Archivos para el tag ‘política’

Un golpe de timón con mano izquierda

Magdalena Trillo | 10 de junio de 2018 a las 11:50

vogue

En la imagen final del nuevo Gobierno, la que ha devuelto el rojo a Moncloa, la que viene a continuar la foto de ZP y sus ministras en Vogue, las mujeres son mayoría. Sí. Histórico. Pero más aún que en la etapa de Zapatero cuando sorprendió con el primer equipo paritario de nuestra historia. Pedro Sánchez redobla el gesto y el fondo. Estamos ante el primer Ejecutivo realmente feminista en la democracia europea. Sin cuotas de género (curiosamente son algunos de ellos los que chirrían), sin componendas territoriales y sin concesiones partidistas. Ni siquiera a los valedores que despejaron el camino de la moción.

Lo cierto es que las expectativas eran tan bajas, tan conectadas con la idea de emergencia y de provisionalidad, que el golpe de efecto se ha multiplicado convenciendo hasta a la oposición. Pero llevamos una semana situando el foco en el número, en lo cuantitativo, cuando lo realmente relevante se sitúa entre bastidores. Ha sido todo un golpe de timón con mano izquierda. Inteligente y audaz. Inesperado.

Parece incuestionable el papel clave que José Luis Ábalos, sombra de Pedro Sánchez y nuevo titular de Fomento, ha tenido en la estrategia de alianzas para conseguir la caída del PP; para torpedear lo que en 2015 y en 2016 fue un muro de hormigón de líneas rojas. Pero el punto de calidad lo ponen ellas. Fue Carmen Calvo la hacedora del difícil acuerdo para la aplicación del 155 en Cataluña y ha sido Margarita Robles quien ha hilvanado y cosido la moción de censura. En el retrato final, Pedro Sánchez está haciendo justo lo contrario de quien se presupone rehén de la ambición y del poder: rodearse de las mejores.

Se pueden equivocar, podrán defraudar, pero no hay ni una sola ministra florero y no son ninguna ‘maría’ sus responsabilidades. Al contrario. Es un misil de capacidad y de solvencia el que ha reventado el techo de cristal. Las dudas las ponen ellos. El ministro astronauta se ha llevado los mejores titulares, también los memes, pero todos miran de reojo a sus mandos intermedios -los secretarios de Estado- para saber si tranquilizarse o preocuparse. La apuesta de Grande Marlaska roza lo inescrutable y el fichaje de Màxim Huerta, la extravagancia.

maxim

Es verdad que todo está por demostrar -los que parten como valores seguros no se libran del fracaso y no deberíamos subestimar que haya alguna remontada de éxito- pero el mensaje inicial que se ha lanzado con la elección del periodista televisivo no justifica el esperado Ministerio de Cultura de un gobierno socialista. Dicen que Elvira Lindo rechazó la cartera, que Banderas también se negó, que… ¿Justo cuando hay que dar un paso adelante el mundo de la cultura se repliega?

Es, en todo caso, un gobierno para gobernar. Decía Pedro Sánchez que su máxima iba a ser “escuchar, dialogar y consensuar”. Con 84 diputados, un PP atrincherado en el Senado y unos presupuestos heredados, la actividad del BOE está por ver pero, en la gestión de coste cero, hay partido. Me recordaba una compañera esta semana que en Granada fue precisamente con el débil gobierno del tripartito cuando se aprobó el PGOU, uno de los documentos más complejos de la vida municipal. En el Corpus, los socialistas celebraban el regreso a Moncloa tomando prestado el ‘sí se puede': con 8 y con 80…

Por mucho que escueza en el PP, Cuenca será el alcalde que traiga el legado de Lorca y salga en la foto con Sánchez cuando el AVE llegue por fin a Granada. Si Madrid consigue el deshielo con Cataluña, sienta las bases del nuevo modelo de financiación, corrige lo más contestado de la ley mordaza y la reforma laboral y sitúa la igualdad (de verdad) como eje transversal de gestión, ya se podría justificar en un año todo un mandato de cuatro.

Entre bastidores se encuentra, además, una segunda lectura de todos estos movimientos, gestos y mensajes: la de partido y la electoral; pacificación a nivel interno y remontada social. Había una oportunidad y, de momento, se ha decidido aprovechar con pragmatismo y astucia, con un sexto sentido y con mucha mano izquierda. No son cualidades exclusivas de las mujeres, pero ahí están ellas: en la sombra y en la foto.

sanchez

La caída de los jueces

Magdalena Trillo | 5 de junio de 2018 a las 10:30

La juez Alaya ha decidido salir de su ostracismo mediático sin contemplaciones: gravísimas acusaciones contra la Junta, inauditos reproches al PP y furibundos ataques a sus compañeros. Basculando entre el victimismo y la heroicidad, denuncia presiones políticas y judiciales para apartarla de las grandes causas de corrupción en Andalucía. Acusa y difama a la vez. Todo sin pruebas.

