Magdalena Trillo | 6 de enero de 2013 a las 13:29
Se ha subido ya a la báscula? ¿Se ha apuntado al gimnasio y a la academia de inglés? ¿Ya hizo el curso de coaching? Año nuevo, vida nueva. Aunque sólo los 2.000 españoles que cada día se han visto expulsados a las colas del paro en 2012 podrán corroborar el refrán. Los demás seguimos dando vueltas en la ruleta de la marmota con la esperanza de que un cambio de dígitos signifique algo más. Confiados, a veces, en romper la dictadura de la rutina; desencantados, siempre, cuando se desvanece el calendario sumido en los grises del reloj; cansados, hastiados, deprimidos, de ser comparsas de esa comedia ácida y amarga con que hemos disfrazado la vida pública.
Dice mi sobrina de 14 años que no me entiende cuando hablo de política y de economía. Es educada; lo que debe estar pensando es que la aburro. Y tiene motivos. El déficit, los ajustes, el rescate, las reformas, el ‘tasazo’, la reestructuración bancaria, el Mede, los MOU, el FLA… Ni inventando palabras solucionamos el fondo del asunto. Periodistas, políticos y pseudoexpertos hemos orquestado un particular Show de Truman cada vez más perfecto y artificial. Los periodistas escribimos para que nos lean los políticos; los políticos gobiernan para verse en los medios y los opinantes opinan para que les aplaudamos unos y otros. Una película de consumo interno. Inaprensible, peligrosa y hasta contagiosa.
En la casa de mi hermana, sus hijas han escrito este año dos cartas a los Reyes Magos: la primera, la de la todas las Navidades; la segunda, con recortes. La mayor decía así: “Queridos Majestades, este año me he portado muy bien pero, como estamos en crisis, quito el WhatsApp y la tablet y me quedo con las zapatillas, que dice mi madre que hacen falta, y el telescopio”. Su hermana lo redujo todo a un libro de Stilton y la Pepa Pig. Ilusión con censura previa. Peor aún, ilusión con autocensura.
La misma que vimos el viernes en la entrevista que Jesús Hermida le hizo al Rey. Al constitucional, al que quiere que se le recuerde por “haber unido a los españoles”. No entro en el fondo, me quedo en la estética. Parecía el No-Do. Solo faltó el blanco y negro que un periódico se encargó de llevar a su portada al día siguiente recogiendo para la Historia la histórica escena. No llamemos entrevista ni invoquemos el periodismo para lo que no fue más que una ‘charla’ decimonónica entre un súbdito y su Rey dentro de una operación de márketing tan de consumo interno como esos debates de política que duermen a mi sobrina. Un abuelo conversando con otro abuelo en su 75 cumpleaños. ¿Se imaginan una entrevista, de verdad, al estilo Ana Pastor?
El cortejo real, el de verdad, recorrió ayer las calles de Granada con 5.000 kilos menos de caramelos en las alforjas. Otro efecto de la ‘operación recorte’ de la que sólo sabemos con seguridad que seguirá siendo la protagonista de nuestro quinto año de crisis y recesión. Cinco años de marmota que no desalientan a algún que otro mago del optimismo dispuesto a hacernos creer en aquello del ‘año nuevo, vida nueva’. Lo hacía Griñán anunciando el padre de todos los planes: 50 planes estratégicos para sacar a Andalucía de la crisis en 2013, un plan a la semana. Todo un derroche de palabrería e imaginación: plan de creación de empleo en la municipalidad, cuarto plan de salud, tercer plan de inmigración, nuevo plan de formación para jóvenes, plan sectorial para la estrategia digital, plan para internacionalizar la economía, plan de turismo sostenible… Y así hasta 50 sin explicar con qué dinero y recursos vamos a revolucionar la vida andaluza en doce meses y vamos a romper la maldición de la marmota.
