Archivos para el tag ‘Junta de Andalucía’

Fake News: de la mentira al deseo

Magdalena Trillo | 27 de noviembre de 2016 a las 12:08

Los teóricos de la Comunicación lo diagnosticaron hace décadas: creemos lo que queremos creer. Buscamos la forma de relacionarnos con quienes reafirman nuestra forma de pensar y de ver la vida y huimos del conflicto intelectual -porque desgasta, estresa, debilita- como no lo hacemos del enfrentamiento físico… Saber cómo se forma la opinión pública, cómo se construyen esas corrientes de pensamiento que acaban teniendo resultados tangibles en forma de (imprevisibles) resultados electorales, encontrar el modo de influir en esos climas de motivación que ponen y quitan gobiernos, que crean tendencias y las entierran, que te convierten en un héroe o te destruyen es un viejo objeto de estudio del ámbito académico que el desconcertante Mundo Digital ha transmutado en un verdadero quebradero de cabeza para todos. En la esfera pública y en la privada. A nivel cotidiano y profesional.

¿Cómo ha ganado Donald Trump? ¿Por qué funcionaron las mentiras del Brexit? ¿Qué ocurrió en el referéndum de Colombia? No tenemos que irnos tan lejos para sentirnos aturdidos y confusos: ¿Qué está pasando con la sanidad granadina? ¿Cómo después de cuatro años de intenso trabajo para consensuar un plan de reorganización hospitalaria, de repente, es todo un desconcertante caos? ¿Después de una inversión millonaria en equipamientos tenemos peores infraestructuras sanitarias? ¿La asistencia ha dejado de ser buena de un día para otro? ¿Es verdad que las aseguradoras y la sanidad privada están aprovechando para vivir su pequeña burbuja de éxito?

Unos hablan de recortes, de fallos y de ataque a la sanidad pública y otros deslizan la larga sombra de los intereses corporativos y la pérdida de privilegios. A diferencia del alcalde de Granada, que un día se coloca la camiseta de los manifestantes y a la mañana siguiente se apunta al discurso de la Junta, es más que evidente que no se puede estar en los dos bandos; no al cien por cien y no en primera línea. Porque es un tema demasiado sensible para ponerse de perfil -para entonar el ‘ni sí ni no ni todo lo contrario’-, porque la respuesta nunca será categórica -para eso es nuestra opinión- y porque tan legítimo resulta posicionarse en la parte baja del pantone de grises como en la alta.

En todo caso, la indefinición de Paco Cuenca -ese intento de quedar bien con todos aun cuando representan posiciones enfrentadas- resulta casi una anécdota en un tema de calado y complejidad como éste. Lo que realmente debería alarmar es la pasividad y la incapacidad con que la Administración, no sólo la sanitaria, está afrontando el nuevo escenario de juego que han impuesto las redes sociales. No voy a caer en la fácil simplificación de clamar “¡es la comunicación estúpido!”, pero empecemos admitiendo que hay un tremendo problema de explicación y de comunicación.

No puede circular un bulo en las redes sociales y que la Junta, lenta, ineficaz y sometida a la tiranía del centralismo sevillano, tarde tres días en reaccionar; porque lo que era un conato se habrá convertido en todo un incendio. No se puede celebrar una reunión de cinco horas para buscar puntos de encuentro y que no haya nadie esa misma noche en la parte oficial intentado colocar su mensaje; porque al día siguiente, la aséptica y protocolaria nota de prensa no tendrá más destino que la papelera digital. No se pueden anunciar medidas para mejorar las disfunciones detectadas tras la apertura del nuevo Hospital del PTS y que luego no haya manera de saber cuáles son. Porque el miedo a informar se convierte en parálisis y se da la razón a quienes denuncian el “oscurantismo” de la Administración.

A los medios de comunicación, especialmente a la prensa, nos pasó en los 90. Llegó internet y miramos para otro lado. Lo subestimamos; pasaría como una moda o nos reinventaríamos como ya hicimos cuando llegó la radio y la televisión. Las consecuencias las vivimos hoy: batallando a diario contra los gigantes de internet para defender nuestro papel en la gestión de la información y viéndonos obligados a demostrar, a diario y ante nuestras propias audiencias, que no todo vale, que no cualquiera es periodista, que no todo es verdad porque alguien lo publique y que no siempre las noticias que deseamos leer se corresponden con la realidad.

Lo llaman fake news; falsas noticias. En el ámbito audiovisual hay toda una tradición que se llegó a desarrollar incluso como un género específico: el “falso documental”, el mockumentary. ¿Recuerdan la polémica que se montó con el provocador programa de Jordi Evole sobre el 23-F? En estos casos se juega con la ficción y la realidad; en las fake news damos un paso más para convertir una mentira en verdad y expandirla a escala planetaria como una auténtica corriente de opinión.

¿Es mentira la crisis sanitaria? En absoluto. Si fuese un bulo que la sanidad granadina tiene problemas, y graves, no habríamos visto hace un mes a más de 40.000 personas en las calles defendiendo un sistema público de calidad como lo volveremos a ver hoy exigiendo “dos hospitales completos”. Otra cuestión distinta es diagnosticar hasta qué punto está enferma y determinar cuál es la hoja de ruta para hallar una salida. Pero no caigamos en la dicotomía de lo blanco y lo negro. Definamos, decidamos, qué son los dos hospitales completos y negociémoslos. Siendo conscientes de que se ha diluido el control del mensaje, que se han transmutado la reglas del juego, que hay nuevos e incontrolables actores y que son otros quienes marcan los tiempos. No es un escenario amable para negociar pero es el que hay. Y a todos nos interesa que se asuma cuanto antes y que haya resultados. Las fake news, ese peligroso concepto de la posverdad, ya circula solo.

¿Pagamos entre todos el Centro Nevada?

Magdalena Trillo | 24 de julio de 2016 a las 11:39

El juez Miguel Ángel del Arco definió en su día al Centro Nevada como un “Leviatán de hierro y cemento en plena Vega de Granada”. En las antípodas de la bestia marina que cita el Antiguo Testamento, su promotor siempre ha pensado que su criatura era digna de convertirse en un referente arquitectónico si no hubiera sido por los problemas de la tramitación del proyecto y el lío judicial que ha corrido paralelo a los bloques de mármol y hormigón que durante una década han subido y bajado a golpe de contradictorias sentencias.

