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La moda hipster en política

Magdalena Trillo | 26 de julio de 2015 a las 10:30

Que lo hipster esté de moda no es casualidad. Que un gobernante se haya atrevido a poner en marcha una web para rectificar ‘oficialmente’ a los medios tampoco. Lo de Versión Original es pretencioso, legítimamente criticable para quienes seguimos creyendo que el buen periodismo no es un espejismo vintage y ha surgido claramente a la desesperada como una clara cortina virtual con la que difuminar el absoluto desconcierto, contradicciones e incoherencia con que los ‘emergentes’ han estrenado poder en las principales ciudades españolas.

Pero, si bien el primer problema de la nueva política es propio, el segundo es inducido. Estratégicamente fabricado. Madrid y Barcelona se han convertido en los dos grandes laboratorios de gobierno hipster para Podemos. Dejando a un lado las siglas y confluencias interesadas con que el partido de Pablo Iglesias ha ido sorteando hasta ahora las diferentes convocatorias electorales, era más que previsible la enorme lupa con que mediáticamente se iba a diseccionar la llegada al poder de la “gente”. Manuela Carmena y Ada Colau tienen más focos sobre su gestión que cualquier alcalde precedente.

Los motivos son también dos: las excesivas expectativas depositadas en el valor del “cambio” -cuando las ideas chocan con el pragmatismo de la burocracia y el inmovilismo de la rutina llega la sobredosis de frustración que, por ejemplo, empieza a sufrir a diario Kichi en Cádiz- y las consecuencias de sus experimentos: después de año y medio reservando la marca de Podemos para “asaltar el cielo” en noviembre, lo que realmente podremos ver en las elecciones generales es hasta qué punto está tocado el bipartidismo y hasta dónde llegarán las amenazas de miedo hacia la “izquierda radical” con el oportuno antimodelo de Grecia todavía en la retina.

El termómetro tendrá una primera lectura nacional, pero también regional y local. La fragilidad con que se han terminado conformando las instituciones tras el 24-M deja abierta la puerta a ruptura de alianzas y mociones de censura que, de cara a la aprobación de los presupuestos de 2016 como instrumento ineludible de gobierno, determinarán la foto política a partir de enero.

En Granada, donde la interinidad de Torres Hurtado está cada vez más difuminada, parece que ocurrirá todo lo contrario: del gélido deadline de noviembre se ha pasado a una resignación generalizada a dejarlo estar. Y no porque Ciudadanos diga que “ahora no toca este debate”, el propio alcalde deslice que su compromiso con el electorado es “para los cuatro años que dura el mandato” y su número dos en el Ayuntamiento y jefe provincial haya decidido no interferir una vez asimilado el duro batacazo de mayo. Los juegos de poder se configurarán, como siempre, a partir de la fortaleza que den las urnas.

Los datos internos del PP hablan ya de clara remontada. Con todo un verano de por medio, el desafío de las catalanas en septiembre y la volatilidad e incertidumbre con que evoluciona la intención de voto, son conscientes de la extrema prudencia con que han de analizar sus datos internos. Aun así, lo que hoy empiezan a vislumbrar es, por un lado, un doble efecto boomerang y dominó del gobierno de los “radicales” en Madrid y Barcelona (de descontento creciente y de impacto contagioso) y una cierta reconciliación con su electorado que confían en transformar en voto masivo tras los tres severos castigos consecutivos recibidos en las convocatorias del último año.

Muchos de los que se quedaron en casa volverán para frenar la previsible alianza PSOE-Podemos y los que se fueron a Ciudadanos, también. Sus datos internos apuntan a una posible pérdida de escaños de casi la mitad en apenas tres meses (de unos 35/40 a apenas 20). Con tal horizonte, y en un escenario de voto donde la actual ley electoral beneficiará ampliamente a populares y socialistas, el partido de Albert Rivera puede que en Andalucía sólo consiga rascar dos escaños (en Málaga y en Sevilla) y deje más que tocadas las altísimas expectativas de la formación en otras provincias como Granada donde precisamente se juega el puesto de congresista Luis Salvador.

El salto al vacío o lo menos malo. De esta forma tan gráfica se ve desde el PP la disyuntiva para las generales y, probablemente, con el mismo sentimiento funcional se terminarán abordando casos abiertos como el de Granada. En resumen, que si los astros no se alinean en contra, a Torres Hurtado no lo moverán tal fácilmente del sillón. Seguro que en este punto termina pensando igual que yo… Tanto para nada. O peor aún: tanto para lo mismo…

Si lo piensan, la nueva política está usando los mismos recursos fáciles que utiliza la industria de la moda: tiramos de catálogo y actualizamos, buceamos en las pasarelas de hace equis años y lanzamos propuestas teóricamente rompedoras que acaban determinando el corte del vestido que estrenará esta noche, el color de la corbata del próximo alcalde y hasta el largo del bañador.

Las modas sociales no son diferentes. Ser hipster, hoy, es volver a lo vintage, lo alternativo y lo independiente. Vestir extravagante, escuchar a Bob Dylan, usar mucho las redes sociales y predicar contra las modas, paradójicamente, creando moda. Los pobres son pobres de verdad; los hipster tienen que tener mucha pasta para (sólo) parecerlo. Las tendencias políticas van por el mismo camino. Pero aquí la preocupación debería ser mayor.

