Archivos para el tag ‘Susana Díaz’

El efecto dominó de las Primarias

Magdalena Trillo | 28 de mayo de 2017 a las 10:24

Tan fácil como dejar de pagar la cuota. Se pasa automáticamente del estatus de militante al de simpatizante y poco más es necesario para poner fin a décadas de compromiso activo con el PSOE. Al mismo tiempo que históricos del socialismo granadino como Antonia Aránega o Rafael Salcedo volvieron a la primera línea integrados en las listas del partido de la capital para el Congreso Federal, las deserciones se han convertido en la música de fondo de las agrupaciones locales tras el baño de realidad para el susanismo que han significado las Primarias del pasado domingo. ¿Un arrebato pasajero? ¿Una llamada de atención al aparato? ¿El inicio de algo más?

Son los primeros compases de preocupación y desconcierto en un nuevo PSOE que, aunque lo tiene (casi) todo por demostrar, por decidir y por consensuar, sólo ha dejado espacio para el ruido con sordina. Una votación ajustada hubiera sido difícil de gestionar; una derrota clara, con traiciones incluso en el bastión andaluz, confirma la teoría de que los avales eran el “techo” para los susanistas y el “suelo” para el movimiento pedrista que ha sabido quedarse con la bandera de la militancia. Sólo en este contexto se entiende el -aparente- pacto de no agresión entre los dos dirigentes que se batieron en duelo hace una semana para intentar llevar cierta paz al cónclave de junio con listas integradas y sólo así tiene sentido el abrupto repliegue del 100% PSOE en Andalucía.

Porque ni se ha acabado el susanismo, aunque lo declare la propia política sevillana a semejanza de lo que hizo Chaves en el 2000 tras la derrota de la poderosa federación del Sur en el enfrentamiento Bono-Zapatero ni tienen por qué dejar de pasar los trenes para la actual presidenta de la Junta. ¿Que el susanismo está “finiquitado” si es que “alguna vez existió”? ¿No nos hemos equivocado lo suficiente con Pedro Sánchez para aventurar ahora el ocaso inmediato de la candidata andaluza?

Lo iremos viendo en los votos; pero no en las casetas privadas de los congresos sino con las papeletas abiertas y multicolores de las convocatorias electorales. Y, aunque proclamaremos que no se pueden extrapolar resultados, todos caeremos en la tentación de comprobar hasta qué punto se ha producido un ‘brexit’ entre votantes y militantes cuando Pedro Sánchez intente por tercera vez llegar a La Moncloa -si no lo hace antes por la vía de las prisas aliándose con Podemos en una moción de censura propia o ajena- y descubrir si lo que ocurrió el 21 de mayo tiene eco en los gobiernos regionales, en los complejos juegos del poder territorial y en el tablero local.

Las primarias lo han dejado todo abierto. Con un efecto dominó en todas las escalas. Y es que eran dos formas antagónicas de entender el partido, dos sensibilidades distintas a la hora de conformar las alianzas de gobierno y dos relatos contradictorios sobre lo ocurrido en el menguante partido del puño y la rosa. Las enmiendas del equipo de Pedro Sánchez lo tienen bien claro: todo empezó “por culpa” de Zapatero, en 2015 fue precisamente el renovado líder del PSOE quien evitó el sorpasso de Podemos y lo que se ha escrito a partir del 1 de octubre de hace un año ha sido un tremendo error. Un rotundo fracaso.

No se evitaron unas terceras elecciones; se le entregó el gobierno al PP. Pura épica. Pero con un respaldo de las bases más que suficiente para hacer tambalear, para llevar la incertidumbre y la provisionalidad a las débiles alianzas que se conformaron tras los últimos comicios.

¿Ahora qué? A nivel nacional, lo previsible sería que Mariano Rajoy sea capaz de sacar adelante los presupuestos con las cuotas ya negociadas con vascos y canarios e, incluso, aguantar hasta final del próximo año con unos presupuestos prorrogados. En Andalucía, Susana Díaz no tiene más salvavidas que dar un impulso político a su Gobierno -con movimientos también en las estructuras provinciales-, acelerar el cumplimiento de los compromisos firmados con Ciudadanos -incluso cuando suponga reformar la Ley Electoral o el Estatuto de Autonomía para suprimir los aforamientos- y demostrar con una gestión palpable de resultados que lo de “ahora toca trabajar por Andalucía” no es sólo un eslogan voluntarista.

De todo estas piezas dependerá también lo que ocurra en Granada. Que el congreso provincial de otoño del PSOE será movido es tan evidente como la salida de Teresa Jiménez de la Torre de la Pólvora, pero ni el gobierno local ni el de la Diputación tienen por qué verse comprometidos. El domingo pasado no sólo perdieron los susanistas; también el PP. El escenario regional se ha vuelto a complicar para Juanma Moreno justo cuando se veía con opciones de llegar a San Telmo aprovechando el vacío de liderazgo que se iba a producir en el socialismo andaluz. Pero la situación ahora es justo la contraria: una dura contrincante, herida, dispuesta a remontar refugiándose en casa.

En Granada, la moción de censura a Paco Cuenca depende más de lo que ocurra en Sevilla y Madrid que de la política doméstica. Y también con ello se abre o cierra el futuro para Rocío Díaz como candidata del PP. Lo previsible, de momento, es que Susana Díaz se atrinchere y no convoque elecciones hasta marzo de 2019 -salvo que las encuestas y los trackings internos le sonrían- y, sólo un par de meses después, Sebastián Pérez tendrá razones de sobra para postularse como candidato a la Alcaldía y enfrentarse a Cuenca -reconozcamos que tanto al PSOE como al PP les interesa que resista- con un doble horizonte: recuperar la capital y volver a la Diputación.

Pero todo está sujeto con pinzas. Abierto y provisional. Expectante al movimiento en cadena que significaría la caída -o la colocación- de una sola ficha del dominó. Les pongo un futurible: ¿y si después del terremoto Spiriman y de la insólita confluencia en Juntos por Granada se constituye una plataforma de independientes? ¿No creen que conseguirían un buen puñado de concejales en la Plaza del Carmen?

¿Después de la catarsis sanitaria?

Magdalena Trillo | 5 de febrero de 2017 a las 12:40

Rectificación. Reinicio. Catarsis. Salud ha necesitado más de cien días para atreverse a aplicar cirugía mayor a la crisis hospitalaria que se desató en octubre con la puesta en marcha -y el consecuente caos- del Hospital del PTS, que se ha contagiado con una inesperada virulencia a media comunidad autónoma y que ha hecho saltar por los aires la bandera andaluza del Estado del bienestar. Lo que se ha vivido esta semana en el Parlamento ha sido una enmienda a la totalidad con un relevo completo del equipo negociador, dimisiones en cascada y una vuelta atrás al origen de todo: el decreto que en 2014 aprobó el SAS con la peligrosa letra pequeña del ahorro y los recortes.

