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Los líderes se disputan el ‘efecto efecto’

Magdalena Trillo | 24 de julio de 2018 a las 12:00

líderes políticos

Poco varían los sondeos -por muy rigurosos y oficiales que sean- con cualquier encuesta casera que podamos hacerjunto a la barra del bar o el calor de la barbacoa… En todos casos se confirma la volatilidad de las opiniones de los ciudadanos en cuanto a intención de voto, preferencias políticas, principales preocupaciones y, sobre todo, expectativas.

He revisado mi hemeroteca y tengo publicados varios artículos con supuestos efectos que han tenido una vida más que efímera. Totalmente volátiles y sujetos a la actualidad del momento. Sólo en las últimas semanas hemos visto cómo se difuminaba el ‘efecto Rajoy’ nada más abandonar La Moncloa dando paso al nacimiento del ‘efecto Sánchez’ con la llegada del PSOE al poder

Del ‘efecto Iglesias’ ya ni nos acordamos y lo curioso ahora es cómo Albert Rivera y Pablo Casado se disputan el ‘efecto’ nuevo líder en el espectro ideológico de la derecha.

Como apunto en el artículo de este domingo de #LaColmena, “las encuestas caseras son un divertimento tremendamente revelador”: El efecto Casado a pie de barbacoa

Un golpe de timón con mano izquierda

Magdalena Trillo | 10 de junio de 2018 a las 11:50

vogue

En la imagen final del nuevo Gobierno, la que ha devuelto el rojo a Moncloa, la que viene a continuar la foto de ZP y sus ministras en Vogue, las mujeres son mayoría. Sí. Histórico. Pero más aún que en la etapa de Zapatero cuando sorprendió con el primer equipo paritario de nuestra historia. Pedro Sánchez redobla el gesto y el fondo. Estamos ante el primer Ejecutivo realmente feminista en la democracia europea. Sin cuotas de género (curiosamente son algunos de ellos los que chirrían), sin componendas territoriales y sin concesiones partidistas. Ni siquiera a los valedores que despejaron el camino de la moción.

Lo cierto es que las expectativas eran tan bajas, tan conectadas con la idea de emergencia y de provisionalidad, que el golpe de efecto se ha multiplicado convenciendo hasta a la oposición. Pero llevamos una semana situando el foco en el número, en lo cuantitativo, cuando lo realmente relevante se sitúa entre bastidores. Ha sido todo un golpe de timón con mano izquierda. Inteligente y audaz. Inesperado.

Parece incuestionable el papel clave que José Luis Ábalos, sombra de Pedro Sánchez y nuevo titular de Fomento, ha tenido en la estrategia de alianzas para conseguir la caída del PP; para torpedear lo que en 2015 y en 2016 fue un muro de hormigón de líneas rojas. Pero el punto de calidad lo ponen ellas. Fue Carmen Calvo la hacedora del difícil acuerdo para la aplicación del 155 en Cataluña y ha sido Margarita Robles quien ha hilvanado y cosido la moción de censura. En el retrato final, Pedro Sánchez está haciendo justo lo contrario de quien se presupone rehén de la ambición y del poder: rodearse de las mejores.

Se pueden equivocar, podrán defraudar, pero no hay ni una sola ministra florero y no son ninguna ‘maría’ sus responsabilidades. Al contrario. Es un misil de capacidad y de solvencia el que ha reventado el techo de cristal. Las dudas las ponen ellos. El ministro astronauta se ha llevado los mejores titulares, también los memes, pero todos miran de reojo a sus mandos intermedios -los secretarios de Estado- para saber si tranquilizarse o preocuparse. La apuesta de Grande Marlaska roza lo inescrutable y el fichaje de Màxim Huerta, la extravagancia.

maxim

Es verdad que todo está por demostrar -los que parten como valores seguros no se libran del fracaso y no deberíamos subestimar que haya alguna remontada de éxito- pero el mensaje inicial que se ha lanzado con la elección del periodista televisivo no justifica el esperado Ministerio de Cultura de un gobierno socialista. Dicen que Elvira Lindo rechazó la cartera, que Banderas también se negó, que… ¿Justo cuando hay que dar un paso adelante el mundo de la cultura se repliega?

Es, en todo caso, un gobierno para gobernar. Decía Pedro Sánchez que su máxima iba a ser “escuchar, dialogar y consensuar”. Con 84 diputados, un PP atrincherado en el Senado y unos presupuestos heredados, la actividad del BOE está por ver pero, en la gestión de coste cero, hay partido. Me recordaba una compañera esta semana que en Granada fue precisamente con el débil gobierno del tripartito cuando se aprobó el PGOU, uno de los documentos más complejos de la vida municipal. En el Corpus, los socialistas celebraban el regreso a Moncloa tomando prestado el ‘sí se puede': con 8 y con 80…

Por mucho que escueza en el PP, Cuenca será el alcalde que traiga el legado de Lorca y salga en la foto con Sánchez cuando el AVE llegue por fin a Granada. Si Madrid consigue el deshielo con Cataluña, sienta las bases del nuevo modelo de financiación, corrige lo más contestado de la ley mordaza y la reforma laboral y sitúa la igualdad (de verdad) como eje transversal de gestión, ya se podría justificar en un año todo un mandato de cuatro.

Entre bastidores se encuentra, además, una segunda lectura de todos estos movimientos, gestos y mensajes: la de partido y la electoral; pacificación a nivel interno y remontada social. Había una oportunidad y, de momento, se ha decidido aprovechar con pragmatismo y astucia, con un sexto sentido y con mucha mano izquierda. No son cualidades exclusivas de las mujeres, pero ahí están ellas: en la sombra y en la foto.

sanchez

Políticos insomnes

Magdalena Trillo | 22 de mayo de 2018 a las 10:00

Estrés y ansiedad. Pérdida de atención y malestar general. Disminución del rendimiento laboral. Nerviosismo e irritabilidad. Esto es lo que le pasa a la gente normal cuando sufre de insomnio. La propia OMS lo ha llegado a catalogar como enfermedad, es la patología más común entre los trastornos del sueño y se convierte en toda una epidemia a las puertas del verano cuando confluyen los efectos de las alergias con la astenia primaveral.

