Aelita

Agustín Velasco | 24 de agosto de 2010 a las 8:04

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Cuando llegó a mis manos Aelita (ed. Nevsky Prospects) de Alexéi Tolstói era toda una incógnita. No conocía al autor (el único Tolstói con el que estaba familiarizado era León, el autor de  Guerra y Paz y Anna Karénina, que resultó ser tío de Alexéi); su portada, siguiendo la línea gráfica de esta editorial, no revelaba nada de su interior; y en la solapa sólo había una reseña biográfica del autor en la que pude descubrir que Aelita era una obra de ciencia ficción. ¿Los rusos escribiendo ciencia ficción? No me encajaba (hasta ahí llega mi ignorancia). Yo de los rusos siempre espero obras intimistas, de contradicción personal y social, no ciencia ficción. Pero es que una cosa parece no excluir a la otra, por lo que he podido comprobar.

Aelita es la historia de un hombre que desarrolla una máquina para volar hasta Marte, un sueño que seguimos acariciando, y que parece que en 1922 ya se planteaban (no habíamos llegado a la luna y ya se pensaba en Marte). El ingeniero Loss quiere ‘huir’ de la tierra, de su pasado, de sus recuerdos, de todo lo que le lleva a recordar su gran pérdida, su gran amor, y no se le ocurre nada mejor que embarcarse en un viaje sideral. Nadie confía en él, todos los toman por loco, así que pone carteles manuscritos por la ciudad en el que anuncia su propósito y que busca un compañero de viaje. Así llega hasta él el soldado en la reserva Gúsev, que al estar en ‘dique seco’ no encuentra propósito a sus ambiciones, necesita emprender batallas… y la próxima será en Marte donde encabezará la revolución contra los poderes establecidos y corruptos (y es que no hay obra rusa que se precie donde no haya una revolución).

  • Título: Aelita
  • aelita 2Autor: Alexéi Tolstói
  • Traductor: Marta Sánchez-Nieves
  • Editorial: Nevsky Prospects
  • Páginas: 281
  • Precio: 16 €

Los personajes podría decirse que son antihéroes por antonomasia. Gúsev un bravucón, fanfarrón y bruto. Loss un hombre perdido que huyendo del recuerdo de un amor cae en brazos de otro, los de Aelita, la hija del mandamás de Marte a la que son encomendados mientras el consejo decide qué hacer con ellos. Aelita una mujer criada en los más altos principios con la razón como motor de su ser y a la que nadie le ha enseñado a amar.

Esta novela te sorprenderá por lo avanzado de sus ideas y los conceptos que baraja, y te divertirá ir encontrando los paralelismos entre las estructuras sociales, el pensamiento y el devenir histórico de la sociedad marciana con la contemporánea rusa en la que vivió Tolstói. La magia del relato de este autor está en el detallismo con que describe TODO, desde los extraños animales marcianos, a sus artilugios voladores, su arquitectura y sobre todo su geografía.

Especialmente interesante son los relatos de Aelita sobre la historia marciana, en la que revela que la raza actual que allí habita es un híbrido de los atlantes que dejaron antaño la tierra (justo antes de que la Atlántida se hundiera en el mar) y que se lanzaron al espacio, así como hace un repaso al devenir histórico de la tierra antes del gran diluvio y las grandes erupciones que cambió toda la corteza terrestre. Es realmente increíble la imaginación que despliega al describir las centurias primigenias que llevaron a la humanidad a su era dorada cuyo epicentro estaba en la Atlántida.

Tolstói logrará que te sumerjas en esta historia de retrofuturismo de cabeza, sin cuestionarte su racionalidad. Te arrastrará a las profundidades psicológica de sus personajes que se debaten entre el patetismo y el heroismo. Y te hará trepidar con un final de tal intensidad que más lo quisieran muchos de los autores de thrillers de nuestros días.

Aelita fue llevada al cine en 1924 en versión muda, por supuesto, bajo el título Aelita: Reina de Marte, dirigida por Yákov Protazanov. La curiosidad me ha llevado a verla y enseguida me he dado cuenta de los lazos estéticos que la unen con Metropolis de Fritz Lang (posterior), por eso, cuando terminéis el libro no dejéis de ver la película, es una joya.

PD. Muy lúcida la introducción que corre a cargo de Féliz J. Palma. Aconsejo dejarla para después de leer el texto principal. Aportará luz y brillo a la obra a posteriori.

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