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25 años sin AVE

Magdalena Trillo | 23 de abril de 2017 a las 9:23

Nada significa una gran efeméride si no reúne dos condicionantes básicos: dinero para invertir y gestión eficaz. Lo primero garantiza el éxito del momento y resulta clave para determinar en qué escala se mueve la celebración -si pasa sin pena ni gloria para la ciudad o termina siendo un “antes y un después”-; lo segundo es clave para no desperdiciar la oportunidad y traducir el impulso del acontecimiento en una transformación profunda y a largo plazo. Sevilla lo hizo en 1992 con la organización de la Expo y la llegada del AVE. Hace 25 años; justo ese cuarto de siglo que hemos vuelto a celebrar esta semana con la conmemoración de la conmemoración.

Es una manera de volver a explotar el gancho. En diferido. Pero ahora se invierten los papeles: la celebración roza lo protocolario y el análisis, la radiografía del momento, ocupa el foco central del retrovisor. Puede que la lectura final sea agridulce, que se haya caído en cierto adormecimiento y conformismo, que los desafíos sean hoy de más alcance incluso que en aquellos boyantes años 90, pero Sevilla dio un salto de modernidad y sentó una posición de liderazgo e influencia como capital de Andalucía que ha tenido un impacto innegable para el resto de provincias andaluzas y para el conjunto del país.

Granada, fiel a su historia de regocijo en el agravio, siempre ha mirado aquella Expo de reojo: demasiado protagonismo para los hispalenses cuando se trataba de rememorar el quinto centenario del Descubrimiento de América sin contar con una ciudad que fue clave y que entonces quedaba relegada al papel de invitada; y demasiadas inversiones para una Andalucía Occidental que abría una brecha de desigualdad con las provincias orientales que no se ha dejado de alimentar en toda la etapa de autogobierno.

Hasta la irrupción de Málaga en el jugoso pastel del turismo cultural, a Granada casi le ha valido con sacar músculo de su patrimonio, con contemplar la Alhambra, para deslizarse sin complejos siendo espectadora de la rivalidad entre Sevilla y la pujante capital de la Costa del Sol. Hemos dedicado décadas a lamentar el “centralismo sevillano” y hacer demagogia con el “Sevilla nos roba” -resulta increíble cómo ha calado en la población la idea de que la Alhambra se gestiona y explota a la sombra de la Giralda- sin darnos cuenta que los puntales del desarrollo se disputaban en otra división. En la de las grandes infraestructuras. En las de la modernidad, el desarrollo y la movilidad.

Tardamos demasiado tiempo en darnos cuenta de que engancharnos al mapa español de la Alta Velocidad era una irrenunciable oportunidad de progreso y de transformación. Tanto como lo ha sido el aeropuerto para Málaga y como lo está siendo el AVE para las ciudades que han sido capaces de sortear los incumplimientos de promesas, las demoras y los ajustes de presupuestos.

No habían llegado los 25 años del AVE y de la Expo cuando Manuel Chaves, siendo presidente de la Junta, quiso compensar a Granada con una percha sobre la que colgar inversiones: el Milenio. Se trataba de celebrar los mil años de la fundación del Reino de Granada, pero 2013 era ya un año gafado. Enterrado por la crisis. Y fue un fiasco. Como lo ha sido después la Universiada. Efemérides marcadas por la polémica que ni fueron brillantes en su día ni han dejado un legado que podamos reconocer.

Ahora se ha vuelto a activar el calendario hacia el 2031 con un doble enfoque: la carrera de la Capitalidad Cultural y los cinco siglos de la Universidad de Granada. Pero el interrogante sigue siendo el mismo que hace un cuarto de siglo con la Expo y hace cuatro años con el Milenio: ¿nos conformamos con una buena sesión de fotos o contaremos, esta vez, con una buena cartera de inversiones que garanticen un mínimo reequilibrio territorial y una verdadera transformación en la ciudad?

Hace precisamente 25 años que Granada estrenó uno de los pocos proyectos que han tenido cierto recorrido: el Palacio de Congresos. Lo contamos hoy en el amplio informe que reconstruye aquel 1992 que, en el plano turístico, supuso un impulso al sector sin precedentes. Ese “antes y después” que se nos sigue resistiendo con el AVE.

2015, ¿un año inesperado?

Magdalena Trillo | 4 de enero de 2015 a las 11:01

No siempre el dinero es la respuesta. Hay obras que llevan su ritmo ajenas por completo a las novedades del BOE, proyectos que llegan inesperadamente envueltos en papel charol y anhelos que se revuelven para convertirse en tu peor pesadilla. Les pongo unos ejemplos: la Autovía del Mediterráneo y el AVE, el Centro Lorca y la declaración de Granada como Capital Mundial de las Letras y la extraña carrera de la Alpujarra por ser Patrimonio de la Humanidad.

