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También la verdad se inventa

Magdalena Trillo | 16 de abril de 2017 a las 11:06

¿Se imagina al Papa enviando un WhatsApp a un joven diciéndole que no le localiza y que seguirá intentándolo? Ocurrió. El 10 de agosto de 2014. A las 17.32 de la tarde. “Querido David: Soy el padre Jorge, bueno, el papa Francisco. Te he llamado y no contestas. Esta tarde lo volveré a intentar. Un abrazo de paz”.

Lo sabemos ahora. Tres años después. Cuando la justicia ha sentenciado que el padre Román no es culpable de abusos sexuales. Cuando el polémico cura del Zaidín, el líder del clan de los Romanones, ha quedado absuelto “ante la falta, total y absoluta, de pruebas” y la aplastante debilidad del testimonio del denunciante. Después de escuchar a 40 testigos y 14 peritos en una de las causas más mediáticas que se han celebrado en la Audiencia Provincial.

Daniel (nombre ficticio de David) ha situado Granada en el vergonzoso mapa de la pederastia desencadenando el mayor juicio contra el abuso de menores que ha afectado hasta ahora a la Iglesia española, ha motivado la intervención directa del Papa -lo llegaría a llamar por teléfono para pedirle perdón y animarlo a acudir a los tribunales- y ha contribuido a romper un velo de secretismo y complicidad en los estamentos eclesiásticos que ya no tiene vuelta atrás.

granadahoy daniel

Puede que ésta sea la mayor justicia del caso Romanones; lo que ha ocurrido en paralelo al juicio. Espoleando las conciencias. Sensibilizando. Rompiendo tabúes. Obligándonos a dar un paso más allá del insistente debate sobre la presunción de inocencia y las ‘penas’ de telediario.

Porque la verdad de Daniel nunca fue la verdad del padre Román. Ni siquiera la del Papa Francisco cuando proclamó aquello de “la verdad es la verdad y no debe esconderse”. El mensaje de WhatsApp ha terminado siendo más que una anécdota porque el joven denunciante, que supuestamente sufrió abusos entre 2004 y 2007 cuando era menor de edad, siempre había mantenido que la comunicación con el Pontífice se produjo el día 24, dos semanas después. ¿Por qué ocultarlo? ¿Lo ha olvidado? ¿Sólo esta parte o todo el relato? ¿Hubo una historia real que se ha magnificado, adornado, acrecentado y reconstruido para sostener la acusación penal?

Son datos “objetivos” sobre los que no cabría la duda. Como el examen del forense que reveló que el sacerdote no tenía una cicatriz en la rodilla, ni una pequeña mancha de color café en la piel que envuelve el pene, ni está operado de fimosis… No son detalles morbosos con los que ocupar titulares en un tabloide; son hechos comprobables que van dibujando el plano de lo demostrable sobre los que un tribunal edifica una sentencia. Destapando incongruencias. Sacando a la luz las contradicciones. ¿Las mentiras?

padre román

Primero fue el varapalo de la prescripción de delitos -inicialmente estaban imputados diez sacerdotes y dos laicos- y, después de un agónico juicio, Daniel ha terminado siendo su peor testigo. El caso Romanones ha concluido como se esperaba desde aquella mañana en que el fiscal giró su interrogatorio y lo focalizó en Daniel .Y tanto lo puso contra las cuerdas, tanto lo hizo tambalearse, que en su alegato final llegó a decir que era “imposible saber” si se habían producido abusos sexuales o había una “conspiración del Opus Dei”. No sólo no se acreditaban los hechos denunciados; se apuntaban “motivos espúreos” en el origen del caso.

Probablemente, todo no ha sido tan “espontáneo” como parecía… ¿Lo es alguna vez? ¿Pero eso significa que nada ocurrió? ¿Es el padre Román el “santo” que ya reivindican los feligreses de su parroquia? Y, por mucho que se resistan a que hablemos de “clan” y de “secta”, ¿es normal ese ambiente de familiaridad entre curas y monaguillos? Las propiedades que manejaban, las convivencias que organizaban, ese derroche de “amor fraternal” después de las homilías…

Sin pensar, seguro, en el mundo judicial, sentenció Machado que “se miente más de la cuenta”; que “también la verdad se inventa”. Ocurre con las que se fabrican; pero también con las que se desmontan. Porque ninguna verdad lo es de forma absoluta. Porque son volubles y maleables. Con sombras. Incluso las que emanan de un tribunal.

arzobispo

2015, ¿un año inesperado?

