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5 de mayo: sigue la función

Magdalena Trillo | 1 de mayo de 2016 a las 9:04

La era Torres Hurtado acabó el 13 de abril cuando los agentes de élite de la Policía Nacional ‘tomaron’ su casa. Dicen que buscaban unos cuantos millones y sólo se encontraron 1.650 euros en una pequeña caja fuerte de los que el ya exalcalde tenía una plausible explicación: acababa de vender el viejo coche de su mujer que tantos dolores de cabeza le habían dado. Nani todavía está afectada. No quiere ni salir de casa. Durante todos los años de vida pública de Pepe Torres, ella se ha entregado como ‘primera dama’ a la ciudad y la han expulsado sin explicaciones.

Son los efectos colaterales de los que todos nos olvidamos cuando subimos el volumen de la radio y nos paralizamos ante la pantalla -¿sorprendiéndonos? ¿reafirmándonos?- viendo cómo les va a los otros. Son personas. Tienen familia. Hay un daño inevitable, y hasta necesario, pero hay otro que entra en la escala del puro espectáculo. Los límites entonces se ensanchan. Incluso hay momentos en los que los personajes se trasmutan y las víctimas hacen de verdugos. Sí, tampoco en la casa de Sebastián Pérez están siendo días fáciles…

¿Lo merecen? ¿Se lo han buscado? ¿Es el precio? ¿Para todos?

La política es implacable. Los medios somos implacables. La vida pública es implacable.

“Lo que diferencia al político del resto de especies es que es el único capaz de ahogar a una camada de pequeños gatitos por diez minutos de prime time”.

Lo de la “vocación” y el “servicio público” viene en el manual, pero a lo que acaba llevando el empacho del poder es al filo de la navaja. A una caprichosa cuerda floja capaz de elevarte con la misma fuerza que te lanza al fango. Con efecto difusor. Con consecuencias incontrolables.

Quien hablaba de la camada de gatitos es el protagonista de House of Cards... El arrogante y soberbio presidente de Estados Unidos capaz hasta de asesinar con sus propias manos por el poder. Por aferrarse al sillón. En el capítulo que vi anoche lanza un mensaje desde su Ala Este de la Casa Blanca: “La política es espectáculo. ¡Demos la mejor función de la ciudad!”.

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Kevin Spacey interpreta al presidenta de Estados Unidos Frank Underwood en la exitosa serie ‘House of Cards’

En España es lo que estamos haciendo desde el 20-D. En Granada es lo que estamos haciendo desde el 24-M. Cuatro meses en blanco. Un año de insostenible rutina de supervivencia.

La nueva política requiere nuevos tiempos. Aparte de una campaña “austera”, es urgente cambiar los actores y ajustar las reglas del juego. Cuatro meses para volver a convocar elecciones son una barbaridad. Lo son cuando sabemos que no es un tiempo necesario para negociar sino para conspirar. Lo son cuando sabemos que en todas las conversaciones hay dos cintas de rodaje: la se que desvela a la opinión pública a través de los medios de comunicación -manipulando, emitiendo información interesada y estratégicamente medida- y la que realmente transcurre al margen de los focos.

También los 10 días que contempla la ley para poder celebrar un pleno de investidura en un Ayuntamiento tras la retirada del alcalde son una eternidad. El pleno del pasado lunes fue puro formalismo: 33 segundos para fulminar 13 años de gestión. Lo que ha venido a continuación combina el postureo con los egos y el afán de protagonismo. Los partidos buscan su espacio. Se reparten su sitio en la foto. Su minuto de gloria.

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Cruce PP-PSOE: los concejales del PP, de camino al Ayuntamiento; los socialistas, tomando café en Calle Navas.

No hay hechos, sólo declaraciones. Intenciones. Vacuidad. El concepto de verdad y mentira se difumina en las “circunstancias”. En el contexto. Los periodistas no podemos más que interpretar y deducir. De lo que nos dicen y, sobre todo, de lo que nos ocultan. De lo que callan.

Les revelo la constatación. En las mesas de conversaciones, en estos últimos días, hay políticos que han llegado a confesar en privado que públicamente tenían que decir ante los medios que su postura es A -el juego obliga- pero que luego será B, que no se preocupen… Tanto es así que no sabremos quién es el próximo alcalde de Granada hasta la mañana del jueves. La plaza interesa a nivel regional; a nivel nacional… Tampoco sabremos qué modelo de ciudad y qué hoja de ruta diseñará el nuevo equipo de gobierno hasta el día siguiente de la investidura. Todo está pendiente del color de la Alcaldía que se refrende la misma mañana del pleno en la Plaza del Carmen y, sobre todo, de lo que se haya ocultado bajo las alfombras.

Si sigue gobernando el PP con Rocío Díaz de alcaldesa habrá sorpresas, pero menores. Controlables. Si son los socialistas los que por fin cogen el bastón de mando con el respaldo del resto de grupos de la oposición, tendremos asegurados titulares de infarto durante todo el mandato. Es seguro que la “herencia recibida” dará juego en urbanismo -las revelaciones del ex jefe del área Jacobo de la Rosa que hoy publicamos no son más que un anticipo- pero es la gestión de toda una década la que será inspeccionada con lupa. ¿Seremos comprensibles cuando nos suban los impuestos?

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Luis Salvador, Sebastián Pérez y Paco Cuenca, en la gala inaugural de TEN. El pasado jueves en Madrid.

En Granada llevamos semanas haciendo de laboratorio de las disfunciones del tablero político nacional pero, en realidad, sólo hay un hilo conductor compartido: sobre nosotros recaerá lo que los partidos no han sido capaces de entender, de gestionar. Para solucionar la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos tendremos que volver a votar el 26-J; para resolver que el “usadme” de Pepe Torres haya sido una proclama de cara a la galería seremos testigos este jueves de una nueva sesión de investidura.

Desde Podemos, Pablo Iglesias ha situado el foco en los medios y se ha empeñado estos días en darnos lecciones de ética. No minusvaloro sus propuestas. Ni siquiera sus críticas. Pero podríamos empezar el debate recordando que no hay espectáculo sin actores. Que no hay espectáculo sin público. Regulemos lo que haya que regular y cambiemos lo que haya que cambiar. Pero pensando en la gente; no contando votos. Entonces sí podremos hacernos la foto el 3 de mayo defendiendo la libertad de prensa.

Gobiernos con fecha de caducidad

Magdalena Trillo | 14 de junio de 2015 a las 10:48

No les gusta que les llamen partido bisagra, pero lo son. Cosen en Madrid a la derecha con Cristina Cifuentes y a la izquierda en Andalucía con Susana Díaz. En Granada dejan gobernar al PP en la capital -no sin antes enseñar la puerta de salida a Torres Hurtado como condición irrenunciable de regeneración-, pintan de azul un puñado de gobiernos claves en la provincia y devuelven el rojo a la Diputación acercándose a los socialistas con una hoja de ruta de extrema flexibilidad que se va amoldando a personajes y territorios cumpliendo dos fronteras inamovibles: no quieres sillones a cambio de apoyos (no entran en las corporaciones ni asumen responsabilidades directas de gestión) y no se alían con imputados por corrupción.