Es la frivolidad y la pérdida de valores lo que se está expandiendo como una imparable mancha de alquitrán. Ahora que tan de moda está Grecia igual no está de más completar alguna tarde estival recurriendo a uno de sus (nuestros) clásicos. ¿Matar a Sócrates? Es el nombre del ensayo que acaba de publicar Gregorio Luri preguntándose por el legado del filósofo griego: ¿estamos en una sociedad donde lo nuevo ha sustituido a lo bueno en el nuevo orden de nuestros valores? Contéstense pensando que es “diálogo” y “debate” como llamamos a lo que hacemos en Facebook…

Gestionar la sombra

Magdalena Trillo | 19 de julio de 2015 a las 10:00

Lo más sensato, y más humano, que he escuchado en los últimos días sobre Grecia lo proclamaba un tipo cualquiera. Uno de los de abajo. Uno de esos miles de vecinos mediterráneos que -según intereses- hemos visto convertidos en pequeños héroes helenos capaces de desafiar a la gélida e impasible Merkel (no se pierdan el vídeo viral de minuto y medio con la cara de póquer de la canciller alemana ante el llanto frustrado de una niña palestina que no entiende que su único futuro sea la expulsión) o hemos caricaturizado como escurridizos pillos del siglo XXI en un país de laxitud donde nadie cumple, nadie paga y todos mienten (y no olviden, por supuesto, lo mal que sienta a los adalides del austericidio que haya tantos pensionistas ociosos y tantas familias viviendo ¿felizmente? de una subvención).

A pie de calle este señor le dijo a la Europa avanzada y rica del norte que hay algo que nunca le podrán arrebatar a los griegos: la sonrisa y el sol. A punto de afrontar la cuarta ola de calor de este tórrido verano, puede que no sea el momento más oportuno para convencer de las bondades de nuestro clima… Sobre todo cuando llevamos dos semanas de sofocos sobre el asfalto -ya advierten los científicos que hasta el aire se ha vuelto “irrespirable”-, empezamos a ver que ni las hordas de abanicos y ventiladores ayudan a atemperar las pasiones y, mientras descubrimos montañas de hielo en Plutón, nos damos cuenta de cómo nos africanizamos -en el sentido medioambiental del término- con la generosa e inconsciente contribución que todos realizamos a diario al calentamiento global.

Pero piénsenlo. Si Alemania pudiera ya nos habría expropiado el sol. Bueno, lo habrían hecho hace tiempo los germanos, los suecos, los noruegos o los rusos… y sin necesidad de la excusa de la crisis. La clave, la sensata, la daba este viernes -también desde abajo- el físico que dirige el Centro Meteorológico de Andalucía en una entrevista en Canal Sur: la clave es “gestionar la sombra”. En este sabio pueblo de toldos, patios y fuentes, no hay nada como el sentido común para suavizar los extremos y relativizar la grandilocuencia con que tendemos a tomarnos las encrucijadas de la vida. Las reales y las aparentes. Las grandes y las inexistentes.

Empecemos por lo literal: es verano, hace calor y es “normal”. No hace más calor que nunca. Todavía no hemos llegado a los 46,6 grados de 1993, hay un registro histórico que habla de ¡80 olas de calor! y no es cierto que cada verano vayamos a peor; justo el pasado fue uno de lo más frescos de la última década. La recomendación, por tanto, es muy sencilla: aprendamos a gestionar bien las sombras…

Figuradamente tampoco es mal consejo. El sentido común siempre es un buen aliado para combatir los bochornos -los físicos y los psíquicos-, pero también para relativizar los problemas y arrojar un poco de luz en esos túneles interminables de despropósitos que se empeñan en mantenernos fríos y a oscuras. Como en la caverna de Platón.

Porque, cuando todavía nos parezca sentir el frescor del bañador, el salitre del mar y el sabor ahumado de las sardinas, tocará gestionar la sombra inmensa que se prepara para el inicio de curso: Artur Mas con su candidatura de unidad jugando a romper España -cualquier catalán que quiera comprar el “Madrid nos roba” sabrá perfectamente qué tiene que votar para decir sí a un estado “desconectado” e independiente- y, sólo un par de meses más tarde, con el horizonte más incierto de toda la democracia, unas elecciones generales servirán a unos de plebiscito de liderazgo y a otros para saber hasta cuándo se sostendrán los quebradizos idilios de alianzas que se han conformado tras las municipales y autonómicas de mayo.

No descarte que en Andalucía tengamos que ir a las urnas en menos de un año ni dé por sentado que quien hoy es su alcalde se coma las uvas bajo el reloj municipal. En Granada, para gestionar la sombra no hay que esperar a que termine el verano. Hace más de un mes que se constituyeron los ayuntamientos, esta misma semana lo ha hecho la Diputación Provincial y aún estamos esperando un titular constructivo y de cambio que poder llevar a la portada. La crisis del Centro Lorca se reparte el protagonismo con la crisis de la Alhambra y, entre incendio e incendio, pasan los días dejando que todo siga igual.

