Archivos para el tag ‘Carlos roca’

Entrevista a Carlos Roca

Agustín Velasco | 23 de julio de 2010 a las 7:36

Carlos_Roca

Me maravilla la capacidad de algunos autores para sacar tiempo para escribir. Sin ir más lejos Carlos Roca, autor de La auténtica historia de las minas del rey Salomón (ed. Nowtilus), es de estos autores que te hacen pensar si para algunos el día tiene más de 24 horas. Roca es periodista y directivo del grupo de comunicación Antena 3, ocupando actualmente el puesto de director regional de la cadena Onda Cero en la región de Murcia. Pero es que además ha sabido sacar tiempo para cultivar la pasión sobre la historia y en concreto sobre las grandes batallas de África del Sur, recorriendo el terreno en persona, buceando en las fuentes de la época. Esta pasión ha dado como resultado libros como Zulú, la batalla de Isandlwana o Rorke’s Drif, la inmortal batalla anglo-zulú, por nombrar algunas. ¿Cómo desaprovechar la ocasión para preguntar al autor no sólo su obra, sino por su pasión africana?

¿Cuándo la fascinación por esta época y este territorio pasa de ser simplemente un interés personal a una dedicación literaria? Fue un verano del año 2002 cuando el también periodista como yo Antonio Pérez Henares íbamos juntos a un encuentro en Menorca con el entonces presidente Aznar, y comenzamos a compartir cuestiones sobre África y resultó que él también había estado en Zululand y me animó a que escribiera sobre ello… y así lo hice. Para mi sorpresa se vendieron cuatro ediciones, en diferentes formatos, de mi primer libro: Zulú, la batalla de Isandlwana.

¿Cómo es el proceso que da a luz un libro como este? ¿Cómo surge la idea o la necesidad de contar esta historia? Mi deseo inicial estaba relacionado con las grandes batallas del belicoso reino de los matabele, una escisión de los zulúes, pero conforme iba avanzando en el mismo me di cuenta de los paralelismos existentes con la novela de Henry Rider Haggar Las minas del rey Salomón, por lo que comencé entonces a darle una forma distinta hasta conseguir que, sin dejar de ser un libro de grandes batallas, se adentrara también en la trama y el pensamiento original que llevaron a Haggar a escribir su clásico de la literatura universal. En ese sentido Nowtilus es una grandísima editorial que cuida al escritor y su trabajo al máximo aportando sugerencias y colaborando juntos.

¿Cuál de los personajes de este libro te parece más fascinante? Cuando comencé a escribir La auténtica historia de las minas del rey Salomón inmediatamente me di cuenta que el personaje central era Cecil Rhodes. Definitivamente su impulso imperialista, su visión del mundo (naturalmente con Londres como centro del mismo), sus aires de grandeza, su inmensa riqueza económica pero a la vez su gran pobreza interna, me cautivaron desde el principio. No me extraña que muchos consideraran entonces, y ahora, que si él hubiera vivido un siglo antes las colonias americanas no se habrían perdido.

¿Y el más injustamente tratado por la historia? Sin duda el rey matabele Lobengula que durante años fue presentado como un tirano y un déspota ávido de sangre, como ocurrió también con los reyes zulúes. Es indudable que tampoco era un santo, pero al final, cruel o no, sanguinario o no, déspota o no, tenía un país que defender ante la codicia del hombre blanco y así lo hizo.

En el libro se pone de manifiesto los paralelismos entre la conquista africana y la conquista del Salvaje Oeste en América. ¿Por qué crees que esta epopeya del hombre blanco en África no ha sido tan trabajada en el cine como la aventura americana, que llegó a convertirse en todo un género cinematográfico? Lamentablemente sobre esta epopeya apenas tenemos inmersiones en el séptimo arte, salvo la preciosa película de los años 50 protagonizada por Tyron Power Untamed y que aquí en España se llamó Caravana hacia el Sur. Con todo, la película tiene una ambientación casi perfecta, incluyendo el gran viaje de los colonos de origen holandés desde Ciudad del Cabo, el cruce de las Drakensberg y hasta un ataque zulú a un grupo de carros en formación en círculo (como los ataques de los indios en las películas del oeste) que está excelentemente rodado. Me imagino que el cine no se ha centrado más en estas historias por ser mucho menos conocido que la conquista del Oeste.

