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Político, profesión de alto riesgo

Magdalena Trillo | 26 de abril de 2015 a las 10:59

Por acción y por omisión. Para ellos mismos y para todos nosotros. Ser político hoy se ha convertido en una profesión de alto riesgo. Por culpa de quienes roban, prevarican, malversan y se corrompen y por culpa de quienes nos demuestran a diario que nada de vocación, altruismo y servicio público hay en el desempeño de sus funciones. La casuística es amplia y de toda ella hemos tenido ejemplos esta semana:

Los peligros más evidentes llegan por la acción. Y el destino final va de la inhabilitación a la cárcel. Entre rejas está Bárcenas y en los tribunales se decidirá también el epílogo de viejas glorias de este país como el ex vicepresidente Rodrigo Rato. Sólo una codicia enfermiza puede explicar el supuesto fraude que ha desvelado la Agencia Tributaria para alguien que, subido en un Porsche y enfundado en estilosas camisas italianas, iba de ‘dandi’ por la vida; para alguien que lo tuvo todo y se permitió despreciarlo. Dejó el FMI porque se aburría, escribió la defunción de Bankia porque le dejaron, se enfangó con el escándalo de las tarjetas black porque pudo. Ahora sabemos que su milagro económico forma parte de la misma farsa con que ha terminado manchando su biografía.

Y sólo es una de las 715 personas de “especial relevancia” que están siendo investigadas tras acogerse a la amnistía –la grieta legal– que ideó el Gobierno para acabar con la opacidad fiscal y aflorar fortunas millonarias. Si nos creemos que la carrera ahora es por la transparencia, poco se entienden las reticencias del PP para desvelar los nombres de los demás privilegiados (175 de un total de 30.000 contribuyentes) que los funcionarios de la hacienda pública, inesperados protagonistas de la agenda política, han puesto bajo sospecha tras constatar que los datos que manejan son “la repera patatera”. Con tal elocuencia lo dijo esta semana el director general de la Agencia Tributaria cuando compareció en el Congreso para dar cuenta de las actividades de blanqueo que se están detectando a partir de esa “regularización fiscal” que, con mucho menos desparpajo y credibilidad, el ministro Montoro sigue defendiendo: ¿Seguro que “no limpia ni borra delitos”?

El ‘caso Rato’, como los cientos de las causas de políticos que se dirimen en los tribunales de todo el país, contribuye a la judicialización de la vida pública pero por razones más que justificadas. La ley, al menos en teoría, es igual para todos y las consecuencias de saltársela, también. En este tipo de situaciones, los peligros de ‘ser político’ son buscados: los privilegios se convierten rápidamente en prebendas y las posiciones de ventaja acaban desdibujando la legalidad. En el plano local, mucho podría reflexionar el ex alcalde de Almuñécar Juan Carlos Benavides, que se ha pasado media vida de litigios y siempre ha salido sorpresivamente airoso, o el ex regidor de Otura, que acaba de aceptar 16 años de inhabilitación por prevaricación.

Menos sentido tiene cuando los políticos miran a Caleta confiando en que sea el juez quien les resuelva su incompetencia, se conviertan en aliados en sus batallas electorales o les dé una salida a su desesperación. Aquí los periodistas también deberíamos hacer autocrítica y preguntarnos si no estamos sumándonos al circo cuando nos limitamos a actuar de meros altavoces de unos y otros. Es el peligroso periodismo de declaraciones. Insinuaciones, acusaciones sin pruebas y amenazas de demandas. A un mes de las elecciones municipales, pocos dejan pasar la oportunidad del “nos vemos en los tribunales”. Aunque unas veces funciona y otras se vuelve en contra.

La imputación de todo el grupo municipal socialista por denuncia falsa contra el alcalde no es sino el efecto boomerang tras su iniciativa de, “en defensa de los intereses” de la capital, alertar de un posible caso de prevaricación por parte de Torres Hurtado en la operación urbanística del Cerrillo. Su situación ahora es tremendamente comprometida; un ejemplo de cuando ser político –en esta ocasión asumiendo su labor de ejercer de oposición– es extremadamente peligroso… si no juegas bien tus cartas.

El concejal Fuentes y el diputado Torrente también han tenido que desfilar esta semana ante el juez por un tema de prevaricación y revelación de secretos y pendiente queda si la directora de la Alhambra terminará poniendo una querella contra Juan García Montero por sus durísimas declaraciones sobre el oscurantismo en la gestión del Patronato y supuestos tratos de favor. A un mes justo del 24-M, todos han subido el tono y han empezado a medirse trasladando a las instituciones el clima de hostilidad y los nervios que ya se están apoderando de este intenso preámbulo electoral.

La política estará desprestigiada, pero ya hay 8.527 granadinos pendientes del reparto de sillones de las municipales: 624 listas para definir el futuro de 180 poblaciones con una presencia inédita de propuestas de ‘independientes’.

Si las profesiones de riesgo sólo se eligen por vocación o por alta remuneración, tendríamos que pensar que no todo está perdido y que son muchos los ciudadanos que todavía están dispuestos a exponerse para cambiar las cosas desde dentro del sistema. Aunque la mera gestión suponga ya un peligro. Así lo sienten a diario muchos concejales de Economía y así lo acaba de comprobar la delegada del Gobierno, Sandra García, cuando se le ha comunicado que ha sido imputada por el caso de los vertidos fecales de la cárcel… Y es que la omisión también cuenta. A la espera de lo que resuelva el Supremo, es lo que podría subyacer en las actuaciones de Chaves y Griñán en el caso de los ERE. Si no idearon un sistema para robar, para dejar que otros lo hicieran, la prevaricación podría ser por omisión, por no vigilar.