Después de la ‘cuestionada’ elegancia del desnudo femenino, al alcalde apenas si lo llevan a las escuelas de verano para que le saquemos unos fotos amables con los niños -bien lejos de los insolentes periodistas con sus micrófonos y grabadoras- y, en la Plaza del Carmen, la actividad se reduce a las cordiales instantáneas que revelan la buena sintonía que aún hay entre el PP y Ciudadanos.

Casi de tapadillo nos enteramos que ya se ha elaborado un documento con más de 500 páginas con los cimientos para construir la Granada de 2020 y, con no pocas dificultades, hoy publicamos las líneas esenciales de ese Plan Estratégico que, siendo prudentemente pesimistas, tal vez esté abocado a la misma sombra que los anteriores: el apacible cajón de un funcionario municipal.

En esta monotonía suicida hay otra excepción: el eje de desarrollo Málaga-Sevilla. ¿Queremos estar en esa estrategia que están conformando las dos capitales andaluzas por encima de guerras de agravio e ideologías? ¿Sería una forma de rentabilizar las sinergias? ¿Sirven realmente este tipo de alianzas para algo? ¿Qué fortalezas podríamos aportar? ¿En qué se podría beneficiar Granada? No se ilusionen más de la cuenta. Este falso debate, muy a la ‘granaína’, también tiene sombra: lo que nos han trasladado muy seriamente a este periódico desde los dos focos de la negociación es concluyente: ni nos han invitado ni nos esperan.

Quiénes son los moderados

Magdalena Trillo | 25 de enero de 2015 a las 10:06

Grecia no es España pero son múltiples las pistas que hoy nos llegarán desde Atenas sobre el incierto escenario político que acecha a Europa tras siete años de larga crisis y suicida austeridad. El pueblo helénico acudirá a las urnas para decidir si planta cara a la Troika y entrega las riendas del país al Podemos del sur: 9,8 millones de ciudadanos podrán elegir entre 18 partidos y 4 coaliciones aunque son sólo 7 las formaciones que tienen opciones reales de entrar en el Parlamento. El favorito es el Pablo Iglesias griego. Alexis Tsipras, al frente de Syriza, estrenará el intenso año electoral que viviremos en 2015 y que, con toda seguridad, transformará el actual mapa ideológico europeo entre el ascenso ‘ultra’ y el fin del bipartidismo. Las presidenciales griegas arrancan hoy a las 7 de la mañana y luego le tocará el turno a Reino Unido, Francia, Suecia y, por supuesto, España. La economía y la política migratoria, marcada por el fantasma yihadista, serán claves en un momento de desconfianza y descontento generalizado.

El izquierdista Tsipras busca una mayoría absoluta que le permita gobernar en solitario y lograr que “la democracia vuelva al país donde nació”, “recuperar la autonomía en Europa” y “restaurar la dignidad del país”. Innegable el populismo del que ya se ve como primer ministro pero no tan extremista como se ha dibujado a ese carismático estudiante que, desde sus revolucionarios primeros años dentro del Partido Comunista, ha tenido un ascenso meteórico para situarse como líder de la oposición y gran esperanza de cambio. Y ello a pesar de las muchas turbulencias que sus propuestas sobre la deuda y el euro han desatado en los mercados y el miedo que ha infundido en los socios de la UE alineados a Berlín.

La realidad es que la cercanía al poder atempera con tanta fuerza como su pérdida lleva a la radicalización. Al mismo tiempo que Tsipras ha ido moderando su discurso, similar al giro emprendido por Podemos en España, el conservador Samarás ha virado a la derecha, ha endurecido el tono y se ha refugiado en la campaña del miedo. Con una afonía tal vez profética sobre su propio futuro, ha terminado los mítines advirtiendo de que “Tsipras quiere convertir Grecia en Corea del Norte“. Al frente de Nueva Democracia, sufridor del quebradizo bipartito que se ha despeñado tanto como lo han hecho en las encuestas sus socios socialistas de Pasok, asegura que continuará con las reformas estructurales, pero promete poner fin al rescate y una progresiva bajada de impuestos.

Toda Europa mira a Tsipras y a Samarás pero tal vez lo más interesante se juegue en un escalón inferior. Dejando de lado la inevitable y estable cuota de los neonazis de Aurora Dorada, la llave de gobierno en un escenario sin mayoría absoluta la puede tener To Potami. Los moderados. Son los últimos en llegar. El partido de Stavros Theodorakis nació en marzo con el objetivo de unir a todos los descontentos de centroderecha y centroizquierda y sorprendieron en las Europeas con dos escaños. El Río, traducido al español, fue fundado por un popular presentador de televisión ajeno a la “casta” con un discurso que recuerda mucho a los argumentos esgrimidos por UpyD y Ciudadanos en el tablero nacional: clases medias, profesionales liberales y voto urbano son el ‘público’ al que pretenden convencer con un programa electoral proeuropeo y cosmopolita que se ha diseñado más para pactar que para gobernar. Y ya han anunciado que están dispuestos a “sentarse a hablar” con cualquiera que no busque “una vuelta al dracma”.

