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La ‘factura’ del botellón

Magdalena Trillo | 30 de abril de 2017 a las 10:05

A un alcohólico no se le puede tentar. Y Granada todavía coquetea con la bebida. Lo suficiente para saber que el abismo siempre acecha a la irresistible distancia de un sorbo; que la tentación no entiende de controles ni de ordenanzas. Menos aún en una ciudad herida que nunca se ha rehabilitado del todo. El equipo de Torres Hurtado acabó con el desmadre de alcohol en las calles pero lo llevó al botellódromo; erradicó un problema generando otro. El actual alcalde, Paco Cuenca, ha cumplido el compromiso de clausurar el recinto de Arabial pero ni ha avanzado en la prometida alternativa de ocio para los jóvenes ni se han apagado los rescoldos de la resaca.

A sólo unos días de que se cumpla un año de su llegada a la Plaza del Carmen, los socialistas han decidido recuperar las barras para el Día de la Cruz. Lo hacen al mismo tiempo que el Ayuntamiento de Córdoba, desbordado por sus fiestas de los patios, copian la anterior hoja de ruta de prohibición, mano dura y sanciones. Justo cuando Motril ve reproducido el esquema de la Granada del botellón y anuncia multas de hasta 24.000 euros. Olvidando que antes del botellódromo fueron las Cruces… Que las postales de los enfrentamientos callejeros, los comas etílicos y las quejas vecinales por el ruido se empezaron a tomar en las primaveras festivas de mayo.

Este miércoles se podrá beber en tres puntos concretos de la capital. De 12.00 a 22.00 horas. Ni un minuto más. “Todo estará bajo control”. Argumenta Paco Cuenca que quiere “reactivar la vida de la ciudad” en un día tan importante que había perdido su “referencia de carácter nacional”. No sé si quiere decir que es una pena que Granada no tenga la publicidad de los telediarios nacionales abriendo los informativos con batallas campales y las calles convertidas en un estercolero. Me pregunto, además, qué opinará el sector hostelero: si tan mal plan era irse de Cruces tomando unas cervezas en las barras legales de los escasos bares de la ciudad y si tan pocas terrazas hay ya -invadiendo medio centro histórico- para que sea necesario crear nuevos espacios de “disfrute”.

Me aseguran en la Redacción que el 99% de los granadinos estarán de acuerdo con el alcalde; que las Cruces eran la mejor fiesta de Granada, pese a la deriva de los últimos años; y que la solución (“fácil”) nunca debió ser “cargársela”. Es, en todo caso, un experimento incontrolable. Probablemente me guíe la desconfianza, pero también la prudencia y el pragmatismo. Lo conecto, por ejemplo, con la convulsa semana política que estamos cerrando. Tanto el PP como Ciudadanos ponen el foco en la “nefasta gestión económica”, en lo poco que se están resolviendo los grandes problemas de esta ciudad, para criticar el primer aniversario del equipo del PSOE en el Ayuntamiento y mantener viva la amenaza de la moción de censura.

Granada vuelve a ser aquí un laboratorio a escala local de lo que ocurre en Madrid. La moción contra Rajoy con que ha irrumpido Podemos nace fallida por lo mismo que el órdago contra Cuenca: porque no hay alternativa -el nuevo auto de la jueza del caso Serrallo imputando a todo el equipo de Torres Hurtado es demoledor-. Y porque, siendo coherentes con lo que ha ocurrido en los últimos años, los temas épicos que debían mover montañas no pasan factura en las urnas. La indignación se alimenta cada mañana a golpe de cotidianidad: una multa por aquí, un atasco por allí, un indolente vuelva usted mañana, un cabreo inesperado sorteando un vómito en la puerta de casa…

Este domingo vuelve Spiriman para mantener la presión a la Junta en la reorganización hospitalaria. Podríamos pensar que, después de lo que Granada ha logrado en Salud, el golpe a la ciudad como capital judicial de Andalucía a beneficio de Málaga y Sevilla debería ser un polvorín. Permítanme que lo dude… Son ellos y somos nosotros. Porque la chispa salta por los motivos más insospechados y con consecuencias imprevisibles.

Teniendo en cuenta que a Torres Hurtado no le quitaron el bastón de mando los granadinos -y que el PP ya está cerrando las heridas internas del congreso activando el reloj electoral de 2019-, tal vez lo prudente sea no despertar el monstruo del botellón. Salvo que sea una factura buscada y demos credibilidad a quienes defienden que la moción de censura le interesa más a Paco Cuenca que a Sebastián Pérez.

El poder de la UDEF

Magdalena Trillo | 11 de diciembre de 2016 a las 10:30

Buena parte de la actualidad informativa que ha marcado el último año en Granada ha tenido un factor común: el trabajo de investigación de la Policía sobre presuntos casos de corrupción. Si recordamos la firmeza con que el PP dejó caer a Torres Hurtado en el caso Nazarí, uno de los argumentos clave fue justamente el prestigio y la seriedad que se presupone a la actuación de la UDEF. Por encima, incluso, de conocidas rivalidades entre cuerpos y del cuestionado modus operandi con que se llegaron a desarrollar algunas de sus operaciones convirtiéndose en capítulos efectistas de mala televisión más que en piezas de apertura de un informativo.

Pero si lo sospecha la UDEF… Uno de los casos más controvertidos es justamente el de la presunta trama de corrupción urbanística que ha puesto bajo sospecha más de una década de gestión del PP en el Ayuntamiento de la capital y, al margen de lo que la jueza finalmente determine, ya se ha llevado por delante a algunas de las empresas más importantes de la ciudad. La caída de García Arrabal ha sido realmente demoledora. Atravesar la circunvalación y ver el imponente edificio de su sede con el cartel de “Se vende” tal vez sea una de las imágenes más significativas sobre los efectos colaterales que la investigación policial y judicial está provocando de forma precipitada, con la incógnita de si habrá estado justificado y con la connivencia inconsciente de todos… Y aquí nos incluyo, literalmente, a todos: a los medios de comunicación por el perverso efecto que se produce cada vez que cumplimos con nuestra obligación de informar contando qué dicen los informes policiales, hacia dónde apunta la investigación y qué sostiene el trabajo de los jueces; y a todos nosotros, los ciudadanos, los lectores, que nos hemos transmutado en una opinión pública talibán ávida de escarnio y de condenas sin cuestionarnos si quiera si son inocentes. Porque la pregunta es bien sencilla: si al final García Arrabal queda limpio de todo, ¿los jueces y la policía le devolverán su empresa? ¿lo haremos nosotros?

El ‘caso Alhambra’ es aún más controvertido. La investigación por la supuesta adjudicación irregular del servicio de audioguías obligó a dimitir a Mar Villafranca hace dos veranos y prácticamente supuso su ocaso político. Les confieso que cada vez que publicamos algún avance sobre el trabajo policial se produce un terremoto de indignación. Y no es un caso aislado. Son ya varios los afectados que se han dirigido al periódico para desmentir las afirmaciones que realiza la Policía en sus informes e, incluso, han aportado documentación sobre supuestos errores a la hora de establecer las relaciones de parentesco y las vinculaciones entre el Patronato y las empresas que operan con el organismo gestor. Son nombres de profesionales y nombres de empresas que aparecen en supuestas tramas criminales y de tráfico de influencias con el daño que ello supone para su propia supervivencia sin que, de momento, hayan sido condenados. En algún caso nos aseguran, incluso, que no han tenido ningún tipo de requerimiento por parte de la Policía, que no les han solicitud documentos, que no han tenido la posibilidad de contrarrestar los argumentos, sospechas o datos que se apuntan en los informes. Los supuestos delitos que se van construyendo con indicios y pruebas más o menos sólidas.

¿Un culpable reconocería a la opinión pública que lo es? ¿Son inocentes porque así lo aseguren exigiendo una rectificación? No es a los medios a quienes nos corresponde responder a un interrogante que habrá de determinar un juez, pero tal vez sí poner el acento en el debate sobre las graves consecuencias que se desencadenan por el camino e, incluso, introducir dentro de la ecuación que ni la Justicia ni la Policía son infalibles. No hablo de intencionalidad y mucho menos de conspiración; simplemente me detengo en algo tan básico como la humana posibilidad de cometer un error.

