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25 años sin AVE

Magdalena Trillo | 23 de abril de 2017 a las 9:23

Nada significa una gran efeméride si no reúne dos condicionantes básicos: dinero para invertir y gestión eficaz. Lo primero garantiza el éxito del momento y resulta clave para determinar en qué escala se mueve la celebración -si pasa sin pena ni gloria para la ciudad o termina siendo un “antes y un después”-; lo segundo es clave para no desperdiciar la oportunidad y traducir el impulso del acontecimiento en una transformación profunda y a largo plazo. Sevilla lo hizo en 1992 con la organización de la Expo y la llegada del AVE. Hace 25 años; justo ese cuarto de siglo que hemos vuelto a celebrar esta semana con la conmemoración de la conmemoración.

Es una manera de volver a explotar el gancho. En diferido. Pero ahora se invierten los papeles: la celebración roza lo protocolario y el análisis, la radiografía del momento, ocupa el foco central del retrovisor. Puede que la lectura final sea agridulce, que se haya caído en cierto adormecimiento y conformismo, que los desafíos sean hoy de más alcance incluso que en aquellos boyantes años 90, pero Sevilla dio un salto de modernidad y sentó una posición de liderazgo e influencia como capital de Andalucía que ha tenido un impacto innegable para el resto de provincias andaluzas y para el conjunto del país.

Granada, fiel a su historia de regocijo en el agravio, siempre ha mirado aquella Expo de reojo: demasiado protagonismo para los hispalenses cuando se trataba de rememorar el quinto centenario del Descubrimiento de América sin contar con una ciudad que fue clave y que entonces quedaba relegada al papel de invitada; y demasiadas inversiones para una Andalucía Occidental que abría una brecha de desigualdad con las provincias orientales que no se ha dejado de alimentar en toda la etapa de autogobierno.

Hasta la irrupción de Málaga en el jugoso pastel del turismo cultural, a Granada casi le ha valido con sacar músculo de su patrimonio, con contemplar la Alhambra, para deslizarse sin complejos siendo espectadora de la rivalidad entre Sevilla y la pujante capital de la Costa del Sol. Hemos dedicado décadas a lamentar el “centralismo sevillano” y hacer demagogia con el “Sevilla nos roba” -resulta increíble cómo ha calado en la población la idea de que la Alhambra se gestiona y explota a la sombra de la Giralda- sin darnos cuenta que los puntales del desarrollo se disputaban en otra división. En la de las grandes infraestructuras. En las de la modernidad, el desarrollo y la movilidad.

Tardamos demasiado tiempo en darnos cuenta de que engancharnos al mapa español de la Alta Velocidad era una irrenunciable oportunidad de progreso y de transformación. Tanto como lo ha sido el aeropuerto para Málaga y como lo está siendo el AVE para las ciudades que han sido capaces de sortear los incumplimientos de promesas, las demoras y los ajustes de presupuestos.

No habían llegado los 25 años del AVE y de la Expo cuando Manuel Chaves, siendo presidente de la Junta, quiso compensar a Granada con una percha sobre la que colgar inversiones: el Milenio. Se trataba de celebrar los mil años de la fundación del Reino de Granada, pero 2013 era ya un año gafado. Enterrado por la crisis. Y fue un fiasco. Como lo ha sido después la Universiada. Efemérides marcadas por la polémica que ni fueron brillantes en su día ni han dejado un legado que podamos reconocer.

Ahora se ha vuelto a activar el calendario hacia el 2031 con un doble enfoque: la carrera de la Capitalidad Cultural y los cinco siglos de la Universidad de Granada. Pero el interrogante sigue siendo el mismo que hace un cuarto de siglo con la Expo y hace cuatro años con el Milenio: ¿nos conformamos con una buena sesión de fotos o contaremos, esta vez, con una buena cartera de inversiones que garanticen un mínimo reequilibrio territorial y una verdadera transformación en la ciudad?

Hace precisamente 25 años que Granada estrenó uno de los pocos proyectos que han tenido cierto recorrido: el Palacio de Congresos. Lo contamos hoy en el amplio informe que reconstruye aquel 1992 que, en el plano turístico, supuso un impulso al sector sin precedentes. Ese “antes y después” que se nos sigue resistiendo con el AVE.

