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Las noticias engañosas del AVE

Magdalena Trillo | 3 de diciembre de 2017 a las 10:34

Hoy voy a innovar. En lugar de escribir un artículo de opinión, voy a hacer un ejercicio de clase para intentar poner en práctica lo que (espero) haber aprendido con el curso de fact-checking que acabo de terminar en la plataforma virtual abierta del Knight Center de Estados Unidos.

La culpa la tiene el AVE. ¿Terminaron las obras? La pregunta es muy sencilla pero la respuesta tiene trampa.

Desde el PP retumba un “sí” rotundo: el Gobierno de Rajoy “cumple” y la plataforma de vías para que puedan circular los trenes de alta velocidad está construida y electrificada. Justo para el 30 de noviembre, la fecha comprometida por el secretario de Estado en su última visita a Granada. Eso sí, otra cuestión serán las obras “complementarias” y el largo proceso de comprobaciones y pruebas de seguridad que requiere un proyecto de esta envergadura.

Desde las filas socialistas, el “no” resulta igual de categórico: la reunión de Antequera ha sido una “desfachatez”, una “burla” y un “desprecio” a Granada que el ministro de Fomento ni siquiera haya tenido la valentía de visitar la ciudad para “dar la cara” y anunciar un “cronograma” serio para la puesta en marcha. La indignación, el cabreo y hasta la sorna por el “viaje exprés” también es mayúscula en los movimientos vecinales: ni será un AVE de primera ni hay horizonte certero para el soterramiento en la capital y para la variante de Loja.

¿Quién dice la verdad? ¿Quién miente? El fact-checking no es otra cosa que “chequear”, “verificar”. Aprovechar las herramientas que nos aportan las nuevas tecnologías, el acceso a datos y a fuentes complementarias que nos da la actual sociedad de la transparencia, del open goverment, para no creer ciegamente a nadie. En realidad, lo que hacemos es dar un toque de sofisticación y metodología a las viejas rutinas que aprendimos en la Facultad cuando nos repetían, una y otra vez, que la primera obligación del periodista es “contrastar”.

Así que nadie está a salvo. Podemos verificar declaraciones, hechos y datos. Y en alianza con los lectores; en abierto. Aportando nuestras comprobaciones y sumando los descubrimientos de los demás. Son ocho pasos: (1) seleccionar lo que queremos validar, (2) ponderar su relevancia pública, (3) consultar con la fuente original, (4) recurrir a fuentes documentales y oficiales, (5) contrastar con fuentes alternativas, (6) ubicar en el contexto, (7) confirmar, relativizar o desmentir la afirmación y (8) calificar.

Prácticamente, todos los medios de Granada llevamos una semana dedicados a ello. Sin tanta sistematización y sin ponerle llamativos nombres al estilo de la maldita hemeroteca, pero cumpliendo -casi por inercia- con todas las fases del chequeo.

Para empezar, resulta más que evidente que la llegada del AVE y el desbloqueo ferroviario (los mil días de aislamiento se cumplen en Navidad) es un tema vital a nivel institucional, empresarial y ciudadano para Granada y la incógnita sobre si (de verdad) acababan las obras en el deadline de noviembre y habría por fin una fecha de estreno se ha intensificado en las últimas semanas como el principal tema de conversación. A nivel mediático, en cualquier ascensor y en la barra del bar (casi tanto como el esperado “¡por fin llegó el frío!) No tienen más que repasar las noticias y los análisis que hemos publicado en Granada Hoy en la última semana, con la inclusión de fuentes y más fuentes, de datos y más datos, con declaraciones, opiniones y análisis, para construir sus propias conclusiones.

Sólo faltaría la fase final de calificación. ¿Verificamos o desmentimos? Si somos honestos, si dejamos nuestras inclinaciones ideológicas en el cajón, creo que lo más riguroso en este caso -después de evaluar datos, hechos y declaraciones- es optar por relativizar. Relacionado con el creciente auge del Periodismo de Datos, son ya muchos los medios a nivel mundial que han creado un equipo de fact-checking y han definido su propia escala de verificación: porque entre la verdad y la mentira hay un interesante camino en el que cabe la exageración, el disparate, lo discutible, lo insostenible, lo apresurado…

En esta escala, yo situaría el tema del AVE en el plano de lo engañoso. La obra gorda ha terminado, sí, pero ha sido un final simbólico que no evitará que nos pasemos meses viendo operarios (muchos y para muchos flecos) tanto en la capital como en Loja. Lo de Antequera fue una función de teatro ligero, sí, pero con cierto sustento: el tren laboratorio de Adif ya inspecciona la plataforma, ya sabemos que podremos subirnos en un AVE (aunque sea uno especial y estrechito, capaz de atravesar el túnel de San Francisco) para llegar en tres horas a Madrid con cuatro servicios diarios; el proyecto del baipás en Almodóvar del Río ya está encargado a Ayesa Ingeniería -también acortará a menos de 2 horas el viaje a Sevilla- y, sobre el polémico soterramiento, Fomento ya ha enviado el proyecto a información pública en el Boletín de la Comisión Europea como primer paso (aunque sea burocrático) para la integración.

¿Cuándo? No hay fechas. Pero reconozcamos que el ministro ha evitado jugársela y arriesgarse a mentir. Advierte que Granada aún tendrá que esperar “bastantes meses” para estrenar el AVE y pide “paciencia”. 122 kilómetros de recorrido, 1.653 millones de euros de inversión, 31 viaductos y 7 túneles. La obra, efectivamente, no ha sido menor. Y no es mal consejo la prudencia después del precedente del Metro (seis meses de periodo de pruebas) y la referencia cercana que tenemos de la línea Valencia-Castellón (la fase en blanco empezó en febrero y ahí siguen sin fecha de inauguración).

En este punto, mientras el pájaro sigue hibernando, nosotros podemos entretenernos chequeando y con quinielas: ¿para Semana Santa? ¿Para verano? ¿Para final de 2018 como pistoletazo electoral? Podemos empezar a apostar… ¿Vendrán a Granada, esta vez sí subidos en el AVE, Íñigo de la Serna y el presidente Rajoy? Aquí no hay margen de engaño, será al cabo de diez largos años y seis ministros después.

La explosiva (vieja-nueva) política

Magdalena Trillo | 5 de noviembre de 2017 a las 14:23

Siempre se ha dicho que un periodista vale más por lo que calla que por lo que escribe. En cultura o en deportes, en los casos de las noticias blandas, tal vez sea un principio cuestionable pero les puedo asegurar que ocurre así -en grado superlativo- cuando nos sumergimos en el pantanoso terreno de la política y hay que lidiar hasta la extenuación con la volatilidad de ese mal que llamamos “periodismo de declaraciones”. Les explico: hoy digo tal cosa, mañana tal otra y entre medias arremeto contra los periodistas porque no se enteraron bien, porque me malinterpretaron o, directamente, les acuso de manipular y de mentir. Es gratis.

Ni aun grabando las conversaciones -algo que los móviles nos ha facilitado enormemente- estás libre de tener que dar explicaciones hasta el absurdo, de que pongan en cuestión tu profesionalidad e, incluso, de que te acusen de estar “comprado”. Por unos y por los contrarios en función de la dirección del viento.