Aunque siempre he sido consciente de la rutina que arrastran los artículos que despiden y saludan el año , es terriblemente desesperanzador cuando te das cuenta de que no sólo se repite el continente, también el contenido. Granada no sería Granada si no habláramos de agravios y confrontación, de su insolente y pegadiza malafollá y, lamento expresarlo de forma tan descarnada, de esa pesada mediocridad que con tanta nostalgia mira hacia atrás olvidando que el riesgo y la osadía también son un valor.

¿Por qué ocupamos siempre la zona intermedia del ranking? Porque quitando las alegrías casi excepcionales del turismo y asumiendo el lastre que suponen las plusmarcas del paro, en todos los demás indicadores nos movemos en la acomodaticia serenidad del punto medio.

Desde que Granada Hoy está en los quioscos, y vamos ya para 12 años , el proyecto del Metro en la capital, el AVE a Madrid y la inacabada A-7 han formado parte del paisaje informativo y, como habrá podido comprobar, claramente para mal… Hoy, sin embargo, me he propuesto ser constructiva y ¡hasta atrevida! Le propongo un ejercicio de prospectiva… Y que conste que, salvo acontecimientos inesperados , se basa en lo que hoy son promesas -por fin- viables.

Sitúese a finales de 2015 . Mañana lunes madrugará pero no quedará atrapado en el atasco habitual de la Ronda Sur. Se subirá en el Metro en Armilla y llegará a la Estación de Renfe cumpliendo su trayecto con puntualidad británica. Allí obviará los tercermundistas trenes que hasta ahora le llevaban a Madrid y tampoco tendrá que viajar con su coche hasta Antequera para llegar a tiempo; en 2 horas y 45 minutos estará en la capital de España… El fin de semana bajará a la Costa. Lo hará en 40 minutos por autovía. El sábado se escapará a Málaga para hacer unas compras en el Ikea y lo hará también por autovía. El domingo probará en El Ejido el restaurante La Costa con su merecida estrella Michelín y todavía tendrá tiempo de jugar al pádel o darse un paseo por la playa. Antes, el viernes por la noche, habrá asistido al último estreno de teatro programado en el Centro Lorca y seguirá preguntándose por qué hemos tardado media vida en recuperar el legado del poeta…

Al hospital del PTS, el más grande de toda Andalucía, mejor es que no necesite ir para ninguna urgencia pero, si así ocurriera, que sepa que estará a pleno funcionamiento. Ni por fases ni en plan chapuza. Con años  de retraso, como la autovía, el Metro y el AVE, pero estará. Para las próximas navidades también habrá abierto sus puertas el Centro Comercial Nevada y, aunque nadie dude de lo que mejorará la oferta de compras en Granada ni la actividad y el empleo que generará, es difícil asegurar que no le provoque un ataque de nervios con el previsible colapso de tráfico que se formará en la zona Sur de la ciudad. ¡Qué tristeza pensar que, siendo tan evidente, no haya nadie capaz de planificar una salida con unos meses de anticipación! Claro, unos meses antes estaremos demasiado ocupados creando cantera para el deporte del hielo con esa Universiada que tanto sufrimiento está costando sacar adelante. ¿Seguro que no está gafada? Porque el incendio en el Pabellón de Curling de Fuentenueva tenía más pinta de aviso a navegantes que de accidente fortuito… Veremos.

Pensándolo bien, lo menos inesperado  en 2015  será diseñar el escenario de infraestructuras y equipamientos que tanto se ha enquistado en los últimos años  y que tantos titulares fallidos ha hecho publicar. Lo que de verdad da vértigo dibujar es la radiografía política posterior a mayo. ¿Usted ya ha decidido a quién votar? Se equivocan los políticos, yerran las encuestas, cuando diagnostican el ‘pasotismo’ ciudadano. Iremos a votar, ¡claro que iremos a votar! Otra cuestión bien distinta es a quién. El voto urbano, por muchos sondeos internos que manejen los partidos, es una auténtica incógnita. ¿Voto de cabreo? ¿Voto útil? ¿Voto de castigo? La izquierda corre el riesgo de fragmentarse tanto que el escenario de la ingobernabilidad se cierne ya como una espesa niebla sobre decenas de ayuntamientos y, ojo, también sobre la Diputación. El PP tal vez no logre la mayoría absoluta, pero ¿el PSOE tendrá con quién pactar? ¿Calará la campaña del miedo? Apasionante. Informativa y socialmente apasionante.

En el camino, por supuesto, nos habremos dejado más de un quebradero de cabeza. El AVE llegará a Andaluces con una sola vía y en superficie -relegando el viejo proyecto de soterrar las vías en el barrio de La Chana-, ni rastro habrá de esa espectacular estación que diseñó Rafael Moneo dialogando con la Alhambra y Sierra Nevada y poco podremos alegrar a quienes tengan que sacar el billete en dirección Sevilla: las tres tediosas horas a velocidad de tortuga seguirán siendo una pesadilla poco transformable si Susana Díaz no accede ni a ‘pensar’ en la propuesta del PP de activar un ‘plan barato’ por Córdoba… ¡Nos llevaría en 90 minutos! Y, ojo, que al final los desaires y la falta de olfato se pagan tanto como los desaciertos.

