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Paco Cuenca: dos años de un mandato de transición

Magdalena Trillo | 6 de mayo de 2018 a las 10:00

El 5 de mayo de 2016, el candidato socialista a la Alcaldía de Granada consiguió 16 votos favor -un respaldo sin fisuras de todos los partidos a excepción del PP- y Rocío Díaz quedó sin opciones de relevar a Torres Hurtado para culminar el cuarto mandato de los populares en la Plaza del Carmen. De forma inesperada, en un contexto de transición, Paco Cuenca cogió el bastón de mando en una ciudad todavía abierta en canal por la crisis de la operación Nazarí y puso fin a la etapa más extensa y controvertida del gobierno local con un compromiso explícito por abrir ventanas, levantar alfombras y gestionar desde el “diálogo” y la lealtad hacia el resto de grupos con la máxima “responsabilidad” y “transparencia”.

Hoy, dos años después, no es difícil vaticinar que el PSOE correría el riesgo de quedarse (casi) solo en la votación: sus 8 concejales frente a los 11 del PP y los 4 de Ciudadanos. Puede que los socialistas consiguieran atraer a su causa al nuevo edil tránsfuga Luis de Haro y, tal vez, invocando los nostálgicos y cada vez más frágiles principios de la necesidad de unión de la izquierda, lograran la abstención de Paco Puentedura (IU) y de las dos concejales de Vamos Granada. Aunque más por estrategia, para levantar un muro contra la derecha (la vieja y la nueva), que por confianza hacia el equipo de Cuenca.

Luis Salvador ya lo advirtió en el tenso pleno de investidura con que el PSOE desembarcó en el gobierno de la capital tras la era Torres Hurtado: ni eran tiempos de reeditar experiencias fallidas como el ‘tripartito’ de Moratalla ni se extendía un cheque en blanco a los socialistas. El primer año sirvió para afrontar buena parte del catálogo de exigencias de estos particulares socios en la sombra -la formación naranja ha pivotado cómodamente en toda España con su decisión de facilitar gobiernos pero no desgastarse gobernando- con actuaciones concretas como el cierre del botellódromo, con contrapartidas efectistas como la dimisión del diputado de Deportes Mariano Lorente y con un compromiso de profunda regeneración política y económica en la gestión municipal que se ha ido diluyendo en un quiero y no puedo.

Por la minoría de unos y las zancadillas de otros, pero también por una incapacidad manifiesta para llegar a acuerdos. El equipo de Cuenca lleva dos años gestionando la ciudad con los presupuestos del PP -si ya es difícil que los políticos cumplan los programas electorales, más lo es si no se puede contar ni con un escenario propio de ingresos y gastos- y con una herencia endemoniada de crisis económica y financiera que mantiene a Granada como objetivo preferente del Ministerio de Hacienda para su intervención. A pesar de ello, del difícil punto de partida, resulta paradójico que una de las principales quejas en los grupos de la oposición -sin excepción- sea la intransigencia del equipo de gobierno, su afán de protagonismo y su inexplicable opacidad en la gestión.

Ruina municipal, falta de entendimiento en el día a día, choques más o menos velados con otras instituciones -incluidas las gobernadas por el PSOE- y continuos sobresaltos judiciales… También sorprende que la auditoría prometida para esclarecer el oscuro urbanismo de la última década se esté realizando con más solvencia en los tribunales que en las dependencias municipales y la personación en las diferentes causas que acorralan al anterior equipo del PP -es el caso Nazarí, pero es también el Serrallo, Casa Ágreda, la gestión irregular en TG7 y los contratos fantasma en Emucesa- no superen un perfil bajo de aparente obligatoriedad de estar simplemente para saber más que para actuar y para liderar el esclarecimiento de los casos en beneficio de la ciudad.

Se podría valorar que no se haya querido hacer leña del árbol caído, que se hayan separado los intereses partidistas de la responsabilidad institucional, pero no son pocos los que cuestionan (dentro y fuera de las filas socialistas) la poca contundencia con que se están enfrentando a procesos que apuntan a perjuicios millonarios.

Decía este viernes el alcalde que Granada ha recuperado “normalidad”, “tranquilidad” y la “confianza” de los ciudadanos en su ayuntamiento. “Una nueva etapa sin trampas”, tal vez, pero con ausencia de autocrítica y con un legado limitado si tenemos en cuenta que estamos ya en la cuenta atrás de las próximas municipales.

