El caballo amarillo. Diario de un terrorista ruso

Agustín Velasco | 23 de enero de 2010 a las 20:27

savinkov

  • Título: El caballo amarillo – Diario de un terrorista ruso
  • Autor: Boris Savinkov
  • Editorial: Impedimenta
  • Páginas: 184
  • Precio: 18.20€

Toda obra que tiene el terrorismo como protagonista me causa un rechazo natural. No por el hecho en sí, con el que hemos convivido históricamente y que el genero periodístico tanto informativo como de opinión ha tratado con tanta profusión. El miedo me entra cuando el terrorismo es trasladado a la literatura y se reviste de romanticismo. La simpatía no pude ser un sentimiento que se le pueda aplicar al terrorismo, sea cual sea su modalidad, terrorismo doméstico o político. Pero con El caballo amarillo – Diario de un terrorista ruso (Impedimenta – 2009) no se corre el riesgo de caer en la simpatía. Su protagonista, George O’Brian, trasunto del autor Boris Savinkoz, tiene toda la grandeza de un personaje literario magistral pero toda la bajeza de la que un ser humano es capaz. Por él sentirás quizás pena, compasión moral, desprecio, desdén… pero no simpatía, pues es incapaz de crear una justificación a sus actos a los ojos del lector… y tampoco le importa. Para él el asesinato es simplemente un ejercicio estilístico, vacío de contenido en gran medida, existe una convicción determinista, pero los propios protagonistas son conscientes de que sus actos no cambiará nada por mucho que traten de buscar un sentido.

alexandrovichPara comprender esta obra hay que conocer someramente a su autor ya que sin ser 100% autobiográfica sí consta de un transfondo real lo suficiente consistente. Basta decir que el Gran Duque Sergei Alexandrovich, Gobernador General de Moscú, murió el 17 de febrero de 1905 víctima de una bomba terrorista en el Kremlin. No, no he destripado la novela. No se puede destripar el final de una novela que cuenta un hecho histórico. Todos, cuando nos sentamos en la butaca del cine a ver Titanic, sabíamos que ese barco se iría a pique, y aún así batió récords de taquilla. Porque Titanic, al igual que El caballo amarillo no iba del hecho histórico, sino de las personas que lo vivieron.

Someramente: George O’Brian prepara un atentado contra el Gobernador General de Moscú. Esa es la trama. Pero logra engancharte con su matiz de terrorismo fanático-chapucero, por los cambios de identidad de los componentes de la célula, por las relaciones que mantienen los terroristas entre si, y sobre todo por el triángulo amoroso que George mantiene con una compañera de célula, Erna (que lo ama pero no es amada), y su amante casada, Yelena (a la que ama profundamente pero de la que no consigue que deje a su marido). No hay grandeza y sí mucha miseria en estos terroristas para los que la única salida viable desde el principio es la horca o el suicidio.

Merece la pena profundizar en la vida del autor y en su personalidad. Es fácil que se encuentre una definición sobre Savinkov que lo describa como “dandi asesino y mujeriego”, los mejores ingredientes para una novela de espías. Savinkov nace en el seno de una familia acomodada con ínfulas artísticas y desde joven pertenece a diversas organizaciones de corte socialista. A pesar de sentirse demasiado desilusionado con el marxismo decide consagrar su vida a la lucha armada en pro de la revolución obrera, y militará en el Partido Socialista Revolucionario. Entre sus ‘hazañas’ asesinas se encuentran la planificación y ejecución de los asesinatos de Vyacheslav von Plehve, Ministro del Interior del Zar, y del ya mencionado Alexandrovich.

Tiene que huir del país y se refugia en Francia, sumergiéndose en la bohemia de Montparnasse donde conoce y se relaciona con artistas de la talla de Picasso, Cendrars, Apollinaire o Modigliani. En esa etapa es cuando escribe El caballo amarillo, que verá la luz en 1909 en Rusia donde lo convierte en todo un personaje. Como curiosidad, la actitud de nihilista, desprovista de emociones y hasta cierto punto amoral de Savinkov y su personaje inspira a Albert Camus y a todo el existencialismo francés. En concreto Les Justes (1949) de Camus copia el argumento de El caballo amarillo, lo que no sabemos es si Camus alguna vez le agradeció a Savinkov esa dosis de inspiración que le regaló, lo único cierto es que en los círculos intelectuales lo llamaba “notre ami l’assessin” (nuestro amigo el asesino).