Al tocar un tema tan sensible, donde no hay héroes ni villanos, donde las grandes causas se mezclan con la crueldad y la codicia, se nota que hay un ejercicio de no querer cruzar las difusas líneas de ‘simpatía’ y ‘afinidad’ en favor de la objetividad. ¿Ese alejamiento como autor es un ejercicio consciente? Un conocido antropólogo y escritor británico decía que a la hora de escribir, que no es más que otra expresión del ser humano, nadie, absolutamente nadie, es imparcial, ya que siempre hay algo de nosotros. En mi caso he intentado serlo, creo que en parte lo he conseguido, pero tengo que reconocer que me costado un enorme esfuerzo porque la objetividad histórica es muy compleja, sobre todo en una sociedad como la presente donde ya no hay absolutos y que todo depende del prisma con el que cada uno quiera mirar las cosas.

¿Qué cosas de toda esta epopeya te siguen sorprendiendo y te fascinan más cuanto más profundizas? Que la codicia del hombre, especialmente en aquella época del hombre blanco, es insaciable. El oro entonces, y el dinero ahora, siguen moviendo el mundo. Basta mirar cómo estamos ahora mismo, con la crisis, que no es más que el fruto que estamos recogiendo de tanta especulación y economía salvaje. Por otra parte, y ya alejado de este pensamiento, me sigue fascinando que una nación de guerreros anclados en el neolítico fuera capaz de enfrentarse, con tantísimo valor, a las armas de fuego del hombre moderno, como hicieron los matabeles y lo zulúes.

He buscado Las minas del rey Salomón (era una de mis asignaturas pendientes literarias) y sólo he conseguido encontrar una edición ‘juvenil’ de Anaya. ¿Qué opinas de que se considere hoy por hoy esta novela ‘literatura juvenil’? Francamente lo es. Cuando Haggar la escribió, que por cierto apenas tardó un mes en hacerlo, tenía en mente a niños y jóvenes, y un análisis del mismo, desde su estructura narrativa original hasta el desenlace final, está pensado para un público joven. Eso no quiere decir en absoluto que aquellos que ya no somos tan jóvenes no podamos disfrutar de ella. En mi caso particular lo que yo espero de un libro -de cualquier libro- es que me entretenga, me divierta, me aporte algo que no conozco…. Como Haggar, que lo consiguió, y espero que yo también con La auténtica historia de las minas del rey Salomón pueda hacerlo. Mi ilusión es que todo aquel que tenga el libro en sus manos se sienta después de leerlo que ha visto una película de aventuras como aquellas que pasaban en televisión los sábados por la tarde.

¿Crees que África sigue siendo la gran desconocida hoy? En parte sí. Desde luego lo que ocurre en ella nos afectó a todos nosotros y nos sigue afectando hoy. El ser humano tiene su origen en África, por ello pienso que para todos los que allí vamos es como una vuelta a tus orígenes ancestrales. El olor y el color de la tierra, el cielo, la sensación brutal de la presencia de la naturaleza salvaje. Poco queda ya del África aventurera del siglo XIX, pero todavía en lugares como Bostwana, Sudáfrica, Zambia, Namibia, etc, uno puede experimentar sensaciones y vivencias que difícilmente nuestro mundo occidental puede darte.

¿Qué historias de las que aparecen en las notas de a pie de página merecerían un libro para ellas solas? Quizá un libro monográfico dedicado a animales cazadores de hombres, desde tiburones, leones, tigres, osos grizzly, lobos, leopardos… No me des ideas que me conozco.

La auténtica historia de las minas del Rey Salomón

Agustín Velasco | 22 de julio de 2010 a las 7:41

cecil rhodes

Carlos Roca se confiesa desde un principio de esta obra como un devoto admirador de la novela de Henry Rider Haggard, que de niño prendió en su alma la fascinación por aquella África ignota de Allan Quatermain de la segunda mitad del s. XIX que se esbozaba con detalle en Las minas del rey Salomón. Esa pasión es lo que a Carlos Roca le ha hecho ir más allá del velo de la ficción para desentrañar el momento que les tocó vivir a aquellos aventureros sin la edulcoración novelística.