Tampoco me quedó claro si para cada plan vamos a crear una comisión de expertos y asesores que puedan ir pasando gastos y dietas de sus intensas sesiones de brainstorming. Visto el éxito, eficacia y escaso coste de cumbres y conferencias, tal vez sea hora de inaugurar un ciclo de minicumbres. Perdonad mi incredulidad, pero no lo puedo evitar. Cada vez que me hablan de planes estratégicos veo un cajón. Cajones llenos de documentos cuya única utilidad fue un titular en prensa. Visiten la hemeroteca de cualquier ciudad. Si quieren enterrar un proyecto, ideen un plan y constituyan una comisión…
Termino de escribir este artículo sin saber si los Reyes me han vuelto a dejar carbón. De pequeña me traumatizaba; hoy es una buena forma de recuperar la ilusión.
Magdalena Trillo | 21 de mayo de 2012 a las 9:34
Los socialistas alemanes se han plantado y le han dicho a la canciller que la solución no puede ser “seguir exportando jóvenes españoles altamente capacitados” a sus empresas. Angela Merkel, que hace justo una semana sufrió una “dolorosa” derrota en el estado más poblado e industrializado del país, sabe que los necesita para ratificar su Pacto Fiscal. Y lo cierto es que la hoja de ruta de la SPD, muy en la línea de la “nueva vía” que quiere abrir el flamante mandatario francés, no tiene nada de descabellado: programa de crecimiento y empleo, lucha contra el desempleo juvenil, impuesto a las transacciones financieras, puesta en marcha de una autoridad comunitaria para controlar y supervisar a los bancos…
François Hollande, al otro lado del eje de poder europeo, se estrenó el martes en el cargo en una jornada cargada de simbolismos. Llegó empapado a la tradicional ofrenda al soldado desconocido (¿las lágrimas de su enlace con Alemania?) y sobrevivió a una tormenta eléctrica -con caída de rayo incluida- cuando volaba a Berlín para entrevistarse con Merkel. Pero llegó. Fue recibido con un sobrio apretón de manos acorde a los tiempos de austeridad. No hubo beso en la mano al estilo Chirac y mucho menos en las mejillas como solía Sarkozy. De sus planes para reforzar el papel inversor del BCE, agilizar el pago de los fondos estructurales o emitir deuda pública para financiar infraestructuras poco se supo. Se aplazó lo importante pero no lo urgente: Grecia.
Alemania y Francia están de acuerdo: no puede salir del euro. También lo está el eurogrupo y hasta el FMI. Aunque la realidad es otra: técnicamente hay que analizarlo a pesar de los “grandes riesgos” y lo “extraordinariamente costoso” que sería. Hace dos años era un tema tabú; hoy es una “opción”. Las elecciones del 6 de mayo dejaron un país absolutamente ingobernable y las expectativas de los comicios del 17 de junio apuntan a un escenario de extrema radicalización. El país heleno podría entrar en bancarrota en un mes y el temido “contagio” no es una amenaza; ya lo hemos sufrido esta semana en España con la bolsa en cifras de 2003 y la prima de riesgo sobrepasando la barrera de intervención de los 500 puntos. “¡Los dichosos griegos!”, escucho en el bar. ¿Corralito? ¿Rescate?
Más temas tabú que se caen. El ministro De Guindos asegura que el corralito es un “sinsentido” del mismo modo que confiesa que España “ya ha hecho todo lo que podía hacer” y reclama ayuda y “cooperación” a los socios europeos… siempre que no suene al temido rescate. ¿Será posible? ¿Hay más Bankias? El propio Hollande lo acaba de sugerir en Washington tras entrevistarse con Obama: sería “deseable” rescatar a la banca española. Intervención. Las consecuencias de la “resaca” de la “gran fiesta” de la que hablaba esta semana Santiago Carbó.
