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La política del cangrejo

Magdalena Trillo | 11 de noviembre de 2012 a las 10:20

Me contaba anoche un compañero del periódico una conversación de bar. Diez de la mañana. El café, la chapata y el periódico. En la portada, el lío del AVE. Un cordobés, que lleva una década visitando Granada por motivos de trabajo, había llegado a una conclusión: no es la malafollá lo que define a esta ciudad; es la inercia a la parálisis. “Un paso adelante y siete atrás”. Consulten las hemerotecas y compruébenlo. Imagino que los periodistas no hacemos bien nuestro trabajo cuando no somos capaces de frenar esa insufrible política de declaraciones que está convirtiendo el manido ‘todo es posible en Granada’ en una terrible profecía. Una distracción interesada cuando no hay dinero que invertir ni promesas que vender.

Torres Hurtado todavía vive de las rentas del primer mandato, aquel en el que aún tenía sentido crear una Gerencia de Urbanismo y la gestión de suelo permitía cierto lucimiento. Basta recurrir a la Wikipedia para darse cuenta de lo difícil que va a tener cerrar con brillantez su legado a esta ciudad: ya en el segundo tiempo tienen que recurrir a las obras del Metro (¡de la Junta!) para llenar de contenido su etapa de gobierno y, salvo que la economía dé un vuelco espectacular a partir de 2014, lo único que podrá gestionar estos años es miseria. Y facturas.

Lo confesaba Ana Pastor esta semana en Jaén cuando dio por “inaugurada” la “factura” de la A32 entre Ibros y Úbeda. Ese mismo día, en un encuentro privado con un grupo de periodistas, reconocía la titular de Fomento las estrecheces y malabarismos a los que están obligando los recortes y el control del déficit y advertía del limitado margen con que cuentan no ya para afrontar nuevos proyectos, sino para hacer frente a los comprometidos. En su caso no está ayudando ni la ‘herencia’ recibida (40.000 millones de obras sin pagar) ni la política estrella de las obras públicas: “todos de todo en todas partes”. Rompo el off the record pactado sólo para declarar que, pese al coste mediático y social, hace bien en actuar de “forma preventiva”, si no hay dinero no se pone en la foto ni da el titular, y en seguir dos máximas que deberían estar en el catecismo del político: no mentir y hacer lo que se dice.

Lo que debería preocupar de tal estrategia es la rotundidad con que se posicionó contra las obras faraónicas y los costosos “soterramientos”. Hablábamos del AVE y, a la espera de que los técnicos de Adif y del Ayuntamiento se pongan de acuerdo, me vine de la reunión con una certeza: si vemos llegar en este mandato un tren de alta velocidad a Andaluces, será en superficie. No especularé con operaciones urbanísticas ni me perderé en el laberinto de los argumentos técnicos, pero sí quiero sumarme a los empresarios para denunciar el “hartazgo” que produce esta nueva vuelta atrás. No sé si nos equivocamos antes o ahora, no sé si estábamos perdidos o nos perdemos ahora, pero la política que se impone es la del cangrejo: desandaremos años de trabajo y echaremos por tierra un buen puñado de millones. Cangrejos y más cangrejos. Caminando de lado o hacia atrás, pero nunca hacia adelante.

Esta semana ha sido la Alta Velocidad pero la próxima será un nuevo “imprevisto” en la A-7, la maldición del Centro Lorca, el bloqueo del Nevada e Ikea, la paralización de la Segunda Circunvalación o el freno de la no comenzada Darro-Iznalloz. Recurrentemente, nos distraeremos creando comisiones técnicas que a ningún sitio conducirán, volveremos a hacernos las mismas fotos firmando protocolos de intenciones que –sin dinero- no servirán para nada y nos diluiremos en el pozo de la chistera con ascensores a la Alhambra y funiculares a la Sierra.

En Una soledad demasiado ruidosa, el novelista checo Bohumil Hrabal nos cuenta la historia de Hanta. Lleva treinta y cinco años triturando libros y papel viejo, toneladas de sueños y de saber. El protagonista de esta fábula del amor y la soledad, de la creación y la destrucción, termina escogiendo su caída pero no sin antes iluminarnos por los senderos de Lao Tse, Nietzsche, Kant o Hegel. La cita del filósofo de Stuttgart se la dedico a Granada: “La única cosa aterradora es lo fosilizado, rígido y moribundo. En cambio, la única cosa satisfactoria es cuando un individuo, una sociedad, consigue rejuvenecerse en la lucha, conquistar su derecho a una nueva vida”. Los versos de Sandburg, a quien los quiera escuchar: “Del hombre, al final, apenas queda nada más que el fósforo suficiente para una caja de cerillas”. Su frase del Talmud me la guardo para mí: “Somos como aceitunas, cuando nos chafan sacamos nuestro mejor jugo”.

