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Los ninja entran en política

Magdalena Trillo | 24 de enero de 2016 a las 10:32

La España que a diario retratan los compañeros de El Mundo Today empieza a parecerse peligrosamente a la España real. Al menos a la que ‘oficialmente’ recogemos en los periódicos que aún imprimimos en pesadas rotativas del siglo XIX: Felipe VI se reúne con Donatello, de las Tortugas Ninja, en su ronda de consultas; Mariano Rajoy llama a la Generalitat haciéndose pasar por un imitador de Rajoy (no ha conseguido hablar con Puigdemont porque éste tiene la agenda muy apretada); Podemos pide al PSOE que ponga pendientes a varios diputados a cambio de un pacto; Urdangarin responderá a las preguntas del fiscal escribiendo las respuestas en billetes de 500 euros; La CUP buscará a un informático para que reinicie el procés.

Son parodias y no lo son. Es un diario online satírico, con contenidos “totalmente humorísticos y ficticios”, hasta que la realidad demuestra todo lo contrario. Pienso en la sesión intensiva que nos ofrecen todos los años desde Cádiz con su carnaval, en el éxito viral que consiguen las publicaciones más irreverentes, los comentarios más mordaces, y me pregunto si alguien habrá escrito ya una tesis sobre cómo el humor nos ha salvado a los españoles. De nuevas guerras y de nosotros mismos. De nuestros sueños excesivos y de nuestros complejos suicidas.

Siempre he desconfiado de las personas que no tienen sentido del humor y siempre he creído que, al mismo nivel que la libertad, debería estar el derecho al ridículo. A provocarlo y a sufrirlo. Digo todo esto por la portada del periódico nacional que el viernes colocó a Pedro Sánchez saludando a una tortuga ninja (con un antifaz sospechosamente morado) y el revuelo que se organizó al segundo en Twitter a cuenta de los ‘medios serios’ españoles…

portada ninja

Y lo digo por el atrevimiento de los periodistas de una radio catalana para llamar a Mariano Rajoy haciéndose pasar por el presidente de la Generalitat. ¿Lo criticamos o lo defendemos? Porque cómo iban a prever en Abc el “inédito” giro de las negociaciones de investidura para formar gobierno que se produciría sólo unas horas más tarde con el líder de Podemos rompiendo la partida y el cabeza de lista del partido ganador diciéndole al Rey que se lo va a pensar mejor… Y cómo iban a esperar los bromistas de Ràdio Flaixbac que un político que lleva años huyendo de los focos y que mantiene los filtros como jefe del Ejecutivo en funciones iba a terminar poniéndose al teléfono…

En el manual del ‘buen periodista’ estaba el principio no escrito de no frivolizar con los temas importantes lo mismo que sentenciaba el refranero popular que “no se juega con las cosas de comer”. El tiempo verbal no lo tengo claro. No sé si podemos mantenerlo en la Sociedad Espectáculo de hoy y ante una Generación Márketing que respira “oxígeno, nitrógeno, argón, ácido carbónico y… publicidad”. Y propaganda. Y puro entretenimiento. No sé si es compatible con esa Generación TIC que ya ha asumido que no puede vivir al margen del mundo tecnológico de Internet, pero tampoco ser inmune a su juego.

Hace tiempo que el ‘gaming‘ dejó de estar restringido al mundo de los videojuegos. Hablar del “plasma” de Rajoy resulta prehistórico cuando, desde las universidades y desde la industria, se coquetea ya con la profecía de avatares construidos, prácticamente idénticos a personas fallecidas y copias de seguridad de nuestro cerebro subidas a la nube (no lo dice un chamán sino el director de ingeniería de Google, Ray Kurzweil, el mismo experto en inteligencia artificial que sorprendía en los 90 vaticinando la expansión exponencial de Internet).

Cuando ‘revolucionarios’ como Nicholas Negroponte, el visionario del MIT MediaLab que habló hace más de treinta años de pantallas táctiles, libros electrónicos y teleconferencias, sitúan en el terreno de lo factible que dentro de poco podamos aprender idiomas “con tan sólo tomar una pastilla”, llegando a nuestro cerebro a través del “torrente sanguíneo” y recurriendo a “nanorobots”.

Poco importa si son una secuela de los cómic de los 80 los ninja que se cuelan en la política o una imagen desde nuestro móvil en formato tridimensional. No me quedo tanto en la trascendencia de la broma como en la preocupación por el impacto final del ruido de desinformación que fluye en los medios y en las redes sociales. No sé si las hojas nos dejan ver el bosque. Si estamos destruyendo la forma intuitiva en que hasta ahora habíamos sido capaces de distinguir un buen libro de un panfleto, una noticia a cinco columnas de un breve, el artículo de un buen columnista del comentario insustancial de un youtuber quinceañero.

Todo está al mismo tamaño en el ciberespacio. A la misma distancia de nosotros. Perfectamente estandarizado. Me da la sensación de que hemos situado toda nuestra vida en una línea plana sin altibajos. Tal y como leemos en internet.