El mensaje, de momento un eslogan, lo ha asentado el líder de Ciudadanos en toda España: el “cambio sensato”. No son un partido bisagra si es para perpetuar lo que hay, pero sí lo son para imponer un tiempo nuevo. Aun cuando ello signifique inmiscuirse en el funcionamiento interno de los partidos exigiendo más democracia y participación a través de primarias. Son tan emergentes y anticasta como su pareja de baile -el Podemos de Pablo Iglesias con las múltiples franquicias con que ha concurrido a las municipales-, pero es evidente que han dado menos miedo en la intensa campaña de pactos que culmina este fin de semana con la constitución de las corporaciones municipales y han logrado posicionarse de forma más central y estratégica.

La primera consecuencia del “cambio tranquilo” de Albert Rivera, con su partido naranja ocupando de forma decisiva el papel de llave y aliado que a comienzos de la democracia se arrogaron los partidos nacionalistas, es la foto provisional que ayer se reprodujo en decenas de ayuntamientos de toda España: no todos los alcaldes que tomaron el bastón de mando podrán terminar el mandato de cuatro años. Las alianzas son de investidura, no de gobierno. Las mociones de censura tomarán a final de año tanto protagonismo como las propias elecciones cuando haya que acordar a múltiples bandas los presupuestos de 2016 desde posiciones de débil minoría y, en casos como Granada, la línea roja del pacto ha sido cobrarse la cabeza del candidato y ya alcalde por cuarta vez consecutiva. Eso sí, han tenido que recurrir al procedimiento ‘en diferido’ que De Cospedal puso de moda para Bárcenas y tendrán que esperar a noviembre para obtener su pieza de caza, en concreto a los movimientos que se produzcan con las elecciones generales.

En realidad es el mismo margen de confianza que Ciudadanos ha dado al PSOE en Andalucía dejando supeditada la marcha de los expresidentes Chaves y Griñán al pronunciamiento del Supremo sobre su implicación en los ERE y, curiosamente, es justo la prórroga que de forma sorpresiva -y sin éxito- pedía hace unos días el líder del PP en Córdoba para terminar los grandes proyectos de su ciudad antes de que una alianza de izquierdas liderada por los socialistas lo desalojara de la Alcaldía.

A Torres Hurtado se le ha buscado una salida digna con que compensar el descalabro del 24-M. Podrá retirarse de la política siendo el único político que ha logrado colocarse cuatro veces seguidas el pesado collar de regidor o podrá poner el broche a su carrera en el Congreso encabezando la lista por Granada como harán su compañeros -también de generación- Teófila Martínez en Cádiz y Juan Ignacio Zoido en Sevilla.

A menos de 24 horas de la toma de posesión, el candidato socialista, Paco Cuenca, tuvo que digerir el acuerdo in extremis entre PP y Ciudadanos y descabalgarse del sueño de ser alcalde de Granada. Se vio por unas horas… Al final se tuvo que levantar de la mesa de negociación sabiendo que su derrota se había terminado de sellar en un almuerzo secreto en el Asador de Castilla entre los dos cabezas de lista y, en declaraciones a los periodistas, aseguró que no se sentía engañado -su tono decía justo lo contrario- arremetiendo contra Luis Salvador y lamentando que el esfuerzo de diálogo de la última semana haya sido un “paripé”.

No lo ha sido. Y en este caso nada tiene que ver con la vieja o la nueva política: son estrategias de partido, llamadas, presiones, contraprestaciones y, por mucho que Salvador se empeñe en negarlo, feeling. En la política local las personas importan tanto como los partidos y, aunque quisiéramos pensar lo contrario, las partidas no se juegan en solitario ni teniendo sólo en cuenta las cartas del escenario municipal. C’s ha decidido en el momento en que le ha interesado y cuando se han producido las condiciones que ha estimado convenientes.

Lo ha hecho en Andalucía obligando a Susana Díaz a ser presidenta en cuarta votación -también ella pecó de soberbia llevando a los partidos a una tercera convocatoria claramente fallida-; justo cuando se hacía oficial su apoyo al PP en Madrid y les permitía equilibrar la balanza de apoyos -el acuerdo finalmente suscrito con un horizonte de cumplimiento para toda la legislatura apenas ha variado desde la segunda votación- y ha cerrado el pacto en Granada cuando el PP provincial se ha desplegado para salvar la plaza. Cuando ha llegado el “gesto”.

El viernes sólo faltó que Mariano Rajoy llamara a Pepe Torres para convencerle de que diera un paso atrás. Sebastián Pérez sigue dolido, muy dolido, con la actitud del “entorno cercano” al alcalde pero no por ello iba a renunciar a dar la batalla por la capital ni dejar de demostrar a su partido que él sí responde. Es el “movimiento de última hora” al que ha aludido Salvador para justificar que, una semana después de dar por zanjado el diálogo con el PP, C’s volviera a contemplar la opción de la abstención que finalmente ha permitido a Torres Hurtado ser reelegido como cabeza de la lista más votada.

Son muchos los que ahora dicen que era lo “previsible”, pero en un momento de política líquida y volatilidad como el que estamos viviendo nada es previsible. No lo sería, tal vez, si hubiera sido el PP el que se hubiese abstenido a nivel regional y C’s no hubiera tenido que “tragarse el sapo” de apoyar con un ‘sí’ a Susana Díaz asumiendo el desgaste de sostener en solitario al PSOE en la Junta. Tal vez entonces no hubiera tenido que compensar en plazas clave como Granada…

Rivera dejó vía libre de negociación al líder regional de C’s, Juan Marín, pero todos son conscientes del coste que las alianzas que se fraguaron ayer en toda España tendrán entre los votantes de cara a las generales de noviembre, el gran desafío al que se enfrenta tanto Ciudadanos como Podemos. Y tanto giro a la izquierda empezaba a no ser muy bien entendido por ese electorado conservador que, desencantado con el PP, ha buscado refugio en el partido naranja.

Había que compensar. Había un precio; y se ha pagado. Torres Hurtado dejará el Ayuntamiento, el PP salva Granada del frente de “unidad popular” contra la derecha y C’s puede presumir, por ejemplo, de haber alejado la capital del fantasma del cuatripartito. El plazo de la retirada es final de año. Sin fecha concreta. Lo que se pospone es el propio debate. Será el alcalde el que decida cuándo, dónde y cómo se va.

