. Vacuidad. El concepto de verdad y mentira se difumina en las “circunstancias”. En el contexto. Los periodistas no podemos más que interpretar y deducir. De lo que nos dicen y, sobre todo, de lo que nos ocultan. De lo que callan.

Les revelo la constatación. En las mesas de conversaciones, en estos últimos días, hay políticos que han llegado a confesar en privado que públicamente tenían que decir ante los medios que su postura es A -el juego obliga- pero que luego será B, que no se preocupen… Tanto es así que no sabremos quién es el próximo alcalde de Granada hasta la mañana del jueves. La plaza interesa a nivel regional; a nivel nacional… Tampoco sabremos qué modelo de ciudad y qué hoja de ruta diseñará el nuevo equipo de gobierno hasta el día siguiente de la investidura. Todo está pendiente del color de la Alcaldía que se refrende la misma mañana del pleno en la Plaza del Carmen y, sobre todo, de lo que se haya ocultado bajo las alfombras.

Si sigue gobernando el PP con Rocío Díaz de alcaldesa habrá sorpresas, pero menores. Controlables. Si son los socialistas los que por fin cogen el bastón de mando con el respaldo del resto de grupos de la oposición, tendremos asegurados titulares de infarto durante todo el mandato. Es seguro que la “herencia recibida” dará juego en urbanismo -las revelaciones del ex jefe del área Jacobo de la Rosa que hoy publicamos no son más que un anticipo- pero es la gestión de toda una década la que será inspeccionada con lupa. ¿Seremos comprensibles cuando nos suban los impuestos?

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Luis Salvador, Sebastián Pérez y Paco Cuenca, en la gala inaugural de TEN. El pasado jueves en Madrid.

En Granada llevamos semanas haciendo de laboratorio de las disfunciones del tablero político nacional pero, en realidad, sólo hay un hilo conductor compartido: sobre nosotros recaerá lo que los partidos no han sido capaces de entender, de gestionar. Para solucionar la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos tendremos que volver a votar el 26-J; para resolver que el “usadme” de Pepe Torres haya sido una proclama de cara a la galería seremos testigos este jueves de una nueva sesión de investidura.

Desde Podemos, Pablo Iglesias ha situado el foco en los medios y se ha empeñado estos días en darnos lecciones de ética. No minusvaloro sus propuestas. Ni siquiera sus críticas. Pero podríamos empezar el debate recordando que no hay espectáculo sin actores. Que no hay espectáculo sin público. Regulemos lo que haya que regular y cambiemos lo que haya que cambiar. Pero pensando en la gente; no contando votos. Entonces sí podremos hacernos la foto el 3 de mayo defendiendo la libertad de prensa.

Caso Nazarí: la tormenta imperfecta

Magdalena Trillo | 24 de abril de 2016 a las 11:27

El problema de las tormentas es que no son controlables. Por eso son tormentas. Porque se desatan y cobran vida propia. Ajenas a los hilos de quien las desata. Perturbadoras. Adversas. Imprevisiblemente imperfectas. Incluso para quienes en un primer momento han podido tener la tentación de zarandear las nubes y han terminado viendo cómo se les escapaban de las manos. Incluso para quienes se han alegrado mirando al cielo creyéndose protegidos de las descargas.

Justo así es el temporal que se ha instalado sobre la Plaza del Carmen desde que hace semana y media nos sobresaltamos con el despliegue policial de la Operación Nazarí. La caída del tablero de Torres Hurtado, Isabel Nieto y Sebastián Pérez ha sido (sólo) el comienzo. Doloroso en lo personal. Estratégico en lo político.

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Frente judicial

La sobreactuación de la UDEF al estilo Rambo sigue siendo contestada dentro y fuera del marco de las fuerzas de seguridad. Tanto como la inédita reacción de la Fiscalía General del Estado desmarcándose de la detención del alcalde. Hasta el presidente del TSJA se ha tenido que pronunciar: la operación judicial se ajustó a la legalidad pero no es “nada habitual” el comunicado que emitió la fiscal y mucho menos que las “diferencias de criterio” entre las distintas partes de una causa se diriman en los medios de comunicación. ¿Se toman demasiados canapés en esta ciudad? Sin cuestionar la obligada independencia y profesionalidad de jueces y fiscales, sólo recordaré que son personas. Con todas sus virtudes, fallos y debilidades. Con sus familias y sus círculos de amistades…

