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Diálogos posibles

Magdalena Trillo | 8 de octubre de 2017 a las 10:09

La exposición de Pilar Albarracín que se muestra estos días en el Palacio de la Madraza podría verse como un gran bodegón de la política española. Cambian los códigos y la agudeza de quien compone pero se desliza la misma inquietud de los mensajes: la artista sevillana recurre al histrionismo y al humor para sumergirse en el imaginario del typical spanish justo cuando media España cuelga una bandera constitucional en el balcón queriendo contrarrestar las esteladas que ondean en tantas calles de Cataluña.

Toros, tacones y lunares. Los mismos ingredientes que utiliza la familia Martínez de Irujo en la campaña que acaba de poner en marcha, “Orgullosos de ser españoles”, para contagiarnos de su “plena identificación” con los valores de “nuestro gran país”. Los mismos símbolos que sintetizan esa España intransigente y de pandereta con la que quieren romper desde Barcelona. Hace sólo unos meses, las pulseras y las tazas reivindicativas del “orgullo español” me hubieran prevenido y alarmado; hoy las tolero y hasta las valoro por cuanto tienen de antídoto y de alerta.

chorizos

A Albarracín le preocupa abiertamente el machismo, la desigualdad o el sometimiento de la mujer pero no menos que la represión del pensamiento, la manipulación y la falta de comprensión en la sociedad actual; no menos que la “perversión”, el conflicto y el agravio del mundo en que vivimos y que tiende a camuflarse en paraísos aparentes de felicidad. Por eso sus luminosos bordados son trampantojos. Por eso se disputan el espacio unos tacones amenazando con “bailar sobre tu tumba”. Por eso es un afilado alfiler el que hacer emerger los lunares rojos de un inmaculado vestido blanco de volantes.

Sus ristras de chorizos de terciopelo brillan más que los que cuelgan en los desvanes de los pueblos andaluces aderezados con corneta pero cumplen una misma función: permitirnos refugiarnos en las metáforas. A veces punzantes y provocadoras; a veces sutiles e irónicas. Pero siempre precisas y desconcertantes; con más empatía y más carga emocional que cualquier titular de prensa.

Sus “diálogos imposibles”, con un insistente juego de cuchillos haciendo malabarismos en torno a una gota de sangre bordada a modo de flor, dicen más del tacticismo de la política de lo que nos permiten las palabras. Es lo bueno de la poesía visual, que no hay límites, líneas rojas ni fronteras; es lo bueno del arte, que cobra todo su sentido cuando “sale a convencer”, “dialoga con la sociedad” y “conecta con la gente”.

Son palacabezasbras de otro creador sevillano, el pintor Luis Gordillo, que también expone estos días en Granada. Casualidades -o no-. A sólo unos metros de Pilar, en el Museo Guerrero, pareciera que sus grandes Cabezas se ríen de nosotros. De nuestra insignificancia y nuestra torpeza; de nuestra cortedad de miras. Forman parte de su “confesión general”, más de 200 obras que recorren sesenta años de creación artística entre el centro de la Diputación y el Palacio de Carlos V de la Alhambra. Con 83 años, sigue explorando, incorporando nuevos lenguajes y reconociendo que ha tenido que “hacerse viejo” para comprender su profundo enamoramiento, su pasión, por la pintura.

 

Sin buscarlo, Albarracín y Gordillo dialogan en Granada. Con varias décadas de distancia, desde postulados artísticos y estéticos muy diferentes, nos interrogan, nos hacen fruncir el ceño y nos roban una media sonrisa. Nos sorprenden y nos espolean sin dogmatismos ni posiciones prefijadas. Sus creaciones discurren vivas y abiertas como si estuvieran pensadas para fluir en una conversación cotidiana. Y es que los dos beben de la cultura popular pero no la manipulan ni nos la sirven travestida.

A diferencia de la política, del no-arte de la política, su obra es honesta y sincera. Nace del convencimiento. No se trata de acertar ni de ganar pero tampoco de engañar. Eso sí, el arte siempre nos propone un juego: que dialoguemos. Aunque ello suponga sumergirnos en una burbuja con “extractos de fuego y de veneno”. Aunque nos obligue a compartir una “confesión general”.

Acción-reacción

Magdalena Trillo | 3 de octubre de 2017 a las 10:46

En la cuenta atrás del 1-O, uno de los documentos que más se ha compartido ha sido el parte oficial del Ministerio de Guerra del 7 de octubre de 1934: “En Cataluña, el presidente de la Generalidad, con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalá. Ante esta situación, el Gobierno de la República ha tomado el acuerdo de proclamar el estado de guerra en todo el país”.

Octubre de 2017. Falta conocer el día exacto, saber el tono y la envergadura de la proclamación, pero cuesta creer que el bloque independentista no haya previsto recurrir al simbolismo de las fechas en su calculada estrategia de ruptura. Cuando el protagonista de Así habló Zaratustra descubrió la visión circular del tiempo, se desmayó de la impresión. La teoría del “eterno retorno sin posibilidad alguna de variación” ha sido muy discutida, pero Nietzsche no hablaba sólo de la repetición de los acontecimientos; lo realmente inquietante era su advertencia de cómo las ideas y los sentimientos quedan atrapados en esa dinámica endiablada.