En Lugo, la magistrada María Jesús García Pérez hace de pitonisa en su tiempo libre. Ya fue expedientada por ir al juzgado con su gato y ahora es el CGPJ el que ha abierto una investigación para esclarecer la rareza de que se dedique a echar las cartas del Tarot por 20 euros. Su jefe se confiesa incapaz de calificar lo que, cuanto menos, le parece “peculiar”.

Desde Granada, el jurista Carlos Castresana, conocido por su etapa como fiscal anticorrupción al frente de investigaciones como la de Gil o Pinochet, ha lanzado una dura denuncia sobre la connivencia de jueces, fiscales, políticos y empresarios, que ha removido los cimientos del complaciente sistema judicial.

En estos momentos lleva media docena de causas que afectan al anterior gobierno de Torres Hurtado (PP) y su diagnóstico inicial es demoledor: “En Granada los casos se atascan por el gran poder de los imputados”. Asegura que la situación “está muy extendida” y que no se denuncia porque los propios abogados tienen condicionadas sus carreras, sus despachos, sus clientes… Una ley del silencio que se convierte en un burladero protector.

Preguntémonos, por ejemplo, cómo es posible que todas las grandes causas de corrupción en este país (del caso Serrallo en Granada a la trama de la Gürtel) hayan sido impulsadas por ciudadanos anónimos que han terminado siendo presionados y perseguidos… Pensemos si no lleva razón Castresana cuando ve un Poder Judicial “escuálido” y “muy manipulado” porque “así interesa” al resto de poderes. Y reflexionemos sobre una realidad: en la mayoría de los casos no es el enriquecimiento del político lo que suele estar detrás, sino la financiación irregular de los partidos. “El delito electoral -dice- es el gran desconocido”. Corruptos y corruptores. Otra pieza del puzle que a nadie le interesa remover…

Son historias variopintas, diferentes, pero todas ellas transmiten una imagen de la Justicia muy alejada de la sobriedad institucional que se le presupone. Podríamos replicar que se trata de “manzanas podridas” y de “casos aislados”, pero nos engañaríamos si pasamos por alto el cáncer que supone un corporativismo a cualquier precio.

El mundo de ayer

Magdalena Trillo | 3 de junio de 2018 a las 10:00

Cuando Pedro Sánchez vino a Granada Hoy casi no había excusa para una entrevista: era diputado del PSOE en el Congreso, ni siquiera había decidido presentarse a las primarias -Pérez Tapias ya había dado el paso- y en su discurso se conjugaba con igual fluidez el respeto a los grandes referentes de su partido -de Felipe González y Alfonso Guerra a Ernest Lluch y Javier Solana- con una entusiasta admiración al modo cercano de hacer política y al sólido liderazgo que Susana Díaz había logrado forjar en Andalucía -parecía sincero- y una férrea convicción de que el futuro del socialismo tenía que venir de abajo, de la regeneración y el cambio que debía impulsar la cantera.

Fue en junio de 2014. Hace justo cuatro años. Me lo presentó Jesús Quero sin que ninguno atisbáramos entonces ni la travesía del desierto que a Pedro Sánchez le tocaría vivir dentro de su partido ni el tsunami que iba a azotar todo el sistema político español: desde el naufragio del bipartidismo hasta la fractura territorial con la ofensiva de los catalanes pasando por la abdicación del Rey. Entonces el debate era si sería bueno crear una ley orgánica que permitiera al Rey Juan Carlos dar un paso atrás… La preocupación era la crisis y la incipiente precarización del mercado laboral… El desafío era que la gente viera el PSOE como “una alternativa real a las políticas del PP”.

Lo que más me ha sorprendido de la entrevista es que hoy podríamos publicarla y tendría actualidad. Ese Pedro Sánchez que se ha especializado en renacer una y otra vez de sus cenizas no ha cambiado de discurso. Quienes le siguen (y han creído en él incluso cuando no estaba de moda) destacarían su coherencia, su infinita paciencia y su capacidad de resistencia; quienes no se tomarían con él ni un café no verían más que vacuidad y frivolidad. Ciertamente, lo más importante en política, en la vida, son las expectativas. Todo es movedizo sin un horizonte de partida y de llegada. Sin un contexto y unas coordenadas que nos ayuden a entender y a relativizar. A los personajes y a los acontecimientos.

¿España hoy está mejor que ayer? ¿Lo estará mañana? ¿Salimos de las tinieblas o nos precipitamos al abismo? Podemos elegir. Solo necesitamos un contexto (la pregunta clave sería respecto a qué) y unas expectativas (para qué). Y en este punto todo se nubla y se vuelve relativo.

