Entrevista a Francisco Manuel Granado, autor de La cabeza de Diana

Agustín Velasco | 16 de julio de 2012 a las 12:27

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La cabeza de Diana es una novela tan contundente que se hacía indispensable acercarme más profundamente a ella através de la propia visión de su autor, Francisco Manuel Granado. Este abogado de que maneja la pluma como un estilete es natural de Guillena (Sevilla) y colabora con la revista La Toga, que edita el Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla, además de ser miembro fundador de La Tertulia El Porvenir Siglo XXI. Su andanzas literarias lo han llevado a las puertas del Premio Guadalquivir con su primera novela La más bella amante.

  • El detonante de esta historia es el descubrimiento de la cabeza en Itálica, pero desde que surge la noticia hasta que comprendes que tienes una historia que contar hay un proceso en tu cabeza, ¿cómo es ese proceso?, ¿cómo nace esa historia dentro de ti?

Itálica son unas ruinas romanas situadas a pocos kilómetros de Sevilla, a un paseo de golondrina, como dice la novela. Hace unos tres años, supe por pura casualidad que habían encontrado la cabeza de la diosa Diana. Por entonces tenía la idea de novelar un viaje al pasado, en que la protagonista tratara de recuperar un antiguo amor. Pero mirando la cara de la diosa, vinieron a removerse recuerdos de mi infancia. Yo de niño pasaba los veranos en Santiponce, tengo familia allí, y recordaba nítidamente el contraste de la vida tranquila de un pueblo blanco andaluz con esas ruinas enigmáticas, las colosales piedras del anfiteatro, las silenciosas miradas de las estatuas, toda una ciudad fantasma que lindaba con las casas, una ciudad abandonada durante siglos a los lobos y los bandidos. Ante mis ojos de niño, las legiones y los césares parecían tomar el sol allí mismo, donde yo jugaba. Aquella cabeza con su serenidad de otro mundo vino a remover mis recuerdos y resucitó una anécdota que me contaron de mi abuelo durante la guerra civil, en que unos hombres que iban a trabajar a un olivar de Santiponce encontraron el cuerpo muerto de una muchacha a la orilla del camino. De pronto, comprendí que el hallazgo de la diosa cabía en la novela y que además le confería cuerpo y consistencia. Digamos que me proporcionó el macguffin hitchcockniano, la excusa perfecta para despegar. Acababa de redondear mi planteamiento inicial.

  • ¿Y cómo ha sido el proceso de documentación histórica? ¿Por qué Londres y la Segunda Guerra Mundial?

La Guerra Civil en sí misma sigue siendo un lugar de discordia para los españoles ¡a ochenta años vista! Me dan mucha envidia los norteamericanos, que restañaron las heridas tras su guerra civil en poco tiempo e incluso crearon westerns y otras grandes obras en gran medida en ese conflicto, para superarlo con unidad y grandeza de miras. Nosotros no. Por eso ni me planteé hablar de la Guerra Civil y busqué una guerra a la que sí vemos como historia, la Segunda Guerra Mundial. Londres además era un lugar cercano, muy accesible a nuestra forma de pensar, y por tanto fácil de manejar. Y como me encanta la historia, no tenía problemas para documentarme en lo que me faltara por saber. De hecho, las aventuras de la protagonista ocupan una semana de septiembre de 1940, desde el lunes hasta el domingo 15 de septiembre. Esa fecha es el famoso día de la batalla de Inglaterra, cuando Londres sufrió el mayor bombardeo diurno de su historia. Y el jueves de esa misma semana incluso cayeron bombas en el palacio de Buckingham. Todas estas incursiones las sufren nuestros personajes y son testigos de ellas, lo que le daba mucho sabor a la trama y suponía un desafío para mí, que nunca había tratado la guerra.

  • ¿Qué pasa que últimamente me encuentro a mucho autor licenciado en derecho y abogados en ejercicio? ¿Qué tiene esta profesión que os empuja a la narrativa?

Bueno, tú sabes que la mayoría de los estudiantes de derecho han cursado letras y no ciencias. Han leído lo suyo. Además, y esto lo dije en la presentación del libro, el derecho y la literatura tienen una base común, ambos se nutren de la misma materia prima: los conflictos humanos. Desde La Ilíada a Lolita, toda la literatura se basa en el enfrentamiento de unos con otros, en las chispas que saltan cuando chocan. La literatura celebra el espectáculo, mientras que el derecho, más sufrido, trata de poner remedio o coto a nuestras conductas. Es verdad que a los estudiantes el derecho no nos encandilaba precisamente. No te desvelas de madrugada y te asomas a la ventana para mirar a las estrellas diciéndote “hoy he descubierto el arrendamiento”. Lo que el derecho te proporciona es una perspectiva adulta de la vida, y eso al escritor le es imprescindible. Si te fijas, ha habido músicos muy precoces, y pintores, pero nunca un novelista. La novela es un género adulto, o desencantado si prefieres, que tiende a la misericordia. Por eso su obra absoluta es el Quijote para mí.

  • Han sido tres años de trabajo minucioso. ¿Cuál es el momento más peliagudo a lo largo de la construcción de una novela?

