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Y por encima de todo, felices

Magdalena Trillo | 7 de diciembre de 2014 a las 10:30

No sólo las temperaturas se han desplomado en los últimos días. Si ha ido a repostar, se habrá sorprendido al llenar el depósito por diez euros menos que al principio del verano. Pero no se alegre demasiado… No mire el tique del supermercado y mucho menos la factura del teléfono, la luz, el agua o el gas. Tampoco se le ocurra comparar lo que ingresa a final de mes -desde el comienzo de la crisis los granadinos hemos perdido una media de 1.400 euros al año por las políticas de ‘moderación’ salarial- y no espere demasiadas sorpresas ni con la bajada de impuestos prometida por el Gobierno para animar las citas electorales de 2015 -antes de que lo hayamos notado los habrán vuelto a subir- ni con los programas de ayudas con que se siguen parcheando los agujeros negros que compiten con el interminable de Bankia: el ‘auxilio’ para los parados de larga duración, las menguantes becas para jóvenes, las buenas intenciones para los discapacitados, los compromisos de no discriminación salarial para las mujeres…

Las alegrías son siempre relativas; pero no menos que la desesperación. No tenemos que recurrir a las previsiones de los hosteleros para comprobar que Granada está a reventar de turistas, darnos codazos en bares y restaurantes, evitar pisotones en el casco histórico, hacer las primeras colas en el telesilla de Sierra Nevada o disputar en Playa Granada los barriles protegidos del viento con vistas al mar. Hasta las estadísticas han querido sumarse esta semana al clima de recuperación ‘oficial’ con el primer repunte en los nacimientos desde 2010. Y no sería una cuestión menor si de verdad estamos ante un cambio de tendencia -sobre todo para los ilusos que aún confiamos en el sistema público de pensiones- y no ante una inflexión de los datos condicionada por algo tan incontrolable como la biología: a las mujeres que renunciaron a tener hijos por la crisis se les pasa el arroz y ya no pueden postergar más la maternidad.

Elija blanco o negro. Coja los datos y decida el titular. Tal vez debamos empezar a creer que la psicología y el estado de ánimo tienen tanto impacto en el parqué como las noticias que salen de la Audiencia Nacional. Paro y corrupción se han vuelto a dar la mano en la última encuesta del CIS como las grandes preocupaciones de los españoles. Unos días antes de pulverizar un nuevo récord, Transparencia Internacional tranquilizaba diciendo que no es una situación “sistémica”, pero no es la sensación que tendrá usted si a los casos de siempre le añade la sorpresiva entrada en barrena de Podemos cayendo, después de un año de agresiva campaña contra el ‘status quo’, en las mismas prácticas de trapicheos y privilegios que todos los demás.

¿Faltaba un “papelito”? Ahora es el partido de Pablo Iglesias el que copia al de Rajoy con aquello de los “cuatro sinvergüenzas” y las “cuatro cosas”. A los justicieros de la “casta”, rehenes de su propia soberbia, no se les ocurre otra salida que reaccionar como todos: haciéndose las víctimas y declarándose perseguidos y difamados. Estoy segura de que no habría ‘caso Errejón’ si el investigador que ha estafado a la Universidad de Málaga no formara parte de la cúpula de Podemos; pero estamos en el momento de la credibilidad. ¿No aseguró Pablo Iglesias que responderían con un sonoro y contundente “¡fuera!” ante cualquier atisbo de corrupción? Por muy “menor” que sea la ‘falta’ de su número 2, tiene ante sí una oportunidad irrenunciable para dar ejemplo.

Ese mismo ejemplo que le ha servido a la Corona para escapar de la ira popular en sólo unos meses -las medidas de transparencia y control que está imponiendo el Rey Felipe demuestran que más que leyes nuevas lo que hace falta es voluntad por cumplir lo que hay y desempolvar la ética-y que viene a demostrar que, como pasa con las encuestas, las radiografías con que nos conmociona el CIS todos los meses son una fotografía puntual tan variable como esos blancos, negros y grises con que podemos leer la actualidad.

Pregúntese si no cómo se posible que, después de tanto despropósito y catastrofismo, los españoles nos pongamos entre un 7 y un 8 en felicidad… ¡Machacados, pero felices! Y la razón es muy sencilla: el color a la vida se lo pone usted.

¿Usted también sobra?

