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La máquina del fango

Magdalena Trillo | 16 de octubre de 2016 a las 10:47

Marina Martín no es una delincuente. Cuando hace año y medio fue detenida en su casa de Chauchina, delante de sus hijos, no estaba tan claro. Llegó a dormir en el calabozo y le llegaron a poner las esposas. La ahora directora del Legado Andalusí es uno de los 24 dirigentes andaluces del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) que han estado implicados en la llamada pieza política de los Cursos de Formación. La juez Bolaños lo ha archivado esta semana. Dice que no hubo “nada” delictivo. Critica a la Fiscalía Anticorrupción y al PP por la teoría de la red clientelar y hasta carga contra la UCO de la Guardia Civil por dar pie a todo el proceso judicial. Argumenta que pudo haber irregularidades administrativas, no delitos de prevaricación ni malversación. Que los funcionarios no recibieron órdenes para beneficiar a empresas afines al PSOE. Que es “inverosímil”, que carece del “más mínimo rigor” e, incluso, advierte “errores” en los atestados.

La política socialista confesaba a este diario la sensación “agridulce” que le ha producido el carpetazo del caso. Por cómo se produjo, por lo que ha supuesto para su familia y, aunque no lo dijera, porque ningún titular podrá compensar hoy la sombra de culpabilidad -el “algo habrá hecho”- que la ha perseguido durante todo este tiempo. En pocos casos una resolución judicial de exoneración, nunca una rectificación periodística, es capaz de superar la máquina del fango que termina moldeando una opinión pública basada en la desconfianza, los prejuicios y la sospecha. Un clima social de espectáculo basado en ráfagas de televisión, opiniones de tertulia y titulares sensacionalistas que desencadenan operaciones policiales igualmente alarmantes.

Pero no es (sólo) la judicialización de la vida pública y la necesidad de preservar la presunción de inocencia lo que debería llevarnos a la autocrítica -sin excepciones entre todos los que compartimos la cosa pública-y a la reflexión. También los efectos de la “olla de grillos digital”, del circo mediático, que discurre entre rumores y miserias en una agresiva “deslegitimación del adversario” en la que no hay líneas rojas. Es el “fango” al que aludía Umberto Eco en una de sus últimas entrevistas, las cañerías de intoxicación sobre las que hace un año montó un programa Salvados sentando a discutir a políticos y a periodistas, el estado de permanente narcotización en que nos movemos como audiencias teóricamente bien informadas.

En su conversación con Jordi Evole, el escritor italiano se quedaba corto en el descarnado retrato que realizaba sobre las bajezas que comparten el periodismo y el poder. Porque no es sólo la vida pública y privada lo que hemos desdibujado sacando a flote los trapos sucios y porque no se trata (sólo) de que baste para desacreditar a alguien con decir que “ha hecho algo”. Es la sagrada y exigible frontera entre los hechos y los rumores lo que se ha fracturado; es el dicho periodístico de que “la realidad no te estropee un buen titular” lo que hemos convertido en cotidiano.

En la misma línea que Eco, el ensayista Hernández Bustos disertaba este viernes en una tribuna sobre el “periodismo fantasma” que equipara “verdad y falsedad”, que nos lleva a consumir por igual “información real y pseudohechos disfrazados de noticia” y nos obliga a engullir opiniones prêt-à-porter.

Es otra provocadora forma de acercarse a las tesis del fango que, sin embargo, también deja en un segundo plano el efecto de degradación que se provoca cuando la máquina funciona en sentido contrario y lo revuelve todo. Cuando minimiza los escándalos.

En este clima de confusión y de (nada democrática) equiparación de casos, la distorsión se produce por exceso y por defecto. Ocurre cuando la lavadora se pone en marcha y metemos seda y vaqueros en el mismo tambor. Es entonces cuando podemos argumentar que hay cientos de Pacos Correa por toda España -¿con sus angulas, su “casa” en Génova y sus Jaguar?-, cuando perseguimos por igual a quien se salta el IVA que a los saqueadores de las tarjetas black y cuando terminamos comprendiendo los abusos sexuales de un candidato a la Casa Blanca y hasta fijando niveles de gravedad -una joven ha llegado a decir que no le hubiera importando si Donald Trump sólo se hubiera propasado tocándole el pecho…-

Decimos los periodistas que “todo es susceptible de ser una doble página o un breve”, pero justamente para aprender a discernirlo está el oficio. Y el criterio. Y hasta el sentido común. Todo es relativo y no lo es.

Política ‘on the rocks’

Magdalena Trillo | 3 de julio de 2016 a las 10:32

La política es como el alcohol. Primero te seduce, luego te engancha y, en función del punto de saturación, puede acabar sumiéndote en la más inconsciente complacencia o expulsándote con efecto rebote. Todo depende del qué y del cómo. Son los extremos. En la franja intermedia está el coqueteo. Las burbujas.

No es una metáfora ligera. Que el cava se sirva ahora en una gran copa de balón con mucho hielo no es sólo una moda; tiene que ver con estos nuevos tiempos de inquietud y de experimentación en que vuelve todo lo viejo pero reinventado. Es un momento de sensaciones y de tendencias. De provocación. No hay espacio para los sacrilegios y sí para la novedad compitiendo con el esnobismo, eso que ahora llamamos postureo.

Los productores están obsesionados con identificar los gustos y preferencias del consumidor, adelantarse para acaparar el mercado e, incluso, ser capaces de crear la demanda. El vino, la cerveza y hasta el cava han entrado en un terreno mutante. Cerveza de garnacha negra, champán transmutado en gin-tonic, los sherry wines que regresan a lo vintage y hasta desempolvamos el ritual del vermut para las comidas familiares del fin de semana.

Si a este escenario cambiante y de confusión unimos el adictivo mundo de la coctelería y recalcamos que un factor clave de los nuevos tiempos es la drinkability -todo fácil de beber-, llegamos sin mucha dificultad a la actualidad política: el desconcierto de los partidos con nuestros gustos electorales, los somelliers rompiéndose la cabeza para encontrar el combinado perfecto -al menos el menos malo- y el populismo de lo fácil amenazando con tumbar todo el sistema.

Casi lo único poco interpretable de la resaca del 26-J es que fallaron las encuestas. Otra vez. En Podemos se arrepienten ahora de no haber realizado sondeos propios que pudieran haber atisbado la ilusión del sorpasso para evitar subirse a una ola ficticia de ganadores en un mercado en el que los clásicos siguen aguantando el envite de los emergentes. No hay autocrítica y, puestos a insistir en los errores, no se les ocurre otra cosa que ¡hacer otra encuesta! para saber por qué más de un millón de españoles le han dado la espalda y no ha funcionado su matrimonio de conveniencia con IU.

En las filas socialistas han sido prudentes esta vez evitando calificar de “histórica” su resistencia. Sin embargo, muy en la línea de las divisiones, bandos y guerras internas que el PSOE lleva en su ADN, los movimientos para “reconstruir” el partido han saltado de la escala nacional a la local con la mirada puesta en los congresos que se irán celebrando a la vuelta del verano en cuanto se despeje el puzle del Gobierno -si eso ocurre-.

En Granada, desde luego, no se prevé un cónclave tranquilo. Aunque Teresa Jiménez ha pedido que no se “mezclen” debates, muy en la línea de Susana Díaz cuando advierte que es Pedro Sánchez quien ha perdido en Andalucía (que ella no se presentaba), la realidad es que el PP ha salido fortalecido. En la provincia y en Andalucía. Las elecciones no serán extrapolables a efectos reales de poder pero sí condicionan la vida interna en los partidos. Y el liderazgo o debilitamiento de los equipos. En la capital, por ejemplo, la primera lectura era inevitable: ¿se hundiría el PP por el caso Nazarí? La respuesta era previsible (y sin necesidad de recurrir a las sobrevaloradas encuestas): el coste electoral de la corrupción en España sigue siendo contundente. Ninguno.

