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El ‘cachondeo’ judicial

Magdalena Trillo | 26 de febrero de 2017 a las 12:03

Hace más de 20 años que Pedro Pacheco provocó un tsunami mediático, e institucional, cuando dijo que “la justicia es un cachondeo”. Era febrero de 1985 y la polémica se circunscribía a la paralización de una orden de derribo de un chalé de Bertín Osborne. Luego, y son muchos los que piensan que con un trasfondo de revancha de los intocables de las togas, llegarían las denuncias por su gestión como alcalde de Jerez, la condena a cárcel, los embargos y su entrada final en prisión por dos casos de enchufismo. Hablamos ya de finales de 2014. La crisis económica empezaba a dar paso a la política y, a golpe de escándalos de corrupción y de cabreo ciudadano, empezaba a imponerse una corriente de máxima ejemplaridad que explicaría, por ejemplo, que la tonadillera Isabel Pantoja acabara entre rejas con una pena por blanqueo de capital inferior a dos años.

Había que reconstruir la deteriorada imagen de la Justicia. Demostrar que la justicia era justa, imparcial e independiente… Y parecerlo. De entrada, la lentitud del sistema, con la insistente llamada de atención de jueces y fiscales por la sobrecarga de trabajo, la saturación de los juzgados y la falta de recursos y personal, en nada contribuye. Ni en el fondo ni en las formas. Por la propia indefensión que provoca -ahí están las quejas constantes de los implicados en el caso de las audioguías de la Alhambra- y por el espacio que abre al linchamiento mediático y a la condena y criminalización social.

Pero este talón de Aquiles del poder judicial, un problema que nuestro país viene arrastrando durante toda la etapa democrática de construcción del Estado de Derecho, no es sino la base de cultivo para ese otro ‘cachondeo’ que discurre estos días en paralelo a los grandes casos de corrupción y alimenta la imagen de descrédito, presiones y politización que con tan poca fortuna denunció el histórico político andalucista.

pacheco

Mientras el ya ex jefe superior de Murcia habla siniestramente de “purga”, acosos y asaltos a viviendas de fiscales Anticorrupción, en Twitter sistematizan con agudeza los atenuantes que se habrán aplicado en el caso Nóos para que Iñaki Urdangarin, el cuñado del Rey, para que pueda seguir escondido en Suiza: no ser rapero ni tuitero ni titiritero. Aun dejando de lado los argumentos estrictamente jurídicos de la sentencia, la decisión de las tres magistradas de la Audiencia de Palma acordada este jueves en la vistilla de medidas cautelares es realmente inquietante: libertad sin fianza y con la única preocupación de comparecer una vez al mes en su refugio alpino.

Hace justo un año que un juez de la Audiencia Nacional ordenó prisión provisional sin fianza para los dos titiriteros granadinos que fueron detenidos por “ensalzar a ETA” en un espectáculo programado para las fiestas de Carnaval en Madrid. Había riesgo de fuga así que permanecieron cinco días en el calabozo; hoy, la causa está archivada y ellos siguen representando sus obras, incluida la de La Bruja y Don Quistóbal. En el caso de Urdangarin no hay riesgo de fuga. Ni posibilidad de que vuelva a delinquir ni de que destruya pruebas… No es de extrañar que su abogado confesara a los periodistas que está “entusiasmado”. Y mucho menos que media España especule ya sobre si al final entrará en prisión; si hay dos varas de medir; si la justicia ni es justa ni lo parece.

titiriteros

Hablar de “cachondeo” no es más que un recurso -no niego que exagerado- para alertar de las disfunciones judiciales, pero admitamos que estamos en un momento en que se ha superado ampliamente lo que podríamos considerar aislado y excepcional.

Que un ex alto cargo de la Junta vaya a presidir el tribunal que enjuiciará a Chaves y Griñán (sus jefes durante 6 años) resulta inadmisible por muy legal que sea y muy honesto y solvente que sea el magistrado… Que hayamos convertido el relevo de plazas en el Constitucional en un ‘mercadeo’ de sillones entre los dos grandes partidos -y sin pudor- poco ayuda a desmentir las “purgas”, las presiones y la politización de la justicia… Que Zoido haya puesto en marcha una operación limpieza en Interior tiene (demasiado) de cloacas y de novela negra.

La terapia del carbón

Magdalena Trillo | 8 de enero de 2017 a las 9:30

Nunca he llegado a saber si fue una broma. Que los Reyes dejen carbón a una escolar que aún coquetea con la inocencia debería estar tipificado como causa segura de trastorno emocional. La bolsita de carbón dulce podría entenderse como una llamada de atención; un cargamento de carbón de verdad, del amargo y sucio que se arracima en los braseros de picón y te enciende las espinillas de cabrillas, sólo puede ser un motivo de máxima alerta ante los inevitables pasos que vamos dando hacia el precipicio vital que nos devora en cascada las corazas de protección.

Pero la complicidad y la desconfianza, la ilusión y el fracaso, no siempre juegan en campos contrarios. A veces se confunden; en ocasiones se invierten sin razón aparente; a menudo son interesadas percepciones que se construyen con los sentimientos y se desmontan con los argumentos. ¿Ser “bueno, malo o regular” no tiende a ser la misma cosa? ¿Se puede ser algo todo el tiempo? ¿En cualquier circunstancia? ¿Para todos los ojos?

La explicación se esconde en la amígdala. Eso leí al menos hace unos meses en un estudio de la University College de Londres que se publicó en la revista científica Nature Neuroscience. Evidentemente, el objeto de investigación no era descifrar por qué los Reyes Magos nos sorprenden -para el castigado, siempre sin motivo- con un saco de carbón. A partir de un ensayo clínico con 80 voluntarios, los expertos constataban cómo la amígdala es la zona del cerebro que reacciona ante los malos comportamientos y cómo, y aquí radica el hallazgo de mayor impacto, se va adaptando para no entrar en conflicto. Piensen en el mundo de los negocios y la empresa, en la educación o en la política, piensen en sus propias vidas: estamos programados para no tener remordimientos, para que no nos importe demasiado mentir si obtenemos un beneficio personal, para que las “ataduras morales” no nos causen un choque emocional.

El título del estudio era realmente provocador: “El cerebro de los corruptos se adapta para aceptar sus conductas”. Y sus principales conclusiones: cuando la mentira o el engaño se convierten en habitual, la reacción de la amígdala va disminuyendo; a medida que cultivamos las pequeñas transgresiones en busca de un beneficio, se va generando un cambio de plasticidad neuronal que transforma a esa persona en deshonesta.

Si no interpretamos mal, podríamos deducir que lo que nos revelan desde la ciencia médica es lo fácil -e imperceptible- que resulta saltarse las normas. Las de la convivencia, las morales, las legales. Desde lo más inocente de una imprecisión, una medio-verdad y una mentira a los comportamientos más humillantes, vergonzosos y hasta violentos. Son escalas. Intensidades de un mismo proceso.