 

Para mí lo más difícil es el principio. Decía Cervantes que comenzar es la mitad del todo. Y me parece exacto, este hombre se las ingeniaba para decir siempre la pura verdad. Al principio no sabes cómo va a salir tu plan ni siquiera si tendrás fuerzas para contar todas las cosas que te has propuesto. De hecho muchos planteamientos se quedarán por el camino y surgirán otros que ni puedes prever. Es una visión titánica la del esfuerzo que te queda. Sabes que vas a tener que enfrentarte a un sinfín de escollos. Necesita uno echar mano de toda su voluntad para empezar.

  • ¿Por qué optaste por crear un personaje tan fuerte como Alonso Bando y hacerlo el gran ausente de la acción de la novela?

Alonso Bando era el imán que debía atraer a la protagonista y por eso debía resultar especialmente atractivo y romántico. Fíjate en todo lo que tuvo que pasar Emma Wells para seguirle; así que todo aquel alboroto y sufrimiento necesitaba contrarrestarlos con la imagen seductora de Alonso Bando. Una especie de justicia poética, si me permites la expresión, o de compensación sentimental. Además, sin pretenderlo casi, Alonso Bando iba unido a la felicidad de Emma, a sus veinte años y la gloria del amor, cuando uno se siente un héroe y el mundo te pertenece. A poco que lo pretendiera, su sombra se volvía irresistible en el recuerdo de Emma. Y es esa nostalgia la que salva a la novela de ser negra, que lo es en gran parte, pero la esperanza de Emma la libra de la pesadilla.

  • Emma Wells: ahora que la novela está en la calle y uno ya puede revisar su obra con cierta perspectiva, ¿cómo ves al personaje de Emma? ¿Ha sido difícil la construcción psicológica de un personaje tan complejo?

Emma tenía que poseer la suficiente profundidad para soportar los virajes de su aventura sin desfallecer, requería cierto valor físico o tenacidad si prefieres, y además para mantener vivos sus recuerdos. Por eso me preocupé de creer en ella, de sentir como ella –aunque esto supuso una prueba difícil−, de tomar partido y ver el mundo a través de sus ojos. Desde el principio supe que Emma iba a ser mi verdadero reto, la baza que podía llevarme al fracaso o al éxito. Y creo que logré conocer al personaje hasta el punto de dejarla narrar por sí misma muchos capítulos. Porque la sentía viva y palpitante. Creo que también sucumbí un poco a su personalidad, que me arrolló

  • Cada palabra en su sitio, en cada sitio la palabra justa. ¿Te obsesiona el lenguaje? ¿De dónde viene ese interés por ‘la palabra adecuada’?

Cuando yo era niño, mi padre tenía una carpintería y a veces fabricaba muebles, desde un dormitorio a un mueble bar. Pues siempre procuraba añadirle algo propio. Me gustaba verlo plantear algún detalle de comodidad o más decorativo, cómo se afanaba con la madera para conseguir un resultado mejor. Si yo pudiera hacer lo mismo con las palabras, pensaba. Una filigrana, una voluta, un torneado distinto que dieran vida y personalidad a mis páginas. No todas las maderas son iguales ni permiten la misma labor, pues lo mismo ocurre con las palabras. Hay que saber lo que cada cual puede aportar a la tarea. ¿Sabes? Una vez leí a Borges elogiando a Chesterton y dijo que había encontrado en cada página suya una felicidad. Se me quedó grabada la frase. La literatura es un placer, por eso quiero darle al lector todos los motivos de disfrute. Que el argumento lo mantenga sin aliento, que los personajes le atraigan y que cualquier pasaje le permita hallar motivos de solaz o de reflexión. Ah, y claro que el idioma español es un tesoro que me apasiona. El pintor busca el mejor color, el cineasta al actor o el encuadre idóneos. Mi única herramienta para construir mi mundo es la palabra. Y es un ejercicio fascinante.

  • ¿Qué significa la literatura en tu vida?

Precisamente eso, una fascinación. Sentir lo que han sentido otras personas, estar con ellas, compartir su mundo, lo que me enriquece y me libera. Creo que todos los que han disfrutado con algún libro me entenderán. Y esa magia es la que quiero devolver a la literatura.

  • Me decía alguien hace poco “escribir la novela es la parte fácil, lo complicado viene después, cuando se publica”. ¿Es cierto?

Bueno, cuando escribes no dependes más que de ti mismo. Con todas sus dificultades, puedes manejar el problema. Pero al poner el libro en circulación ya participan los demás, ya nace el encuentro con el lector, si tienes la suerte de encontrar alguno. Y te aseguro que cada cual tiene su criterio. La cabeza de Diana es una apuesta hecha por una editorial sevillana, Guadalturia. Y aunque los medios de comunicación son una rémora para un desconocido, el libro está teniendo una buena acogida.

  • ¿Estás trabajando en algún proyecto nuevo o estás tomando un poco de aire? ¿Has sentido ese sentimiento de ‘vacío’ que algunos autores sufren cuando dan a luz una novela y esta echa a andar con sus propios pies?

Bueno, después de tres años viviendo con unos personajes tan perseverantes como Emma, Alonso Bando, Vivien Carroll, el capitán Laredo y demás, ha sido inevitable tomar un descanso. Sí, necesita uno recuperar alientos para volver a pensar en nuevas situaciones y personajes, para recuperar el brío de contar una historia consistente. Pero conforme trabajaba en La cabeza de Diana, me visitaron los duendecillos y llevo en el magín un par de muescas para alguna historia más, que empiezo a trabajar ya. ¿No te lo he dicho? Espero ilusionarme otra vez con más aventuras.