Savinkov vuelve a Rusia y llega a ser nombrado por Kerenski ministro de la guerra, para después caer en desgracia y tener que salir del país. Más tarde es engañado por la policía secreta bolchevique para que entre ilegalmente en el país y apresarlo. Da con sus huesos en la famosa prisión La Lubianka y es condenado a muerte, pero la sentencia le es conmutada por una de 10 años de prisión. La revista Time de septiembre 1924 reprodujo parcialmente el discurso que dio frente al tribunal en su defensa:

No me asusta morir. Ya conozco la sentencia que me espera, pero no me importa. Yo soy Boris Savinkov, el que siempre jugó a ambos lados de la barrera.

Hasta el final le acompañó esa ambigüedad que él mismo se atribuía, ya que el 7 de mayo de 1925 muere en prisión precipitado por una ventana. ¿Se suicidó como oficialmente te anunció? ¿Fue… ‘suicidado’? Personalmente me quedo con las palabras de James Womack que cierran la introducción a la obra que Impedimenta ha editado: “incluso en su muerte escapó a las definiciones exactas”.

Próximamente: Los hombres topo quieren tus ojos y otros relatos sangrientos de la Era Dorada del Pulp (ed. Valdemar) edición de Jesús Palacios.

Iré avanzando los libros que comienzo y que serán objeto de futura reseña:

Iniciado: Valentine, Valentine (ed. Viceversa) de Adriana Trigiani.

Drácula, el no muerto

Agustín Velasco | 17 de enero de 2010 a las 11:45

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Cartel del film Bathory (2008)

¿Hay algo con más gancho que una historia de vampiras lesbianas? Pues de eso va Drácula, el no muerto, pretendida segunda parte de Drácula escrita por el sobrino biznieto de Bram Stoker. Para llevar esta aventura a buen término, Dacre Stoker se ha aliado con un historiador especializado en Drácula, Ian Holt. Dacre e Ian han cogido las notas del gran autor y han confeccionado una secuela en la que se muestra la vida de los principales protagonistas del original veinte años después, y tal y como pasa en la vida real, ninguno envejece bien salvo la eternamente joven Mina. Todos los que tomaron parte en la caza del vampiro han visto sus vidas arruinadas en más de un sentido.

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  • Título: Drácula, el no muerto
  • Autores: Dacre Stoker e Ian Holt
  • Editorial: Roca Editores
  • Páginas: 448
  • Precio: 21 €

Tardé tres capítulos en convencerme de que en las páginas de esta novela no iba a encontrar la prosa poética de Stoker, así que volví al punto de partida y empecé de nuevo la historia afrontándola como un thriller fantástico-terrorífico de corte contemporáneo, que es lo que es. Y teniendo eso claro desde el principio ya podemos evitar caer en desilusiones literarias.

Si algo hay que concederle a Stoker [Dacre] y Holt es el fino trabajo de ingeniería en el que crean una trama repleta de coincidencias históricas que se entretejen en el tapiz narrativo como la entrada en liza novelesca de Jack el Destripador, el incendio del Lyceum Theatre o el inicio del fatídico viaje del Titanic, ¡o la inclusión del propio Bram Stoker como personaje!. La inclusión del Titanic es un recurso muy cinematográfico que abre la historia a una continuación que bien podría llamarse ‘Drácula en America’. Es curioso, pero muchos dicen que ya Bram contempló en su momento esa posible aventura americana de su vampiro y que por ello dejó inteligentemente un final nebuloso abierto a secuelas. Una idea que ahora su descendiente seguro lleva a la práctica, por una vez abierta la caja de los truenos…

Otra cosa interesante que hacen los autores de esta novela es vincular el personaje de Drácula a su inspiración histórica, Vlad el Empalador, profundizando en sus raíces de una manera que Bram Stoker no había siquiera imaginado (es probable que no conociera mucho del Drácula histórico), y también hacen un retrato continuista del Drácula cinematográfico de Coppola: desde el primer momento estamos viendo a Gary Oldman en nuestras cabezas mientras leemos. Además, en Drácula, el no muerto se le da un giro al personaje y lo desproveen de la villanía y la maldad. Aquí es un cruzado cristiano que no ha evolucionado y que aun se cree la mano de Dios, ofreciéndose una revisión de la primera parte en la que se le exculpa en gran medida de sus actos, que hasta ahora creíamos pérfidos.