En la pesadilla popular de “la historia se repite”, filosofía y ciencia nos cuentan lo mismo. Me refiero a Newton: “A cada acción siempre se opone una reacción igual pero de sentido contrario”. Si miramos atrás, partiendo de las masivas Diadas que desde 1977 son una señal del problema catalán hasta este convulso 1 de octubre, no es difícil vernos rehenes de una “acción-reacción” infinita, incomprendida y creciente.

Y lo somos porque seguimos sin querer asumir que la España de las autonomías ha fracasado. El “café para todos” no ha traído la equidad -vivimos en un Estado asimétrico por mucho que invoquemos la igualdad en la Constitución- ni nos ha vacunado de los movimientos populistas y nacionalistas que amenazan toda Europa.

Lo más grave de todo es que, después de una década de crisis económica, también se ha quebrado el principio de solidaridad. Es lo que explica la equidistancia con que en Cataluña se vive el procés y lo que subyace en las movilizaciones de familias enteras que dicen sentirse “atacadas” por un “Estado violento”.

Pero las lamentables imágenes de las cargas policiales son la consecuencia de otro gran fracaso: de la política y colectivo. Desde los oportunistas que se ponen de perfil hasta los que se esconden en las leyes y los que arrastran al vacío a golpe de propaganda. Unos y otros acabamos alimentando el clima de victimismo y humillación que se ha convertido en gasolina de un independentismo cada vez más arraigado. Sin máscaras y sin complejos.

La República Independiente de su Casa

Magdalena Trillo | 1 de octubre de 2017 a las 11:18

Estoy tan cansada, tan saturada del procés catalán, como todos ustedes. Del Junts pel Si y del Junts pel No. De las maniobras tacticistas de los partidos y de sus verdades alternativas. No eludo ninguna responsabilidad ni quiero pecar de ingenua creyéndome en la pista de una tercera vía con salida: no la hay. No ahora y no con los interlocutores de serie b que se han apropiado de los relatos.

No si nos creemos que la “normalidad” es comprar urnas opacas a los chinos para que la gente vote, organizar maratones y fiestas de hermandad en los colegios para mantenerlos abiertos y acosar, aleccionar y hasta cobrar (10 euros) a los periodistas por informar. Parece un chiste. Una mala historia a la que poco contribuye el cachondeo que se ha montado con el barco de Piolín -no falta el Coyote ni el Pato Lucas- que ha atracado en Barcelona en la supuesta logística de refuerzo policial.

Mi verdad es muy simple: dudo. De ellos y de nosotros. Lo blanco y lo negro se desdibuja con la misma cadencia con que se prostituyen las palabras. En unos casos las descafeinamos y en otros las exaltamos sin darnos cuenta de que estamos llevando a nuestra mesa la intransigente ceguera nacionalista de esos grupos de radicales -de izquierdas y de derechas- que siempre son otros.

¿Democracia es votar? Sí y no. Importa el cómo y el para qué. Del 15-M aprendí (y creo que ellos también) que la toma de decisiones asamblearia es una espiral incontrolable que lleva a la inoperancia y al absurdo. Pero ¿no dejar votar es democrático? Aunque hablar de “fascismo” resulta tan excesivo como encontrar tuits de medios extranjeros reavivando el fantasma de una guerra civil, en algún momento alguien deberá explicar por qué, en estas cuatro décadas de sobrevalorada monarquía parlamentaria, Madrid ha preferido mirar para otro lado (el PP ahora y el PSOE por mucho que le pese a Felipe González) mientras en Cataluña desaprendían el español, se adoctrinaba en los colegios y se alimentaba el sentimiento independentista a golpe de tópicos y de interesadas humillaciones.

En el doublethink de Orwell caben todas las contradicciones: la “democracia” que para unos significa independencia y para otros “unidad” y el “diálogo” que para unos tiene que ver con la legitimidad de lograr lo que corresponde por “derecho” y para otros certifica, al margen de fórmulas jurídicas y administrativas, una España de “privilegios” con ciudadanos de primera y de segunda. Si como decía Aristóteles “todo lo que pensamos es la verdad”, es preciso que “todo sea al mismo tiempo verdadero y falso”.

Pocos conflictos como Cataluña evidencian con tanta nitidez la convicción del filósofo griego sobre la naturaleza del ser humano: la mayor parte de los hombres pensamos diferente y, por supuesto, creemos que son los otros quienes están en el error. Pero si la “misma cosa es y no es”, todos “diremos igualmente la verdad”. Aunque sea nuestra verdad.