¿A los políticos les influye igual? Sí y no. Porque pocas veces tiene relación el plano que nos enseñan con el que hay, lo que dicen con lo que piensan y, sobre todo, lo que predican con lo que practican. Lo realmente curioso se produce cuando conectamos la neuroquímica con la ideología y asociamos las inclinaciones políticas con las actitudes vitales de los ciudadanos.

Lo acaba de hacer un compañero de La Vanguardia arrojando más luz sobre la enloquecida deriva de la esfera pública que cualquier encuesta del CIS: los votantes del PSOE son los que peor duermen y más se deprimen; los de Ciudadanos son los que más se automedican; los afines a Podemos son los que más recurren a tratamientos alternativos y los soberanistas, los que se declaran más felices y sueñan mejor.

Es un problema de insomnio pero también de falta de coherencia. Y de miopía. Con permiso del certero diagnóstico de “aprovechategui” que le endosó Rajoy, Albert Rivera nos dio este domingo una sugerente clave para interpretar el desnortado tablero partidista: ponernos gafas. El PP, por ejemplo, debe verlo todo negro: no hay ni una sola encuesta que lo salve de una agónica caída acentuada por el fango de la corrupción, los másteres fantasmas y las crecientes críticas de inmovilismo e incapacidad.

Los socialistas se han estancado en el gris: se cumple justo un año de las convulsas primarias en el PSOE con un Pedro Sánchez replegado y a la defensiva. No hay líder ni liderazgo. Lo “decisivo en los toros” será “la faena del matador” -dice Page- pero no ayuda que los banderilleros no preparen el terreno para “rematar”. ¿Nos extraña que sus votantes se sientan tristes?

Podemos va de marrón en marrón -justo cuando en Madrid más se tambalea la derecha, hacen de pirómanos y convierten un problema personal en una cuestión nacional de “dignidad” y de descrédito- y, mientras los independentistas siguen viviendo en Cataluña su particular cuento rosa de República, la formación naranja se apropia de todo el fulgor del arcoíris. “Recorriendo España yo no veo rojos y azules, veo españoles”. Lo ha escrito Rivera en Twitter pero es otra cosa lo que quiso decir: ve votantes de Cs. De todos los colores. Medicados y felices.

Paco Cuenca: dos años de un mandato de transición

Magdalena Trillo | 6 de mayo de 2018 a las 10:00

El 5 de mayo de 2016, el candidato socialista a la Alcaldía de Granada consiguió 16 votos favor -un respaldo sin fisuras de todos los partidos a excepción del PP- y Rocío Díaz quedó sin opciones de relevar a Torres Hurtado para culminar el cuarto mandato de los populares en la Plaza del Carmen. De forma inesperada, en un contexto de transición, Paco Cuenca cogió el bastón de mando en una ciudad todavía abierta en canal por la crisis de la operación Nazarí y puso fin a la etapa más extensa y controvertida del gobierno local con un compromiso explícito por abrir ventanas, levantar alfombras y gestionar desde el “diálogo” y la lealtad hacia el resto de grupos con la máxima “responsabilidad” y “transparencia”.

Hoy, dos años después, no es difícil vaticinar que el PSOE correría el riesgo de quedarse (casi) solo en la votación: sus 8 concejales frente a los 11 del PP y los 4 de Ciudadanos. Puede que los socialistas consiguieran atraer a su causa al nuevo edil tránsfuga Luis de Haro y, tal vez, invocando los nostálgicos y cada vez más frágiles principios de la necesidad de unión de la izquierda, lograran la abstención de Paco Puentedura (IU) y de las dos concejales de Vamos Granada. Aunque más por estrategia, para levantar un muro contra la derecha (la vieja y la nueva), que por confianza hacia el equipo de Cuenca.

Luis Salvador ya lo advirtió en el tenso pleno de investidura con que el PSOE desembarcó en el gobierno de la capital tras la era Torres Hurtado: ni eran tiempos de reeditar experiencias fallidas como el ‘tripartito’ de Moratalla ni se extendía un cheque en blanco a los socialistas. El primer año sirvió para afrontar buena parte del catálogo de exigencias de estos particulares socios en la sombra -la formación naranja ha pivotado cómodamente en toda España con su decisión de facilitar gobiernos pero no desgastarse gobernando- con actuaciones concretas como el cierre del botellódromo, con contrapartidas efectistas como la dimisión del diputado de Deportes Mariano Lorente y con un compromiso de profunda regeneración política y económica en la gestión municipal que se ha ido diluyendo en un quiero y no puedo.

Por la minoría de unos y las zancadillas de otros, pero también por una incapacidad manifiesta para llegar a acuerdos. El equipo de Cuenca lleva dos años gestionando la ciudad con los presupuestos del PP -si ya es difícil que los políticos cumplan los programas electorales, más lo es si no se puede contar ni con un escenario propio de ingresos y gastos- y con una herencia endemoniada de crisis económica y financiera que mantiene a Granada como objetivo preferente del Ministerio de Hacienda para su intervención. A pesar de ello, del difícil punto de partida, resulta paradójico que una de las principales quejas en los grupos de la oposición -sin excepción- sea la intransigencia del equipo de gobierno, su afán de protagonismo y su inexplicable opacidad en la gestión.