Cosas de Granada

Magdalena Trillo | 14 de abril de 2013 a las 10:41

La frase “las cosas del alcalde” con que más de uno -de la bancada de la oposición, pero también de la propia- zanja las ‘salidas’ incómodas de Torres Hurtado se queda corta para ilustrar ese punto de irreversible bloqueo que arrastra cada iniciativa ambiciosa que se pone en marcha en Granada. No es fatalismo; son datos y fechas. AVE, Milenio, Universiada… Repaso las hemerotecas y encuentro material más que suficiente para montar una exposición. Pero de carocas en Bib-Rambla. De la denuncia al despropósito. De lo cómico al esperpento.

La obcecación en exceso, digámoslo así, siempre ha sido una dificultad para negociar; pero no sólo las posturas encontradas y la falta de dinero congelan los proyectos. Vayamos por partes. La idea de ubicar la futura estación del AVE en el Cerrillo de Maracena no deja de responder a un viejo convencimiento de Torres Hurtado sobre el uso que debe darse a los terrenos de Andaluces: un gran parque y, por qué no, algún que otro pisillo. Tendremos tiempo de comprobar si hay detrás un “pelotazo urbanístico”, pero no debería sorprendernos que el alcalde, en cuanto ha tenido una excusa tan elocuente como el “no hay dinero” del Ministerio, haya querido tumbar el proyecto de Moneo que tanto cabreo le suscitó en su día y recuperar ‘su’ modelo de ciudad.

Digo el suyo porque aún no sabemos si su partido opina lo mismo y mucho menos Madrid. Es la vertiente más oscura del Pacto de Granada que hace un mes impulsaron Teresa Jiménez y Sebastián Pérez para sacar de la batalla política infraestructuras y proyectos vitales para el desarrollo de la provincia y que esta misma semana se ha puesto en marcha con las primeras reuniones de las mesas técnicas. Siendo tremendamente positiva y, conociendo la buena fe de todas las personas que se hicieron la foto, me atrevería a pronosticar que habrá resultados. Y pronto. Pero con una gran duda: ¿tienen capacidad de decisión, y de resolución, las personas que se han sentado a negociar?

Mi optimista lista de consensos.

Uno: Granada merece un AVE de primera, que esté operativo en 2014 y que nos lleve a Madrid en tres horas y media. ¡Por unanimidad! ¿Pero sabemos qué dice Ana Pastor -y sus técnicos- sobre la variante de Loja y sobre la nueva estación del alcalde? ¿Alguien recuerda algún caso de Torres Hurtado rectificando?

Dos: acabar la obra del Centro Lorca y abrirlo al público antes del verano. ¡Por unanimidad! ¿Pero se puede acordar cómo se paga el sobrecoste y cómo se va a financiar cuando se ponga en marcha en un foro en el que no está ni la Consejería ni el Ministerio de Cultura?

Tres: hay que resolver todas las dificultades técnicas para que se celebre la Universiada. ¡Por unanimidad! ¿Y el lío de La Ragua? ¿Se adapta el Parque Nacional a las exigencias de la competición? ¿Podemos solucionar desde aquí que el plan B, Candanchú, esté en quiebra?

Cuatro: impulso al Milenio como la gran oportunidad de progreso para Granada. ¡Por unanimidad! Y así fue en 2007 cuando lo anunció Chaves imaginándose ya montado en el AVE para la inauguración…

No voy a negar el valor de la colaboración (para hacer política, para gobernar, lo primero es saber qué se quiere hacer, cómo y contar con todos los actores necesarios), no querría pecar de escepticismo (son catorce los temas que se están abordando y no todos tienen el mismo nivel de dificultad) y tampoco voy a minusvalorar la importancia del consenso (dados los precedentes de incomunicación, el simple hecho de que los dos grandes partidos estén dispuestos a negociar es ya un tremendo avance). Sin embargo, hay dos cuestiones que me preocupan: la fiebre por el pacto que se ha instalado como supuesta fórmula mágica para resolver todos los problemas y la enorme distancia que seguirá separando la foto del acuerdo de la realidad. En Andalucía ya se han alcanzado dos valiosos pactos por el turismo y la cultura -con la implicación de todo el sector-, pero nada sabemos aún de memorias económicas y recursos para llevarlos a cabo y, mucho menos, de cómo se ha pensado lidiar con Madrid…

