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Gestionar la sombra

Magdalena Trillo | 19 de julio de 2015 a las 10:00

Lo más sensato, y más humano, que he escuchado en los últimos días sobre Grecia lo proclamaba un tipo cualquiera. Uno de los de abajo. Uno de esos miles de vecinos mediterráneos que -según intereses- hemos visto convertidos en pequeños héroes helenos capaces de desafiar a la gélida e impasible Merkel (no se pierdan el vídeo viral de minuto y medio con la cara de póquer de la canciller alemana ante el llanto frustrado de una niña palestina que no entiende que su único futuro sea la expulsión) o hemos caricaturizado como escurridizos pillos del siglo XXI en un país de laxitud donde nadie cumple, nadie paga y todos mienten (y no olviden, por supuesto, lo mal que sienta a los adalides del austericidio que haya tantos pensionistas ociosos y tantas familias viviendo ¿felizmente? de una subvención).

A pie de calle este señor le dijo a la Europa avanzada y rica del norte que hay algo que nunca le podrán arrebatar a los griegos: la sonrisa y el sol. A punto de afrontar la cuarta ola de calor de este tórrido verano, puede que no sea el momento más oportuno para convencer de las bondades de nuestro clima… Sobre todo cuando llevamos dos semanas de sofocos sobre el asfalto -ya advierten los científicos que hasta el aire se ha vuelto “irrespirable”-, empezamos a ver que ni las hordas de abanicos y ventiladores ayudan a atemperar las pasiones y, mientras descubrimos montañas de hielo en Plutón, nos damos cuenta de cómo nos africanizamos -en el sentido medioambiental del término- con la generosa e inconsciente contribución que todos realizamos a diario al calentamiento global.

Pero piénsenlo. Si Alemania pudiera ya nos habría expropiado el sol. Bueno, lo habrían hecho hace tiempo los germanos, los suecos, los noruegos o los rusos… y sin necesidad de la excusa de la crisis. La clave, la sensata, la daba este viernes -también desde abajo- el físico que dirige el Centro Meteorológico de Andalucía en una entrevista en Canal Sur: la clave es “gestionar la sombra”. En este sabio pueblo de toldos, patios y fuentes, no hay nada como el sentido común para suavizar los extremos y relativizar la grandilocuencia con que tendemos a tomarnos las encrucijadas de la vida. Las reales y las aparentes. Las grandes y las inexistentes.

Empecemos por lo literal: es verano, hace calor y es “normal”. No hace más calor que nunca. Todavía no hemos llegado a los 46,6 grados de 1993, hay un registro histórico que habla de ¡80 olas de calor! y no es cierto que cada verano vayamos a peor; justo el pasado fue uno de lo más frescos de la última década. La recomendación, por tanto, es muy sencilla: aprendamos a gestionar bien las sombras…

Figuradamente tampoco es mal consejo. El sentido común siempre es un buen aliado para combatir los bochornos -los físicos y los psíquicos-, pero también para relativizar los problemas y arrojar un poco de luz en esos túneles interminables de despropósitos que se empeñan en mantenernos fríos y a oscuras. Como en la caverna de Platón.

Porque, cuando todavía nos parezca sentir el frescor del bañador, el salitre del mar y el sabor ahumado de las sardinas, tocará gestionar la sombra inmensa que se prepara para el inicio de curso: Artur Mas con su candidatura de unidad jugando a romper España -cualquier catalán que quiera comprar el “Madrid nos roba” sabrá perfectamente qué tiene que votar para decir sí a un estado “desconectado” e independiente- y, sólo un par de meses más tarde, con el horizonte más incierto de toda la democracia, unas elecciones generales servirán a unos de plebiscito de liderazgo y a otros para saber hasta cuándo se sostendrán los quebradizos idilios de alianzas que se han conformado tras las municipales y autonómicas de mayo.

No descarte que en Andalucía tengamos que ir a las urnas en menos de un año ni dé por sentado que quien hoy es su alcalde se coma las uvas bajo el reloj municipal. En Granada, para gestionar la sombra no hay que esperar a que termine el verano. Hace más de un mes que se constituyeron los ayuntamientos, esta misma semana lo ha hecho la Diputación Provincial y aún estamos esperando un titular constructivo y de cambio que poder llevar a la portada. La crisis del Centro Lorca se reparte el protagonismo con la crisis de la Alhambra y, entre incendio e incendio, pasan los días dejando que todo siga igual.

Después de la ‘cuestionada’ elegancia del desnudo femenino, al alcalde apenas si lo llevan a las escuelas de verano para que le saquemos unos fotos amables con los niños -bien lejos de los insolentes periodistas con sus micrófonos y grabadoras- y, en la Plaza del Carmen, la actividad se reduce a las cordiales instantáneas que revelan la buena sintonía que aún hay entre el PP y Ciudadanos.

