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La mayoría de los ‘Millennials’

Magdalena Trillo | 10 de octubre de 2017 a las 9:13

Discrepo de quienes piensan que “no hay un espejo más deformador que el recuerdo”; sí que lo hay; es el espejo del aquí y del ahora. Ese que amoldamos a lo que necesitamos ver y creer; ese que nos permite huir de las contradicciones, de lo que nos incomoda, para situarnos en el confortable terreno de lo previsible y lo aceptable evitando el conflicto. Con los demás y con nosotros mismos.

Hace décadas que desde la Ciencia Política se diserta sobre la “espiral del silencio” advirtiéndonos de cómo transformamos y amoldamos nuestras ideas -y hasta el comportamiento- al clima de opinión dominante. Hoy podríamos ver la teoría de la politóloga alemana Noelle-Neumann en esa “mayoría silenciosa” que se ha convertido en pieza angular del procés catalán, esa que parece empezar a despertar tras el golpe de pragmatismo con que ha irrumpido el poder económico.

Hace tiempo que la corriente en Cataluña es férrea e incontestable: o estás con la causa o eres un “fascista”, un “traidor”. La respuesta era una: sumarte o callar. Y la consecuencia, previsible: por acción o por omisión, todo hemos contribuido a alimentar la espiral. Pero el aquí y el ahora siempre es movedizo y complicado.

Aunque la fuga de empresas y bancos tal vez pueda enfriar el desafío soberanista y obligar a Puigdemont a optar por una ruptura “en diferido”, será otra patada hacia adelante a un problema que ha crecido -también en silencio- con la complicidad de muchos y la irresponsabilidad de unos cuantos incendiarios.

Este fin de semana he cambiado las rutinas y he decidido situarme al otro lado para ver el conflicto desde los medios independentistas. Lo fácil sería ahora criticar sus informaciones sesgadas, su opinión tendenciosa y volver a mi burbuja. Lo honesto no puede ser más que reconocer que también allí hay gente sensata que defiende sus ideas desde la moderación e, incluso, se confiesa víctima de otra larga espiral del silencio: una corriente de control mayoritaria que los ha mantenido “callados” y a nosotros, ingenuamente a salvo del virus independentista.

El gran cambio, aquí también, viene de los millennials. Son ellos, los que no conocen el mundo sin redes sociales e internet, los idealistas, ambiciosos e impacientes, esa generación de jóvenes que lo quieren todo a la vez y ya, quienes mantienen el pulso en las calles y han conseguido darle la vuelta a la espiral. Con o sin Puigdemont, la indepe es de los millennials y no son una mayoría que se pueda silenciar.

El espejo de Blancanieves

Magdalena Trillo | 7 de octubre de 2012 a las 9:07

Leyendo un reportaje en prensa sobre esa “mayoría silenciosa” que está invocando Rajoy para legitimar la dureza de su política de ajustes -los propios ‘populares’ confiesan que no les gustan sus medidas pero entienden que son el “único camino” para salir del túnel- me cruzo con Blancanieves, con la odiosa bruja y el mágico espejo. Nada tiene que ver con Maribel Verdú y los estrenos del Festival de Donosti. Son los psicólogos, que tienen respuestas para (casi) todo. Del síndrome de Peter Pan al síndrome de la negación: si la realidad nos supera, callémosla; si no nos gusta lo que vemos en el espejo, miremos para otro lado. Sin asumir un mínimo de autocrítica; dispuestos a encontrar en “herencias recibidas” y contextos internacionales todas las razones necesarias para explicar la sordera de todo un gobierno.

“Si una minoría, fuese lo enérgica que fuese, prevaleciera sobre la razón y la voluntad de la mayoría, esta nación no tendría futuro como una sociedad libre”. Estas palabras las pronunció Richard Nixon en 1969 en medio de los violentos disturbios que desató la guerra de Vietnam. Hace más de cuarenta años, pero el trasfondo de la “gran mayoría silenciosa” que sirvió al entonces presidente estadounidense para escudarse del grito de la calle no difiere del que hoy se enarbola en España entre pancartas y cacerolas contra un Gobierno que gobierna a golpe de decreto: malestar, desencanto, impotencia. Rebelión. Con la Universidad, y los rectores, a la cabeza.

Al candidato republicano Mitt Romney no le gusta el “camino por el que va España”. A mí tampoco. Pero no por el equívoco y manipulado dato sobre el gasto público que arrojó esta semana en el debate con Obama insistiendo en la interesada imagen del despilfarro. No me gusta porque casi rozamos los 5 millones de parados, porque la economía sigue estancada y porque la política que tanto entusiasma a Alemania y a Bruselas no deja de esquilmarnos derechos, que no privilegios.

Cada día. Como las manifestaciones que tanto molestan a la delegada del Gobierno de Madrid. Más de 2.700 en la capital en lo que va de año; medio millar en Granada. “Modulemos las protestas” , propone Cifuentes. ¿Para silenciar la tensión social?, deberíamos preguntar. Porque, en tal caso, sería más efectivo hacer caso a Mayor Oreja y no permitir que se difundan para no despertar a esa opinión pública silente que está con Rajoy; esa “mayoría de españoles que no se manifiesta, no sale en las portadas de la prensa y no abre los telediarios”; esa ¿mayoría? que ocupa todo el espejo de Rajoy.

El problema, dicen, es que se bloquea el tráfico; que se “abusa” del derecho constitucional. ¿Pero abusan los ciudadanos o abusan quienes dan motivos para la movilización? Podemos poner el espejo boca abajo, podemos perdernos en debates estériles de bosques y hojas y podemos degradar aún más la “decadente” política llamando a los jueces “pijos ácratas“. Pero la realidad seguirá ahí. Con todos sus oscuros reflejos.

También podemos coincidir con la ‘enmienda a la totalidad’ que hace Antonio Tabucchi en Sostiene Pereira a cuenta de ese “invento americano” que es la opinión pública. Tal vez recuerden el incisivo debate entre el inseguro Pereira y su amigo Silva: “Nosotros somos gente del Sur y obedecemos a quien grita más, a quien manda. No tenemos sus tradiciones. Vivimos en el Sur y el clima no favorece nuestras ideas políticas“. ¡El clima! Un factor absolutamente genial con el que justificar el síndrome del espejo.

Porque los espejos, como bien saben los niños, nunca dicen la verdad. O dicen lo que queremos que digan. La magia de la imagen que diría Gubern; tan confusa y manipulable como efímera. Dos ejemplos de esta misma semana. El primero, la fotografía con el mensaje de “unión” y “responsabilidad” de los presidentes autonómicos prometiendo el cumplimiento del déficit público; en menos de 24 horas la reventó Artur Mas con altavoz y Griñán con sordina.

La segunda, el histórico estrechamiento de lazos comerciales entre España y Marruecos en la cumbre de Rabat; armonía con pies de barro. Sáhara, islotes, pateras o reforma de la PAC terminarán resquebrajando el espejo. En tantos añicos como ha saltado ya aquella España de las autonomías que se construyó sobre un ‘café para todos’ que hoy, aunque nos neguemos a verlo, es claramente insuficiente. No me gusta Romney, ni lo que es ni lo que representa, pero estoy de acuerdo en algo: si el camino de España es darle la vuelta al espejo, yo tampoco lo quiero.