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Susanistas y pedristas en clave local

Magdalena Trillo | 9 de abril de 2017 a las 10:00

Cuando hace tres años Pedro Sánchez visitó la redacción de Granada Hoy, en plena campaña para las primarias del verano del 14, lo hizo con Jesús Quero de padrino. Lo defendió con vehemencia. Convencido de su carisma y su arrojo frente a un Rubalcaba en horas bajas que no tenía más salida que asumir en primera persona el fracaso de las urnas y dar un paso atrás. En aquellos momentos Pérez Tapias también competía contra el político madrileño -y contra Eduardo Madina- en la carrera a Ferraz, pero buena parte del socialismo granadino se había decantado por Pedro Sánchez. Corrijo: el grueso del PSOE de Granada estaba con Susana Díaz.

Y lo sigue estando. Pedro Sánchez fue secretario general del PSOE porque quiso Susana Díaz y el domingo 21 de mayo será la dirigente andaluza quien se mida en las nuevas primarias contra su antiguo protegido porque se equivocó. Tal vez sea la única parte de la historia que compartan pedristas y susanistas: el inicio de todo. Aquel mes de julio de 2014 en que el aparato socialista, con el respaldo de la militancia, entregó unas siglas centenarias a un completo desconocido sin cultura de partido y supuestamente maleable. Lo que ha sucedido en el intermedio, los varapalos electorales y el desgobierno, la pérdida de identidad del partido y la amenaza del sorpasso y hasta el ‘no es no’ con el mitificado congreso de la defenestración que evitó unas terceras elecciones en España, discurre en una completa contradicción. Dos relatos antagónicos que han abierto una brecha en el PSOE y han terminado sumiendo a las bases en una curiosa paradoja: los antiguos pedristas son hoy susanistas y sin que sepamos demasiado bien -al menos en Andalucía -cuánto pesa el cabeza de cartel, cuánto las ideas y cuánto la revancha.

La recogida de avales será el escenario del duelo inicial, pero no el único. Pedro Sánchez está aprovechando su condición fabricada de víctima para lograr apoyos frente a una Susana Díaz que quiere arrollar con un pie puesto en Ferraz y otro en La Moncloa. Es el trasfondo que empieza a vislumbrarse en una campaña que no ha hecho más que empezar: el primero ya se ha autoproclamado el candidato outsider intentando aprovechar los vientos favorables de los movimientos antisistema -del ‘Brexit’ a la victoria de Trump pasando por el no a la paz en Colombia- y la líder andaluza ha puesto la maquinaria en marcha con un mensaje de más largo alcance: es el momento de que el PSOE resucite y vuelva a convertirse en una opción ganadora. La disputa no es con Podemos sino con el PP. La alternativa no es entregar el partido como ha hecho IU sino recuperar el gobierno de España. Porque la campaña de Susana Díaz tiene una doble estación de llegada: la secretaría general del PSOE y la presidencia del Gobierno español.

A partir de aquí, emociones y razones entran en la batalla sabiendo que la integración sólo será un camino transitable para Patxi López. Lo que se juegan Susana Díaz y Pedro Sánchez es el todo o la nada y con un duro discurso en blanco y negro: ¿el partido del siglo XX o del siglo XXI? ¿el candidato a la izquierda de la izquierda frente a la candidata que coquetea con la derecha? Es evidente que importará la capacidad de cada facción para colar sus mensajes pero también será clave el proceso mismo. Las alcantarillas. Dónde se vota y cómo se vota.

Y ello sin perder de perspectiva las quejas de los pedristas por la opacidad en la gestión del proceso y la supuesta “no imparcialidad” de la gestora y las críticas por los cambios en el sistema de primarias que aprobó el comité federal el pasado mes de abril: las agrupaciones más pequeñas votarán unificadas donde digan los partidos a nivel provincial -no en sus pueblos como hasta ahora-, se elegirá al candidato de primarias y una semana después a los delegados del congreso -no el mismo día-, los afiliados directos que se registren en Ferraz votarán en la agrupación provincial y no en la local…

Lo cierto es que no es ningún capricho la exigencia de los pedristas de limitar por arriba la recogida de avales: cuando Susana Díaz se enfrentó a Luis Planas en las primarias andaluzas de 2013, no sólo lo abrumó; lo anuló. Lo previsible ahora es que aplaste en Andalucía pero no al otro lado de Despeñaperros: ¿tendrá este primer duelo un efecto directo en la bolsa de indecisos? ¿la recogida de avales será el techo de Susana Díaz y el suelo de Pedro Sánchez? Porque luego vendrá la elección de delegados y el congreso. Y ahí, con el voto secreto (de verdad), la batalla será tan distinta como lo fue con Borrell o Zapatero.