Magdalena Trillo | 4 de enero de 2015 a las 11:01

No siempre el dinero es la respuesta. Hay obras que llevan su ritmo ajenas por completo a las novedades del BOE, proyectos que llegan inesperadamente envueltos en papel charol y anhelos que se revuelven para convertirse en tu peor pesadilla. Les pongo unos ejemplos: la Autovía del Mediterráneo y el AVE, el Centro Lorca y la declaración de Granada como Capital Mundial de las Letras y la extraña carrera de la Alpujarra por ser Patrimonio de la Humanidad.

Aunque siempre he sido consciente de la rutina que arrastran los artículos que despiden y saludan el año , es terriblemente desesperanzador cuando te das cuenta de que no sólo se repite el continente, también el contenido. Granada no sería Granada si no habláramos de agravios y confrontación, de su insolente y pegadiza malafollá y, lamento expresarlo de forma tan descarnada, de esa pesada mediocridad que con tanta nostalgia mira hacia atrás olvidando que el riesgo y la osadía también son un valor.

¿Por qué ocupamos siempre la zona intermedia del ranking? Porque quitando las alegrías casi excepcionales del turismo y asumiendo el lastre que suponen las plusmarcas del paro, en todos los demás indicadores nos movemos en la acomodaticia serenidad del punto medio.

Desde que Granada Hoy está en los quioscos, y vamos ya para 12 años , el proyecto del Metro en la capital, el AVE a Madrid y la inacabada A-7 han formado parte del paisaje informativo y, como habrá podido comprobar, claramente para mal… Hoy, sin embargo, me he propuesto ser constructiva y ¡hasta atrevida! Le propongo un ejercicio de prospectiva… Y que conste que, salvo acontecimientos inesperados , se basa en lo que hoy son promesas -por fin- viables.

Sitúese a finales de 2015 . Mañana lunes madrugará pero no quedará atrapado en el atasco habitual de la Ronda Sur. Se subirá en el Metro en Armilla y llegará a la Estación de Renfe cumpliendo su trayecto con puntualidad británica. Allí obviará los tercermundistas trenes que hasta ahora le llevaban a Madrid y tampoco tendrá que viajar con su coche hasta Antequera para llegar a tiempo; en 2 horas y 45 minutos estará en la capital de España… El fin de semana bajará a la Costa. Lo hará en 40 minutos por autovía. El sábado se escapará a Málaga para hacer unas compras en el Ikea y lo hará también por autovía. El domingo probará en El Ejido el restaurante La Costa con su merecida estrella Michelín y todavía tendrá tiempo de jugar al pádel o darse un paseo por la playa. Antes, el viernes por la noche, habrá asistido al último estreno de teatro programado en el Centro Lorca y seguirá preguntándose por qué hemos tardado media vida en recuperar el legado del poeta…

Al hospital del PTS, el más grande de toda Andalucía, mejor es que no necesite ir para ninguna urgencia pero, si así ocurriera, que sepa que estará a pleno funcionamiento. Ni por fases ni en plan chapuza. Con años  de retraso, como la autovía, el Metro y el AVE, pero estará. Para las próximas navidades también habrá abierto sus puertas el Centro Comercial Nevada y, aunque nadie dude de lo que mejorará la oferta de compras en Granada ni la actividad y el empleo que generará, es difícil asegurar que no le provoque un ataque de nervios con el previsible colapso de tráfico que se formará en la zona Sur de la ciudad. ¡Qué tristeza pensar que, siendo tan evidente, no haya nadie capaz de planificar una salida con unos meses de anticipación! Claro, unos meses antes estaremos demasiado ocupados creando cantera para el deporte del hielo con esa Universiada que tanto sufrimiento está costando sacar adelante. ¿Seguro que no está gafada? Porque el incendio en el Pabellón de Curling de Fuentenueva tenía más pinta de aviso a navegantes que de accidente fortuito… Veremos.