Es la sensación que surge tras conocer al detalle la tijera en el presupuesto de la Junta para 2012: un ajuste inicial de 3.500 millones que incluye una subida de impuestos y (otro) recorte a los salarios a los empleados públicos pero salva la educación y la sanidad y evita poner en la calle a 30.000 trabajadores. No se cierran hospitales, no se suben las tasas a los universitarios y no se masifican las aulas. Se paraliza, sin embargo, la inversión en infraestructuras (la patronal alerta de que se ponen en riesgo 70.000 empleos), se golpea de nuevo a las clases medias y al funcionariado (el empleo fijo ha pasado de ser un privilegio a ser un castigo), no se mete mano a la administración paralela (no se eliminan duplicidades ni se ataja la elefantiasis de las instituciones) y se vuelve a reducir el poder adquisitivo.
La prueba de fuego llegó el jueves con el examen del Consejo de Política Fiscal. Sorpresivamente, después de semanas de amenazas y tras aceptar un recorte extra de 300 millones, Hacienda ha dado el visto bueno: Andalucía construirá su “vía” del mismo modo que lo hará Cataluña con su tasa a la FP y sus despidos. Es la nueva vía de un gobierno de izquierdas empeñado en demostrar que ¡es la economía, estúpido! pero también es política y es ideología. Un camino, el andaluz, que mira a Europa para conectar con la socialdemocracia francesa y alemana recordando la famosa Tercera Vía de Giddens. La cuestión de fondo, sin embargo, sobrepasa la teoría. ¿Corta menos la tijera si se coge con la izquierda? ¿Realmente hay una vía no dolorosa para recuperarse de una resaca de garrafón?
Magdalena Trillo | 3 de octubre de 2010 a las 12:12
LLEVAMOS diez días buscando la historia de una granadina que pueda acreditar que fue vejada durante la Guerra Civil y solicitar la ayuda con que la Junta de Andalucía quiere reparar la memoria de las mujeres humilladas por los falangistas y paseadas por los pueblos a modo de trofeo.
Diez días de búsqueda sin éxito. Ni la Consejería de Gobernación ni la Asociación de Memoria Histórica tienen información. O no quieren darla. Ahora toca el hermetismo: ¿Se ha recibido ya alguna solicitud? ¿Hay alguna estimación sobre el número de personas que pueden pedir la indemnización?
“Nos han dado orden de que no demos datos”. Con esta hermética respuesta se intenta acallar la polémica sobre el decreto que la Junta aprobó el 21 de septiembre y que, más allá de la dureza con que se ha atacado desde el PP (se ha tildado de “vomitivo” por intentar tasar la dignidad de la mujer en 1.800 euros), plantea serias dudas sobre la posibilidad real de su aplicación.
Para empezar, aunque baste una simple “declaración jurada” para certificar la autenticidad de la denuncia, será difícil encontrar con vida a esas víctimas “olvidadas” de la guerra y la posguerra. Mujeres que, entre 1936 y 1950, fueron rapadas, violadas, obligadas a ingerir aceite de ricino y expuestas públicamente como símbolo de la desvergüenza.
Es verdad que nadie, ni siquiera la Ley de Memoria Histórica, se había acordado hasta ahora de ellas. Pero la medida, sin cuestionar la bondad de su fin, roza el despropósito. Defiende el consejero Pizarro que es una “cantidad simbólica” y que hay que entender el decreto como una “reparación moral” por las humillaciones sufridas.
Nadie lo cuestiona. Pero ¿no es también una medida injusta y discriminatoria? ¿No fueron vejadas y maltratadas las mujeres del bando franquista? ¿Sólo los falangistas cometieron atropellos? ¿Y qué pasa, por ejemplo, con los niños y los adolescentes que fueron violados? El decreto llega tarde, con escasas posibilidades de reparar el daño que se propone y fija un plazo limitado de sólo tres meses para reclamar la ayuda: si son pocas mujeres las que viven para pedirla, menos aún conocerán su existencia.
Es, además, una medida inoportuna y electoralista. No podemos olvidar la crisis que está desangrando el Estado de Bienestar y no podemos olvidar tampoco el horizonte electoral y la urgencia con que nuestros gobiernos ‘progresistas’ quieren demostrar que no han enterrado ‘todas’ las políticas sociales que han sido su razón de ser.