Un artículo de Vila-Sanjuán me puso el otro día en la pista de unos interesantes estudios realizado por el profesor californiano Jackson Bliss sobre el efecto que están teniendo las pantallas y las nuevas formas de acceder a los contenidos: “Leemos de manera cada vez más impaciente, con el afán de reafirmar nuestro sistema de creencias, buscando argumentos claros y concisos”. Impacientes por opinar, sumidos en la dispersión y con un creciente “efecto de amnesia” que nos lleva a olvidar no sólo las características de lo que hemos leído, sino también dónde y quién lo escribió.

Pero el envoltorio importa. Importa que la foto de Pedro Sánchez con Donatello en Fitur circule anodina por Twitter o aparezca en la portada de un periódico con el tendencioso titular de “Amistades peligrosas”. Importa qué y cómo leemos porque al final es nuestra ventana al mundo -físico y digital- y el pilar mismo de nuestro sistema de valores. Juguemos pero sabiendo que jugamos, a qué jugamos y con quién.
El viernes unos alumnos me preguntaron en clase por la portada ninja. Un grupo denunciaba que era una burda manipulación periodística -ni siquiera se habían percatado que todo surgió por una inocente foto en Fitur- y otro, hasta que la vieron perplejos en el kiosko digital, defendía que era una broma en las redes del estilo El Mundo Today. Juguemos pero siendo conscientes de que el interlocutor sabe que jugamos. Importa el qué tanto como el quién, el cómo y el para qué.

Presunción de culpabilidad

Magdalena Trillo | 2 de noviembre de 2014 a las 10:16

Lo bueno de la doctrina católica, esa que con tanta vehemencia siguen desde la derecha y tanto protege la izquierda cuando gobierna, es que siempre deja una salida honrosa a los pecadores. Lo recordarán de los obligados años de catequesis: examen de conciencia, acto de contrición, confesión de los pecados, propósito de enmienda y penitencia. Superados los escalones del purgatorio, no hay que pasar la vergüenza pública de pedir perdón, se evita la ‘pena del telediario’ y no hay que soportar una estancia entre rejas para aspirar a la salvación. Por muy grave que sea el comportamiento, de pensamiento, palabra, obra u omisión, la Iglesia resetea nuestra conciencia.

Entre el escándalo de la nueva ‘trama Gürtel’ que se ha destapado esta semana en Madrid y el ex ministro Acebes dando explicaciones al juez por la caja B del PP, el presidente del Gobierno no ha tenido más remedio que reconocer lo que el resto de españoles ya sabíamos: la indignante corrupción política que soporta el país. Pero dice Rajoy que “no hay impunidad”. ¿No? Tal vez lo pueda defender en ese reino de los cielos que los grandes partidos no tienen ni idea de cómo blindar ante el ‘asalto’ que planea Podemos, pero es bastante más que discutible en el terrenal. Bastaría con calcular quiénes están realmente en prisión -otro debate es en qué condiciones de exclusividad y por cuánto tiempo- y cuantificar cuánto dinero se ha recuperado hasta ahora del saqueo, la estafa y la extorsión.

En apenas seis meses, la Policía Nacional ha abierto 1.100 investigaciones contra la delincuencia económica. Un simple dato que sumar al mapa de la corrupción, esa ‘nueva España política’ repleta de reventones chorizos que circula por las redes y que no deja de ser reflejo de sus excesos (ellos sí que han vivido por encima de sus posibilidades) y de nuestro propio fracaso colectivo.

Siempre que se produce una tragedia, desde los accidentes aéreos y ferroviarios a la crisis del ébola, concluimos que ha habido una inesperada concatenación de errores. Todo lo que podía salir mal salió mal. Aplíquenlo a los corruptos: la obsesión por el lujo y la riqueza, el fatídico ejemplo de éxito del ‘listo’ del vecino y, sobre todo, la oportunidad. Falla la persona y fallan los controles. La tentación los hace a todos un poco más iguales.

Los partidos llevan meses contraponiendo a la ira ciudadana promesas de transparencia y regeneración. Palabras vacías sobre palabras vacías. Ahora toca pedir perdón y clamar por la refundación… el propósito de enmienda… Hay hasta quienes están dispuestos a renegar de su propio nombre e identidad (Valls quiere eliminar la palabra “socialista” del partido en Francia) o diluirse bajo el paraguas de unas siglas mejor vistas como planea IU con Ganemos. Pero, allí y aquí, siguen siendo palabras y estrategias electorales. Intenciones poco creíbles. Hemos transformado el “y tú más” en el “y yo más” para seguir jugando a la dialéctica. Ya no se sostiene aquello de que “todos no somos iguales” del mismo modo que hemos transformado la presunción de inocencia en la presunción de culpabilidad: todos sospechosos hasta que demuestren lo contrario.

