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Entrevista a Teo Palacios

Agustín Velasco | 9 de marzo de 2010 a las 20:21

teo palacios

Teo Palacios es de Dos Hermanas (Sevilla) y es el culpable, bueno llamémosle mejor ‘el responsable’ de que le dedique en este blog una semana a Esparta. Su libro, Hijos de Heracles (Ed. Edhasa) me subyugó y me creo ansia de saber, saber más sobre Esparta, sobre la educación espartana, de sus costumbres, de su historia… Si un libro es capaz de crear esa respuesta en un autor, venda lo que venda, ya se puede catalogar de todo un éxito (aunque de ventas tampoco creo que vaya mal).

Entre las credenciales de este escritor que ha visto su primera novela en la calle están el formar parte del comité organizador de las Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas, impartir cursos y talleres de creación literaria, y su faceta como colaborador de varias revistas: Cambio16, Cuadernos para el Diálogo y otras.

Nos vimos las caras justo antes de la presentación de su libro en el Fnac de Sevilla y no sé si suscitaba más curiosidad en mí su obra o su estatus de autor novel.

¿Es esta tu primera novela? No, no es mi primera novela, pero sí la primera que se publica. Tengo otras tres a la espera de que llegue su momento.

¿Es complicado conseguir publicar? España es un país en el que se editan más de 80.000 libros al año por lo que yo no diría que es difícil publicar, lo que sí es difícil es hacerlo con una buena editorial, bien respaldado, con profesionalidad. Para un autor inédito lo difícil es pasar el primer filtro, conseguir que lean tu obra. En mi caso cuento con una de las mejores agentes literarias de España, Sandra Bruna, y eso facilita mucho las cosas.

¿Por qué eliges la etapa arcaica de Esparta como eje de tu novela? Porque es un momento fascinante, de posibilidades narrativas sorprendentes. En un momento convulso, de cambios profundos, problemas materiales y económicos… el caldo de cultivo de una buena historia. Ese periodo es justo el germen de la Guerra de Mesenia que da pie posteriormente al conflicto entre Esparta y Atenas. Es una ciudad en la que nace la música y tienen a los mejores poetas. Y aún así le dan la espalda a todo ese legado cultural y se convierten en una sociedad militarista. Ese tránsito es el que reflejo en Hijos de Heracles.

Has conseguido romper el velo el cliché del espartano y has sabido dotar a tus personajes con personalidades muy marcadas. Trabajo mucho los personajes, si te das cuenta hay poca descripción física y sí hay una gran carga de profundidad psicológica. Sus actos hablan por ellos, lo que los rodea da juego para desarrollarlos como personajes. Por ejemplo hablo de dos hermanos que nacen y se desenvuelven en el mismo ambiente y bajo las mismas circunstancias pero que desarrollan dos personalidades muy distintas.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación histórica? De este periodo se sabe muy poco. Existen gravísimos problemas incluso para algo tan básico como establecer una cronología. Dependiendo de qué diferentes autores consultemos podemos tener fechas para un mismo suceso que pueden distar 100, 150 o 200 años. Todo el proceso de documentación fue complicado. Me sorprendió que cuando llamé a un especialista de la Universidad de Sevilla para consultarle cómo se enterraban a los reyes espartanos, este me dijo que se alegraba de que alguien escribiera sobre la Esparta arcaica “aunque fuera una temeridad”. Me recomendó una publicación pero estaba descatalogada y fue un profesor de la Universidad de Alcalá de Henares el que me consiguió una copia de ese artículo a través de la biblioteca de allí.

¿Se prestan los expertos a colaborar en la documentación? Sí, es sorprendente. Da miedo pedir ayuda, pero una vez que has llamado a la puerta te atienden con mucha amabilidad y se vuelcan contigo. Para otra novela (que no puedo desvelar por ahora) recurrí a un experto de Pensilvania. Tardó cuatro meses en contestar y llegué a pensar que había pasado de mi petición. Finalmente contestó disculpándose por la demora y se estableció una muy buena relación que dura hasta hoy vía mail.

Gran parte de la historia trascurre en la agogé y consigue unos personajes infantiles muy ricos, llenos de matices y coherentes. ¿Fue difícil meterse en la piel de esos niños? No, lo difícil no es pensar como los niños, lo complicado es llegar a pensar como los padres, a comprender por qué sometían a sus hijos a esa educación tan dura. Para hacerte una idea, se cree que un norteamericano medio moriría la primera noche si se viera arrojado al monte Taigeto sin el equipo apropiado para subsistir, y sin embargo los espartanos mandaban allí a sus hijos protegidos simplemente por una capa de lana durante meses. Pero es que ellos lo veían como un proceso necesario, de hacerlos duros dependía asegurar su futuro como individuos y como nación. Sin duda para las primeras generaciones que se sometieron a esta disciplina debió ser brutal.

¿A qué fuentes clásicas has recurrido para reconstruir el periodo? Recomiendo La Republica de los Lacedemonios de Jenofonte que revela muy claramente lo que es el espíritu espartano. Cómo un pueblo culturalmente rico se encierra sobre sí mismo y precisamente querer asegurar lo que tenían es lo que lo lleva a perderlo todo.