“Calumnia que algo queda”. Es un viejo (y sucio) juego de la política que practican los partidos de siempre, y esos que se dicen nuevos aunque se empeñen en seguir sus mismos pasos, del que no nos libramos los medios.

Ahora bien, sería hipócrita plantear que estamos completamente indefensos. Podemos tener la última palabra y utilizar, por ejemplo, este espacio de opinión para contar lo que nuestra ética nos impide a cinco columnas en las páginas de información. No porque no sea verdad sino porque llegó a la Redacción con el sagrado ‘off the record’, porque se desliza entre la frontera de la noticia, el rumor o la intoxicación o porque, como resulta obvio, cualquier negociación sensible, estrategia de presión (¿chantaje?) y maniobra soterrada deja de serlo en cuanto sale a la luz.

No hablo de Cataluña; me refiero a la situación explosiva en que se encuentra la política local. La relación entre Vox y el PP por la situación de los concejales del gobierno de Torres Hurtado imputados en el caso Serrallo (seis de los ocho siguen en activo) echa humo. Aunque la causa tendrá su propio recorrido judicial con independencia de las maniobras políticas de pedir o no la desimputación a la jueza, la razón de fondo no es baladí: ¿interesa de verdad el gesto simbólico de ‘limpiar’ a los concejales para propiciar una moción de censura junto a Ciudadanos contra Cuenca?

Oficialmente sí, todo el PP critica el “desgobierno” socialista y apoya a Rocío Díaz como alcaldesa, pero extraoficialmente es un escenario que torpedearía las posibilidades de Sebastián Pérez para ser el cabeza de cartel en las próximas municipales. Que justo esta semana se haya incorporado a la Diputación Pablo García, mano derecha del presidente del PP, no puede leerse más que en clave electoral: si se produce la remontada de los populares como se espera a nivel interno, ¿Sebas a la Plaza del Carmen y Pablo a la institución provincial?

Para los comicios falta más de un año pero las piezas del tablero de ajedrez hay que situarlas ahora. Es el momento de posicionarse, de hacer méritos y de figurar. Están nerviosos; muy nerviosos. Por momentos, se roza el esperpento y quién sabe si hasta la frontera de lo legal…

Estamos ante un complejo escenario de movimientos preelectorales y “presiones” -en ocasiones contradictorios- que merecería formar parte de algún oscuro y enrevesado capítulo de House of cards: que Ignacio Nogueras, ex del PP, vaya por un lado como dirigente de Vox en Granada y su abogado por otro -incluso contrario- en el procedimiento judicial del caso Serrallo donde están personados como acusación popular resultaría inaudito si no fuera porque es justo lo que acaba de pasar… ¡Mucho más que recurran a terceros, incluidos los periodistas, para estar informados de sus propias actuaciones!

A la espera de ver qué movimientos se concretan entre los socialistas para posicionarse en la próxima ejecutiva local de Paco Cuenca -y si surge la sorpresa, en estos momentos nada probable, de que alguien con opciones plantee disputarle la Secretaría-, donde sobrevuelan los cuchillos es en Podemos. La disputa superficial es si la portavoz de Vamos Granada es Marta Gutiérrez o Pilar Rivas y qué pasa con el controvertido ‘verso suelto’ de Luis de Haro. Pero la guerra de fondo es profunda y tiene que ver con la divergente visión que simbolizan pablistas y errejonistas sobre lo que debe ser la formación morada, cuáles son sus postulados en los grandes temas de Estado, con quién aliarse y, en definitiva, cómo afrontar las distintas citas con las urnas.

La confusión que está marcando su postura en la crisis catalana se puede extrapolar a escala local y, en el caso de Granada, con el factor extra de lo que supone la corriente anticapitalista de la líder regional.

Sintetizando mucho, apunto algunas claves: la postura de confluencia con IU que se defiende a nivel provincial (con José Moreno al frente) es inviable a nivel local con un Alberto Matarán que se retiraría antes de la política que verse en la tesitura de conformar unas listas de alianza con Paco Puentedura (las heridas tras la dura y conflictiva retirada de la política de su madre, Lola Ruiz, tardarán mucho en cicatrizar…)

Que Teresa Rodríguez dirija la formación en modo stalinista tampoco está ayudando a pacificar las aguas y mucho menos que haya un personaje tan polémico e imprevisible como Spiriman como (deseada) cabeza de cartel de una futurible candidatura ciudadana. Aunque estemos en fase de tanteo, es un escenario que se cuela en las quinielas de todos los partidos -y la preocupación es compartida- cuando analizan el horizonte de las municipales de 2019.

Dentro de Ciudadanos, las aspiraciones de Luis Salvador son tan altas que la política local se le queda pequeña -así lo ha dicho alguna vez en público el ahora diputado del partido- y puede que este artículo también… Para empezar, juega en dos tiempos: tiene un plan A en el que ya se ve sustituyendo a Juan Marín a nivel regional y de vicepresidente de la Junta junto a Susana Díaz siempre que se cumpla la subida que apuntan las encuestas para las próximas elecciones autonómicas. Recordemos que la estrategia de Ciudadanos para las nuevas citas electorales es formar parte de las estructuras de gobierno, no sólo apoyar, y la posibilidad del adelanto planea en Andalucía.

Si falla, siempre estará el plan B de volver a encabezar la candidatura de Granada. O no. Porque poder, fama y mujeres es un cóctel explosivo. Más aún cuando discurre entre las cañerías de la política. Y especialmente preocupante si se confirma la denuncia por presunto acoso sexual que una Asociación de Mujeres de Madrid está difundiendo entre los medios y ha elevado incluso al Congreso, al Senado y a la ministra Dolors Montserrat exigiendo que Ciudadanos se retire del Pacto Nacional contra la Violencia Machista por tener entre sus diputados a Luis Salvador…

Media Granada habla del tema, y de la supuesta víctima de Valladolid, pero entre bambalinas… ¿Despecho, campaña de desprestigio, otro lamentable caso de acoso? Estamos en ello. Los acontecimientos nos dirán si se trata de un intento de intoxicación o echamos más gasolina a la explosiva (vieja-nueva) política local.

El efecto dominó de las Primarias

Magdalena Trillo | 28 de mayo de 2017 a las 10:24

Tan fácil como dejar de pagar la cuota. Se pasa automáticamente del estatus de militante al de simpatizante y poco más es necesario para poner fin a décadas de compromiso activo con el PSOE. Al mismo tiempo que históricos del socialismo granadino como Antonia Aránega o Rafael Salcedo volvieron a la primera línea integrados en las listas del partido de la capital para el Congreso Federal, las deserciones se han convertido en la música de fondo de las agrupaciones locales tras el baño de realidad para el susanismo que han significado las Primarias del pasado domingo. ¿Un arrebato pasajero? ¿Una llamada de atención al aparato? ¿El inicio de algo más?

