Hijos de Heracles

Agustín Velasco | 9 de marzo de 2010 a las 14:09

hijos de heracles

Las fuentes históricas para el estudio de la historia de la gloriosa Esparta ofrecen muchos problemas de coherencia, tanto en cronología como en la real existencia de personajes que son determinantes para la comprensión del carácter y las señas de identidad del pueblo espartano. Por ejemplo el célebre Licurgo al que se atribuye hacia el año 800 a.C. la revolución legislativa que dio forma a los órganos de gobierno de esta polis griega creado el eforado y la educación militar de los infantes espartanos. Sin embargo hay historiadores que ponen en duda la realidad de la figura de Licurgo, empezando por el propio Plutarco, que ya ponía en cuarentena todo aquello que se conocía de él.

cubierta[1]

  • Título: Hijos de Heracles. El nacimiento de Esparta
  • Autor: Teo Palacios
  • Editorial: Edhasa
  • Páginas: 319
  • Precio: 19 € 

La apasionante novela Hijos de Heracles (Ed. Edhasa) de Teo Palacios parte de la hipótesis que niega la existencia real de Licurgo y atribuye buena parte de sus logros al rey Teopompo, uno de los protagonistas tangenciales de esta narración. Pero la novela de Palacios no va sobre este rey, sino sobre su hijo Anaxándridas, y la narración comprende desde su nacimiento bajo el auspicio de Ártemis que bendijo el alumbramiento con una estrella fugaz que dejó clara sus intensiones, a la muerte de su padre y su ascensión al trono de la Casa Agíada.

Anaxándridas nace para ser el sucesor de Teopompo pero pronto se convierte en su gran decepción. La obsesión de Teopompo por tener un hijo digno es la que abrirá la caja de Pandora y hará que Anaxándridas pase toda su vida buscando la aprobación de su padre, las expectativas desplazadas a su hermano Arquidamo hará que el odio más profundo haga presa en él, y su madre, Tira, se sumirá en una espiral de reproches que minará su matrimonio.

Más allá del relato histórico en que se saborean las costumbres espartanas y su estilo de vida de la forma más cruda, hay que resaltar la habilidad del autor para adentrarse en la psiquis de los personajes y traspasar el velo de lo que fácilmente podría convertirse en el cliché del espartano. Un buen trecho de la historia se desarrolla en la agogé donde los niños pasan a ser hombres y guerreros, y justamente en esa edad es donde Teo Palacios mejor trabaja los personajes, sumiendo a los chicos en esa nebulosa corrientes de sentimientos que provoca ser sometidos a verdaderas torturas siempre justificadas por el sentido patriótico y el deber para con el pueblo. Esta novela que es capaz de hacer aflorar sentimientos de ternura y simpatía para con un pueblo de crueldad y honor a parte iguales.

En la narrativa de Teo Palacios es tan importante la forma como el fondo, el contexto como los personajes, la historia explícita así como otros dramas no verbalizados que deja ver muy inteligentemente.

Hay que destacar la excelente edición que ha hecho Edhasa de esta obra donde desde el gramaje del papel a su color, de la tipografía a la sobrecubierta con textura del piel, pasando por detalles como la inclusión de la cinta llamada ‘punto de lectura’ o el mapa inicial de la región donde se desarrolla la historia… todo contribuye a que esta obra sea un deleite para todos lo sentidos.

Para leer este libro me decante por una selección musical sin riesgos, es decir, me fui a lo obvio: La banda sonora original de 300, compuesta por Tyler Bates. Me funcionó muy muy bien.

Mañana: La Batalla de las Termópilas (Ed. RBA Bolsillo) por Heródoto y Diodoro de Sicilia

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