Archivos para el tag ‘Granada’

25 años sin AVE

Magdalena Trillo | 23 de abril de 2017 a las 9:23

Nada significa una gran efeméride si no reúne dos condicionantes básicos: dinero para invertir y gestión eficaz. Lo primero garantiza el éxito del momento y resulta clave para determinar en qué escala se mueve la celebración -si pasa sin pena ni gloria para la ciudad o termina siendo un “antes y un después”-; lo segundo es clave para no desperdiciar la oportunidad y traducir el impulso del acontecimiento en una transformación profunda y a largo plazo. Sevilla lo hizo en 1992 con la organización de la Expo y la llegada del AVE. Hace 25 años; justo ese cuarto de siglo que hemos vuelto a celebrar esta semana con la conmemoración de la conmemoración.

Es una manera de volver a explotar el gancho. En diferido. Pero ahora se invierten los papeles: la celebración roza lo protocolario y el análisis, la radiografía del momento, ocupa el foco central del retrovisor. Puede que la lectura final sea agridulce, que se haya caído en cierto adormecimiento y conformismo, que los desafíos sean hoy de más alcance incluso que en aquellos boyantes años 90, pero Sevilla dio un salto de modernidad y sentó una posición de liderazgo e influencia como capital de Andalucía que ha tenido un impacto innegable para el resto de provincias andaluzas y para el conjunto del país.

Granada, fiel a su historia de regocijo en el agravio, siempre ha mirado aquella Expo de reojo: demasiado protagonismo para los hispalenses cuando se trataba de rememorar el quinto centenario del Descubrimiento de América sin contar con una ciudad que fue clave y que entonces quedaba relegada al papel de invitada; y demasiadas inversiones para una Andalucía Occidental que abría una brecha de desigualdad con las provincias orientales que no se ha dejado de alimentar en toda la etapa de autogobierno.

Hasta la irrupción de Málaga en el jugoso pastel del turismo cultural, a Granada casi le ha valido con sacar músculo de su patrimonio, con contemplar la Alhambra, para deslizarse sin complejos siendo espectadora de la rivalidad entre Sevilla y la pujante capital de la Costa del Sol. Hemos dedicado décadas a lamentar el “centralismo sevillano” y hacer demagogia con el “Sevilla nos roba” -resulta increíble cómo ha calado en la población la idea de que la Alhambra se gestiona y explota a la sombra de la Giralda- sin darnos cuenta que los puntales del desarrollo se disputaban en otra división. En la de las grandes infraestructuras. En las de la modernidad, el desarrollo y la movilidad.

Tardamos demasiado tiempo en darnos cuenta de que engancharnos al mapa español de la Alta Velocidad era una irrenunciable oportunidad de progreso y de transformación. Tanto como lo ha sido el aeropuerto para Málaga y como lo está siendo el AVE para las ciudades que han sido capaces de sortear los incumplimientos de promesas, las demoras y los ajustes de presupuestos.

No habían llegado los 25 años del AVE y de la Expo cuando Manuel Chaves, siendo presidente de la Junta, quiso compensar a Granada con una percha sobre la que colgar inversiones: el Milenio. Se trataba de celebrar los mil años de la fundación del Reino de Granada, pero 2013 era ya un año gafado. Enterrado por la crisis. Y fue un fiasco. Como lo ha sido después la Universiada. Efemérides marcadas por la polémica que ni fueron brillantes en su día ni han dejado un legado que podamos reconocer.

Ahora se ha vuelto a activar el calendario hacia el 2031 con un doble enfoque: la carrera de la Capitalidad Cultural y los cinco siglos de la Universidad de Granada. Pero el interrogante sigue siendo el mismo que hace un cuarto de siglo con la Expo y hace cuatro años con el Milenio: ¿nos conformamos con una buena sesión de fotos o contaremos, esta vez, con una buena cartera de inversiones que garanticen un mínimo reequilibrio territorial y una verdadera transformación en la ciudad?

Hace precisamente 25 años que Granada estrenó uno de los pocos proyectos que han tenido cierto recorrido: el Palacio de Congresos. Lo contamos hoy en el amplio informe que reconstruye aquel 1992 que, en el plano turístico, supuso un impulso al sector sin precedentes. Ese “antes y después” que se nos sigue resistiendo con el AVE.

Susanistas y pedristas en clave local

Magdalena Trillo | 9 de abril de 2017 a las 10:00

Cuando hace tres años Pedro Sánchez visitó la redacción de Granada Hoy, en plena campaña para las primarias del verano del 14, lo hizo con Jesús Quero de padrino. Lo defendió con vehemencia. Convencido de su carisma y su arrojo frente a un Rubalcaba en horas bajas que no tenía más salida que asumir en primera persona el fracaso de las urnas y dar un paso atrás. En aquellos momentos Pérez Tapias también competía contra el político madrileño -y contra Eduardo Madina- en la carrera a Ferraz, pero buena parte del socialismo granadino se había decantado por Pedro Sánchez. Corrijo: el grueso del PSOE de Granada estaba con Susana Díaz.

Y lo sigue estando. Pedro Sánchez fue secretario general del PSOE porque quiso Susana Díaz y el domingo 21 de mayo será la dirigente andaluza quien se mida en las nuevas primarias contra su antiguo protegido porque se equivocó. Tal vez sea la única parte de la historia que compartan pedristas y susanistas: el inicio de todo. Aquel mes de julio de 2014 en que el aparato socialista, con el respaldo de la militancia, entregó unas siglas centenarias a un completo desconocido sin cultura de partido y supuestamente maleable. Lo que ha sucedido en el intermedio, los varapalos electorales y el desgobierno, la pérdida de identidad del partido y la amenaza del sorpasso y hasta el ‘no es no’ con el mitificado congreso de la defenestración que evitó unas terceras elecciones en España, discurre en una completa contradicción. Dos relatos antagónicos que han abierto una brecha en el PSOE y han terminado sumiendo a las bases en una curiosa paradoja: los antiguos pedristas son hoy susanistas y sin que sepamos demasiado bien -al menos en Andalucía -cuánto pesa el cabeza de cartel, cuánto las ideas y cuánto la revancha.

La recogida de avales será el escenario del duelo inicial, pero no el único. Pedro Sánchez está aprovechando su condición fabricada de víctima para lograr apoyos frente a una Susana Díaz que quiere arrollar con un pie puesto en Ferraz y otro en La Moncloa. Es el trasfondo que empieza a vislumbrarse en una campaña que no ha hecho más que empezar: el primero ya se ha autoproclamado el candidato outsider intentando aprovechar los vientos favorables de los movimientos antisistema -del ‘Brexit’ a la victoria de Trump pasando por el no a la paz en Colombia- y la líder andaluza ha puesto la maquinaria en marcha con un mensaje de más largo alcance: es el momento de que el PSOE resucite y vuelva a convertirse en una opción ganadora. La disputa no es con Podemos sino con el PP. La alternativa no es entregar el partido como ha hecho IU sino recuperar el gobierno de España. Porque la campaña de Susana Díaz tiene una doble estación de llegada: la secretaría general del PSOE y la presidencia del Gobierno español.