Son los primeros compases de preocupación y desconcierto en un nuevo PSOE que, aunque lo tiene (casi) todo por demostrar, por decidir y por consensuar, sólo ha dejado espacio para el ruido con sordina. Una votación ajustada hubiera sido difícil de gestionar; una derrota clara, con traiciones incluso en el bastión andaluz, confirma la teoría de que los avales eran el “techo” para los susanistas y el “suelo” para el movimiento pedrista que ha sabido quedarse con la bandera de la militancia. Sólo en este contexto se entiende el -aparente- pacto de no agresión entre los dos dirigentes que se batieron en duelo hace una semana para intentar llevar cierta paz al cónclave de junio con listas integradas y sólo así tiene sentido el abrupto repliegue del 100% PSOE en Andalucía.

Porque ni se ha acabado el susanismo, aunque lo declare la propia política sevillana a semejanza de lo que hizo Chaves en el 2000 tras la derrota de la poderosa federación del Sur en el enfrentamiento Bono-Zapatero ni tienen por qué dejar de pasar los trenes para la actual presidenta de la Junta. ¿Que el susanismo está “finiquitado” si es que “alguna vez existió”? ¿No nos hemos equivocado lo suficiente con Pedro Sánchez para aventurar ahora el ocaso inmediato de la candidata andaluza?

Lo iremos viendo en los votos; pero no en las casetas privadas de los congresos sino con las papeletas abiertas y multicolores de las convocatorias electorales. Y, aunque proclamaremos que no se pueden extrapolar resultados, todos caeremos en la tentación de comprobar hasta qué punto se ha producido un ‘brexit’ entre votantes y militantes cuando Pedro Sánchez intente por tercera vez llegar a La Moncloa -si no lo hace antes por la vía de las prisas aliándose con Podemos en una moción de censura propia o ajena- y descubrir si lo que ocurrió el 21 de mayo tiene eco en los gobiernos regionales, en los complejos juegos del poder territorial y en el tablero local.

Las primarias lo han dejado todo abierto. Con un efecto dominó en todas las escalas. Y es que eran dos formas antagónicas de entender el partido, dos sensibilidades distintas a la hora de conformar las alianzas de gobierno y dos relatos contradictorios sobre lo ocurrido en el menguante partido del puño y la rosa. Las enmiendas del equipo de Pedro Sánchez lo tienen bien claro: todo empezó “por culpa” de Zapatero, en 2015 fue precisamente el renovado líder del PSOE quien evitó el sorpasso de Podemos y lo que se ha escrito a partir del 1 de octubre de hace un año ha sido un tremendo error. Un rotundo fracaso.

No se evitaron unas terceras elecciones; se le entregó el gobierno al PP. Pura épica. Pero con un respaldo de las bases más que suficiente para hacer tambalear, para llevar la incertidumbre y la provisionalidad a las débiles alianzas que se conformaron tras los últimos comicios.

¿Ahora qué? A nivel nacional, lo previsible sería que Mariano Rajoy sea capaz de sacar adelante los presupuestos con las cuotas ya negociadas con vascos y canarios e, incluso, aguantar hasta final del próximo año con unos presupuestos prorrogados. En Andalucía, Susana Díaz no tiene más salvavidas que dar un impulso político a su Gobierno -con movimientos también en las estructuras provinciales-, acelerar el cumplimiento de los compromisos firmados con Ciudadanos -incluso cuando suponga reformar la Ley Electoral o el Estatuto de Autonomía para suprimir los aforamientos- y demostrar con una gestión palpable de resultados que lo de “ahora toca trabajar por Andalucía” no es sólo un eslogan voluntarista.

De todo estas piezas dependerá también lo que ocurra en Granada. Que el congreso provincial de otoño del PSOE será movido es tan evidente como la salida de Teresa Jiménez de la Torre de la Pólvora, pero ni el gobierno local ni el de la Diputación tienen por qué verse comprometidos. El domingo pasado no sólo perdieron los susanistas; también el PP. El escenario regional se ha vuelto a complicar para Juanma Moreno justo cuando se veía con opciones de llegar a San Telmo aprovechando el vacío de liderazgo que se iba a producir en el socialismo andaluz. Pero la situación ahora es justo la contraria: una dura contrincante, herida, dispuesta a remontar refugiándose en casa.

En Granada, la moción de censura a Paco Cuenca depende más de lo que ocurra en Sevilla y Madrid que de la política doméstica. Y también con ello se abre o cierra el futuro para Rocío Díaz como candidata del PP. Lo previsible, de momento, es que Susana Díaz se atrinchere y no convoque elecciones hasta marzo de 2019 -salvo que las encuestas y los trackings internos le sonrían- y, sólo un par de meses después, Sebastián Pérez tendrá razones de sobra para postularse como candidato a la Alcaldía y enfrentarse a Cuenca -reconozcamos que tanto al PSOE como al PP les interesa que resista- con un doble horizonte: recuperar la capital y volver a la Diputación.

Pero todo está sujeto con pinzas. Abierto y provisional. Expectante al movimiento en cadena que significaría la caída -o la colocación- de una sola ficha del dominó. Les pongo un futurible: ¿y si después del terremoto Spiriman y de la insólita confluencia en Juntos por Granada se constituye una plataforma de independientes? ¿No creen que conseguirían un buen puñado de concejales en la Plaza del Carmen?

Paco Cuenca vs. Francisco Cuenca

Magdalena Trillo | 7 de mayo de 2017 a las 11:30

Entre el notable alto y el suspenso rotundo. El examen que hoy hacemos a Paco Cuenca en su primer año como alcalde revela lo subjetiva, escurridiza y volátil que es la política. Y los políticos. Lo contradictorias y líquidas que pueden llegar a ser las opiniones; y hasta los hechos. No sólo recurro a Zygmunt Bauman para compartir el desasosiego que genera el mundo etéreo e interesadamente parcial en que nos movemos; también para constatar que, para lo único que nos sirve el retrovisor mcluhaniano, es para dejarnos llevar por la nostalgia de ese pasado robusto que sigue desprendiendo solidez. Esa “retrotopía” de la que habla el pensador polaco -Seix Barral publica dos ensayos póstumos a final de mes- invirtiendo por completo los valores con que hasta ahora habíamos identificado el futuro y el pasado…

No crean que me he perdido en los pantanosos terrenos de la filosofía; hablo de rutinas. De intentar entender el día a día. Hace justo un año que los socialistas desalojaron al PP de la Plaza del Carmen tras el escándalo de la operación Nazarí: un año de Paco Cuenca con el bastón de mando; un año sin Torres Hurtado en la Alcaldía.

La radiografía precisa de su primer año de mandato la pueden encontrar en la entrevista con que hoy abrimos el periódico, en el análisis que escribió el propio alcalde para nosotros -se publicó el viernes coincidiendo con el día de su toma de posesión- y, en forma de prisma plural, en las visiones que realizan los grupos municipales, los partidos y los responsables de las principales instituciones y organizaciones de la ciudad. Ahí está la fotografía de Granada en el ecuador del mandato; las luces y las sombras; los aciertos, los desafíos y los errores.

No les sabría decir si ha superado el examen. Como podrán imaginar, las notas son tan parciales y tendenciosas, por exceso y por defecto, que invalidan cualquier media. Realmente creo que el único que se ha puesto una calificación con honestidad ha sido el propio alcalde: un 7. Un notable raspado que habla del esfuerzo empleado y de la dificultad del camino que aún le queda por recorrer. Tan prudente que resulta creíble.