Todo en el aire

Magdalena Trillo | 16 de septiembre de 2012 a las 8:11

“¿Será verdad que tenemos la patria deshecha, la vida en suspenso, todo en el aire?”. Unos meses antes de estallar la Guerra Civil, Pedro Salinas expresaba con este desgarro el desconcierto y temor con que vivían los españoles; era 1936 y pocos sabían lo que estaba pasando. Hoy, casi ochenta años después, no suenan los tambores de guerra pero la desazón no es menor. Ni la confusión. Ni la inquietud.

En menos de una semana, Barcelona y Madrid han congregado a miles de ciudadanos en las calles anunciando el otoño convulso que seguirá a la aparente normalidad de la vuelta a las aulas… El insolente martilleo del despertador, las escurridizas sirenas de los colegios, la tediosa espera en el centro de salud y hasta el insufrible atasco de los lunes. ¡Añorada rutina! En tres décadas de imparable avance democrático, nunca un curso lectivo se ha abierto con más anhelos de normalidad y más razones para la desesperanza.

Recortes y reciclaje. Más alumnos en las clases y menos profesores. Material más caro por la subida del IVA, menos recursos en las familias y exigencias leoninas para acceder a las becas y a los programas de ayudas. Por primera vez en doce años ha disminuido el número de docentes –más de 500 interinos sin trabajo en Granada– y hasta Andalucía, que está haciendo bandera de la educación frente al Gobierno de Rajoy, se ha visto obligada a tocar una de sus apuestas ‘estrella’ renunciando al reparto de ordenadores.

Aquí (de momento) no hay guerra de ‘tuppers’, pero no seamos ilusos: la situación de impagos de la Junta es crítica y, por mucha consecuencia que sea de la ‘tijera’ de Madrid, los ajustes afectarán a la calidad de la enseñanza como ya han golpeado a la sanidad (¿será verdad que la Ana Mato quiere ‘curarnos’ las hernias con el timo de la ozonoterapia?) y como ocurrirá con los servicios sociales. Sin necesidad de citar a Salinas,  el ministro De Guindos ya lo ha advertido en el Congreso: si la economía no crece en los próximos meses, no habrá dinero ni para las prestaciones más básicas. ¡Todo en el aire!

En el aire y en suspenso. Aunque a Rajoy le parezca un “lío” y a los nuevos responsables de TVE un tema de segunda –sólo unas semanas ha necesitado el PP para dinamitar la pluralidad de la televisión pública–, los catalanes han removido los cimientos del Estado y han dejado claro que el ‘café para todos’ no es suficiente. El clamor del pueblo catalán con la multitudinaria marcha del martes, la manifestación por la independencia más masiva de la etapa autonómica, no deja de ser la expresión de un problema histórico no resuelto.

Tal vez sea una reivindicación inoportuna y oportunista y arrastra, sin duda, un creciente malestar social por los recortes, los agravios, la incomprensión y hasta el interesado debate de recentralización de competencias que está promoviendo más de un barón del PP. Pero no tiene vuelta atrás. Con o sin crisis económica, es responsabilidad de quienes nos gobiernan (y representan) buscar la fórmula para encauzar tanto los sueños soberanistas de Cataluña como el fin del terrorismo en el País Vasco en una España plural y diversa que no abra nuevas brechas Norte-Sur.

Para Andalucía, no hay mayor riesgo que insistir en los tópicos e invocar falsos hartazgos. ¿“Fatiga mutua” decía Artur Mas? Si avanzar en el modelo territorial del Estado no es lo urgente para el Gobierno (ya avisó Rajoy en la entrevista del lunes que lo primero –y único– es cumplir el déficit), sí lo es abordar el problema de ‘elefantiasis’ de la Administración. Podemos hacerlo desde el disenso y la confrontación o desde la unidad, la coherencia y la solidaridad. Construyendo más España o permitiendo que se extienda la falacia de que la salida al túnel de la crisis es huyendo… Cambiemos ‘independentismo’ por ‘federalismo’ y atrevámonos a abrir, con valentía, el siempre aplazado debate del Estado federal. Pero en la misma mesa. Todos. En igualdad de condiciones. Sin chantajes.