¿Es una irresponsabilidad clamar que “todos son iguales”? Tal vez. Pero el riesgo de quiebra es mayor si siguen sin escuchar. Y no sólo los que acabarán en el Soto del Real como ocurrió el viernes con el ex consejero madrileño Francisco Granados. También los pequeños. Porque tanta ira suscitan los de los paraísos fiscales como los que se dedican al trapicheo. También hay que acabar con la corrupción de poca monta, con las puertas giratorias de recolocación, con los favoritismos y el enchufismo en las instituciones, con los facturas infladas y las facturas falsas, con las comidas de amigotes que pagamos usted y yo… Hagan la prueba y piensen en su entorno: ¿Cuántos casos de desmanes conocen de cerca? ¿A cuántos aprendices de corruptos?

Pero no todo está perdido. Hoy mismo publicamos un amplio informe sobre el control de los gastos de representación en las cajas y administraciones locales que parece llevarnos a un escenario de esperanza tras la expiación: no hay tarjetas de uso discrecional y se audita hasta el último euro. Seguro que hay rendijas, pero los controles y la actitud han cambiado. No gracias a ellos; por nosotros. Bienvenidos los ciudadanos que no ‘pasan’ de la política y están ejerciendo un implacable papel de ‘quinto poder’.

Se acabaron las utopías

Magdalena Trillo | 22 de abril de 2012 a las 9:37

REFORMAS o recortes. Para solucionar deficiencias o para hacer caja. Para ser más competitivos o para contentar a los mercados. ¿Tiene realmente el equipo de Rajoy una hoja de ruta para salir de la crisis o es su gobierno una peligrosa reacción impulsiva a cada bajada del Íbex? ¿Negocia o impone? La improvisación, la descoordinación y las progresivas rectificaciones que han acompañado en los últimos días a la mayor transformación del Estado que se ha planteado en treinta años de democracia sólo tiene una lectura posible: estamos utilizando la crisis financiera para minar la España de las Autonomías y desmantelar la justicia, la sanidad y la educación tal y como las conocíamos hasta ahora: gratuita, igualitaria y universal.

Notas de prensa a las cinco de la tarde que esconden un ajuste extra de 10.000 millones con el que el Ejecutivo invalida su propio presupuesto y confirma su enésimo incumplimiento del programa electoral. Rajoy huyendo por el garaje del Senado para no dar la cara ante los periodistas, el anuncio del copago farmacéutico en una filtración periodística desde México… ¿No eran los socialistas los que tenían problemas de comunicación? La realidad es tozuda: ni bastaba con sacar a Zapatero de La Moncloa para calmar a los inversores ni era suficiente enarbolar la gaviota azul para generar confianza y credibilidad. Ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.

Lo comprobamos ‘fuera’ cada mañana cuando nos disputamos con los italianos la prima de riesgo más alta y cercana al rescate; nos lo recuerda el FMI cuando advierte que este año llegaremos al 6% de déficit (no el 5,3 comprometido) y nos alerta del “riesgo financiero” que supone que vivamos más de la cuenta; lo sufrimos al otro lado del Atlántico cuando la señora Kirchner expolia tan alegremente Repsol, aunque sea tras tener que aclarar que es la “presidenta de Argentina y no una patatera”; y decepciona cuando se envilece la campaña electoral francesa con Sarkozy y Hollande atacando a España para ganar votos con el mensaje del contagio y el miedo.

Tampoco ‘dentro’ se puede ser creíble cuando se anuncian medidas para ahorrar 7.000 millones en sanidad sin entregar ni un solo papel a los consejeros que han de aplicarlas, sin aportar una memoria económica que detalle el impacto real del plan de reforma y sin estudios sólidos que expliquen, y justifiquen, que “el sistema no es sostenible” y que es mejor camino cobrar por las medicinas a los pensionistas que reducir la cuenta de resultados de las farmacéuticas.

Sería iluso negar que no hay deficiencias, abusos y hasta despilfarro en nuestra sanidad (3.700 toneladas de medicinas se tiran a la basura al año), pero nadie del Gobierno ha aportado de momento ni una sola prueba de que el polémico ‘repago’ sirva para atajar tales problemas. Más bien al contrario. Nuestros vecinos portugueses, por ejemplo, empezaron a aplicarlo hace 25 años con la misma finalidad y ya han extendido el cobro de los fármacos a las consultas del médico de familia, al especialista y las urgencias sin que se haya reducido el déficit. Hoy, un millón y medio de usuarios lusos no tienen médico asignado y se ven obligados a hacer cola de madrugada a las puertas de los centros de salud para ser atendidos.

El mensaje del Gobierno, obviamente, es diferente: los parados sin prestación no tendrán que pagar por sus medicamentos, los jubilados lo harán según su renta y se acabará con el fraude del turismo sanitario. Todo bondades y equidad. Si en Andalucía, País Vasco y Canarias también gobernara el PP sólo podríamos aplaudir al Gobierno por su disposición a terminar con los “abusos” y poco sabríamos de la letra pequeña. Como la que conocimos el viernes tras la aprobación del decreto-ley: que también se va modificar la ley de extranjería contra los ‘sin papeles’. El padrón no será suficiente para acceder a la tarjeta y, eso sí, ahorraremos 500 millones.