Lo que los jóvenes de la CUP han conseguido en Cataluña es eliminar el centro, la moderación, dejar a los nacionalistas de la antigua Convergencia en una posición de irrelevancia, fracturar a los partidos constitucionalistas y hacer partícipes a todos a de la vieja teoría de Arzalluz del “árbol y las nueces”. Con o sin garantías, poco importa cuántos voten y qué voten, ha llegado el momento de la sacudida y todo vale lo mismo. Aunque sea para declarar la República Independiente de mi Casa.

Es lo bueno del doblepensar -que se puede ganar y perder a un mismo tiempo- y también lo malo: que no hay ganador posible, que no hay perdedor posible. Las propias palabras, las que elegimos para reafirmar lo que queremos y rechazar lo que nos incomoda, nos encierran en un conflicto sin salida.

Y el coste para escapar parece inasumible porque nos obligaría a salir de nuestra burbuja de confort. Sería como poner la cadena de radio que más te enerva, abrir el periódico que sólo “miente” y poner un ‘me gusta’ al outsider del Facebook. Pero para dar este salto al precipicio, primero habría que empezar a dudar… Y a nadie le gusta ser débil. Ni parecerlo. A nadie le gusta perder. ¿Sólo un millón de votos? ¡También vale!

La batalla de las universidades

Magdalena Trillo | 26 de septiembre de 2017 a las 10:00

El sistema de universidades públicas de Cataluña está “en peligro de extinción”. Es “urgente” aumentar la financiación, reforzar el profesorado e invertir en infraestructuras… El in crescendo del desafío independentista, con la preocupante escalada judicial y policial de los últimos días, ha dejado casi en una anécdota la alerta que el rector de la Universidad de Barcelona lanzó en la apertura del curso pidiendo “derechos, no privilegios”.

Hace años que la reforma del sistema universitario permanece en espera. Con una exigencia compartida para solucionar los problemas de infrafinanciación y contrarrestar la suicida tijera en que se ha traducido la crisis, pero también con la necesidad de mejorar en eficiencia y gobernanza, avanzar en rendimiento académico e investigación y hacer frente a la insistentes críticas de endogamia.

El ex ministro Wert lo intentó cuando levantó a medio país con la controvertida Lomce con menos éxito aún: el informe del comité de expertos, donde se planteaban iniciativas valientes como abrir una segunda vía de contratación estable para profesionales no funcionarios, quedó en el limbo.

Antes del “croissant” del referéndum, el liderazgo y la voz de alerta de las universidades catalanas hubiera servido de palanca para promover un revulsivo a nivel nacional; hoy, toda España mira de reojo a Cataluña temiendo el momento en que decidamos traducir el tsunami emocional a fríos números de calculadora. Porque son “derechos” y sabemos que serán (más) privilegios.

En el último ranking de Shanghái, Barcelona ha consolidado su liderazgo a nivel nacional. Pero por méritos propios y ajenos. Incluso de ese Madrid que tanto les “roba”: en el último lustro, por ejemplo, los centros de investigación de Cataluña han recibido 80 millones de Economía y Ciencia frente a los 3 que han llegado a Andalucía. En un contexto mucho más difícil, Granada ha escalado a la segunda posición adelantando por primera vez a las madrileñas y valencianas.

Talento y excelencia. No es un binomio fácil ni barato. Pero es la verdadera batalla de las universidades públicas. De las andaluzas y de las catalanas. Frente al agresivo empuje de las privadas y frente al competitivo paisaje de la globalización y la digitalización.

El pulso separatista, con el efecto sordina que ha impuesto para cualquier tema que se desmarque del 1-O, se está convirtiendo en un parásito de la vida pública. Pero importa cómo superemos la jornada del domingo tanto como valorar con qué coste. El directo y el colateral; el evidente y el silencioso.

La abuela del 1-O

Magdalena Trillo | 19 de septiembre de 2017 a las 9:31

¿El pueblo frente a la Guardia Civil?

La imagen más icónica sobre el sinsentido de la deriva secesionista, una abuela con los brazos cruzados esperando paciente a que un guardia civil la deje pasar, puede engrosar ya el largo listado de fotos famosas que han sido manipuladas a lo largo de la historia.

El conocido retrato de Abraham Lincoln de 1860, irradiando carisma, firmeza y liderazgo, fue un preparado montaje con su cabeza y el cuerpo del político sureño John Calhoun; paradójicamente un partidario de la esclavitud. En la fotografía de Mussolini de 1942, con la espada en alto sobre un bravío caballo, el propio dictador italiano ordenó que borraran a la persona que sujetaba las riendas para dar más sensación de heroicidad. En 1971, cuando el canciller alemán Willy Brandt se reunió con Brézhnev corrían las cervezas y los cigarros; la prensa soviética eliminó todo indicio de distracción…

Lo que en la era analógica estaba reservado a grandes causas, restringido a quienes manejaban el poder, con el Photoshop y el mundo digital lo hemos democratizado. Y banalizado. Nadie se extraña ya de las continuas polémicas por los retoques de modelos, artistas y famosas y ni siquiera de algunos casos de rebelión -como hizo la actriz Inma Cuesta- cuando ni siquiera se reconocen.

