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Paco Cuenca vs. Francisco Cuenca

Magdalena Trillo | 7 de mayo de 2017 a las 11:30

Entre el notable alto y el suspenso rotundo. El examen que hoy hacemos a Paco Cuenca en su primer año como alcalde revela lo subjetiva, escurridiza y volátil que es la política. Y los políticos. Lo contradictorias y líquidas que pueden llegar a ser las opiniones; y hasta los hechos. No sólo recurro a Zygmunt Bauman para compartir el desasosiego que genera el mundo etéreo e interesadamente parcial en que nos movemos; también para constatar que, para lo único que nos sirve el retrovisor mcluhaniano, es para dejarnos llevar por la nostalgia de ese pasado robusto que sigue desprendiendo solidez. Esa “retrotopía” de la que habla el pensador polaco -Seix Barral publica dos ensayos póstumos a final de mes- invirtiendo por completo los valores con que hasta ahora habíamos identificado el futuro y el pasado…

No crean que me he perdido en los pantanosos terrenos de la filosofía; hablo de rutinas. De intentar entender el día a día. Hace justo un año que los socialistas desalojaron al PP de la Plaza del Carmen tras el escándalo de la operación Nazarí: un año de Paco Cuenca con el bastón de mando; un año sin Torres Hurtado en la Alcaldía.

La radiografía precisa de su primer año de mandato la pueden encontrar en la entrevista con que hoy abrimos el periódico, en el análisis que escribió el propio alcalde para nosotros -se publicó el viernes coincidiendo con el día de su toma de posesión- y, en forma de prisma plural, en las visiones que realizan los grupos municipales, los partidos y los responsables de las principales instituciones y organizaciones de la ciudad. Ahí está la fotografía de Granada en el ecuador del mandato; las luces y las sombras; los aciertos, los desafíos y los errores.

No les sabría decir si ha superado el examen. Como podrán imaginar, las notas son tan parciales y tendenciosas, por exceso y por defecto, que invalidan cualquier media. Realmente creo que el único que se ha puesto una calificación con honestidad ha sido el propio alcalde: un 7. Un notable raspado que habla del esfuerzo empleado y de la dificultad del camino que aún le queda por recorrer. Tan prudente que resulta creíble.

Yo voy a quedarme en los márgenes. En esa gestión colateral de símbolos y gestos que, al final, puede resultar más sincera y contundente que la de las juntas de gobierno. Especialmente, si tenemos en cuenta la precariedad con que está gobernando, el trabajo titánico que supone sacar cualquier iniciativa adelante y el peso de la moción de censura con que la oposición le recuerda que son 8 concejales en un Ayuntamiento de 27.

Pues bien, la consecuencia mundana más visible del terremoto político que puso a Granada en el mapa nacional de la corrupción -y que ha tenido sus últimos coletazos en el convulso congreso provincial del PP- es tan insignificante como reveladora: Paco ya no es Paco; ahora es “Francisco”. En su momento tuvo que guardar su colección de foulard para rebajar las maliciosas críticas de “postureo” y “frivolidad” y ahora, tras doce intensos meses de actividad institucional, le ha tocado jugar en la cancha de lo estéticamente correcto. Y previsible. No es una cuestión menor. Porque aquí es donde nace el “Francisco Cuenca” de traje y corbata que parece levantarse cada mañana para cumplir un único mandamiento: quedar bien.

Esto lo podríamos aplicar a los suyos -incluidos sus intentos de navegar entre los bandos que se disputarán la secretaria provincial del PSOE después del verano-, a nivel institucional -pese a que en más de una ocasión termina vampirizando las iniciativas en que colabora y siempre termine en el espacio central de las fotos- e, incluso, a los adversarios. Porque, aunque ahora se vea a sí mismo encabezando todas las grandes movilizaciones de protesta, incluso la sanitaria a la que jamás fue, la realidad es que sólo ha elevado el tono a Madrid y de forma puntual por el AVE.

Tal es su empeño en la Granada amable que “sonríe” que esta misma semana hemos asistido a una verdadera reinvención del concepto de botellón: las Cruces no se podían desmadrar; había que quedar bien con la ciudad… y así ha sido. ¿Se imaginan los titulares en su medio de cabecera hace un año con Torres Hurtado de alcalde? No entro en detalles, sólo me mojo y me atrevo a ponerle nota a su anti-política de comunicación: suspenso.