Siempre he pensado que más peligrosas que las mentiras son las medias verdades. Por eso me ha resultado casi valiente escuchar al senador del PP Jesús Aguirre confesar hace unos días que, “pasadas las elecciones”, ya se puede hablar claro sobre la sanidad: “la solidaridad, universalidad o gratuidad son una utopía”. Lleva razón pero se queda corto. Lo que se han acabado en la España de Rajoy son las utopías.

Mesas y garajes

Magdalena Trillo | 8 de enero de 2012 a las 1:17

No es un artículo costumbrista; aunque podría… Los funcionarios son unos vagos, en los hospitales se dedican a robar medicinas, en los colegios se tiran medio año de vacaciones y, entre los cinco millones de parados, más de uno se añade ceros de extranjis a la prestación y demasiados presumen de rechazar un empleo apostados en la barra del bar, jugando al dominó y comiendo de papá Estado; o sea, de usted y de mí. No es una parodia; aunque podría… Cayetano es un señor impresentable, como Durán i Lleida, pero ambos llevan razón cuando dicen que en Andalucía no tenemos ambición, cuando denuncian los efectos narcotizantes de la política de la subvención y cuando atacan a los rehenes de las paguillas. No son cuentos; son historias de Navidad… La abuela que se indigna porque la gente del pueblo no quiere trabajar en la aceituna (si no es por los rumanos se queda en el árbol), la cuñada que fue testigo del chantaje de un tipo a su jefe para que no lo sacara del paro, el vecino que tuvo que arreglar en negro la calefacción, la sobrina que practica ya lo del minijob (en el sueldo, no en las horas) sirviendo copas en un pub.

Todo esto se dice alrededor de una mesa. No veo detrás a Almodóvar, pero sí a Azcona. Mesas azules de resignación y de culpabilidad por los excesos del pasado. Mesas de conformismo ante los dolorosos pero “inevitables” tijeretazos del gabinete Rajoy. Mesas de estoicismo ante los capítulos dos, tres, cuatro… del docudrama que nos anuncian para 2012. ¿Usted no vivió por encima de sus posibilidades? ¿Usted no votó al PP para redimir sus pecados rascándose el bolsillo?

Será de mala educación hablar de política en las reuniones familiares, pero poco resulta ya tan barato como el pataleo. En España, nos lo recordaba el dueño de Abades en una entrevista explicando el éxito de su negocio, todo se hace en torno a una mesa. Comer, beber, celebrar, discutir, cerrar un buen trato, perder la casa jugando al monte y hasta arreglar un país. Alrededor de una mesa, los ministros de Rajoy han aprobado el mayor recorte de la historia (empezamos con una primera tacada de 8.900 millones y llegaremos a los 36.000) y se disponen a saciar a Europa (ahora sí) cueste lo que cueste… Sobre una mesa, Iñaki Urdangarín y su socio Diego Torres han escrito un verdadero manual de cómo ser millonario sin aflojarse la corbata… ¡696.000 euros cobraron al Villarreal por un estudio sobre esponsorización de 13 páginas! ¡A nueve millones de pesetas la hoja plagiada de internet! Y, frente a una mesa, ¿cuántos nos hemos privado de firmar aquellas golosas hipotecas-trampa con las que sobrecomprar la casa, amueblarla y escaparnos de crucero sin saber que tenemos un Jaguar en el garaje? Mesas de noble nogal,de mármol, de hierro forjado, dm, chapa o cartón. En las mesas se han escrito todos los capítulos de la historia (con mayúscula y con minúscula), se han urdido fraudes de libro y se ha calumniado y conspirado sin descanso.

Mesas en lujosos despachos y en mugrientos garajes. Leía esta semana que Google tiene un ‘garaje’ en Israel donde trabajan 250 ingenieros para mejorar Google+, Gmail, YouTube o digitalizar los Manuscritos del Mar Muerto. Lo hacen en su tiempo libre, en ese 20% que la empresa ofrece a cada empleado para que lo invierta en el proyecto que quiera. ¿Se lo imaginan? En lugar de escaquearse una hora para desayunar (y otra para adelantar la compra), ¡siguen trabajando! Tampoco pierden un mes al año chateando y navegando furtivamente como revelaba un estudio de Domeus que ya ha disparado todas las alarmas en las empresas; ¡innovan! Construyen nuestro futuro, crean para usted. Como han hecho durante siglos los grandes visionarios.

Pero la tentación del atajo fácil está ahí. Cercano. Cotidiano. Es una cuestión de esfuerzo y de valores. A lo Steve Jobs o a lo Francisco Camps… Bienvenido el plan del nuevo Gobierno contra el fraude, pero es sólo una gota en el mar; una pequeña esperanza para los que no van (o no quieren ir) de listos por la vida ni ser esclavos de la codicia. Usted elige.

