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Turismo de copy-pega

Magdalena Trillo | 19 de diciembre de 2017 a las 10:00

Viajar más. Más lejos, más barato, más fácil, más rápido, más exótico. La historia de la especie humana es un continuum de evolución pero también de movimiento. Siempre hemos estado viajando, adaptándonos, atrapados por la curiosidad y descubriendo sitios nuevos. Somos el homo videns por imperativo de la galaxia digital pero también el homo mobilis. Desde Otzal, el hombre de hielo que fue descubierto en los Alpes ya llevaba un hacha de cobre de la lejana Toscana, hasta los millones de personas que cada minuto nos subimos y bajamos de un avión para hacer turismo a contrarreloj. Como borregos.

Pero lo masivo es incompatible con lo excepcional. Del mismo modo que el arte pierde el valor de único cuando lo sometemos a las dinámicas de la reproductibilidad, el low-cost democratiza el ocio pero hundiéndolo en el terreno de lo mediocre y llevándonos al colapso y a la saturación. ¿Una escapada en Navidad? Destinos maltratados y desnaturalizados y barrios despoblados convertidos en escenarios de cartón piedra. ¡Las mismas caras en los mismos sitios!

Los efectos de la fiebre viajera -mis padres están moviéndose más de jubilados que en toda su vida- tal vez puedan tratarse pero no curarse. ¿Nos encerramos en casa para no sufrir el estrés del turista? ¿Ponemos muros en nuestras ciudades para protegernos del foráneo? El escenario se complica si pensamos que el “viajar más” tiene una segunda parte -el dónde- que se está traduciendo en una creciente disputa entre los destinos para conquistar y exprimir al turista. ¿Queda ya algún recóndito rincón que no esté inventando cómo subirse al carro del turismo?

Todo es posible copiando y a golpe de talonario. En lugar de potenciar los valores propios, de recuperar lo autóctono, competimos plagiando. El virus del copy-pega aplicado a nuestras ciudades. ¿Nos gusta el Louvre? Nos construimos uno. ¿Preferimos el Pompidou? Ponemos una franquicia…

Málaga, por ejemplo, ha acertado (en unos casos más que en otros) con su política museística de alianzas y Bilbao se ha logrado reinventar con el Guggenheim pero naufraga estrepitosamente con el contenido… Copiar también es un arte. Hay que saber qué se copia y cómo se copia. Lo sabía Mark Landis, el mayor falsificador de la historia, y lo saben en Abu Dhabi cuando son capaces de abrir una nueva era en Oriente Medio levantando de la nada una ciudad museo con el marchamo de Nouvel. Es dinero, sí, pero también criterio y estrategia. Nos movemos en masa, sí, pero también exigimos más.

El Pacto de la Alhambra

Magdalena Trillo | 17 de julio de 2016 a las 11:44

Cuando hace una década Granada, Córdoba y Sevilla hacían promoción conjunta en EE UU y Japón para potenciar el turismo de larga distancia, Málaga no existía. En la campaña Splendours of Andalusia, la Costa del Sol tenía ¿poco? que aportar al triángulo cultural andaluz: su aeropuerto. El paquete que comercializaban las agencias nacía y moría en Málaga sin más beneficio para la ciudad que servir de plataforma: los turistas llegaban a su aeropuerto internacional, los metían en un autobús, los llevaban a conocer la Alhambra, la Giralda o la Mezquita, pernoctaban y gastaban en las provincias vecinas, les proponían escapadas a Ronda o Jerez y los empaquetaban de vuelta a casa una semana más tarde. Málaga no era más que una silueta desde la ventanilla del avión.