Magdalena Trillo | 27 de abril de 2014 a las 14:45

Podríamos bautizarlo como ‘operación limpia’. Gobierno y empresarios se han aliado esta semana para resolver el paro: el Ministerio ha cambiado la fórmula para contar el número de desempleados y, de la noche a la mañana, ha logrado bajar unas décimas el escandaloso registro de 2013 (en lugar del censo de 2001 se toma como referencia el de 2011 y de un 26,03% nos quedamos con un 25,73%); desde el lobby empresarial neocon, el mensaje no puede ser más claro: sobran un millón de jóvenes que ni estudian ni trabajan… ni “valen para nada”.

Proponen ‘flexibilizar’ el Salario Mínimo Interprofesional, es decir, bajar aún más los míseros 641 euros con que España ha tipificado su salario supuestamente digno; hay que implantar una indemnización única por despido de 18 días (ya está bien eso de que sea más difícil romper la relación con un empleado que disolver un matrimonio), tenemos que minar el ‘status quo’ de los sindicatos en la negociación colectiva y es urgente controlar las prestaciones a los parados que están “parasitando” este ‘gran país’.

A la propuesta del Círculo de Empresarios, la versión ultranacional del capitalismo salvaje, sólo le falta sugerir poner grilletes y deportar a esos miles de jóvenes que se dejaron absorber por la burbuja del ladrillo cuando les ofrecieron miles de euros por un empleo sin exigirles estudios ni cualificación. Por muy inmorales e indecentes que nos parezcan, las palabras gruesas y el tono de desprecio con que se pronunció esta semana su presidenta no nos deberían sorprender. En primer lugar, no nos engañemos, son muchos los que piensan así aunque no utilicen el altavoz mediático de la provocación. En segundo lugar, no nos equivoquemos, su influencia es real y el problema está ahí: la situación de los ‘ni-ni’ es tan grave como la de los desempleados de larga duración y los mayores de 55 años. Otra cuestión bien distinta sería preguntar, preguntarnos, quién ha sido responsable y quiénes somos hoy corresponsables de buscar una salida. Pero aquí entraría una ética, una autocrítica y una solidaridad que, por supuesto, también están en crisis.

Es curioso, Mónica de Oriol lanzaba sus recetas para una segunda reforma laboral sólo unas horas después de que el director del Centro de Estudios Políticos rescatara en el Congreso el viejo debate sobre la idoneidad de subir el sueldo a nuestros representantes públicos. Benigno Pendás lo defendió para “atraer a los más valiosos” y devolver el prestigio a la política; ¿para evitarles, en la práctica, la tentación de robar? En un clima de creciente preocupación por esa corrupción endémica que puede acabar “contaminándonos” a todos como ha advertido el fiscal general (la última radiografía revela 1.700 causas abiertas en todos los niveles de la Administración y sólo 20 condenados), resulta sintomáticamente enfermizo que para los eslabones más débiles queramos aplicar un tratamiento activo de eutanasia y para los más fuertes defendamos operaciones de alta cirugía. En todo caso, y puestos a debatir, hagámoslo. Pero sin tabúes: ¿no deberíamos ‘adaptar’ también los sueldos de nuestros políticos a su productividad?

Lo paradójico es que, si creemos en las profecías de Bill Gates, los desafíos a los que tendremos que enfrentarnos en el mercado de trabajo sobrepasan –en mucho– la miopía del discurso actual. En Berlín ya hay un coche circulando en pruebas de forma autónoma. Sí, la versión germana del coche fantástico; un vehículo controlado por el cerebro. ¿Adiós a conductores y taxistas? El magnate del software los incluye en un inquietante listado de ‘oficios en peligro de extinción’ por el impacto del desarrollo tecnológico y la revolución digital. En el think tank American Enterprise Institute de Washington, Gates vaticinó una inminente y radical transformación en nuestras vidas: las tareas manuales en el transporte y la logística pronto podrán ser automatizadas y profesiones como camareros, dependientes, recepcionistas, cajeros, empaquetadores o maquinistas pasarán a los libros de historia. Al mismo tono sepia con que un día despedimos en los periódicos a los tipógrafos y en las fábricas acababan con los hiladores. Un estudio de Oxford es más tajante aún: en veinte años, el 47% de los trabajos serán desempeñados por ordenadores y robots. ¿Ha pensado ya si sobra usted?