¡Y sin patrias deshechas! Pocos lo verían, pero esta reivindicación también se sumó ayer a las consignas que arroparon el “¡Vamos, hay que impedir que arruinen el país!” de Madrid. Entre los millares de manifestantes que dibujaron la marea blanca y verde, había uno, granadino, sindicalista, de los históricos, que llevaba en la solapa las palabras de Salinas. A veces, la verdad ‘fantasiosa’ de la literatura, de la poesía, es la más clarividente. Y la que menos se deja prostituir.

Quemados y jodidos

Magdalena Trillo | 15 de julio de 2012 a las 8:29

Somos títeres de Europa. Lo puede hacer Rajoy o lo puede hacer un Monti a la española. Esta es la parte que el Gobierno no reconoce y que explica todas y cada una de las duras, dolorosas y “obligadas” medidas que ha tomado en los últimos meses hasta desembocar en el “mayor recorte” de la democracia: la injusta e ineficaz subida del IVA que jamás haría, tajo al subsidio del paro, adiós a la extra de Navidad de los funcionarios, supresión de la deducción por vivienda, eliminación del 30% de los concejales (520 sólo en Granada), nueva tijera de 600 millones en los ministerios, bocado en el IRFP de los autónomos, reducción de las ayudas al alquiler para jóvenes… Así hasta alcanzar un ahorro de 65.000 millones en dos años. Un hachazo histórico, ¿inevitable?, que se suma al polémico copago sanitario y al hundimiento de las inversiones; que llegará a los 125.000 millones con los ajustes iniciados en la etapa de Zapatero y que vuelve a golpear a las clases medias -cada vez más empobrecidas y sin capacidad para reactivar la economía-, funcionarios, parados o dependientes. La vida más cara y los sueldos más bajos. De la peluquería a la funeraria. De los cines a las bibliotecas. De la floristería a los museos.

Si obviamos la risa nerviosa y cínica de algún que otro ministro, el bochornoso aplauso con que la bancada popular vitoreó este miércoles el severo ajuste y el vergonzoso “que os jodan” de la diputada del PP Andrea Fabra, el escenario que dibujó Rajoy habría que calificarlo de tenebroso. En diciembre, todos los periódicos españoles publicamos una impactante fotografía de la ministra italiana de Trabajo explicando los recortes. Lloraba. En España, con o sin herencia recibida, seguimos la fiesta del orgullo patrio. Lo celebramos. Pero acierta más Antonio Jara en su diagnóstico de tinieblas que el presidente del Gobierno recurriendo a Ortega y Gasset: “Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande y sólo es posible avanzar cuando se mira lejos”. La triste realidad es que ni progresamos ni avanzamos; sólo cumplimos dudosas instrucciones en un creciente escenario de desconfianza.

En España, lo apuntaba el presidente de CajaGranada, llevamos tres años inmersos en un proceso de ajuste “acelerado, casi frenético y escasamente ordenado”. Improvisado. Hablaba Jara de la reconversión financiera y de sus “consecuencias imprevisibles” pero aplíquenlo a la economía, a la política, a sus vidas. ¡Veinte reformas nos faltan hasta final de año! Presentaba el informe Eseca en la enésima jornada negra de previsiones financieras: Andalucía seguirá destruyendo empleo hasta 2013 y la tasa de paro alcanzará el 35%. Uno de cada tres andaluces estará sin trabajo dentro de un año. Tenebroso, sí. Siniestro. Porque lo más desolador del paquete de medidas es su cuestionable impacto para el crecimiento de la economía y el empleo. Al menos en el corto plazo. Al menos “en esta España”. Justo lo que siguen gritando los mercados e inversores con su incesante castigo a la deuda soberana.

“Nada será igual que antes de esta crisis”, lamentaba Jara. Nada es ya igual. Había mucho que “aprender y rectificar” y sigue habiéndolo. Empezando por mostrar un poco de respeto a los ciudadanos a los que se exige esfuerzo, una y otra vez, sin tener muy claro para qué. Sabiendo, certeramente, que es el precio del rescate a los bancos y rezando para que, después del verano, lo que hoy es pérdida de soberanía e intervención ‘blanda’ no sea total y, en el mejor de los casos, nos permitieran convocar elecciones anticipadas sin colocar una marioneta tecnócrata al frente del Gobierno.

