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El efecto dominó de las Primarias

Magdalena Trillo | 28 de mayo de 2017 a las 10:24

Tan fácil como dejar de pagar la cuota. Se pasa automáticamente del estatus de militante al de simpatizante y poco más es necesario para poner fin a décadas de compromiso activo con el PSOE. Al mismo tiempo que históricos del socialismo granadino como Antonia Aránega o Rafael Salcedo volvieron a la primera línea integrados en las listas del partido de la capital para el Congreso Federal, las deserciones se han convertido en la música de fondo de las agrupaciones locales tras el baño de realidad para el susanismo que han significado las Primarias del pasado domingo. ¿Un arrebato pasajero? ¿Una llamada de atención al aparato? ¿El inicio de algo más?

Son los primeros compases de preocupación y desconcierto en un nuevo PSOE que, aunque lo tiene (casi) todo por demostrar, por decidir y por consensuar, sólo ha dejado espacio para el ruido con sordina. Una votación ajustada hubiera sido difícil de gestionar; una derrota clara, con traiciones incluso en el bastión andaluz, confirma la teoría de que los avales eran el “techo” para los susanistas y el “suelo” para el movimiento pedrista que ha sabido quedarse con la bandera de la militancia. Sólo en este contexto se entiende el -aparente- pacto de no agresión entre los dos dirigentes que se batieron en duelo hace una semana para intentar llevar cierta paz al cónclave de junio con listas integradas y sólo así tiene sentido el abrupto repliegue del 100% PSOE en Andalucía.

Porque ni se ha acabado el susanismo, aunque lo declare la propia política sevillana a semejanza de lo que hizo Chaves en el 2000 tras la derrota de la poderosa federación del Sur en el enfrentamiento Bono-Zapatero ni tienen por qué dejar de pasar los trenes para la actual presidenta de la Junta. ¿Que el susanismo está “finiquitado” si es que “alguna vez existió”? ¿No nos hemos equivocado lo suficiente con Pedro Sánchez para aventurar ahora el ocaso inmediato de la candidata andaluza?

Lo iremos viendo en los votos; pero no en las casetas privadas de los congresos sino con las papeletas abiertas y multicolores de las convocatorias electorales. Y, aunque proclamaremos que no se pueden extrapolar resultados, todos caeremos en la tentación de comprobar hasta qué punto se ha producido un ‘brexit’ entre votantes y militantes cuando Pedro Sánchez intente por tercera vez llegar a La Moncloa -si no lo hace antes por la vía de las prisas aliándose con Podemos en una moción de censura propia o ajena- y descubrir si lo que ocurrió el 21 de mayo tiene eco en los gobiernos regionales, en los complejos juegos del poder territorial y en el tablero local.

Las primarias lo han dejado todo abierto. Con un efecto dominó en todas las escalas. Y es que eran dos formas antagónicas de entender el partido, dos sensibilidades distintas a la hora de conformar las alianzas de gobierno y dos relatos contradictorios sobre lo ocurrido en el menguante partido del puño y la rosa. Las enmiendas del equipo de Pedro Sánchez lo tienen bien claro: todo empezó “por culpa” de Zapatero, en 2015 fue precisamente el renovado líder del PSOE quien evitó el sorpasso de Podemos y lo que se ha escrito a partir del 1 de octubre de hace un año ha sido un tremendo error. Un rotundo fracaso.

No se evitaron unas terceras elecciones; se le entregó el gobierno al PP. Pura épica. Pero con un respaldo de las bases más que suficiente para hacer tambalear, para llevar la incertidumbre y la provisionalidad a las débiles alianzas que se conformaron tras los últimos comicios.

¿Ahora qué? A nivel nacional, lo previsible sería que Mariano Rajoy sea capaz de sacar adelante los presupuestos con las cuotas ya negociadas con vascos y canarios e, incluso, aguantar hasta final del próximo año con unos presupuestos prorrogados. En Andalucía, Susana Díaz no tiene más salvavidas que dar un impulso político a su Gobierno -con movimientos también en las estructuras provinciales-, acelerar el cumplimiento de los compromisos firmados con Ciudadanos -incluso cuando suponga reformar la Ley Electoral o el Estatuto de Autonomía para suprimir los aforamientos- y demostrar con una gestión palpable de resultados que lo de “ahora toca trabajar por Andalucía” no es sólo un eslogan voluntarista.

De todo estas piezas dependerá también lo que ocurra en Granada. Que el congreso provincial de otoño del PSOE será movido es tan evidente como la salida de Teresa Jiménez de la Torre de la Pólvora, pero ni el gobierno local ni el de la Diputación tienen por qué verse comprometidos. El domingo pasado no sólo perdieron los susanistas; también el PP. El escenario regional se ha vuelto a complicar para Juanma Moreno justo cuando se veía con opciones de llegar a San Telmo aprovechando el vacío de liderazgo que se iba a producir en el socialismo andaluz. Pero la situación ahora es justo la contraria: una dura contrincante, herida, dispuesta a remontar refugiándose en casa.