Todo cuenta. Para reconstruir el PSOE nacional pero también el regional y el local. En Andalucía converge además lo orgánico y lo institucional con esa preocupante incertidumbre de poder en San Telmo -el debate de la sucesión corre en paralelo al viaje de Susana Díaz a Madrid- que el PP ve ya como la primera oportunidad real de toda la democracia para hacerse con el gobierno andaluz. ¿Creen que la foto de Sebastián Pérez con Luis Salvador de este viernes en Granada está al margen de expectativas y estrategias?

A nivel provincial, Teresa Jiménez se ha puesto al lado de Susana Díaz como lo hizo en su momento con Pedro Sánchez… por obligación. Como buena parte del partido. Incluso como los que quieren moverle el sillón cuando Granada celebre su congreso y toque aquí la renovación. Porque todo pasa por Susana. Para la salida negociada de Teresa -dejando posicionado a Entrena en la Torre de la Pólvora- y hasta para el desembarco rupturista de ¿Juanma o Noel?

Lo realmente apasionante es que todo está por escribir. ¿Y si Susana Díaz no arrasa? ¿Y si Chema Rueda acierta ahora apostando por el candidato aparentemente perdedor y decide presentarse al congreso de octubre abriendo una tercera vía? ¿Será entonces el turno de Guillermo Quero al frente de los socialistas de la capital? ¿De Paco Cuenca si acaba de forma abrupta su “negra” aventura en la Alcaldía?

Apasionante y desconcertante. Porque al final pesa tanto lo que se quiere construir como lo que se quiere evitar y destruir. También en el voto. La evidencia más palpable de la confluencia de piezas y escenarios que entran en juego es cuando, en confianza y con el compromiso del off the record, preguntas a susanistas y pedristas por sus opciones: ninguno convence. Pero sí convencen -sí interesan- más que el contrario. Así es la política; voluble y caprichosa. Tercamente imprevisible.

Gobiernos con fecha de caducidad

Magdalena Trillo | 14 de junio de 2015 a las 10:48

No les gusta que les llamen partido bisagra, pero lo son. Cosen en Madrid a la derecha con Cristina Cifuentes y a la izquierda en Andalucía con Susana Díaz. En Granada dejan gobernar al PP en la capital -no sin antes enseñar la puerta de salida a Torres Hurtado como condición irrenunciable de regeneración-, pintan de azul un puñado de gobiernos claves en la provincia y devuelven el rojo a la Diputación acercándose a los socialistas con una hoja de ruta de extrema flexibilidad que se va amoldando a personajes y territorios cumpliendo dos fronteras inamovibles: no quieres sillones a cambio de apoyos (no entran en las corporaciones ni asumen responsabilidades directas de gestión) y no se alían con imputados por corrupción.

El mensaje, de momento un eslogan, lo ha asentado el líder de Ciudadanos en toda España: el “cambio sensato”. No son un partido bisagra si es para perpetuar lo que hay, pero sí lo son para imponer un tiempo nuevo. Aun cuando ello signifique inmiscuirse en el funcionamiento interno de los partidos exigiendo más democracia y participación a través de primarias. Son tan emergentes y anticasta como su pareja de baile -el Podemos de Pablo Iglesias con las múltiples franquicias con que ha concurrido a las municipales-, pero es evidente que han dado menos miedo en la intensa campaña de pactos que culmina este fin de semana con la constitución de las corporaciones municipales y han logrado posicionarse de forma más central y estratégica.

La primera consecuencia del “cambio tranquilo” de Albert Rivera, con su partido naranja ocupando de forma decisiva el papel de llave y aliado que a comienzos de la democracia se arrogaron los partidos nacionalistas, es la foto provisional que ayer se reprodujo en decenas de ayuntamientos de toda España: no todos los alcaldes que tomaron el bastón de mando podrán terminar el mandato de cuatro años. Las alianzas son de investidura, no de gobierno. Las mociones de censura tomarán a final de año tanto protagonismo como las propias elecciones cuando haya que acordar a múltiples bandas los presupuestos de 2016 desde posiciones de débil minoría y, en casos como Granada, la línea roja del pacto ha sido cobrarse la cabeza del candidato y ya alcalde por cuarta vez consecutiva. Eso sí, han tenido que recurrir al procedimiento ‘en diferido’ que De Cospedal puso de moda para Bárcenas y tendrán que esperar a noviembre para obtener su pieza de caza, en concreto a los movimientos que se produzcan con las elecciones generales.

