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¡Nos falta ambición!

Magdalena Trillo | 26 de junio de 2016 a las 11:58

Uu alcalde airado. Un alto cargo de Madrid sumido en la perplejidad. Se llevarán más de veinte años. La impetuosidad de Paco Cuenca choca con el pelo blanco y el aplomo del secretario de Estado. Después de una semana de plantones y desconcierto, Fomento ha accedido a abordar el bloqueo del AVE y el aislamiento ferroviario que sufre Granada desde hace más de un año. Torres Hurtado lo intentó sin éxito. Se enfrentó a su partido y sólo consiguió que la ministra Pastor se hiciera unas fotos con Sebastián Pérez sin comprometerse a nada. Rajoy tampoco lo ha hecho en campaña cuando tuvo la oportunidad en el mitin de postal del Mirador de San Nicolás; sólo dijo que era una “prioridad”.

Finalmente hay reunión, pero en territorio amigo -en la Subdelegación- y sin vecinos, sindicatos, empresarios ni presión social. El alcalde le espeta a Gómez-Pomar que “ya está bien de chorradas”, que bastante se ha despreciado a la ciudad y que lo “primero” que tienen que hacer es “pedir perdón”. El encuentro no sirve para nada. Sólo un par de días más tarde, aparece una foto de la ministra con el alcalde de Ourense firmando un convenio de 100 millones para las obras del AVE gallego. A Granada le piden “comprensión” y “paciencia” ante el chantaje de las constructoras pero a mil kilómetros de distancia, en una ciudad gobernada por el PP, sí hay avances y dinero.

El vídeo del enfrentamiento ha volado en las redes sociales. La primera lectura podría ser crítica: ha sido un exceso; el alcalde le falta el respeto; no había necesidad. Lo que ha trascendido es bien distinto: está defendiendo los intereses de su ciudad. ¡Por fin! La exclamación no es gratuita. Ha surgido un clima de opinión de autoestima y de oportunidad. Ya no es la política del “quejío” a la que nos han acostumbrado, sino una política de enfado y justificada reivindicación. Hemos subido un escalón. Llevamos décadas lamiéndonos las heridas, consintiendo la discriminación, y nos hemos cansado…

No es el efecto Marea Amarilla. No es electoralismo. Es lo inédito de pensar que sí estamos representados. Que hay alguien que pone los intereses de la ciudad por encima del partido y hasta de las buenas formas. Si fuera Paco Cuenca quien se presentara hoy a las elecciones, ¡quién sabe si hasta ganaría! Podríamos cuestionarnos si es como en el boxeo y en las peleas de gallos, cuando el clima lo distorsiona y lo caldea todo, o un momento excepcional de arrogancia y de soberbia. En todo caso, los socialistas no llevan aún ni los cien días de gobierno de rigor y habrá tiempo de evaluar las dos teorías.

De momento, a mí me interesa una muy diferente: el valor de la ambición. Nunca he entendido que tuviéramos que renunciar a una estación de AVE firmada por Rafael Moneo porque era “mucho” para Granada. ¿”Mucho” respecto a qué? ¿En qué contexto? Nadie cuestionaría pedirle a una empresa -incluso exigirle- que sea “competitiva”. Pero los territorios tienen que ser sumisos y solidarios. Más aún las personas. Sin embargo, no hay lógica en el trasfondo; tan sólo la consecuencia de una cultura hipócrita, interesada y punitiva.

En el foro empresarial de debate que Granada Hoy organizó esta semana junto al Grupo Covirán, el presidente de la Cámara de Comercio de España hizo un alegato a favor de la “ambición” (sana) con la misma vehemencia con que defendía las tres T: Talento, Tenacidad y Trabajo. Entre el público, el alcalde asentía convencido: ¡Eso es lo que nos falta en Granada, ambición!

Reconozcamos que si hay algo que admirar de los catalanes es su pragmatismo. Pueden ser brillantes o mediocres pero es difícil encontrarles en operaciones de distracción. Todo tiene un sentido. Y un para qué. Con tono provocador, José Luis Bonet nos recordó lo que hemos perdido con la desaparición de la mili: antes viajábamos entre regiones, nos conocíamos y nos valorábamos; hoy no. Los estereotipos y los clichés han ganado la batalla con la misma facilidad que se han impuesto los nacionalismos y los populismos.

El AVE es sólo un síntoma. Desgasta menos perderse en la coartada de chantajes y de la burocracia que admitir una debilidad. En Granada, además, siempre nos ha ido bien explotando los agravios y mirando hacia atrás con tono de nostalgia. Es una excusa como otra cualquiera para no admitir un fracaso. ¿Se imaginan a Barcelona, Madrid, Valencia o Bilbao quince meses sin tren? Es la política, son las ‘circunstancias’ y somos nosotros… ¡Nos falta ambición!