En los más de 370.000 metros cuadrados que coquetean ya con el megahospital del PTS, que a partir de noviembre se disputarán el colapso de tráfico y la estampa sur de la Sierra y la Alhambra, se condensa la historia de fracasos, despropósitos y hasta de mala suerte de una provincia que sigue empeñada en liderar los rankings más frustrantes y negativos de todo un país. Lo son puntualmente las listas del paro y de destrucción de empleo, lo ha sido esta semana la panorámica con los pueblos más ricos y pobres de España -Zafarraya ya tiene el título de ser el último de los últimos-, en infraestructuras hemos innovado cambiando los insólitos veranos de los conos por el paisaje tercermundista de las excavadoras en las playas y, como oportuno punto de inflexión en la interminable trama del desconcierto, ya tenemos un escándalo que sumar al guión: histórica condena contra la Junta por bloquear durante casi diez años el Centro Nevada.

157,41 millones de euros. Es el precio que el Juzgado de lo Contencioso número 1 de Granada ha fijado de “indemnización por daño emergente y lucro cesante”. 157 millones que, si no prospera el recurso, terminarán saliendo de nuestros bolsillos para engrosar las arcas de Tomás Olivo. Sí, ese mismo constructor que estuvo imputado en el caso Malaya, que fue condenado a prisión por maltratar a su ex pareja y que ha protagonizado en Granada algunos de los capítulos más polémicos de la telenovela urbanística. La multa ha desatado una nueva tormenta política que viene a reproducir en formato de ruedas de prensa lo que se comenta a pie de bar: ¿la Junta va a terminar pagando el centro comercial? Porque 157 millones es más de lo que manejan muchas consejerías al cabo de un año. Porque, con 157 millones, casi podríamos permitirnos el lujo de acabar las obras del AVE.

Pero, como ocurre en las mejores novelas negras, lo más jugoso no es lo que se cuenta sino lo que transcurre entre bambalinas. Para empezar, una advertencia. El susto de la sanción podría ser aún mayor: la empresa promotora formalizó una reclamación judicial por 270 millones y el propio constructor calcula que el perjuicio para sus negocios supera los 500. A continuación, lo inaudito: cómo es posible que la negligencia no tenga un coste. Que no haya responsables. Ni en las instituciones ni en los tribunales. Ni a nivel político ni a nivel judicial.

Las explicaciones de la Junta sólo llevan a la contradicción. Este mismo lunes anunció que recurrirá el auto: entendía que los daños por la paralización “no están acreditados”, recordaba que el propio Olivo fue condenado en la vía penal del caso -“No se puede indemnizar por daños y perjuicios a quien ha cometido un delito”- y criticaba que justo el Juzgado de la condena decretó en su momento la paralización. Eso sí, sobre el hecho de que ningún letrado de la Junta acudiera al juicio el pasado 6 de junio sólo pudo alegar que fue un “error de los servicios jurídicos”.

El grupo parlamentario de Podemos, que ha pedido las comparecencias de los consejeros de Presidencia y Hacienda, ve este escándalo como un ejemplo más del “funcionamiento ineficaz” del Gobierno andaluz y del “descontrol interno y externo” que evidencian casos como los ERE o los Cursos de Formación. El PP, por su parte, ya estudia llevar a la Junta ante la Fiscalía por si se han cometido delitos de prevaricación y malversación de caudales públicos. 

El caso Nevada vuelve a sumirse en la confrontación política pero el trasfondo de los 157 millones apunta en otra dirección que nos debería alarmar aún más: el nulo coste que en España tiene dilapidar lo ajeno. Aunque con relativos resultados, a los políticos los hemos terminado situando en el ojo del huracán de la indignación popular. Pero ¿nos atrevemos con los intocables funcionarios? ¿Con los intocables jueces? De la negligencia al delito. De las guerras corporativas a los conflictos de intereses. ¿Corrupción? ¿Negligencia? ¿Descontrol? ¿Un inocente “error”? Hasta el debate parece tabú.

Alhambra: Año III

Magdalena Trillo | 12 de julio de 2015 a las 9:35

Hace un par de años la revista Yo Donna eligió a Mar Villafranca como una de las veinte españolas más influyentes en el mundo del arte poniendo de relieve su “reconocido prestigio internacional en museología, gestión cultural, investigación y conservación del patrimonio histórico”. Para más de un concejal del Ayuntamiento de la capital, siempre ha sido la “sultana”; la “sultanilla” en los momentos de mayor tensión. Mateo Revilla fue el “virrey de la Alhambra” y Villafranca se ha quedado con el título más cercano al Califato. Desde la irrelevante llanura de la Plaza del Carmen, no son más que variaciones de un mismo sentimiento de recelo y de envidia hacia esa insolente Colina Roja que, como ocurre con los más agresivos contrapicados fotográficos, recuerda a diario que el poder siempre está arriba.

Hace un año la propia reina Sofía le hacía entrega del Premio Europa Nostra por “su contribución a la conservación y gestión de uno de los conjuntos más emblemáticos del patrimonio europeo”. Si dejamos a un lado las siempre difíciles relaciones con el Ayuntamiento, ya durante los 19 años de gestión de Revilla y de forma especialmente dura desde que el PP llegó al gobierno local con una abrumadora mayoría absoluta en 2003, sólo las noticias sobre el fraude de las entradas que destapó justo a su llegada -el macrojuicio está aún pendiente de celebrarse con decenas de trabajadores imputados por las irregularidades en el acceso al monumento- habían manchado una etapa que, si de algo ha pecado, ha sido justamente de ser demasiado brillante. Y en esta ingrata Granada ya tenemos numerosos ejemplos de que, cuando realmente hay que preocuparse, es el momento en el que se sobresale más de la cuenta.

