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El efecto dominó de las Primarias

Magdalena Trillo | 28 de mayo de 2017 a las 10:24

Tan fácil como dejar de pagar la cuota. Se pasa automáticamente del estatus de militante al de simpatizante y poco más es necesario para poner fin a décadas de compromiso activo con el PSOE. Al mismo tiempo que históricos del socialismo granadino como Antonia Aránega o Rafael Salcedo volvieron a la primera línea integrados en las listas del partido de la capital para el Congreso Federal, las deserciones se han convertido en la música de fondo de las agrupaciones locales tras el baño de realidad para el susanismo que han significado las Primarias del pasado domingo. ¿Un arrebato pasajero? ¿Una llamada de atención al aparato? ¿El inicio de algo más?

Son los primeros compases de preocupación y desconcierto en un nuevo PSOE que, aunque lo tiene (casi) todo por demostrar, por decidir y por consensuar, sólo ha dejado espacio para el ruido con sordina. Una votación ajustada hubiera sido difícil de gestionar; una derrota clara, con traiciones incluso en el bastión andaluz, confirma la teoría de que los avales eran el “techo” para los susanistas y el “suelo” para el movimiento pedrista que ha sabido quedarse con la bandera de la militancia. Sólo en este contexto se entiende el -aparente- pacto de no agresión entre los dos dirigentes que se batieron en duelo hace una semana para intentar llevar cierta paz al cónclave de junio con listas integradas y sólo así tiene sentido el abrupto repliegue del 100% PSOE en Andalucía.

Porque ni se ha acabado el susanismo, aunque lo declare la propia política sevillana a semejanza de lo que hizo Chaves en el 2000 tras la derrota de la poderosa federación del Sur en el enfrentamiento Bono-Zapatero ni tienen por qué dejar de pasar los trenes para la actual presidenta de la Junta. ¿Que el susanismo está “finiquitado” si es que “alguna vez existió”? ¿No nos hemos equivocado lo suficiente con Pedro Sánchez para aventurar ahora el ocaso inmediato de la candidata andaluza?

Lo iremos viendo en los votos; pero no en las casetas privadas de los congresos sino con las papeletas abiertas y multicolores de las convocatorias electorales. Y, aunque proclamaremos que no se pueden extrapolar resultados, todos caeremos en la tentación de comprobar hasta qué punto se ha producido un ‘brexit’ entre votantes y militantes cuando Pedro Sánchez intente por tercera vez llegar a La Moncloa -si no lo hace antes por la vía de las prisas aliándose con Podemos en una moción de censura propia o ajena- y descubrir si lo que ocurrió el 21 de mayo tiene eco en los gobiernos regionales, en los complejos juegos del poder territorial y en el tablero local.

Las primarias lo han dejado todo abierto. Con un efecto dominó en todas las escalas. Y es que eran dos formas antagónicas de entender el partido, dos sensibilidades distintas a la hora de conformar las alianzas de gobierno y dos relatos contradictorios sobre lo ocurrido en el menguante partido del puño y la rosa. Las enmiendas del equipo de Pedro Sánchez lo tienen bien claro: todo empezó “por culpa” de Zapatero, en 2015 fue precisamente el renovado líder del PSOE quien evitó el sorpasso de Podemos y lo que se ha escrito a partir del 1 de octubre de hace un año ha sido un tremendo error. Un rotundo fracaso.

No se evitaron unas terceras elecciones; se le entregó el gobierno al PP. Pura épica. Pero con un respaldo de las bases más que suficiente para hacer tambalear, para llevar la incertidumbre y la provisionalidad a las débiles alianzas que se conformaron tras los últimos comicios.