Torres Hurtado ya tuvo que lidiar con la ira ciudadana con su propuesta de cambiar la estación del AVE a la rotonda de Europa y todavía está por ver lo que le costará la Línea de Alta Capacidad (LAC). Más de uno en su equipo le recomendó postergar el ‘experimento’ a después de las municipales, pero ya sabemos que el alcalde de la capital es de ideas fijas. Ciertamente, sólo esa voluntad de hierro explica que, después del ictus que sufrió antes del verano, siga empeñado en repetir como candidato con su partido haciéndose más remolón que nunca. ¿No estaría bien recordarles a unos y otros que lo de dedicarse a la política tiene más que ver con servir a los demás que a uno mismo? Y no hablo de corrupción, de degradación ni de estéril confrontación… Para eso ya tenemos las páginas que los medios dedicamos a diario a nuestros ‘ilustres representantes’. Incluidos los de las instituciones más nobles del Estado, la Corona y hasta la Iglesia.

Porque cualquiera recordará por qué Granada salió en el telediario en 2014.… Sí, los curas pederastas ante el juez, el arzobispo intentado lavar los escándalos en casa y el Papa Francisco poniendo orden. Entre rutinas y sobresaltos, lo cierto es que no sé si pedir un 2015  previsible o imprevisible… Elvira Lindo firma el guión de la Vida inesperada  de Javier Cámara en Nueva York y tampoco le fue tan mal. Me pregunto si, por una vez, no estaría bien que Granada se saltara la hoja de ruta, se cumplieran algunas promesas y nos regalara un año  inesperado . Uno de esos que vale la pena contar en los periódicos; uno de esos que vale la pena vivir… y recordar.

La Marca Granada

Magdalena Trillo | 7 de septiembre de 2014 a las 10:30

Granada es capaz de proyectar una imagen excepcional al mundo y de convertirse también en su peor pesadilla. El Mundobasket y la Universiada son el ejemplo. El mismo día que el alcalde saca pecho por el impacto que ha tenido la Copa de Baloncesto –desde el punto de vista deportivo con más de 500 millones de espectadores y, en el plano turístico y económico, ‘tirando’ diez puntos de la ocupación y moviendo entre 25 y 30 millones de euros–, la Federación Internacional de Deportes Universitario (FISU) emite un durísimo comunicado en el que amenaza con llevarse las pruebas de hielo de la Universiada a otro país, exige un plan B porque no se fía de que las infraestructuras se acaben a tiempo y muestra su absoluta perplejidad por que la organización local se niegue a recibirlos: “Es como si un nadador con dificultades rechazara un salvavidas”.

Tan “preocupados” como ellos debería estar la ciudad. Si el Mundial de Baloncesto ha supuesto una promoción “impagable” que ha permitido revalorizar la Marca Granada, y a ello hay que unir el Mundial de Tiro que desde hoy mismo congregará en Las Gabias a casi 3.000 participantes de 93 países, en menos de cinco meses los juegos universitarios de invierno pueden transformarnos en un escaparate del despropósito a escala mundial.

La gala inaugural es, teóricamente, el 4 de febrero y por el camino ya nos hemos quedado sin las pruebas de esquí nórdico y biatlón –hasta nos vapulea la FISU asegurando que Eslovaquia ha realizado un “trabajo colosal”–, Antequera ha estado a punto de dejarnos sin patinaje y ahora se compromete todo el programa de hielo. El organismo que promueve el campeonato sentencia que lo único que está garantizado en Granada es el esquí alpino y el snowboard en Sierra Nevada, de modo que el segundo ‘exilio’ de pruebas lo podríamos conocer en menos de tres semanas cuando tengamos que recibir a delegados de 25 países y debamos explicarles en qué punto está el proyecto.

Expectativas mal enfocadas. O proyecto gafado. Ahora que estamos poniendo de moda los ‘frentes unidos’ y las coaliciones, de todos contra todos, deberíamos impulsar a nivel local una gran alianza contra la mala suerte y la maldición. El PP está convencido del “castigo” que Granada ha sufrido en 32 años de autogobierno “por culpa” del centralismo sevillano y la desastrosa gestión de los socialistas en la Junta.

Se podría discutir mucho sobre las responsabilidades, pero para constatar la realidad del “agravio” –¿inoperancia? ¿incapacidad de gestión? ¿falta de ambición?– no hay más que salir a la calle para toparse con la puerta cerrada del Centro Lorca, subirse en uno de los trenes tercermundistas que hacen parada en Andaluces bajo el implacable reloj del progreso que nunca sabremos bien cuándo dejó de latir, ver los matojos secos crecer en el solar que debía albergar el Teatro de la Ópera o seguir la estela del césped abandonado de los raíles del Metro hasta llegar a la dormida mole del hospital del PTS. La mayor infraestructura sanitaria que se está construyendo en Andalucía y el mayor símbolo, también, de los excesos de la crisis.

