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Urnas en diferido

Magdalena Trillo | 29 de mayo de 2018 a las 10:00

La pregunta no es qué -volvemos a las urnas sí o sí- sino cuándo, cómo, con qué coste y con qué protagonistas. De momento, lo único seguro es que todos los escenarios son complejos, que todos tienen más sombras que luces y que ninguno nos salva de volver a sumirnos en la insoportable travesía de ingobernabilidad que sufrimos con las elecciones de 2015.

Aunque “echar a Rajoy” se ha convertido en un objetivo transversal tras la demoledora sentencia de la Gürtel -inaudito si recordamos las líneas rojas que se levantaron hace dos años para formar gobierno-, tenemos demasiados precedentes para no pensar que sería una ingenuidad dar por muerto al líder del PP y mucho más subestimar a sus votantes.

Las encuestas recogen tendencias pero no votos y basta recordar el Brexit o los fallidos sondeos de los sorpassos para enfrentarnos a la dura realidad: las urnas pueden ser la solución -al menos una salida al bloqueo- o pueden ser una encerrona -pensemos en Cataluña o miremos en Italia el explosivo cóctel de populistas de izquierdas y de derechas haciendo como que gobiernan-.

¿Una moción de confianza? Para alguien como Rajoy que hace sólo unos días se veía con “ánimo” para seguir dos años más y hasta para repetir, recurrir a este instrumento democrático significaría tomar la iniciativa y asumir que ha perdido la legitimidad para gobernar cuando ni siquiera se da por aludido por la corrupción. No es viable.

¿La moción de censura? Era la única hoja de ruta transitable para Pedro Sánchez pero resulta igual de peligrosa si prospera -con el altísimo precio de los independentistas- como si fracasa y debilita aún más al (supuesto) líder de la oposición. Porque, bajo los grandilocuentes discursos con que nos distraen estos días todos los partidos, lo que hay es cálculo electoral.

Ciudadanos no se esconde: quiere elecciones y las quiere ya. Pero se olvida de que en 54 días son muchas las páginas que pueden distorsionar la fotografía de los sondeos y, sobre todo, pasa por alto que ni tienen estructura de partido ni tienen equipo para gobernar. Lo de fichar a independientes y aplicar sofisticados métodos de selección vende muy bien, pero la realidad es mucho más exigente e impredecible.

En sus filas ya hay quienes reconocen que tanto poder, y tan rápido, los puede llevar al borde del abismo. Ese mismo que, al otro lado del tablero, acorrala a un PP que parece soñar con una comparecencia exprés de su presidente: con tele de plasma si hace falta, pero anunciando elecciones en diferido (el tiempo suficiente para calmar las aguas y sacar partido a los recién aprobados PGE) y situando a Núñez Feijóo como candidato. ¿Demasiado para Rajoy?

Que gobierne Soraya

Magdalena Trillo | 27 de mayo de 2018 a las 11:00

El tiempo de Rajoy se ha acabado. Lo clama toda la oposición y lo saben los suyos. Incluida esa guardia pretoriana que se dopa a diario con la calculadora del empleo pensando que “España va bien” y que volverá a amainar. La economía ya no es suficiente. En apenas unas horas, la euforia del Gobierno por la aprobación de los Presupuestos del Estado -sometidos una vez más al chantaje del nacionalismo vasco y de las fuerzas más minoritarias del arco parlamentario- se ha transformado en un funeral.

La prima de riesgo se ha despertado y Bruselas no tardará en apretar el cinturón cuando salten las alarmas del déficit con la revalorización de las pensiones, la subida salarial de los funcionarios y el recorte de los impuestos. Y es que nada era posible hasta que fue. De momento, de los “burócratas de las tijeras” nos salva el estado de infarto de Europa ante el órdago que les acaba de lanzar Italia con explosiva unión de los ultras de la Liga Norte y los populistas del M5E ensayando su particular república feliz. Sin lunes y sin acné…

El momento selfie de Montoro se diluyó como en Snapchat con la apisonadora de la Gürtel. La sentencia de la Audiencia Nacional que retumbó el jueves los pilares de Génova -insuperable el meme del edificio en venta por traslado masivo a Soto del Real- es sólo el principio. Hubo caja B en el PP, queda probada la financiación ilegal del partido y se constata la existencia de “un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional” a través de contratos manipulados “en la administración pública central, autonómica y local”.

El muro de contención del presidente del Gobierno se ha resquebrajado y se ha llevado por delante el comodín de dos años que acababa de conseguir con los PGE. En este punto, el único interrogante que planea sobre un partido golpeado estructuralmente por la corrupción -la rotunda sentencia se ha llevado por delante tanto la defensa de que eran “casos aislados” como el escudo de que era “otro PP”- es cuánto tiempo, con cuántos errores de estrategia y con qué coste se asumirá la caída.

Porque después de la Gürtel vendrán los papeles de Bárcenas con un Rajoy especialmente vulnerable: ni siquiera los jueces lo consideraron “creíble” cuando fue a declarar como testigo -el 26 de julio llegó a decir en sede judicial que “jamás” oyó hablar de “financiación irregular”- y la previsible entrada en prisión de Rosalía Iglesias, la mujer del extesorero del PP, ha hecho saltar todas las alarmas sobre lo mucho que aún se pueda barrer bajo las alfombras.

Entre los 1.687 folios de la sentencia no sólo están los grandes titulares que estos días han ocupado el foco mediático: desde los 33 años de cárcel para Luis Bárcenas y los 51 para el cabecilla de la Gürtel, Francisco Correa, hasta la condena directa al PP obligándolo a pagar 240.000 euros como partícipe a título lucrativo. Los que se deslizan entre líneas no son menores: “Rosalía no es un simple objeto”. La Sección Penal Segunda se pronuncia feminista y advierte que el tribunal “no puede consentir” que se crea una ignorancia deliberada -el papel de mujer objeto que se limita a firmar lo que le dice su marido- en alguien que demuestra todo lo contrario.

