Magdalena Trillo | 17 de junio de 2012 a las 10:02
Esucho a un empresario griego decir en una entrevista de Canal Sur que ve España como Grecia hace año y medio. Que así “empezó todo”. Ese todo que para el pueblo heleno es hoy sinónimo de ruina empezó con un rescate de 110.000 millones, ha continuado hasta los 240.000 millones y, lejos de resolver los problemas de deuda y déficit, ha sumido el país en un empobrecimiento brutal, ha disparado el paro al 22%, ha supuesto el cierre de un tercio de los negocios y ha situado a una cuarta parte de la población en riesgo de exclusión social. España ha empezado esta semana “con una línea de crédito en condiciones muy favorables” de hasta 100.000 millones que nos ha vuelto a situar al borde del precipicio, ha enloquecido los mercados y ha terminado cabreando a griegos, irlandeses y portugueses después de los lamentables episodios de triunfalismo patrio del pasado fin de semana. ¿Alguien cree que no habrá condiciones?
Grecia acude hoy a votar por segunda vez en seis semanas con todos pendientes de un resultado electoral que desde el punto de vista político puede socavar aún más la gobernabilidad del país con el ascenso de neonazis y extremistas de izquierda y, desde la perspectiva económica, podría abocar a la ruptura del euro y la quiebra misma del proyecto europeo. Lo que hace un año era impensable hoy es una amenaza real. Pánico en los gobiernos, caos en el sistema financiero y alarma, incluso, entre los ciudadanos. “¡La que van a liar los dichosos griegos!”. Hasta el dracma se ha colado en las tertulias del bar… El dracma, el riesgo país, la rentabilidad de los bonos a diez años, las cotizaciones en Bolsa… Nunca pensé que el Íbex 35 pudieran ser tema de cotilleo -más allá del morbo de saber que Amancio Ortega acaba de desbancar al dueño de Ikea y ya es el hombre más rico de Europa- y mucho menos encontrar a unos señores especulando sobre la salida de Atenas del euro mientras hacen cola en el cajero. ¿Habrá corralito? ¿Está más seguro el dinero debajo del colchón?
Escribía hace unos días Vargas Llosa que Grecia no puede dejar de formar parte integral de Europa sin que se vuelva una caricatura grotesca de sí misma: “Grecia es el símbolo de Europa y los símbolos no pueden desaparecer sin que lo que encarnan se desmorone y deshaga en esa confusión de bárbara irracionalidad y violencia de la que la civilización griega nos sacó”. Es verdad que Europa nació hace 25 siglos al pie de la Acrópolis y que “todo lo que hay en ella tiene su lejana raíz en este pequeño rincón del viejo continente”. Las instituciones democráticas, la libertad, los derechos humanos… Pero la historia es obstinada. Y, como ya advirtió Churchill, trágicamente olvidadiza. Ahí estamos. Olvidando nuestra historia y condenados a repetirla. Enterrando las grandezas y copiando los errores. Exportando los problemas de unos países a otros y contagiando la crisis financiera a la política, a la justicia, a la democracia, a la moral.
Me preguntaban esta semana si yo dejaría de ganar 300 millones en un día si estuvira a mi alcance… Es lo que puede conseguir un ejecutivo de Wall Street envuelto en un traje de dos mil euros una mañana cualquiera a costa de la deuda española. Hablábamos de cómo los mercados están poniendo la letra y nosotros las fotos y de lo perdidos que están los economistas intentando arrojar luz sobre un escenario en el que lo único seguro es la incertidumbre. No lo había pensado, pero es verdad: su discurso es siempre el mismo. Sí siempre que; sí pero no; puede o quizás… Lo dramático es que no son sólo ellos los que están perdidos. Los políticos nos dan muestras todos los días y pocos intelectuales se salen del guión. Veintidós premios Nobel se reúnen en Valencia y lo más revolucionario que plantean es pedir a los bancos que cobren menos y proponer que desaparezcan los que no funcionen. Eso sí, nos recuerdan que la culpa de la crisis es nuestra “vagancia” y “negligencia” y nos emplazan a recuperar “la cultura del esfuerzo”. Que trabajemos más y nos ayudemos unos a otros porque nadie va a venir con un “milagro”. Valores. Solidaridad.
