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Vivir del cuento

Magdalena Trillo | 10 de abril de 2016 a las 11:05

Decía Albert Einstein que no entiendes algo si no eres capaz de explicárselo a tu abuela. Sin demasiadas esperanzas de conseguirlo, voy a seguir su consejo y hacer un intento con la gran efeméride que ha marcado la actualidad informativa esta semana en Granada: todo un año de aislamiento ferroviario. Desafiando abiertamente el rigor del saber científico, saltándome la exigencia de seriedad del propio periodismo, voy a recurrir al género predilecto de los abuelos: el cuento. Porque todo comenzó hace mucho, mucho tiempo, allí donde todo es posible…

¿Piedra, papel o tijera? Para explicar por qué Granada acaba de celebrar su privilegiada posición tercermundista en el mapa de Renfe, resultaría sugerente recordar el popular juego infantil. La variación es que en la tormentosa relación de Fomento con nuestra provincia no hay exclusión, se acumulan todos los males: es piedra, papel “y” tijera.

Todo empezó en un lugar del que nadie quiere acordarse. Granada tenía que despertar y decidir que quería formar parte de la exitosa red ferroviaria española de la Alta Velocidad. No era ninguna obviedad. Desde Renfe nos prescribían lo maravilloso que era pasar medio día viajando a Madrid en autobús y el propio proyecto tuvo que superar la travesía del desierto con que esta provincia recibe, siempre, cualquier iniciativa que signifique cambio: debate estéril y enfrentamiento político.

ave zp

Con suerte, el AVE llegará a Granada justo una década después del firme compromiso de ZP!!

Pero se consiguió: nos apuntamos a la modernidad y hasta pusimos fecha del final feliz. Era 2004 y el entonces secretario de Organización del PSOE se mostraba tajante: “En 2007 volveré a Granada para estar con todos vosotros y vendré en un AVE en debidas condiciones: en el que va a hacer José Luis Rodríguez Zapatero”. El compromiso verbal de José Blanco iba escrito en el programa socialista: el AVE, como aún se puede consultar en las hemerotecas locales, estaría en esa legislatura. Ni lo estuvo ni lo está. Ni con gobierno del PSOE ni con gobierno del PP.

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Inauguración del último tramo de la Autovía del Mediterráneo.

La primera ‘piedra’ en el camino, la compleja orografía de Granada, ya la conocemos por la A-7. Del “tramo de carretera más caro de España” hemos pasado al tramo de ferrocarril más lento de todo el país. Dos puntos han servido para boicotear la infraestructura: el tramo de Loja y la entrada en Granada. La llegada a la capital la resolvimos con una enmienda a la totalidad: adiós al AVE soterrado por La Chana -en la nueva ficción las segundas partes sí son buenas- e inesperada renuncia a la emblemática estación de Rafael Moneo que debía unirse al patrimonio de la ciudad -¿para qué iba a necesitar Granada ensanchar su patrimonio con la insignificante obra de quien acaba de ser galardonado con el Nacional de Arquitectura?-.

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Proyecto para la estación del AVE llevado a cabo por Rafael Moneo… y guardado en un cajón…

En el Poniente seguimos atascados. Después de superar los siete años de crisis que han proporcionado excusas a todos los gobiernos para justificar todo lo (in)justicable en el manejo de las tijera, nos sorprendieron a primeros de año con la críptica versión del “difícil problema administrativo” para admitir el estancamiento de las obras y, de repente, tras más de cien días con Gobierno en funciones en Madrid, la interinidad del Ejecutivo de Rajoy se ha convertido en la excusa oficial del PP.

¿Será una estrategia para mantenernos en vilo? Por más que preguntamos los periodistas, no hay manera de saber qué enigmático papel está torpedeando ahora el proyecto y más misterioso resultará adivinar por qué la solución habría de pasar por que la ministra “en funciones” Ana Pastor tenga que “prevaricar”…

En Cuba Vivir del cuento es el título del programa humorístico más seguido en el país. La verdad de la isla no se cuenta en los telediarios, la relata Pánfilo en grado superlativo. Y supone, cada semana, un momento de catarsis nacional. Me pregunto si el problema en España es que nos falta un Pánfilo que nos cuente, por ejemplo, por qué en 2015 Fomento sólo ejecutó el 57% del presupuesto aprobado para el AVE a Granada y en el eje gallego superó el 120%.

pánfilo

Esta cara (la de Pánfilo) podría ser la de cualquier granadino ante el ‘desafío’ de las infraestructuras… Del enfado hemos pasado a la resignación, a la incredulidad… y al pasotismo!