Lo sufrimos durante meses con la despistada exministra Ana Mato, lo utilizó la infanta Cristina intentando rebajar su responsabilidad en el caso Noos y ha sido un clásico en los tribunales aunque cada vez con menos éxito -recuerden si no la ejemplaridad de Isabel Pantoja entrando en prisión con una condena menor-. La sentencia de la Gürtel va en esta misma dirección: todos iguales ante ley; para lo bueno y para lo malo… Desde este planteamiento, vuelvo a la crisis de Rajoy con una (medio) salida -la opción Soraya- que tal vez sea una de las pocas jugadas dignas que le queden al líder de los populares.

El relevo fue la solución que el PP pactó con Cs en los casos de Murcia y de Madrid y ahora podría dar un inesperado quiebro a la situación de tensión y bloqueo que se ha instalado con la moción de censura del PSOE. No obstante, Rivera ni plantea el recambio sabiendo el daño electoral que supondría para su partido situar a alguien como la vicepresidenta al frente del Ejecutivo y es un recorrido que choca de plano con la esencia de la era Rajoy: aguantar y no hacer nada…

Rajoy feminista

Magdalena Trillo | 11 de marzo de 2018 a las 12:55

Había pensado empezar el artículo con unas fechas, dos ciudades y un intervalo de medio siglo: París, 1968-Madrid 2018. A ello iba a unirle una rectificación personal que, siendo sincera, me ha costado más de una década asimilar: sí a las cuotas y sí a la discriminación positiva. Hace más de una década me tacharon de ingenua y de ingrata por posicionarme en contra. Aunque no creo que lo fuera entonces -lo pensaba de verdad- y no soy una iluminada ni una radical ahora, tal vez sea el efecto boomerang a la inercia machista que lleva siglos instalada en nuestra sociedad -con el persistente patriarcado- y a la regresión que estamos viviendo en los últimos años.

Asumirlo no es fácil. Pero estoy descubriendo que, a diferencia de lo que suele ocurrir con la brecha de la edad -que tiende a atemperar los ánimos, que nos transmuta en maduros, conservadores y moderados-, las canas de las mareas moradas vienen cargadas de rebeldía. La inevitable, la imprescindible, para poner a cero la relación entre hombres y mujeres. Para lograr la igualdad efectiva. La pública y la privada. La oficial y la cotidiana. La de verdad.

Así, entre las tensiones locales y globales del movimiento feminista, llegué a cuestionarme si podría ser hasta un atrevimiento comparar lo que hemos vivido esta semana en España con el mitificado Mayo Francés. Por la evidente falta de perspectiva histórica y por la incertidumbre sobre el impacto real que tendrá la gigantesca ola de reivindicación y toma de conciencia que se ha expandido por un centenar de países de todo el mundo derribando fronteras geográficas, generacionales, de clases y (casi) políticas.

Las dos reflexiones, la general y la personal, se me han descafeinado en cuestión de horas: ¿Se ha producido una revelación global y ya somos todos feministas? ¿Ha transmutado en virus virulento el movimiento por la igualdad? ¿Rajoy cómplice y con lazo morado?

Más importante que las fotos del 8-M será la gestión del día después, la capacidad que tengamos para trasladar las palabras a los hechos. A nivel institucional, a nivel social y a nivel privado. En lo recomendable y en lo exigible. Desde lo más invisible y consentido del micromachismo hasta lo más alarmante del acoso, la explotación sexual y la violencia de género pasando por los espejismos escurridizos de la conciliación laboral y de la brecha salarial.

Aquí entra la revisión de Ley de Igualdad que el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía comenzó a tramitar este martes. Es valiente en la apariencia y en la letra pequeña. El titular periodístico era evidente -multas de hasta 120.000 euros por casos graves de discriminación de la mujer- pero lo que pondrá a prueba su utilidad real y efectiva es el trasfondo: la carga de medidas para la coeducación en todos los ámbitos y sectores, para desmontar el patriarcado desde abajo y para contagiar los logros que la política ha impuesto en las últimas décadas en lo público al resistente y acomodaticio terreno de lo privado.

Me atrevería a ser optimista. Y no me conduce a ello el criticado manifiesto del 8-M -más que por revolucionario y radical, naufraga por confuso, partidista y demagogo- sino el pragmatismo. Las grandes empresas están comprobando -y tienen cifras que así lo corroboran- que la igualdad es rentable. Las razones éticas y de justicia social entran en juego pero también las contables que tienen que ver con la productividad y la competitividad. Ya hay informes que revelan un aumento de beneficios de hasta 9 puntos en compañías que tienen un índice de diversidad superior a la media. El “miedo a contratar mujeres” se empieza a desactivar ante la “oportunidad” de aprovechar mejor el talento; las barreras mentales, también.

Que lo exponga la consejera delegada de Telefónica tiene un plus de credibilidad, el que da haber escalado en un sector tan excluy ente como el tecnológico dinamitando el techo de cristal. Que lo comparta el director territorial de Endesa, corroborando los efectos tangibles que está significando en su compañía aplicar un plan de diversidad, nos debería llevar a la reflexión. María Jesús Almanzor y Francisco Arteaga participaban esta semana junto a la consejera de Igualdad, María José Sánchez Rubio, en una mesa de debate organizada por Grupo Joly sobre Cómo y por qué promover la diversidad en la empresa que tuve la oportunidad de moderar.