Reconozco que para los tiempos en que nos movemos, de profunda incertidumbre y de crisis perpetua -y poco importa si despedimos el 16 o saludamos el 20-, el planteamiento de la amígdala conformista podría resultar apropiado y, por supuesto, juega en el terreno de lo efectista. La cuestión es, si por ello mismo, se queda limitado. Si no deja espacio para la reacción; para la indignación; para la rabia. La individual y la colectiva.

Porque ante una bolsa de carbón te puedes conformar y reír, puedes mirar para otro lado o te puedes revolver. Si pensamos en el 2016 que acabamos de dejar atrás, necesitaríamos una mina a pleno rendimiento para dar todas las llamadas de atención que nos hemos ganado a pulso. Lo admitamos o no. Lo queramos ver o no. Puede que la única certeza que volvamos a tener en este 2017 es que vivimos en un mundo terriblemente complejo; que somos impredeciblemente complejos. Aun estando ante los mismos retos y desafíos, con las mismas inseguridades y temores. Pero sabiendo que, detrás de la imagen cómoda y cinematográfica de la marmota, nada es exactamente igual. Ni siquiera la bolsa de carbón de un 6 de enero…

La máquina del fango

Magdalena Trillo | 16 de octubre de 2016 a las 10:47

Marina Martín no es una delincuente. Cuando hace año y medio fue detenida en su casa de Chauchina, delante de sus hijos, no estaba tan claro. Llegó a dormir en el calabozo y le llegaron a poner las esposas. La ahora directora del Legado Andalusí es uno de los 24 dirigentes andaluces del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) que han estado implicados en la llamada pieza política de los Cursos de Formación. La juez Bolaños lo ha archivado esta semana. Dice que no hubo “nada” delictivo. Critica a la Fiscalía Anticorrupción y al PP por la teoría de la red clientelar y hasta carga contra la UCO de la Guardia Civil por dar pie a todo el proceso judicial. Argumenta que pudo haber irregularidades administrativas, no delitos de prevaricación ni malversación. Que los funcionarios no recibieron órdenes para beneficiar a empresas afines al PSOE. Que es “inverosímil”, que carece del “más mínimo rigor” e, incluso, advierte “errores” en los atestados.

La política socialista confesaba a este diario la sensación “agridulce” que le ha producido el carpetazo del caso. Por cómo se produjo, por lo que ha supuesto para su familia y, aunque no lo dijera, porque ningún titular podrá compensar hoy la sombra de culpabilidad -el “algo habrá hecho”- que la ha perseguido durante todo este tiempo. En pocos casos una resolución judicial de exoneración, nunca una rectificación periodística, es capaz de superar la máquina del fango que termina moldeando una opinión pública basada en la desconfianza, los prejuicios y la sospecha. Un clima social de espectáculo basado en ráfagas de televisión, opiniones de tertulia y titulares sensacionalistas que desencadenan operaciones policiales igualmente alarmantes.

Pero no es (sólo) la judicialización de la vida pública y la necesidad de preservar la presunción de inocencia lo que debería llevarnos a la autocrítica -sin excepciones entre todos los que compartimos la cosa pública-y a la reflexión. También los efectos de la “olla de grillos digital”, del circo mediático, que discurre entre rumores y miserias en una agresiva “deslegitimación del adversario” en la que no hay líneas rojas. Es el “fango” al que aludía Umberto Eco en una de sus últimas entrevistas, las cañerías de intoxicación sobre las que hace un año montó un programa Salvados sentando a discutir a políticos y a periodistas, el estado de permanente narcotización en que nos movemos como audiencias teóricamente bien informadas.

En su conversación con Jordi Evole, el escritor italiano se quedaba corto en el descarnado retrato que realizaba sobre las bajezas que comparten el periodismo y el poder. Porque no es sólo la vida pública y privada lo que hemos desdibujado sacando a flote los trapos sucios y porque no se trata (sólo) de que baste para desacreditar a alguien con decir que “ha hecho algo”. Es la sagrada y exigible frontera entre los hechos y los rumores lo que se ha fracturado; es el dicho periodístico de que “la realidad no te estropee un buen titular” lo que hemos convertido en cotidiano.

En la misma línea que Eco, el ensayista Hernández Bustos disertaba este viernes en una tribuna sobre el “periodismo fantasma” que equipara “verdad y falsedad”, que nos lleva a consumir por igual “información real y pseudohechos disfrazados de noticia” y nos obliga a engullir opiniones prêt-à-porter.

Es otra provocadora forma de acercarse a las tesis del fango que, sin embargo, también deja en un segundo plano el efecto de degradación que se provoca cuando la máquina funciona en sentido contrario y lo revuelve todo. Cuando minimiza los escándalos.

En este clima de confusión y de (nada democrática) equiparación de casos, la distorsión se produce por exceso y por defecto. Ocurre cuando la lavadora se pone en marcha y metemos seda y vaqueros en el mismo tambor. Es entonces cuando podemos argumentar que hay cientos de Pacos Correa por toda España -¿con sus angulas, su “casa” en Génova y sus Jaguar?-, cuando perseguimos por igual a quien se salta el IVA que a los saqueadores de las tarjetas black y cuando terminamos comprendiendo los abusos sexuales de un candidato a la Casa Blanca y hasta fijando niveles de gravedad -una joven ha llegado a decir que no le hubiera importando si Donald Trump sólo se hubiera propasado tocándole el pecho…-

Decimos los periodistas que “todo es susceptible de ser una doble página o un breve”, pero justamente para aprender a discernirlo está el oficio. Y el criterio. Y hasta el sentido común. Todo es relativo y no lo es.

Manual de desconexión estival

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2016 a las 10:30

Queridos políticos. Los españoles, los que no llevamos siete meses vagabundeando, nos vamos de vacaciones. Hemos trabajado duro, hemos pagado nuestros impuestos, hemos ido disciplinadamente a votar -dos veces para nada- y, a la espera de que a algún iluminado del FMI se le ocurra ‘ajustar’ nuestro derecho a descansar, desconectamos. Fundiremos el sofá, asaltaremos los bares y, hasta que el cajero aguante, estrujaremos la tarjeta de crédito.

A nada de esto tienen ustedes derecho. Después del episodio ‘Rajoy en plan Rajoy’, Pablo Iglesias en versión ‘psicópata carismático’, Pedro Sánchez jugando a ‘dónde está Wally’ y Albert Rivera a lo ‘llanero solitario’, más urgente que reformar la Constitución frente al chantaje catalán es poner orden en el ritual de la formación de Gobierno. Propongo aplicar el mismo principio que está rigiendo las negociaciones de investidura: responsabilidad en diferido. Pero con una variante: vacaciones en diferido y sueldos en diferido.