Me pregunto si todo esto vendrá a formar parte de aquello que Bernard de Mandeville ya apuntaba a comienzos del XVIII en su conocida Fábula de las abejas. De cómo los vicios, las distorsiones, los conflictos, contribuyen a que funcione el sistema: “Había una colmena que se parecía a una sociedad humana bien ordenada. No faltaban en ella ni los bribones, ni los malos médicos, ni los malos sacerdotes, ni los malos soldados, ni los malos ministros. Por descontado tenía una mala reina. Todos los días se cometían fraudes en esta colmena; y la justicia, llamada a reprimir la corrupción, era ella misma corruptible. En suma, cada profesión y cada estamento, estaban llenos de vicios. Pero la nación no era por ello menos próspera y fuerte”.

Se pueden imaginar qué ocurrió cuando el bien supremo se apoderó de todo y se acabó el fraude, las enfermedades, los excesos… Entonces dejaron de necesitarse médicos, abogados, jueces… Llegó la desolación. La ruina. Y es que las colmenas honradas no son sostenibles. No en nuestra sociedad viciosa e imperfecta.

5 de mayo: sigue la función

Magdalena Trillo | 1 de mayo de 2016 a las 9:04

La era Torres Hurtado acabó el 13 de abril cuando los agentes de élite de la Policía Nacional ‘tomaron’ su casa. Dicen que buscaban unos cuantos millones y sólo se encontraron 1.650 euros en una pequeña caja fuerte de los que el ya exalcalde tenía una plausible explicación: acababa de vender el viejo coche de su mujer que tantos dolores de cabeza le habían dado. Nani todavía está afectada. No quiere ni salir de casa. Durante todos los años de vida pública de Pepe Torres, ella se ha entregado como ‘primera dama’ a la ciudad y la han expulsado sin explicaciones.

Son los efectos colaterales de los que todos nos olvidamos cuando subimos el volumen de la radio y nos paralizamos ante la pantalla -¿sorprendiéndonos? ¿reafirmándonos?- viendo cómo les va a los otros. Son personas. Tienen familia. Hay un daño inevitable, y hasta necesario, pero hay otro que entra en la escala del puro espectáculo. Los límites entonces se ensanchan. Incluso hay momentos en los que los personajes se trasmutan y las víctimas hacen de verdugos. Sí, tampoco en la casa de Sebastián Pérez están siendo días fáciles…

¿Lo merecen? ¿Se lo han buscado? ¿Es el precio? ¿Para todos?

La política es implacable. Los medios somos implacables. La vida pública es implacable.

“Lo que diferencia al político del resto de especies es que es el único capaz de ahogar a una camada de pequeños gatitos por diez minutos de prime time”.

Lo de la “vocación” y el “servicio público” viene en el manual, pero a lo que acaba llevando el empacho del poder es al filo de la navaja. A una caprichosa cuerda floja capaz de elevarte con la misma fuerza que te lanza al fango. Con efecto difusor. Con consecuencias incontrolables.

Quien hablaba de la camada de gatitos es el protagonista de House of Cards... El arrogante y soberbio presidente de Estados Unidos capaz hasta de asesinar con sus propias manos por el poder. Por aferrarse al sillón. En el capítulo que vi anoche lanza un mensaje desde su Ala Este de la Casa Blanca: “La política es espectáculo. ¡Demos la mejor función de la ciudad!”.

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Kevin Spacey interpreta al presidenta de Estados Unidos Frank Underwood en la exitosa serie ‘House of Cards’

En España es lo que estamos haciendo desde el 20-D. En Granada es lo que estamos haciendo desde el 24-M. Cuatro meses en blanco. Un año de insostenible rutina de supervivencia.

La nueva política requiere nuevos tiempos. Aparte de una campaña “austera”, es urgente cambiar los actores y ajustar las reglas del juego. Cuatro meses para volver a convocar elecciones son una barbaridad. Lo son cuando sabemos que no es un tiempo necesario para negociar sino para conspirar. Lo son cuando sabemos que en todas las conversaciones hay dos cintas de rodaje: la se que desvela a la opinión pública a través de los medios de comunicación -manipulando, emitiendo información interesada y estratégicamente medida- y la que realmente transcurre al margen de los focos.

También los 10 días que contempla la ley para poder celebrar un pleno de investidura en un Ayuntamiento tras la retirada del alcalde son una eternidad. El pleno del pasado lunes fue puro formalismo: 33 segundos para fulminar 13 años de gestión. Lo que ha venido a continuación combina el postureo con los egos y el afán de protagonismo. Los partidos buscan su espacio. Se reparten su sitio en la foto. Su minuto de gloria.

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Cruce PP-PSOE: los concejales del PP, de camino al Ayuntamiento; los socialistas, tomando café en Calle Navas.

No hay hechos, sólo declaraciones. Intenciones. Vacuidad. El concepto de verdad y mentira se difumina en las “circunstancias”. En el contexto. Los periodistas no podemos más que interpretar y deducir. De lo que nos dicen y, sobre todo, de lo que nos ocultan. De lo que callan.

Les revelo la constatación. En las mesas de conversaciones, en estos últimos días, hay políticos que han llegado a confesar en privado que públicamente tenían que decir ante los medios que su postura es A -el juego obliga- pero que luego será B, que no se preocupen… Tanto es así que no sabremos quién es el próximo alcalde de Granada hasta la mañana del jueves. La plaza interesa a nivel regional; a nivel nacional… Tampoco sabremos qué modelo de ciudad y qué hoja de ruta diseñará el nuevo equipo de gobierno hasta el día siguiente de la investidura. Todo está pendiente del color de la Alcaldía que se refrende la misma mañana del pleno en la Plaza del Carmen y, sobre todo, de lo que se haya ocultado bajo las alfombras.

Si sigue gobernando el PP con Rocío Díaz de alcaldesa habrá sorpresas, pero menores. Controlables. Si son los socialistas los que por fin cogen el bastón de mando con el respaldo del resto de grupos de la oposición, tendremos asegurados titulares de infarto durante todo el mandato. Es seguro que la “herencia recibida” dará juego en urbanismo -las revelaciones del ex jefe del área Jacobo de la Rosa que hoy publicamos no son más que un anticipo- pero es la gestión de toda una década la que será inspeccionada con lupa. ¿Seremos comprensibles cuando nos suban los impuestos?

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Luis Salvador, Sebastián Pérez y Paco Cuenca, en la gala inaugural de TEN. El pasado jueves en Madrid.

En Granada llevamos semanas haciendo de laboratorio de las disfunciones del tablero político nacional pero, en realidad, sólo hay un hilo conductor compartido: sobre nosotros recaerá lo que los partidos no han sido capaces de entender, de gestionar. Para solucionar la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos tendremos que volver a votar el 26-J; para resolver que el “usadme” de Pepe Torres haya sido una proclama de cara a la galería seremos testigos este jueves de una nueva sesión de investidura.

Desde Podemos, Pablo Iglesias ha situado el foco en los medios y se ha empeñado estos días en darnos lecciones de ética. No minusvaloro sus propuestas. Ni siquiera sus críticas. Pero podríamos empezar el debate recordando que no hay espectáculo sin actores. Que no hay espectáculo sin público. Regulemos lo que haya que regular y cambiemos lo que haya que cambiar. Pero pensando en la gente; no contando votos. Entonces sí podremos hacernos la foto el 3 de mayo defendiendo la libertad de prensa.

Sálvese quien pueda

Magdalena Trillo | 17 de abril de 2016 a las 11:30

En el PP ya no hay redes de protección ante la corrupción. La fulminante dimisión del ministro Soria por su implicación en los papeles de Panamá, después de construir una decena de versiones contradictorias sobre su relación con empresas en paraísos fiscales, tiene una lectura local muy simple: Torres Hurtado tendrá que defenderse solo. El PP lo ha dejado caer con un sólido argumentario que deja poco espacio para las teorías conspiratorias, las guerras internas y las luchas de poder: la macrooperación que el cuerpo de élite de la Policía Nacional ha desplegado esta semana en Granada no responde a cuestiones menores.