En diez años, Málaga se ha ganado a pulso el derecho a estar en la foto. Por la acción de ellos y por la omisión nuestra. En sentido figurado y real…

Ya tenemos el argumento para perdernos entonando ese mismo llanto lorquiano que desde la construcción autonómica Granada ha dedicado a Sevilla confrontando y avivando la política del agravio. Sólo tenemos que cambiar un nombre por otro. Primera estrofa: asumir que nos ha comido terreno, en este caso como destino cultural. Segunda estrofa: elogiar el pragmatismo de un alcalde que ha tejido alianzas donde tocara, con quien hiciera falta y con su carné político bien guardado en el bolsillo siempre que beneficiara a su ciudad. Tercera estrofa: fustigarnos preguntándonos qué hacía Granada mientras tanto y con otro alcalde de su mismo partido porque, hasta el sobresalto de mayo con la operación nazarí, la trayectoria de Paco de la Torre y Pepe Torres ha sido casi paralela. Cuarta estrofa: concluir que no nos merecemos que nos desbanquen, buscar un culpable y lamernos las heridas.

Pero la tercera y cuarta estrofa son excluyentes. O nos deleitamos muriéndonos de envidia y añorando un pasado (supuestamente) glorioso o nos preocupamos de salir en las fotos. Lo sensato, y egoístamente más operativo, es obviamente lo segundo. Pero no crean que es lo más fácil. Lo de compararnos con Málaga para todo se ha convertido en el discurso oficial de la opinión pública y publicada. Empezamos tímidamente con las disputas por las inversiones públicas autonómicas y estatales, luego llegó la competencia de los aeropuertos, de repente irrumpió la cultura a golpe de titulares con los éxitos de unos y los fracasos de otros, el aislamiento ferroviario nos ha convertido en satélite de Antequera vía autobús y, en el culmen de la contradicción, hasta nos ha molestado que el Hospital del Campus esté funcionando ya a pleno rendimiento… A la espera de que el Metro fracase, el bloqueo del AVE y el Centro Lorca -¿seguro que lo que ha hecho La Caixa es perdonar una deuda y no embargar el legado?- amenazan con seguir dando motivos más que sólidos para seguir sumidos en un estado crónico de frustración.

foto

Salir en las fotos tiene además un riesgo. Le ocurrió a Paco Cuenca nada más coger la Alcaldía cuando la nueva portavoz municipal del PP, Rocío Díaz, le llamó el “rey del postureo”. Le sentó fatal; la crítica y que lo publicáramos. A él y a su equipo. Pero es un precio asumible. Necesario incluso. Porque para que haya una imagen realmente histórica como la que se produjo este viernes en el Palacio de los Córdova también tiene que haber rutinarias. La foto de cuatro alcaldes enterrando rivalidades y sellando el lanzamiento del Eje Turístico Andaluz acabará en los anuarios.

La alianza la pusieron en marcha Málaga y Sevilla pero Córdoba y Granada han sido capaces de sumarse a esta inesperada locomotora de desarrollo. El turismo es sólo el primer paso. Se construirá una marca conjunta competitiva, se sentarán los pilares del “mayor reclamo turístico del sur de Europa” y se activarán sinergias en otros ámbitos como el biosanitario y agroalimentario.

En unos meses sabremos si la imagen tiene recorrido pero, de entrada, ya hay una intrahistoria. Aunque se ha llevado con discreción, hasta el último minuto ha intentado De la Torre que el convenio de colaboración se firmara en Málaga. Lo de cuadrar las agendas -el acto se ha celebrado una semana después de lo anunciado- ha tenido más tensión que la estrictamente protocolaria. No era una simple foto; era un símbolo y era importante el escenario. Granada se ha apuntado el tanto gracias a la Alhambra. A la imponente imagen de los palacios que hace de postal. ¿De verdad preferimos lamentarnos?