¿Ahora qué? A nivel nacional, lo previsible sería que Mariano Rajoy sea capaz de sacar adelante los presupuestos con las cuotas ya negociadas con vascos y canarios e, incluso, aguantar hasta final del próximo año con unos presupuestos prorrogados. En Andalucía, Susana Díaz no tiene más salvavidas que dar un impulso político a su Gobierno -con movimientos también en las estructuras provinciales-, acelerar el cumplimiento de los compromisos firmados con Ciudadanos -incluso cuando suponga reformar la Ley Electoral o el Estatuto de Autonomía para suprimir los aforamientos- y demostrar con una gestión palpable de resultados que lo de “ahora toca trabajar por Andalucía” no es sólo un eslogan voluntarista.

De todo estas piezas dependerá también lo que ocurra en Granada. Que el congreso provincial de otoño del PSOE será movido es tan evidente como la salida de Teresa Jiménez de la Torre de la Pólvora, pero ni el gobierno local ni el de la Diputación tienen por qué verse comprometidos. El domingo pasado no sólo perdieron los susanistas; también el PP. El escenario regional se ha vuelto a complicar para Juanma Moreno justo cuando se veía con opciones de llegar a San Telmo aprovechando el vacío de liderazgo que se iba a producir en el socialismo andaluz. Pero la situación ahora es justo la contraria: una dura contrincante, herida, dispuesta a remontar refugiándose en casa.

En Granada, la moción de censura a Paco Cuenca depende más de lo que ocurra en Sevilla y Madrid que de la política doméstica. Y también con ello se abre o cierra el futuro para Rocío Díaz como candidata del PP. Lo previsible, de momento, es que Susana Díaz se atrinchere y no convoque elecciones hasta marzo de 2019 -salvo que las encuestas y los trackings internos le sonrían- y, sólo un par de meses después, Sebastián Pérez tendrá razones de sobra para postularse como candidato a la Alcaldía y enfrentarse a Cuenca -reconozcamos que tanto al PSOE como al PP les interesa que resista- con un doble horizonte: recuperar la capital y volver a la Diputación.

Pero todo está sujeto con pinzas. Abierto y provisional. Expectante al movimiento en cadena que significaría la caída -o la colocación- de una sola ficha del dominó. Les pongo un futurible: ¿y si después del terremoto Spiriman y de la insólita confluencia en Juntos por Granada se constituye una plataforma de independientes? ¿No creen que conseguirían un buen puñado de concejales en la Plaza del Carmen?

Susanistas y pedristas en clave local

Magdalena Trillo | 9 de abril de 2017 a las 10:00

Cuando hace tres años Pedro Sánchez visitó la redacción de Granada Hoy, en plena campaña para las primarias del verano del 14, lo hizo con Jesús Quero de padrino. Lo defendió con vehemencia. Convencido de su carisma y su arrojo frente a un Rubalcaba en horas bajas que no tenía más salida que asumir en primera persona el fracaso de las urnas y dar un paso atrás. En aquellos momentos Pérez Tapias también competía contra el político madrileño -y contra Eduardo Madina- en la carrera a Ferraz, pero buena parte del socialismo granadino se había decantado por Pedro Sánchez. Corrijo: el grueso del PSOE de Granada estaba con Susana Díaz.

Y lo sigue estando. Pedro Sánchez fue secretario general del PSOE porque quiso Susana Díaz y el domingo 21 de mayo será la dirigente andaluza quien se mida en las nuevas primarias contra su antiguo protegido porque se equivocó. Tal vez sea la única parte de la historia que compartan pedristas y susanistas: el inicio de todo. Aquel mes de julio de 2014 en que el aparato socialista, con el respaldo de la militancia, entregó unas siglas centenarias a un completo desconocido sin cultura de partido y supuestamente maleable. Lo que ha sucedido en el intermedio, los varapalos electorales y el desgobierno, la pérdida de identidad del partido y la amenaza del sorpasso y hasta el ‘no es no’ con el mitificado congreso de la defenestración que evitó unas terceras elecciones en España, discurre en una completa contradicción. Dos relatos antagónicos que han abierto una brecha en el PSOE y han terminado sumiendo a las bases en una curiosa paradoja: los antiguos pedristas son hoy susanistas y sin que sepamos demasiado bien -al menos en Andalucía -cuánto pesa el cabeza de cartel, cuánto las ideas y cuánto la revancha.