Esto es lo más peligroso de la crisis, que nos olvidemos de que no podemos salir solos. Ni solos ni sobre el cadáver de otros. Grecia tiene que enfrentarse hoy a las urnas con una sola certidumbre, que ninguna opción los librará de la angustia ni los sacará de la ruina, y un enorme peso sobre sus espaldas: que el futuro es compartido. Si en sus manos está recordar que son la cuna de la democracia, a nosotros nos tocará mañana respetar su camino sin convertirlos en chivo expiatorio de un fracaso colectivo. Ellos no son el enemigo.
Magdalena Trillo | 23 de octubre de 2011 a las 9:24
Zapatero es el problema; el PP, la solución. Hace cinco meses que los populares arrasaron en las municipales anticipando lo que será el resultado del 20-N y, probablemente, del vuelco electoral que se vivirá en Andalucía en marzo. En Granada, Torres Hurtado amplió su victoria y, por primera vez en tres décadas de democracia, la Diputación se vestía de azul. Empleo e infraestructuras iban a ser la prioridad. El crecimiento económico y el desarrollo, la razón del cambio. Sebastián Pérez se comprometió a gobernar “para todos los municipios” sin revanchas ni favoritismos, desde la austeridad y la transparencia. Era entonces difícil disentir con el dirigente del PP cuando clamaba aquello de “no nos resignamos a seguir siendo, ni un minuto más, los primeros en lo malo y los últimos en lo bueno”.
Acaban de cumplirse los primeros cien días de gobierno del PP en la institución provincial y denuncian los socialistas que sólo ha habido “parálisis en la gestión, sobredosis de oposición y clientelismo”… En tres meses no se pueden cambian las dinámicas de 33 años, pero reconozcamos que a todos nos gustaría empezar a ver acuerdos, proyectos y, por insignificante que sea, algún resultado de su política. Menos sacudida de alfombras y más gobierno en positivo.
Y digámoslo abiertamente: una cosa es conectar con el electorado y ganar elecciones y otra muy distinta gobernar, gestionar. Sobre todo si confluyen varias circunstancias: la crisis no entiende de banderas ni de colores, lo que hay que administrar es miseria (el propio Rajoy ha advertido que llegará a la Moncloa en el momento más crítico de nuestra historia) y la ilusión de que Europa nos saque del pozo se difumina por el camino. Cuando dejemos de ser “región de convergencia” en 2014 se cortará buena parte de las ayudas que han servido de salvavidas a los gobiernos central y autonómico para sus grandes proyectos, la reforma anunciada de la Política Agraria Común terminará de hundir el campo andaluz y, aunque insistamos en mirar a la Europea rica, cada vez estamos más cerca de la pobre. Contagiados por Grecia y su quiebra.
Pero volvamos a Granada y unamos a este envoltorio macroeconómico los dramáticos datos de paro, renta y riqueza, el retraso histórico en las infraestructuras y el irresoluble aislamiento de la Costa, la comarca con más potencial. En este contexto, la estrategia del PP es efectista electoralmente pero también peligrosa. No podrá esconderse en la confrontación cuando gobierne en todos los niveles de la administración y tendrá que responder con acciones –no con promesas– a esa esperanzadora complicidad que ahora está mostrando con Granada.
Me surgen varias preguntas: ¿Será capaz Rajoy en menos de cuatro meses (de las elecciones nacionales a las andaluzas) de demostrar que el PP es la solución a la economía y al paro? ¿Si no hay desgaste de la derecha antes de marzo y se impone el PP a la segura alianza de la izquierda andaluza, conseguirá Arenas los millones para las obras del Metro? ¿Logrará que el AVE llegue a Granada con la Estación de Moneo terminada? ¿Vencerá a la caprichosa orografía del litoral y veremos acabada la A-7? ¿Convencerá a Europa para que el Corredor pase por la costa granadina y malagueña? ¿Tendrá dinero para el ascensor a la Alhambra pero no para el Teatro de la Ópera o Cines del Sur? ¿Habrá recortes en educación y sanidad como ensayan las comunidades ‘afines’?
Aparte de apelar a la nefasta gestión socialista, ¿qué hará entonces el PP de Granada? No podrá recurrir a la política del agravio. En realidad, no valdrá la política; lo que piden los ciudadanos son salidas y soluciones. Gestión honesta y eficaz. Acuerdos y dinero encima de la mesa. ¿Serán capaces de mirar hacia adelante?¿Están preparados para pagar el precio de gobernar?