A partir de aquí, emociones y razones entran en la batalla sabiendo que la integración sólo será un camino transitable para Patxi López. Lo que se juegan Susana Díaz y Pedro Sánchez es el todo o la nada y con un duro discurso en blanco y negro: ¿el partido del siglo XX o del siglo XXI? ¿el candidato a la izquierda de la izquierda frente a la candidata que coquetea con la derecha? Es evidente que importará la capacidad de cada facción para colar sus mensajes pero también será clave el proceso mismo. Las alcantarillas. Dónde se vota y cómo se vota.

Y ello sin perder de perspectiva las quejas de los pedristas por la opacidad en la gestión del proceso y la supuesta “no imparcialidad” de la gestora y las críticas por los cambios en el sistema de primarias que aprobó el comité federal el pasado mes de abril: las agrupaciones más pequeñas votarán unificadas donde digan los partidos a nivel provincial -no en sus pueblos como hasta ahora-, se elegirá al candidato de primarias y una semana después a los delegados del congreso -no el mismo día-, los afiliados directos que se registren en Ferraz votarán en la agrupación provincial y no en la local…

Lo cierto es que no es ningún capricho la exigencia de los pedristas de limitar por arriba la recogida de avales: cuando Susana Díaz se enfrentó a Luis Planas en las primarias andaluzas de 2013, no sólo lo abrumó; lo anuló. Lo previsible ahora es que aplaste en Andalucía pero no al otro lado de Despeñaperros: ¿tendrá este primer duelo un efecto directo en la bolsa de indecisos? ¿la recogida de avales será el techo de Susana Díaz y el suelo de Pedro Sánchez? Porque luego vendrá la elección de delegados y el congreso. Y ahí, con el voto secreto (de verdad), la batalla será tan distinta como lo fue con Borrell o Zapatero.

Todo cuenta. Para reconstruir el PSOE nacional pero también el regional y el local. En Andalucía converge además lo orgánico y lo institucional con esa preocupante incertidumbre de poder en San Telmo -el debate de la sucesión corre en paralelo al viaje de Susana Díaz a Madrid- que el PP ve ya como la primera oportunidad real de toda la democracia para hacerse con el gobierno andaluz. ¿Creen que la foto de Sebastián Pérez con Luis Salvador de este viernes en Granada está al margen de expectativas y estrategias?

A nivel provincial, Teresa Jiménez se ha puesto al lado de Susana Díaz como lo hizo en su momento con Pedro Sánchez… por obligación. Como buena parte del partido. Incluso como los que quieren moverle el sillón cuando Granada celebre su congreso y toque aquí la renovación. Porque todo pasa por Susana. Para la salida negociada de Teresa -dejando posicionado a Entrena en la Torre de la Pólvora- y hasta para el desembarco rupturista de ¿Juanma o Noel?

Lo realmente apasionante es que todo está por escribir. ¿Y si Susana Díaz no arrasa? ¿Y si Chema Rueda acierta ahora apostando por el candidato aparentemente perdedor y decide presentarse al congreso de octubre abriendo una tercera vía? ¿Será entonces el turno de Guillermo Quero al frente de los socialistas de la capital? ¿De Paco Cuenca si acaba de forma abrupta su “negra” aventura en la Alcaldía?

Apasionante y desconcertante. Porque al final pesa tanto lo que se quiere construir como lo que se quiere evitar y destruir. También en el voto. La evidencia más palpable de la confluencia de piezas y escenarios que entran en juego es cuando, en confianza y con el compromiso del off the record, preguntas a susanistas y pedristas por sus opciones: ninguno convence. Pero sí convencen -sí interesan- más que el contrario. Así es la política; voluble y caprichosa. Tercamente imprevisible.

¿Seguro que (sólo) hablamos de sanidad?

Magdalena Trillo | 15 de enero de 2017 a las 10:27

Tres meses después del estallido de la crisis sanitaria, Granada volverá hoy a salir a calle con las mismas protestas y exigencias que el primer día. A la espera de comprobar el nivel de éxito de la convocatoria -el fracaso ni se plantea-, todo hace pensar que tendremos una contundente banda sonora de críticas y un buen álbum de fotografías de indignación y cabreo que podríamos intercambiar con cualquiera de las movilizaciones que se han sucedido en estos casi cien días de conflicto.

¿Todo sigue igual? ¿Nada se ha avanzado? Depende de lo que nos interese creer y defender. De entrada, y es algo que debería preocupar más allá de reproches sobre “oportunismos” y de la “utilización partidista” que todos están realizando de la crisis hospitalaria, no es sólo Granada quien coge la bandera de la calle; otras provincias como Huelva, Sevilla y Málaga se han unido a esta creciente y contagiosa marea blanca por una sanidad “digna” y de “calidad”.

Con motivos y connotaciones diversas, es compartido el sentimiento de “deterioro” del sistema sanitario, las críticas al impacto que los recortes han provocado en los servicios y en el personal y el convencimiento de que el gran proyecto de la fusión hospitalaria es un fracaso. Y, por primera vez en tres largas décadas de autonomía, lo que se está poniendo en cuestión es la fortaleza misma y eficiencia del sistema andaluz de salud.

¿Pero las negociaciones están paralizadas? ¿Se está engañando y manipulando? ¿Hay razones para volver a tomar las calles? Si somos honestos, a estas preguntas no podríamos poder contestar. La razón es bien sencilla: no se ha dado un mínimo de margen a los interlocutores -ni confianza, ni legitimidad- para saberlo. La protesta del 15-E parecía escrita en un guion cerrado que nada tenía que ver con lo que ocurriera en los despachos.

Salud ha rectificado. La propia presidenta de la Junta ha asumido los errores y ha dado instrucciones para revertir el proceso. Con absoluta libertad para la toma de decisiones y con partidas presupuestarias suficientes para asegurar que los acuerdos a los que llegue la mesa de negociación se llevarán a cabo. ¿La cuestión, ahora, es que no nos lo creemos?

Si el problema real es la quiebra de la confianza, el cuestionamiento mismo sobre las reglas del juego y el papel que las instituciones ocupan en el tablero democrático frente a la presión de calle -la de las pancartas y la de los hashtag-, el debate sobre los “dos hospitales completos” y la exigencia de una sanidad pública “digna” que garantice la “igualdad de oportunidades” queda completamente desvirtuado en origen.

Y es por ello que parece poco probable que encontremos una salida a un desafío tan complejo como la reordenación del mapa hospitalario de Granada desde dos posicionamientos antagónicos sobre el fondo y la forma que más tienen que ver con el concepto mismo de la política y del sistema de representación que sobre la sanidad.

Es en buena medida lo que se va a dirimir a nivel interno en los partidos con las convenciones y congresos que se irán celebrando a lo largo del año a nivel federal, regional y provincial. Evidentemente, serán disputas de poder pero también de funcionamiento, de concepto y de modelo. En algunos casos, la carrera por el liderazgo focalizará la atención mediática pero es el propio ADN de las organizaciones políticas lo que de forma compartida está en cuestión.