Lo más relevante que ha ocurrido en la ciudad en los últimos meses ha sido la puesta en marcha del Metro y la reversión de la fusión hospitalaria -sin un protagonismo directo por parte de la capital- y entre lo que está por venir se vislumbran luces -la llegada del legado de Lorca sigue su hoja de ruta para ser una realidad antes del 30 de junio- pero también sombras: por mucho que se presente como un éxito la gratuidad de los transbordos entre autobuses y Metro, aún está por ver que se pueda llevar a cabo la “revolución” del mapa de transporte anunciada -tampoco aquí se ha logrado el acuerdo con los grupos- y, sobre todo, anticipar si terminará sumando votos o los acabará restando.

En este punto, en este horizonte político de absoluta incertidumbre, podríamos situar, por ejemplo, el reforzamiento de Paco Cuenca dentro del PSOE asumiendo las riendas de la agrupación de la capital -si no gana lo suficiente dentro de un año para pactar y gobernar, el camino previsible apunta al Congreso o el Senado más que a la bancada de la oposición- y con esas mismas expectativas de que el juego está totalmente abierto podríamos leer los efusivos abrazos que esta misma semana se daban Luis Salvador y Sebastián Pérez en la cruz de Regina Mundi…

La vía Montoro del 155

Magdalena Trillo | 14 de enero de 2018 a las 12:19

El sentido común y la política pocas veces discurren en sintonía. No voy a defender que un fugado de la justicia gobierne Cataluña desde Bruselas, pero sorprende escuchar la vehemencia con que se pronuncian desde Madrid quienes, de facto, ya están gobernando en la Generalitat y quienes lo harían -si pudieran- en las comunidades autónomas hostiles que no dejan de exigir la revisión del modelo de financiación, en los cientos de municipios y diputaciones (incluidos del PP) que se rebelan porque tienen superávit y no pueden invertir -el Gobierno antepone la suicida regla de gasto- y en esos 660 ayuntamientos que se empeñan en incumplir los ajustes de Hacienda.

Aunque, siendo honestos, decir que se gobierna es una exageración. Respiración asistida y un decadente reloj de arena donde ya se ha instalado el deadline electoral. Me refiero, por supuesto, a la segunda vuelta que desde el 21-D planea sobre Cataluña -la quiebra del bloque independentista y la inesperada reconversión de los artífices de la vía unilateral no parece dejar más salida al radicalismo separatista que volver a desafiar la legalidad- pero también a la incertidumbre a nivel nacional con un PP incapaz de gestionar cualquier circunstancia que se salga de la inercia -lo del temporal vía skype desde Sevilla nada tiene que envidiar a la vía plasma desde Bruselas- y, sobre todo, el escenario autonómico que en comunidades como Andalucía se sitúa ya en marzo del próximo año -si no se adelantan a otoño- y el tablero local con las municipales de mayo.

El informe de los servicios jurídicos del Gobierno, apoyado en fundamentos de la ley del Sector Público, del Estatut y del propio Parlament, no sólo sostienen la ilegalidad de la vía telemática y por delegación para la investidura de Puigdemont sino que también cuestionan que se pueda gobernar desde el extranjero. Todo muy claro y atado pero sólo hasta que se diga lo contrario con los artículos precisos de los reglamentos oportunos y acabemos, de nuevo, ante el Constitucional.

La bondad de esta vía, la que llevó a la aplicación del 155, ya la conocemos; tenemos sin embargo todo un terreno por explorar vía Montoro. La de la puerta de atrás. La economía se impone, de nuevo, y sin discrepancias de interpretación. La carta remitida esta semana a los ayuntamientos incumplidores es demoledora: el Ministerio se ha dirigido a 660 alcaldes para pedirles explicaciones. Se habían comprometido a hacer recortes, subir el IBI o eliminar bonificaciones y no lo han hecho. Era la contrapartida de la zanahoria de los fondos de liquidez que el Ejecutivo lleva aprobando desde 2012 -el año más negro de la crisis- dando patadas a la bola de la ruina municipal.

Cuatro folios con una cadencia de amenazas en alarmante crescendo: adiós a las líneas rojas de los servicios básicos y los despidos. Incluso se apunta las medidas más drásticas y coercitivas de la Ley de Estabilidad: la disolución de la corporación. Más ingresos o menos gastos; no hay margen. Y no son sólo palabras: en paralelo, también han remitido una carta a los interventores recordándoles que su “obligación” es exigir el cumplimiento de los objetivos presupuestarios y las normas de morosidad. Que sean “proactivos”.