Rubalcaba, González y Griñán están hoy en Atarfe en un acto central de precampaña. Los socialistas no dan por perdido el Gobierno central, al menos confían en amortiguar la derrota, y mucho menos el de la Junta. Pero los nubarrones son inmensos: en política, el PP les saca demasiados puntos de ventaja y, en gestión, tienen a medio país escéptico y al otro medio en contra. Ellos ya están pagando el precio de gobernar…
Magdalena Trillo | 29 de mayo de 2011 a las 16:58
Justo el lunes de resaca electoral, el gobernador del Banco de España lanzaba un mensaje a navegantes: hacía un llamamiento a los nuevos gobiernos autonómicos y locales “a cumplir rigurosamente los objetivos de déficit” y advertía de que sería necesario recurrir a más recortes de gasto. Más agujeros en el cinturón.
Una semana antes, en un mitin en Sevilla, Rodríguez Zapatero aseguró que es “radical y absolutamente” falso que el Ejecutivo esté planeando nuevos ajustes tras el 22M como sugería el PP y pidió al partido de Mariano Rajoy que ya que “habitualmente no ayuda y pone zancadillas, al menos no intoxique”.
Sólo dos días más tarde, Angela Merkel retomaba sus ataques a la economía española como hacen los mercados un día sí y otro también a cuenta de los posibles ‘contagios’ por la quiebra de Grecia y Portugal. La canciller alemana aprovechaba una rueda de prensa en Berlín junto al presidente surcoreano para reclamar a las economías mediterráneas más trabajo y menos vacaciones. Merkel se olvidaba de nuestros salarios de mileuristas y nuestra productividad (trabajamos tres horas más al día) y tiraba de tópicos para exigir una “armonización” de la edad de jubilación y de las vacaciones. Es decir, que nos quedaríamos con los 20 días de los germanos pero no con sus sueldos.
En este contexto, y mientras el PSOE se desangra a cuenta de su crisis interna tras la debacle electoral, sólo faltaba un informe de la OCDE empeorando las previsiones de paro para este año (más del 20% en 2011) y alertando de que faltan por precisar partidas de recorte del gasto en 2012. Su recomendación para el Gobierno español es tajante: “empezar a prepararse para introducir nuevas medidas”.
Si echamos la vista atrás, no es la primera vez que Zapatero se pone el traje de suicida para inmolarse realizando las reformas que dicte Europa, el FMI y los mercados. Un “cueste lo que cueste” que podría tener varias lecturas: que ZP volverá a ‘rectificar’ y habrá más recortes si es preciso; que no va adelantar las elecciones a otoño si pone en riesgo las grandes reformas que tanto desgaste han supuesto (negociación colectiva, pensiones, reestructuración del mapa de cajas…) y que es imposible el giro a la izquierda que se pretende desde el partido.
Está bien que los socialistas definan un nuevo liderazgo que genere cierta credibilidad hacia el partido, que debatan y hagan autocrítica de la tremenda derrota del 22M y sería mejor, incluso, si fueran capaces de hallar más razones que la recurrente “crisis” para explicar por qué la ciudadanía les ha dado la espalda. No por hoy; por los diez meses que quedan de Gobierno socialista y por los cuatro años, como mínimo, que estarán en la oposición. Todo ello, por supuesto, si consideramos un juego de distracción los órdagos de esta semana sobre la posibilidad de que el PP presente una moción de censura o el PSOE valide sus apoyos en las cámaras sometiéndose a una cuestión de confianza.
Si el PP tiene una “agenda oculta de recortes“, como dicen los socialistas, lo veremos en unas semanas. Del mismo modo que podremos comprobar cómo van a canalizar su enorme poder los nuevos alcaldes, presidentes de diputaciones y de comunidades del PP para gestionar la ruina en que están los municipios y provincias españolas. Quienes repiten, como Torres Hurtado, son más que conscientes de que muchas de sus promesas formarán parte de operaciones de ingeniería financiera que exigirán más de un sacrificio para evitar la bancarrota. Y quienes ocupen nuevos sillones, como es el caso de Sebastián Pérez al frente de la Diputación, tendrán que modular discursos, renunciar a la política de confrontación que tan bien les ha funcionado y enfrentarse a unos presupuestos más que mermados. Por supuesto, podrán demostrar sin son más eficaces en la gestión y si los granadinos han acertado eligiéndolos para liderar esta nueva etapa política que, en lo económico, sigue marcada por dos realidades: el paro y los recortes.