Hace seis meses ostentaba uno de los cargos públicos menos cuestionados en estos tiempos revueltos de profunda inestabilidad, cambio político y relevo generacional. Pocos pensarían entonces que la campaña de acoso y derribo que el equipo de Torres Hurtado encendió en las municipales aprovechando la polémica del Atrio y su metedura de pata en las redes sociales llamando “tontos del culo” a los votantes del PP pudieran terminar moviéndola del sillón. Ni la rectificación inmediata ni pedir perdón es ya suficiente para hacer frente a las implacables redes sociales que, como acaba de vivir el alcalde con sus “desafortunados” consejos a estudiantes para asistir fresquitos a un acto social -las chicas, cuanto más desnudas, más elegantes, son capaces de convertir en asunto nacional el traspiés más inocente.

Hace dos semanas fue detenida por la Policía Nacional y puesta en libertad con cargos por el caso de las audioguías. La denuncia ante la Agencia Tributaria sobre supuestas irregularidades en la adjudicación y control del servicio partió de un extrabajador de la empresa que ganó el concurso pero no son pocos los que ven una ‘mano negra’ detrás capaz de transformar un teóricamente caso administrativo en un asunto penal.

Hace una semana la Fiscalía Provincial presentó una demoledora querella ante el juez contra Villafranca, tres altos cargos del Patronato y dos empresarios por prevaricación, malversación y blanqueo de capitales. En menos de 24 horas dimite. Mañana, la Consejería de Cultura tiene previsto nombrar sucesor. Será el tercero en un cuarto de siglo de historia. 19 años Revilla; 11, Villafranca. Antes no existía el Patronato como lo entendemos hoy; antes fueron los tiempos de la Alhambra como Monumento Nacional y no era en Sevilla sino en Madrid donde se tomaban las decisiones. Luego llegó la autonomía, las transferencias y el modelo de gestión que sigue vigente hoy.

Hasta aquí, la secuencia de una caída orquestada. La Alhambra cerró con polémica los últimos días de Mateo Revilla y vuelve a ocurrir con Villafranca. El 14 de julio de 2004, justo el martes hará once años, la hasta ese momento directora general de Instituciones del Patrimonio Histórico de la Junta e integrante del equipo de asesores de Rodríguez Zapatero tomaba posesión en el emblemático Patio de los Arrayanes de la Alhambra con un exclusivo acto de 200 personas al que no se invitó al director saliente. Villafranca había recibido el encargo del entonces presidente Manuel Chaves de “situar la Alhambra como espejo de la modernización cultural de Andalucía” y nada más situarse al frente de la institución más potente de Granada anunció un ambicioso plan director para, “desde el talante abierto y el diálogo permanente”, dar un nuevo impulso al Patronato.

Récord anual de visitantes -con 2,3 millones en el último ejercicio, es el principal reclamo turístico-cultural del país-. Cerca de 300 empleados directos y otros tantos dependientes de los servicios subcontratados -genera hasta 6.800 de forma indirecta-. Unos ingresos al año de 27 millones de euros. Un impacto económico de 550 millones en Granada y de 750 millones en Andalucía.

Ése es el ‘monstruo’ al que tendrá que enfrentarse la persona que asuma la dirección en esta tercera etapa de gestión que la Junta de Andalucía abrirá mañana y que ya ha provocado la primera pataleta en el Ayuntamiento. Oficialmente por las formas en que se ha convocado el pleno; en la práctica, porque la ciudad no cuenta todo lo que quisiera, no decide todo lo que le gustaría y no maneja el dinero como querría. A Luciano Alonso se le ha criticado tanto desde Granada, tan nefasto se ha valorado su paso por la Consejería de Cultura, que todavía es posible creer que Rosa Aguilar pueda restablecer mínimamente las relaciones con la ciudad con algunas concesiones iniciales como frenar el proyecto del Atrio.

Impensable parece que pueda llegar ni a plantearse valorar el “despropósito” -así al menos se ha visto en los círculos culturales- de Torres Hurtado de modificar el modelo de gestión y separar la vertiente de conservación y la turística y, completamente sujeto a lo que ocurra mañana, queda comprobar si habrá o no un relevo de consenso.

No es fácil. La Alhambra ha crecido exponencialmente en los últimos años pero se ha mantenido una estructura de gestión ineficaz e insuficiente para abordar la envergadura del desafío que realmente tiene ante sí. Casos como el de las audioguías, con independencia de cómo se resuelva judicialmente, dan idea de las dificultades de control y de las infinitas ventanas al ‘trapicheo’ que plantea un ente que en estos momentos se percibe como un caramelo envenenado con una severa lupa pública diseccionándolo.

La nueva consejera de Cultura puede seguir dos caminos: cubrir expediente con alguien obediente que ponga el motor en ralentí y no moleste más de la cuenta al resto de patronos en el escenario de una ciudad -una provincia, una comunidad- ensimismada y letalmente conformista o abordar la transformación que la Alhambra necesita para ser de verdad ese gran proyecto político y cultural para Andalucía y para España que justifican los números que maneja, ese baluarte nacional e internacional que le corresponde.

Cuando tengamos un nombre que unir a este Año III que empieza ahora lo sabremos.

Burbuja verde

Magdalena Trillo | 25 de mayo de 2014 a las 10:32

No son los 10.000 millones extra que se ha comido la Alta Velocidad Española, pero son casi 300 para un solo proyecto. A la espera de que la Junta se lo comunique formalmente al Ayuntamiento de la capital, ya sabemos a cuánto ha ascendido el desfase presupuestario en la mayor obra pública que se ha promovido en Granada en la última década: más del doble. Terminar el Metro de Granada supondrá una inversión total de 558 millones de euros frente a los 276 que se consignaron en 2006. No parece que detrás del coste final haya maletines delictivos ni corrupción, pero la consecuencia es similar: una sobredosis de contención y de realidad que obligará a renunciar en el futuro a cualquier obra de envergadura por muy necesaria y justificada que esté.

Los esfuerzos, económicos y de gestión, se centrarán ahora en terminar lo empezado (nada fácil si pensamos que la modificación en la zona de Renfe todavía no tiene ni proyecto técnico) y en procurar que el transporte público, emblema de la ‘apuesta’ del Gobierno andaluz por Granada, pueda funcionar antes de las elecciones autonómicas. Desde esta semana, lo que era más que previsible es ya oficial: se descartan nuevas líneas. Si el pragmatismo llevó en sus inicios a tumbar la idea municipal de llevar el Metro por el casco histórico soterrando por San Juan de Dios, los apuros presupuestarios de ahora y el intenso quebradero de cabeza que está suponiendo culminar la infraestructura sitúan en el escenario de lo irrealizable tanto la conexión con el aeropuerto que tan vital se consideró en su día -cuando era realmente internacional y el tráfico de pasajeros no dejaba de aumentar- como la ampliación de la línea hacia otros municipios del Cinturón.