Frente urbanístico

La investigación judicial que ha puesto en marcha toda la macrooperación se inició en enero pero son más de cuatro años los que la cúpula de Urbanismo, incluida la concejal y el interventor del Ayuntamiento, han estado recibiendo denuncias y advertencias sobre posibles irregularidades. Hoy publicamos al detalle parte del expediente relacionado con el residencial de 300 viviendas que J.J. Romero construyó junto a Kinépolis y que ha motivado una de las querellas que están en el origen del Caso Nazarí: decenas de escritos de denuncia y multitud de firmas de los altos funcionarios que han venido haciendo y deshaciendo en Urbanismo -con sus particulares rencillas, enfrentamientos e intereses particulares- y de los responsables políticos. Es sólo una muestra del “cortijo” que muchos ven en el área de Urbanismo. Desde siempre. Desde mucho antes de la etapa de Díaz Berbel.

Frente político

A falta de que se levante el secreto de sumario, es una de las tesis que va imponiéndose sobre el recorrido final que tendrá la macrooperación de la UDEF: el chiringuito de Urbanismo estallaría tarde o temprano y los dos bandos Pepe Torres-Sebastián Pérez que se han llegado a clonar en la sede de las Hermanitas de los Pobres no han hecho más que precipitarlo. Hasta qué punto el propio alcalde se ha implicado -favoreciendo, firmando o beneficiándose- está por ver pero pocos lo sitúan en un escenario de mordidas. Irreversible ha sido, sin embargo, el punto y final a su vida política. Una inmerecida, pero provocada, puerta de atrás.

Torres Hurtado ha accedido por fin a la petición de retirada del PP -nunca debió presentarse a un cuarto mandato- y ha logrado despedirse con la pequeña victoria de obligar a dimitir a su número 2, a quien en estos momentos debería ser el candidato del PP a relevarle y mantener la Alcaldía de la capital. Consigue irse llevándose de trofeo la cabeza de su rival político -en este prime asalto- pero deja un profundo daño en su familia, un golpe irreparable a su imagen, a la del partido y a la de Granada y complicadas consecuencias a su propio equipo.

Porque no nos equivoquemos. Sebastián Pérez sigue manejando el partido -más aún con la muerte de Martínez Soriano justo cuando estaba pergeñando una operación para disputarle el poder en el próximo congreso provincial-, sigue definiendo la estrategia-suya ha sido la decisión de situar a Rocío Díaz como alcaldable- y es mucho lo que el partido le debe por el “gesto de generosidad” del pasado lunes que todo el aparato ya ha empezado a rentabilizar. La retirada de Pepe Torres es definitiva; la suya, sólo un paso táctico. ¿Alguien duda que no sea el candidato del PP en las próximas municipales?

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Paco Cuenca o Rocío Díaz

Si hoy está en tablas la Alcaldía es por la operación del lunes de la triple dimisión. Lo que hizo el PP fue abrir la puerta a la continuidad. Ha llevado la tensión a las filas socialistas, ha vuelto a golpear al candidato socialista con la sombra de la corrupción de los ERE y el caso Invercaria y, con la elección de Rocío Díaz, ha logrado lo inimaginable: que todo el PP se venga arriba, que se aparquen los dos bandos y que hasta se minimice el malestar inicial de haber tenido que enterarse por la prensa.

Si en lugar de Rocío Díaz el candidato fuera, por ejemplo, Juan Antonio Fuentes o María Francés, los de Pepe Torres se habrían rebelado. El propio Fernando Egea, a quien todavía hoy nadie le ha dado una explicación de por qué siendo el siguiente en la lista no es el alcaldable, hubiera protagonizado algún episodio nuevo de crisis. Abandonando o votando en contra. Nada de esto sucederá. Ciudadanos vuelve a tener la llave y, al margen de lo que Luis Salvador quiera decir públicamente, tantas posibilidades hay de que siga el PP como de que se constituya un gobierno de cambio.

Es la semana del cortejo y, en dotes de seducción y maniobras a contrarreloj, los del PP son alumnos aventajados frente a un PSOE que sigue despistado enarbolando la ética y la responsabilidad. Que C’s haya llegado a pedir la cabeza del diputado de Deportes para apoyar a Cuenca no es más que el inicio de un relato. Las jugadas e intereses de los partidos para el 26-J cuentan y los de Rivera no pueden presentarse a las elecciones con la mochila de ser muleta de gobierno de la izquierda en demasiadas plazas.