Prefiero el pacto al decreto ley pero prefiero, por encima de todo, el pragmatismo y la eficacia. Ni puede seguir gobernando en España el Constitucional ni podemos seguir quemando con falsas expectativas la poca confianza hacia la política que nos queda. Por eso pregunto: ¿compromete al bipartito de la Junta lo que aquí decida el PSOE de forma bilateral con el PP? ¿Hay alguien en Granada, en el PP, en sus instituciones que realmente tenga línea directa con el Ministerio y sepa qué quiere hacer con el AVE? Cosas del alcalde, cosas de Granada.

Milenio, hablemos claro

Magdalena Trillo | 9 de diciembre de 2012 a las 11:13

Punto uno: prioridades. A un mes de la conmemoración, por sorpresa, la Junta nombra a Francisca Pleguezuelos delegada del Gobierno andaluz en Bruselas y descabeza el Milenio. Parlamentaria europea entre 2005 y 2009, es una de las políticas que mejor conocen la trastienda de la Comisión justo cuando se está negociando el nuevo presupuesto. Andalucía se juega mucho y ella es un valor seguro. Ninguna objeción sobre la apuesta de la Junta; al contrario. Como granadinos nos tenemos que alegrar. Y lo hacemos aun siendo conscientes del nuevo golpe que supondrá esta decisión para un proyecto que lleva cinco años gafado. Cuando Chaves propuso celebrar los mil años de la fundación del Reino de Granada como excusa para invertir en la provincia, aún se gobernaba a lo grande y se anotaban en la agenda proyectos millonarios. El Teatro de la Ópera, el gran Parque de la Vega, la reforma del Banco de España, el Metro, el AVE…

Así se pintó 2013. Luego llegaría la crisis, la austeridad y los recortes. Y tuvimos que descubrir que la Granada de 2013 se había dibujado con carboncillo. A la marcha de Jerónimo Páez del Legado Andalusí siguió la etapa fallida de David Aguilar y, sólo a partir del verano de 2010, con el ‘fichaje’ de Pleguezuelos, el Milenio ha tenido un mínimo recorrido. Se puede cuestionar si acertado o no y podemos preguntarnos a qué programa y concepto de conmemoración responde un concierto de Sting, una Campus Party o un partido de la Selección. Pero ahí están. Se ha ‘movido’ el nombre de Granada y se ha proyectado la imagen del Milenio.

Decía Pleguezuelos cuando asumió el “marrón” que su idea era la de un Milenio social y participativo que debía ser sinónimo de desarrollo económico y turístico para Granada, un Milenio que se proponía abrir a África, la UE, Latinoamérica y EEUU. Demasiado ambicioso entonces y absolutamente irreal hoy. Pero admitiendo que el Milenio ni ha cumplido expectativas ni podrá remontar en 2013 en plena recesión, hablar de “canonjía política” como ha hecho el alcalde o emplearnos con el látigo de la autodestrucción hundiéndonos en el fango de las sospechas y descalificaciones resulta excesivo.

Pleguezuelos nunca ha ‘mendigado’ un puesto en Bruselas para jubilarse. No le hace falta (tiene 62 años y 39 cotizados), no necesita que el partido la ‘coloque’ ni huye del Milenio porque haya fracasado. Nadie ha pedido su cabeza ni hay listas de espera para relevarla en lo que, sin duda, será un suicidio controlado. Si pensamos en el 40% de paro al que puede llegar Granada en 2013, tal vez sea más fácil entender las ‘prioridades’ de la Junta: cómo salir de ésta si no es con respiración asistida comunitaria. Desde luego, no será con el empleo que genere nuestro inexistente tejido productivo…

Punto dos: el relevo. Mañana se reúne Pleguezuelos con Susana Díaz para definir la estrategia en Bruselas y será la consejera de Presidencia junto a Mar Moreno y Teresa Jiménez quienes acuerden el nombre de su sustituto en el Milenio y en el Legado. El socialista César Girón ya se está posicionando (se proclama ‘padre’ del Milenio aunque en el origen del proyecto que Claret ‘vendió’ a Chaves también estaba Miguel Ángel Pinto) y desde que se anunció la efeméride tiene una espina clavada. Aunque seguro que aceptaría y tiene un perfil solvente, hay quienes lo ven como una bomba de relojería recordando su ‘estampida’ del Ayuntamiento. Jerónimo Páez jamás aceptaría, políticas de ‘confianza’ como García Raya o Cándida Martínez tendrían mucho que pensar y las dos horas de reunión que Melchor Saiz-Pardo pasó el otro día con Pleguezuelos en su despacho son más que sospechosas…