Les aseguro que no es fácil que hombres y mujeres, del ámbito público y del privado, de pequeñas empresas y de grandes corporaciones, coincidan hasta en lo más controvertido y polémico: no podemos permitirnos mirar para otro lado y tardar un siglo en conseguir la igualdad. No podemos dejar que ocurra; hay que actuar. Hay que provocar el cambio. Y, sí, no hay transformación, involución, sin una pequeña-gran revolución detrás.

Y aquí llegamos de lleno a Rajoy. No creo que haya visto la luz y se haya vuelto feminista de repente -ni él ni muchos de los suyos-. Tampoco creo que se haya asustado del movimiento violeta por mucho que pueda recordar a aquel 15-M que ahora lo acorrala en las encuestas. Lo sitúo más en un plano de prudencia y de estrategia. De oportunismo, tal vez, y puede que hasta de postureo.

Pero aun así me vale. Me sirve que reconozca que metió la pata cuando prefirió no meterse en el “lío” de la brecha salarial y que se haya desmarcado ahora de la innecesaria provocación de la huelga a la japonesa. Es uno más para la causa y no es uno cualquiera; es el presidente del Gobierno y podría, por ejemplo, buscar la fórmula para desbloquear los 200 millones comprometidos para luchar contra la violencia machista…

Si queremos pasar de la marea de las fotos a la marea de los hechos, necesitamos todas las gotas. ¿Ahora interesa ser feminista? ¿Competimos en los partidos a ver quién es más feminista? Bien. ¡Aprovechémoslo!

Los ninja entran en política

Magdalena Trillo | 24 de enero de 2016 a las 10:32

La España que a diario retratan los compañeros de El Mundo Today empieza a parecerse peligrosamente a la España real. Al menos a la que ‘oficialmente’ recogemos en los periódicos que aún imprimimos en pesadas rotativas del siglo XIX: Felipe VI se reúne con Donatello, de las Tortugas Ninja, en su ronda de consultas; Mariano Rajoy llama a la Generalitat haciéndose pasar por un imitador de Rajoy (no ha conseguido hablar con Puigdemont porque éste tiene la agenda muy apretada); Podemos pide al PSOE que ponga pendientes a varios diputados a cambio de un pacto; Urdangarin responderá a las preguntas del fiscal escribiendo las respuestas en billetes de 500 euros; La CUP buscará a un informático para que reinicie el procés.

Son parodias y no lo son. Es un diario online satírico, con contenidos “totalmente humorísticos y ficticios”, hasta que la realidad demuestra todo lo contrario. Pienso en la sesión intensiva que nos ofrecen todos los años desde Cádiz con su carnaval, en el éxito viral que consiguen las publicaciones más irreverentes, los comentarios más mordaces, y me pregunto si alguien habrá escrito ya una tesis sobre cómo el humor nos ha salvado a los españoles. De nuevas guerras y de nosotros mismos. De nuestros sueños excesivos y de nuestros complejos suicidas.

Siempre he desconfiado de las personas que no tienen sentido del humor y siempre he creído que, al mismo nivel que la libertad, debería estar el derecho al ridículo. A provocarlo y a sufrirlo. Digo todo esto por la portada del periódico nacional que el viernes colocó a Pedro Sánchez saludando a una tortuga ninja (con un antifaz sospechosamente morado) y el revuelo que se organizó al segundo en Twitter a cuenta de los ‘medios serios’ españoles…

portada ninja

Y lo digo por el atrevimiento de los periodistas de una radio catalana para llamar a Mariano Rajoy haciéndose pasar por el presidente de la Generalitat. ¿Lo criticamos o lo defendemos? Porque cómo iban a prever en Abc el “inédito” giro de las negociaciones de investidura para formar gobierno que se produciría sólo unas horas más tarde con el líder de Podemos rompiendo la partida y el cabeza de lista del partido ganador diciéndole al Rey que se lo va a pensar mejor… Y cómo iban a esperar los bromistas de Ràdio Flaixbac que un político que lleva años huyendo de los focos y que mantiene los filtros como jefe del Ejecutivo en funciones iba a terminar poniéndose al teléfono…

En el manual del ‘buen periodista’ estaba el principio no escrito de no frivolizar con los temas importantes lo mismo que sentenciaba el refranero popular que “no se juega con las cosas de comer”. El tiempo verbal no lo tengo claro. No sé si podemos mantenerlo en la Sociedad Espectáculo de hoy y ante una Generación Márketing que respira “oxígeno, nitrógeno, argón, ácido carbónico y… publicidad”. Y propaganda. Y puro entretenimiento. No sé si es compatible con esa Generación TIC que ya ha asumido que no puede vivir al margen del mundo tecnológico de Internet, pero tampoco ser inmune a su juego.

Hace tiempo que el ‘gaming‘ dejó de estar restringido al mundo de los videojuegos. Hablar del “plasma” de Rajoy resulta prehistórico cuando, desde las universidades y desde la industria, se coquetea ya con la profecía de avatares construidos, prácticamente idénticos a personas fallecidas y copias de seguridad de nuestro cerebro subidas a la nube (no lo dice un chamán sino el director de ingeniería de Google, Ray Kurzweil, el mismo experto en inteligencia artificial que sorprendía en los 90 vaticinando la expansión exponencial de Internet).

Cuando ‘revolucionarios’ como Nicholas Negroponte, el visionario del MIT MediaLab que habló hace más de treinta años de pantallas táctiles, libros electrónicos y teleconferencias, sitúan en el terreno de lo factible que dentro de poco podamos aprender idiomas “con tan sólo tomar una pastilla”, llegando a nuestro cerebro a través del “torrente sanguíneo” y recurriendo a “nanorobots”.