De nuevo el debate sobre la responsabilidad política y la penal. Y de nuevo las dudas de en qué momento consideramos saldada una deuda moral. ¿Ha renunciado Griñán lo suficiente? ¿Ha pagado bastante por su co-responsabilidad? ¿Cómo de alto y cuántas veces hay que pedir perdón?

Porque ni está clara la legalidad, ni lo está la ética y ya ni siquiera la estética. Lo lamentable es que la mujer del César hace mucho que dejó de ser honrada y ahora parece que no importa que ni lo parezca. 5.000 euros por charlar dos veces al mes tomando café. Hablo de ‘trabajillos’ de cargos públicos para empresarios. De “asesorías”. ¿Tráfico de influencias? El caso de Pujalte y Trillo compaginando su labor en el Congreso con sus “servicios” a compañías que luego logran contratos públicos roza el esperpento. Es indecente y claramente inmoral. ¿Pasa el límite de lo legal?

No lo sé. Pero estaría bien que quienes van a dar su nombre para que los votemos el 24-M empiecen por preguntarse a sí mismos si concurren con la suficiente fortaleza e integridad para garantizar su honradez y mantener su palabra. La mayor crisis que estamos atravesando no es económica, es moral. Y es que es curiosa la profesión del político: es peligrosa para ellos, pero mucho más para nosotros.

Arpías

Magdalena Trillo | 8 de septiembre de 2013 a las 14:13

“A las arpías no nos gusta que nos llamen arpías”. No he dejado de acordarme esta semana de Sigourney Weaver en Political animals. Es la primera incursión de la veterana actriz en la televisión con una miniserie que ha sido nominada a dos Globos de Oro y que viene a confirmar esa etapa de oro que está viviendo la ficción en la pequeña pantalla como alternativa a la escasez de presupuesto, recortes y decadencia (de dinero y de ideas) del séptimo arte. Da vida a Elaine Barrish, secretaria de Estado y gobernadora de Illinois, pareja del ex presidente de los Estados Unidos y aspirante a ocupar el despacho oval de la Casa Blanca por méritos propios. A sus 63 años, excepcionales, cambia de registro siguiendo la estela de otras veteranas como Glenn Close y Kathy Bates. “Llevaba tiempo rodando historias flojas y esto ha sido como comerme un buen filete después de dos años a base de ensaladas”. La protagonista de Armas de mujer se sumerge ahora en las alcantarillas del poder mientras los escándalos familiares, incluidos drogas y adulterio, la dejan completamente expuesta, desnuda, ante la opinión pública.

El paralelismo con Hillary Clinton es evidente, pero yo lo voy a fijar con Susana Díaz. No estoy llamando arpía a la recién elegida presidenta de la Junta de Andalucía pero coincidirán conmigo en que es un calificativo que no desentona en la campaña de ataque y derribo que estamos viviendo desde el precipitado anuncio de marcha de José Antonio Griñán, la “espantada” por la presión de los ERE en palabras de la oposición.

Superado el “teatro” de las primarias que maniobró una “fría” y “calculadora” experta en fontanería política -cuestionado, y en este caso con razón, hasta por los suyos-, hemos llegado a la “farsa” de su nombramiento. El “mayor fraude en la historia de la autonomía” llegó a decir el jueves en la sesión de investidura el cabeza -que no líder- de los populares. Lástima, como le reprochó Díaz, que no acudiera al Parlamento el “hombre de leyes” sino el “faltón” y tuviéramos que presenciar todos cómo un magistrado de profesión deslegitima un proceso absolutamente democrático y constitucional por su “dudosa ética política” olvidando lo apropiado que fue en su día en Madrid para relevar a Esperanza Aguirre o nombrar alcaldesa a Ana Botella.

Y lástima, también, que lo escucháramos replicarle con tono de tertulia de bar que si quería saber cuál es el candidato del PP -recuerden que él ya ha dicho por activa y por pasiva que sólo le interesa la Alcaldía de Sevilla- que “convoque elecciones”. En el PP nacional no hay prisas, bastante tiene Cospedal con explicar los despidos en diferido y la custodia de ordenadores a los que se les destruye el disco duro, y Juan Ignacio Zoido parece no entender que son los dirigentes de su propio partido, los militantes, los andaluces los que merecemos saber cuál es el proyecto para Andalucía. No es sólo un problema de caras, también de discurso. Porque poco sabemos más allá de los diez puntos del fracasado programa electoral de Arenas que se nos volvió a leer esta semana y de la extenuante estrategia de oposición de los ERE.

Estoy de acuerdo con el presidente del PP de Granada: “mucho ruido y pocas nueces”. Pero, ojo, no sólo aplicado a Susana Díaz. Ella tiene la obligación de pasar a los hechos cumpliendo las enormes expectativas que han suscitado sus primeros pronunciamientos sobre la lucha contra el paro y la corrupción pero es que el PP todavía está en el tiempo de las palabras.

Mucho más joven que Elaine Barrish, el reto de Susana Díaz no es diferente: emanciparse de su mentor, en este caso Griñán, y demostrar que su capacidad está por encima de su ambición. La primera prueba de fuego será su equipo -mañana sabremos si la renovación es realmente profunda para llenar de contenido ese insistente anuncio de “cambio” que de momento sólo suena a marketing político- y la segunda, cuadrar unos presupuestos que ‘gusten’ lo suficiente a sus socios de IU para agotar la legislatura y sigan recordándole a Rajoy que la oposición real a su Gobierno, con o sin permiso de Rubalcaba, la marca Andalucía.