Que se recoja en el BOE: si no hay gobierno, no hay descanso. Y las nóminas, esas que llevan siete meses recibiendo -con sus extras correspondientes- quedan embargadas. Sine die. El mismo horizonte incierto con que España pondrá este año el cartel de ‘cerrado por vacaciones’. ¿Cuánto creen que tardaríamos en tener gobierno?

No sé si recuerdan la película con que Stanley Kubrick puso fin a su carrera cinematográfica. Tan sugerente como el título, Eyes Wide Shut, es el trasfondo de incertidumbre e insatisfacción que destila esa historia compleja y misteriosa que se deja ver una y otra vez sin que consigamos concluir nada. En una espiral de realidad y sueños, los Ojos Bien Cerrados de Kubrick nos llevan al mismo terreno ambiguo y ambivalente que a principios de siglo ya retrató el austriaco Arthur Schnitzler en su novela corta Relato soñado arrastrándonos a un mundo carnavalesco a medio camino entre el sueño y la vigilia.

La política española está a años luz de la intensidad y la fascinación que alcanzan Tom Cruise y Nicole Kidman en este divertimento póstumo del cineasta estadounidense pero no tanto del deterioro y la frustración que se va inoculando en el espectador. La lección más valiosa de estos meses tal vez sea la madurez con que los votantes estamos afrontando la incapacidad de nuestros representantes para representarnos. Es la misma concesión que otorgamos al cine. Nos podemos sorprender, desconfiar y hasta rebelar pero, si la obra es buena, llega un momento en que accedemos a ser cómplices. No significa que bajemos la guardia; es una forma de reconocimiento y participación.

Realmente, es la sugestión del título lo que me lleva de Kubrick a la política viendo tediosos informativos con la depresiva imagen de esos políticos con los ojos cerrados que siguen ocupando titulares, pantallas dactilares y minutos de televisión. ¿De verdad son una opción unas terceras elecciones?

Pero quien me conduce a Kubrick es otro cineasta, el español Alejandro Amenábar, con la envolvente y contradictoria atmósfera de Regresión. Los dos filmes nos sumergen en el enigmático mundo de las sociedades secretas y los macabros rituales con enfoques inversos: ¿están ahí y nos resistimos a verlo o estamos dando carta de realidad a lo que nos inducen a ver?

No entro en si Amenábar responde a las expectativas y dejo al margen si se pierde en un argumento y desarrollo tal vez demasiado repetitivos y previsibles. Lo que me interesa es el envoltorio. La pseudociencia de la regresión; lo psicopatológico por encima del psicoanálisis de Freud. Podríamos preguntarnos si sería una salida someter a los políticos a unas terapias de regresión con la convicción suficiente como para que tengamos gobierno a la vuelta de vacaciones. No tiene que ser real; sólo tienen que creer que lo es.

Lo peligroso es que la regresión también puede funcionar en negativo. Pienso en la Operación Nazarí. A mediados de agosto se cumplen cuatro meses sin que sepamos realmente qué ocurrió. Me cuentan que la jueza está muy nerviosa. Ya ha decretado tres veces el secreto de sumario de un caso que hizo caer a un alcalde, ha hundido la reputación de 17 personas… ¿Y? Pues seguimos especulando. ¿Vieron desde Madrid lo que quisieron ver? ¿Se desinflará el caso como acaba de ocurrir con el de los cursos de formación?

Elimine del Manual de Desconexión Estival el punto “distraerse viendo cine”. La realidad -la actualidad- es tan caprichosa, inaudita y compleja que le seguirá persiguiendo. También en formato 3D. Incluso en vacaciones…

Política ‘on the rocks’

Magdalena Trillo | 3 de julio de 2016 a las 10:32

La política es como el alcohol. Primero te seduce, luego te engancha y, en función del punto de saturación, puede acabar sumiéndote en la más inconsciente complacencia o expulsándote con efecto rebote. Todo depende del qué y del cómo. Son los extremos. En la franja intermedia está el coqueteo. Las burbujas.

No es una metáfora ligera. Que el cava se sirva ahora en una gran copa de balón con mucho hielo no es sólo una moda; tiene que ver con estos nuevos tiempos de inquietud y de experimentación en que vuelve todo lo viejo pero reinventado. Es un momento de sensaciones y de tendencias. De provocación. No hay espacio para los sacrilegios y sí para la novedad compitiendo con el esnobismo, eso que ahora llamamos postureo.

Los productores están obsesionados con identificar los gustos y preferencias del consumidor, adelantarse para acaparar el mercado e, incluso, ser capaces de crear la demanda. El vino, la cerveza y hasta el cava han entrado en un terreno mutante. Cerveza de garnacha negra, champán transmutado en gin-tonic, los sherry wines que regresan a lo vintage y hasta desempolvamos el ritual del vermut para las comidas familiares del fin de semana.

Si a este escenario cambiante y de confusión unimos el adictivo mundo de la coctelería y recalcamos que un factor clave de los nuevos tiempos es la drinkability -todo fácil de beber-, llegamos sin mucha dificultad a la actualidad política: el desconcierto de los partidos con nuestros gustos electorales, los somelliers rompiéndose la cabeza para encontrar el combinado perfecto -al menos el menos malo- y el populismo de lo fácil amenazando con tumbar todo el sistema.

Casi lo único poco interpretable de la resaca del 26-J es que fallaron las encuestas. Otra vez. En Podemos se arrepienten ahora de no haber realizado sondeos propios que pudieran haber atisbado la ilusión del sorpasso para evitar subirse a una ola ficticia de ganadores en un mercado en el que los clásicos siguen aguantando el envite de los emergentes. No hay autocrítica y, puestos a insistir en los errores, no se les ocurre otra cosa que ¡hacer otra encuesta! para saber por qué más de un millón de españoles le han dado la espalda y no ha funcionado su matrimonio de conveniencia con IU.

En las filas socialistas han sido prudentes esta vez evitando calificar de “histórica” su resistencia. Sin embargo, muy en la línea de las divisiones, bandos y guerras internas que el PSOE lleva en su ADN, los movimientos para “reconstruir” el partido han saltado de la escala nacional a la local con la mirada puesta en los congresos que se irán celebrando a la vuelta del verano en cuanto se despeje el puzle del Gobierno -si eso ocurre-.

