Entrevista a Carla Montero

Agustín Velasco | 12 de junio de 2012 a las 7:20

Me encantó cómo se describía Carla Montero, la autora de La tabla esmeralda, en la solapa del libro: “En el plano académico, soy licenciada en Derecho y diplomada en Administración de Empresas; también me hubiera gustado ser licenciada en Historia, pero como nunca me he dedicado en serio, me he quedado en aficionada a la Historia, eso sí, muy aficionada. En el plano personal, soy madre de cuatro hijos y esposa de un solo marido durante 24 horas al día; el resto del tiempo, escritora”. Cuando lees la obra te queda claro que esto no es obra de una simple “aficionada” a la Historia pues el resultado de la ambientación histórica es exquisito.

¿Cómo nace la idea de La tabla esmeralda? ¿Cuál es el detonante que la hace querer contar una historia de amor entre un nazi y una judía? No fue algo que surgiera espontáneamente, sino que se fue madurando con la trama. Casi podría decir que los propios personajes me lo pidieron. Aunque también el origen de esta historia de amor atípica está en la propia investigación. Después del proceso de documentación que llevé a cabo, después de leer los testimonios de quienes habían vivido la época, me di cuenta de que nada fue blanco o negro, de que nazis o judíos todos eran personas con sus virtudes y sus defectos y que yo quería aportar un granito de arena en contra de los maniqueísmos. Me pareció que esta historia de amor era un buen recurso.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación de esta novela? Para mí ha sido muy reveladora por cuando a todo lo que se refiere a la vida cotidiana en el París ocupado. Internet es una herramienta de investigación fantástica, con la que se puedes encontrar hasta los detalles más insospechados. Es cierto que es un arma de doble filo porque hay mucha información no fiable y es necesario hacer una buena criba. En concreto, para conocer la vida cotidiana en el París ocupado también fueron muy útiles los diarios de Hélène Berr, la novela Suite francesa de Irène Némirovsky, o el libro Nazi Paris de Allan Mitchell. Hay una página web muy ilustrativa: www.histoire-en-questions.fr. Y fotografías, cientos de ellas, desde las de André Zucca hasta el fondo de Paris en Images.

Y el tema organizativo del ejército Nazi también me ha sorprendido lo trabajado que está. ¿Este era un interés que venía de lejos como aficionada a la historia que es, o es algo que ha ido descubriendo con la elaboración de la novela? La verdad es que nunca había profundizado tanto en la organización no sólo del ejército nazi, sino de todos sus órganos de gobierno. Al principio, me impresionó lo complejo que era todo, las miles de organizaciones que había, de divisiones y subdivisiones, pero a medida que iba investigando quedaba fascinada con la capacidad organizativa y de sistematización de los nazis y quería saber más y más. Afortunadamente, aunque lograr comprender cómo funcionaban el Estado y el ejército alemán en esa época puede ser una tarea ardua, hay muchísima documentación al respecto. Y como detalle curioso merece especial mención todo el coleccionismo especializado que se ha generado en torno a las reliquias nazis: uniformes, insignias, condecoraciones, armamento, documentación, útiles… Es un auténtico mundillo de expertos, muy ilustrativo.

Pienso que el tema del expolio de las obras de arte de los judíos por parte de los Nazis es quizás toda una revelación, pues si bien sabíamos que existió, no teníamos ni idea (al menos yo) del protocolo que se seguía al respecto o la justificación que buscaban los alemanes para ello. ¿En qué momento del planteamiento de la obra surge la idea de tocar este tema y por qué? Realmente el expolio nazi de obras de arte es el germen de la novela. Esta historia surgió cuando, viendo un documental de la BBC sobre el tema, quedé impactada con la forma en que los nazis se iban apropiando sistemáticamente de los bienes culturales de Alemania y de los países ocupados. Pero, sobre todo, me sorprendió descubrir que las consecuencias del expolio llegan hasta nuestros días, con miles de obras desaparecidas o que todavía hoy reclaman sus legítimos propietarios. Entonces supe que ahí había una buena historia que contar, plagada de detalles que la mayoría de la gente desconoce y que son tremendamente interesantes y atractivos.