: Granada : Perfil Pepe Torres

El político que no supo irse a tiempo (por Andrés Cárdenas)

Al margen del recorrido judicial del caso -está por ver si hay toda una trama de corrupción instalada en el Ayuntamiento con la connivencia de altos funcionarios y destacados empresarios de la ciudad y hasta qué punto estaría implicado directamente el regidor-, lo que hemos escrito estos días en los medios de comunicación de toda España es el inesperado epílogo de quien ha sido uno de los alcaldes más valorados y respetados en el PP.

Eso cambió hace un año cuando debió irse y no lo hizo. Cuando en el epílogo del 24-M se desarmó desde Madrid la alianza entre Ciudadanos y PSOE para propiciar un gobierno de cambio en la capital y Génova le concedió a Torres Hurtado una segunda oportunidad. Y cambió mucho más el pasado otoño cuando llegó el horizonte de noviembre que se había pactado para una retirada honrosa y lo volvió a incumplir.

Para entonces Torres Hurtado ya era una pieza incómoda en el PP con conflictos abiertos con Fomento a cuenta de las infraestructuras, con sonoros desplantes de sus anteriores compañeros y con reveladoras fotografías que lo dejaban completamente fuera de los focos.

Para entonces los relatos sobre lo acordado antes del verano empezaban a reescribirse a conveniencia, saltaba el ‘caso Serrallo’ comprometiendo el pacto de gobierno con Ciudadanos por la imputación de la concejal de Urbanismo y, azotada por la incertidumbre y desgobierno en que se han traducido las generales del 20-D en toda España, la capital se sumía en un estado crónico de parálisis.

Esta semana ni sus antiguos valedores han dado la cara por él. No hay ni un solo hilo que lo sujete a un partido del que ha sido expulsado sin más miramientos que el protocolario término de la “suspensión cautelar”. A la presión política se ha unido una presión social que ya lo ha condenado y su permanencia casi se limita a lo que pueda aguantar “un tío de los Montes”. Porque será “mucho” pero no infinito. No cuando el PSOE local ya tiene el respaldo del partido a nivel federal para “experimentar” con Granada con ese tripartito a derecha e izquierda en el que aún confía Pedro Sánchez para ser presidente del Gobierno. Hace un año se deshizo desde Madrid pero ahora el escenario es diferente: hay que desalojar al “PP de la corrupción”. En Granada y en España. Y la capital puede ser la “metáfora” de que es posible.

Torres Hurtado ha pedido un mes de plazo para tomar una decisión. Esperar a que se levante el secreto de sumario de la operación, lo lleven a declarar (está citado el 12 de mayo) y se pueda comprobar si realmente hay “papeles” que justifican la “parafernalia” del miércoles. Con independencia de las 24 horas del fútil ultimátum del PSOE y de la tres semanas que finalmente le han dado los suyos, podría ser cuestión de horas si avanzan las investigaciones policial y judicial y se prueba la versión de la trama de corrupción urbanística. Diferente será, sin embargo, si aprovecha el balón de oxígeno que ha supuesto el enfrentamiento entre la Fiscalía General del Estado y la UDEF por la “intrusiva” detención.

torres y rajoy
En todos los casos, el final será sólo uno: en su curriculum serán 13 los años que habrá gobernado en Granada. Ni uno más. Torres Hurtado, con toda la presunción de inocencia que estemos obligados a respetar, sólo tiene un camino: ceder. No importa si es inocente. El daño al partido ya está hecho y a la ciudad también. La única incógnita ahora es cuándo dará el “paso atrás” que le ha exigido la dirección regional con el visto bueno de Génova y si tendrá al menos un mínimo margen para negociar su sucesión.

El PP asegura que el debate no está abierto oficialmente, pero sí a nivel interno. En la cuenta atrás de una repetición electoral, para el PP es estratégico salvar el feudo de Granada como para el PSOE lo sería arrebatárselo. Volvemos al pantanoso paisaje de mayo de hace un año. Luis Salvador y Paco Cuenca no se entienden. Luis Salvador y Sebastián Pérez, sí. Si hay tripartito, cuatripartito sumando IU a Ciudadanos y Vamos Granada, será porque lo desbloqueen Pedro Sánchez y Albert Rivera. Si el PP salva la Alcaldía de Granada será con los sillones vacíos del alcalde y de Isabel Nieto.

Aquí se abren dos escenarios. Que sea su rival, su número 2, su presidente provincial, quien tome por fin las riendas de la Plaza del Carmen o que Torres Hurtado sea capaz de negociar su marcha dando el bastón de mando a alguien de su equipo. A quien se ha convertido en su sombra y su mano derecha en los últimos meses: a Juan García Montero.

En esta operación ceden los dos bandos. Hay concesión del partido y del propio regidor. Y se desactivaría en parte la otra lectura de la Operación Nazarí: que es una trama política urdida por Sebastián Pérez para quitar a un ‘desleal’ Torres Hurtado del ojo público. ¿Tanto poder tendría? El hecho es que el propio ‘argumentario’ de la Subdelegación del Gobierno que hace un mes se envió a los medios por error dejaba más que claro la opinión del propio PP sobre Torres Hurtado y su núcleo duro.

La cuestión es cómo interpretarlo: si todo forma parte de una maquiavélica estrategia para hundirlo, si conecta con los “dos bandos” que los empresarios denuncian que también vienen funcionando en el área de Urbanismo o si termina sumando a un objetivo buscado pero de la peor manera posible para el PP. Con un escándalo más que sumar a la teoría de la corrupción sistémica y estructural en el partido de Rajoy. Con munición para que se empiece a hablar de la “Gürtel andaluza”.

Todo lo que ha ocurrido esta semana en Granada lleva al exceso. Los hechos y las interpretaciones. Lo evidente y el trasfondo. Al periódico han llegado a llamar supuestas fuentes bien informadas conectando el caso con la mafia rusa y con la financiación del terrorismo islámico. Se habla de habitaciones secretas y vuelven las teorías conspiranoicas… El día que registraron la casa de Pepe Torres, junto a los agentes de la UDEF iba un médico… No era una operación menor. Esta historia no sabemos muy bien cómo ha empezado y mucho menos cómo acabará. Sí hay algo constatable: el impacto. El daño es irreparable. Para el PP y para Granada.

La navaja de Ockham en política: lo que faltan son sillones

Magdalena Trillo | 25 de octubre de 2015 a las 11:44

El líder de Podemos reconoció hace justo una semana que no le salen las cuentas. Pero que no pasa nada; que lo importante de su programa electoral son los principios a los que se aspira, lo que se pretende conseguir…

No quedó bien ni en televisión. Pablo Iglesias confesó ante cinco millones de españoles lo que muchos intuían: que sus propuestas para el 20-D son una carta a los Reyes Magos; que se pueden prometer pero no se pueden cumplir. En su decadente camino para “asaltar el cielo”, al dirigente (cansado) de la formación morada le falla ya hasta la oratoria. Pero el problema no es exclusivo de Podemos. Es compartido y se contagia.

pablo iglesias

 

Bruselas ya ha advertido al Gobierno contra las ‘alegrías’ con que ha confeccionado los presupuestos de 2016 -su programa, de facto-, del borrador socialista sólo conocemos un avance de su “radical” enmienda a la totalidad -de momento no hay letra (ni grande ni pequeña) que lo sostenga-, la Junta de Andalucía ha tenido que ceder ante Ciudadanos acordando una bajada de impuestos en un verdadero ejercicio de acrobacia financiera y, a nivel local, ya han empezado a saltar las alarmas. O se recauda más o los números no salen.

Estoy mezclando presupuestos y programas (obligaciones y deseos), pero la culpa no es mía. Es lo que tiene convocar unas elecciones generales a diez días de que se cierre el año, con olor a castañas y mazapán, con las cartas (las verdaderas) a sus Majestades de Oriente en los bolsillos y la presión nada buenista de Hacienda sobre nuestras cabezas.