Es verdad que tenemos un problema. Pero ni se reduce a esos miles de jóvenes que viven en el “limbo” ni se soluciona instalando más precariedad en el mercado laboral. Hoy ya es un privilegio ser mileurista. Dentro de dos décadas, tal vez sea un sueño competir con una máquina por un empleo basura.

Huellas en el lodazal

Magdalena Trillo | 26 de enero de 2014 a las 10:28

A la Virgen del Rocío le ha salido competencia. Hace dos años que la ministra Báñez se encomendó fervorosa a la “embajadora universal de Huelva” para salir de la crisis y ahora es su colega de Interior quien se muestra convencido de los poderes de la mística de Ávila para “interceder” por España “en estos tiempos recios” que estamos atravesando. Lo hizo esta semana en Fitur durante la presentación del proyecto Huellas de Santa Teresa, un recorrido por las 17 ciudades -entre ellas Granada- en las que la religiosa estableció fundaciones de las Carmelitas Descalzas.

Envuelto en los excesos de artificialidad de la Feria de Turismo de Madrid, afectado tal vez por la efímera ilusión de los paraísos terrenales, Fernández Díaz recordó que la santa “manda mucho desde arriba” y celebró que su “huella” sea lo bastante profunda como para haber unido en la ruta teresiana a políticos de todos los colores “por encima de diferencias ideológicas y geográficas”. “Minucias“, dijo… Minucias que no perjudicarán a un proyecto que nace del potencial del patrimonio local para desestacionalizar el turismo fortaleciendo la oferta española pero que en otros muchos escenarios
-bastaría mencionar la ruptura catalana y la desastrosa gestión del fin de ETA- son auténticas fábricas de conflicto institucional, división ciudadana e insalvable desencuentro político.

Puestos a invocar favores divinos, más pragmático resultaría seguir al Papa cuando no duda en bendecir el poder de internet para fomentar el “encuentro” y la “solidaridad” y nos invita a convertirnos en ciudadanos del mundo digital. “Es un don de Dios” llegó a proclamar este jueves en el Vaticano no sin antes advertirnos sobre el riesgo de “exclusión”, “marginación” y “manipulación” que conlleva su uso superficial e irreflexivo en este mundo cada vez más pequeño en distancias y más inabarcable en desigualdad. Hablaba de ricos y pobres. De ricos más ricos y pobres más pobres.

Contra esa brecha se posicionó Santa Teresa hace casi cinco siglos dando lecciones de austeridad, contra ella nos alerta hoy el Pontífice y contra ella se movilizan, informe tras informe, oenegés como Oxfam Intermón. Su último trabajo se titula Gobernar las élites y las conclusiones no hacen más que traducir a números lo que es fácil ver en cualquier barrio de cualquier ciudad: el 8% de la población mundial acumula el 80% de la riqueza del planeta. En España, son 20 los ricos que manejan hasta 77.000 millones de euros, el 20% de renta con que sobreviven los más pobres. Somos el país con mayor desigualdad de toda la UE después de Letonia.

Si quiere ponerle rostro en clave de comedia negra, no se pierda la última película de Scorsese. En El lobo de Wall Street, Leonardo DiCaprio se mete en la piel de un implacable agente de bolsa que se hizo multimillonario en los 90 vendiendo acciones sin valor, una estafa intrascendente si la comparamos con la actual. Y la lección es sencilla: “sin oportunismo ni avaricia nada funcionaría”. Lo dice el propio actor intentado explicar ese microcosmos que construye siguiendo el único mandamiento posible del éxito, amasar tanta fortuna como te sea posible sin que importe en absoluto lo que le ocurra a los demás.

En la economía, pero también en la política. Porque parte de este principio ha debido de imperar también entre los gobernantes de nuestro país si damos por bueno el creciente mapa de corrupción y despilfarro que ciudadanos de toda España están construyendo de forma colectiva gracias a la inestimable ayuda de ese ‘don divino’ que es internet. La iniciativa es de la Fundación Civio y se une a otros proyectos como El BOE nuestro de cada día, Dónde van mis impuestos o El Indultómetro.