La cabeza de Diana

Agustín Velasco | 12 de julio de 2012 a las 18:09

Hoy quiero acercaros una de esas joyas que por no estar editada por una gran editorial con su colosal maquinaria de marketing detrás corre el riesgo de pasar inadvertida. Pecado sería que este blog no le hiciera un buen hueco a la obra y a su autor por diversas razones: por la apasionante historia que cuenta, por el preciosismo que despliega en su narración y porque es un autor andaluz. Hoy hablamos de La cabeza de Diana (Guadalturia Ediciones) de Francisco Manuel Granado.

  • Título: La cabeza de Diana
  • Autor: Francisco Manuel Granado
  • Editorial: Guadalturia ediciones
  • Páginas: 330
  • Precio: 20 €

Emma Wells es una experta en arte antiguo de Oxford acomodada en una vida gris y sin sobresaltos. Inmersa en matrimonio no del todo gratificante, eclipsada académicamente por el profesor con el que trabaja y por su condición de mujer, resignada al papel que la vida le ha otorgado. Todo cambiará cuando un inspector de Scotland Yard llegue al despacho de la universidad requiriendo la ayuda de un experto en arte para identificar la enigmática cabeza de una estatua romana descubierta en Itálica y que sospechan puede estar en las manos de un peligroso espía alemán cuyo nombre en clave es el Barón. La implicación de Alfonso Bando, antiguo amor de Emma (no resuelto), es lo que hace que esta se sumerja de cabeza en esta arriesgada aventura que la llevará a los bajos fondos del Londres de 1940, justo cuando la ciudad sufre el acoso de los bombardeos de la Luftwaffe durante la batalla de Inglaterra. La posibilidad de reencontrarse con Alfonso, hace que Emma abandone cualquier atisbo de sensatez en casa junto a su marido y su hija, para codearse con los personajes de moral más dudosa en una en una inquietante aventura en la que solo podrá contar con la compañía del capitán español Miguel Laredo.

Más allá de la aventura de contrabando, espionaje y asesinatos que es La cabeza de Diana, lo que encontramos en esta novela es la historia de la eterna tensión entre lo que se es y lo que se desea ser, entre lo que fue y lo que pudo ser, personificado en la figura de Emma Wells. El autor construye un personaje femenino extremadamente fuerte en su aparente fragilidad y de una complejidad psicológica que enriquece enormemente la experiencia de la lectura de esta obra. Además, y lo descubriréis cuando lo leáis, el contexto histórico se revela como otro personaje más por derecho propio. Se percibe un esmerado y profundo proceso de investigación llevado a cabo para reconstruir aquel Londres de la batalla de Inglaterra plagado de detalles y curiosidades históricas, a veces hasta subliminales, que te sorprenderán.

Si he de destacar algo concreto de esta obra es la brillantez en el uso del lenguaje. Desde la primera página te das cuenta que cada palabra goza de premeditación y alevosía, nada está fuera de lugar, cada término expresa justo lo que quiere expresar. Todo está medido con obsesión y es el resultado final es casi la obra de un hábil cirujano del lenguaje. Quizás la profesión del autor, abogado, haya jugado un importante papel en esto.

Al principio dije que es una lástima que esta obra no posea la mastodóntica maquinaria publicitaria de una gran editorial, pero no quiero desmerecer el trabajo que han realizado desde Guadalturia Ediciones, todo lo contrario, el libro está primorosamente editado. Me ha gustado su formato, la tipografía, el tipo de papel, el diseño… todo. Una verdadera sorpresa viniendo de una pequeña editorial del sur. Se percibe que se ha puesto mucho mimo en su publicación.

 

Sobre París

Agustín Velasco | 10 de julio de 2012 a las 14:53

Tendría unos 18 años cuando descubrí a Hemingway y su El viejo y el mar. Me sentí fascinado por la figura del gran novelista y vividor. Supongo que aquel efecto es fruto de la corta edad. Con los años lo he ido desmitificando y dándome cuenta que es un producto muy americano, personaje autoconstruido con dotes de autopublicista intuitivo, aunque no le quito en absoluto su valor como novelista. Ha sido muy agradable reencontrarme con él de nuevo transcurridos los años y profundizar en otra de sus facetas, la de periodista, revelándome a un joven escritor con ambición y las ideas muy claras.

En Sobre París (ed. Elba) de Ernest Hemingway se recopilan algunos de los artículos que escribió para The Toronto Star Weekly del 4 de febrero de 1922 al 22 de diciembre de 1923. En plena resaca de la I Guerra Mundial el joven Hemingway ejerce de ‘peculiar’ cronista de la vida y la política francesa, abordando temas tan dispares como la moda importada de Londres de incorporar gorriones disecados en los sombreros de las señoras al papel decisivo que empezaba a adoptar el bien organizado Partido Monárquico de Francia.

  • Título: Sobre París
  • Autor: Ernest Hemingway
  • Traducción y prólogo: Clara Pastor
  • Editorial: Elba
  • Páginas: 166
  • Precio: 14 €

En estos textos escuetos, resolutivos y llenos de ironía y sentido del humor, encontramos el germen del Hemingway literato que pasará a la posteridad. En ellos la fascinación que ejerce París sobre él, en la que no se siente americano en tierra extraña sino como un peculiar insider conocedor de los secretos de ese París oculto a los ojos del turista, se mezcla con el espíritu crítico que precisamente esa cualidad de estar (en París) pero no ser (parisino) le confiere.