Pero el sujeto real de esta reflexión no es “Salud”. Ni siquiera la “Junta”. Es “Susana Díaz”. Con la presión imparable de la calle, con el altavoz firme de las plataformas críticas y con la interesada instrumentación política de los partidos; inmersos además en una profunda convulsión para renovar proyectos y liderazgos. Todo está conectado.

Spiriman poli

Ha sido un golpe de efecto necesario. En la formalidad de los gestos y en el fondo. Pero finalmente precipitado -hay quienes ven en el desembarco de Pedro Sánchez en Sevilla, con su halo de víctima del aparato, el detonante último- y con un horizonte incierto. ¿Había que ceder tanto? Y lo más importante: ¿será efectivo? Los profesionales calculan que, si a partir del martes sí hay una negociación constructiva y se alcanza un acuerdo que consiga el beneplácito de las plataformas críticas -Spiriman parece virar ya la estrategia de la marea blanca por los tribunales-, se tardará más de un año en recuperar cierta normalidad.

Hay además un escenario que sigue siendo tabú: el futuro del Materno. Es una línea roja compartida. Porque aquí no hay consenso ni lemas efectistas que aúnen las posturas: está la opción del hospital monográfico que pretendía seguir los pasos de los centros de referencia del país o la vuelta atrás en el marco de los “dos hospitales completos” con fórmulas abiertas por estudiar.

Tres escenarios confluyen en la crisis: el profesional, el institucional y el político. Y ninguno de los tres supone una cuestión menor. En apenas unas horas, la Junta ha certificado la muerte del modelo de gestión sanitaria que, por encima de desajustes y recortes, vendría a apuntalar la fortaleza de uno de los sistemas más completos y garantistas de España y ha dejado completamente abierto el debate sobre lo que en la práctica significa la derogación del decreto de fusión en toda la comunidad autónoma y, en el caso de Granada, la vuelta a los dos hospitales.

A Susana Díaz no le queda ya más cortafuego que el consejero y la carrera por refundar el PSOE, con la irrupción de Patxi López y la resurrección de Pedro Sánchez para disputar las primarias, no ha hecho más que desbaratar los tiempos pausados que había previsto la gestora colocándola en una situación doblemente comprometida donde es difícil valorar si, como máxima responsable de la Junta, le perjudica más el conflicto en el SAS para disputar la secretaría general de los socialistas o es la incertidumbre sobre su futuro en Madrid lo que la está dañando en el cuerpo a cuerpo parlamentario. Que el PP haya recortado distancias en intención de voto según el último Egopa y que la sanidad se haya situado entre las principales preocupaciones de los andaluces son vasos comunicantes de una misma crisis.

En las tragedias de Aristóteles, pasiones y miedos se conjugaban ancestralmente en su idealizado camino de catarsis y purificación. Con el atrevimiento de Freud y el psicoanálisis, empezamos a hablar de “desbloqueo” conectando el efecto “súbito” del método catártico con una promesa de impacto duradero. Hoy, puede que la catarsis no sea más que un placebo. Asumida la rectificación y el reinicio -con “humildad” o sin ella-, todos estos interrogantes están por escribir en la crisis sanitaria. Casi en la misma casilla de partida y con la misma hoja quebrada que la crisis socialista; esa sobre la que habrá de volver cuando en Podemos digieran (o no) su tsunami y compartan el doloroso foco de la refundación.

Porque los críticos siguen implacables. Y los efectos colaterales han sobrepasado ya el tablero de juego de la sanidad.

¿Populismo feminista?

Magdalena Trillo | 4 de diciembre de 2016 a las 10:41

Populismo y manipulación. Los periódicos se han convertido en las últimas semanas en improvisadas revistas de la reflexión política; en excepcionales plataformas para situar en el foco público un tema que suele estar restringido a analistas, filósofos o historiadores: la amenaza del populismo. Con la crisis económica convertimos los bares en ateneos de las finanzas y ahora es la crisis política la que se filtra en la agenda mediática y en las conversaciones cotidianas con (pretendidos) análisis sesudos -en parte bienintencionados, en parte interesados- sobre la deriva en que ha entrado nuestro sistema de representación y de valores. La reciente victoria de Donald Trump en EE UU y la muerte del líder cubano Fidel Castro han servido, además, para equiparar el riesgo del radicalismo de derechas con el de izquierdas dando a los dos bandos similares argumentos de confrontación.

¿Pero hay también un riesgo de populismo en los controvertidos movimientos feministas? Si atendemos a la (nueva) crisis en que esta semana ha sumido Pablo Iglesias a su partido, la respuesta no puede ser más que afirmativa. La munición la lanzó el líder de Podemos en un foro de eldiario.es con su torpe reflexión sobre la “feminización de la política” y ha desencadenado una incontrolable espiral de reacciones: desde la izquierda moderada que ha sumado “su verdadero perfil machista” a las tradicionales críticas de “altanería” y “soberbia” hasta quienes han incendiado la polémica equiparando el feminismo con el “machismo de ovarios”.

No voy a entrar en la desafortunada forma en que planteó que la “feminización de la política tiene que ver, más que con la presencia de mujeres en puestos de decisión, con construir comunidad y cuidar” -él mismo llegó a decir que no se reconocía en tales palabras y que no es lo que quiso expresar- sino en el trasfondo de su discurso: la existencia de mujeres en puestos de representación no garantiza que haya una verdadera política feminista.

El sentido común le da la razón; la realidad le da la razón. La presencia de la mujer en puestos directivos es necesaria, pero no es una garantía de nada; las cuotas son un camino irrenunciable; pero claramente insuficiente. Pero para llegar a esta conclusión hay que hacer un duro ejercicio de honestidad y de pragmatismo: guardar las siglas y los intereses partidistas en el cajón y anteponer la evidencia social al juego político.

El gobierno de Susana Díaz podría servir de ejemplo. No son pocas las críticas en los círculos feministas sobre el modo en que la presidenta de la Junta ejerce su poder. Sorprende que sus principales cargos de confianza (tanto en el partido como en el gobierno andaluz) sean hombres y que tampoco se haya producido una apuesta por mujeres para situarse al frente de los principales organismos dependientes de la Junta. Es más, si nos atenemos a las comparaciones, hasta el gobierno de Griñán era mucho más feminista que el de Susana Díaz…

Que se cumplan la “paridad” y con las “cuotas” no significa nada si no se produce en paralelo una apuesta pragmática por situar a la mujer en los principales puestos de decisión -donde realmente se puede medir su impacto es en el día a día del ejercicio del poder- y si no somos capaces de reconocer que también el movimiento feminista tiene sus distorsiones. Me refiero, por ejemplo, a los lobbies feministas que terminan actuando como clubes de amigas admitiendo, excluyendo y rotando en función de filias y fobias.