Yo voy a quedarme en los márgenes. En esa gestión colateral de símbolos y gestos que, al final, puede resultar más sincera y contundente que la de las juntas de gobierno. Especialmente, si tenemos en cuenta la precariedad con que está gobernando, el trabajo titánico que supone sacar cualquier iniciativa adelante y el peso de la moción de censura con que la oposición le recuerda que son 8 concejales en un Ayuntamiento de 27.

Pues bien, la consecuencia mundana más visible del terremoto político que puso a Granada en el mapa nacional de la corrupción -y que ha tenido sus últimos coletazos en el convulso congreso provincial del PP- es tan insignificante como reveladora: Paco ya no es Paco; ahora es “Francisco”. En su momento tuvo que guardar su colección de foulard para rebajar las maliciosas críticas de “postureo” y “frivolidad” y ahora, tras doce intensos meses de actividad institucional, le ha tocado jugar en la cancha de lo estéticamente correcto. Y previsible. No es una cuestión menor. Porque aquí es donde nace el “Francisco Cuenca” de traje y corbata que parece levantarse cada mañana para cumplir un único mandamiento: quedar bien.

Esto lo podríamos aplicar a los suyos -incluidos sus intentos de navegar entre los bandos que se disputarán la secretaria provincial del PSOE después del verano-, a nivel institucional -pese a que en más de una ocasión termina vampirizando las iniciativas en que colabora y siempre termine en el espacio central de las fotos- e, incluso, a los adversarios. Porque, aunque ahora se vea a sí mismo encabezando todas las grandes movilizaciones de protesta, incluso la sanitaria a la que jamás fue, la realidad es que sólo ha elevado el tono a Madrid y de forma puntual por el AVE.

Tal es su empeño en la Granada amable que “sonríe” que esta misma semana hemos asistido a una verdadera reinvención del concepto de botellón: las Cruces no se podían desmadrar; había que quedar bien con la ciudad… y así ha sido. ¿Se imaginan los titulares en su medio de cabecera hace un año con Torres Hurtado de alcalde? No entro en detalles, sólo me mojo y me atrevo a ponerle nota a su anti-política de comunicación: suspenso.

Y esto no se explica ni recurriendo al pensamiento líquido y voluble de Bauman…

Susanistas y pedristas en clave local

Magdalena Trillo | 9 de abril de 2017 a las 10:00

Cuando hace tres años Pedro Sánchez visitó la redacción de Granada Hoy, en plena campaña para las primarias del verano del 14, lo hizo con Jesús Quero de padrino. Lo defendió con vehemencia. Convencido de su carisma y su arrojo frente a un Rubalcaba en horas bajas que no tenía más salida que asumir en primera persona el fracaso de las urnas y dar un paso atrás. En aquellos momentos Pérez Tapias también competía contra el político madrileño -y contra Eduardo Madina- en la carrera a Ferraz, pero buena parte del socialismo granadino se había decantado por Pedro Sánchez. Corrijo: el grueso del PSOE de Granada estaba con Susana Díaz.

Y lo sigue estando. Pedro Sánchez fue secretario general del PSOE porque quiso Susana Díaz y el domingo 21 de mayo será la dirigente andaluza quien se mida en las nuevas primarias contra su antiguo protegido porque se equivocó. Tal vez sea la única parte de la historia que compartan pedristas y susanistas: el inicio de todo. Aquel mes de julio de 2014 en que el aparato socialista, con el respaldo de la militancia, entregó unas siglas centenarias a un completo desconocido sin cultura de partido y supuestamente maleable. Lo que ha sucedido en el intermedio, los varapalos electorales y el desgobierno, la pérdida de identidad del partido y la amenaza del sorpasso y hasta el ‘no es no’ con el mitificado congreso de la defenestración que evitó unas terceras elecciones en España, discurre en una completa contradicción. Dos relatos antagónicos que han abierto una brecha en el PSOE y han terminado sumiendo a las bases en una curiosa paradoja: los antiguos pedristas son hoy susanistas y sin que sepamos demasiado bien -al menos en Andalucía -cuánto pesa el cabeza de cartel, cuánto las ideas y cuánto la revancha.

La recogida de avales será el escenario del duelo inicial, pero no el único. Pedro Sánchez está aprovechando su condición fabricada de víctima para lograr apoyos frente a una Susana Díaz que quiere arrollar con un pie puesto en Ferraz y otro en La Moncloa. Es el trasfondo que empieza a vislumbrarse en una campaña que no ha hecho más que empezar: el primero ya se ha autoproclamado el candidato outsider intentando aprovechar los vientos favorables de los movimientos antisistema -del ‘Brexit’ a la victoria de Trump pasando por el no a la paz en Colombia- y la líder andaluza ha puesto la maquinaria en marcha con un mensaje de más largo alcance: es el momento de que el PSOE resucite y vuelva a convertirse en una opción ganadora. La disputa no es con Podemos sino con el PP. La alternativa no es entregar el partido como ha hecho IU sino recuperar el gobierno de España. Porque la campaña de Susana Díaz tiene una doble estación de llegada: la secretaría general del PSOE y la presidencia del Gobierno español.

A partir de aquí, emociones y razones entran en la batalla sabiendo que la integración sólo será un camino transitable para Patxi López. Lo que se juegan Susana Díaz y Pedro Sánchez es el todo o la nada y con un duro discurso en blanco y negro: ¿el partido del siglo XX o del siglo XXI? ¿el candidato a la izquierda de la izquierda frente a la candidata que coquetea con la derecha? Es evidente que importará la capacidad de cada facción para colar sus mensajes pero también será clave el proceso mismo. Las alcantarillas. Dónde se vota y cómo se vota.

Y ello sin perder de perspectiva las quejas de los pedristas por la opacidad en la gestión del proceso y la supuesta “no imparcialidad” de la gestora y las críticas por los cambios en el sistema de primarias que aprobó el comité federal el pasado mes de abril: las agrupaciones más pequeñas votarán unificadas donde digan los partidos a nivel provincial -no en sus pueblos como hasta ahora-, se elegirá al candidato de primarias y una semana después a los delegados del congreso -no el mismo día-, los afiliados directos que se registren en Ferraz votarán en la agrupación provincial y no en la local…

Lo cierto es que no es ningún capricho la exigencia de los pedristas de limitar por arriba la recogida de avales: cuando Susana Díaz se enfrentó a Luis Planas en las primarias andaluzas de 2013, no sólo lo abrumó; lo anuló. Lo previsible ahora es que aplaste en Andalucía pero no al otro lado de Despeñaperros: ¿tendrá este primer duelo un efecto directo en la bolsa de indecisos? ¿la recogida de avales será el techo de Susana Díaz y el suelo de Pedro Sánchez? Porque luego vendrá la elección de delegados y el congreso. Y ahí, con el voto secreto (de verdad), la batalla será tan distinta como lo fue con Borrell o Zapatero.