Prioridades: empleo y honradez

Magdalena Trillo | 20 de noviembre de 2011 a las 10:11

Si las encuestas no yerran, esta noche habrá fiesta en el PP. Al tercer intento, Mariano Rajoy se convertirá en presidente del Gobierno y podrá apuntarse los mejores resultados de su partido en toda la historia de la democracia. Los indignados seguirán en las calles, los socialistas se irán de velatorio, los partidos minoritarios empezarán a minar el bipartidismo y los nacionalistas (vascos y catalanes)se acostarán afilando los cuchillos. En Andalucía, los equipos de Griñán y Arenas leerán los resultados con lupa para extrapolarlos a marzo de 2012 y, en Granada, los populares apuntalarán la ola de cambio entre un equilibrado 4-2-1 (4 diputados para el PP, 2 para el PSOE y 1 para IU) y un aplastante 5-2 que vendría a acentuar el vuelco iniciado en mayo. Ésta es mi quiniela; la suya, si pese a todo y todos (la anodina campaña y la creciente frustración ante la incompetencia de nuestros gobernantes) ha decidido ir a votar, empezaremos a interpretarla a partir de mañana sin sorprendernos, ya, por la facilidad con que se lee, distorsiona y manipula un mismo resultado barriendo para casa.

Como antídoto a la previsible depresión del día después, decido apuntarme al pensamiento positivo. Empiezo a indagar y me sorprende que haya cinco millones de parados en España y, aún más, que no estén organizando sesiones intensivas de positivismo en las cumbres de Bruselas, en las Bolsas y en el FMI… “¡El problema, idiotas –nos vendrían a decir– es el pensamiento negativo, que nos cierra las puertas del éxito y nos hace perder oportunidades!”. Para vivir mejor, lo habrá leído en los libros de autoayuda, basta con cambiar la forma de pensar. Total, que si usted no tiene un empleo es culpa suya y, si lo han despedido, es que tiene que trabajar su actitud…

No me dura la ilusión ni medio asalto. Es lo que tiene la sobreinformación. Justo esta semana se hacía eco la prensa de la publicación de Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo. La autora es una analista norteamericana, Barbara Ehrenreich, que se ha especializado en desmontar mitos y supercherías. Sus razonamientos son más sensatos y mucho menos crueles que los del movimiento de autosalvación. Dice que es una trampa social, una forma de justificar la desigualdad y de dar alas a ese puñado de listos de siempre. Es curioso; sitúa el pensamiento positivo en el origen mismo de la crisis, en aquellos voraces líderes económicos y financieros que asumieron riesgos en los 80 sin pensar demasiado, viviendo en una burbuja de excesos y acudiendo regularmente a sesiones de espiritualismo. Hasta que la realidad los desnudó y nos recuerda, hoy, que esos amos del Universo son unos timadores. No hay magia en el sistema; sólo el engaño de unos pocos y el autoengaño de muchos. ¿Es que no hay nadie pilotando el avión?, se cuestiona Ehrenreich. ¿No se lo pregunta usted cada mañana cuando le asaltan las noticias de la radio con la prima de riesgo y las amenazas de intervención?

El piloto Rajoy vende confianza y se aferra al cambio por el cambio para calmar a los mercados. Al menos ha dejado claro en campaña que no tiene “recetas mágicas” y que la salida de la crisis, el cumplimiento del déficit y las exigencias de Europa obligarán a realizar más ajustes. Asegura que no va a tocar pensiones, educación y sanidad, aunque advierte que la dependencia “no es viable”. Si el modelo es Aguirre y Cameron, no necesitaremos ni cien días para empezar a preocuparnos. Tampoco para saber si es capaz de reactivar el consumo y crear empleo con sus “reformas como Dios manda”. Y si no queda en una promesa más su disposición a atajar la economía sumergida y el fraude en el paro.

Se lo escuchaba el viernes en la piscina a dos vecinas: “Lo que no puede ser es que estemos pagando 12 euros la hora para que nos pinte el piso y siga cobrando el paro”, denunciaba una. “¡Una injusticia!”, replicaba la amiga espetando que lo único que pide es que, gane quien gane, “el que venga acabe con el fraude y sea honrado, que no se dedique a llenarse los bolsillos”.

No es demasiado: empleo y honradez; que no haya corrupción y que los timadores de la economía sumergida no nos alejen con sus trampas del posible camino hacia la recuperación.

La carrera del 21-N

Magdalena Trillo | 6 de noviembre de 2011 a las 9:26

Súmate al cambio. No conozco a nadie de los (muchísimos) que van a votar al PP el próximo 20 de noviembre que vaya a leerse las 214 páginas de su programa electoral ni se preocupe de destripar las 407 propuestas con que prometen sacarnos del paro, cumplir el déficit, bajar los impuestos y reactivar la economía metiendo la tijera “a todo” menos a las pensiones, la sanidad y la educación. Y de poco servirá cómo contraataquen quienes militan en el Pelea por lo que quieres, Rebélate o Reinicia y quieren convertirse en una solución renegando de su propia gestión o apropiándose de la indignación popular. Por encima de lemas y de operaciones de mercadotecnia, el sentimiento que hay en la sociedad española es uno: no gusta lo que hay y las expectativas de que pueda mejorar con quienes hoy (sí) nos representan van del pesimismo a la depresión. Hará falta mucho más que un cambio de gobierno para salir del túnel pero reconozcamos que el PP se ha ganado a pulso su oportunidad.