En la Plaza del Carmen se han vuelto a saltar la disciplina de partido y han decidido contarlo. El propio alcalde ha sido el protagonista de este nuevo arrebato de sinceridad cuando ha cargado sonora y directamente contra el Gobierno de Rajoy (su gobierno) por provocar la asfixia económica de la ciudad y, en última instancia, obligar a subir impuestos. La palabra mágica es “revisión” pero la consecuencia es siempre la misma: cuando se desmadran los números rojos, la solución es siempre la misma. Recaudar más. Que lo paguemos usted y yo.

pablo iglesias

El razonamiento es simple: si hay que subir el sueldo un 1% a los trabajadores públicos, devolver la paga extra, empezar a amortizar el crédito que se pidió para afrontar el plan de pago a proveedores y no se pueden pedir nuevos préstamos ni aumentar la deuda por la Ley de Estabilidad Presupuestaria… ¡Pues no es sólo la TG-7 lo que se tambalea! Son los servicios básicos, la gráfica imagen de levantar a diario la persiana de la ciudad, lo que se condiciona. La deuda de 450.000 euros que se ha destapado en la televisión municipal es sólo el principio. En unos días nos contarán el ‘agujero’ de la Rober y, acomódense bien en el sillón, porque es una precampaña a tumba abierta lo que se empieza a dibujar.

En los corrillos de los periodistas hay una teoría: a Torres Hurtado lo han llamado de Madrid y le han dicho que vaya haciendo las maletas, que se coma los turrones y que no vuelva. En este escenario, por qué no pelear hasta el último día por su ciudad, caiga quien caiga, y mucho mejor si a quien se mina es al partido que ha encargado a su jefe y compañero Sebastián Pérez que dirija la campaña del PP a nivel andaluz. ¿Cuanto peor sea el resultado del 20-D para el PP mejor es para Pepe Torres? ¿Es una forma de evidenciar que su desgaste en las municipales no fue propio sino “consecuencia” del castigo de los votantes a las reformas y ajustes de Rajoy?

Deberíamos tener más que dudas sobre el servicio público de la TG-7 pero muy pocas sobre su efecto propagandístico. ¿La dejamos en servicios mínimos justo en la carrera electoral? Sitúe en este contexto el sorpresivo ataque del partido provincial a la concejal Isabel Nieto (en el núcleo duro del alcalde) y calcule opciones.

Porque, aun con fecha de caducidad, el mando lo sigue teniendo Torres Hurtado. Si ‘provoca’ una moción de censura, le abre la puerta de la Alcaldía al socialista Paco Cuenca; si accede a jubilarse no será sin contrapartida y, como imaginará, en ningún caso el relevo será Sebastián Pérez. ¿Juan García Montero candidato de consenso?

torres hurtado

Nada es casual. La tarta es cada vez más pequeña y son más lo que se quedan sin porción. Puede que PP y PSOE se mantengan en los primeros puestos, pero la sangría que se atisba tendrá consecuencias en sus filas. La fuga de apoyos al bipartidismo es creciente y son dos nuevas formaciones las que llaman con fuerza a la puerta.

Bastan dos simples restas: de los 186 diputados que consiguió el PP en 2011 a los 128 que le daba, por ejemplo, hace una semana la encuesta de ABC; de los 110 que logró el PSOE a los 84 que es estiman en la convocatoria de diciembre. Son más de ochenta sillones -¿dos menos en Granada?- los que se esfumarían del reparto para los grandes partidos. Que se sumarían a todos los damnificados que han quedado por el camino tras las municipales y las autonómicas.

Lamentablemente, hemos construido un sistema político y de poder en España que transforma en una auténtica tragedia lo que debería ser normalidad. Estar o no en política debería ser una elección, una oportunidad, no una necesidad. Pero la crítica a los partidos por actuar como agencias de colocación no es baladí. Vemos a diario cómo colocan por la puerta de atrás, gratifican los servicios prestados con las giratorias y terminan cargando con la situación familiar y hasta personal de quienes no tienen otro oficio que ser útil al partido (a nivel orgánico o a nivel institucional). ¿Sabe alguien a qué se puede dedicar Juan Antonio Fuentes después del desbarajuste de TG7? Es un simple ejemplo. Uno de tantos.

A cuenta de los buenos datos de la última EPA, me preguntaba un buen amigo si había analizado bien los datos de nueva contratación. Estaba indignado. Más de 20.000 nuevos empleos se han creado en el sector público. La ex directora de TG7 está ya colocada en los Mondragones. ¿A esto nos referimos?

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Torres Hurtado ha pedido “responsabilidad” a los partidos para aprobar las ordenanzas fiscales porque sólo recaudando más (7 millones estima el concejal de Economía con la revisión del IBI) se pueden cuadrar las cuentas y evitar que se “paralice la ciudad”. Bien, pero la responsabilidad ha de ser compartida. Si de verdad estamos en un momento de gobierno sin ataduras, de ejercicio del poder al servicio de la ciudad (no del partido), deberíamos asumir que no son sólo ajenos los cadáveres que se tendrán que dejar por el camino.

El principio de la navaja de Ockham se ha utilizado en economía, en lingüística, en biología y hasta en música. Deberíamos aplicarlo a la política: “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. No sé si a Pepe Torres lo han llamado de Madrid, pero me quedo con la reflexión más simple: ¿recuerdan aquello de “qué hay de lo mío”?. Son guerras de poder, es política, es economía… pero lo que faltan son sillones. Y sueldos.

El legado de Lorca: dos meses o dos décadas

Magdalena Trillo | 20 de septiembre de 2015 a las 13:26

La historia reciente del legado de Lorca corre en paralelo a la de este periódico. Hace doce años, un frío mes de noviembre, Torres Hurtado llegaba de Madrid con su primer gran proyecto bajo el brazo: un gran consorcio devolvería a la ciudad el patrimonio de su poeta más universal. Dos largas décadas de democracia no habían sido suficientes para reconciliar a Federico con su ciudad. Los miles de manuscritos, dibujos, cartas y fotografías que sus padres sacaron ocultos en una vieja maleta seguían custodiados en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Granada Hoy llegó por primera vez a los quioscos un 14 de septiembre de 2003 y el alcalde había estrenado en mayo una rotunda mayoría absoluta para gobernar la capital. Su primera fijación fue Lorca y, en apenas unos meses, ya había conseguido lo que inopinadamente se había intentado sin éxito unos años antes: acordar con la familia del poeta el regreso del legado. Se produjo entonces la famosa foto de Laura García-Lorca con el entonces presidente Aznar y se fijó la hoja de ruta para construir un gran centro en la Plaza de la Romanilla que contribuyera a difundir su memoria.

El edificio está; su obra no. No se ha inaugurado en 2007 como se planeó inicialmente pero en este 2015 por fin ha abierto las puertas. Durante el verano, vacío; desde el pasado viernes, con una extraordinaria exposición en la que, paradójicamente, se ha convocado antes al público que al autor. En las obras de los diez artistas que dialogan íntimamente con el vanguardista edificio se percibe la ausencia de quien ha inspirado sus creaciones. En la “caja mágica” de la que habla la comisaria falta la magia. Falta el Lorca niño y el Lorca poeta, el Lorca irreverente y el Lorca reflexivo, el Lorca imparable de los años 20 y el Lorca genio de los 30. Faltan sus palabras y su teatro. Faltan sus dibujos y su música. Falta su voz y su risa.

 

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Si bucean bien en las propuestas de Belén Rodríguez, Miki Leal, Mauro Cerqueira o Tobias Rehberger seguro que podrán intuir a la persona y al personaje, al Lorca cotidiano y al surrealista, al Lorca comprometido y al Lorca gamberro, al Lorca soñador y al Lorca temeroso, pero aún no podrán estremecerse pensando que, en el gran cubo de acero acorazado que cuelga del techo, palpita su obra.

La exposición llena de vida el edificio y da sentido a un proyecto que se ha ido abriendo camino de crisis en crisis. Primero fue la política, la de las ideologías y los egos, luego llegó la económica con sus tediosos episodios de recortes y retrasos y, ahora, la más inesperada de todas: la del engaño y la corrupción. No se merecía el Centro Lorca el epílogo de un no-inicio en los tribunales como no se merece esta ciudad seguir siendo rehén de la desgracia. Federico, asesinado; su familia, exiliada; su centro, objeto del fraude.

