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El lazo púrpura

Agustín Velasco | 16 de junio de 2010 a las 20:59

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Abrir las páginas de El lazo púrpura (Nabla Ediciones) de Alejandro Núñez Alonso es sumergirse en una epopeya apasionante. Tanto es así que una vez empezado, y a pesar de sus más de 700 páginas desplazó todas las otras lecturas que tenía empezadas (y que ahora retomaré). Cada minuto de asueto lo dedicaba a pasar tres o cuatro páginas de este magnífico libro del autor que fuera Premio Nacional de Literatura en 1957 y que a pesar del éxito de crítica y público en su momento hoy está un poco en el olvido. Espero que este post ayude a revivir la figura de Alejandro Núñez Alonso, porque ya que ahora que existe esta fiebre por la novela histórica es bueno recordar a los clásicos de este género, máxime cuando a este autor se lo ha tildado como “el mejor escritor español de novela histórica de todos los tiempos” por voces muy reputadas.

El lazo púrpura es el primer volumen de la serie de Benasur de Judea, un personaje altamente complicado, de una profundidad psicológica absoluta, y que no se deja conocer desde la primera página. Para empezar a conocerlo hay que leerse todo este tomo, ya que se nos va revelando él y sus ambiciones capa a capa, poco a poco. Núñez Alonso va dosificando la información para que conozcamos al grandísimo Benasur por sus actos, haciéndonos vivir con él sus grandezas y sus miserias, testigos de sus gestos de amor y de sus más terribles crueldades. Al principio solo sabremos de él que es un gran navarca judío, lo que hoy llamaremos un armador, pero pronto se nos descubrirá como un empresario sagaz y sin escrúpulos, un especulador financiero voraz; nos revelará más tarde el plan maestro que absorbe todas sus ambiciones, que va construyendo moviendo fichas con paciencia como en un ajedrez, y presenciaremos a su cara más sibilina, la de intrigante político; pero no comprenderemos sus motivaciones hasta que conozcamos su infancia, y con ella la génesis del gran odio que mueve a este hombre contra todo un imperio.

  • el lazo púrpuraTítulo: El lazo púrpura
  • Autor: Alejandro Núñez Alonso
  • Editorial: Nabla Ediciones
  • Páginas: 718
  • Precio: 22 €

La historia comienza en Corinto, Grecia, cuando el destino de Benasur se une inexorablemente al de Mileto, un esclavo griego con sed de conocimiento cuyo amo le cede a Benasur como ‘secretario’ en su viaje. Benasur es puro instinto, habla el lenguaje de los negocios, su moral es una peculiar conciliación práctica entre su fe y su ambición, mientras que Mileto es un intelectual, la ética su gran preocupación, y tan dispares caracteres no puede más que propiciar grandes enfrentamientos morales entre los que llegarán a ser (sin saberlo) dos grandes amigos. Las gestas del judio serán muchas: Benasur ‘jubilará’ al temible pirata Skamín; rentabilizará la rendición de Skamín ante el césar Tiberio consiguiendo las más lucrativas concesiones administrativas de la minería de Bética; seremos testigos de cómo pone patas arriba el reino de Garama (en territorio de la actual Libia); y llegará a Jerusalén para celebrar la Pascua justo cuando el alborotador al que llaman El Nazareno verá su destino en manos de Poncio Pilatos. ¿Qué papel jugará Benasur en el destino de Jesús? Eso se lo dejo que lo descubran los que se embarquen en esta apasionante aventura.

Núñez Alonso tiene una narrativa magistral que acerca las costumbres del Imperio Romano y sus provincias al lector de hoy de la manera más natural. Hay veces que debemos hacer un esfuerzo para recordar que estamos sumergidos en una historia del siglo I d.C. dada la vigencia de la historia. Hay momentos, como cuando se plantean los problemas financieros y monetarios de la época, que podriamos estar ante la narración de la crisis en que vivimos hoy. El mundo ha cambiado muy poco, las ambiciones de los seres humanos y sus vilezas no han variado en absoluto, solo han evolucionado las herramientas en poder del hombre para hacer realidad sus sueños.