En Granada, la moción de censura a Paco Cuenca depende más de lo que ocurra en Sevilla y Madrid que de la política doméstica. Y también con ello se abre o cierra el futuro para Rocío Díaz como candidata del PP. Lo previsible, de momento, es que Susana Díaz se atrinchere y no convoque elecciones hasta marzo de 2019 -salvo que las encuestas y los trackings internos le sonrían- y, sólo un par de meses después, Sebastián Pérez tendrá razones de sobra para postularse como candidato a la Alcaldía y enfrentarse a Cuenca -reconozcamos que tanto al PSOE como al PP les interesa que resista- con un doble horizonte: recuperar la capital y volver a la Diputación.

Pero todo está sujeto con pinzas. Abierto y provisional. Expectante al movimiento en cadena que significaría la caída -o la colocación- de una sola ficha del dominó. Les pongo un futurible: ¿y si después del terremoto Spiriman y de la insólita confluencia en Juntos por Granada se constituye una plataforma de independientes? ¿No creen que conseguirían un buen puñado de concejales en la Plaza del Carmen?

Susanistas y pedristas en clave local

Magdalena Trillo | 9 de abril de 2017 a las 10:00

Cuando hace tres años Pedro Sánchez visitó la redacción de Granada Hoy, en plena campaña para las primarias del verano del 14, lo hizo con Jesús Quero de padrino. Lo defendió con vehemencia. Convencido de su carisma y su arrojo frente a un Rubalcaba en horas bajas que no tenía más salida que asumir en primera persona el fracaso de las urnas y dar un paso atrás. En aquellos momentos Pérez Tapias también competía contra el político madrileño -y contra Eduardo Madina- en la carrera a Ferraz, pero buena parte del socialismo granadino se había decantado por Pedro Sánchez. Corrijo: el grueso del PSOE de Granada estaba con Susana Díaz.

Y lo sigue estando. Pedro Sánchez fue secretario general del PSOE porque quiso Susana Díaz y el domingo 21 de mayo será la dirigente andaluza quien se mida en las nuevas primarias contra su antiguo protegido porque se equivocó. Tal vez sea la única parte de la historia que compartan pedristas y susanistas: el inicio de todo. Aquel mes de julio de 2014 en que el aparato socialista, con el respaldo de la militancia, entregó unas siglas centenarias a un completo desconocido sin cultura de partido y supuestamente maleable. Lo que ha sucedido en el intermedio, los varapalos electorales y el desgobierno, la pérdida de identidad del partido y la amenaza del sorpasso y hasta el ‘no es no’ con el mitificado congreso de la defenestración que evitó unas terceras elecciones en España, discurre en una completa contradicción. Dos relatos antagónicos que han abierto una brecha en el PSOE y han terminado sumiendo a las bases en una curiosa paradoja: los antiguos pedristas son hoy susanistas y sin que sepamos demasiado bien -al menos en Andalucía -cuánto pesa el cabeza de cartel, cuánto las ideas y cuánto la revancha.

La recogida de avales será el escenario del duelo inicial, pero no el único. Pedro Sánchez está aprovechando su condición fabricada de víctima para lograr apoyos frente a una Susana Díaz que quiere arrollar con un pie puesto en Ferraz y otro en La Moncloa. Es el trasfondo que empieza a vislumbrarse en una campaña que no ha hecho más que empezar: el primero ya se ha autoproclamado el candidato outsider intentando aprovechar los vientos favorables de los movimientos antisistema -del ‘Brexit’ a la victoria de Trump pasando por el no a la paz en Colombia- y la líder andaluza ha puesto la maquinaria en marcha con un mensaje de más largo alcance: es el momento de que el PSOE resucite y vuelva a convertirse en una opción ganadora. La disputa no es con Podemos sino con el PP. La alternativa no es entregar el partido como ha hecho IU sino recuperar el gobierno de España. Porque la campaña de Susana Díaz tiene una doble estación de llegada: la secretaría general del PSOE y la presidencia del Gobierno español.

A partir de aquí, emociones y razones entran en la batalla sabiendo que la integración sólo será un camino transitable para Patxi López. Lo que se juegan Susana Díaz y Pedro Sánchez es el todo o la nada y con un duro discurso en blanco y negro: ¿el partido del siglo XX o del siglo XXI? ¿el candidato a la izquierda de la izquierda frente a la candidata que coquetea con la derecha? Es evidente que importará la capacidad de cada facción para colar sus mensajes pero también será clave el proceso mismo. Las alcantarillas. Dónde se vota y cómo se vota.

Y ello sin perder de perspectiva las quejas de los pedristas por la opacidad en la gestión del proceso y la supuesta “no imparcialidad” de la gestora y las críticas por los cambios en el sistema de primarias que aprobó el comité federal el pasado mes de abril: las agrupaciones más pequeñas votarán unificadas donde digan los partidos a nivel provincial -no en sus pueblos como hasta ahora-, se elegirá al candidato de primarias y una semana después a los delegados del congreso -no el mismo día-, los afiliados directos que se registren en Ferraz votarán en la agrupación provincial y no en la local…

Lo cierto es que no es ningún capricho la exigencia de los pedristas de limitar por arriba la recogida de avales: cuando Susana Díaz se enfrentó a Luis Planas en las primarias andaluzas de 2013, no sólo lo abrumó; lo anuló. Lo previsible ahora es que aplaste en Andalucía pero no al otro lado de Despeñaperros: ¿tendrá este primer duelo un efecto directo en la bolsa de indecisos? ¿la recogida de avales será el techo de Susana Díaz y el suelo de Pedro Sánchez? Porque luego vendrá la elección de delegados y el congreso. Y ahí, con el voto secreto (de verdad), la batalla será tan distinta como lo fue con Borrell o Zapatero.