Siendo escépticos, ni siquiera está muy claro que el Metro pueda empezar a circular con normalidad, que se cumplan las expectativas de uso, que ayude a reducir los atascos y que conviva con esos autobuses de alta capacidad que atravesarán la capital desde finales de junio. La Junta asegura que tiene estudios que garantizan su viabilidad pero nadie los ha visto nunca. Y ello a pesar de la insistencia con que los hemos reclamado desde los medios y de las negras advertencias que salen de la Plaza de la Carmen recordando la vía muerta en que ha quedado el Metro de Jaén.

De las obras faraónicas en infraestructuras estamos pasando a la era del transporte verde low cost. La nueva ‘moda’ es la bici y el autobús. La Junta ha aprobado una inversión millonaria para habilitar carriles bici en toda Andalucía, la Universidad ya ha anunciado que será la apuesta para el Campus de Cartuja y esta misma semana hemos sabido que la alternativa a “no más líneas de Metro” es el autobús. Tal vez no seamos muy efectivos con las soluciones, pero nadie podrá cuestionar la capacidad de innovación con las palabras. A la LAC (Línea de Alta Capacidad) le acaba de salir un competidor: el BRT (Bus Rapid Transit). Lo anunció el martes el delegado de Fomento explicando que se trata de autobuses de alta capacidad que usan carriles exclusivos con prioridad de paso y paradas de plataformas que ya funcionan en ciudades como París, Nantes o Estambul.

Lo que inquieta de los proyectos que ahora se barajan es no saber si hay una planificación seria, coherente y viable detrás, si hay (o habrá ) consenso y si no corremos el riesgo de inflar una nueva burbuja; aunque sea verde. ¿Han hablado la Junta y el Ayuntamiento para coordinar la LAC, el Metro, los carriles bici, el futuro BRT y el AVE si llega algún día? ¿Alguien tiene un plan para Granada que vaya más allá de ‘su’ mandato y supere el color de ‘su’ sillón?

No es un tema menor. Les pongo el ejemplo de Dinamarca. Los ‘andaluces del Norte’ aparecen en el último Informe Mundial de la ONU como los ciudadanos más felices del mundo. Y no es por casualidad. Tienen el nivel de corrupción más bajo del planeta, un salario mínimo de 2.000 euros al mes, trabajan lo justo (164 horas menos al año que los españoles) y apenas hay paro. En su ‘mundo feliz’ se compite lo preciso, no importa tanto lo que se gana como lo bien que se gaste y hay mucho tiempo libre. A las cuatro no hay nadie en la oficina y no pierden tiempo en desplazamientos. Su transporte público es tremendamente eficaz y más de la mitad de los viajes en la capital se hacen pedaleando… Medir la felicidad es muy subjetivo, pero es evidente que también se construye disfrutando de las pequeñas cosas… De un paseo en bici sin riesgo de ser atropellado, de un buen vino y un rayo de sol, de un día sin atascos…

Excesos

Magdalena Trillo | 20 de abril de 2014 a las 11:13

Si mañana comete la imprudencia de subirse a la báscula, seguro que podrá comprobar el peso real de los excesos de esa Semana de Pasión que tantos andaluces vivimos a la sombra de las procesiones entre suspiros de incienso y pálpitos de tambores… Lo pensaba el Lunes Santo viendo la imponente aureola roja que abrazaba la luna ‘de sangre’ que presidía el encierro del Cristo de San Agustín en su templo. El bullicio y desenfreno de los bares frente al silencio pausado de las calles apenas roto por el tintinar de unos tacones despistados, unos susurros confidentes y las caricias del fagot.

Siempre me ha parecido que lo más embriagador de la Semana Santa, lo más definitorio de Andalucía, son los contrastes. Empezando por el austero y estricto recogimiento de unas hermandades frente a la apoteosis festiva de otras y terminando por la propia actitud con que unos y otros entendemos una de las palabras que más contradicciones es capaz de encerrar: la pasión.

Y no es más que un reflejo de lo que somos: un pueblo de pasiones; un pueblo de mesura en el pensamiento y de exuberancia en el estómago. El comedimiento y la templanza con que, por ejemplo, en el Sur hemos sido capaces de resolver los grandes dilemas de banderas y colores se nos va por las rendijas del vivir… Y tal vez sea mejor así. Puede que sea la mejor manera de no dejarnos desquiciar. Puede que sea la única manera de digerir los contrastes… y los excesos.

Aunque queda (casi) todo por contar, debería preocupar que una operación policial del alcance de la desvelada esta Semana Santa por un supuesto fraude masivo y millonario en los cursos de formación a parados se haya destapado montando una especie de “causa general contra Andalucía” como lamentaba el consejero Luciano Alonso en una comparecencia exprés. Pero pocos sentimientos distintos a la alarma, la vergüenza y el estupor puede suscitar un escándalo que ya promete competir en cuantía e implicados con el culebrón de los ERE. No es un “fraude de 2.000″ como se ha llegado a publicar pero sí son 2.000 millones los fondos europeos que Andalucía habría recibido desde 2007 para la formación y reciclaje de trabajadores en paro con un destino más que dudoso.

De momento, la Fiscalía está investigando a 13 empresas (una de ellas con domicilio social en Granada) y un presunto fraude de 1,5 millones. ¿Mucho? ¿Poco? A falta de conocer los números exactos, hay una realidad: academias, empresas, sindicatos y alumnos están bajo sospecha. Y hay una primera conclusión que no necesita cifras: la alegría y la falta de control con que la Junta ha gestionado el dinero europeo. Si el fraude es como lo están relatando algunos empresarios que han “sufrido” la llegada de los “oportunistas” al sector de la formación, estaríamos ante una burbuja tan explosiva como la del ladrillo.