Ruina municipal, falta de entendimiento en el día a día, choques más o menos velados con otras instituciones -incluidas las gobernadas por el PSOE- y continuos sobresaltos judiciales… También sorprende que la auditoría prometida para esclarecer el oscuro urbanismo de la última década se esté realizando con más solvencia en los tribunales que en las dependencias municipales y la personación en las diferentes causas que acorralan al anterior equipo del PP -es el caso Nazarí, pero es también el Serrallo, Casa Ágreda, la gestión irregular en TG7 y los contratos fantasma en Emucesa- no superen un perfil bajo de aparente obligatoriedad de estar simplemente para saber más que para actuar y para liderar el esclarecimiento de los casos en beneficio de la ciudad.

Se podría valorar que no se haya querido hacer leña del árbol caído, que se hayan separado los intereses partidistas de la responsabilidad institucional, pero no son pocos los que cuestionan (dentro y fuera de las filas socialistas) la poca contundencia con que se están enfrentando a procesos que apuntan a perjuicios millonarios.

Decía este viernes el alcalde que Granada ha recuperado “normalidad”, “tranquilidad” y la “confianza” de los ciudadanos en su ayuntamiento. “Una nueva etapa sin trampas”, tal vez, pero con ausencia de autocrítica y con un legado limitado si tenemos en cuenta que estamos ya en la cuenta atrás de las próximas municipales.

Lo más relevante que ha ocurrido en la ciudad en los últimos meses ha sido la puesta en marcha del Metro y la reversión de la fusión hospitalaria -sin un protagonismo directo por parte de la capital- y entre lo que está por venir se vislumbran luces -la llegada del legado de Lorca sigue su hoja de ruta para ser una realidad antes del 30 de junio- pero también sombras: por mucho que se presente como un éxito la gratuidad de los transbordos entre autobuses y Metro, aún está por ver que se pueda llevar a cabo la “revolución” del mapa de transporte anunciada -tampoco aquí se ha logrado el acuerdo con los grupos- y, sobre todo, anticipar si terminará sumando votos o los acabará restando.

En este punto, en este horizonte político de absoluta incertidumbre, podríamos situar, por ejemplo, el reforzamiento de Paco Cuenca dentro del PSOE asumiendo las riendas de la agrupación de la capital -si no gana lo suficiente dentro de un año para pactar y gobernar, el camino previsible apunta al Congreso o el Senado más que a la bancada de la oposición- y con esas mismas expectativas de que el juego está totalmente abierto podríamos leer los efusivos abrazos que esta misma semana se daban Luis Salvador y Sebastián Pérez en la cruz de Regina Mundi…

Rehenes de la minoría

Magdalena Trillo | 22 de abril de 2018 a las 10:00

Plaza del Carmen. 8:30 de la mañana. Pleno extraordinario de movilidad. Probablemente seré una de las pocas inconscientes de esta ciudad que el viernes tuvo la santa paciencia de engancharse al ordenador para ver en streaming el debate sobre la revolución del transporte que seguirá al exitoso estreno del Metro. Interés profesional pero también particular. Egoístamente, soy usuaria de la Rober y lo sería de una segunda línea por el centro si se concreta el tercer intento de rescate del histórico tranvía -lo avanzó la concejal de Movilidad esta semana a Granada Hoy- tras los fallidos proyectos de Moratalla y Torres Hurtado.

No hubo pleno; no hubo debate. Hubo bronca, reproches y varias tomas de actuación grotesca. El equipo de gobierno se quedó solo pero pudo escenificar un sucedáneo de pleno cuando el ‘tránsfuga’ Luis de Haro aprovechó la ocasión para hacerse notar, para desmarcarse del plante acordado por todos los grupos de la oposición y, sobre todo, para dar una patada a las compañeras de su antiguo partido. Hizo el papel de responsable y dio la oportunidad al alcalde para que siguiera dirigiendo la orquesta.

Oficialmente, el Ayuntamiento celebró el pleno extraordinario de movilidad y Raquel Ruz pudo mostrar un mapa de la ciudad con la propuesta de reestructuración de las líneas de autobuses -lo más novedoso es que se conectará el Zaidín y la zona Norte pasando por la Gran Vía-.

Todos hemos perdido tiempo y dinero. Los plenos extraordinarios se convocan ante cuestiones realmente urgentes para la ciudad y en casos de tal complejidad y envergadura que se considere inasumible en una sesión ordinaria. No nos olvidemos, además, de que cuestan dinero y lo pagamos entre todos con nuestros impuestos. Si es verdad la versión del equipo socialista de que hasta la noche de antes no se había podido ultimar la documentación para entregar a la oposición y que justo por eso no existía el famoso expediente que todos los grupos exigían para poder debatir y votar, ¿para qué se convocó el pleno con urgencia? ¿por qué no se aplazó?

Es más, si realmente nos creemos que somos responsables y que trabajamos por el bien de la ciudad -Cuenca lo dijo infinidad de veces intentando desmarcarse de la bronca política que ellos mismos habían desencadenado-, ¿para qué el show del viernes? ¿para debatir en formato pleno lo que llevan discutiendo desde hace meses en el observatorio de la movilidad?

No importan los artículos a los que apeló una y otra vez el secretario interpretando la normativa municipal. Es el propio sentido común el que debería orientar la actuación de los grupos desde la mesura y la estrategia.

Lo del viernes hubiera funcionado hace unos años con Torres Hurtado y su rotunda mayoría absoluta. Se celebra y se aprueba lo que se quiera aprobar. Sin la obligación siquiera de tener que debatir e incluso con todos y todo en contra. Es lo ‘bueno’ del rodillo: pragmatismo y efectividad. Te puedes equivocar, puedes cavar tu tumba, pero tomas decisiones y las ejecutas. Gobiernas.