En realidad es el mismo margen de confianza que Ciudadanos ha dado al PSOE en Andalucía dejando supeditada la marcha de los expresidentes Chaves y Griñán al pronunciamiento del Supremo sobre su implicación en los ERE y, curiosamente, es justo la prórroga que de forma sorpresiva -y sin éxito- pedía hace unos días el líder del PP en Córdoba para terminar los grandes proyectos de su ciudad antes de que una alianza de izquierdas liderada por los socialistas lo desalojara de la Alcaldía.

A Torres Hurtado se le ha buscado una salida digna con que compensar el descalabro del 24-M. Podrá retirarse de la política siendo el único político que ha logrado colocarse cuatro veces seguidas el pesado collar de regidor o podrá poner el broche a su carrera en el Congreso encabezando la lista por Granada como harán su compañeros -también de generación- Teófila Martínez en Cádiz y Juan Ignacio Zoido en Sevilla.

A menos de 24 horas de la toma de posesión, el candidato socialista, Paco Cuenca, tuvo que digerir el acuerdo in extremis entre PP y Ciudadanos y descabalgarse del sueño de ser alcalde de Granada. Se vio por unas horas… Al final se tuvo que levantar de la mesa de negociación sabiendo que su derrota se había terminado de sellar en un almuerzo secreto en el Asador de Castilla entre los dos cabezas de lista y, en declaraciones a los periodistas, aseguró que no se sentía engañado -su tono decía justo lo contrario- arremetiendo contra Luis Salvador y lamentando que el esfuerzo de diálogo de la última semana haya sido un “paripé”.

No lo ha sido. Y en este caso nada tiene que ver con la vieja o la nueva política: son estrategias de partido, llamadas, presiones, contraprestaciones y, por mucho que Salvador se empeñe en negarlo, feeling. En la política local las personas importan tanto como los partidos y, aunque quisiéramos pensar lo contrario, las partidas no se juegan en solitario ni teniendo sólo en cuenta las cartas del escenario municipal. C’s ha decidido en el momento en que le ha interesado y cuando se han producido las condiciones que ha estimado convenientes.

Lo ha hecho en Andalucía obligando a Susana Díaz a ser presidenta en cuarta votación -también ella pecó de soberbia llevando a los partidos a una tercera convocatoria claramente fallida-; justo cuando se hacía oficial su apoyo al PP en Madrid y les permitía equilibrar la balanza de apoyos -el acuerdo finalmente suscrito con un horizonte de cumplimiento para toda la legislatura apenas ha variado desde la segunda votación- y ha cerrado el pacto en Granada cuando el PP provincial se ha desplegado para salvar la plaza. Cuando ha llegado el “gesto”.

El viernes sólo faltó que Mariano Rajoy llamara a Pepe Torres para convencerle de que diera un paso atrás. Sebastián Pérez sigue dolido, muy dolido, con la actitud del “entorno cercano” al alcalde pero no por ello iba a renunciar a dar la batalla por la capital ni dejar de demostrar a su partido que él sí responde. Es el “movimiento de última hora” al que ha aludido Salvador para justificar que, una semana después de dar por zanjado el diálogo con el PP, C’s volviera a contemplar la opción de la abstención que finalmente ha permitido a Torres Hurtado ser reelegido como cabeza de la lista más votada.

Son muchos los que ahora dicen que era lo “previsible”, pero en un momento de política líquida y volatilidad como el que estamos viviendo nada es previsible. No lo sería, tal vez, si hubiera sido el PP el que se hubiese abstenido a nivel regional y C’s no hubiera tenido que “tragarse el sapo” de apoyar con un ‘sí’ a Susana Díaz asumiendo el desgaste de sostener en solitario al PSOE en la Junta. Tal vez entonces no hubiera tenido que compensar en plazas clave como Granada…

Rivera dejó vía libre de negociación al líder regional de C’s, Juan Marín, pero todos son conscientes del coste que las alianzas que se fraguaron ayer en toda España tendrán entre los votantes de cara a las generales de noviembre, el gran desafío al que se enfrenta tanto Ciudadanos como Podemos. Y tanto giro a la izquierda empezaba a no ser muy bien entendido por ese electorado conservador que, desencantado con el PP, ha buscado refugio en el partido naranja.