No nos equivoquemos; sí hay alternativa pero es así de dura. La partitura para evitar que España acabe intervenida deja poco margen de interpretación. Recuerdo las ojeras y palidez de Zapatero y preocupa ya en su entorno la delgadez de Rajoy. Si en los últimos años hemos tenido sobradas muestras de que el poder corrompe, ahora sabemos que perjudica gravemente la salud… En un curso de verano de la Universidad, el profesor Delgado Padial disertaba precisamente esta semana sobre los efectos nocivos del empleo precario y el paro, de los riesgos psicosociales de la crisis, la incertidumbre y el miedo al futuro, las consecuencias del estrés crónico laboral… El síndrome de estar quemado. Quemados, sí. Gobernantes y goberrnados. Jodidos, sí. Pero unos más que otros… Señorías, al menos no aplaudan… Anoche me volví a enardecer con el #queosjodan de Fabra. Estaba viendo Margin Call y era justo lo que clamaba insolente un tiburón de Wall Street.

Se acabaron las utopías

Magdalena Trillo | 22 de abril de 2012 a las 9:37

REFORMAS o recortes. Para solucionar deficiencias o para hacer caja. Para ser más competitivos o para contentar a los mercados. ¿Tiene realmente el equipo de Rajoy una hoja de ruta para salir de la crisis o es su gobierno una peligrosa reacción impulsiva a cada bajada del Íbex? ¿Negocia o impone? La improvisación, la descoordinación y las progresivas rectificaciones que han acompañado en los últimos días a la mayor transformación del Estado que se ha planteado en treinta años de democracia sólo tiene una lectura posible: estamos utilizando la crisis financiera para minar la España de las Autonomías y desmantelar la justicia, la sanidad y la educación tal y como las conocíamos hasta ahora: gratuita, igualitaria y universal.

Notas de prensa a las cinco de la tarde que esconden un ajuste extra de 10.000 millones con el que el Ejecutivo invalida su propio presupuesto y confirma su enésimo incumplimiento del programa electoral. Rajoy huyendo por el garaje del Senado para no dar la cara ante los periodistas, el anuncio del copago farmacéutico en una filtración periodística desde México… ¿No eran los socialistas los que tenían problemas de comunicación? La realidad es tozuda: ni bastaba con sacar a Zapatero de La Moncloa para calmar a los inversores ni era suficiente enarbolar la gaviota azul para generar confianza y credibilidad. Ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.

Lo comprobamos ‘fuera’ cada mañana cuando nos disputamos con los italianos la prima de riesgo más alta y cercana al rescate; nos lo recuerda el FMI cuando advierte que este año llegaremos al 6% de déficit (no el 5,3 comprometido) y nos alerta del “riesgo financiero” que supone que vivamos más de la cuenta; lo sufrimos al otro lado del Atlántico cuando la señora Kirchner expolia tan alegremente Repsol, aunque sea tras tener que aclarar que es la “presidenta de Argentina y no una patatera”; y decepciona cuando se envilece la campaña electoral francesa con Sarkozy y Hollande atacando a España para ganar votos con el mensaje del contagio y el miedo.

Tampoco ‘dentro’ se puede ser creíble cuando se anuncian medidas para ahorrar 7.000 millones en sanidad sin entregar ni un solo papel a los consejeros que han de aplicarlas, sin aportar una memoria económica que detalle el impacto real del plan de reforma y sin estudios sólidos que expliquen, y justifiquen, que “el sistema no es sostenible” y que es mejor camino cobrar por las medicinas a los pensionistas que reducir la cuenta de resultados de las farmacéuticas.

Sería iluso negar que no hay deficiencias, abusos y hasta despilfarro en nuestra sanidad (3.700 toneladas de medicinas se tiran a la basura al año), pero nadie del Gobierno ha aportado de momento ni una sola prueba de que el polémico ‘repago’ sirva para atajar tales problemas. Más bien al contrario. Nuestros vecinos portugueses, por ejemplo, empezaron a aplicarlo hace 25 años con la misma finalidad y ya han extendido el cobro de los fármacos a las consultas del médico de familia, al especialista y las urgencias sin que se haya reducido el déficit. Hoy, un millón y medio de usuarios lusos no tienen médico asignado y se ven obligados a hacer cola de madrugada a las puertas de los centros de salud para ser atendidos.

El mensaje del Gobierno, obviamente, es diferente: los parados sin prestación no tendrán que pagar por sus medicamentos, los jubilados lo harán según su renta y se acabará con el fraude del turismo sanitario. Todo bondades y equidad. Si en Andalucía, País Vasco y Canarias también gobernara el PP sólo podríamos aplaudir al Gobierno por su disposición a terminar con los “abusos” y poco sabríamos de la letra pequeña. Como la que conocimos el viernes tras la aprobación del decreto-ley: que también se va modificar la ley de extranjería contra los ‘sin papeles’. El padrón no será suficiente para acceder a la tarjeta y, eso sí, ahorraremos 500 millones.