Un equipo en minoría está condenado a la inanición si no cautiva a algún grupo de oposición para la causa. Si no son generosos y no se imponen como credo la obligación de pactar. Son rehenes de ellos mismos, de su precaria y frágil situación en el tablero municipal, y son rehenes de los demás. Es una relación perversa: cuanto más insignificantes son, más relevancia acaban teniendo en el juego político. ¿A cuántos granadinos representa Luis de Haro? No es sólo simbólico; lo vemos continuamente en todas las escalas de gobierno. Ha sido históricamente la gran baza de los nacionalistas y lo estamos sufriendo en los últimos años como contrapartida de la fragmentación del mapa político.

A Torres Hurtado se lo llevó por delante la justicia pero ya estuvo en el precipicio cuando se implantó la LAC y cabrearon a media ciudad con los transbordos. El PSOE tiene ahora el bastón de mando pero sin la legitimidad de las urnas. En un año hay elecciones y cada decisión, cada error, sumará en la cuenta atrás. Ni siquiera es tiempo ya de apelar a la “tranquilidad” del mandato y a la inercia. Porque no hacer nada -por no ser capaz de negociar y de pactar- también es decidir.

Las otras puertas giratorias

Magdalena Trillo | 17 de diciembre de 2017 a las 10:00

Las puertas giratorias no funcionan sólo para los altos cargos que buscan acomodo (y altísimas remuneraciones) en el confort de las grandes empresas del sector privado cuando tienen que dar por cerrada su etapa de “servicio público” por imperativo legal, por decisión personal o por invitación forzada. Aunque hay quienes sembraron antes de dar el salto a la política y tienen donde volver, nadie se sorprende ya de que un exministro ocupe una envidiable posición en una multinacional, de que se premie a un exalcalde con un cargo vistoso o se busque refugio a un exconsejero en una tranquila empresa pública.

PP y PSOE llevan toda la democracia practicando y, por regla general, es legal: el político en cuestión ocupa su nuevo puesto y se gana el sueldo. Con más o menos dosis de (in)competencia, madrugará, se esforzará y se estresará como cualquiera de nosotros.

Estas (malas) prácticas de colocación exprés, compartidas en cualquier país de nuestro entorno, pueden resultar reprobables pero se ajustan a lo que marca la ley. Los escándalos llegan cuando los políticos hacen malabarismos de indecencia. El ejemplo más reciente lo tenemos en Francia: la mujer del candidato a la presidencia Francois Fillon llegó a cobrar hasta 900.000 euros como “asistenta parlamentaria” por no hacer nada durante más de una década. La exclusiva de Le Canard fue aplastante: Penélope es la asesora mejor pagada en la historia de la V República. Y por un empleo ficticio.

En Granada, el caso Emucesa se está abriendo paso como una mala copia de ese nepotismo nada ilustrado que conecta con el tráfico de influencias y que termina dando forma a la corrupción. Pero no nos engañemos; el puñado de puestos fantasma en la empresa municipal del cementerio (el informe interno que se ha filtrado esta semana alude a seis contratos de alta dirección autorizados entre 2005 y 2012 por los concejales María Francés y Juan Antonio Fuentes) no es más que la punta del iceberg.

El pasado mes de abril, publicábamos en este periódico un análisis detallado sobre las cuentas internas del PP que revelaba el impacto económico que había supuesto para el partido la pérdida de poder tanto en el Ayuntamiento de la capital como en la Diputación. Nuestra jefa de Local, Lola Quero, rastreó en la documentación del partido que justo antes de las elecciones de 2015 tenían contabilizados casi 3,9 millones de euros anuales en sueldos (2,6 salían de la capital y 1, 3 de la institución provincial) que pagaban a diferentes personas del partido en puestos técnicos y que solían justificar como cargos de confianza.

¿Cuántos cumplían y cuántos no? ¿Se bordeaba la ilegalidad? ¿Paga la administración pero el trabajo se desempeña en el partido? ¿Paga la empresa y el empleo ni existe?

Tan vitales para un partido son estos vasos comunicantes con las instituciones, con el poder, que buena parte de su funcionamiento ordinario puede acabar dependiendo de que se gobierne o se hiberne en la oposición. Un informe interno de la gerencia del PP advertía, por ejemplo, del elevado coste que suponía mantener el alquiler de su imponente sede del Zaidín…

Pero el PP no ha inventado nada que el PSOE no haya practicado cuando ha podido. ¿Quién lo ha hecho con más descaro? Las dinámicas las engendra el poder. Lo hacen porque pueden; y no lo denuncian cuando toman el relevo porque no les conviene. La paradoja es sintomática: buena parte de la vida municipal se desarrolla en los tribunales por su desenfrenada afición a desempatar cualquier conflicto recurriendo a los jueces y, justo cuando hay un caso alarmante con aparente recorrido penal, nos lo pensamos.

Lo de abrir ventanas y levantar alfombras queda muy bien en la retórica del ganador pero todos sabemos que tiene un precio. A los nuevos partidos se les critica, y con razón, la rapidez con que se están dejando contagiar por la mala praxis de la vieja política pero hay momentos (y éste es uno de ellos con Vamos Granada tirando de la manta en Emucesa) en que se hacen valer y nos recuerdan por qué había que zarandear al bipartidismo. Aunque sólo sea por una cuestión de tiempo y de oportunidad.

Las noticias engañosas del AVE

Magdalena Trillo | 3 de diciembre de 2017 a las 10:34

Hoy voy a innovar. En lugar de escribir un artículo de opinión, voy a hacer un ejercicio de clase para intentar poner en práctica lo que (espero) haber aprendido con el curso de fact-checking que acabo de terminar en la plataforma virtual abierta del Knight Center de Estados Unidos.

La culpa la tiene el AVE. ¿Terminaron las obras? La pregunta es muy sencilla pero la respuesta tiene trampa.