Hemos transitado del 20-D al 26-J saturados de política y de sondeos para terminar (casi) igual. Más que mirar a la frutería de Andorra, tal vez lo que nos falte por hacer es una encuesta de las encuestas. Hasta qué punto el clima de opinión que se va dibujando con muestras mínimas, con voto oculto, con medias verdades (o mentiras) y, por supuesto, con respuestas interesadas (¿quién no ha dicho alguna vez que ve los documentales de La 2?) termina condicionando el voto. Está la propia campaña al despiste de los partidos, están los programas electorales de evidente inviabilidad y están los cabezas de cartel que son en sí mismos una contradicción… Pero están sobre todo las expectativas sobre la utilidad final de nuestro voto. ¿Lleva razón Pablo Iglesias? ¡La culpa es de las encuestas! ¿Llevaba razón Susana Díaz? ¡Nos han emborrachado de encuestas!

Segunda oportunidad para Granada

Magdalena Trillo | 8 de mayo de 2016 a las 10:46

Una de las decisiones menores que deberán tomar los socialistas tras poner fin a 13 años de mandato del PP en la capital es decidir si rinden homenaje a Torres Hurtado y colocan el óleo del ex alcalde en la planta noble del Ayuntamiento. Están todos los predecesores. Cada uno eligió su pintor de cámara y sus rostros vigilan, solemnes, a cualquiera que se dirija al simbólico Despacho de la Mariana. El corazón del poder local. En más de una ocasión le pregunté a Pepe Torres si había encargado ya su retrato y la respuesta siempre fue la misma: “Hay tiempo; no quieras que me vaya tan rápido”.

Hoy ya es tarde para los pinceles. De momento, inoportuno. La fotografía inesperada se la tomaron en digital el 13 de abril en la Comisaría. Le gustaba compararse con Antonio Jara recordando que eran los dos únicos regidores que habían conseguido revalidar tres mandatos consecutivos de gobierno en la ciudad. La ambición le ganó; quería superarle. La cuarta victoria le engrandecería en la Wikipedia. Ahora ya ha hecho historia. Otra historia: es el primer alcalde fichado de Granada. Ni su foto ni sus huellas dactilares se borrarán de los registros de la Policía aunque lo declaren inocente de todos los cargos. El próximo jueves tendrá que hace el paseíllo, de nuevo, en los juzgados de Caleta. Otra foto que sumar al esperpento de la mañana en que estalló la operación Nazarí y toda España lo vio saliendo del Ayuntamiento entre cartones.

Las informaciones que se han ido filtrando estos días sobre su implicación directa en la la trama de corrupción urbanística que se está investigando empiezan a cuestionar la versión ampliamente compartida -por amigos y enemigos- de que consintió pero no se enriqueció. Un informe de la UDEF lo sitúa directamente como “cabecilla” y apunta que manejaba las concejalías “a su antojo” para, tal y como ya ha desvelado algún empresario ante la juez, “arreglarlo todo entre bastidores”.

Sobre su espectacular ático de Obispo Hurtado pesa ya algo más que ese dinero procedente de una cuenta de Suiza que le habría prestado su yerno (suizo…). ¿Una metedura de pata de la fiscal? Porque ya ha entrado en escena, de momento de forma discreta, su hermano constructor. Ese mismo con quien trabajaba antes de ser elegido alcalde en 2003. Tal vez ahora haya que dar otra interpretación a aquella vieja noticia de la Gerencia de Urbanismo que les paralizó una obra en Gomérez; tal vez ahora podamos analizar con más claves qué ocurrió cuando Torres Hurtado acabó de forma abrupta con la carrera de Nino García-Royo al frente de Urbanismo.

La versión local de que “el poder corrompe” la iremos concretando esta semana cuando comparezcan en el Juzgado de Instrucción 2 los pesos pesados del caso Nazarí: el director de Obras, Manuel Lorente, la secretaria del Ayuntamiento, Mercedes López Domenech; la concejal de Urbanismo, Isabel Nieto; y el ex el alcalde, Torres Hurtado. Que el poder ‘empacha’ resulta ya una constatación.

Tres semanas han sido suficientes en la Plaza del Carmen para crear un clima de opinión inalterable sobre la necesidad, y la urgencia, del relevo de gobierno. Toda la oposición se ha unido para desalojar al PP. IU ha logrado lo que ya reclamaba el mismo día que estalló el escándalo de corrupción, Ciudadanos ha impuesto (de nuevo) sus condiciones -con la renuncia del diputado de Deportes son ya cuatro las dimisiones que se ha cobrado el caso Nazarí- y Vamos Granada ha dado el paso con el refrendo de sus bases.

paco

 

La llegada de Paco Cuenca a la Alcaldía ha tenido precio, pero asumible. De momento son líneas rojas y decálogos de exigencias las que marcan el cambio de rumbo en el Ayuntamiento de la capital pero, a partir de esta semana, los socialistas tendrán que demostrar que la “gobernabilidad” es posible con un equipo mínimo y llenar de contenido y de pragmatismo los voluntaristas discursos del jueves.

La toma de decisiones no puede esperar. La persiana del PP se ha cerrado y, quienes ya han empezado a recoger papeles y bajar las escaleras del poder, son conscientes de que ni las nóminas de junio están garantizadas. Lo de “abrir ventanas” y “levantar alfombras” queda muy poético pero poco sirve para resolver la situación de parálisis que vive la capital. Es evidente que no se puede gobernar sin saber el nivel de envenenamiento de la herencia recibida, pero tampoco aplazando lo inevitable.

Los 27 concejales que integran la corporación son co-responsables. Con o sin bastón de mando. Todos fueron elegidos por los granadinos el pasado 24 de mayo. Podemos criticar los “acuerdos de despacho” y agitar la campaña electoral denunciando el “atraco” del Pacto de Granada. Pero no nos confundamos. Sí nos representan. Todos. Y tan importante es en una institución local quien gobierna como quien fiscaliza a quien gobierna desde la bancada de la oposición. A los socialistas les ha costado mucho entenderlo. Cinco años ha estado Paco Cuenca esperando su momento y teniendo que convencer, una y otra vez, de qué él no daría la espantá…

Asegura que llega con “energía” y que será “perseverante”. Le hará falta. Lo tiene todo por demostrar y la moción de censura que PP y Ciudadanos podrían sacar adelante en cualquier momento del mandato sigue en la recámara. El desenlace del caso Nazarí contará tanto como el nuevo escenario de juego que imponga el 26-J. Y, por supuesto, la mano izquierda y el diálogo con que sea capaz de lidiar con ese contragobierno que tendrá en frente.

De momento, la estética ya ha cambiado. La última vez que recuerdo tanta gente en un acto de investidura fue en las elecciones del 15-M. Centenares de granadinos indignados gritaban contra los políticos. Esta semana se agolpaban los vecinos de los barrios ilusionados con la oportunidad que puede suponer el cambio de gobierno. En su discurso el nuevo alcalde hasta habló de cultura y de rock… Por la tarde, se sumaba a la Marea Amarilla por el AVE. No quiere coche oficial y sigue llevando a sus hijos al colegio. En su barrio de siempre, en La Chana, ayer parecía una jornada de triunfante resaca electoral.

Le lloverán las críticas. Y las zancadillas. Y no tendrá fácil un mandato que probablemente tenga que afrontar aprobando la subida de impuestos a la que tanto se opuso hace sólo unos meses. Pero ha conseguido conjurar el bloqueo, que a nivel nacional nos ha abocado a una repetición electoral, y el reloj se ha vuelto a poner en marcha. Con otro color. Con otra estética. Con otra ética.

La navaja de Ockham en política: lo que faltan son sillones

Magdalena Trillo | 25 de octubre de 2015 a las 11:44

El líder de Podemos reconoció hace justo una semana que no le salen las cuentas. Pero que no pasa nada; que lo importante de su programa electoral son los principios a los que se aspira, lo que se pretende conseguir…

No quedó bien ni en televisión. Pablo Iglesias confesó ante cinco millones de españoles lo que muchos intuían: que sus propuestas para el 20-D son una carta a los Reyes Magos; que se pueden prometer pero no se pueden cumplir. En su decadente camino para “asaltar el cielo”, al dirigente (cansado) de la formación morada le falla ya hasta la oratoria. Pero el problema no es exclusivo de Podemos. Es compartido y se contagia.

pablo iglesias

 

Bruselas ya ha advertido al Gobierno contra las ‘alegrías’ con que ha confeccionado los presupuestos de 2016 -su programa, de facto-, del borrador socialista sólo conocemos un avance de su “radical” enmienda a la totalidad -de momento no hay letra (ni grande ni pequeña) que lo sostenga-, la Junta de Andalucía ha tenido que ceder ante Ciudadanos acordando una bajada de impuestos en un verdadero ejercicio de acrobacia financiera y, a nivel local, ya han empezado a saltar las alarmas. O se recauda más o los números no salen.