Tal vez sea Podemos donde se está haciendo más visible el choque de trenes sobre lo que significa la vieja y la nueva política en un escenario de teórica normalización donde nada importa la fecha de constitución del partido.

Salvando las distancias, las ponencias que Pablo Iglesias e Iñigo Errejón dieron a conocer el pasado viernes de cara al congreso de Vistalegre 2 bien podrían servir de trasfondo para entender esa otra gran crisis y esos múltiples intangibles que subyacen en el conflicto sanitario de Granada. Hablamos de si los políticos deben ser “activistas” cuando asumen responsabilidades públicas o no; si los partidos, vengan de donde vengan, han de someterse a la “lógica institucional” o seguir en la “senda resistencialista” de las barricadas y las protestas; si queremos partidos “útiles” y pragmáticos o creemos que la “normalización” no hará más que “disolver” el proyecto.

Lo que Iglesias y Errejón argumentan aplicado al futuro de su formación lo podríamos extrapolar a la política misma y hasta al modelo de democracia actual. Cuando el primero alerta de la “politiquería partidista de las medallas” y cuando el segundo advierte de que “sólo si salimos de los golpes de efectos y de ser los enfant terribles de la política” se estará en condiciones de gobernar, bien podríamos pensar en la tensión -¿contradicción?- entre la calle y las instituciones. En la profunda brecha que sigue separando a los representantes y los representados.

¿No es (también) de todo esto de lo que van los posicionamientos de las plataformas y los partidos en la crisis sanitaria? Hace tres meses, la marea blanca que sorprendió a toda España en defensa de la sanidad poco tenía que ver con la política; con los partidos; con su convulsa vida interna. Hoy probablemente sea el elemento que mejor nos ayude a diferenciar unas fotografías de otras. Por quienes están y por quienes se ausentan.

¿Oportunismo? ¿Utilización partidista? Sin duda. Y sin excepciones. ¿Pero seguro que (sólo) hablamos de sanidad?

 

Políticos, jueces y payasos: ¿quién es quién?

Magdalena Trillo | 30 de octubre de 2016 a las 12:50

Podría referirme a la fractura de una formación centenaria como el PSOE que ha terminado envuelta en la bandera de la disciplina de partido para seguir pareciendo un partido, podríamos pensar en los más de 300 días de espectáculo mediático que hemos necesitado en España para acabar claudicando ante un Gobierno tristemente parecido al que se hubiera podido conformar hace un año y podríamos preguntarnos a qué nuevo callejón nos lleva que sean los mismos políticos los que parece que nos representan cuando se sientan en el hemiciclo y, “legítimamente”, decidan no representarnos cuando se movilizan a las puertas del Congreso para protestar por el transcurso de un juego en el que ya son juez y parte.

No son paradojas de la alta política; son contradicciones intrínsecas al momento de transición que estamos viviendo. Y no es sólo en Madrid o Cataluña donde supuran las heridas. El pleno del pasado viernes en Granada sólo puede entenderse desde el diván de la confusión y la incertidumbre, de la ausencia de determinación y los temores con que estamos caminando en lo que tal vez tenga más que ver con una tremenda crisis finisecular de valores, de conceptos y de estructuras que con un coyuntural choque de trenes entre la vieja y la nueva política. Lo que se tambalea es el modelo. Y no es una enmienda al 78; es la constatación de que la vida misma ha cambiado en las plazas y los bares sin que las lámparas de araña y las alfombras rojas de los templos públicos se hayan percatado siquiera.

¿Políticos y jueces se han intercambiado los sillones? Hace años que Félix de Azúa decretó la “muerte del arte”, no dudó en certificar el fin de la literatura en su Autobiografía de papel y hasta se atrevió a situar al periodismo como el “rompeolas de todos los géneros” en lo que podríamos ver ya como una descomposición en cadena de lo conocido, lo aprendido y lo socialmente aceptado.

Reconozco que no sabría decir qué fue antes: si la politización de la justicia o la judicialización de la vida pública. Pero desde la perspectiva de los efectos no es relevante: no hay ni una sola macrocausa o complejo proceso de corrupción en nuestro país que no arrastre la sombra de la utilización partidista, las sospechas de presiones y las crecientes dudas sobre si los viejos principios de objetividad, imparcialidad y honestidad son compatibles con el gran hermano de sobreactuación, superficialidad y alarmante mediocridad con que estamos descafeinando nuestras sobrevaloradas democracias.

paco cuenca

En lo que ocurrió el viernes en la Plaza del Carmen, transmutada en ese teatro con fachada, actores y personajes que hace décadas retrató Erving Goffman con sus teorías sobre la dramaturgia social, tiene mucho que ver el poroso y escurridizo debate sobre los muros y las fronteras que nunca hemos resuelto. De las físicas y las imaginarias. En sentido estricto y en sentido figurado. Sobre cuáles queremos levantar y cuáles derrumbar. Sobre cuáles son útiles y cuáles peligrosas. Podríamos verlo como una transposición de la “muerte de los géneros” que, como en la literatura, también decidimos abrazar los medios de comunicación pensando que estábamos innovando -sin darnos cuenta de que acabaríamos metiéndonos todos en un peligroso círculo de pseudoinformación- y resulta una manera sorprendentemente eficaz de analizar buena parte de las crisis y escándalos que nos sobresaltan a diario.

El conflicto de las puertas giratorias no existiría, por ejemplo, si hubiéramos dejado clara cuál es la frontera entre lo público y lo privado y tampoco nos veríamos sumidos en un constante dilema ético (cuando no deriva en fraude) si los políticos aprendieran a diferenciar lo que es el partido y lo que es la institución cuando llegan al poder. Igual ocurriría con los casos de financiación ilegal (con la Gürtel a la cabeza) si siguiéramos aquel consejo tan sano de diferenciar lo propio y lo ajeno y escándalos como el de las tarjetas black con todo un ‘ex’ del FMI confesando ante un juez que no tenía muy claro cuál era su nómina.

La crisis de esta semana en Granada con la imputación de Paco Cuenca por un juzgado de Sevilla -se investiga a una decena de altos cargos a raíz de una denuncia sindical por unos contratos de su etapa como delegado de Economía de la Junta- no escapa de esta disyuntiva. El interrogante es muy sencillo: ¿es corrupción o estamos ante una presunta irregularidad administrativa? ¿Es un caso penal o debería esclarecerse por la vía de lo contencioso?

La estabilidad misma del gobierno local depende de la respuesta. Hasta tal punto que, en otro ejercicio de malabarismo teatral, toda la oposición convirtió el viernes el pleno municipal en un severísimo juicio al alcalde. Con la firmeza que no se ha conseguido en ninguna de las infructuosas comisiones de investigación que se han llevado a cabo hasta ahora en Andalucía. Llegando a lo que históricamente no ha logrado España en toda su etapa democrática: que los políticos asuman responsabilidades políticas con independencia del camino judicial.

Ahora juzgamos en los plenos y hacemos política en los juzgados. Más que un avance parecen los primeros acordes de un réquiem. Aunque también confuso. Sin saber de qué. Sin atisbar hacia dónde.