Casi de tapadillo nos enteramos que ya se ha elaborado un documento con más de 500 páginas con los cimientos para construir la Granada de 2020 y, con no pocas dificultades, hoy publicamos las líneas esenciales de ese Plan Estratégico que, siendo prudentemente pesimistas, tal vez esté abocado a la misma sombra que los anteriores: el apacible cajón de un funcionario municipal.

En esta monotonía suicida hay otra excepción: el eje de desarrollo Málaga-Sevilla. ¿Queremos estar en esa estrategia que están conformando las dos capitales andaluzas por encima de guerras de agravio e ideologías? ¿Sería una forma de rentabilizar las sinergias? ¿Sirven realmente este tipo de alianzas para algo? ¿Qué fortalezas podríamos aportar? ¿En qué se podría beneficiar Granada? No se ilusionen más de la cuenta. Este falso debate, muy a la ‘granaína’, también tiene sombra: lo que nos han trasladado muy seriamente a este periódico desde los dos focos de la negociación es concluyente: ni nos han invitado ni nos esperan.

Un novio rico para CajaGranada

Magdalena Trillo | 23 de septiembre de 2012 a las 10:50

Los resultados de los bancos han caído en picado en el primer semestre y se seguirán viendo lastrados por las crecientes exigencias de provisiones del tercer ‘decreto Guindos’. La morosidad continúa batiendo máximos históricos y a principios de verano, sólo un mes después de que España solicitase el primer rescate, ya rozaba un inédito 10% con un crecimiento de casi mil millones. El hundimiento del crédito a las empresas es tan alarmante que Economía ya ha anunciado que está buscando “vías alternativas” para respaldar los proyectos “más viables” tomando como referencia el modelo estadounidense en el que el 80% de las compañías ‘funcionan’ al margen de las entidades bancarias.

Un panorama desolador que arroja dos conclusiones: ni teníamos el mejor sistema financiero del mundo ni estamos cerca de tenerlo. No hay gasolina que inyectar a la economía y los motores están gripados. Descubriremos hasta qué punto cuando Oliver Wyman presente al BCE, FMI y CE los resultados del análisis de estrés al que ha sometido a la banca española. Será doloroso –se ha mirado “con lupa” los créditos y activos del ladrillo– y hay quien cree que hasta “innecesario”. La voz de alarma la daba hace unos días el presidente de Popular, Ángel Ron, criticando que llevamos cuatro meses pendientes de un examen que va introducir una “presión adicional” en el sector, ya que la dureza de las condiciones elegidas para el escenario de estrés –con una ratio principal del 9%– podría abocar a “bancos sanos” a sufrir una “debilidad transitoria” por tener que cumplir un horizonte que, a su juicio, sólo tiene un 1% de probabilidades de concretarse.

Ron tenía razones para preocuparse. Las primeras filtraciones sobre el informe de Wyman les imputan unas necesidades de capital de hasta 3.100 millones y, aunque el propio banco se apresuró ayer a desmentir la cifra alegando errores metodológicos, su situación está más que alejada de las entidades que no presentarían ninguna necesidad de capital: Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell, Bankinter y Kutxabank. Expansión lo publicaba ayer remitiendo a Bank of America: el déficit de capital de la banca española se situaría en los 52.000 millones: las nacionalizadas requerirían 43.600 millones y el resto se repartiría entre Popular, BMN, Ibercaja, Liberbank y Unicaja.

En este contexto, quien recibe un balón de oxígeno para maniobrar es el Gobierno, ya que una de las estrategias que baraja el Ejecutivo para evitar el rescate puro y duro es utilizar el dinero sobrante de los 100.000 millones de los bancos para reflotar la maltrecha economía. Esta fórmula, que no ha sido mal vista por las autoridades europeas, permitiría limar las reticencias de los países del norte y convencer al BCE para que compre en el mercado secundario en lo que sería un punto de inflexión para resolver el asfixiante problema de la deuda soberana y avanzar hacia ese “horizonte clareado” que Alemania dice vislumbrar en una versión renovada del engañoso placebo de los brotes verdes.

No ocurre igual con BMN. La viabilidad del grupo del que forma parte CajaGranada depende directamente del mapa bancario que se definirá a partir del test de Oliver Wyman. Y más que aclarar el horizonte, las estimaciones de Bank of America no han hecho sino oscurecerlo. Después de más de cuatro años de titubeos, fusiones frías fallidas y alianzas que han terminado perjudicando más que reflotando a las entidades con dificultades –piensen en Bankia y la lección ¿aprendida? de que dos manzanas podridas nunca pueden dar una sana–, los movimientos de las últimas semanas para la que será la ola definitiva de fusiones son de vértigo.