Punto tres: el Legado Andalusí. Descontando el bloof del Milenio, lo que habría que aclarar cuanto antes es si realmente hay una operación por parte de la Junta para llevarse la fundación a Sevilla . En el Parque de las Ciencias quedaría un escaparate, el Pabellón Al-Andalus, y la institución como tal se gestionaría en la capital andaluza. Paulino Plata ya propuso en su día transformar el Legado en una fundación al estilo de la SECC. Hablaba de la Fundación Andaluza de Patrimonio Histórico y proponía extender su acción a toda la historia de la región sin restringirlo a la época árabe. Nunca desveló desde dónde…

¿Se imaginan? Si la segunda parte de la serie ‘Isabel’ tiene el éxito esperado, Granada acabará en 2013 celebrando la Reconquista y perdiendo otra seña de identidad más: su historia andalusí y su papel con el mundo árabe. Sin liderazgo político, sin liderazgo económico, sin liderazgo cultural. Aquí sí hay motivos para preocuparse.

Líneas rojas

Magdalena Trillo | 25 de noviembre de 2012 a las 9:22

En China puedes comprar un niño por 23.000 euros; las mafias de Malasia, Camboya o Filipinas los roban para los pederastas y los sitúan en el mercado a 6.000. En Asia hay jóvenes dispuestos a dejarse extirpar un riñón por 2.800 euros para conseguir un iPhone; Wang lo hizo con 17 años y aún puede embolsarse los 2,27 millones de yuanes de indemnización que su abogado reclamó este verano en el juicio. Al día siguiente de la operación ya sufría problemas renales. En España el Gobierno quiere ‘vender’ permisos de residencia a los extranjeros que compren casas de más de 160.000 euros y nos asustamos… Irlanda lo practica desde marzo exigiendo una inversión privada de 500.000 euros, Italia recompensa a sus extranjeros ‘ricos’ con un visado de 5 años, en Estados Unidos es una tradición y Portugal lo acaba de implantar para quien inyecte en el país un millón de euros, adquiera una propiedad de medio millón o monte una empresa que genere al menos 30 puestos de trabajo.

Reconozco que es preferible seguir pensando que vivimos en una ‘economía de mercado’ que admitir que somos nosotros mismos los que nos hemos puesto en venta. Atravesando todas las líneas rojas que hasta ahora habían protegido esta sociedad de libertades y derechos que habíamos construido sobre los débiles pilares del sistema democrático. Siglos de luchas ha costado defender que la igualdad, la salud, la educación o la justicia son un derecho, no un privilegio, para terminar dándonos cuenta de que son mercancía. Porque no vivimos en una economía de mercado; vivimos en una sociedad de mercado.

Y de cloacas. Los catalanes están llamados hoy a votar en las urnas entre dos nacionalismos que han arrastrado la campaña electoral entre la inmundicia del fango. De las instituciones a las fuerzas de seguridad; de la política a los periódicos. Con calumnias, medias verdades y manipulaciones que han terminado desmontando todos los diques de contención de la ética y la decencia profesional. En Andalucía, el vergonzoso dictamen de los ERE ha venido a confirmar lo que se temía: que las comisiones de investigación son un fraude y que nadie en este país está dispuesto a asumir un mínimo de responsabilidad política. Cerramos diez años de saqueo a la Administración utilizando como cabeza de turco a un ex director general aficionado al gin-tonic. No se entiende ni en las bases socialistas. Tomo prestada la reflexión de un amigo: ¿qué sabrá el ex consejero Viera, qué poder seguirá teniendo, para que no se haya producido (sugerido) ya una dimisión honrosa?