La propia gobernabilidad de la capital está sobre la mesa. ¿De verdad puede manejar la Plaza del Carmen un alcalde con siete concejales? Seis si la edil Ana Muñoz no abandona su acta de diputada; cinco temporalmente cuando Jemi Sánchez dé a luz… Si ahora ya hay bloqueo y paralización -hasta el pago de las nóminas ha estado en el aire porque no había nadie para firmar-, imaginemos los 11 concejales del PP y los 4 de C’s gobernando la capital desde la bancada de la oposición…

Por mucho “chantaje” que sea pedir la cabeza del exalcalde de Iznalloz, las exigencias de Ciudadanos han de tener una respuesta y ¿seguro que en la Torre de la Pólvora están dispuestos a facilitar el sillón a Paco Cuenca a cualquier precio? Es evidente que no es una decisión que se tome (sólo) en Granada, pero ahora es en las filas socialistas donde emergen las teorías conspiratorias.

Cuando el PP parece dejar atrás su semana negra, la tormenta empieza a virar hacia el PSOE. Son muchos los que siguen sin ver a Cuenca de alcalde y hay quienes sitúan a Noél López en la sombra para minar la posición de Pepe Entrena (el puesto por el que luchó y perdió) y cuestionar a la propia Teresa Jiménez pensando en sus opciones para arrebatarle la secretaría en el próximo congreso provincial.

El caso Nazarí sólo ha desatado la tormenta. Imperfecta. Imprevisible.

¿Y si ahora nos gusta la LAC?

Magdalena Trillo | 28 de junio de 2015 a las 9:23

No es una pregunta trampa aunque sí parcial. La Línea de Alta Capacidad (LAC) con que el equipo de Torres Hurtado rompió la soporífera rutina de su último mandato cumple un año sin que hayamos sido capaces de hacer una radiografía exacta sobre su impacto real en la ciudad más allá de la nostalgia de muchos por los viejos autobuses y la resignación de la mayoría por soportar un sistema que, teóricamente, debía hacernos la vida más fácil y reducir los niveles de ruido y contaminación.

Entre los 21.456 granadinos que hace un mes negaron su voto a Torres Hurtado pasándose a Ciudadanos o quedándose en casa había una buena legión de usuarios de la LAC. Es el coste de gobernar de espaldas a la ciudad; cinco concejales menos. Un hundimiento electoral que ha supuesto una verdadera enmienda a la totalidad a la política de rodillo que el PP ha practicado durante doce años. El correctivo, sin embargo, ha sido más contundente en los barrios que en el centro.

El moderno autobús azul que hoy atraviesa la ciudad funciona. Y empieza a gustar. Los conductores ya no tienen que ejercer de psicólogos improvisados a las 8 de la mañana para calmar a los viajeros cabreados ni dedicar media jornada con cara de suplicio a explicar el nuevo mapa de transporte. Cada tres minutos un autobús; el principal eje de movilidad del casco histórico, despejado; un decibelio menos de ruido en Gran Vía y, lejos de destruirse empleo, un compromiso cumplido de reubicación de los trabajadores ‘sobrantes’ de las antiguas líneas y una promesa de consolidación de puestos que se hará efectiva en otoño.

La ciudad, una parte de la ciudad, la ciudad de los ‘privilegiados’ del centro, ha mejorado. Pero hay una asignatura que sigue pendiente: los desesperantes transbordos que sufren los vecinos de los barrios. Se soslayó el problema en noviembre con la incorporación de tres nuevas líneas atravesando la capital pero el PTS quedó descolgado y la Estación de Autobuses también. Granada, esa Granada que va más allá de La Caleta y el Palacio de Congresos, esa Granada que no tiene sentido si no es en conexión con los 31 municipios del Cinturón, esa Granada que estará obligada a reinventarse con la inminente puesta en funcionamiento del Metro y la llegada del AVE, sigue esperando una salida coherente y eficaz a la movilidad. ¿Alguien está pensando ya en cómo responder a esa Granada real que nada tiene que ver con los intereses de poder del mapa electoral?