De cirugías y milagros

Magdalena Trillo | 19 de enero de 2014 a las 11:18

El cirujano te realiza unas pequeñas incisiones en las comisuras de los labios y te proporciona una sonrisa permanente. Eterna. La técnica, conocida como lipt smile, se ha puesto de moda en Corea del Sur junto a otras insólitas tendencias niponas como inyectarse agua salada en la frente para generar ‘bagels’ relajantes o implantarse dientes torcidos para lograr un efecto canino. Leía esta semana un reportaje sobre tales extrañezas en las redes sociales y me preguntaba, entre incrédula y aturdida, cómo es posible que la gran preocupación para un ciudadano de estos países asiáticos sea lucir sonriente, deformarse la frente o parecerse a los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Sólo encuentro una explicación: la crisis. La no-crisis quiero decir. Sólo con un nivel de aburrimiento desproporcionado y una absoluta despreocupación por los ingresos puedes dedicar tu escasísimo tiempo de ocio a tales excentricidades. O no. De repente me acordé de los ojos azules de Pecola. De la obsesión de una insignificante y pueblerina niña negra por escapar de su monstruosa fealdad consiguiendo unos ojos azules. Los más azules del mundo; los más bonitos del mundo. La novela de Toni Morrison tal vez sea uno de los cuentos más duros y tristes, pero también más impactantes y turbadores, que se hayan escrito en la literatura reciente sobre la belleza y el quiebro de la inocencia. Sobre el egoísmo, el autismo y la crueldad de nuestra sociedad. Sobre los insospechados caminos que cada uno tomamos para huir.

Sonrisas permanentes y ojos azules no dejan de ser una ilusión óptica, un espejismo, con el que fabricar una salida casera a la crisis. La nuestra y la de los demás. La de los números y la de los rostros. En unos casos personal, en otros colectiva; en unos casos encontrada y en otros buscada. Pero con un diagnóstico compartido: en todos los casos estamos igual de perdidos y confundidos. Impacientes, dispuestos a creer con fe ciega en las cirugías más insospechadas, por ver una luz que se resiste a llegar.

Me lo decían esta semana unos empresarios de Granada preocupados por la euforia -irreal- que se está instalando sobre la recuperación económica. La cosa está mejor pero no tanto… Lo hacían, curiosamente, a unos días de Fitur. Otro espejismo. La feria de Madrid puede que sea el escaparate menos útil para el sector turístico pero también es el más irrenunciable -por la política, claro, no por la economía-. Allí venderemos esta semana el potencial de Granada y, paradójicamente, por una vez, llegaremos con una posición no sólo de unidad sino también de fortaleza. El próximo viernes sabremos si la provincia ha sido capaz de superar en visitantes su récord histórico -otro capítulo bien distinto es el empleo y la rentabilidad- y acaba de publicarse el informe de Analistas Económicos de Unicaja situando a Granada y Málaga como las provincias que liderarán el crecimiento del PIB en 2014 en la comunidad. Compartimos un 1,5%. Por encima de la media andaluza y por encima de la media nacional. Y crearemos empleo. Inaudito; no estamos en el furgón de cola. Un milagro si nos olvidamos de la posición de partida (el desempleo escaló al 38,9% en el tercer trimestre) y refutamos la conocida Ley de Okun que hasta ahora pontificaba que no era posible crear puestos de trabajo por debajo de un 2% del crecimiento. A nivel nacional, las exportaciones están haciendo posible el milagro, a nivel local nos rendimos a los viajeros y a la agricultura.

Lo que más nos debería inquietar es cuando los analistas piden “prudencia” -la misma que reclaman los empresarios- e introducen el factor “variables” para advertir que se pueden equivocar. Tanto o más que hace seis años cuando estalló la burbuja. Repaso los titulares de periódico de esta semana y voy del liderazgo económico de Rajoy que nos ha descubierto Obama al “fin de la edad de hielo” que pronostica la directora del FMI pasando por los ‘excesos’ del responsable del Fondo de Rescate que coloca a España como “motor económico de Europa” en cinco años. A todos los veo con ojos azules y con una inmutable sonrisa. Preocúpense.

Política de galgos y podencos

Magdalena Trillo | 15 de diciembre de 2013 a las 1:12

“Málaga jamás tendrá lo que tiene Sevilla”. Juan Ignacio Zoido ha vuelto a abrir la caja de los truenos de la rivalidad por decir públicamente lo que piensa, por defender la singularidad de su ciudad y lamentar que un proyecto de la envergadura del Pompidou se vaya a la Costa del Sol. ¿Usted no lo querría para Granada? Las palabras del alcalde de la capital andaluza tal vez no fueran las más acertadas para ser escuchadas sin el abrigo de la Giralda, pero no seamos hipócritas cuestionando que un alcalde quiera lo mejor para su ciudad ni volvamos a perdernos en la estéril política de los agravios para soslayar una realidad: el impulso que está cogiendo Málaga como ciudad cultural, la solvencia con que está explotando la fortaleza de su aeropuerto y la coherencia con que está completando y compensando las debilidades del sol y playa.