Ha cambiado lo burdo o sofisticado del engaño y la rapidez de la alerta: antes podían sobrevivir décadas; hoy saltan las correcciones en segundos como balas iracundas.

Pero cuando la manipulación se esconde en el contexto, en lo subjetivo de la interpretación, es mucho más escurridiza. Pienso, por ejemplo, en el mítico beso del marinero a la enfermera que se convirtió en icono del fin de la II Guerra Mundial. Todavía hay disputas sobre la identidad de los protagonistas y hasta se le ha dado la vuelta a su simbolismo por cuanto podría implicar de acoso sexual.

La abuela del 1-O no es catalana ni fue testigo de cómo la Guardia Civil registraba el semanario El Vallenc buscando las papeletas del referéndum. No representa al oprimido pueblo catalán clamando por su libertad, su derecho a decidir, frente al autoritarismo de Madrid. La tomó en 2012 un periodista de Última hora en la controvertida toma de posesión de José Ramón Bauzá como presidente balear. Es una esquina de un pueblo de Mallorca. La señora fue a ver a una amiga. Se encontró el despliegue policial y decidió esperar, más de media hora, para no dar la vuelta.

Sus familiares se han quejado del uso político que se ha hecho de la imagen. ¿Importa? La abuela del 1-O forma parte ya del relato del independentismo. Nada tiene que ver la verdad; ni la responsabilidad; ni los derechos de otros; sólo lo que se quiere contar.

1-O: ¿Y si lo más rentable es dejarles votar?

Magdalena Trillo | 17 de septiembre de 2017 a las 10:02

El agujero de la capa de ozono se ha detenido y hasta presenta indicios de recuperación. En parte ha funcionado el Protocolo de Montreal que se firmó hace tres décadas -el 99% de las sustancias que destruyen el ozono ya no se emiten a la atmósfera- pero lo realmente paradójico es que también: aunque se ha producido un aumento de la temperatura en la superficie del planeta, también se está registrando un inesperado enfriamiento en la estratosfera con una intensificación de los flujos de las corrientes desde el ecuador hacia los polos. El resultado de las nuevas “dinámicas” es que se inyecta más oxígeno en las capas altas.

¿Y es bueno? Pues no queda nada claro. Los científicos advierten que “no podemos bajar la guardia” porque resultará casi imposible revertir todo lo que ya hemos destruido. Además, si el incremento de la radiación ultravioleta puede afectar gravemente a la salud humana (cáncer de piel, cataratas, debilitamiento del sistema inmunitario…), el “engrosamiento” de la capa de ozono en las latitudes medias y altas (con especial incidencia en los países nórdicos) también puede tener consecuencias negativas por el desplome de los rayos utravioleta.

¿Entonces? Todo dependerá de cómo evolucionen los procesos dinámicos en la atmósfera, el cambio climático y la emisión de los gases invernadero. Hay que estar alerta, investigar y redefinir los modelos; equivocarse y corregir.

En China, la antigua sede atómica 816 se ha convertido en una atracción turística. Los visitantes recorren 20 kilómetros de túneles y bajan 12 pisos para penetrar en las profundidades de las montañas de Fuling, a orillas del río Yangtze, y ser testigos de la recreación de la primera bomba atómica. Contaba el corresponsal de El Mundo esta semana que era una experiencia entre “mágica y santa”; luces de neón y música estremecedora para evocar una “indeleble” página de la historia. Del máximo secretismo ha pasado a ser un motivo de orgullo -y negocio- para el país.

Al igual que en el caso de la capa de ozono, podemos ver la base 816 como un referente para entender “cómo cambia la percepción histórica de lo que se considera una verdad absoluta”, como una muestra del “giro” que se produjo en China cuando firmó el tratado que prohíbe las explosiones nucleares e, incluso, como una lección de presente…

Al sur de la frontera de Corea del Norte, los vecinos de Choerwon viven la escalada de desafíos de Pyongyang como una rutina: “Para qué preocuparse; si lanzan un cohete, no habrá tiempo ni de pensar”.

Relata un enviado especial de La Vanguardia que en todo Seúl se asume el riesgo de un ataque “como quien puede sufrir un accidente”. Con 48.000 habitantes y 30.000 soldados en el paisaje de sus calles, los vecinos de Choerwon han sido capaces de neutralizar el miedo y hasta de convertir el “turismo bélico” en una fuente de ingresos: oleadas de turistas llegan en autocares y en tren desde Seúl al complejo militar de Panmunjon, recorren los túneles que los norcoreanos excavaron en los 70 para invadirles y vuelven por la tarde a casa con gorras y productos de marketing de su experiencia bélica.

En todo Corea del Sur, pensar en la reunificación parece ciencia ficción. Sobre todo para generaciones jóvenes que viven ajenas a la ira de Kim Jong Un. ¿Se puede hacer algo?: “Es imposible. Hay un problema de mentalidad insuperable. Llevan demasiados años de lavado de cerebro”.