Magdalena Trillo | 22 de mayo de 2011 a las 10:03
Para los que hemos nacido en Democracia hacerte mayor significaba dos cosas: ir a votar y sacarte el carné de conducir. Si eras chica había algo casi tan trascendente: ponerte tacones, un poco de rímel en las pestañas y, con suerte, los labios rojo bermellón. No he fallado en toda mi a vida a una cita con las urnas. Con más o menos entusiasmo, con más o menos hastío. Hasta hace una semana, el 22M no iba a ser una excepción.
Pero hoy, aún tengo la papeleta en el bolso. He pensado abstenerme, dejar el sobre en blanco, ejercer el voto nulo, útil, de castigo… ¿Alguien no está de acuerdo con lo que claman miles de personas (normales y corrientes) en las plazas de toda España? Más democracia. Listas abiertas. Democracia real. Ya. No al engaño del bipartidismo. No a quienes salvan a los bancos y roban a los pobres. No más corrupción. No más mentiras. No más manipulación.
¿Quién no está cabreado? ¿Indignado? ¿Quién no quiere despertar? Salir a la calle, difundir la causa, apartarse del rebaño, gritar ¡basta! Yo no viví el mayo del 68, pero el sonido de las cacerolas no ha de ser muy diferente. Más sincero y convincente que los esfuerzos de los sociólogos por diseccionar el #15M con el mismo desconcierto que los medios tratamos de explicar lo que ocurre en calles y plazas. Con el mismo despiste con que los analistas políticos intentan inferir su impacto en los comicios de hoy. Con el mismo descoloque con que los partidos buscan el modo de aprovecharse de la causa para sumar votos o procurar que no les salpique para no agrandar demasiado la debacle…
Tal vez no haya una solución única e inmediata, pero sí un camino para pedir que empiecen a cambiar las cosas. ¿Cómo es posible que en un pueblo el cambio se llame PP y justo en el pueblo de al lado la solución sea el PSOE para los mismos problemas? Repaso los programas electorales y el resultado es rotundo: casi es mejor ir a votar sin reflexionar. Votar visceralmente y no desde el sentido común. Votar como nos han educado: sin hacer demasiadas preguntas, como borregos. La grandeza del capitalismo que convierte los valores en intereses; las ideas, en mercancía. ¿Recuerdan las teorías de Marx?
Llevo una semana perdida entre cientos de des-informaciones y trasnochados análisis de tertulianos que nada tienen que ver con la espontaneidad de la calle y el sentido común que circula en la Red. Parecen dos mundos distintos. Me refiero al de la gente (jóvenes y no jóvenes) y al de los políticos; al de los ciudadanos (internautas o no) y al de nosotros mismos, los periodistas, que intentamos informar con las rutinas de hace un siglo y los prejuicios de siempre.
Unos pontifican; otros debaten y piensan. Unos dan recetas; otros tal vez sueñen pero se mueven. Hay quienes los tildan de antisistema y perroflautas, hay quienes los llaman pijos rojos y no son pocos los que ven intereses ocultos y conspiraciones para reventar el 22-M. Lo cierto es que es difícil no compartir muchas de sus reivindicaciones. Hagámoslo. Pero desde dentro. Desde el sistema. No estamos en Túnez ni en Egipto. Nuestra democracia es joven y mejorable pero es democracia. Deficiente, pero válida. No pongamos la alfombra roja a los populismos ni demos oxígeno a las corrientes neofascistas.
Hoy, no perdamos de perspectiva que es el turno de nuestros alcaldes, de nuestros vecinos. Debemos elegir a quienes gobernarán nuestro pueblo y nuestra ciudad los próximos cuatro años. Démosle una oportunidad. Olvídense de leyes, siglas y banderas. Elijan al más honrado y confíenle su voto.
Mañana, tal vez los partidos no estén a la altura; sigamos entonces los consejos de Groucho e inventemos otros… Cambiemos las reglas del juego y busquemos líderes que no dejen las protestas de miles de indignados en una semana de portadas de periódico. Construyamos otro modelo y levantemos los ladrillos de nuestra democracia real. El Movimiento 15M no acaba aquí. Hoy es sólo el principio. No dejemos que sea una utopía. Empecemos yendo a votar.