Llevamos meses viéndolo en las encuestas y en las calles. Siempre se ha dicho de los programas que están para no cumplirlos; el del PP es mucho más innovador: resulta tan ambiguo y tan de banda ancha que permitirá a Rajoy gobernar acatando las directrices europeas (pese a su efusiva proclama de “seremos el país que fuimos, respetado y no mandado”) sin salirse ni un milímetro de sus compromisos electorales. Tal vez no necesitaba tanta ingeniería de léxico para ganar; sí para hacer historia. Concediendo un mínimo de fiabilidad al último barómetro del CIS, las incógnitas del 20-N se sitúan en dos escenarios: si Rajoy podrá enterrar de una vez la sombra de Aznar logrando los mejores resultados del PP en toda su historia y si el hundimiento del PSOE se llevará a Rubalcaba por delante. Diecisiete puntos de diferencia (190-195 escaños para el PP, 121-116 para el PSOE) que difícilmente podrán hacer tambalear esos ocho millones de indecisos a los que se aferran los socialistas para “pelear” por la remontada.

El debate de mañana entre Rubalcaba y Rajoy no será sino morbo. Un duelo de corbatas y poses; un asunto de apariencias, sudores y luces. Estaremos atentos a las salidas de tono, las meteduras de pata y el ingenio de los oradores. Como en una pelea de gallos, nos divertiremos viendo quién acorrala a quién y, al día siguiente, amenizaremos los desayunos con las clásicas quinielas de vencedores y vencidos. Poco más. Cuesta creer que haya algún español que decida su voto mañana –y mucho menos que lo cambie–; resulta difícil pensar que haya un trasvase directo de votos por la campaña; y parece más que improbable que se repita la hazaña socialista de 1996 en la que González casi gana dándole la vuelta a las encuestas. Entonces no había cinco millones de parados, los bancos aún no se habían apropiado de nuestros sueños y el capitalismo más inmoral no había ganado la batalla a la democracia.

Para Andalucía, para Granada, la verdadera campaña se juega a partir del 21 de noviembre. El vuelco electoral para marzo lo vaticina ya el sondeo del CIS: Arenas conseguiría la mayoría absoluta que necesita para romper tres décadas de hegemonía socialista y, en Granada, las encuestas ratifican lo que el equipo de Sebastián Pérez baraja, apagando la euforia con cierta dosis de prudencia, desde hace semanas: 5 diputados y 2 para el PSOE. La misma intención de voto que refleja el barómetro que publicamos hoy todos los diarios de Grupo Joly: el ocaso del granero socialista. Debacle. Histórica. Sin matices.

Veo los mensajes de campaña en otras comunidades (Duran i Lleida llama a “bombardear democráticamente las urnas”) y me entristece pensar que aquí se vote mirando atrás y en otras regiones construyendo su futuro. El País Vasco busca más victorias en clave de libertad; los catalanes están llamados a las urnas “con el corazón y la cabeza” pero “pensando en la cartera” –el ansiado pacto fiscal– y en Andalucía, lo realmente histórico, es que no se haya producido un relevo en el poder en más de tres décadas de democracia. No son los ERE; es la salud del propio sistema. No son los programas, los candidatos ni la campaña: es el enfermo andaluz.

El precio de gobernar

Magdalena Trillo | 23 de octubre de 2011 a las 9:24

Zapatero es el problema; el PP, la solución. Hace cinco meses que los populares arrasaron en las municipales anticipando lo que será el resultado del 20-N y, probablemente, del vuelco electoral que se vivirá en Andalucía en marzo. En Granada, Torres Hurtado amplió su victoria y, por primera vez en tres décadas de democracia, la Diputación se vestía de azul. Empleo e infraestructuras iban a ser la prioridad. El crecimiento económico y el desarrollo, la razón del cambio. Sebastián Pérez se comprometió a gobernar “para todos los municipios” sin revanchas ni favoritismos, desde la austeridad y la transparencia. Era entonces difícil disentir con el dirigente del PP cuando clamaba aquello de “no nos resignamos a seguir siendo, ni un minuto más, los primeros en lo malo y los últimos en lo bueno”.

Acaban de cumplirse los primeros cien días de gobierno del PP en la institución provincial y denuncian los socialistas que sólo ha habido “parálisis en la gestión, sobredosis de oposición y clientelismo”… En tres meses no se pueden cambian las dinámicas de 33 años, pero reconozcamos que a todos nos gustaría empezar a ver acuerdos, proyectos y, por insignificante que sea, algún resultado de su política. Menos sacudida de alfombras y más gobierno en positivo.