Con una enorme preocupación por la incertidumbre y la inestabilidad que abre un cambio tan abrupto de Gobierno, un buen amigo me recordaba esta semana las lecciones de Stefan Zweig en El mundo de ayer. Temía que el desafío independentista conduzca a España a un proceso de balcanización y, tal vez pensando en los nulos referentes de hoy, me recordaba que Roma fue grande gracias a los viejos; no a las urgencias de los jóvenes. Era el César quien la hacía grande, pero era la sapiencia del Senado quien acababa manteniendo el imperio cuando saltaba la semilla de la destrucción que lleva aparejada el ímpetu, la vanidad y la ambición de la juventud.

Lo realmente diferencial y sintomático del escenario actual es que El mundo de ayer de Stefan Zweig, que fue capaz de retratar con serenidad la convulsión y los desvaríos de la Europa del siglo XX, hoy se sucede en cuestión de horas. ¡Si ni los más pedristas creían el viernes que la moción de censura iba a prosperar!

Son tiempos complejos, extraños y caprichosos. Pero si somos capaces de abstraernos del fatalismo ibérico y de la urgencia de la inmediatez, tal vez podamos aferrarnos a esa misma incertidumbre que nos quema para darnos una oportunidad. No digo ya al nuevo gobierno, me refiero a nosotros mismos permitiéndonos el lujo de ser (excepcional y comedidamente) optimistas. Lo dijo el propio Rajoy antes de abandonar el hemiciclo y desearle “suerte” a su sucesor en La Moncloa: egoístamente, es a España a quien le interesa que funcione y, sobre todo, que no se estrelle…

Urnas en diferido

Magdalena Trillo | 29 de mayo de 2018 a las 10:00

La pregunta no es qué -volvemos a las urnas sí o sí- sino cuándo, cómo, con qué coste y con qué protagonistas. De momento, lo único seguro es que todos los escenarios son complejos, que todos tienen más sombras que luces y que ninguno nos salva de volver a sumirnos en la insoportable travesía de ingobernabilidad que sufrimos con las elecciones de 2015.

Aunque “echar a Rajoy” se ha convertido en un objetivo transversal tras la demoledora sentencia de la Gürtel -inaudito si recordamos las líneas rojas que se levantaron hace dos años para formar gobierno-, tenemos demasiados precedentes para no pensar que sería una ingenuidad dar por muerto al líder del PP y mucho más subestimar a sus votantes.

Las encuestas recogen tendencias pero no votos y basta recordar el Brexit o los fallidos sondeos de los sorpassos para enfrentarnos a la dura realidad: las urnas pueden ser la solución -al menos una salida al bloqueo- o pueden ser una encerrona -pensemos en Cataluña o miremos en Italia el explosivo cóctel de populistas de izquierdas y de derechas haciendo como que gobiernan-.

¿Una moción de confianza? Para alguien como Rajoy que hace sólo unos días se veía con “ánimo” para seguir dos años más y hasta para repetir, recurrir a este instrumento democrático significaría tomar la iniciativa y asumir que ha perdido la legitimidad para gobernar cuando ni siquiera se da por aludido por la corrupción. No es viable.

¿La moción de censura? Era la única hoja de ruta transitable para Pedro Sánchez pero resulta igual de peligrosa si prospera -con el altísimo precio de los independentistas- como si fracasa y debilita aún más al (supuesto) líder de la oposición. Porque, bajo los grandilocuentes discursos con que nos distraen estos días todos los partidos, lo que hay es cálculo electoral.

Ciudadanos no se esconde: quiere elecciones y las quiere ya. Pero se olvida de que en 54 días son muchas las páginas que pueden distorsionar la fotografía de los sondeos y, sobre todo, pasa por alto que ni tienen estructura de partido ni tienen equipo para gobernar. Lo de fichar a independientes y aplicar sofisticados métodos de selección vende muy bien, pero la realidad es mucho más exigente e impredecible.

En sus filas ya hay quienes reconocen que tanto poder, y tan rápido, los puede llevar al borde del abismo. Ese mismo que, al otro lado del tablero, acorrala a un PP que parece soñar con una comparecencia exprés de su presidente: con tele de plasma si hace falta, pero anunciando elecciones en diferido (el tiempo suficiente para calmar las aguas y sacar partido a los recién aprobados PGE) y situando a Núñez Feijóo como candidato. ¿Demasiado para Rajoy?