Llegan las elecciones y parece que por fin se van a ‘atrever’ a abrirlo, pero por fases y sin que aún hayan sabido explicarnos (ni a los ciudadanos ni a los propios profesionales que se oponen a la fusión de hospitales) a dónde tendremos que ir para según qué urgencia ni cómo nos vamos a mover en una zona que hoy es incapaz de absorber el tráfico de un día cualquiera y, en medio año, tendrá que dar salida a los usuarios de un megahospital, a los clientes de un nuevo complejo comercial (si nos guiamos por cómo proliferan las palmeras, el Nevada no tardará en abrir) y a miles de estudiantes y profesores de la Universidad.

Pero no crean que éste es el debate. El conflicto ahora es por el nombre del hospital. La Junta ha impuesto el nombre de Alejandro Otero y el PP quiere que se llame Federico Olóriz… ¿De verdad que es aquí donde se van a ‘emplear’ nuestros políticos en los próximos meses? No sé de dónde viene el agravio y no sé quién nos castiga más pero si queremos revalorizar la Marca Granada vamos a necesitar mucho más que un Mundial de Basket.

Dice Clint Eastwood que “siempre hay un momento en el que nadie cree en ti”. El desafío al que se enfrentan los políticos es impedir que ese momento sea irreversible. O eterno.

Por vergüenza torera

Magdalena Trillo | 5 de enero de 2014 a las 10:42

2014, año del despegue. Con este título publicamos hace unas semanas un artículo situando los grandes proyectos que se acumulan en el calendario: puesta en funcionamiento del Metro, finalización de la A-7, desbloqueo ‘definitivo’ de las obras del AVE, estreno del Centro Lorca, apertura del hospital del PTS… Puede que para los políticos no deje de ser un nostálgico festín de inauguraciones pero para usted, para Granada, será vital porque se trata de recuperar la política con mayúsculas. La política que tiene que ver con el servicio público, con el bien común, con la mejora de nuestra calidad de vida y nuestro progreso como sociedad. De eso se ha tratado siempre: de elegir personas competentes y capaces dispuestas a renunciar a sus ambiciones, a su egocentrismo y a su egoísmo, para servir a los demás.

No es un discurso fácil por muchos síntomas de recuperación que estemos dispuestos a ver al sexto año de crisis y, desde luego, no ayuda el cáncer de corrupción que se ha instalado en nuestra sociedad y que se ha ido destapando a medida que han ido mermando las posibilidades de inversión pública y se ha incrementado la vigilancia del gasto del erario. Pero no todas las razones que se acumulan en los retrasos y fracasos de estos años son achacables a la economía. Con o sin crisis, hay una virtud tremendamente barata de la que hablamos poco y practicamos menos: la voluntad. La voluntad de hacer las cosas bien. La buena voluntad sobre la que tanto reflexionó Kant. Un dogma efectivo y laico que nos llevaría a Confucio -no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti-, nos haría perdernos con Shopenhauer -ni siquiera el ser humano es libre de querer lo que quiere- y nos permitiría reencontrarnos con el Kant más pragmático que invoca Victoria Camps en su reciente Breve historia de la ética: “No sabemos si somos libres, pero creemos que lo somos y eso nos convierte en responsables”.

Voluntad y responsabilidad. Tal vez resulte poco apropiado recurrir a la filósofa catalana en estos tiempos de desafíos patrióticos, pero siempre me ha parecido una de las pensadoras españolas más sólidas y coherentes. Desde sus Virtudes públicas y El siglo de las mujeres hasta el premiado El gobierno de las emociones. Desde que le leí confesar en una entrevista que se había sentido “utilizada” durante su etapa como senadora del PSC -enseñaba ética y era mujer…- y no temblaba al arremeter contra las listas electorales que incorporan muchas mujeres dando un salto cuantitativo -márketing de partido- pero no cualitativo. Precisamente se refería Victoria Camps a las “consecuencias” de la ejemplaridad -la pública y la individual- introduciendo un concepto que yo le acabo de aplicar a ella y que está estrechamente ligado a esos principios de voluntad y responsabilidad de los que hablábamos: la coherencia.

No lo piense en abstracto. El plano de las ideas y las virtudes en el que parece que nos movemos no está tan lejos de su realidad. Aplíquelo, por ejemplo, al feminismo y preguntémonos por qué las mujeres más en el centro del PP, las que llevan años intentado romper el tópico de que sólo desde la izquierda se entiende y se trabaja por la igualdad, callan ahora contra la Ley Gallardón del aborto cuando incorpora medidas contra las que se habían posicionado abiertamente. ¿Celia Villalobos no tiene “nada que decir”? ¿Disciplina de voto contra tus propios principios?