Vivir del cuento

Magdalena Trillo | 10 de abril de 2016 a las 11:05

Decía Albert Einstein que no entiendes algo si no eres capaz de explicárselo a tu abuela. Sin demasiadas esperanzas de conseguirlo, voy a seguir su consejo y hacer un intento con la gran efeméride que ha marcado la actualidad informativa esta semana en Granada: todo un año de aislamiento ferroviario. Desafiando abiertamente el rigor del saber científico, saltándome la exigencia de seriedad del propio periodismo, voy a recurrir al género predilecto de los abuelos: el cuento. Porque todo comenzó hace mucho, mucho tiempo, allí donde todo es posible…

¿Piedra, papel o tijera? Para explicar por qué Granada acaba de celebrar su privilegiada posición tercermundista en el mapa de Renfe, resultaría sugerente recordar el popular juego infantil. La variación es que en la tormentosa relación de Fomento con nuestra provincia no hay exclusión, se acumulan todos los males: es piedra, papel “y” tijera.

Todo empezó en un lugar del que nadie quiere acordarse. Granada tenía que despertar y decidir que quería formar parte de la exitosa red ferroviaria española de la Alta Velocidad. No era ninguna obviedad. Desde Renfe nos prescribían lo maravilloso que era pasar medio día viajando a Madrid en autobús y el propio proyecto tuvo que superar la travesía del desierto con que esta provincia recibe, siempre, cualquier iniciativa que signifique cambio: debate estéril y enfrentamiento político.

ave zp

Con suerte, el AVE llegará a Granada justo una década después del firme compromiso de ZP!!

Pero se consiguió: nos apuntamos a la modernidad y hasta pusimos fecha del final feliz. Era 2004 y el entonces secretario de Organización del PSOE se mostraba tajante: “En 2007 volveré a Granada para estar con todos vosotros y vendré en un AVE en debidas condiciones: en el que va a hacer José Luis Rodríguez Zapatero”. El compromiso verbal de José Blanco iba escrito en el programa socialista: el AVE, como aún se puede consultar en las hemerotecas locales, estaría en esa legislatura. Ni lo estuvo ni lo está. Ni con gobierno del PSOE ni con gobierno del PP.

ana pastor a7

Inauguración del último tramo de la Autovía del Mediterráneo.

La primera ‘piedra’ en el camino, la compleja orografía de Granada, ya la conocemos por la A-7. Del “tramo de carretera más caro de España” hemos pasado al tramo de ferrocarril más lento de todo el país. Dos puntos han servido para boicotear la infraestructura: el tramo de Loja y la entrada en Granada. La llegada a la capital la resolvimos con una enmienda a la totalidad: adiós al AVE soterrado por La Chana -en la nueva ficción las segundas partes sí son buenas- e inesperada renuncia a la emblemática estación de Rafael Moneo que debía unirse al patrimonio de la ciudad -¿para qué iba a necesitar Granada ensanchar su patrimonio con la insignificante obra de quien acaba de ser galardonado con el Nacional de Arquitectura?-.

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Proyecto para la estación del AVE llevado a cabo por Rafael Moneo… y guardado en un cajón…

En el Poniente seguimos atascados. Después de superar los siete años de crisis que han proporcionado excusas a todos los gobiernos para justificar todo lo (in)justicable en el manejo de las tijera, nos sorprendieron a primeros de año con la críptica versión del “difícil problema administrativo” para admitir el estancamiento de las obras y, de repente, tras más de cien días con Gobierno en funciones en Madrid, la interinidad del Ejecutivo de Rajoy se ha convertido en la excusa oficial del PP.

¿Será una estrategia para mantenernos en vilo? Por más que preguntamos los periodistas, no hay manera de saber qué enigmático papel está torpedeando ahora el proyecto y más misterioso resultará adivinar por qué la solución habría de pasar por que la ministra “en funciones” Ana Pastor tenga que “prevaricar”…

En Cuba Vivir del cuento es el título del programa humorístico más seguido en el país. La verdad de la isla no se cuenta en los telediarios, la relata Pánfilo en grado superlativo. Y supone, cada semana, un momento de catarsis nacional. Me pregunto si el problema en España es que nos falta un Pánfilo que nos cuente, por ejemplo, por qué en 2015 Fomento sólo ejecutó el 57% del presupuesto aprobado para el AVE a Granada y en el eje gallego superó el 120%.

pánfilo

Esta cara (la de Pánfilo) podría ser la de cualquier granadino ante el ‘desafío’ de las infraestructuras… Del enfado hemos pasado a la resignación, a la incredulidad… y al pasotismo!

22-M: la ilusión de volver a contar

Magdalena Trillo | 8 de marzo de 2015 a las 11:00

Lo  que les voy a contar se produjo fuera de luces y taquígrafos, con la más absoluta discreción. Ocurrió en la primavera de 2013, sólo unos meses después de que el Gobierno de Rajoy anunciara un cambio radical en el proyecto del AVE a Granada para “adaptarlo a las nuevas condiciones económicas” del país. La ministra de Fomento, con la plana mayor de Adif, nos reunió en Jaén a un destacado grupo de directivos de medios andaluces para explicarnos, en persona, el estado de algunas de las infraestructuras estratégicas de la región.