Hay textos realmente hilarantes, como el del vendedor de alfombras, digno del mejor sketch cómico de la televisión; los hay curiosos como el análisis que abre esta recopilación de textos de cómo poder vivir en París con 1000 dólares anuales gracias al tipo de cambio; los hay escandalosos como el que desvela la manera en que los periódicos franceses venden sus páginas a los Gobiernos; etc… Hemingway no se siente precisamente indulgente con la actitud del turista americano que se deja saquear por los pícaros parisinos, de taxistas coercitivos a camareros arrogantes. También evidencia una profunda desilusión por cómo la paz ha cambiado esos lugares que en guerra le parecieron mágicos. Os recomiendo el penúltimo artículo donde compara la vida nocturna de ciudades europeas como París, Berlín o Madrid, a la que tilda (esta última) de “aburrida”.

Si al principio del libro comencé minusvalorando las cualidades de Hemingway como periodista, pronto me di cuenta que sus textos contienen una magia muy especial que eleva el género a un nuevo estatus, como lo hiciera amos más tarde Capote, Mailer, Talese…

Os dejo con una frase lapidaria que pone punto final al libro y que verbaliza perfectamente ese sentimiento del extranjero que se ve lejos de familia y amigos en días que tradicionalmente se comparten con estos: Nadie sabe lo que es la Navidad hasta que siente que la pierde en tierra extraña.

El tributo

Agustín Velasco | 4 de julio de 2012 a las 13:18

En los últimos tiempos hay una fiebre por las hadas, reinos mágicos y demás… y me encanta, soy muy fan de este tipo de historias y me gusta ver cómo cada autor versiona ese universo en el que siempre existen axiomas indiscutibles. El tributo (ed. Alfaguara Juvenil) de Holly Black va en esa línea.

Kaye es una adolescente que lleva una vida poco recomendable, de aquí para allá, siguiendo a su madre y su banda de rock, creciendo asilvestrada, ajena a la supervisión de una madre alcoholizada. Es una chica rara, y aquellos que la rodean lo constatan, de hecho cuando era pequeña, Kaye recibía la visita de las hadas y otros duendes. Un funesto hecho hace que su madre se vea obligada a emprender el viaje de vuelta a Nueva Jersey, a casa de la abuela de Kaye, y allí la chica se reencontrará con aquellos seres que la acompañaban de pequeña y que había terminado por convencerse de que eran solo fruto de su imaginación. La Corte Oscura va a llevar a cabo El Tributo para lo que necesitan un humano bondadoso a sacrificar. El equilibrio del universo está en juego, y dos cortes de hagas, buenas y malas, pero ambas perversas piensan que Kaye es la clave del asunto.

  • Título: El tributo
  • Autora: Holly Black
  • Traducción: Mercedes Núñez
  • Editorial: Alfaguara Juvenil
  • Páginas: 371
  • Precio: 14,95 €

Como es de esperar en las obra del género no faltarán los temas inherentes a la adolescencia: la reafirmación personal, el amor problemático, el proceso de madurez, la reconciliación con su origen…

La autora se muestra una buena constructora de realidades, una narradora ágil y domina los recursos del género con inteligencia. Muchos autores que trabajan en esta línea se pierden al tratar de mostrar lo inteligentes que son creando sociedades fantásticas con reglas muy definidas, pero Holly Black simplemente deja que la narración fluya. Es de agradecer que se decantara por una historia autoconclusiva cuando lo que abundan son las trlogias y sagas varias.

Ya sé que una heroína adolescente que fuma y se muestra reticente a seguir las normas no es lo más recomendable para que tus hijos lean ahora que tienen más tiempo, pero creo que el mensaje final, el resultado creativo, puede justificar esos pequeños malos ejemplos. Y es que creo  a los chicos no se les puede proteger toda la vida, sobre todo cuando en su propia casa están viendo a veces a sus padres fumar como carreteros.

Atentos a este dato: Holly Black tiene un proyecto que la une creativamente a Cassandra Clare, sí la de Cazadores de Sombras. Ambas están escribiendo una nueva saga de cinco libros que verán la luz en 2014 y que se llamará The Iron Trial, donde se vivirán las aventuras de la rebelde Callum Hunt de los 12 a los 17 años. Dos reinas de la fantasía codo a codo.

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Asesinos en serie

Agustín Velasco | 2 de julio de 2012 a las 15:58

Cometí el error de empezar este libro uno noche a eso de las once, justo antes de irme a la cama. Cuando cerré el primer capítulo y tuve que apagar las luces solo sabía repetirme “idiota, más que idiota”. Supongo que los que lean esto no podrán menos que darme la razón cuando les diga que el libro en cuestión es Asesinos en serie (ed. Ariel) de Robert K. Ressler y Tom Schachtman.