Si ser arpía significa ejercer el poder hasta las últimas consecuencias, ser implacable si es preciso, no dejarte acorralar cuando te ataquen, hacer respetar tu valía por encima de tu ADN, somos muchas las mujeres con puestos de responsabilidad las que deberíamos unirnos al club. Pero mal favor le hacemos a Susana Díaz, desde el feminismo y desde el clientilismo partidista, si le hacemos creer que nada tiene que aprender, que nada tiene que corregir -ni una sola palabra de autocrítica hasta ahora- y que su gobierno, su gestión, no tendrá un elevado precio. Ni por joven ni por mujer tiene nada ganado. Por eso discrepo con Amparo Rubiales: todas ‘no’ somos presidentas y Susana Díaz lo tiene que demostrar.

A las arpías no les gusta que las llamen arpías y menos aún que las adulen.

La hora de las mujeres

Magdalena Trillo | 30 de junio de 2013 a las 10:33

Antes de un año José Antonio Griñán podrá dedicarse a las cosas de su edad: malcriar a los nietos y escribir las novelas que aparcó cuando su (ex) amigo Chaves le cedió el testigo de la Junta. Se irá, aunque sacrifique el horizonte de tres años de alianza “solidaria” que había pactado con IU, y lo hará a la española: dejándolo todo atado y bien atado. En Andalucía y en Madrid. En el gobierno y en el partido.

Es un estratega de los tiempos. El 25-M hundió a Arenas con aquella amarga e insuficiente victoria que todavía pesa en el desánimo de los populares y ahora va a prejubilar a Rubalcaba; entonces dejó perpleja a media España cambiando los ritmos electorales, desmontando todas las encuestas y salvando la ‘aldea’ del socialismo y ahora ha descolocado a su partido y a la oposición abriendo el debate sucesorio. No nos equivoquemos, las consecuencias de no presentarse a la reelección, de dar paso a “savia nueva” y de impulsar la renovación en el PSOE no es una decisión de consumo interno: afectará al ‘bipartito’, modificará la hoja de ruta del partido a nivel federal y obligará al PP a recomponerse en tiempo récord.

Si es coherente con lo que dijo hace un solo mes de convocar primarias cerca de los comicios, y si es cierto lo que solemnemente ha proclamado esta semana en el Parlamento de que a él no le pierde “ni el poder, ni el boato, ni las apariencias ni los sobresueldos”, no hay escenario posible que no pase por un progresivo trasvase de funciones -institucionales y orgánicas- y por un adelanto electoral que ya hay quien sitúa con las europeas de mayo.

La renovación griñanista tiene nombre, tanto en Andalucía como en España: su consejera de Presidencia y número 2 Susana Díaz y la ex ministra Carme Chacón. A la primera ya la ha bendecido para una sucesión teledirigida, un dedazo encubierto de primarias; con la segunda, la que fue su candidata frente a Rubalcaba en el congreso fallido de Sevilla, mantiene una maquiavélica sintonía que ha vuelto a evidenciarse con el anuncio de su retirada. Rubalcaba, circunspecto; Chaves, atónito; Jáuregui, ausente. A ella ni le sorprendió. Sospechosa complicidad.

Más allá de la operación de marketing que Griñán está liderando para resituar a un PSOE cada vez más vapuleado en las encuestas y frenar el creciente terreno electoral que le está arrebatando IU desde la plataforma de San Telmo, lo más triste y criticable de su supuesta hoja de ruta de revulsivo es que nada tiene que ver con lo que predica de más democracia, más transparencia, más participación.

Susana Díaz. ¿Es renovación o es continuidad? ¿Aparte de llevar con mano de hierro la fontanería del partido, es capaz de liderar un nuevo tiempo? Su edad (39 años frente a los 67 de Griñán) y su condición sexual tal vez sean suficientes para justificar lo nuevo pero no lo bueno y mucho menos lo necesario. Decía Amparo Rubiales que ha llegado la hora de que las mujeres sean “cabeza de león” y no “cola de ratón”. Ojalá. Pero hablemos de capacidades y de aptitudes. Y convoquemos unas primarias limpias. Abrámoslas a los simpatizantes y demos tiempo a las corrientes críticas a que preparen a sus candidatos (¿la precipitación es una maniobra calculada para desactivar la opción de Micaela Navarro desde el feudo crítico de los socialistas de Jaén?). Si la joven de Triana, puro aparato, profesional de la política, es el rostro del nuevo socialismo, que se lo gane con una lección de democracia y de participación, que no herede el poder por la puerta de atrás.

Ni Susana Díaz ni Carme Chacón. Si son la cara del futuro, de la renovación, que nos convenzan. Pero con ideas, con un programa, con un proyecto. Con talante, con liderazgo. Todavía recuerdo la lamentable portada de Vogue con las ministras de ZP; la imagen de unas políticas por la igualdad mal entendidas y peor gestionadas. Nunca el género debiera ser un impedimento pero tampoco una ventaja. Y mucho menos un paraguas para ocultar la propia incompetencia. En el debate sobre el estado de la ciudad del jueves la concejal de UPyD Mayte Olalla acusó a García Montero de “machista” porque le criticó que su discurso era propio “de una niña de cuarto de la ESO”. Cínico, tal vez cruel, pero ¿machista?