Todo cuenta. Para reconstruir el PSOE nacional pero también el regional y el local. En Andalucía converge además lo orgánico y lo institucional con esa preocupante incertidumbre de poder en San Telmo -el debate de la sucesión corre en paralelo al viaje de Susana Díaz a Madrid- que el PP ve ya como la primera oportunidad real de toda la democracia para hacerse con el gobierno andaluz. ¿Creen que la foto de Sebastián Pérez con Luis Salvador de este viernes en Granada está al margen de expectativas y estrategias?

A nivel provincial, Teresa Jiménez se ha puesto al lado de Susana Díaz como lo hizo en su momento con Pedro Sánchez… por obligación. Como buena parte del partido. Incluso como los que quieren moverle el sillón cuando Granada celebre su congreso y toque aquí la renovación. Porque todo pasa por Susana. Para la salida negociada de Teresa -dejando posicionado a Entrena en la Torre de la Pólvora- y hasta para el desembarco rupturista de ¿Juanma o Noel?

Lo realmente apasionante es que todo está por escribir. ¿Y si Susana Díaz no arrasa? ¿Y si Chema Rueda acierta ahora apostando por el candidato aparentemente perdedor y decide presentarse al congreso de octubre abriendo una tercera vía? ¿Será entonces el turno de Guillermo Quero al frente de los socialistas de la capital? ¿De Paco Cuenca si acaba de forma abrupta su “negra” aventura en la Alcaldía?

Apasionante y desconcertante. Porque al final pesa tanto lo que se quiere construir como lo que se quiere evitar y destruir. También en el voto. La evidencia más palpable de la confluencia de piezas y escenarios que entran en juego es cuando, en confianza y con el compromiso del off the record, preguntas a susanistas y pedristas por sus opciones: ninguno convence. Pero sí convencen -sí interesan- más que el contrario. Así es la política; voluble y caprichosa. Tercamente imprevisible.

Mensajes envenenados

Magdalena Trillo | 19 de octubre de 2014 a las 12:41

A lo largo del último siglo, teóricos e investigadores de diferentes tendencias, países e ideologías se han dedicado a diseccionar los entresijos de la comunicación; la pública y la privada, la de los ‘todopoderosos’ medios pero también la de las empresas, los políticos o las instituciones. En todos los casos, por mucho que diverjan sus planteamientos, siempre hay una constante: una cosa es lo que se dice y otra lo que de verdad se quiere decir. Es la contradicción entre lo manifiesto y lo latente; lo evidente y lo oculto. Aplíquelo a las sugerentes imágenes laberinto que nos sorprenden a diario o pruebe a extenderlo a cualquiera de los corrosivos mensajes que nos bombardean insistentes a través de los medios…

Es un juego antiguo; el doble discurso de quienes dicen una cosa para ocultar otra, la doble vara de medir que saca de tantos callejones sin salida y, por supuesto, la doble moral de los que se deleitan dándonos lecciones en público para practicar justo lo contrario. Pensándolo bien, lo peligroso no son estos casos claros y evidentes que vemos llegar, y ante los que nos podemos proteger, sino los que deslizan envenenados.

Están, por ejemplo, los que se disfrazan de buenas noticias. Los gigantes tecnológicos Facebook y Apple han anunciado esta semana que pagarán a sus empleadas la congelación de óvulos para que no tengan que interrumpir sus carreras profesionales. Lo incorporan a la excelencia de sus planes de incentivos pero en realidad ocultan una actitud doblemente provocadora: por un lado, parten de la convicción de que tener hijos no es compatible con el trabajo -¿vuelta a las cavernas del feminismo?- y, por otro, se atribuyen un factor más de decisión, control y dominio robándonos la posibilidad misma de decidir sobre la maternidad -no obligan a nadie pero ¿alguna trabajadora con aspiraciones de ascenso se atreverá a renunciar a semejante ‘flexibilidad’?-.

Pienso en el “no me quieras tanto” de la violencia machista y me pregunto si no tenemos que empezar a clamar “¡no nos ayuden tanto!”. Digo ellos, pero también ellas… Y lo hago recordando el polémico caso de Marissa Mayer, la ex directiva de Google que estuvo en su puesto hasta el día antes del parto y se incorporó dos semanas después instalando al bebé en su oficina… Esta misma semana era Ana Botella la que nos ‘defendía': en teoría atacaba a un concejal de su propio partido que había despedido a una empleada por tener un hijo: “Me genera repulsa. Es dudar de las capacidad que tienen las mujeres de poder trabajar y poder ocuparse de ‘su’ casa”. ¿’Nuestra’ casa? ¿No habíamos superado ya que no es siendo ‘superwoman’ como tenemos que avanzar en igualdad?