La recogida de avales será el escenario del duelo inicial, pero no el único. Pedro Sánchez está aprovechando su condición fabricada de víctima para lograr apoyos frente a una Susana Díaz que quiere arrollar con un pie puesto en Ferraz y otro en La Moncloa. Es el trasfondo que empieza a vislumbrarse en una campaña que no ha hecho más que empezar: el primero ya se ha autoproclamado el candidato outsider intentando aprovechar los vientos favorables de los movimientos antisistema -del ‘Brexit’ a la victoria de Trump pasando por el no a la paz en Colombia- y la líder andaluza ha puesto la maquinaria en marcha con un mensaje de más largo alcance: es el momento de que el PSOE resucite y vuelva a convertirse en una opción ganadora. La disputa no es con Podemos sino con el PP. La alternativa no es entregar el partido como ha hecho IU sino recuperar el gobierno de España. Porque la campaña de Susana Díaz tiene una doble estación de llegada: la secretaría general del PSOE y la presidencia del Gobierno español.

A partir de aquí, emociones y razones entran en la batalla sabiendo que la integración sólo será un camino transitable para Patxi López. Lo que se juegan Susana Díaz y Pedro Sánchez es el todo o la nada y con un duro discurso en blanco y negro: ¿el partido del siglo XX o del siglo XXI? ¿el candidato a la izquierda de la izquierda frente a la candidata que coquetea con la derecha? Es evidente que importará la capacidad de cada facción para colar sus mensajes pero también será clave el proceso mismo. Las alcantarillas. Dónde se vota y cómo se vota.

Y ello sin perder de perspectiva las quejas de los pedristas por la opacidad en la gestión del proceso y la supuesta “no imparcialidad” de la gestora y las críticas por los cambios en el sistema de primarias que aprobó el comité federal el pasado mes de abril: las agrupaciones más pequeñas votarán unificadas donde digan los partidos a nivel provincial -no en sus pueblos como hasta ahora-, se elegirá al candidato de primarias y una semana después a los delegados del congreso -no el mismo día-, los afiliados directos que se registren en Ferraz votarán en la agrupación provincial y no en la local…

Lo cierto es que no es ningún capricho la exigencia de los pedristas de limitar por arriba la recogida de avales: cuando Susana Díaz se enfrentó a Luis Planas en las primarias andaluzas de 2013, no sólo lo abrumó; lo anuló. Lo previsible ahora es que aplaste en Andalucía pero no al otro lado de Despeñaperros: ¿tendrá este primer duelo un efecto directo en la bolsa de indecisos? ¿la recogida de avales será el techo de Susana Díaz y el suelo de Pedro Sánchez? Porque luego vendrá la elección de delegados y el congreso. Y ahí, con el voto secreto (de verdad), la batalla será tan distinta como lo fue con Borrell o Zapatero.

Todo cuenta. Para reconstruir el PSOE nacional pero también el regional y el local. En Andalucía converge además lo orgánico y lo institucional con esa preocupante incertidumbre de poder en San Telmo -el debate de la sucesión corre en paralelo al viaje de Susana Díaz a Madrid- que el PP ve ya como la primera oportunidad real de toda la democracia para hacerse con el gobierno andaluz. ¿Creen que la foto de Sebastián Pérez con Luis Salvador de este viernes en Granada está al margen de expectativas y estrategias?

A nivel provincial, Teresa Jiménez se ha puesto al lado de Susana Díaz como lo hizo en su momento con Pedro Sánchez… por obligación. Como buena parte del partido. Incluso como los que quieren moverle el sillón cuando Granada celebre su congreso y toque aquí la renovación. Porque todo pasa por Susana. Para la salida negociada de Teresa -dejando posicionado a Entrena en la Torre de la Pólvora- y hasta para el desembarco rupturista de ¿Juanma o Noel?