Entonces éramos más que escépticos con los responsables de Fomento y no sabíamos lo que valía la palabra de la nueva titular. Hoy sí. Y les puedo asegurar que todo lo que allí comprometió Ana Pastor se ha ido cumpliendo. Y hablo de hechos, de publicaciones en el BOE, no de promesas. Oportunista o no, que el PP de Granada haya decidido nombrar a Ana Pastor presidenta de honor del partido por su “compromiso inequívoco y rotundo” con la provincia no es ninguna casualidad.

Si analizamos el punto en el que estaban dos proyectos vitales para Granada como la Autovía del Mediterráneo y el AVE cuando en 2011 el PP asumió el Gobierno de España y cómo estarán al final de la actual legislatura, habrá que reconocer que se ha ejecutado una inversión millonaria en plena crisis y que, tal vez no con la solución final que todos hubiésemos deseado, pero van a ser una realidad en pocos meses y supondrán una transformación sin precedentes en las comunicaciones de toda Andalucía.

El propio Rajoy inaugurará el penúltimo tramo de la A-7 el próximo 27 de marzo y mañana mismo la titular de Fomento concretará en su visita a la ciudad cómo se ha previsto resolver el conflicto que ha surgido ahora con la empresa adjudicataria de las últimas obras –los 27 kilómetros del trazado de Loja y la reforma prevista en la estación de la capital– al exigir más presupuesto para poder ejecutar el proyecto.

Cuando hace unos meses Sebastián Pérez anunció el nombramiento, el partido destacaba lo “extremadamente sensible” que la ministra había sido con los argumentos y peticiones trasladados por los diputados y senadores populares y, por supuesto, con las “necesidades y expectativas” de los granadinos. A ello habría que añadir el talante y el rigor con que la titular de Fomento ha afrontado el reto de desbloquear las dos obras de mayor envergadura que probablemente afrontará Granada durante décadas. Es verdad que le va en el sueldo.

Pero coincidirán conmigo en que, aunque su trabajo sea precisamente ejecutar los proyectos y hacer que se respeten los plazos, no en todos los ministerios se trabaja con el mismo ímpetu ni con la misma capacidad resolutiva. Si utilizamos como barómetro el nivel de cumplimiento delos compromisos expresados por Ana Pastor en aquella lejana reunión, les puedo asegurar que el título se lo ha ganado. A pulso. Y por esfuerzo. Más de 1.100 páginas hemos publicado en Granada Hoy durante los últimos tres años con informaciones sobre la ministra.

Granada ha sido objetivo preferente en los escasos capítulos inversores de los presupuestos del Estado y siempre se ha mantenido en los primeros puestos en su cuaderno de prioridades. Pastor se ha ganado el título del PP y, en la práctica, el de poder considerarla como la ministra granadina del Ejecutivo de Rajoy.

Hace justo una semana le preguntábamos al también presidente de la Diputación por la ausencia de políticos granadinos en puestos de alta responsabilidad y contestaba tajante que el verdadero problema no es el DNI del cargo de turno sino que te escuchen en Madrid y vengan recursos. Tal vez. Pero reconozcamos que, salvo contadas excepciones, los políticos suelen tirar para ‘casa’ y que es más fácil hacerse oír cuando estás en el corazón y al calor de quien decide. Aquí, como podemos comprobar tirando de hemerotecas, no hay siglas que se aparten del guion. Es una cuestión inicial de ‘sensibilidad’ que al final todos terminan rentabilizando electoralmente. Así ha ocurrido con los dos grandes partidos en su reparto de poder durante toda la democracia y así lo hemos visto también en IU cuando ha asumido responsabilidades de gobierno.

La pregunta que podríamos hacernos es hasta qué punto este tipo de apuestas tienen un efecto directo en el voto. La cita más cercana es el 22-M y el caso de Pastor, por merecido que sea, no deja de ser una gota en el océano electoral. El desconocimiento del líder del PP a la Junta no ayuda, tampoco la dolorosa política de austeridad y recortes que ha marcado la gestión del Ejecutivo central y mucho menos el ‘fuego amigo’ de Monago ni las antipopulares cruzadas que han emprendido los ‘compañeros’ Wert y Gallardón uniendo a todos en su contra.

Rajoy se está empleando a fondo para ‘salvar al soldado Bonilla’ pero puede que no con el resultado buscado. En la práctica está regalando a los socialistas el mejor escenario posible: una campaña Andalucía vs. Madrid; Susana Díaz vs. Rajoy. El barómetro que todas las cabeceras de Grupo Joly estamos publicando este fin de semana va en esta línea: el PSOE sería el partido más votado en siete provincias (todas salvo Almería) y en Granada mantendría sus 6 escaños a costa, justamente, de la caída de votos del PP, que perdería hasta 2 parlamentarios. Podemos irrumpiría con fuerza con 2 o 3 plazas en el hemiciclo andaluz, Ciudadanos se alzaría con 1 e IU se quedaría sin representación.