Unas veces es la naturalidad del lenguaje la que destapa el pensamiento agazapado y otras es la supuesta bondad de las palabras la que nos sume en la confusión. Lleva meses practicándolo Artur Mas: “Lo democrático es votar”. ¿Siempre? ¿Sin importar las circunstancias? ¿Es lo ‘democrático’ si votamos como ha hecho Suiza para prohibir que se construyan minaretes en las mezquitas? ¿Votar aunque se roce el ridículo y la farsa con esa consulta ‘light’ en que está desintegrando su promesa incumplida del 9-N? Porque también deberíamos tener superado que la democracia tiene que ver con la convivencia, con las libertades y con el respeto a los otros; que hablamos de legalidad pero no deberíamos olvidar la ética y la moral, la solidaridad y hasta la generosidad.

Tantos interrogantes esconde el “derecho a decidir” catalán como las primarias socialistas. Hoy se celebran en toda España como ejemplo de democracia interna pero lo han dejado a medias. Por el camino se ha abandonado a quienes no han conseguido el 20% de avales exigido y atrás se han quedado los simpatizantes. En muchas ciudades serán meras ‘fiestas’ de proclamación. ¿Tan difícil era ser democrático desde el principio hasta el final?

Y, ojo, que no estamos ante prácticas exclusivas de los ‘viejos’ partidos. Podemos se ha erigido en antídoto de todos los males de la ‘casta’ y no ha tardado ni medio minuto en enfangarse. A Pablo Iglesias le han tosido en casa y ya ha advertido que no liderará el partido si no salen sus propuestas; sobre todo, que sólo puede mandar él… ¿No eran ellos los alternativos y verdaderamente democráticos? Porque lo suyo suena tan dictatorial como esa decisión de Rosa Díaz de ‘cargarse’ a Sosa Wagner por llevarle la contraria

Liderazgo por decreto

Magdalena Trillo | 16 de febrero de 2014 a las 10:22

No tengo muy clara cuál es la diferencia entre el dedo de Griñán situando a Susana Díaz al frente de ‘todo’ y el dedo de Rajoy zanjando meses de turbulencias en el PP con el señalamiento del malagueño Moreno Bonilla como líder de los populares andaluces. Ningún dedo será divino pero en los dos casos han conseguido un mismo objetivo: unidad a nivel interno -por muy forzada que resulte- e ilusión en las tropas para afrontar la cadena de convocatorias electorales que empieza en tres meses con las Europeas justo en un momento en el que el bipartidismo se juega el ‘ser’ y el ‘estar’.

Las primarias socialistas serán un revulsivo en otoño cuando un millón de simpatizantes elijan su candidato a La Moncloa y reconozcamos al PP que la convocatoria del congreso regional el 1 y 2 de marzo para sustituir al alcalde de Sevilla por el hasta ahora secretario de Estado -dando por amortizado a José Luis Sanz, el gran damnificado de la operación de relevo-, no deja ser una cita histórica dentro de unas huestes que funcionan con jerarquía militar y que están ‘educadas’ para acatar sin cuestionar más de lo debido.

Hace un año, de un día para otro, nos hicimos susanistas y ahora, de un día para otro, nos hacemos juanmistas. Me molesta que ahora nadie le critique al aspirante malagueño que no haya hecho otra cosa que ‘vivir’ de la política y que no ha tenido otro oficio que la cosa pública. Sus trayectorias son muy similares, su ambición parece que también, pero todo lo que en Susana Díaz eran deméritos y debilidades ahora se transforman en bondades para un Moreno Bonilla que ni siquiera acabó la carrera universitaria. Los dos provienen de familias trabajadoras y humildes, los dos han forjado su trayectoria en la cuna del partido -en las Juventudes Socialistas y en Nuevas Generaciones-, los dos simbolizan un relevo político de suave y controlada transición y los dos lo tienen (casi) todo por demostrar. Salvo su género, poco se distancian quienes deberán ganarse la confianza de los andaluces para gobernar la comunidad más poblada de España de lo que podríamos definir como una designación por decreto.

Un liderazgo por decreto que se intenta legitimar con el teatro de la elección de los ciudadanos. La esencia de todo: elegir. Porque ningún liderazgo se mantiene por decreto. Ni dentro ni fuera de los partidos. Es la grandeza de la democracia. Que, aunque les pese, seguimos siendo los ciudadanos los que los ponemos y los quitamos. Podemos mejorar los procesos, debemos avanzar en participación y transparencia, pero el camino no puede ser otro que ‘acertar’ eligiendo a los mejores. Desde el presidente vecinal al inquilino de la Casa Blanca.