Sebastián Pérez ha logrado de C’s la misma flexibilidad que se ha dado al PSOE en la Junta con Chaves y Griñán. El relevo en la alcaldía, sobre el papel, recaería en el propio presidente del PP al ir como número 2 en las listas locales pero éste es sólo un escenario posible. Tampoco esta partida se puede abordar en solitario. La transformación del PP prometida por Rajoy, los cambios en el Gobierno y las elecciones de noviembre influirán. No es por ‘sucesión’ como Sebastián Pérez querría llegar a ser alcalde y no con un gobierno tan débil y con una situación presupuestaria tan asfixiante. Y dar el salto a Madrid no le disgusta…

En tal caso, la siguiente en la lista es Isabel Nieto. Sería la primera mujer en la historia que asumiera la Alcaldía de la capital. Justo cuando otra mujer, Pilar Aranda, se pone al frente de la centenaria Universidad. Justo cuando Susana Díaz se convierte en la primera presidenta electa de Andalucía. Tiempos nuevos, sin duda, tiempos de cambio. Pero el desafío es compartido y no importa ni el sexo ni la edad: de momento, todos tienen ante sí el reto de demostrar que son tiempos para mejor.

Federico

Magdalena Trillo | 17 de agosto de 2014 a las 10:53

Me pregunto si Federico volvería a escribir hoy que “en Granada se agita la peor burguesía de España”. Me pregunto qué pensaría de que esta noche se le rinda homenaje junto a un monolito bajo el que ya sabemos que no reposan sus restos y que ha terminado siendo más símbolo de la polémica que de la reconciliación. Me pregunto qué sentiría viendo cómo se instrumentaliza su nombre, sus ideas y su obra.

Su familia nunca ha querido conmemorar su muerte; no había nada que celebrar. Para la Granada ‘oficial’ siempre se ha visto como un “deber” hacia el poeta y hacia las miles de víctimas que fueron fusiladas en los barrancos de Víznar y Alfacar; un ‘deber’ por no olvidar lo que jamás debió ocurrir y lo que, de forma inexorable, forma parte ya de nuestra historia reciente. Si dejamos a un lado lo mucho que podríamos debatir sobre el sentido mismo de los homenajes, su excesiva proliferación y su reprochable utilización partidista, seguro que tanto la izquierda como la derecha podrían asumir un planteamiento inicial en la causa lorquiana por recordar y ‘hacer justicia’. El problema llega con el cómo y con el quién, cuando interfiere la política y somos incapaces de hacer concesiones.

A los dos lados… Cuando la izquierda gobernaba en la Diputación no había conflicto. Se convocaba el acto ‘oficial’, los políticos iban en sus coches oficiales, se hacían la foto y no pasaba nada. Desde hace cuatro años, con la llegada del PP a la institución provincial, han vuelto las tensiones. La primera vez porque era el 75 aniversario y la anterior corporación no había organizado nada; el verano pasado porque un grupo de republicanos acudió con banderas y la Guardia Civil les impidió la entrada; este año, porque una asociación cultural ha contraprogramado para denunciar la “manipulación” de la figura de Lorca y recordar que también es “símbolo de la represión franquista”; que se asesinó a un poeta, a un artista, pero también a un intelectual con ideas progresistas y republicanas.

La tesis del actual Partido Popular de Granada es defender al escritor, difundir su obra, pero con acciones despojadas de ideologías y apartadas del pasado. Lo dejó bien claro Sebastián Pérez nada más asumir la presidencia de la Diputación con aquel contundente “nos hemos cargado el mito de la izquierda y Lorca” y se ha mantenido estos años con ese “Federico vive” que inspira el programa cultural -incluida la recuperación de La Barraca-.

Desde la izquierda nunca se ha entendido esta repentina “devoción lorquiana“, que tildan de “oportunista” y “electoralista”, y se ha criticado que el PP quiera “apoderarse” ahora de García Lorca no como un reconocimiento a la persona y al creador sino para “desmontar” uno de los grandes iconos del PSOE.

Los dos posicionamientos de ‘razones’ cerradas y absolutas se vienen abajo cuando se contraponen. Tanto como la supuesta indignación del colectivo que ahora rechaza el acto oficial. ¿Cuando iban los socialistas no había coches oficiales? ¿Dónde estaban ellos?

La política debería ser la solución y sigue siendo el problema. Será legítimo, pero es descorazonador. La primera maqueta que se hizo en Granada para rendir tributo a Lorca es de López Burgos. Sí, el escultor de la polémica estatua a Primo de Rivera de Bibataubín. La prensa de la época contó en su día que era “uno de sus mayores deseos”; el régimen lo impidió; su hija aún conserva la obra…

La escultura de una niña preside ya la céntrica plaza. La retirada del monolito ha costado una ácida campaña de desprestigio hacia el escultor, páginas y páginas de enfrentamientos, el levantamiento de los colectivos de Memoria Histórica y una orden taxativa del TSJA. ¿No nos lo podríamos haber ahorrado si el PP no se hubiera obcecado en defender su valor artístico como resquicio para saltarse la ley? Voy más atrás. ¿Hubiera habido polémica si al inicio de la democracia se hubiera quitado ese infame “Granada a José Antonio”?

A finales de mes, el guitarrista cordobés Paco Peña presenta en el Festival de Edimburgo el estreno mundial de Patria, una obra inspirada en versos de Lorca que explora el impacto de la Guerra Civil. En Madrid, la nueva temporada del Teatro Real incluye la primera versión en ópera de El público, un encargo a Mauricio Sotelo que dirigirá Heras-Casado y que se presenta como un grito de desafío contra la hipocresía burguesa y un alegato a favor de la libertad amorosa y artística.

Me entristece pasear por La Romanilla y seguir viendo telarañas en el Centro Lorca. Hace once años que se anunció el regreso de su legado y hace siete que debería estar abierto con actos del nivel de Edimburgo, Madrid o Nueva York. Aquí no debería haber espacio para las dudas. Siempre fue un “deseo” de su familia y era, y sigue siendo, un “deber” de Granada, de todos, con Federico.

La otra crisis de Pepe Torres

Magdalena Trillo | 15 de junio de 2014 a las 8:52

La muestra más aplastante de la popularidad de Torres Hurtado tras once años como alcalde de la capital la hemos vivido esta semana: no habrá nadie en Granada que no se haya interesado por su salud. Preocupación sincera y cariñosa que se ha extendido a los gobiernos regional y nacional y ha saltado a la misma Casa Real. A Pepe Torres se le quiere. Tiene sus ‘cosas’, pero es apreciado y respetado.

El siguiente comentario que ha llegado tras saber que evoluciona bien también ha sido unánime: qué pasa ahora con su carrera política. Y la tercera consecuencia, claramente vinculada con lo anterior, la hemos sufrido en los medios de comunicación: la pésima y desastrosa gestión que desde la Plaza del Carmen se ha realizado de las primeras 48 horas de ingreso hospitalario. No hay otros apelativos más apropiados que puedan calificar la desinformación con que se ha intentado ‘tapar’ lo que ya se ha convertido en una de las más importantes crisis mediáticas de la actual corporación.