Siempre he pensado que más peligrosas que las mentiras son las medias verdades. Por eso me ha resultado casi valiente escuchar al senador del PP Jesús Aguirre confesar hace unos días que, “pasadas las elecciones”, ya se puede hablar claro sobre la sanidad: “la solidaridad, universalidad o gratuidad son una utopía”. Lleva razón pero se queda corto. Lo que se han acabado en la España de Rajoy son las utopías.

Espejismos

Magdalena Trillo | 12 de abril de 2012 a las 9:33

Es el primer año que he visto la Semana Santa enganchada al móvil. Primero: el tiempo; imposible desacertar más. Segundo: la información cofrade; insuperable el momento botella de ron del que, por supuesto, no informa ninguna guía. Ni en papel ni en la web. Pasadas las diez de la noche, a los pies de San Pedro, los músicos del Cristo de los Gitanos entonan agudos empinando el codo; un comportamiento más propio de los ‘turistas de borrachera’ de Salou y Lloret de Mar que de una estación de penitencia. Tercero: internet. Aquí llega la tragedia.

Miércoles Santo. Medianoche destemplada. En el corazón del Realejo. Mientras espero a que se encierre la Virgen de las Penas, me conecto a twitter. Una veterana periodista, Rosa María Artal, lanza una pregunta: ¿Acabaremos pegándonos un tiro? Entro en su blog: “Dimitris Christoulas. 77 años. Farmacéutico jubilado. Casado y padre de una hija. Este miércoles –cuya santidad celebran con tanto fervor muchos neoliberales– se ha pegado un tiro frente al Parlamento griego ”.

Es la primera inmolación pública en Europa por la crisis. En unos segundos, la imagen irreverente de la banda se mezcla con la inconsciencia de los adolescentes del balconing y la frialdad del joven tunecino que prendió la ‘primavera árabe’ hace un año. No da igual cómo vivir y no da igual cómo morir.

Mohamed Bouzazi mantenía a su familia vendiendo frutas y verduras en un puesto ambulante. La policía lo confiscó porque no tenía licencia y, presuntamente, le agredió. La desesperación hizo el resto: compró una lata de pintura inflamable y se quemó a lo bonzo. Algunos medios lo bautizaron como “el mártir que llegó con la primavera”. Su sacrificio hizo estallar la revuelta y provocó la salida del dictador Ben Ali. Un supuesto final feliz que, como en el resto de países que se dejaron contagiar del movimiento de liberación, no es más que un espejismo. Tan irreal como una noche de fiesta y pasión a cualquier precio.

Dimitris Christoulas escribió una nota antes de quitarse la vida. “No puedo vivir en estas condiciones. No encuentro otra solución para un final digno antes de que esté reducido a buscar en la basura para alimentarme”. Acusaba al Gobierno de “aniquilar cualquier esperanza de supervivencia” con sus planes de ajuste y sólo mostraba esperanza en que, algún día, “los jóvenes sin futuro” tomen las armas y “cuelguen a los traidores”. Pero la mitad de esos salvadores, en media Europa, están en paro. Las pensiones se han reducido entre un 15 y un 20%; la factura de la luz ha subido un 9% y el IVA un 10%; la gasolina marca precios récord y los productos básicos están un 40% más caros que en España.

Entre huelga y huelga, los vecinos helenos descargan su ingenio en la red: circulan vídeos en Youtube explicando cómo engancharse a la luz o cómo evadir el impuesto de bienes inmuebles… La realidad es que “la cohesión social ha estallado”, como proclamaban esta semana sus gobernantes. Que los griegos pasan hambre y que los suicidios han aumentado un 40% desde el inicio de la crisis. Aunque no se cuente. Curiosamente, lo que relatan brevemente los periódicos son historias aisladas de empresarios arruinados que se ‘caen’ por el balcón, por un barranco o sufren inesperados accidentes.

Y Grecia es el modelo. Mariano Rajoy nos dijo que saldríamos de la crisis con confianza. Que él traería la confianza. Que los sacrificios tendrán recompensa. Otro espejismo; esta vez fabricado. En la víspera de la aprobación de los Presupuestos, el presidente del Gobierno recibió en La Moncloa a un ‘emisario’ de Angela Merkel y lo dejó “impresionado” con los recortes y reformas. A diferencia de lo que sentencian a diario las Bolsas y la prima de riesgo, el tal Volker Kauder fue tajante: “Vamos por el camino correcto”. No aclaró, sin embargo, hacia qué abismo nos conduce.