La situación de BMN es doblemente delicada. Con el endurecimiento del decreto Guindos, que obliga a buscar un socio solvente con el que aliarse, las esperanzas del grupo de CajaGranada se centraban en el banco centenario de Ángel Ron. Pero la operación se torna ahora poco viable. Popular necesitaría 3.100 millones y BMN, otros 2.100. Si a pesar del déficit conjunto de más de 5.000 millones avanzara la operación, la posición del grupo de CajaGranada sería más que limitada porque, aunque hasta ahora se había estimado en 930 millones sus necesidades financieras, el deterioro del sector las habría disparado a más del doble y esto, dentro de la nueva entidad resultante, apenas significaría un 3% del capital. Su ‘voz’, por tanto, estaría más que amortiguada. El segundo horizonte es aún más oscuro. Si no encuentra un novio rico a quien encandilar, la alternativa sería la nacionalización y la práctica desaparición de la Obra Social. Granada, no sólo la entidad, se juega su futuro.

Rescate: Es muss sein!

Magdalena Trillo | 15 de septiembre de 2012 a las 22:59

La difícil decisión. Beethoven escribió su cuarteto para cuerda Opus 135, el último gran trabajo del compositor alemán, en la difícil y asfixiante Viena de 1826. La sordera lo había sumido en un terrible aislamiento, estaba enfermo y, como buena parte de su vida, sin un centavo. El cuarteto toma el nombre del último movimiento. Unos acordes lentos y sombríos nos preguntan: “¿Debe ser?” Sin dilación, Beethoven sentencia en un allegro jocoso y con brío: “Es muss sein! Es muss sein, ja, ja, ja!”. Y una tercera voz añade: “Heraus mit dem Beutel!”, “¡Saca el monedero!”.

Nunca había reparado en las palabras que sustentan esta pequeña pieza musical hasta este verano. Me reencontraba con Milan Kundera y su Insoportable levedad del ser los mismos días en que la prima de riesgo rebasaba los 600 puntos, se anunciaba la visita a España de Merkel, aires de tragedia y el Gobierno empezaba a preparar el terreno del ‘gran rescate’. Desde entonces, no deja de taladrarme el profético “Es muss sein!”.

Todo surge de una deuda impagada. Lo cuenta el escritor checo en el libro: un tal señor Dembscher le debía cincuenta marcos a Beethoven y éste se los reclama. El señor Dembscher, desolado, le pregunta: “Muss es sein?”. Y el músico, desesperado, le contesta: “Es muss sein!”. A partir de aquí las palabras se elevan en la cabeza del genio de forma majestuosa. Ya no hay monederos que abrir; habla el Destino. Es muss sein! ¡Tiene que ser! Beethoven convierte una inspiración cómica en un cuarteto serio, un chiste en una verdad metafísica. Transforma lo leve en pesado; lo positivo en negativo.

Y eso seguimos haciendo; pintando negro sobre blanco. Como lamenta Kundera, ya no sabemos pensar como Parménides. Nos hubiéramos indignado si Beethoven hubiera invertido la construcción; si hubiera arrancado con la gran verdad metafísica para terminar con la broma ligera, con la obra perfecta; si hubiera transformado lo negativo en positivo. Pero nos sentimos atraídos por lo pesado, perdidos en el laberinto de la fatalidad. Aunque sepamos que nuestra vida, como nuestra historia, como la historia de Europa, es un “boceto dibujado por la fatal inexperiencia de la humanidad. Insoportablemente leve, leve como una pluma, como el polvo que flota, como aquello que mañana ya no existirá”.

Pero ¡tiene que ser! Un juego diabólico. No importa si son los cincuenta marcos de Dembscher, los 100.000 millones del rescate europeo a los bancos, los 1.000 del anticipo que ahora pide la Junta o los 107 que en primavera dieron un balón de oxígeno a la capital para pagar a proveedores. La deuda es como la materia: ni se crea ni se destruye; sólo se transforma. Un arruinado pide a otro arruinado y, en el camino, un buen puñado de especuladores ‘minimiza riesgos y maximiza rendimientos’. Así lo llaman.

Y así cumplimos el guión de la pesadez; pidiendo rescates y firmando condiciones. Porque seamos claros: ni Cataluña conseguirá gratis los 5.023 millones del Fondo de Liquidez Autonómica ni España ha recorrido todo el camino de ajustes posibles para el “programa preventivo” que nos promete Merkel. Basta mirar a Grecia o Portugal para saber qué significa eso de la “condicionalidad reforzada”. ¿Trabajar seis días a la semana? ¿Extender el copago a la asistencia sanitaria? ¿Tocar las pensiones ‘obligados’ por la realidad? La Bolsa ha acogido con euforia el anuncio del BCE de que va a comprar deuda soberana en el mercado secundario. Otra huida hacia adelante; una más. Un leve y engañoso espejismo que choca con la pesadez del rescate de verdad. ¡Aquí sí retumba el ‘tiene que ser’!