Estamos, no obstante, ante una de las campañas más abiertas en 35 años de autonomía andaluza. A las habituales lecciones de cautela y prudencia que nos han obligado a tomar los resultados sorpresivos de los últimos comicios, hay que sumar en esta ocasión la enorme bolsa de indecisos que arrojan todos los sondeos. Cuatro de cada diez andaluces o no tienen claro aún a quién votar o no lo quieren decir o juegan al despiste y a la estrategia declarando un posicionamiento que en absoluto piensan refrendar en las urnas. Pero, ojo, hay ganas de votar.

Ha calado el mensaje de que Andalucía va a marcar la agenda electoral y de que toda España está pendiente de lo que ocurra en el Sur. Nos sentimos –nos volvemos a sentir– protagonistas. El 22-M acudiremos a las urnas para decidir hasta qué punto está herido el bipartidismo, si la debacle de IU es tan desastrosa como apuntan las encuestas, si la borrachera de éxito de Podemos es tan abrumadora y si los ‘naranjitos’ de Ciudadanos terminan siendo una opción consolidada. Lo veremos en clave regional pero también en clave local con el ojo puesto en las municipales del 24 de mayo y en clave nacional pensando en la convocatoria de noviembre.

De lo que no hay duda es de que, en esta ocasión, la campaña va a contar. Y mucho. No es un trámite legal y lo que se observa en las calles, lo que se evidencia en los mítines, es que los ciudadanos hemos recuperado la ilusión. Sólo por eso ya habrá valido la pena este intenso año electoral.

¿A qué aspira Granada?

Magdalena Trillo | 22 de febrero de 2015 a las 22:12

Simplificando mucho, el problema del Atrio que Álvaro Siza ha diseñado como gran puerta de entrada a la Alhambra es que es mucho proyecto para Granada. ¡Otra vez! Ya nos pasó con la grandiosa estación del AVE que el Gobierno socialista encargó a Rafael Moneo en 2009 para resarcir a la ciudad por tantos años de comunicaciones tercermundistas y promesas incumplidas y, sólo un poco después, lo tendríamos que volver a vivir con el Teatro de la Ópera de Kengo Kuma, aquel espectacular Granatum con el que el arquitecto japonés ganó hace siete años el concurso de ideas que culminó un interminable debate sobre si Granada necesitaba o no un gran espacio escénico. Al final dijimos ‘sí’ pero la realidad nos corrigió.

Los dos proyectos están en un cajón. Los dos se plantearon con ambición y los dos han sucumbido a la crisis y a las propias dinámicas destructivas de esta ciudad. El AVE se ha descafeinado por el camino y nada tienen que ver los 570 millones que iban a invertirse en la Estación Mariana Pineda con el parcheo que se está realizando en estos momentos en Renfe para recibir un tren low cost, sin soterramiento en La Chana y con una más que cuestionable velocidad. Bien es cierto que, esta vez, llegará. Con un alto precio para Granada -¿alguien confía en que el proyecto sea a medio plazo reversible’-, pero llegará. Y casi al mismo tiempo que lograremos terminar las obras malditas de la A-7 y veremos el Metro empezar a funcionar.

El vanguardista edificio de Kengo Kuma, un arriesgado proyecto que nada más darse a conocer se convirtió en un referente arquitectónico para profesionales y alumnos, se concibió como una granada abierta a la Vega que coqueteaba en la distancia con la Alhambra y Sierra Nevada, dialogaba con el Parque de las Ciencias y el Museo de la Memoria y dotaba a la ciudad de un auditorio con 1.500 localidades técnicamente preparado para poder programar espectáculos de primer nivel de teatro, danza y, por fin, ópera. No era (sólo) un proyecto para ser contemplado; era un proyecto para ser “experimentado”.

Esta semana nos contaban que técnicamente no está muerto, que está en fase de “supervisión” en la Consejería de Cultura y que, incluso, podría rescatarse si se consiguen unos fondos europeos que están pendientes de consignación. Por Sevilla, de momento, no quieren ni oír hablar de Kengo Kuma. Si los 45 millones que se destinarán en cinco años al Atrio han conseguido despertar el fantasma del turista ‘mochilero’ y hasta IU se ha posicionado en contra después de firmar un convenio para financiarlo (el mal de la incoherencia no es exclusivo de socialistas y populares), imagínense lo que podríamos armar si recuperamos el Granatum del japonés y no sólo pensamos en construirlo sino también en mantenerlo y en programar.

Pero, sinceramente, una cosa es la prudencia y la tan reclamada “sostenibilidad” y otra bien distinta la miopía. ¿No tenemos ya bastantes chapuzas en Granada? ¿No nos fustigamos lo suficiente viendo la actividad del faraónico aeropuerto de la Costa del Sol con su casi centenar de conexiones internacionales? ¿No nos lamentamos del salto que Málaga ha dado en su oferta cultural con los millonarios proyectos museísticos que su alcalde (también del PP) ha sacado adelante en plena crisis y nos empezamos a preocupar por si aquí, también, perdemos liderazgo?

¡En qué quedamos! Debería dar miedo pensar qué nueva polémica nos vamos a enredar en los próximos meses cuando Granada culmine las grandes infraestructuras que nos han tenido ocupados en la última década. La línea marítima a Melilla promete pero, sin duda, resultará más jugoso -y mediático- lanzarse sobre la Colina Roja. O sobre la Sierra. Me niego a defender que es algo consustancial al ADN del granadino. Y menos ahora… que hasta los científicos han desmontado el asentadísimo mito de que la alta montaña multiplica las posibilidades de sufrir un infarto.