¿Cómo acertar? Ciertamente, ayudaría que se presentaran los mejores y que no nos dieran razones a diario para cuestionar su profesionalidad, su vocación, su utilidad y hasta su honradez. No hay encuesta que no alerte del distanciamiento de los ciudadanos con los políticos, de su desprestigio y de la creciente preocupación por la corrupción. Pero también aumenta el interés por influir en la gestión pública y se valora la política aunque se busquen otras fórmulas de participación… Visión, carisma, compromiso, fidelidad a unos principios, poder de persuasión, humanidad y respeto. Éstos son los valores del buen líder que cuesta identificar entre las opciones ‘oficiales’ y que terminamos buscando en la calle, en los activistas de las redes sociales y en movimientos de rebelión popular. De aquí a perderse en el populismo, a votar a favor de la xenofobia laboral como acaba de hacer Suiza, hay sólo un paso. Un paso que se justifica en el espectacular deterioro del sistema político y en la percepción, la convicción, de que no formamos parte de la toma de decisiones.

Volvemos por tanto al eterno dilema de nuestras vidas… cómo acertar. Puede sonar a ciencia ficción pero en Estados Unidos acaban de concluir una investigación que podría ayudarnos a identificar el talento innato y a desarrollarlo. Después de realizar más de dos millones de entrevistas a profesionales de todo el mundo, la compañía Gallup ha diseñado un método para descubrir el potencial de cada persona y obtener el máximo partido. La revolución del talento. ¿Sabía que un bebé tiene 100 billones de neuronas a los 162 días de nacer? ¿Sabía que hasta los 3 años cada neurona es capaz de producir 15.000 sinapsis, las conexiones que hacen aflorar las habilidades? ¿Sabía que a los 16 ya están completamente definido, potenciado o anulado, el talento de una persona? Ni podemos valer para todo ni cualquiera puede ser líder. Y podríamos saberlo desde los 16…

Iguales entre iguales

Magdalena Trillo | 9 de febrero de 2014 a las 9:18

Si la Corona planeó contrarrestar la semana del circo mediático en los juzgados de Palma con una cara amable de los Príncipes en Granada, se equivocó. Puede que la monarquía esté en declive, pero no para los políticos cuando lo que se disputan es su posición en la ‘foto’. Tal vez no lo recuerden, pero la mayor crisis que se ha producido entre el Ayuntamiento de Granada y la Diputación se desató hace diez años en Fitur por una visita del Rey que la capital había pactado a escondidas de la institución provincial. La imagen fue dantesca: Torres Hurtado haciéndose el remolón mientras el entonces presidente le esperaba para comenzar un acto de entrega de premios… Hasta que llegó el Rey y se entendió la ‘jugada’… Don Juan Carlos saludó efusivamente al alcalde y el equipo de seguridad por poco no deja ni acercarse a Martínez Caler pensando que era alguien sin importancia… Aquello terminó con la expulsión del Ayuntamiento del Patronato de Turismo y largos años de división del sector. Y así seguiríamos si el PP no hubiera ganado la Diputación.

Ahora ha sido el Premio Lorca, en la ‘foto’ se medían un obstinado Pepe Torres y una exultante Susana Díaz y lo que se arrojan a la cara son los decretos de protocolo; quién interviene y en qué orden… Nada hubiera ocurrido si la misma ‘bandera’ ondeara en la Plaza del Carmen y en San Telmo. Da igual quién lleve la razón sobre el papel; los dos pierden los argumentos cuando se enzarzan en una bronca de protagonismo dañando la imagen de Granada, ensombreciendo uno de los actos de referencia en la agenda cultural de este país y perjudicando, por muy en horas bajas que esté, a la Casa Real. La presidenta plantó a los Príncipes en la ceremonia y unas horas antes hizo lo propio el alcalde ausentándose de la visita a la Alhambra. 

Dentro de unos años, pocos se acordarán de quién recibió el premio de poesía pero no de la polémica que se montó. Y los primeros damnificados son los políticos, la política. Publicamos hoy las conclusiones de un sondeo que ha encargado el PSOE de la capital y poco margen hay para las ambigüedades: más de la mitad de los encuestados considera que ninguno de los dos grandes partidos sirve para solucionar los problemas; después del paro, obras y atascos, la mayor preocupación son los propios políticos. Sobre Torres Hurtado y Paco Cuenca, se constata lo que usted ya sabrá: que el alcalde está muy desgastado y que el líder de la oposición no tiene carisma. Eso sí, se desmonta la idea de que el PP arrasaría en la capital con un PSOE sólo tres puntos en intención de voto. Preocupante para unos y esperanzador para otros. En este escenario, claro. Porque la maquinaria de los partidos ya está en marcha…

Les planteo un futurible: quién ganaría en la capital si se enfrentaran Teresa Jiménez y Sebastián Pérez. Si la secretaria general de los socialistas termina por ser la única opción de consenso para las primarias de septiembre y si el presidente del PP se posiciona como amortiguador de Torres Hurtado.

