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Dejación de funciones

Magdalena Trillo | 25 de junio de 2017 a las 11:15

Empobreciendo la pobreza. Menos pobres pero más desahuciados. Pobres con contrato de trabajo. Pobres con estudios. Pobres con rostro de mujer.

Después de una década de crisis, poco tiene que ver el retrato que hace Cáritas de la sociedad española con el optimismo calculado que reflejan las encuestas del CIS. Menos aún con los números y porcentajes que estrujamos en las estadísticas de turno para fijar puntos de partida y expectativas que ratifiquen que estamos “apuntalando la recuperación”. Siete de cada diez familias son ajenas al espejismo del despegue. La pobreza se ha vuelto crónica, se ha intensificado y lo más grave es que lo hemos normalizado con una absoluta indiferencia.

Hijos que no pueden irse de casa; hijos que vuelven asumiendo el fracaso de la emancipación. Familias que viven a oscuras porque no pueden ni pagar la luz; enfermos que son atendidos a la luz de las velas. Los barrios más pobres de España, los municipios más pobres de España, están en Andalucía. Hasta siete en Sevilla, dos en Málaga, uno en Córdoba…

La zona Norte de Granada no está en el ranking; en Almanjáyar hay un microclima de problemas mucho más complejo. La pobreza de unos compite con la delincuencia de otros; o tal vez sea justamente la miseria lo que lleva a familias enteras a convertir sus casas en grandes focos de cultivo de marihuana. Son salidas fuera del sistema a las que conduce una situación desesperada. Más aún cuando estás convencido de que votar no sirve para nada, tampoco asociarte y mucho menos movilizarte.

Decía el Defensor del Ciudadano que el mayor problema de Granada en estos momentos no tiene que ver con los atascos y la movilidad, con la fusión hospitalaria, con el retraso de las infraestructuras ni con los culebrones de los tribunales. Hablaba de la zona Norte, de la vulneración de derechos fundamentales, de posibles irregularidades en la gestión del suministro eléctrico, de la “incompetencia” de las empresas y las administraciones y hasta de dejación de funciones. Confirmaba que la Fiscalía ha abierto una investigación penal para aclarar unas denuncias sobre las que ya alertaba en mayo el Defensor del Pueblo Andaluz asumiendo la “profunda vergüenza” de ver cómo unos y otros bajan los brazos y miran para otro lado…

Dejación de funciones. Puede que también sea lo que al final subyace en la “impotencia” con que el alcalde de Pinos Puente, el también diputado Enrique Medina, emprendía esta semana una recogida de firmas para reclamar a la Subdelegación del Gobierno más agentes de la Guardia Civil que hagan frente a la “creciente sensación de inseguridad” que se vive en un pueblo mediáticamente estigmatizado por los índices de criminalidad. Más patrullas, más controles. Hacer algo más que ser testigos complacientes con los vehículos de gran cilindrada que se pasean por su pueblo…

No es casualidad que los políticos se hayan convertido en un problema (más) para los ciudadanos. Y son los temas de corrupción, por supuesto, pero también su manifiesta incompetencia para dar respuesta a los problemas de hoy y para atisbar siquiera una hoja de ruta que anticipe los que nos acechan, para alcanzar consensos sobre las urgentes reformas que requiere el país por encima de la demagógica enmienda a la totalidad que propugnan algunos.

Y no es extraño que la consecuencia sea una percepción generalizada sobre el mal funcionamiento de las instituciones, una desconfianza contagiosa en quienes nos gobiernan y un paulatino descuelgue del sistema. Volvamos al informe de Cáritas: ¿de nada sirve votar?, ¿movilizarse para qué? Unas veces por incapacidad y otras por miedo; es difícil saber qué disfunción es la más peligrosa cuando todos los casos conducen a una gravísima parálisis de la Administración. Si nada firmas, si nada haces, si de nada eres responsable, nada hay que temer.

¿Dejación de funciones? De políticos y de funcionarios y en todos los estamentos de la esfera pública. Es la situación de emergencia de la zona Norte pero es también el giro que acaba de dar el caso Agreda con la reapertura de la causa por parte de la Audiencia Provincial evidenciando profundas discrepancias con el juez que ordenó el archivo y con la fiscal; la venta de la casa puede que no fuera tan transparente ni tan justa…

Incluso, me atrevería a llevar la denuncia de la dejación de funciones a los ‘inicios’ del caso Nazarí… Por qué Nino García-Royo no recurrió a los tribunales si hace diez años tenía tan claro que había una trama corrupta en Urbanismo con “Manolo y sus amigos”; por qué su sucesora al frente del área, por muy grande que fuera el “berrinche” del concejal por no ir en las listas del PP a las municipales para el segundo mandato de Torres Hurtado, no tomó ninguna cautela cuando le advirtió por carta…

Ala espera de lo que vayan resolviendo los tribunales, dejar morir los temas, no hacer nada y mirar para otro lado tal vez haya sido el mejor escudo para evitar problemas en el ámbito público y político. Pero entonces tendríamos que asumir entre todos que nada hay tampoco que defender ni que salvar. Porque en la dejación de funciones pueden esconderse quienes gobiernan pero también los gobernados.