Poco importa si son una secuela de los cómic de los 80 los ninja que se cuelan en la política o una imagen desde nuestro móvil en formato tridimensional. No me quedo tanto en la trascendencia de la broma como en la preocupación por el impacto final del ruido de desinformación que fluye en los medios y en las redes sociales. No sé si las hojas nos dejan ver el bosque. Si estamos destruyendo la forma intuitiva en que hasta ahora habíamos sido capaces de distinguir un buen libro de un panfleto, una noticia a cinco columnas de un breve, el artículo de un buen columnista del comentario insustancial de un youtuber quinceañero.

Todo está al mismo tamaño en el ciberespacio. A la misma distancia de nosotros. Perfectamente estandarizado. Me da la sensación de que hemos situado toda nuestra vida en una línea plana sin altibajos. Tal y como leemos en internet.

Un artículo de Vila-Sanjuán me puso el otro día en la pista de unos interesantes estudios realizado por el profesor californiano Jackson Bliss sobre el efecto que están teniendo las pantallas y las nuevas formas de acceder a los contenidos: “Leemos de manera cada vez más impaciente, con el afán de reafirmar nuestro sistema de creencias, buscando argumentos claros y concisos”. Impacientes por opinar, sumidos en la dispersión y con un creciente “efecto de amnesia” que nos lleva a olvidar no sólo las características de lo que hemos leído, sino también dónde y quién lo escribió.

Pero el envoltorio importa. Importa que la foto de Pedro Sánchez con Donatello en Fitur circule anodina por Twitter o aparezca en la portada de un periódico con el tendencioso titular de “Amistades peligrosas”. Importa qué y cómo leemos porque al final es nuestra ventana al mundo -físico y digital- y el pilar mismo de nuestro sistema de valores. Juguemos pero sabiendo que jugamos, a qué jugamos y con quién.
El viernes unos alumnos me preguntaron en clase por la portada ninja. Un grupo denunciaba que era una burda manipulación periodística -ni siquiera se habían percatado que todo surgió por una inocente foto en Fitur- y otro, hasta que la vieron perplejos en el kiosko digital, defendía que era una broma en las redes del estilo El Mundo Today. Juguemos pero siendo conscientes de que el interlocutor sabe que jugamos. Importa el qué tanto como el quién, el cómo y el para qué.

Presunción de culpabilidad

Magdalena Trillo | 2 de noviembre de 2014 a las 10:16

Lo bueno de la doctrina católica, esa que con tanta vehemencia siguen desde la derecha y tanto protege la izquierda cuando gobierna, es que siempre deja una salida honrosa a los pecadores. Lo recordarán de los obligados años de catequesis: examen de conciencia, acto de contrición, confesión de los pecados, propósito de enmienda y penitencia. Superados los escalones del purgatorio, no hay que pasar la vergüenza pública de pedir perdón, se evita la ‘pena del telediario’ y no hay que soportar una estancia entre rejas para aspirar a la salvación. Por muy grave que sea el comportamiento, de pensamiento, palabra, obra u omisión, la Iglesia resetea nuestra conciencia.

Entre el escándalo de la nueva ‘trama Gürtel’ que se ha destapado esta semana en Madrid y el ex ministro Acebes dando explicaciones al juez por la caja B del PP, el presidente del Gobierno no ha tenido más remedio que reconocer lo que el resto de españoles ya sabíamos: la indignante corrupción política que soporta el país. Pero dice Rajoy que “no hay impunidad”. ¿No? Tal vez lo pueda defender en ese reino de los cielos que los grandes partidos no tienen ni idea de cómo blindar ante el ‘asalto’ que planea Podemos, pero es bastante más que discutible en el terrenal. Bastaría con calcular quiénes están realmente en prisión -otro debate es en qué condiciones de exclusividad y por cuánto tiempo- y cuantificar cuánto dinero se ha recuperado hasta ahora del saqueo, la estafa y la extorsión.

En apenas seis meses, la Policía Nacional ha abierto 1.100 investigaciones contra la delincuencia económica. Un simple dato que sumar al mapa de la corrupción, esa ‘nueva España política’ repleta de reventones chorizos que circula por las redes y que no deja de ser reflejo de sus excesos (ellos sí que han vivido por encima de sus posibilidades) y de nuestro propio fracaso colectivo.

Siempre que se produce una tragedia, desde los accidentes aéreos y ferroviarios a la crisis del ébola, concluimos que ha habido una inesperada concatenación de errores. Todo lo que podía salir mal salió mal. Aplíquenlo a los corruptos: la obsesión por el lujo y la riqueza, el fatídico ejemplo de éxito del ‘listo’ del vecino y, sobre todo, la oportunidad. Falla la persona y fallan los controles. La tentación los hace a todos un poco más iguales.

Los partidos llevan meses contraponiendo a la ira ciudadana promesas de transparencia y regeneración. Palabras vacías sobre palabras vacías. Ahora toca pedir perdón y clamar por la refundación… el propósito de enmienda… Hay hasta quienes están dispuestos a renegar de su propio nombre e identidad (Valls quiere eliminar la palabra “socialista” del partido en Francia) o diluirse bajo el paraguas de unas siglas mejor vistas como planea IU con Ganemos. Pero, allí y aquí, siguen siendo palabras y estrategias electorales. Intenciones poco creíbles. Hemos transformado el “y tú más” en el “y yo más” para seguir jugando a la dialéctica. Ya no se sostiene aquello de que “todos no somos iguales” del mismo modo que hemos transformado la presunción de inocencia en la presunción de culpabilidad: todos sospechosos hasta que demuestren lo contrario.