Seguro que comparte el espíritu del grupo -Bye, bye opacidad, hola democracia- y que podría contribuir a definir las huellas de esta otra ruta, menos elevada que la teresiana, que se imbrica en pueblos y ciudades de todo el país. Sume a la avaricia la inconsciencia del dinero fácil de los años de las vacas gordas y aderece el cóctel con una pizca de egocentrismo e incompetencia para hallar la explicación que nunca tuvo del porqué de ese proyecto que todas las mañanas la da una bofetada de realidad.

Quemados y jodidos

Magdalena Trillo | 15 de julio de 2012 a las 8:29

Somos títeres de Europa. Lo puede hacer Rajoy o lo puede hacer un Monti a la española. Esta es la parte que el Gobierno no reconoce y que explica todas y cada una de las duras, dolorosas y “obligadas” medidas que ha tomado en los últimos meses hasta desembocar en el “mayor recorte” de la democracia: la injusta e ineficaz subida del IVA que jamás haría, tajo al subsidio del paro, adiós a la extra de Navidad de los funcionarios, supresión de la deducción por vivienda, eliminación del 30% de los concejales (520 sólo en Granada), nueva tijera de 600 millones en los ministerios, bocado en el IRFP de los autónomos, reducción de las ayudas al alquiler para jóvenes… Así hasta alcanzar un ahorro de 65.000 millones en dos años. Un hachazo histórico, ¿inevitable?, que se suma al polémico copago sanitario y al hundimiento de las inversiones; que llegará a los 125.000 millones con los ajustes iniciados en la etapa de Zapatero y que vuelve a golpear a las clases medias -cada vez más empobrecidas y sin capacidad para reactivar la economía-, funcionarios, parados o dependientes. La vida más cara y los sueldos más bajos. De la peluquería a la funeraria. De los cines a las bibliotecas. De la floristería a los museos.

Si obviamos la risa nerviosa y cínica de algún que otro ministro, el bochornoso aplauso con que la bancada popular vitoreó este miércoles el severo ajuste y el vergonzoso “que os jodan” de la diputada del PP Andrea Fabra, el escenario que dibujó Rajoy habría que calificarlo de tenebroso. En diciembre, todos los periódicos españoles publicamos una impactante fotografía de la ministra italiana de Trabajo explicando los recortes. Lloraba. En España, con o sin herencia recibida, seguimos la fiesta del orgullo patrio. Lo celebramos. Pero acierta más Antonio Jara en su diagnóstico de tinieblas que el presidente del Gobierno recurriendo a Ortega y Gasset: “Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande y sólo es posible avanzar cuando se mira lejos”. La triste realidad es que ni progresamos ni avanzamos; sólo cumplimos dudosas instrucciones en un creciente escenario de desconfianza.

En España, lo apuntaba el presidente de CajaGranada, llevamos tres años inmersos en un proceso de ajuste “acelerado, casi frenético y escasamente ordenado”. Improvisado. Hablaba Jara de la reconversión financiera y de sus “consecuencias imprevisibles” pero aplíquenlo a la economía, a la política, a sus vidas. ¡Veinte reformas nos faltan hasta final de año! Presentaba el informe Eseca en la enésima jornada negra de previsiones financieras: Andalucía seguirá destruyendo empleo hasta 2013 y la tasa de paro alcanzará el 35%. Uno de cada tres andaluces estará sin trabajo dentro de un año. Tenebroso, sí. Siniestro. Porque lo más desolador del paquete de medidas es su cuestionable impacto para el crecimiento de la economía y el empleo. Al menos en el corto plazo. Al menos “en esta España”. Justo lo que siguen gritando los mercados e inversores con su incesante castigo a la deuda soberana.

“Nada será igual que antes de esta crisis”, lamentaba Jara. Nada es ya igual. Había mucho que “aprender y rectificar” y sigue habiéndolo. Empezando por mostrar un poco de respeto a los ciudadanos a los que se exige esfuerzo, una y otra vez, sin tener muy claro para qué. Sabiendo, certeramente, que es el precio del rescate a los bancos y rezando para que, después del verano, lo que hoy es pérdida de soberanía e intervención ‘blanda’ no sea total y, en el mejor de los casos, nos permitieran convocar elecciones anticipadas sin colocar una marioneta tecnócrata al frente del Gobierno.