Que hasta los McDonalds haya tenido que esconder a Ronald para no asustar a los niños tal vez sea más que un símbolo… Lo llaman clown sights (avistamientos de payasos) y creepy clowns (payasos terroríficos). Los payasos ya no hacen gracia; ahora asustan. Los populares bufones han salido a las calles con navajas, hachas y hasta motosierras para sembrar el terror.

payasos

Podríamos pensar que es cine. Deberíamos estar hablando de Pennywise, Horny o Krusty. Pero no. No están en la pantalla, ni en los libros ni en la imaginación. Ni siquiera es algo esporádico circunscrito a Halloween. En Texas y Alabama se han tenido que cerrar algunos colegios por denuncias vecinales. En Suecia ya se ha registrado algún herido…

La frontera entre el divertimento y la violencia también la hemos tumbado. Como la fiesta y el drama. Como el vodevil y la tragedia. Y todavía está por ver si no sentamos a un payaso en el despacho oval de la Casa Blanca. Si no es un réquiem, se le parece…

530 días sin tren: soluciones, no chapuzas

Magdalena Trillo | 18 de septiembre de 2016 a las 9:30

La marcha del 17-S era necesaria. La unión de instituciones, empresarios, sindicatos y agentes sociales reconociendo el hartazgo ciudadano, también. Que Granada haya sido capaz de construir un frente común de toda Andalucía Oriental por una causa de “justicia” y de “respeto” resulta casi tan histórico como el retraso en infraestructuras y los 530 días de aislamiento ferroviario que se denuncian.

En este contexto, es casi anecdótico si la marcha sacó a la calle a 3.000, 5.000 o 7.000 granadinos. Es más, deberíamos lamentarnos de por qué no fueron 30.000 los que recorrieron los cientos de metros que separan Renfe de la Gran Vía. La foto del “basta ya” había que construirla por un motivo emotivo y otro pragmático: para que la tierra del quejío y la lamentación se levante la autoestima -no todo es un complot de fatalidad en nuestra contra- y para que se utilice en los despachos a partir de hoy. Para presionar. Para desbloquear. Para reactivar las obras en Loja, para fijar nuevos plazos para la llegada del AVE y para arrancar al Gobierno una apuesta definitiva en los presupuestos de 2017.

Era por tanto una marcha necesaria, ¿pero útil? Lo sabremos con los titulares de los próximos días. La movilización tendrá continuidad con una segunda estación de protesta en Madrid y está por ver si un Gobierno en funciones es capaz de hacer algo más que subsistir. El PP no estuvo y, de momento, son los que más puede mediar en Madrid para lograr una solución. Dirigentes del partido me confesaban esta semana que Adif está negociando “a cara de perro” y que se hubieran unido si Fomento no estuviera trabajando para encontrar una salida. Es un futurible difícil de comprobar en un país que lleva un año en bucle electoral pero es otra la pregunta de fondo: si realmente hay una escapatoria (legal), cuándo y a qué precio.

El caso del AVE de Granada es de manual: administración y empresa contratan en circunstancias temerarias y luego resuelven bajo cuerda el sobrecoste de los modificados millonarios. Con una responsabilidad compartida, lo normal es que las tensiones desemboquen en acuerdo y no en una amenaza de la promotora de abandonar las obras. No hay más en Loja. No lo habría si Fomento tuviera más margen de maniobra y la empresa de Florentino Pérez estuviera en un escenario de intangibles y expectativas que la animara a ceder. De todo esto no se puede hablar, mucho menos escribir, pero es la triste realidad: la cara b de los acuerdos; del último corredor de fincas al mayor contrato de la administración pública. Se negocia -y se contrarresta- en base a lo que hay, lo que ha habido y lo que habrá.

El titular del desatasco de las obras en Loja llegará; otra cuestión diferente es si con ello Granada se suma de verdad al mapa de la Alta Velocidad Española. Con la coartada de la crisis y de los recortes presupuestarios, se ha renunciado a tanto en los últimos años que es difícil valorar si el AVE descafeinado que entrará en Andaluces habrá merecido la pena. Si, más allá de la megalómana estación de Moneo y el hoy inasumible soterramiento en La Chana, la reconexión ferroviaria supondrá un despegue real con la solución low-cost que se terminó aplicando en Loja.

El frente común de Granada, Jaén y Almería para reclamar la vertebración de Andalucía Oriental no deja de ser un peligroso eje del fracaso. Porque es el tren, pero también lo es el aeropuerto desplomándose en la escala regional de tráfico de viajeros y lo es el Puerto de Motril si no terminamos de entender que es uno de los pocos proyectos con un claro recorrido de expansión económica e industrial en una provincia que subsiste por inercia mientras sopla el viento del turismo y no se desinfla la burbuja del sector público.

Cuando los manifestantes gritaban ayer que “a Granada se la respeta” y pedían “dignidad”, no podía evitar recordar al ministro De Guindos en sus no-explicaciones sobre el caso Soria diciendo poéticamente que “la dignidad es un concepto evanescente”. Porque nada tiene el “Granada por tren ya” de bebida espirituosa y porque nada hay de misterio en esa alternativa tercermundista por Moreda que puede terminar convirtiendo en éxito una chapuza. Lo clamaba ayer la gente -no los políticos- en la marcha del 17-S y deberíamos sumarnos todos: “Dejarse de pollas”. En este caso el clamor es tan evidente que no hay que recurrir a la poesía.

 

Política ‘on the rocks’

Magdalena Trillo | 3 de julio de 2016 a las 10:32

La política es como el alcohol. Primero te seduce, luego te engancha y, en función del punto de saturación, puede acabar sumiéndote en la más inconsciente complacencia o expulsándote con efecto rebote. Todo depende del qué y del cómo. Son los extremos. En la franja intermedia está el coqueteo. Las burbujas.

No es una metáfora ligera. Que el cava se sirva ahora en una gran copa de balón con mucho hielo no es sólo una moda; tiene que ver con estos nuevos tiempos de inquietud y de experimentación en que vuelve todo lo viejo pero reinventado. Es un momento de sensaciones y de tendencias. De provocación. No hay espacio para los sacrilegios y sí para la novedad compitiendo con el esnobismo, eso que ahora llamamos postureo.

Los productores están obsesionados con identificar los gustos y preferencias del consumidor, adelantarse para acaparar el mercado e, incluso, ser capaces de crear la demanda. El vino, la cerveza y hasta el cava han entrado en un terreno mutante. Cerveza de garnacha negra, champán transmutado en gin-tonic, los sherry wines que regresan a lo vintage y hasta desempolvamos el ritual del vermut para las comidas familiares del fin de semana.

Si a este escenario cambiante y de confusión unimos el adictivo mundo de la coctelería y recalcamos que un factor clave de los nuevos tiempos es la drinkability -todo fácil de beber-, llegamos sin mucha dificultad a la actualidad política: el desconcierto de los partidos con nuestros gustos electorales, los somelliers rompiéndose la cabeza para encontrar el combinado perfecto -al menos el menos malo- y el populismo de lo fácil amenazando con tumbar todo el sistema.