Estoy mezclando presupuestos y programas (obligaciones y deseos), pero la culpa no es mía. Es lo que tiene convocar unas elecciones generales a diez días de que se cierre el año, con olor a castañas y mazapán, con las cartas (las verdaderas) a sus Majestades de Oriente en los bolsillos y la presión nada buenista de Hacienda sobre nuestras cabezas.

En la Plaza del Carmen se han vuelto a saltar la disciplina de partido y han decidido contarlo. El propio alcalde ha sido el protagonista de este nuevo arrebato de sinceridad cuando ha cargado sonora y directamente contra el Gobierno de Rajoy (su gobierno) por provocar la asfixia económica de la ciudad y, en última instancia, obligar a subir impuestos. La palabra mágica es “revisión” pero la consecuencia es siempre la misma: cuando se desmadran los números rojos, la solución es siempre la misma. Recaudar más. Que lo paguemos usted y yo.

pablo iglesias

El razonamiento es simple: si hay que subir el sueldo un 1% a los trabajadores públicos, devolver la paga extra, empezar a amortizar el crédito que se pidió para afrontar el plan de pago a proveedores y no se pueden pedir nuevos préstamos ni aumentar la deuda por la Ley de Estabilidad Presupuestaria… ¡Pues no es sólo la TG-7 lo que se tambalea! Son los servicios básicos, la gráfica imagen de levantar a diario la persiana de la ciudad, lo que se condiciona. La deuda de 450.000 euros que se ha destapado en la televisión municipal es sólo el principio. En unos días nos contarán el ‘agujero’ de la Rober y, acomódense bien en el sillón, porque es una precampaña a tumba abierta lo que se empieza a dibujar.

En los corrillos de los periodistas hay una teoría: a Torres Hurtado lo han llamado de Madrid y le han dicho que vaya haciendo las maletas, que se coma los turrones y que no vuelva. En este escenario, por qué no pelear hasta el último día por su ciudad, caiga quien caiga, y mucho mejor si a quien se mina es al partido que ha encargado a su jefe y compañero Sebastián Pérez que dirija la campaña del PP a nivel andaluz. ¿Cuanto peor sea el resultado del 20-D para el PP mejor es para Pepe Torres? ¿Es una forma de evidenciar que su desgaste en las municipales no fue propio sino “consecuencia” del castigo de los votantes a las reformas y ajustes de Rajoy?

Deberíamos tener más que dudas sobre el servicio público de la TG-7 pero muy pocas sobre su efecto propagandístico. ¿La dejamos en servicios mínimos justo en la carrera electoral? Sitúe en este contexto el sorpresivo ataque del partido provincial a la concejal Isabel Nieto (en el núcleo duro del alcalde) y calcule opciones.

Porque, aun con fecha de caducidad, el mando lo sigue teniendo Torres Hurtado. Si ‘provoca’ una moción de censura, le abre la puerta de la Alcaldía al socialista Paco Cuenca; si accede a jubilarse no será sin contrapartida y, como imaginará, en ningún caso el relevo será Sebastián Pérez. ¿Juan García Montero candidato de consenso?

torres hurtado

Nada es casual. La tarta es cada vez más pequeña y son más lo que se quedan sin porción. Puede que PP y PSOE se mantengan en los primeros puestos, pero la sangría que se atisba tendrá consecuencias en sus filas. La fuga de apoyos al bipartidismo es creciente y son dos nuevas formaciones las que llaman con fuerza a la puerta.

Bastan dos simples restas: de los 186 diputados que consiguió el PP en 2011 a los 128 que le daba, por ejemplo, hace una semana la encuesta de ABC; de los 110 que logró el PSOE a los 84 que es estiman en la convocatoria de diciembre. Son más de ochenta sillones -¿dos menos en Granada?- los que se esfumarían del reparto para los grandes partidos. Que se sumarían a todos los damnificados que han quedado por el camino tras las municipales y las autonómicas.

Lamentablemente, hemos construido un sistema político y de poder en España que transforma en una auténtica tragedia lo que debería ser normalidad. Estar o no en política debería ser una elección, una oportunidad, no una necesidad. Pero la crítica a los partidos por actuar como agencias de colocación no es baladí. Vemos a diario cómo colocan por la puerta de atrás, gratifican los servicios prestados con las giratorias y terminan cargando con la situación familiar y hasta personal de quienes no tienen otro oficio que ser útil al partido (a nivel orgánico o a nivel institucional). ¿Sabe alguien a qué se puede dedicar Juan Antonio Fuentes después del desbarajuste de TG7? Es un simple ejemplo. Uno de tantos.

A cuenta de los buenos datos de la última EPA, me preguntaba un buen amigo si había analizado bien los datos de nueva contratación. Estaba indignado. Más de 20.000 nuevos empleos se han creado en el sector público. La ex directora de TG7 está ya colocada en los Mondragones. ¿A esto nos referimos?

tg7

Torres Hurtado ha pedido “responsabilidad” a los partidos para aprobar las ordenanzas fiscales porque sólo recaudando más (7 millones estima el concejal de Economía con la revisión del IBI) se pueden cuadrar las cuentas y evitar que se “paralice la ciudad”. Bien, pero la responsabilidad ha de ser compartida. Si de verdad estamos en un momento de gobierno sin ataduras, de ejercicio del poder al servicio de la ciudad (no del partido), deberíamos asumir que no son sólo ajenos los cadáveres que se tendrán que dejar por el camino.

El principio de la navaja de Ockham se ha utilizado en economía, en lingüística, en biología y hasta en música. Deberíamos aplicarlo a la política: “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. No sé si a Pepe Torres lo han llamado de Madrid, pero me quedo con la reflexión más simple: ¿recuerdan aquello de “qué hay de lo mío”?. Son guerras de poder, es política, es economía… pero lo que faltan son sillones. Y sueldos.

El 20-D: ¿duermen poco los políticos?

Magdalena Trillo | 18 de octubre de 2015 a las 11:40

Hay que dormir más y hablar menos. El primer consejo lo habrá leído mil veces en la prensa del corazón. Es una respuesta de manual; la explicación “sensata” del famoso de turno cuando el entrevistador cumple tópicos y le pregunta por los secretos de su belleza, de su tez radiante y de su insolente estado de forma. Lo de medir las palabras, exponerse poco y no meter la pata gratuitamente seguro que se estudia en primero de Políticas. La propia ministra Ana Pastor lo recordó este viernes en Granada a cuenta de la A-7 y el AVE: “Para las personas que tenemos responsabilidad política es muy importante tener coherencia, que consiste en hablar poco, hacer mucho y cumplir”.

Pero ya sabemos que los consejos se creen poco y se siguen menos. En demasiadas ocasiones, reconozcámoslo, por fundada desconfianza. La receta del sueño, por ejemplo, siempre me ha recordado a las dietas milagro y siempre he terminado comprobando la sospecha inicial: sin esfuerzo no hay nada que hacer. Esta semana, sin embargo, he vuelto a dudar con la opereta en tres tiempos que nos han ofrecido los políticos: inconscientes declaraciones bomba en el primer acto (ahora las llamamos “desafortunadas” e “inoportunas), intento de explicación-matización en la segunda parte y cierre del bucle en la tercera como una provocadora vuelta a empezar.