¿Recuerda aquello de que “quien no ha ganado dinero es porque no ha querido”? Aplíquelo al nuevo escenario: quien no se ha llevado dinero es porque no ha querido. Montas una empresa con un “plan bonito” y dices que vas a colocar al 60% de los alumnos. Automáticamente te dan el 75% de la subvención. Luego no haces el curso y si te he visto no me acuerdo… Hasta que llega el momento de justificar los fondos recibidos, de comprobar (o no) que del ingenio de la picaresca a la corrupción va un hilo muy quebradizo.

La segunda conclusión es una impresión. Pensando en el caso de los ERE y la forma en que se ha ‘pagado’ por la paz social en las empresas en Andalucía, uniéndole la ‘solvencia’ con que se han desarrollado los programas que debían ayudarnos a encontrar trabajo, a construir un nuevo modelo productivo, empieza a tener sentido más de un exceso. Que tengamos, por ejemplo, diez puntos más de paro que el resto de España y hayamos sido bautizados como la región con más desempleo de toda Europa. Que en lugar de converger, cada vez haya una brecha mayor de desigualdad con el resto de comunidades… No me olvido de la otra picaresca, la de la economía sumergida, pero no me dirán que hoy es más fácil entender por qué nadie encuentra un empleo cuando se apunta al paro; por qué nunca se presentan balances de los programas con ejecución real y resultados; por qué nos dedicamos a presentar nuevas ediciones de planes y estrategias con el automatismo de quien reza el rosario…

Sin posibilidad de ser constructivos, en nada hemos avanzado en todos estos años. Hemos pasado de jornaleros fantasma a alumnos fantasma.

 

Liderazgo por decreto

Magdalena Trillo | 16 de febrero de 2014 a las 10:22

No tengo muy clara cuál es la diferencia entre el dedo de Griñán situando a Susana Díaz al frente de ‘todo’ y el dedo de Rajoy zanjando meses de turbulencias en el PP con el señalamiento del malagueño Moreno Bonilla como líder de los populares andaluces. Ningún dedo será divino pero en los dos casos han conseguido un mismo objetivo: unidad a nivel interno -por muy forzada que resulte- e ilusión en las tropas para afrontar la cadena de convocatorias electorales que empieza en tres meses con las Europeas justo en un momento en el que el bipartidismo se juega el ‘ser’ y el ‘estar’.

Las primarias socialistas serán un revulsivo en otoño cuando un millón de simpatizantes elijan su candidato a La Moncloa y reconozcamos al PP que la convocatoria del congreso regional el 1 y 2 de marzo para sustituir al alcalde de Sevilla por el hasta ahora secretario de Estado -dando por amortizado a José Luis Sanz, el gran damnificado de la operación de relevo-, no deja ser una cita histórica dentro de unas huestes que funcionan con jerarquía militar y que están ‘educadas’ para acatar sin cuestionar más de lo debido.

Hace un año, de un día para otro, nos hicimos susanistas y ahora, de un día para otro, nos hacemos juanmistas. Me molesta que ahora nadie le critique al aspirante malagueño que no haya hecho otra cosa que ‘vivir’ de la política y que no ha tenido otro oficio que la cosa pública. Sus trayectorias son muy similares, su ambición parece que también, pero todo lo que en Susana Díaz eran deméritos y debilidades ahora se transforman en bondades para un Moreno Bonilla que ni siquiera acabó la carrera universitaria. Los dos provienen de familias trabajadoras y humildes, los dos han forjado su trayectoria en la cuna del partido -en las Juventudes Socialistas y en Nuevas Generaciones-, los dos simbolizan un relevo político de suave y controlada transición y los dos lo tienen (casi) todo por demostrar. Salvo su género, poco se distancian quienes deberán ganarse la confianza de los andaluces para gobernar la comunidad más poblada de España de lo que podríamos definir como una designación por decreto.

Un liderazgo por decreto que se intenta legitimar con el teatro de la elección de los ciudadanos. La esencia de todo: elegir. Porque ningún liderazgo se mantiene por decreto. Ni dentro ni fuera de los partidos. Es la grandeza de la democracia. Que, aunque les pese, seguimos siendo los ciudadanos los que los ponemos y los quitamos. Podemos mejorar los procesos, debemos avanzar en participación y transparencia, pero el camino no puede ser otro que ‘acertar’ eligiendo a los mejores. Desde el presidente vecinal al inquilino de la Casa Blanca.

¿Cómo acertar? Ciertamente, ayudaría que se presentaran los mejores y que no nos dieran razones a diario para cuestionar su profesionalidad, su vocación, su utilidad y hasta su honradez. No hay encuesta que no alerte del distanciamiento de los ciudadanos con los políticos, de su desprestigio y de la creciente preocupación por la corrupción. Pero también aumenta el interés por influir en la gestión pública y se valora la política aunque se busquen otras fórmulas de participación… Visión, carisma, compromiso, fidelidad a unos principios, poder de persuasión, humanidad y respeto. Éstos son los valores del buen líder que cuesta identificar entre las opciones ‘oficiales’ y que terminamos buscando en la calle, en los activistas de las redes sociales y en movimientos de rebelión popular. De aquí a perderse en el populismo, a votar a favor de la xenofobia laboral como acaba de hacer Suiza, hay sólo un paso. Un paso que se justifica en el espectacular deterioro del sistema político y en la percepción, la convicción, de que no formamos parte de la toma de decisiones.

Volvemos por tanto al eterno dilema de nuestras vidas… cómo acertar. Puede sonar a ciencia ficción pero en Estados Unidos acaban de concluir una investigación que podría ayudarnos a identificar el talento innato y a desarrollarlo. Después de realizar más de dos millones de entrevistas a profesionales de todo el mundo, la compañía Gallup ha diseñado un método para descubrir el potencial de cada persona y obtener el máximo partido. La revolución del talento. ¿Sabía que un bebé tiene 100 billones de neuronas a los 162 días de nacer? ¿Sabía que hasta los 3 años cada neurona es capaz de producir 15.000 sinapsis, las conexiones que hacen aflorar las habilidades? ¿Sabía que a los 16 ya están completamente definido, potenciado o anulado, el talento de una persona? Ni podemos valer para todo ni cualquiera puede ser líder. Y podríamos saberlo desde los 16…

La hora de las mujeres

Magdalena Trillo | 30 de junio de 2013 a las 10:33

Antes de un año José Antonio Griñán podrá dedicarse a las cosas de su edad: malcriar a los nietos y escribir las novelas que aparcó cuando su (ex) amigo Chaves le cedió el testigo de la Junta. Se irá, aunque sacrifique el horizonte de tres años de alianza “solidaria” que había pactado con IU, y lo hará a la española: dejándolo todo atado y bien atado. En Andalucía y en Madrid. En el gobierno y en el partido.