Miopía. Con los grandes problemas pasa como con los grandes momentos de la vida; los valoras de verdad cuando ya han pasado. Cuando no se puede volver atrás y no es posible rectificar. En unos casos para evitarlos y en otros, los menos, para apreciarlos. Y somos inopinadamente obstinados. La corrupción, por ejemplo, no es el cáncer de la política de hoy. Con poquísimas excepcionales, lo que hoy estamos juzgando en los tribunales -y en la calle- es la nefasta gestión y los comportamientos delictivos que, al amparo de las instituciones públicas, se han realizado durante los años del ‘boom’ económico. La acción (o inacción) de hoy, la de la austeridad suicida, la que está fulminando a las clases medias, la que nos está empobreciendo y ensanchando la desigualdad social, la que nos está hurtando nuestros derechos más fundamentales, es tan líquida como el tiempo.

Todo se complica, además, cuando a la miopía le sumas un punto de inconsciencia y la peligrosa provisionalidad que se ha instalado en esta sociedad volátil y frenéticamente acelerada del todo para ayer. Equivocamos los debates; llegamos tarde a los debates. Nos pasa a los periodistas; le pasa hasta al Papa… La revolucionaria encíclica sobre el medio ambiente no dice nada que los científicos no hayan escrito hace una década en las revistas de impacto de su sector. Sin tanto eco, por supuesto. Que la guerra de las futuras generaciones será por el agua, por los recursos naturales…; que tenemos la mitad de los continentes convertidos en pestosos vertederos; que, con consecuencias “catastróficas”, estamos viviendo por encima de las posibilidades del planeta… Es mucho más que una ficción y evidencia cómo el riesgo de gobernar es doble y contradictorio: la acción conlleva una responsabilidad pero la apatía también.

Si volvemos a la LAC, es evidente que lo más rentable para el PP (políticamente hablando) hubiera sido no abordar la transformación del transporte a un año de las elecciones. Con la misma vehemencia con que se justifica Rajoy cuando se ve obligado a tomar cualquier decisión, el alcalde siempre recuerda que la LAC es consecuencia del imperativo de cumplir la Ley de Economía Sostenible y reducir un 20% los gases invernadero. Bien. Pero, admitiendo la disculpa de la no-iniciativa y dejando en el aire si la solución era la LAC, ¿se ha conseguido algo?

Pues no lo sabemos. Enarbolamos la bandera de la transparencia, pero para que la practiquen otros. Ha costado semanas de persecución -y una solicitud oficial en el registro por parte de una periodista de este diario- que el equipo de gobierno haga pública su declaración de bienes y con la LAC todo está envuelto en un tremendo misterio. No tenemos datos rigurosos sobre el primer año de funcionamiento y mucho menos de futuro. No sabemos cuánto ha terminado costando y, lo realmente preocupante, no está nada claro que sea sostenible. Sí, la palabra de moda para decir que igual Granada no se la puede permitir… Me cuentan que en agosto se habrá agotado el presupuesto de todo el año. La propia Rober ya tuvo que presentar alegaciones a las cuentas municipales de 2015 y, si se confirman estas sospechas, tal vez el debate que nos aguarde tras las vacaciones no sea por qué calle deban pasar los autobuses ni hasta dónde llegar sino cómo financiar el sistema.

La parte que faltaba a la pregunta inicial es justamente ésta: ¿Y si ahora nos gusta la LAC y no la podemos pagar? No lo sabremos hasta que ocurra; hasta que se haya producido (otro) agujero financiero y se desate el conflicto con la empresa adjudicataria. Es un debate de desgaste que no encaja en el ambiente de “buen rollito” que se ha impuesto en el Ayuntamiento de la capital. Me lo decía esta semana un concejal de la oposición preocupado por esas dinámicas de comisiones, reuniones, diálogo y “todo se va a estudiar” que, al más estilo Mariano, puede terminar aniquilando por dilación y aburrimiento cualquier toma de decisión.

Hay un trasfondo: el alcalde se ha propuesto ganar a pulso su continuidad y el examen llegará a finales de noviembre con las elecciones generales. Votaremos al próximo presidente del Gobierno pero la lectura que se realizará en la capital será local. Si el PP ha rectificado, si ha recuperado la confianza de los granadinos con su nuevo tono de humildad, si Pepe Torres merece una prórroga hasta final de mandato… Tanto es así que el alcalde ya se ha embutido en el traje de regidor honorífico. Va a los actos con áurea institucional y, sobreprotegido por los suyos, no se mete en charcos… Esta semana ni le dejaron contestar a los periodistas ante las denuncias de manipulación y acoso laboral en TG7. Se juegan mucho, sí; el cuarto mandato. Pero el precio no debería ser convertir la transparencia en una opereta y el gobierno en un ejercicio de teatro amateur.