¿A qué aspira Granada?

Magdalena Trillo | 22 de febrero de 2015 a las 22:12

Simplificando mucho, el problema del Atrio que Álvaro Siza ha diseñado como gran puerta de entrada a la Alhambra es que es mucho proyecto para Granada. ¡Otra vez! Ya nos pasó con la grandiosa estación del AVE que el Gobierno socialista encargó a Rafael Moneo en 2009 para resarcir a la ciudad por tantos años de comunicaciones tercermundistas y promesas incumplidas y, sólo un poco después, lo tendríamos que volver a vivir con el Teatro de la Ópera de Kengo Kuma, aquel espectacular Granatum con el que el arquitecto japonés ganó hace siete años el concurso de ideas que culminó un interminable debate sobre si Granada necesitaba o no un gran espacio escénico. Al final dijimos ‘sí’ pero la realidad nos corrigió.

Los dos proyectos están en un cajón. Los dos se plantearon con ambición y los dos han sucumbido a la crisis y a las propias dinámicas destructivas de esta ciudad. El AVE se ha descafeinado por el camino y nada tienen que ver los 570 millones que iban a invertirse en la Estación Mariana Pineda con el parcheo que se está realizando en estos momentos en Renfe para recibir un tren low cost, sin soterramiento en La Chana y con una más que cuestionable velocidad. Bien es cierto que, esta vez, llegará. Con un alto precio para Granada -¿alguien confía en que el proyecto sea a medio plazo reversible’-, pero llegará. Y casi al mismo tiempo que lograremos terminar las obras malditas de la A-7 y veremos el Metro empezar a funcionar.

El vanguardista edificio de Kengo Kuma, un arriesgado proyecto que nada más darse a conocer se convirtió en un referente arquitectónico para profesionales y alumnos, se concibió como una granada abierta a la Vega que coqueteaba en la distancia con la Alhambra y Sierra Nevada, dialogaba con el Parque de las Ciencias y el Museo de la Memoria y dotaba a la ciudad de un auditorio con 1.500 localidades técnicamente preparado para poder programar espectáculos de primer nivel de teatro, danza y, por fin, ópera. No era (sólo) un proyecto para ser contemplado; era un proyecto para ser “experimentado”.

Esta semana nos contaban que técnicamente no está muerto, que está en fase de “supervisión” en la Consejería de Cultura y que, incluso, podría rescatarse si se consiguen unos fondos europeos que están pendientes de consignación. Por Sevilla, de momento, no quieren ni oír hablar de Kengo Kuma. Si los 45 millones que se destinarán en cinco años al Atrio han conseguido despertar el fantasma del turista ‘mochilero’ y hasta IU se ha posicionado en contra después de firmar un convenio para financiarlo (el mal de la incoherencia no es exclusivo de socialistas y populares), imagínense lo que podríamos armar si recuperamos el Granatum del japonés y no sólo pensamos en construirlo sino también en mantenerlo y en programar.

Pero, sinceramente, una cosa es la prudencia y la tan reclamada “sostenibilidad” y otra bien distinta la miopía. ¿No tenemos ya bastantes chapuzas en Granada? ¿No nos fustigamos lo suficiente viendo la actividad del faraónico aeropuerto de la Costa del Sol con su casi centenar de conexiones internacionales? ¿No nos lamentamos del salto que Málaga ha dado en su oferta cultural con los millonarios proyectos museísticos que su alcalde (también del PP) ha sacado adelante en plena crisis y nos empezamos a preocupar por si aquí, también, perdemos liderazgo?