La prueba de que la religión de la austeridad no funciona está en Irlanda. Tanto la canciller alemana como los gurús del FMI se felicitaron hace un año por la recuperación del país. Ya está otra vez en recesión. Ni el plan de rescate ha servido para sanear la banca ni hay quien consuma y reactive la economía cuando se bajan los sueldos, se suben los impuestos y se despiden trabajadores al mismo ritmo que se aplica la tijera. El único destino posible a ese camino es paro, pobreza y desesperación. Lamentablemente, no es ningún espejismo.

El mensaje del sur

Magdalena Trillo | 1 de abril de 2012 a las 11:38

Desde la estepa madrileña, las vacas sagradas de la política y el periodismo enjuician con vehemencia y desdén todo lo que ocurre al otro lado de Despeñaperros. Hace justo una semana, dos millones de andaluces osaron votar a partidos de izquierda; una tragedia que sólo pueden explicar por la estulticia, dependencia y falta de criterio del pueblo andaluz. A la cuarta, el Partido Popular lograba una “victoria histórica” pero no gobernará; a la primera, José Antonio Griñán renace de sus cenizas emulando la hazaña de Rubalcaba del congreso federal y ya ha fijado la hoja de ruta con IU para marcar el contrapunto al gobierno de Rajoy. Se hará, desde el sur, pero tendrá precio.

No veo a nadie haciendo las maletas por un resultado electoral pero sí a muchos cabreados. Andalucía, refugio y símbolo para la “reconquista” socialista, se convertirá en rehén del enfrentamiento entre los dos grandes partidos y de la guerra entre comunidades. El mensaje electoral del sur contradice, además, el guión de recortes de Mariano Rajoy.

Está por ver si un gobierno PSOE-IU es capaz de demostrar que se puede gestionar sin dilapidar el Estado del Bienestar, que la socialdemocracia no está muerta, que las recetas del neoliberalismo no son infalibles y que puede haber salida a la crisis desde la izquierda como predica en Francia François Hollande. Todo esto en la teoría; en la práctica, Griñán tendrá que demostrar que su presupuesto expansivo es sostenible con el recorte exigido de 2.500 millones y que es posible ahorrar en sanidad sin copago, en educación sin privatizar colegios y en la Administración sin recurrir al despido masivo.

Izquierda Unida pondrá sobre la mesa de negociación el programa que firmaron ante notario pero es difícil pensar que se mantengan al margen del reparto de sillones. Se situarán al frente del Parlamento, habrá comisión de investigación sobre el fraude de los ERE y ya empiezan a sonar nombres para quedarse con áreas tan simbólicas como agricultura y empleo y tan ‘rentables’ como turismo. Descartada por completo la opción de un gobierno de concentración y, a la espera de la letra pequeña del pacto Griñán-Valderas, lo curioso es que tanto en el PSOE como en el PP se dan un margen de menos de dos años para las primeras crisis de gobierno.

Dos teorías serían compatibles. La primera: entre la agresividad de la reforma laboral, el aumento del paro en más de 600.000 personas y el retraso de la recuperación económica por la caída del PIB, el Ejecutivo de Rajoy estará haciendo aguas en poco más de un año. Será entonces cuando el presidente del Gobierno deba afrontar su primera remodelación y ‘rescate’ a Javier Arenas en Madrid, ya sea de vicepresidente, de ministro o al frente de alguna de las grandes empresas públicas.

Aunque su sucesión sigue siendo tema tabú, hay dos delfines que coinciden en casi todas las quinielas: la malagueña Esperanza Oña y el cordobés José Antonio Nieto. El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y el alcalde de Motril, Carlos Rojas, entran y salen de las apuestas según preferencias.

El segundo futurible tiene que ver con las dificultades que atravesará ese gobierno de contrapoder del sur que habrá de contentar no pocos egos y continuar como agencia de colocación para demasiados damnificados del poder local y provincial sin renunciar a las reformas ni a las políticas de austeridad. Dos años como máximo para que Griñán rompa con IU y, en plena crisis del Gobierno central, convoque elecciones y gane (entonces sí) por mayoría absoluta…

De momento, es uno de los ministros ‘hacedores’ del fracaso de Arenas, Cristóbal Montoro, quien intensifica la escalada de desgaste. A los recortes draconianos de los Presupuestos, han sumado aquella amnistía fiscal que Rajoy tildó de “ocurrencia” cuando estaba en la oposición y Cospedal definió como “impresentable, injusta y antisocial”. Pues ya está aprobada para que los legales paguemos más y los que defraudan hallen el perdón. Se anunció el Viernes de Dolores y, por suerte, también ese día el mensaje desde Andalucía fue distinto.