Políticos insomnes

Magdalena Trillo | 22 de mayo de 2018 a las 10:00

Estrés y ansiedad. Pérdida de atención y malestar general. Disminución del rendimiento laboral. Nerviosismo e irritabilidad. Esto es lo que le pasa a la gente normal cuando sufre de insomnio. La propia OMS lo ha llegado a catalogar como enfermedad, es la patología más común entre los trastornos del sueño y se convierte en toda una epidemia a las puertas del verano cuando confluyen los efectos de las alergias con la astenia primaveral.

¿A los políticos les influye igual? Sí y no. Porque pocas veces tiene relación el plano que nos enseñan con el que hay, lo que dicen con lo que piensan y, sobre todo, lo que predican con lo que practican. Lo realmente curioso se produce cuando conectamos la neuroquímica con la ideología y asociamos las inclinaciones políticas con las actitudes vitales de los ciudadanos.

Lo acaba de hacer un compañero de La Vanguardia arrojando más luz sobre la enloquecida deriva de la esfera pública que cualquier encuesta del CIS: los votantes del PSOE son los que peor duermen y más se deprimen; los de Ciudadanos son los que más se automedican; los afines a Podemos son los que más recurren a tratamientos alternativos y los soberanistas, los que se declaran más felices y sueñan mejor.

Es un problema de insomnio pero también de falta de coherencia. Y de miopía. Con permiso del certero diagnóstico de “aprovechategui” que le endosó Rajoy, Albert Rivera nos dio este domingo una sugerente clave para interpretar el desnortado tablero partidista: ponernos gafas. El PP, por ejemplo, debe verlo todo negro: no hay ni una sola encuesta que lo salve de una agónica caída acentuada por el fango de la corrupción, los másteres fantasmas y las crecientes críticas de inmovilismo e incapacidad.

Los socialistas se han estancado en el gris: se cumple justo un año de las convulsas primarias en el PSOE con un Pedro Sánchez replegado y a la defensiva. No hay líder ni liderazgo. Lo “decisivo en los toros” será “la faena del matador” -dice Page- pero no ayuda que los banderilleros no preparen el terreno para “rematar”. ¿Nos extraña que sus votantes se sientan tristes?

Podemos va de marrón en marrón -justo cuando en Madrid más se tambalea la derecha, hacen de pirómanos y convierten un problema personal en una cuestión nacional de “dignidad” y de descrédito- y, mientras los independentistas siguen viviendo en Cataluña su particular cuento rosa de República, la formación naranja se apropia de todo el fulgor del arcoíris. “Recorriendo España yo no veo rojos y azules, veo españoles”. Lo ha escrito Rivera en Twitter pero es otra cosa lo que quiso decir: ve votantes de Cs. De todos los colores. Medicados y felices.

El síndrome de la Operación Nazarí

Magdalena Trillo | 20 de mayo de 2018 a las 10:00

Despilfarro y ausencia de control en el gasto público. Inversiones “totalmente improductivas”. Actuaciones que responden a intereses y caprichos individuales por encima de las necesidades colectivas. Saqueo. Derroche.

Podríamos pensar que estamos fotografiando los años del boom del ladrillo. Y de la Gürtel. Y de los ERE. Sólo en parte. Son las conclusiones a las que llegan 35 catedráticos de Derecho Financiero y Tributario de todo el país después de analizar la evolución de su especialidad en el último medio siglo. Los juristas se reunieron este viernes en la Facultad de Derecho y bautizaron su diagnóstico como Declaración de Granada.

Hablan de “involución”, arremeten contra Hacienda por tratar a los contribuyentes como “súbditos” y critican el desmedido “afán recaudatorio” de la Administración. A nivel fiscal, constatan lo que se ha convertido en la seña de identidad de nuestro fallido Estado de las autonomías: la desigualdad y discriminación que sufrimos, también a la hora de rendir cuentas, en función del lugar de residencia. Injusticia financiera e insolidaridad tributaria.

Seguro que usted, como yo, se siente vigilado por Hacienda. Y perseguido. Y se cabrea cuando el Gobierno aprueba una amnistía fiscal -esas que nunca llegan al ciudadano de a pie y que nunca cumplen sus objetivos- con tanta intensidad como cuando se anuncia un indulto. Porque es la impunidad de unos pocos frente al control de la mayoría. Y porque no hay justicia social y ahora nos advierten de que tampoco la hay fiscal.

Lamentablemente, esta Declaración de Granada tendrá el mismo recorrido que la firmada hace unos años a nivel político -los socialistas impulsaron en el verano de 2013 su propuesta de reforma de la Constitución hacia un Estado federal- buscando una salida al conflicto territorial. Los males de fondo son compartidos y las posibles soluciones son una utopía; no porque no sean viables sino porque estamos en un país incapaz de llegar a acuerdos -y cuando se alcanzan, como el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, no se ejecutan-, con las instituciones rehenes de los intereses de los partidos y los políticos distraídos con las encuestas y con la bola de cristal del adelanto electoral.