El gran villano de esta nueva novela no es él, sino la vampira lesbiana mencionada al principio, una malvada parienta de Drácula que no tiene ningún tipo de refrenos morales ni éticos en su sádico comportamiento vampiril. Erzsébet Báthory es un personaje rescatado de la historia que era conocida en el siglo XVI como La Condesa Sangrienta porque desangraba a doncellas para bañarse en su sangre… y bebérsela. ¿Qué mejor material histórico para introducirla en la historia de Drácula? En cierta manera me es imposible no encontrar una voluntad continuista con esa escena de Coppola en la que Jonathan Harker (Keanu Reeves) se ve esclavizado por tres vampiresas muy sexys (Monica Bellucci, Michaela Bercu y Florina Kendrick) en el castillo transilvano. Además Báthory ya cuenta con múltiples adaptaciones al cine entre las que destacan las de los últimos dos años en que ella es plena protagonista como la de 2008 del director Juraj Jakubisko protagonizada por Anna Friel titulada Bathory, la también de 2008 Blood Countess de Lloyd A. Simandl, o The Countess escrita, dirigida y protagonizada por Julie Delpy en 2009. La lista de adaptaciones sería interminable.

Y como toda buena novela que espera ser adaptada por Hollywood debe tener un romance de por medio. Uno puede esperar que sea Quincy Harker (hijo de Jonathan y Mina, o algo así) el que se vea sumergido en un romance voraz y maldito, pero no, Quincy está en otra onda, la de la venganza, así que el romance preceptivo queda en manos de Drácula y una Mina que permanece eternamente joven gracias a la sangre que bebiera de nuestro amigo vampiro, así que el tirón sexual para la gran pantalla sigue intacto. Y hablando de Mina, no sé si los autores leen cómics, pero el personaje dibujado por Dacre e Ian Holt tiene muchas similitudes con la Mina de The League of Extraordinary Gentlemen de Alan Moore (aconsejo leer esta serie que se llevó sin mucha fortuna -a juicio de los amantes de los cómics- al cine, los cómics sí son brillantes).

¿Y qué música aconsejo para leer Drácula, el no-muerto? Lo fácil hubiera sido recurrir a la banda sonora de la versión Coppoliana de Drácula, pero no me gusta ir a lo fácil, así que cargué en el iPod los scores de la versión cinematográfica de Ángeles y Demonios compuestos por Hans Zimmer. Su música me acompañó de manera recurrente de la primera a la última página y fue todo un acierto porque crea una atmósfera palpitante y mística.

Próximamente: El caballo amarillo – Diario de un terrorista ruso (ed. Impedimenta) de Boris Savinkov.

Esto es una declaración de principios

Agustín Velasco | 15 de enero de 2010 a las 17:07

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Don Quijote por Gustave Doré 
Algo se remueve en mí cuando escucho a alguien decir que no ha leído un libro en su vida, y que incluso lo dice con una sombra de orgullo, como reivindicando no se qué clase de libertad de pensamiento. Los libros son tóxicos, controlan la mente, o simplemente son una pérdida de tiempo. La sociedad parece que no ha avanzado mucho desde que Don Miguel publicara su Quixote (no es una errata, la X se puede constatar en las portadas de las primeras ediciones) a principios del siglo XVII. Migue ‘el manco’, para los amigos, ya retrataba en su protagonista al obseso ilustrado devorador de libros que prefería vivir en su universo literario antes que enfrentarse a la realidad, una masa común de gente que ven en los libros una frivolidad y una tortura, en el caso de que se vieran obligados a consumirlos. Así sigue estructurada la sociedad hoy por hoy. Y es curioso, porque los mismos que enarbolan el estandarte del no-lector suelen ser los mismos que toman a la televisión como Biblia irrefutable y guía espiritual. Habrá que resignarse, la imaginación no es un valor en alza, lo queremos todo bien hecho, preparadito y casi deglutido para no tener ni que morder ‘intelectualmente’.