Pero los espartanos no eran unos santos. Hay que comprenderlos. Dominar a tantos ilotas sólo lo podían conseguir suscitando un miedo inconmensurable. Cuando iban a la guerra se peinaban con esmero y acudían cantando a la batalla, y así demostraban que el miedo no les era un concepto familiar.

¿Qué tal el trato con la editorial? En Edhasa me ha dado un trato casi casi familiar, estoy muy contento con el resultado. Fíjate que ha sido nombrada mejor editorial de novela histórica y aventuras, y publican a 15 Premios Nobel. Que apostaran por un autor novel es cuando menos sorprendente. Este libro, tal y como está editado, con tanto cuidado, es el sueño de cualquier escritor.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido de esta nueva faceta de escritor? Lo más excitante es ver tu libro en una librería. Es el reconocimiento a tu trabajo.

¿Y las reacciones del público? Muchas de las preguntas que me hacen van encaminadas a conocer más la sociedad espartana, levanta mucha curiosidad. Lo que la gente no imagina, dado a la imagen de Esparta que nos ha llegado, es que se trataba de una sociedad muy avanzada y muy rica culturalmente. No tiene precio ver la cara de la gente cuando le cuentas que hoy disfrutamos de la música moderna gracias a los cambios que allí y entonces se produjeron, como la introducción de la escala pentatónica.

¿En qué trabajas ahora? Estoy preparando una nueva novela ambientada en el siglo XI y estoy en la fase de documentación. Es un periodo histórico muy interesante y del que se conoce poco. Es una época de muchos cambios sociales y conflictos internos.

Hijos de Heracles

Agustín Velasco | 9 de marzo de 2010 a las 14:09

hijos de heracles

Las fuentes históricas para el estudio de la historia de la gloriosa Esparta ofrecen muchos problemas de coherencia, tanto en cronología como en la real existencia de personajes que son determinantes para la comprensión del carácter y las señas de identidad del pueblo espartano. Por ejemplo el célebre Licurgo al que se atribuye hacia el año 800 a.C. la revolución legislativa que dio forma a los órganos de gobierno de esta polis griega creado el eforado y la educación militar de los infantes espartanos. Sin embargo hay historiadores que ponen en duda la realidad de la figura de Licurgo, empezando por el propio Plutarco, que ya ponía en cuarentena todo aquello que se conocía de él.

cubierta[1]

  • Título: Hijos de Heracles. El nacimiento de Esparta
  • Autor: Teo Palacios
  • Editorial: Edhasa
  • Páginas: 319
  • Precio: 19 € 

La apasionante novela Hijos de Heracles (Ed. Edhasa) de Teo Palacios parte de la hipótesis que niega la existencia real de Licurgo y atribuye buena parte de sus logros al rey Teopompo, uno de los protagonistas tangenciales de esta narración. Pero la novela de Palacios no va sobre este rey, sino sobre su hijo Anaxándridas, y la narración comprende desde su nacimiento bajo el auspicio de Ártemis que bendijo el alumbramiento con una estrella fugaz que dejó clara sus intensiones, a la muerte de su padre y su ascensión al trono de la Casa Agíada.

Anaxándridas nace para ser el sucesor de Teopompo pero pronto se convierte en su gran decepción. La obsesión de Teopompo por tener un hijo digno es la que abrirá la caja de Pandora y hará que Anaxándridas pase toda su vida buscando la aprobación de su padre, las expectativas desplazadas a su hermano Arquidamo hará que el odio más profundo haga presa en él, y su madre, Tira, se sumirá en una espiral de reproches que minará su matrimonio.

Más allá del relato histórico en que se saborean las costumbres espartanas y su estilo de vida de la forma más cruda, hay que resaltar la habilidad del autor para adentrarse en la psiquis de los personajes y traspasar el velo de lo que fácilmente podría convertirse en el cliché del espartano. Un buen trecho de la historia se desarrolla en la agogé donde los niños pasan a ser hombres y guerreros, y justamente en esa edad es donde Teo Palacios mejor trabaja los personajes, sumiendo a los chicos en esa nebulosa corrientes de sentimientos que provoca ser sometidos a verdaderas torturas siempre justificadas por el sentido patriótico y el deber para con el pueblo. Esta novela que es capaz de hacer aflorar sentimientos de ternura y simpatía para con un pueblo de crueldad y honor a parte iguales.

En la narrativa de Teo Palacios es tan importante la forma como el fondo, el contexto como los personajes, la historia explícita así como otros dramas no verbalizados que deja ver muy inteligentemente.

Hay que destacar la excelente edición que ha hecho Edhasa de esta obra donde desde el gramaje del papel a su color, de la tipografía a la sobrecubierta con textura del piel, pasando por detalles como la inclusión de la cinta llamada ‘punto de lectura’ o el mapa inicial de la región donde se desarrolla la historia… todo contribuye a que esta obra sea un deleite para todos lo sentidos.

Para leer este libro me decante por una selección musical sin riesgos, es decir, me fui a lo obvio: La banda sonora original de 300, compuesta por Tyler Bates. Me funcionó muy muy bien.

Mañana: La Batalla de las Termópilas (Ed. RBA Bolsillo) por Heródoto y Diodoro de Sicilia