No nos equivoquemos; sí hay alternativa pero es así de dura. La partitura para evitar que España acabe intervenida deja poco margen de interpretación. Recuerdo las ojeras y palidez de Zapatero y preocupa ya en su entorno la delgadez de Rajoy. Si en los últimos años hemos tenido sobradas muestras de que el poder corrompe, ahora sabemos que perjudica gravemente la salud… En un curso de verano de la Universidad, el profesor Delgado Padial disertaba precisamente esta semana sobre los efectos nocivos del empleo precario y el paro, de los riesgos psicosociales de la crisis, la incertidumbre y el miedo al futuro, las consecuencias del estrés crónico laboral… El síndrome de estar quemado. Quemados, sí. Gobernantes y goberrnados. Jodidos, sí. Pero unos más que otros… Señorías, al menos no aplaudan… Anoche me volví a enardecer con el #queosjodan de Fabra. Estaba viendo Margin Call y era justo lo que clamaba insolente un tiburón de Wall Street.

El gran dilema

Magdalena Trillo | 11 de marzo de 2012 a las 11:43

En dos semanas, Andalucía celebrará las elecciones más disputadas, abiertas y decisivas de toda la democracia. Todas las encuestas, incluida la que hoy publicamos los nueve periódicos de Grupo Joly, apuntan en una misma dirección: la ola de cambio que los españoles iniciaron hace un año en los ayuntamientos y consolidaron el 20 de noviembre en las generales aupando a Mariano Rajoy a La Moncloa se puede llevar por delante tres décadas de gobierno socialista. Javier Arenas, a la cuarta, emprende la campaña como virtual ganador. Nunca lo ha tenido tan cerca.

Ni la subida de impuestos ni la movilización contra la reforma laboral y los recortes dan suficiente oxígeno al Ejecutivo de José Antonio Griñán para invertir las expectativas de voto. Pero sí para minar la amplitud de la victoria. La incógnita, una vez más, se traslada al escenario de pactos. Si la movilización ‘popular’ será lo bastante contundente como para alcanzar la mayoría absoluta y, en caso contrario, si el PP podrá desactivar un gobierno entre PSOE e IU recurriendo al diputado con el que, según nuestro sondeo, UPyD irrumpiría en el Parlamento.

Los de Arenas inician el partido con un “ganamos, pero no os confiéis” y los de Griñán con un “podemos ganar”. El PP está “al borde” de la mayoría absoluta pero el PSOE recorta distancias; IU crece como aglutinadora de los ‘descontentos’ del PSOE y UPyD se posiciona como “llave” de gobierno. El ‘ahora Andalucía’ del PP se enfrenta al ‘camino seguro’ de los socialistas. Arenas defiende que “Andalucía tiene derecho a conocer un gobierno distinto” y Griñán advierte que lo que está en juego son dos modelos: “El cambio ya está aquí y es involución”.

Es verdad que el clima de cambio está en la calle -Andalucía y Asturias completarían la España azul de Rajoy a la espera de las autonómicas del País Vasco de 2013- pero también el clima de preocupación por el enorme poder que tendrían los populares con una oposición prácticamente borrada y arrinconada de las instancias de gobierno. El gran dilema: 30 años de gobierno en Andalucía es excesivo; pero todo el país en manos del PP también es excesivo. Desgaste Gobierno vs. desgaste Griñán. Y los dos son relativos: habrá que ver si la crudeza de los ajustes se lleva por delante la ilusión en el PP para remontar la situación económica y no perder de vista que, en contradicción con las expectativas de voto, Griñán se mantiene como el líder mejor valorado y el PSOE como el partido que genera más confianza.

En este punto, la siguiente incógnita del 25-M, los primeros comicios que se convocan separados de otra cita electoral desde 1990, es la participación, es decir, el ‘grueso’ de la abstención. Porque, por encima de los programas de una austera campaña en la que ni ha habido cintas que cortar ni habrá promesas que incumplir, lo que prevalece es el hartazgo y el pesimismo. Mucho pesimismo.

El mensaje de Rajoy ha calado: las cuentas del país son un desastre y no hay señales que indiquen la salida a corto plazo. “Estamos peor que hace un año y vamos a peor”, confiesan los andaluces en el sondeo de Commentia para Grupo Joly. Y no es casualidad que Arenas arrancara la carrera electoral declarando que su “enemigo no es el PSOE sino el 31% de paro en Andalucía”.