La lección del tomate

Magdalena Trillo | 3 de junio de 2012 a las 10:35

BANKIA? Agujero negro. ¿Rescate? Corralito. ¿Reformas? Sacrificios. ¿Europa? No. Si un psiquiatra tuviera que analizar estas asociaciones de ideas, seguro que diagnosticaría un estado profundo de negativismo cercano a la depresión. Como ya habrán imaginado, el enfermo es España y, lamentablemente, las noticias catastróficas de la última semana no dejan resquicio al optimismo. Mientras averiguamos si la situación es reversible, y si el plan de choque intensivo de las autoridades europeas no conduce a la inanición, les propongo una segunda asociación de palabras mucho más sugerente: ¿Dinosuarios? Tomate.

 

La portada de Nature de su último número me ha dejado más conmocionada que la escalada de la prima de riesgo a zona de intervención. Resulta que el tomate se ha convertido en el gran superviviente de la humanidad. Hasta trescientos científicos de 14 países han participado en un estudio que demuestra cómo el ingrediente estrella del gazpacho fue capaz de triplicar sus genes para adaptarse a las nuevas circunstancias medioambientales de la Tierra y resistir a las grandes extinciones, incluida la ocurrida hace 60 millones de años que acabó con los dinosaurios.

 

Los investigadores han comparado el material genético del tomate doméstico con el silvestre y la patata y han identificado en su ADN unos 35.000 genes en 900 millones de pares de bases y con varios casos de duplicaciones que vendrían a explicar su capacidad de superviviencia. ¿Sabían que un tomate y una patata son iguales en un 92%? ¿Se imaginan a un tomate capaz de cambiar de color para llamar la atención de las bestias y convertirse en alimento estratégico?

 

Recuerdo un verano que hice la dieta del tomate. Dos kilos en tres días: clave contra la celulitis e ideal para fumadores y adictos al café; más entretenida que la de la piña y mucho más sana y barata que la dieta de la sonda nasogástrica. La enésima polémica en métodos agresivos de adelgazamiento: deberá estar las 24 horas del día cargado con una mochila y alimentarse a través de una sonda de la nariz al estómago. La ha puesto en marcha una clínica de Barcelona para hacer frente a la obesidad y, teóricamente, reducir los niveles de colesterol, triglicéridos y ácido úrico. La promesa de adelgazamiento es radical: diez kilos en diez días. Hay listas de espera.

 

Un país de locos. Mientras unos pagan cinco mil euros para enchufarse a una sonda que contrarreste los excesos de mariscos, carnes rojas, alcohol y otras veleidades y alguno carga al presupuesto público del Supremo hasta 40 cenas -de trabajo- en restaurantes de lujo de Marbella un puñado de parados granadinos se encierran en la Curia buscando “mediación divina” contra la crisis. La huelga de hambre es una oficialidad, porque penurias ya pasaban todos los días: “No tenemos ni cinco euros para comprar a nuestros hijos unos zapatos de los ‘chinos'; ni un euro para tres barras de pan”, declaraba Santiago Cortés. Hace sólo unos días Unicef alertaba de que ya hay más que niños que ancianos al borde la pobreza en España: el 26% de los menores está en riesgo de precariedad y un 13% sufre privaciones. Sólo Rumanía y Bulgaria están en la Unión Europea en peor situación.

 

Unos no desayunan porque no tienen y otros porque prefieren atiborrarse de gominolas y bollería a cualquier hora del día. El último informe de la Fundación Thao asusta: el sobrepeso y la obesidad afectan ya al 30% de los niños de entre 3 y 12 años. Para el estudio han entrevistado a más de 38.000 menores de 25 municipios de siete comunidades españolas. Este mismo viernes, los pediatras alertaban en Granada del aumento del sobrepeso infantil y de la poca eficacia de los planes preventivos si no se consigue un cambio en las prácticas alimenticias de las familias. Un país de desigualdades y contradicciones. Unos tantos y otros tan poco.

 

Pese a todo, y sin aclararnos si es gracias a la lección del tomate -adaptarse para sobrevivir-, hay quienes no ven el futuro demasiado negro. Leía hace poco una investigación de la London School of Economics que aseguraba que los humanos viviremos una media de 120 años en el tercer milenio, se nos oscurecerá la piel y seremos más altos. Ellos serán más atléticos, con las mandíbulas más cuadradas, la voz más profunda y el pene más grande; y nosotras perderemos el vello corporal. Más que ciencia parecen deseos y pura ficción… Lástima que no vivamos para verlo.