De Cataluña a Andalucía, los ejemplos empiezan a ser ya demasiados. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por una victoria? ¿A qué saldo permitimos que cotice la política? ¿Y un sillón en el Senado? ¿Y un titular de portada? ¿Y un bastón de mando? Si nos quedamos en Granada, basta comprobar cómo el despropósito se ha contagiado esta semana de Santa Fe a Armilla. Y con la inevitable conclusión de que todos son iguales, porque el guión que están siguiendo socialistas y populares es parecido pero a la inversa: en los dos municipios ‘gobierna’ la oposición, en los dos casos son los tránsfugas los que marcan el paso y, lamentablemente, el horizonte es igual de sombrío para los dos ayuntamientos. Santa Fe pidiendo al Gobierno que autorice elecciones anticipadas y Armilla viviendo el día después de una moción de censura frustrada por la intervención de un juez. Podríamos baremar quiénes tienen más o menos responsabilidad pero el paisaje final es idéntico: bloqueo, desgobierno y estupor entre los ciudadanos. ¿Para esto vamos a votar?

Ni siquiera las aspiraciones se escapan del macabro juego de los mercados. Tal vez haya parte de conformismo, pero mucho más de desilusión. Contamos hoy cómo, al mismo ritmo que ha ido subiendo el paro, bajando las inversiones y creciendo los recortes presupuestarios, se “ha ido desinflando” esa Granada del futuro que debía compensar décadas de agravio. La ‘percha’ del Milenio se tambalea sin que sepamos aún muy bien qué quería ser de mayor y, si nos despistamos, Granada celebrará su Universiada en Candanchú. Sumen todas las decepciones que quieran. Hasta la esperanza cotiza a la baja. Sin saber aún muy bien si “lo peor” ya ha pasado como dice Rajoy o “está por llegar” como intuye Griñán, 2013 amenaza con deslizarse en el calendario entre nubarrones de consecuencias inciertas y, lo más preocupante de todo, ninguna línea roja que cruzar.

Universiada, ¿por qué no?

Magdalena Trillo | 9 de octubre de 2011 a las 8:28

En el Centro Lorca aún no sabemos en detalle ni cuánto dinero falta para terminar el edificio. La comisión técnica ha concluido esta semana el informe prometido pero no se dará a conocer hasta que se presente al Consejo Rector; de momento, sin fecha. Las obras del Metro siguen empantanadas y la financiación se complica ahora un poco más: la Junta no puede avalar el crédito de 260 millones que iba a ‘salvar’ la infraestructura y sólo queda la esperanza de ver reflejados en sus presupuestos de 2012 los 130 millones que exige Europa para liberar la inversión. Mientras tanto, malabarismo financiero y desesperación.

El AVE, por más que ajusto los plazos, no logro verlo en Granada en 2013 como quieren los socialistas. Como mínimo en 2014 y, por supuesto, sin estación. Más aún cuando el Ayuntamiento ya ha advertido que no va a seguir acudiendo a reuniones para hacer el “paripé” y que esperará a que Rajoy gobierne en Madrid y Arenas en la Junta para resolver sus grandes proyectos. No obviaré que esta misma semana Fomento ha adjudicado el primer tramo de la variante del AVE por Loja y que la Junta ha aprobado una partida de 30 millones para el Metropolitano. Pero seamos realistas; no es suficiente. Sólo falta que Bruselas anuncie oficialmente que el Corredor Ferroviario no pasará por la Costa de Granada para sumirse en la depresión. Aunque parece difícil, aún queda la esperanza de que no se quede en Cartagena –como filtraba esta semana un diputado de CiU– y llegue hasta Algeciras pasando por el interior de la provincia. Sería, al menos, medio fracaso.

Si a la radiografía de grandes proyectos enquistados sumamos los retrasos de la A-7, recordamos que el Teatro de la Ópera ya duerme el sueño de los justos, que la crisis ha cortado las posibilidades de inversión millonaria que prometía el Milenio, sólo nos queda llorar. O rezar.

Como soy optimista y algo escéptica con las intercesiones divinas, no voy a hacer nada de ello. Busco un resquicio de ilusión y, cosas de la vida, lo encuentro en la Universiada. Los culpables tienen nombre: Aurelio Ureña y Pablo Luque. Me han convencido. ¿Síndrome de Estocolmo? Tal vez. Después de dos horas de conversación, y de someterlos al tercer grado (informativamente hablando), me pongo la camiseta.