¡En qué quedamos! Debería dar miedo pensar qué nueva polémica nos vamos a enredar en los próximos meses cuando Granada culmine las grandes infraestructuras que nos han tenido ocupados en la última década. La línea marítima a Melilla promete pero, sin duda, resultará más jugoso -y mediático- lanzarse sobre la Colina Roja. O sobre la Sierra. Me niego a defender que es algo consustancial al ADN del granadino. Y menos ahora… que hasta los científicos han desmontado el asentadísimo mito de que la alta montaña multiplica las posibilidades de sufrir un infarto.

Nada puede haber en el ambiente de esta Granada que siempre ha sabido cautivar viajeros y fascinar hacia fuera para que, de puertas adentro, nos repleguemos y no seamos capaces siquiera de permitirnos el lujo de tener aspiraciones. Y no hablo de dibujar castillos en el aire; hablo de empezar resolviendo nuestro problema de autoestima y falta de visión. Hablo de tener personalidad para saber hacia dónde queremos que camine Granada sin copiar al de al lado ni entrar en insufribles disputas de agravios. Hablo de lograr un mínimo consenso político y social para saber por qué vamos a luchar. Hablo de no acomodarnos pidiendo el ‘café para todos’ en todas las escalas.

¿De verdad no queremos subir a la Alhambra cualquier noche de verano del Festival y terminar la velada tomando unas copas en la terraza del restaurante que ha diseñado Álvaro Siza? ¿No nos gustaría llegar a un parking decente sin doblarnos un tobillo al salir del coche? ¿No preferirán los turistas hacer cola para comprar una entrada sin mojarse cuando llueve, helarse de frío o morirse de un sofoco? Nos equivocamos de debate si lo reducimos a oportunismos (e inoportunismos) electorales. Puede -y debe- haber discusión pero atrevámonos, por una vez, a no pensar a la defensiva y hagámoslo con un planteamiento constructivo. Se puede entender que ni la estación de Moneo ni el Teatro de Kengo Kuma hayan sido proyectos asumibles en momentos de durísimos recortes. Pero el de Alvaro Siza, al menos en teoría, se podría afrontar: ¿no sentiriamos envidia si el proyecto si se hubiera planteado para Málaga?

Aunque sorprende la intensidad del revuelo cuando hace más de cuatro años que se aprobó el proyecto y se dio a conocer, entendamos que es ahora, en el momento en el que nos recuerdan que (éste sí) se va a ejecutar y vamos al detalle de la obra, cuando toca el turno de la polémica…

Desde el punto de vista arquitectónico, pocas voces lo cuestionan. La envergadura de la actuación y la financiación es otro tema. Y, por supuesto, en el trasfondo siempre está el recurrente debate sobre el aislamiento de la Alhambra y el agrio cuestionamiento a la política de gestión actual. Del “no sostenible” y el “disparate” al miedo de convertir el monumento en una “isla” para turistas.

Dicen que perjudicará a los hosteleros: ¿alguna vez dejarán de quejarse nuestros empresarios del sector turístico?, ¿alguna vez les oiremos confesar que les va bien? Dicen que es un “exceso” cuando hay tantas necesidades de inversión cultural en Granada y cuando la propia Junta de Andalucía está recortando inversiones de mayor necesidad social: ¿estaríamos con este debate si no se hubiera convocado el 22-M y faltaran menos de tres meses para las municipales? Dicen que “no es el momento”: ¿alguien sabe cuándo es el momento de que nos pongamos de acuerdo en algo en esta ciudad?

Estaría bien empezar preguntándonos, -y contestando con honestidad-, si saben los políticos, si saben los responsables institucionales, si sabemos nosotros, a qué aspiramos.

Víctimas de la queja

Magdalena Trillo | 1 de julio de 2012 a las 9:57

No es necesario recurrir a ninguna estadística para confirmar lo que vivimos a diario: la crisis está deteriorando nuestra calidad de vida. Las perspectivas laborales, la movilidad y el transporte urbano se elevan en el caso de Granada como los grandes males de la capital; una obviedad si tenemos en cuenta los datos del paro y recordamos que hace cinco años sufrimos las obras de una ciudad abierta en canal. Si a la frustración por el desempleo sumamos el cabrero por los atascos y los viejos problemas de ruido y contaminación, el cóctel es explosivo. Tanto como para contradecir la imagen idílica que tienen los millones de turistas que nos visitan cada año y que sitúan Granada como uno de los destinos más atractivos del mundo.