Se está fabricando de la nada un perfil como destino cultural y le está funcionando. Los proyectos se anuncian, se construyen y se inauguran. Pasó con Picasso y con el Thyssen y volverá a ocurrir cuando el Centro Pompidou abra en el Cubo del Puerto su primer centro fuera de Francia. Está de moda y lo están aprovechando. ¿No es legítimo que Málaga trabaje en una estrategia de desarrollo que le permita luchar contra la estacionalidad del turismo aunque sea a costa de ‘minar’ el triángulo cultural andaluz que tradicionalmente han encarnado Granada, Córdoba y Sevilla y que tan torpemente se ha gestionado? ¿Y no es legítimo que Zoido contrarreste a la defensiva realzando el potencial de Sevilla?

El verdadero debate no es la rivalidad sino quién se pone la medalla del éxito y a costa de qué y de quién. Me explico. La rivalidad, entendida como competencia y no en clave de privilegios ni favoritismos, debería ser irrenunciable para un sector tan estratégico para la economía andaluza como el turístico si queremos seguir teniendo oportunidades en el exigente contexto internacional. Y, si somos realistas y honestos para reconocerlo, hasta la envidia ‘insana’ puede funcionar como aliciente para poner en marcha iniciativas que ‘construyan’ Andalucía y beneficien a toda la comunidad. Otra cuestión es la gestión. En el caso de Zoido, si es capaz de encajar las críticas de la prensa que esta semana le recordaba cuando en enero de 2011 anunció que la Puerta de la Carne, en el centro turístico de Sevilla, se convertiría “en un centro de arte contemporáneo con la misma filosofía que el Pompidou” y, en las provincias ‘hermanas’, si somos capaces de admitir las incompetencias propias y lo mal que nos va cuando nos dedicamos a debatir si son galgos o podencos.

A partir de aquí sí hay una exigencia de transparencia que debería imponerse al miedo a la guerra entre provincias con que se sigue haciendo política. Y va más allá de la negativa de la Junta a detallar por provincias el presupuesto porque este diario lleva ¡años! intentando conocer las partidas reales que desde el área de Cultura se han destinado a Málaga… Si es una leyenda urbana que el despegue cultural de la capital de la Costa del Sol tiene mucho que ver con las generosas inversiones que ‘sus’ consejeros han realizado en estos años, estaría bien que se nos explicara al resto de Andalucía. Con cifras.

No diré que con ello podamos compensar los siete años de retraso con que se abrirá el Centro Lorca, sacar del cajón el ya ‘inviable’ Teatro de la Ópera, arreglar el eterno problema de la infraestructuras ni reescribir la historia de un Milenio que ha terminado generando más frustraciones que oportunidades. Pero, quedándonos en el presente, hay proyectos que todavía se pueden salvar, que hasta nos pueden ilusionar y que requieren tanta inversión como claridad en el posicionamiento de unos y otros. Estoy pensando, por ejemplo, en el aeropuerto y en la declaración de la Alpujarra como Patrimonio de la Humanidad. El primero vuelve a estar en el centro de la polémica, precisamente por la demagogia con que seguimos planteando la rivalidad con Málaga (¿no será más mortal el AVE para el futuro del García Lorca que el internacional de la Costa del Sol que ahora complementa nuestra oferta?), y el segundo se enfrenta a dos problemas importantes: el poco entusiasmo que hay entre la población local y la posición de delantera que tienen, justamente, los Dólmenes de Antequera.

La Junta ha dejado dormir durante años la propuesta malagueña y ahora, cuando Granada está desarrollando el expediente en tiempo récord, la ha reactivado. ¿Antequera o Alpujarra? Y si son las dos candidaturas, en qué fechas y con qué esfuerzos. Málaga lo querrá saber y también Granada. Llegará el tiempo de reclamar inversiones pero ahora es más urgente algo mucho más barato: la lealtad y la unidad.