Granada: humildad… pero también ambición

Magdalena Trillo | 21 de junio de 2015 a las 10:30

En esta semana efectista de cambios que han protagonizado los nuevos inquilinos de los ayuntamientos más importantes de España, la prueba más gráfica de la transformación tal vez sean las preparadas fotografías en metro y bicicleta que han empezado a competir con los imponentes coches oficiales a las puertas de los consistorios. Si tomamos como barómetro estas fotos populistas como símbolo del cambio, Granada será una excepción. Si recordamos que la primera acción de gobierno de Torres Hurtado cuando logró la Alcaldía hace 12 años fue cargarse el carril bici de la Avenida Dílar -iba en su programa electoral-, es fácil concluir que la foto del regidor en transporte ecológico nunca se producirá -más plausible sería verlo llegar a lomos de su vieja Bultaco-. Si atendemos a las palabras con que hace justo una semana se presentó a los granadinos para afrontar su cuarto y “último mandato”, la sensación es de piloto automático; evitar charcos, no defraudar, aún más, e intentar reconciliarse con vecinos y oposición para cerrar sus páginas políticas con cierta dignidad. Si de paso convence a Ciudadanos -y a su partido- para aplazar su fecha de caducidad, superar el deadline de noviembre y ‘aguantar’ el mandato…

Resulta difícil entender cómo un alcalde que ha gobernado aplicando cómodamente el rodillo tiene ahora el anhelo inquebrantable de pasar a la historia como el “gran aglutinador”. ¿”Usadme”? Gustaría más o menos, pero cuando el PP cogió las riendas del Ayuntamiento en 2003 había iniciativas, sueños, ambición; no sólo apego al sillón. También había presupuesto, es verdad, pero no es lo único necesario para gobernar una ciudad. La visión y la audacia, la capacidad de sumar, el ingenio para sortear dificultades y encontrar vías de desbloqueo son fundamentales si el objetivo no es sólo permanecer y aguantar sino transformar una ciudad.

Nada más estrenarse como el alcalde, Torres Hurtado puso en marcha el proyecto del Centro Lorca, logró que la familia del poeta aceptara levantar el edificio en el solar del antiguo mercado de La Romanilla pese a que ese mismo espacio lo había ofrecido sin éxito el anterior gobierno tripartito y, no sin dificultades, ha conseguido desarrollar buena parte del programa que ideó para reconciliar a Granada y Federico.

Con un poco de mala suerte, el mayor tributo a la ineptitud que podría tener esta ciudad -compartido por todas las instituciones- amenaza con producirse esta semana si finalmente no se encuentra una salida a la complejísima situación que se ha producido en torno al Centro Lorca con millones de euros sin justificar, sombras sobre la gestión que pueden derivar en la vía penal y un creciente choque de criterios entre las administraciones y la Fundación Lorca que podría conducir a un escenario absolutamente daliniano: que se inaugure el espectacular edificio que diseñó el equipo de arquitectos mexicanos y esloveno sin los fondos del poeta en su interior. Como Castellón tiene su aeropuerto sin aviones, Granada tendría su Centro Lorca sin Lorca. El despropósito en la decadente trayectoria cultural de esta ciudad se uniría a ese sombrío legado de mármol-piedra que representa, por ejemplo, la Gran Vía o a las megalómanas rotondas coronadas con toscas maquinarias y granadas tamaño XXL que han terminado ilustrando ese otro gran fracaso colectivo que ha significado no haber sido capaces de hacer frente a dos de los mayores retos de cualquier ciudad: la movilidad y la expansión. La legítima aspiración a vivir en una ciudad más amable y con mejor calidad de vida.

Muchos, aunque muy pocos se atrevan a escribirlo, comparten estos días el severo diagnóstico que Jerónimo Páez ha realizado de esa Granada “provinciana” que en los últimos años (también al ‘tripartito’ hay que pedirle cuentas) ha ido perdiendo “fuerza política, fuerza cultural y dimensión internacional” al mismo tiempo que se ha ido empobreciendo, “acatetándose” y perdiéndose en “ridículas disputas locales”.