En Italia, el mismo día que se producía el terremoto Griñán, había quienes proponían a Berlusconi volver a fundar Forza Italia y colocar a su hija al frente. La “heredera natural”, argumentaban, “la mejor defensora de sus intereses” (¿de su corrupción y de sus fraudes?) Desconozco las cualidades y la solvencia de Marina Berlusconi, pero hiela ver las alcantarillas de unos partidos que se siguen llamando democráticos mientras nos dan lecciones de despotismo. Y ni siquiera ilustrado.

Me gustaría que estuviéramos a las puertas de un nuevo tiempo político; pero no a la defensiva. Me gustaría que fuera la hora de las mujeres; pero no a cualquier precio.

Los papeles de Lanzas

Magdalena Trillo | 31 de marzo de 2013 a las 12:09

Que el caso de los ERE salpicara a Granada era cuestión de tiempo. Demasiados protagonistas, demasiados beneficiarios y demasiados intermediarios en una trama corrupta que ha tenido diez largos años para extender sus tentáculos por toda Andalucía. A la jueza Alaya, la magistrada que instruye el caso desde hace más de dos años, le han bastado unos días para ‘compensar’ el parón judicial y mediático en que se han traducido sus seis meses de baja por enfermedad.

Después de convencer al presidente del TSJA de que llegaba con fuerzas para seguir al frente de todas sus macrocausas -sin la participación de otros jueces de refuerzo que le hicieran sombra-, la magistrada ha devuelto a las portadas el escándalo de los ERE fraudulentos con una redada masiva que nada tiene que envidiar al más genuino cine de acción hollywoodiense. La Operación Heracles, alusión en griego al Hércules del escudo andaluz, se desplegó el miércoles en siete provincias de toda España (Sevilla, Madrid, Barcelona, Jaén, Granada, Cádiz y Las Palmas) con la participación de más de doscientos agentes de la Guardia Civil. Una veintena de detenidos, nueve citaciones de imputados y trece registros en la primera ‘carga’ de Alaya en su regreso como jueza estrella.

El foco del caso se traslada a los intermediarios y se produce un giro en la investigación: del “clientelismo” al “negocio”. Si en un primer momento se había detectado un “otorgamiento arbitrario de ayudas públicas”, la instructora señala ahora “un sistema perfectamente establecido” en el que la concesión de fondos se convierte en “el verdadero negocio”. Un negocio que aumenta a medida que se ‘consiguen’ más ERE -y más comisiones- y que va mucho más allá de aquellos fondos discrecionales que, según sostuvo la jueza en su día, se daban de forma “escandalosa” a personas que no tenían derecho a ellas creando una auténtica red de clientelismo en torno al PSOE y a la Junta.

El ex director general de Trabajo Francisco Javier Guerrero, que sigue diciendo que sus “únicos vicios” son un paquete de Marlboro, un gin-tonic de vez en cuando y algo de droga, vuelve a prisión e irrumpe en escena el que tal vez sea el personaje más siniestro de toda la trama: el ex sindicalista Juan Lanzas, el ‘conseguidor’ de los ERE, un peón turbio en la trama del que terminaron huyendo hasta los suyos. Me refiero a UGT. Hace tiempo que me hablaron de este ‘señor del sur’ y de cómo, tanto desde la Junta como desde los sindicatos, lo situaban en el centro de las operaciones. El “asunto”, la gestión del ERE en las empresas, siempre lo llevaba el tal Lanzas -precisamente es cuñado de Ismael Sierra quien fue arrestado el miércoles en Granada y ayer fue ordenado su ingreso en prisión- y “todo el mundo” estaba al tanto.

Es lo que sigue alarmando del caso: la sensación de impunidad. Un fondo de reptiles de 721 millones del que ya se ha constatado que se saquearon más de 50 con la más absoluta normalidad. La normalidad sistémica, conocida y consentida, del chorizo que mete la mano una y otra vez en el cajón sin que nunca pase nada. Hasta ahora…

Al día siguiente de la macro-redada, unos perros adiestrados localizaron 82.000 euros bajo una cama en el domicilio de los padres de Lanzas en Jaén y ayer mismo buscaban un zulo donde podría haber más dinero y documentos comprometedores. ¿Los ‘papeles’ de Lanzas que tal vez expliquen la tibieza con que el PSOE está llevando el caso de los ‘papeles de Bárcenas’?

Al PP le sigue perdiendo su causa general contra Chaves y Griñán, pero lo cierto es que no se sostiene que la cabeza de turco del mayor caso de corrupción en la historia democrática de Andalucía sea el ex consejero Fernández. ¿No imputa Alaya a l diputado Viera y al propio Griñán, entonces consejero de Economía, para no perder el caso en favor del Supremo por su condición de aforados?

Justo ahora se cumple un año de las elecciones autonómicas y por primera vez hay razones para vislumbrar una ruptura en el gobierno bipartito de PSOE e IU. Paradójicamente, no es la política de recortes lo que podría obligar a Valderas a poner fin a su alianza sino la corrupción. Después del vergonzoso fiasco en que acabó la comisión parlamentaria de los ERE, con los tres grandes partidos como corresponsables, parece poco probable que la formación de izquierdas pueda seguir mirando para otro lado si el proceso judicial toca de lleno a sus socios de gobierno. Pero es un futurible. La realidad es que todos los días tenemos pruebas más que suficientes de que por un lado va la ética y por otro el pragmatismo de la política.