Faltan ocho semanas para las elecciones generales y sí, los nervios, se han colado en la precampaña. Mi hipótesis es que duermen poco. Me explico. Las razones no son de belleza sino de rendimiento y lucidez. Y no se argumenta desde el glamour pensando en Gisele Bündchen sino desde la ciencia. Resulta que el sueño profundo, incluso dormir la siesta, puede aumentar la inteligencia. Es el National Geographic quien se ha hecho eco de los resultados de un estudio que se presentó en California durante la convención anual de la Asociación Americana de Psicología sobre el impacto del sueño MOR (movimientos oculares rápidos cuando la fase es más intensa). La psiquiatra Sara Mednick constataba cómo dormir puede ayudar a estimular la memoria y la creatividad y, en un estudio independiente, el profesor de Harvard Daniel Schacter da un paso más y avanza que hasta puede ayudar a “imaginar” y “planificar el futuro mejor”.

margallo montoro

No lo deben saber Montoro ni García Margallo. El titular de Economía, que lleva cuatro años esforzándose en ser uno de los ministros peor valorados por los ciudadanos, se ha superado esta semana con su intempestivo modo de animar a la tropa para el 20-D: a Aznar le ha criticado que se dedique a dar lecciones desde fuera y le ha pedido que “no moleste” -que están “operando”-, a Rodrigo Rato le ha afeado que recurra a ‘black’ para ahorrarse unos miles de euros, al responsable de Exteriores le ha reprochado su “arrogancia intelectual” y, puestos a dar titulares, por qué no proclamar que “hay compañeros que se avergüenzan de ser del PP”. Al día siguiente… que si es un bromista, que si no se explicó bien, que si no se le entendió… Hasta que Margallo se sincera y le devuelve la coz: “Si eres ágrafo y no lees…”.

Todo esto ha sido en los periódicos y en los pasillos. Puro espectáculo. La crisis real del PP se evidenciaba en el País Vasco con la renuncia de su líder, Arantxa Quiroga, o en Granada a escala doméstica con el partido expedientando a la concejal de Urbanismo por cuestionar los compromisos de Fomento y exigir a la ministra que firme un documento garantizando que el AVE llegará soterrado en una segunda fase a la capital.

La ‘rebelión’ vasca se ha maquillado (que no sofocado) en menos de 24 horas recurriendo a uno de los incondicionales de Sáenz de Santamaría, el ministro Alfonso Alonso y presidente del PP alavés, y evidenciando una vez más el peso de la vicepresidenta -dentro y fuera de La Moncloa- frente a una cada vez más cuestionada Dolores de Cospedal -y no sólo por su enemistad con Javier Arenas-.

ana pastor

La minicrisis del PP a nivel local podría zanjarse si es verdad que el futuro del AVE depende de que haya voluntad, diálogo y “consenso” y no es un problema de presupuesto. Tenemos dos meses para comprobarlo. Realmente, pese a la polémica por la contundencia e inoportunidad de las palabras, el trasfondo de lo que han dicho estos días Isabel Nieto y Ana Pastor no es realmente nuevo: la edil del PP, que siempre ha sido crítica en este tema, hace bien en dar la alarma y avisar de que, tras el 20-D, pocos pueden asegurar quién estará al frente de Fomento en Madrid y qué decidirá sobre el millonario proyecto si no hay un documento firmado que “obligue”. Más aún si recordamos los incumplimientos, modificaciones y retrasos que, con todo más que firmado, suelen tener las grandes iniciativas en esta ciudad. Porque, como el Metro nos ha demostrado en los últimos años, una cosa son los compromisos -incluso firmados- y otra bien distinta la realidad.

En paralelo, en público y en privado, la ministra no ha dejado de insistir en esta legislatura en que no tomará ninguna decisión “de espaldas” a la ciudad y sin un respaldo absoluto de todos los grupos. Lo del expediente del PP provincial queda muy mediático -la lectura más certera habría que realizarla en clave interna de partido y recuperar la tesis de la batalla ya poco soterrada del partido con la Plaza del Carmen- pero, siguiendo la instrucción de la propia ministra, sería mucho más rentable ser consecuentes: hablar poco y hacer más. ¿No hay tiempo hasta el 20 de diciembre?

isabel-nieto

Si es o no por culpa del insomnio, el caso es que Isabel Nieto nunca ha sido políticamente correcta. Ni lo ha pretendido. Los ejemplos los custodian las hemerotecas pero hay uno reciente especialmente significativo. Me refiero al pasado mes de julio cuando, tras una de las protestas de los vecinos de La Chana, la edil sorprendió a los medios desvelando que a ella no le cogían el teléfono en Fomento ¡desde hace años! y aseguró que el Ayuntamiento remitió en mitad de mandato un convenio al Gobierno para cerrar el compromiso sin que “hasta ahora haya obtenido respuesta”.

A su edad, con poco que pelear y menos que perder, tampoco se desvela Torres Hurtado para quedar bien con sus compañeros. Lo digo por la franqueza con que ha apoyado a su concejal y ha bromeado con las meteduras de pata de unos y otros: “El partido está un poco nervioso. ¿Ha visto lo nerviosos que se ponen todos los candidatos en elecciones? Es como los novios”.

Un taxista me decía esta semana que llega una edad en la que ya no interesa hacer tonterías; que nos volvemos más responsables. Mi teoría es otra. Al menos para los políticos. Bocazas hay siempre, pero creo que hay una edad en la que por fin se liberan de las cadenas de los aparatos, se pierde el miedo y se dice lo que se piensa. Correcto e incorrecto. Miren a Montoro y a Margallo. Para contar ‘divertimentos’ de este tipo merece la pena ser periodista; para leer ‘ataques de sinceridad’ estilo Nieto merece la pena comprar un periódico todos los días.

Máscaras

Magdalena Trillo | 4 de octubre de 2015 a las 10:20

Me niego a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor pero reconozco que hay momentos en los que las comparaciones son suicidas… Francisco Ayala, como Alberti, Aleixandre, Cela o Chillida, aguantó sin pestañear la cámara implacable de Alberto Schommer. Hoy, aspirantes contumaces a la posteridad como Artur Mas no resistirían más que el filtro del Photoshop. Ni siquiera los bellos chicos de moda, los Rivera y Arrimadas que saborean su victoria en las catalanas con la misma escenografía de desafío y éxito que ilustra la futurista saga Divergente, soportarían la mirada desnuda y penetrante del Premio Nacional de Fotografía.

divergente

rivera

Hasta finales de mes, el Alcázar Genil acoge la exposición Máscaras, una selección de retratos del creador vasco que nos invita a mirar a través de la imagen, a bucear en la trayectoria artística, experimental y de renovación del reputado fotógrafo tanto como a desentrañar las historias de los personajes a los que atrapa en dos dimensiones. Hieráticos pero profundos, enigmáticos pero reveladores. Auténticos. Una serie de bustos modernos que se asemejan a cualquier efigie de la antigüedad en pose y poso.

ayala

schommer

Román Gubern lo describiría mejor que yo. Gilles Lipovetsky también. Y cualquiera de los dos podría integrar la serie de retratos del creador vasco recientemente fallecido sin miedo a defraudarnos. Porque podrían mirarnos, cara a cara, con mucho que contar; con poco que ocultar. Con reflexiones que soportan la inmediatez de los píxeles, las agujas del reloj y hasta las circunstancias. Del comunicador catalán acabo de rescatar un artículo de prensa que publicó con motivo de las municipales de mayo y parece que lo hubiera escrito ayer.
Se titula “El reñidero audiovisual” y analiza cómo Podemos y Ciudadanos concentran el interés de los medios “desde el colorismo gesticulante e hiperdinámico de Pablo Iglesias a la pulcritud y ambigüedad de Albert Rivera”. El líder de Podemos, con su aspecto de “apóstol social salido de una novela de Gorki, su configuración quijotesca, su barbita post-leninista, su camisa abierta (resurrección de los descamisados de Evita Perón), su gestualidad melodramática y su verbo inflamado… En contraste, un pulcro Alberto Rivera hijo de la burguesía catalana que busca “tranquilizar a la audiencia atribulada” encarnando el “sentido de la responsabilidad, la centralidad, el equilibrio y la objetividad”…

Aunque ya no recordemos el efectista gancho de su “desnudo primigenio” -se refiere Gubern al polémico cartel electoral de 2006 en el que aparecía desnudo tapándose modosamente los genitales con las manos cruzadas- en pro de esa imagen moderna de prudencia que atrae a votantes de izquierda y de derecha por igual, de líder aplicado y cumplidor que hace de “perfecta contrafigura escénica” a las estridencias de Pablo Iglesias y de Podemos.

Gubern se circunscribe a la “máscara visible”, pero también a lo que en cultura audiovisual se entiende por el “fuera de campo” para mostrarnos cómo los debates televisivos -el ring audiovisual- han metamorfoseado al pueblo en público y desatan adrenalina sin necesidad de recurrir ni al fútbol ni al porno. En la esfera pública, tal vez siempre fue así: ¿no se distrae también la política entre la realidad y la ficción? ¿No entra en juego a la hora de votar la razón tanto como la sinrazón? ¿Sentimientos y pasiones? ¿Filias y fobias?