¿Es una irresponsabilidad clamar que “todos son iguales”? Tal vez. Pero el riesgo de quiebra es mayor si siguen sin escuchar. Y no sólo los que acabarán en el Soto del Real como ocurrió el viernes con el ex consejero madrileño Francisco Granados. También los pequeños. Porque tanta ira suscitan los de los paraísos fiscales como los que se dedican al trapicheo. También hay que acabar con la corrupción de poca monta, con las puertas giratorias de recolocación, con los favoritismos y el enchufismo en las instituciones, con los facturas infladas y las facturas falsas, con las comidas de amigotes que pagamos usted y yo… Hagan la prueba y piensen en su entorno: ¿Cuántos casos de desmanes conocen de cerca? ¿A cuántos aprendices de corruptos?

Pero no todo está perdido. Hoy mismo publicamos un amplio informe sobre el control de los gastos de representación en las cajas y administraciones locales que parece llevarnos a un escenario de esperanza tras la expiación: no hay tarjetas de uso discrecional y se audita hasta el último euro. Seguro que hay rendijas, pero los controles y la actitud han cambiado. No gracias a ellos; por nosotros. Bienvenidos los ciudadanos que no ‘pasan’ de la política y están ejerciendo un implacable papel de ‘quinto poder’.

Se acabaron las utopías

Magdalena Trillo | 22 de abril de 2012 a las 9:37

REFORMAS o recortes. Para solucionar deficiencias o para hacer caja. Para ser más competitivos o para contentar a los mercados. ¿Tiene realmente el equipo de Rajoy una hoja de ruta para salir de la crisis o es su gobierno una peligrosa reacción impulsiva a cada bajada del Íbex? ¿Negocia o impone? La improvisación, la descoordinación y las progresivas rectificaciones que han acompañado en los últimos días a la mayor transformación del Estado que se ha planteado en treinta años de democracia sólo tiene una lectura posible: estamos utilizando la crisis financiera para minar la España de las Autonomías y desmantelar la justicia, la sanidad y la educación tal y como las conocíamos hasta ahora: gratuita, igualitaria y universal.

Notas de prensa a las cinco de la tarde que esconden un ajuste extra de 10.000 millones con el que el Ejecutivo invalida su propio presupuesto y confirma su enésimo incumplimiento del programa electoral. Rajoy huyendo por el garaje del Senado para no dar la cara ante los periodistas, el anuncio del copago farmacéutico en una filtración periodística desde México… ¿No eran los socialistas los que tenían problemas de comunicación? La realidad es tozuda: ni bastaba con sacar a Zapatero de La Moncloa para calmar a los inversores ni era suficiente enarbolar la gaviota azul para generar confianza y credibilidad. Ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.

Lo comprobamos ‘fuera’ cada mañana cuando nos disputamos con los italianos la prima de riesgo más alta y cercana al rescate; nos lo recuerda el FMI cuando advierte que este año llegaremos al 6% de déficit (no el 5,3 comprometido) y nos alerta del “riesgo financiero” que supone que vivamos más de la cuenta; lo sufrimos al otro lado del Atlántico cuando la señora Kirchner expolia tan alegremente Repsol, aunque sea tras tener que aclarar que es la “presidenta de Argentina y no una patatera”; y decepciona cuando se envilece la campaña electoral francesa con Sarkozy y Hollande atacando a España para ganar votos con el mensaje del contagio y el miedo.

Tampoco ‘dentro’ se puede ser creíble cuando se anuncian medidas para ahorrar 7.000 millones en sanidad sin entregar ni un solo papel a los consejeros que han de aplicarlas, sin aportar una memoria económica que detalle el impacto real del plan de reforma y sin estudios sólidos que expliquen, y justifiquen, que “el sistema no es sostenible” y que es mejor camino cobrar por las medicinas a los pensionistas que reducir la cuenta de resultados de las farmacéuticas.

Sería iluso negar que no hay deficiencias, abusos y hasta despilfarro en nuestra sanidad (3.700 toneladas de medicinas se tiran a la basura al año), pero nadie del Gobierno ha aportado de momento ni una sola prueba de que el polémico ‘repago’ sirva para atajar tales problemas. Más bien al contrario. Nuestros vecinos portugueses, por ejemplo, empezaron a aplicarlo hace 25 años con la misma finalidad y ya han extendido el cobro de los fármacos a las consultas del médico de familia, al especialista y las urgencias sin que se haya reducido el déficit. Hoy, un millón y medio de usuarios lusos no tienen médico asignado y se ven obligados a hacer cola de madrugada a las puertas de los centros de salud para ser atendidos.

El mensaje del Gobierno, obviamente, es diferente: los parados sin prestación no tendrán que pagar por sus medicamentos, los jubilados lo harán según su renta y se acabará con el fraude del turismo sanitario. Todo bondades y equidad. Si en Andalucía, País Vasco y Canarias también gobernara el PP sólo podríamos aplaudir al Gobierno por su disposición a terminar con los “abusos” y poco sabríamos de la letra pequeña. Como la que conocimos el viernes tras la aprobación del decreto-ley: que también se va modificar la ley de extranjería contra los ‘sin papeles’. El padrón no será suficiente para acceder a la tarjeta y, eso sí, ahorraremos 500 millones.

Siempre he pensado que más peligrosas que las mentiras son las medias verdades. Por eso me ha resultado casi valiente escuchar al senador del PP Jesús Aguirre confesar hace unos días que, “pasadas las elecciones”, ya se puede hablar claro sobre la sanidad: “la solidaridad, universalidad o gratuidad son una utopía”. Lleva razón pero se queda corto. Lo que se han acabado en la España de Rajoy son las utopías.