Nada de lo que acabo de plantear es políticamente correcto. Ni feministamente admisible. Pero no sería responsable reclamar una política activa en defensa de la igualdad si no reconocemos los desajustes del camino.

Podemos arranca la próxima semana en Granada una ruta por todo el territorio nacional para recoger las “demandas de las mujeres” y conseguir que la formación política sea una herramienta efectiva capaz de cambiar el país “de dentro a fuera”… Suena a populismo, sí. Y a oportunismo, sí. Pero admitamos que no es una ocurrencia ni una casualidad. El (verdadero) feminismo necesita un debate sosegado y sincero. Porque el poder hay que ejercerlo desde el poder mismo y desde el simbolismo del poder.

Refundación en cascada

Magdalena Trillo | 14 de febrero de 2016 a las 11:16

Hace casi una década que Sarkozy se atrevió a proponer la “refundación” del capitalismo. El mundo que se había levantado sobre la caída del Muro de Berlín, creyendo que la democracia y el mercado arreglarían por sí solos todos los problemas, había llegado a su fin. Languidecía la utopía de la sociedad del bienestar. Lo mismo que la falacia de la autorregulación. Había que reconstruir todo el sistema financiero internacional “partiendo de cero”. Había que refundar el capitalismo sobre bases éticas. Sobre el valor del esfuerzo, el trabajo y la responsabilidad. Había estallado la crisis.

Del sueño nos despertó entonces Lehman Brothers y ahora tal vez lo haga de la “recuperación” la caja negra del Deutsche Bank. Y los ‘cocos’. No es nostalgia infantil; son un tipo sofisticado de preferentes que responden al anglicismo “contingent convertible bonds” y que, con rentabilidades altísimas y “estables” de hasta un 8%, han estado respondiendo estos años a la insaciable avaricia de unos y a la irrefrenable ingenuidad de otros. Rastreando sobre el tema, localizo un artículo de Juan Ramón Caridad en la prensa especializada ironizando sobre la capacidad del homo economicus para tropezar “más de dos veces” con la misma piedra -una vez más, todo es seguro hasta que deja de serlo- y termina con todo un aforismo: “No hay más sordo que el que no quiere oír”.

Vivimos en una absoluta contradicción. Justo la semana en que los científicos han demostrado que somos capaces de “oír el cosmos”, después de tardar todo un siglo en ser capaces de detectar en un laboratorio la última de las grandes predicciones de Einstein sobre la Teoría de la Relatividad, constatamos la existencia de las ondas gravitaciones para tal vez inferir que, de momento, son otras las perturbaciones, las supernovas y los agujeros negros de los que nos tenemos que preocupar.

ondas gra

Todo está interconectado. El hallazgo de los investigadores del MIT, que comienza con dos agujeros negros de 29 y 36 veces las masa del Sol “bailando un vals” hasta que se fusionaron hace 1.300 millones de años cuando la vida pluricelular colonizaba la Tierra, será uno de los grandes hitos científicos de la década por el cambio de paradigma que supone y por la “nueva puerta” que nos abre al Universo. Porque a la forma de mirarlo que heredamos de Galilleo le hemos sumado una sorpresiva manera de oírlo… Ciertamente, ¿no es un problema de visión el que arrastra hoy, no ya el capitalismo, sino el modelo mismo de democracia imperfecta que seguimos mitificando obviando las ondas que nos hablan de sus fallos y su fragilidad? ¿No es un problema de no saber escuchar el que tienen los políticos con la ciudadanía, los aparatos de los partidos con sus bases? ¿No es a bailar, buscando pareja a la desesperada, a lo que nuestros no-líderes se han dedicado desde el 20-D?

El espacio-tiempo importa en política y economía tanto como en la ciencia. Les pongo un ejemplo más cercano: la historia de los titiriteros sería diametralmente diferente si el paisaje no fuera Madrid y el tempo no lo marcara Manuela Carmena y los irreverentes de la coleta. Entre el exceso judicial y la distorsión mediática, dos insignificantes actores de los círculos del 15-M se han convertido en excusa para una instrumentalización política y una burda manipulación que, más que sobre un delito de apología del terrorismo y de incitación al odio, se sostiene sobre una inaudita cadena de errores.

El público infantil no era su público pero tampoco un teatro público municipal era su sitio. No debieron ser contratados de igual modo que ellos nunca debieron subir el telón. ¿Dónde empieza y termina la responsabilidad? ¿Nueva política? En Baleares se daba la consigna de contratar a Urdangarín y “no preguntar” y no parece un mensaje muy diferente el que se está lanzando desde quienes, de momento, ni siquiera han sabido llegar.

Unos lo llaman “regeneración” y otros “limpia” y “refundación” pero, como en las ondas gravitacionales de Einstein, lo que empezamos a gestionar ahora es el eco de los agujeros negros pasados.

pepe

En el PP ya se ha puesto el reloj a cero para reconstruir el partido de arriba abajo. El tiempo institucional de Rajoy acabó el día que le dijo ‘no’ al Rey para la investidura y la incontrolable tormenta de corrupción que azota al partido no puede tener más recorrido que una progresiva asunción de responsabilidad. Tanto es así que, entre la militancia, se extiende la convicción de que sólo podrá salvarse el PP y volver a recuperar la confianza del electorado si la convulsión es absoluta. En este contexto, ocupar la oposición es un paso hasta necesario para rearmar al partido y situarlo con posibilidades de gobierno para dentro de dos años.

Al día siguiente de las elecciones nacionales, no pocos dirigentes del PP daban ya por seguro que gobernaría Pedro Sánchez -en la historia de este país la izquierda ha gobernado siempre que ha podido por muy difícil que haya sido la aritmética del pacto- e incluso se atrevían a vislumbrar el plazo de vigencia del pacto: 2018. El PSOE resistiría este año y podría gobernar en 2017 prorrogando presupuestos. Entonces se acabaría su aventura y sería un tiempo más que suficiente para que un PP “renovado” recuperara el poder.