Albert Rivera

Se preguntaba Gubern, y lo deberían hacer hoy desde el PP y desde el PSOE, si el pulcro look de Rivera, mesurado y alérgico a las subidas de tono, puede ofrecer al electorado (al de toda España en la cita del 20 de diciembre) la promesa centrista que en su día quiso encarnar Adolfo Suárez.

La apuesta es arriesgada pero no nos equivoquemos: por encima de las programas y las palabras, cada vez importa más la fotogenia, la retórica y la puesta en escena. El parecer más que el ser; la máscara por encima del original. En la realidad fría e ingrata de la calle y en la amable realidad fabricada de los platós, en los escenarios tradicionales de caza del voto y en el pujante reñidero (éste sí) de las redes sociales.

Cuando elaboran (y cocinan) las encuestas no tienen en cuenta todas estos sucedáneos, contextos y máscaras que, nos guste o no, nos acompañan inexorablemente en el camino a las urnas… Y así les va. O les iba. Porque los cambios son profundos y no son a futuro; están aquí. Les cuento. El experimento más inmediato se producirá en los próximos meses en la televisión norteamericana. En la nueva temporada de The Good Wife (si no la conocen les recomiendo la serie de la CBS que emite en España la Fox), Peter Florrick tendrá a Hillary Clinton como rival a la Casa Blanca y la primera cita en las primarias de 2016 se emitirá el 1 de febrero coincidiendo con la votación real.

Mucho más que inspiración. Mientras unos (los afectados del Ala Oeste) hablan ya de “conexión casi perversa entre la cultura popular y la política”, otros enfatizan el poder de las nuevas narrativas audiovisuales para, por ejemplo, convencer al electorado más joven que ya ni ve la televisión analógica y en cuya decisión de voto puede tener más impacto un líder de opinión de las redes sociales y un presentador de un late show que cualquier “solemne editorial”.

¿Y si la copia tiene más peso en la campaña que el candidato real? No es una hipótesis; es la preocupación que tienen ya los asesores políticos norteamericanos. ¿Y si son máscaras huecas las que mueven los hilos? Todos coincidiremos en que no es la fotogenia el fuerte de Rajoy. Pero ¿han pensado en el PP si para los años grises de crisis y recesión era justamente su imagen triste de “contable aplicado y cumplidor con gafas y barbita canosa” -como lo retrata Gubern- la que mejor funcionó?

Y lo más importante, si ahora la baza es la recuperación, ¿han calculado la fuga de votantes que se irá si se consolida Ciudadanos como ‘marca blanca’ con su pócima de éxito, regeneración y juventud? ¿Lo han previsto en el PSOE del esforzado mediático Pedro Sánchez?

the good
Las campañas no son lo que eran… la política no es lo que era… este mundo no es lo que era… Termino con la sobredosis de realidad que el filósofo francés Gilles Lipovetsky nos lanza en su último libro La estetización del mundo. Saqué esta semana la obra de la biblioteca y voy a tener que comprar un recambio si sigo a este ritmo de anotaciones. El sociólogo de la posmodernidad nos habla tan de cerca a la gente común que de cada reflexión suya podría escribirse un nuevo artículo, un nuevo libro.

Si recuerdan su Pantalla global, El imperio de lo efímero o La era del vacío, no se sorprenderán cuando lo vuelvan a ver diseccionar nuestros movimientos más rutinarios, nuestros pensamientos más cotidianos, y los hallen en la base de grandes principios filosóficos, de grandes verdades y grandes temores.

Les pongo como ejemplo tres ideas extraídas de una entrevista que El Mundo publicó en enero al salir su libro en España: “La gente común no halla ya la felicidad en el súper, por eso escribe o hace fotos”, “Hoy en día lo emocional ha penetrado en todos los ámbitos de nuestra vida, incluida la política, todos quiere hacernos reír o llorar; el capitalismo funciona como una ingeniería de sueños y emociones”, “No basta con consumir, hay que sentir”.

Pese al tono apocalíptico con que podríamos entonar cualquiera de sus sentencias, lo que más me gusta de Lipovetsky es su optimismo, el espacio que siempre encuentra para no dejarse derrotar, para abrir siempre una rendija que nos permita ser positivos. Lo digo pensando en la política: ¿Estamos viviendo un proceso de estetización de la política? ¿Y eso es bueno o es malo? ¿Supondrá más manipulación, más democracia?

Emociónese. No se limite a consumir; sienta. Por una vez, la respuesta no la tienen unos pocos; no la tienen los de siempre. La tenemos todos. Y sin máscaras.

La moda hipster en política

Magdalena Trillo | 26 de julio de 2015 a las 10:30

Que lo hipster esté de moda no es casualidad. Que un gobernante se haya atrevido a poner en marcha una web para rectificar ‘oficialmente’ a los medios tampoco. Lo de Versión Original es pretencioso, legítimamente criticable para quienes seguimos creyendo que el buen periodismo no es un espejismo vintage y ha surgido claramente a la desesperada como una clara cortina virtual con la que difuminar el absoluto desconcierto, contradicciones e incoherencia con que los ‘emergentes’ han estrenado poder en las principales ciudades españolas.

Pero, si bien el primer problema de la nueva política es propio, el segundo es inducido. Estratégicamente fabricado. Madrid y Barcelona se han convertido en los dos grandes laboratorios de gobierno hipster para Podemos. Dejando a un lado las siglas y confluencias interesadas con que el partido de Pablo Iglesias ha ido sorteando hasta ahora las diferentes convocatorias electorales, era más que previsible la enorme lupa con que mediáticamente se iba a diseccionar la llegada al poder de la “gente”. Manuela Carmena y Ada Colau tienen más focos sobre su gestión que cualquier alcalde precedente.

Los motivos son también dos: las excesivas expectativas depositadas en el valor del “cambio” -cuando las ideas chocan con el pragmatismo de la burocracia y el inmovilismo de la rutina llega la sobredosis de frustración que, por ejemplo, empieza a sufrir a diario Kichi en Cádiz- y las consecuencias de sus experimentos: después de año y medio reservando la marca de Podemos para “asaltar el cielo” en noviembre, lo que realmente podremos ver en las elecciones generales es hasta qué punto está tocado el bipartidismo y hasta dónde llegarán las amenazas de miedo hacia la “izquierda radical” con el oportuno antimodelo de Grecia todavía en la retina.

El termómetro tendrá una primera lectura nacional, pero también regional y local. La fragilidad con que se han terminado conformando las instituciones tras el 24-M deja abierta la puerta a ruptura de alianzas y mociones de censura que, de cara a la aprobación de los presupuestos de 2016 como instrumento ineludible de gobierno, determinarán la foto política a partir de enero.

En Granada, donde la interinidad de Torres Hurtado está cada vez más difuminada, parece que ocurrirá todo lo contrario: del gélido deadline de noviembre se ha pasado a una resignación generalizada a dejarlo estar. Y no porque Ciudadanos diga que “ahora no toca este debate”, el propio alcalde deslice que su compromiso con el electorado es “para los cuatro años que dura el mandato” y su número dos en el Ayuntamiento y jefe provincial haya decidido no interferir una vez asimilado el duro batacazo de mayo. Los juegos de poder se configurarán, como siempre, a partir de la fortaleza que den las urnas.

Los datos internos del PP hablan ya de clara remontada. Con todo un verano de por medio, el desafío de las catalanas en septiembre y la volatilidad e incertidumbre con que evoluciona la intención de voto, son conscientes de la extrema prudencia con que han de analizar sus datos internos. Aun así, lo que hoy empiezan a vislumbrar es, por un lado, un doble efecto boomerang y dominó del gobierno de los “radicales” en Madrid y Barcelona (de descontento creciente y de impacto contagioso) y una cierta reconciliación con su electorado que confían en transformar en voto masivo tras los tres severos castigos consecutivos recibidos en las convocatorias del último año.