Mesas y garajes

Magdalena Trillo | 8 de enero de 2012 a las 1:17

No es un artículo costumbrista; aunque podría… Los funcionarios son unos vagos, en los hospitales se dedican a robar medicinas, en los colegios se tiran medio año de vacaciones y, entre los cinco millones de parados, más de uno se añade ceros de extranjis a la prestación y demasiados presumen de rechazar un empleo apostados en la barra del bar, jugando al dominó y comiendo de papá Estado; o sea, de usted y de mí. No es una parodia; aunque podría… Cayetano es un señor impresentable, como Durán i Lleida, pero ambos llevan razón cuando dicen que en Andalucía no tenemos ambición, cuando denuncian los efectos narcotizantes de la política de la subvención y cuando atacan a los rehenes de las paguillas. No son cuentos; son historias de Navidad… La abuela que se indigna porque la gente del pueblo no quiere trabajar en la aceituna (si no es por los rumanos se queda en el árbol), la cuñada que fue testigo del chantaje de un tipo a su jefe para que no lo sacara del paro, el vecino que tuvo que arreglar en negro la calefacción, la sobrina que practica ya lo del minijob (en el sueldo, no en las horas) sirviendo copas en un pub.

Todo esto se dice alrededor de una mesa. No veo detrás a Almodóvar, pero sí a Azcona. Mesas azules de resignación y de culpabilidad por los excesos del pasado. Mesas de conformismo ante los dolorosos pero “inevitables” tijeretazos del gabinete Rajoy. Mesas de estoicismo ante los capítulos dos, tres, cuatro… del docudrama que nos anuncian para 2012. ¿Usted no vivió por encima de sus posibilidades? ¿Usted no votó al PP para redimir sus pecados rascándose el bolsillo?

Será de mala educación hablar de política en las reuniones familiares, pero poco resulta ya tan barato como el pataleo. En España, nos lo recordaba el dueño de Abades en una entrevista explicando el éxito de su negocio, todo se hace en torno a una mesa. Comer, beber, celebrar, discutir, cerrar un buen trato, perder la casa jugando al monte y hasta arreglar un país. Alrededor de una mesa, los ministros de Rajoy han aprobado el mayor recorte de la historia (empezamos con una primera tacada de 8.900 millones y llegaremos a los 36.000) y se disponen a saciar a Europa (ahora sí) cueste lo que cueste… Sobre una mesa, Iñaki Urdangarín y su socio Diego Torres han escrito un verdadero manual de cómo ser millonario sin aflojarse la corbata… ¡696.000 euros cobraron al Villarreal por un estudio sobre esponsorización de 13 páginas! ¡A nueve millones de pesetas la hoja plagiada de internet! Y, frente a una mesa, ¿cuántos nos hemos privado de firmar aquellas golosas hipotecas-trampa con las que sobrecomprar la casa, amueblarla y escaparnos de crucero sin saber que tenemos un Jaguar en el garaje? Mesas de noble nogal,de mármol, de hierro forjado, dm, chapa o cartón. En las mesas se han escrito todos los capítulos de la historia (con mayúscula y con minúscula), se han urdido fraudes de libro y se ha calumniado y conspirado sin descanso.

Mesas en lujosos despachos y en mugrientos garajes. Leía esta semana que Google tiene un ‘garaje’ en Israel donde trabajan 250 ingenieros para mejorar Google+, Gmail, YouTube o digitalizar los Manuscritos del Mar Muerto. Lo hacen en su tiempo libre, en ese 20% que la empresa ofrece a cada empleado para que lo invierta en el proyecto que quiera. ¿Se lo imaginan? En lugar de escaquearse una hora para desayunar (y otra para adelantar la compra), ¡siguen trabajando! Tampoco pierden un mes al año chateando y navegando furtivamente como revelaba un estudio de Domeus que ya ha disparado todas las alarmas en las empresas; ¡innovan! Construyen nuestro futuro, crean para usted. Como han hecho durante siglos los grandes visionarios.

Pero la tentación del atajo fácil está ahí. Cercano. Cotidiano. Es una cuestión de esfuerzo y de valores. A lo Steve Jobs o a lo Francisco Camps… Bienvenido el plan del nuevo Gobierno contra el fraude, pero es sólo una gota en el mar; una pequeña esperanza para los que no van (o no quieren ir) de listos por la vida ni ser esclavos de la codicia. Usted elige.

Prioridades: empleo y honradez

Magdalena Trillo | 20 de noviembre de 2011 a las 10:11

Si las encuestas no yerran, esta noche habrá fiesta en el PP. Al tercer intento, Mariano Rajoy se convertirá en presidente del Gobierno y podrá apuntarse los mejores resultados de su partido en toda la historia de la democracia. Los indignados seguirán en las calles, los socialistas se irán de velatorio, los partidos minoritarios empezarán a minar el bipartidismo y los nacionalistas (vascos y catalanes)se acostarán afilando los cuchillos. En Andalucía, los equipos de Griñán y Arenas leerán los resultados con lupa para extrapolarlos a marzo de 2012 y, en Granada, los populares apuntalarán la ola de cambio entre un equilibrado 4-2-1 (4 diputados para el PP, 2 para el PSOE y 1 para IU) y un aplastante 5-2 que vendría a acentuar el vuelco iniciado en mayo. Ésta es mi quiniela; la suya, si pese a todo y todos (la anodina campaña y la creciente frustración ante la incompetencia de nuestros gobernantes) ha decidido ir a votar, empezaremos a interpretarla a partir de mañana sin sorprendernos, ya, por la facilidad con que se lee, distorsiona y manipula un mismo resultado barriendo para casa.