Lo reclamaba el presidente de la Diputación este viernes en la entrega de los Premios de Turismo recordando lo bien que le ha ido a esta provincia cuando ha habido unidad… La apuesta de la British Airways por el aeropuerto de Granada es un ejemplo (el próximo verano recuperará los cinco vuelos), el Centro Lorca está a punto de serlo y el expediente de la Alpujarra lo debería ser. Siempre, claro está, que dejemos de debatir si son galgos o podencos.

¿Nos salvará el turismo?

Magdalena Trillo | 10 de julio de 2011 a las 22:31

Aunque muchos de los males de nuestra economía se asemejan y las grandes debilidades del mercado laboral son compartidas, se agradece que sea un economista –y no un político- quien nos diga que no somos Grecia, Irlanda ni Portugal. Más aún que nos asegure que hay salida y que empieza a iluminarse el final del túnel: “Son tres años de crisis. Si se cumplen determinadas variables, saldremos reforzados. Existen indicios para el optimismo”.

Optimismo, pero con recetas. Es decir, con reformas. Las que ya están en marcha y las que están por llegar. Con Rubalcaba o con Rajoy. En otoño o en primavera. ¿Copago?

Debería ser una obligación que los economistas culminaran sus depresivas disertaciones con un hilo de esperanza. Es lo que hizo el analista del BBVA Miguel Cardoso cuando presentó este viernes en Granada el último informe de la entidad. ¡Y no se puso la careta de enterrador! Es extraño pero, desde que empezó la crisis, cada vez que veo a un economista me acuerdo de las funerarias. Y de las avisadoras que hace medio siglo iban de casa en casa anunciando las misas de difuntos. Portando malas noticias.

El viernes no fue una excepción: crecimiento desigual, difícil cumplimiento del déficit, excesiva dependencia del ladrillo, insostenibles datos del paro… Pero entonces llegó la botella medio llena. Estamos tan mal, lo hemos hecho tan mal, que nuestras expectativas de mejorar son infinitas: el crecimiento de Andalucía en 2012 superará la media nacional; cumplimos los deberes en el sector exterior (con resultados de mayor impacto dada la deprimida situación de partida) y el turismo va camino de convertirse en la pieza clave de la recuperación. Aunque el asunto tiene truco: su papel está directamente relacionado con lo bien que les va a los compatriotas europeos y lo mal que les va a los destinos del Magreb con las revueltas ciudadanas.

¿Nos salvará el turismo? Según. Suponiendo que seamos capaces de mantener, y aprovechar, las dos variables anteriores, parecería sensato trabajar para lograr que los efectos en el empleo y el aumento del PIB no quedaran en una situación coyuntural que nos regalan otros. Menos guerras de precios y más calidad en los servicios. Desarrollo de una política común basada en la colaboración público-privada y mejora de las infraestructuras. Menos agravios y más coordinación si queremos hacer verdaderamente “apetecible” nuestro destino para europeos, rusos y asiáticos.

Hablo ya de Granada. El turismo nacional es estable. Tanto que no se ha oído a ningún empresario protestar cuando el aeropuerto ha perdido casi la mitad de viajeros (ya llegarán en coche o desde Málaga). Pero ¿es ahí donde queremos estar? Hace cinco años se rozaron los 2,5 millones de viajeros y los 5 de pernoctaciones. Hoy, no logramos despegar de los 2,1 millones de visitantes. ¿Es normal que no haya ni un solo vuelo charter para la temporada de esquí a una ciudad que está a media hora de la principal estación del sur de Europa? ¿Qué no haya más vuelos en verano a unas playas que están a cincuenta minutos de la Alhambra?

Decía Miguel Cardoso que no era comprensible. Que habría que analizar por qué Granada, con su potencial, no se ha consolidado como un destino de fin de semana de primer nivel. Desconocía, por ejemplo, lo mucho que nos dedicamos a confrontar, a contraprogramar y a abrir brechas dentro del sector… Ahora la capital y provincia irán de la mano. No tendrán al sector privado en contra, podrán ensayar sus recetas en el aeropuerto (con o sin Ryanair) y no necesitarán los titulares de Fitur para salir en la foto.