Magdalena Trillo | 21 de mayo de 2011 a las 20:44
Empezaré matizando el titular: el partido aún no se ha jugado. Falta una semana para las municipales y el gobierno de la Diputación es la mayor incógnita del 22-M en Granada. De entrada, cuatro escenarios posibles: mayoría absoluta del PP (Sebastián Pérez, presidente), mayoría absoluta del PSOE (tercer mandato de Caler), reedición del actual pacto PSOE-IU y, si hay descalabro en la Costa y los Benavides-Rubiales dan el zarpazo que esperan, pacto del PP con un eventual diputado de Convergencia Andaluza. ¿Se imaginan a Rosario, la mujer del alcalde de Almuñécar, de delegada de Turismo?
A más de uno se le habrá atragantado la tostada. Tranquilos. Son elucubraciones. Ni siquiera hay rumores que lo sostengan. Lo pensaba el viernes cuando Caler presentaba el Plan Global de Desarrollo Turístico de la Provincia ante media Granada. Sesenta proyectos en cinco años para llegar a los 3 millones de turistas al año, superar los 7 millones de pernoctaciones, crear 12.000 empleos directos y facturar 3.500 millones euros, mil más que ahora. Un cambio estructural en el modelo, en la gestión, en los conceptos. Tremendamente ambicioso. Demasiado, quizá, para las esquilmadas arcas de las administraciones públicas (¿alguien ha dejado algo de presupuesto para el que llegue el 23-M?). Incluso para la Diputación que, siendo claros, es con la Junta quien tira del sector y pone el dinero mientras otros se apuntan a la foto.
Tal vez por ello sonaba a despedida. Tal vez a órdago. Tal vez sea una forma de desquitarse de los desplantes de un Ayuntamiento (PP) que durante ocho años no sólo no ha colaborado sino que se ha dedicado a torpedear. Eso sí, con iniciativas tremendamente rentables y de una efectividad contrastada. Repasemos: la tradicional foto de Fitur (¿conocen alguna otra acción promocional del gobierno de la capital?), los balcones vip de la Semana Santa (¿se acuerdan del proyecto que iba a hacer tambalear la capital con tanta demanda?) y, por supuesto, las populares entregas de diplomas de embajadores de Granada (que alguien aporte algún dato de su impacto en el sector). Eso sí, hay quien se atreve a asegurar que se ha constatado que los vuelos internacionales no han servido para nada. ¿Cuál es la fuente? ¿Es una realidad o un deseo? Porque los datos que aporta el INE dicen justo lo contrario. Esta misma semana publicábamos el último balance: el aeropuerto pierde 17.500 viajeros al mes y lidera la caída del tráfico nacional. Más obviedades: no hacen falta más pistas ni torres de control, ¡hacen falta aviones llenos de turistas!
Aun así, y sin ser yo quien defienda a una compañía pirata como Ryanair (su amenaza de esta semana ha sido dejar de volar en toda España si el Gobierno no le ‘perdona’ unas multas), no estaría de más que recordáramos que hablamos de economía. De inversiones y retornos; no de política. Nadie cuestiona que se pueden mejorar las estrategias (la propia Diputación ha iniciado otras formas de trabajo), pero dejemos la demagogia cuando se trata de apoyar el sector clave en la economía provincial; el motor para salir de la crisis en una de las provincias más pobres y con más paro de España.
El viernes, la prudencia marcó el discurso de Caler. El salón de actos de la Cámara de Comercio estaba a reventar. Recordaba la toma de posesión de Javier Jiménez aunque con sabor a cambio, a legado. De unidad, y de la necesidad de implicación de todos los agentes del sector, habló la portavoz de la consultora Deloitte. Los empresarios tomaron nota. Su futuro está ahí. Al igual que el de toda la provincia, sea cual sea el partido que gobierne los próximos cuatro años. Del Ayuntamiento de la capital había un par de técnicos, pero ningún político. Tampoco del PP. Lástima. Puede que sean ellos quienes tengan la oportunidad de hacer realidad ese horizonte a 2015. Será a partir del 23 de mayo. Cuando los ciudadanos decidan si lo de Caler fue una despedida o un hasta luego.