Como antídoto a la previsible depresión del día después, decido apuntarme al pensamiento positivo. Empiezo a indagar y me sorprende que haya cinco millones de parados en España y, aún más, que no estén organizando sesiones intensivas de positivismo en las cumbres de Bruselas, en las Bolsas y en el FMI… “¡El problema, idiotas –nos vendrían a decir– es el pensamiento negativo, que nos cierra las puertas del éxito y nos hace perder oportunidades!”. Para vivir mejor, lo habrá leído en los libros de autoayuda, basta con cambiar la forma de pensar. Total, que si usted no tiene un empleo es culpa suya y, si lo han despedido, es que tiene que trabajar su actitud…

No me dura la ilusión ni medio asalto. Es lo que tiene la sobreinformación. Justo esta semana se hacía eco la prensa de la publicación de Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo. La autora es una analista norteamericana, Barbara Ehrenreich, que se ha especializado en desmontar mitos y supercherías. Sus razonamientos son más sensatos y mucho menos crueles que los del movimiento de autosalvación. Dice que es una trampa social, una forma de justificar la desigualdad y de dar alas a ese puñado de listos de siempre. Es curioso; sitúa el pensamiento positivo en el origen mismo de la crisis, en aquellos voraces líderes económicos y financieros que asumieron riesgos en los 80 sin pensar demasiado, viviendo en una burbuja de excesos y acudiendo regularmente a sesiones de espiritualismo. Hasta que la realidad los desnudó y nos recuerda, hoy, que esos amos del Universo son unos timadores. No hay magia en el sistema; sólo el engaño de unos pocos y el autoengaño de muchos. ¿Es que no hay nadie pilotando el avión?, se cuestiona Ehrenreich. ¿No se lo pregunta usted cada mañana cuando le asaltan las noticias de la radio con la prima de riesgo y las amenazas de intervención?

El piloto Rajoy vende confianza y se aferra al cambio por el cambio para calmar a los mercados. Al menos ha dejado claro en campaña que no tiene “recetas mágicas” y que la salida de la crisis, el cumplimiento del déficit y las exigencias de Europa obligarán a realizar más ajustes. Asegura que no va a tocar pensiones, educación y sanidad, aunque advierte que la dependencia “no es viable”. Si el modelo es Aguirre y Cameron, no necesitaremos ni cien días para empezar a preocuparnos. Tampoco para saber si es capaz de reactivar el consumo y crear empleo con sus “reformas como Dios manda”. Y si no queda en una promesa más su disposición a atajar la economía sumergida y el fraude en el paro.

Se lo escuchaba el viernes en la piscina a dos vecinas: “Lo que no puede ser es que estemos pagando 12 euros la hora para que nos pinte el piso y siga cobrando el paro”, denunciaba una. “¡Una injusticia!”, replicaba la amiga espetando que lo único que pide es que, gane quien gane, “el que venga acabe con el fraude y sea honrado, que no se dedique a llenarse los bolsillos”.

No es demasiado: empleo y honradez; que no haya corrupción y que los timadores de la economía sumergida no nos alejen con sus trampas del posible camino hacia la recuperación.

La carrera del 21-N

Magdalena Trillo | 6 de noviembre de 2011 a las 9:26

Súmate al cambio. No conozco a nadie de los (muchísimos) que van a votar al PP el próximo 20 de noviembre que vaya a leerse las 214 páginas de su programa electoral ni se preocupe de destripar las 407 propuestas con que prometen sacarnos del paro, cumplir el déficit, bajar los impuestos y reactivar la economía metiendo la tijera “a todo” menos a las pensiones, la sanidad y la educación. Y de poco servirá cómo contraataquen quienes militan en el Pelea por lo que quieres, Rebélate o Reinicia y quieren convertirse en una solución renegando de su propia gestión o apropiándose de la indignación popular. Por encima de lemas y de operaciones de mercadotecnia, el sentimiento que hay en la sociedad española es uno: no gusta lo que hay y las expectativas de que pueda mejorar con quienes hoy (sí) nos representan van del pesimismo a la depresión. Hará falta mucho más que un cambio de gobierno para salir del túnel pero reconozcamos que el PP se ha ganado a pulso su oportunidad.

Llevamos meses viéndolo en las encuestas y en las calles. Siempre se ha dicho de los programas que están para no cumplirlos; el del PP es mucho más innovador: resulta tan ambiguo y tan de banda ancha que permitirá a Rajoy gobernar acatando las directrices europeas (pese a su efusiva proclama de “seremos el país que fuimos, respetado y no mandado”) sin salirse ni un milímetro de sus compromisos electorales. Tal vez no necesitaba tanta ingeniería de léxico para ganar; sí para hacer historia. Concediendo un mínimo de fiabilidad al último barómetro del CIS, las incógnitas del 20-N se sitúan en dos escenarios: si Rajoy podrá enterrar de una vez la sombra de Aznar logrando los mejores resultados del PP en toda su historia y si el hundimiento del PSOE se llevará a Rubalcaba por delante. Diecisiete puntos de diferencia (190-195 escaños para el PP, 121-116 para el PSOE) que difícilmente podrán hacer tambalear esos ocho millones de indecisos a los que se aferran los socialistas para “pelear” por la remontada.

El debate de mañana entre Rubalcaba y Rajoy no será sino morbo. Un duelo de corbatas y poses; un asunto de apariencias, sudores y luces. Estaremos atentos a las salidas de tono, las meteduras de pata y el ingenio de los oradores. Como en una pelea de gallos, nos divertiremos viendo quién acorrala a quién y, al día siguiente, amenizaremos los desayunos con las clásicas quinielas de vencedores y vencidos. Poco más. Cuesta creer que haya algún español que decida su voto mañana –y mucho menos que lo cambie–; resulta difícil pensar que haya un trasvase directo de votos por la campaña; y parece más que improbable que se repita la hazaña socialista de 1996 en la que González casi gana dándole la vuelta a las encuestas. Entonces no había cinco millones de parados, los bancos aún no se habían apropiado de nuestros sueños y el capitalismo más inmoral no había ganado la batalla a la democracia.