En España, si como ya ha decidido Susana Díaz “es la hora de los andaluces“, la primera oportunidad para castigar y premiar la tendremos el próximo 22 de marzo, dos meses antes de las municipales y a casi un año de las generales. Aquí sí hablamos de un adelanto electoral en toda regla -la convocatoria de Mas y Junqueras en Cataluña para septiembre ha terminado pareciendo un retraso- y aquí sí podremos pulsar la caída real del bipartidismo y el empuje de las nuevas formaciones.

La presidenta lo anunciará previsiblemente mañana y, no nos engañemos, claro que el trasfondo es político y electoral. ¿Algunos comicios no lo son? Será por el “interés de Andalucía” pero lo que sostiene y justifica cualquier convocatoria es estrategia y oportunidad. Con unos presupuestos aprobados, la percepción de “inestabilidad” es más que relativa y, por supuesto, subjetiva. Si el pánico al descalabro electoral no se hubiera apoderado de IU, más comprensible resultaría que las asperezas y discrepancias se hubieran limado en los despachos como se ha hecho hasta ahora. Pero los tiempos electorales son otros y, evidentemente, por mucho que descoloque al resto de partidos, es el PSOE quien tiene en estos momentos la potestad y legitimidad de convocar elecciones.

No tengo tan claro, sin embargo, que el adelanto vaya a beneficiar a los socialistas. Serán los primeros en recibir los mensajes de indignación popular y no deberían descartar que las dificultades del bipartito actual se multipliquen por tres o por cuatro con un PSOE y PP alejados de la mayoría absoluta y pendientes del éxito final de Podemos, UpyD o Ciudadanos y el hundimiento -o no- de una Izquierda Unida manifiestamente molesta con el adelanto a la que será aún más complicado contentar.

Obviamente, los resultados tendrán consecuencias más allá del escenario regional. Si Pedro Sánchez está acosado por la sombra de Susana Díaz, Rajoy no se libra de las amenazas de Bárcenas y la presión de Aznar: ¿Dónde está el PP? ¿Aspira realmente a ganar? Los populares sabían que la convención nacional iba a ser ‘movida’ pero tal vez no previeron la dura irrupción del ex presidente espoleando a los dirigentes del partido y reclamando un rearme ideológico.

Volvamos a Grecia. No serán lo mismo pero se parecen: unos virando a la derecha azuzando la campaña del miedo, otros prometiendo el cambio desde la izquierda y todos disputándose “la virtud del centro”. Justo esta idea enmarca el primer capítulo de la serie danesa Borgen, una más que adictiva propuesta televisiva que arranca con la proclamación de la moderada Birgitte Nyborg como primera ministra tras tumbar todas las encuestas y que tiene al temible Maquiavelo de asesor de cabecera: “El príncipe no debe tener más objetivo ni pensamiento que el de la guerra y sus reglas y disciplinas”, “El príncipe ha de saber que es más importante ser temido que amado”.

La pregunta que yo me haría en España, pero también en Andalucía y por supuesto en Granada, es dónde están los moderados. Es decir, qué partido, qué líder, será capaz de apropiarse del mensaje de la prudencia y la moderación y convencernos -o no- de que “la virtud está en el centro”.

Los amigos griegos

Magdalena Trillo | 17 de junio de 2012 a las 10:02

Esucho a un empresario griego decir en una entrevista de Canal Sur que ve España como Grecia hace año y medio. Que así “empezó todo”. Ese todo que para el pueblo heleno es hoy sinónimo de ruina empezó con un rescate de 110.000 millones, ha continuado hasta los 240.000 millones y, lejos de resolver los problemas de deuda y déficit, ha sumido el país en un empobrecimiento brutal, ha disparado el paro al 22%, ha supuesto el cierre de un tercio de los negocios y ha situado a una cuarta parte de la población en riesgo de exclusión social. España ha empezado esta semana “con una línea de crédito en condiciones muy favorables” de hasta 100.000 millones que nos ha vuelto a situar al borde del precipicio, ha enloquecido los mercados y ha terminado cabreando a griegos, irlandeses y portugueses después de los lamentables episodios de triunfalismo patrio del pasado fin de semana. ¿Alguien cree que no habrá condiciones?

 

Grecia acude hoy a votar por segunda vez en seis semanas con todos pendientes de un resultado electoral que desde el punto de vista político puede socavar aún más la gobernabilidad del país con el ascenso de neonazis y extremistas de izquierda y, desde la perspectiva económica, podría abocar a la ruptura del euro y la quiebra misma del proyecto europeo. Lo que hace un año era impensable hoy es una amenaza real. Pánico en los gobiernos, caos en el sistema financiero y alarma, incluso, entre los ciudadanos. “¡La que van a liar los dichosos griegos!”. Hasta el dracma se ha colado en las tertulias del bar… El dracma, el riesgo país, la rentabilidad de los bonos a diez años, las cotizaciones en Bolsa… Nunca pensé que el Íbex 35 pudieran ser tema de cotilleo -más allá del morbo de saber que Amancio Ortega acaba de desbancar al dueño de Ikea y ya es el hombre más rico de Europa- y mucho menos encontrar a unos señores especulando sobre la salida de Atenas del euro mientras hacen cola en el cajero. ¿Habrá corralito? ¿Está más seguro el dinero debajo del colchón?