Aparte de que me ceñí en adelante a avanzar en su lectura estrictamente en horario mañanero, debo confesar que lo he encontrado fascinante. Robert K. Ressler estuvo 20 años en el FBI y ha sido  uno de los expertos que más han aportado al arte de redactar perfiles de asesinos. No voy a explicar que es un perfil ni para que se emplea, basta con recurrir a la serie televisiva Mentes criminales que tiene como protagonista la Unidad de Análisis de Conducta del FBI con sede en Quantico a la que perteneció Ressler. A este agente en cuestión se le ocurrió que la mejor manera de poder conocer a los asesinos en serie era realizando el mayor estudio hasta la fecha mediante entrevistas personales sistematizadas.

En el libro nos cuenta su trayectoria, sus logros y los obstáculos que encontró en el camino, y nos va desentrañando las motivaciones, modus operandi, tipologías, etc… de estos asesinos ejemplificandolo a cada paso con casos reales en los que intervino o que estudió. Charles Manson, Ted Bundy, Richard Speck… personajes inquietantes que han pasado a la historia negra de Estados Unidos y que son de sobra conocidos por las películas y telefimes que se les ha dedicado.

  • Título: Asesinos en serie
  • Autor: Robert K. Ressler y Tom Shachtman
  • Traducción: Xavier de Jonge
  • Editorial: Ariel
  • Páginas: 356
  • Precio: 20,90 €

A pesar de ser explícito y taxativo, el autor trata de ser aséptico y no profundizar en el morbo en aras de herir lo menos posible la sensibilidad del lector. No obstante hay que tener un estómago duro en algunos casos, los más ‘sangrantes’. Otra cosa que parece que el autor ha tratado de evitar a toda costa es mostrarnos a los asesinos desde una perspectiva que los engrandezca. Y no puedo estar más de acuerdo con su manera de tratar este asunto, porque es fácil que el lector termine seducido por la maldad, la perversión y la crueldad de estos personajes. Ressler consigue desproveerlos de cualquier grandeza y los presenta como pobres diablos pervertidos a la postre… patéticos perdedores que hicieron mucho daño, eso sí.

Para alguien que escribe suspense y novela negra creo firmemente que esta debe ser una obra de referencia básica. La construcción de cualquier asesino en serie debe pasar por los condicionantes vitales que Ressler desentraña en estas páginas.

¡Despierte, señor!

Agustín Velasco | 26 de junio de 2012 a las 14:43

No se puede estar más loco. Cuando leí la reseña pensé que podía ser divertida, pero lo que me he encontrado en ¡Despierte, señor! (ed. Principal de los libros) de Jonathan Ames ha superado todas mis expectativas y se ha revelado como una de las obras más hilarantes-paranoicas que he disfrutado en mi vida.

Voy a omitir un dato esencial que os fastidiaría la gran sorpresa del libro y que por ahí, en otras reseñas, he visto desvelado. Así que si tras leer esto estáis tentados de haceros con este libro para disfrutarlo a pie de piscinita os aconsejo no indagar por ahí otras reseñas porque lo mismo os destripan un ‘hecho’ importante que deberéis descubrir por vosotros mismos.

  • Título: ¡Despierte, señor!
  • Autor: Jonathan Ames
  • Traductor: Joan Eloi Roca
  • Editorial: Principal de los libros
  • Páginas: 416
  • Precio: 22,50€

A ver cómo os explico la esencia de la historia. Pongamos que soy el protagonista, Alan Blair, y nos conocemos por casualidad. Yo me presentaría de esta manera: “Hola, me llamo Alan, soy judío y escritor, aunque lo cierto es que solo he escrito una novela que casi nadie ha leído y ahora tengo un pequeño atasco creativo con un roman à clef, quizás sea por lo mucho que bebo, de hecho mis tíos, con los que vivía hasta el momento, me han dicho que o busco ayuda o hago el petate, así que me dirijo a una colonia creativa para espolear el talento creativo, y allí voy con mi ayuda de cámara Jeeves al que contraté gracias a que conseguí una jugosa indemnización al resbalar frente a un edificio de Park Avenue…”  Alan, por su falta de habilidades sociales y de experiencia con el sexo opuesto, está abocado a los mayores desastres, sobre todo al conocer a una guapísima femme fatale en la colonia para escritores. Solo Jeeves puede ayudarle… ¿o no?

En resumen: Alan en un pobre patético alcohólico con aspiraciones literarias que se meterá en las situaciones más embarazosas. ¿Sabéis a quién me recuerda el personaje? A aquel Chris Peterson de la serie Búscate la vida que emitía Canal Plus a principios de la década pasada. Es tan patético… y tan divertido.  Hay que tener en cuenta que el autor, Jonathan Ames, es humorista, colaborador de Late Show with David Letterman y creador de la serie de éxito de HBO llamada Bored to death. El oficio se nota.

Esta novela es fresca, inaudita, epatante… y sobre tanto necesaria en época de tribulaciones como la que vivimos. El humor es nuestra única tabla de salvación. Las reflexiones de Ames sobre la vida, los gestos más cotidianos, el sexo y su condición de judío te harán pasar un verano muy animado.

Por cierto, una pregunta: Si borracho, en una ciudad que no conoces, de madrugada, reparas en un número de teléfono garabateado en un guía de teléfonos de una cabina pública que lleva adjunto un mensaje ofreciendo sexo, ¿se te ocurriría llamar?