Justo esta semana el Centro de Debate y Desarrollo elegía Granada precisamente por su tradición y proyección, en la víspera además del arranque del Festival de Música y Danza -una de las pocas citas que siguen justificando ese título de ciudad cultural que mantenemos viviendo de las rentas-, para analizar el papel de la cultura como motor de desarrollo, su importancia para el impulso económico más allá de su valor como factor de identidad, en torno a tres de los referentes andaluces más acreditados y solventes en producción cultural: la Alhambra, el Teatro de la Maestranza y el Museo Picasso de Málaga.

Pero en Granada hay que empezar por el principio. La identidad cultural cada vez está más difusa -¿por qué seguimos sin aprovechar nuestra privilegiada posición de puente con el mundo árabe? ¿Por qué no explotamos la conexión con América Latina?-, la capacidad de avanzar en rentabilidad choca una y otra vez con el eterno debate entre turismo masivo y patrimonio -el reciente seminario de la Escuela de la Alhambra ha sido especialmente revelador sobre este tema- y las expectativas de fijar puntales de innovación se diluyen entre polémicas estériles, enfrentamientos partidistas y, con realmente difícil antídoto, la falta de ambición.

Aquí incluyámonos todos. La autocensura aplicada a toda una ciudad. Lo primero que escribí en noviembre de 2003 cuando el alcalde vino de una reunión de Madrid con el proyecto del Centro Lorca bajo el brazo fue que no había fechas ni presupuestos comprometidos pero sí “la voluntad política de todos los patronos para trasladar el legado del poeta a Granada y construir un gran centro cultural en la Plaza de la Romanilla que se convirtiera en un referente de la ciudad”. Pero la voluntad política y las palabras de los acuerdos luego hay que transformarlos en realidades. Y aquí hemos chocado con esa Granada indolente que termina conformándose y empequeñeciéndose pensando que todo es consecuencia de la fatalidad. En dieciséis meses, Málaga ha transformado el garaje de 6.000 metros de su ‘Cubo’ del puerto en el Centro Pompidou, un museo de excelencia e innovador que está ayudando a construir ese perfil de ciudad moderna y cultural con que su alcalde (también del PP) se ha propuesto dibujar la Málaga del siglo XXI. Después de doce años, el gran proyecto cultural de la capital vuelve a situarse en el inaudito laberinto del “todo es posible en Granada”.

Las comparaciones son odiosas pero inexcusablemente necesarias cuando no hay autocrítica. Imagínense lo que podríamos conseguir si a la “humildad”, la disposición al diálogo y a la colaboración que de repente -en una semana- se ha convertido en seña de identidad de un irreconocible equipo de gobierno ‘popular’ fuéramos capaces de sumar una buena dosis de ambición, de profesionalidad y de competencia en la gestión.

Para el “cambio”, aunque sea en el tono, ha bastado una inapelable jornada electoral y dos duras semanas de negociaciones para formar gobierno. Puede que Granada no necesite la foto de un alcalde en bicicleta, pero cuánto avanzaría si esa imagen fuese la antesala de una Granada simplemente mejor.

Desatasco electoral

Magdalena Trillo | 29 de junio de 2014 a las 11:34

De cómo funcione a partir de hoy la Línea de Alta Capacidad dependerá en buena medida la potencia del cartel del PP para las próximas municipales en la capital. La apuesta es de riesgo y el periodo de adaptación será duro pero, si se supera el cambio, Granada habrá dado un salto histórico en transporte público con la mayor transformación del último medio siglo. Lo sabe la concejal responsable, Telesfora Ruiz, y es más que consciente el alcalde convaleciente (el que deshoja la margarita para ver si “da guerra” en septiembre o sigue paseando a sus nietos) cuando ha decidido entregar el epílogo de su tercer mandato a un proyecto tan conflictivo y de tal envergadura.