Es un estratega de los tiempos. El 25-M hundió a Arenas con aquella amarga e insuficiente victoria que todavía pesa en el desánimo de los populares y ahora va a prejubilar a Rubalcaba; entonces dejó perpleja a media España cambiando los ritmos electorales, desmontando todas las encuestas y salvando la ‘aldea’ del socialismo y ahora ha descolocado a su partido y a la oposición abriendo el debate sucesorio. No nos equivoquemos, las consecuencias de no presentarse a la reelección, de dar paso a “savia nueva” y de impulsar la renovación en el PSOE no es una decisión de consumo interno: afectará al ‘bipartito’, modificará la hoja de ruta del partido a nivel federal y obligará al PP a recomponerse en tiempo récord.

Si es coherente con lo que dijo hace un solo mes de convocar primarias cerca de los comicios, y si es cierto lo que solemnemente ha proclamado esta semana en el Parlamento de que a él no le pierde “ni el poder, ni el boato, ni las apariencias ni los sobresueldos”, no hay escenario posible que no pase por un progresivo trasvase de funciones -institucionales y orgánicas- y por un adelanto electoral que ya hay quien sitúa con las europeas de mayo.

La renovación griñanista tiene nombre, tanto en Andalucía como en España: su consejera de Presidencia y número 2 Susana Díaz y la ex ministra Carme Chacón. A la primera ya la ha bendecido para una sucesión teledirigida, un dedazo encubierto de primarias; con la segunda, la que fue su candidata frente a Rubalcaba en el congreso fallido de Sevilla, mantiene una maquiavélica sintonía que ha vuelto a evidenciarse con el anuncio de su retirada. Rubalcaba, circunspecto; Chaves, atónito; Jáuregui, ausente. A ella ni le sorprendió. Sospechosa complicidad.

Más allá de la operación de marketing que Griñán está liderando para resituar a un PSOE cada vez más vapuleado en las encuestas y frenar el creciente terreno electoral que le está arrebatando IU desde la plataforma de San Telmo, lo más triste y criticable de su supuesta hoja de ruta de revulsivo es que nada tiene que ver con lo que predica de más democracia, más transparencia, más participación.

Susana Díaz. ¿Es renovación o es continuidad? ¿Aparte de llevar con mano de hierro la fontanería del partido, es capaz de liderar un nuevo tiempo? Su edad (39 años frente a los 67 de Griñán) y su condición sexual tal vez sean suficientes para justificar lo nuevo pero no lo bueno y mucho menos lo necesario. Decía Amparo Rubiales que ha llegado la hora de que las mujeres sean “cabeza de león” y no “cola de ratón”. Ojalá. Pero hablemos de capacidades y de aptitudes. Y convoquemos unas primarias limpias. Abrámoslas a los simpatizantes y demos tiempo a las corrientes críticas a que preparen a sus candidatos (¿la precipitación es una maniobra calculada para desactivar la opción de Micaela Navarro desde el feudo crítico de los socialistas de Jaén?). Si la joven de Triana, puro aparato, profesional de la política, es el rostro del nuevo socialismo, que se lo gane con una lección de democracia y de participación, que no herede el poder por la puerta de atrás.

Ni Susana Díaz ni Carme Chacón. Si son la cara del futuro, de la renovación, que nos convenzan. Pero con ideas, con un programa, con un proyecto. Con talante, con liderazgo. Todavía recuerdo la lamentable portada de Vogue con las ministras de ZP; la imagen de unas políticas por la igualdad mal entendidas y peor gestionadas. Nunca el género debiera ser un impedimento pero tampoco una ventaja. Y mucho menos un paraguas para ocultar la propia incompetencia. En el debate sobre el estado de la ciudad del jueves la concejal de UPyD Mayte Olalla acusó a García Montero de “machista” porque le criticó que su discurso era propio “de una niña de cuarto de la ESO”. Cínico, tal vez cruel, pero ¿machista?

En Italia, el mismo día que se producía el terremoto Griñán, había quienes proponían a Berlusconi volver a fundar Forza Italia y colocar a su hija al frente. La “heredera natural”, argumentaban, “la mejor defensora de sus intereses” (¿de su corrupción y de sus fraudes?) Desconozco las cualidades y la solvencia de Marina Berlusconi, pero hiela ver las alcantarillas de unos partidos que se siguen llamando democráticos mientras nos dan lecciones de despotismo. Y ni siquiera ilustrado.

Me gustaría que estuviéramos a las puertas de un nuevo tiempo político; pero no a la defensiva. Me gustaría que fuera la hora de las mujeres; pero no a cualquier precio.

El quinto año de la marmota

Magdalena Trillo | 6 de enero de 2013 a las 13:29

Se ha subido ya a la báscula? ¿Se ha apuntado al gimnasio y a la academia de inglés? ¿Ya hizo el curso de coaching? Año nuevo, vida nueva. Aunque sólo los 2.000 españoles que cada día se han visto expulsados a las colas del paro en 2012 podrán corroborar el refrán. Los demás seguimos dando vueltas en la ruleta de la marmota con la esperanza de que un cambio de dígitos signifique algo más. Confiados, a veces, en romper la dictadura de la rutina; desencantados, siempre, cuando se desvanece el calendario sumido en los grises del reloj; cansados, hastiados, deprimidos, de ser comparsas de esa comedia ácida y amarga con que hemos disfrazado la vida pública.