Muchos de los que se quedaron en casa volverán para frenar la previsible alianza PSOE-Podemos y los que se fueron a Ciudadanos, también. Sus datos internos apuntan a una posible pérdida de escaños de casi la mitad en apenas tres meses (de unos 35/40 a apenas 20). Con tal horizonte, y en un escenario de voto donde la actual ley electoral beneficiará ampliamente a populares y socialistas, el partido de Albert Rivera puede que en Andalucía sólo consiga rascar dos escaños (en Málaga y en Sevilla) y deje más que tocadas las altísimas expectativas de la formación en otras provincias como Granada donde precisamente se juega el puesto de congresista Luis Salvador.

El salto al vacío o lo menos malo. De esta forma tan gráfica se ve desde el PP la disyuntiva para las generales y, probablemente, con el mismo sentimiento funcional se terminarán abordando casos abiertos como el de Granada. En resumen, que si los astros no se alinean en contra, a Torres Hurtado no lo moverán tal fácilmente del sillón. Seguro que en este punto termina pensando igual que yo… Tanto para nada. O peor aún: tanto para lo mismo…

Si lo piensan, la nueva política está usando los mismos recursos fáciles que utiliza la industria de la moda: tiramos de catálogo y actualizamos, buceamos en las pasarelas de hace equis años y lanzamos propuestas teóricamente rompedoras que acaban determinando el corte del vestido que estrenará esta noche, el color de la corbata del próximo alcalde y hasta el largo del bañador.

Las modas sociales no son diferentes. Ser hipster, hoy, es volver a lo vintage, lo alternativo y lo independiente. Vestir extravagante, escuchar a Bob Dylan, usar mucho las redes sociales y predicar contra las modas, paradójicamente, creando moda. Los pobres son pobres de verdad; los hipster tienen que tener mucha pasta para (sólo) parecerlo. Las tendencias políticas van por el mismo camino. Pero aquí la preocupación debería ser mayor.

Es la frivolidad y la pérdida de valores lo que se está expandiendo como una imparable mancha de alquitrán. Ahora que tan de moda está Grecia igual no está de más completar alguna tarde estival recurriendo a uno de sus (nuestros) clásicos. ¿Matar a Sócrates? Es el nombre del ensayo que acaba de publicar Gregorio Luri preguntándose por el legado del filósofo griego: ¿estamos en una sociedad donde lo nuevo ha sustituido a lo bueno en el nuevo orden de nuestros valores? Contéstense pensando que es “diálogo” y “debate” como llamamos a lo que hacemos en Facebook…

Granada: humildad… pero también ambición

Magdalena Trillo | 21 de junio de 2015 a las 10:30

En esta semana efectista de cambios que han protagonizado los nuevos inquilinos de los ayuntamientos más importantes de España, la prueba más gráfica de la transformación tal vez sean las preparadas fotografías en metro y bicicleta que han empezado a competir con los imponentes coches oficiales a las puertas de los consistorios. Si tomamos como barómetro estas fotos populistas como símbolo del cambio, Granada será una excepción. Si recordamos que la primera acción de gobierno de Torres Hurtado cuando logró la Alcaldía hace 12 años fue cargarse el carril bici de la Avenida Dílar -iba en su programa electoral-, es fácil concluir que la foto del regidor en transporte ecológico nunca se producirá -más plausible sería verlo llegar a lomos de su vieja Bultaco-. Si atendemos a las palabras con que hace justo una semana se presentó a los granadinos para afrontar su cuarto y “último mandato”, la sensación es de piloto automático; evitar charcos, no defraudar, aún más, e intentar reconciliarse con vecinos y oposición para cerrar sus páginas políticas con cierta dignidad. Si de paso convence a Ciudadanos -y a su partido- para aplazar su fecha de caducidad, superar el deadline de noviembre y ‘aguantar’ el mandato…

Resulta difícil entender cómo un alcalde que ha gobernado aplicando cómodamente el rodillo tiene ahora el anhelo inquebrantable de pasar a la historia como el “gran aglutinador”. ¿”Usadme”? Gustaría más o menos, pero cuando el PP cogió las riendas del Ayuntamiento en 2003 había iniciativas, sueños, ambición; no sólo apego al sillón. También había presupuesto, es verdad, pero no es lo único necesario para gobernar una ciudad. La visión y la audacia, la capacidad de sumar, el ingenio para sortear dificultades y encontrar vías de desbloqueo son fundamentales si el objetivo no es sólo permanecer y aguantar sino transformar una ciudad.

Nada más estrenarse como el alcalde, Torres Hurtado puso en marcha el proyecto del Centro Lorca, logró que la familia del poeta aceptara levantar el edificio en el solar del antiguo mercado de La Romanilla pese a que ese mismo espacio lo había ofrecido sin éxito el anterior gobierno tripartito y, no sin dificultades, ha conseguido desarrollar buena parte del programa que ideó para reconciliar a Granada y Federico.

Con un poco de mala suerte, el mayor tributo a la ineptitud que podría tener esta ciudad -compartido por todas las instituciones- amenaza con producirse esta semana si finalmente no se encuentra una salida a la complejísima situación que se ha producido en torno al Centro Lorca con millones de euros sin justificar, sombras sobre la gestión que pueden derivar en la vía penal y un creciente choque de criterios entre las administraciones y la Fundación Lorca que podría conducir a un escenario absolutamente daliniano: que se inaugure el espectacular edificio que diseñó el equipo de arquitectos mexicanos y esloveno sin los fondos del poeta en su interior. Como Castellón tiene su aeropuerto sin aviones, Granada tendría su Centro Lorca sin Lorca. El despropósito en la decadente trayectoria cultural de esta ciudad se uniría a ese sombrío legado de mármol-piedra que representa, por ejemplo, la Gran Vía o a las megalómanas rotondas coronadas con toscas maquinarias y granadas tamaño XXL que han terminado ilustrando ese otro gran fracaso colectivo que ha significado no haber sido capaces de hacer frente a dos de los mayores retos de cualquier ciudad: la movilidad y la expansión. La legítima aspiración a vivir en una ciudad más amable y con mejor calidad de vida.

Muchos, aunque muy pocos se atrevan a escribirlo, comparten estos días el severo diagnóstico que Jerónimo Páez ha realizado de esa Granada “provinciana” que en los últimos años (también al ‘tripartito’ hay que pedirle cuentas) ha ido perdiendo “fuerza política, fuerza cultural y dimensión internacional” al mismo tiempo que se ha ido empobreciendo, “acatetándose” y perdiéndose en “ridículas disputas locales”.

Justo esta semana el Centro de Debate y Desarrollo elegía Granada precisamente por su tradición y proyección, en la víspera además del arranque del Festival de Música y Danza -una de las pocas citas que siguen justificando ese título de ciudad cultural que mantenemos viviendo de las rentas-, para analizar el papel de la cultura como motor de desarrollo, su importancia para el impulso económico más allá de su valor como factor de identidad, en torno a tres de los referentes andaluces más acreditados y solventes en producción cultural: la Alhambra, el Teatro de la Maestranza y el Museo Picasso de Málaga.

Pero en Granada hay que empezar por el principio. La identidad cultural cada vez está más difusa -¿por qué seguimos sin aprovechar nuestra privilegiada posición de puente con el mundo árabe? ¿Por qué no explotamos la conexión con América Latina?-, la capacidad de avanzar en rentabilidad choca una y otra vez con el eterno debate entre turismo masivo y patrimonio -el reciente seminario de la Escuela de la Alhambra ha sido especialmente revelador sobre este tema- y las expectativas de fijar puntales de innovación se diluyen entre polémicas estériles, enfrentamientos partidistas y, con realmente difícil antídoto, la falta de ambición.

Aquí incluyámonos todos. La autocensura aplicada a toda una ciudad. Lo primero que escribí en noviembre de 2003 cuando el alcalde vino de una reunión de Madrid con el proyecto del Centro Lorca bajo el brazo fue que no había fechas ni presupuestos comprometidos pero sí “la voluntad política de todos los patronos para trasladar el legado del poeta a Granada y construir un gran centro cultural en la Plaza de la Romanilla que se convirtiera en un referente de la ciudad”. Pero la voluntad política y las palabras de los acuerdos luego hay que transformarlos en realidades. Y aquí hemos chocado con esa Granada indolente que termina conformándose y empequeñeciéndose pensando que todo es consecuencia de la fatalidad. En dieciséis meses, Málaga ha transformado el garaje de 6.000 metros de su ‘Cubo’ del puerto en el Centro Pompidou, un museo de excelencia e innovador que está ayudando a construir ese perfil de ciudad moderna y cultural con que su alcalde (también del PP) se ha propuesto dibujar la Málaga del siglo XXI. Después de doce años, el gran proyecto cultural de la capital vuelve a situarse en el inaudito laberinto del “todo es posible en Granada”.