Aparte de fotos de familia y buena voluntad, pocas realidades se han logrado en los dos años que ya han trascurrido desde que Bruselas designara a Granada como sede de la competición. La vuelta del verano sólo ha traído malas noticias: la escandalosa pérdida de una subvención europea, el retraso en el pago del canon exigido por la FISU y la dimisión del hasta ahora consejero delegado, Francisco Sánchez Montes. Siendo sincera, la situación era tan crítica que el titular que esperaba para noviembre (fecha clave porque termina el plazo para pagar las cuotas) es que la Federación se replanteaba la designación y buscaba otra ciudad para acoger los juegos.

Ahora creo que hay una oportunidad. Está difícil, muy difícil, pero hay margen. Hace veinte días que Ureño y Luque se pusieron al frente del proyecto y no me pregunten cómo pero, a pocas semanas del 20-N, ya se han reunido con los interlocutores directos de las cuatro administraciones organizadoras y ya están viendo sobre planos cómo “redimensionar” la Universiada para garantizar la celebración de las pruebas con el menor coste posible (reorientando las infraestructuras previstas para que sean un legado deportivo viable para la ciudad y explotable para la iniciativa privada) y cómo lograr que tenga el mayor impacto posible en la generación de riqueza en la región y en la proyección de Granada como destino turístico y deportivo de primer nivel.

Parten con cierta ventaja: al margen de penalizaciones, es a nuestros políticos a quienes ya no les queda margen para asumir el ridículo y la imagen de incompetencia que supondría otro fiasco. De momento, la Universiada es el único acontecimiento deportivo internacional que hay convocado en 2015. No es el Mundial de Fútbol, no nos sacará de la pobreza ni será la solución para los cien mil parados granadinos, pero es lo que hay. Por qué no empezar creyéndonoslo.

Saber perder

Magdalena Trillo | 3 de julio de 2011 a las 9:37

No sé qué hacer con la camiseta de Olas de energía ciudadana que tengo en el armario. Soy cordobesa y Donosti nos ha arrebatado el sueño de la Capitalidad Cultural. Nada me hubiera gustado más (y nada me hubiera dado más envidia viviendo en Granada) que escuchar al presidente del jurado pronunciar el nombre de Córdoba. No tengo ninguna duda sobre su potencial como destino cultural, sobre el apoyo ciudadano ni sobre la solidez del proyecto. Pero empiezo a preocuparme… Si continúa la escalada de movimientos ‘a lo Belloch’, ¿alguien puede acusarme de hacer apología del terrorismo por lucir mi camiseta?

La Capitalidad es un concurso. Uno más. Politizado. Como todos. Desde las Olimpiadas y los Mundiales de Fútbol hasta Eurovisión. Y, como en todos los concursos del mundo, la participación es libre, se conocen las reglas de juego y se asumen las consecuencias. También las políticas. Y las presiones. Cuando benefician y también cuando llevan a la frustración. No me gusta que Bildu gobierne en San Sebastián y, como a tantos, me pareció un error su legalización por el TC pero, honestamente, no puedo más que aplaudir su designación como Capital Cultural Europea para 2016. Es verdad que hubiera sido menos conflictivo, y más justo, que el jurado no hubiera ‘explicado’ la designación por una cuestión política. ¿Se debe impugnar por ello la candidatura y reclamar que se revisen los proyectos? ¿Hubiéramos aceptado deportivamente la propuesta con el anterior equipo de gobierno? ¿Nos parecerá bien en 2016 si es el PNV quien se ‘aprovecha’ de la declaración?

Granada ya se quedó con su derrota cuando Madrid arrebató el sueño de la Capitalidad en 1992. Y con la desilusión de ver cómo el Cristo Redentor de Río de Janeiro se convertía en Nueva Maravilla del Mundo Moderno dejando fuera a la Alhambra. Fue un 7 del 7 de 2007 cuando la Fundación Weber anunció en Lisboa el resultado del concurso. Más de cien millones de votos y, cuentan, algún que otro maletín… Lamentablemente, empezamos a sumar una larga tradición de fracasos. Los últimos, a cuenta de los Campus de Excelencia. Aún seguimos lamiéndonos las heridas viendo cómo despega el proyecto de Málaga y Sevilla.