El señor de las moscas

Agustín Velasco | 25 de junio de 2012 a las 22:00

Ya se sabe que los niños, libres de ciertas inhibiciones educativas y sociales que desarrollamos a lo largo de nuestra vida, pueden llegar a ser muy crueles. Pero lo que William Golding dibujó en su obra más conocida supera los límites de la imaginación. Creo que para este verano puede ser una buena idea repasar algunos clásicos de la literatura, y qué mejor que empezar por El Señor de las Moscas (Alianza Editorial) de William Golding, una obra que ha gozado de un par de adaptaciones cinematográficas que yo tenga constancia (1963 y 1990) y un tributo en Los Simpsons, ¿lo recordáis?

Creo que recordar de lo que va sobra, pero aún así… Una treintena de escolares  sobreviven a un accidente de avión cuando son evacuados de Inglaterra a consecuencia de la guerra. El destino ha querido que arriben a una isla desierta y allí se verán en la tesitura de tener que organizar una proto-sociedad si quieren sobrevivir. La lucha por el poder del clan entre Ralph y Jack los llevará a que la situación degenere sacando lo más terrible de la naturaleza humana a flote.

  • Título: El Señor de las Moscas
  • Autor: William Golding
  • Traductor: Carmen Vergara
  • Editorial: Alianza Editorial. El libro de bolsillo.
  • Páginas: 288
  • Precio: 9 €

Esta obra, que fue en gran medida por la que se le otorgó el Nobel a su autor, es una descarnada parábola de la naturaleza humana y la sociedad en que vivimos, que no es más que un reflejo del hombre que la construye. Golding construye personajes arquetípicos voraces y emotivamente desnudos, sin reservas, casi impúdicos, y extremadamente complejos en los que conviven dualidades antagonistas como la crueldad y el miedo.

Que nadie se confunda: si bien es una novela de niños no está dirigida a este público, creo personalmente que no es apta aunque en algunos programas escolares se incluya. La profunda metáfora multinivel que envuelve la historia solo es asumible por un cerebro maduro, receptivo y crítico. Esta es una obra que nos hace reflexionar sobre nuestra crueldad más primaria, nuestras ansias de poder y control, nuestra capacidad de supervivencia emocional, y sobre el destino que correríamos sin reglas sociales y morales.

La edición en bolsillo de Alianza Editorial cuenta con una excelente traducción a manos de Carmen Vergara que solventa de manera muy inteligente matices idiomáticos muy sutiles y que no desprovee de la inocencia lingüística que el autor quiso imprimir a sus protagonistas.

El comienzo de un nuevo camino…

Agustín Velasco | 21 de junio de 2012 a las 17:31

Perdonad la ausencia. Estos últimos días no he desaparecido por problemas familiares como ha ocurrido en el pasado, sino todo lo contrario. Mi ausencia se debe a una buena, muy buena noticia que quiero compartir con todos vosotros:

La semana pasada recibí la confirmación de que mi primera novela verá la luz en unos meses. ¡Sí, objetivo cumplido! Después de un tiempo abandonada en un cajón por no poderme dedicar a ella, el destino ha querido que una nueva editorial gaditana haya apostado por mí como autor ‘emergente’. Así que me he puesto las pilas y he dedicado los últimos días a empezar a revisarla y corregirla.

Debo confesar que tenía pánico de releerla. Soy extremadamente crítico conmigo mismo y tengo una especie de síndrome que me impide retomar trabajos del pasados, ya sean literarios o periodísticos, porque nunca los encuentro a la altura de mis expectativas. Pero me he llevado una sorpresa: me ha gustado mucho lo que he leído. Sí, ya sé, suena egocéntrico al estar hablando de mi propio trabajo, pero es que en el tiempo que ha pasado dormida en el cajón se ha producido en mí una especie de alejamiento como autor y cierto desafecto que me permite valorarla más objetivamente.

Aún así, no os podéis imaginar las de correcciones que he hecho sobre el manuscrito: dos rotuladores Edding 1200 he agotado anotando mejoras, ideas sobre las que profundizar y subsanando deslices ortográficos que inexorablemente se producen cuando quiero soltar las ideas que tengo en la cabeza lo más rápido posible. Sin embargo la arquitectura de la novela me ha parecido muy válida, no la he modificado en casi nada.

En adelante os iré contando de vez en cuando cómo es el proceso de edición de una ópera prima (en verdad ya hay otro librito por ahí con mi nombre en la portada: La obra de teatro con la que gané el certamen literario de la Universidad de Sevilla en 1995 y que el Servicio de Publicaciones de La Hispalense publicó en su momento). Espero que os sea interesante porque me consta, por los mails que recibo, que muchos os planteáis dar ese paso hacia la creación literaria.

En futuras entradas os iré desgranando todo lo referente a la editorial que ha apostado en mí y adelantando más detalles sobre la obra en cuestión, bastante sui géneris por cierto, tal y como su título delata:

Telecocina asesina

Continuará…

Venganza

Agustín Velasco | 15 de junio de 2012 a las 7:21

Que me perdonen Preston y Child, pero evidentemente Gideon Crew no es el agente Pendergast. Los amantes de la figura de Aloysius Pendergast sentirán un pellizco desconsolador y clamarán “¡¿en qué estáis invirtiendo el tiempo?!, ¡poneos ya con otra entrega de Pendergast!”. Pero como no quiero ser dogmático me voy a desprender de mi fanatismos y voy a olvidar que las historias de Gideon Crew consumen los recursos de nuestro agente especial del F.B.I favorito.