Dice mi sobrina de 14 años que no me entiende cuando hablo de política y de economía. Es educada; lo que debe estar pensando es que la aburro. Y tiene motivos. El déficit, los ajustes, el rescate, las reformas, el ‘tasazo’, la reestructuración bancaria, el Mede, los MOU, el FLA… Ni inventando palabras solucionamos el fondo del asunto. Periodistas, políticos y pseudoexpertos hemos orquestado un particular Show de Truman cada vez más perfecto y artificial. Los periodistas escribimos para que nos lean los políticos; los políticos gobiernan para verse en los medios y los opinantes opinan para que les aplaudamos unos y otros. Una película de consumo interno. Inaprensible, peligrosa y hasta contagiosa.

En la casa de mi hermana, sus hijas han escrito este año dos cartas a los Reyes Magos: la primera, la de la todas las Navidades; la segunda, con recortes. La mayor decía así: “Queridos Majestades, este año me he portado muy bien pero, como estamos en crisis, quito el WhatsApp y la tablet y me quedo con las zapatillas, que dice mi madre que hacen falta, y el telescopio”. Su hermana lo redujo todo a un libro de Stilton y la Pepa Pig. Ilusión con censura previa. Peor aún, ilusión con autocensura.

La misma que vimos el viernes en la entrevista que Jesús Hermida le hizo al Rey. Al constitucional, al que quiere que se le recuerde por “haber unido a los españoles”. No entro en el fondo, me quedo en la estética. Parecía el No-Do. Solo faltó el blanco y negro que un periódico se encargó de llevar a su portada al día siguiente recogiendo para la Historia la histórica escena. No llamemos entrevista ni invoquemos el periodismo para lo que no fue más que una ‘charla’ decimonónica entre un súbdito y su Rey dentro de una operación de márketing tan de consumo interno como esos debates de política que duermen a mi sobrina. Un abuelo conversando con otro abuelo en su 75 cumpleaños. ¿Se imaginan una entrevista, de verdad, al estilo Ana Pastor?

El cortejo real, el de verdad, recorrió ayer las calles de Granada con 5.000 kilos menos de caramelos en las alforjas. Otro efecto de la ‘operación recorte’ de la que sólo sabemos con seguridad que seguirá siendo la protagonista de nuestro quinto año de crisis y recesión. Cinco años de marmota que no desalientan a algún que otro mago del optimismo dispuesto a hacernos creer en aquello del ‘año nuevo, vida nueva’. Lo hacía Griñán anunciando el padre de todos los planes: 50 planes estratégicos para sacar a Andalucía de la crisis en 2013, un plan a la semana. Todo un derroche de palabrería e imaginación: plan de creación de empleo en la municipalidad, cuarto plan de salud, tercer plan de inmigración, nuevo plan de formación para jóvenes, plan sectorial para la estrategia digital, plan para internacionalizar la economía, plan de turismo sostenible… Y así hasta 50 sin explicar con qué dinero y recursos vamos a revolucionar la vida andaluza en doce meses y vamos a romper la maldición de la marmota.

Tampoco me quedó claro si para cada plan vamos a crear una comisión de expertos y asesores que puedan ir pasando gastos y dietas de sus intensas sesiones de brainstorming. Visto el éxito, eficacia y escaso coste de cumbres y conferencias, tal vez sea hora de inaugurar un ciclo de minicumbres. Perdonad mi incredulidad, pero no lo puedo evitar. Cada vez que me hablan de planes estratégicos veo un cajón. Cajones llenos de documentos cuya única utilidad fue un titular en prensa. Visiten la hemeroteca de cualquier ciudad. Si quieren enterrar un proyecto, ideen un plan y constituyan una comisión…

Termino de escribir este artículo sin saber si los Reyes me han vuelto a dejar carbón. De pequeña me traumatizaba; hoy es una buena forma de recuperar la ilusión.

La nueva vía

Magdalena Trillo | 21 de mayo de 2012 a las 9:34

Los socialistas alemanes se han plantado y le han dicho a la canciller que la solución no puede ser “seguir exportando jóvenes españoles altamente capacitados” a sus empresas. Angela Merkel, que hace justo una semana sufrió una “dolorosa” derrota en el estado más poblado e industrializado del país, sabe que los necesita para ratificar su Pacto Fiscal. Y lo cierto es que la hoja de ruta de la SPD, muy en la línea de la “nueva vía” que quiere abrir el flamante mandatario francés, no tiene nada de descabellado: programa de crecimiento y empleo, lucha contra el desempleo juvenil, impuesto a las transacciones financieras, puesta en marcha de una autoridad comunitaria para controlar y supervisar a los bancos…

 

François Hollande, al otro lado del eje de poder europeo, se estrenó el martes en el cargo en una jornada cargada de simbolismos. Llegó empapado a la tradicional ofrenda al soldado desconocido (¿las lágrimas de su enlace con Alemania?) y sobrevivió a una tormenta eléctrica -con caída de rayo incluida- cuando volaba a Berlín para entrevistarse con Merkel. Pero llegó. Fue recibido con un sobrio apretón de manos acorde a los tiempos de austeridad. No hubo beso en la mano al estilo Chirac y mucho menos en las mejillas como solía Sarkozy. De sus planes para reforzar el papel inversor del BCE, agilizar el pago de los fondos estructurales o emitir deuda pública para financiar infraestructuras poco se supo. Se aplazó lo importante pero no lo urgente: Grecia.

 

Alemania y Francia están de acuerdo: no puede salir del euro. También lo está el eurogrupo y hasta el FMI. Aunque la realidad es otra: técnicamente hay que analizarlo a pesar de los “grandes riesgos” y lo “extraordinariamente costoso” que sería. Hace dos años era un tema tabú; hoy es una “opción”. Las elecciones del 6 de mayo dejaron un país absolutamente ingobernable y las expectativas de los comicios del 17 de junio apuntan a un escenario de extrema radicalización. El país heleno podría entrar en bancarrota en un mes y el temido “contagio” no es una amenaza; ya lo hemos sufrido esta semana en España con la bolsa en cifras de 2003 y la prima de riesgo sobrepasando la barrera de intervención de los 500 puntos. “¡Los dichosos griegos!”, escucho en el bar. ¿Corralito? ¿Rescate?