Casi lo único poco interpretable de la resaca del 26-J es que fallaron las encuestas. Otra vez. En Podemos se arrepienten ahora de no haber realizado sondeos propios que pudieran haber atisbado la ilusión del sorpasso para evitar subirse a una ola ficticia de ganadores en un mercado en el que los clásicos siguen aguantando el envite de los emergentes. No hay autocrítica y, puestos a insistir en los errores, no se les ocurre otra cosa que ¡hacer otra encuesta! para saber por qué más de un millón de españoles le han dado la espalda y no ha funcionado su matrimonio de conveniencia con IU.

En las filas socialistas han sido prudentes esta vez evitando calificar de “histórica” su resistencia. Sin embargo, muy en la línea de las divisiones, bandos y guerras internas que el PSOE lleva en su ADN, los movimientos para “reconstruir” el partido han saltado de la escala nacional a la local con la mirada puesta en los congresos que se irán celebrando a la vuelta del verano en cuanto se despeje el puzle del Gobierno -si eso ocurre-.

En Granada, desde luego, no se prevé un cónclave tranquilo. Aunque Teresa Jiménez ha pedido que no se “mezclen” debates, muy en la línea de Susana Díaz cuando advierte que es Pedro Sánchez quien ha perdido en Andalucía (que ella no se presentaba), la realidad es que el PP ha salido fortalecido. En la provincia y en Andalucía. Las elecciones no serán extrapolables a efectos reales de poder pero sí condicionan la vida interna en los partidos. Y el liderazgo o debilitamiento de los equipos. En la capital, por ejemplo, la primera lectura era inevitable: ¿se hundiría el PP por el caso Nazarí? La respuesta era previsible (y sin necesidad de recurrir a las sobrevaloradas encuestas): el coste electoral de la corrupción en España sigue siendo contundente. Ninguno.

Hemos transitado del 20-D al 26-J saturados de política y de sondeos para terminar (casi) igual. Más que mirar a la frutería de Andorra, tal vez lo que nos falte por hacer es una encuesta de las encuestas. Hasta qué punto el clima de opinión que se va dibujando con muestras mínimas, con voto oculto, con medias verdades (o mentiras) y, por supuesto, con respuestas interesadas (¿quién no ha dicho alguna vez que ve los documentales de La 2?) termina condicionando el voto. Está la propia campaña al despiste de los partidos, están los programas electorales de evidente inviabilidad y están los cabezas de cartel que son en sí mismos una contradicción… Pero están sobre todo las expectativas sobre la utilidad final de nuestro voto. ¿Lleva razón Pablo Iglesias? ¡La culpa es de las encuestas! ¿Llevaba razón Susana Díaz? ¡Nos han emborrachado de encuestas!

¡Nos falta ambición!

Magdalena Trillo | 26 de junio de 2016 a las 11:58

Uu alcalde airado. Un alto cargo de Madrid sumido en la perplejidad. Se llevarán más de veinte años. La impetuosidad de Paco Cuenca choca con el pelo blanco y el aplomo del secretario de Estado. Después de una semana de plantones y desconcierto, Fomento ha accedido a abordar el bloqueo del AVE y el aislamiento ferroviario que sufre Granada desde hace más de un año. Torres Hurtado lo intentó sin éxito. Se enfrentó a su partido y sólo consiguió que la ministra Pastor se hiciera unas fotos con Sebastián Pérez sin comprometerse a nada. Rajoy tampoco lo ha hecho en campaña cuando tuvo la oportunidad en el mitin de postal del Mirador de San Nicolás; sólo dijo que era una “prioridad”.

Finalmente hay reunión, pero en territorio amigo -en la Subdelegación- y sin vecinos, sindicatos, empresarios ni presión social. El alcalde le espeta a Gómez-Pomar que “ya está bien de chorradas”, que bastante se ha despreciado a la ciudad y que lo “primero” que tienen que hacer es “pedir perdón”. El encuentro no sirve para nada. Sólo un par de días más tarde, aparece una foto de la ministra con el alcalde de Ourense firmando un convenio de 100 millones para las obras del AVE gallego. A Granada le piden “comprensión” y “paciencia” ante el chantaje de las constructoras pero a mil kilómetros de distancia, en una ciudad gobernada por el PP, sí hay avances y dinero.

El vídeo del enfrentamiento ha volado en las redes sociales. La primera lectura podría ser crítica: ha sido un exceso; el alcalde le falta el respeto; no había necesidad. Lo que ha trascendido es bien distinto: está defendiendo los intereses de su ciudad. ¡Por fin! La exclamación no es gratuita. Ha surgido un clima de opinión de autoestima y de oportunidad. Ya no es la política del “quejío” a la que nos han acostumbrado, sino una política de enfado y justificada reivindicación. Hemos subido un escalón. Llevamos décadas lamiéndonos las heridas, consintiendo la discriminación, y nos hemos cansado…

No es el efecto Marea Amarilla. No es electoralismo. Es lo inédito de pensar que sí estamos representados. Que hay alguien que pone los intereses de la ciudad por encima del partido y hasta de las buenas formas. Si fuera Paco Cuenca quien se presentara hoy a las elecciones, ¡quién sabe si hasta ganaría! Podríamos cuestionarnos si es como en el boxeo y en las peleas de gallos, cuando el clima lo distorsiona y lo caldea todo, o un momento excepcional de arrogancia y de soberbia. En todo caso, los socialistas no llevan aún ni los cien días de gobierno de rigor y habrá tiempo de evaluar las dos teorías.

De momento, a mí me interesa una muy diferente: el valor de la ambición. Nunca he entendido que tuviéramos que renunciar a una estación de AVE firmada por Rafael Moneo porque era “mucho” para Granada. ¿”Mucho” respecto a qué? ¿En qué contexto? Nadie cuestionaría pedirle a una empresa -incluso exigirle- que sea “competitiva”. Pero los territorios tienen que ser sumisos y solidarios. Más aún las personas. Sin embargo, no hay lógica en el trasfondo; tan sólo la consecuencia de una cultura hipócrita, interesada y punitiva.

En el foro empresarial de debate que Granada Hoy organizó esta semana junto al Grupo Covirán, el presidente de la Cámara de Comercio de España hizo un alegato a favor de la “ambición” (sana) con la misma vehemencia con que defendía las tres T: Talento, Tenacidad y Trabajo. Entre el público, el alcalde asentía convencido: ¡Eso es lo que nos falta en Granada, ambición!

Reconozcamos que si hay algo que admirar de los catalanes es su pragmatismo. Pueden ser brillantes o mediocres pero es difícil encontrarles en operaciones de distracción. Todo tiene un sentido. Y un para qué. Con tono provocador, José Luis Bonet nos recordó lo que hemos perdido con la desaparición de la mili: antes viajábamos entre regiones, nos conocíamos y nos valorábamos; hoy no. Los estereotipos y los clichés han ganado la batalla con la misma facilidad que se han impuesto los nacionalismos y los populismos.