Pienso en los abuelos esclavos que se han convertido en la generación perdida. Esclavos de los padres cuando se vieron obligados a ganar un jornal en lugar de jugar en las calles; esclavos de los hijos cuando cumplieron su sueño de ser padres de familia; esclavos de los nietos cuando llegó la conciliación y había que ponerse la bata de niñera; esclavos, hoy, de la crisis y el paro cuando tienen que recurrir a su pensión para sacar adelante a toda la familia. Hoy publicamos que son casi 40.000 los granadinos que sobreviven con la paga de jubilación de sus padres, el triple que hace un par de años. Abuelos que vuelven a costear la ‘vuelta al cole’, abuelos que salen de la residencia para ayudar en casa, abuelos que vuelven a poner el plato de comida en la mesa. Pesadas redes de solidaridad; Pesadas redes de vergüenza. Muss es sein?

La conciencia del hartazgo

Magdalena Trillo | 24 de junio de 2012 a las 10:08

Aunque a muchos no les haya gustado el tono, resulta difícil discrepar con el trasfondo de la reprimenda que José Chamizo ha lanzado esta semana a los políticos conminándoles a que dejen las “peleítas” y se centren en resolver los problemas de los ciudadanos: “La gente está muy cabreada con ustedes, cansada de asistir un día sí y otro también a una pelea política que considera estéril y alejada de sus problemas reales”. “No sé si lo saben”, se lamentaba el Defensor del Pueblo, “la gente está cansada de todos ustedes”.

Hasta el gorro. No se trata de realizar una enmienda a la totalidad a la política y mucho menos a un sistema democrático que ha permitido a España conseguir unos niveles de progreso y bienestar inimaginables hace sólo unas décadas. Pero la contundencia de sus palabras, tan coloquiales como sinceras, es proporcional al desencanto de los ciudadanos por la incapacidad e inoperancia que nuestros políticos nos demuestran a diario para aportar soluciones en lugar de querellas y crispación y a la creciente sensación de estafa que supone comprobar que ni hay hoja de ruta para salir de la crisis, ni hay sólidos criterios que marquen la acción de gobierno ni es el interés general y el servicio público lo que justifica la toma de decisiones.

Me pregunto hasta qué punto hay conciencia real de que se está fallando más allá del discurso aprendido de reconocer que es necesario esforzarse por recuperar la confianza perdida, por devolver cierta credibilidad a las instituciones. Se habla de unidad pero se gobierna a golpe de decreto; se ofrecen pactos y se termina dirimiendo cualquier conflicto en el Constitucional; se reclama lealtad mientras se afilan los cuchillos.

En la política local, raro es el proyecto que no se eterniza o desatasca en función del color de las instituciones que, teóricamente, deberían colaborar. Decía esta semana el nuevo consejero de Cultura que el Centro Lorca tiene que salir adelante; ¡pero es que lleva dos años paralizado cuando apenas falta un 5% de obra por terminar! Decenas de ayuntamientos de la provincia han sido incapaces de sacar adelante los planes de pago a los proveedores porque no cuentan con una mayoría de gobierno suficiente que les permita frenar el boicot de la oposición. El caso de Santa Fe, con la ‘colaboración’ de una tránsfuga, es alarmante: despido de trabajadores, subida de impuestos, nóminas de septiembre en el aire y quién sabe si algún funcionario terminará barriendo las calles.

Repasen la hemeroteca y sumen los ejemplos que quieran. Porque no son casos aislados; son dinámicas. Todavía estamos sufriendo las consecuencias de haber retrasado los Presupuestos del Estado hasta después de las elecciones andaluzas por intereses partidistas, la lentitud e inoperancia de Europa para resolver la crisis del euro la pagamos cada mañana sucumbiendo a la voracidad especulativa de los mercados y el teatro de confusión, medias verdades y rectificaciones en que vive el Gobierno no conduce más que a un permanente estado de cabreo. Sí, hasta el gorro.

Sería una tomadura de pelo que la comisión de investigación de los ERE se cierre en Andalucía sin que den la cara los máximos responsables del Ejecutivo andaluz tras una larga década de fraude. Y es impresentable, ya, que se haya dado carpetazo al ‘circo Dívar’ sin que el mayor representante de la Justicia española tenga “conciencia” de haber hecho algo incorrecto y se vaya entonando la teoría de la caza de brujas y la conspiración sin asumir culpa alguna por sus ‘escapadas caribeñas’. No son “minucias”; es la degradación máxima de la decencia. Como lo es que pasemos la página de Bankia tapando el agujero del ladrillo con los 62.000 millones del no-rescate sin hacer ni una sola pregunta a los Rato, Blesa, MAFO y compañía.