En Granada, desde luego, no se prevé un cónclave tranquilo. Aunque Teresa Jiménez ha pedido que no se “mezclen” debates, muy en la línea de Susana Díaz cuando advierte que es Pedro Sánchez quien ha perdido en Andalucía (que ella no se presentaba), la realidad es que el PP ha salido fortalecido. En la provincia y en Andalucía. Las elecciones no serán extrapolables a efectos reales de poder pero sí condicionan la vida interna en los partidos. Y el liderazgo o debilitamiento de los equipos. En la capital, por ejemplo, la primera lectura era inevitable: ¿se hundiría el PP por el caso Nazarí? La respuesta era previsible (y sin necesidad de recurrir a las sobrevaloradas encuestas): el coste electoral de la corrupción en España sigue siendo contundente. Ninguno.

Hemos transitado del 20-D al 26-J saturados de política y de sondeos para terminar (casi) igual. Más que mirar a la frutería de Andorra, tal vez lo que nos falte por hacer es una encuesta de las encuestas. Hasta qué punto el clima de opinión que se va dibujando con muestras mínimas, con voto oculto, con medias verdades (o mentiras) y, por supuesto, con respuestas interesadas (¿quién no ha dicho alguna vez que ve los documentales de La 2?) termina condicionando el voto. Está la propia campaña al despiste de los partidos, están los programas electorales de evidente inviabilidad y están los cabezas de cartel que son en sí mismos una contradicción… Pero están sobre todo las expectativas sobre la utilidad final de nuestro voto. ¿Lleva razón Pablo Iglesias? ¡La culpa es de las encuestas! ¿Llevaba razón Susana Díaz? ¡Nos han emborrachado de encuestas!

Segunda oportunidad para Granada

Magdalena Trillo | 8 de mayo de 2016 a las 10:46

Una de las decisiones menores que deberán tomar los socialistas tras poner fin a 13 años de mandato del PP en la capital es decidir si rinden homenaje a Torres Hurtado y colocan el óleo del ex alcalde en la planta noble del Ayuntamiento. Están todos los predecesores. Cada uno eligió su pintor de cámara y sus rostros vigilan, solemnes, a cualquiera que se dirija al simbólico Despacho de la Mariana. El corazón del poder local. En más de una ocasión le pregunté a Pepe Torres si había encargado ya su retrato y la respuesta siempre fue la misma: “Hay tiempo; no quieras que me vaya tan rápido”.

Hoy ya es tarde para los pinceles. De momento, inoportuno. La fotografía inesperada se la tomaron en digital el 13 de abril en la Comisaría. Le gustaba compararse con Antonio Jara recordando que eran los dos únicos regidores que habían conseguido revalidar tres mandatos consecutivos de gobierno en la ciudad. La ambición le ganó; quería superarle. La cuarta victoria le engrandecería en la Wikipedia. Ahora ya ha hecho historia. Otra historia: es el primer alcalde fichado de Granada. Ni su foto ni sus huellas dactilares se borrarán de los registros de la Policía aunque lo declaren inocente de todos los cargos. El próximo jueves tendrá que hace el paseíllo, de nuevo, en los juzgados de Caleta. Otra foto que sumar al esperpento de la mañana en que estalló la operación Nazarí y toda España lo vio saliendo del Ayuntamiento entre cartones.

Las informaciones que se han ido filtrando estos días sobre su implicación directa en la la trama de corrupción urbanística que se está investigando empiezan a cuestionar la versión ampliamente compartida -por amigos y enemigos- de que consintió pero no se enriqueció. Un informe de la UDEF lo sitúa directamente como “cabecilla” y apunta que manejaba las concejalías “a su antojo” para, tal y como ya ha desvelado algún empresario ante la juez, “arreglarlo todo entre bastidores”.

Sobre su espectacular ático de Obispo Hurtado pesa ya algo más que ese dinero procedente de una cuenta de Suiza que le habría prestado su yerno (suizo…). ¿Una metedura de pata de la fiscal? Porque ya ha entrado en escena, de momento de forma discreta, su hermano constructor. Ese mismo con quien trabajaba antes de ser elegido alcalde en 2003. Tal vez ahora haya que dar otra interpretación a aquella vieja noticia de la Gerencia de Urbanismo que les paralizó una obra en Gomérez; tal vez ahora podamos analizar con más claves qué ocurrió cuando Torres Hurtado acabó de forma abrupta con la carrera de Nino García-Royo al frente de Urbanismo.

La versión local de que “el poder corrompe” la iremos concretando esta semana cuando comparezcan en el Juzgado de Instrucción 2 los pesos pesados del caso Nazarí: el director de Obras, Manuel Lorente, la secretaria del Ayuntamiento, Mercedes López Domenech; la concejal de Urbanismo, Isabel Nieto; y el ex el alcalde, Torres Hurtado. Que el poder ‘empacha’ resulta ya una constatación.

Tres semanas han sido suficientes en la Plaza del Carmen para crear un clima de opinión inalterable sobre la necesidad, y la urgencia, del relevo de gobierno. Toda la oposición se ha unido para desalojar al PP. IU ha logrado lo que ya reclamaba el mismo día que estalló el escándalo de corrupción, Ciudadanos ha impuesto (de nuevo) sus condiciones -con la renuncia del diputado de Deportes son ya cuatro las dimisiones que se ha cobrado el caso Nazarí- y Vamos Granada ha dado el paso con el refrendo de sus bases.

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La llegada de Paco Cuenca a la Alcaldía ha tenido precio, pero asumible. De momento son líneas rojas y decálogos de exigencias las que marcan el cambio de rumbo en el Ayuntamiento de la capital pero, a partir de esta semana, los socialistas tendrán que demostrar que la “gobernabilidad” es posible con un equipo mínimo y llenar de contenido y de pragmatismo los voluntaristas discursos del jueves.

La toma de decisiones no puede esperar. La persiana del PP se ha cerrado y, quienes ya han empezado a recoger papeles y bajar las escaleras del poder, son conscientes de que ni las nóminas de junio están garantizadas. Lo de “abrir ventanas” y “levantar alfombras” queda muy poético pero poco sirve para resolver la situación de parálisis que vive la capital. Es evidente que no se puede gobernar sin saber el nivel de envenenamiento de la herencia recibida, pero tampoco aplazando lo inevitable.

Los 27 concejales que integran la corporación son co-responsables. Con o sin bastón de mando. Todos fueron elegidos por los granadinos el pasado 24 de mayo. Podemos criticar los “acuerdos de despacho” y agitar la campaña electoral denunciando el “atraco” del Pacto de Granada. Pero no nos confundamos. Sí nos representan. Todos. Y tan importante es en una institución local quien gobierna como quien fiscaliza a quien gobierna desde la bancada de la oposición. A los socialistas les ha costado mucho entenderlo. Cinco años ha estado Paco Cuenca esperando su momento y teniendo que convencer, una y otra vez, de qué él no daría la espantá…

Asegura que llega con “energía” y que será “perseverante”. Le hará falta. Lo tiene todo por demostrar y la moción de censura que PP y Ciudadanos podrían sacar adelante en cualquier momento del mandato sigue en la recámara. El desenlace del caso Nazarí contará tanto como el nuevo escenario de juego que imponga el 26-J. Y, por supuesto, la mano izquierda y el diálogo con que sea capaz de lidiar con ese contragobierno que tendrá en frente.