Pensaba también esta semana en la voluntad, la ejemplaridad y la coherencia a cuenta de la Universiada. En mayo hará un lustro desde que Bruselas designó a Granada como sede de los Juegos Universitarios de Invierno de 2015 y, sinceramente, lo único que hemos conseguido en este tiempo es sumar decepción tras decepción a los recelos iniciales. Les reconozco que ni entonces ni ahora tenemos muy claro en el periódico que la proyección deportiva sea de calado y mucho menos su impacto en la ciudad. Menos aún con una competición desinflada que ha ido dejando por el camino el revulsivo en infraestructuras prometido, que se ha quedado sin presupuesto y que ha tenido que renunciar a la mitad de las pruebas. Pues a un año de la celebración vivimos una nueva estampida. Como imaginarán, la razón que alega Aurelio Ureña, su ya exconsejero delegado, es constructiva -siempre es por el ‘bien’ de lo que se deja- y nada tiene que ver con sus intereses y expectativas personales…

Son otros los motivos y conflictos que a mí me cuentan pero, en todo caso, de lo que estoy segura es de que la Universiada ni es un proyecto que les vaya a afectar a sus vidas (no digamos ya mejorar) ni en este punto es ya capaz siquiera de ilusionarnos. Aun así, confieso abiertamente que me parecería frustrante para Granada (para sus políticos y para nosotros) que, después de tanta penalidad y tantas ‘rebajas’ por el camino, acabemos tirando la toalla y tengamos que reconocer (al mundo y a nosotros mismos) que somos incapaces de organizar unos juegos universitarios de poca monta. Me aseguran que todavía hay margen y que ya hay algún nombre en la recámara para salvar la cara. Dinero no hay, pero pongamos voluntad. Personal y colectiva. Olvidémonos si quieren de la filosofía, de la ética y hasta de la moral. Pero no acabemos otra vez en fracaso. Aunque sólo sea por imagen. Por coherencia. Por vergüenza torera.

Cosas de Granada

Magdalena Trillo | 14 de abril de 2013 a las 10:41

La frase “las cosas del alcalde” con que más de uno -de la bancada de la oposición, pero también de la propia- zanja las ‘salidas’ incómodas de Torres Hurtado se queda corta para ilustrar ese punto de irreversible bloqueo que arrastra cada iniciativa ambiciosa que se pone en marcha en Granada. No es fatalismo; son datos y fechas. AVE, Milenio, Universiada… Repaso las hemerotecas y encuentro material más que suficiente para montar una exposición. Pero de carocas en Bib-Rambla. De la denuncia al despropósito. De lo cómico al esperpento.

La obcecación en exceso, digámoslo así, siempre ha sido una dificultad para negociar; pero no sólo las posturas encontradas y la falta de dinero congelan los proyectos. Vayamos por partes. La idea de ubicar la futura estación del AVE en el Cerrillo de Maracena no deja de responder a un viejo convencimiento de Torres Hurtado sobre el uso que debe darse a los terrenos de Andaluces: un gran parque y, por qué no, algún que otro pisillo. Tendremos tiempo de comprobar si hay detrás un “pelotazo urbanístico”, pero no debería sorprendernos que el alcalde, en cuanto ha tenido una excusa tan elocuente como el “no hay dinero” del Ministerio, haya querido tumbar el proyecto de Moneo que tanto cabreo le suscitó en su día y recuperar ‘su’ modelo de ciudad.

Digo el suyo porque aún no sabemos si su partido opina lo mismo y mucho menos Madrid. Es la vertiente más oscura del Pacto de Granada que hace un mes impulsaron Teresa Jiménez y Sebastián Pérez para sacar de la batalla política infraestructuras y proyectos vitales para el desarrollo de la provincia y que esta misma semana se ha puesto en marcha con las primeras reuniones de las mesas técnicas. Siendo tremendamente positiva y, conociendo la buena fe de todas las personas que se hicieron la foto, me atrevería a pronosticar que habrá resultados. Y pronto. Pero con una gran duda: ¿tienen capacidad de decisión, y de resolución, las personas que se han sentado a negociar?

Mi optimista lista de consensos.

Uno: Granada merece un AVE de primera, que esté operativo en 2014 y que nos lleve a Madrid en tres horas y media. ¡Por unanimidad! ¿Pero sabemos qué dice Ana Pastor -y sus técnicos- sobre la variante de Loja y sobre la nueva estación del alcalde? ¿Alguien recuerda algún caso de Torres Hurtado rectificando?

Dos: acabar la obra del Centro Lorca y abrirlo al público antes del verano. ¡Por unanimidad! ¿Pero se puede acordar cómo se paga el sobrecoste y cómo se va a financiar cuando se ponga en marcha en un foro en el que no está ni la Consejería ni el Ministerio de Cultura?

Tres: hay que resolver todas las dificultades técnicas para que se celebre la Universiada. ¡Por unanimidad! ¿Y el lío de La Ragua? ¿Se adapta el Parque Nacional a las exigencias de la competición? ¿Podemos solucionar desde aquí que el plan B, Candanchú, esté en quiebra?