La denuncia que la sobrina del poeta ha interpuesto contra el exsecretario de la Fundación en los juzgados de Madrid bien podría encarnar una velada lorquiana de títeres de cachiporra. Los tribunales determinarán si Juan Tomás Martín falseó datos y robó, pero el sinsentido va más allá. Con o sin firma falsificada, por acción o por omisión, sobre Laura pesan trece años de confianza ciega en un (presunto) estafador; sobre las instituciones la corresponsabilidad del descontrol en la gestión. A Juan Tomás le ‘premiaron’ sus servicios nombrándolo gerente del Consorcio y allí están todos: Ayuntamiento, Ministerio, Junta, Diputación y Universidad.

Laura, portavoz de la familia y actual presidenta de la Fundación, se excusó el viernes para no asistir a la inauguración de la exposición pero su ausencia fue más que un símbolo. Tanto como las comedidas declaraciones del alcalde anunciando que el Consorcio se personará formalmente en la causa. Las auditorías siguen pendientes. La Fundación se ha negado a facilitarles las cuentas. No tienen ni justificantes ni facturas. Pero las espadas no están en alto. Al contrario. El alcalde pudo ser guerrero pero optó por ser conciliador. Todos son más que conscientes de que, de su actitud y sensibilidad, dependerá ahora que el legado llegue en dos meses o en dos décadas.

La tensión entre la familia Lorca y las administraciones nos retrotraen a los amargos momentos de intransigencia, reproches y utilización partidista que hace unas décadas protagonizaron Isabel García Lorca y Manuel Fernández Montesinos. Pero con matices. El escenario es ahora claramente diferente. Las instituciones están completamente unidas, están actuando con máxima lealtad y mantienen abiertos todos los puentes. De momento, es la prudencia y el diálogo lo que se han autoimpuesto para la negociación. La batalla judicial sólo llegará si no hay otra opción…

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Mientras tanto, querido público, pase y déjese llevar… La exposición con que se ha puesto fin a dos meses de apertura ficticia merece ser visitada y revisitada. Porque le transformará. Lo hará la experiencia de, desde la inocencia y la mera intuición, descubrir el centro dejándose interpelar desde las paredes, el techo y el suelo con las cómplices propuestas de los creadores. Lo hará la experiencia de sumergirse en la sugerente publicación que la comisaria de la muestra, Virginia Torrente, ha preparado para el esperado estreno de la programación lorquiana. Y lo hará mucho más la experiencia de revivir las piezas en los espacios no sintiéndose impasible espectador sino público de verdad. Lo que preconizaban Gilbert & George en los 70 se atisba en el Centro Lorca: “Siempre hemos dicho que la gente, después de ver una exposición, tiene que volver a su casa siendo diferente”.

Ya sabemos que el Centro Lorca no será museo-contenedor; no será uno más. Todavía no es una “caja mágica” pero tampoco una “caja vacía” esperando ser llenada; “rellenada”. Miguel Albero cierra el catálogo de la exposición de forma casi premonitoria. El escritor madrileño recuerda cómo, repitiendo el absurdo de Esperando a Godot, El Público tuvo que aguardar 56 años para estrenarse desde que Lorca escribió la obra (de 1930 a 1986). Vladimir y Estragon esperan y esperan pero Godot nunca aparece. El público, aquel público, ni siquiera llega a saber quién es ese misterioso personaje con que Beckett reflexiona sobre la carencia de significado de la vida. Ahora es a Lorca a quien esperamos. Pero, como escribía ayer José Carlos Rosales en este diario, al público de Lorca no hay que crearlo; llevamos décadas atentos para fluir y sabemos perfectamente a quién esperar. Lo que todavía está por ver es si seremos capaces de no escribir el mismo final que el dramaturgo irlandés; si lo haremos en dos meses o en dos décadas.

La moda hipster en política

Magdalena Trillo | 26 de julio de 2015 a las 10:30

Que lo hipster esté de moda no es casualidad. Que un gobernante se haya atrevido a poner en marcha una web para rectificar ‘oficialmente’ a los medios tampoco. Lo de Versión Original es pretencioso, legítimamente criticable para quienes seguimos creyendo que el buen periodismo no es un espejismo vintage y ha surgido claramente a la desesperada como una clara cortina virtual con la que difuminar el absoluto desconcierto, contradicciones e incoherencia con que los ‘emergentes’ han estrenado poder en las principales ciudades españolas.

Pero, si bien el primer problema de la nueva política es propio, el segundo es inducido. Estratégicamente fabricado. Madrid y Barcelona se han convertido en los dos grandes laboratorios de gobierno hipster para Podemos. Dejando a un lado las siglas y confluencias interesadas con que el partido de Pablo Iglesias ha ido sorteando hasta ahora las diferentes convocatorias electorales, era más que previsible la enorme lupa con que mediáticamente se iba a diseccionar la llegada al poder de la “gente”. Manuela Carmena y Ada Colau tienen más focos sobre su gestión que cualquier alcalde precedente.

Los motivos son también dos: las excesivas expectativas depositadas en el valor del “cambio” -cuando las ideas chocan con el pragmatismo de la burocracia y el inmovilismo de la rutina llega la sobredosis de frustración que, por ejemplo, empieza a sufrir a diario Kichi en Cádiz- y las consecuencias de sus experimentos: después de año y medio reservando la marca de Podemos para “asaltar el cielo” en noviembre, lo que realmente podremos ver en las elecciones generales es hasta qué punto está tocado el bipartidismo y hasta dónde llegarán las amenazas de miedo hacia la “izquierda radical” con el oportuno antimodelo de Grecia todavía en la retina.

El termómetro tendrá una primera lectura nacional, pero también regional y local. La fragilidad con que se han terminado conformando las instituciones tras el 24-M deja abierta la puerta a ruptura de alianzas y mociones de censura que, de cara a la aprobación de los presupuestos de 2016 como instrumento ineludible de gobierno, determinarán la foto política a partir de enero.

En Granada, donde la interinidad de Torres Hurtado está cada vez más difuminada, parece que ocurrirá todo lo contrario: del gélido deadline de noviembre se ha pasado a una resignación generalizada a dejarlo estar. Y no porque Ciudadanos diga que “ahora no toca este debate”, el propio alcalde deslice que su compromiso con el electorado es “para los cuatro años que dura el mandato” y su número dos en el Ayuntamiento y jefe provincial haya decidido no interferir una vez asimilado el duro batacazo de mayo. Los juegos de poder se configurarán, como siempre, a partir de la fortaleza que den las urnas.

Los datos internos del PP hablan ya de clara remontada. Con todo un verano de por medio, el desafío de las catalanas en septiembre y la volatilidad e incertidumbre con que evoluciona la intención de voto, son conscientes de la extrema prudencia con que han de analizar sus datos internos. Aun así, lo que hoy empiezan a vislumbrar es, por un lado, un doble efecto boomerang y dominó del gobierno de los “radicales” en Madrid y Barcelona (de descontento creciente y de impacto contagioso) y una cierta reconciliación con su electorado que confían en transformar en voto masivo tras los tres severos castigos consecutivos recibidos en las convocatorias del último año.

Muchos de los que se quedaron en casa volverán para frenar la previsible alianza PSOE-Podemos y los que se fueron a Ciudadanos, también. Sus datos internos apuntan a una posible pérdida de escaños de casi la mitad en apenas tres meses (de unos 35/40 a apenas 20). Con tal horizonte, y en un escenario de voto donde la actual ley electoral beneficiará ampliamente a populares y socialistas, el partido de Albert Rivera puede que en Andalucía sólo consiga rascar dos escaños (en Málaga y en Sevilla) y deje más que tocadas las altísimas expectativas de la formación en otras provincias como Granada donde precisamente se juega el puesto de congresista Luis Salvador.

El salto al vacío o lo menos malo. De esta forma tan gráfica se ve desde el PP la disyuntiva para las generales y, probablemente, con el mismo sentimiento funcional se terminarán abordando casos abiertos como el de Granada. En resumen, que si los astros no se alinean en contra, a Torres Hurtado no lo moverán tal fácilmente del sillón. Seguro que en este punto termina pensando igual que yo… Tanto para nada. O peor aún: tanto para lo mismo…

Si lo piensan, la nueva política está usando los mismos recursos fáciles que utiliza la industria de la moda: tiramos de catálogo y actualizamos, buceamos en las pasarelas de hace equis años y lanzamos propuestas teóricamente rompedoras que acaban determinando el corte del vestido que estrenará esta noche, el color de la corbata del próximo alcalde y hasta el largo del bañador.