El turismo crecerá este año en España el doble que la economía y se crearán unos 50.000 puestos de trabajo. Sólo los cruceros, el segmento de más crecimiento en Europa, mueven1.200 millones de euros; sólo desde Rusia esperamos a 1 millón de visitantes. La pregunta para Granada es sólo una: ¿nos queremos salvar?

Turistas

Magdalena Trillo | 16 de enero de 2011 a las 11:57

En 2004 hubo 763 millones de desplazamientos por el mundo, en 2008 fueron 924 millones y en 2020, según las previsiones de la Organización Mundial de Turismo, serán 1.600. La pregunta para cualquier ciudad, tanto hoy como en el siglo XVI cuando los primeros ‘tour-istas’ se lanzaban a la aventura, es la misma: cómo conseguir que el viajero elija tu destino. La respuesta, por supuesto, es completamente diferente cuatro siglos después.

Hoy no hablamos de productos, hablamos de experiencias. Los turistas no quieren una oferta fabricada para ellos, quieren callejear y disfrutar como un ‘nativo’ más de una ciudad auténtica que refleje su identidad y singularidad. El turista no quiere ser sólo un espectador; quiere ser partícipe, experimentar de las costumbres y actividades locales, comer en los restaurantes de moda, ir de compras… todo menos renunciar a la emoción.

En Granada, la Alhambra es uno de los organismos que más ha apostado por el turismo de la experiencia. Lleva varios años sumando a la oferta puramente turística la educativa y la cultural y los resultados ya están sobre la mesa: más de 3,3 millones de personas contabilizadas en 2010 (2,1 millones fueron turistas) consolidando su liderazgo como monumento más visitado de España. Pone fin a dos años de números rojos y empieza a vislumbrar la salida a la crisis. Un estudio sobre el perfil del visitante zanja además el viejo mito del ‘excursionista’; ese turista que venía de Málaga en autobús, cargado con su mochila y su bocata, para no hacer más gasto que la entrada a la Alhambra. Tres de cada cuatro viajeros pernoctan en Granada. Esa es la realidad.

Pero, cuando ‘bajan’ a la capital, encontrarán las casas vacías y abandonadas del casco histórico, descubrirán la situación de degradación del Albaicín y el Sacromonte o se chocarán con la inestable programación cultural… Mucha cultura que mostrar y pocas políticas que combinen las medidas de protección, recuperación y adaptación del patrimonio con el diseño de un producto tan atractivo y sólido como lo fue en su día el ‘sol y playa’.

El documento Panorama 2020 recoge un análisis sobre el modelo turístico que refuerza esta idea: “Falta atención a la estética en general de los centros urbanos, los turísticos y los recursos culturales; deficiente señalización en vías de comunicación y turísticas, bajo nivel de integración entre los distintos modos de transporte…”. ¿Les suena el diagnóstico?

Es el triángulo de la cultura, el turismo y el desarrollo urbano el que actúa como dinamizador de las ciudades. Desarrollo y sostenibilidad. Un reto en el que la arquitectura de vanguardia (como podría ser la estación del AVE de Moneo si se construye) y los equipamientos culturales (como el futuro Centro Lorca si se termina) están funcionando como elementos de regeneración urbana, económica y social. Son referentes Dubai y Chicago, pero miremos hacia Bilbao, Valencia o Barcelona.

Granada estará esta semana en Fitur presumiendo de su atractivo como destino turístico. Está claro que no es el momento de dejar de invertir en promoción, pero tal vez el camino no sea con el ‘escaparate político’ que sigue siendo la feria de Madrid. “Hay que estar”. Esta es la premisa que enarbolan todas las instituciones. Pero cómo, con qué estrategia, con qué sinergias. ¿Para ‘vender’ Granada como destino turístico o para salir en la foto y hacer campaña?

Cuando el año que viene el PP gobierne en la Diputación (como parece) podríamos preguntar a sus ‘compañeros’ del Ayuntamiento que expliquen por qué ya será rentable –y hasta necesario– ir juntos a Fitur. ¿Se imaginan qué pasaría si Sebastián Pérez reanudara las negociaciones con Ryanair? Parece obvia la respuesta.