Nada puede haber en el ambiente de esta Granada que siempre ha sabido cautivar viajeros y fascinar hacia fuera para que, de puertas adentro, nos repleguemos y no seamos capaces siquiera de permitirnos el lujo de tener aspiraciones. Y no hablo de dibujar castillos en el aire; hablo de empezar resolviendo nuestro problema de autoestima y falta de visión. Hablo de tener personalidad para saber hacia dónde queremos que camine Granada sin copiar al de al lado ni entrar en insufribles disputas de agravios. Hablo de lograr un mínimo consenso político y social para saber por qué vamos a luchar. Hablo de no acomodarnos pidiendo el ‘café para todos’ en todas las escalas.

¿De verdad no queremos subir a la Alhambra cualquier noche de verano del Festival y terminar la velada tomando unas copas en la terraza del restaurante que ha diseñado Álvaro Siza? ¿No nos gustaría llegar a un parking decente sin doblarnos un tobillo al salir del coche? ¿No preferirán los turistas hacer cola para comprar una entrada sin mojarse cuando llueve, helarse de frío o morirse de un sofoco? Nos equivocamos de debate si lo reducimos a oportunismos (e inoportunismos) electorales. Puede -y debe- haber discusión pero atrevámonos, por una vez, a no pensar a la defensiva y hagámoslo con un planteamiento constructivo. Se puede entender que ni la estación de Moneo ni el Teatro de Kengo Kuma hayan sido proyectos asumibles en momentos de durísimos recortes. Pero el de Alvaro Siza, al menos en teoría, se podría afrontar: ¿no sentiriamos envidia si el proyecto si se hubiera planteado para Málaga?

Aunque sorprende la intensidad del revuelo cuando hace más de cuatro años que se aprobó el proyecto y se dio a conocer, entendamos que es ahora, en el momento en el que nos recuerdan que (éste sí) se va a ejecutar y vamos al detalle de la obra, cuando toca el turno de la polémica…

Desde el punto de vista arquitectónico, pocas voces lo cuestionan. La envergadura de la actuación y la financiación es otro tema. Y, por supuesto, en el trasfondo siempre está el recurrente debate sobre el aislamiento de la Alhambra y el agrio cuestionamiento a la política de gestión actual. Del “no sostenible” y el “disparate” al miedo de convertir el monumento en una “isla” para turistas.

Dicen que perjudicará a los hosteleros: ¿alguna vez dejarán de quejarse nuestros empresarios del sector turístico?, ¿alguna vez les oiremos confesar que les va bien? Dicen que es un “exceso” cuando hay tantas necesidades de inversión cultural en Granada y cuando la propia Junta de Andalucía está recortando inversiones de mayor necesidad social: ¿estaríamos con este debate si no se hubiera convocado el 22-M y faltaran menos de tres meses para las municipales? Dicen que “no es el momento”: ¿alguien sabe cuándo es el momento de que nos pongamos de acuerdo en algo en esta ciudad?

Estaría bien empezar preguntándonos, -y contestando con honestidad-, si saben los políticos, si saben los responsables institucionales, si sabemos nosotros, a qué aspiramos.

2015, ¿un año inesperado?

Magdalena Trillo | 4 de enero de 2015 a las 11:01

No siempre el dinero es la respuesta. Hay obras que llevan su ritmo ajenas por completo a las novedades del BOE, proyectos que llegan inesperadamente envueltos en papel charol y anhelos que se revuelven para convertirse en tu peor pesadilla. Les pongo unos ejemplos: la Autovía del Mediterráneo y el AVE, el Centro Lorca y la declaración de Granada como Capital Mundial de las Letras y la extraña carrera de la Alpujarra por ser Patrimonio de la Humanidad.

Aunque siempre he sido consciente de la rutina que arrastran los artículos que despiden y saludan el año , es terriblemente desesperanzador cuando te das cuenta de que no sólo se repite el continente, también el contenido. Granada no sería Granada si no habláramos de agravios y confrontación, de su insolente y pegadiza malafollá y, lamento expresarlo de forma tan descarnada, de esa pesada mediocridad que con tanta nostalgia mira hacia atrás olvidando que el riesgo y la osadía también son un valor.

¿Por qué ocupamos siempre la zona intermedia del ranking? Porque quitando las alegrías casi excepcionales del turismo y asumiendo el lastre que suponen las plusmarcas del paro, en todos los demás indicadores nos movemos en la acomodaticia serenidad del punto medio.

Desde que Granada Hoy está en los quioscos, y vamos ya para 12 años , el proyecto del Metro en la capital, el AVE a Madrid y la inacabada A-7 han formado parte del paisaje informativo y, como habrá podido comprobar, claramente para mal… Hoy, sin embargo, me he propuesto ser constructiva y ¡hasta atrevida! Le propongo un ejercicio de prospectiva… Y que conste que, salvo acontecimientos inesperados , se basa en lo que hoy son promesas -por fin- viables.