Otro Defensor del Pueblo, el europeo, se ha sumado esta semana a la llamada a la conciencia de Chamizo publicando una guía de conducta ética para funcionarios –que deberíamos extender a políticos, empresarios, sindicatos, banqueros…– y reivindicando unos principios tan básicos como olvidados: que las instituciones están para servir a los intereses de los ciudadanos; que no se deben aceptar regalos ni condicionamientos financieros; que hay que actuar con rapidez y estar dispuestos a corregir errores… Diamandouros hablaba de compromiso, integridad, objetividad, respeto a los otros, transparencia… Abran el periódico por cualquier página. No es gratuito ni una exageración: estamos hasta el gorro. Se podrá decir más alto pero no más claro.

Los amigos griegos

Magdalena Trillo | 17 de junio de 2012 a las 10:02

Esucho a un empresario griego decir en una entrevista de Canal Sur que ve España como Grecia hace año y medio. Que así “empezó todo”. Ese todo que para el pueblo heleno es hoy sinónimo de ruina empezó con un rescate de 110.000 millones, ha continuado hasta los 240.000 millones y, lejos de resolver los problemas de deuda y déficit, ha sumido el país en un empobrecimiento brutal, ha disparado el paro al 22%, ha supuesto el cierre de un tercio de los negocios y ha situado a una cuarta parte de la población en riesgo de exclusión social. España ha empezado esta semana “con una línea de crédito en condiciones muy favorables” de hasta 100.000 millones que nos ha vuelto a situar al borde del precipicio, ha enloquecido los mercados y ha terminado cabreando a griegos, irlandeses y portugueses después de los lamentables episodios de triunfalismo patrio del pasado fin de semana. ¿Alguien cree que no habrá condiciones?

 

Grecia acude hoy a votar por segunda vez en seis semanas con todos pendientes de un resultado electoral que desde el punto de vista político puede socavar aún más la gobernabilidad del país con el ascenso de neonazis y extremistas de izquierda y, desde la perspectiva económica, podría abocar a la ruptura del euro y la quiebra misma del proyecto europeo. Lo que hace un año era impensable hoy es una amenaza real. Pánico en los gobiernos, caos en el sistema financiero y alarma, incluso, entre los ciudadanos. “¡La que van a liar los dichosos griegos!”. Hasta el dracma se ha colado en las tertulias del bar… El dracma, el riesgo país, la rentabilidad de los bonos a diez años, las cotizaciones en Bolsa… Nunca pensé que el Íbex 35 pudieran ser tema de cotilleo -más allá del morbo de saber que Amancio Ortega acaba de desbancar al dueño de Ikea y ya es el hombre más rico de Europa- y mucho menos encontrar a unos señores especulando sobre la salida de Atenas del euro mientras hacen cola en el cajero. ¿Habrá corralito? ¿Está más seguro el dinero debajo del colchón?

 

Escribía hace unos días Vargas Llosa que Grecia no puede dejar de formar parte integral de Europa sin que se vuelva una caricatura grotesca de sí misma: “Grecia es el símbolo de Europa y los símbolos no pueden desaparecer sin que lo que encarnan se desmorone y deshaga en esa confusión de bárbara irracionalidad y violencia de la que la civilización griega nos sacó”. Es verdad que Europa nació hace 25 siglos al pie de la Acrópolis y que “todo lo que hay en ella tiene su lejana raíz en este pequeño rincón del viejo continente”. Las instituciones democráticas, la libertad, los derechos humanos… Pero la historia es obstinada. Y, como ya advirtió Churchill, trágicamente olvidadiza. Ahí estamos. Olvidando nuestra historia y condenados a repetirla. Enterrando las grandezas y copiando los errores. Exportando los problemas de unos países a otros y contagiando la crisis financiera a la política, a la justicia, a la democracia, a la moral.

 

Me preguntaban esta semana si yo dejaría de ganar 300 millones en un día si estuvira a mi alcance… Es lo que puede conseguir un ejecutivo de Wall Street envuelto en un traje de dos mil euros una mañana cualquiera a costa de la deuda española. Hablábamos de cómo los mercados están poniendo la letra y nosotros las fotos y de lo perdidos que están los economistas intentando arrojar luz sobre un escenario en el que lo único seguro es la incertidumbre. No lo había pensado, pero es verdad: su discurso es siempre el mismo. Sí siempre que; sí pero no; puede o quizás… Lo dramático es que no son sólo ellos los que están perdidos. Los políticos nos dan muestras todos los días y pocos intelectuales se salen del guión. Veintidós premios Nobel se reúnen en Valencia y lo más revolucionario que plantean es pedir a los bancos que cobren menos y proponer que desaparezcan los que no funcionen. Eso sí, nos recuerdan que la culpa de la crisis es nuestra “vagancia” y “negligencia” y nos emplazan a recuperar “la cultura del esfuerzo”. Que trabajemos más y nos ayudemos unos a otros porque nadie va a venir con un “milagro”. Valores. Solidaridad.