Cuatro: impulso al Milenio como la gran oportunidad de progreso para Granada. ¡Por unanimidad! Y así fue en 2007 cuando lo anunció Chaves imaginándose ya montado en el AVE para la inauguración…

No voy a negar el valor de la colaboración (para hacer política, para gobernar, lo primero es saber qué se quiere hacer, cómo y contar con todos los actores necesarios), no querría pecar de escepticismo (son catorce los temas que se están abordando y no todos tienen el mismo nivel de dificultad) y tampoco voy a minusvalorar la importancia del consenso (dados los precedentes de incomunicación, el simple hecho de que los dos grandes partidos estén dispuestos a negociar es ya un tremendo avance). Sin embargo, hay dos cuestiones que me preocupan: la fiebre por el pacto que se ha instalado como supuesta fórmula mágica para resolver todos los problemas y la enorme distancia que seguirá separando la foto del acuerdo de la realidad. En Andalucía ya se han alcanzado dos valiosos pactos por el turismo y la cultura -con la implicación de todo el sector-, pero nada sabemos aún de memorias económicas y recursos para llevarlos a cabo y, mucho menos, de cómo se ha pensado lidiar con Madrid…

Prefiero el pacto al decreto ley pero prefiero, por encima de todo, el pragmatismo y la eficacia. Ni puede seguir gobernando en España el Constitucional ni podemos seguir quemando con falsas expectativas la poca confianza hacia la política que nos queda. Por eso pregunto: ¿compromete al bipartito de la Junta lo que aquí decida el PSOE de forma bilateral con el PP? ¿Hay alguien en Granada, en el PP, en sus instituciones que realmente tenga línea directa con el Ministerio y sepa qué quiere hacer con el AVE? Cosas del alcalde, cosas de Granada.

Líneas rojas

Magdalena Trillo | 25 de noviembre de 2012 a las 9:22

En China puedes comprar un niño por 23.000 euros; las mafias de Malasia, Camboya o Filipinas los roban para los pederastas y los sitúan en el mercado a 6.000. En Asia hay jóvenes dispuestos a dejarse extirpar un riñón por 2.800 euros para conseguir un iPhone; Wang lo hizo con 17 años y aún puede embolsarse los 2,27 millones de yuanes de indemnización que su abogado reclamó este verano en el juicio. Al día siguiente de la operación ya sufría problemas renales. En España el Gobierno quiere ‘vender’ permisos de residencia a los extranjeros que compren casas de más de 160.000 euros y nos asustamos… Irlanda lo practica desde marzo exigiendo una inversión privada de 500.000 euros, Italia recompensa a sus extranjeros ‘ricos’ con un visado de 5 años, en Estados Unidos es una tradición y Portugal lo acaba de implantar para quien inyecte en el país un millón de euros, adquiera una propiedad de medio millón o monte una empresa que genere al menos 30 puestos de trabajo.

Reconozco que es preferible seguir pensando que vivimos en una ‘economía de mercado’ que admitir que somos nosotros mismos los que nos hemos puesto en venta. Atravesando todas las líneas rojas que hasta ahora habían protegido esta sociedad de libertades y derechos que habíamos construido sobre los débiles pilares del sistema democrático. Siglos de luchas ha costado defender que la igualdad, la salud, la educación o la justicia son un derecho, no un privilegio, para terminar dándonos cuenta de que son mercancía. Porque no vivimos en una economía de mercado; vivimos en una sociedad de mercado.

Y de cloacas. Los catalanes están llamados hoy a votar en las urnas entre dos nacionalismos que han arrastrado la campaña electoral entre la inmundicia del fango. De las instituciones a las fuerzas de seguridad; de la política a los periódicos. Con calumnias, medias verdades y manipulaciones que han terminado desmontando todos los diques de contención de la ética y la decencia profesional. En Andalucía, el vergonzoso dictamen de los ERE ha venido a confirmar lo que se temía: que las comisiones de investigación son un fraude y que nadie en este país está dispuesto a asumir un mínimo de responsabilidad política. Cerramos diez años de saqueo a la Administración utilizando como cabeza de turco a un ex director general aficionado al gin-tonic. No se entiende ni en las bases socialistas. Tomo prestada la reflexión de un amigo: ¿qué sabrá el ex consejero Viera, qué poder seguirá teniendo, para que no se haya producido (sugerido) ya una dimisión honrosa?

De Cataluña a Andalucía, los ejemplos empiezan a ser ya demasiados. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por una victoria? ¿A qué saldo permitimos que cotice la política? ¿Y un sillón en el Senado? ¿Y un titular de portada? ¿Y un bastón de mando? Si nos quedamos en Granada, basta comprobar cómo el despropósito se ha contagiado esta semana de Santa Fe a Armilla. Y con la inevitable conclusión de que todos son iguales, porque el guión que están siguiendo socialistas y populares es parecido pero a la inversa: en los dos municipios ‘gobierna’ la oposición, en los dos casos son los tránsfugas los que marcan el paso y, lamentablemente, el horizonte es igual de sombrío para los dos ayuntamientos. Santa Fe pidiendo al Gobierno que autorice elecciones anticipadas y Armilla viviendo el día después de una moción de censura frustrada por la intervención de un juez. Podríamos baremar quiénes tienen más o menos responsabilidad pero el paisaje final es idéntico: bloqueo, desgobierno y estupor entre los ciudadanos. ¿Para esto vamos a votar?