Para empezar, los catedráticos reconocen que el “mal uso de los fondos públicos no justifica de ninguna manera cualquier forma de objeción fiscal”. Es decir, que ni el derroche ni el despilfarro tiene consecuencias para Hacienda. Tampoco lo tiene la parálisis. Sobre este tema no se pronuncian los expertos pero resulta igual de alarmante: los fondos públicos están para ejecutarse, no para devolvernos o dejarlos dormir en un cajón.

Estamos ante una normalización del mal gobierno que debería preocuparnos más incluso que los casos de corrupción. Y es que por los delitos se termina pagando -o al menos se debería-, pero no por la incompetencia y la inacción. En Granada, por ejemplo, podríamos verlo como una derivada sofisticada del vuelva usted mañana. Estoy pensando en Urbanismo, un área clave que vendría a funcionar como un barómetro de la salud del Ayuntamiento. La Asociación de Constructores ha arremetido esta semana contra el equipo de gobierno por tener más de 40 millones de inversión bloqueados. Denuncian el “atasco” y los retrasos inasumibles en la concesión de licencias.

Siempre está la explicación de la sobrecarga de trabajo, la falta de personal, la complejidad de los proyectos… pero también hay intangibles. Aunque médicamente no está diagnosticado, seguro que podríamos encontrar alguna fobia que aplicar a los técnicos y funcionarios -sobre todo a sus jefes- que lidian a diario con el papeleo más sensible.

Lo voy a llamar el Síndrome de la Operación Nazarí. En realidad, los constructores no han hecho más que poner cifras y voz a una situación de la que se habla en corrillos desde hace tiempo: en Granada no se mueve un papel. Buena parte de los funcionarios están trabajando para la UDEF y tampoco ayuda que cualquier informe o expediente mínimamente conflictivo acabe bajo llave… Los excesos de los que habla la Declaración de Granada son un problema, pero no hacer nada no es una solución.

Paco Cuenca: dos años de un mandato de transición

Magdalena Trillo | 6 de mayo de 2018 a las 10:00

El 5 de mayo de 2016, el candidato socialista a la Alcaldía de Granada consiguió 16 votos favor -un respaldo sin fisuras de todos los partidos a excepción del PP- y Rocío Díaz quedó sin opciones de relevar a Torres Hurtado para culminar el cuarto mandato de los populares en la Plaza del Carmen. De forma inesperada, en un contexto de transición, Paco Cuenca cogió el bastón de mando en una ciudad todavía abierta en canal por la crisis de la operación Nazarí y puso fin a la etapa más extensa y controvertida del gobierno local con un compromiso explícito por abrir ventanas, levantar alfombras y gestionar desde el “diálogo” y la lealtad hacia el resto de grupos con la máxima “responsabilidad” y “transparencia”.

Hoy, dos años después, no es difícil vaticinar que el PSOE correría el riesgo de quedarse (casi) solo en la votación: sus 8 concejales frente a los 11 del PP y los 4 de Ciudadanos. Puede que los socialistas consiguieran atraer a su causa al nuevo edil tránsfuga Luis de Haro y, tal vez, invocando los nostálgicos y cada vez más frágiles principios de la necesidad de unión de la izquierda, lograran la abstención de Paco Puentedura (IU) y de las dos concejales de Vamos Granada. Aunque más por estrategia, para levantar un muro contra la derecha (la vieja y la nueva), que por confianza hacia el equipo de Cuenca.

Luis Salvador ya lo advirtió en el tenso pleno de investidura con que el PSOE desembarcó en el gobierno de la capital tras la era Torres Hurtado: ni eran tiempos de reeditar experiencias fallidas como el ‘tripartito’ de Moratalla ni se extendía un cheque en blanco a los socialistas. El primer año sirvió para afrontar buena parte del catálogo de exigencias de estos particulares socios en la sombra -la formación naranja ha pivotado cómodamente en toda España con su decisión de facilitar gobiernos pero no desgastarse gobernando- con actuaciones concretas como el cierre del botellódromo, con contrapartidas efectistas como la dimisión del diputado de Deportes Mariano Lorente y con un compromiso de profunda regeneración política y económica en la gestión municipal que se ha ido diluyendo en un quiero y no puedo.

Por la minoría de unos y las zancadillas de otros, pero también por una incapacidad manifiesta para llegar a acuerdos. El equipo de Cuenca lleva dos años gestionando la ciudad con los presupuestos del PP -si ya es difícil que los políticos cumplan los programas electorales, más lo es si no se puede contar ni con un escenario propio de ingresos y gastos- y con una herencia endemoniada de crisis económica y financiera que mantiene a Granada como objetivo preferente del Ministerio de Hacienda para su intervención. A pesar de ello, del difícil punto de partida, resulta paradójico que una de las principales quejas en los grupos de la oposición -sin excepción- sea la intransigencia del equipo de gobierno, su afán de protagonismo y su inexplicable opacidad en la gestión.