 

Escribía hace unos días Vargas Llosa que Grecia no puede dejar de formar parte integral de Europa sin que se vuelva una caricatura grotesca de sí misma: “Grecia es el símbolo de Europa y los símbolos no pueden desaparecer sin que lo que encarnan se desmorone y deshaga en esa confusión de bárbara irracionalidad y violencia de la que la civilización griega nos sacó”. Es verdad que Europa nació hace 25 siglos al pie de la Acrópolis y que “todo lo que hay en ella tiene su lejana raíz en este pequeño rincón del viejo continente”. Las instituciones democráticas, la libertad, los derechos humanos… Pero la historia es obstinada. Y, como ya advirtió Churchill, trágicamente olvidadiza. Ahí estamos. Olvidando nuestra historia y condenados a repetirla. Enterrando las grandezas y copiando los errores. Exportando los problemas de unos países a otros y contagiando la crisis financiera a la política, a la justicia, a la democracia, a la moral.

 

Me preguntaban esta semana si yo dejaría de ganar 300 millones en un día si estuvira a mi alcance… Es lo que puede conseguir un ejecutivo de Wall Street envuelto en un traje de dos mil euros una mañana cualquiera a costa de la deuda española. Hablábamos de cómo los mercados están poniendo la letra y nosotros las fotos y de lo perdidos que están los economistas intentando arrojar luz sobre un escenario en el que lo único seguro es la incertidumbre. No lo había pensado, pero es verdad: su discurso es siempre el mismo. Sí siempre que; sí pero no; puede o quizás… Lo dramático es que no son sólo ellos los que están perdidos. Los políticos nos dan muestras todos los días y pocos intelectuales se salen del guión. Veintidós premios Nobel se reúnen en Valencia y lo más revolucionario que plantean es pedir a los bancos que cobren menos y proponer que desaparezcan los que no funcionen. Eso sí, nos recuerdan que la culpa de la crisis es nuestra “vagancia” y “negligencia” y nos emplazan a recuperar “la cultura del esfuerzo”. Que trabajemos más y nos ayudemos unos a otros porque nadie va a venir con un “milagro”. Valores. Solidaridad.

 

Esto es lo más peligroso de la crisis, que nos olvidemos de que no podemos salir solos. Ni solos ni sobre el cadáver de otros. Grecia tiene que enfrentarse hoy a las urnas con una sola certidumbre, que ninguna opción los librará de la angustia ni los sacará de la ruina, y un enorme peso sobre sus espaldas: que el futuro es compartido. Si en sus manos está recordar que son la cuna de la democracia, a nosotros nos tocará mañana respetar su camino sin convertirlos en chivo expiatorio de un fracaso colectivo. Ellos no son el enemigo.

La nueva vía

Magdalena Trillo | 21 de mayo de 2012 a las 9:34

Los socialistas alemanes se han plantado y le han dicho a la canciller que la solución no puede ser “seguir exportando jóvenes españoles altamente capacitados” a sus empresas. Angela Merkel, que hace justo una semana sufrió una “dolorosa” derrota en el estado más poblado e industrializado del país, sabe que los necesita para ratificar su Pacto Fiscal. Y lo cierto es que la hoja de ruta de la SPD, muy en la línea de la “nueva vía” que quiere abrir el flamante mandatario francés, no tiene nada de descabellado: programa de crecimiento y empleo, lucha contra el desempleo juvenil, impuesto a las transacciones financieras, puesta en marcha de una autoridad comunitaria para controlar y supervisar a los bancos…

 

François Hollande, al otro lado del eje de poder europeo, se estrenó el martes en el cargo en una jornada cargada de simbolismos. Llegó empapado a la tradicional ofrenda al soldado desconocido (¿las lágrimas de su enlace con Alemania?) y sobrevivió a una tormenta eléctrica -con caída de rayo incluida- cuando volaba a Berlín para entrevistarse con Merkel. Pero llegó. Fue recibido con un sobrio apretón de manos acorde a los tiempos de austeridad. No hubo beso en la mano al estilo Chirac y mucho menos en las mejillas como solía Sarkozy. De sus planes para reforzar el papel inversor del BCE, agilizar el pago de los fondos estructurales o emitir deuda pública para financiar infraestructuras poco se supo. Se aplazó lo importante pero no lo urgente: Grecia.

 

Alemania y Francia están de acuerdo: no puede salir del euro. También lo está el eurogrupo y hasta el FMI. Aunque la realidad es otra: técnicamente hay que analizarlo a pesar de los “grandes riesgos” y lo “extraordinariamente costoso” que sería. Hace dos años era un tema tabú; hoy es una “opción”. Las elecciones del 6 de mayo dejaron un país absolutamente ingobernable y las expectativas de los comicios del 17 de junio apuntan a un escenario de extrema radicalización. El país heleno podría entrar en bancarrota en un mes y el temido “contagio” no es una amenaza; ya lo hemos sufrido esta semana en España con la bolsa en cifras de 2003 y la prima de riesgo sobrepasando la barrera de intervención de los 500 puntos. “¡Los dichosos griegos!”, escucho en el bar. ¿Corralito? ¿Rescate?