El quinto año de la marmota

Magdalena Trillo | 6 de enero de 2013 a las 13:29

Se ha subido ya a la báscula? ¿Se ha apuntado al gimnasio y a la academia de inglés? ¿Ya hizo el curso de coaching? Año nuevo, vida nueva. Aunque sólo los 2.000 españoles que cada día se han visto expulsados a las colas del paro en 2012 podrán corroborar el refrán. Los demás seguimos dando vueltas en la ruleta de la marmota con la esperanza de que un cambio de dígitos signifique algo más. Confiados, a veces, en romper la dictadura de la rutina; desencantados, siempre, cuando se desvanece el calendario sumido en los grises del reloj; cansados, hastiados, deprimidos, de ser comparsas de esa comedia ácida y amarga con que hemos disfrazado la vida pública.

Dice mi sobrina de 14 años que no me entiende cuando hablo de política y de economía. Es educada; lo que debe estar pensando es que la aburro. Y tiene motivos. El déficit, los ajustes, el rescate, las reformas, el ‘tasazo’, la reestructuración bancaria, el Mede, los MOU, el FLA… Ni inventando palabras solucionamos el fondo del asunto. Periodistas, políticos y pseudoexpertos hemos orquestado un particular Show de Truman cada vez más perfecto y artificial. Los periodistas escribimos para que nos lean los políticos; los políticos gobiernan para verse en los medios y los opinantes opinan para que les aplaudamos unos y otros. Una película de consumo interno. Inaprensible, peligrosa y hasta contagiosa.

En la casa de mi hermana, sus hijas han escrito este año dos cartas a los Reyes Magos: la primera, la de la todas las Navidades; la segunda, con recortes. La mayor decía así: “Queridos Majestades, este año me he portado muy bien pero, como estamos en crisis, quito el WhatsApp y la tablet y me quedo con las zapatillas, que dice mi madre que hacen falta, y el telescopio”. Su hermana lo redujo todo a un libro de Stilton y la Pepa Pig. Ilusión con censura previa. Peor aún, ilusión con autocensura.

La misma que vimos el viernes en la entrevista que Jesús Hermida le hizo al Rey. Al constitucional, al que quiere que se le recuerde por “haber unido a los españoles”. No entro en el fondo, me quedo en la estética. Parecía el No-Do. Solo faltó el blanco y negro que un periódico se encargó de llevar a su portada al día siguiente recogiendo para la Historia la histórica escena. No llamemos entrevista ni invoquemos el periodismo para lo que no fue más que una ‘charla’ decimonónica entre un súbdito y su Rey dentro de una operación de márketing tan de consumo interno como esos debates de política que duermen a mi sobrina. Un abuelo conversando con otro abuelo en su 75 cumpleaños. ¿Se imaginan una entrevista, de verdad, al estilo Ana Pastor?

El cortejo real, el de verdad, recorrió ayer las calles de Granada con 5.000 kilos menos de caramelos en las alforjas. Otro efecto de la ‘operación recorte’ de la que sólo sabemos con seguridad que seguirá siendo la protagonista de nuestro quinto año de crisis y recesión. Cinco años de marmota que no desalientan a algún que otro mago del optimismo dispuesto a hacernos creer en aquello del ‘año nuevo, vida nueva’. Lo hacía Griñán anunciando el padre de todos los planes: 50 planes estratégicos para sacar a Andalucía de la crisis en 2013, un plan a la semana. Todo un derroche de palabrería e imaginación: plan de creación de empleo en la municipalidad, cuarto plan de salud, tercer plan de inmigración, nuevo plan de formación para jóvenes, plan sectorial para la estrategia digital, plan para internacionalizar la economía, plan de turismo sostenible… Y así hasta 50 sin explicar con qué dinero y recursos vamos a revolucionar la vida andaluza en doce meses y vamos a romper la maldición de la marmota.

Tampoco me quedó claro si para cada plan vamos a crear una comisión de expertos y asesores que puedan ir pasando gastos y dietas de sus intensas sesiones de brainstorming. Visto el éxito, eficacia y escaso coste de cumbres y conferencias, tal vez sea hora de inaugurar un ciclo de minicumbres. Perdonad mi incredulidad, pero no lo puedo evitar. Cada vez que me hablan de planes estratégicos veo un cajón. Cajones llenos de documentos cuya única utilidad fue un titular en prensa. Visiten la hemeroteca de cualquier ciudad. Si quieren enterrar un proyecto, ideen un plan y constituyan una comisión…

Termino de escribir este artículo sin saber si los Reyes me han vuelto a dejar carbón. De pequeña me traumatizaba; hoy es una buena forma de recuperar la ilusión.

Santones de la economía

Magdalena Trillo | 6 de mayo de 2012 a las 9:16

 

 

 

 

 

 

 

SIEMPRE me ha inquietado El grito de Munch. Por su fuerza, por el desconcierto que suscita, por su desgarro. Sumido en la angustia existencialista del XIX, el artista noruego lo pintó en 1895 como “máxima representación del miedo y la alienación” y hoy, más de un siglo después, se mantiene como el icono visual más potente de esta nueva modernidad de pesimismo y contradicciones que se empeña en fabricar pobres para que los ricos sean más ricos; un símbolo de la impotencia, incertidumbre y desesperación de esta globalización incívica a la que estamos arrebatando no sólo esperanza sino también legitimidad.

 

Pienso en el cuadro impresionista, en el original que esta semana ha hecho historia en las pujas del arte y en la triste imitación que tengo colgada en casa, mientras me sumerjo en La historia de mi gente. El escritor italiano Edoardo Nesi golpea como un grito con este librito autobiográfico, entre novela costumbrista y ensayo político, que llega a mis manos por casualidad y que termino de leer, de releer, de auscultar, en las tediosas tres horas y diez minutos de tren que separan Granada y Sevilla.