En las filas socialistas se hará de abajo arriba, con debate y con puertas abiertas pero el resultado no diferirá demasiado. En este caso no es el pasado el que marcará el movimiento sino un futurible. La investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno determinará el grado de convulsión -¿vuelta a los dos bandos con pedristas y susanistas?- y la intensidad de las turbulencias locales.

teresa

En Granada están garantizadas en cualquier escenario: a las ondas nacionales se une un creciente malestar con la gestión de Teresa Jiménez al frente del partido con una crítica de “desintegración” compartida y con dos recientes puntos de inflexión: el intento de colocar a Manuel Pezzi en la Alhambra y la decisión de situar a Elvira Ramón como cabeza de lista al Congreso.

Aunque hace ya seis años Álvarez de la Chica le entregó la secretaría general “gratis” -nadie de su equipo se salvó y son muchos los que siguen sin entender el ostracismo al que se relegó a valores del partido como Martínez Caler, Jesús Huertas o Juanma Fernández-, es su gestión “personalista” y de “camarilla” actual la que ya se critica abiertamente y se sitúa en la base de la actual fractura del partido. Ahora vivimos una aparente normalidad pero la batalla por la Diputación fue un aviso a navegantes y una antesala de la tormenta que se desatará después del verano cuando se celebre el congreso provincial.

Para conocer la intensidad de las ondas, tendremos que esperar a que Jiménez desvele si optará a la reelección, si intentará una operación de continuidad y, sobre todo, saber los nombres y posicionamientos finales de quienes ya hoy están moviendo los hilos del cambio. Pero es más que evidente que el ruido se oirá.

A derecha y a izquierda, con diferentes puntos de partida y de llegada, la refundación será en cascada y ya está en marcha.

No son unas elecciones de trámite

Magdalena Trillo | 22 de marzo de 2015 a las 12:11

Circula en Youtube un vídeo del juez Calatayud sobre la tiranía de los jóvenes con sus padres más inquietante que cualquier película de Hitchcock. Una imagen doméstica ilustra las contradicciones y el peligroso camino de complejos y sometimiento al que nos ha llevado la implacable sociedad de consumo actual: ¿tiene su hijo mejor móvil que usted?

El mundo de los móviles merecería más de una tesis. A mí me interesa hoy por lo que tiene que ver con la política. Piénselo. A un vendedor de móviles le pedimos lo mismo que a un político: que nos trate con respeto, que no nos engañe y que me mire por nuestros intereses por encima de los corporativos. Sitúe aquí la palabra empresa o la palabra partido. No recuerdo cuántos años llevo con móvil pero nunca hasta ahora había encontrado a ese vendedor ideal. Lo descubrí ayer. Fui a cambiar de modelo consciente de que me volverían a engañar y salí de la tienda, tras soportar más de cuarenta minutos de espera, sin aparato pero contenta. Me explicaron, me orientaron, se pusieron en mi lugar y me ayudaron a tomar la mejor decisión.

Hoy estamos llamados a votar 6,5 millones de andaluces en una jornada histórica. Por lo que supone para nuestra comunidad y por lo que representará para el resto de España. Por muchos matices que apliquemos al extrapolar los resultados, será la mejor fotografía del estado de ánimo de los ciudadanos sobre el funcionamiento de nuestro sistema democrático.

Después de tres décadas entregados al tripartidismo, cinco partidos tienen opciones serias de entrar en el Parlamento andaluz. No es sólo un duelo entre viejos y nuevos, entre los tradicionales y los emergentes. Lo que hoy vamos a decidir en Andalucía es si le damos una nueva oportunidad a la política. Son las primeras elecciones realmente decisivas que se convocan tras el tsunami de desencanto y desafección que ha provocado la nefasta gestión de la crisis y los escándalos de corrupción. Y lo que hoy decidamos en el Sur marcará un punto de inflexión para el sistema de partidos de cara a la convocatoria de las locales de mayo y de las generales de noviembre.

Su voto decidirá hoy si la marca Susana está por encima de la del partido -si la ola susanista es tan potente como se ha visto estos días en las calles-, si el PP merece una oportunidad -se pueden criticar los 33 años del PSOE pero no sin preguntar qué han hecho ellos en este tiempo para dejar la oposición-, si IU está realmente en fase de desintegración y si los nuevos de Podemos y Ciudadanos cumplirán las expectativas de los sondeos.

Son los 109 diputados que ocuparán sus escaños en el Hospital de las Cinco Llagas pero es también el inicio de la transformación del arco político español y es, sobre todo, una prueba de fuego para la estabilidad y la gobernabilidad. No son unas elecciones de trámite. Y de ello da buena fe el desembarco de líderes nacionales que hemos vivido en las últimas dos semanas. Susana Díaz es la dirigente andaluza que ha asumido una responsabilidad más directa en estos comicios. En frente ha tenido a Rajoy, pero también a Alberto Garzón y Julio Anguita, a Pablo Iglesias, a Albert Rivera y a Rosa Díez. La mejor muestra de ello es una simple pregunta: ¿sabe el nombre de sus candidatos?

La solución del primer sudoku electoral de 2015 llegará a partir de las ocho de la tarde cuando cierren los colegios y hayamos llenados las urnas de votos. Para unos será de esperanza y reafirmación, para otros de desencanto y de castigo y para muchos, un cheque de oportunidad cargado de escepticismo que se revisará en mayo y en noviembre.

Unos hablan del voto útil, otros nos alertan sobre el peligro de que “tiremos” nuestro voto y muchos sitúan a los indecisos como los protagonistas de la jornada. Pero todos serán votos útiles por cuanto hablan de la solidez de nuestra democracia y de la normalidad y libertad con que hoy decidiremos el presente y el futuro de Andalucía.

Si hay un mensaje que ha calado en estas dos semanas es que no son unas elecciones cualquiera. Que la responsabilidad que pedimos a los políticos es hoy nuestra: ir a votar.

Lo políticamente correcto

Magdalena Trillo | 8 de febrero de 2015 a las 17:28

Todos sabemos que en el decálogo del ‘buen político’ no está decir la verdad. No lo llaman mentir sino “estrategia” y, teóricamente, nunca hay mala fe detrás del incumplimiento de las promesas sino un buen puñado de “circunstancias” que les impiden hacer frente a sus compromisos, algunos errores de cálculo sobrevenidos que empañan la gestión y unos cuantos ‘chorizos’ infiltrados en sus filas que “injustamente” los desacreditan.

Si todos sabemos que un político no se puede permitir el lujo de decir la verdad, mucho menos en campaña electoral. Y el objetivo es evidente: no dar pistas al adversario, no mostrar debilidades y convencer a los futuros votantes de que son la mejor opción. ¿Cómo nos van a pedir que confiemos si ni ellos mismos se lo creen?