 

Más temas tabú que se caen. El ministro De Guindos asegura que el corralito es un “sinsentido” del mismo modo que confiesa que España “ya ha hecho todo lo que podía hacer” y reclama ayuda y “cooperación” a los socios europeos… siempre que no suene al temido rescate. ¿Será posible? ¿Hay más Bankias? El propio Hollande lo acaba de sugerir en Washington tras entrevistarse con Obama: sería “deseable” rescatar a la banca española. Intervención. Las consecuencias de la “resaca” de la “gran fiesta” de la que hablaba esta semana Santiago Carbó.

 

Es la sensación que surge tras conocer al detalle la tijera en el presupuesto de la Junta para 2012: un ajuste inicial de 3.500 millones que incluye una subida de impuestos y (otro) recorte a los salarios a los empleados públicos pero salva la educación y la sanidad y evita poner en la calle a 30.000 trabajadores. No se cierran hospitales, no se suben las tasas a los universitarios y no se masifican las aulas. Se paraliza, sin embargo, la inversión en infraestructuras (la patronal alerta de que se ponen en riesgo 70.000 empleos), se golpea de nuevo a las clases medias y al funcionariado (el empleo fijo ha pasado de ser un privilegio a ser un castigo), no se mete mano a la administración paralela (no se eliminan duplicidades ni se ataja la elefantiasis de las instituciones) y se vuelve a reducir el poder adquisitivo.

 

La prueba de fuego llegó el jueves con el examen del Consejo de Política Fiscal. Sorpresivamente, después de semanas de amenazas y tras aceptar un recorte extra de 300 millones, Hacienda ha dado el visto bueno: Andalucía construirá su “vía” del mismo modo que lo hará Cataluña con su tasa a la FP y sus despidos. Es la nueva vía de un gobierno de izquierdas empeñado en demostrar que ¡es la economía, estúpido! pero también es política y es ideología. Un camino, el andaluz, que mira a Europa para conectar con la socialdemocracia francesa y alemana recordando la famosa Tercera Vía de Giddens. La cuestión de fondo, sin embargo, sobrepasa la teoría. ¿Corta menos la tijera si se coge con la izquierda? ¿Realmente hay una vía no dolorosa para recuperarse de una resaca de garrafón?

Espejismos

Magdalena Trillo | 12 de abril de 2012 a las 9:33

Es el primer año que he visto la Semana Santa enganchada al móvil. Primero: el tiempo; imposible desacertar más. Segundo: la información cofrade; insuperable el momento botella de ron del que, por supuesto, no informa ninguna guía. Ni en papel ni en la web. Pasadas las diez de la noche, a los pies de San Pedro, los músicos del Cristo de los Gitanos entonan agudos empinando el codo; un comportamiento más propio de los ‘turistas de borrachera’ de Salou y Lloret de Mar que de una estación de penitencia. Tercero: internet. Aquí llega la tragedia.

Miércoles Santo. Medianoche destemplada. En el corazón del Realejo. Mientras espero a que se encierre la Virgen de las Penas, me conecto a twitter. Una veterana periodista, Rosa María Artal, lanza una pregunta: ¿Acabaremos pegándonos un tiro? Entro en su blog: “Dimitris Christoulas. 77 años. Farmacéutico jubilado. Casado y padre de una hija. Este miércoles –cuya santidad celebran con tanto fervor muchos neoliberales– se ha pegado un tiro frente al Parlamento griego ”.

Es la primera inmolación pública en Europa por la crisis. En unos segundos, la imagen irreverente de la banda se mezcla con la inconsciencia de los adolescentes del balconing y la frialdad del joven tunecino que prendió la ‘primavera árabe’ hace un año. No da igual cómo vivir y no da igual cómo morir.

Mohamed Bouzazi mantenía a su familia vendiendo frutas y verduras en un puesto ambulante. La policía lo confiscó porque no tenía licencia y, presuntamente, le agredió. La desesperación hizo el resto: compró una lata de pintura inflamable y se quemó a lo bonzo. Algunos medios lo bautizaron como “el mártir que llegó con la primavera”. Su sacrificio hizo estallar la revuelta y provocó la salida del dictador Ben Ali. Un supuesto final feliz que, como en el resto de países que se dejaron contagiar del movimiento de liberación, no es más que un espejismo. Tan irreal como una noche de fiesta y pasión a cualquier precio.

Dimitris Christoulas escribió una nota antes de quitarse la vida. “No puedo vivir en estas condiciones. No encuentro otra solución para un final digno antes de que esté reducido a buscar en la basura para alimentarme”. Acusaba al Gobierno de “aniquilar cualquier esperanza de supervivencia” con sus planes de ajuste y sólo mostraba esperanza en que, algún día, “los jóvenes sin futuro” tomen las armas y “cuelguen a los traidores”. Pero la mitad de esos salvadores, en media Europa, están en paro. Las pensiones se han reducido entre un 15 y un 20%; la factura de la luz ha subido un 9% y el IVA un 10%; la gasolina marca precios récord y los productos básicos están un 40% más caros que en España.