Lo importante del decreto, insisten, no es el dinero sino el reconocimiento oficial como víctimas del franquismo. ¿Por qué entonces sólo pueden acogerse a la media las beneficiarias? ¿Por qué un hijo, o un nieto que sí los hay, no puede resarcir la memoria de su abuela como ocurre con las indemnizaciones para penas de cárcel? ¿Y por qué seguimos reeditando bandos diferenciando unas ‘víctimas’ de otras?
Esta mañana me ha llamado Marta Osorio para publicar un reportaje con la historia de una granadina que fue rapada y acabó fusilada en el barranco de Víznar. Su pecado, ser comunista. Del Sacromonte, pariente de Lorca. Tuvo nueve hijas y la mayor, que quedó huérfana con 13 años, no ha querido morir sin resarcir la memoria de su madre. Enriqueta García de la Plata, así se llamaba…
Le pregunto a la escritora granadina por el decreto de la Junta y me responde sin vacilar: “Demasiado tarde. En todo caso serían sus nietos. Y la mayoría no lo sabrán. ¡Aquello se ocultó tanto! Se olvidó”. Se quiso borrar la vergüenza borrando los recuerdos…
Contaremos la historia de Enriqueta y la lucha de esa hija que se hizo cantante de tabernas para sobrevivir. Me recuerda Osorio que su único fin es ayudar a recuperar la memoria. Y me recuerda que hay otros caminos… Otros muchos. Más callados, menos electoralistas y mucho más sensatos.
Magdalena Trillo | 31 de julio de 2010 a las 21:00
LAS decisiones de la Alhambra se seguirán tomando como hasta ahora, con la misma independencia y con mayor autonomía. Tendrá más flexibilidad para contratar y gozará de una singularidad especial dentro de la agencia pública que ha diseñado la Junta para racionalizar costes y poner orden en su casa. Una casa con más jefes que indios. Con demasiados chiringuitos… Los recortes de altos cargos (se estima un ahorro al año de 9,3 millones) no afectarán al conjunto nazarí. Es solvente y su gestión, modélica. Por eso, aunque se le exigirá mayor austeridad, seguirá teniendo el control de los recursos y del presupuesto.
¿Para qué, entonces, tanto desgaste político? ¿Nadie tuvo en cuenta los intangibles? La Alhambra es gestión, son números, pero también es un símbolo. Un reducto de la otra Andalucía, la que intenta mantenerse en pie aferrándose, por qué no, a la Colina de la Sabika. No es recelo al ‘centralismo’ sevillano ni política del agravio. Porque no se trata de ir mirando cómo están anclados los toldos junto a la Giralda ni de poner Canal Sur como techo para el agujero de la TG7… Es la Granada que ve el despegue de Málaga como ciudad cultural mientras los trenes siguen pasando de largo. Lo hace el AVE y lo hacen los vuelos de bajo coste. Ryanair ya tiene una base millonaria en la Costa del Sol y aquí se sufre la debacle de su ‘fuga’.
Es también la Granada que ve cómo las universidades de Sevilla y Málaga realizan uniones estratégicas en proyectos como el Campus de Excelencia con todas las bendiciones de la Junta (¿se repetirá el ‘ninguneo’ de la edición anterior con un consejero de Almería volcado con el proyecto de su tierra?) y la que ha visto durante demasiados años cómo el dinero de la Consejería de Cultura le caía a Málaga del cielo a velocidad de crucero. La misma velocidad que ahora, dicen, tendrá el Milenio.
Tarde y mal. Lo mismo que el proyecto de la gran caja andaluza. Al día siguiente de que la consejera de Hacienda diera el pistoletazo de salida al recorte de empresas públicas con el anuncio de diez fusiones, el presidente de la Junta abandona la neutralidad y confirma su hoja de ruta para la caja única. Animando, apremiando, a la unión de Unicaja y Cajasol e invitando, otra vez, a CajaGranada. El PP, el de Sevilla, no quiere quedarse atrás. Hay mucho poder que repartir. De eso se trata, ¿no?