Granada, una vez más, está en la lista negra. Es la herencia del PP pero es también la situación de “esquizofrenia política” que se ha instalado en la Plaza del Carmen. Es difícil encontrar una forma más lúcida de expresarlo: la operación Nazarí desencadenó el desalojo del equipo de Torres Hurtado y sentó al PP en la oposición con la mitad del grupo pendiente de los tribunales y otra mitad pendiente de qué hay de lo mío; los socialistas se encontraron con el bastón de mando en una de las etapas más ingratas, complejas y de bloqueo que ha podido vivir el Ayuntamiento de la capital; en Vamos Granada no son capaces ni de votar en pleno con un mismo criterio; Puentedura salva los muebles de IU como puede; y en Ciudadanos se unen a la ola de euforia de las encuestas sin mayor responsabilidad que la escuela gallega de dejar el tiempo pasar.

Hasta he llegado a pensar que no sería ninguna tragedia que (des)gobierne Montoro con su particular vía 155.

Clima electoral (pero en la Plaza del Carmen)

Magdalena Trillo | 29 de octubre de 2017 a las 19:02

1. Reprobación: acción de reprobar (dar por malo). 2. Vodevil: comedia frívola, ligera y picante, de argumento basado en la intriga y el equívoco.

No sólo Puigdemont es un artista de la confusión. Lo que se vivió el viernes en la Plaza del Carmen podríamos llevarlo a escena como un auténtico “vodevil de la reprobación” (Puentedura, una vez más, puso la nota lúcida del pleno) aunque donde realmente se sitúa es en la trastienda de la política: el reloj electoral ya está en marcha.

Ninguno de los movimientos, declaraciones, órdagos, presiones y amenazas (no siempre veladas) que se están produciendo delante de los micrófonos -y sobre todo entre bambalinas- pueden explicarse ya sin tener en cuenta el factor político estrictamente partidista.

El horizonte oficial son las municipales de mayo de 2019 pero hay un deadline previo más relevante: si el PP y Ciudadanos van a reeditar su alianza para presentar una moción de censura contra Paco Cuenca y provocar el tercer cambio de gobierno en la capital (acabaríamos con un alcalde por año), deben hacerlo antes del próximo mes de mayo. No es ningún capricho; es un condicionante legal el que impide recurrir a la moción en el último año de mandato.

Tienen, por tanto, seis meses para negociar aquí, pero también en Sevilla y en Madrid, y decidir si están dispuestos a cambiar la baraja meses antes de la carrera electoral. En el PP ya han encargado un sondeo para valorar si tendría más opciones Sebastián Pérez o Rocío Díaz, en el PSOE se está produciendo un sólido cierre de filas en torno a Paco Cuenca -su anuncio de presentarse a las primarias locales y el anuncio de Chema Rueda de no optar a un tercer mandato van en esta línea-, en Ciudadanos se encomiendan a Manuel Olivares conscientes de que el ‘factor Luis Salvador’ desestabilizará cualquier previsión -su inesperada presencia en el pleno del viernes no es casualidad-, desde Vamos Granada no dejan de sorprender con su capacidad para provocar escisiones donde apenas hay qué dividir y en IU, por mucho que pesen los desvelos de los históricos, bastante hacen con mantener las siglas.

La reprobación de Cuenca ha sido tan simbólica, e inútil en el sentido práctico, como la que sufrió en 2012 cuando estaba al frente de la oposición y el propio TSJA tumbó un año después advirtiendo que no se puede “instrumentalizar el pleno” para hacer un juicio político. Pero, aunque ha tenido mucho de postureo, también de tanteo y escenificación, el grupo socialista está solo.

Después de meses extenuantes de negociación, sólo ha sido capaz de sacar una batería de medidas para hacer frente a la ruina municipal cuando se ha acercado a los postulados del PP y ha logrado su abstención. Fue el pasado lunes. El Ayuntamiento ya tiene luz verde para aplicar un duro plan de ajuste -que a nadie gusta- y mañana mismo, por ejemplo, podrá empezar a pagar la mitad de la paga extra que aún debe a los funcionarios.