Apliquemos esta última reflexión a Cataluña y probemos a mirar el procés al revés: ¿seguro que lo negativo, lo peligroso, es dejarlos votar? La baza de las palabras la enterramos con el recurso de su Estatuto, los interlocutores están quemados (a los dos lados del Ebro) y cualquier escenario de futuro pasaría por “más para Cataluña y menos para los demás”. Hablo de un referéndum con límites, exigencias y garantías; de la reforma de la Constitución.

En la tensa cuenta atrás del 1-O, es un camino inviable pero tal vez sea lo más rentable para el día después. Y bastaría con dejar a un lado la demagogia y el cinismo y contestar a preguntas como ésta: ¿estamos dispuestos, por ejemplo en Andalucía, a que se apruebe un cupo catalán?

Más que una foto

Magdalena Trillo | 18 de junio de 2017 a las 11:06

En pleno Corpus, encuentro una mañana sobre mi mesa un sobre certificado procedente de Vitoria. El lehendakari me dirige una carta personalizada explicando las razones históricas, sociales y culturales del Concierto Económico Vasco. Un dossier de 24 páginas, en una exquisita edición en papel couché, recoge el argumentario: el origen de los fueros vascos, las vicisitudes del Cupo desde 1878 hasta su última revisión en 2002 pasando por la suspensión de la Dictadura y el reconocimiento jurídico que consagra el Estatuto de Gernika, nuestra Constitución y hasta del Derecho Europeo (incluido el Tribunal de Luxemburgo) a su avanzado “federalismo fiscal”. Por qué es el pilar de su autogobierno y de su estrategia de desarrollo autonómico, en base a qué defienden que los vascos son “solidarios” con lo que desde el resto de España no vemos sino como un privilegio y por qué es un “derecho irrenunciable a preservar”.

Hoy sé más del cupo vasco que del debate andaluz sobre la supresión del impuesto de sucesiones. Y lo que manejo es sólo una síntesis (bien armada y presentada) de palabras, fotografías, documentos y firmas. Que este documento haya llegado a los directores de prensa de Granada puede dar idea de la envergadura de la campaña de información que ha debido emprender Euskadi.

De la transparencia, pragmatismo y astucia con que el Gobierno de Íñigo Urkullu se va a posicionar en la negociación del modelo fiscal que España abordará tras el verano. De la seriedad y solidez con que el pueblo vasco está enterrando la barbarie del terrorismo, esa larga etapa negra de sinrazón que no ha servido más que para deslegitimar sus reivindicaciones. De cómo están reconduciendo su posicionamiento para la necesaria reforma del modelo territorial que ahora sacude la Generalitat de Puigdemont a golpe de populismo, choque de trenes y radicalismo.

Se han invertido los papeles entre El País Vasco y Cataluña. Y casi roza la tragedia el poco legado que hemos sido capaces de atesorar desde aquel 15 de junio de 1977 en que España dijo sí a la Política con mayúsculas, a las libertades y a la democracia. Viramos entre la irresponsabilidad y la frivolidad. En Madrid acabamos de cerrar el espectáculo de la tercera moción de censura de nuestra historia parlamentaria midiendo liderazgos, evaluando victorias y fracasos en clave partidista y situando el terreno para futuras alianzas en un horizonte de creciente clima electoral.

En Cataluña, las urnas se han convertido en un símbolo recurrente de la instrumentalización de las instituciones y de la huida hacia delante de sus dirigentes políticos. Ahora buscan 80.000 voluntarios para que hagan el trabajo de los funcionarios en la consulta ilegal del 1 de octubre sin querer asumir que no es sólo Madrid quien da el portazo al independentismo; lo hizo Estados Unidos, lo hizo Merkel, lo acaba de hacer la Francia de Macron… ¿Nada vamos a aprender (tampoco) del Brexit viendo tambalearse a la ‘dama de porcelana’ que estaba llamada a ser la nueva Thatcher?

El examen de las urnas, de cualquier proceso y a cualquier escala, desde unas primarias hasta un referéndum, no se gana ni se pierde en un día. Es un proceso volátil, impredecible y caprichoso que se va construyendo sobre expectativas y subjetividades pero también sobre realidades tangibles. En la fotografía final que refleja un proceso electoral se integran los aciertos y los errores de la gestión cotidiana con la misma nitidez que lo hace la instantánea de un éxito o un fracaso. Podemos pensar en Urkullu y Puigdemont, en Theresa May y Emmanuel Macron y podemos quedarnos en la política local valorando el significado de la históricafotografía con que Granada ha cerrado filas por el proyecto del acelerador de partículas…

ifmif dones

Es más que una foto. A contracorriente, habla del prestigio de la política y de la utilidad de las instituciones en un momento de profunda confusión y desorientación de los poderes públicos. Es el resultado de una campaña soterrada de trabajo responsable y leal que -por una vez- ha unido a políticos, administraciones, empresarios y científicos por “un proyecto de Estado” que puede convertirse en el mayor revulsivo económico y de desarrollo para la Granada de las próximas décadas. Y para la Humanidad. No es ninguna exageración; es una inesperada y generosa alianza que ha superado susceptibilidades y agravios.