Desde el PP retumba un “sí” rotundo: el Gobierno de Rajoy “cumple” y la plataforma de vías para que puedan circular los trenes de alta velocidad está construida y electrificada. Justo para el 30 de noviembre, la fecha comprometida por el secretario de Estado en su última visita a Granada. Eso sí, otra cuestión serán las obras “complementarias” y el largo proceso de comprobaciones y pruebas de seguridad que requiere un proyecto de esta envergadura.

Desde las filas socialistas, el “no” resulta igual de categórico: la reunión de Antequera ha sido una “desfachatez”, una “burla” y un “desprecio” a Granada que el ministro de Fomento ni siquiera haya tenido la valentía de visitar la ciudad para “dar la cara” y anunciar un “cronograma” serio para la puesta en marcha. La indignación, el cabreo y hasta la sorna por el “viaje exprés” también es mayúscula en los movimientos vecinales: ni será un AVE de primera ni hay horizonte certero para el soterramiento en la capital y para la variante de Loja.

¿Quién dice la verdad? ¿Quién miente? El fact-checking no es otra cosa que “chequear”, “verificar”. Aprovechar las herramientas que nos aportan las nuevas tecnologías, el acceso a datos y a fuentes complementarias que nos da la actual sociedad de la transparencia, del open goverment, para no creer ciegamente a nadie. En realidad, lo que hacemos es dar un toque de sofisticación y metodología a las viejas rutinas que aprendimos en la Facultad cuando nos repetían, una y otra vez, que la primera obligación del periodista es “contrastar”.

Así que nadie está a salvo. Podemos verificar declaraciones, hechos y datos. Y en alianza con los lectores; en abierto. Aportando nuestras comprobaciones y sumando los descubrimientos de los demás. Son ocho pasos: (1) seleccionar lo que queremos validar, (2) ponderar su relevancia pública, (3) consultar con la fuente original, (4) recurrir a fuentes documentales y oficiales, (5) contrastar con fuentes alternativas, (6) ubicar en el contexto, (7) confirmar, relativizar o desmentir la afirmación y (8) calificar.

Prácticamente, todos los medios de Granada llevamos una semana dedicados a ello. Sin tanta sistematización y sin ponerle llamativos nombres al estilo de la maldita hemeroteca, pero cumpliendo -casi por inercia- con todas las fases del chequeo.

Para empezar, resulta más que evidente que la llegada del AVE y el desbloqueo ferroviario (los mil días de aislamiento se cumplen en Navidad) es un tema vital a nivel institucional, empresarial y ciudadano para Granada y la incógnita sobre si (de verdad) acababan las obras en el deadline de noviembre y habría por fin una fecha de estreno se ha intensificado en las últimas semanas como el principal tema de conversación. A nivel mediático, en cualquier ascensor y en la barra del bar (casi tanto como el esperado “¡por fin llegó el frío!) No tienen más que repasar las noticias y los análisis que hemos publicado en Granada Hoy en la última semana, con la inclusión de fuentes y más fuentes, de datos y más datos, con declaraciones, opiniones y análisis, para construir sus propias conclusiones.

Sólo faltaría la fase final de calificación. ¿Verificamos o desmentimos? Si somos honestos, si dejamos nuestras inclinaciones ideológicas en el cajón, creo que lo más riguroso en este caso -después de evaluar datos, hechos y declaraciones- es optar por relativizar. Relacionado con el creciente auge del Periodismo de Datos, son ya muchos los medios a nivel mundial que han creado un equipo de fact-checking y han definido su propia escala de verificación: porque entre la verdad y la mentira hay un interesante camino en el que cabe la exageración, el disparate, lo discutible, lo insostenible, lo apresurado…

En esta escala, yo situaría el tema del AVE en el plano de lo engañoso. La obra gorda ha terminado, sí, pero ha sido un final simbólico que no evitará que nos pasemos meses viendo operarios (muchos y para muchos flecos) tanto en la capital como en Loja. Lo de Antequera fue una función de teatro ligero, sí, pero con cierto sustento: el tren laboratorio de Adif ya inspecciona la plataforma, ya sabemos que podremos subirnos en un AVE (aunque sea uno especial y estrechito, capaz de atravesar el túnel de San Francisco) para llegar en tres horas a Madrid con cuatro servicios diarios; el proyecto del baipás en Almodóvar del Río ya está encargado a Ayesa Ingeniería -también acortará a menos de 2 horas el viaje a Sevilla- y, sobre el polémico soterramiento, Fomento ya ha enviado el proyecto a información pública en el Boletín de la Comisión Europea como primer paso (aunque sea burocrático) para la integración.

¿Cuándo? No hay fechas. Pero reconozcamos que el ministro ha evitado jugársela y arriesgarse a mentir. Advierte que Granada aún tendrá que esperar “bastantes meses” para estrenar el AVE y pide “paciencia”. 122 kilómetros de recorrido, 1.653 millones de euros de inversión, 31 viaductos y 7 túneles. La obra, efectivamente, no ha sido menor. Y no es mal consejo la prudencia después del precedente del Metro (seis meses de periodo de pruebas) y la referencia cercana que tenemos de la línea Valencia-Castellón (la fase en blanco empezó en febrero y ahí siguen sin fecha de inauguración).

En este punto, mientras el pájaro sigue hibernando, nosotros podemos entretenernos chequeando y con quinielas: ¿para Semana Santa? ¿Para verano? ¿Para final de 2018 como pistoletazo electoral? Podemos empezar a apostar… ¿Vendrán a Granada, esta vez sí subidos en el AVE, Íñigo de la Serna y el presidente Rajoy? Aquí no hay margen de engaño, será al cabo de diez largos años y seis ministros después.