Las modas sociales no son diferentes. Ser hipster, hoy, es volver a lo vintage, lo alternativo y lo independiente. Vestir extravagante, escuchar a Bob Dylan, usar mucho las redes sociales y predicar contra las modas, paradójicamente, creando moda. Los pobres son pobres de verdad; los hipster tienen que tener mucha pasta para (sólo) parecerlo. Las tendencias políticas van por el mismo camino. Pero aquí la preocupación debería ser mayor.

Es la frivolidad y la pérdida de valores lo que se está expandiendo como una imparable mancha de alquitrán. Ahora que tan de moda está Grecia igual no está de más completar alguna tarde estival recurriendo a uno de sus (nuestros) clásicos. ¿Matar a Sócrates? Es el nombre del ensayo que acaba de publicar Gregorio Luri preguntándose por el legado del filósofo griego: ¿estamos en una sociedad donde lo nuevo ha sustituido a lo bueno en el nuevo orden de nuestros valores? Contéstense pensando que es “diálogo” y “debate” como llamamos a lo que hacemos en Facebook…

Gobiernos con fecha de caducidad

Magdalena Trillo | 14 de junio de 2015 a las 10:48

No les gusta que les llamen partido bisagra, pero lo son. Cosen en Madrid a la derecha con Cristina Cifuentes y a la izquierda en Andalucía con Susana Díaz. En Granada dejan gobernar al PP en la capital -no sin antes enseñar la puerta de salida a Torres Hurtado como condición irrenunciable de regeneración-, pintan de azul un puñado de gobiernos claves en la provincia y devuelven el rojo a la Diputación acercándose a los socialistas con una hoja de ruta de extrema flexibilidad que se va amoldando a personajes y territorios cumpliendo dos fronteras inamovibles: no quieres sillones a cambio de apoyos (no entran en las corporaciones ni asumen responsabilidades directas de gestión) y no se alían con imputados por corrupción.

El mensaje, de momento un eslogan, lo ha asentado el líder de Ciudadanos en toda España: el “cambio sensato”. No son un partido bisagra si es para perpetuar lo que hay, pero sí lo son para imponer un tiempo nuevo. Aun cuando ello signifique inmiscuirse en el funcionamiento interno de los partidos exigiendo más democracia y participación a través de primarias. Son tan emergentes y anticasta como su pareja de baile -el Podemos de Pablo Iglesias con las múltiples franquicias con que ha concurrido a las municipales-, pero es evidente que han dado menos miedo en la intensa campaña de pactos que culmina este fin de semana con la constitución de las corporaciones municipales y han logrado posicionarse de forma más central y estratégica.

La primera consecuencia del “cambio tranquilo” de Albert Rivera, con su partido naranja ocupando de forma decisiva el papel de llave y aliado que a comienzos de la democracia se arrogaron los partidos nacionalistas, es la foto provisional que ayer se reprodujo en decenas de ayuntamientos de toda España: no todos los alcaldes que tomaron el bastón de mando podrán terminar el mandato de cuatro años. Las alianzas son de investidura, no de gobierno. Las mociones de censura tomarán a final de año tanto protagonismo como las propias elecciones cuando haya que acordar a múltiples bandas los presupuestos de 2016 desde posiciones de débil minoría y, en casos como Granada, la línea roja del pacto ha sido cobrarse la cabeza del candidato y ya alcalde por cuarta vez consecutiva. Eso sí, han tenido que recurrir al procedimiento ‘en diferido’ que De Cospedal puso de moda para Bárcenas y tendrán que esperar a noviembre para obtener su pieza de caza, en concreto a los movimientos que se produzcan con las elecciones generales.

En realidad es el mismo margen de confianza que Ciudadanos ha dado al PSOE en Andalucía dejando supeditada la marcha de los expresidentes Chaves y Griñán al pronunciamiento del Supremo sobre su implicación en los ERE y, curiosamente, es justo la prórroga que de forma sorpresiva -y sin éxito- pedía hace unos días el líder del PP en Córdoba para terminar los grandes proyectos de su ciudad antes de que una alianza de izquierdas liderada por los socialistas lo desalojara de la Alcaldía.

A Torres Hurtado se le ha buscado una salida digna con que compensar el descalabro del 24-M. Podrá retirarse de la política siendo el único político que ha logrado colocarse cuatro veces seguidas el pesado collar de regidor o podrá poner el broche a su carrera en el Congreso encabezando la lista por Granada como harán su compañeros -también de generación- Teófila Martínez en Cádiz y Juan Ignacio Zoido en Sevilla.

A menos de 24 horas de la toma de posesión, el candidato socialista, Paco Cuenca, tuvo que digerir el acuerdo in extremis entre PP y Ciudadanos y descabalgarse del sueño de ser alcalde de Granada. Se vio por unas horas… Al final se tuvo que levantar de la mesa de negociación sabiendo que su derrota se había terminado de sellar en un almuerzo secreto en el Asador de Castilla entre los dos cabezas de lista y, en declaraciones a los periodistas, aseguró que no se sentía engañado -su tono decía justo lo contrario- arremetiendo contra Luis Salvador y lamentando que el esfuerzo de diálogo de la última semana haya sido un “paripé”.

No lo ha sido. Y en este caso nada tiene que ver con la vieja o la nueva política: son estrategias de partido, llamadas, presiones, contraprestaciones y, por mucho que Salvador se empeñe en negarlo, feeling. En la política local las personas importan tanto como los partidos y, aunque quisiéramos pensar lo contrario, las partidas no se juegan en solitario ni teniendo sólo en cuenta las cartas del escenario municipal. C’s ha decidido en el momento en que le ha interesado y cuando se han producido las condiciones que ha estimado convenientes.

Lo ha hecho en Andalucía obligando a Susana Díaz a ser presidenta en cuarta votación -también ella pecó de soberbia llevando a los partidos a una tercera convocatoria claramente fallida-; justo cuando se hacía oficial su apoyo al PP en Madrid y les permitía equilibrar la balanza de apoyos -el acuerdo finalmente suscrito con un horizonte de cumplimiento para toda la legislatura apenas ha variado desde la segunda votación- y ha cerrado el pacto en Granada cuando el PP provincial se ha desplegado para salvar la plaza. Cuando ha llegado el “gesto”.

El viernes sólo faltó que Mariano Rajoy llamara a Pepe Torres para convencerle de que diera un paso atrás. Sebastián Pérez sigue dolido, muy dolido, con la actitud del “entorno cercano” al alcalde pero no por ello iba a renunciar a dar la batalla por la capital ni dejar de demostrar a su partido que él sí responde. Es el “movimiento de última hora” al que ha aludido Salvador para justificar que, una semana después de dar por zanjado el diálogo con el PP, C’s volviera a contemplar la opción de la abstención que finalmente ha permitido a Torres Hurtado ser reelegido como cabeza de la lista más votada.

Son muchos los que ahora dicen que era lo “previsible”, pero en un momento de política líquida y volatilidad como el que estamos viviendo nada es previsible. No lo sería, tal vez, si hubiera sido el PP el que se hubiese abstenido a nivel regional y C’s no hubiera tenido que “tragarse el sapo” de apoyar con un ‘sí’ a Susana Díaz asumiendo el desgaste de sostener en solitario al PSOE en la Junta. Tal vez entonces no hubiera tenido que compensar en plazas clave como Granada…

Rivera dejó vía libre de negociación al líder regional de C’s, Juan Marín, pero todos son conscientes del coste que las alianzas que se fraguaron ayer en toda España tendrán entre los votantes de cara a las generales de noviembre, el gran desafío al que se enfrenta tanto Ciudadanos como Podemos. Y tanto giro a la izquierda empezaba a no ser muy bien entendido por ese electorado conservador que, desencantado con el PP, ha buscado refugio en el partido naranja.

Había que compensar. Había un precio; y se ha pagado. Torres Hurtado dejará el Ayuntamiento, el PP salva Granada del frente de “unidad popular” contra la derecha y C’s puede presumir, por ejemplo, de haber alejado la capital del fantasma del cuatripartito. El plazo de la retirada es final de año. Sin fecha concreta. Lo que se pospone es el propio debate. Será el alcalde el que decida cuándo, dónde y cómo se va.