Detrás del paro y la crisis, lo más desesperanzador de los sondeos es que sean los propios políticos los que vuelvan a aparecer como la principal preocupación de los ciudadanos y, a continuación, la corrupción. El cortijo andaluz. El amiguismo, el clientelismo. El fantasma de los ERE, el calvario de Griñán. Una terrible desconfianza hacia la clase política y una creciente preocupación por la “corrupción y el enchufismo“.

Precisamente por ello, de la acritud y vileza de la campaña dependerá en buena medida el éxito o fracaso de estas elecciones. No el éxito de los candidatos; el éxito mismo de la democracia. Que los andaluces nos levantemos dentro de dos semanas y tengamos motivos para participar. Para mí, este es el verdadero dilema del 25-M: si estarán a la altura nuestros políticos para convencernos con razones y argumentos, no desde el miedo ni la crispación, para ir a votar.

¿Y cuándo creamos empleo?

Magdalena Trillo | 12 de febrero de 2012 a las 14:04

PROFUNDA. Completa. Extremadamente agresiva. Las 64 páginas del decreto ley que se publicó la noche del viernes y que hoy entra en vigor ponen suficientes argumentos sobre la mesa para que Rajoy tenga su primera huelga general. Escuchando las valoraciones de los sindicatos, parece claro que las tesis más duras del ministro de Economía, acordes a las expectativas de los mercados y de la Europa de Merkozy, se han impuesto a los planteamientos más políticamente asumibles de los titulares de Empleo y Hacienda. La reforma del “despido exprés”, de la “persecución” del trabajador y de la precariedad. Un recorte de derechos que roza la inconstitucionalidad. Una batería de medidas “dictada” por la Troika y “escrita con la pluma de la CEOE” que ni va a frenar la sangría de destrucción de empleo (dos mil al día según el BBVA) ni contribuirá a cambiar el modelo productivo ni establece las condiciones para crear puestos de trabajo a corto y medio plazo. Dramático.

Pero tan dramática como la reforma, tan brutal, es la situación de paro en España. Terminaremos el año con seis millones de desempleados y alcanzaremos en 2013 el 25% de paro, una tasa alarmante que ya ha quedado pulverizada en Andalucía cuando dejamos atrás la simbólica cifra del millón y en Granada con los más de 100.000 trabajadores que engrosan las listas del Inem. La Seguridad Social se acerca ya a los números rojos con los datos más bajos de cotizantes desde 2004, hay casi doce millones de españoles en riesgo de pobreza y las previsiones más optimistas de crecimiento no sitúan hasta el segundo semestre de 2013 un ligero repunte del PIB del 0,3. Insuficiente para crear empleo. Insostenible e inadmisible para una economía que quiere marcar distancias con Grecia y Portugal y alejar los fantasmas de la quiebra y la intervención.

Los jóvenes son la cara más dura del desempleo. Y más en Andalucía. El 55% de los menores de 25 años no tiene trabajo y sólo en Granada el desempleo afecta a 12.000 de ellos, un 93% más que al inicio de la crisis. Desesperación y exilio, una “diáspora” en palabras del presidente del Congreso, si pensamos en los 300.000 jóvenes que han abandonado España desde 2008 buscando una salida. Lo que ofrece nuestra reforma, ¿es un año en prácticas y despido libre como denuncia el PSOE ? Desolador.

“Estamos mal y estaremos peor”. Casi tendríamos que ‘agradecer’ a Rajoy que no quiera generar falsas expectativas, pero ¿realmente sabe lo que hay que hacer? ¿Sabe cómo? Y lo más importante: ¿será útil tanto sacrificio? ¿Servirá para algo? Cuando diez millones de españoles le depositaron su confianza el 20-N no fue para que pusiera boca abajo el Estado de Bienestar ni emprendiera una contrarreforma bestial contra derechos y avances sociales que han costado décadas de esfuerzo. No fue para que parase el reloj y lo situara un cuarto de siglo atrás recuperando la ley del aborto del 85 por la que las mujeres pasamos a ser ‘presuntas delincuentes’; no fue para atacar a las comunidades que han convocado oposiciones (entre ellas Andalucía) cambiando el temario de la noche a la mañana y recuperando el de 1993; no fue para privatizar la justicia y obligarnos a pagar 250 euros a un notario para que nos divorcie; no fue para cambiar Educación para la Ciudadanía como si fuera la gran prioridad de este país. Fue para que ‘arreglara’ el paro y la economía.