En 1992 al menos hubo premio de consolación. Nos otorgaron el título honorífico de Capital Cultural de Andalucía. Ahora lo proponen para Córdoba. ¿Se lo van a quitar a Granada? Si Málaga recupera su proyecto para la siguiente edición y pierde, ¿también se nombra Capital Cultural? ¿Y Sevilla? ¿Hacemos otro concurso regional para ver quién se lo merece más? ¿Nos rotamos el título a golpe de derrotas?

Uno de cada cuatro turistas que visita Andalucía lo hace por nuestra oferta cultural. Por el atractivo de sus capitales y ciudades como Ronda, Úbeda y Baeza. Miles de visitantes que generan unos ingresos anuales superiores a los 2.200 millones de euros. El potencial lo tiene Andalucía, como destino global, como región, y no parece que el camino sea generar (más) agravios entre provincias.

Además. Seamos francos. No hay dinero. Y, si lo hay para Córdoba, que explique la Junta por qué el Centro Lorca sigue sin abrir sus puertas (se debió haber inaugurado hace un año y aún hoy buscan el modo de terminar la obra), por qué Granada no puede tener un Teatro de la Ópera (el proyecto del japonés Kengo Kuma sigue durmiendo en algún cajón), por qué no se resuelve el conflicto del Centro Guerrero, por qué se mendiga con el Milenio, con la OCG y con el Festival de Música y Danza o por qué se retiran todas las ayudas a iniciativas de tanta tradición como el Festival de Jóvenes Realizadores.

El título ‘oficial’ de la Capitalidad se traduce en fondos europeos para la ciudad elegida, inversiones del Ministerio y se anima a la iniciativa privada. Hubiera ganado Córdoba, Granada y Andalucía. ¿Alguien puede explicar para qué ha servido el título de consolación del 92?

El futuro del Milenio, y del Legado…

Magdalena Trillo | 15 de agosto de 2010 a las 11:46

FRANCISCA Pleguezuelos se ha puesto al frente del Milenio y del Legado Andalusí con el látigo, el reloj a cero y el cronómetro en marcha… Ya se han publicado las bases del concurso público para diseñar el logo de la conmemoración, en su libreta empieza a sumar números con los primeros patrocinadores que ‘creen’ en el proyecto y, justo después del verano, tendrá un propuesta “solvente” para celebrar los mil años de la fundación del Reino de Granada.

Se lo prometió a Teresa Jiménez cuando se puso su nombre encima de la mesa para sustituir a David Aguilar. Sus planes eran otros: aires nuevos, aunque en Barcelona, bien alejada de los líos de la capital. Pero Paca es mujer de partido. Socialista ‘de cuota’, sin complejos, y feminista hasta la médula. Orgullosa y con una voluntad de hierro. Capaz de lograr el consenso social y político (por este orden) que requiere el proyecto y dispuesta a movilizar a media Europa, incluida la ‘oposición’, para cumplir su palabra. Y su palabra es una: que el proyecto va a salir.

Los de siempre ya la critican y otros muchos creen que es la persona que necesitaba el Milenio. El propio ex rector lo dijo en enero cuando tiró la toalla tras aguantar año y medio de ninguneo institucional. Volvió a su universidad y situó el problema: la conmemoración debía recaer “en un representante político” que pudiera coordinarla “con eficacia”.

Pleguezuelos ha llegado con fuerza y con ilusión, pero los retos, los problemas y las polémicas son las mismas. Para empezar, el lastre de tres años de olvido, de fracasos y de promesas incumplidas que han creado una tremenda desconfianza política y social. En segundo lugar, unos ajustes presupuestarios que amenazan con descafeinar la conmemoración y frustrar las expectativas lanzadas sobre el Milenio que se vendió como excusa para invertir en la provincia y recuperar tantos años de agravios.

Reconozcamos que, en pocas semanas, la ex eurodiputada ha sentado las bases del proyecto: un Milenio social y participativo que quiere vincular a la Alhambra y al Albaicín como señas de identidad, un Milenio que debe ser sinónimo de desarrollo económico y turístico para Granada y un Milenio que se propone abrir a África, a Europa, a Latinoamérica y a EEUU.