El estudio que esta semana ha hecho público la OCU, donde Granada ocupa el puesto número 12 de las ciudades españolas con peor calidad de vida, se construye a partir de los indicadores que más “condicionan la vida urbana” y, si bien el factor del empleo termina arrastrando cualquier otro criterio, la conclusión es una percepción compartida sobre el deterioro de la educación y la sanidad, la seguridad ciudadana, la vivienda, la oferta cultural y deportiva y hasta el paisaje urbano: vivimos con la seguridad de que estamos peor que hace cinco año y la intuición de que iremos a peor.

Granada suspende en calidad de vida, pero también lo hacen Sevilla, Valencia, Murcia o Barcelona. No es consuelo pero es oportuno destacarlo por aquello del agravio, las herencias recibidas y las culpas… Precisamente entre agravios y culpas se diluyó este jueves el Debate del Estado de la Ciudad: poco que ofrecer y menos que prometer. Tal vez la prueba más elocuente de lo estéril que resultó sea que lo más noticioso del día fueron dos no-noticias: el anuncio de una reunión con el vicepresidenteValderas para “intentar” desbloquear los proyectos que llevan más de una década estancados y unas “inminentes novedades sobre el AVE” que desconcertaron más que aclararon. Sobre todo si tenemos en cuenta la anorexia de las cuentas públicas y la advertencia de “nuevos esfuerzos” con que Rajoy ya ha preparado el terreno para los próximos recortes y subidas de impuestos.

A cuenta de la Alta Velocidad, el alcalde insistía en que lo importante es que llegue el tren y las vías; que la estación ya se verá. Da la impresión, sin embargo, de que todoestá por ver. Lo primero, si pensamos que el Gobierno ya planea cargarse servicios ferroviarios en funcionamiento para ahorrar, empieza a no estar demasiado claro y lo segundo, el polémico proyecto de Rafael Moneo, se sitúa cada vez más en el terreno de la ciencia ficción. Porque no hay dinero y porque seguimos pensando que es “mucho proyecto” para esta ciudad. Con o sin crisis. La prueba es que en otros lugares, como en esa Málaga con la que tanto nos gusta compararnos, a nadie se le ha ocurrido hacer campaña contra un Premio Pritzker.

El mismo jueves, apenas terminar el debate, un amigo arquitecto me llamaba desde Málaga para contarme –con pena– cómo se había volcado toda la ciudad en la presentación del hotel de lujo que se levantará en el casco histórico con el prestigio y “gancho” del nombre de Moneo. Mientras en Granada nos tirábamos los trastos a la cabeza, la capital de la Costa del Sol, en un foro organizado por los compañeros de Málaga Hoy, seguía dándonos motivos para la envidia. Hablaron sobre arquitectura y urbanismo reflexionando sobre la belleza, la felicidad, la ética, la responsabilidad yhasta el sentido de lo público; sobre cómo el paisaje, el urbanismo, repercute en nuestra felicidad, en esa calidad de vida que se nos escapa entre los dedos a golpe de recortes y renuncias.

Moneo reconocía que el fin del siglo XX ha dado lugar a una arquitectura “víctima de la misma exuberancia que la vida social” y lamentaba que, en demasiadas ocasiones, haya perdido la “obligación de ser racional”. Hasta Torres Hurtado estaría de acuerdo con él… Con su punto de llegada, no con el de partida. Porque el límite entre lo racional y lo exuberante es tremendamente difuso. ¿No es racional querer un AVE con estación? ¿Es exuberante, en un destino turístico como Granada, aspirar a una Estación que se sume al patrimonio de la propia ciudad?

El AVE es sólo un ejemplo. Somos víctimas de los excesos puntuales de otros tiempos pero somos víctimas, por naturaleza, por convicción y por puro interés, de esa política de la queja y el agravio que nos permite dulcificar incapacidades y justificar errores. Hay que defender la contención, sí, pero no tenemos por qué elegir vivir peor.