Sitúese a finales de 2015 . Mañana lunes madrugará pero no quedará atrapado en el atasco habitual de la Ronda Sur. Se subirá en el Metro en Armilla y llegará a la Estación de Renfe cumpliendo su trayecto con puntualidad británica. Allí obviará los tercermundistas trenes que hasta ahora le llevaban a Madrid y tampoco tendrá que viajar con su coche hasta Antequera para llegar a tiempo; en 2 horas y 45 minutos estará en la capital de España… El fin de semana bajará a la Costa. Lo hará en 40 minutos por autovía. El sábado se escapará a Málaga para hacer unas compras en el Ikea y lo hará también por autovía. El domingo probará en El Ejido el restaurante La Costa con su merecida estrella Michelín y todavía tendrá tiempo de jugar al pádel o darse un paseo por la playa. Antes, el viernes por la noche, habrá asistido al último estreno de teatro programado en el Centro Lorca y seguirá preguntándose por qué hemos tardado media vida en recuperar el legado del poeta…

Al hospital del PTS, el más grande de toda Andalucía, mejor es que no necesite ir para ninguna urgencia pero, si así ocurriera, que sepa que estará a pleno funcionamiento. Ni por fases ni en plan chapuza. Con años  de retraso, como la autovía, el Metro y el AVE, pero estará. Para las próximas navidades también habrá abierto sus puertas el Centro Comercial Nevada y, aunque nadie dude de lo que mejorará la oferta de compras en Granada ni la actividad y el empleo que generará, es difícil asegurar que no le provoque un ataque de nervios con el previsible colapso de tráfico que se formará en la zona Sur de la ciudad. ¡Qué tristeza pensar que, siendo tan evidente, no haya nadie capaz de planificar una salida con unos meses de anticipación! Claro, unos meses antes estaremos demasiado ocupados creando cantera para el deporte del hielo con esa Universiada que tanto sufrimiento está costando sacar adelante. ¿Seguro que no está gafada? Porque el incendio en el Pabellón de Curling de Fuentenueva tenía más pinta de aviso a navegantes que de accidente fortuito… Veremos.

Pensándolo bien, lo menos inesperado  en 2015  será diseñar el escenario de infraestructuras y equipamientos que tanto se ha enquistado en los últimos años  y que tantos titulares fallidos ha hecho publicar. Lo que de verdad da vértigo dibujar es la radiografía política posterior a mayo. ¿Usted ya ha decidido a quién votar? Se equivocan los políticos, yerran las encuestas, cuando diagnostican el ‘pasotismo’ ciudadano. Iremos a votar, ¡claro que iremos a votar! Otra cuestión bien distinta es a quién. El voto urbano, por muchos sondeos internos que manejen los partidos, es una auténtica incógnita. ¿Voto de cabreo? ¿Voto útil? ¿Voto de castigo? La izquierda corre el riesgo de fragmentarse tanto que el escenario de la ingobernabilidad se cierne ya como una espesa niebla sobre decenas de ayuntamientos y, ojo, también sobre la Diputación. El PP tal vez no logre la mayoría absoluta, pero ¿el PSOE tendrá con quién pactar? ¿Calará la campaña del miedo? Apasionante. Informativa y socialmente apasionante.

En el camino, por supuesto, nos habremos dejado más de un quebradero de cabeza. El AVE llegará a Andaluces con una sola vía y en superficie -relegando el viejo proyecto de soterrar las vías en el barrio de La Chana-, ni rastro habrá de esa espectacular estación que diseñó Rafael Moneo dialogando con la Alhambra y Sierra Nevada y poco podremos alegrar a quienes tengan que sacar el billete en dirección Sevilla: las tres tediosas horas a velocidad de tortuga seguirán siendo una pesadilla poco transformable si Susana Díaz no accede ni a ‘pensar’ en la propuesta del PP de activar un ‘plan barato’ por Córdoba… ¡Nos llevaría en 90 minutos! Y, ojo, que al final los desaires y la falta de olfato se pagan tanto como los desaciertos.

Torres Hurtado ya tuvo que lidiar con la ira ciudadana con su propuesta de cambiar la estación del AVE a la rotonda de Europa y todavía está por ver lo que le costará la Línea de Alta Capacidad (LAC). Más de uno en su equipo le recomendó postergar el ‘experimento’ a después de las municipales, pero ya sabemos que el alcalde de la capital es de ideas fijas. Ciertamente, sólo esa voluntad de hierro explica que, después del ictus que sufrió antes del verano, siga empeñado en repetir como candidato con su partido haciéndose más remolón que nunca. ¿No estaría bien recordarles a unos y otros que lo de dedicarse a la política tiene más que ver con servir a los demás que a uno mismo? Y no hablo de corrupción, de degradación ni de estéril confrontación… Para eso ya tenemos las páginas que los medios dedicamos a diario a nuestros ‘ilustres representantes’. Incluidos los de las instituciones más nobles del Estado, la Corona y hasta la Iglesia.