Reconozcamos que seis años de crisis y de asfixia financiera no sólo han convertido la tijera inaugural en un producto vintage sino que han estrangulado la capacidad de inversión de los municipios y han reducido los ambiciosos programas electorales que tanto animaron los 90 a simples hojas de puesta en servicio. Ese ‘abrir la ciudad’ que ahora es un logro que vender a los vecinos cuando hace sólo una década no era más que una rutina. En este escenario anodino y de mediocridad, la red de nuevos autobuses tiene dos lecturas: en clave urbana, al menos supone novedad y actividad en una ciudad enterrada en obras polémicas e inacabables y, en clave de partidos, dará juego en el terreno político y mediático por el elevado coste electoral que tendrá (veremos en qué sentido).

Desde luego, no es un proyecto para cubrir expediente. Su impacto irá mucho más allá de estos dos últimos meses de obras extra que hemos sufrido en las principales arterias de la capital y pocos granadinos podrán quedar al margen de unos cambios que afectarán directamente a los usuarios de Rober, pero también a los pasajeros del transporte público de todo el Cinturón y a cualquiera que se tenga que ‘mover’ por la ciudad. Sobre ruedas o a pie.

Para conocer la repercusión inmediata de la LAC sólo tendremos que esperar quince días. Es el “periodo de adaptación” que el Ayuntamiento ha diseñado para convencernos -con el colchón del ‘gratis’- de que es un cambio “para mejor” y que eso de “adaptarnos a la economía sostenible europea” tiene ventajas palpables que no se reducen al titular del “transporte ecológico, moderno y eficiente”.

Para calibrar su efecto real en las urnas habrá que esperar casi un año. Hasta las municipales de mayo. Si para entonces funciona el el nuevo modelo, contribuye a reducir atascos y es capaz de convivir con el Metro -confiemos en que algún día se cumplan los plazos para su puesta en marcha y recemos por que sea viable-, Torres Hurtado podrá despedirse de la primera línea de la política con las alforjas no demasiado vacías.

Puede ser uno de sus mayores legados… pero también su ‘tumba’ y la de su equipo. Admitamos que, de entrada, tiene el valor de que es el resultado de una decisión comprometida de gobierno y que poco tiene que ver con la política de rédito electoral que desempolva y entierra proyectos con el mismo pragmatismo con que se suben y bajan los impuesto. Porque, para llenar de papeletas las urnas, es mucho mejor no hacer nada, no tocar la fibra sensible del votante y, si se puede, llenar los bolsillos del contribuyente más que saquearlo. Bien lo sabrá el alcalde de Málaga después del lío del agua que ha montado y que ya le ha costado un sonoro aviso de derrota.

En Granada los socialistas están convencidos de que ‘volverá’ a haber partido en 2015. Hacen sus cuentas en los barrios más cabreados -La Chana con el AVE; el Albaicín con la accesibilidad y Zaidín con Santa Adela, Las Palomas o el Festival de Rock- y ponen velas a San Judas Tadeo para que Torres Hurtado se jubile, convencidos de que ni entre los suyos está claro el relevo. El supuesto ‘tirón’ de Sebastián Pérez -resulta difícil imaginarlo en las verbenas arañando votos a golpe de pasadoble o haciendo paellas- es más que cuestionado y, de momento, genera más incertidumbre que expectativas.

Son meses de cálculos en el PSOE y en el PP. Así se explica que, ahora, de repente, queramos negociar la reforma de Santa Adela o que sea prioritario desbloquear el Plan Albaicín. Y por eso recurren unos y otros al mando a distancia del desatasco que supone Sevilla y, sobre todo, Madrid. Explíquense si no cómo de nuevo se pueden hacer colegios, prometer aumentos de plantilla en los hospitales, devolver pagas extra, inaugurar tramos de autovía y hasta anunciar ¡un adelanto de plazos! en una provincia condenada a las obras eternas.

Si hacen falta elecciones para que de verdad veamos los brotes verdes, ¡que se convoquen todos los años! ¡Vivan las elecciones y aprovechémoslas! Bienvenidos los brotes aunque el color verde sea electoralista.

Rotavator II

Magdalena Trillo | 22 de junio de 2013 a las 12:24

Nada de retiradas y mucho menos de jubilación. Al menos a iniciativa propia. Mientras sienta el “cariño” de los granadinos, el cuerpo aguante, pueda “ser útil” y su partido no se interponga, José Torres Hurtado está dispuesto a seguir al frente del Ayuntamiento de la capital. Con un juego de números fija su horizonte activo en la política: de 2013 a 2031. No sé si habrá hecho las cuentas… ¡18 años más! ¡Ocho mandatos! ¡32 años en el gobierno local! Hace ahora justo una década que el PP lo convenció para que dejara la Delegación del Gobierno en Andalucía y disputara a los socialistas la Alcaldía de Granada. La compensación, en caso de fracaso, serían las listas europeas. Entonces no fue necesario recurrir a Bruselas –puso fin al ‘tripartito’ ganando por mayoría– y hoy es una opción que rechaza tajante.