Ruina municipal, falta de entendimiento en el día a día, choques más o menos velados con otras instituciones -incluidas las gobernadas por el PSOE- y continuos sobresaltos judiciales… También sorprende que la auditoría prometida para esclarecer el oscuro urbanismo de la última década se esté realizando con más solvencia en los tribunales que en las dependencias municipales y la personación en las diferentes causas que acorralan al anterior equipo del PP -es el caso Nazarí, pero es también el Serrallo, Casa Ágreda, la gestión irregular en TG7 y los contratos fantasma en Emucesa- no superen un perfil bajo de aparente obligatoriedad de estar simplemente para saber más que para actuar y para liderar el esclarecimiento de los casos en beneficio de la ciudad.

Se podría valorar que no se haya querido hacer leña del árbol caído, que se hayan separado los intereses partidistas de la responsabilidad institucional, pero no son pocos los que cuestionan (dentro y fuera de las filas socialistas) la poca contundencia con que se están enfrentando a procesos que apuntan a perjuicios millonarios.

Decía este viernes el alcalde que Granada ha recuperado “normalidad”, “tranquilidad” y la “confianza” de los ciudadanos en su ayuntamiento. “Una nueva etapa sin trampas”, tal vez, pero con ausencia de autocrítica y con un legado limitado si tenemos en cuenta que estamos ya en la cuenta atrás de las próximas municipales.

Lo más relevante que ha ocurrido en la ciudad en los últimos meses ha sido la puesta en marcha del Metro y la reversión de la fusión hospitalaria -sin un protagonismo directo por parte de la capital- y entre lo que está por venir se vislumbran luces -la llegada del legado de Lorca sigue su hoja de ruta para ser una realidad antes del 30 de junio- pero también sombras: por mucho que se presente como un éxito la gratuidad de los transbordos entre autobuses y Metro, aún está por ver que se pueda llevar a cabo la “revolución” del mapa de transporte anunciada -tampoco aquí se ha logrado el acuerdo con los grupos- y, sobre todo, anticipar si terminará sumando votos o los acabará restando.

En este punto, en este horizonte político de absoluta incertidumbre, podríamos situar, por ejemplo, el reforzamiento de Paco Cuenca dentro del PSOE asumiendo las riendas de la agrupación de la capital -si no gana lo suficiente dentro de un año para pactar y gobernar, el camino previsible apunta al Congreso o el Senado más que a la bancada de la oposición- y con esas mismas expectativas de que el juego está totalmente abierto podríamos leer los efusivos abrazos que esta misma semana se daban Luis Salvador y Sebastián Pérez en la cruz de Regina Mundi…

La hazaña de resistir

Magdalena Trillo | 29 de abril de 2018 a las 10:30

Levantar la persiana de una ciudad cuesta mucho y no luce. Es el gris de la rutina; el tedio de la normalidad. Que funcionen los autobuses y los semáforos, que las calles estén limpias y la basura recogida, que salga agua caliente en la ducha, que haya gente haciendo algo más que proclamar el vuelva usted mañana, que los centros deportivos estén abiertos… No hay grandeza en el día a día. Ni titulares. Ni fotos que llevar a una portada.

Los políticos lo saben. Y saben también que con una hoja de servicio de pura supervivencia no se pueden ganar unas elecciones. ¿O sí? Hasta que llegaron los recortes y se acabaron las tijeras y las cintas inaugurales, pocos ayuntamientos se han salvado del “puedo prometer y prometo” del político de turno ni han esquivado el golpe de realidad que subyace en esa gráfica frase que ya se ha erigido en toda una máxima de pragmatismo municipal: “Ya lo pagará el que venga detrás”.

Fueron los años de las obras faraónicas, los grandes viajes de trabajo y los cócteles con champán. Y fueron también los tiempos de la movida municipal -desde el tráfico de influencias y los tratos de favor hasta los delitos de corrupción- que ahora empieza a ocupar protagonismo en el banquillo de los tribunales. La Fiscalía acaba de pedir 8 años de cárcel para el exalcalde Torres Hurtado (PP) por el caso Serrallo y no es más que un aperitivo de lo que significará el desenlace de la operación Nazarí. Puede que no circularan maletines pero los excesos se pagan.

