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Pirómanos de la política

Magdalena Trillo | 14 de octubre de 2012 a las 8:58

Pirómanos o incendiarios. Estoy pensando en el alcalde de Otura y en el ministro de Educación. Y mi única duda sobre sus intensas trayectorias prendiendo fuegos es si sufren un trastorno enfermizo e irrefrenable por el espectáculo o es premeditada diversión. Puro teatro. Cada uno a su escala, no podemos negarles su capacidad para romper la asfixiante monotonía de rescates y ajustes con que, machaconamente, nos amenazan. Pero el respiro tiene un elevadísimo coste para ellos mismos, para los suyos y para quienes asistimos con absoluto desconcierto a la función. Sólo le faltaba a la política, ese creciente tercer gran problema de los españoles, que la atizaran desde la frivolidad y la irresponsabilidad. De lo inaudito a lo grotesco. De la farsa a la provocación.

A Ignacio Fernández-Sanz lo conocí en su anterior ‘crisis matrimonial’. En aquella ocasión fue con el secretario municipal. Una mañana se presentó en mi despacho con su jefa de prensa y, muy educadamente, me habló de venganzas y vendettas, lamentó la manera “interesada” en que se estaba “manipulando la realidad” –unas denuncias por irregularidades en la gestión que continúan en fase de investigación– y me ‘sugirió’ cómo podíamos informar “más rigurosamente”… Un encantador de serpientes. Luego vendría la ‘crisis matrimonial’ con la interventora y esta semana ha estallado por los aires todo su equipo. Hoy, de baja por prescripción médica, sigue manteniendo su acta de concejal pero ha renunciado a su cargo como regidor y, supuestamente, ha puesto fin a su etapa política. Digo “supuestamente” porque con Fernández-Sanz nunca se sabe y hasta el presidente del PP ha temido buena parte de la semana que el díscolo militante estuviera dispuesto a ‘acabar’ con las botas puestas.

Desde la oposición, el PSOE ha cuestionado la “autoridad” del PP para zanjar la crisis en Otura (Fernández-Sanz pretendía gobernar en un duetto con su primer teniente de alcalde y el resto de ediles en la bancada de la oposición) e incluso, denunciando la “tibieza” con que Sebastián Pérez ha pilotado el asunto, ha lanzado sospechas sobre la “comprometida información” que pudiera manejar Fernández-Sanz sobre la financiación del partido de su anterior etapa como gerente. Sin pruebas que avalen o refuten tales acusaciones, repasando la semana de despropósitos y a la espera de que continúe el espectáculo con más líos judiciales –que los habrá–, lo que parece más que evidente es que hay personajes (ningún partido está a salvo de sus versos sueltos) que se bastan a sí mismos para provocar un incendio. Sin preludios; sin contextos; sin control.

La escaleta de la semana es reveladora. Lunes: a primera hora de la mañana comparece Fernández-Sanz en el Hotel Nazaríes (no en la sede del partido) y anuncia que seguirá en el cargo aunque seis miembros de su equipo hayan renunciado a sus actas tras denunciarle por facturas irregulares en el plan de pago a proveedores; pasadas las ocho de la tarde, y tras tres días de silencio en el PP, la secretaria general comparece ante los medios y le da un ultimátum: o dimite o se enfrenta a un expediente disciplinario y a la expulsión. Martes: Fernández-Sanz desafía al partido y se aferra al sillón. Tiene el respaldo del partido local y la “legitimidad” de las urnas. Miércoles: rueda de prensa de urgencia a las seis de la tarde; en la sede del PP. El aún alcalde de Otura aparece arropado por todo su equipo y anuncia que se va, pero por baja médica; tiene problemas de corazón. Jueves: la promesa debía cumplirse a las ocho de la mañana; no lo hace. Cambia otra vez la dirección del viento. Se queda solo para gobernar Otura. En el acto del Pilar de la Guardia Civil es el centro de todos los corrillos. Hasta seis horas fueron necesarias para ‘convencerle’. La última función debe ser este martes con el nombramiento en pleno del nuevo alcalde (se perfila Pedro Cabanillas) y el paso a la retaguardia de Fernández-Sanz. Sólo en teoría. Los pirómanos son imprevisibles; los incendiarios más.