Las comparaciones son odiosas pero inexcusablemente necesarias cuando no hay autocrítica. Imagínense lo que podríamos conseguir si a la “humildad”, la disposición al diálogo y a la colaboración que de repente -en una semana- se ha convertido en seña de identidad de un irreconocible equipo de gobierno ‘popular’ fuéramos capaces de sumar una buena dosis de ambición, de profesionalidad y de competencia en la gestión.

Para el “cambio”, aunque sea en el tono, ha bastado una inapelable jornada electoral y dos duras semanas de negociaciones para formar gobierno. Puede que Granada no necesite la foto de un alcalde en bicicleta, pero cuánto avanzaría si esa imagen fuese la antesala de una Granada simplemente mejor.

Gobiernos con fecha de caducidad

Magdalena Trillo | 14 de junio de 2015 a las 10:48

No les gusta que les llamen partido bisagra, pero lo son. Cosen en Madrid a la derecha con Cristina Cifuentes y a la izquierda en Andalucía con Susana Díaz. En Granada dejan gobernar al PP en la capital -no sin antes enseñar la puerta de salida a Torres Hurtado como condición irrenunciable de regeneración-, pintan de azul un puñado de gobiernos claves en la provincia y devuelven el rojo a la Diputación acercándose a los socialistas con una hoja de ruta de extrema flexibilidad que se va amoldando a personajes y territorios cumpliendo dos fronteras inamovibles: no quieres sillones a cambio de apoyos (no entran en las corporaciones ni asumen responsabilidades directas de gestión) y no se alían con imputados por corrupción.

El mensaje, de momento un eslogan, lo ha asentado el líder de Ciudadanos en toda España: el “cambio sensato”. No son un partido bisagra si es para perpetuar lo que hay, pero sí lo son para imponer un tiempo nuevo. Aun cuando ello signifique inmiscuirse en el funcionamiento interno de los partidos exigiendo más democracia y participación a través de primarias. Son tan emergentes y anticasta como su pareja de baile -el Podemos de Pablo Iglesias con las múltiples franquicias con que ha concurrido a las municipales-, pero es evidente que han dado menos miedo en la intensa campaña de pactos que culmina este fin de semana con la constitución de las corporaciones municipales y han logrado posicionarse de forma más central y estratégica.

La primera consecuencia del “cambio tranquilo” de Albert Rivera, con su partido naranja ocupando de forma decisiva el papel de llave y aliado que a comienzos de la democracia se arrogaron los partidos nacionalistas, es la foto provisional que ayer se reprodujo en decenas de ayuntamientos de toda España: no todos los alcaldes que tomaron el bastón de mando podrán terminar el mandato de cuatro años. Las alianzas son de investidura, no de gobierno. Las mociones de censura tomarán a final de año tanto protagonismo como las propias elecciones cuando haya que acordar a múltiples bandas los presupuestos de 2016 desde posiciones de débil minoría y, en casos como Granada, la línea roja del pacto ha sido cobrarse la cabeza del candidato y ya alcalde por cuarta vez consecutiva. Eso sí, han tenido que recurrir al procedimiento ‘en diferido’ que De Cospedal puso de moda para Bárcenas y tendrán que esperar a noviembre para obtener su pieza de caza, en concreto a los movimientos que se produzcan con las elecciones generales.

En realidad es el mismo margen de confianza que Ciudadanos ha dado al PSOE en Andalucía dejando supeditada la marcha de los expresidentes Chaves y Griñán al pronunciamiento del Supremo sobre su implicación en los ERE y, curiosamente, es justo la prórroga que de forma sorpresiva -y sin éxito- pedía hace unos días el líder del PP en Córdoba para terminar los grandes proyectos de su ciudad antes de que una alianza de izquierdas liderada por los socialistas lo desalojara de la Alcaldía.

A Torres Hurtado se le ha buscado una salida digna con que compensar el descalabro del 24-M. Podrá retirarse de la política siendo el único político que ha logrado colocarse cuatro veces seguidas el pesado collar de regidor o podrá poner el broche a su carrera en el Congreso encabezando la lista por Granada como harán su compañeros -también de generación- Teófila Martínez en Cádiz y Juan Ignacio Zoido en Sevilla.

A menos de 24 horas de la toma de posesión, el candidato socialista, Paco Cuenca, tuvo que digerir el acuerdo in extremis entre PP y Ciudadanos y descabalgarse del sueño de ser alcalde de Granada. Se vio por unas horas… Al final se tuvo que levantar de la mesa de negociación sabiendo que su derrota se había terminado de sellar en un almuerzo secreto en el Asador de Castilla entre los dos cabezas de lista y, en declaraciones a los periodistas, aseguró que no se sentía engañado -su tono decía justo lo contrario- arremetiendo contra Luis Salvador y lamentando que el esfuerzo de diálogo de la última semana haya sido un “paripé”.

No lo ha sido. Y en este caso nada tiene que ver con la vieja o la nueva política: son estrategias de partido, llamadas, presiones, contraprestaciones y, por mucho que Salvador se empeñe en negarlo, feeling. En la política local las personas importan tanto como los partidos y, aunque quisiéramos pensar lo contrario, las partidas no se juegan en solitario ni teniendo sólo en cuenta las cartas del escenario municipal. C’s ha decidido en el momento en que le ha interesado y cuando se han producido las condiciones que ha estimado convenientes.

Lo ha hecho en Andalucía obligando a Susana Díaz a ser presidenta en cuarta votación -también ella pecó de soberbia llevando a los partidos a una tercera convocatoria claramente fallida-; justo cuando se hacía oficial su apoyo al PP en Madrid y les permitía equilibrar la balanza de apoyos -el acuerdo finalmente suscrito con un horizonte de cumplimiento para toda la legislatura apenas ha variado desde la segunda votación- y ha cerrado el pacto en Granada cuando el PP provincial se ha desplegado para salvar la plaza. Cuando ha llegado el “gesto”.

El viernes sólo faltó que Mariano Rajoy llamara a Pepe Torres para convencerle de que diera un paso atrás. Sebastián Pérez sigue dolido, muy dolido, con la actitud del “entorno cercano” al alcalde pero no por ello iba a renunciar a dar la batalla por la capital ni dejar de demostrar a su partido que él sí responde. Es el “movimiento de última hora” al que ha aludido Salvador para justificar que, una semana después de dar por zanjado el diálogo con el PP, C’s volviera a contemplar la opción de la abstención que finalmente ha permitido a Torres Hurtado ser reelegido como cabeza de la lista más votada.

Son muchos los que ahora dicen que era lo “previsible”, pero en un momento de política líquida y volatilidad como el que estamos viviendo nada es previsible. No lo sería, tal vez, si hubiera sido el PP el que se hubiese abstenido a nivel regional y C’s no hubiera tenido que “tragarse el sapo” de apoyar con un ‘sí’ a Susana Díaz asumiendo el desgaste de sostener en solitario al PSOE en la Junta. Tal vez entonces no hubiera tenido que compensar en plazas clave como Granada…

Rivera dejó vía libre de negociación al líder regional de C’s, Juan Marín, pero todos son conscientes del coste que las alianzas que se fraguaron ayer en toda España tendrán entre los votantes de cara a las generales de noviembre, el gran desafío al que se enfrenta tanto Ciudadanos como Podemos. Y tanto giro a la izquierda empezaba a no ser muy bien entendido por ese electorado conservador que, desencantado con el PP, ha buscado refugio en el partido naranja.

Había que compensar. Había un precio; y se ha pagado. Torres Hurtado dejará el Ayuntamiento, el PP salva Granada del frente de “unidad popular” contra la derecha y C’s puede presumir, por ejemplo, de haber alejado la capital del fantasma del cuatripartito. El plazo de la retirada es final de año. Sin fecha concreta. Lo que se pospone es el propio debate. Será el alcalde el que decida cuándo, dónde y cómo se va.