Entre huelga y huelga, los vecinos helenos descargan su ingenio en la red: circulan vídeos en Youtube explicando cómo engancharse a la luz o cómo evadir el impuesto de bienes inmuebles… La realidad es que “la cohesión social ha estallado”, como proclamaban esta semana sus gobernantes. Que los griegos pasan hambre y que los suicidios han aumentado un 40% desde el inicio de la crisis. Aunque no se cuente. Curiosamente, lo que relatan brevemente los periódicos son historias aisladas de empresarios arruinados que se ‘caen’ por el balcón, por un barranco o sufren inesperados accidentes.

Y Grecia es el modelo. Mariano Rajoy nos dijo que saldríamos de la crisis con confianza. Que él traería la confianza. Que los sacrificios tendrán recompensa. Otro espejismo; esta vez fabricado. En la víspera de la aprobación de los Presupuestos, el presidente del Gobierno recibió en La Moncloa a un ‘emisario’ de Angela Merkel y lo dejó “impresionado” con los recortes y reformas. A diferencia de lo que sentencian a diario las Bolsas y la prima de riesgo, el tal Volker Kauder fue tajante: “Vamos por el camino correcto”. No aclaró, sin embargo, hacia qué abismo nos conduce.

La prueba de que la religión de la austeridad no funciona está en Irlanda. Tanto la canciller alemana como los gurús del FMI se felicitaron hace un año por la recuperación del país. Ya está otra vez en recesión. Ni el plan de rescate ha servido para sanear la banca ni hay quien consuma y reactive la economía cuando se bajan los sueldos, se suben los impuestos y se despiden trabajadores al mismo ritmo que se aplica la tijera. El único destino posible a ese camino es paro, pobreza y desesperación. Lamentablemente, no es ningún espejismo.

Prudencia

Magdalena Trillo | 4 de marzo de 2012 a las 10:29

Inaudito. El New York Times dedicó su foto de portada del jueves a los incidentes aislados que reventaron la manifestación estudiantil de Barcelona. Sí, “incidentes”: ese mismo día coincidieron más de cincuenta movilizaciones en ciudades de toda España y sólo hubo altercados en el Paseo de Gracia. Y sí, “aislados”: ocasionados por un grupúsculo de radicales antisistema. Hagan memoria o rastreen en la hemeroteca y hallarán decenas de ejemplos. Los de siempre: unos profesionales de la bronca que se apropiaron de la primera plana de uno de los periódicos de referencia internacional con nuestra ‘violencia a la griega’.

No sé si interpretarlo desde la injusticia que supondría estigmatizar al pueblo heleno criminalizándolo de todos los males de la quebrada Europa o desde la inquietud que suscitaría pensar que es un objetivo interesado para infundir miedo a quienes se atrevan a levantar la voz: ¡Cuidado, españoles, que acabamos en las barricadas!

Aunque al otro lado del Atlántico todos parezcamos igual en esta periferia de vida alegre y despilfarro acosada por los mercados, España no es Grecia. Aunque aquí haya quien quiera ver un complot de los socialistas con los sindicatos para ganar los cuatro millones de votos que perdieron el 20-N azuzando la violencia en las calles, resulta más que excesivo conceder al PSOE tal capacidad de manipulación. Aunque a Griñán le beneficie que haya agitación a veinte días de las elecciones andaluzas, ver una mano negra promoviendo el caos se acerca más a la distorsión enfermiza que al sentido común. ¿Nerviosismo? Impaciencia, desde luego.

El caso es que Javier Arenas todavía no ha ganado la Junta. La mayoría absoluta está cerca pero cada día que pasa con protestas, aumento del paro y recortes juega en contra del PP. Paradojas de la política. A quienes realmente les hubiera venido bien la coincidencia de autonómicas y generales es a los populares. Hace tres meses sí hubieran desembarcado en San Telmo sin pestañear; hoy, por mucho fantasma de los ERE que se quiera invocar, la partida está abierta, la izquierda sumará fuerzas y UPyD ya dejó claro el otro día en Granada que su ‘llave’ tendrá precio…

Mariano Rajoy ha pedido un nuevo esfuerzo de comprensión y ha llamado a la prudencia. Lo primero lo tenemos aprendido; lo segundo es hasta razonable. Tanto que deberíamos reclamarla para todos. Para los estudiantes, que tienen derecho a manifestarse, con toda la legitimidad que da nuestro Estado de Derecho y nuestra Constitución, pero no a reventar un país. Para los sindicatos, que tienen derecho a planificar sus estrategias, pero sin necesidad de generar crispación –elegir para la próxima movilización el 11-M , el aniversario del mayor atentado terrorista que ha sufrido España, es un error de estrategia que sólo da motivos para la campaña de descrédito que están sufriendo–.

Para los socialistas, que tienen derecho a jugar los partidos del 25-M en Andalucía y Asturias pero no borrando de un plumazo su responsabilidad en la caótica gestión de la crisis que ha dejado a España al borde del precipicio. ¿“Cada oveja con su pareja”? Pues lleva razón Rubalcaba: el PP con los obispos y el PSOE con los sindicatos. ¿No es política partidista lo que han hecho los obispos andaluces con su pastoral sobre la vida humana y el matrimonio “natural” y sus denuncias de corrupción? También para ellos cautela. Porque sólo faltó la gaviota azul en el comunicado y porque España, aun gobernando el PP, sigue siendo un país laico y aconfesional.