 

Más temas tabú que se caen. El ministro De Guindos asegura que el corralito es un “sinsentido” del mismo modo que confiesa que España “ya ha hecho todo lo que podía hacer” y reclama ayuda y “cooperación” a los socios europeos… siempre que no suene al temido rescate. ¿Será posible? ¿Hay más Bankias? El propio Hollande lo acaba de sugerir en Washington tras entrevistarse con Obama: sería “deseable” rescatar a la banca española. Intervención. Las consecuencias de la “resaca” de la “gran fiesta” de la que hablaba esta semana Santiago Carbó.

 

Es la sensación que surge tras conocer al detalle la tijera en el presupuesto de la Junta para 2012: un ajuste inicial de 3.500 millones que incluye una subida de impuestos y (otro) recorte a los salarios a los empleados públicos pero salva la educación y la sanidad y evita poner en la calle a 30.000 trabajadores. No se cierran hospitales, no se suben las tasas a los universitarios y no se masifican las aulas. Se paraliza, sin embargo, la inversión en infraestructuras (la patronal alerta de que se ponen en riesgo 70.000 empleos), se golpea de nuevo a las clases medias y al funcionariado (el empleo fijo ha pasado de ser un privilegio a ser un castigo), no se mete mano a la administración paralela (no se eliminan duplicidades ni se ataja la elefantiasis de las instituciones) y se vuelve a reducir el poder adquisitivo.

 

La prueba de fuego llegó el jueves con el examen del Consejo de Política Fiscal. Sorpresivamente, después de semanas de amenazas y tras aceptar un recorte extra de 300 millones, Hacienda ha dado el visto bueno: Andalucía construirá su “vía” del mismo modo que lo hará Cataluña con su tasa a la FP y sus despidos. Es la nueva vía de un gobierno de izquierdas empeñado en demostrar que ¡es la economía, estúpido! pero también es política y es ideología. Un camino, el andaluz, que mira a Europa para conectar con la socialdemocracia francesa y alemana recordando la famosa Tercera Vía de Giddens. La cuestión de fondo, sin embargo, sobrepasa la teoría. ¿Corta menos la tijera si se coge con la izquierda? ¿Realmente hay una vía no dolorosa para recuperarse de una resaca de garrafón?

El precio de la dignidad

Magdalena Trillo | 3 de octubre de 2010 a las 12:12

LLEVAMOS diez días buscando la historia de una granadina que pueda acreditar que fue vejada durante la Guerra Civil y solicitar la ayuda con que la Junta de Andalucía quiere reparar la memoria de las mujeres humilladas por los falangistas y paseadas por los pueblos a modo de trofeo.

Diez días de búsqueda sin éxito. Ni la Consejería de Gobernación ni la Asociación de Memoria Histórica tienen información. O no quieren darla. Ahora toca el hermetismo: ¿Se ha recibido ya alguna solicitud? ¿Hay alguna estimación sobre el número de personas que pueden pedir la indemnización?

“Nos han dado orden de que no demos datos”. Con esta hermética respuesta se intenta acallar la polémica sobre el decreto que la Junta aprobó el 21 de septiembre y que, más allá de la dureza con que se ha atacado desde el PP (se ha tildado de “vomitivo” por intentar tasar la dignidad de la mujer en 1.800 euros), plantea serias dudas sobre la posibilidad real de su aplicación.

Para empezar, aunque baste una simple “declaración jurada” para certificar la autenticidad de la denuncia, será difícil encontrar con vida a esas víctimas “olvidadas” de la guerra y la posguerra. Mujeres que, entre 1936 y 1950, fueron rapadas, violadas, obligadas a ingerir aceite de ricino y expuestas públicamente como símbolo de la desvergüenza.

Es verdad que nadie, ni siquiera la Ley de Memoria Histórica, se había acordado hasta ahora de ellas. Pero la medida, sin cuestionar la bondad de su fin, roza el despropósito. Defiende el consejero Pizarro que es una “cantidad simbólica” y que hay que entender el decreto como una “reparación moral” por las humillaciones sufridas.

Nadie lo cuestiona. Pero ¿no es también una medida injusta y discriminatoria? ¿No fueron vejadas y maltratadas las mujeres del bando franquista? ¿Sólo los falangistas cometieron atropellos? ¿Y qué pasa, por ejemplo, con los niños y los adolescentes que fueron violados? El decreto llega tarde, con escasas posibilidades de reparar el daño que se propone y fija un plazo limitado de sólo tres meses para reclamar la ayuda: si son pocas mujeres las que viven para pedirla, menos aún conocerán su existencia.

Es, además, una medida inoportuna y electoralista. No podemos olvidar la crisis que está desangrando el Estado de Bienestar y no podemos olvidar tampoco el horizonte electoral y la urgencia con que nuestros gobiernos ‘progresistas’ quieren demostrar que no han enterrado ‘todas’ las políticas sociales que han sido su razón de ser.

Lo importante del decreto, insisten, no es el dinero sino el reconocimiento oficial como víctimas del franquismo. ¿Por qué entonces sólo pueden acogerse a la media las beneficiarias? ¿Por qué un hijo, o un nieto que sí los hay, no puede resarcir la memoria de su abuela como ocurre con las indemnizaciones para penas de cárcel? ¿Y por qué seguimos reeditando bandos diferenciando unas ‘víctimas’ de otras?

Esta mañana me ha llamado Marta Osorio para publicar un reportaje con la historia de una granadina que fue rapada y acabó fusilada en el barranco de Víznar. Su pecado, ser comunista. Del Sacromonte, pariente de Lorca. Tuvo nueve hijas y la mayor, que quedó huérfana con 13 años, no ha querido morir sin resarcir la memoria de su madre. Enriqueta García de la Plata, así se llamaba…

Le pregunto a la escritora granadina por el decreto de la Junta y me responde sin vacilar: “Demasiado tarde. En todo caso serían sus nietos. Y la mayoría no lo sabrán. ¡Aquello se ocultó tanto! Se olvidó”. Se quiso borrar la vergüenza borrando los recuerdos…

Contaremos la historia de Enriqueta y la lucha de esa hija que se hizo cantante de tabernas para sobrevivir. Me recuerda Osorio que su único fin es ayudar a recuperar la memoria. Y me recuerda que hay otros caminos… Otros muchos. Más callados, menos electoralistas y mucho más sensatos.