Y digámoslo abiertamente: una cosa es conectar con el electorado y ganar elecciones y otra muy distinta gobernar, gestionar. Sobre todo si confluyen varias circunstancias: la crisis no entiende de banderas ni de colores, lo que hay que administrar es miseria (el propio Rajoy ha advertido que llegará a la Moncloa en el momento más crítico de nuestra historia) y la ilusión de que Europa nos saque del pozo se difumina por el camino. Cuando dejemos de ser “región de convergencia” en 2014 se cortará buena parte de las ayudas que han servido de salvavidas a los gobiernos central y autonómico para sus grandes proyectos, la reforma anunciada de la Política Agraria Común terminará de hundir el campo andaluz y, aunque insistamos en mirar a la Europea rica, cada vez estamos más cerca de la pobre. Contagiados por Grecia y su quiebra.

Pero volvamos a Granada y unamos a este envoltorio macroeconómico los dramáticos datos de paro, renta y riqueza, el retraso histórico en las infraestructuras y el irresoluble aislamiento de la Costa, la comarca con más potencial. En este contexto, la estrategia del PP es efectista electoralmente pero también peligrosa. No podrá esconderse en la confrontación cuando gobierne en todos los niveles de la administración y tendrá que responder con acciones –no con promesas– a esa esperanzadora complicidad que ahora está mostrando con Granada.

Me surgen varias preguntas: ¿Será capaz Rajoy en menos de cuatro meses (de las elecciones nacionales a las andaluzas) de demostrar que el PP es la solución a la economía y al paro? ¿Si no hay desgaste de la derecha antes de marzo y se impone el PP a la segura alianza de la izquierda andaluza, conseguirá Arenas los millones para las obras del Metro? ¿Logrará que el AVE llegue a Granada con la Estación de Moneo terminada? ¿Vencerá a la caprichosa orografía del litoral y veremos acabada la A-7? ¿Convencerá a Europa para que el Corredor pase por la costa granadina y malagueña? ¿Tendrá dinero para el ascensor a la Alhambra pero no para el Teatro de la Ópera o Cines del Sur? ¿Habrá recortes en educación y sanidad como ensayan las comunidades ‘afines’?

Aparte de apelar a la nefasta gestión socialista, ¿qué hará entonces el PP de Granada? No podrá recurrir a la política del agravio. En realidad, no valdrá la política; lo que piden los ciudadanos son salidas y soluciones. Gestión honesta y eficaz. Acuerdos y dinero encima de la mesa. ¿Serán capaces de mirar hacia adelante?¿Están preparados para pagar el precio de gobernar?

Rubalcaba, González y Griñán están hoy en Atarfe en un acto central de precampaña. Los socialistas no dan por perdido el Gobierno central, al menos confían en amortiguar la derrota, y mucho menos el de la Junta. Pero los nubarrones son inmensos: en política, el PP les saca demasiados puntos de ventaja y, en gestión, tienen a medio país escéptico y al otro medio en contra. Ellos ya están pagando el precio de gobernar…

“Rajoy gay” y otras conspiraciones

Magdalena Trillo | 20 de marzo de 2011 a las 14:58

Si tecleamos en Google “Sarkozy” aparecerá el nombre del presidente francés asociado al término “judío” (juif). Cuando me lo contó esta semana un compañero de la Facultad de Comunicación, asombrado con el revuelo que se ha montado en Francia al conocerse los intereses ocultos de los usuarios del buscador (y el antisemitismo de la población que se desprende), pensé que debía ser un montaje. Intencionado. Casi malicioso. Tal vez derivado del creciente descrédito del mandatario francés, del hundimiento de su partido que pronostican todas las encuestas y de la vertiginosa ascensión de la ultraderecha con la hija de Le Pen. Una campaña orquestada desde la Red contra el celoso, prepotente y contradictorio líder europeo.

Resultado o no de una ‘maquinación’, es cierto. Hagan la prueba. No tenemos que viajar a la época de los Illuminati para descubrir que todo está conectado. Que nada es porque sí.

Justo al día siguiente de esta conversación cae en mis manos un reportaje de La Vanguardia sobre la conspiración en la era de la información: desde la muerte de Kennedy hasta el Club Bilderberg y los atentados del 11-S. El artículo empieza recordando aquel febrero de hace un año en que José Blanco, nada más ser nombrado ministro de Fomento, aseguraba en una entrevista que “nada de lo que está ocurriendo en el mundo, incluidos los editoriales de los periódicos extranjeros, es casual ni inocente”. Lo confesaba un verdadero experto en el arte de fabular… Recuerden, por ejemplo, el reciente episodio de Vistalegre y sus no explicaciones sobre la no suspensión del mitin y la no estrategia electoral que no podía revelar.

