Moraleja del delegado que nunca fue

Paco Sánchez Múgica | 10 de abril de 2011 a las 10:45

Bermúdez acaba el mandato como debió empezarlo: responsable de Hacienda; la diferencia es que ha sido Cabaña quien le ha dado un cargo que recomendó a Sánchez que creara para evitar el desgaste de la crisis

PARADOJAS de la política, en el mandato de la crisis, el Ayuntamiento de Jerez no ha tenido responsable político alguno que defendiera la voz del gobierno municipal del PSOE. Por defecto, la alcaldesa, Pilar Sánchez (casi siempre a pecho descubierto en sus exposiciones públicas) ha tenido que dar la cara una y otra vez ante la casi infinita espiral de problemas económicos que se han ido acumulando a la puerta de su despacho. Si hubiera que dividir su desgaste en porciones, una de las causas claves de esta continua erosión se la llevaría esta circunstancia. A mediados de legislatura, su jefe provincial (ojo, su archienemigo), Francisco González Cabaña, le hizo una recomendación de amigo: “No puedes exponerte tanto a los problemas, lo suyo es que cuentes con un delegado de Economía que dé la cara ante lo que más quema en este tiempo a un gobernante”, bien pudo decirle en aquella reunión en San Antonio el secretario general del PSOE en la provincia. Sánchez no era ajena a esa necesidad, pero Cabaña hizo que lo repensara otra vez. Pidió a su teórico hombre fuerte del gobierno, Casto Sánchez, que asumiera la encomienda, pero éste replicó ser hombre de letras. Y como Santo Tomás, Pilar pensó: ‘Teme al hombre de un solo libro’. Apartó a Casto de su núcleo de máxima confianza (aunque siguió escuchando sus consejos de cuando en cuando) y asumió que tendría que seguir batiéndose el cobre ante empleados municipales, proveedores, acreedores, asociaciones… En suma, ante todo el que llegase al Ayuntamiento reclamando ‘y de lo mío… ¿qué?’ No consiguió (o no quiso conseguir) que nadie diese la cara por ella en el tema que más le desgastaba y le desgasta: lo económico. Se hizo de un cerebro en la parte técnica que le ha sacado mil castañas del fuego, al que nombró director general de Política Fiscal y Financiera, Cornelio Vela, pero nunca dispuso de un valido dispuesto a quemarse por ella ante las abrasadoras llamas de la recesión económica. Y no lo tuvo porque no quiso. ¿Y por qué no quiso? Porque no quiso confiar en quien tuvo su confianza en los últimos dos años de la anterior legislatura: Juan Manuel García Bermúdez. Ella pensó que le era desleal, que se había aliado con sus críticos; él pensó que le infrautilizaba. La relación se rompió. Responsable de los asuntos económicos en el PSOE jerezano desde 2003, entre 2005 y 2007 fue el hombre fuerte de Sánchez, responsable de Economía y Hacienda, el negociador del pacto de gobierno con el PSA, su ideólogo, su consejero y fontanero fiel. Desde la mayoría absoluta, García Bermúdez asumió Recursos, Seguridad, Movilidad y quedó relegado a sólo ejercer como portavoz económico socialista en los plenos. Mes tras mes, las relaciones con la alcaldesa fueron deteriorándose (por diferentes motivos difícilmente enumerables), hasta el punto de ser despojado de sus competencias y vivir sin cartera municipal. Finalmente, ultrajado, quemado, en octubre de 2009 dimitió como portavoz de una portavocía que no funcionaba, con la que no se contaba. También perdería la cuarta tenencia de Alcaldía y, finalmente, pasó como edil residual a ser nombrado delegado municipal de Turismo, cargo que ha venido ejerciendo desde abril de 2010 hasta la fecha. Y aquí llega una nueva paradoja de la política, Juan Manuel García Bermúdez, cuya buena labor en Turismo es ahora valorada hasta por los fieles pilaristas que aborrecen a los críticos (entre los que decidió integrarse), acabará el mandato como quizás debió empezarlo: como responsable de Hacienda. Paradojas de la política, tras la dimisión de Pizarro y el nombramiento de esta misma semana de Francisco Menacho como consejero de Gobernación (sí, ya saben, la bronca entre Griñán y el ‘chavismo’), Bermúdez será responsable de Hacienda en Diputación. Diputado de Cabaña, el hombre que aconsejó a Pilar Sánchez que se parapetase ante la crisis, que nombrase un delegado de Economía capaz de dar la cara por ella. Un buen consejo, paradójicamente, de uno de sus grandes enemigos. Como Antonio Fernández, el hombre que le susurró al oído allá por 2007 que Casto no le funcionaría como ‘número 2′. Moraleja final: hay que tener cerca a los amigos y hay que tener mucho más cerca a los enemigos. Quizás en otro mandato.

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