Todo cuenta. Para reconstruir el PSOE nacional pero también el regional y el local. En Andalucía converge además lo orgánico y lo institucional con esa preocupante incertidumbre de poder en San Telmo -el debate de la sucesión corre en paralelo al viaje de Susana Díaz a Madrid- que el PP ve ya como la primera oportunidad real de toda la democracia para hacerse con el gobierno andaluz. ¿Creen que la foto de Sebastián Pérez con Luis Salvador de este viernes en Granada está al margen de expectativas y estrategias?

A nivel provincial, Teresa Jiménez se ha puesto al lado de Susana Díaz como lo hizo en su momento con Pedro Sánchez… por obligación. Como buena parte del partido. Incluso como los que quieren moverle el sillón cuando Granada celebre su congreso y toque aquí la renovación. Porque todo pasa por Susana. Para la salida negociada de Teresa -dejando posicionado a Entrena en la Torre de la Pólvora- y hasta para el desembarco rupturista de ¿Juanma o Noel?

Lo realmente apasionante es que todo está por escribir. ¿Y si Susana Díaz no arrasa? ¿Y si Chema Rueda acierta ahora apostando por el candidato aparentemente perdedor y decide presentarse al congreso de octubre abriendo una tercera vía? ¿Será entonces el turno de Guillermo Quero al frente de los socialistas de la capital? ¿De Paco Cuenca si acaba de forma abrupta su “negra” aventura en la Alcaldía?

Apasionante y desconcertante. Porque al final pesa tanto lo que se quiere construir como lo que se quiere evitar y destruir. También en el voto. La evidencia más palpable de la confluencia de piezas y escenarios que entran en juego es cuando, en confianza y con el compromiso del off the record, preguntas a susanistas y pedristas por sus opciones: ninguno convence. Pero sí convencen -sí interesan- más que el contrario. Así es la política; voluble y caprichosa. Tercamente imprevisible.

¿Populismo feminista?

Magdalena Trillo | 4 de diciembre de 2016 a las 10:41

Populismo y manipulación. Los periódicos se han convertido en las últimas semanas en improvisadas revistas de la reflexión política; en excepcionales plataformas para situar en el foco público un tema que suele estar restringido a analistas, filósofos o historiadores: la amenaza del populismo. Con la crisis económica convertimos los bares en ateneos de las finanzas y ahora es la crisis política la que se filtra en la agenda mediática y en las conversaciones cotidianas con (pretendidos) análisis sesudos -en parte bienintencionados, en parte interesados- sobre la deriva en que ha entrado nuestro sistema de representación y de valores. La reciente victoria de Donald Trump en EE UU y la muerte del líder cubano Fidel Castro han servido, además, para equiparar el riesgo del radicalismo de derechas con el de izquierdas dando a los dos bandos similares argumentos de confrontación.

¿Pero hay también un riesgo de populismo en los controvertidos movimientos feministas? Si atendemos a la (nueva) crisis en que esta semana ha sumido Pablo Iglesias a su partido, la respuesta no puede ser más que afirmativa. La munición la lanzó el líder de Podemos en un foro de eldiario.es con su torpe reflexión sobre la “feminización de la política” y ha desencadenado una incontrolable espiral de reacciones: desde la izquierda moderada que ha sumado “su verdadero perfil machista” a las tradicionales críticas de “altanería” y “soberbia” hasta quienes han incendiado la polémica equiparando el feminismo con el “machismo de ovarios”.

No voy a entrar en la desafortunada forma en que planteó que la “feminización de la política tiene que ver, más que con la presencia de mujeres en puestos de decisión, con construir comunidad y cuidar” -él mismo llegó a decir que no se reconocía en tales palabras y que no es lo que quiso expresar- sino en el trasfondo de su discurso: la existencia de mujeres en puestos de representación no garantiza que haya una verdadera política feminista.

El sentido común le da la razón; la realidad le da la razón. La presencia de la mujer en puestos directivos es necesaria, pero no es una garantía de nada; las cuotas son un camino irrenunciable; pero claramente insuficiente. Pero para llegar a esta conclusión hay que hacer un duro ejercicio de honestidad y de pragmatismo: guardar las siglas y los intereses partidistas en el cajón y anteponer la evidencia social al juego político.

El gobierno de Susana Díaz podría servir de ejemplo. No son pocas las críticas en los círculos feministas sobre el modo en que la presidenta de la Junta ejerce su poder. Sorprende que sus principales cargos de confianza (tanto en el partido como en el gobierno andaluz) sean hombres y que tampoco se haya producido una apuesta por mujeres para situarse al frente de los principales organismos dependientes de la Junta. Es más, si nos atenemos a las comparaciones, hasta el gobierno de Griñán era mucho más feminista que el de Susana Díaz…

Que se cumplan la “paridad” y con las “cuotas” no significa nada si no se produce en paralelo una apuesta pragmática por situar a la mujer en los principales puestos de decisión -donde realmente se puede medir su impacto es en el día a día del ejercicio del poder- y si no somos capaces de reconocer que también el movimiento feminista tiene sus distorsiones. Me refiero, por ejemplo, a los lobbies feministas que terminan actuando como clubes de amigas admitiendo, excluyendo y rotando en función de filias y fobias.

Nada de lo que acabo de plantear es políticamente correcto. Ni feministamente admisible. Pero no sería responsable reclamar una política activa en defensa de la igualdad si no reconocemos los desajustes del camino.

Podemos arranca la próxima semana en Granada una ruta por todo el territorio nacional para recoger las “demandas de las mujeres” y conseguir que la formación política sea una herramienta efectiva capaz de cambiar el país “de dentro a fuera”… Suena a populismo, sí. Y a oportunismo, sí. Pero admitamos que no es una ocurrencia ni una casualidad. El (verdadero) feminismo necesita un debate sosegado y sincero. Porque el poder hay que ejercerlo desde el poder mismo y desde el simbolismo del poder.

La máquina del fango

Magdalena Trillo | 16 de octubre de 2016 a las 10:47

Marina Martín no es una delincuente. Cuando hace año y medio fue detenida en su casa de Chauchina, delante de sus hijos, no estaba tan claro. Llegó a dormir en el calabozo y le llegaron a poner las esposas. La ahora directora del Legado Andalusí es uno de los 24 dirigentes andaluces del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) que han estado implicados en la llamada pieza política de los Cursos de Formación. La juez Bolaños lo ha archivado esta semana. Dice que no hubo “nada” delictivo. Critica a la Fiscalía Anticorrupción y al PP por la teoría de la red clientelar y hasta carga contra la UCO de la Guardia Civil por dar pie a todo el proceso judicial. Argumenta que pudo haber irregularidades administrativas, no delitos de prevaricación ni malversación. Que los funcionarios no recibieron órdenes para beneficiar a empresas afines al PSOE. Que es “inverosímil”, que carece del “más mínimo rigor” e, incluso, advierte “errores” en los atestados.