Pero poco más. La subida del IBI sigue siendo una línea roja para toda la oposición y los presupuestos de 2018, un futurible. Las 100 actuaciones que el alcalde expuso a los grupos para valorar sus 540 días de gestión quedaron en puro voluntarismo.

La realidad es tozuda: 8 concejales socialistas cada vez más alejados de quienes deberían ser sus aliados naturales en la izquierda (los 3 de Vamos y el concejal de IU) y con una pinza creciente en frente que no dejan de apretar los 11 del PP y los 4 de C’s. De momento, lo único que desafía la aritmética son los líos judiciales en los dos bandos. Y aquí también hay movimientos.

Por encima de la situación de Cuenca -parece previsible el archivo-, lo realmente relevante es la imputación de los 8 ediles del PP del gobierno de Torres Hurtado por el caso Serrallo. No es extraño que las presiones sean constantes y que el asunto haya llegado hasta Madrid: si Vox retira su acusación particular, y al margen del recorrido judicial, políticamente se abren nuevos escenarios.

Y es que en las campañas electorales importa cómo se termina, pero es clave cómo se empieza y, sobre todo, con qué relato. Justamente donde estamos ahora. Dónde y con quién. Donde estábamos el viernes cuando, teóricamente, se reprobaba al alcalde.

La otra crisis de Pepe Torres

Magdalena Trillo | 15 de junio de 2014 a las 8:52

La muestra más aplastante de la popularidad de Torres Hurtado tras once años como alcalde de la capital la hemos vivido esta semana: no habrá nadie en Granada que no se haya interesado por su salud. Preocupación sincera y cariñosa que se ha extendido a los gobiernos regional y nacional y ha saltado a la misma Casa Real. A Pepe Torres se le quiere. Tiene sus ‘cosas’, pero es apreciado y respetado.

El siguiente comentario que ha llegado tras saber que evoluciona bien también ha sido unánime: qué pasa ahora con su carrera política. Y la tercera consecuencia, claramente vinculada con lo anterior, la hemos sufrido en los medios de comunicación: la pésima y desastrosa gestión que desde la Plaza del Carmen se ha realizado de las primeras 48 horas de ingreso hospitalario. No hay otros apelativos más apropiados que puedan calificar la desinformación con que se ha intentado ‘tapar’ lo que ya se ha convertido en una de las más importantes crisis mediáticas de la actual corporación.

La cronología de hechos relatados es elocuente. Domingo de descanso en su casa de Píñar. Se pone a colgar una persiana y le da un mareo. Se preocupa -es conocido su carácter aprensivo- y decide ir al hospital. Lo ingresan. A partir de aquí dos días de caos informativo. La noticia del ingreso en el Virgen de las Nieves empieza a circular el lunes por la mañana por las redes sociales y acaba en los espacios informativos de todos los medios de forma confusa. Se habla de “desfallecimiento”, de problemas cardiacos, de marcapasos… El hospital remite al Ayuntamiento advirtiendo que no “puede” dar ningún parte médico y la versión oficial tras una larga jornada de rumores y absoluto desconcierto es tajante: son vértigos y, por ser quien es, se le mantiene en observación… Se insiste en que es un problema de “vértigos” y se asegura que “en horas” estaría en casa. La mañana del martes, más de lo mismo: los concejales de su equipo que se ven obligados a dar la cara ante los periodistas califican su estado de “asunto banal”. 

La ‘verdad’ llega a las 20:32 de la tarde en forma de “comunicado urgente” del Partido Popular de Granada: 1. El alcalde de Granada ha sido ingresado en la UCI del Hospital de Traumatología aquejado de un infarto de cerebelo. 2. A la espera de un parte médico oficial, Torres Hurtado necesitará de un largo proceso para su total recuperación. 3. El Partido Popular de Granada procederá al nombramiento de un alcalde en funciones para cubrir ese periodo.

Todavía, muchos se preguntan hoy qué hacía Sebastián Pérez el martes en el Ayuntamiento pilotando la salida de la crisis -hay quienes aseguran que sólo ha asistido a un pleno en este mandato y pocos son capaces de recordar cuándo se le vio allí por última vez-. Pero seamos claros, hasta que el presidente de la Diputación no toma las riendas, la bola de desinformación no deja de crecer. ¿Nadie de su equipo fue capaz de reaccionar si lo que realmente ocurrió es que entró con unos mareos y no fue hasta el martes cuando se detectó el infarto cerebral?