Sebastián Pérez tendrá que esperar. Y Juan García Montero, también. Y cualquier otro, a la derecha y a la izquierda, que haya echado el ojo a la Plaza del Carmen. Es la primera lectura que se puede extraer de la entrevista que este periódico publica hoy en el ecuador de su tercer mandato. No ha llegado su hora. Torres Hurtado es consciente de que llegará “algún día” en que “alguien” tenga que relevarle, pero no todavía. A su presidente provincial, al “chiquillo” que él mismo metió en las listas del PP cuando era el presidente del comité electoral, tiende la mano: son un “tándem ideal” para Granada, uno en la capital y otro en la provincia. ¡Si a Sebastián Pérez lo he criado yo en mis pechos!”

El problema es que los números empiezan a no salir. A dos años de las municipales, son muchos en el partido los que empiezan a preocuparse porque la Diputación se les escapa. No tanto por la improbable remontada del PSOE como por el imparable ascenso de esa IU que, como decía hace poco uno de sus dirigentes, ya le habla “de tú a tú” a los socialistas. El bipartito de la Junta no sólo no ha estallado en mil pedazos con los primeros conflictos –del fraude los EREs al reciente escándalo de la subida de dietas del Parlamento pasando por la difícil política de recortes– sino que se ha reforzado y se ha convertido en un modelo de oposición a las políticas de Rajoy reivindicable y ‘exportable’. Más aún cuando al PSOE, intentando recuperar protagonismo a nivel nacional, no se le ocurre otra cosa que buscar el refugio del PP marcando distancias con las fuerzas minoritarias justo cuando más rechazo hay al bipartidismo y más real parece aquello de que ‘son lo mismo’. Del pacto que hundió a Zapatero para modificar la Constitución introduciendo el techo de déficit a un descafeinado pacto económico para la cumbre europea de finales de junio que no recoge más que obviedades.

En el PP, aunque Rajoy certifique que el “pesimismo está en retirada”, la impopular –e inefectiva– subida de impuestos de Montoro, la guerra ideológica de Wert con la educación, el hachazo de la ministra ‘subvencionada’ por la Gürtel a la Sanidad y la salida del armario del ‘moderado’ Gallardón pasará factura como ya lo está haciendo la sombra de la sospecha de la financiación ilegal del partido, que se agranda a la misma velocidad que crece la fortuna de Bárcenas en Suiza. ¿Esos millones que se multiplican como las setas son sólo suyos? Torres Hurtado insiste en la teoría de los golfos pero es más que consciente del daño que la corrupción está haciendo –no sólo a los partidos sino a la misma democracia– y de que son los alcaldes los que están en primera línea para aguantar los golpes, los propios y los ajenos. Tal vez lleve razón cuando dice que “no merece la pena estar con el corazón sobresaltado por dinero”, pero la realidad que nos muestran los juzgados es que cada vez son menos los que así lo creen y los que no están en política para ganar dinero. Corrompe el poder y corrompe la avaricia; la vieja avaricia de quienes se obsesionaban con guardar y la nueva avaricia de quienes amasan fortunas para exhibir.

En ninguno de estos planos situaría yo al alcalde de Granada. A Torres Hurtado se le podrán hacer muchos reproches, y seguro que habrá cometido infinidad de errores, pero creo que no se le podrá atacar por haber metido la mano, por no pelear por su ciudad –aun si es en contra de su propio partido– ni por no hablar claro. Hace una semana levantó alguna ampolla cuando se inauguró la nueva sede del PP en el Zaidín y tomó la palabra: ojo, que lo que está en juego es la Diputación. Y, ojo, que quien avisa a navegantes de que no va a dar un paso atrás, quien refuerza la cohesión en su equipo a costa del ‘bando de Sebas’, quien se hace valer en el partido a nivel nacional mientras Torrente y Robles ya maniobran para ocupar el sillón de la presidencia provincial, es Rotavator II.