Pensándolo bien, lo menos inesperado  en 2015  será diseñar el escenario de infraestructuras y equipamientos que tanto se ha enquistado en los últimos años  y que tantos titulares fallidos ha hecho publicar. Lo que de verdad da vértigo dibujar es la radiografía política posterior a mayo. ¿Usted ya ha decidido a quién votar? Se equivocan los políticos, yerran las encuestas, cuando diagnostican el ‘pasotismo’ ciudadano. Iremos a votar, ¡claro que iremos a votar! Otra cuestión bien distinta es a quién. El voto urbano, por muchos sondeos internos que manejen los partidos, es una auténtica incógnita. ¿Voto de cabreo? ¿Voto útil? ¿Voto de castigo? La izquierda corre el riesgo de fragmentarse tanto que el escenario de la ingobernabilidad se cierne ya como una espesa niebla sobre decenas de ayuntamientos y, ojo, también sobre la Diputación. El PP tal vez no logre la mayoría absoluta, pero ¿el PSOE tendrá con quién pactar? ¿Calará la campaña del miedo? Apasionante. Informativa y socialmente apasionante.

En el camino, por supuesto, nos habremos dejado más de un quebradero de cabeza. El AVE llegará a Andaluces con una sola vía y en superficie -relegando el viejo proyecto de soterrar las vías en el barrio de La Chana-, ni rastro habrá de esa espectacular estación que diseñó Rafael Moneo dialogando con la Alhambra y Sierra Nevada y poco podremos alegrar a quienes tengan que sacar el billete en dirección Sevilla: las tres tediosas horas a velocidad de tortuga seguirán siendo una pesadilla poco transformable si Susana Díaz no accede ni a ‘pensar’ en la propuesta del PP de activar un ‘plan barato’ por Córdoba… ¡Nos llevaría en 90 minutos! Y, ojo, que al final los desaires y la falta de olfato se pagan tanto como los desaciertos.

Torres Hurtado ya tuvo que lidiar con la ira ciudadana con su propuesta de cambiar la estación del AVE a la rotonda de Europa y todavía está por ver lo que le costará la Línea de Alta Capacidad (LAC). Más de uno en su equipo le recomendó postergar el ‘experimento’ a después de las municipales, pero ya sabemos que el alcalde de la capital es de ideas fijas. Ciertamente, sólo esa voluntad de hierro explica que, después del ictus que sufrió antes del verano, siga empeñado en repetir como candidato con su partido haciéndose más remolón que nunca. ¿No estaría bien recordarles a unos y otros que lo de dedicarse a la política tiene más que ver con servir a los demás que a uno mismo? Y no hablo de corrupción, de degradación ni de estéril confrontación… Para eso ya tenemos las páginas que los medios dedicamos a diario a nuestros ‘ilustres representantes’. Incluidos los de las instituciones más nobles del Estado, la Corona y hasta la Iglesia.

Porque cualquiera recordará por qué Granada salió en el telediario en 2014.… Sí, los curas pederastas ante el juez, el arzobispo intentado lavar los escándalos en casa y el Papa Francisco poniendo orden. Entre rutinas y sobresaltos, lo cierto es que no sé si pedir un 2015  previsible o imprevisible… Elvira Lindo firma el guión de la Vida inesperada  de Javier Cámara en Nueva York y tampoco le fue tan mal. Me pregunto si, por una vez, no estaría bien que Granada se saltara la hoja de ruta, se cumplieran algunas promesas y nos regalara un año  inesperado . Uno de esos que vale la pena contar en los periódicos; uno de esos que vale la pena vivir… y recordar.

El origen del mal

Magdalena Trillo | 30 de noviembre de 2014 a las 10:30

“La justicia humana tiene sus límites; sólo la divina es justa”. Son palabras del hoy arzobispo de Granada cuando estaba al frente de la Diócesis de Córdoba; un periodista osó preguntarle por la contradicción que suponía ver dando misa al párroco de Peñarroya después de haber sido condenado a once años de cárcel por abusar de unas niñas cuando se preparaban para la primera comunión. El entonces obispo acusó al redactor de Canal Sur de ser un “mal profesional” y dijo en antena que había sido la entrevista más desagradable que le habían hecho en su vida.