Porque también sabemos, o deberíamos saber, que el fin último de la política es el poder: la máxima es salir a ganar y, por supuesto, ocupar el sillón de mando. Luego vendrá aquello de que se hace por el interés general, que su vocación es la del servicio público y que se van a dejar la piel por los ciudadanos. Por usted y por mí.

Todo esto se rompió esta semana cuando el secretario de Participación Interna de Podemos dijo en un programa de radio que su partido no tiene expectativas de acceder al Gobierno en Andalucía. ¡Revuelo monumental! Se lanzaron como lobos desde todos los partidos y también se le contestó desde dentro. La candidata andaluza, Teresa Rodríguez, apenas tardó unos minutos en corregir la ‘novatada’ de su compañero con un tuit: “Quienes conocemos esta tierra y tenemos aquí los pies, la cabeza y esperanzas, sabemos que no sólo podemos, sino que debemos ganar Andalucía”. Luis Alegre rectificó esa misma mañana y se ha pasado toda la semana tirando de ‘manual': el recurrente que se había expresado mal… Que se refería a que las encuestas no les dan como vencedores para las autonómicas del 22 de marzo en Andalucía -sí en otras comunidades como Madrid, Valencia o Asturias-, que afrontan la cita con “humildad” pero también con “ambición” y que, como ya demostraron en las Europeas de hace un año, “¡sí se puede!” porque son un partido nacido “para ganar”.

El dirigente de Podemos termina refugiándose en lo políticamente correcto, en lo previsible, con el tono falso de los mítines y eslóganes fabricados de campaña. A mí, sinceramente, me había gustado más el primer Luis Alegre, el criticado como principiante e inexperto, el que osó romper el ‘pacto’ del interés partidario admitiendo en público lo que la formación de Pablo Iglesias sabe a nivel interno y sabemos todos: que Andalucía es su plaza más difícil y que, a la espera de más sorpresas el día electoral, no es probable que el 22-M se conviertan en la primera fuerza en nuestra comunidad.

Nunca he entendido por qué los políticos nos tienen que proteger callando lo que no interesa (a ellos, claro), diciendo lo que no es y prometiendo lo que nunca cumplirán. Cierto es que ganaríamos mucho si antes de hablar tuvieran claro qué quieren decir. Más aún si consiguieran que, desde el mismo partido, partieran los mismos mensajes sin importar el interlocutor ni dónde vive el votante. Es una regla básica en periodismo que nunca pondremos un buen titular ni escribiremos una buena noticia si no tenemos previamente bien definido lo que queremos contar; un mal titular siempre es reflejo de una mala historia.

En política, a esto se llama incoherencia y, lamentablemente, tenemos demasiados ejemplos de ello. ¿No es una contradicción que Pedro Sánchez se manifieste partidario de alcanzar grandes pactos de Estado con el PP y unas horas más tarde diga su portavoz que, más allá de la lucha contra el yihadismo, no hay nada que acordar porque las diferencias son “abismales”? Porque qué bien debería sonar la propuesta del líder socialista de imponer un mínimo de sensatez y estabilidad en Educación si no se percibiera detrás un interés claramente electoral que choca con ese intento de adoctrinamiento que ha marcado la gestión educativa en este país durante toda la democracia.

Desconcierto e intereses partidistas. Tampoco he entendido nunca por qué los políticos no pueden movilizar a los indecisos siendo honestos, desarmar al adversario con discursos constructivos y en positivo y entusiasmar al electorado siendo realistas. Por qué no se pueden asumir los errores y conectar con los votantes sin cambiar de discurso cada media hora. El confuso escenario de alianzas postelectorales que se avecina tal vez sea la mejor muestra de lo difícil que es escribir un titular, montar un discurso, cuando no se sabe qué decir. Por no destapar las cartas y por no reconocer que todo dependerá de lo que más interese, de lo que sea más necesario cuando, con los datos definitivos en la mano, haya que valorar hasta dónde se puede presionar y hasta dónde renunciar.

Números y pragmatismo. Si el bipartidismo está tan roto en España como aventuran todos los sondeos, más importante que el programa sería conocer las intenciones de los partidos para el día después. Susana Díaz ha entrado fuerte en precampaña -ya está de periplo por toda Andalucía con actos institucionales por la mañana y de partido por la tarde- asegurando que ni pactará con el PP ni lo hará con Podemos. ¿Seguro? Lo enfatizó el jueves en Granada cuando respaldó a Paco Cuenca como candidato socialista a la Alcaldía de la capital y le marcó el camino: ganar “bien” para gobernar sin necesidad de alianzas. ¿De verdad cuentan con tal horizonte? La prudencia, y el desconcierto que ha supuesto la irrupción de Podemos torpedeando el actual sistema de partidos y fagocitando a Izquierdo Unida, ha dejado en un sueño la aspiración de la “mayoría absoluta” y ahora el reto no es otro que una “mayoría suficiente”.

Y aquí tenemos a los que nos prometen estabilidad para “avanzar al doble de velocidad” que el resto de comunidades (PSOE), los que nos previenen de experimentos intentado montarse en la ola de la recuperación (PP), los que buscan nuestra complicidad para romper “tres décadas de monopolio socialista” y “corrupción” (Podemos) y los que nos aseguran un verdadero gobierno de izquierdas llamando a la puerta de los “desencantados” (IU). Sumemos otras opciones más minoritarias como Ciudadanos, UpyD y hasta el irrelevante Partido Andalucista y encontrará esa difícil radiografía que se vislumbra este intenso año electoral con dos corrientes en tensa disputa por el poder: PP y PSOE intentando mantener posiciones y todos los demás esperanzados en desmontar el tablero.

El primer experimento se ensayará en Andalucía pero reconozcamos que el laboratorio más imprevisible se está fraguando en Madrid y que será en las municipales cuando comprobemos el impacto real de las sopas de siglas, los pactos y las alianzas que resultarán imprescindibles para el gobierno -o desgobierno- en cientos de pueblos y ciudades de toda España. Y ya veremos entonces, en un escenario absolutamente inédito en nuestra democracia, si lo que hasta ahora ha sido políticamente correcto sigue funcionando.

La nostalgia del cambio

Magdalena Trillo | 1 de febrero de 2015 a las 11:17

Elija el “cambio” que más le interese, póngale el rostro que más le apetezca y vaya pensando a quién votar el 22 de marzo. Tanto hemos prostituido y distorsionado la palabra que todo cabe en seis caracteres: la derecha que quiere acabar el “régimen socialista” con la “oportunidad de cambio” que representa Juanma Moreno, los ‘susanistas’ que se encomiendan al indiscutible liderazgo de su secretaria general para esquivar el declive de sus propias siglas sin que se note que son los ‘mismos’ los que llevan tres décadas gobernando en Andalucía, los damnificados de IU que han visto cómo Podemos se apropiaba de su programa, de sus militantes y de su espacio electoral al mismo tiempo que eran ‘desahuciados’ de San Telmo y, por supuesto, los ‘extremistas’ de Podemos a los que se intenta demonizar como un peligroso virus capaz de frenar la esperanzadora recuperación mientras ellos, con su “marcha por el cambio”, vuelven a demostrar a pie de calle que tienen el apoyo de la gente.

