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¿Después de la catarsis sanitaria?

Magdalena Trillo | 5 de febrero de 2017 a las 12:40

Rectificación. Reinicio. Catarsis. Salud ha necesitado más de cien días para atreverse a aplicar cirugía mayor a la crisis hospitalaria que se desató en octubre con la puesta en marcha -y el consecuente caos- del Hospital del PTS, que se ha contagiado con una inesperada virulencia a media comunidad autónoma y que ha hecho saltar por los aires la bandera andaluza del Estado del bienestar. Lo que se ha vivido esta semana en el Parlamento ha sido una enmienda a la totalidad con un relevo completo del equipo negociador, dimisiones en cascada y una vuelta atrás al origen de todo: el decreto que en 2014 aprobó el SAS con la peligrosa letra pequeña del ahorro y los recortes.

Pero el sujeto real de esta reflexión no es “Salud”. Ni siquiera la “Junta”. Es “Susana Díaz”. Con la presión imparable de la calle, con el altavoz firme de las plataformas críticas y con la interesada instrumentación política de los partidos; inmersos además en una profunda convulsión para renovar proyectos y liderazgos. Todo está conectado.

Spiriman poli

Ha sido un golpe de efecto necesario. En la formalidad de los gestos y en el fondo. Pero finalmente precipitado -hay quienes ven en el desembarco de Pedro Sánchez en Sevilla, con su halo de víctima del aparato, el detonante último- y con un horizonte incierto. ¿Había que ceder tanto? Y lo más importante: ¿será efectivo? Los profesionales calculan que, si a partir del martes sí hay una negociación constructiva y se alcanza un acuerdo que consiga el beneplácito de las plataformas críticas -Spiriman parece virar ya la estrategia de la marea blanca por los tribunales-, se tardará más de un año en recuperar cierta normalidad.

Hay además un escenario que sigue siendo tabú: el futuro del Materno. Es una línea roja compartida. Porque aquí no hay consenso ni lemas efectistas que aúnen las posturas: está la opción del hospital monográfico que pretendía seguir los pasos de los centros de referencia del país o la vuelta atrás en el marco de los “dos hospitales completos” con fórmulas abiertas por estudiar.

Tres escenarios confluyen en la crisis: el profesional, el institucional y el político. Y ninguno de los tres supone una cuestión menor. En apenas unas horas, la Junta ha certificado la muerte del modelo de gestión sanitaria que, por encima de desajustes y recortes, vendría a apuntalar la fortaleza de uno de los sistemas más completos y garantistas de España y ha dejado completamente abierto el debate sobre lo que en la práctica significa la derogación del decreto de fusión en toda la comunidad autónoma y, en el caso de Granada, la vuelta a los dos hospitales.

A Susana Díaz no le queda ya más cortafuego que el consejero y la carrera por refundar el PSOE, con la irrupción de Patxi López y la resurrección de Pedro Sánchez para disputar las primarias, no ha hecho más que desbaratar los tiempos pausados que había previsto la gestora colocándola en una situación doblemente comprometida donde es difícil valorar si, como máxima responsable de la Junta, le perjudica más el conflicto en el SAS para disputar la secretaría general de los socialistas o es la incertidumbre sobre su futuro en Madrid lo que la está dañando en el cuerpo a cuerpo parlamentario. Que el PP haya recortado distancias en intención de voto según el último Egopa y que la sanidad se haya situado entre las principales preocupaciones de los andaluces son vasos comunicantes de una misma crisis.

En las tragedias de Aristóteles, pasiones y miedos se conjugaban ancestralmente en su idealizado camino de catarsis y purificación. Con el atrevimiento de Freud y el psicoanálisis, empezamos a hablar de “desbloqueo” conectando el efecto “súbito” del método catártico con una promesa de impacto duradero. Hoy, puede que la catarsis no sea más que un placebo. Asumida la rectificación y el reinicio -con “humildad” o sin ella-, todos estos interrogantes están por escribir en la crisis sanitaria. Casi en la misma casilla de partida y con la misma hoja quebrada que la crisis socialista; esa sobre la que habrá de volver cuando en Podemos digieran (o no) su tsunami y compartan el doloroso foco de la refundación.

Porque los críticos siguen implacables. Y los efectos colaterales han sobrepasado ya el tablero de juego de la sanidad.