La explosiva (vieja-nueva) política

Magdalena Trillo | 5 de noviembre de 2017 a las 14:23

Siempre se ha dicho que un periodista vale más por lo que calla que por lo que escribe. En cultura o en deportes, en los casos de las noticias blandas, tal vez sea un principio cuestionable pero les puedo asegurar que ocurre así -en grado superlativo- cuando nos sumergimos en el pantanoso terreno de la política y hay que lidiar hasta la extenuación con la volatilidad de ese mal que llamamos “periodismo de declaraciones”. Les explico: hoy digo tal cosa, mañana tal otra y entre medias arremeto contra los periodistas porque no se enteraron bien, porque me malinterpretaron o, directamente, les acuso de manipular y de mentir. Es gratis.

Ni aun grabando las conversaciones -algo que los móviles nos ha facilitado enormemente- estás libre de tener que dar explicaciones hasta el absurdo, de que pongan en cuestión tu profesionalidad e, incluso, de que te acusen de estar “comprado”. Por unos y por los contrarios en función de la dirección del viento.

“Calumnia que algo queda”. Es un viejo (y sucio) juego de la política que practican los partidos de siempre, y esos que se dicen nuevos aunque se empeñen en seguir sus mismos pasos, del que no nos libramos los medios.

Ahora bien, sería hipócrita plantear que estamos completamente indefensos. Podemos tener la última palabra y utilizar, por ejemplo, este espacio de opinión para contar lo que nuestra ética nos impide a cinco columnas en las páginas de información. No porque no sea verdad sino porque llegó a la Redacción con el sagrado ‘off the record’, porque se desliza entre la frontera de la noticia, el rumor o la intoxicación o porque, como resulta obvio, cualquier negociación sensible, estrategia de presión (¿chantaje?) y maniobra soterrada deja de serlo en cuanto sale a la luz.

No hablo de Cataluña; me refiero a la situación explosiva en que se encuentra la política local. La relación entre Vox y el PP por la situación de los concejales del gobierno de Torres Hurtado imputados en el caso Serrallo (seis de los ocho siguen en activo) echa humo. Aunque la causa tendrá su propio recorrido judicial con independencia de las maniobras políticas de pedir o no la desimputación a la jueza, la razón de fondo no es baladí: ¿interesa de verdad el gesto simbólico de ‘limpiar’ a los concejales para propiciar una moción de censura junto a Ciudadanos contra Cuenca?

Oficialmente sí, todo el PP critica el “desgobierno” socialista y apoya a Rocío Díaz como alcaldesa, pero extraoficialmente es un escenario que torpedearía las posibilidades de Sebastián Pérez para ser el cabeza de cartel en las próximas municipales. Que justo esta semana se haya incorporado a la Diputación Pablo García, mano derecha del presidente del PP, no puede leerse más que en clave electoral: si se produce la remontada de los populares como se espera a nivel interno, ¿Sebas a la Plaza del Carmen y Pablo a la institución provincial?

Para los comicios falta más de un año pero las piezas del tablero de ajedrez hay que situarlas ahora. Es el momento de posicionarse, de hacer méritos y de figurar. Están nerviosos; muy nerviosos. Por momentos, se roza el esperpento y quién sabe si hasta la frontera de lo legal…

Estamos ante un complejo escenario de movimientos preelectorales y “presiones” -en ocasiones contradictorios- que merecería formar parte de algún oscuro y enrevesado capítulo de House of cards: que Ignacio Nogueras, ex del PP, vaya por un lado como dirigente de Vox en Granada y su abogado por otro -incluso contrario- en el procedimiento judicial del caso Serrallo donde están personados como acusación popular resultaría inaudito si no fuera porque es justo lo que acaba de pasar… ¡Mucho más que recurran a terceros, incluidos los periodistas, para estar informados de sus propias actuaciones!

A la espera de ver qué movimientos se concretan entre los socialistas para posicionarse en la próxima ejecutiva local de Paco Cuenca -y si surge la sorpresa, en estos momentos nada probable, de que alguien con opciones plantee disputarle la Secretaría-, donde sobrevuelan los cuchillos es en Podemos. La disputa superficial es si la portavoz de Vamos Granada es Marta Gutiérrez o Pilar Rivas y qué pasa con el controvertido ‘verso suelto’ de Luis de Haro. Pero la guerra de fondo es profunda y tiene que ver con la divergente visión que simbolizan pablistas y errejonistas sobre lo que debe ser la formación morada, cuáles son sus postulados en los grandes temas de Estado, con quién aliarse y, en definitiva, cómo afrontar las distintas citas con las urnas.

La confusión que está marcando su postura en la crisis catalana se puede extrapolar a escala local y, en el caso de Granada, con el factor extra de lo que supone la corriente anticapitalista de la líder regional.

Sintetizando mucho, apunto algunas claves: la postura de confluencia con IU que se defiende a nivel provincial (con José Moreno al frente) es inviable a nivel local con un Alberto Matarán que se retiraría antes de la política que verse en la tesitura de conformar unas listas de alianza con Paco Puentedura (las heridas tras la dura y conflictiva retirada de la política de su madre, Lola Ruiz, tardarán mucho en cicatrizar…)

Que Teresa Rodríguez dirija la formación en modo stalinista tampoco está ayudando a pacificar las aguas y mucho menos que haya un personaje tan polémico e imprevisible como Spiriman como (deseada) cabeza de cartel de una futurible candidatura ciudadana. Aunque estemos en fase de tanteo, es un escenario que se cuela en las quinielas de todos los partidos -y la preocupación es compartida- cuando analizan el horizonte de las municipales de 2019.

Dentro de Ciudadanos, las aspiraciones de Luis Salvador son tan altas que la política local se le queda pequeña -así lo ha dicho alguna vez en público el ahora diputado del partido- y puede que este artículo también… Para empezar, juega en dos tiempos: tiene un plan A en el que ya se ve sustituyendo a Juan Marín a nivel regional y de vicepresidente de la Junta junto a Susana Díaz siempre que se cumpla la subida que apuntan las encuestas para las próximas elecciones autonómicas. Recordemos que la estrategia de Ciudadanos para las nuevas citas electorales es formar parte de las estructuras de gobierno, no sólo apoyar, y la posibilidad del adelanto planea en Andalucía.