El AVE es sólo un síntoma. Desgasta menos perderse en la coartada de chantajes y de la burocracia que admitir una debilidad. En Granada, además, siempre nos ha ido bien explotando los agravios y mirando hacia atrás con tono de nostalgia. Es una excusa como otra cualquiera para no admitir un fracaso. ¿Se imaginan a Barcelona, Madrid, Valencia o Bilbao quince meses sin tren? Es la política, son las ‘circunstancias’ y somos nosotros… ¡Nos falta ambición!

5 de mayo: sigue la función

Magdalena Trillo | 1 de mayo de 2016 a las 9:04

La era Torres Hurtado acabó el 13 de abril cuando los agentes de élite de la Policía Nacional ‘tomaron’ su casa. Dicen que buscaban unos cuantos millones y sólo se encontraron 1.650 euros en una pequeña caja fuerte de los que el ya exalcalde tenía una plausible explicación: acababa de vender el viejo coche de su mujer que tantos dolores de cabeza le habían dado. Nani todavía está afectada. No quiere ni salir de casa. Durante todos los años de vida pública de Pepe Torres, ella se ha entregado como ‘primera dama’ a la ciudad y la han expulsado sin explicaciones.

Son los efectos colaterales de los que todos nos olvidamos cuando subimos el volumen de la radio y nos paralizamos ante la pantalla -¿sorprendiéndonos? ¿reafirmándonos?- viendo cómo les va a los otros. Son personas. Tienen familia. Hay un daño inevitable, y hasta necesario, pero hay otro que entra en la escala del puro espectáculo. Los límites entonces se ensanchan. Incluso hay momentos en los que los personajes se trasmutan y las víctimas hacen de verdugos. Sí, tampoco en la casa de Sebastián Pérez están siendo días fáciles…

¿Lo merecen? ¿Se lo han buscado? ¿Es el precio? ¿Para todos?

La política es implacable. Los medios somos implacables. La vida pública es implacable.

“Lo que diferencia al político del resto de especies es que es el único capaz de ahogar a una camada de pequeños gatitos por diez minutos de prime time”.

Lo de la “vocación” y el “servicio público” viene en el manual, pero a lo que acaba llevando el empacho del poder es al filo de la navaja. A una caprichosa cuerda floja capaz de elevarte con la misma fuerza que te lanza al fango. Con efecto difusor. Con consecuencias incontrolables.

Quien hablaba de la camada de gatitos es el protagonista de House of Cards... El arrogante y soberbio presidente de Estados Unidos capaz hasta de asesinar con sus propias manos por el poder. Por aferrarse al sillón. En el capítulo que vi anoche lanza un mensaje desde su Ala Este de la Casa Blanca: “La política es espectáculo. ¡Demos la mejor función de la ciudad!”.

house of cards
Kevin Spacey interpreta al presidenta de Estados Unidos Frank Underwood en la exitosa serie ‘House of Cards’

En España es lo que estamos haciendo desde el 20-D. En Granada es lo que estamos haciendo desde el 24-M. Cuatro meses en blanco. Un año de insostenible rutina de supervivencia.

La nueva política requiere nuevos tiempos. Aparte de una campaña “austera”, es urgente cambiar los actores y ajustar las reglas del juego. Cuatro meses para volver a convocar elecciones son una barbaridad. Lo son cuando sabemos que no es un tiempo necesario para negociar sino para conspirar. Lo son cuando sabemos que en todas las conversaciones hay dos cintas de rodaje: la se que desvela a la opinión pública a través de los medios de comunicación -manipulando, emitiendo información interesada y estratégicamente medida- y la que realmente transcurre al margen de los focos.

También los 10 días que contempla la ley para poder celebrar un pleno de investidura en un Ayuntamiento tras la retirada del alcalde son una eternidad. El pleno del pasado lunes fue puro formalismo: 33 segundos para fulminar 13 años de gestión. Lo que ha venido a continuación combina el postureo con los egos y el afán de protagonismo. Los partidos buscan su espacio. Se reparten su sitio en la foto. Su minuto de gloria.

todos
Cruce PP-PSOE: los concejales del PP, de camino al Ayuntamiento; los socialistas, tomando café en Calle Navas.

No hay hechos, sólo declaraciones. Intenciones. Vacuidad. El concepto de verdad y mentira se difumina en las “circunstancias”. En el contexto. Los periodistas no podemos más que interpretar y deducir. De lo que nos dicen y, sobre todo, de lo que nos ocultan. De lo que callan.

Les revelo la constatación. En las mesas de conversaciones, en estos últimos días, hay políticos que han llegado a confesar en privado que públicamente tenían que decir ante los medios que su postura es A -el juego obliga- pero que luego será B, que no se preocupen… Tanto es así que no sabremos quién es el próximo alcalde de Granada hasta la mañana del jueves. La plaza interesa a nivel regional; a nivel nacional… Tampoco sabremos qué modelo de ciudad y qué hoja de ruta diseñará el nuevo equipo de gobierno hasta el día siguiente de la investidura. Todo está pendiente del color de la Alcaldía que se refrende la misma mañana del pleno en la Plaza del Carmen y, sobre todo, de lo que se haya ocultado bajo las alfombras.

Si sigue gobernando el PP con Rocío Díaz de alcaldesa habrá sorpresas, pero menores. Controlables. Si son los socialistas los que por fin cogen el bastón de mando con el respaldo del resto de grupos de la oposición, tendremos asegurados titulares de infarto durante todo el mandato. Es seguro que la “herencia recibida” dará juego en urbanismo -las revelaciones del ex jefe del área Jacobo de la Rosa que hoy publicamos no son más que un anticipo- pero es la gestión de toda una década la que será inspeccionada con lupa. ¿Seremos comprensibles cuando nos suban los impuestos?

IMG-20160429-WA0001
Luis Salvador, Sebastián Pérez y Paco Cuenca, en la gala inaugural de TEN. El pasado jueves en Madrid.

En Granada llevamos semanas haciendo de laboratorio de las disfunciones del tablero político nacional pero, en realidad, sólo hay un hilo conductor compartido: sobre nosotros recaerá lo que los partidos no han sido capaces de entender, de gestionar. Para solucionar la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos tendremos que volver a votar el 26-J; para resolver que el “usadme” de Pepe Torres haya sido una proclama de cara a la galería seremos testigos este jueves de una nueva sesión de investidura.

Desde Podemos, Pablo Iglesias ha situado el foco en los medios y se ha empeñado estos días en darnos lecciones de ética. No minusvaloro sus propuestas. Ni siquiera sus críticas. Pero podríamos empezar el debate recordando que no hay espectáculo sin actores. Que no hay espectáculo sin público. Regulemos lo que haya que regular y cambiemos lo que haya que cambiar. Pero pensando en la gente; no contando votos. Entonces sí podremos hacernos la foto el 3 de mayo defendiendo la libertad de prensa.

Caso Nazarí: la tormenta imperfecta

Magdalena Trillo | 24 de abril de 2016 a las 11:27

El problema de las tormentas es que no son controlables. Por eso son tormentas. Porque se desatan y cobran vida propia. Ajenas a los hilos de quien las desata. Perturbadoras. Adversas. Imprevisiblemente imperfectas. Incluso para quienes en un primer momento han podido tener la tentación de zarandear las nubes y han terminado viendo cómo se les escapaban de las manos. Incluso para quienes se han alegrado mirando al cielo creyéndose protegidos de las descargas.