De momento, la estética ya ha cambiado. La última vez que recuerdo tanta gente en un acto de investidura fue en las elecciones del 15-M. Centenares de granadinos indignados gritaban contra los políticos. Esta semana se agolpaban los vecinos de los barrios ilusionados con la oportunidad que puede suponer el cambio de gobierno. En su discurso el nuevo alcalde hasta habló de cultura y de rock… Por la tarde, se sumaba a la Marea Amarilla por el AVE. No quiere coche oficial y sigue llevando a sus hijos al colegio. En su barrio de siempre, en La Chana, ayer parecía una jornada de triunfante resaca electoral.

Le lloverán las críticas. Y las zancadillas. Y no tendrá fácil un mandato que probablemente tenga que afrontar aprobando la subida de impuestos a la que tanto se opuso hace sólo unos meses. Pero ha conseguido conjurar el bloqueo, que a nivel nacional nos ha abocado a una repetición electoral, y el reloj se ha vuelto a poner en marcha. Con otro color. Con otra estética. Con otra ética.

5 de mayo: sigue la función

Magdalena Trillo | 1 de mayo de 2016 a las 9:04

La era Torres Hurtado acabó el 13 de abril cuando los agentes de élite de la Policía Nacional ‘tomaron’ su casa. Dicen que buscaban unos cuantos millones y sólo se encontraron 1.650 euros en una pequeña caja fuerte de los que el ya exalcalde tenía una plausible explicación: acababa de vender el viejo coche de su mujer que tantos dolores de cabeza le habían dado. Nani todavía está afectada. No quiere ni salir de casa. Durante todos los años de vida pública de Pepe Torres, ella se ha entregado como ‘primera dama’ a la ciudad y la han expulsado sin explicaciones.

Son los efectos colaterales de los que todos nos olvidamos cuando subimos el volumen de la radio y nos paralizamos ante la pantalla -¿sorprendiéndonos? ¿reafirmándonos?- viendo cómo les va a los otros. Son personas. Tienen familia. Hay un daño inevitable, y hasta necesario, pero hay otro que entra en la escala del puro espectáculo. Los límites entonces se ensanchan. Incluso hay momentos en los que los personajes se trasmutan y las víctimas hacen de verdugos. Sí, tampoco en la casa de Sebastián Pérez están siendo días fáciles…

¿Lo merecen? ¿Se lo han buscado? ¿Es el precio? ¿Para todos?

La política es implacable. Los medios somos implacables. La vida pública es implacable.

“Lo que diferencia al político del resto de especies es que es el único capaz de ahogar a una camada de pequeños gatitos por diez minutos de prime time”.

Lo de la “vocación” y el “servicio público” viene en el manual, pero a lo que acaba llevando el empacho del poder es al filo de la navaja. A una caprichosa cuerda floja capaz de elevarte con la misma fuerza que te lanza al fango. Con efecto difusor. Con consecuencias incontrolables.

Quien hablaba de la camada de gatitos es el protagonista de House of Cards... El arrogante y soberbio presidente de Estados Unidos capaz hasta de asesinar con sus propias manos por el poder. Por aferrarse al sillón. En el capítulo que vi anoche lanza un mensaje desde su Ala Este de la Casa Blanca: “La política es espectáculo. ¡Demos la mejor función de la ciudad!”.

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Kevin Spacey interpreta al presidenta de Estados Unidos Frank Underwood en la exitosa serie ‘House of Cards’

En España es lo que estamos haciendo desde el 20-D. En Granada es lo que estamos haciendo desde el 24-M. Cuatro meses en blanco. Un año de insostenible rutina de supervivencia.

La nueva política requiere nuevos tiempos. Aparte de una campaña “austera”, es urgente cambiar los actores y ajustar las reglas del juego. Cuatro meses para volver a convocar elecciones son una barbaridad. Lo son cuando sabemos que no es un tiempo necesario para negociar sino para conspirar. Lo son cuando sabemos que en todas las conversaciones hay dos cintas de rodaje: la se que desvela a la opinión pública a través de los medios de comunicación -manipulando, emitiendo información interesada y estratégicamente medida- y la que realmente transcurre al margen de los focos.

También los 10 días que contempla la ley para poder celebrar un pleno de investidura en un Ayuntamiento tras la retirada del alcalde son una eternidad. El pleno del pasado lunes fue puro formalismo: 33 segundos para fulminar 13 años de gestión. Lo que ha venido a continuación combina el postureo con los egos y el afán de protagonismo. Los partidos buscan su espacio. Se reparten su sitio en la foto. Su minuto de gloria.

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Cruce PP-PSOE: los concejales del PP, de camino al Ayuntamiento; los socialistas, tomando café en Calle Navas.

No hay hechos, sólo declaraciones. Intenciones. Vacuidad. El concepto de verdad y mentira se difumina en las “circunstancias”. En el contexto. Los periodistas no podemos más que interpretar y deducir. De lo que nos dicen y, sobre todo, de lo que nos ocultan. De lo que callan.

Les revelo la constatación. En las mesas de conversaciones, en estos últimos días, hay políticos que han llegado a confesar en privado que públicamente tenían que decir ante los medios que su postura es A -el juego obliga- pero que luego será B, que no se preocupen… Tanto es así que no sabremos quién es el próximo alcalde de Granada hasta la mañana del jueves. La plaza interesa a nivel regional; a nivel nacional… Tampoco sabremos qué modelo de ciudad y qué hoja de ruta diseñará el nuevo equipo de gobierno hasta el día siguiente de la investidura. Todo está pendiente del color de la Alcaldía que se refrende la misma mañana del pleno en la Plaza del Carmen y, sobre todo, de lo que se haya ocultado bajo las alfombras.

Si sigue gobernando el PP con Rocío Díaz de alcaldesa habrá sorpresas, pero menores. Controlables. Si son los socialistas los que por fin cogen el bastón de mando con el respaldo del resto de grupos de la oposición, tendremos asegurados titulares de infarto durante todo el mandato. Es seguro que la “herencia recibida” dará juego en urbanismo -las revelaciones del ex jefe del área Jacobo de la Rosa que hoy publicamos no son más que un anticipo- pero es la gestión de toda una década la que será inspeccionada con lupa. ¿Seremos comprensibles cuando nos suban los impuestos?

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Luis Salvador, Sebastián Pérez y Paco Cuenca, en la gala inaugural de TEN. El pasado jueves en Madrid.