De la penúltima del ministro Wert, su patriótica intención de “españolizar” a los alumnos catalanes, han terminado hablando hasta el Rey y Rajoy el Día de la Hispanidad: ¡Pobre Wert! Más bien ¡pobre país! A Fernández-Sanz, por ley, no se le puede arrebatar el acta de concejal ni se le puede impedir que un día renazca de sus cenizas con un partido independiente y recupere el sillón; al ministro peor valorado del Gobierno, el que lleva meses trabajando contra la educación y contra la cultura, sí se le puede cesar. ¿También esperamos a que pasen las elecciones para apagar este fuego? En política, tan incendiario se es por acción que por omisión.

Todo en el aire

Magdalena Trillo | 16 de septiembre de 2012 a las 8:11

“¿Será verdad que tenemos la patria deshecha, la vida en suspenso, todo en el aire?”. Unos meses antes de estallar la Guerra Civil, Pedro Salinas expresaba con este desgarro el desconcierto y temor con que vivían los españoles; era 1936 y pocos sabían lo que estaba pasando. Hoy, casi ochenta años después, no suenan los tambores de guerra pero la desazón no es menor. Ni la confusión. Ni la inquietud.

En menos de una semana, Barcelona y Madrid han congregado a miles de ciudadanos en las calles anunciando el otoño convulso que seguirá a la aparente normalidad de la vuelta a las aulas… El insolente martilleo del despertador, las escurridizas sirenas de los colegios, la tediosa espera en el centro de salud y hasta el insufrible atasco de los lunes. ¡Añorada rutina! En tres décadas de imparable avance democrático, nunca un curso lectivo se ha abierto con más anhelos de normalidad y más razones para la desesperanza.

Recortes y reciclaje. Más alumnos en las clases y menos profesores. Material más caro por la subida del IVA, menos recursos en las familias y exigencias leoninas para acceder a las becas y a los programas de ayudas. Por primera vez en doce años ha disminuido el número de docentes –más de 500 interinos sin trabajo en Granada– y hasta Andalucía, que está haciendo bandera de la educación frente al Gobierno de Rajoy, se ha visto obligada a tocar una de sus apuestas ‘estrella’ renunciando al reparto de ordenadores.

Aquí (de momento) no hay guerra de ‘tuppers’, pero no seamos ilusos: la situación de impagos de la Junta es crítica y, por mucha consecuencia que sea de la ‘tijera’ de Madrid, los ajustes afectarán a la calidad de la enseñanza como ya han golpeado a la sanidad (¿será verdad que la Ana Mato quiere ‘curarnos’ las hernias con el timo de la ozonoterapia?) y como ocurrirá con los servicios sociales. Sin necesidad de citar a Salinas,  el ministro De Guindos ya lo ha advertido en el Congreso: si la economía no crece en los próximos meses, no habrá dinero ni para las prestaciones más básicas. ¡Todo en el aire!

En el aire y en suspenso. Aunque a Rajoy le parezca un “lío” y a los nuevos responsables de TVE un tema de segunda –sólo unas semanas ha necesitado el PP para dinamitar la pluralidad de la televisión pública–, los catalanes han removido los cimientos del Estado y han dejado claro que el ‘café para todos’ no es suficiente. El clamor del pueblo catalán con la multitudinaria marcha del martes, la manifestación por la independencia más masiva de la etapa autonómica, no deja de ser la expresión de un problema histórico no resuelto.

Tal vez sea una reivindicación inoportuna y oportunista y arrastra, sin duda, un creciente malestar social por los recortes, los agravios, la incomprensión y hasta el interesado debate de recentralización de competencias que está promoviendo más de un barón del PP. Pero no tiene vuelta atrás. Con o sin crisis económica, es responsabilidad de quienes nos gobiernan (y representan) buscar la fórmula para encauzar tanto los sueños soberanistas de Cataluña como el fin del terrorismo en el País Vasco en una España plural y diversa que no abra nuevas brechas Norte-Sur.