Dejando de lado a los medios, que bastante hacemos con desinformar, llegamos al PP. Para los ‘salvadores’ del país, una conjura con las cuatro virtudes cardinales: prudencia para ejercer la razón y no el rodillo; fortaleza para convencer al mundo de que somos fiables; templanza para evitar que el poder les anule el juicio; y verdadera justicia porque sólo así, decía Platón, se pueden lograr el resto de virtudes.

La primera misión es titánica: que funcione el órdago y no tengamos que bajar cuatro puntos de déficit en un año de recesión; no sería “irreal” como advierte Fitch sino suicida. Rajoy dice que es “sensato y razonable”. ¿Nos creerá Bruselas? Porque no somos Grecia pero corremos el riesgo de parecerlo.

Reguladores

Magdalena Trillo | 16 de octubre de 2011 a las 11:09

Globos, silbatos, matasuegras y osos de peluche. Es el último entretenimiento regulador de nuestros dirigentes europeos para garantizar el bienestar de las familias. No ha habido indefinición en el eje franco-alemán para aprobar la nueva directiva de seguridad de los juguetes ni preocupantes demoras como está sufriendo Grecia para ser rescatada pese a que ya se hace de forma sistémica con los bancos.

Los niños menores de ocho años no podrán inflar un globo sin la supervisión de un adulto; los matasuegras tendrá calificación de “peligrosos” y los osos de peluche deberán ser lavables. Dice la Comisión Europea que tal vez no se comprenda la rigidez de la normativa, pero asegura su efectividad para evitar “historias de terror” ante un posible ahogamiento de los menores.

Pero son las familias las que ya están asfixiadas y no es por culpa del comportamiento de sus hijos. En cualquier ciudad española lidiamos a diario con esa interminable ola de regulación que, curiosamente, lo supervisa, controla y sanciona todo menos lo realmente sangrante e indecente. Multas por fumar en el bar, por mascar chicle, por darle de comer a las palomas, por poner a secar la ropa en el balcón, por orinar en la vía pública, por hacer ruido en la hora de la siesta, por pasear sin camiseta… Nuestros representantes políticos creen que hay demasiada libertad en la sociedad actual y, convencidos de que no somos capaces de convivir y autorregularnos por nuestra cuenta, lo hacen ellos contribuyendo, de paso, a engordar las anoréxicas arcas públicas.

Los mismos eurodiputados que se han negado a viajar en clase turista miran para otro lado cuando se trata de controlar el reparto de bonos y dividendos en el sistema bancario. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, alertó esta semana sobre la necesidad de una nueva recapitalización y deslizó, en este caso sin demasiada urgencia, que no debería premiarse a los autores de la catástrofe con obscenas indemnizaciones. ¿Quién pone el cascabel? No lo ha hecho Obama con Wall Street a pesar de prometerlo en campaña (ha terminado integrando en su equipo a algunos de los cómplices del crack), no lo exigen los pseudosexpertos que van de independientes y prestigiosos profesores de universidad mientras asesoran a las grandes financieras y bancos de inversión y, siendo realistas, no parece que sean capaces de hacerlo ni los Estados europeos, ni el Banco de España ni las comunidades y, mucho menos, los consejos de administración de las propias entidades.

En España, los ejecutivos y consejeros que han hundido las cajas de ahorro se han repartido indemnizaciones multimillonarias sin asumir responsabilidad alguna. “120 millones para 20 directivos” publicaba hace unos días un diario nacional en referencia a un grupo de privilegiados de CAM, Novocaixa Galicia, CatalunyaCaixa, CCM, España-Duero y Bankia para los que no cuentan los 20.000 millones de ayudas públicas en préstamos y capital que ha recibido el sector gracias a los solidaridad de todos los españoles. Lo peor de todo es que es legal; tan legal como que el banco te quite la casa y sigas pagando la hispoteca mientras vives debajo de un puente; tan justo como esos retiros dorados con que ciertas compañías afrontan los ajustes de plantilla. ¿Recuerdan el ERE de Telefónica?

Según Forbes, las primas de los consejeros delegados mejor pagados de EEUU se han triplicado desde 2008; sus sueldos han crecido un 28% en un año. Éste es el sistema que hemos construido para garantizar el bienestar de unos pocos. Esos mismos que, hoy, se siguen repartiendo ganancias ajenos a cualquier intento de regulación o supervisión. Blindados. Dentro del sistema financiero, pero también del farmacéutico, del textil y hasta del ocio. Funcionando, teóricamente, en el libre mercado pero poniendo la mano para recibir subvenciones e incentivos o para ser rescatados. Operando con la estrecha complicidad de unos políticos que sólo se atreven a plantarles cara en campaña electoral.

¿Quién regula a los reguladores? ¿Quién supervisa a quienes son jueces y parte? Éstas sí son historias de terror. Historias que explican que cada ven sean más los indignados que salen a la calle a gritar ¡basta!