Mientras Madrid explicaba al mundo la nueva tanda de tijeretazos, el artista irlandés Sean Scully mostraba en la Alhambra su nueva obra. La luz del sur. La geometría como reflejo del alma; ni tinieblas ni tragedia. La luz del sur; con todo su significado y sus consecuencias, con toda su intensidad y amplitud.

Mesas y garajes

Magdalena Trillo | 8 de enero de 2012 a las 1:17

No es un artículo costumbrista; aunque podría… Los funcionarios son unos vagos, en los hospitales se dedican a robar medicinas, en los colegios se tiran medio año de vacaciones y, entre los cinco millones de parados, más de uno se añade ceros de extranjis a la prestación y demasiados presumen de rechazar un empleo apostados en la barra del bar, jugando al dominó y comiendo de papá Estado; o sea, de usted y de mí. No es una parodia; aunque podría… Cayetano es un señor impresentable, como Durán i Lleida, pero ambos llevan razón cuando dicen que en Andalucía no tenemos ambición, cuando denuncian los efectos narcotizantes de la política de la subvención y cuando atacan a los rehenes de las paguillas. No son cuentos; son historias de Navidad… La abuela que se indigna porque la gente del pueblo no quiere trabajar en la aceituna (si no es por los rumanos se queda en el árbol), la cuñada que fue testigo del chantaje de un tipo a su jefe para que no lo sacara del paro, el vecino que tuvo que arreglar en negro la calefacción, la sobrina que practica ya lo del minijob (en el sueldo, no en las horas) sirviendo copas en un pub.

Todo esto se dice alrededor de una mesa. No veo detrás a Almodóvar, pero sí a Azcona. Mesas azules de resignación y de culpabilidad por los excesos del pasado. Mesas de conformismo ante los dolorosos pero “inevitables” tijeretazos del gabinete Rajoy. Mesas de estoicismo ante los capítulos dos, tres, cuatro… del docudrama que nos anuncian para 2012. ¿Usted no vivió por encima de sus posibilidades? ¿Usted no votó al PP para redimir sus pecados rascándose el bolsillo?

Será de mala educación hablar de política en las reuniones familiares, pero poco resulta ya tan barato como el pataleo. En España, nos lo recordaba el dueño de Abades en una entrevista explicando el éxito de su negocio, todo se hace en torno a una mesa. Comer, beber, celebrar, discutir, cerrar un buen trato, perder la casa jugando al monte y hasta arreglar un país. Alrededor de una mesa, los ministros de Rajoy han aprobado el mayor recorte de la historia (empezamos con una primera tacada de 8.900 millones y llegaremos a los 36.000) y se disponen a saciar a Europa (ahora sí) cueste lo que cueste… Sobre una mesa, Iñaki Urdangarín y su socio Diego Torres han escrito un verdadero manual de cómo ser millonario sin aflojarse la corbata… ¡696.000 euros cobraron al Villarreal por un estudio sobre esponsorización de 13 páginas! ¡A nueve millones de pesetas la hoja plagiada de internet! Y, frente a una mesa, ¿cuántos nos hemos privado de firmar aquellas golosas hipotecas-trampa con las que sobrecomprar la casa, amueblarla y escaparnos de crucero sin saber que tenemos un Jaguar en el garaje? Mesas de noble nogal,de mármol, de hierro forjado, dm, chapa o cartón. En las mesas se han escrito todos los capítulos de la historia (con mayúscula y con minúscula), se han urdido fraudes de libro y se ha calumniado y conspirado sin descanso.

Mesas en lujosos despachos y en mugrientos garajes. Leía esta semana que Google tiene un ‘garaje’ en Israel donde trabajan 250 ingenieros para mejorar Google+, Gmail, YouTube o digitalizar los Manuscritos del Mar Muerto. Lo hacen en su tiempo libre, en ese 20% que la empresa ofrece a cada empleado para que lo invierta en el proyecto que quiera. ¿Se lo imaginan? En lugar de escaquearse una hora para desayunar (y otra para adelantar la compra), ¡siguen trabajando! Tampoco pierden un mes al año chateando y navegando furtivamente como revelaba un estudio de Domeus que ya ha disparado todas las alarmas en las empresas; ¡innovan! Construyen nuestro futuro, crean para usted. Como han hecho durante siglos los grandes visionarios.