Había que compensar. Había un precio; y se ha pagado. Torres Hurtado dejará el Ayuntamiento, el PP salva Granada del frente de “unidad popular” contra la derecha y C’s puede presumir, por ejemplo, de haber alejado la capital del fantasma del cuatripartito. El plazo de la retirada es final de año. Sin fecha concreta. Lo que se pospone es el propio debate. Será el alcalde el que decida cuándo, dónde y cómo se va.

Sebastián Pérez ha logrado de C’s la misma flexibilidad que se ha dado al PSOE en la Junta con Chaves y Griñán. El relevo en la alcaldía, sobre el papel, recaería en el propio presidente del PP al ir como número 2 en las listas locales pero éste es sólo un escenario posible. Tampoco esta partida se puede abordar en solitario. La transformación del PP prometida por Rajoy, los cambios en el Gobierno y las elecciones de noviembre influirán. No es por ‘sucesión’ como Sebastián Pérez querría llegar a ser alcalde y no con un gobierno tan débil y con una situación presupuestaria tan asfixiante. Y dar el salto a Madrid no le disgusta…

En tal caso, la siguiente en la lista es Isabel Nieto. Sería la primera mujer en la historia que asumiera la Alcaldía de la capital. Justo cuando otra mujer, Pilar Aranda, se pone al frente de la centenaria Universidad. Justo cuando Susana Díaz se convierte en la primera presidenta electa de Andalucía. Tiempos nuevos, sin duda, tiempos de cambio. Pero el desafío es compartido y no importa ni el sexo ni la edad: de momento, todos tienen ante sí el reto de demostrar que son tiempos para mejor.

De avestruces y cacerías

Magdalena Trillo | 31 de mayo de 2015 a las 12:09

Una avestruz de plástico esconde la cabeza en un huevo. Su huevo. A las fotografías de Chema Madoz les ocurre como a las viñetas de prensa: son calambres de realidad. Siempre hay más de lo que parece. Parten de mensajes amables y rutinarias imágenes de la vida cotidiana para desconcertar. Son provocadoras, coquetean con el equívoco y el despiste, nunca son inocentes. Son golpes de poesía, metáforas y paradojas que se transforman en balas de emociones directas a la razón.

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La sala Alcalá 31 de Madrid muestra hasta primeros de agosto la última obra del Premio Nacional de Fotografía con la retrospectiva Las reglas de juego. Madoz experimenta con los objetos pero son iconos de nuestras vidas lo que cuelga de las paredes. Miedos, enigmas y anhelos atrapados en la simplicidad del blanco y negro. La nube que descansa sobre el tronco del árbol -más apacible que aquella otra que enjauló en el infinito del cielo-, la cuchilla que marca las páginas del libro, la corchea que flota en el daiquiri, el dado de la suerte que se derrite sobre el cristal, el collar de perlas preciosas que somete y castiga a modo de impasible horca…

El artista mira a la naturaleza y nos regala poesía visual. La avestruz que ilustra el catálogo es inquietante. Por lo que constata y por lo que sugiere. Es el símbolo de la sociedad contemporánea. De nuestra actitud defensiva y de nuestra incapacidad. Cuando Mariano Rajoy compareció el lunes para analizar los resultados electorales yo no vi al presidente del Gobierno; vi una avestruz protegiéndose en el calor del huevo. Cuando Pedro Sánchez sale triunfante para hablar de pactos y de estrategias, sólo veo una avestruz sobre un huevo que no sabe cómo perforar. Cuando Pablo Iglesias y Albert Rivera irrumpen con mochilas cargadas de condiciones interesadas, de líneas rojas y exigencias partidistas, sólo veo a dos avestruces en busca de un huevo al que poderse encaramar.