En el PSOE, la ‘vieja guardia’ ya ha despertado preocupada por la falta de liderazgo de Cuenca y empiezan a sonar nombres: el diputado Martínez Olmos está dispuesto a competir pero en otra liga, la federal, la consejera María José Sánchez podría ser una opción si no se hubiera ido en su día del Ayuntamiento, Chema Rueda podría imponerse si no fuera porque sus intereses son otros, la vía ‘catedrático de prestigio’ que podría encarnar Gregorio Cámara no termina de convencer, Baldo Oliver se mantiene como posible ‘tapado’ y de María Escudero no se tiene claro si ha dicho -o no- su última palabra. En este mar revuelto, y sabiendo que la perspectiva en el regional de Susana Díaz es el ostracismo, Teresa Jiménez sería una opción. La misma, advierten quienes lo ven como una operación de control sobre la Torre de la Pólvora, que la que se hizo en su día con Moratalla… con las consecuencias que todos conocemos. Quedan meses para animar las quinielas y quedan sobre todo unas primarias con voto secreto -¿olvidaron lo que le pasó a Almunia?- que pueden fabricar y tumbar en horas a cualquier protagonista.

En esto pensaba el jueves cuando el poeta Eduardo Lizalde se refirió a Lorca como un ángel, un mago, un “único entre iguales” y en esto pensaba ayer mientras seguía el ‘desfile’ de la Infanta. Recordando a los emperadores romanos que dieron nombre al ‘primus inter pares’, frustra pensar que nada hemos avanzado: los ‘iguales entre iguales’ de la política guerreando por ser alguien; los que nunca fueron ‘iguales entre iguales’ pretendiendo parecerlo sentados, serenos, antes el juez.

Arpías

Magdalena Trillo | 8 de septiembre de 2013 a las 14:13

“A las arpías no nos gusta que nos llamen arpías”. No he dejado de acordarme esta semana de Sigourney Weaver en Political animals. Es la primera incursión de la veterana actriz en la televisión con una miniserie que ha sido nominada a dos Globos de Oro y que viene a confirmar esa etapa de oro que está viviendo la ficción en la pequeña pantalla como alternativa a la escasez de presupuesto, recortes y decadencia (de dinero y de ideas) del séptimo arte. Da vida a Elaine Barrish, secretaria de Estado y gobernadora de Illinois, pareja del ex presidente de los Estados Unidos y aspirante a ocupar el despacho oval de la Casa Blanca por méritos propios. A sus 63 años, excepcionales, cambia de registro siguiendo la estela de otras veteranas como Glenn Close y Kathy Bates. “Llevaba tiempo rodando historias flojas y esto ha sido como comerme un buen filete después de dos años a base de ensaladas”. La protagonista de Armas de mujer se sumerge ahora en las alcantarillas del poder mientras los escándalos familiares, incluidos drogas y adulterio, la dejan completamente expuesta, desnuda, ante la opinión pública.

El paralelismo con Hillary Clinton es evidente, pero yo lo voy a fijar con Susana Díaz. No estoy llamando arpía a la recién elegida presidenta de la Junta de Andalucía pero coincidirán conmigo en que es un calificativo que no desentona en la campaña de ataque y derribo que estamos viviendo desde el precipitado anuncio de marcha de José Antonio Griñán, la “espantada” por la presión de los ERE en palabras de la oposición.

Superado el “teatro” de las primarias que maniobró una “fría” y “calculadora” experta en fontanería política -cuestionado, y en este caso con razón, hasta por los suyos-, hemos llegado a la “farsa” de su nombramiento. El “mayor fraude en la historia de la autonomía” llegó a decir el jueves en la sesión de investidura el cabeza -que no líder- de los populares. Lástima, como le reprochó Díaz, que no acudiera al Parlamento el “hombre de leyes” sino el “faltón” y tuviéramos que presenciar todos cómo un magistrado de profesión deslegitima un proceso absolutamente democrático y constitucional por su “dudosa ética política” olvidando lo apropiado que fue en su día en Madrid para relevar a Esperanza Aguirre o nombrar alcaldesa a Ana Botella.

Y lástima, también, que lo escucháramos replicarle con tono de tertulia de bar que si quería saber cuál es el candidato del PP -recuerden que él ya ha dicho por activa y por pasiva que sólo le interesa la Alcaldía de Sevilla- que “convoque elecciones”. En el PP nacional no hay prisas, bastante tiene Cospedal con explicar los despidos en diferido y la custodia de ordenadores a los que se les destruye el disco duro, y Juan Ignacio Zoido parece no entender que son los dirigentes de su propio partido, los militantes, los andaluces los que merecemos saber cuál es el proyecto para Andalucía. No es sólo un problema de caras, también de discurso. Porque poco sabemos más allá de los diez puntos del fracasado programa electoral de Arenas que se nos volvió a leer esta semana y de la extenuante estrategia de oposición de los ERE.

Estoy de acuerdo con el presidente del PP de Granada: “mucho ruido y pocas nueces”. Pero, ojo, no sólo aplicado a Susana Díaz. Ella tiene la obligación de pasar a los hechos cumpliendo las enormes expectativas que han suscitado sus primeros pronunciamientos sobre la lucha contra el paro y la corrupción pero es que el PP todavía está en el tiempo de las palabras.

Mucho más joven que Elaine Barrish, el reto de Susana Díaz no es diferente: emanciparse de su mentor, en este caso Griñán, y demostrar que su capacidad está por encima de su ambición. La primera prueba de fuego será su equipo -mañana sabremos si la renovación es realmente profunda para llenar de contenido ese insistente anuncio de “cambio” que de momento sólo suena a marketing político- y la segunda, cuadrar unos presupuestos que ‘gusten’ lo suficiente a sus socios de IU para agotar la legislatura y sigan recordándole a Rajoy que la oposición real a su Gobierno, con o sin permiso de Rubalcaba, la marca Andalucía.