La pregunta que muchos analistas se hacen estos días es si Pablo Iglesias despierta la misma ola de simpatía y complicidad ciudadana que en los 80 logró aquel jovencísimo Felipe González que, con su pelo desenfadado, sus pantalones de campana y su chaqueta de pana, surgió de Suresnes suscitando tanto temor en la esfera empresarial como hoy desata ‘El coletas’ en los mercados. Porque entonces también eran radicales, provocadores e ilusos. La dosis de mercadotecnia tal vez fuera menor pero también la sociedad española era otra. Si tenemos en cuenta el cambio generacional, el letargo de entonces y la sobreexposición mediática de ahora, puede que lleguemos a una radiografía muy similar.

Y seamos realistas. En frente de Pablo Iglesias no está Pedro Sánchez, está Susana Díaz. Hacía demasiado tiempo que los socialistas no recibían el calor de la calle y el motivo es sólo uno: esa ‘fontanera’ felizmente embarazada que tan nervioso ha puesto al PP. Los selfies se unen a besos y abrazos (¿no va a coger la gripe con tanta exposición?) haciendo más nítida la respuesta. La presidenta lo sabe. Es su mejor encuesta. Ha conectado con los andaluces y está convencida de que va a tener ‘su’ oportunidad. El ‘efecto Susana Díaz’ es tan potente en cualquier pueblo de nuestra comunidad como lo es el ‘efecto Podemos’ en las ciudades. Si la astucia y la estrategia es un valor en política, ella va tan sobrada como Pablo Iglesias de oratoria.

Esta misma semana volvió a demostrarlo en Fitur cuando se unió con exultante naturalidad a la comitiva real y luego no cayó en la ‘trampa’ que le habían preparado en el stand de Granada: nada de desplantes, le zampó dos efusivos besos a Sebastián Pérez, hizo campaña en territorio hostil y allí los dejó… Unas horas antes, era el propio presidente del Gobierno el que despertaba del “letargo invernal” -Susana Díaz casi le contestó en directo a las acusaciones de que va a utilizar Andalucía de “trampolín” para disputarle La Moncloa- para despejar el camino a su ¿sólo “prometedor”? candidato para Andalucía.

Pero, sinceramente, no sé si le ayudó o se lo puso más difícil. Juanma Moreno todavía no ha convencido ni a los suyos de que es el cabeza de cartel que necesitan cuando tienen que enfrentarse a una líder nata y convencer de que la oposición en nuestra comunidad ni está en manos de la juez Alaya ni necesita que se la hagan desde Madrid.

Después del espoleo de Aznar, tal vez haya entendido Rajoy que va tener que bajar a la arena política, tomar decisiones -¿cuánto más tienen que esperar ¡los suyos! para saber si están dentro o fuera de la partida?- y explicar mucho mejor si en su hoja de ruta realmente está la opción de victoria. Sigo sin ver razones claras para el adelanto, pero bienvenida sea la campaña si logramos que aflojen el cinturón, que nos ‘animen a votar’ restituyendo algo de lo perdido y nos devuelvan la ilusión de creer que un cambio real es posible.

Cuando Felipe González protagonizó la ‘movida’ de los 80, los que hoy se disputan la batuta de la transformación estarían estrenando la EGB. A todos nos interesa que 2015 sea un año para sumar, no para restar, y que el ‘cambio’ que todos enarbolan vaya más allá del relevo generacional. Sin la volatilidad de la moda y sin la nostalgia de lo que fue.

Quiénes son los moderados

Magdalena Trillo | 25 de enero de 2015 a las 10:06

Grecia no es España pero son múltiples las pistas que hoy nos llegarán desde Atenas sobre el incierto escenario político que acecha a Europa tras siete años de larga crisis y suicida austeridad. El pueblo helénico acudirá a las urnas para decidir si planta cara a la Troika y entrega las riendas del país al Podemos del sur: 9,8 millones de ciudadanos podrán elegir entre 18 partidos y 4 coaliciones aunque son sólo 7 las formaciones que tienen opciones reales de entrar en el Parlamento. El favorito es el Pablo Iglesias griego. Alexis Tsipras, al frente de Syriza, estrenará el intenso año electoral que viviremos en 2015 y que, con toda seguridad, transformará el actual mapa ideológico europeo entre el ascenso ‘ultra’ y el fin del bipartidismo. Las presidenciales griegas arrancan hoy a las 7 de la mañana y luego le tocará el turno a Reino Unido, Francia, Suecia y, por supuesto, España. La economía y la política migratoria, marcada por el fantasma yihadista, serán claves en un momento de desconfianza y descontento generalizado.

El izquierdista Tsipras busca una mayoría absoluta que le permita gobernar en solitario y lograr que “la democracia vuelva al país donde nació”, “recuperar la autonomía en Europa” y “restaurar la dignidad del país”. Innegable el populismo del que ya se ve como primer ministro pero no tan extremista como se ha dibujado a ese carismático estudiante que, desde sus revolucionarios primeros años dentro del Partido Comunista, ha tenido un ascenso meteórico para situarse como líder de la oposición y gran esperanza de cambio. Y ello a pesar de las muchas turbulencias que sus propuestas sobre la deuda y el euro han desatado en los mercados y el miedo que ha infundido en los socios de la UE alineados a Berlín.

La realidad es que la cercanía al poder atempera con tanta fuerza como su pérdida lleva a la radicalización. Al mismo tiempo que Tsipras ha ido moderando su discurso, similar al giro emprendido por Podemos en España, el conservador Samarás ha virado a la derecha, ha endurecido el tono y se ha refugiado en la campaña del miedo. Con una afonía tal vez profética sobre su propio futuro, ha terminado los mítines advirtiendo de que “Tsipras quiere convertir Grecia en Corea del Norte“. Al frente de Nueva Democracia, sufridor del quebradizo bipartito que se ha despeñado tanto como lo han hecho en las encuestas sus socios socialistas de Pasok, asegura que continuará con las reformas estructurales, pero promete poner fin al rescate y una progresiva bajada de impuestos.