El 13 de junio se han de constituir los ayuntamientos en España y, de momento, lo único que tenemos garantizado son los titulares. El PP se ha dejado en las urnas 2,5 millones de votos pero el mensaje oficial es de victoria aun siendo conscientes de que perderán el poder en comunidades clave y, en decenas de ciudades, serán triunfos amargos que no les permitirán gobernar. Se vendan los ojos ante el batacazo con la misma frivolidad con que se niegan a ver la desbandada de barones autonómicos que, ellos sí y contradiciendo a Rajoy, han decidido asumir su responsabilidad tras las elecciones del pasado domingo. El problema, por supuesto, (sólo) es de comunicación… Y lo resuelven con más oscurantismo, con ruedas de prensa sin preguntas -dos días le ha costado al líder andaluz aparecer ante los medios para no decir ni hacer nada sustancial y no admitir que se le interrogara- y con más política del avestruz y en diferido. Ya se reaccionará o no; y ya se contará o no.

La ceguera es compartida. Los socialistas se han puesto el traje de ganadores obviando dos realidades: el millón de votos que han dilapidado en esta convocatoria y el elevado precio que tendrán que pagar en las alianzas de gobierno. Lo de ser un partido “de mayorías” está muy bien como eslogan si en algún momento se cumpliera sobre el papel. No es lo probable.

A los dos grandes, a los del bipartidismo tocado y decadente pero no muerto, hay que reconocerles que al menos mantengan un huevo en el que esconderse. Podemos y Ciudadanos nada tienen de momento que conservar, así que su estrategia es claramente ofensiva y de desgaste. Han salido a cazar; de caza mayor. Atentos si no a los candidatos de Ciudadanos en Málaga y Almería que, con un puñado de votos, ya se han visto alcaldes. O giren la mirada a los movimientos de las marcas blancas de Podemos en su campaña de desalojo del PP.

La caza es un vicio de los viejos partidos que los nuevos asumen aunque sea, como en la obra de Madoz, metafóricamente. En España, si lo piensan, nunca hemos terminado de retratar bien el imaginario de la corrupción, de las presiones y de los juegos de poder. A los maletines negros del gánster norteamericano les faltaba el rifle de caza. Los maletines los hemos actualizado en forma de bolsos de Loewe pero seguimos teniendo una asignatura pendiente con el escenario cinegético. Empezando porque no sabemos si fue antes el huevo o la avestruz. ¿Es la caza la que incita a la corrupción o hay algo en los corruptos que los predispone a cazar? El PP de Valencia, desde la Gürtel a la trama de comisiones que acaba de llevarse por delante al delegado del Gobierno, podría servirnos de muestra de estudio. ¿No se amañan las contrataciones con la misma eficacia haciendo footing o jugando al golf?

En todo caso, ya estamos avisados: si ve a un político de caza, sospeche. La otra caza, la simbólica, puede resultar menos evidente pero es igual de peligrosa. Las cabezas de Griñán y Chaves ya descansan sobre bandejas de plata y ahora toca a nivel local. En Granada, Ciudadanos ha puesto precio al PP para dejar gobernar a Torres Hurtado: la cabeza de su concejal de Movilidad y ‘ejecutora’ de la LAC.

Todos son conscientes de que el nuevo mapa de transporte en la capital ha sido una bomba para el alcalde -la pérdida de votos en los barrios lo ha dejado con un resultado que no se conocía en la capital desde finales de los 80- pero personalizarlo en Telesfora Ruiz peca demasiado de efectismo mediático y de tacticismo político; era uno de los proyectos estrella de un equipo de gobierno (no de un área) y, si hay algo que se le puede reprochar a la edil es haber cumplido con solvencia y rigor el encargo. La LAC gustará más o menos, funcionará mejor o peor, pero se ha ejecutado lo que se decidió. Extraña por tanto que, puestos a pedir cabezas, el grupo de Luis Salvador no haya apuntado a lo más alto.

El futuro de Pepe Torres es, desde el pasado domingo, el que queda completamente desdibujado. La misma noche electoral anunció que, si no conseguía formar gobierno, daría un paso atrás y abandonaría la política. Matemáticamente podría enfrentrarse a una opción de gobierno cuatripartito en torno al socialista Paco Cuenca pero parece más factible una alianza directa con Ciudadanos o, lo más previsible, un gobierno en minoría como lista más votada con la abstención del partido naranja. El coste será alto antes del acuerdo, pero lo realmente duro llegará después cuando haya que gestionar una ciudad con cuatro formaciones en contra.