Para Andalucía, no hay mayor riesgo que insistir en los tópicos e invocar falsos hartazgos. ¿“Fatiga mutua” decía Artur Mas? Si avanzar en el modelo territorial del Estado no es lo urgente para el Gobierno (ya avisó Rajoy en la entrevista del lunes que lo primero –y único– es cumplir el déficit), sí lo es abordar el problema de ‘elefantiasis’ de la Administración. Podemos hacerlo desde el disenso y la confrontación o desde la unidad, la coherencia y la solidaridad. Construyendo más España o permitiendo que se extienda la falacia de que la salida al túnel de la crisis es huyendo… Cambiemos ‘independentismo’ por ‘federalismo’ y atrevámonos a abrir, con valentía, el siempre aplazado debate del Estado federal. Pero en la misma mesa. Todos. En igualdad de condiciones. Sin chantajes.

¡Y sin patrias deshechas! Pocos lo verían, pero esta reivindicación también se sumó ayer a las consignas que arroparon el “¡Vamos, hay que impedir que arruinen el país!” de Madrid. Entre los millares de manifestantes que dibujaron la marea blanca y verde, había uno, granadino, sindicalista, de los históricos, que llevaba en la solapa las palabras de Salinas. A veces, la verdad ‘fantasiosa’ de la literatura, de la poesía, es la más clarividente. Y la que menos se deja prostituir.

La ‘verdad’ de las reformas

Magdalena Trillo | 13 de mayo de 2012 a las 17:16

Viuda. Con dos hijos. Limpiadora. De la Chana. Una mañana se encuentra en un autobús dos “tochos de billetes” y los devuelve. Se los había olvidado un chino que viajaba de Madrid a Granada para abrir un negocio en la ciudad.14.000 euros. Lo que ella puede ganar en un largo año de trabajo. Conclusión: todavía hay gente honrada en España. A pesar de los políticos, los banqueros, los jueces y los servidores públicos que, como predica el Rey y no cumple, desconocen por completo qué significa “ejemplaridad”. Yenalia Huertas contaba la historia de Palmira esta semana en Granada Hoy. Desde entonces no dejo de darle vueltas: ¿yo los habría devuelto? ¿Usted qué haría?

Dice el Gobierno que no es momento para la depresión sino para la esperanza. Y nos ‘anima’ con una sorpresiva campaña publicitaria en la que nos cuenta “la verdad de las reformas”, de la educación y de la sanidad frente a las mentiras y el alarmismo socialista… Y sí, después de ver las verdades que ‘venden’ en su web, hay que darle la razón a Wert: lo que tenemos son “prejuicios”. No sustituir a un profesor hasta el décimo día que esté de baja (en Andalucía se había visto como una ‘conquista’ lograr el recambio en 48 horas), aumentar el número de alumnos por clase, obligar a los docentes a impartir más horas –rebajándoles el sueldo y reduciendo las plantillas–, aplicar el ‘tasazo’ en las universidades y endurecer las exigencias para conseguir una beca es el camino para la “excelencia” en la enseñanza.

En la sanidad hablaremos directamente de negocio. Empezamos obligando a los pensionistas a pagar las medicinas, eliminando la tarjeta sanitaria a los ‘sin papeles’ y reduciendo la cartera de prestaciones gratuitas; avanzamos cobrando las muletas, las sillas de ruedas, las prótesis y hasta cinco euros por día de hospitalización como quiere Cataluña y terminamos… haciéndonos un seguro privado y quebrando el sistema nacional de salud. Enfermar, morir, una cuestión de clases. Éstas, por supuesto, no son la verdades del PP sino el resultado de leer la letra pequeña de los decretos…