El autor juega muy bien con los ángulos ciegos de la Historia para hacer transitar a sus personajes. Su erudición en Historia y las costumbres de aquella antigua civilización lo ayudan a tejer una hipnótica red de usos y costumbres de la vida cotidiana que te atraparán en la novela y dejarás de ser un espectador que lo contempla todo desde la lejanía de los siglos para descender a la arena del foso del teatro con los gladiadores (tanto los gladiadores-estrella que son tratados por el populacho como hoy tratamos a las estrellas del fútbol, así como los pobres diablos que son obligados a convertirse en luchadores a golpe de sentencia de muerte, de modo que la administración se ahorraba el costo de la ejecución y alimentaba la maquinaria del espectáculo más cruel). En El lazo púrpura tan importante es el plan general de la obra, el recorrido vital, estratégico y geográfico de Benasur (que podrás seguir en un estupendo mapa que incluye la edición de Nabla al principio) como los pequeños detalles de brillantez sin igual.

Si te gusta la historia, este es tu libro. Si te gusta la novela histórica, debes convertirlo en un pilar de tu biblioteca. Si te gustan las intrigas políticas, te sorprenderá esta novela sin duda. Si te gusta la economía, también te lo recomiendo. Y si te atraen las historias bíblicas, Alejandro Núñez Alonso te ofrece una perspectiva distinta de la Pasión de Cristo.

Solo un pero: no podrás desengancharte y te lanzarás de cabeza por su continuación, El hombre de damasco, ¡¡¡que tiene 928 páginas!!! (Pero que seguro se irán volando como las de este tomo). Yo me relajaré un poquito antes de ponerme con él, lo dejo para el verano.

Próximamente:  Gente fabulosa (ed. Anagrama) de Lee Tulloch

Empezado: El cebo (ed. Plaza & Janés) de José Carlos Somoza

La bolsa no es un invento de hoy

Agustín Velasco | 25 de mayo de 2010 a las 8:09

el lazo púrpuraEn El lazo púrpura Benasur de Judea se nos muestra como un hábil especulador financiero. Con lo que está lloviendo es un término que no hay que explicar. Y en concreto Alejandro Núñez Alonso habla de la basílica Argentaria en unos términos muy cercanos de lo que hoy podríamos encontrar en cualquier edificio de La Bolsa de cualquier país:

Al pasar por la basílica Argentaría, la bolsa de valores que ya empezaba a ser la más importante del mundo —aunque no tan suntuosa como el Palacio de Tasas de Tiro—, Benasur estuvo tentado de entrar a husmear

El funcionamiento que dibuja Núñez Alonso de esa bolsa romana es muy similar a lo que hoy ocurre sobre El Parquet de La Bolsa, donde cualquier rumor o sospecha puede hacer los valores altamente volátiles.

Los agentes gritaban los valores en oferta y demanda; especialmente los orientales, los rústicos y los textiles. Al pasar por el mostrador de mineros, no pudo menos de prestar atención a un diálogo…

Me pregunté sí esto corresponde fidedignamente a la realidad de aquella Roma del siglo I de Tiberio o si era una trasposición literaria del autor, así que he indagado, y aunque en algunos lugares se describe a la basílica Argentaria como un lugar destinado al mercadeo especializado de bronce y vajillas de plata, pero según Dorothy M. Robathan, en un artículo publicado en The American Journal of Philology que lleva el título de The Basilica Argentaria (1934) ya aclara que el arqueólogo Corrado Ricci apunta que el origen etimológico de la palabra Argentaria puede inducir a ese error cuando en verdad fue un lugar para la actividad de cambistas y banqueros.

Y es que ‘argentari’ significaba ‘banquero’ en la Roma clásica. Interesante este extracto que he encontrado en el blog sobre derecho peruano de Iván Oré Chávez que habla del origen de las operaciones bancarias:

En Roma, aparecieron los “Humularii”, cambistas, y los “argentari”, propiamente banqueros. Como en Grecia, los romanos desarrollaban una serie de operaciones bancarias, cobros y pagos por cuenta de sus clientes, liquidación de herencias por el sistema de remate, entrega de dinero a interés, testificación de contratos, recepción de depósitos, etc. A lo que puede agregarse el sistema contable, cuya evolución fue particularmente destacada”.

Si a esto le unimos lo del famoso banco absorbido por el BBV, que pasó a llamarse BBVA entonces, Argentaria parece que tenía un claro origen financiero.

Tiene delito que haya pasado por una Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y que no me dijeran nunca que en Roma ya había una bolsa de valores. Pero son tantas lagunas las que deja la carrera… ¿O es que ese día estaba en el bar saltándome la clase?