La política socialista confesaba a este diario la sensación “agridulce” que le ha producido el carpetazo del caso. Por cómo se produjo, por lo que ha supuesto para su familia y, aunque no lo dijera, porque ningún titular podrá compensar hoy la sombra de culpabilidad -el “algo habrá hecho”- que la ha perseguido durante todo este tiempo. En pocos casos una resolución judicial de exoneración, nunca una rectificación periodística, es capaz de superar la máquina del fango que termina moldeando una opinión pública basada en la desconfianza, los prejuicios y la sospecha. Un clima social de espectáculo basado en ráfagas de televisión, opiniones de tertulia y titulares sensacionalistas que desencadenan operaciones policiales igualmente alarmantes.

Pero no es (sólo) la judicialización de la vida pública y la necesidad de preservar la presunción de inocencia lo que debería llevarnos a la autocrítica -sin excepciones entre todos los que compartimos la cosa pública-y a la reflexión. También los efectos de la “olla de grillos digital”, del circo mediático, que discurre entre rumores y miserias en una agresiva “deslegitimación del adversario” en la que no hay líneas rojas. Es el “fango” al que aludía Umberto Eco en una de sus últimas entrevistas, las cañerías de intoxicación sobre las que hace un año montó un programa Salvados sentando a discutir a políticos y a periodistas, el estado de permanente narcotización en que nos movemos como audiencias teóricamente bien informadas.

En su conversación con Jordi Evole, el escritor italiano se quedaba corto en el descarnado retrato que realizaba sobre las bajezas que comparten el periodismo y el poder. Porque no es sólo la vida pública y privada lo que hemos desdibujado sacando a flote los trapos sucios y porque no se trata (sólo) de que baste para desacreditar a alguien con decir que “ha hecho algo”. Es la sagrada y exigible frontera entre los hechos y los rumores lo que se ha fracturado; es el dicho periodístico de que “la realidad no te estropee un buen titular” lo que hemos convertido en cotidiano.

En la misma línea que Eco, el ensayista Hernández Bustos disertaba este viernes en una tribuna sobre el “periodismo fantasma” que equipara “verdad y falsedad”, que nos lleva a consumir por igual “información real y pseudohechos disfrazados de noticia” y nos obliga a engullir opiniones prêt-à-porter.

Es otra provocadora forma de acercarse a las tesis del fango que, sin embargo, también deja en un segundo plano el efecto de degradación que se provoca cuando la máquina funciona en sentido contrario y lo revuelve todo. Cuando minimiza los escándalos.

En este clima de confusión y de (nada democrática) equiparación de casos, la distorsión se produce por exceso y por defecto. Ocurre cuando la lavadora se pone en marcha y metemos seda y vaqueros en el mismo tambor. Es entonces cuando podemos argumentar que hay cientos de Pacos Correa por toda España -¿con sus angulas, su “casa” en Génova y sus Jaguar?-, cuando perseguimos por igual a quien se salta el IVA que a los saqueadores de las tarjetas black y cuando terminamos comprendiendo los abusos sexuales de un candidato a la Casa Blanca y hasta fijando niveles de gravedad -una joven ha llegado a decir que no le hubiera importando si Donald Trump sólo se hubiera propasado tocándole el pecho…-

Decimos los periodistas que “todo es susceptible de ser una doble página o un breve”, pero justamente para aprender a discernirlo está el oficio. Y el criterio. Y hasta el sentido común. Todo es relativo y no lo es.

Política ‘on the rocks’

Magdalena Trillo | 3 de julio de 2016 a las 10:32

La política es como el alcohol. Primero te seduce, luego te engancha y, en función del punto de saturación, puede acabar sumiéndote en la más inconsciente complacencia o expulsándote con efecto rebote. Todo depende del qué y del cómo. Son los extremos. En la franja intermedia está el coqueteo. Las burbujas.

No es una metáfora ligera. Que el cava se sirva ahora en una gran copa de balón con mucho hielo no es sólo una moda; tiene que ver con estos nuevos tiempos de inquietud y de experimentación en que vuelve todo lo viejo pero reinventado. Es un momento de sensaciones y de tendencias. De provocación. No hay espacio para los sacrilegios y sí para la novedad compitiendo con el esnobismo, eso que ahora llamamos postureo.

Los productores están obsesionados con identificar los gustos y preferencias del consumidor, adelantarse para acaparar el mercado e, incluso, ser capaces de crear la demanda. El vino, la cerveza y hasta el cava han entrado en un terreno mutante. Cerveza de garnacha negra, champán transmutado en gin-tonic, los sherry wines que regresan a lo vintage y hasta desempolvamos el ritual del vermut para las comidas familiares del fin de semana.

Si a este escenario cambiante y de confusión unimos el adictivo mundo de la coctelería y recalcamos que un factor clave de los nuevos tiempos es la drinkability -todo fácil de beber-, llegamos sin mucha dificultad a la actualidad política: el desconcierto de los partidos con nuestros gustos electorales, los somelliers rompiéndose la cabeza para encontrar el combinado perfecto -al menos el menos malo- y el populismo de lo fácil amenazando con tumbar todo el sistema.

Casi lo único poco interpretable de la resaca del 26-J es que fallaron las encuestas. Otra vez. En Podemos se arrepienten ahora de no haber realizado sondeos propios que pudieran haber atisbado la ilusión del sorpasso para evitar subirse a una ola ficticia de ganadores en un mercado en el que los clásicos siguen aguantando el envite de los emergentes. No hay autocrítica y, puestos a insistir en los errores, no se les ocurre otra cosa que ¡hacer otra encuesta! para saber por qué más de un millón de españoles le han dado la espalda y no ha funcionado su matrimonio de conveniencia con IU.

En las filas socialistas han sido prudentes esta vez evitando calificar de “histórica” su resistencia. Sin embargo, muy en la línea de las divisiones, bandos y guerras internas que el PSOE lleva en su ADN, los movimientos para “reconstruir” el partido han saltado de la escala nacional a la local con la mirada puesta en los congresos que se irán celebrando a la vuelta del verano en cuanto se despeje el puzle del Gobierno -si eso ocurre-.

En Granada, desde luego, no se prevé un cónclave tranquilo. Aunque Teresa Jiménez ha pedido que no se “mezclen” debates, muy en la línea de Susana Díaz cuando advierte que es Pedro Sánchez quien ha perdido en Andalucía (que ella no se presentaba), la realidad es que el PP ha salido fortalecido. En la provincia y en Andalucía. Las elecciones no serán extrapolables a efectos reales de poder pero sí condicionan la vida interna en los partidos. Y el liderazgo o debilitamiento de los equipos. En la capital, por ejemplo, la primera lectura era inevitable: ¿se hundiría el PP por el caso Nazarí? La respuesta era previsible (y sin necesidad de recurrir a las sobrevaloradas encuestas): el coste electoral de la corrupción en España sigue siendo contundente. Ninguno.

Hemos transitado del 20-D al 26-J saturados de política y de sondeos para terminar (casi) igual. Más que mirar a la frutería de Andorra, tal vez lo que nos falte por hacer es una encuesta de las encuestas. Hasta qué punto el clima de opinión que se va dibujando con muestras mínimas, con voto oculto, con medias verdades (o mentiras) y, por supuesto, con respuestas interesadas (¿quién no ha dicho alguna vez que ve los documentales de La 2?) termina condicionando el voto. Está la propia campaña al despiste de los partidos, están los programas electorales de evidente inviabilidad y están los cabezas de cartel que son en sí mismos una contradicción… Pero están sobre todo las expectativas sobre la utilidad final de nuestro voto. ¿Lleva razón Pablo Iglesias? ¡La culpa es de las encuestas! ¿Llevaba razón Susana Díaz? ¡Nos han emborrachado de encuestas!