La cronología de hechos relatados es elocuente. Domingo de descanso en su casa de Píñar. Se pone a colgar una persiana y le da un mareo. Se preocupa -es conocido su carácter aprensivo- y decide ir al hospital. Lo ingresan. A partir de aquí dos días de caos informativo. La noticia del ingreso en el Virgen de las Nieves empieza a circular el lunes por la mañana por las redes sociales y acaba en los espacios informativos de todos los medios de forma confusa. Se habla de “desfallecimiento”, de problemas cardiacos, de marcapasos… El hospital remite al Ayuntamiento advirtiendo que no “puede” dar ningún parte médico y la versión oficial tras una larga jornada de rumores y absoluto desconcierto es tajante: son vértigos y, por ser quien es, se le mantiene en observación… Se insiste en que es un problema de “vértigos” y se asegura que “en horas” estaría en casa. La mañana del martes, más de lo mismo: los concejales de su equipo que se ven obligados a dar la cara ante los periodistas califican su estado de “asunto banal”. 

La ‘verdad’ llega a las 20:32 de la tarde en forma de “comunicado urgente” del Partido Popular de Granada: 1. El alcalde de Granada ha sido ingresado en la UCI del Hospital de Traumatología aquejado de un infarto de cerebelo. 2. A la espera de un parte médico oficial, Torres Hurtado necesitará de un largo proceso para su total recuperación. 3. El Partido Popular de Granada procederá al nombramiento de un alcalde en funciones para cubrir ese periodo.

Todavía, muchos se preguntan hoy qué hacía Sebastián Pérez el martes en el Ayuntamiento pilotando la salida de la crisis -hay quienes aseguran que sólo ha asistido a un pleno en este mandato y pocos son capaces de recordar cuándo se le vio allí por última vez-. Pero seamos claros, hasta que el presidente de la Diputación no toma las riendas, la bola de desinformación no deja de crecer. ¿Nadie de su equipo fue capaz de reaccionar si lo que realmente ocurrió es que entró con unos mareos y no fue hasta el martes cuando se detectó el infarto cerebral?

Sólo una hora más tarde del comunicado oficial, el PP estaba celebrando una “reunión de urgencia” en el Ayuntamiento a la que fueron citados todos los concejales -Juan García Montero no asistió porque estaba en Madrid- y por primera vez en dos días se informaba ampliamente a los medios. A nivel interno, molestó que el presidente del PP se sentara en el sillón principal del salón de comisiones -reservado al alcalde- pero no es cierto que él mismo se propusiera como alcalde en funciones como ha circulado en algún corrillo. Se optó por aplicar el reglamento a rajatabla y se acordó el nombramiento del primer teniente de alcalde, el concejal Juan Antonio Mérida, después de pedir a cada uno de los ediles que expresaran su opinión en público; otra cuestión que ni entonces ni ahora se termina de entender.

Hasta aquí los hechos. A continuación, totalmente inevitable ante tanta opacidad, las lecturas interesadas y las especulaciones. Justo la semana en que el Parlamento andaluz aprueba la Ley de Transparencia más avanzada y ambiciosa de España, Granada da un triste espectáculo de confusión que muchos ven como un burdo intento de manipulación para proteger el ‘cartel’ de Pepe Torres ante las próximas municipales -y que conste que nadie ha ‘teledirigido’ esta versión de forma interesada -. A once meses de las urnas, después de haber reafirmado su intención de presentarse al cuarto mandato, de tener el aval explícito de su líder regional y teóricamente el de Génova, Torres Hurtado no podía dar la imagen de ser un aspirante frágil y acabado. El precio, sin embargo, ha sido alto: las críticas y reproches por la desinformación se han producido fuera y dentro del propio equipo ya que ha habido momentos que hasta en los medios se manejaba más información que entre los propios concejales del PP.

La cuestión ahora es saber a quién se le ha aparecido (más) la Virgen. Por supuesto, a Pepe Torres. Hemos pasado de no saber si estaba consciente a verlo bromear y ‘pelear’ para ir al Corpus aunque sea en silla de ruedas… Si todo queda finalmente en un susto y es capaz de recuperarse plenamente aprovechando el verano, hasta podría salir fortalecido beneficiándose de la campaña de empatía que está suscitando su convalecencia. En segundo lugar, a Paco Cuenca. Aunque aquí se acumulan los condicionantes: que logre imponerse como candidato del PSOE en las primarias -ni los ‘suyos’ son capaces de defender que “vayan a poner otra vez a ese muchacho”- y que no termine quemado por el lío judicial que le ha salpicado por unas ayudas a su pareja -sería paradójico que acabara ‘tocado’ en los tribunales después de la agresiva campaña que ha liderado contra el alcalde por el ‘caso del Cerrillo’ y que ha acabado en nada-.

Por último está de quien todo el mundo habla… De Sebastián Pérez. Con una Diputación cogida con pinzas, el siguiente paso en su trayectoria política podría ser la capital. ¿Lo del martes fue una puesta en escena? Lo sería si realmente se pudiera asegurar que ser alcalde sigue siendo su mayor aspiración. Desmentirlo estaría dentro del guión, pero no perdamos de vista que es un gran estratega y que hace tiempo que hasta tiene diseñado un ‘plan b’ para la capital que no pasa ni por Pepe Torres ni por él mismo… En cualquier caso, es verdad que hasta el domingo hubiera sido una lucha interna en la que no estaba dispuesto a desgastarse y, desde el lunes, Sebastián Pérez puede presentarse como el ‘salvador’. No quitaría a nadie para ponerse él sino que llegaría en auxilio del partido y de Granada.

De momento, hay que reconocerle que haya impuesto cierta normalidad en la Plaza del Carmen -Mérida representa más que nadie la ‘continuidad’ de Pepe Torres- y se haya salvaguardado la marca del PP en la capital. Para los próximos meses queda saber si estamos asistiendo a la crisis política de Pepe Torres y si serán capaces en su partido de encontrarle una salida que no sea por la puerta de atrás. No lo merece.

Juego de tronos, en clave local

Magdalena Trillo | 1 de junio de 2014 a las 12:49

Las intrigas de ‘palacio’ que ya se han abierto para ocupar el sillón de la Plaza del Carmen bien podrían justificar un capítulo de Juego de Tronos. Mientras los productores de HBO buscan localizaciones en Andalucía para rodar la quinta temporada de la exitosa serie televisiva, los Stark, Targaryen y Lannister de este especial Sur que sirvió de inspiración al creador de la saga literaria definen estrategias para diseñar su particular asalto a Desembarco del Rey.