Sebastián Pérez ha logrado de C’s la misma flexibilidad que se ha dado al PSOE en la Junta con Chaves y Griñán. El relevo en la alcaldía, sobre el papel, recaería en el propio presidente del PP al ir como número 2 en las listas locales pero éste es sólo un escenario posible. Tampoco esta partida se puede abordar en solitario. La transformación del PP prometida por Rajoy, los cambios en el Gobierno y las elecciones de noviembre influirán. No es por ‘sucesión’ como Sebastián Pérez querría llegar a ser alcalde y no con un gobierno tan débil y con una situación presupuestaria tan asfixiante. Y dar el salto a Madrid no le disgusta…

En tal caso, la siguiente en la lista es Isabel Nieto. Sería la primera mujer en la historia que asumiera la Alcaldía de la capital. Justo cuando otra mujer, Pilar Aranda, se pone al frente de la centenaria Universidad. Justo cuando Susana Díaz se convierte en la primera presidenta electa de Andalucía. Tiempos nuevos, sin duda, tiempos de cambio. Pero el desafío es compartido y no importa ni el sexo ni la edad: de momento, todos tienen ante sí el reto de demostrar que son tiempos para mejor.

De avestruces y cacerías

Magdalena Trillo | 31 de mayo de 2015 a las 12:09

Una avestruz de plástico esconde la cabeza en un huevo. Su huevo. A las fotografías de Chema Madoz les ocurre como a las viñetas de prensa: son calambres de realidad. Siempre hay más de lo que parece. Parten de mensajes amables y rutinarias imágenes de la vida cotidiana para desconcertar. Son provocadoras, coquetean con el equívoco y el despiste, nunca son inocentes. Son golpes de poesía, metáforas y paradojas que se transforman en balas de emociones directas a la razón.

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La sala Alcalá 31 de Madrid muestra hasta primeros de agosto la última obra del Premio Nacional de Fotografía con la retrospectiva Las reglas de juego. Madoz experimenta con los objetos pero son iconos de nuestras vidas lo que cuelga de las paredes. Miedos, enigmas y anhelos atrapados en la simplicidad del blanco y negro. La nube que descansa sobre el tronco del árbol -más apacible que aquella otra que enjauló en el infinito del cielo-, la cuchilla que marca las páginas del libro, la corchea que flota en el daiquiri, el dado de la suerte que se derrite sobre el cristal, el collar de perlas preciosas que somete y castiga a modo de impasible horca…

El artista mira a la naturaleza y nos regala poesía visual. La avestruz que ilustra el catálogo es inquietante. Por lo que constata y por lo que sugiere. Es el símbolo de la sociedad contemporánea. De nuestra actitud defensiva y de nuestra incapacidad. Cuando Mariano Rajoy compareció el lunes para analizar los resultados electorales yo no vi al presidente del Gobierno; vi una avestruz protegiéndose en el calor del huevo. Cuando Pedro Sánchez sale triunfante para hablar de pactos y de estrategias, sólo veo una avestruz sobre un huevo que no sabe cómo perforar. Cuando Pablo Iglesias y Albert Rivera irrumpen con mochilas cargadas de condiciones interesadas, de líneas rojas y exigencias partidistas, sólo veo a dos avestruces en busca de un huevo al que poderse encaramar.

El 13 de junio se han de constituir los ayuntamientos en España y, de momento, lo único que tenemos garantizado son los titulares. El PP se ha dejado en las urnas 2,5 millones de votos pero el mensaje oficial es de victoria aun siendo conscientes de que perderán el poder en comunidades clave y, en decenas de ciudades, serán triunfos amargos que no les permitirán gobernar. Se vendan los ojos ante el batacazo con la misma frivolidad con que se niegan a ver la desbandada de barones autonómicos que, ellos sí y contradiciendo a Rajoy, han decidido asumir su responsabilidad tras las elecciones del pasado domingo. El problema, por supuesto, (sólo) es de comunicación… Y lo resuelven con más oscurantismo, con ruedas de prensa sin preguntas -dos días le ha costado al líder andaluz aparecer ante los medios para no decir ni hacer nada sustancial y no admitir que se le interrogara- y con más política del avestruz y en diferido. Ya se reaccionará o no; y ya se contará o no.

La ceguera es compartida. Los socialistas se han puesto el traje de ganadores obviando dos realidades: el millón de votos que han dilapidado en esta convocatoria y el elevado precio que tendrán que pagar en las alianzas de gobierno. Lo de ser un partido “de mayorías” está muy bien como eslogan si en algún momento se cumpliera sobre el papel. No es lo probable.

A los dos grandes, a los del bipartidismo tocado y decadente pero no muerto, hay que reconocerles que al menos mantengan un huevo en el que esconderse. Podemos y Ciudadanos nada tienen de momento que conservar, así que su estrategia es claramente ofensiva y de desgaste. Han salido a cazar; de caza mayor. Atentos si no a los candidatos de Ciudadanos en Málaga y Almería que, con un puñado de votos, ya se han visto alcaldes. O giren la mirada a los movimientos de las marcas blancas de Podemos en su campaña de desalojo del PP.

La caza es un vicio de los viejos partidos que los nuevos asumen aunque sea, como en la obra de Madoz, metafóricamente. En España, si lo piensan, nunca hemos terminado de retratar bien el imaginario de la corrupción, de las presiones y de los juegos de poder. A los maletines negros del gánster norteamericano les faltaba el rifle de caza. Los maletines los hemos actualizado en forma de bolsos de Loewe pero seguimos teniendo una asignatura pendiente con el escenario cinegético. Empezando porque no sabemos si fue antes el huevo o la avestruz. ¿Es la caza la que incita a la corrupción o hay algo en los corruptos que los predispone a cazar? El PP de Valencia, desde la Gürtel a la trama de comisiones que acaba de llevarse por delante al delegado del Gobierno, podría servirnos de muestra de estudio. ¿No se amañan las contrataciones con la misma eficacia haciendo footing o jugando al golf?

En todo caso, ya estamos avisados: si ve a un político de caza, sospeche. La otra caza, la simbólica, puede resultar menos evidente pero es igual de peligrosa. Las cabezas de Griñán y Chaves ya descansan sobre bandejas de plata y ahora toca a nivel local. En Granada, Ciudadanos ha puesto precio al PP para dejar gobernar a Torres Hurtado: la cabeza de su concejal de Movilidad y ‘ejecutora’ de la LAC.

Todos son conscientes de que el nuevo mapa de transporte en la capital ha sido una bomba para el alcalde -la pérdida de votos en los barrios lo ha dejado con un resultado que no se conocía en la capital desde finales de los 80- pero personalizarlo en Telesfora Ruiz peca demasiado de efectismo mediático y de tacticismo político; era uno de los proyectos estrella de un equipo de gobierno (no de un área) y, si hay algo que se le puede reprochar a la edil es haber cumplido con solvencia y rigor el encargo. La LAC gustará más o menos, funcionará mejor o peor, pero se ha ejecutado lo que se decidió. Extraña por tanto que, puestos a pedir cabezas, el grupo de Luis Salvador no haya apuntado a lo más alto.

El futuro de Pepe Torres es, desde el pasado domingo, el que queda completamente desdibujado. La misma noche electoral anunció que, si no conseguía formar gobierno, daría un paso atrás y abandonaría la política. Matemáticamente podría enfrentrarse a una opción de gobierno cuatripartito en torno al socialista Paco Cuenca pero parece más factible una alianza directa con Ciudadanos o, lo más previsible, un gobierno en minoría como lista más votada con la abstención del partido naranja. El coste será alto antes del acuerdo, pero lo realmente duro llegará después cuando haya que gestionar una ciudad con cuatro formaciones en contra.

Como cabeza de cartel, Pepe Torres aseguró a su partido 14 concejales y se quedó con 11. ¿Debería dimitir? ¿Tiene la obligación, como líder del partido más votado, de buscar la estabilidad para Granada? ¿Aguantará? Perdida la Diputación, ¿lleva la regeneración el nombre de Sebastián Pérez como número 2 en las listas de la capital? ¿Podría darse tras las generales de noviembre un escenario de moción de censura que aupara a Luis Salvador como alcalde? Porque muchos recuerdan cuando Antonio Jara se hizo con la Alcaldía en un escenario sospechosamente parecido…

Vuelvo a la imagen de la avestruz. No es un huevo donde se esconde. Es una bola de cristal.