La ciudad de volver a empezar

Magdalena Trillo | 19 de febrero de 2012 a las 9:18

A usted quién lo ha contratado? Quienes conocen bien a Torres Hurtado saben de su perseverancia. Ni olvida ni perdona. La estación del AVE diseñada por Rafael Moneo murió el mismo día de su presentación. Fue un 26 de abril de 2010. La maqueta del proyecto se montó en la Subdelegación del Gobierno y Rosa Aguilar, entonces ministra de Fomento, presidió el acto ante decenas de periodistas y autoridades junto al responsable de Adif y Víctor Morlán, aquel temido secretario de Estado que cada vez que aparecía por Granada tumbaba las promesas socialistas (Pezzi lo sufrió) con un pragmatismo tan sincero como políticamente incorrecto. La estación de Moneo ocuparía 45.000 metros cuadrados en la actual zona de Renfe y tendría dos plantas, una de ellas soterrada para dar acceso a los servicios ferroviarios y otra en superficie para acoger todos los equipamientos comerciales. El Metro cambiaría su trazado para atravesar la Avenida de Andaluces (34 millones de inversión extra) y lograr la famosa intermodalidad; AVE y Metro estarían conectados en el corazón de Granada.

Aquel día, más impactante que la maqueta era el ofuscado rostro del alcalde. Tenía cara de funeral. Y estalló. Ese no era el proyecto que quería para Granada. No era más que “hormigón, hormigón y hormigón” y se había urdido sin lealtad institucional, dando de lado a la ciudad. Desde entonces, Torres Hurtado no ha dejado de insistir en su idea de contar con “un gran pulmón verde” entre Pajaritos y Camino de Ronda (no esconde el potencial urbanístico de la zona) y denunciar que la estación se ha convertido de un obra “faraónica” innecesaria para una ciudad como Granada con un sobrecoste inasumible. Bien es cierto que el proyecto se desbloqueó al inicio de su mandato con la firma de un convenio que ascendía a 234 millones, que en 2010 ya se superaban los 570 millones (120 para la obra de Moneo) y que ya estamos en los 765 incluyendo toda la integración.

La crisis, la austeridad y los recortes de inversión que el Gobierno anunciará a finales de marzo cuando presente los presupuestos de 2012 son sólo un capítulo más que sumar a esta historia de desencuentros; otra obra conflictiva que, como tantas otras en esta ciudad, va más rápido hacia atrás que hacia adelante. Pero, ¿el problema es realmente económico? ¿Urbanístico? Nadie ha escuchado aún a Fomento decir que no haya dinero para la estación de Granada ni sabemos si el proyecto de Moneo puede tener cabida en el nuevo Plan de Infraestructuras que la ministra presentará en julio para ejecutar hasta 2024 con una partida de 77.400 millones sólo para carreteras y AVE. Ana Pastor, que se reunirá en unos días con Torres Hurtado, ya ha dejado claro que el programa primará “el rigor de las inversiones”, que el objetivo será “mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y aumentar la productividad del país” y que “el tiempo de las obras faraónicas, de los convenios sin dinero y de los aeropuertos sin tráfico ya ha terminado”. ¿Es la Estación de Moneo una obra faraónica?

No creo que Granada deba renunciar a una estación cercana que enlace con el Metro ni aceptar una solución de transición en aras de un control presupuestario mal entendido. La llegada del AVE se traducirá en empleo, riqueza y crecimiento y en esa “calidad de vida” que reivindicaba la ministra. ¿Hipotecamos el modelo de una ciudad y sus posibilidades de desarrollo durante décadas por la asfixia financiera de hoy?

La propuesta lanzada esta semana por un grupo de empresarios para cambiar la ubicación de la estación y llevarla a Bobadilla, en la zona de la antigua Azucarera de San Isidro, seguro que es más barata y rápida pero ya está acarreando más quebraderos de cabeza que soluciones. A la espera incluso de saber si es viable, el alcalde intrigaba aún más el viernes advirtiendo que no será la única propuesta que realice a la ministra. “Habrá sorpresas”, dijo. No sabemos si buenas o malas y tampoco si será para avanzar o para volver a empezar…

Apelemos al sentido común, a la altura de miras y a la responsabilidad: el diseño de una ciudad no se puede cambiar cada cuatro años en función de las urnas.