El proyecto tiene un nombre impronunciable (IFMIF-Dones) y un objetivo tan complejo como apasionante: encontrar nuevas formas de energía sostenibles basadas en la fusión nuclear. España compite con Croacia y -por una vez- no hay zancadillas, utilizaciones partidistas ni juegos institucionales boicoteando el proyecto. En pleno Corpus, y con independencia del dictamen final, se contribuye desde Granada al prestigio de la política y de los políticos. Sin teatros ni estridencias. Sin codazos por salir en la foto. Con lealtad y determinación. Con la misma discreción e inteligencia con que el nuevo País Vasco busca su espacio en el puzle nacional y la misma torpeza con que Cataluña se pierde en el laberinto de los excesos, la demagogia y los egos.

Maldita hemeroteca: ¿Más tijera o más impuestos?

Magdalena Trillo | 12 de junio de 2016 a las 10:23

No sólo la crisis nos ha obligado a reciclarnos con cursos avanzados de economía aplicada; también la política. No le prestábamos atención cuando había dinero para invertir, cuando no lastraban los números rojos la gestión y cuando el debate presupuestario se centraba en la discusión -con un inevitable trasfondo electoral- sobre el destino de las partidas. A qué barrios se premia y castiga, a qué comunidades autónomas, a qué colectivos…

Ahora no cuadran las cuentas. Después de ocho años de duros recortes, la aprobación de unos presupuestos que permitan apuntalar la supuesta recuperación se está convirtiendo en una misión imposible en los ayuntamientos que más han soportado la caída de ingresos -y cargan con una insostenible mochila de deuda millonaria con bancos y con proveedores- y en una excusa perfecta para desmontar los quebradizos gobiernos que se han conformado en el último año tras la irrupción de los partidos emergentes, la pérdida de la tranquilidad de las mayorías absolutas y el debilitamiento del bipartidismo.

Cataluña, con el plante de los radicales de la CUP y una moción de confianza contra el presidente Puigdemont a la vuelta del verano, es un ejemplo contundente del fracaso que suponen las huidas hacia adelante. En estos momentos, el horizonte es celebrar otra vez elecciones -ya casi vamos al ritmo de unas por año- y asumir que la inmolación de Artur Mas para favorecer el gobierno de Junts pel Sí para la desconexión con España no ha servido de nada. Otra legislatura fallida. De nuevo la constatación de lo efímero que es someter un gobierno a un partido antisistema, anticapitalista y antieuropeo que decide en reuniones asamblearias.

El diseño de un presupuesto no es un formalismo menor; es el esqueleto de la acción de gobierno. Las tablas excell de ingresos y gastos no son (sólo) economía, son el instrumento para hacer política. Y tampoco en Granada hemos conseguido aprobarlo este año. Antes de ser desalojado del gobierno de la capital tras el escándalo del caso Nazarí, el equipo de Torres Hurtado consiguió dar luz verde a las ordenanzas fiscales pero la pretensión de subir un 10% el IBI frenó en seco la negociación con la oposición. La izquierda municipal no iba a permitir aumentar la presión fiscal sobre los ciudadanos. Tampoco sus ‘socios’ -ahora adversarios y quién sabe qué después del 26-J- de Ciudadanos.

Un mes después de que el PSOE haya tomado la Plaza del Carmen, lo que planea en el debate local es una subida del 20%. ¿El “plan oculto” de los socialistas para sanear las cuentas? ¿Una intoxicación tendenciosa del PP en plena campaña electoral? En cualquier caso, una absoluta contradicción. A diferencia de la política de declaraciones -subjetiva, difícilmente contrastable y en muchos casos imposible de verificar-, lo bueno de esta parte de la gestión pública es que siempre termina en hechos. En realidades. Y una insorteable es que no hay más recorrido para cuadrar las cuentas -las de cualquier casa; las de cualquier país- que controlar ingresos y gastos. Es decir, que sólo podemos hacer frente a los agujeros y a los imprevistos de dos maneras: ajustándonos el cinturón o ganando más. Tijeras o ingresos extra.

Si la situación económica del Ayuntamiento es como la está pintando el equipo socialista -en el “precipicio”, a un paso de la “intervención”-, parece evidente que los próximos meses seremos testigos de durísimos titulares. El PP sospecha que lo que está haciendo el equipo de Paco Cuenca es preparar el terreno para aprobar una fuerte subida de impuestos con la excusa de la herencia recibida y la mala gestión del PP. Esta misma semana los ha acusado de “alarmistas” y ha puesto sobre la mesa la impopular medida del aumento del IBI.