En La auténtica historia de las minas del Rey Salomón (Ed. Nowtilus) de Carlos Roca encontramos una narración excelentemente documentada de los acontecimientos que van desde ‘La gran tribulación’ del pueblo Zulú y la llegada de los primeros colonos blancos en la primera mitad del siglo XIX a la muerte en 1902 de Cecil Rhodes, conquistador del Imperio Británico y fundador de Rhodesia. Un pormenorizado recuento de un siglo de exploración, guerras y dolor, donde los héroes siempre tienen un regusto amargo, porque Roca ha sabido mantenerse en esa cuerda floja de la objetividad en el que el color de la piel no justifica las atrocidades. A pesar de todo el autor ha conseguido darle ese toque vibrante de las grandes gestas, la pasión del descubrimiento, la tensión del peligro sin cuartel…

  • autenticas minas de salomonTítulo: Las auténtica historias de las minas del rey Salomón
  • Autor: Carlos Roca
  • Editorial: Nowtilus
  • Páginas: 272
  • Precio: 17,95 €

Aquí encontraremos los perfiles de los grandes hombres del Imperio como el cazador aventurero Frederick Courtney Selous, inspirador del personaje de Quatermain, el famoso Doctor Livingstone, o Baden Powell, fundador de los Boys Scouts. Y también encontraremos, retratados con la misma dignidad, los grandes líderes de los pueblos autóctonos que se opusieron a los británicos. Así mismo no oculta las verdaderas razones de toda esta epopeya que no fue más que económica, una lucha encarnizada por unos recursos naturales y unas tierras que aún hoy traen cola.

Este libro no tiene desperdicio. Cada nota a pie de página es imprescindible y aleccionadora. Y nos deja muchas historias bosquejadas que merecen un libro para ellas solas como la homosexualidad de Cecil Rhodes y la historia de amor que vivió con el médico escocés Leander Starr Jameson, en brazos de quién falleció.

Para los apasionados de África este es un libro imprescindible, igualmente para los amantes de las aventuras y la historia. Y mi recomendación personal es releer Las minas del rey Salomón (ed. Anaya) de Henry Rider Haggard, revisar  la película del mismo nombre (Las minas del rey Salomón) dirigida por Andrew Marton y Compton Bennett, y cuando lo digieras todo dar un paso más allá y revisar Memorias de África, que es una continuación natural a todo lo visto y leído.

Próximamente: Cómo no escribir una novela (ed. Planeta) de Sandra Newman y Howard Mittlemark

Empezado: Aelita (ed. Nevsky Prospects) de Alexéi Tolstoi

El regalo de la gran reina blanca a ‘su amigo’ el gran rey negro

Agustín Velasco | 28 de junio de 2010 a las 14:27

reina victoriaLa auténtica historias de las minas del rey Salomón (ed Nowtilus) de Carlos Roca es un libro intenso en información y anécdotas dignas de reseñar. Cuando el rey matabele Lobengula mandó a dos de sus hombres a cruzar África y llegar hasta la presencia de ‘la gran reina blanca‘, la reina Victoria de Inglaterra, para quejarse de los abusos de los ingleses con sus tierras estos llegaron a Londres no sin avatares en 1883 donde fueron recibidos con entusiasmo por la sociedad londinense y la propia reina. La reina les dio para Lobengula una carta para “su amigo” el rey prometiendo amonestar seriamente a Cecil Rhodes (el ambicioso empresario que los estaba hostigando) y como regalo especial le envió un retrato suyo. La amonestación no tuvo mayor influjo en la codicia de tierras de Rhodes y cuando en 1893 los británicos llegaron al poblado de Lobengula en pie de guerra se encontraros que este lo había abandonado y quemado, quedando sólo las cenizas de todas las baratijas inglesas que este había ido atesorando de un gramófono al mismísimo retrato de su “amiga” la reina Victoria. Supongo (elucubro) que el retrato que recibió Lobengula sería algo como este pintado por Lady Julia Abercromby es una copia modificada de otro retrato pintado por Heinrich von Angeli. No puedo meterme en la cabeza de Lobengula, pero si dos emisarios me llegaran con un retrato como todo regalo… no sé, quizás decidiera declarar la guerra a alguien (es como regalarle a tu chica por su cumpleaños una buebna plancha, ¿no?).