Justo pensaba que debía ser al revés: que las cajas eran un negocio (puro negocio), que había que analizar los números para saber si el futuro pintaba mejor hacia Levante o hacia Andalucía occidental (solapamientos de oficinas, trabajadores despedidos, pérdida de cuota de mercado…) y que la Alhambra podía mirarse con el corazón. Justo al contrario: hacemos política en las cajas y análisis financieros en los monumentos.
Nada, por cierto, en contra del nuevo consejero de Cultura, que decidió venir expresamente a Granada a dar la cara ante los medios y garantizar que, si el nuevo modelo no funciona, está dispuesto a retirarlo. El PP no se fía y hay una pregunta inevitable detrás de tanta excepcionalidad: ¿tanto coste, económico, hubiera significado convertir la Alhambra en una agencia independiente como estaba previsto? Pensemos que sí, que es una exigencia de la crisis (esta sí) y nos quedaremos con el compromiso de Paulino Plata. Es otro estilo.
A todo esto, ¿dónde está el PSOE de Granada? ¿Y alguien puede explicar la respuesta de Benzal cuando se le preguntó por el proyecto de ‘su’ Consejería? Se limitó a asegurar que la Alhambra estaba muy bien gestionada… Me decían el otro día que ven a Granada cada vez más cateta e insoportable. Seamos claros. Culpables hay muchos. Se puede hacer campaña y buscar la responsabilidad en San Telmo o se puede mirar hacia dentro y fabricar soluciones. Siempre será mejor que entonar el recurrente ‘así nos va’.
Magdalena Trillo | 30 de noviembre de 2008 a las 19:23
Optimismo, pero con cautelas. Un año después del anuncio, el Consejo de Gobierno celebrado el 18 de noviembre en Granada reduce el espacio para las dudas: hay voluntad política, el marco jurídico elegido para poner en marcha el Milenio convence a todos y David Aguilar, la persona que se pondrá al frente del consorcio, tiene la capacidad de gestión y el espíritu de diálogo que precisa el proyecto.
Los primeros pasos han sido firmes. Sin embargo, aún tendremos que esperar a que se defina el programa para saber si el Milenio responde realmente a las expectativas creadas. Tras la comparecencia de Chaves en el Parque de las Ciencias quedaron dos cosas claras.
En primer lugar, que el gran Parque de la Vega sigue adelante como ‘proyecto estrella’ sin que de momento se haya vislumbrado ninguna otra iniciativa que pueda responder a la tremenda ilusión que Granada ha puesto en la efeméride.
En segundo lugar, que a la Junta le sale bien caro celebrar el Consejo de Gobierno en esta ciudad: el presidente compensó la falta de anuncios llenando de ‘millones’ su intervención. Se aprobaron actuaciones por más de 132 millones: vivienda y turismo centrarán las inversiones en una quincena de municipios y se crearán cerca de dos mil empleos.
Políticamente, el balance ha de ser mucho más positivo. Hace sólo unos meses, el Ayuntamiento, con el equipo de gobierno del PP al frente, se había convertido en el protagonista del Milenio. Y también de los acuerdos, ya que hasta se llegó a consensuar con la oposición un documento con 19 propuestas para la celebración. Ahora, el Milenio recupera su espacio. De consenso, abierto a la participación, pero liderado por quien legítimamente lo ideó.
Lo que sí habría que criticar es que se intente aprovechar la celebración para ‘vender’ infraestructuras pendientes y comprometidas hace años. ¿El AVE para 2013? Sí, pero ya estaba previsto. Y lo mismo se puede decir del Metro y de la ampliación del aeropuerto. Esperamos algo más. Proyectos que nos ilusionen y que no se limiten a compensar trenes perdidos.
Es verdad que en estos momentos hay razones para creer, pero también existe el riesgo de que sea un fiasco. Me aseguran en la Junta que los proyectos y las inversiones concretas “llegarán”.
Confiemos, pues, y seamos optimistas. Lo apoyaremos. Pero sin cheques en blanco.