 

José Antonio Griñán acababa de pronunciar su discurso de investidura prometiendo “ética” y “solvencia” y comprometido con la “igualdad de oportunidades” y la justicia social. El hoy ya presidente de la Junta se presentaba como el escaparate de la izquierda y la “esperanza” socialdemócrata de que existe un “camino distinto” para salir de la crisis: un gobierno de coalición “realista, sin aventuras y sin claudicaciones” que rechazaba “privatizaciones” y arremetía contra todo el recetario económico de Rajoy. Nacía así el primer gobierno bicolor entre PSOE e IU en tres décadas de democracia andaluza con tres banderas de gestión indiscutibles -empleo, derechos sociales y transparencia- y un triple condicionamiento: las amenazas de intervención del Gobierno central, las exigencias de estabilidad financiera de Europa y la propia realidad de recesión y desempleo de la sociedad andaluza. ¿Podrá cumplir sus palabras Griñán? ¿Podrá Hollande si arrebata hoy la presidencia francesa a Nicolas Sarkozy?

 

Coinciden sus discursos y sus promesas con ese ‘grito’ de euforia que daba el mercado del arte en Nueva York. Sotheby’s lograba un nuevo récord: el óleo de Munch se vendía por 91 millones de euros y desbancaba el Desnudo, hojas verdes y busto de Picasso confirmando la obscena buena salud que el neoliberalismo sigue teniendo para un puñado de privilegiados.

 

Dejando atrás las vías desiertas de la Alta Velocidad, vuelvo a Historia de mi gente… No sabría responder a Nesi. No sé en qué día, en qué momento, todo lo que iba bien empezó a ir mal. Lehman Brothers, las hipotecas basura, el colapso financiero, la espiral… Se han filmado decenas de películas y documentales con el origen de todo, pero aquello fue sólo el principio. O el final. Lo peor habría de llegar cuando perdimos la batalla, como lamenta el empresario toscano reconvertido en escritor, y nos dejamos subyugar por “los dogmas y la arrogancia intelectual de los economistas que todos los días se lanzan a predecir el futuro cual chamanes, santones o profetas” ignorantes de que “sobre los sucesos futuros no hay ciencia”. ¡Qué razón llevaba Guicciardini en la Florencia del Renacimiento!

 

Y qué razón lleva nuestro ministro de Economía cuando aboga por cambiar el ladrillo por el “conocimiento” aunque sea contradiciendo a un gobierno que hunde la inversión en ciencia e investigación y ataca la educación básica y universitaria. Hasta Angela Merkel ha hablado esta semana de innovación y creatividad pero para advertir que de Plan Marshall, nada. Que mejor ponemos en funcionamiento la imaginación. Es curioso. Tantos siglos de modernidad para terminar como empezamos. En la caverna. Creyendo en milagros y en ‘santones’ cuya verdadera virtud, como han desvelado esta semana unos investigadores de la UGR, es sufrir sinestesia. ¡Que se le cruzan los cables! Unos, como el Santón de Baza, pasan de ver el aura de las personas a convocar a la Virgen dejando ciegos a decenas de incautos de tanto mirar el sol; otros, por qué no Edvard Munch, son capaces de deslumbrar a varias generaciones con el grito de dolor más perturbador de la historia; y a otros, como los gurús de la economía, les permitimos imponer la partidista y distorsionada visión de su verdad: ese mundo “sin gobierno y sin derechos” que tan rentable resulta a unos pocos.

El mensaje del sur

Magdalena Trillo | 1 de abril de 2012 a las 11:38

Desde la estepa madrileña, las vacas sagradas de la política y el periodismo enjuician con vehemencia y desdén todo lo que ocurre al otro lado de Despeñaperros. Hace justo una semana, dos millones de andaluces osaron votar a partidos de izquierda; una tragedia que sólo pueden explicar por la estulticia, dependencia y falta de criterio del pueblo andaluz. A la cuarta, el Partido Popular lograba una “victoria histórica” pero no gobernará; a la primera, José Antonio Griñán renace de sus cenizas emulando la hazaña de Rubalcaba del congreso federal y ya ha fijado la hoja de ruta con IU para marcar el contrapunto al gobierno de Rajoy. Se hará, desde el sur, pero tendrá precio.

No veo a nadie haciendo las maletas por un resultado electoral pero sí a muchos cabreados. Andalucía, refugio y símbolo para la “reconquista” socialista, se convertirá en rehén del enfrentamiento entre los dos grandes partidos y de la guerra entre comunidades. El mensaje electoral del sur contradice, además, el guión de recortes de Mariano Rajoy.

Está por ver si un gobierno PSOE-IU es capaz de demostrar que se puede gestionar sin dilapidar el Estado del Bienestar, que la socialdemocracia no está muerta, que las recetas del neoliberalismo no son infalibles y que puede haber salida a la crisis desde la izquierda como predica en Francia François Hollande. Todo esto en la teoría; en la práctica, Griñán tendrá que demostrar que su presupuesto expansivo es sostenible con el recorte exigido de 2.500 millones y que es posible ahorrar en sanidad sin copago, en educación sin privatizar colegios y en la Administración sin recurrir al despido masivo.