Como cabeza de cartel, Pepe Torres aseguró a su partido 14 concejales y se quedó con 11. ¿Debería dimitir? ¿Tiene la obligación, como líder del partido más votado, de buscar la estabilidad para Granada? ¿Aguantará? Perdida la Diputación, ¿lleva la regeneración el nombre de Sebastián Pérez como número 2 en las listas de la capital? ¿Podría darse tras las generales de noviembre un escenario de moción de censura que aupara a Luis Salvador como alcalde? Porque muchos recuerdan cuando Antonio Jara se hizo con la Alcaldía en un escenario sospechosamente parecido…

Vuelvo a la imagen de la avestruz. No es un huevo donde se esconde. Es una bola de cristal.

La partida seguirá el 25-M

Magdalena Trillo | 10 de mayo de 2015 a las 9:41

La partida seguirá el 25-M

Parque de las Ciencias. 18.30 de la tarde. Todos los candidatos a ocupar el sillón de alcalde en la Plaza del Carmen aceptan la invitación de Granada Hoy para presentarse ante los ciudadanos. Es una foto inédita. Desde que en 1979 se convocaron las primeras elecciones municipales de la democracia, nunca habían concurrido tantos aspirantes. Ocho jugarán la partida y seis salen con expectativas de obtener representación. Entre candidatos, asesores e ‘invitados’, en torno a treinta personas anticipábamos la tradicional pegada de carteles con este simbólico encuentro en uno de los espacios que mejor simbolizan el consenso institucional -no siempre fue así- y que representa la Granada moderna, de oportunidades y de futuro que todos defienden.

En la antesala de la larga campaña que se inició oficialmente la noche del jueves, probablemente habrá sido la única ocasión en la que han podido conversar. Algunos ni se conocían. Para esa cita no había que preparar el discurso pero sí las poses. Y los saludos; los sinceros y los que se colaban afilados con aprendidas lecciones de márketing y buenos modales. Torres Hurtado (PP), Paco Cuenca (PSOE) y Paco Puentedura (IU) ya unieron sus manos en la campaña de 2011 y han compartido vida municipal durante los últimos cuatro años. El ex senador socialista Luis Salvador, un clásico ‘renovado’, ha logrado posicionarse en la primera línea de la política local con su apuesta por Ciudadanos, el partido de moda, y confía en convertirse en la gran revelación de las urnas, justo el papel que desempeñó Mayte Olalla en las anteriores elecciones. La candidata de UpyD, que tiene el desafío de capear desde Granada el momento de hundimiento de su partido a nivel nacional, afronta un escenario más gris.

Con el mismo pronóstico de irrelevancia que se presenta para el Partido Andalucista y para Vox. Domingo Fuentes e Ignacio Nogueras, sus cabezas de lista, son más que conscientes del reto pero ninguno pierde la sonrisa. Ni la fe -en su caso justificamente necesaria- en lograr sumarse al ‘efecto sorpresa’… Aunque los vientos de cambio y novedad, lo asumen los tradicionales y lo aprovechan los emergentes, soplan mucho más caprichosamente hacia el naranja de Ciudadanos y hacia ese morado de Podemos que finalmente buscará su irrupción en la capital con la etiqueta blanca de Vamos Granada aliándose con Equo y diversos colectivos sociales y situando como candidata a la decana del Colegio de Abogados, Marta Gutiérrez.

Todos salen a ganar. El actual alcalde, que aspira a un cuarto mandato, ya ha dejado claro que va a por la mayoría absoluta y ha pedido a los suyos que no se amilanen, que lo reclamen abiertamente. Hace meses que desde su equipo de gobierno se advierte sobre la inestabilidad que supondría que la izquierda se uniera -en este caso PSOE e IU con Vamos Granada en lugar del PA- reeditando lo que, a su juicio, ha sido uno de los mandatos más convulsos en la historia reciente de la ciudad: el periodo 1999-2003 en que el socialista José Moratalla quebró el gobierno del ‘popular’ Díaz Berbel. El fantasma del desgobierno que planea sobre los 170 municipios de la provincia -se incorporan 2 localidades respecto a la convocatoria de 2011- con la misma incertidumbre que lo hace sobre los más de 8.122 ayuntamientos de toda España, sobre las diputaciones y sobre las 13 autonomías que concurren a las elecciones del 24-M.