Con la esperanza de servir de escenario para ese Festín de Cuervos que ha de tomar forma en el árido y semidesértico nuevo reino de Dorne, no hay rincón en Andalucía que no esté moviendo ficha en el sacudido tablero de poderes que ha resultado del 25-M. De la Alhambra de Canción de Hielo y Fuego a las cumbres de Invernalia, héroes y villanos se miden para convertirse en leyendas o perecer de forma terrible y prematura. O ganas o mueres.

Así de implacable es el juego de este Tolkien de dragones y mazmorras que, con menos épica y fantasía que en la pequeña pantalla, tan fácilmente conduce a las catacumbas de la política actual. Con Génova y Ferraz abiertas en canal -unos con más disimulo que otros-, ni el férreo liderazgo con que Susana Díaz gobierna desde San Vicente y San Telmo se escapa a la tempestad. Se acerca el invierno… El de verdad. Por mucho que nos digan que no se pueden extrapolar los datos a unas municipales, deberán reconocer los iluminados de las encuestas que no hay termómetro más fiable en estos momentos que el 25-M. Los grandes partidos han perdido el paso. Y lo saben.

Todos con excepción del líder regional del PP, que vive su particular lucha por el Trono de Hierro creyéndose que se han alcanzado los objetivos. ¿La derrota? ¿Romper un ciclo de tres victorias consecutivas? ¿Demostrar que, con o sin Susana Díaz, el PP no va gobernar en Andalucía? Hasta sus ‘barones’ se han alarmado esta semana con su fantasiosa lectura de las elecciones. El equilibrio en los Siete Reinos de Poniente está a punto de romperse. Los ‘salvajes’ del otro lado del muro se han infiltrado y la lucha ha dejado de ser cosa de dos: la Casa del Norte y la Casa del Sur corren el riesgo de quedarse en fuerzas marginales. No conectan con los jóvenes, no convencen a los indecisos, no dejan de perder incondicionales y no funciona ni la comunicación ni el mensaje.

Unos caen y otro suben: ‘Podemos’ debutará en Europa con cinco parlamentarios y sería una equivocación no considerar seriamente que va a entrar en la política local. En Granada ya planea la sombra del tripartito. El 25-M le ha dado oxígeno a Torres Hurtado para presentarse en 2015 contra el criterio del partido provincial -incluso para ‘aguantar’ hasta ese “2031” que ha convertido en mensaje electoral- pero la partida es otra. Si no logra la mayoría absoluta (tiene que recuperar más de 10.000 votos en barrios ‘rebeldes’ como Chana, Zaidín y Albaicín), un bloque de izquierdas impulsado por PSOE, IU y ‘Podemos’ podría dejarle sin opciones de gobierno para ese cuarto mandato que parece acariciar.

Sólo UpyD podría salir en auxilio de los populares y nada hace indicar que Mayte Olalla vaya a querer casarse con quienes llevan dos años ninguneándola y cabreándola (la última ‘afrenta’, la reducción del sueldo con la eliminación de la dedicación exclusiva). En el PSOE la situación no es mejor: acortan distancias pero no terminan de conectar; las primarias locales de septiembre se prevén movidas -si lo son “de verdad” entrarán en la partida aspirantes como César Girón- y quién sabe si el papel de los socialistas en el tripartito termina siendo de comparsa.

La candidatura de Torres Hurtado está en manos de Génova. Y, ojo, será también su responsabilidad. La dirección nacional se reúne el martes con los líderes provinciales y regionales para comenzar a trabajar en las candidaturas de las municipales. El alcalde tiene margen pero siguen siendo muchos los que, dentro y fuera del partido, entienden que se ha acabado su tiempo. Si pasa el filtro de Rajoy, Sebastián Pérez lo apoyará. No habrá una mínima división cuando lo que el propio PP se juega es la Diputación.

Aún hay un año de partido, pero tendrían que recuperar tres diputados (Capital, Cinturón y Costa) para no perder el gobierno provincial ante un bloque de izquierdas que lideraría Pepe Entrena. Se ruede o no en Granada, son muchas las lecciones que podrían extraer unos y otros de Juego de Tronos… Que tan importante como las fuerzas son los tiempos. Que tanta grandeza hay en saber llegar que en saber irse. Que una retirada a tiempo, a veces, es una victoria.

Rotavator II

Magdalena Trillo | 22 de junio de 2013 a las 12:24

Nada de retiradas y mucho menos de jubilación. Al menos a iniciativa propia. Mientras sienta el “cariño” de los granadinos, el cuerpo aguante, pueda “ser útil” y su partido no se interponga, José Torres Hurtado está dispuesto a seguir al frente del Ayuntamiento de la capital. Con un juego de números fija su horizonte activo en la política: de 2013 a 2031. No sé si habrá hecho las cuentas… ¡18 años más! ¡Ocho mandatos! ¡32 años en el gobierno local! Hace ahora justo una década que el PP lo convenció para que dejara la Delegación del Gobierno en Andalucía y disputara a los socialistas la Alcaldía de Granada. La compensación, en caso de fracaso, serían las listas europeas. Entonces no fue necesario recurrir a Bruselas –puso fin al ‘tripartito’ ganando por mayoría– y hoy es una opción que rechaza tajante.

Sebastián Pérez tendrá que esperar. Y Juan García Montero, también. Y cualquier otro, a la derecha y a la izquierda, que haya echado el ojo a la Plaza del Carmen. Es la primera lectura que se puede extraer de la entrevista que este periódico publica hoy en el ecuador de su tercer mandato. No ha llegado su hora. Torres Hurtado es consciente de que llegará “algún día” en que “alguien” tenga que relevarle, pero no todavía. A su presidente provincial, al “chiquillo” que él mismo metió en las listas del PP cuando era el presidente del comité electoral, tiende la mano: son un “tándem ideal” para Granada, uno en la capital y otro en la provincia. ¡Si a Sebastián Pérez lo he criado yo en mis pechos!”

El problema es que los números empiezan a no salir. A dos años de las municipales, son muchos en el partido los que empiezan a preocuparse porque la Diputación se les escapa. No tanto por la improbable remontada del PSOE como por el imparable ascenso de esa IU que, como decía hace poco uno de sus dirigentes, ya le habla “de tú a tú” a los socialistas. El bipartito de la Junta no sólo no ha estallado en mil pedazos con los primeros conflictos –del fraude los EREs al reciente escándalo de la subida de dietas del Parlamento pasando por la difícil política de recortes– sino que se ha reforzado y se ha convertido en un modelo de oposición a las políticas de Rajoy reivindicable y ‘exportable’. Más aún cuando al PSOE, intentando recuperar protagonismo a nivel nacional, no se le ocurre otra cosa que buscar el refugio del PP marcando distancias con las fuerzas minoritarias justo cuando más rechazo hay al bipartidismo y más real parece aquello de que ‘son lo mismo’. Del pacto que hundió a Zapatero para modificar la Constitución introduciendo el techo de déficit a un descafeinado pacto económico para la cumbre europea de finales de junio que no recoge más que obviedades.