Argumenta el Gobierno que para ello es imprescindible esta reforma laboral –aún no le ha costado la huelga buscada pero sí la gran movilización social del próximo domingo–, que ha sido necesario rescatar, otra vez, a los bancos y que es inexcusable tanto la subida de impuestos como el nuevo programa de ajustes que llegará con los presupuestos de marzo. Bien. Asumimos los latigazos resignados, como nos pediría el arzobispo de Granada después de llamarnos “enfermos sociales” por querer ser funcionarios “en este país de subsidiados”. Lo hacemos sin ilusiones, como advierte el senador vitalicio Monti cuando nos explica lo “monótono” que sería tener un trabajo para toda la vidad. Pero no sin coste: ¿cuándo toca crear empleo?

Mirando al Sur

Magdalena Trillo | 31 de octubre de 2011 a las 19:30

Granadino. Saboreando los cuarenta. Inquieto, reservado, tenaz. Varios idiomas, un par de titulaciones y máxima especialización. No está entre los 129.600 trabajadores que buscan un empleo en la provincia y su empresa no está al borde de la quiebra. Tiene éxito. Aquí y en Dubai. Es líder mundial en su sector. No se queja, no se deja entrevistar y no sale en las fotos. Huye de la notoriedad. Lógico. Sobresale y, en una provincia como la nuestra, tendría que pedir perdón por hacer algo más que subsistir.

Lo suyo es una excepción pero es real. Tan real como su economía. No especula, produce. No fluctúa con los mercados ni explota de euforia como hace la Bolsa cuando Bruselas penaliza a la banca española exigiendo una recapitalización de 29.000 millones. Innovación, competitividad y cambio de modelo. Parece que funciona. En su caso la suerte le ha acompañado, pero no sin riesgo y, por supuesto, no con prejuicios.

Hablo del Sur. Seguimos asomándonos al otro lado del Mediterráneo con la misma desconfianza con que América Latina empieza a mirarnos a nosotros. En la Cumbre Iberoamericana de Asunción han faltado hasta once jefes de Estado… Su interés está en China y en los mercados asiáticos; los únicos capaces en estos momentos de invertir los números rojos de la balanza comercial. Los únicos, incluso, dispuestos a ayudar a Europa a estabilizar la crisis de deuda soberana siempre que haya alguna contrapartida… menos proteccionismo y vía libre para colarse en las grandes empresas estratégicas. Los restaurantes y los ‘todo a un euro’ con los que empezaron a tomar nuestras ciudades fueron sólo el principio del juego.

No se salva ni Estados Unidos, que tampoco sabe cómo atajar las tasas de desempleo, los desahucios de viviendas y, mucho menos, las alarmantes deudas de los estudiantes para hacer frente a las matrículas. Un país que sufre los mismos recortes de inversión que Europa mientras se extienden los movimientos 15-M, se tambalea su imagen de tierra prometida y se dispone a enterrar el “optimismo”: dice una encuesta del New York Times que su estado de ánimo está por los suelos y que quienes mejor representan sus intereses son los grupos radicales del Congreso. El populismo del Tea Party y compañía.

Pero nos sigue costando mirar al Sur. A todos los Sures. La Primavera Árabe, más allá de las lecciones de democracia de un pueblo en lucha por su libertad, nos ha regalado los mejores datos turísticos desde el inicio de la crisis y nos está obligando a fijar los ojos en quienes comienzan a contar en las páginas salmón. España va a construir el AVE del desierto: 6.736 millones de inversión y 12 años de trabajo para la construcción, explotación y mantenimiento de la línea que unirá Medina y La Meca. Lo anunciaba esta semana el rey Abdullah de Arabia Saudí, que ha elegido el proyecto español frente al francés.

A primeros de octubre fue el rey Juan Carlos quien inauguró junto al príncipe heredero de Abu Dabi la primera planta comercial del mundo de energía solar por concentración. Hace un par de semanas, era una delegación granadina de empresarios, encabezados por el alcalde y el presidente de la Diputación, la que tanteaba las posibilidades en los Emiratos… Y lleva razón Sebastián Pérez cuando me confiesa que, si consiguen ultimar el acuerdo e instalar en la provincia una planta similar a la de Sevilla ya sería un logro capaz de justificar todo un mandato. Justo ahora, cuando la tasa de desempleo supera el 30% en la provincia y cuando España roza los 5 millones de parados; 1,2 en Andalucía.