Segunda oportunidad para Granada

Magdalena Trillo | 8 de mayo de 2016 a las 10:46

Una de las decisiones menores que deberán tomar los socialistas tras poner fin a 13 años de mandato del PP en la capital es decidir si rinden homenaje a Torres Hurtado y colocan el óleo del ex alcalde en la planta noble del Ayuntamiento. Están todos los predecesores. Cada uno eligió su pintor de cámara y sus rostros vigilan, solemnes, a cualquiera que se dirija al simbólico Despacho de la Mariana. El corazón del poder local. En más de una ocasión le pregunté a Pepe Torres si había encargado ya su retrato y la respuesta siempre fue la misma: “Hay tiempo; no quieras que me vaya tan rápido”.

Hoy ya es tarde para los pinceles. De momento, inoportuno. La fotografía inesperada se la tomaron en digital el 13 de abril en la Comisaría. Le gustaba compararse con Antonio Jara recordando que eran los dos únicos regidores que habían conseguido revalidar tres mandatos consecutivos de gobierno en la ciudad. La ambición le ganó; quería superarle. La cuarta victoria le engrandecería en la Wikipedia. Ahora ya ha hecho historia. Otra historia: es el primer alcalde fichado de Granada. Ni su foto ni sus huellas dactilares se borrarán de los registros de la Policía aunque lo declaren inocente de todos los cargos. El próximo jueves tendrá que hace el paseíllo, de nuevo, en los juzgados de Caleta. Otra foto que sumar al esperpento de la mañana en que estalló la operación Nazarí y toda España lo vio saliendo del Ayuntamiento entre cartones.

Las informaciones que se han ido filtrando estos días sobre su implicación directa en la la trama de corrupción urbanística que se está investigando empiezan a cuestionar la versión ampliamente compartida -por amigos y enemigos- de que consintió pero no se enriqueció. Un informe de la UDEF lo sitúa directamente como “cabecilla” y apunta que manejaba las concejalías “a su antojo” para, tal y como ya ha desvelado algún empresario ante la juez, “arreglarlo todo entre bastidores”.

Sobre su espectacular ático de Obispo Hurtado pesa ya algo más que ese dinero procedente de una cuenta de Suiza que le habría prestado su yerno (suizo…). ¿Una metedura de pata de la fiscal? Porque ya ha entrado en escena, de momento de forma discreta, su hermano constructor. Ese mismo con quien trabajaba antes de ser elegido alcalde en 2003. Tal vez ahora haya que dar otra interpretación a aquella vieja noticia de la Gerencia de Urbanismo que les paralizó una obra en Gomérez; tal vez ahora podamos analizar con más claves qué ocurrió cuando Torres Hurtado acabó de forma abrupta con la carrera de Nino García-Royo al frente de Urbanismo.

La versión local de que “el poder corrompe” la iremos concretando esta semana cuando comparezcan en el Juzgado de Instrucción 2 los pesos pesados del caso Nazarí: el director de Obras, Manuel Lorente, la secretaria del Ayuntamiento, Mercedes López Domenech; la concejal de Urbanismo, Isabel Nieto; y el ex el alcalde, Torres Hurtado. Que el poder ‘empacha’ resulta ya una constatación.

Tres semanas han sido suficientes en la Plaza del Carmen para crear un clima de opinión inalterable sobre la necesidad, y la urgencia, del relevo de gobierno. Toda la oposición se ha unido para desalojar al PP. IU ha logrado lo que ya reclamaba el mismo día que estalló el escándalo de corrupción, Ciudadanos ha impuesto (de nuevo) sus condiciones -con la renuncia del diputado de Deportes son ya cuatro las dimisiones que se ha cobrado el caso Nazarí- y Vamos Granada ha dado el paso con el refrendo de sus bases.

paco

 

La llegada de Paco Cuenca a la Alcaldía ha tenido precio, pero asumible. De momento son líneas rojas y decálogos de exigencias las que marcan el cambio de rumbo en el Ayuntamiento de la capital pero, a partir de esta semana, los socialistas tendrán que demostrar que la “gobernabilidad” es posible con un equipo mínimo y llenar de contenido y de pragmatismo los voluntaristas discursos del jueves.

La toma de decisiones no puede esperar. La persiana del PP se ha cerrado y, quienes ya han empezado a recoger papeles y bajar las escaleras del poder, son conscientes de que ni las nóminas de junio están garantizadas. Lo de “abrir ventanas” y “levantar alfombras” queda muy poético pero poco sirve para resolver la situación de parálisis que vive la capital. Es evidente que no se puede gobernar sin saber el nivel de envenenamiento de la herencia recibida, pero tampoco aplazando lo inevitable.

Los 27 concejales que integran la corporación son co-responsables. Con o sin bastón de mando. Todos fueron elegidos por los granadinos el pasado 24 de mayo. Podemos criticar los “acuerdos de despacho” y agitar la campaña electoral denunciando el “atraco” del Pacto de Granada. Pero no nos confundamos. Sí nos representan. Todos. Y tan importante es en una institución local quien gobierna como quien fiscaliza a quien gobierna desde la bancada de la oposición. A los socialistas les ha costado mucho entenderlo. Cinco años ha estado Paco Cuenca esperando su momento y teniendo que convencer, una y otra vez, de qué él no daría la espantá…

Asegura que llega con “energía” y que será “perseverante”. Le hará falta. Lo tiene todo por demostrar y la moción de censura que PP y Ciudadanos podrían sacar adelante en cualquier momento del mandato sigue en la recámara. El desenlace del caso Nazarí contará tanto como el nuevo escenario de juego que imponga el 26-J. Y, por supuesto, la mano izquierda y el diálogo con que sea capaz de lidiar con ese contragobierno que tendrá en frente.

De momento, la estética ya ha cambiado. La última vez que recuerdo tanta gente en un acto de investidura fue en las elecciones del 15-M. Centenares de granadinos indignados gritaban contra los políticos. Esta semana se agolpaban los vecinos de los barrios ilusionados con la oportunidad que puede suponer el cambio de gobierno. En su discurso el nuevo alcalde hasta habló de cultura y de rock… Por la tarde, se sumaba a la Marea Amarilla por el AVE. No quiere coche oficial y sigue llevando a sus hijos al colegio. En su barrio de siempre, en La Chana, ayer parecía una jornada de triunfante resaca electoral.

Le lloverán las críticas. Y las zancadillas. Y no tendrá fácil un mandato que probablemente tenga que afrontar aprobando la subida de impuestos a la que tanto se opuso hace sólo unos meses. Pero ha conseguido conjurar el bloqueo, que a nivel nacional nos ha abocado a una repetición electoral, y el reloj se ha vuelto a poner en marcha. Con otro color. Con otra estética. Con otra ética.