Magdalena Trillo | 9 de mayo de 2011 a las 8:51
Acabo de ver en Twitter que más de cuarenta medios y organizaciones se han sumado ya al manifiesto Sin preguntas no hay cobertura. Más de cuatro mil periodistas de toda España están mostrando su “indignación” ante el rechazo de muchos políticos a admitir réplicas; una actitud que consideramos “inconstitucional”, una falta de respeto al criterio informativo y “una manipulación inaceptable”. Nos indignamos “ante los reiterados intentos de presión sobre el trabajo profesional de los periodistas”. Denunciamos a quienes se refugian en el ‘hoy no toca’ porque nos convierten en taquígrafos y desvirtúan los principios más básicos de la profesión. Nos plantamos ante quienes quieren volver al periodismo folletinesco y de propaganda.
Me sumo… Pero con matices. Está bien que aprovechemos la campaña electoral para lanzar el debate y mantener un pulso a quienes nos gobiernan olvidándose, demasiadas veces, que están obligados a rendir cuentas ante los ciudadanos. Olvidándose de que nosotros somos simples intermediarios, no el enemigo, y que nuestro trabajo es cuestionar, desconfiar, poner en aprietos, interpelar. Es el juego democrático.
Sin embargo, no son los políticos los únicos que distorsionan las reglas del periodismo: ¿nos sometemos a empresarios, banqueros y jueces? ¿hacemos una excepción con los ‘Mou’ del deporte y nos tragamos las insolencias y extravagancias de los artistas?
Y no es sólo en campaña cuando tenemos que ser guerreros. Casi al contrario; los políticos se ponen ahora la careta de la felicidad, son amables, cercanos, pacientes y acceden a (casi) todo. Será distinto a partir del 22-M. Pensemos en Francisco Camps cuando, a pesar de todo el escándalo de corrupción del Gürtel, los ciudadanos lo premien reforzando su mayoría en Valencia… Se lo podrá permitir (casi) todo. Quedémonos en Granada. Nada hay nada más difícil que conseguir una entrevista con Torres Hurtado. Seamos francos: no le hace falta. Se puede negar a (casi) todo. ¿Por qué exponerse a debatir con Paco Cuenca si la duda no es otra que cuánto ampliará su mayoría absoluta y si será suficiente para situar a Sebastián Pérez en Diputación?
Por su puesto que el código de malas prácticas no es generalizable (no todos son iguales) ni es exclusivo del PP. ¿Han olvidado ya los meses de incertidumbre de ZP sobre su retirada y sus secretitos con Bono? ¿Hay alguien más hábil en no contestar que Rubalcaba? ¿Alguien más borde que Blanco? ¿Alguien que haya ninguneado más a los medios en las últimas semanas que Carme Chacón?
Miremos ahora al otro lado de la noticia. No es la primera vez que un compañero de un gabinete de prensa me confiesa el sinsentido de las comparecencias cuando los periodistas que se sientan al otro lado de la mesa parecen autistas. Toman nota y se largan; cogen el primer corte útil y desenchufan los micrófonos. Ni una pregunta. Ni una cuestión incómoda. Quienes se exponen a interpelar, tal vez se vean obligados a sufrir las miradas de frustración de más de un compañero que estaba levantándose… Desde luego, no es éste el camino para prestigiar nuestra profesión y hacernos valer.
#sinpreguntasnohaycobertura es una excusa perfecta para que reflexionemos, todos, sobre el papel que de verdad estamos ejerciendo como garantes del derecho a la información. Pero ni es la solución ni creo que debamos aplicarlo de forma generalizada. Imagínense que comparece don Juan Carlos para comunicar su renuncia a la Corona y dice la Casa Real que no hay preguntas. ¿No informamos? Soñemos con una rueda de prensa sin preguntas de ETA en la que anuncien la entrega de las armas… ¿Ponemos nuestras exigencias por encima de nuestra obligación y responsabilidad como periodistas? ¿Situamos nuestro orgullo y vanidad por encima de los intereses de nuestros lectores? Empecemos (todos) por creer en lo que hacemos y exijamos, siempre, pero con sentido común.
Magdalena Trillo | 27 de febrero de 2011 a las 11:53
Torres Hurtado podría irse hoy de vacaciones y volver al día siguiente de las elecciones para contar cuántos concejales más cambian de bando en la Plaza del Carmen. Sin quitarse el sombrero. Sin necesidad de programa, mítines ni carteles. Al estilo durmiente de Rajoy.