Justo así es el temporal que se ha instalado sobre la Plaza del Carmen desde que hace semana y media nos sobresaltamos con el despliegue policial de la Operación Nazarí. La caída del tablero de Torres Hurtado, Isabel Nieto y Sebastián Pérez ha sido (sólo) el comienzo. Doloroso en lo personal. Estratégico en lo político.

caballo

Frente judicial

La sobreactuación de la UDEF al estilo Rambo sigue siendo contestada dentro y fuera del marco de las fuerzas de seguridad. Tanto como la inédita reacción de la Fiscalía General del Estado desmarcándose de la detención del alcalde. Hasta el presidente del TSJA se ha tenido que pronunciar: la operación judicial se ajustó a la legalidad pero no es “nada habitual” el comunicado que emitió la fiscal y mucho menos que las “diferencias de criterio” entre las distintas partes de una causa se diriman en los medios de comunicación. ¿Se toman demasiados canapés en esta ciudad? Sin cuestionar la obligada independencia y profesionalidad de jueces y fiscales, sólo recordaré que son personas. Con todas sus virtudes, fallos y debilidades. Con sus familias y sus círculos de amistades…

Frente urbanístico

La investigación judicial que ha puesto en marcha toda la macrooperación se inició en enero pero son más de cuatro años los que la cúpula de Urbanismo, incluida la concejal y el interventor del Ayuntamiento, han estado recibiendo denuncias y advertencias sobre posibles irregularidades. Hoy publicamos al detalle parte del expediente relacionado con el residencial de 300 viviendas que J.J. Romero construyó junto a Kinépolis y que ha motivado una de las querellas que están en el origen del Caso Nazarí: decenas de escritos de denuncia y multitud de firmas de los altos funcionarios que han venido haciendo y deshaciendo en Urbanismo -con sus particulares rencillas, enfrentamientos e intereses particulares- y de los responsables políticos. Es sólo una muestra del “cortijo” que muchos ven en el área de Urbanismo. Desde siempre. Desde mucho antes de la etapa de Díaz Berbel.

Frente político

A falta de que se levante el secreto de sumario, es una de las tesis que va imponiéndose sobre el recorrido final que tendrá la macrooperación de la UDEF: el chiringuito de Urbanismo estallaría tarde o temprano y los dos bandos Pepe Torres-Sebastián Pérez que se han llegado a clonar en la sede de las Hermanitas de los Pobres no han hecho más que precipitarlo. Hasta qué punto el propio alcalde se ha implicado -favoreciendo, firmando o beneficiándose- está por ver pero pocos lo sitúan en un escenario de mordidas. Irreversible ha sido, sin embargo, el punto y final a su vida política. Una inmerecida, pero provocada, puerta de atrás.

Torres Hurtado ha accedido por fin a la petición de retirada del PP -nunca debió presentarse a un cuarto mandato- y ha logrado despedirse con la pequeña victoria de obligar a dimitir a su número 2, a quien en estos momentos debería ser el candidato del PP a relevarle y mantener la Alcaldía de la capital. Consigue irse llevándose de trofeo la cabeza de su rival político -en este prime asalto- pero deja un profundo daño en su familia, un golpe irreparable a su imagen, a la del partido y a la de Granada y complicadas consecuencias a su propio equipo.

Porque no nos equivoquemos. Sebastián Pérez sigue manejando el partido -más aún con la muerte de Martínez Soriano justo cuando estaba pergeñando una operación para disputarle el poder en el próximo congreso provincial-, sigue definiendo la estrategia-suya ha sido la decisión de situar a Rocío Díaz como alcaldable- y es mucho lo que el partido le debe por el “gesto de generosidad” del pasado lunes que todo el aparato ya ha empezado a rentabilizar. La retirada de Pepe Torres es definitiva; la suya, sólo un paso táctico. ¿Alguien duda que no sea el candidato del PP en las próximas municipales?

DOCU_IDEAL

Paco Cuenca o Rocío Díaz

Si hoy está en tablas la Alcaldía es por la operación del lunes de la triple dimisión. Lo que hizo el PP fue abrir la puerta a la continuidad. Ha llevado la tensión a las filas socialistas, ha vuelto a golpear al candidato socialista con la sombra de la corrupción de los ERE y el caso Invercaria y, con la elección de Rocío Díaz, ha logrado lo inimaginable: que todo el PP se venga arriba, que se aparquen los dos bandos y que hasta se minimice el malestar inicial de haber tenido que enterarse por la prensa.

Si en lugar de Rocío Díaz el candidato fuera, por ejemplo, Juan Antonio Fuentes o María Francés, los de Pepe Torres se habrían rebelado. El propio Fernando Egea, a quien todavía hoy nadie le ha dado una explicación de por qué siendo el siguiente en la lista no es el alcaldable, hubiera protagonizado algún episodio nuevo de crisis. Abandonando o votando en contra. Nada de esto sucederá. Ciudadanos vuelve a tener la llave y, al margen de lo que Luis Salvador quiera decir públicamente, tantas posibilidades hay de que siga el PP como de que se constituya un gobierno de cambio.

Es la semana del cortejo y, en dotes de seducción y maniobras a contrarreloj, los del PP son alumnos aventajados frente a un PSOE que sigue despistado enarbolando la ética y la responsabilidad. Que C’s haya llegado a pedir la cabeza del diputado de Deportes para apoyar a Cuenca no es más que el inicio de un relato. Las jugadas e intereses de los partidos para el 26-J cuentan y los de Rivera no pueden presentarse a las elecciones con la mochila de ser muleta de gobierno de la izquierda en demasiadas plazas.

La propia gobernabilidad de la capital está sobre la mesa. ¿De verdad puede manejar la Plaza del Carmen un alcalde con siete concejales? Seis si la edil Ana Muñoz no abandona su acta de diputada; cinco temporalmente cuando Jemi Sánchez dé a luz… Si ahora ya hay bloqueo y paralización -hasta el pago de las nóminas ha estado en el aire porque no había nadie para firmar-, imaginemos los 11 concejales del PP y los 4 de C’s gobernando la capital desde la bancada de la oposición…

Por mucho “chantaje” que sea pedir la cabeza del exalcalde de Iznalloz, las exigencias de Ciudadanos han de tener una respuesta y ¿seguro que en la Torre de la Pólvora están dispuestos a facilitar el sillón a Paco Cuenca a cualquier precio? Es evidente que no es una decisión que se tome (sólo) en Granada, pero ahora es en las filas socialistas donde emergen las teorías conspiratorias.

Cuando el PP parece dejar atrás su semana negra, la tormenta empieza a virar hacia el PSOE. Son muchos los que siguen sin ver a Cuenca de alcalde y hay quienes sitúan a Noél López en la sombra para minar la posición de Pepe Entrena (el puesto por el que luchó y perdió) y cuestionar a la propia Teresa Jiménez pensando en sus opciones para arrebatarle la secretaría en el próximo congreso provincial.