Es la misma lección que nos acaba de dar Cristina Cifuentes desde Madrid -la ya expresidenta de la Comunidad ha terminado cayendo por el “escándalo” de robar dos botes de crema antiarrugas en un supermercado- al evidenciar cómo la crisis y la corrupción han convertido en toda una heroicidad la misión de resistir. Frente a los otros y frente a los propios.

Perfil plano. Laconismo. Estabilidad. Lo practica Rajoy con la misma vehemencia con que lo invocaba hace unos días Susana Díaz insistiendo en que no habrá adelanto electoral en Andalucía y lo defendía el actual alcalde, Paco Cuenca, cuando se cumplían dos años de la intervención policial que acabó desalojando al PP de la Plaza del Carmen: el valor de la “etapa de tranquilidad” en que ha entrado Granada frente a los “continuos líos” del equipo de gobierno de los populares.

¿Pero con la normalidad se pueden ganar unas elecciones? ¿Con subir la persiana cada día se puede justificar una gestión? ¿La resistencia a qué precio?

Los músicos de la OCG han vuelto a dar la voz de alarma por la situación de la orquesta. Las instituciones lograron buscar una salida puntual para el problema de personal pero la crisis financiera no se ha resuelto. No hay recursos. Ni para pagar las dietas a un artista invitado. Lo que está contra las cuerdas es su calidad y su prestigio; que no es otra cosa que su sentido de ser y su futuro. Es un desafío de todas las administraciones, no sólo de la capital, pero es un buen ejemplo de las trampas que conlleva el cómodo ejercicio de levitar. Sobre todo, si ni siquiera se consigue un mínimo de solvencia y credibilidad.

Cuando el Gobierno apruebe por fin los Presupuestos Generales del Estado, recuperaremos cierta “normalidad” y “estabilidad” pero ninguna de las partidas relacionadas con la resistencia de Rajoy tendrá recorrido mediático. Solemos decir que el periodismo no es más que el reflejo de la sociedad. Pues bien, reconozcámoslo: no hay ningún atractivo en la inercia.

Pero, ¡cuidado!, todo cambia si se tambalean los cimientos de la rutina: no puedes vender que pagas a fin de mes a los trabajadores municipales, pero sí que las próximas nóminas corren peligro. No puedes vender que los autobuses y el Metro circulan cumpliendo las frecuencias, pero sí que se interrumpe el servicio por una huelga. Eso sí, quienes lo rentabilizan son los otros. Los que acechan contando los días para citarse en duelo en las urnas. Resistir se ha convertido en toda una heroicidad, sí, pero no es garantía de nada.

Rehenes de la minoría

Magdalena Trillo | 22 de abril de 2018 a las 10:00

Plaza del Carmen. 8:30 de la mañana. Pleno extraordinario de movilidad. Probablemente seré una de las pocas inconscientes de esta ciudad que el viernes tuvo la santa paciencia de engancharse al ordenador para ver en streaming el debate sobre la revolución del transporte que seguirá al exitoso estreno del Metro. Interés profesional pero también particular. Egoístamente, soy usuaria de la Rober y lo sería de una segunda línea por el centro si se concreta el tercer intento de rescate del histórico tranvía -lo avanzó la concejal de Movilidad esta semana a Granada Hoy- tras los fallidos proyectos de Moratalla y Torres Hurtado.

No hubo pleno; no hubo debate. Hubo bronca, reproches y varias tomas de actuación grotesca. El equipo de gobierno se quedó solo pero pudo escenificar un sucedáneo de pleno cuando el ‘tránsfuga’ Luis de Haro aprovechó la ocasión para hacerse notar, para desmarcarse del plante acordado por todos los grupos de la oposición y, sobre todo, para dar una patada a las compañeras de su antiguo partido. Hizo el papel de responsable y dio la oportunidad al alcalde para que siguiera dirigiendo la orquesta.

Oficialmente, el Ayuntamiento celebró el pleno extraordinario de movilidad y Raquel Ruz pudo mostrar un mapa de la ciudad con la propuesta de reestructuración de las líneas de autobuses -lo más novedoso es que se conectará el Zaidín y la zona Norte pasando por la Gran Vía-.

Todos hemos perdido tiempo y dinero. Los plenos extraordinarios se convocan ante cuestiones realmente urgentes para la ciudad y en casos de tal complejidad y envergadura que se considere inasumible en una sesión ordinaria. No nos olvidemos, además, de que cuestan dinero y lo pagamos entre todos con nuestros impuestos. Si es verdad la versión del equipo socialista de que hasta la noche de antes no se había podido ultimar la documentación para entregar a la oposición y que justo por eso no existía el famoso expediente que todos los grupos exigían para poder debatir y votar, ¿para qué se convocó el pleno con urgencia? ¿por qué no se aplazó?