Toda Europa mira a Tsipras y a Samarás pero tal vez lo más interesante se juegue en un escalón inferior. Dejando de lado la inevitable y estable cuota de los neonazis de Aurora Dorada, la llave de gobierno en un escenario sin mayoría absoluta la puede tener To Potami. Los moderados. Son los últimos en llegar. El partido de Stavros Theodorakis nació en marzo con el objetivo de unir a todos los descontentos de centroderecha y centroizquierda y sorprendieron en las Europeas con dos escaños. El Río, traducido al español, fue fundado por un popular presentador de televisión ajeno a la “casta” con un discurso que recuerda mucho a los argumentos esgrimidos por UpyD y Ciudadanos en el tablero nacional: clases medias, profesionales liberales y voto urbano son el ‘público’ al que pretenden convencer con un programa electoral proeuropeo y cosmopolita que se ha diseñado más para pactar que para gobernar. Y ya han anunciado que están dispuestos a “sentarse a hablar” con cualquiera que no busque “una vuelta al dracma”.

En España, si como ya ha decidido Susana Díaz “es la hora de los andaluces“, la primera oportunidad para castigar y premiar la tendremos el próximo 22 de marzo, dos meses antes de las municipales y a casi un año de las generales. Aquí sí hablamos de un adelanto electoral en toda regla -la convocatoria de Mas y Junqueras en Cataluña para septiembre ha terminado pareciendo un retraso- y aquí sí podremos pulsar la caída real del bipartidismo y el empuje de las nuevas formaciones.

La presidenta lo anunciará previsiblemente mañana y, no nos engañemos, claro que el trasfondo es político y electoral. ¿Algunos comicios no lo son? Será por el “interés de Andalucía” pero lo que sostiene y justifica cualquier convocatoria es estrategia y oportunidad. Con unos presupuestos aprobados, la percepción de “inestabilidad” es más que relativa y, por supuesto, subjetiva. Si el pánico al descalabro electoral no se hubiera apoderado de IU, más comprensible resultaría que las asperezas y discrepancias se hubieran limado en los despachos como se ha hecho hasta ahora. Pero los tiempos electorales son otros y, evidentemente, por mucho que descoloque al resto de partidos, es el PSOE quien tiene en estos momentos la potestad y legitimidad de convocar elecciones.

No tengo tan claro, sin embargo, que el adelanto vaya a beneficiar a los socialistas. Serán los primeros en recibir los mensajes de indignación popular y no deberían descartar que las dificultades del bipartito actual se multipliquen por tres o por cuatro con un PSOE y PP alejados de la mayoría absoluta y pendientes del éxito final de Podemos, UpyD o Ciudadanos y el hundimiento -o no- de una Izquierda Unida manifiestamente molesta con el adelanto a la que será aún más complicado contentar.

Obviamente, los resultados tendrán consecuencias más allá del escenario regional. Si Pedro Sánchez está acosado por la sombra de Susana Díaz, Rajoy no se libra de las amenazas de Bárcenas y la presión de Aznar: ¿Dónde está el PP? ¿Aspira realmente a ganar? Los populares sabían que la convención nacional iba a ser ‘movida’ pero tal vez no previeron la dura irrupción del ex presidente espoleando a los dirigentes del partido y reclamando un rearme ideológico.

Volvamos a Grecia. No serán lo mismo pero se parecen: unos virando a la derecha azuzando la campaña del miedo, otros prometiendo el cambio desde la izquierda y todos disputándose “la virtud del centro”. Justo esta idea enmarca el primer capítulo de la serie danesa Borgen, una más que adictiva propuesta televisiva que arranca con la proclamación de la moderada Birgitte Nyborg como primera ministra tras tumbar todas las encuestas y que tiene al temible Maquiavelo de asesor de cabecera: “El príncipe no debe tener más objetivo ni pensamiento que el de la guerra y sus reglas y disciplinas”, “El príncipe ha de saber que es más importante ser temido que amado”.

La pregunta que yo me haría en España, pero también en Andalucía y por supuesto en Granada, es dónde están los moderados. Es decir, qué partido, qué líder, será capaz de apropiarse del mensaje de la prudencia y la moderación y convencernos -o no- de que “la virtud está en el centro”.

Juego de tronos, en clave local

Magdalena Trillo | 1 de junio de 2014 a las 12:49

Las intrigas de ‘palacio’ que ya se han abierto para ocupar el sillón de la Plaza del Carmen bien podrían justificar un capítulo de Juego de Tronos. Mientras los productores de HBO buscan localizaciones en Andalucía para rodar la quinta temporada de la exitosa serie televisiva, los Stark, Targaryen y Lannister de este especial Sur que sirvió de inspiración al creador de la saga literaria definen estrategias para diseñar su particular asalto a Desembarco del Rey.

Con la esperanza de servir de escenario para ese Festín de Cuervos que ha de tomar forma en el árido y semidesértico nuevo reino de Dorne, no hay rincón en Andalucía que no esté moviendo ficha en el sacudido tablero de poderes que ha resultado del 25-M. De la Alhambra de Canción de Hielo y Fuego a las cumbres de Invernalia, héroes y villanos se miden para convertirse en leyendas o perecer de forma terrible y prematura. O ganas o mueres.

Así de implacable es el juego de este Tolkien de dragones y mazmorras que, con menos épica y fantasía que en la pequeña pantalla, tan fácilmente conduce a las catacumbas de la política actual. Con Génova y Ferraz abiertas en canal -unos con más disimulo que otros-, ni el férreo liderazgo con que Susana Díaz gobierna desde San Vicente y San Telmo se escapa a la tempestad. Se acerca el invierno… El de verdad. Por mucho que nos digan que no se pueden extrapolar los datos a unas municipales, deberán reconocer los iluminados de las encuestas que no hay termómetro más fiable en estos momentos que el 25-M. Los grandes partidos han perdido el paso. Y lo saben.

Todos con excepción del líder regional del PP, que vive su particular lucha por el Trono de Hierro creyéndose que se han alcanzado los objetivos. ¿La derrota? ¿Romper un ciclo de tres victorias consecutivas? ¿Demostrar que, con o sin Susana Díaz, el PP no va gobernar en Andalucía? Hasta sus ‘barones’ se han alarmado esta semana con su fantasiosa lectura de las elecciones. El equilibrio en los Siete Reinos de Poniente está a punto de romperse. Los ‘salvajes’ del otro lado del muro se han infiltrado y la lucha ha dejado de ser cosa de dos: la Casa del Norte y la Casa del Sur corren el riesgo de quedarse en fuerzas marginales. No conectan con los jóvenes, no convencen a los indecisos, no dejan de perder incondicionales y no funciona ni la comunicación ni el mensaje.