En política lo llaman estrategia, aunque esconde el mismo lado oscuro que toda conspiración de manual: sospechas, mentiras, verdades fabricadas y, como dicen en mi pueblo, mucha puñalada trapera. Repasen los titulares de las últimas semanas. Más del caso Gürtel sin que nadie (ni sus propio ‘jefes’) puedan hacer desaparecer a Camps (¿son favores lo que le debe Rajoy o algo más?), la conmemoración del 11-M y el desempolvo de las teorías de la conspiración, el fraude de los ERE en Andalucía con la sospechas del PP de que el propio Griñán conoció la trama, el caso Fustegueras de Jerez con maniobras del propio Chaves para quitarse de en medio a Pilar Sánchez, Zapatero y sus enigmáticas reuniones con Bono mientras media España sigue especulando con su sucesión…

No debe extrañar que los europeos, sin excepción, confiesen que no se fían de sus líderes. Lo publicaba El País este lunes a partir de una encuesta conjunta con otros cuatro diarios afines: “Nadie se cree que los políticos actúen con honestidad e integridad”. ¿Algún ayuntamiento se libra de las sospechas de corrupción? ¿Cuánta conspiración hay detrás de una estafa inmobiliaria? ¿Y detrás de un arreglillo urbanístico? ¿Y de un inocente desvío presupuestario para pagar una obra municipal con fondos del Plan E?

Nada es casual. No lo parece, desde luego, que sea justamente la Comunidad de Valencia, cuna de los casos Fabra, Brugal o Gürtel, la que acoja en abril un simposio mundial sobre la conspiración, las sociedades secretas y los complots. Se titula Spectra y quieren “poner en contacto a gente diversa para conspirar”.

Para eso no hace falta un simposio. Basta con entrar en la Red. La herramienta ‘autocompletar’ de Google nos va dando las pistas. Escriban “Gadafi”; el buscador lo unirá a “Franco”, “ETA” y “mujeres”. Pregunten por “Berlusconi”; nos llevará a su “bunga bunga”. Tecleen “Zapatero”; nos propondrá su “dimisión”. Escriban “Rajoy”; nos sugerirá “gay”… 294.000 casuales resultados a día de ayer.

Buy a newspaper, save a journalist

Magdalena Trillo | 17 de agosto de 2009 a las 8:40

Si eres periodista, reportero, editor o seguidor de los medios, apoya el sector con uno de nuestros diseños: ¡Buy a newspaper, save a journalist!”. Mientras en Estados Unidos son capaces de idear un negocio a costa de la crisis mundial de la prensa vendiendo camisetas de todos los colores, tallas y estilos, gigantes mugs para el café y hasta corbatas, en España seguimos subiendo escaños para hundir la profesión, cargarnos las instituciones del Estado y hasta minar la democracia.

A la sequía del verano se incorpora este año -con pasmoso pasotismo de quienes debiéramos velar por que se mantengan las reglas del juego-, el periodismo enlatado y teledirigido. ¿Los protoganistas? Una vez más, nuestros políticos. Comenzó la semana pasada Francisco Camps distribuyendo un DVD en el que desvelaba una nueva faceta artística que sumar a su afición por la moda: la de actor. Simulaba que ofrecía una rueda de prensa para valorar su absolución en el caso Gürtel. Todo alegría en el PP. Al otro lado del Atlántico, la ‘vice’ respondía anunciando un recurso de la Fiscalía del Estado contra el archivo de la causa por cohecho y, desde la playa, María Dolores de Cospedal completaba la semana lanzando unas tremendas acusaciones contra el Gobierno, los jueces y las fuerzas de seguridad del Estado (de momento, sin pruebas) siguiendo la misma hoja de ruta: una estudiada grabación, perfectamente distribuida y sin opción a la réplica. Hasta el líder de los populares se fue de vacaciones aportando un toque de ‘modernidad’ a sus ruedas de prensa unidireccionales: se grabó dando un paseíto a la salida de la calle Génova y ‘colgó’ el vídeo en su blog Rajoy en acción. Sin comentarios.

Lo peor del caso es que amenazan con proseguir todo el verano fabricando noticias (o no-noticias, que para el caso es lo mismo) y continuar animando el panorama mediático con grabaciones y comunicados propagadísticos. Puro entretenimiento. Que si unos ‘manejan’ a la justicia a su antojo, que si otros se ‘aburren’ y se aficionan al espionaje… También están los que se cabrean y se dedican a increpar al ‘mensajero’ (el ministro de Trabajo tuvo que pedir dispulpas por su jefe de prensa) y, como no anden listos, hay ‘una’ que tendrá que ponerse al día en ‘valencianidad’ para ocupar un sillón en el Senado.

Volviendo a las ‘latas informativas’, lo único extraño es que no se haya tomado más nota a nivel local. Lo digo, por ejemplo, por nuestro alcalde. Hoy mismo podríamos imaginarlo en la playa, con un favorecedor bronceado y explicando por qué el caballo de Pérez Villalta se quita del Ayuntamiento ‘por feo’ y el monolito franquista de Primo de Rivera se queda en Bibataubín por artístico. Desde luego, hay que reconocer que sería mucho más barato y operativo que poner en marcha una tele municipal. Mientras, con o sin eslogan, compremos un periódico (o no) y salvémonos todos. Mejor aún, dediquémonos a otra cosa.