Dicen los socialistas que hay partido, pero habría que preguntarles si todos juegan con la misma camiseta. Sería una buena explicación para los titulares catastróficos de la semana. Y para el espectacular resultado electoral del 22-M que vaticina una supuesta encuesta interna del PP: los populares ampliarían aún más la mayoría absoluta subiendo de 16 a 18 concejales, el PSOE se daría un batacazo cayendo a los 6 (ahora tiene 9) e IU remontaría con 3. Un escenario ficticio que nada tiene de cierto (me aseguran en el PP que no tienen encuestas locales ni saben de dónde salen estos números que no dejan de circular), pero que nada tendría de descabellado.
Visiblemente indignado lo advertía el miércoles el compañero Agustín Martínez en el informativo de Granada Televisión: “Paco Cuenca debe estar pensando en tirarse por el Tajo del Pollero”. No seremos alarmistas, pero hay que reconocer que no le ayuda demasiado al candidato socialista desayunarse el mismo día con el bloqueo sine die del Centro Lorca (con reproches incluidos entre Junta y Gobierno) y la amenaza de las constructoras del Metro de abandonar las obras y dejar toda la capital empantanada. Y todo gracias a los ‘suyos’.
En los dos casos se pueden discutir culpables e introducir matices, pero hay dos realidades: en seis meses no han sido capaces de encontrar una salida al problema de financiación del edificio de La Romanilla y las adjudicatarias del Metropolitano están desde agosto sin cobrar. Las catorce UTEs, las decenas de subcontratas (muchas a punto de la quiebra) y los cientos de trabajadores y familias que viven del Metro. Por mucha utilización electoralista que se esté haciendo de los temas (que la hay), es difícil no coincidir con el PP cuando habla de “nefasta gestión”. Y, desde luego, no parece que se pueda admitir como excusa que el problema de liquidez es compartido…
Si unos y otros siguen ayudando en la misma dirección, el desgaste de la marca PSOE agrava la derrota socialista y no hay sorpresas en las comarcas de Loja, Guadix o Motril, el equipo de Torres Hurtado y Sebastián Pérez aumentará su porcentaje de votos en la capital y en el cinturón y la Diputación cambiará de signo tras más de tres décadas de gobierno socialista. Precisamente, el Barómetro que hoy publicamos todos los diarios de Grupo Joly constata el avance del PP en toda la comunidad (se sitúa ya en 10,2 puntos de ventaja sobre el PSOE) y refleja también que donde los socialistas están peor es en Andalucía oriental.
En Granada, el que se ha puesto ahora a remar a contracorriente es Blanco, dándole más color político que nunca a las vías del AVE y con un talante resolutivo capaz de trastocar el escenario para las autonómicas y generales. Sueñen: la Autovía del Mediterráneo en funcionamiento, la Alta Velocidad a punto de llegar, el Metro terminado, el Centro Lorca abierto… Todo lo que hoy es ciencia ficción.
Tan ficción como dar ya por vencedores a Arenas y Rajoy. Si a los logros ‘locales’ de aquí y allá le vamos sumando cierta recuperación económica, un respiro en las cifras del paro, la estabilización del sistema financiero, el saneamiento en las administraciones, el fin de ETA… no deberíamos descartar que Griñán pueda sostenerse al frente de la Junta y hasta Carme Chacón o Rubalcaba tenga alguna posibilidad de mantener La Moncloa. Aunque sea en el Estado del Medioestar que diría Llamazares.
Magdalena Trillo | 23 de febrero de 2009 a las 12:14
LO de la Encuesta General de Opinión Pública de Andalucía cada vez es más surrealista. Ahora resulta que el PSOEadelanta al PP diez puntos en intención de voto para las próximas elecciones autonómicas. Un triunfo importante si no fuera porque no se lo creen ni los propios socialistas.
Y es que los que al final se tienen que enfrentar con los datos reales, los de las urnas, están muy preocupados. ¿La razón? Lo que había trascendido antes de que se ‘cocinara’ el estudio y se colgara en la web. En Almería y Málaga se consolidaba la ventaja del PP y en Granada, por primera vez, se le veía la oreja al lobo: el PP conseguía adelantar al PSOE aunque por muy poco.
Sin embargo, la información ‘oficial’ va en otra línea; una dirección que choca incluso con la lógica: si hace diez meses la ventaja de los socialistas era de cuatro puntos y, en la última encuesta, el PP gana dos puntos y el PSOE pierde otros dos… ¿Cómo logra el PSOE diez puntos de ventaja en Granada?