La navaja de Ockham en política: lo que faltan son sillones

Magdalena Trillo | 25 de octubre de 2015 a las 11:44

El líder de Podemos reconoció hace justo una semana que no le salen las cuentas. Pero que no pasa nada; que lo importante de su programa electoral son los principios a los que se aspira, lo que se pretende conseguir…

No quedó bien ni en televisión. Pablo Iglesias confesó ante cinco millones de españoles lo que muchos intuían: que sus propuestas para el 20-D son una carta a los Reyes Magos; que se pueden prometer pero no se pueden cumplir. En su decadente camino para “asaltar el cielo”, al dirigente (cansado) de la formación morada le falla ya hasta la oratoria. Pero el problema no es exclusivo de Podemos. Es compartido y se contagia.

pablo iglesias

 

Bruselas ya ha advertido al Gobierno contra las ‘alegrías’ con que ha confeccionado los presupuestos de 2016 -su programa, de facto-, del borrador socialista sólo conocemos un avance de su “radical” enmienda a la totalidad -de momento no hay letra (ni grande ni pequeña) que lo sostenga-, la Junta de Andalucía ha tenido que ceder ante Ciudadanos acordando una bajada de impuestos en un verdadero ejercicio de acrobacia financiera y, a nivel local, ya han empezado a saltar las alarmas. O se recauda más o los números no salen.

Estoy mezclando presupuestos y programas (obligaciones y deseos), pero la culpa no es mía. Es lo que tiene convocar unas elecciones generales a diez días de que se cierre el año, con olor a castañas y mazapán, con las cartas (las verdaderas) a sus Majestades de Oriente en los bolsillos y la presión nada buenista de Hacienda sobre nuestras cabezas.

En la Plaza del Carmen se han vuelto a saltar la disciplina de partido y han decidido contarlo. El propio alcalde ha sido el protagonista de este nuevo arrebato de sinceridad cuando ha cargado sonora y directamente contra el Gobierno de Rajoy (su gobierno) por provocar la asfixia económica de la ciudad y, en última instancia, obligar a subir impuestos. La palabra mágica es “revisión” pero la consecuencia es siempre la misma: cuando se desmadran los números rojos, la solución es siempre la misma. Recaudar más. Que lo paguemos usted y yo.

pablo iglesias

El razonamiento es simple: si hay que subir el sueldo un 1% a los trabajadores públicos, devolver la paga extra, empezar a amortizar el crédito que se pidió para afrontar el plan de pago a proveedores y no se pueden pedir nuevos préstamos ni aumentar la deuda por la Ley de Estabilidad Presupuestaria… ¡Pues no es sólo la TG-7 lo que se tambalea! Son los servicios básicos, la gráfica imagen de levantar a diario la persiana de la ciudad, lo que se condiciona. La deuda de 450.000 euros que se ha destapado en la televisión municipal es sólo el principio. En unos días nos contarán el ‘agujero’ de la Rober y, acomódense bien en el sillón, porque es una precampaña a tumba abierta lo que se empieza a dibujar.

En los corrillos de los periodistas hay una teoría: a Torres Hurtado lo han llamado de Madrid y le han dicho que vaya haciendo las maletas, que se coma los turrones y que no vuelva. En este escenario, por qué no pelear hasta el último día por su ciudad, caiga quien caiga, y mucho mejor si a quien se mina es al partido que ha encargado a su jefe y compañero Sebastián Pérez que dirija la campaña del PP a nivel andaluz. ¿Cuanto peor sea el resultado del 20-D para el PP mejor es para Pepe Torres? ¿Es una forma de evidenciar que su desgaste en las municipales no fue propio sino “consecuencia” del castigo de los votantes a las reformas y ajustes de Rajoy?

Deberíamos tener más que dudas sobre el servicio público de la TG-7 pero muy pocas sobre su efecto propagandístico. ¿La dejamos en servicios mínimos justo en la carrera electoral? Sitúe en este contexto el sorpresivo ataque del partido provincial a la concejal Isabel Nieto (en el núcleo duro del alcalde) y calcule opciones.

Porque, aun con fecha de caducidad, el mando lo sigue teniendo Torres Hurtado. Si ‘provoca’ una moción de censura, le abre la puerta de la Alcaldía al socialista Paco Cuenca; si accede a jubilarse no será sin contrapartida y, como imaginará, en ningún caso el relevo será Sebastián Pérez. ¿Juan García Montero candidato de consenso?

torres hurtado

Nada es casual. La tarta es cada vez más pequeña y son más lo que se quedan sin porción. Puede que PP y PSOE se mantengan en los primeros puestos, pero la sangría que se atisba tendrá consecuencias en sus filas. La fuga de apoyos al bipartidismo es creciente y son dos nuevas formaciones las que llaman con fuerza a la puerta.

Bastan dos simples restas: de los 186 diputados que consiguió el PP en 2011 a los 128 que le daba, por ejemplo, hace una semana la encuesta de ABC; de los 110 que logró el PSOE a los 84 que es estiman en la convocatoria de diciembre. Son más de ochenta sillones -¿dos menos en Granada?- los que se esfumarían del reparto para los grandes partidos. Que se sumarían a todos los damnificados que han quedado por el camino tras las municipales y las autonómicas.

Lamentablemente, hemos construido un sistema político y de poder en España que transforma en una auténtica tragedia lo que debería ser normalidad. Estar o no en política debería ser una elección, una oportunidad, no una necesidad. Pero la crítica a los partidos por actuar como agencias de colocación no es baladí. Vemos a diario cómo colocan por la puerta de atrás, gratifican los servicios prestados con las giratorias y terminan cargando con la situación familiar y hasta personal de quienes no tienen otro oficio que ser útil al partido (a nivel orgánico o a nivel institucional). ¿Sabe alguien a qué se puede dedicar Juan Antonio Fuentes después del desbarajuste de TG7? Es un simple ejemplo. Uno de tantos.

A cuenta de los buenos datos de la última EPA, me preguntaba un buen amigo si había analizado bien los datos de nueva contratación. Estaba indignado. Más de 20.000 nuevos empleos se han creado en el sector público. La ex directora de TG7 está ya colocada en los Mondragones. ¿A esto nos referimos?

tg7

Torres Hurtado ha pedido “responsabilidad” a los partidos para aprobar las ordenanzas fiscales porque sólo recaudando más (7 millones estima el concejal de Economía con la revisión del IBI) se pueden cuadrar las cuentas y evitar que se “paralice la ciudad”. Bien, pero la responsabilidad ha de ser compartida. Si de verdad estamos en un momento de gobierno sin ataduras, de ejercicio del poder al servicio de la ciudad (no del partido), deberíamos asumir que no son sólo ajenos los cadáveres que se tendrán que dejar por el camino.

El principio de la navaja de Ockham se ha utilizado en economía, en lingüística, en biología y hasta en música. Deberíamos aplicarlo a la política: “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. No sé si a Pepe Torres lo han llamado de Madrid, pero me quedo con la reflexión más simple: ¿recuerdan aquello de “qué hay de lo mío”?. Son guerras de poder, es política, es economía… pero lo que faltan son sillones. Y sueldos.