¿Responsabilidad o electoralismo?

Magdalena Trillo | 9 de enero de 2011 a las 11:52

Cuesta reconocer a Torres Hurtado cuando reclama austeridad, rechaza proyectos ‘faraónicos’ y pide sentido común en la gestión de los fondos públicos. Lo hizo este martes al criticar el estudio de detalle remitido por el Ministerio de Fomento para integrar el AVE en la ciudad y construir la estación diseñada por Rafael Moneo. 765 millones de euros. “Una barbaridad”. “Una tomadura de pelo”. ¿Un proyecto demasiado ambicioso para Granada? ¿Demasiado AVE para una ciudad que lleva décadas con infraestructuras tercermundistas?

No es compatible la nueva postura del alcalde sobre la Alta Velocidad con la política del agravio que tanta rentabilidad le ha reportado en los últimos ocho años de gobierno municipal. Recordarán a Torres Hurtado nada más ganar las elecciones denunciando el desprecio y abandono de la Junta hacia Granada y exigiendo actuaciones de primera. ¿Ahora queremos un AVE de juguete? ¿Un AVE de segunda? ¿Un AVE que deje La Chana partida por la mitad? ¿Un AVE sin conexiones porque los trenes han de guardar turno para llegar a la estación?

Cuesta reconocer en este Torres Hurtado al Torres Hurtado de las granadas gigantes en las rotondas de entrada a la ciudad. Al Torres Hurtado que, nada más llegar a la Alcaldía, puso en marcha el premio de poesía en lengua hispana con mayor dotación del mundo. Al Torres Hurtado que reformó con pólvora de rey la Gran Vía y colocó estatuas de vértigo en la Avenida de la Constitución. ¿Tienen en la memoria el tamaño de la cabeza del Gran Capitán? Esa es la dimensión, las aspiraciones, la ambición, con la que hasta ahora ha trabajado el equipo de gobierno. ¿Ahora toca responsabilidad o electoralismo?

Cuesta creer que no hay un trasfondo político –o una verdadera situación de bancarrota municipal– que justifique esta nueva querencia por lo mediocre. Ahora toca decir ‘no’ al AVE de Moneo dejando otra vez en el aire uno de los proyectos que más impacto social y económico van a tener en la Granada de las próximas décadas. ¿Le van a pedir al arquitecto que reforme su proyecto para ajustarse a la pequeñez de Granada?

Es cierto que hay una cuestión que es necesario aclarar: si el proyecto presentado es realmente asumible. Despejadas las dudas sobre las consecuencias de la Orden Ministerial aprobada por Fomento imponiendo más ajustes en la obra pública –ayer mismo se aclaró que no afecta a Granada–, habría que preguntarse si el Gobierno tiene liquidez para afrontar su parte del presupuesto millonario.

Siendo honestos, no sólo el Ayuntamiento se ha visto obligado a ‘ahogar’ sus ambiciones. Ahora también toca renunciar al Teatro de la Ópera –la Junta tampoco tiene dinero–, la A-7 sigue bloqueada, nos permitimos el lujo de dejar empantanado el Centro Lorca –aquí la culpa está repartida entre todas las administraciones– y hasta se nos ocurre despreciar una infraestructura tan vital como el aeropuerto animando a granadinos y turistas a que viajen desde Málaga. ¿Recuerdan las ‘recomendaciones’ de la concejal de Juventud?

Casi nos quedamos sin Centro Guerrero, el Palacio de Hielo de la Universiada no ha dejado de ‘encoger’ y el Milenio, con más voluntad que inversiones, intenta sortear la crisis reforzando un calendario cultural que sigue hundiéndose y olvidándose de aquellos macroconciertos que colocaban Granada en la primera línea de la escena musical española.