El “miedo” al tripartito e, incluso, a un hipotético cuatripartito que uniera a todos los partidos (Ciudadanos se aliaría con la izquierda) en contra del PP. Es por ello que Torres Hurtado siempre dice que el PP sólo gobernará si llega a la absoluta. Sin embargo, en esta ocasión puede que no sea exactamente así. Hay alternativas. Por primera vez la derecha tiene un partido cercano y con opciones al que aliarse: el partido de Albert Rivera que, desde el discurso del cambio sensato y la moderación, ha frenado en seco las expectativas de crecimiento de los seguidores de Pablo Iglesias y se ha colado en todas las encuestas con unas estimaciones de voto impensables hace sólo unos meses. El estreno fue contundente en las autonómicas andaluzas del 22 de marzo y, a la espera de conocer la capacidad final de Ciudadanos para improvisar candidatos en la siempre personalista batalla local, las tendencias que vislumbran todas las encuestas situarían a Luis Salvador en una comodísima situación de ventaja como posible llave de gobierno.

Así se refleja en el sondeo que Granada Hoy publica hoy. Torres Hurtado pierde la mayoría absoluta y se sitúa diez puntos por debajo de los resultados de 2007 y 2011 que le auparon con sus actuales 16 concejales. Los socialistas consiguen blindar sus 8 ediles con un porcentaje de voto ligeramente superior al de hace cuatro años (aunque alejados aún de los 11 de 2003), IU pierde un concejal (solo Puentedura se mantendría en la Plaza del Carmen), UpyD se queda fuera y Vamos Granada y Ciudadanos entran con fuerza en el tablero con 3 representantes cada uno.

Es evidente que el clima de desafección hacia los dos grandes partidos por la corrupción y el desgaste de la crisis con los recortes y la austeridad pasarán factura a quienes han tenido que gestionar en los espacios de la administración más cercanos al ciudadano, pero son “circunstancias” que no pueden ocultar los méritos propios para la victoria o el fracaso y, al día siguiente de la votación, habrá que pedir coherencia para discernir cuánto aporta y cuánto resta la gestión personal frente a la marca de los partidos y los líderes nacionales. Y pedir responsabilidades. ¿Se imaginan dimisiones la misma jornada electoral como acaba de ocurrir en Inglaterra?

Si finalmente el PP pierde 4 concejales, Torres Hurtado tendrá que emplearse en la política del pacto y de su generosidad y talante dependerá en buena medida que sea la izquierda o la derecha la que gobierne en Granada los próximos cuatro años. Su alianza con Ciudadanos es la preferida según la encuesta elaborada por Commetia para todo Grupo Joly pero muy cerca se sitúa también el pacto entre PSOE, Vamos Granada e IU. En Andalucía, pese al bloqueo en el que estamos sumidos desde el 22-M para la investidura de Susana Díaz, no hay una propuesta alternativa de gobierno al PSOE pero en el horizonte que dibuja el sondeo a nivel local sí lo habría. Es, justamente, el panorama de acusada fragmentación del voto que se producirá en decenas de ayuntamientos y que obligará a viejos y nuevos partidos, a clásicos y emergentes, a sentarse a negociar y a tejer alianzas que pueden ser absolutamente imprevisibles. Más aún si tenemos en cuenta la multitud de ayuntamientos en los que concurren independientes. La sopa de siglas, como advierten los analistas desde hace meses, se convertirán en una de las notas más características de las elecciones de 2015.

Lo cierto, de momento, es la incertidumbre. Lo previsible, que la verdadera campaña de los políticos empezará el lunes 25 de mayo cuando tengan que dar forma al voto ciudadano, al de los siempre convencidos, al de los fugados y al de los reconquistados; al útil, al del desencanto y al de castigo. Como publicábamos en el arranque electoral, será una carrera de vértigo al 24-M y con múltiples incógnitas. Tal vez una de las más morbosas sea la del papel que desempeñará Luis Salvador. ¿Tiene “corazón socialista” como suele decir el alcalde? Porque, si de pactar se trata, ya les avanzo que el feeling con Torres Hurtado que se vio la tarde del Parque de las Ciencias está a años luz del que pareció tener con su ex compañero Cuenca… En las locales cuentan los partidos pero cuentan, sobre todo, las personas. En la foto de familia, ¿tal vez para despistar?, Luis Salvador insistía en colocarse a la izquierda de Pepe Torres…