Unos caen y otro suben: ‘Podemos’ debutará en Europa con cinco parlamentarios y sería una equivocación no considerar seriamente que va a entrar en la política local. En Granada ya planea la sombra del tripartito. El 25-M le ha dado oxígeno a Torres Hurtado para presentarse en 2015 contra el criterio del partido provincial -incluso para ‘aguantar’ hasta ese “2031” que ha convertido en mensaje electoral- pero la partida es otra. Si no logra la mayoría absoluta (tiene que recuperar más de 10.000 votos en barrios ‘rebeldes’ como Chana, Zaidín y Albaicín), un bloque de izquierdas impulsado por PSOE, IU y ‘Podemos’ podría dejarle sin opciones de gobierno para ese cuarto mandato que parece acariciar.

Sólo UpyD podría salir en auxilio de los populares y nada hace indicar que Mayte Olalla vaya a querer casarse con quienes llevan dos años ninguneándola y cabreándola (la última ‘afrenta’, la reducción del sueldo con la eliminación de la dedicación exclusiva). En el PSOE la situación no es mejor: acortan distancias pero no terminan de conectar; las primarias locales de septiembre se prevén movidas -si lo son “de verdad” entrarán en la partida aspirantes como César Girón- y quién sabe si el papel de los socialistas en el tripartito termina siendo de comparsa.

La candidatura de Torres Hurtado está en manos de Génova. Y, ojo, será también su responsabilidad. La dirección nacional se reúne el martes con los líderes provinciales y regionales para comenzar a trabajar en las candidaturas de las municipales. El alcalde tiene margen pero siguen siendo muchos los que, dentro y fuera del partido, entienden que se ha acabado su tiempo. Si pasa el filtro de Rajoy, Sebastián Pérez lo apoyará. No habrá una mínima división cuando lo que el propio PP se juega es la Diputación.

Aún hay un año de partido, pero tendrían que recuperar tres diputados (Capital, Cinturón y Costa) para no perder el gobierno provincial ante un bloque de izquierdas que lideraría Pepe Entrena. Se ruede o no en Granada, son muchas las lecciones que podrían extraer unos y otros de Juego de Tronos… Que tan importante como las fuerzas son los tiempos. Que tanta grandeza hay en saber llegar que en saber irse. Que una retirada a tiempo, a veces, es una victoria.

Quién nos defiende

Magdalena Trillo | 16 de marzo de 2014 a las 12:02

Al Partido Popular le escuece Andalucía. No perdona que Javier Arenas no haya podido gobernar después de cuatro intentos y una última victoria electoral que, tumbando las expectativas de todo el partido, se quedó corta para entrar en San Telmo y sacudir las alfombras. La saludable alternancia que tanto se defiende cuando se está en la oposición y tanto se olvida cuando se coge el bastón de mando; la demoledora crítica a los pactos de gobierno cuando no se controla el reparto de cartas.

Fue Núñez Feijóo a finales de febrero quien se atrevió a cuestionar la legitimidad misma del gobierno andaluz, ha sido esta semana Ruiz Gallardón quien nos ha atacado con la lanza de la corrupción y fueron en su momento Ana Mato y Esperanza Aguirre quienes dibujaron una región de pobres y analfabetos, de familias revendiendo portátiles en los mercadillos y de niños tirados en el suelo de los colegios… Debe ser el inconsciente. Parecen enfadados con los andaluces. No comprenden la ‘rebeldía’ de una comunidad que lleva toda la democracia destrozando sus cábalas electorales; sus anelos de poder. Nos subestiman; nos ven sometidos a la rosa socialista y sin criterio ni madurez para decidir nuestro destino. Sin capacidad y sin talento. Emigrantes sin camino… Es curioso, aquí no hay puentes que trazar entre los líderes del PP y los catalanes… Una tierra de vagos y maleantes. Tomando fino en la barra del bar y malviviendo del subsidio entre siestas y fiestas…

En la actualización política de la Andalucía tópica de la charanga y la pandereta entra el paro, el fracaso escolar y los ERE. Reconozcamos que ninguna de estas sombras se puede cuestionar, pero es una visión ciega e interesada de esos ‘hombres y mujeres de negro de Madrid’ cuya misión no sabemos si es castigar o tutelar. Si es resentimiento o desconocimiento. Si debemos temerles o nos temen. A pesar de la sobreexposición mediática que está protagonizando el nuevo líder del PP andaluz, no le hemos oído ni una sola palabra de réplica a sus compañeros de partido. Los matices, las rectificaciones, llegan siempre tarde y mal y en boca de segundos.

Si el político malagueño quiere realmente marcar un nuevo tiempo para el PP en Andalucía tendrá que hacerlo con algo más que un cambio de mocasines por zapatillas Vans, que un relevo de dirigentes estrictamente generacional y una campaña de marketing en la que las camisas de cuadros ganen a las lisas y a las corbatas. Por “higiene democrática”, como decía el líder gallego, coincidiríamos todos en que sería saludable para Andalucía que hubiera alternancia política. Pero no por obligación, no desacreditando la legitimidad de las urnas y no con una campaña de revancha, destructiva y negativa, basada en el miedo.

A dos meses de las elecciones europeas, los primeros comicios en los que se medirán Moreno Bonilla y Susana Díaz, los mensajes iniciales que ya han lanzado los dos grandes partidos son igual de tenebrosos: el PP nos alerta del regreso de quienes no vieron la crisis y dejaron España al borde del precipicio; los socialistas nos amedrentan con esa dictadura de la austeridad que está liquidando el Estado del Bienestar. Estaría bien que reorientaran su particular carrera a la Junta -porque la campaña es ésta, no las europeas- contestándonos para qué quieren realmente el poder y qué están dispuestos a sacrificar por los intereses de todos. De momento sólo hemos visto fotos y buenas intenciones. ¿Ni siquiera el empleo merece convertirse en un tema de Estado para Andalucía fuera de la batalla política? La pregunta debería ir más allá: ¿por qué no hay temas de Estado en Andalucía?

Cuando estudiamos el modelo de medios de comunicación de la comunidad, lo primero que advertimos es que está condicionado por la estructura de los grandes grupos nacionales, que es inestable y débil, que se caracteriza por su falta de vertebración y que está fragmentado en “reinos de taifas” que frenan el desarrollo mismo de la región. Que lo andaluz, como escribe Díaz Nosty, es más un “referente enunciativo y un valor retórico que una práctica sostenida”. Que el público andaluz no se siente identificado con la comunidad… Este mismo diagnóstico lo podríamos aplicar a la política. ¿Sabemos, hoy, si Susana Díaz está en la carrera a la Junta o en la carrera a la Moncloa? ¿Sabemos si Moreno Bonilla va a pelear por Andalucía o se va a poner una venda por Rajoy?