Izquierda Unida pondrá sobre la mesa de negociación el programa que firmaron ante notario pero es difícil pensar que se mantengan al margen del reparto de sillones. Se situarán al frente del Parlamento, habrá comisión de investigación sobre el fraude de los ERE y ya empiezan a sonar nombres para quedarse con áreas tan simbólicas como agricultura y empleo y tan ‘rentables’ como turismo. Descartada por completo la opción de un gobierno de concentración y, a la espera de la letra pequeña del pacto Griñán-Valderas, lo curioso es que tanto en el PSOE como en el PP se dan un margen de menos de dos años para las primeras crisis de gobierno.

Dos teorías serían compatibles. La primera: entre la agresividad de la reforma laboral, el aumento del paro en más de 600.000 personas y el retraso de la recuperación económica por la caída del PIB, el Ejecutivo de Rajoy estará haciendo aguas en poco más de un año. Será entonces cuando el presidente del Gobierno deba afrontar su primera remodelación y ‘rescate’ a Javier Arenas en Madrid, ya sea de vicepresidente, de ministro o al frente de alguna de las grandes empresas públicas.

Aunque su sucesión sigue siendo tema tabú, hay dos delfines que coinciden en casi todas las quinielas: la malagueña Esperanza Oña y el cordobés José Antonio Nieto. El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y el alcalde de Motril, Carlos Rojas, entran y salen de las apuestas según preferencias.

El segundo futurible tiene que ver con las dificultades que atravesará ese gobierno de contrapoder del sur que habrá de contentar no pocos egos y continuar como agencia de colocación para demasiados damnificados del poder local y provincial sin renunciar a las reformas ni a las políticas de austeridad. Dos años como máximo para que Griñán rompa con IU y, en plena crisis del Gobierno central, convoque elecciones y gane (entonces sí) por mayoría absoluta…

De momento, es uno de los ministros ‘hacedores’ del fracaso de Arenas, Cristóbal Montoro, quien intensifica la escalada de desgaste. A los recortes draconianos de los Presupuestos, han sumado aquella amnistía fiscal que Rajoy tildó de “ocurrencia” cuando estaba en la oposición y Cospedal definió como “impresentable, injusta y antisocial”. Pues ya está aprobada para que los legales paguemos más y los que defraudan hallen el perdón. Se anunció el Viernes de Dolores y, por suerte, también ese día el mensaje desde Andalucía fue distinto.

Mientras Madrid explicaba al mundo la nueva tanda de tijeretazos, el artista irlandés Sean Scully mostraba en la Alhambra su nueva obra. La luz del sur. La geometría como reflejo del alma; ni tinieblas ni tragedia. La luz del sur; con todo su significado y sus consecuencias, con toda su intensidad y amplitud.

En las trincheras del 25-M

Magdalena Trillo | 18 de marzo de 2012 a las 9:35

HACE tres semanas, Rafael Escuredo era investido doctor Honoris Causa en la Universidad de Almería; este viernes, el ex presidente de la Junta de Andalucía se ponía el birrete electoral e irrumpía en campaña llamando “gilipollas” a los populares. Lo hacía con toda ‘solemnidad’, en un acto organizado por los socialistas para entregar las distinciones Clara Campoamor a mujeres que han destacado en la lucha por la igualdad. Sus palabras saltaron a Menéame y encendieron las redes sociales: “Algunos no lo saben, pero el PSOE va a ganar las próximas elecciones regionales (…) El problema es qué hay que cambiar. ¿Para qué? Ésa es la pregunta. Lo tienen escrito en el corazón, en el alma y en un programa que están esperando al 26: desmantelamiento del estado de las autonomías y del Estado del bienestar (…) Son tan gilipollas que van ‘sobraos”.

A siete días de la votación, las encuestas internas que maneja el PSOE le dan cierto margen para el optimismo: el PP tiene prácticamente atada la mayoría absoluta pero a los socialistas sólo les falta un “empujón” para terminar de movilizar y reagrupar a los electores de izquierdas. La partida está completamente abierta. Y aquí el discurso de encefalograma plano de Griñán no funciona. Llega la caballería con el mensaje del miedo y, a la espera de que descabalguen junto a Rubalcaba los Guerra, Chaves o González, la arenga apocalíptica la ha empezado Escuredo: “Hace 30 años lo teníamos peor: paro, analfabetos, sin derechos de las mujeres, el Gobierno en contra; los andaluces y los socialistas nos cogimos de la mano y dijimos no pasarán”.

Ahora lo tendrán más difícil. El martes, la juez Alaya ha citado a declarar al chófer del ex director general de Empleo. El de las fiestas y la cocaína. Sus palabras acapararán las portadas de los periódicos y las tertulias. Puro morbo. Tal vez sea ese “pellizco” del que hablan los socialistas para desestabilizar la balanza, aunque lo hará a favor del PP o acrecentará aún más el hartazgo entre los ciudadanos y empujará a demasiados andaluces a no ir a votar.

Basta con bucear unos minutos en los duros y ofensivos vídeos que los dos grandes partidos están moviendo en Youtube. Las #mentirasdeGriñán compiten con las #mentirasdeArenas y, junto a los tropiezos y contradicciones de los dos candidatos, las imágenes más anacrónicas de sus carreras; desde aquel Griñán que fue ministro de Trabajo con Felipe González hasta ese Arenas señorito andaluz que se deja limpiar las botas y vende renovación cuando lleva 33 años en política.

