Y el pueblo quitó a Pilar Sánchez…

Paco Sánchez Múgica | 29 de mayo de 2011 a las 11:31

El 22 de mayo ha dado la razón a una parte del PSOE que realizó intentos (estériles) por cambiar el desastre que se avecinaba: un despilfarro electoral de manos de Sánchez de más de 32.300 votos en sólo cuatro años

CADA vez que alguien le preguntaba por la situación de la ciudad, respondía lacónico: “A los alcaldes (y alcaldesas) los quita el pueblo”. La sentencia, repetida hasta el hartazgo y como un mantra por el líder regional del PSOE, José Antonio Griñán, ha resultado ser lapidaria a la vista de lo ocurrido hace una semana, en las pasadas municipales del 22-M en las que el PP de García-Pelayo ha barrido todo rastro de pilarismo (esa mezcla de proyecto unipersonal y Partido Socialista que fue capaz de ganar dos municipales y dos congresos locales del partido) en la ciudad. Son muchos los socialistas que susurran estos días por los rincones eso de ‘ya os lo avisé’. Y es cierto que no se trata de ese tipo de frases oportunistas a toro pasado, aunque alguno ya haya querido dar un paso al frente públicamente erigiéndose ahora en guía de la renovación en el momento más inoportuno, cuando lo que toca es digerir y meditar. Al contrario. La realidad, tozuda como es, dicta que el desastre que se avecinaba se advirtió de todas las maneras posibles, en Cádiz, en Sevilla, en Madrid… “Jerez no va bien, necesita un revulsivo, Sánchez resta a una marca ya de por sí muy deteriorada por la crisis”. Hubo informes, dossieres, ‘expedientes Jerez’… Nada de eso sirvió. Se agotaba el tiempo y las posibilidades de convencer a Pilar Sánchez de que debía dar un paso al lado. El momento clave fue el verano de 2010, con todo preparado para dar sitio al relevo que representaba Mamen Sánchez. La diputada significaba la gran opción real que quien más y quien menos aplaudía. “Te marchas con un buen puente de plata y con tu hoja de servicios intacta, con los mejores resultados del PSOE en Jerez y habiendo desterrado a Pacheco de la ciudad”, bien pudieron decirle a la gran derrotada del pasado domingo. Nada de eso sirvió y en la zona noble del partido nadie volvió a mover un dedo. Como si no importase la quinta ciudad de Andalucía, uno de los últimos bastiones del partido del puño y la rosa en la región. A pesar de todo, el bombardeo de informaciones negativas procedentes de Jerez aquí y más allá de Despeñaperros era constante. Lo sabían Zapatero, Rubalcaba, Blanco, Chaves, Griñán, Pizarro… Todo el PSOE desde Benalup a la madrileña calle Ferraz sabía que lo de Jerez era una cuesta abajo sin frenos. Con un partido caníbal despedazándose en los medios, con un aislamiento cada vez más acusado, con un estallido social en aumento (interesado y manipulado, pero sólo en algunos casos), que llegó a sus puntos álgidos cuando la alcaldesa suspendía su agenda ante las protestas o acudía a actos públicos con un escuadrón de agentes de Policía y escoltas… El estado comatoso de las arcas municipales tras años de titubeos en decisiones clave, el humo de los titulares y los proyectos paralizados o directamente enterrados, y, por encima de todo, la brecha brutal entre el equipo de gobierno liderado (por decir algo) por Sánchez y la calle, los vecinos, los colectivos, terminó por llevarse por delante los logros históricos de una mujer con muchos defectos de gestión y formas, pero también con virtudes que han quedado solapadas por un vuelco electoral histórico. “Jamás se había dilapidado en tan poco tiempo tamaño caudal de votos”, llegó a augurar más de un veterano político cuando aún faltaban meses para la cita electoral. De las 33 elecciones celebradas en Jerez desde la restauración democrática, nunca antes el PSOE había cosechado peores resultados que los del pasado domingo. El análisis posterior es que el fracaso de Sánchez ha sido decisivo en la pérdida de Diputación y en cuatro años han volado por los aires la friolera de 32.313 votos, un 225% menos de sufragios que los contabilizados en las municipales de 2007. ¿Hubiera servido de algo cambiar a la cabeza de lista? Ya es tarde para saberlo. A Pilar Sánchez la ha quitado finalmente el pueblo, como parecía querer Griñán, que no dudó en utilizarla como ariete contra Cabaña, pero que al tiempo negó el pan y la sal a Jerez y a su alcaldesa, a sabiendas (se entiende) de que aquí ya había poco remedio. Ni el pollo con tomate ni la operación Fustegueras, maniobra in extremis para descabalgar a Sánchez desbaratada tras ser destapa por Diario de Jerez, impidieron finalmente que el pueblo hablara con demoledora rotundidad en las urnas. Y su dictado fue inapelable.

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