Si Palmira se hubiera quedado con los 14.000 euros del chino no tendría que preocuparse de enfermar ni hacer cuentas para que sus hijos sigan estudiando. Ella abrió y cerró la pequeña bolsa mil veces y prefirió dormir tranquila. Otros se van a lujosos hoteles en Marbella y pasan la factura al Supremo para que les paguemos sus descansos con nuestros impuestos. Y da igual si es una “minucia” de 6.000 euros, un euro o un millón…

El señor Dívar, el señor Camps, el señor Urdangarin, el señor Rato o el señor Guerrero viven sin el menor remordimiento. ¿Hubieran devuelto ellos el dinero? Efectivamente, lo que le pasa a Palmira, como a la inmensa clase trabajadora de este país, es que tiene prejuicios. Matizo la conclusión inicial: ¡cuánta gente humilde hay honrada en este país!

Como imaginarán, Palmira no aparece en la campaña #laverdad del PP. Tampoco los indignados del 15M que siguen clamado por un “cambio global” en su primer aniversario y mucho menos los ‘yayoflautas’, esos abuelos “cabreados” que lucharon en su día por una España de democracia, libertades y derechos y ahora no están dispuestos a volver al punto de partida. Se pusieron en marcha en Cataluña, casi en la clandestinidad, reinventado los “perroflautas” de Aguirre, y acaban de anunciar el salto a Madrid, Sevilla y Granada.

Prejuicios. Divergencia de criterios. Unos ven las reformas como “garantía de futuro” y otros como involución. Es lo que les pasa a los sindicatos con el abaratamiento del despido, la subida de impuestos, la amnistía fiscal, el copago farmacéutico y la subida de tasas en la Universidad. Ellos también defienden su verdad y por eso han decidido convocar en otoño una especie de referéndum, de moción de censura popular, para que los ciudadanos opinen libremente sobre las reformas.

Entre las verdades de unos y otros, sin olvidar el vídeo que el PSOE está moviendo en Youtube con el cara a cara en el que Rubalcaba ‘vaticinó’ a Rajoy toda su política de recortes, al menos dejaremos de malvivir en ese espejismo de solvencia con el que nos ha engañado nuestro sistema bancario durante más de tres años.

Y ésta sí que es una verdad sin matices. Tanto como el aumento del paro que seguiremos sufriendo este año –pese a la verdad de las reformas–, el incumplimiento del déficit y la caída de la economía española que nos acaba de anunciar Bruselas.

Se acabaron las utopías

Magdalena Trillo | 22 de abril de 2012 a las 9:37

REFORMAS o recortes. Para solucionar deficiencias o para hacer caja. Para ser más competitivos o para contentar a los mercados. ¿Tiene realmente el equipo de Rajoy una hoja de ruta para salir de la crisis o es su gobierno una peligrosa reacción impulsiva a cada bajada del Íbex? ¿Negocia o impone? La improvisación, la descoordinación y las progresivas rectificaciones que han acompañado en los últimos días a la mayor transformación del Estado que se ha planteado en treinta años de democracia sólo tiene una lectura posible: estamos utilizando la crisis financiera para minar la España de las Autonomías y desmantelar la justicia, la sanidad y la educación tal y como las conocíamos hasta ahora: gratuita, igualitaria y universal.

Notas de prensa a las cinco de la tarde que esconden un ajuste extra de 10.000 millones con el que el Ejecutivo invalida su propio presupuesto y confirma su enésimo incumplimiento del programa electoral. Rajoy huyendo por el garaje del Senado para no dar la cara ante los periodistas, el anuncio del copago farmacéutico en una filtración periodística desde México… ¿No eran los socialistas los que tenían problemas de comunicación? La realidad es tozuda: ni bastaba con sacar a Zapatero de La Moncloa para calmar a los inversores ni era suficiente enarbolar la gaviota azul para generar confianza y credibilidad. Ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.