Si ser arpía significa ejercer el poder hasta las últimas consecuencias, ser implacable si es preciso, no dejarte acorralar cuando te ataquen, hacer respetar tu valía por encima de tu ADN, somos muchas las mujeres con puestos de responsabilidad las que deberíamos unirnos al club. Pero mal favor le hacemos a Susana Díaz, desde el feminismo y desde el clientilismo partidista, si le hacemos creer que nada tiene que aprender, que nada tiene que corregir -ni una sola palabra de autocrítica hasta ahora- y que su gobierno, su gestión, no tendrá un elevado precio. Ni por joven ni por mujer tiene nada ganado. Por eso discrepo con Amparo Rubiales: todas ‘no’ somos presidentas y Susana Díaz lo tiene que demostrar.

A las arpías no les gusta que las llamen arpías y menos aún que las adulen.

La hora de las mujeres

Magdalena Trillo | 30 de junio de 2013 a las 10:33

Antes de un año José Antonio Griñán podrá dedicarse a las cosas de su edad: malcriar a los nietos y escribir las novelas que aparcó cuando su (ex) amigo Chaves le cedió el testigo de la Junta. Se irá, aunque sacrifique el horizonte de tres años de alianza “solidaria” que había pactado con IU, y lo hará a la española: dejándolo todo atado y bien atado. En Andalucía y en Madrid. En el gobierno y en el partido.

Es un estratega de los tiempos. El 25-M hundió a Arenas con aquella amarga e insuficiente victoria que todavía pesa en el desánimo de los populares y ahora va a prejubilar a Rubalcaba; entonces dejó perpleja a media España cambiando los ritmos electorales, desmontando todas las encuestas y salvando la ‘aldea’ del socialismo y ahora ha descolocado a su partido y a la oposición abriendo el debate sucesorio. No nos equivoquemos, las consecuencias de no presentarse a la reelección, de dar paso a “savia nueva” y de impulsar la renovación en el PSOE no es una decisión de consumo interno: afectará al ‘bipartito’, modificará la hoja de ruta del partido a nivel federal y obligará al PP a recomponerse en tiempo récord.

Si es coherente con lo que dijo hace un solo mes de convocar primarias cerca de los comicios, y si es cierto lo que solemnemente ha proclamado esta semana en el Parlamento de que a él no le pierde “ni el poder, ni el boato, ni las apariencias ni los sobresueldos”, no hay escenario posible que no pase por un progresivo trasvase de funciones -institucionales y orgánicas- y por un adelanto electoral que ya hay quien sitúa con las europeas de mayo.

La renovación griñanista tiene nombre, tanto en Andalucía como en España: su consejera de Presidencia y número 2 Susana Díaz y la ex ministra Carme Chacón. A la primera ya la ha bendecido para una sucesión teledirigida, un dedazo encubierto de primarias; con la segunda, la que fue su candidata frente a Rubalcaba en el congreso fallido de Sevilla, mantiene una maquiavélica sintonía que ha vuelto a evidenciarse con el anuncio de su retirada. Rubalcaba, circunspecto; Chaves, atónito; Jáuregui, ausente. A ella ni le sorprendió. Sospechosa complicidad.

Más allá de la operación de marketing que Griñán está liderando para resituar a un PSOE cada vez más vapuleado en las encuestas y frenar el creciente terreno electoral que le está arrebatando IU desde la plataforma de San Telmo, lo más triste y criticable de su supuesta hoja de ruta de revulsivo es que nada tiene que ver con lo que predica de más democracia, más transparencia, más participación.

Susana Díaz. ¿Es renovación o es continuidad? ¿Aparte de llevar con mano de hierro la fontanería del partido, es capaz de liderar un nuevo tiempo? Su edad (39 años frente a los 67 de Griñán) y su condición sexual tal vez sean suficientes para justificar lo nuevo pero no lo bueno y mucho menos lo necesario. Decía Amparo Rubiales que ha llegado la hora de que las mujeres sean “cabeza de león” y no “cola de ratón”. Ojalá. Pero hablemos de capacidades y de aptitudes. Y convoquemos unas primarias limpias. Abrámoslas a los simpatizantes y demos tiempo a las corrientes críticas a que preparen a sus candidatos (¿la precipitación es una maniobra calculada para desactivar la opción de Micaela Navarro desde el feudo crítico de los socialistas de Jaén?). Si la joven de Triana, puro aparato, profesional de la política, es el rostro del nuevo socialismo, que se lo gane con una lección de democracia y de participación, que no herede el poder por la puerta de atrás.