La Alhambra sigue en pie, Sierra Nevada tira del turismo y el Parque de las Ciencias continúa creciendo. Tal vez sean esas las mayores ambiciones a las que podamos aspirar. ¿Nos hemos muerto de fracasos?

El Centro FGL y la foto

Magdalena Trillo | 13 de febrero de 2010 a las 21:49

El Centro Lorca tendrá una imagen tan potente, versátil y universal como la figura del propio Federico”. He de confesar que cuando escribí estas palabras hace cinco años, el día que se falló el concurso de ideas para construir el edificio que debía recuperar para Granada el legado de Federico García Lorca, no tenía ni idea de cómo podría traducirse ese espíritu de libertad entre suelos de granito y paredes de hormigón. Cómo podría levantarse la luz sobre un estrecho solar de apenas 900 metros que colindaba con una chirriante churrería y que se asomaba a la plaza de la Romanilla desde una esquina fría y oscura maquillada con grafitis.

Recuerdo los nervios y la expectación de aquel domingo de enero. A media tarde, Rafael Moneo, presidente del jurado, compareció ante los periodistas en la capilla del AC Santa Paula y explicó el proyecto ganador: Lorca estaría unido para siempre a los Escenarios Urbanos de Mara Partida, Mónica Juvera, Héctor Mendoza y Boris Bezan. El jurado optó por el proyecto arquitectónico más innovador y vanguardista. El más atrevido.

A unas semanas de que concluya la obra, la Fundación Lorca nos ha permitido realizar una visita al edificio que se ha convertido en un viaje al corazón del poeta: el ‘edificio puerta’ que diseñó el equipo de arquitectos eslovenos y mexicanos es lo que se intuyó y mucho más. Aún no está el legado de Federico, pero sí su espíritu.

Es una gran escultura de hormigón blanco tallado que irradia futuro. Es un retrato fiel de aquella sugerente evocación que Vicente Aleixandre realizara un día de su amigo: “Los que le amamos y convivimos con él le vimos siempre el mismo, único y sin embargo cambiante, variable como la misma naturaleza”. Como un niño, como un ángel, como el agua, como una roca. Mágico.

Así es su centro. Los espacios flotan, se multiplican, aparecen de la nada y se esconden. Las soluciones arquitectónicas y constructivas son difíciles. Únicas. Espectaculares. Está tan integrado que no deja margen a la crítica. El gran cubo de acero ‘colgado’ del cielo que custodiará miles de hojas manuscritas, su biblioteca personal, su archivo fotográfico y cientos de cartas y documentos de enorme valor histórico, ya está preparado para albergar el legado. Para permitir que Granada se reconcilie con Federico; que el mundo se reencuentre con el poeta. Los telones del teatro están listos para subir; las butacas, impacientes por oír las risas de los niños.

Como Federico, es un centro “nacido para la libertad”. Como Federico, “pasa mágicamente por la vida”. Flotando, sin apoyar se jamás: “Iba y venía ante la vista de sus amigos con algo de genio alado que dispensa gracias, hace feliz un momento y escapa en seguida como la luz”.

Confesemos, todos, que ha costado volver a Federico. Repaso la hemeroteca y son cientos las páginas y los titulares que hemos publicado en los últimos años en este largo camino, ahora sí definitivo, para reconstruir esa indisoluble imagen de Lorca y Granada. Dentro de poco, los políticos podrán hacerse la foto y ponerse las medallas. Pero será, aún, un final en falso. Un principio cojo. Cuando se termine el centro, la continuidad entre el edificio y la plaza que idearon los arquitectos no se producirá. Seguirán faltando los chopos y el diálogo con la torre de la Catedral y la Sierra estará truncado.

Dice el Ayuntamiento que no tiene dinero: la crisis. Replica la Junta que no puede incluir la reforma en el Plan de Excelencia porque es una obra “puramente municipal”… El día que firmaron el convenio de colaboración, Chaves se enorgullecía de que “la misma sociedad que lo destruyó” haya sido capaz “de aliarse y comprometerse”. Pero háganlo bien. Busquen una solución. No pasen la vergüenza de hacerse una foto sin haber cumplido lo prometido.