Porque cualquiera recordará por qué Granada salió en el telediario en 2014.… Sí, los curas pederastas ante el juez, el arzobispo intentado lavar los escándalos en casa y el Papa Francisco poniendo orden. Entre rutinas y sobresaltos, lo cierto es que no sé si pedir un 2015  previsible o imprevisible… Elvira Lindo firma el guión de la Vida inesperada  de Javier Cámara en Nueva York y tampoco le fue tan mal. Me pregunto si, por una vez, no estaría bien que Granada se saltara la hoja de ruta, se cumplieran algunas promesas y nos regalara un año  inesperado . Uno de esos que vale la pena contar en los periódicos; uno de esos que vale la pena vivir… y recordar.

Burbuja verde

Magdalena Trillo | 25 de mayo de 2014 a las 10:32

No son los 10.000 millones extra que se ha comido la Alta Velocidad Española, pero son casi 300 para un solo proyecto. A la espera de que la Junta se lo comunique formalmente al Ayuntamiento de la capital, ya sabemos a cuánto ha ascendido el desfase presupuestario en la mayor obra pública que se ha promovido en Granada en la última década: más del doble. Terminar el Metro de Granada supondrá una inversión total de 558 millones de euros frente a los 276 que se consignaron en 2006. No parece que detrás del coste final haya maletines delictivos ni corrupción, pero la consecuencia es similar: una sobredosis de contención y de realidad que obligará a renunciar en el futuro a cualquier obra de envergadura por muy necesaria y justificada que esté.

Los esfuerzos, económicos y de gestión, se centrarán ahora en terminar lo empezado (nada fácil si pensamos que la modificación en la zona de Renfe todavía no tiene ni proyecto técnico) y en procurar que el transporte público, emblema de la ‘apuesta’ del Gobierno andaluz por Granada, pueda funcionar antes de las elecciones autonómicas. Desde esta semana, lo que era más que previsible es ya oficial: se descartan nuevas líneas. Si el pragmatismo llevó en sus inicios a tumbar la idea municipal de llevar el Metro por el casco histórico soterrando por San Juan de Dios, los apuros presupuestarios de ahora y el intenso quebradero de cabeza que está suponiendo culminar la infraestructura sitúan en el escenario de lo irrealizable tanto la conexión con el aeropuerto que tan vital se consideró en su día -cuando era realmente internacional y el tráfico de pasajeros no dejaba de aumentar- como la ampliación de la línea hacia otros municipios del Cinturón.

Siendo escépticos, ni siquiera está muy claro que el Metro pueda empezar a circular con normalidad, que se cumplan las expectativas de uso, que ayude a reducir los atascos y que conviva con esos autobuses de alta capacidad que atravesarán la capital desde finales de junio. La Junta asegura que tiene estudios que garantizan su viabilidad pero nadie los ha visto nunca. Y ello a pesar de la insistencia con que los hemos reclamado desde los medios y de las negras advertencias que salen de la Plaza de la Carmen recordando la vía muerta en que ha quedado el Metro de Jaén.

De las obras faraónicas en infraestructuras estamos pasando a la era del transporte verde low cost. La nueva ‘moda’ es la bici y el autobús. La Junta ha aprobado una inversión millonaria para habilitar carriles bici en toda Andalucía, la Universidad ya ha anunciado que será la apuesta para el Campus de Cartuja y esta misma semana hemos sabido que la alternativa a “no más líneas de Metro” es el autobús. Tal vez no seamos muy efectivos con las soluciones, pero nadie podrá cuestionar la capacidad de innovación con las palabras. A la LAC (Línea de Alta Capacidad) le acaba de salir un competidor: el BRT (Bus Rapid Transit). Lo anunció el martes el delegado de Fomento explicando que se trata de autobuses de alta capacidad que usan carriles exclusivos con prioridad de paso y paradas de plataformas que ya funcionan en ciudades como París, Nantes o Estambul.

Lo que inquieta de los proyectos que ahora se barajan es no saber si hay una planificación seria, coherente y viable detrás, si hay (o habrá ) consenso y si no corremos el riesgo de inflar una nueva burbuja; aunque sea verde. ¿Han hablado la Junta y el Ayuntamiento para coordinar la LAC, el Metro, los carriles bici, el futuro BRT y el AVE si llega algún día? ¿Alguien tiene un plan para Granada que vaya más allá de ‘su’ mandato y supere el color de ‘su’ sillón?