Ni Susana Díaz ni Carme Chacón. Si son la cara del futuro, de la renovación, que nos convenzan. Pero con ideas, con un programa, con un proyecto. Con talante, con liderazgo. Todavía recuerdo la lamentable portada de Vogue con las ministras de ZP; la imagen de unas políticas por la igualdad mal entendidas y peor gestionadas. Nunca el género debiera ser un impedimento pero tampoco una ventaja. Y mucho menos un paraguas para ocultar la propia incompetencia. En el debate sobre el estado de la ciudad del jueves la concejal de UPyD Mayte Olalla acusó a García Montero de “machista” porque le criticó que su discurso era propio “de una niña de cuarto de la ESO”. Cínico, tal vez cruel, pero ¿machista?

En Italia, el mismo día que se producía el terremoto Griñán, había quienes proponían a Berlusconi volver a fundar Forza Italia y colocar a su hija al frente. La “heredera natural”, argumentaban, “la mejor defensora de sus intereses” (¿de su corrupción y de sus fraudes?) Desconozco las cualidades y la solvencia de Marina Berlusconi, pero hiela ver las alcantarillas de unos partidos que se siguen llamando democráticos mientras nos dan lecciones de despotismo. Y ni siquiera ilustrado.

Me gustaría que estuviéramos a las puertas de un nuevo tiempo político; pero no a la defensiva. Me gustaría que fuera la hora de las mujeres; pero no a cualquier precio.

Giros imposibles

Magdalena Trillo | 29 de mayo de 2011 a las 16:58

Justo el lunes de resaca electoral, el gobernador del Banco de España lanzaba un mensaje a navegantes: hacía un llamamiento a los nuevos gobiernos autonómicos y locales “a cumplir rigurosamente los objetivos de déficit” y advertía de que sería necesario recurrir a más recortes de gasto. Más agujeros en el cinturón.

Una semana antes, en un mitin en Sevilla, Rodríguez Zapatero aseguró que es “radical y absolutamente” falso que el Ejecutivo esté planeando nuevos ajustes tras el 22M como sugería el PP y pidió al partido de Mariano Rajoy que ya que “habitualmente no ayuda y pone zancadillas, al menos no intoxique”.

Sólo dos días más tarde, Angela Merkel retomaba sus ataques a la economía española como hacen los mercados un día sí y otro también a cuenta de los posibles ‘contagios’ por la quiebra de Grecia y Portugal. La canciller alemana aprovechaba una rueda de prensa en Berlín junto al presidente surcoreano para reclamar a las economías mediterráneas más trabajo y menos vacaciones. Merkel se olvidaba de nuestros salarios de mileuristas y nuestra productividad (trabajamos tres horas más al día) y tiraba de tópicos para exigir una “armonización” de la edad de jubilación y de las vacaciones. Es decir, que nos quedaríamos con los 20 días de los germanos pero no con sus sueldos.

En este contexto, y mientras el PSOE se desangra a cuenta de su crisis interna tras la debacle electoral, sólo faltaba un informe de la OCDE empeorando las previsiones de paro para este año (más del 20% en 2011) y alertando de que faltan por precisar partidas de recorte del gasto en 2012. Su recomendación para el Gobierno español es tajante: “empezar a prepararse para introducir nuevas medidas”.

Si echamos la vista atrás, no es la primera vez que Zapatero se pone el traje de suicida para inmolarse realizando las reformas que dicte Europa, el FMI y los mercados. Un “cueste lo que cueste” que podría tener varias lecturas: que ZP volverá a ‘rectificar’ y habrá más recortes si es preciso; que no va adelantar las elecciones a otoño si pone en riesgo las grandes reformas que tanto desgaste han supuesto (negociación colectiva, pensiones, reestructuración del mapa de cajas…) y que es imposible el giro a la izquierda que se pretende desde el partido.

Está bien que los socialistas definan un nuevo liderazgo que genere cierta credibilidad hacia el partido, que debatan y hagan autocrítica de la tremenda derrota del 22M y sería mejor, incluso, si fueran capaces de hallar más razones que la recurrente “crisis” para explicar por qué la ciudadanía les ha dado la espalda. No por hoy; por los diez meses que quedan de Gobierno socialista y por los cuatro años, como mínimo, que estarán en la oposición. Todo ello, por supuesto, si consideramos un juego de distracción los órdagos de esta semana sobre la posibilidad de que el PP presente una moción de censura o el PSOE valide sus apoyos en las cámaras sometiéndose a una cuestión de confianza.

Si el PP tiene una “agenda oculta de recortes“, como dicen los socialistas, lo veremos en unas semanas. Del mismo modo que podremos comprobar cómo van a canalizar su enorme poder los nuevos alcaldes, presidentes de diputaciones y de comunidades del PP para gestionar la ruina en que están los municipios y provincias españolas. Quienes repiten, como Torres Hurtado, son más que conscientes de que muchas de sus promesas formarán parte de operaciones de ingeniería financiera que exigirán más de un sacrificio para evitar la bancarrota. Y quienes ocupen nuevos sillones, como es el caso de Sebastián Pérez al frente de la Diputación, tendrán que modular discursos, renunciar a la política de confrontación que tan bien les ha funcionado y enfrentarse a unos presupuestos más que mermados. Por supuesto, podrán demostrar sin son más eficaces en la gestión y si los granadinos han acertado eligiéndolos para liderar esta nueva etapa política que, en lo económico, sigue marcada por dos realidades: el paro y los recortes.