Pero la tentación del atajo fácil está ahí. Cercano. Cotidiano. Es una cuestión de esfuerzo y de valores. A lo Steve Jobs o a lo Francisco Camps… Bienvenido el plan del nuevo Gobierno contra el fraude, pero es sólo una gota en el mar; una pequeña esperanza para los que no van (o no quieren ir) de listos por la vida ni ser esclavos de la codicia. Usted elige.

Giros imposibles

Magdalena Trillo | 29 de mayo de 2011 a las 16:58

Justo el lunes de resaca electoral, el gobernador del Banco de España lanzaba un mensaje a navegantes: hacía un llamamiento a los nuevos gobiernos autonómicos y locales “a cumplir rigurosamente los objetivos de déficit” y advertía de que sería necesario recurrir a más recortes de gasto. Más agujeros en el cinturón.

Una semana antes, en un mitin en Sevilla, Rodríguez Zapatero aseguró que es “radical y absolutamente” falso que el Ejecutivo esté planeando nuevos ajustes tras el 22M como sugería el PP y pidió al partido de Mariano Rajoy que ya que “habitualmente no ayuda y pone zancadillas, al menos no intoxique”.

Sólo dos días más tarde, Angela Merkel retomaba sus ataques a la economía española como hacen los mercados un día sí y otro también a cuenta de los posibles ‘contagios’ por la quiebra de Grecia y Portugal. La canciller alemana aprovechaba una rueda de prensa en Berlín junto al presidente surcoreano para reclamar a las economías mediterráneas más trabajo y menos vacaciones. Merkel se olvidaba de nuestros salarios de mileuristas y nuestra productividad (trabajamos tres horas más al día) y tiraba de tópicos para exigir una “armonización” de la edad de jubilación y de las vacaciones. Es decir, que nos quedaríamos con los 20 días de los germanos pero no con sus sueldos.

En este contexto, y mientras el PSOE se desangra a cuenta de su crisis interna tras la debacle electoral, sólo faltaba un informe de la OCDE empeorando las previsiones de paro para este año (más del 20% en 2011) y alertando de que faltan por precisar partidas de recorte del gasto en 2012. Su recomendación para el Gobierno español es tajante: “empezar a prepararse para introducir nuevas medidas”.

Si echamos la vista atrás, no es la primera vez que Zapatero se pone el traje de suicida para inmolarse realizando las reformas que dicte Europa, el FMI y los mercados. Un “cueste lo que cueste” que podría tener varias lecturas: que ZP volverá a ‘rectificar’ y habrá más recortes si es preciso; que no va adelantar las elecciones a otoño si pone en riesgo las grandes reformas que tanto desgaste han supuesto (negociación colectiva, pensiones, reestructuración del mapa de cajas…) y que es imposible el giro a la izquierda que se pretende desde el partido.

Está bien que los socialistas definan un nuevo liderazgo que genere cierta credibilidad hacia el partido, que debatan y hagan autocrítica de la tremenda derrota del 22M y sería mejor, incluso, si fueran capaces de hallar más razones que la recurrente “crisis” para explicar por qué la ciudadanía les ha dado la espalda. No por hoy; por los diez meses que quedan de Gobierno socialista y por los cuatro años, como mínimo, que estarán en la oposición. Todo ello, por supuesto, si consideramos un juego de distracción los órdagos de esta semana sobre la posibilidad de que el PP presente una moción de censura o el PSOE valide sus apoyos en las cámaras sometiéndose a una cuestión de confianza.

Si el PP tiene una “agenda oculta de recortes“, como dicen los socialistas, lo veremos en unas semanas. Del mismo modo que podremos comprobar cómo van a canalizar su enorme poder los nuevos alcaldes, presidentes de diputaciones y de comunidades del PP para gestionar la ruina en que están los municipios y provincias españolas. Quienes repiten, como Torres Hurtado, son más que conscientes de que muchas de sus promesas formarán parte de operaciones de ingeniería financiera que exigirán más de un sacrificio para evitar la bancarrota. Y quienes ocupen nuevos sillones, como es el caso de Sebastián Pérez al frente de la Diputación, tendrán que modular discursos, renunciar a la política de confrontación que tan bien les ha funcionado y enfrentarse a unos presupuestos más que mermados. Por supuesto, podrán demostrar sin son más eficaces en la gestión y si los granadinos han acertado eligiéndolos para liderar esta nueva etapa política que, en lo económico, sigue marcada por dos realidades: el paro y los recortes.