El paraíso de los gatos y otros cuentos gatunos

Agustín Velasco | 10 de enero de 2013 a las 18:45

Hoy, volviendo a casa de hacer la compra matutina, pasé junto a un coche en cuyo capó un gato negro tomaba el sol con deleite. Los ojos cerrados, acurrucado en su propio pelaje, sereno y ajeno al mundo. Al pasar no pude resistirme y sacando mi tono más agudo le dediqué un “miaaaaaauuuuuuuuu” por pura envidia, para sacarlo de su sopor. En contra de lo que esperaba se limitó a abrir los ojos, mirarme con un gesto de superioridad moral, como diciendo “¡valiente gilipollas!” y sacándome la lengua a modo de desprecio se volvió a amodorrar.

Entonces recordé uno de esos pequeños libros-joya que me quedaban en la cartera de reseñas desde el año pasado. Se trata de una recopilación de relatos de grandes autores que toman a los gatos como protagonistas de sus historias. El paraíso de los gatos y otros cuentos gatunos (Nórdica Libros) llega a penas al centenar de páginas pero cada una de ellas es un tesoro. Cuatro relatos ilustrados por cuatro artistas de primera fila de este país como son Ana Juan, Elena Ferrándiz, Adolfo Serra y Javier Olivares.

  • Título: El paraíso de los gatos y otros cuentos gatunos
  • Autores: Émile Zola, Mark Twain, Rudyard Kipling y Saki
  • Ilustradores: Ana Juan, Elena Ferrándiz, Adolfo Serra y Javier Olivares
  • Traductor: Íñigo Jáuregui
  • Editorial: Nórdica Libros
  • Páginas: 112
  • Precio: 15 €

La recopilación comienza con una alegoría del eterno dilema entre libertad y confort que Émile Zola plasma en El paraíso de los gatos, donde un gordo gato doméstico se escapa para probar esa vida bohemia del gato callejero que tanto le fascina; continúa con la curiosa historia de un gato minero, El gato de Dick Baker, que Mark Twain pone en pié con su habitual inteligencia e ironía; en el El gato que andaba solo el escritor indio Rudyard Kipling nos muestra en tono de mito ancestral el por qué los gatos son los únicos animales domésticos no domesticados; y finaliza con una deliciosa historia humorística de Saki, Tobermory, donde se muestra lo peligroso que puede ser enseñar a un gato hablar.

En algo se ponen de acuerdo los cuatros autores: en mostrar a un animal inteligente, taimado e incisivo. Un animal al que solo le falta hablar, y a dos de los autores se les ocurre darle voz. A los amantes de los gatos le encantará este pequeño volumen cuya edición la editorial ha cuidado con mimo extremo, notándose el cariño que le han puesto en mil matices como la textura de las hojas.

  • Mia-aau

    Mia mia mmmurrrr urrr ?