En el PP, aunque Rajoy certifique que el “pesimismo está en retirada”, la impopular –e inefectiva– subida de impuestos de Montoro, la guerra ideológica de Wert con la educación, el hachazo de la ministra ‘subvencionada’ por la Gürtel a la Sanidad y la salida del armario del ‘moderado’ Gallardón pasará factura como ya lo está haciendo la sombra de la sospecha de la financiación ilegal del partido, que se agranda a la misma velocidad que crece la fortuna de Bárcenas en Suiza. ¿Esos millones que se multiplican como las setas son sólo suyos? Torres Hurtado insiste en la teoría de los golfos pero es más que consciente del daño que la corrupción está haciendo –no sólo a los partidos sino a la misma democracia– y de que son los alcaldes los que están en primera línea para aguantar los golpes, los propios y los ajenos. Tal vez lleve razón cuando dice que “no merece la pena estar con el corazón sobresaltado por dinero”, pero la realidad que nos muestran los juzgados es que cada vez son menos los que así lo creen y los que no están en política para ganar dinero. Corrompe el poder y corrompe la avaricia; la vieja avaricia de quienes se obsesionaban con guardar y la nueva avaricia de quienes amasan fortunas para exhibir.

En ninguno de estos planos situaría yo al alcalde de Granada. A Torres Hurtado se le podrán hacer muchos reproches, y seguro que habrá cometido infinidad de errores, pero creo que no se le podrá atacar por haber metido la mano, por no pelear por su ciudad –aun si es en contra de su propio partido– ni por no hablar claro. Hace una semana levantó alguna ampolla cuando se inauguró la nueva sede del PP en el Zaidín y tomó la palabra: ojo, que lo que está en juego es la Diputación. Y, ojo, que quien avisa a navegantes de que no va a dar un paso atrás, quien refuerza la cohesión en su equipo a costa del ‘bando de Sebas’, quien se hace valer en el partido a nivel nacional mientras Torrente y Robles ya maniobran para ocupar el sillón de la presidencia provincial, es Rotavator II.

Cosas de Granada

Magdalena Trillo | 14 de abril de 2013 a las 10:41

La frase “las cosas del alcalde” con que más de uno -de la bancada de la oposición, pero también de la propia- zanja las ‘salidas’ incómodas de Torres Hurtado se queda corta para ilustrar ese punto de irreversible bloqueo que arrastra cada iniciativa ambiciosa que se pone en marcha en Granada. No es fatalismo; son datos y fechas. AVE, Milenio, Universiada… Repaso las hemerotecas y encuentro material más que suficiente para montar una exposición. Pero de carocas en Bib-Rambla. De la denuncia al despropósito. De lo cómico al esperpento.

La obcecación en exceso, digámoslo así, siempre ha sido una dificultad para negociar; pero no sólo las posturas encontradas y la falta de dinero congelan los proyectos. Vayamos por partes. La idea de ubicar la futura estación del AVE en el Cerrillo de Maracena no deja de responder a un viejo convencimiento de Torres Hurtado sobre el uso que debe darse a los terrenos de Andaluces: un gran parque y, por qué no, algún que otro pisillo. Tendremos tiempo de comprobar si hay detrás un “pelotazo urbanístico”, pero no debería sorprendernos que el alcalde, en cuanto ha tenido una excusa tan elocuente como el “no hay dinero” del Ministerio, haya querido tumbar el proyecto de Moneo que tanto cabreo le suscitó en su día y recuperar ‘su’ modelo de ciudad.

Digo el suyo porque aún no sabemos si su partido opina lo mismo y mucho menos Madrid. Es la vertiente más oscura del Pacto de Granada que hace un mes impulsaron Teresa Jiménez y Sebastián Pérez para sacar de la batalla política infraestructuras y proyectos vitales para el desarrollo de la provincia y que esta misma semana se ha puesto en marcha con las primeras reuniones de las mesas técnicas. Siendo tremendamente positiva y, conociendo la buena fe de todas las personas que se hicieron la foto, me atrevería a pronosticar que habrá resultados. Y pronto. Pero con una gran duda: ¿tienen capacidad de decisión, y de resolución, las personas que se han sentado a negociar?

Mi optimista lista de consensos.

Uno: Granada merece un AVE de primera, que esté operativo en 2014 y que nos lleve a Madrid en tres horas y media. ¡Por unanimidad! ¿Pero sabemos qué dice Ana Pastor -y sus técnicos- sobre la variante de Loja y sobre la nueva estación del alcalde? ¿Alguien recuerda algún caso de Torres Hurtado rectificando?

Dos: acabar la obra del Centro Lorca y abrirlo al público antes del verano. ¡Por unanimidad! ¿Pero se puede acordar cómo se paga el sobrecoste y cómo se va a financiar cuando se ponga en marcha en un foro en el que no está ni la Consejería ni el Ministerio de Cultura?

Tres: hay que resolver todas las dificultades técnicas para que se celebre la Universiada. ¡Por unanimidad! ¿Y el lío de La Ragua? ¿Se adapta el Parque Nacional a las exigencias de la competición? ¿Podemos solucionar desde aquí que el plan B, Candanchú, esté en quiebra?

Cuatro: impulso al Milenio como la gran oportunidad de progreso para Granada. ¡Por unanimidad! Y así fue en 2007 cuando lo anunció Chaves imaginándose ya montado en el AVE para la inauguración…

No voy a negar el valor de la colaboración (para hacer política, para gobernar, lo primero es saber qué se quiere hacer, cómo y contar con todos los actores necesarios), no querría pecar de escepticismo (son catorce los temas que se están abordando y no todos tienen el mismo nivel de dificultad) y tampoco voy a minusvalorar la importancia del consenso (dados los precedentes de incomunicación, el simple hecho de que los dos grandes partidos estén dispuestos a negociar es ya un tremendo avance). Sin embargo, hay dos cuestiones que me preocupan: la fiebre por el pacto que se ha instalado como supuesta fórmula mágica para resolver todos los problemas y la enorme distancia que seguirá separando la foto del acuerdo de la realidad. En Andalucía ya se han alcanzado dos valiosos pactos por el turismo y la cultura -con la implicación de todo el sector-, pero nada sabemos aún de memorias económicas y recursos para llevarlos a cabo y, mucho menos, de cómo se ha pensado lidiar con Madrid…

Prefiero el pacto al decreto ley pero prefiero, por encima de todo, el pragmatismo y la eficacia. Ni puede seguir gobernando en España el Constitucional ni podemos seguir quemando con falsas expectativas la poca confianza hacia la política que nos queda. Por eso pregunto: ¿compromete al bipartito de la Junta lo que aquí decida el PSOE de forma bilateral con el PP? ¿Hay alguien en Granada, en el PP, en sus instituciones que realmente tenga línea directa con el Ministerio y sepa qué quiere hacer con el AVE? Cosas del alcalde, cosas de Granada.