Según el informe auspiciado por la Fundación Germán Sánchez Ruiperez y la Federación de Gremios de Editores de España que lleva el título ‘La lectura en España. Informe 2008’, coordinado por José Antonio Millán, cabe deducir que de 2000 a 2007 un 1’1% de la población ha pasado de ser lectora a no lectora (pero eso no es cierto, solo quiere decir que la población ha crecido, y que de los nuevos integrantes hay más no lesctores que lectores), aunque también deducimos un dato esperanzador: el ratio entre lectores frecuente y ocasionales ha mejorado a favor de los primeros. En 2007 había un 43’1% de la población que se declaraba no lectora, y eso, a mí, ¿qué quieren que les diga?, me alarma.

Por eso cuando algún envidioso de esos que hay por ahí sueltos echa babas cuando señala que una tipa como J. K. Rowling tiene más pasta que la Reina de Inglaterra (la última vez que eché un vistazo a sus cuentas iba por más de 500 millones de libras esterlinas, ahora ya no quiero ni imaginar… en mi calculadora mental da error con tantos ceros) siempre respondo que se lo merece porque es la persona que ha hecho más por el fomento de la lectura infantil y juvenil de todos los tiempos, y que si le da rédito económico, ole por ella. Y si añado que lo que no comprendo es por qué un tío como Christiano Ronaldo, que no hace más que dar patadas a un balón, gana tantos millones, pues ya me he ganado la enemistad de mi interlocutor para mientras viva.

Para mí no hay literatura vergonzosa, todo es digno: de los folletines amorosos de Danielle Steel a la fantasía de Tolkien, de los libros de autoayuda a la literatura decimonónica, de los autores reconocidos en los círculos intelectuales-universitarios que no venden más de una docena de ejemplares en su vida hasta que le conceden el premio Nobel a los bestsellers de Dan Browne. Lo importante es leer. De toda letra impresa se puede aprender algo. Personalmente aprendí que eran un mameluco y un gaznápiro leyendo a Zipi y Zape de pequeño, y la última palabra que he incorporado a mi vocabulario es ‘xilitol’, que gracias al prospecto de un cosmético me he enterado que es un alcohol de azúcar que se obtiene de la madera de abedul. Todo es mantener una postura constructiva cuando se lee y dejarse llevar por el espíritu de aquello que ha caído en tus manos, es decir, que si estás leyendo a Corin Tellado no le pidas la profundidad de Savater (en todo caso la de Leticia, no la de Fernando). Lo importante es disfrutarlo… con espíritu crítico, claro. Me asombra la facilidad con que nos enfrentamos a una peli de Hollywood de adolescentes con encefalograma plano y salimos encantados del cine, y cómo somos incapaces de darle el beneficio de la ‘no profundidad’ a la literatura. Pues a mí me encanta la literatura sin profundidad, porque la concibo como un elemento lúdico de la vida.

En este blog que hoy nace hablaremos de libros, de los que yo leo, claro. Y os diré qué me parecen y cómo les he sacado partido. Y querré escuchar aquello que opináis sobre el tema, incluso si pensáis que no he comprendido la obra en absoluto, que puede pasar, porque todos somos seres humanos y todos tenemos un mal día. Anécdota ejemplarizante: fui con una amiga a ver al cine Alien 2 (creo que era) y al salir me dice “qué buena la película, tío, que buen guión, que buena trama, me ha encantado… lo que no entiendo es por qué al final Ripley tiene al alien alojado en la cabeza”. Me quedé a cuadros y le señalé que Ripley no tenía ningún Alien en la cabeza, que al Alien se lo cargan al final, a lo que me responde: “¡pues vaya mierda de película!”. Pues yo soy de los que a veces buscan aliens en la cabeza, y si no lo hay, por favor, sacadme de mi error.

Cuando cuelgue un post avanzaré al final de qué obra hablaré en el siguiente, por si alguien quiere jugar a eso del club de lectura. No soy Oprah con su Club del Libro, pero tampoco me importaría serlo. Dicho esto… En breve, muy breve, hablaremos de Drácula, el no muerto de Drake Stoker e Ian Holt.