 

Esto es lo más peligroso de la crisis, que nos olvidemos de que no podemos salir solos. Ni solos ni sobre el cadáver de otros. Grecia tiene que enfrentarse hoy a las urnas con una sola certidumbre, que ninguna opción los librará de la angustia ni los sacará de la ruina, y un enorme peso sobre sus espaldas: que el futuro es compartido. Si en sus manos está recordar que son la cuna de la democracia, a nosotros nos tocará mañana respetar su camino sin convertirlos en chivo expiatorio de un fracaso colectivo. Ellos no son el enemigo.

La penitencia del ladrillo

Magdalena Trillo | 11 de junio de 2012 a las 11:01

La exposición al ladrillo de los bancos españoles, oculta hasta ahora con la responsabilidad directa de unos y la connivencia de muchos –incluidas las autoridades europeas que en 2008 aprobaron una normativa que les permitía mantener en sus activos inmobiliarios el valor de compra, no el real–, nos ha lanzado a la casilla de partida (la temida recesión) y ha terminado obligándonos a pedir un rescate (¿blando?) en el que ya no habrá ni líneas rojas que proteger ni paños calientes; sólo condiciones.

En el origen de todo, el ladrillo. El ladrillo como problema y como solución. La tentación del dinero fácil. El atajo a cualquier precio: la especulación, el pelotazo, el engaño, el fraude, la corrupción. Las consecuencias del modelo anacrónico, agresivo e irracional que ha dibujado durante más de dos décadas el espejismo de un desarrollo inagotable, que ha llevado a familias y empresas de la abundancia a la miseria y que, en apenas unos meses, ha expulsado a todo un país de la ilusión del progreso al fango de la ruina y la intervención.

Riqueza con pies de barro. La excusa es siempre la misma, el paro, y las preguntas se encadenan a la misma velocidad que crece la desesperación: cuántos empleos son necesarios para acabar con una playa virgen; cuántos justificarían que construyamos más moles de viviendas con el reclamo de un campo de golf; cuántos redimirían nuestra conciencia para permitir que un excéntrico millonario nos engatuse con el mayor casino de Europa.

No es demagogia. Los proyectos están sobre la mesa. De Tarifa a Tabernas. La propuesta del marido de Ana Rosa de construir 350 viviendas y 1.400 plazas de hotel junto a la playa salvaje de Valdevaqueros, entre el Parque del Estrecho y los Alcornocales, ya ha dividido al pueblo. La preocupación del alcalde es comprensible –el desempleo alcanza el 40%– pero su ‘solución’ no deja de redundar en un modelo fracasado: 600 empleos hoy y ¿otra ciudad fantasma mañana? El primer problema es que es sólo ladrillo. Se insiste en los ‘males’ del turismo de sol y playa que han esquilmado el Levante o la Costa del Sol y se hace con una estrategia completamente superada si el verdadero objetivo es sustituir mochilas y neveras por un turismo de calidad con alta capacidad de gasto, largas estancias y fidelidad con el destino.

El Ayuntamiento garantiza el bajo nivel de edificabilidad (no será ningún Marina d’Or) y niega impacto medioambiental, pero nada dice sobre el aprovechamiento de los recursos de la comarca, la exploración de segmentos turísticos emergentes o la búsqueda de nuevas experiencias para el visitante. A ello se suma la incógnita financiera. ¿Qué banco va a dar dinero, hoy, para una iniciativa de tales características? ¿Más viviendas que sumar al agujero inmobiliario? Soluciones cortoplacistas. Un parche coyuntural, y no una apuesta de desarrollo, donde todavía no se ha despejado el principal escollo: que sea legal.

En Granada, hace sólo una semana, la Junta rechazó los proyectos para construir dos nuevos campos de golf en la Costa y el Cinturón. La justificación, de nuevo, el paro; la letra pequeña, levantar otro millar más de viviendas. ¿De nada ha servido la lección que ha supuesto la ruina de Medina Elvira? Cojan el coche y compruébenlo; un símbolo del ‘ladrillazo’ y la especulación.