Lo realmente apasionante es que todo está por escribir. ¿Y si Susana Díaz no arrasa? ¿Y si Chema Rueda acierta ahora apostando por el candidato aparentemente perdedor y decide presentarse al congreso de octubre abriendo una tercera vía? ¿Será entonces el turno de Guillermo Quero al frente de los socialistas de la capital? ¿De Paco Cuenca si acaba de forma abrupta su “negra” aventura en la Alcaldía?

Apasionante y desconcertante. Porque al final pesa tanto lo que se quiere construir como lo que se quiere evitar y destruir. También en el voto. La evidencia más palpable de la confluencia de piezas y escenarios que entran en juego es cuando, en confianza y con el compromiso del off the record, preguntas a susanistas y pedristas por sus opciones: ninguno convence. Pero sí convencen -sí interesan- más que el contrario. Así es la política; voluble y caprichosa. Tercamente imprevisible.

Refundación en cascada

Magdalena Trillo | 14 de febrero de 2016 a las 11:16

Hace casi una década que Sarkozy se atrevió a proponer la “refundación” del capitalismo. El mundo que se había levantado sobre la caída del Muro de Berlín, creyendo que la democracia y el mercado arreglarían por sí solos todos los problemas, había llegado a su fin. Languidecía la utopía de la sociedad del bienestar. Lo mismo que la falacia de la autorregulación. Había que reconstruir todo el sistema financiero internacional “partiendo de cero”. Había que refundar el capitalismo sobre bases éticas. Sobre el valor del esfuerzo, el trabajo y la responsabilidad. Había estallado la crisis.

Del sueño nos despertó entonces Lehman Brothers y ahora tal vez lo haga de la “recuperación” la caja negra del Deutsche Bank. Y los ‘cocos’. No es nostalgia infantil; son un tipo sofisticado de preferentes que responden al anglicismo “contingent convertible bonds” y que, con rentabilidades altísimas y “estables” de hasta un 8%, han estado respondiendo estos años a la insaciable avaricia de unos y a la irrefrenable ingenuidad de otros. Rastreando sobre el tema, localizo un artículo de Juan Ramón Caridad en la prensa especializada ironizando sobre la capacidad del homo economicus para tropezar “más de dos veces” con la misma piedra -una vez más, todo es seguro hasta que deja de serlo- y termina con todo un aforismo: “No hay más sordo que el que no quiere oír”.

Vivimos en una absoluta contradicción. Justo la semana en que los científicos han demostrado que somos capaces de “oír el cosmos”, después de tardar todo un siglo en ser capaces de detectar en un laboratorio la última de las grandes predicciones de Einstein sobre la Teoría de la Relatividad, constatamos la existencia de las ondas gravitaciones para tal vez inferir que, de momento, son otras las perturbaciones, las supernovas y los agujeros negros de los que nos tenemos que preocupar.

ondas gra

Todo está interconectado. El hallazgo de los investigadores del MIT, que comienza con dos agujeros negros de 29 y 36 veces las masa del Sol “bailando un vals” hasta que se fusionaron hace 1.300 millones de años cuando la vida pluricelular colonizaba la Tierra, será uno de los grandes hitos científicos de la década por el cambio de paradigma que supone y por la “nueva puerta” que nos abre al Universo. Porque a la forma de mirarlo que heredamos de Galilleo le hemos sumado una sorpresiva manera de oírlo… Ciertamente, ¿no es un problema de visión el que arrastra hoy, no ya el capitalismo, sino el modelo mismo de democracia imperfecta que seguimos mitificando obviando las ondas que nos hablan de sus fallos y su fragilidad? ¿No es un problema de no saber escuchar el que tienen los políticos con la ciudadanía, los aparatos de los partidos con sus bases? ¿No es a bailar, buscando pareja a la desesperada, a lo que nuestros no-líderes se han dedicado desde el 20-D?