En Granada llevamos semanas haciendo de laboratorio de las disfunciones del tablero político nacional pero, en realidad, sólo hay un hilo conductor compartido: sobre nosotros recaerá lo que los partidos no han sido capaces de entender, de gestionar. Para solucionar la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos tendremos que volver a votar el 26-J; para resolver que el “usadme” de Pepe Torres haya sido una proclama de cara a la galería seremos testigos este jueves de una nueva sesión de investidura.

Desde Podemos, Pablo Iglesias ha situado el foco en los medios y se ha empeñado estos días en darnos lecciones de ética. No minusvaloro sus propuestas. Ni siquiera sus críticas. Pero podríamos empezar el debate recordando que no hay espectáculo sin actores. Que no hay espectáculo sin público. Regulemos lo que haya que regular y cambiemos lo que haya que cambiar. Pero pensando en la gente; no contando votos. Entonces sí podremos hacernos la foto el 3 de mayo defendiendo la libertad de prensa.

Caso Nazarí: la tormenta imperfecta

Magdalena Trillo | 24 de abril de 2016 a las 11:27

El problema de las tormentas es que no son controlables. Por eso son tormentas. Porque se desatan y cobran vida propia. Ajenas a los hilos de quien las desata. Perturbadoras. Adversas. Imprevisiblemente imperfectas. Incluso para quienes en un primer momento han podido tener la tentación de zarandear las nubes y han terminado viendo cómo se les escapaban de las manos. Incluso para quienes se han alegrado mirando al cielo creyéndose protegidos de las descargas.

Justo así es el temporal que se ha instalado sobre la Plaza del Carmen desde que hace semana y media nos sobresaltamos con el despliegue policial de la Operación Nazarí. La caída del tablero de Torres Hurtado, Isabel Nieto y Sebastián Pérez ha sido (sólo) el comienzo. Doloroso en lo personal. Estratégico en lo político.

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Frente judicial

La sobreactuación de la UDEF al estilo Rambo sigue siendo contestada dentro y fuera del marco de las fuerzas de seguridad. Tanto como la inédita reacción de la Fiscalía General del Estado desmarcándose de la detención del alcalde. Hasta el presidente del TSJA se ha tenido que pronunciar: la operación judicial se ajustó a la legalidad pero no es “nada habitual” el comunicado que emitió la fiscal y mucho menos que las “diferencias de criterio” entre las distintas partes de una causa se diriman en los medios de comunicación. ¿Se toman demasiados canapés en esta ciudad? Sin cuestionar la obligada independencia y profesionalidad de jueces y fiscales, sólo recordaré que son personas. Con todas sus virtudes, fallos y debilidades. Con sus familias y sus círculos de amistades…

Frente urbanístico

La investigación judicial que ha puesto en marcha toda la macrooperación se inició en enero pero son más de cuatro años los que la cúpula de Urbanismo, incluida la concejal y el interventor del Ayuntamiento, han estado recibiendo denuncias y advertencias sobre posibles irregularidades. Hoy publicamos al detalle parte del expediente relacionado con el residencial de 300 viviendas que J.J. Romero construyó junto a Kinépolis y que ha motivado una de las querellas que están en el origen del Caso Nazarí: decenas de escritos de denuncia y multitud de firmas de los altos funcionarios que han venido haciendo y deshaciendo en Urbanismo -con sus particulares rencillas, enfrentamientos e intereses particulares- y de los responsables políticos. Es sólo una muestra del “cortijo” que muchos ven en el área de Urbanismo. Desde siempre. Desde mucho antes de la etapa de Díaz Berbel.

Frente político

A falta de que se levante el secreto de sumario, es una de las tesis que va imponiéndose sobre el recorrido final que tendrá la macrooperación de la UDEF: el chiringuito de Urbanismo estallaría tarde o temprano y los dos bandos Pepe Torres-Sebastián Pérez que se han llegado a clonar en la sede de las Hermanitas de los Pobres no han hecho más que precipitarlo. Hasta qué punto el propio alcalde se ha implicado -favoreciendo, firmando o beneficiándose- está por ver pero pocos lo sitúan en un escenario de mordidas. Irreversible ha sido, sin embargo, el punto y final a su vida política. Una inmerecida, pero provocada, puerta de atrás.

Torres Hurtado ha accedido por fin a la petición de retirada del PP -nunca debió presentarse a un cuarto mandato- y ha logrado despedirse con la pequeña victoria de obligar a dimitir a su número 2, a quien en estos momentos debería ser el candidato del PP a relevarle y mantener la Alcaldía de la capital. Consigue irse llevándose de trofeo la cabeza de su rival político -en este prime asalto- pero deja un profundo daño en su familia, un golpe irreparable a su imagen, a la del partido y a la de Granada y complicadas consecuencias a su propio equipo.

Porque no nos equivoquemos. Sebastián Pérez sigue manejando el partido -más aún con la muerte de Martínez Soriano justo cuando estaba pergeñando una operación para disputarle el poder en el próximo congreso provincial-, sigue definiendo la estrategia-suya ha sido la decisión de situar a Rocío Díaz como alcaldable- y es mucho lo que el partido le debe por el “gesto de generosidad” del pasado lunes que todo el aparato ya ha empezado a rentabilizar. La retirada de Pepe Torres es definitiva; la suya, sólo un paso táctico. ¿Alguien duda que no sea el candidato del PP en las próximas municipales?

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Paco Cuenca o Rocío Díaz

Si hoy está en tablas la Alcaldía es por la operación del lunes de la triple dimisión. Lo que hizo el PP fue abrir la puerta a la continuidad. Ha llevado la tensión a las filas socialistas, ha vuelto a golpear al candidato socialista con la sombra de la corrupción de los ERE y el caso Invercaria y, con la elección de Rocío Díaz, ha logrado lo inimaginable: que todo el PP se venga arriba, que se aparquen los dos bandos y que hasta se minimice el malestar inicial de haber tenido que enterarse por la prensa.

Si en lugar de Rocío Díaz el candidato fuera, por ejemplo, Juan Antonio Fuentes o María Francés, los de Pepe Torres se habrían rebelado. El propio Fernando Egea, a quien todavía hoy nadie le ha dado una explicación de por qué siendo el siguiente en la lista no es el alcaldable, hubiera protagonizado algún episodio nuevo de crisis. Abandonando o votando en contra. Nada de esto sucederá. Ciudadanos vuelve a tener la llave y, al margen de lo que Luis Salvador quiera decir públicamente, tantas posibilidades hay de que siga el PP como de que se constituya un gobierno de cambio.

Es la semana del cortejo y, en dotes de seducción y maniobras a contrarreloj, los del PP son alumnos aventajados frente a un PSOE que sigue despistado enarbolando la ética y la responsabilidad. Que C’s haya llegado a pedir la cabeza del diputado de Deportes para apoyar a Cuenca no es más que el inicio de un relato. Las jugadas e intereses de los partidos para el 26-J cuentan y los de Rivera no pueden presentarse a las elecciones con la mochila de ser muleta de gobierno de la izquierda en demasiadas plazas.