El PSOE tiene ahora la “responsabilidad” que exigía hace unos meses al PP de presentar un proyecto de presupuestos y en su mano está también la decisión de ir por el camino fácil de la subida de impuestos o el correoso de lograr más ingresos renegociando con las empresas públicas, reduciendo gastos de funcionamiento, mejorando la eficiencia de los servicios, abriendo “innovadoras” vías para recaudar más y gestionar mejor… Ellos mismos le dieron las recetas al PP cuando estaban en la bancada de la oposición.

Es economía, es política y es coste electoral. Tal vez irreparable si hablamos de volver a tocar el bolsillo de los ciudadanos después de pasar años exigiendo lo contrario. Siempre estará la coartada de la “herencia recibida” pero también la maldita hemeroteca.

Al otro lado

Magdalena Trillo | 13 de marzo de 2016 a las 10:30

Al otro lado del Atlántico, a diez mil kilómetros de distancia, las tijeras aún funcionan. Las festivas. Las que cortaban cintas inaugurales en la España del boom. Las que fueron símbolo del exceso para luego transmutarse en marca de la austeridad. El vino y los canapés tampoco se han desterrado (aún) de los actos oficiales. Ni siquiera en la Universidad. Una profesora de la UAM acaba de presentar una selección de su obra reciente en la Casa de la Primera Imprenta de América, en el casco histórico de la Ciudad de México, y las autoridades no cabían en la foto. La exposición se titula (Re)apariciones y participan alumnos de la Unidad de Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana.

En la sede de la institución, entre imponentes rascacielos de grandes firmas internacionales, una maqueta con el millonario proyecto de ampliación de la UAM nos recuerda que en América Latina se siguen poniendo ladrillos. Piedras que conectan con el pasado milenario del país azteca con la misma fuerza que hablan de un futuro de oportunidades. Piedras que nada tienen que ver con las que quiere levantar Donald Trump a lo largo de toda la frontera.

Populismo y corrupción. Protestas y reivindicaciones. Recortes. Son las mismas noticias y no lo son. Los refugiados en Europa, las primarias en USA, la telenovela del ‘Chapo Guzmán’… En el viejo DF, también el 8 de marzo es jornada de manifestación en las calles, de colapso de tráfico y de pancartas. Como en cualquier ciudad española, como en cualquier rincón de la civilizada Europa.

A este lado, sin embargo, la bajada del precio del petróleo es motivo de preocupación: el Gobierno de Peña Nieto empieza a hablar tímidamente de recortes, de todo lo que se salvará y no se tocará. Ahora están en la fase de convencer, a los de dentro y a los fuera, de que “no hay crisis”; sólo una ligera “desaceleración”… No voy a contradecir lo que ni siquiera cuestiona la oposición, pero ¿recuerdan la etapa última de Zapatero?

Sorpresivamente, en este viaje no me hablan de Cataluña cuando les confirmo que soy extranjera; de la patria España. En un café de barrio, me felicitan por sentar en el banquillo a una infanta, bromean con la que hemos “armado” en las últimas elecciones y hasta me han llegado a preguntar si al final va a ser el Rey quien solucione la papeleta nombrando presidente. Me desconcierto primero por la locura del comentario, pero lo valoro después. ¿Se imaginan? Nos cargaríamos los pilares de nuestra democracia constitucional, pero nos ahorraríamos continuar el espectáculo de los últimos meses y hasta el gasto de una nueva campaña.

Aunque es un comentario sarcástico, confieso que, dado el nivel de bloqueo y la incapacidad que todos los partidos están demostrando para resolver nuestra endemoniada votación del 20-D, tal vez la salida esté en un camino hasta ahora insondable. Distinto al menos al gomoso chicle que no dejan de estirar políticos y tertulianos en un bucle infinito de redundancias y obviedades. Si la solución para todo es “innovar”, por qué no atrevernos –de verdad– en política.

Y no me refiero ya a la compleja crisis de gobierno. Pienso en el día a día de cualquier institución. Deberíamos alarmarnos si lleva razón una dirigente granadina que hace sólo unos días me sintetizaba con esta elocuencia lo que para los nuevos políticos está suponiendo la nueva política en las nuevas instituciones: “Trabajar tres veces más para hacer tres veces menos”. Cinco largos meses de reuniones han necesitado en la Plaza del Carmen para acordar pintar de azul dos autobuses de barrio, permitir que crucen la Gran Vía con paradas complementarias a la LAC (desde hoy) y evitar cientos de transbordos a los usuarios.

Ahora es el turno del botellódromo y ya nos hemos podido deslumbrar con las aportaciones de algún profesor de la UGR diciendo que “tomar alcohol” forma parte de la idiosincrasia de los granadinos y de nuestro pasado más glorioso… Al margen de estos regalos de lucidez, admitamos que (sólo) porque ya no hay rodillo en el gobierno local lo estamos debatiendo pero preparémonos a continuación para las reuniones –diálogo y negociación lo llaman– que serán necesarias si es que son capaces de decidir algo. Algo que no suponga endosarle a otros el problema; algo que no conduzca a un callejón sin salida.