Y esto no se explica ni recurriendo al pensamiento líquido y voluble de Bauman…

El precio de gobernar

Magdalena Trillo | 23 de octubre de 2011 a las 9:24

Zapatero es el problema; el PP, la solución. Hace cinco meses que los populares arrasaron en las municipales anticipando lo que será el resultado del 20-N y, probablemente, del vuelco electoral que se vivirá en Andalucía en marzo. En Granada, Torres Hurtado amplió su victoria y, por primera vez en tres décadas de democracia, la Diputación se vestía de azul. Empleo e infraestructuras iban a ser la prioridad. El crecimiento económico y el desarrollo, la razón del cambio. Sebastián Pérez se comprometió a gobernar “para todos los municipios” sin revanchas ni favoritismos, desde la austeridad y la transparencia. Era entonces difícil disentir con el dirigente del PP cuando clamaba aquello de “no nos resignamos a seguir siendo, ni un minuto más, los primeros en lo malo y los últimos en lo bueno”.

Acaban de cumplirse los primeros cien días de gobierno del PP en la institución provincial y denuncian los socialistas que sólo ha habido “parálisis en la gestión, sobredosis de oposición y clientelismo”… En tres meses no se pueden cambian las dinámicas de 33 años, pero reconozcamos que a todos nos gustaría empezar a ver acuerdos, proyectos y, por insignificante que sea, algún resultado de su política. Menos sacudida de alfombras y más gobierno en positivo.

Y digámoslo abiertamente: una cosa es conectar con el electorado y ganar elecciones y otra muy distinta gobernar, gestionar. Sobre todo si confluyen varias circunstancias: la crisis no entiende de banderas ni de colores, lo que hay que administrar es miseria (el propio Rajoy ha advertido que llegará a la Moncloa en el momento más crítico de nuestra historia) y la ilusión de que Europa nos saque del pozo se difumina por el camino. Cuando dejemos de ser “región de convergencia” en 2014 se cortará buena parte de las ayudas que han servido de salvavidas a los gobiernos central y autonómico para sus grandes proyectos, la reforma anunciada de la Política Agraria Común terminará de hundir el campo andaluz y, aunque insistamos en mirar a la Europea rica, cada vez estamos más cerca de la pobre. Contagiados por Grecia y su quiebra.

Pero volvamos a Granada y unamos a este envoltorio macroeconómico los dramáticos datos de paro, renta y riqueza, el retraso histórico en las infraestructuras y el irresoluble aislamiento de la Costa, la comarca con más potencial. En este contexto, la estrategia del PP es efectista electoralmente pero también peligrosa. No podrá esconderse en la confrontación cuando gobierne en todos los niveles de la administración y tendrá que responder con acciones –no con promesas– a esa esperanzadora complicidad que ahora está mostrando con Granada.

Me surgen varias preguntas: ¿Será capaz Rajoy en menos de cuatro meses (de las elecciones nacionales a las andaluzas) de demostrar que el PP es la solución a la economía y al paro? ¿Si no hay desgaste de la derecha antes de marzo y se impone el PP a la segura alianza de la izquierda andaluza, conseguirá Arenas los millones para las obras del Metro? ¿Logrará que el AVE llegue a Granada con la Estación de Moneo terminada? ¿Vencerá a la caprichosa orografía del litoral y veremos acabada la A-7? ¿Convencerá a Europa para que el Corredor pase por la costa granadina y malagueña? ¿Tendrá dinero para el ascensor a la Alhambra pero no para el Teatro de la Ópera o Cines del Sur? ¿Habrá recortes en educación y sanidad como ensayan las comunidades ‘afines’?

Aparte de apelar a la nefasta gestión socialista, ¿qué hará entonces el PP de Granada? No podrá recurrir a la política del agravio. En realidad, no valdrá la política; lo que piden los ciudadanos son salidas y soluciones. Gestión honesta y eficaz. Acuerdos y dinero encima de la mesa. ¿Serán capaces de mirar hacia adelante?¿Están preparados para pagar el precio de gobernar?

Rubalcaba, González y Griñán están hoy en Atarfe en un acto central de precampaña. Los socialistas no dan por perdido el Gobierno central, al menos confían en amortiguar la derrota, y mucho menos el de la Junta. Pero los nubarrones son inmensos: en política, el PP les saca demasiados puntos de ventaja y, en gestión, tienen a medio país escéptico y al otro medio en contra. Ellos ya están pagando el precio de gobernar…