La propia gobernabilidad de la capital está sobre la mesa. ¿De verdad puede manejar la Plaza del Carmen un alcalde con siete concejales? Seis si la edil Ana Muñoz no abandona su acta de diputada; cinco temporalmente cuando Jemi Sánchez dé a luz… Si ahora ya hay bloqueo y paralización -hasta el pago de las nóminas ha estado en el aire porque no había nadie para firmar-, imaginemos los 11 concejales del PP y los 4 de C’s gobernando la capital desde la bancada de la oposición…

Por mucho “chantaje” que sea pedir la cabeza del exalcalde de Iznalloz, las exigencias de Ciudadanos han de tener una respuesta y ¿seguro que en la Torre de la Pólvora están dispuestos a facilitar el sillón a Paco Cuenca a cualquier precio? Es evidente que no es una decisión que se tome (sólo) en Granada, pero ahora es en las filas socialistas donde emergen las teorías conspiratorias.

Cuando el PP parece dejar atrás su semana negra, la tormenta empieza a virar hacia el PSOE. Son muchos los que siguen sin ver a Cuenca de alcalde y hay quienes sitúan a Noél López en la sombra para minar la posición de Pepe Entrena (el puesto por el que luchó y perdió) y cuestionar a la propia Teresa Jiménez pensando en sus opciones para arrebatarle la secretaría en el próximo congreso provincial.

El caso Nazarí sólo ha desatado la tormenta. Imperfecta. Imprevisible.

Sálvese quien pueda

Magdalena Trillo | 17 de abril de 2016 a las 11:30

En el PP ya no hay redes de protección ante la corrupción. La fulminante dimisión del ministro Soria por su implicación en los papeles de Panamá, después de construir una decena de versiones contradictorias sobre su relación con empresas en paraísos fiscales, tiene una lectura local muy simple: Torres Hurtado tendrá que defenderse solo. El PP lo ha dejado caer con un sólido argumentario que deja poco espacio para las teorías conspiratorias, las guerras internas y las luchas de poder: la macrooperación que el cuerpo de élite de la Policía Nacional ha desplegado esta semana en Granada no responde a cuestiones menores.

: Granada : Perfil Pepe Torres

El político que no supo irse a tiempo (por Andrés Cárdenas)

Al margen del recorrido judicial del caso -está por ver si hay toda una trama de corrupción instalada en el Ayuntamiento con la connivencia de altos funcionarios y destacados empresarios de la ciudad y hasta qué punto estaría implicado directamente el regidor-, lo que hemos escrito estos días en los medios de comunicación de toda España es el inesperado epílogo de quien ha sido uno de los alcaldes más valorados y respetados en el PP.

Eso cambió hace un año cuando debió irse y no lo hizo. Cuando en el epílogo del 24-M se desarmó desde Madrid la alianza entre Ciudadanos y PSOE para propiciar un gobierno de cambio en la capital y Génova le concedió a Torres Hurtado una segunda oportunidad. Y cambió mucho más el pasado otoño cuando llegó el horizonte de noviembre que se había pactado para una retirada honrosa y lo volvió a incumplir.

Para entonces Torres Hurtado ya era una pieza incómoda en el PP con conflictos abiertos con Fomento a cuenta de las infraestructuras, con sonoros desplantes de sus anteriores compañeros y con reveladoras fotografías que lo dejaban completamente fuera de los focos.

Para entonces los relatos sobre lo acordado antes del verano empezaban a reescribirse a conveniencia, saltaba el ‘caso Serrallo’ comprometiendo el pacto de gobierno con Ciudadanos por la imputación de la concejal de Urbanismo y, azotada por la incertidumbre y desgobierno en que se han traducido las generales del 20-D en toda España, la capital se sumía en un estado crónico de parálisis.

Esta semana ni sus antiguos valedores han dado la cara por él. No hay ni un solo hilo que lo sujete a un partido del que ha sido expulsado sin más miramientos que el protocolario término de la “suspensión cautelar”. A la presión política se ha unido una presión social que ya lo ha condenado y su permanencia casi se limita a lo que pueda aguantar “un tío de los Montes”. Porque será “mucho” pero no infinito. No cuando el PSOE local ya tiene el respaldo del partido a nivel federal para “experimentar” con Granada con ese tripartito a derecha e izquierda en el que aún confía Pedro Sánchez para ser presidente del Gobierno. Hace un año se deshizo desde Madrid pero ahora el escenario es diferente: hay que desalojar al “PP de la corrupción”. En Granada y en España. Y la capital puede ser la “metáfora” de que es posible.

Torres Hurtado ha pedido un mes de plazo para tomar una decisión. Esperar a que se levante el secreto de sumario de la operación, lo lleven a declarar (está citado el 12 de mayo) y se pueda comprobar si realmente hay “papeles” que justifican la “parafernalia” del miércoles. Con independencia de las 24 horas del fútil ultimátum del PSOE y de la tres semanas que finalmente le han dado los suyos, podría ser cuestión de horas si avanzan las investigaciones policial y judicial y se prueba la versión de la trama de corrupción urbanística. Diferente será, sin embargo, si aprovecha el balón de oxígeno que ha supuesto el enfrentamiento entre la Fiscalía General del Estado y la UDEF por la “intrusiva” detención.

torres y rajoy
En todos los casos, el final será sólo uno: en su curriculum serán 13 los años que habrá gobernado en Granada. Ni uno más. Torres Hurtado, con toda la presunción de inocencia que estemos obligados a respetar, sólo tiene un camino: ceder. No importa si es inocente. El daño al partido ya está hecho y a la ciudad también. La única incógnita ahora es cuándo dará el “paso atrás” que le ha exigido la dirección regional con el visto bueno de Génova y si tendrá al menos un mínimo margen para negociar su sucesión.

El PP asegura que el debate no está abierto oficialmente, pero sí a nivel interno. En la cuenta atrás de una repetición electoral, para el PP es estratégico salvar el feudo de Granada como para el PSOE lo sería arrebatárselo. Volvemos al pantanoso paisaje de mayo de hace un año. Luis Salvador y Paco Cuenca no se entienden. Luis Salvador y Sebastián Pérez, sí. Si hay tripartito, cuatripartito sumando IU a Ciudadanos y Vamos Granada, será porque lo desbloqueen Pedro Sánchez y Albert Rivera. Si el PP salva la Alcaldía de Granada será con los sillones vacíos del alcalde y de Isabel Nieto.