Luis también es granadino y empresario y acaba de decidir mirar al Sur. Lo hace después de bajar la persiana y enviar a un puñado de amigos a las listas del paro. Está haciendo las maletas. Se va a Río de Janeiro. Brasil no tiene tiempo de ir a cumbres de altos mandatarios; está ocupada en crecer. El Mundial de Fútbol de 2014 y las Olimpiadas de 2016 se acercan y necesita con urgencia mano de obra cualificada en la construcción y la hostelería. Busca albañiles, chefs, camareros…

Paradojas: España, la vieja Europa, es ahora la que lanza el SOS y la que soñará con el último día del mes para cobrar.

Cheques psicológicos

Magdalena Trillo | 3 de mayo de 2009 a las 10:52

EL drama del paro lo sufren los desempleados, pero también quienes ‘resisten’ en sus puestos con el doble de trabajo y el salario congelado y aguardando temerosos a que un burofax o una intempestiva llamada de teléfono les sitúe al otro lado del cristal.

En la manifestación del 1 de mayo de este año, miles de granadinos han salido a las calles bajo el eslogan “frente a la crisis: empleo, inversión pública y protección social”. Está claro que ni el hambre da tregua (basta echar un vistazo a los periódicos y rastrear las continuas noticias sobre robos famélicos) ni los bancos te perdonan el pago de la hipoteca (que se lo digan al parado de Casería de Montijo que ha permanecido 23 días en ayuno sin que haya logrado ‘salvar’ su casa) ni abundan los anuncios por palabras que solucionarían la vida a las familias que ya se ven sin prestación y con todos sus miembros apuntados en las listas del INEM.

Pero nos olvidamos de la otra cara de la crisis, la que golpea calladamente. ¿Ansiedad? ¿Depresión? Es esa otra crisis que desanima y ‘bloquea’ a quienes prosiguen su vida sin mayores altibajos y que llena de ‘desesperados’ los divanes de los psicólogos. La crisis del miedo a lo que pueda pasar…

Lo saben los franceses y empiezan a saberlo las instituciones y empresas españolas. En el país vecino acaban de poner en marcha el llamado cheque-psicológico. Después del cheque-restaurante y del cheque-vacaciones, los empresarios franceses han decidido ‘premiar’ a sus trabajadores unos bonos para que puedan pagar al psiquiatra. Y parece que funciona.

En Granada, el Ayuntamiento va a obligar a todos los cargos directivos a que reciban un curso específico sobre riesgos psicosociales en el trabajo. El objetivo, como anunciaba esta semana el concejal de Personal, no es otro que conseguir que los altos funcionarios eviten las bajas laborales. Un plan de choque contra las ‘contagiosas’ depresiones. ¿Riesgos emergentes? Riesgos en todo caso capaces de echar abajo la estabilidad de cualquier empresa. Y es que, si hay una enfermedad poco controlable, esa es la del espíritu. La del alma. Tan contradictoria como imprevisible.

Frente a la crisis real, la del estómago, la del parado de la zona norte, está la subjetiva. En este grupo podríamos incluir, por ejemplo, el caso de El Güejareño. Ayuna porque no lo incluyen en el cartel taurino del Corpus. Porque el empresario no ha cumplido su palabra. Huelga de hambre por dignidad.

Y luego están los ‘Albert Casals’. .. Este chaval catalán rompe los esquemas de la crisis, de la real y de la psicológica. Un tratamiento de leucemia le salvó la vida pero le dejó sin movilidad. Hoy, sin un euro en el bolsillo, ya se ha recorrido más de 30 países en silla de ruedas y ha publicado un libro en el que relata su periplo: El mundo sobre ruedas. En su rostro, más que el llamativo pelo verdiazul, destaca su sonrisa. Imperturbable. Sincera. Le escuchas confesar que todo lo hace para ser feliz. ¡Asegura que es feliz! Y contagia…

Lo peor es que te hace pensar qué haces tú con tus crisis, y el parado de Casería de Montijo con su ayuno, y El Güejareño con su huelga de honestidad… El mundo siempre ha sido, y siempre será, de los valientes. Hasta los gorriones que sobreviven lanzándose por una pizca de pan en los chiringuitos de la playa lo saben.