Es más, si realmente nos creemos que somos responsables y que trabajamos por el bien de la ciudad -Cuenca lo dijo infinidad de veces intentando desmarcarse de la bronca política que ellos mismos habían desencadenado-, ¿para qué el show del viernes? ¿para debatir en formato pleno lo que llevan discutiendo desde hace meses en el observatorio de la movilidad?

No importan los artículos a los que apeló una y otra vez el secretario interpretando la normativa municipal. Es el propio sentido común el que debería orientar la actuación de los grupos desde la mesura y la estrategia.

Lo del viernes hubiera funcionado hace unos años con Torres Hurtado y su rotunda mayoría absoluta. Se celebra y se aprueba lo que se quiera aprobar. Sin la obligación siquiera de tener que debatir e incluso con todos y todo en contra. Es lo ‘bueno’ del rodillo: pragmatismo y efectividad. Te puedes equivocar, puedes cavar tu tumba, pero tomas decisiones y las ejecutas. Gobiernas.

Un equipo en minoría está condenado a la inanición si no cautiva a algún grupo de oposición para la causa. Si no son generosos y no se imponen como credo la obligación de pactar. Son rehenes de ellos mismos, de su precaria y frágil situación en el tablero municipal, y son rehenes de los demás. Es una relación perversa: cuanto más insignificantes son, más relevancia acaban teniendo en el juego político. ¿A cuántos granadinos representa Luis de Haro? No es sólo simbólico; lo vemos continuamente en todas las escalas de gobierno. Ha sido históricamente la gran baza de los nacionalistas y lo estamos sufriendo en los últimos años como contrapartida de la fragmentación del mapa político.

A Torres Hurtado se lo llevó por delante la justicia pero ya estuvo en el precipicio cuando se implantó la LAC y cabrearon a media ciudad con los transbordos. El PSOE tiene ahora el bastón de mando pero sin la legitimidad de las urnas. En un año hay elecciones y cada decisión, cada error, sumará en la cuenta atrás. Ni siquiera es tiempo ya de apelar a la “tranquilidad” del mandato y a la inercia. Porque no hacer nada -por no ser capaz de negociar y de pactar- también es decidir.

La Alhambra, en campaña

Magdalena Trillo | 17 de abril de 2018 a las 10:30

Mateo Revilla llegó a la Alhambra en los años 80 con el título de comisario. Nada más pisar la Colina Roja, decidió prohibir los cócteles y las celebraciones. Se acabó la fiesta en el monumento más visitado de España. No tardaría mucho en levantar a todo el sector turístico: la conservación de los palacios nazaríes estaría por encima del negocio. 300 personas cada media hora.

Así empezó todo. El problema, entonces y ahora, es muy sencillo: la oferta de entradas no cubre la demanda. Hay mucha más gente dispuesta a ver la Alhambra -poco importa si llegan desde un crucero de Málaga o en vuelos desde Japón- de lo que permite el cupo de acceso a las zonas más sensibles. La globalización, la modernidad, también tiene un precio. Y, lamentablemente para las empresas que viven del turismo, las actuales políticas de gestión cultural tienden a imponer la preservación del legado a la presión lobbista.

Es verdad que luego está la letra pequeña. Por un lado, cómo gestionamos lo escaso, cómo garantizamos la equidad y cómo evitamos que unos cuantos se apropien del sistema. Más aún si tenemos en cuenta el precedente de la trama corrupta de entradas falsas que saltó en 2005 y desencadenó uno de los macrojuicios más dilatados de la justicia andaluza. Por otro lado, están los desafíos del día a día. Cómo evitar las aglomeraciones, cómo desestacionalizar la llegada de turistas, cómo diversificar y ampliar las opciones de visita y cómo mejorar la experiencia del público.

A partir de aquí se puede analizar si funciona o no el nuevo sistema de entradas nominativas que se puso en marcha el 1 de enero para los turistas individuales -se empezará a aplicar el 1 de mayo para grupos-, si se puede conseguir una mayor flexibilidad para las agencias de viaje y turoperadores, si hay medios alternativos de control y seguridad que puedan contribuir a frenar la reventa y si hay fórmulas de trabajo colaborativo entre las instituciones y el empresariado que ayuden a mitigar la “fuga” de viajeros.

De nada de esto se habla cuando la Alhambra salta al debate en el Parlamento andaluz. No hay argumentos por encima del relato político; hay críticas calculadas y reproches tacticistas. La Alhambra, como Sierra Nevada, vende. Captando turistas y atrayendo votos. Por mucho que se pongan los intereses del sector como coartada, vuelve a ser el PP contra el PSOE; Granada contra Sevilla. Y poco importan los problemas, las mesas de diálogo y las posibles soluciones cuando los partidos ya se han puesto en modo electoral.