Aquí se abren dos escenarios. Que sea su rival, su número 2, su presidente provincial, quien tome por fin las riendas de la Plaza del Carmen o que Torres Hurtado sea capaz de negociar su marcha dando el bastón de mando a alguien de su equipo. A quien se ha convertido en su sombra y su mano derecha en los últimos meses: a Juan García Montero.

En esta operación ceden los dos bandos. Hay concesión del partido y del propio regidor. Y se desactivaría en parte la otra lectura de la Operación Nazarí: que es una trama política urdida por Sebastián Pérez para quitar a un ‘desleal’ Torres Hurtado del ojo público. ¿Tanto poder tendría? El hecho es que el propio ‘argumentario’ de la Subdelegación del Gobierno que hace un mes se envió a los medios por error dejaba más que claro la opinión del propio PP sobre Torres Hurtado y su núcleo duro.

La cuestión es cómo interpretarlo: si todo forma parte de una maquiavélica estrategia para hundirlo, si conecta con los “dos bandos” que los empresarios denuncian que también vienen funcionando en el área de Urbanismo o si termina sumando a un objetivo buscado pero de la peor manera posible para el PP. Con un escándalo más que sumar a la teoría de la corrupción sistémica y estructural en el partido de Rajoy. Con munición para que se empiece a hablar de la “Gürtel andaluza”.

Todo lo que ha ocurrido esta semana en Granada lleva al exceso. Los hechos y las interpretaciones. Lo evidente y el trasfondo. Al periódico han llegado a llamar supuestas fuentes bien informadas conectando el caso con la mafia rusa y con la financiación del terrorismo islámico. Se habla de habitaciones secretas y vuelven las teorías conspiranoicas… El día que registraron la casa de Pepe Torres, junto a los agentes de la UDEF iba un médico… No era una operación menor. Esta historia no sabemos muy bien cómo ha empezado y mucho menos cómo acabará. Sí hay algo constatable: el impacto. El daño es irreparable. Para el PP y para Granada.

Al otro lado

Magdalena Trillo | 13 de marzo de 2016 a las 10:30

Al otro lado del Atlántico, a diez mil kilómetros de distancia, las tijeras aún funcionan. Las festivas. Las que cortaban cintas inaugurales en la España del boom. Las que fueron símbolo del exceso para luego transmutarse en marca de la austeridad. El vino y los canapés tampoco se han desterrado (aún) de los actos oficiales. Ni siquiera en la Universidad. Una profesora de la UAM acaba de presentar una selección de su obra reciente en la Casa de la Primera Imprenta de América, en el casco histórico de la Ciudad de México, y las autoridades no cabían en la foto. La exposición se titula (Re)apariciones y participan alumnos de la Unidad de Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana.

En la sede de la institución, entre imponentes rascacielos de grandes firmas internacionales, una maqueta con el millonario proyecto de ampliación de la UAM nos recuerda que en América Latina se siguen poniendo ladrillos. Piedras que conectan con el pasado milenario del país azteca con la misma fuerza que hablan de un futuro de oportunidades. Piedras que nada tienen que ver con las que quiere levantar Donald Trump a lo largo de toda la frontera.

Populismo y corrupción. Protestas y reivindicaciones. Recortes. Son las mismas noticias y no lo son. Los refugiados en Europa, las primarias en USA, la telenovela del ‘Chapo Guzmán’… En el viejo DF, también el 8 de marzo es jornada de manifestación en las calles, de colapso de tráfico y de pancartas. Como en cualquier ciudad española, como en cualquier rincón de la civilizada Europa.

A este lado, sin embargo, la bajada del precio del petróleo es motivo de preocupación: el Gobierno de Peña Nieto empieza a hablar tímidamente de recortes, de todo lo que se salvará y no se tocará. Ahora están en la fase de convencer, a los de dentro y a los fuera, de que “no hay crisis”; sólo una ligera “desaceleración”… No voy a contradecir lo que ni siquiera cuestiona la oposición, pero ¿recuerdan la etapa última de Zapatero?

Sorpresivamente, en este viaje no me hablan de Cataluña cuando les confirmo que soy extranjera; de la patria España. En un café de barrio, me felicitan por sentar en el banquillo a una infanta, bromean con la que hemos “armado” en las últimas elecciones y hasta me han llegado a preguntar si al final va a ser el Rey quien solucione la papeleta nombrando presidente. Me desconcierto primero por la locura del comentario, pero lo valoro después. ¿Se imaginan? Nos cargaríamos los pilares de nuestra democracia constitucional, pero nos ahorraríamos continuar el espectáculo de los últimos meses y hasta el gasto de una nueva campaña.

Aunque es un comentario sarcástico, confieso que, dado el nivel de bloqueo y la incapacidad que todos los partidos están demostrando para resolver nuestra endemoniada votación del 20-D, tal vez la salida esté en un camino hasta ahora insondable. Distinto al menos al gomoso chicle que no dejan de estirar políticos y tertulianos en un bucle infinito de redundancias y obviedades. Si la solución para todo es “innovar”, por qué no atrevernos –de verdad– en política.

Y no me refiero ya a la compleja crisis de gobierno. Pienso en el día a día de cualquier institución. Deberíamos alarmarnos si lleva razón una dirigente granadina que hace sólo unos días me sintetizaba con esta elocuencia lo que para los nuevos políticos está suponiendo la nueva política en las nuevas instituciones: “Trabajar tres veces más para hacer tres veces menos”. Cinco largos meses de reuniones han necesitado en la Plaza del Carmen para acordar pintar de azul dos autobuses de barrio, permitir que crucen la Gran Vía con paradas complementarias a la LAC (desde hoy) y evitar cientos de transbordos a los usuarios.

Ahora es el turno del botellódromo y ya nos hemos podido deslumbrar con las aportaciones de algún profesor de la UGR diciendo que “tomar alcohol” forma parte de la idiosincrasia de los granadinos y de nuestro pasado más glorioso… Al margen de estos regalos de lucidez, admitamos que (sólo) porque ya no hay rodillo en el gobierno local lo estamos debatiendo pero preparémonos a continuación para las reuniones –diálogo y negociación lo llaman– que serán necesarias si es que son capaces de decidir algo. Algo que no suponga endosarle a otros el problema; algo que no conduzca a un callejón sin salida.

Podría ayudar creer que nada es inamovible. Que nada tiene que ser como parece que es; como algunos quieren que sea. Las noticias al otro lado del Atlántico son las mismas y no lo son. Me pregunto qué pasaría si pudiéramos sacudir un diario, dejar que cayeran las letras, las fotos, los titulares y lo recompusiéramos de nuevo sin prejuicios. Sin condicionantes previos. Sin patrones aprendidos. Como quien hace un collage. Como las reapariciones de Alejandra Osorio.

Pero para eso hay que situarse, de verdad, al otro lado. Ligero de equipaje.