De Córdoba, tras enfrentarse con el cura Castillejo por CajaSur, a Javier Martínez lo ‘ascendieron’ a arzobispo de Granada y aquí se ha tenido que volver a enfrentar a la sombra de la pederastia con una presión social y un impacto mediático mucho más severo que hace una década. Entonces el pueblo se dividió en dos, entre quienes respaldaban al religioso y quienes clamaban para que fuera expulsado; hoy es el propio Papa Francisco quien ha cogido el altavoz y las pancartas contra los pedófilos sin dejar rendijas para el encubrimiento. Aunque las contradicciones persisten: el sacerdote Rey Godoy nunca perdió la ‘comprensión’ ni la protección de la Iglesia; en 2010 salió de prisión en libertad condicional y ahora trabaja como archivero en la propia Diócesis.

Si enfrentamos estos dos casos, es fácil llegar a la conclusión de que la justicia, siempre, tiene límites. Por acción o por omisión. La humana y la divina. En Córdoba los tribunales pudieron ser firmes e implacables -hasta una catequista ratificó las declaraciones de las menores confesando comportamientos similares- pero nada se hizo en el seno de la Iglesia; los hombres de Dios no sólo taparon sino que también ampararon. En Granada, el juez que investiga el caso del ‘clan de Los Romanones’ tiene ante sí un proceso tremendamente complejo por la propia naturaleza de los hechos, por la tardanza con que se ha formulado la denuncia y por el tiempo transcurrido desde que ocurrieron los abusos.

Los tres sacerdotes y el profesor de Religión que fueron detenidos el pasado lunes, mes y medio después de que la víctima recurriera a los tribunales siguiendo las indicaciones del Pontífice, han dormido dos noches en los calabozos pero ninguna en prisión. El miércoles quedaron en libertad con cargos y sólo el padre Román tuvo que desembolsar 10.000 euros de fianza para eludir la cárcel. Durante seis meses tendrán que fichar los días 7 y 21 y no podrán acercarse a menos de 200 metros de distancia de Daniel ni del segundo monaguillo que acaba de denunciar abusos contra los mismos implicados.

De momento, aunque todos se declaran “inocentes”, el instructor aprecia acciones “particularmente degradantes y vejatorias” por parte del padre Román. Bien es cierto que existe bastante preocupación en el entorno judicial por las dificultades procesales para probar los supuestos delitos cometidos con todas las garantías y limitaciones del Código Penal. También queda por determinar hasta qué punto terminan implicados unos y otros y cómo transcurre la causa, ya que sigue abierta la investigación y no se descartan más denuncias y detenciones.

Es evidente que el juez tendrá que dictar una sentencia justa y se podría plantear hasta qué punto ejemplarizante por la gravedad y la alarma social que ha generado el caso. Lo acabamos de ver con la entrada en prisión “disuasoria” de Isabel Pantoja y, aunque podríamos abrir un intenso debate sobre este punto en el contexto de los tribunales, no debería haber la más mínima duda sobre la ejemplaridad que debemos exigir a una institución que ha extendido su poder en la civilización occidental como guardiana de la ética y la moral.

En la lucha contra la pederastia, el primer paso ya lo hemos dado: la “tolerancia cero” ha dejado de ser un eslogan para convertirse en una clarísima hoja de ruta para perseguir y castigar estos repugnantes comportamientos tanto por la justicia ordinaria como por las autoridades eclesiásticas. Y más allá de la ineludible petición de perdón y con más firmeza que una teatral postración ante el altar. Pero queda lo más difícil: atajar los comportamientos que llevan al pecado y al delito desde abajo, desde el principio y de forma constructiva.

Aquí llegamos al debate de verdad: el origen del mal. Hasta qué punto tiene sentido el celibato en la sociedad actual e, incluso, hasta qué punto tiene un fundamento teológico incontestable. Empezando, por ejemplo, por que en las primeras comunidades cristianas ni la tradición ni la biblia imponía el celibato como precepto obligatorio para el sacerdocio. Las razones históricas que lo sostienen tienen más que ver con la necesidad de fortalecer el poder de la institución en momentos de debilidad, frenar excesos -se ha escrito que en el siglo XV, durante el Concilio de Constanza, 700 mujeres públicas asistieron para atender sexualmente a los obispos participantes- y controlar que los bienes de la Iglesia no se perdieran como patrimonio familiar y hereditario. Por otro lado, si de salvaguardar una entrega absoluta se trata, ¿cuánto tiempo dedican los curas a controlar la abstinencia sexual, a atormentarse y a mortificarse?