Ni siquiera las aspiraciones se escapan del macabro juego de los mercados. Tal vez haya parte de conformismo, pero mucho más de desilusión. Contamos hoy cómo, al mismo ritmo que ha ido subiendo el paro, bajando las inversiones y creciendo los recortes presupuestarios, se “ha ido desinflando” esa Granada del futuro que debía compensar décadas de agravio. La ‘percha’ del Milenio se tambalea sin que sepamos aún muy bien qué quería ser de mayor y, si nos despistamos, Granada celebrará su Universiada en Candanchú. Sumen todas las decepciones que quieran. Hasta la esperanza cotiza a la baja. Sin saber aún muy bien si “lo peor” ya ha pasado como dice Rajoy o “está por llegar” como intuye Griñán, 2013 amenaza con deslizarse en el calendario entre nubarrones de consecuencias inciertas y, lo más preocupante de todo, ninguna línea roja que cruzar.

Salvemos al CB

Magdalena Trillo | 11 de diciembre de 2011 a las 11:07

Nunca he escrito un titular con tanto escepticismo como hoy. Las razones son dos: la primera, las numerosas circunstancias que han terminado confabulándose para llevar al Club Baloncesto Granada a su actual estado de inanición; la segunda, aquí invoco cierta subjetividad, una creencia sobre los principios y los finales que, sin tener nada que ver, no hace más que recordarme a los socialistas. Me refiero al Ave Fénix y a las cenizas. Pienso en aquello que decía Arenas sobre el “suelo” y el “techo” de los dos grandes partidos y aplico la teoría de máximos al deporte: a veces, la única salida (¿final?) es la desaparición. Volver a empezar. La refundación.

El cuadro nazarí está en una de esas ‘veces’ y la única duda, como en el PSOE, es dónde está el suelo. Fue la crisis (más económica que deportiva), fue la irremplazable marcha de José Julián (el día después ha sido caótico y nefasto), fue la caída a la LEB y el consecuente ocaso mediático, fue el ‘talibanismo’ del fútbol con la arrolladora subida del Granada CF a Primera, fue la progresiva retirada de patrocinios (privados e institucionales), fue la inevitable fuga de jugadores y es, resultado de tantos despropósitos, la situación de “desamparo” que la directiva entonó el pasado lunes para anunciar la liquidación del equipo a final de temporada.

Puestos a salvar, sólo se ‘salva’ la afición. La de verdad; no la que ha cambiado el Palacio por los Cármenes ni la que se queda en casa para no sufrir más. Se salvan los que han estado días movilizados en las redes sociales lanzando un pulso para llenar este viernes el pabellón con mensajes de apoyo a los jugadores y rotunda pitada a quienes han dejado “morir” al equipo. Se salvan quienes, después de la enésima derrota, siguen planeando en facebook y twitter cómo recaudar fondos para el club… ¿Una carrera del euro?

El CB Granada se enfrentaba al Lobe Huesca. Como escribía Juanjo Fernández en la previa del partido, era “un papelón”: el desafío era jugar “con la cabeza alta” si pensar en el anuncio de la liquidación de la entidad ni en la advertencia de que los pagos a técnicos y jugadores sólo están garantizados hasta febrero. Fue, sin embargo, un velatorio. Una “derrota estrepitosa”, nos contaba Pablo Quílez. Desolación.

Salvo que aparezca un jeque aficionado al baloncesto, algo masoca y con tendencia suicida al riesgo, el equipo vive sus últimos días. CajaGranada y Caja Rural han dado la estampida (no entraremos en las razones de unos ni en las equivocaciones de otros) y el Ayuntamiento ha confirmado que no puede apoyar con financiación directa al club (la ciudad se había convertido en el principal patrocinador). De momento, ni siquiera puede afrontar los 900.000 euros pendientes de abonar de 2010 y alega el alcalde que, con la aportación del Palacio y la explotación del Pabellón Veleta, contribuye “todo lo que puede”. Pero si las arcas municipales renquean, las cuentas del CB asustan: de los 1,2 millones presupuestados sólo hay garantizados unos 480.000…

Lo paradójico es que es la ciudad de Granada la que quiere ser sede del Mundial de Baloncesto en 2014. Imagínense. Justo veinte años después de la constitución del CB en sociedad anónima, Granada acogerá un Mundial sin equipo de baloncesto local. Oficialmente no lo desvelan, pero me cuentan que el coste del canon podría llegar a los 4 millones y que, incluso, podría estar barajándose la opción de que la capital renuncie a los partidos de la selección española para pagar (sólo) dos millones. ¿Un Mundial en Granada sin Gasol, Rudy Fernández y Ricky Rubio? ¡Mejor nos vamos todos a verlo a Málaga!