Si falla, siempre estará el plan B de volver a encabezar la candidatura de Granada. O no. Porque poder, fama y mujeres es un cóctel explosivo. Más aún cuando discurre entre las cañerías de la política. Y especialmente preocupante si se confirma la denuncia por presunto acoso sexual que una Asociación de Mujeres de Madrid está difundiendo entre los medios y ha elevado incluso al Congreso, al Senado y a la ministra Dolors Montserrat exigiendo que Ciudadanos se retire del Pacto Nacional contra la Violencia Machista por tener entre sus diputados a Luis Salvador…

Media Granada habla del tema, y de la supuesta víctima de Valladolid, pero entre bambalinas… ¿Despecho, campaña de desprestigio, otro lamentable caso de acoso? Estamos en ello. Los acontecimientos nos dirán si se trata de un intento de intoxicación o echamos más gasolina a la explosiva (vieja-nueva) política local.

El efecto dominó de las Primarias

Magdalena Trillo | 28 de mayo de 2017 a las 10:24

Tan fácil como dejar de pagar la cuota. Se pasa automáticamente del estatus de militante al de simpatizante y poco más es necesario para poner fin a décadas de compromiso activo con el PSOE. Al mismo tiempo que históricos del socialismo granadino como Antonia Aránega o Rafael Salcedo volvieron a la primera línea integrados en las listas del partido de la capital para el Congreso Federal, las deserciones se han convertido en la música de fondo de las agrupaciones locales tras el baño de realidad para el susanismo que han significado las Primarias del pasado domingo. ¿Un arrebato pasajero? ¿Una llamada de atención al aparato? ¿El inicio de algo más?

Son los primeros compases de preocupación y desconcierto en un nuevo PSOE que, aunque lo tiene (casi) todo por demostrar, por decidir y por consensuar, sólo ha dejado espacio para el ruido con sordina. Una votación ajustada hubiera sido difícil de gestionar; una derrota clara, con traiciones incluso en el bastión andaluz, confirma la teoría de que los avales eran el “techo” para los susanistas y el “suelo” para el movimiento pedrista que ha sabido quedarse con la bandera de la militancia. Sólo en este contexto se entiende el -aparente- pacto de no agresión entre los dos dirigentes que se batieron en duelo hace una semana para intentar llevar cierta paz al cónclave de junio con listas integradas y sólo así tiene sentido el abrupto repliegue del 100% PSOE en Andalucía.

Porque ni se ha acabado el susanismo, aunque lo declare la propia política sevillana a semejanza de lo que hizo Chaves en el 2000 tras la derrota de la poderosa federación del Sur en el enfrentamiento Bono-Zapatero ni tienen por qué dejar de pasar los trenes para la actual presidenta de la Junta. ¿Que el susanismo está “finiquitado” si es que “alguna vez existió”? ¿No nos hemos equivocado lo suficiente con Pedro Sánchez para aventurar ahora el ocaso inmediato de la candidata andaluza?

Lo iremos viendo en los votos; pero no en las casetas privadas de los congresos sino con las papeletas abiertas y multicolores de las convocatorias electorales. Y, aunque proclamaremos que no se pueden extrapolar resultados, todos caeremos en la tentación de comprobar hasta qué punto se ha producido un ‘brexit’ entre votantes y militantes cuando Pedro Sánchez intente por tercera vez llegar a La Moncloa -si no lo hace antes por la vía de las prisas aliándose con Podemos en una moción de censura propia o ajena- y descubrir si lo que ocurrió el 21 de mayo tiene eco en los gobiernos regionales, en los complejos juegos del poder territorial y en el tablero local.

Las primarias lo han dejado todo abierto. Con un efecto dominó en todas las escalas. Y es que eran dos formas antagónicas de entender el partido, dos sensibilidades distintas a la hora de conformar las alianzas de gobierno y dos relatos contradictorios sobre lo ocurrido en el menguante partido del puño y la rosa. Las enmiendas del equipo de Pedro Sánchez lo tienen bien claro: todo empezó “por culpa” de Zapatero, en 2015 fue precisamente el renovado líder del PSOE quien evitó el sorpasso de Podemos y lo que se ha escrito a partir del 1 de octubre de hace un año ha sido un tremendo error. Un rotundo fracaso.

No se evitaron unas terceras elecciones; se le entregó el gobierno al PP. Pura épica. Pero con un respaldo de las bases más que suficiente para hacer tambalear, para llevar la incertidumbre y la provisionalidad a las débiles alianzas que se conformaron tras los últimos comicios.

¿Ahora qué? A nivel nacional, lo previsible sería que Mariano Rajoy sea capaz de sacar adelante los presupuestos con las cuotas ya negociadas con vascos y canarios e, incluso, aguantar hasta final del próximo año con unos presupuestos prorrogados. En Andalucía, Susana Díaz no tiene más salvavidas que dar un impulso político a su Gobierno -con movimientos también en las estructuras provinciales-, acelerar el cumplimiento de los compromisos firmados con Ciudadanos -incluso cuando suponga reformar la Ley Electoral o el Estatuto de Autonomía para suprimir los aforamientos- y demostrar con una gestión palpable de resultados que lo de “ahora toca trabajar por Andalucía” no es sólo un eslogan voluntarista.

De todo estas piezas dependerá también lo que ocurra en Granada. Que el congreso provincial de otoño del PSOE será movido es tan evidente como la salida de Teresa Jiménez de la Torre de la Pólvora, pero ni el gobierno local ni el de la Diputación tienen por qué verse comprometidos. El domingo pasado no sólo perdieron los susanistas; también el PP. El escenario regional se ha vuelto a complicar para Juanma Moreno justo cuando se veía con opciones de llegar a San Telmo aprovechando el vacío de liderazgo que se iba a producir en el socialismo andaluz. Pero la situación ahora es justo la contraria: una dura contrincante, herida, dispuesta a remontar refugiándose en casa.