Ambicioso, sin ninguna duda. Pero también irreal si no hay un respaldo decidido de la Junta. Hablamos de dinero y, más aún, de voluntad. Voluntad es, por ejemplo, la idea que acaba de lanzar Paulino Plata de transformar el Legado Andalusí en una “especie de agencia” que, al estilo de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), coordine todas las celebraciones previstas en Andalucía para los próximos años: el Milenio, pero también el Bicentenario de Cádiz, La Batalla de las Navas de Tolosa… Elconsejero de Cultura habla de una Fundación Andaluza de Patrimonio Histórico y propone extender las competencias del Legado a toda la historia de la región sin restringirlo a la época árabe.

Tras el fallido proyecto de crear una macroagencia cultural (la polémica fundación en la que se pretendía diluir a la Alhambra), este proyecto parece un nuevo intento de transformar el modelo de gestión pública en Andalucía con criterios de eficacia y eficiencia. Aunque necesario, urgente deberíamos decir, tal vez habría que empezar por el principio: ¿Es un globo sonda? ¿Sabemos realmente qué queremos hacer con el Legado? ¿Es el fin del proyecto que ideó Jerónimo Páez hace 25 años? ¿Es una huida hacia delante para dar sentido al tremendo presupuesto que se ‘come’ la institución?

Cuando Pleguezuelos asumió el reto de asumir el ‘marrón’ del Milenio puso una condición: contar con el equipo y la estructura del Legado. Sólo un año antes, su propuesta hubiera sido inviable. Sin embargo, la marcha de Páez dejaba el camino libre. Ahora, lo que está sobre la mesa no es sólo el futuro del Milenio. Es también el futuro del Legado. Y la primera pregunta sólo puede ser una: qué se pierde y qué se gana. Cuál es la letra pequeña.

 

Milenio: Un voto de confianza

Magdalena Trillo | 30 de noviembre de 2008 a las 19:23

Optimismo, pero con cautelas. Un año después del anuncio, el Consejo de Gobierno celebrado el 18 de noviembre en Granada reduce el espacio para las dudas: hay voluntad política, el marco jurídico elegido para poner en marcha el Milenio convence a todos y David Aguilar, la persona que se pondrá al frente del consorcio, tiene la capacidad de gestión y el espíritu de diálogo que precisa el proyecto.

 

Los primeros pasos han sido firmes. Sin embargo, aún tendremos que esperar a que se defina el programa para saber si el Milenio responde realmente a las expectativas creadas. Tras la comparecencia de Chaves en el Parque de las Ciencias quedaron dos cosas claras.

 

En primer lugar, que el gran Parque de la Vega sigue adelante como ‘proyecto estrella’ sin que de momento se haya vislumbrado ninguna otra iniciativa que pueda responder a la tremenda ilusión que Granada ha puesto en la efeméride.

 

En segundo lugar, que a la Junta le sale bien caro celebrar el Consejo de Gobierno en esta ciudad: el presidente compensó la falta de anuncios llenando de ‘millones’ su intervención. Se aprobaron actuaciones por más de 132 millones: vivienda y turismo centrarán las inversiones en una quincena de municipios y se crearán cerca de dos mil empleos.

 

Políticamente, el balance ha de ser mucho más positivo. Hace sólo unos meses, el Ayuntamiento, con el equipo de gobierno del PP al frente, se había convertido en el protagonista del Milenio. Y también de los acuerdos, ya que hasta se llegó a consensuar con la oposición un documento con 19 propuestas para la celebración. Ahora, el Milenio recupera su espacio. De consenso, abierto a la participación, pero liderado por quien legítimamente lo ideó.

 

Lo que sí habría que criticar es que se intente aprovechar la celebración para ‘vender’ infraestructuras pendientes y comprometidas hace años. ¿El AVE para 2013? Sí, pero ya estaba previsto. Y lo mismo se puede decir del Metro y de la ampliación del aeropuerto. Esperamos algo más. Proyectos que nos ilusionen y que no se limiten a compensar trenes perdidos.

 

Es verdad que en estos momentos hay razones para creer, pero también existe el riesgo de que sea un fiasco. Me aseguran en la Junta que los proyectos y las inversiones concretas “llegarán”.

 

Confiemos, pues, y seamos optimistas. Lo apoyaremos. Pero sin cheques en blanco.