El caso Nazarí sólo ha desatado la tormenta. Imperfecta. Imprevisible.

Sálvese quien pueda

Magdalena Trillo | 17 de abril de 2016 a las 11:30

En el PP ya no hay redes de protección ante la corrupción. La fulminante dimisión del ministro Soria por su implicación en los papeles de Panamá, después de construir una decena de versiones contradictorias sobre su relación con empresas en paraísos fiscales, tiene una lectura local muy simple: Torres Hurtado tendrá que defenderse solo. El PP lo ha dejado caer con un sólido argumentario que deja poco espacio para las teorías conspiratorias, las guerras internas y las luchas de poder: la macrooperación que el cuerpo de élite de la Policía Nacional ha desplegado esta semana en Granada no responde a cuestiones menores.

: Granada : Perfil Pepe Torres

El político que no supo irse a tiempo (por Andrés Cárdenas)

Al margen del recorrido judicial del caso -está por ver si hay toda una trama de corrupción instalada en el Ayuntamiento con la connivencia de altos funcionarios y destacados empresarios de la ciudad y hasta qué punto estaría implicado directamente el regidor-, lo que hemos escrito estos días en los medios de comunicación de toda España es el inesperado epílogo de quien ha sido uno de los alcaldes más valorados y respetados en el PP.

Eso cambió hace un año cuando debió irse y no lo hizo. Cuando en el epílogo del 24-M se desarmó desde Madrid la alianza entre Ciudadanos y PSOE para propiciar un gobierno de cambio en la capital y Génova le concedió a Torres Hurtado una segunda oportunidad. Y cambió mucho más el pasado otoño cuando llegó el horizonte de noviembre que se había pactado para una retirada honrosa y lo volvió a incumplir.

Para entonces Torres Hurtado ya era una pieza incómoda en el PP con conflictos abiertos con Fomento a cuenta de las infraestructuras, con sonoros desplantes de sus anteriores compañeros y con reveladoras fotografías que lo dejaban completamente fuera de los focos.

Para entonces los relatos sobre lo acordado antes del verano empezaban a reescribirse a conveniencia, saltaba el ‘caso Serrallo’ comprometiendo el pacto de gobierno con Ciudadanos por la imputación de la concejal de Urbanismo y, azotada por la incertidumbre y desgobierno en que se han traducido las generales del 20-D en toda España, la capital se sumía en un estado crónico de parálisis.

Esta semana ni sus antiguos valedores han dado la cara por él. No hay ni un solo hilo que lo sujete a un partido del que ha sido expulsado sin más miramientos que el protocolario término de la “suspensión cautelar”. A la presión política se ha unido una presión social que ya lo ha condenado y su permanencia casi se limita a lo que pueda aguantar “un tío de los Montes”. Porque será “mucho” pero no infinito. No cuando el PSOE local ya tiene el respaldo del partido a nivel federal para “experimentar” con Granada con ese tripartito a derecha e izquierda en el que aún confía Pedro Sánchez para ser presidente del Gobierno. Hace un año se deshizo desde Madrid pero ahora el escenario es diferente: hay que desalojar al “PP de la corrupción”. En Granada y en España. Y la capital puede ser la “metáfora” de que es posible.

Torres Hurtado ha pedido un mes de plazo para tomar una decisión. Esperar a que se levante el secreto de sumario de la operación, lo lleven a declarar (está citado el 12 de mayo) y se pueda comprobar si realmente hay “papeles” que justifican la “parafernalia” del miércoles. Con independencia de las 24 horas del fútil ultimátum del PSOE y de la tres semanas que finalmente le han dado los suyos, podría ser cuestión de horas si avanzan las investigaciones policial y judicial y se prueba la versión de la trama de corrupción urbanística. Diferente será, sin embargo, si aprovecha el balón de oxígeno que ha supuesto el enfrentamiento entre la Fiscalía General del Estado y la UDEF por la “intrusiva” detención.

torres y rajoy
En todos los casos, el final será sólo uno: en su curriculum serán 13 los años que habrá gobernado en Granada. Ni uno más. Torres Hurtado, con toda la presunción de inocencia que estemos obligados a respetar, sólo tiene un camino: ceder. No importa si es inocente. El daño al partido ya está hecho y a la ciudad también. La única incógnita ahora es cuándo dará el “paso atrás” que le ha exigido la dirección regional con el visto bueno de Génova y si tendrá al menos un mínimo margen para negociar su sucesión.

El PP asegura que el debate no está abierto oficialmente, pero sí a nivel interno. En la cuenta atrás de una repetición electoral, para el PP es estratégico salvar el feudo de Granada como para el PSOE lo sería arrebatárselo. Volvemos al pantanoso paisaje de mayo de hace un año. Luis Salvador y Paco Cuenca no se entienden. Luis Salvador y Sebastián Pérez, sí. Si hay tripartito, cuatripartito sumando IU a Ciudadanos y Vamos Granada, será porque lo desbloqueen Pedro Sánchez y Albert Rivera. Si el PP salva la Alcaldía de Granada será con los sillones vacíos del alcalde y de Isabel Nieto.

Aquí se abren dos escenarios. Que sea su rival, su número 2, su presidente provincial, quien tome por fin las riendas de la Plaza del Carmen o que Torres Hurtado sea capaz de negociar su marcha dando el bastón de mando a alguien de su equipo. A quien se ha convertido en su sombra y su mano derecha en los últimos meses: a Juan García Montero.

En esta operación ceden los dos bandos. Hay concesión del partido y del propio regidor. Y se desactivaría en parte la otra lectura de la Operación Nazarí: que es una trama política urdida por Sebastián Pérez para quitar a un ‘desleal’ Torres Hurtado del ojo público. ¿Tanto poder tendría? El hecho es que el propio ‘argumentario’ de la Subdelegación del Gobierno que hace un mes se envió a los medios por error dejaba más que claro la opinión del propio PP sobre Torres Hurtado y su núcleo duro.

La cuestión es cómo interpretarlo: si todo forma parte de una maquiavélica estrategia para hundirlo, si conecta con los “dos bandos” que los empresarios denuncian que también vienen funcionando en el área de Urbanismo o si termina sumando a un objetivo buscado pero de la peor manera posible para el PP. Con un escándalo más que sumar a la teoría de la corrupción sistémica y estructural en el partido de Rajoy. Con munición para que se empiece a hablar de la “Gürtel andaluza”.

Todo lo que ha ocurrido esta semana en Granada lleva al exceso. Los hechos y las interpretaciones. Lo evidente y el trasfondo. Al periódico han llegado a llamar supuestas fuentes bien informadas conectando el caso con la mafia rusa y con la financiación del terrorismo islámico. Se habla de habitaciones secretas y vuelven las teorías conspiranoicas… El día que registraron la casa de Pepe Torres, junto a los agentes de la UDEF iba un médico… No era una operación menor. Esta historia no sabemos muy bien cómo ha empezado y mucho menos cómo acabará. Sí hay algo constatable: el impacto. El daño es irreparable. Para el PP y para Granada.