Por supuesto que la lacra del acoso y el abuso sexual no lo sufre sólo la Iglesia, pero parece innegable que la obligación impuesta de permanecer sin pareja y reprimir cualquier tipo de deseo carnal tiene más contraindicaciones que utilidad. Es verdad que hay razones religiosas, filosóficas y hasta sociales para defender el estado célibe, pero de forma voluntaria. Si la Iglesia está dispuesta a dar realmente ese paso de renovación y apertura que proclama el nuevo Pontífice, es inaplazable abrir costuras para tratar temas tan controvertidos como la sexualidad o el papel de la mujer atendiendo a los sentimientos -y también a las razones- de las corrientes más progresistas.

Aunque los orígenes del celibato se remontan al año 305 con el Concilio de Elvira -otros interpretan que no tuvo carácter obligatorio hasta el II Concilio de Letrán de 1139-, hasta Platón podríamos viajar para encontrar los primeros ejemplos de connivencias exclusivas de hombres dedicados al pensamiento, el arte y el saber que luego marcarían el funcionamiento de las órdenes religiosas y los primeros conventos. Pensadores, artistas, santos…

La pregunta hoy podría ser si lo que pedimos a la Iglesia es pastores aspirantes a santos frustrados o profesionales de la fe, honestos y comprometidos, solteros o casados según lo decidan en conciencia. ¿Son ‘menos’ quienes ejercen la religión protestante y forman una familia?

El sexo, el hambre, es una necesidad biológica. Platón fundó sus academias con absoluta libertad, Sócrates fue tremendamente revelador -el hombre desea lo que no tiene- y Freud ya nos avisó: a lo que conduce la prohibición es al desvío, a la perversión.

Hace justo diez años que Almodóvar removió las vergüenzas de Iglesia con La mala educación. Curas pedófilos, homosexualidad, chantajes… Una controvertida ficción de escándalos sexuales en el clero que hoy se infiltra como actualidad con los mismos rincones oscuros, transgresiones y dolor que entonces. Renglones torcidos que aún no hemos decidido si queremos enderezar.

Tolerancia cero con la pederastia

Magdalena Trillo | 23 de noviembre de 2014 a las 13:26

EL Vaticano ha recibido en la última década más de 4.000 denuncias por casos de pederastia en todo el mundo. Un grupo de expertos norteamericanos calcula que el coste por indemnizaciones a las víctimas, terapias, seguimiento de agresores y asesoramientos legales supera ya los 2.000 millones de dólares y ha llevado a la bancarrota a multitud de diócesis, sobre todo en Estados Unidos. El escándalo que se ha destapado esta semana en Granada es, lamentablemente, uno más que sumar a esta vergonzosa y aberrante realidad que sigue soportando la Iglesia Católica sin que haya sido capaz de articular una respuesta canónica contundente, coordinada y compartida.

El coste moral y social para la institución es incalculable, pero más grave e irreparable es el daño que se ha infligido a las víctimas marcándolas para siempre y provocando, incluso, que haya quienes no han encontrado otra salida a su desesperación que quitarse la vida. También en este punto la denuncia realizada este verano por un joven granadino de 24 años asegurando haber sufrido abusos sexuales cuando era monaguillo y llegó a convivir con varios sacerdotes en una casa parroquial de la capital -desde los 13 o 14 hasta la mayoría de edad- refleja la impotencia e inexplicable desamparo que ha tenido que superar para sacar a la luz su caso e intentar que los responsables no queden impunes.

La respuesta no la ha hallado en Granada ni de mano de los responsables directos de ‘su’ Iglesia; ha sido el propio Papa Francisco quien ha tenido que intervenir, quien le ha pedido perdón (le ha llamado personalmente en dos ocasiones) y quien le animó en agosto a que recurriera a los tribunales. Porque una cosa es el pecado y otra bien distinta es el delito y porque, desde el papado de Ratzinger, “los trapos sucios de la Iglesia ya no se lavan en casa”.

Benedicto XVI decretó la tolerancia cero contra la pederastia, se atrevió a castigar al todopoderoso fundador de los Legionarios de Cristo -el mexicano Marcial Maciel- y aprobó una reforma que introducía la ampliación de diez a veinte años el periodo en el que poder denunciar los abusos al tiempo que se condenaba la adquisición, posesión y difusión por parte del clero de imágenes pornográficas con menores.

El Papa Francisco ha ido más allá: el pasado año aprobó una reforma del código penal de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano definiendo mejor los delitos contra menores. En los dos casos se parte de una convicción que debiera parecer una obviedad pero que choca abiertamente con los grupos más conservadores de la Iglesia: el perdón no sustituye a la justicia.