Sólo una hora más tarde del comunicado oficial, el PP estaba celebrando una “reunión de urgencia” en el Ayuntamiento a la que fueron citados todos los concejales -Juan García Montero no asistió porque estaba en Madrid- y por primera vez en dos días se informaba ampliamente a los medios. A nivel interno, molestó que el presidente del PP se sentara en el sillón principal del salón de comisiones -reservado al alcalde- pero no es cierto que él mismo se propusiera como alcalde en funciones como ha circulado en algún corrillo. Se optó por aplicar el reglamento a rajatabla y se acordó el nombramiento del primer teniente de alcalde, el concejal Juan Antonio Mérida, después de pedir a cada uno de los ediles que expresaran su opinión en público; otra cuestión que ni entonces ni ahora se termina de entender.

Hasta aquí los hechos. A continuación, totalmente inevitable ante tanta opacidad, las lecturas interesadas y las especulaciones. Justo la semana en que el Parlamento andaluz aprueba la Ley de Transparencia más avanzada y ambiciosa de España, Granada da un triste espectáculo de confusión que muchos ven como un burdo intento de manipulación para proteger el ‘cartel’ de Pepe Torres ante las próximas municipales -y que conste que nadie ha ‘teledirigido’ esta versión de forma interesada -. A once meses de las urnas, después de haber reafirmado su intención de presentarse al cuarto mandato, de tener el aval explícito de su líder regional y teóricamente el de Génova, Torres Hurtado no podía dar la imagen de ser un aspirante frágil y acabado. El precio, sin embargo, ha sido alto: las críticas y reproches por la desinformación se han producido fuera y dentro del propio equipo ya que ha habido momentos que hasta en los medios se manejaba más información que entre los propios concejales del PP.

La cuestión ahora es saber a quién se le ha aparecido (más) la Virgen. Por supuesto, a Pepe Torres. Hemos pasado de no saber si estaba consciente a verlo bromear y ‘pelear’ para ir al Corpus aunque sea en silla de ruedas… Si todo queda finalmente en un susto y es capaz de recuperarse plenamente aprovechando el verano, hasta podría salir fortalecido beneficiándose de la campaña de empatía que está suscitando su convalecencia. En segundo lugar, a Paco Cuenca. Aunque aquí se acumulan los condicionantes: que logre imponerse como candidato del PSOE en las primarias -ni los ‘suyos’ son capaces de defender que “vayan a poner otra vez a ese muchacho”- y que no termine quemado por el lío judicial que le ha salpicado por unas ayudas a su pareja -sería paradójico que acabara ‘tocado’ en los tribunales después de la agresiva campaña que ha liderado contra el alcalde por el ‘caso del Cerrillo’ y que ha acabado en nada-.

Por último está de quien todo el mundo habla… De Sebastián Pérez. Con una Diputación cogida con pinzas, el siguiente paso en su trayectoria política podría ser la capital. ¿Lo del martes fue una puesta en escena? Lo sería si realmente se pudiera asegurar que ser alcalde sigue siendo su mayor aspiración. Desmentirlo estaría dentro del guión, pero no perdamos de vista que es un gran estratega y que hace tiempo que hasta tiene diseñado un ‘plan b’ para la capital que no pasa ni por Pepe Torres ni por él mismo… En cualquier caso, es verdad que hasta el domingo hubiera sido una lucha interna en la que no estaba dispuesto a desgastarse y, desde el lunes, Sebastián Pérez puede presentarse como el ‘salvador’. No quitaría a nadie para ponerse él sino que llegaría en auxilio del partido y de Granada.

De momento, hay que reconocerle que haya impuesto cierta normalidad en la Plaza del Carmen -Mérida representa más que nadie la ‘continuidad’ de Pepe Torres- y se haya salvaguardado la marca del PP en la capital. Para los próximos meses queda saber si estamos asistiendo a la crisis política de Pepe Torres y si serán capaces en su partido de encontrarle una salida que no sea por la puerta de atrás. No lo merece.

Juego de tronos, en clave local

Magdalena Trillo | 1 de junio de 2014 a las 12:49

Las intrigas de ‘palacio’ que ya se han abierto para ocupar el sillón de la Plaza del Carmen bien podrían justificar un capítulo de Juego de Tronos. Mientras los productores de HBO buscan localizaciones en Andalucía para rodar la quinta temporada de la exitosa serie televisiva, los Stark, Targaryen y Lannister de este especial Sur que sirvió de inspiración al creador de la saga literaria definen estrategias para diseñar su particular asalto a Desembarco del Rey.