Así que vamos con Venganza (ed. Plaza & Janés) de Douglas Preston y Lincoln Child, la primera historia de la serie de Gideon Crew, que para ser justo de entrada me resultó trepidante, entretenida y llena de giros inesperados. El tal Crew tiene una misión en la vida, vengar a su padre, un famoso matemático que fue asesinado para ser tomado como chivo expiatorio de un fiasco de la Inteligencia nacional. Gideon, testigo del asesinato, es obligado por su madre años después de asumir el compromiso de la venganza. Pero es que eso se resuelve en la página 61. Punto final y a otra cosa, mariposa… ¿o no?

  • Título: Venganza
  • Autor: Glenn Cooper
  • Traducción: Fernando Gari Puig
  • Editorial: Plaza & Janés
  • Páginas: 352
  • Precio: 18,90 €

Pues no, su misión personal, y la forma en que la lleva a cabo lo pone en el punto de mira de Eli Glinn, presidente de Effective Engineering Solutions y viejo conocido de nuestro amigo Pendergast (¡diablos, dije que me iba a olvidar de él!). Glinn le propone llevar a cabo una importante misión que les ha comisionado el Gobierno de los EEUU, hacerse con un importante proyecto científico de los chinos que puede cambiar toda la realidad económica mundial y que un científico desertor ha introducido en el país. Venga, Gideon, anímate, métete de cabeza en esta aventura, ¿qué tienes que perder?, de todas formas vas a palmarla… ¿¿?? “¿Que voy a palmarla?, ¿de qué diablo hablas, Glinn?”. No es textual (a pesar de las comillas) pero resume el momento de perplejidad del protagonista.

 A la historia no le falta de nada: una historia de amor imposible, traiciones, un asesino cruel y despiadado (y es que lo chinos son los nuevos rusos en la literatura norteamericana desde que los soviéticos son “amigos”), momentos de ingenio, suplantación de personalidad, persecuciones, un cementerio abandonado… Vamos, de todo un poco.

En fin que si no existiera Pendergast diría que es una novela muy recomendable e ingeniosa, ideal para dias de sol y arena. Pero lo cierto es que no puedo esperar a echarle el guante a la última entrega de nuesto Agente Especial del FBI favorito, que ya está en la calle bajo el título Sangre fría… no confundir con la maravillosa e icónica obra de Capote.

Entrevista a Yolanda Sáenz de Tejada

Agustín Velasco | 14 de junio de 2012 a las 8:10

Hay veces que cuando entrevistas a un escritor lo que más te interesa es analizar la trama de su obra, otras el mensaje, otras los recursos creativos que emplea… y a veces, en ocasiones muy especiales, lo que te gustaría es introducirte en el universo del autor y poder mirar el mundo por un rato con sus ojos. Intuyo que ver la realidad por un momento desde el procesamiento que hace de ella la autora de Cada gota de tu vida, Yolanda Sáenz de Tejada, debe ser con someterse a un fogonazo deslumbrante lleno de matices que a las sensibilidades ordinarias se nos escapan; una sobredosis de sensibilidad para la que no estamos preparados y que podría hacernos caer KO por un severo caso de Síndrome de Stendhal. A mí, por lo menos, leer su obra me dejó un sentimiento difuso e inexplicable de positivismo irracional. En otras palabras más llanas: “buen rollito”.

¿Qué propósito le rondaba la cabeza cuando surgió la idea de esta su primera novela? La verdad es que estaba en un camping del norte de España, muy relajada, y quería empezar una historia un poco más larga. Quería llenar de emociones y de fuego a un par de chicas. Luego, apareció otra y, al final, me di cuenta de que me faltaba una cuarta para abarcar todo lo que empezaba a contar… El mérito es de ellas, que comenzaron a llenar mis folios y mi cerebro. Así de emocionante fue para mí el comienzo de Cada gota de tu vida. Un proyecto sin premeditación pero con muchísima alevosía…

¿Cómo se le ocurre el juego sexual que propone Carmen a sus amigas? Esta pregunta es muy buena… me cuesta responderla porque el juego surgió de forma natural, es como si Carmen, la que lo propone, hubiera llegado una mañana y hubiera pensado que quería jugar a algo diferente. A algo que demostrara la sexualidad de las mujeres pero que, a la misma vez, le sirviera de experimento científico para saber hasta dónde podemos llegar cuando deseamos algo fervientemente, con nuestro corazón y con nuestro cerebro.

¿Por qué cree que la sexualidad femenina en la literatura ha sido casi siempre reflejada desde un punto de vista timorato (incluso en autoras mujeres)? Siempre con ese significado de entrega y apartando el componente simplemente lúdico. Bueno, yo he leído libros maravillosos eróticos y quizás porque no son muy comunes los he buscado desde niña. Recuerdo quitarle libros de ciencia a un primo mío donde venían dibujos del cuerpo humano desnudo y esconder en el tejado de mi casa postales de mujeres desnudas. Recuerdo, también, rebuscar en la biblioteca extensísima de mi padre entre los libros del estante más alto. Pero es cierto esa apreciación y supongo que es porque el sexo femenino ha tenido miedo de que no tomen en cuenta nuestra literatura si hablamos del sexo como algo natural y necesario. Yo hago poesía sensual y, la verdad, no he escrito una novela erótica, aunque esté denominada así. Yo he escrito pura vida y a cuatro mujeres desangrándose de sensaciones cuando aman. El resto, viene solo. Por eso creo que está gustando tanto, porque muchas mujeres se ven en esa piel.