En este punto radica el conflicto que se ha abierto entre Roma y Granada por la gestión del caso de Daniel -hoy mismo está el arzobispo en el Vaticano dando explicaciones ante la Congregación para la Doctrina de la Fe- y que viene a sumarse al desconcierto y sensacionalismo informativo que se ha vivido en los medios y en la opinión pública durante toda la semana.

Judicialmente, la causa quedó blindada desde el mismo momento en que la denuncia llegó a los tribunales -la víctima recurrió a mediados de octubre a la Fiscalía Superior de Andalucía, que encargó unas investigaciones preliminares y la derivó de inmediato a la Fiscalía Provincial para su correspondiente tramitación- y el juez acordó decretar el secreto de sumario, una decisión absolutamente justificada por la gravedad del caso y la necesidad de evitar que se interfiriera en la investigación garantizando que las pruebas no se contaminaran. En paralelo, resulta difícil de entender que se hayan filtrado datos delicados del expediente eclesiástico mientras el máximo responsable de la Iglesia en Granada, monseñor Javier Martínez, guardaba un inexplicable silencio y permitía que la denuncia se convirtiera en un escándalo nacional y ponía en cuestión su propia diligencia para afrontar el caso.

La consecuencia de todo ello ha sido una contraproducente falta de información que poco está contribuyendo a ese objetivo último compartido de intentar que se haga justicia preservando a la víctima -o víctimas porque el propio denunciante apunta a otros cuatro posibles afectados- y salvaguardando la presunción de inocencia de los todavía sospechosos. Se ha hablado, por ejemplo, de una trama de pederastia cuando la Policía Judicial está en plena investigación, aún está recabando testimonios y pruebas, no hay imputados y, de momento, no han trascendido detenciones. Hasta el portavoz de la Fiscalía Provincial llegó a enviar un comunicado a los medios alertando de que se estaban publicando noticias, en algunos casos tergiversadas y con datos erróneos, que podrían afectar a la continuidad de las diligencias impulsadas desde el Juzgado de Instrucción número cuatro de Granada.

En este despropósito de sensacionalismo y desinformación hemos contribuido todos y todos deberíamos realizar autocrítica sobre el papel que la justicia, las instituciones y los medios estamos desempeñando para hacer frente a lo que no es sino otra gravísima derivada de esa creciente corrupción de la vida pública que empieza a parecer generalizada y estructural. Porque el mensaje que se ha lanzado al país es la de los “curas corruptos de Granada” y la del “clan de los Romanones” como si fuera una secta organizada para montar orgías y abusar de menores cuando es un grupúsculo de sacerdotes que ha venido funcionando al margen de la Diócesis y que ya había provocado por su propios privilegios y excentricidades el rechazo del clero granadino.

Pero aquí también hay responsabilidad de quienes los han dejado funcionar con sus “extraños retiros espirituales”, han mirado para otro lado cuando han ido acumulando patrimonio y riquezas y no los han sometido a las obligaciones y estrecheces de los demás sacerdotes.

El caso de Daniel -nombre ficticio del joven- necesita una doble respuesta: judicial pero también ética y moral. No es suficiente con apartar a los curas presuntamente responsables de los abusos -el joven apunta directamente a tres-, hay que suspender a divinis tanto a los responsables directos como a los indirectos, y se ha de hacer justicia sentando en el banquillo a quien haya que sentar y dictando la sentencia que haya que dictar.

Tampoco basta con pedir perdón como el viernes hizo la Conferencia Episcopal Española. Francisco Javier Martínez ya tiene en su haber ser el primer prelado de España en someterse al dictado de los tribunales ordinarios y el escándalo por los supuestos abusos sexuales a menores viene a sumarse a sus controvertidas homilías sobre el aborto o el matrimonio homosexual, su lucha abierta contra el pueblo de Albuñol o la arrogancia y prepotencia con que editó y ha mantenido en la calle el libro Cásate y sé sumisa. Estamos ante la enésima polémica que salpica al arzobispo de Granada sin que zozobre en el cargo. La Iglesia ha de colaborar con la Justicia, pero también actuar y dar ejemplo. Tolerancia cero con la pederastia, pero con la máxima transparencia y hasta el final.