Todo gira en torno al cuadro de Giorgione y su secreto… ¿No le parece cruel levantar tantas expectación con el secreto del cuadro y después no dar ni una pista? Lo cierto es que creo que el lector atento no tardará en darse cuenta de que El Astrólogo y su secreto no son más que una excusa argumental para desarrollar las verdaderas historias de la novela: la historia de Sarah, del París ocupado y del expolio nazi de obras de arte. La Tabla Esmeralda no es una novela sobre un objeto mágico, es una novela sobre seres humanos, con sus dramas, sus alegrías, sus dudas, sus miedos… Y, en ese sentido, queda totalmente cerrada.

¿Y por qué Giorgione como autor del cuadro que usted fabula? Porque es una figura que encaja perfectamente en la trama de La Tabla Esmeralda, en la que hay elementos relacionados con el esoterismo y la obsesión de los nazis con el ocultismo. Giorgione es un pintor enigmático, en primer lugar, porque su biografía está plagada de lagunas, pero también porque se cree que sus cuadros esconden muchos simbolismos relacionados con la alquimia y la astrología, justo el tipo de ingredientes que preferían los nazis.

Ambas protagonistas son en cierto modo heroínas a su pesar. ¿Cuáles crees que son los puntos que unen a ambos personaje? ¿Y en qué son irreconciliables? Aunque ambas mujeres parten de circunstancias similares (una vida acomodada, un ambiente selecto, una educación elevada) y su carácter es similar (más bien timoratas, conformistas, dependientes…), la vida las lleva por caminos distintos. Sarah es una mujer judía en el París ocupado, tiene que desenvolverse en un entorno hostil en el que nunca sabe si al día siguiente seguirá con vida. Ana, en cambio, es una mujer de nuestros días, su vida es sencilla, repleta de comodidades y exenta de peligros, como la de muchas mujeres de hoy en día. Eso hace que sus personalidades evolucionen de manera diferente. Sarah y Ana son, en realidad, representantes de dos generaciones muy distintas que he querido contraponer deliberadamente en la novela: la generación de nuestros abuelos y la nuestra propia. La generación de quienes pasaron miedo, hambre y privaciones y la de quienes estamos acostumbrados a tener más de lo que necesitamos. Por eso Sarah se convierte rápidamente en una mujer fuerte e independiente mientras que Ana evoluciona más lentamente y, en contraste, parece frívola e inmadura, pero no es muy distinta de cómo somos hoy en día, que nos amilanamos ante cualquier contratiempo porque, afortunadamente y en la mayoría de los casos, no hemos tenido que luchar por nuestra supervivencia o la de los nuestros.

¿Cómo se puede tener cuatro hijos y escribir una novela de este tonelaje? Explíqueme cómo se organiza su actividad literaria: ¿escribe todos los días con disciplina o va sacando ratos por doquier? Bueno, no me creo mejor que cualquier mujer que sale de su casa a las ocho de la mañana y regresa a la tarde, cansada de trabajar, pero con todo por hacer en casa y unos hijos que reclaman su atención. Yo tengo la suerte de poder distribuirme el tiempo como mejor me conviene y hacer algo que me apasiona. En mi caso, escribir es una cuestión de disciplina: todos los días, por poco que sea, normalmente de noche, cuando los niños están en la cama y la casa en silencio. Si no tuviera disciplina, el día a día me acabaría devorando. Pero también consiste en robarle horas al día, encontrar un momento extra que no estaba previsto.

¿Qué supuso el éxito de Una dama en juego a la hora de afrontar esta segunda obra? ¿La sometió a una especial presión por superarse o le dio la tranquilidad de saber que su trabajo conectaba con el lector? Fue una mezcla de ambas cosas. Es bonito saber que hay lectores esperando tu historia, que, muy probablemente y a poco que lo hagas bien, no será necesario pelear para que se publique la novela. Pero, por otro lado, existe un afán innegable por estar a la altura de las expectativas, por satisfacer a los lectores que te esperan y también a los que están por descubrirte. En cualquier caso, creo que no conviene obsesionarse demasiado con eso porque podría salir el tiro por la culata. Lo importante es ser fiel a uno mismo y escribir lo mejor que se sepa, siendo nosotros mismos nuestros lectores más críticos.


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