Para Andalucía, para Granada, la verdadera campaña se juega a partir del 21 de noviembre. El vuelco electoral para marzo lo vaticina ya el sondeo del CIS: Arenas conseguiría la mayoría absoluta que necesita para romper tres décadas de hegemonía socialista y, en Granada, las encuestas ratifican lo que el equipo de Sebastián Pérez baraja, apagando la euforia con cierta dosis de prudencia, desde hace semanas: 5 diputados y 2 para el PSOE. La misma intención de voto que refleja el barómetro que publicamos hoy todos los diarios de Grupo Joly: el ocaso del granero socialista. Debacle. Histórica. Sin matices.

Veo los mensajes de campaña en otras comunidades (Duran i Lleida llama a “bombardear democráticamente las urnas”) y me entristece pensar que aquí se vote mirando atrás y en otras regiones construyendo su futuro. El País Vasco busca más victorias en clave de libertad; los catalanes están llamados a las urnas “con el corazón y la cabeza” pero “pensando en la cartera” –el ansiado pacto fiscal– y en Andalucía, lo realmente histórico, es que no se haya producido un relevo en el poder en más de tres décadas de democracia. No son los ERE; es la salud del propio sistema. No son los programas, los candidatos ni la campaña: es el enfermo andaluz.

El precio de gobernar

Magdalena Trillo | 23 de octubre de 2011 a las 9:24

Zapatero es el problema; el PP, la solución. Hace cinco meses que los populares arrasaron en las municipales anticipando lo que será el resultado del 20-N y, probablemente, del vuelco electoral que se vivirá en Andalucía en marzo. En Granada, Torres Hurtado amplió su victoria y, por primera vez en tres décadas de democracia, la Diputación se vestía de azul. Empleo e infraestructuras iban a ser la prioridad. El crecimiento económico y el desarrollo, la razón del cambio. Sebastián Pérez se comprometió a gobernar “para todos los municipios” sin revanchas ni favoritismos, desde la austeridad y la transparencia. Era entonces difícil disentir con el dirigente del PP cuando clamaba aquello de “no nos resignamos a seguir siendo, ni un minuto más, los primeros en lo malo y los últimos en lo bueno”.

Acaban de cumplirse los primeros cien días de gobierno del PP en la institución provincial y denuncian los socialistas que sólo ha habido “parálisis en la gestión, sobredosis de oposición y clientelismo”… En tres meses no se pueden cambian las dinámicas de 33 años, pero reconozcamos que a todos nos gustaría empezar a ver acuerdos, proyectos y, por insignificante que sea, algún resultado de su política. Menos sacudida de alfombras y más gobierno en positivo.

Y digámoslo abiertamente: una cosa es conectar con el electorado y ganar elecciones y otra muy distinta gobernar, gestionar. Sobre todo si confluyen varias circunstancias: la crisis no entiende de banderas ni de colores, lo que hay que administrar es miseria (el propio Rajoy ha advertido que llegará a la Moncloa en el momento más crítico de nuestra historia) y la ilusión de que Europa nos saque del pozo se difumina por el camino. Cuando dejemos de ser “región de convergencia” en 2014 se cortará buena parte de las ayudas que han servido de salvavidas a los gobiernos central y autonómico para sus grandes proyectos, la reforma anunciada de la Política Agraria Común terminará de hundir el campo andaluz y, aunque insistamos en mirar a la Europea rica, cada vez estamos más cerca de la pobre. Contagiados por Grecia y su quiebra.

Pero volvamos a Granada y unamos a este envoltorio macroeconómico los dramáticos datos de paro, renta y riqueza, el retraso histórico en las infraestructuras y el irresoluble aislamiento de la Costa, la comarca con más potencial. En este contexto, la estrategia del PP es efectista electoralmente pero también peligrosa. No podrá esconderse en la confrontación cuando gobierne en todos los niveles de la administración y tendrá que responder con acciones –no con promesas– a esa esperanzadora complicidad que ahora está mostrando con Granada.

Me surgen varias preguntas: ¿Será capaz Rajoy en menos de cuatro meses (de las elecciones nacionales a las andaluzas) de demostrar que el PP es la solución a la economía y al paro? ¿Si no hay desgaste de la derecha antes de marzo y se impone el PP a la segura alianza de la izquierda andaluza, conseguirá Arenas los millones para las obras del Metro? ¿Logrará que el AVE llegue a Granada con la Estación de Moneo terminada? ¿Vencerá a la caprichosa orografía del litoral y veremos acabada la A-7? ¿Convencerá a Europa para que el Corredor pase por la costa granadina y malagueña? ¿Tendrá dinero para el ascensor a la Alhambra pero no para el Teatro de la Ópera o Cines del Sur? ¿Habrá recortes en educación y sanidad como ensayan las comunidades ‘afines’?

Aparte de apelar a la nefasta gestión socialista, ¿qué hará entonces el PP de Granada? No podrá recurrir a la política del agravio. En realidad, no valdrá la política; lo que piden los ciudadanos son salidas y soluciones. Gestión honesta y eficaz. Acuerdos y dinero encima de la mesa. ¿Serán capaces de mirar hacia adelante?¿Están preparados para pagar el precio de gobernar?

Rubalcaba, González y Griñán están hoy en Atarfe en un acto central de precampaña. Los socialistas no dan por perdido el Gobierno central, al menos confían en amortiguar la derrota, y mucho menos el de la Junta. Pero los nubarrones son inmensos: en política, el PP les saca demasiados puntos de ventaja y, en gestión, tienen a medio país escéptico y al otro medio en contra. Ellos ya están pagando el precio de gobernar…