El Pacto por Granada

Magdalena Trillo | 20 de enero de 2013 a las 12:49

EL último gran pacto por Granada se firmó hace doce años. Socialistas y populares fueron capaces de anteponer los intereses de la provincia a las consignas de sus partidos, se sentaron en una mesa y, sumando a empresarios y sindicatos, unieron sus fuerzas por la independencia de La General. El Pacto del Saray, hoy una triste entelequia, se retomó en 2009 y ha terminado constituyendo una de las pocas ocasiones de acuerdo entre los dos grandes partidos. En aquel momento empezaba a desinflarse la burbuja financiera y tocaba lidiar con la siempre conflictiva renovación de los órganos de dirección de CajaGranada. Después de un año de tensiones y desencuentros, Álvarez de la Chica y Sebastián Pérez reeditaron el acuerdo de 2001 para garantizar la “estabilidad” de la entidad. La crisis, el rescate bancario y la reestructuración financiera han terminado por canibalizar el espíritu del Saray, pero hay que reconocer que es uno de los pocos ejemplos que tiene esta provincia de cierta renuncia, generosidad y altura de miras entre socialistas y populares.

Hoy, si pensamos en la crisis de identidad, desgaste y desorientación que vive el PSOE desde el 20-N, nos indignamos con el ‘no consta’ con que el PP está intentando tapar las gravísimas acusaciones de corrupción que ha desatado el caso Bárcenas y sumamos el cansancio y descrédito generalizado que se ha instalado en la sociedad hacia la política, hacia los políticos, seguramente habría que concluir que ni es época de pactos ni hay margen posible para esquivar la confrontación. En ninguna instancia y por ningún motivo.

Pero la alternativa a la no política es el abismo democrático. Y la estabilidad misma de este país, el futuro de todos, depende de la decencia, la honradez y la integridad de quienes en estos momentos tienen alguna responsabilidad de gobierno. Aunque haya demasiados ‘Barcenillas’ por las ciudades de toda España, creo que es en estos momentos de precipicio social cuando desde los medios de comunicación debemos asumir nuestra cuota de responsabilidad en el juego democrático y, al mismo tiempo que se pone contra las cuerdas a quienes han robado y mentido a todo el país, deberíamos alinearnos con quienes siguen defendiendo que “no todos son iguales“. Aunque no terminemos de creernos el teatro con que muchos se están escandalizando ni tengamos motivos para creer que “el que la hace la paga” y que “no temblará la mano”.

A riesgo de pecar de ilusa, estoy dispuesta a dar un voto de confianza a quienes dicen trabajar para aportar soluciones y no para causar más problemas a los ciudadanos. Y por eso empezaré creyendo que el Pacto por Granada debería ser posible. Aunque sea por puro instinto de supervivencia. La teoría del Ave Fénix: socialistas y populares se han quemado tanto que no tienen otra salida que mover ficha. Lo ha hecho esta semana Teresa Jiménez. A la explosiva intervención del presidente del PP en el arranque del curso político, le ha contestado con una propuesta de consenso. La dirigente socialista compareció el lunes pidiendo un esfuerzo para dejar de lado los insultos, apostar por el diálogo y trabajar para crear empleo. Bien es cierto que, más allá de las recurrentes alianzas por la Alhambra, la Sierra y el PTS y el necesario desbloqueo de las grandes infraestructuras, tanto PP como PSOE han de ser conscientes de que en su hoja de ruta debería estar poner fin al espectáculo que están dando los suyos con el desgobierno en Armilla, Loja, Santa Fe y Otura. No es retórica que 35 trabajadores municipales se van a quedar en la calle en Santa Fe, supera la crónica judicial el esperpento en que se ha convertido el pacto de gobierno en Armilla, daría para un western el renacer de Fernández Sanz con fuego amigo y alcanza el nivel de ciencia ficción la propuesta de los independientes de Loja para resolver con “gobiernos de concertación” las crisis políticas de los cuatro ayuntamientos.

Se juegan el crédito, unos y otros, si la grandilocuencia de sus comparecencias queda en titulares de un día; si no son capaces siquiera de hallar un hueco en sus agendas para mantener una reunión. Reconozcamos que, en el actual clima de crispación, el Pacto por Granada tiene tantas posibilidades de acabar en fracaso como el impulsado por Griñán en Andalucía. Pero probemos a bajar un escalón en las pretensiones. Para poner orden en casa e imponer un mínimo de decencia política no tendrían que alinearse los planetas

Pirómanos de la política

Magdalena Trillo | 14 de octubre de 2012 a las 8:58

Pirómanos o incendiarios. Estoy pensando en el alcalde de Otura y en el ministro de Educación. Y mi única duda sobre sus intensas trayectorias prendiendo fuegos es si sufren un trastorno enfermizo e irrefrenable por el espectáculo o es premeditada diversión. Puro teatro. Cada uno a su escala, no podemos negarles su capacidad para romper la asfixiante monotonía de rescates y ajustes con que, machaconamente, nos amenazan. Pero el respiro tiene un elevadísimo coste para ellos mismos, para los suyos y para quienes asistimos con absoluto desconcierto a la función. Sólo le faltaba a la política, ese creciente tercer gran problema de los españoles, que la atizaran desde la frivolidad y la irresponsabilidad. De lo inaudito a lo grotesco. De la farsa a la provocación.

A Ignacio Fernández-Sanz lo conocí en su anterior ‘crisis matrimonial’. En aquella ocasión fue con el secretario municipal. Una mañana se presentó en mi despacho con su jefa de prensa y, muy educadamente, me habló de venganzas y vendettas, lamentó la manera “interesada” en que se estaba “manipulando la realidad” –unas denuncias por irregularidades en la gestión que continúan en fase de investigación– y me ‘sugirió’ cómo podíamos informar “más rigurosamente”… Un encantador de serpientes. Luego vendría la ‘crisis matrimonial’ con la interventora y esta semana ha estallado por los aires todo su equipo. Hoy, de baja por prescripción médica, sigue manteniendo su acta de concejal pero ha renunciado a su cargo como regidor y, supuestamente, ha puesto fin a su etapa política. Digo “supuestamente” porque con Fernández-Sanz nunca se sabe y hasta el presidente del PP ha temido buena parte de la semana que el díscolo militante estuviera dispuesto a ‘acabar’ con las botas puestas.