Al otro lado de Andalucía, Almería acaba de sumarse a la puja por el Eurovegas. Un grupo de empresarios ha ofrecido al magnate estadounidense Sheldon Adelson el desierto de Tabernas como alternativa a Madrid y Barcelona para instalar la sucursal europea de la multinacional del ocio. Por una vez, coincido con los obispos: nos dejamos cegar con los 26.000 millones de inversión y los 200.000 empleos prometidos con un proyecto que esconde la “podredumbre del juego, la prostitución y el blanqueo de dinero”. Y mucho ladrillo…

El ladrillo como verdugo y como víctima. Porque ni el ladrillo es el culpable de todo ni podemos volver a mitificarlo como ‘salvador’ ni es justo que lo criminalicemos eternamente. La construcción es un sector estratégico irrenunciable mientras no hagamos realidad (con inversiones, no con recortes) la teórica transformación del modelo productivo y seamos capaces de reconducir su peso en la economía. No podemos prohibir por sistema sacando las pancartas del “salvemos” ni demonizar cualquier iniciativa que ‘huela’ a ladrillo. Preservar no es abandonar; también implica ‘tocar’, intervenir, actuar. La cuestión, una vez más, es cómo. Con qué objetivos y con qué intereses.

La nueva vía

Magdalena Trillo | 21 de mayo de 2012 a las 9:34

Los socialistas alemanes se han plantado y le han dicho a la canciller que la solución no puede ser “seguir exportando jóvenes españoles altamente capacitados” a sus empresas. Angela Merkel, que hace justo una semana sufrió una “dolorosa” derrota en el estado más poblado e industrializado del país, sabe que los necesita para ratificar su Pacto Fiscal. Y lo cierto es que la hoja de ruta de la SPD, muy en la línea de la “nueva vía” que quiere abrir el flamante mandatario francés, no tiene nada de descabellado: programa de crecimiento y empleo, lucha contra el desempleo juvenil, impuesto a las transacciones financieras, puesta en marcha de una autoridad comunitaria para controlar y supervisar a los bancos…

 

François Hollande, al otro lado del eje de poder europeo, se estrenó el martes en el cargo en una jornada cargada de simbolismos. Llegó empapado a la tradicional ofrenda al soldado desconocido (¿las lágrimas de su enlace con Alemania?) y sobrevivió a una tormenta eléctrica -con caída de rayo incluida- cuando volaba a Berlín para entrevistarse con Merkel. Pero llegó. Fue recibido con un sobrio apretón de manos acorde a los tiempos de austeridad. No hubo beso en la mano al estilo Chirac y mucho menos en las mejillas como solía Sarkozy. De sus planes para reforzar el papel inversor del BCE, agilizar el pago de los fondos estructurales o emitir deuda pública para financiar infraestructuras poco se supo. Se aplazó lo importante pero no lo urgente: Grecia.

 

Alemania y Francia están de acuerdo: no puede salir del euro. También lo está el eurogrupo y hasta el FMI. Aunque la realidad es otra: técnicamente hay que analizarlo a pesar de los “grandes riesgos” y lo “extraordinariamente costoso” que sería. Hace dos años era un tema tabú; hoy es una “opción”. Las elecciones del 6 de mayo dejaron un país absolutamente ingobernable y las expectativas de los comicios del 17 de junio apuntan a un escenario de extrema radicalización. El país heleno podría entrar en bancarrota en un mes y el temido “contagio” no es una amenaza; ya lo hemos sufrido esta semana en España con la bolsa en cifras de 2003 y la prima de riesgo sobrepasando la barrera de intervención de los 500 puntos. “¡Los dichosos griegos!”, escucho en el bar. ¿Corralito? ¿Rescate?

 

Más temas tabú que se caen. El ministro De Guindos asegura que el corralito es un “sinsentido” del mismo modo que confiesa que España “ya ha hecho todo lo que podía hacer” y reclama ayuda y “cooperación” a los socios europeos… siempre que no suene al temido rescate. ¿Será posible? ¿Hay más Bankias? El propio Hollande lo acaba de sugerir en Washington tras entrevistarse con Obama: sería “deseable” rescatar a la banca española. Intervención. Las consecuencias de la “resaca” de la “gran fiesta” de la que hablaba esta semana Santiago Carbó.

 

Es la sensación que surge tras conocer al detalle la tijera en el presupuesto de la Junta para 2012: un ajuste inicial de 3.500 millones que incluye una subida de impuestos y (otro) recorte a los salarios a los empleados públicos pero salva la educación y la sanidad y evita poner en la calle a 30.000 trabajadores. No se cierran hospitales, no se suben las tasas a los universitarios y no se masifican las aulas. Se paraliza, sin embargo, la inversión en infraestructuras (la patronal alerta de que se ponen en riesgo 70.000 empleos), se golpea de nuevo a las clases medias y al funcionariado (el empleo fijo ha pasado de ser un privilegio a ser un castigo), no se mete mano a la administración paralela (no se eliminan duplicidades ni se ataja la elefantiasis de las instituciones) y se vuelve a reducir el poder adquisitivo.