No es un tema menor. Les pongo el ejemplo de Dinamarca. Los ‘andaluces del Norte’ aparecen en el último Informe Mundial de la ONU como los ciudadanos más felices del mundo. Y no es por casualidad. Tienen el nivel de corrupción más bajo del planeta, un salario mínimo de 2.000 euros al mes, trabajan lo justo (164 horas menos al año que los españoles) y apenas hay paro. En su ‘mundo feliz’ se compite lo preciso, no importa tanto lo que se gana como lo bien que se gaste y hay mucho tiempo libre. A las cuatro no hay nadie en la oficina y no pierden tiempo en desplazamientos. Su transporte público es tremendamente eficaz y más de la mitad de los viajes en la capital se hacen pedaleando… Medir la felicidad es muy subjetivo, pero es evidente que también se construye disfrutando de las pequeñas cosas… De un paseo en bici sin riesgo de ser atropellado, de un buen vino y un rayo de sol, de un día sin atascos…

Granada 2015

Magdalena Trillo | 22 de septiembre de 2013 a las 17:51

La mitad de los españoles sufre dolor de cabeza más de quince días al mes. La migraña provoca ansiedad, puede ser el desencadenante de la depresión e incapacita para desarrollar las tareas más cotidianas; domésticas y profesionales. Las bajas por cefalea llegan a una media de ocho días al año: 2.000 millones de pérdidas por absentismo y caída de la productividad. Introduzco estos últimos datos de la Sociedad Española de Neurología consciente de que son los únicos realmente relevantes para un país que se ha empeñado en saltar del suicidio a la euforia a la velocidad que sube el Ibex y baja la prima de riesgo. Si nos guiamos por la escaleta de los telediarios, coincidirán conmigo en que los días aciagos de jaquecas están más que justificados.

La mitad de los granadinos sufre dolor de cabeza más de quince días al mes. Así se infiere con la extrapolación de la estadística y así lo habrá constatado usted sin necesidad de recurrir a mayores alharacas científicas. Pero si los expertos ya han demostrado cómo la crisis económica ha contribuido a incrementar esta dolencia, aún no he leído ningún artículo que constate lo que debería ser una obviedad: cómo afecta a nuestra salud -física y mental- la inoperancia, indecisión y trastornos de nuestros políticos; cómo nos perjudica la crisis de la política.

La principal consecuencia se llama desconfianza. Ni los creemos ni tenemos motivos para ello. No cuando son sus palabras, compromisos y promesas los que se invalidan y traicionan de forma sistemática en nombre de las “circunstancias”. ¿Recuerdan cuando Rajoy aseguró que jamás tocaría la educación, la sanidad y las pensiones? Lean los periódicos de la última semana; estamos en el ecuador del mandato y nada ha quedado a salvo de su programa electoral.

Incredulidad, escepticismo… Se ha convertido en uno de los baluartes de la denostada Marca España, pero también de la Marca Granada. Y, lamentablemente, lo hemos aprendido por la vía de los hechos. Por eso es tan difícil que nos creamos las buenas noticias. Hace justo una semana, en el acto de conmemoración del décimo aniversario de Granada Hoy, pedía a nuestros políticos que nos ayudaran a construir Granada, a construir Andalucía, dándonos la oportunidad de despertar a nuestros lectores con buenas noticias. Esta semana las hemos tenido y me produce una tristeza inmensa constatar cuánto nos cuesta creer. Desconfiamos los propios periodistas. Ponemos titulares a cinco columnas con la incertidumbre de saber si algún día se cumplirán; con el desasosiego de recordar que, hasta ahora, nunca fueron verdad.

La Granada de 2015 que se nos ha prometido debería llevar a la esperanza. Imagínenla. El Metro funcionando de Albolote hasta Armilla, la Autovía del Mediterráneo completamente operativa y el AVE a Madrid en 2:45 horas, a Sevilla en dos horas y a Málaga en 58 minutos. El tren no llegará a la vanguardista estación de Moneo que un día osamos soñar ni habrá variante en Loja -no hasta que no haya consenso y dinero- pero reconozcamos que lo que se nos anuncia será un revulsivo para las comunicaciones de esta provincia. Hasta el alcalde de la capital ha reculado en su cruzada por llevar la estación al Cerrillo de Maracena y quiere promover el acuerdo partiendo “desde cero”. No nos equivoquemos, Torres Hurtado sigue convencido de que la mejor propuesta para la ciudad es que el AVE llegue a la rotonda de Europa pero está dispuesto a negociar. Eso es mucho. Muchísimo.

Tan de cuento que no nos los creemos. La propia concejal de Urbanismo pedía este jueves un “convenio” para que todo conste por escrito. Otro convenio porque, tal y como le recordaron en rueda de prensa, ya había uno firmado sobre la Alta Velocidad, el soterramiento del tren en La Chana y la construcción de la estación en Andaluces que nunca se ha cumplido. Ya saben, las circunstancias. Papel mojado. Tan irreal como puede ser esa Granada que hoy se nos dibuja porque, si los políticos no se creen entre sí (ni los del mismo partido), menos razones tendremos los demás para confiar.

¿No tienen ya dolor de cabeza? Elijan entre el paracetamol y el ibuprofeno e introduzcan en toda esta historia el único elemento que, de momento, podría hacernos creer: las elecciones. En 2015 tendremos municipales, generales y quién sabe si autonómicas. Tras cuatro años grises de paro, regresión social y agonía, después del previsible descalabro de las europeas del año que viene, superado el momento bálsamo de las volátiles bajadas de impuestos y a la espera de conocer el enésimo capítulo del quebradero de cabeza catalán, los partidos tendrán que convocarnos a las urnas con mucho más que palabras. Tal vez el efecto elecciones sea lo único capaz de imponerse, de salvarnos, de la maldición de las circunstancias.