La mujer, por regla general (no es su caso, por eso lo planteo), sigue intentando adoptar una voz, un estilo, masculina al narrar historias como si el mercado editorial necesitara que ellas demostrasen que pueden competir con los hombres en su terreno. ¿Cree que el hacer florecer la sensibilidad femenina en la narrativa todavía es una asignatura pendiente? Este tema me encanta, porque en enero publico un libro que habla de esto también. Sí, la mujer que quiere competir con el hombre adopta un tono y una voz más masculina, aunque por dentro se queme de pasión y de ternura. Pero sí, no es mi caso y es curioso, porque yo me he criado entre chicos pero nunca he sentido la necesidad de estar a la misma altura o nivel que ellos con mi forma de expresión; al contrario, me he sentido respetada. Y siempre he sido y hablado igual. Yo creo que la mujer ha de verterse en un papel como en la vida: al cien, al ella misma, al ella pura… Es lo mejor que le puede pasar como escritora y a nosotros como sus lectores.

Es evidente que no es capaz de desprenderse de su vocación poética cuando afronta la novela, ya no solo por la inserción de pequeños versos, sino porque toda la obra está plagada de conceptos, metáforas y recursos propios de la poesía. ¿Qué papel juega la poesía en su universo narrativo? ¿Sabes?, yo creo que incluso cuando hablo, utilizo la poesía…, que cuando estoy en una conversación profunda y que me apasiona, utilizo silencios y palabras rescatadas de un espacio íntimo que podrían estar en un poema. La poesía es mi forma más pura de expresión, la vía que utilizo para gritar y para amar. Es como la voz para un cantante. Está en mi cocina, en mis camisetas, en mis zapatos, en el menú que hago cada semana para mi casa, en mi ordenador y en cada uno de los trabajos de diseño y que salen de mi estudio de creativa  lalunaesmía. No es sólo un recurso narrativo, es mi forma de comunicarme con el mundo y con las personas.

¿Era importante para usted asumir el control creativo de la obra: diseño de portada, tipografías…? Dice mi agente literaria que soy la única escritora que, a la misma vez que le presenta un proyecto, le adjunta imagen y nombre de la obra. Con colores incluidos… Jajajaja. Y es que yo soy creativa y no entiendo nada si no lleva una imagen asociada, es como si no existiera, como si estuviera a medio parir. Siempre que pienso un libro, hago una cubierta, siempre. Y el texto de atrás; incluso pienso como lo vendería… Y no me puedo desprender de eso porque me dedico también a este proceso. Pero luego lo veo con la editorial, claro, ha de ser un acuerdo estilístico entre los dos, nunca impongo nada, a ellos les ha de encantar, si no, no tiene sentido para mí. Y, en este caso, es un honor inmenso que la editorial haya aceptado este diseño de cubierta para Cada gota de tu vida, de la misma forma que ha ocurrido con los libros de poesía.

¿Por qué Sevilla como escenario de la acción? La verdad es que es raro porque no soy de allí y siempre he vivido en esa ciudad a ratos, a emociones… pero quería una ciudad andaluza y pasional y, además, allí viven Olga y Nuria, dos amigas que son eternas y necesarias y esta novela habla de eso también, de la relación entre mujeres amigas. Sevilla entonces era pasión y amistad. Era la ciudad perfecta.

¿Sus personajes son personajes tipo que ha ideado para esta obra o responde a mujeres que la rodean en realidad? Pues, aunque los he creado para esta novela, son reales. Fueron reales en su origen. Cada una de las chicas es una persona de referencia al principio pero luego se desprenden de ella y son cada una de las mujeres que, durante dos años, han ido apareciendo o viviendo en mi vida. Dejando huella y llorando o riendo cerca de mí. Fíjate si han llegado a ser reales, que en un viaje con mis hijas y mi pareja, compré de regalo una botella de vino para Lavinia (una de las protagonistas)… Jajajaja…

¿Qué temas de la realidad emocional y vital en que vive la empujan a crear literatura? Ohhh, esta pregunta es preciosa porque vosotros, los medios, sois mi mayor fuente de inspiración. Anoche justo, estaba terminando un poema sobre dos artículos que había leído en la prensa. Yo, sobre todo,  oigo la radio, tengo una en cada habitación de mi casa y vivo en cada historia que contáis. Sobre todo, las denuncias y temas sociales; estos son mi mayor fuerza para saber que, cuanto más voz tenemos los escritores, más debemos de utilizarla para ayudar a los que no tienen herramientas para denunciar o gritar. Mis temas favoritos están en nuestro día. En el amor (ese pequeño y diario, en el erotismo casero, como cataloga Javier Rioyo mi poesía) y en las personas que nos rodean y que nos hacen crecer con sus diferencias y con la posibilidad que nos dan de ayudarlas. Pero yo creo que sufro la enfermedad maravillosa de la utopía, que se me contagió al nacer de mi padre, y que eso es lo que realmente me mueve a pensar que el mar cabe en un vasito de agua y que, a veces, me sirve para hacerme un té con hierbabuena… Las ganas de vivir y de cambiar lo que no está correcto, son mi mayor realidad emocional y vital.