 

La prueba de fuego llegó el jueves con el examen del Consejo de Política Fiscal. Sorpresivamente, después de semanas de amenazas y tras aceptar un recorte extra de 300 millones, Hacienda ha dado el visto bueno: Andalucía construirá su “vía” del mismo modo que lo hará Cataluña con su tasa a la FP y sus despidos. Es la nueva vía de un gobierno de izquierdas empeñado en demostrar que ¡es la economía, estúpido! pero también es política y es ideología. Un camino, el andaluz, que mira a Europa para conectar con la socialdemocracia francesa y alemana recordando la famosa Tercera Vía de Giddens. La cuestión de fondo, sin embargo, sobrepasa la teoría. ¿Corta menos la tijera si se coge con la izquierda? ¿Realmente hay una vía no dolorosa para recuperarse de una resaca de garrafón?

Reguladores

Magdalena Trillo | 16 de octubre de 2011 a las 11:09

Globos, silbatos, matasuegras y osos de peluche. Es el último entretenimiento regulador de nuestros dirigentes europeos para garantizar el bienestar de las familias. No ha habido indefinición en el eje franco-alemán para aprobar la nueva directiva de seguridad de los juguetes ni preocupantes demoras como está sufriendo Grecia para ser rescatada pese a que ya se hace de forma sistémica con los bancos.

Los niños menores de ocho años no podrán inflar un globo sin la supervisión de un adulto; los matasuegras tendrá calificación de “peligrosos” y los osos de peluche deberán ser lavables. Dice la Comisión Europea que tal vez no se comprenda la rigidez de la normativa, pero asegura su efectividad para evitar “historias de terror” ante un posible ahogamiento de los menores.

Pero son las familias las que ya están asfixiadas y no es por culpa del comportamiento de sus hijos. En cualquier ciudad española lidiamos a diario con esa interminable ola de regulación que, curiosamente, lo supervisa, controla y sanciona todo menos lo realmente sangrante e indecente. Multas por fumar en el bar, por mascar chicle, por darle de comer a las palomas, por poner a secar la ropa en el balcón, por orinar en la vía pública, por hacer ruido en la hora de la siesta, por pasear sin camiseta… Nuestros representantes políticos creen que hay demasiada libertad en la sociedad actual y, convencidos de que no somos capaces de convivir y autorregularnos por nuestra cuenta, lo hacen ellos contribuyendo, de paso, a engordar las anoréxicas arcas públicas.

Los mismos eurodiputados que se han negado a viajar en clase turista miran para otro lado cuando se trata de controlar el reparto de bonos y dividendos en el sistema bancario. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, alertó esta semana sobre la necesidad de una nueva recapitalización y deslizó, en este caso sin demasiada urgencia, que no debería premiarse a los autores de la catástrofe con obscenas indemnizaciones. ¿Quién pone el cascabel? No lo ha hecho Obama con Wall Street a pesar de prometerlo en campaña (ha terminado integrando en su equipo a algunos de los cómplices del crack), no lo exigen los pseudosexpertos que van de independientes y prestigiosos profesores de universidad mientras asesoran a las grandes financieras y bancos de inversión y, siendo realistas, no parece que sean capaces de hacerlo ni los Estados europeos, ni el Banco de España ni las comunidades y, mucho menos, los consejos de administración de las propias entidades.

En España, los ejecutivos y consejeros que han hundido las cajas de ahorro se han repartido indemnizaciones multimillonarias sin asumir responsabilidad alguna. “120 millones para 20 directivos” publicaba hace unos días un diario nacional en referencia a un grupo de privilegiados de CAM, Novocaixa Galicia, CatalunyaCaixa, CCM, España-Duero y Bankia para los que no cuentan los 20.000 millones de ayudas públicas en préstamos y capital que ha recibido el sector gracias a los solidaridad de todos los españoles. Lo peor de todo es que es legal; tan legal como que el banco te quite la casa y sigas pagando la hispoteca mientras vives debajo de un puente; tan justo como esos retiros dorados con que ciertas compañías afrontan los ajustes de plantilla. ¿Recuerdan el ERE de Telefónica?

Según Forbes, las primas de los consejeros delegados mejor pagados de EEUU se han triplicado desde 2008; sus sueldos han crecido un 28% en un año. Éste es el sistema que hemos construido para garantizar el bienestar de unos pocos. Esos mismos que, hoy, se siguen repartiendo ganancias ajenos a cualquier intento de regulación o supervisión. Blindados. Dentro del sistema financiero, pero también del farmacéutico, del textil y hasta del ocio. Funcionando, teóricamente, en el libre mercado pero poniendo la mano para recibir subvenciones e incentivos o para ser rescatados. Operando con la estrecha complicidad de unos políticos que sólo se atreven a plantarles cara en campaña electoral.

¿Quién regula a los reguladores? ¿Quién supervisa a quienes son jueces y parte? Éstas sí son historias de terror. Historias que explican que cada ven sean más los indignados que salen a la calle a gritar ¡basta!