Javier Arenas, quien no te conozca que te compre es especialmente agresivo: “Estuviste en contra de la autonomía de Andalucía, mentiste sobre el 11-M y la guerra de Iraq, eres empleado público sin hacer oposiciones, te has presentado a tres elecciones y has perdido…” Tan provocador como El 25 de marzo elige quien te defienda con un sumiso Arenas tragando en papilla todas las recetas de Rajoy: subida de impuestos, copago en la sanidad y la educación, paralización de la ley de dependencia, despidos mucho más baratos…

Y no menos sarcástico que la campaña ‘popular’ en torno a fraude y los intrusos en los expedientes de regulación de empleo con los “EREvisión”, la “EREcorrupción” y los “politongos” para descargar en el móvil recordando que 30 años de PSOE es suficiente. Desde los “30 años de socialismo, 30% de paro” al “Griñán, presidente del fondo de reptiles” pasando por la ‘inesperada’ ayuda de los propios socialistas con el eslogan difundido en Tuenti con un “elije” (¡sí, con jota!) que bien valdría un suspenso en cualquier curso de Primaria.

Si dejamos de lado la guerra de trincheras que se libra en las redes sociales, lo cierto es que estamos viviendo un angustioso, agónico e interminable epílogo del 20-N. No encuentro a un solo elector ilusionado. En aras del pragmatismo, se mantiene un discurso apático y de perfil bajo incapaz de infundir algo de optimismo y esperanza. ¿No queríamos unas elecciones independientes para hablar de Andalucía? ¿Tan ‘sobraos’ van todos que no importa si los ciudadanos no tienen ni un solo motivo positivo, sólo temores, para ir a votar?

El gran dilema

Magdalena Trillo | 11 de marzo de 2012 a las 11:43

En dos semanas, Andalucía celebrará las elecciones más disputadas, abiertas y decisivas de toda la democracia. Todas las encuestas, incluida la que hoy publicamos los nueve periódicos de Grupo Joly, apuntan en una misma dirección: la ola de cambio que los españoles iniciaron hace un año en los ayuntamientos y consolidaron el 20 de noviembre en las generales aupando a Mariano Rajoy a La Moncloa se puede llevar por delante tres décadas de gobierno socialista. Javier Arenas, a la cuarta, emprende la campaña como virtual ganador. Nunca lo ha tenido tan cerca.

Ni la subida de impuestos ni la movilización contra la reforma laboral y los recortes dan suficiente oxígeno al Ejecutivo de José Antonio Griñán para invertir las expectativas de voto. Pero sí para minar la amplitud de la victoria. La incógnita, una vez más, se traslada al escenario de pactos. Si la movilización ‘popular’ será lo bastante contundente como para alcanzar la mayoría absoluta y, en caso contrario, si el PP podrá desactivar un gobierno entre PSOE e IU recurriendo al diputado con el que, según nuestro sondeo, UPyD irrumpiría en el Parlamento.

Los de Arenas inician el partido con un “ganamos, pero no os confiéis” y los de Griñán con un “podemos ganar”. El PP está “al borde” de la mayoría absoluta pero el PSOE recorta distancias; IU crece como aglutinadora de los ‘descontentos’ del PSOE y UPyD se posiciona como “llave” de gobierno. El ‘ahora Andalucía’ del PP se enfrenta al ‘camino seguro’ de los socialistas. Arenas defiende que “Andalucía tiene derecho a conocer un gobierno distinto” y Griñán advierte que lo que está en juego son dos modelos: “El cambio ya está aquí y es involución”.

Es verdad que el clima de cambio está en la calle -Andalucía y Asturias completarían la España azul de Rajoy a la espera de las autonómicas del País Vasco de 2013- pero también el clima de preocupación por el enorme poder que tendrían los populares con una oposición prácticamente borrada y arrinconada de las instancias de gobierno. El gran dilema: 30 años de gobierno en Andalucía es excesivo; pero todo el país en manos del PP también es excesivo. Desgaste Gobierno vs. desgaste Griñán. Y los dos son relativos: habrá que ver si la crudeza de los ajustes se lleva por delante la ilusión en el PP para remontar la situación económica y no perder de vista que, en contradicción con las expectativas de voto, Griñán se mantiene como el líder mejor valorado y el PSOE como el partido que genera más confianza.

En este punto, la siguiente incógnita del 25-M, los primeros comicios que se convocan separados de otra cita electoral desde 1990, es la participación, es decir, el ‘grueso’ de la abstención. Porque, por encima de los programas de una austera campaña en la que ni ha habido cintas que cortar ni habrá promesas que incumplir, lo que prevalece es el hartazgo y el pesimismo. Mucho pesimismo.

El mensaje de Rajoy ha calado: las cuentas del país son un desastre y no hay señales que indiquen la salida a corto plazo. “Estamos peor que hace un año y vamos a peor”, confiesan los andaluces en el sondeo de Commentia para Grupo Joly. Y no es casualidad que Arenas arrancara la carrera electoral declarando que su “enemigo no es el PSOE sino el 31% de paro en Andalucía”.

Detrás del paro y la crisis, lo más desesperanzador de los sondeos es que sean los propios políticos los que vuelvan a aparecer como la principal preocupación de los ciudadanos y, a continuación, la corrupción. El cortijo andaluz. El amiguismo, el clientelismo. El fantasma de los ERE, el calvario de Griñán. Una terrible desconfianza hacia la clase política y una creciente preocupación por la “corrupción y el enchufismo“.

Precisamente por ello, de la acritud y vileza de la campaña dependerá en buena medida el éxito o fracaso de estas elecciones. No el éxito de los candidatos; el éxito mismo de la democracia. Que los andaluces nos levantemos dentro de dos semanas y tengamos motivos para participar. Para mí, este es el verdadero dilema del 25-M: si estarán a la altura nuestros políticos para convencernos con razones y argumentos, no desde el miedo ni la crispación, para ir a votar.