Sebastián Pérez ha logrado de C’s la misma flexibilidad que se ha dado al PSOE en la Junta con Chaves y Griñán. El relevo en la alcaldía, sobre el papel, recaería en el propio presidente del PP al ir como número 2 en las listas locales pero éste es sólo un escenario posible. Tampoco esta partida se puede abordar en solitario. La transformación del PP prometida por Rajoy, los cambios en el Gobierno y las elecciones de noviembre influirán. No es por ‘sucesión’ como Sebastián Pérez querría llegar a ser alcalde y no con un gobierno tan débil y con una situación presupuestaria tan asfixiante. Y dar el salto a Madrid no le disgusta…

En tal caso, la siguiente en la lista es Isabel Nieto. Sería la primera mujer en la historia que asumiera la Alcaldía de la capital. Justo cuando otra mujer, Pilar Aranda, se pone al frente de la centenaria Universidad. Justo cuando Susana Díaz se convierte en la primera presidenta electa de Andalucía. Tiempos nuevos, sin duda, tiempos de cambio. Pero el desafío es compartido y no importa ni el sexo ni la edad: de momento, todos tienen ante sí el reto de demostrar que son tiempos para mejor.

De avestruces y cacerías

Magdalena Trillo | 31 de mayo de 2015 a las 12:09

Una avestruz de plástico esconde la cabeza en un huevo. Su huevo. A las fotografías de Chema Madoz les ocurre como a las viñetas de prensa: son calambres de realidad. Siempre hay más de lo que parece. Parten de mensajes amables y rutinarias imágenes de la vida cotidiana para desconcertar. Son provocadoras, coquetean con el equívoco y el despiste, nunca son inocentes. Son golpes de poesía, metáforas y paradojas que se transforman en balas de emociones directas a la razón.

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La sala Alcalá 31 de Madrid muestra hasta primeros de agosto la última obra del Premio Nacional de Fotografía con la retrospectiva Las reglas de juego. Madoz experimenta con los objetos pero son iconos de nuestras vidas lo que cuelga de las paredes. Miedos, enigmas y anhelos atrapados en la simplicidad del blanco y negro. La nube que descansa sobre el tronco del árbol -más apacible que aquella otra que enjauló en el infinito del cielo-, la cuchilla que marca las páginas del libro, la corchea que flota en el daiquiri, el dado de la suerte que se derrite sobre el cristal, el collar de perlas preciosas que somete y castiga a modo de impasible horca…

El artista mira a la naturaleza y nos regala poesía visual. La avestruz que ilustra el catálogo es inquietante. Por lo que constata y por lo que sugiere. Es el símbolo de la sociedad contemporánea. De nuestra actitud defensiva y de nuestra incapacidad. Cuando Mariano Rajoy compareció el lunes para analizar los resultados electorales yo no vi al presidente del Gobierno; vi una avestruz protegiéndose en el calor del huevo. Cuando Pedro Sánchez sale triunfante para hablar de pactos y de estrategias, sólo veo una avestruz sobre un huevo que no sabe cómo perforar. Cuando Pablo Iglesias y Albert Rivera irrumpen con mochilas cargadas de condiciones interesadas, de líneas rojas y exigencias partidistas, sólo veo a dos avestruces en busca de un huevo al que poderse encaramar.

El 13 de junio se han de constituir los ayuntamientos en España y, de momento, lo único que tenemos garantizado son los titulares. El PP se ha dejado en las urnas 2,5 millones de votos pero el mensaje oficial es de victoria aun siendo conscientes de que perderán el poder en comunidades clave y, en decenas de ciudades, serán triunfos amargos que no les permitirán gobernar. Se vendan los ojos ante el batacazo con la misma frivolidad con que se niegan a ver la desbandada de barones autonómicos que, ellos sí y contradiciendo a Rajoy, han decidido asumir su responsabilidad tras las elecciones del pasado domingo. El problema, por supuesto, (sólo) es de comunicación… Y lo resuelven con más oscurantismo, con ruedas de prensa sin preguntas -dos días le ha costado al líder andaluz aparecer ante los medios para no decir ni hacer nada sustancial y no admitir que se le interrogara- y con más política del avestruz y en diferido. Ya se reaccionará o no; y ya se contará o no.

La ceguera es compartida. Los socialistas se han puesto el traje de ganadores obviando dos realidades: el millón de votos que han dilapidado en esta convocatoria y el elevado precio que tendrán que pagar en las alianzas de gobierno. Lo de ser un partido “de mayorías” está muy bien como eslogan si en algún momento se cumpliera sobre el papel. No es lo probable.

A los dos grandes, a los del bipartidismo tocado y decadente pero no muerto, hay que reconocerles que al menos mantengan un huevo en el que esconderse. Podemos y Ciudadanos nada tienen de momento que conservar, así que su estrategia es claramente ofensiva y de desgaste. Han salido a cazar; de caza mayor. Atentos si no a los candidatos de Ciudadanos en Málaga y Almería que, con un puñado de votos, ya se han visto alcaldes. O giren la mirada a los movimientos de las marcas blancas de Podemos en su campaña de desalojo del PP.

La caza es un vicio de los viejos partidos que los nuevos asumen aunque sea, como en la obra de Madoz, metafóricamente. En España, si lo piensan, nunca hemos terminado de retratar bien el imaginario de la corrupción, de las presiones y de los juegos de poder. A los maletines negros del gánster norteamericano les faltaba el rifle de caza. Los maletines los hemos actualizado en forma de bolsos de Loewe pero seguimos teniendo una asignatura pendiente con el escenario cinegético. Empezando porque no sabemos si fue antes el huevo o la avestruz. ¿Es la caza la que incita a la corrupción o hay algo en los corruptos que los predispone a cazar? El PP de Valencia, desde la Gürtel a la trama de comisiones que acaba de llevarse por delante al delegado del Gobierno, podría servirnos de muestra de estudio. ¿No se amañan las contrataciones con la misma eficacia haciendo footing o jugando al golf?

En todo caso, ya estamos avisados: si ve a un político de caza, sospeche. La otra caza, la simbólica, puede resultar menos evidente pero es igual de peligrosa. Las cabezas de Griñán y Chaves ya descansan sobre bandejas de plata y ahora toca a nivel local. En Granada, Ciudadanos ha puesto precio al PP para dejar gobernar a Torres Hurtado: la cabeza de su concejal de Movilidad y ‘ejecutora’ de la LAC.

Todos son conscientes de que el nuevo mapa de transporte en la capital ha sido una bomba para el alcalde -la pérdida de votos en los barrios lo ha dejado con un resultado que no se conocía en la capital desde finales de los 80- pero personalizarlo en Telesfora Ruiz peca demasiado de efectismo mediático y de tacticismo político; era uno de los proyectos estrella de un equipo de gobierno (no de un área) y, si hay algo que se le puede reprochar a la edil es haber cumplido con solvencia y rigor el encargo. La LAC gustará más o menos, funcionará mejor o peor, pero se ha ejecutado lo que se decidió. Extraña por tanto que, puestos a pedir cabezas, el grupo de Luis Salvador no haya apuntado a lo más alto.

El futuro de Pepe Torres es, desde el pasado domingo, el que queda completamente desdibujado. La misma noche electoral anunció que, si no conseguía formar gobierno, daría un paso atrás y abandonaría la política. Matemáticamente podría enfrentrarse a una opción de gobierno cuatripartito en torno al socialista Paco Cuenca pero parece más factible una alianza directa con Ciudadanos o, lo más previsible, un gobierno en minoría como lista más votada con la abstención del partido naranja. El coste será alto antes del acuerdo, pero lo realmente duro llegará después cuando haya que gestionar una ciudad con cuatro formaciones en contra.

Como cabeza de cartel, Pepe Torres aseguró a su partido 14 concejales y se quedó con 11. ¿Debería dimitir? ¿Tiene la obligación, como líder del partido más votado, de buscar la estabilidad para Granada? ¿Aguantará? Perdida la Diputación, ¿lleva la regeneración el nombre de Sebastián Pérez como número 2 en las listas de la capital? ¿Podría darse tras las generales de noviembre un escenario de moción de censura que aupara a Luis Salvador como alcalde? Porque muchos recuerdan cuando Antonio Jara se hizo con la Alcaldía en un escenario sospechosamente parecido…

Vuelvo a la imagen de la avestruz. No es un huevo donde se esconde. Es una bola de cristal.