En Granada, la moción de censura a Paco Cuenca depende más de lo que ocurra en Sevilla y Madrid que de la política doméstica. Y también con ello se abre o cierra el futuro para Rocío Díaz como candidata del PP. Lo previsible, de momento, es que Susana Díaz se atrinchere y no convoque elecciones hasta marzo de 2019 -salvo que las encuestas y los trackings internos le sonrían- y, sólo un par de meses después, Sebastián Pérez tendrá razones de sobra para postularse como candidato a la Alcaldía y enfrentarse a Cuenca -reconozcamos que tanto al PSOE como al PP les interesa que resista- con un doble horizonte: recuperar la capital y volver a la Diputación.

Pero todo está sujeto con pinzas. Abierto y provisional. Expectante al movimiento en cadena que significaría la caída -o la colocación- de una sola ficha del dominó. Les pongo un futurible: ¿y si después del terremoto Spiriman y de la insólita confluencia en Juntos por Granada se constituye una plataforma de independientes? ¿No creen que conseguirían un buen puñado de concejales en la Plaza del Carmen?

Paco Cuenca vs. Francisco Cuenca

Magdalena Trillo | 7 de mayo de 2017 a las 11:30

Entre el notable alto y el suspenso rotundo. El examen que hoy hacemos a Paco Cuenca en su primer año como alcalde revela lo subjetiva, escurridiza y volátil que es la política. Y los políticos. Lo contradictorias y líquidas que pueden llegar a ser las opiniones; y hasta los hechos. No sólo recurro a Zygmunt Bauman para compartir el desasosiego que genera el mundo etéreo e interesadamente parcial en que nos movemos; también para constatar que, para lo único que nos sirve el retrovisor mcluhaniano, es para dejarnos llevar por la nostalgia de ese pasado robusto que sigue desprendiendo solidez. Esa “retrotopía” de la que habla el pensador polaco -Seix Barral publica dos ensayos póstumos a final de mes- invirtiendo por completo los valores con que hasta ahora habíamos identificado el futuro y el pasado…

No crean que me he perdido en los pantanosos terrenos de la filosofía; hablo de rutinas. De intentar entender el día a día. Hace justo un año que los socialistas desalojaron al PP de la Plaza del Carmen tras el escándalo de la operación Nazarí: un año de Paco Cuenca con el bastón de mando; un año sin Torres Hurtado en la Alcaldía.

La radiografía precisa de su primer año de mandato la pueden encontrar en la entrevista con que hoy abrimos el periódico, en el análisis que escribió el propio alcalde para nosotros -se publicó el viernes coincidiendo con el día de su toma de posesión- y, en forma de prisma plural, en las visiones que realizan los grupos municipales, los partidos y los responsables de las principales instituciones y organizaciones de la ciudad. Ahí está la fotografía de Granada en el ecuador del mandato; las luces y las sombras; los aciertos, los desafíos y los errores.

No les sabría decir si ha superado el examen. Como podrán imaginar, las notas son tan parciales y tendenciosas, por exceso y por defecto, que invalidan cualquier media. Realmente creo que el único que se ha puesto una calificación con honestidad ha sido el propio alcalde: un 7. Un notable raspado que habla del esfuerzo empleado y de la dificultad del camino que aún le queda por recorrer. Tan prudente que resulta creíble.

Yo voy a quedarme en los márgenes. En esa gestión colateral de símbolos y gestos que, al final, puede resultar más sincera y contundente que la de las juntas de gobierno. Especialmente, si tenemos en cuenta la precariedad con que está gobernando, el trabajo titánico que supone sacar cualquier iniciativa adelante y el peso de la moción de censura con que la oposición le recuerda que son 8 concejales en un Ayuntamiento de 27.

Pues bien, la consecuencia mundana más visible del terremoto político que puso a Granada en el mapa nacional de la corrupción -y que ha tenido sus últimos coletazos en el convulso congreso provincial del PP- es tan insignificante como reveladora: Paco ya no es Paco; ahora es “Francisco”. En su momento tuvo que guardar su colección de foulard para rebajar las maliciosas críticas de “postureo” y “frivolidad” y ahora, tras doce intensos meses de actividad institucional, le ha tocado jugar en la cancha de lo estéticamente correcto. Y previsible. No es una cuestión menor. Porque aquí es donde nace el “Francisco Cuenca” de traje y corbata que parece levantarse cada mañana para cumplir un único mandamiento: quedar bien.

Esto lo podríamos aplicar a los suyos -incluidos sus intentos de navegar entre los bandos que se disputarán la secretaria provincial del PSOE después del verano-, a nivel institucional -pese a que en más de una ocasión termina vampirizando las iniciativas en que colabora y siempre termine en el espacio central de las fotos- e, incluso, a los adversarios. Porque, aunque ahora se vea a sí mismo encabezando todas las grandes movilizaciones de protesta, incluso la sanitaria a la que jamás fue, la realidad es que sólo ha elevado el tono a Madrid y de forma puntual por el AVE.

Tal es su empeño en la Granada amable que “sonríe” que esta misma semana hemos asistido a una verdadera reinvención del concepto de botellón: las Cruces no se podían desmadrar; había que quedar bien con la ciudad… y así ha sido. ¿Se imaginan los titulares en su medio de cabecera hace un año con Torres Hurtado de alcalde? No entro en detalles, sólo me mojo y me atrevo a ponerle nota a su anti-política de comunicación: suspenso.

Y esto no se explica ni recurriendo al pensamiento líquido y voluble de Bauman…