Con la esperanza de servir de escenario para ese Festín de Cuervos que ha de tomar forma en el árido y semidesértico nuevo reino de Dorne, no hay rincón en Andalucía que no esté moviendo ficha en el sacudido tablero de poderes que ha resultado del 25-M. De la Alhambra de Canción de Hielo y Fuego a las cumbres de Invernalia, héroes y villanos se miden para convertirse en leyendas o perecer de forma terrible y prematura. O ganas o mueres.

Así de implacable es el juego de este Tolkien de dragones y mazmorras que, con menos épica y fantasía que en la pequeña pantalla, tan fácilmente conduce a las catacumbas de la política actual. Con Génova y Ferraz abiertas en canal -unos con más disimulo que otros-, ni el férreo liderazgo con que Susana Díaz gobierna desde San Vicente y San Telmo se escapa a la tempestad. Se acerca el invierno… El de verdad. Por mucho que nos digan que no se pueden extrapolar los datos a unas municipales, deberán reconocer los iluminados de las encuestas que no hay termómetro más fiable en estos momentos que el 25-M. Los grandes partidos han perdido el paso. Y lo saben.

Todos con excepción del líder regional del PP, que vive su particular lucha por el Trono de Hierro creyéndose que se han alcanzado los objetivos. ¿La derrota? ¿Romper un ciclo de tres victorias consecutivas? ¿Demostrar que, con o sin Susana Díaz, el PP no va gobernar en Andalucía? Hasta sus ‘barones’ se han alarmado esta semana con su fantasiosa lectura de las elecciones. El equilibrio en los Siete Reinos de Poniente está a punto de romperse. Los ‘salvajes’ del otro lado del muro se han infiltrado y la lucha ha dejado de ser cosa de dos: la Casa del Norte y la Casa del Sur corren el riesgo de quedarse en fuerzas marginales. No conectan con los jóvenes, no convencen a los indecisos, no dejan de perder incondicionales y no funciona ni la comunicación ni el mensaje.

Unos caen y otro suben: ‘Podemos’ debutará en Europa con cinco parlamentarios y sería una equivocación no considerar seriamente que va a entrar en la política local. En Granada ya planea la sombra del tripartito. El 25-M le ha dado oxígeno a Torres Hurtado para presentarse en 2015 contra el criterio del partido provincial -incluso para ‘aguantar’ hasta ese “2031” que ha convertido en mensaje electoral- pero la partida es otra. Si no logra la mayoría absoluta (tiene que recuperar más de 10.000 votos en barrios ‘rebeldes’ como Chana, Zaidín y Albaicín), un bloque de izquierdas impulsado por PSOE, IU y ‘Podemos’ podría dejarle sin opciones de gobierno para ese cuarto mandato que parece acariciar.

Sólo UpyD podría salir en auxilio de los populares y nada hace indicar que Mayte Olalla vaya a querer casarse con quienes llevan dos años ninguneándola y cabreándola (la última ‘afrenta’, la reducción del sueldo con la eliminación de la dedicación exclusiva). En el PSOE la situación no es mejor: acortan distancias pero no terminan de conectar; las primarias locales de septiembre se prevén movidas -si lo son “de verdad” entrarán en la partida aspirantes como César Girón- y quién sabe si el papel de los socialistas en el tripartito termina siendo de comparsa.

La candidatura de Torres Hurtado está en manos de Génova. Y, ojo, será también su responsabilidad. La dirección nacional se reúne el martes con los líderes provinciales y regionales para comenzar a trabajar en las candidaturas de las municipales. El alcalde tiene margen pero siguen siendo muchos los que, dentro y fuera del partido, entienden que se ha acabado su tiempo. Si pasa el filtro de Rajoy, Sebastián Pérez lo apoyará. No habrá una mínima división cuando lo que el propio PP se juega es la Diputación.

Aún hay un año de partido, pero tendrían que recuperar tres diputados (Capital, Cinturón y Costa) para no perder el gobierno provincial ante un bloque de izquierdas que lideraría Pepe Entrena. Se ruede o no en Granada, son muchas las lecciones que podrían extraer unos y otros de Juego de Tronos… Que tan importante como las fuerzas son los tiempos. Que tanta grandeza hay en saber llegar que en saber irse. Que una retirada a tiempo, a veces, es una victoria.