Desde la oposición, el PSOE ha cuestionado la “autoridad” del PP para zanjar la crisis en Otura (Fernández-Sanz pretendía gobernar en un duetto con su primer teniente de alcalde y el resto de ediles en la bancada de la oposición) e incluso, denunciando la “tibieza” con que Sebastián Pérez ha pilotado el asunto, ha lanzado sospechas sobre la “comprometida información” que pudiera manejar Fernández-Sanz sobre la financiación del partido de su anterior etapa como gerente. Sin pruebas que avalen o refuten tales acusaciones, repasando la semana de despropósitos y a la espera de que continúe el espectáculo con más líos judiciales –que los habrá–, lo que parece más que evidente es que hay personajes (ningún partido está a salvo de sus versos sueltos) que se bastan a sí mismos para provocar un incendio. Sin preludios; sin contextos; sin control.

La escaleta de la semana es reveladora. Lunes: a primera hora de la mañana comparece Fernández-Sanz en el Hotel Nazaríes (no en la sede del partido) y anuncia que seguirá en el cargo aunque seis miembros de su equipo hayan renunciado a sus actas tras denunciarle por facturas irregulares en el plan de pago a proveedores; pasadas las ocho de la tarde, y tras tres días de silencio en el PP, la secretaria general comparece ante los medios y le da un ultimátum: o dimite o se enfrenta a un expediente disciplinario y a la expulsión. Martes: Fernández-Sanz desafía al partido y se aferra al sillón. Tiene el respaldo del partido local y la “legitimidad” de las urnas. Miércoles: rueda de prensa de urgencia a las seis de la tarde; en la sede del PP. El aún alcalde de Otura aparece arropado por todo su equipo y anuncia que se va, pero por baja médica; tiene problemas de corazón. Jueves: la promesa debía cumplirse a las ocho de la mañana; no lo hace. Cambia otra vez la dirección del viento. Se queda solo para gobernar Otura. En el acto del Pilar de la Guardia Civil es el centro de todos los corrillos. Hasta seis horas fueron necesarias para ‘convencerle’. La última función debe ser este martes con el nombramiento en pleno del nuevo alcalde (se perfila Pedro Cabanillas) y el paso a la retaguardia de Fernández-Sanz. Sólo en teoría. Los pirómanos son imprevisibles; los incendiarios más.

De la penúltima del ministro Wert, su patriótica intención de “españolizar” a los alumnos catalanes, han terminado hablando hasta el Rey y Rajoy el Día de la Hispanidad: ¡Pobre Wert! Más bien ¡pobre país! A Fernández-Sanz, por ley, no se le puede arrebatar el acta de concejal ni se le puede impedir que un día renazca de sus cenizas con un partido independiente y recupere el sillón; al ministro peor valorado del Gobierno, el que lleva meses trabajando contra la educación y contra la cultura, sí se le puede cesar. ¿También esperamos a que pasen las elecciones para apagar este fuego? En política, tan incendiario se es por acción que por omisión.

El precio de gobernar

Magdalena Trillo | 23 de octubre de 2011 a las 9:24

Zapatero es el problema; el PP, la solución. Hace cinco meses que los populares arrasaron en las municipales anticipando lo que será el resultado del 20-N y, probablemente, del vuelco electoral que se vivirá en Andalucía en marzo. En Granada, Torres Hurtado amplió su victoria y, por primera vez en tres décadas de democracia, la Diputación se vestía de azul. Empleo e infraestructuras iban a ser la prioridad. El crecimiento económico y el desarrollo, la razón del cambio. Sebastián Pérez se comprometió a gobernar “para todos los municipios” sin revanchas ni favoritismos, desde la austeridad y la transparencia. Era entonces difícil disentir con el dirigente del PP cuando clamaba aquello de “no nos resignamos a seguir siendo, ni un minuto más, los primeros en lo malo y los últimos en lo bueno”.

Acaban de cumplirse los primeros cien días de gobierno del PP en la institución provincial y denuncian los socialistas que sólo ha habido “parálisis en la gestión, sobredosis de oposición y clientelismo”… En tres meses no se pueden cambian las dinámicas de 33 años, pero reconozcamos que a todos nos gustaría empezar a ver acuerdos, proyectos y, por insignificante que sea, algún resultado de su política. Menos sacudida de alfombras y más gobierno en positivo.

Y digámoslo abiertamente: una cosa es conectar con el electorado y ganar elecciones y otra muy distinta gobernar, gestionar. Sobre todo si confluyen varias circunstancias: la crisis no entiende de banderas ni de colores, lo que hay que administrar es miseria (el propio Rajoy ha advertido que llegará a la Moncloa en el momento más crítico de nuestra historia) y la ilusión de que Europa nos saque del pozo se difumina por el camino. Cuando dejemos de ser “región de convergencia” en 2014 se cortará buena parte de las ayudas que han servido de salvavidas a los gobiernos central y autonómico para sus grandes proyectos, la reforma anunciada de la Política Agraria Común terminará de hundir el campo andaluz y, aunque insistamos en mirar a la Europea rica, cada vez estamos más cerca de la pobre. Contagiados por Grecia y su quiebra.

Pero volvamos a Granada y unamos a este envoltorio macroeconómico los dramáticos datos de paro, renta y riqueza, el retraso histórico en las infraestructuras y el irresoluble aislamiento de la Costa, la comarca con más potencial. En este contexto, la estrategia del PP es efectista electoralmente pero también peligrosa. No podrá esconderse en la confrontación cuando gobierne en todos los niveles de la administración y tendrá que responder con acciones –no con promesas– a esa esperanzadora complicidad que ahora está mostrando con Granada.

Me surgen varias preguntas: ¿Será capaz Rajoy en menos de cuatro meses (de las elecciones nacionales a las andaluzas) de demostrar que el PP es la solución a la economía y al paro? ¿Si no hay desgaste de la derecha antes de marzo y se impone el PP a la segura alianza de la izquierda andaluza, conseguirá Arenas los millones para las obras del Metro? ¿Logrará que el AVE llegue a Granada con la Estación de Moneo terminada? ¿Vencerá a la caprichosa orografía del litoral y veremos acabada la A-7? ¿Convencerá a Europa para que el Corredor pase por la costa granadina y malagueña? ¿Tendrá dinero para el ascensor a la Alhambra pero no para el Teatro de la Ópera o Cines del Sur? ¿Habrá recortes en educación y sanidad como ensayan las comunidades ‘afines’?

Aparte de apelar a la nefasta gestión socialista, ¿qué hará entonces el PP de Granada? No podrá recurrir a la política del agravio. En realidad, no valdrá la política; lo que piden los ciudadanos son salidas y soluciones. Gestión honesta y eficaz. Acuerdos y dinero encima de la mesa. ¿Serán capaces de mirar hacia adelante?¿Están preparados para pagar el precio de gobernar?

Rubalcaba, González y Griñán están hoy en Atarfe en un acto central de precampaña. Los socialistas no dan por perdido el Gobierno central, al menos confían en amortiguar la derrota, y mucho menos el de la Junta. Pero los nubarrones son inmensos: en política, el PP les saca demasiados puntos de ventaja y, en gestión, tienen a medio país escéptico y al otro medio en contra. Ellos ya están pagando el precio de gobernar…