Más paradojas. Uno de los proyectos clave de la Universiada de 2015 es el pabellón de hielo, un edificio que ya se ha previsto levantar en la zona norte. ¿Para qué se va a utilizar el Palacio cuando no tengamos equipo de baloncesto? ¿Para la temporada de macroconciertos que tampoco podemos pagar? ¿Lo abandonamos? ¿Especulamos con bloques de pisos? ¿Por qué no se cubre de hielo y se utiliza para el Mundial?

Conjeturas. Impotencia por ver otro ‘histórico’ proyecto en el túnel fúnebre de esta “difícil ciudad”. Nostalgia por ver desaparecer a un equipo que vimos jugar en la ACB. ¿Volverá?

Universiada, ¿por qué no?

Magdalena Trillo | 9 de octubre de 2011 a las 8:28

En el Centro Lorca aún no sabemos en detalle ni cuánto dinero falta para terminar el edificio. La comisión técnica ha concluido esta semana el informe prometido pero no se dará a conocer hasta que se presente al Consejo Rector; de momento, sin fecha. Las obras del Metro siguen empantanadas y la financiación se complica ahora un poco más: la Junta no puede avalar el crédito de 260 millones que iba a ‘salvar’ la infraestructura y sólo queda la esperanza de ver reflejados en sus presupuestos de 2012 los 130 millones que exige Europa para liberar la inversión. Mientras tanto, malabarismo financiero y desesperación.

El AVE, por más que ajusto los plazos, no logro verlo en Granada en 2013 como quieren los socialistas. Como mínimo en 2014 y, por supuesto, sin estación. Más aún cuando el Ayuntamiento ya ha advertido que no va a seguir acudiendo a reuniones para hacer el “paripé” y que esperará a que Rajoy gobierne en Madrid y Arenas en la Junta para resolver sus grandes proyectos. No obviaré que esta misma semana Fomento ha adjudicado el primer tramo de la variante del AVE por Loja y que la Junta ha aprobado una partida de 30 millones para el Metropolitano. Pero seamos realistas; no es suficiente. Sólo falta que Bruselas anuncie oficialmente que el Corredor Ferroviario no pasará por la Costa de Granada para sumirse en la depresión. Aunque parece difícil, aún queda la esperanza de que no se quede en Cartagena –como filtraba esta semana un diputado de CiU– y llegue hasta Algeciras pasando por el interior de la provincia. Sería, al menos, medio fracaso.

Si a la radiografía de grandes proyectos enquistados sumamos los retrasos de la A-7, recordamos que el Teatro de la Ópera ya duerme el sueño de los justos, que la crisis ha cortado las posibilidades de inversión millonaria que prometía el Milenio, sólo nos queda llorar. O rezar.

Como soy optimista y algo escéptica con las intercesiones divinas, no voy a hacer nada de ello. Busco un resquicio de ilusión y, cosas de la vida, lo encuentro en la Universiada. Los culpables tienen nombre: Aurelio Ureña y Pablo Luque. Me han convencido. ¿Síndrome de Estocolmo? Tal vez. Después de dos horas de conversación, y de someterlos al tercer grado (informativamente hablando), me pongo la camiseta.

Aparte de fotos de familia y buena voluntad, pocas realidades se han logrado en los dos años que ya han trascurrido desde que Bruselas designara a Granada como sede de la competición. La vuelta del verano sólo ha traído malas noticias: la escandalosa pérdida de una subvención europea, el retraso en el pago del canon exigido por la FISU y la dimisión del hasta ahora consejero delegado, Francisco Sánchez Montes. Siendo sincera, la situación era tan crítica que el titular que esperaba para noviembre (fecha clave porque termina el plazo para pagar las cuotas) es que la Federación se replanteaba la designación y buscaba otra ciudad para acoger los juegos.

Ahora creo que hay una oportunidad. Está difícil, muy difícil, pero hay margen. Hace veinte días que Ureño y Luque se pusieron al frente del proyecto y no me pregunten cómo pero, a pocas semanas del 20-N, ya se han reunido con los interlocutores directos de las cuatro administraciones organizadoras y ya están viendo sobre planos cómo “redimensionar” la Universiada para garantizar la celebración de las pruebas con el menor coste posible (reorientando las infraestructuras previstas para que sean un legado deportivo viable para la ciudad y explotable para la iniciativa privada) y cómo lograr que tenga el mayor impacto posible en la generación de riqueza en la región y en la proyección de Granada como destino turístico y deportivo de primer nivel.

Parten con cierta ventaja: al margen de penalizaciones, es a nuestros políticos a quienes ya no les queda margen para asumir el ridículo y la imagen de incompetencia que supondría otro fiasco. De momento, la Universiada es el único acontecimiento deportivo internacional que hay convocado en 2015. No es el Mundial de Fútbol, no nos sacará de la pobreza ni será la solución para los cien mil parados granadinos, pero es lo que hay. Por qué no empezar creyéndonoslo.