Podría ayudar creer que nada es inamovible. Que nada tiene que ser como parece que es; como algunos quieren que sea. Las noticias al otro lado del Atlántico son las mismas y no lo son. Me pregunto qué pasaría si pudiéramos sacudir un diario, dejar que cayeran las letras, las fotos, los titulares y lo recompusiéramos de nuevo sin prejuicios. Sin condicionantes previos. Sin patrones aprendidos. Como quien hace un collage. Como las reapariciones de Alejandra Osorio.

Pero para eso hay que situarse, de verdad, al otro lado. Ligero de equipaje.

Política y periodismo en Serie B

Magdalena Trillo | 10 de enero de 2016 a las 10:34

Nunca nos hemos puesto de acuerdo políticos y periodistas sobre la identidad del asesino. Me refiero al culpable de presentar como esperpento y vodevil la actualidad informativa de nuestro país: políticos huyendo por el garaje para no ser ‘cazados’ por la prensa, periodistas convertidos en paparazzi para intentar contar a sus lectores si se repetirán las elecciones en Cataluña, frívolas quinielas sobre el ¿imposible? gobierno de España que saltan del movedizo pantano de las líneas rojas al inocente escenario de los deseos sin otro sustento que la rumorología. No lo sabemos nosotros y, probablemente, no lo sepan ellos. Parece de broma. Un día pontifican, al día siguiente sopla poniente y al tercero recogen velas. Las líneas rojas ya son verdes, naranjas o moradas y ya se puede negociar.

Ahora lo llaman “explorar”. Política en versión boy scout. El sugestivo “puro teatro” con que hace meses retratábamos el desafío soberanista está transmutando en aberración. Y con riesgo de contagio. Artur Mas ni supo llegar ni ha sabido irse y el capítulo de Mariano Rajoy está work in progress. De momento, y a la espera de que algún partido se saque de la chistera una ‘solución a la española’, tan poco viable parece el pacto ‘a la alemana’ que quiere forjar el PP como la gran coalición progresista ‘a la portuguesa’ con que contraatacan los socialistas.

“Lo que la actualidad juzga negro resulta, a veces, en la lejanía, blanco como la nieve”. Lo escribió Ortega y Gasset y, con más dureza, no hace tanto que lo reinterpretó Gregorio Marañón: “La vida hoy es acción pura, sin el noble contrapeso de la razón. Y a esa acción sin freno y sin tope nos empuja el exceso de información, la información de los hechos secundarios a los que da la actualidad falsa categoría”. La tendencia a “pintar el mundo del revés” que el pensador madrileño atribuye a la prensa. Los periódicos sometidos a ese “monstruo anormal de la actualidad” con un preocupante defecto de visión: “La incapacidad de apreciar el verdadero color y las dimensiones exactas de las cosas”.

Estas reflexiones sirven al catedrático emérito Enrique de Aguinaga para tejer su particular tratado sobre las “aberraciones periodísticas” que publica en el último número de la revista de la FAPE. Sin ánimo de cuestionar ni limitar la autocrítica, olvida el profesor de la Complutense que cuando la actualidad tiene que ver con la política -¿y al final no todo es política?- cada vez está más confuso quién es el asesino y quién el cómplice; dónde empieza y dónde termina la espiral de la aberración y por culpa de quién. Porque no se puede sostener el compromiso y la honestidad informativa sobre la volatilidad e incertidumbre que hoy definen la escena pública. Y mucho menos sobre el tacticismo con que se está afrontando.

La clave no es otra que saber si el drama es sobrevenido o buscado. Si la política líquida que tanto nos preocupa es una consecuencia del 20-D porque los españoles no supimos votar (¿de verdad vamos a permitir que nos endosen el papel de verdugos?), porque los protagonistas no desempeñaron bien su papel o porque nadie ahora lo está sabiendo gestionar (¿no hemos aprendido suficiente con Cataluña sobre la frustración final de la clonación electoral?).

Que una cuarta parte de los estadounidenses vea ya la televisión en el baño parece una metáfora de nuestro tiempo. El triunfo de la serie B. Sin estrellas ni historias fabulosas. Con personajes corrientes, complejos y contradictorios. Ya ni siquiera tenemos nostalgia de los héroes. Huimos de los estereotipos y buscamos la normalidad de la vida, del sentido común, en la televisión. Porque es fiable. Porque es creíble.
Cuando se cumplen 50 años de A sangre fría, la célebre novela de Truman Capote que supuso el germen del Nuevo Periodismo, deberíamos volver a preguntarnos cuál es el nuevo periodismo de hoy tanto como cuál es la nueva política de hoy. A veces pienso que estamos volviendo a invertir los papeles. Hace medio siglo lo hicimos desde la literatura y ahora toca recurrir al audiovisual… Lo real discurre líquido en su móvil; con la ficción nos despertamos a diario. Lástima que nos hayamos quedado atrapados en la serie B.