La partida seguirá el 25-M

Magdalena Trillo | 10 de mayo de 2015 a las 9:41

La partida seguirá el 25-M

Parque de las Ciencias. 18.30 de la tarde. Todos los candidatos a ocupar el sillón de alcalde en la Plaza del Carmen aceptan la invitación de Granada Hoy para presentarse ante los ciudadanos. Es una foto inédita. Desde que en 1979 se convocaron las primeras elecciones municipales de la democracia, nunca habían concurrido tantos aspirantes. Ocho jugarán la partida y seis salen con expectativas de obtener representación. Entre candidatos, asesores e ‘invitados’, en torno a treinta personas anticipábamos la tradicional pegada de carteles con este simbólico encuentro en uno de los espacios que mejor simbolizan el consenso institucional -no siempre fue así- y que representa la Granada moderna, de oportunidades y de futuro que todos defienden.

En la antesala de la larga campaña que se inició oficialmente la noche del jueves, probablemente habrá sido la única ocasión en la que han podido conversar. Algunos ni se conocían. Para esa cita no había que preparar el discurso pero sí las poses. Y los saludos; los sinceros y los que se colaban afilados con aprendidas lecciones de márketing y buenos modales. Torres Hurtado (PP), Paco Cuenca (PSOE) y Paco Puentedura (IU) ya unieron sus manos en la campaña de 2011 y han compartido vida municipal durante los últimos cuatro años. El ex senador socialista Luis Salvador, un clásico ‘renovado’, ha logrado posicionarse en la primera línea de la política local con su apuesta por Ciudadanos, el partido de moda, y confía en convertirse en la gran revelación de las urnas, justo el papel que desempeñó Mayte Olalla en las anteriores elecciones. La candidata de UpyD, que tiene el desafío de capear desde Granada el momento de hundimiento de su partido a nivel nacional, afronta un escenario más gris.

Con el mismo pronóstico de irrelevancia que se presenta para el Partido Andalucista y para Vox. Domingo Fuentes e Ignacio Nogueras, sus cabezas de lista, son más que conscientes del reto pero ninguno pierde la sonrisa. Ni la fe -en su caso justificamente necesaria- en lograr sumarse al ‘efecto sorpresa’… Aunque los vientos de cambio y novedad, lo asumen los tradicionales y lo aprovechan los emergentes, soplan mucho más caprichosamente hacia el naranja de Ciudadanos y hacia ese morado de Podemos que finalmente buscará su irrupción en la capital con la etiqueta blanca de Vamos Granada aliándose con Equo y diversos colectivos sociales y situando como candidata a la decana del Colegio de Abogados, Marta Gutiérrez.

Todos salen a ganar. El actual alcalde, que aspira a un cuarto mandato, ya ha dejado claro que va a por la mayoría absoluta y ha pedido a los suyos que no se amilanen, que lo reclamen abiertamente. Hace meses que desde su equipo de gobierno se advierte sobre la inestabilidad que supondría que la izquierda se uniera -en este caso PSOE e IU con Vamos Granada en lugar del PA- reeditando lo que, a su juicio, ha sido uno de los mandatos más convulsos en la historia reciente de la ciudad: el periodo 1999-2003 en que el socialista José Moratalla quebró el gobierno del ‘popular’ Díaz Berbel. El fantasma del desgobierno que planea sobre los 170 municipios de la provincia -se incorporan 2 localidades respecto a la convocatoria de 2011- con la misma incertidumbre que lo hace sobre los más de 8.122 ayuntamientos de toda España, sobre las diputaciones y sobre las 13 autonomías que concurren a las elecciones del 24-M.

El “miedo” al tripartito e, incluso, a un hipotético cuatripartito que uniera a todos los partidos (Ciudadanos se aliaría con la izquierda) en contra del PP. Es por ello que Torres Hurtado siempre dice que el PP sólo gobernará si llega a la absoluta. Sin embargo, en esta ocasión puede que no sea exactamente así. Hay alternativas. Por primera vez la derecha tiene un partido cercano y con opciones al que aliarse: el partido de Albert Rivera que, desde el discurso del cambio sensato y la moderación, ha frenado en seco las expectativas de crecimiento de los seguidores de Pablo Iglesias y se ha colado en todas las encuestas con unas estimaciones de voto impensables hace sólo unos meses. El estreno fue contundente en las autonómicas andaluzas del 22 de marzo y, a la espera de conocer la capacidad final de Ciudadanos para improvisar candidatos en la siempre personalista batalla local, las tendencias que vislumbran todas las encuestas situarían a Luis Salvador en una comodísima situación de ventaja como posible llave de gobierno.

Así se refleja en el sondeo que Granada Hoy publica hoy. Torres Hurtado pierde la mayoría absoluta y se sitúa diez puntos por debajo de los resultados de 2007 y 2011 que le auparon con sus actuales 16 concejales. Los socialistas consiguen blindar sus 8 ediles con un porcentaje de voto ligeramente superior al de hace cuatro años (aunque alejados aún de los 11 de 2003), IU pierde un concejal (solo Puentedura se mantendría en la Plaza del Carmen), UpyD se queda fuera y Vamos Granada y Ciudadanos entran con fuerza en el tablero con 3 representantes cada uno.

Es evidente que el clima de desafección hacia los dos grandes partidos por la corrupción y el desgaste de la crisis con los recortes y la austeridad pasarán factura a quienes han tenido que gestionar en los espacios de la administración más cercanos al ciudadano, pero son “circunstancias” que no pueden ocultar los méritos propios para la victoria o el fracaso y, al día siguiente de la votación, habrá que pedir coherencia para discernir cuánto aporta y cuánto resta la gestión personal frente a la marca de los partidos y los líderes nacionales. Y pedir responsabilidades. ¿Se imaginan dimisiones la misma jornada electoral como acaba de ocurrir en Inglaterra?

Si finalmente el PP pierde 4 concejales, Torres Hurtado tendrá que emplearse en la política del pacto y de su generosidad y talante dependerá en buena medida que sea la izquierda o la derecha la que gobierne en Granada los próximos cuatro años. Su alianza con Ciudadanos es la preferida según la encuesta elaborada por Commetia para todo Grupo Joly pero muy cerca se sitúa también el pacto entre PSOE, Vamos Granada e IU. En Andalucía, pese al bloqueo en el que estamos sumidos desde el 22-M para la investidura de Susana Díaz, no hay una propuesta alternativa de gobierno al PSOE pero en el horizonte que dibuja el sondeo a nivel local sí lo habría. Es, justamente, el panorama de acusada fragmentación del voto que se producirá en decenas de ayuntamientos y que obligará a viejos y nuevos partidos, a clásicos y emergentes, a sentarse a negociar y a tejer alianzas que pueden ser absolutamente imprevisibles. Más aún si tenemos en cuenta la multitud de ayuntamientos en los que concurren independientes. La sopa de siglas, como advierten los analistas desde hace meses, se convertirán en una de las notas más características de las elecciones de 2015.

Lo cierto, de momento, es la incertidumbre. Lo previsible, que la verdadera campaña de los políticos empezará el lunes 25 de mayo cuando tengan que dar forma al voto ciudadano, al de los siempre convencidos, al de los fugados y al de los reconquistados; al útil, al del desencanto y al de castigo. Como publicábamos en el arranque electoral, será una carrera de vértigo al 24-M y con múltiples incógnitas. Tal vez una de las más morbosas sea la del papel que desempeñará Luis Salvador. ¿Tiene “corazón socialista” como suele decir el alcalde? Porque, si de pactar se trata, ya les avanzo que el feeling con Torres Hurtado que se vio la tarde del Parque de las Ciencias está a años luz del que pareció tener con su ex compañero Cuenca… En las locales cuentan los partidos pero cuentan, sobre todo, las personas. En la foto de familia, ¿tal vez para despistar?, Luis Salvador insistía en colocarse a la izquierda de Pepe Torres…