El espacio-tiempo importa en política y economía tanto como en la ciencia. Les pongo un ejemplo más cercano: la historia de los titiriteros sería diametralmente diferente si el paisaje no fuera Madrid y el tempo no lo marcara Manuela Carmena y los irreverentes de la coleta. Entre el exceso judicial y la distorsión mediática, dos insignificantes actores de los círculos del 15-M se han convertido en excusa para una instrumentalización política y una burda manipulación que, más que sobre un delito de apología del terrorismo y de incitación al odio, se sostiene sobre una inaudita cadena de errores.

El público infantil no era su público pero tampoco un teatro público municipal era su sitio. No debieron ser contratados de igual modo que ellos nunca debieron subir el telón. ¿Dónde empieza y termina la responsabilidad? ¿Nueva política? En Baleares se daba la consigna de contratar a Urdangarín y “no preguntar” y no parece un mensaje muy diferente el que se está lanzando desde quienes, de momento, ni siquiera han sabido llegar.

Unos lo llaman “regeneración” y otros “limpia” y “refundación” pero, como en las ondas gravitacionales de Einstein, lo que empezamos a gestionar ahora es el eco de los agujeros negros pasados.

pepe

En el PP ya se ha puesto el reloj a cero para reconstruir el partido de arriba abajo. El tiempo institucional de Rajoy acabó el día que le dijo ‘no’ al Rey para la investidura y la incontrolable tormenta de corrupción que azota al partido no puede tener más recorrido que una progresiva asunción de responsabilidad. Tanto es así que, entre la militancia, se extiende la convicción de que sólo podrá salvarse el PP y volver a recuperar la confianza del electorado si la convulsión es absoluta. En este contexto, ocupar la oposición es un paso hasta necesario para rearmar al partido y situarlo con posibilidades de gobierno para dentro de dos años.

Al día siguiente de las elecciones nacionales, no pocos dirigentes del PP daban ya por seguro que gobernaría Pedro Sánchez -en la historia de este país la izquierda ha gobernado siempre que ha podido por muy difícil que haya sido la aritmética del pacto- e incluso se atrevían a vislumbrar el plazo de vigencia del pacto: 2018. El PSOE resistiría este año y podría gobernar en 2017 prorrogando presupuestos. Entonces se acabaría su aventura y sería un tiempo más que suficiente para que un PP “renovado” recuperara el poder.

En las filas socialistas se hará de abajo arriba, con debate y con puertas abiertas pero el resultado no diferirá demasiado. En este caso no es el pasado el que marcará el movimiento sino un futurible. La investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno determinará el grado de convulsión -¿vuelta a los dos bandos con pedristas y susanistas?- y la intensidad de las turbulencias locales.

teresa

En Granada están garantizadas en cualquier escenario: a las ondas nacionales se une un creciente malestar con la gestión de Teresa Jiménez al frente del partido con una crítica de “desintegración” compartida y con dos recientes puntos de inflexión: el intento de colocar a Manuel Pezzi en la Alhambra y la decisión de situar a Elvira Ramón como cabeza de lista al Congreso.

Aunque hace ya seis años Álvarez de la Chica le entregó la secretaría general “gratis” -nadie de su equipo se salvó y son muchos los que siguen sin entender el ostracismo al que se relegó a valores del partido como Martínez Caler, Jesús Huertas o Juanma Fernández-, es su gestión “personalista” y de “camarilla” actual la que ya se critica abiertamente y se sitúa en la base de la actual fractura del partido. Ahora vivimos una aparente normalidad pero la batalla por la Diputación fue un aviso a navegantes y una antesala de la tormenta que se desatará después del verano cuando se celebre el congreso provincial.

Para conocer la intensidad de las ondas, tendremos que esperar a que Jiménez desvele si optará a la reelección, si intentará una operación de continuidad y, sobre todo, saber los nombres y posicionamientos finales de quienes ya hoy están moviendo los hilos del cambio. Pero es más que evidente que el ruido se oirá.

A derecha y a izquierda, con diferentes puntos de partida y de llegada, la refundación será en cascada y ya está en marcha.