Lo comprobamos ‘fuera’ cada mañana cuando nos disputamos con los italianos la prima de riesgo más alta y cercana al rescate; nos lo recuerda el FMI cuando advierte que este año llegaremos al 6% de déficit (no el 5,3 comprometido) y nos alerta del “riesgo financiero” que supone que vivamos más de la cuenta; lo sufrimos al otro lado del Atlántico cuando la señora Kirchner expolia tan alegremente Repsol, aunque sea tras tener que aclarar que es la “presidenta de Argentina y no una patatera”; y decepciona cuando se envilece la campaña electoral francesa con Sarkozy y Hollande atacando a España para ganar votos con el mensaje del contagio y el miedo.

Tampoco ‘dentro’ se puede ser creíble cuando se anuncian medidas para ahorrar 7.000 millones en sanidad sin entregar ni un solo papel a los consejeros que han de aplicarlas, sin aportar una memoria económica que detalle el impacto real del plan de reforma y sin estudios sólidos que expliquen, y justifiquen, que “el sistema no es sostenible” y que es mejor camino cobrar por las medicinas a los pensionistas que reducir la cuenta de resultados de las farmacéuticas.

Sería iluso negar que no hay deficiencias, abusos y hasta despilfarro en nuestra sanidad (3.700 toneladas de medicinas se tiran a la basura al año), pero nadie del Gobierno ha aportado de momento ni una sola prueba de que el polémico ‘repago’ sirva para atajar tales problemas. Más bien al contrario. Nuestros vecinos portugueses, por ejemplo, empezaron a aplicarlo hace 25 años con la misma finalidad y ya han extendido el cobro de los fármacos a las consultas del médico de familia, al especialista y las urgencias sin que se haya reducido el déficit. Hoy, un millón y medio de usuarios lusos no tienen médico asignado y se ven obligados a hacer cola de madrugada a las puertas de los centros de salud para ser atendidos.

El mensaje del Gobierno, obviamente, es diferente: los parados sin prestación no tendrán que pagar por sus medicamentos, los jubilados lo harán según su renta y se acabará con el fraude del turismo sanitario. Todo bondades y equidad. Si en Andalucía, País Vasco y Canarias también gobernara el PP sólo podríamos aplaudir al Gobierno por su disposición a terminar con los “abusos” y poco sabríamos de la letra pequeña. Como la que conocimos el viernes tras la aprobación del decreto-ley: que también se va modificar la ley de extranjería contra los ‘sin papeles’. El padrón no será suficiente para acceder a la tarjeta y, eso sí, ahorraremos 500 millones.

Siempre he pensado que más peligrosas que las mentiras son las medias verdades. Por eso me ha resultado casi valiente escuchar al senador del PP Jesús Aguirre confesar hace unos días que, “pasadas las elecciones”, ya se puede hablar claro sobre la sanidad: “la solidaridad, universalidad o gratuidad son una utopía”. Lleva razón pero se queda corto. Lo que se han acabado en la España de Rajoy son las utopías.

Servicios mínimos en Educación

Magdalena Trillo | 23 de febrero de 2009 a las 12:11

DEL mismo modo que ‘despistan’ los jueces cuando incluyen entre sus reivindicaciones una subida salarial, ocurre ahora en el caso de los docentes cuando centran su rechazo al nuevo calendario escolar en que se adelante cinco días el inicio del curso.

Si hay una percepción extendida entre las familias no es otra que “lo poco que trabajan los maestros”. No se podrá generalizar y bien es cierto que cada vez tienen más complicada su labor, pero no parece que el problema sean las horas lectivas.

A los dos meses de vacaciones, se suman puentes ‘kilométricos’, acueductos y alguna que otra ‘semana blanca’ (se llame como se llame).

Tal vez se le pueda preguntar, por ejemplo, a los padres que esta semana tengan que ‘conciliar’ trabajo e hijos: paro el martes a primera hora y, para rematar la semana, fiesta el jueves, fiesta el viernes, descanso sábado y domingo y fiesta el lunes. Sin mucho correr, justo cinco días. Los mismos por los que protestan.