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Entrevista a Juan José Ruíz Ruíz

Agustín Velasco | 1 de abril de 2010 a las 10:59

Foto IDEALComo decíamos ayer… vamos a conocer un poco más a Juan José Ruíz Ruíz, autor de El Legado del Escorpión (Visión Libros). En esta entrevista nos cuenta cómo ha sido el proceso de construir este trepidante relato de aventuras y su experiencia como autor novel.

¿De dónde nace la idea de este libro? Aunque parezca mentira todo esto empezó cuando con doce años en séptimo de EGB. Nos mandaron leer algo de don Benito Perez Galdós. Yo elegí Trafalgar, no sé por qué, pero ya me enganchó para siempre. Creo que por varias razones: el sacrificio de nuestros héroes, por salir a morir por nuestra libertad. Fueron a la batalla con viento de frente, de popa. No tuvieron ninguna opción de victoria y lo sabían desde que izaron las velas… El imaginar lo que sintieron al verse obligados a someterse al mando de un inútil como el general francés Villeneuve, impuesto por Godoy y Napoleón. La indignación y el desprecio al observar al empezar la batalla cómo el general Dumanoir abandonaba cobardemente el combate, influyendo decisivamente en la batalla… En fin, yo necesitaba rendirles un pequeño homenaje desde que prendió en mí aquella llama de admiración y respeto por nuestros héroes de Trafalgar. Por eso elegí al capitán Churruca como uno de los personajes centrales de la novela. Pero para ser sinceros, la chispa que prendió aquella llama latente fue la novela León el Africano de Amin Maalouf que me la recomendó un excelente profesor del llamado, Jesús Carreño. Fue al terminarla cuando empezó este maravilloso runrún.

Los datos que das sobre navegación, barcos, marina… son realmente asombrosos. ¿Esta es una pasión tuya de toda la vida o es algo que has descubierto a raíz del libro? Mitad y mitad. A mí siempre me apasionó la marina, pero he de reconocer que a medida que escribía la novela me he enamorado eternamente. Los datos técnicos son muy fáciles de comprender. Si yo lo he hecho, cualquiera que lea mi novela, que seguro que es más inteligente que yo, lo hará. Jajajaja. Te digo esto, porque tenía miedo a ser “pesaillo” con la jerga naval, pero la verdad es que son palabras conocidas por la mayoría de la gente: proa, popa, estribor, babor, sotavento, etc. He tenido la suerte de que el destino me presentara a dos grandes poetas y escritores. Uno Francisco Acuyo, granadino y con una métrica maravillosa, y el otro, Ángel Leiva, más intimista y reflexiva, afincado en Sevilla. Los dos me aconsejaron que el lector “trabaje la novela“, que no pasa nada si el que está leyendo y apasionándose con tu historia coge el diccionario de vez en cuando. Que esos son los libros que se recuerdan para siempre… Y bueno, si te lo dicen dos maestros como ellos, será verdad. 

Cuéntame cómo ha sido el proceso de documentación histórica, ¿te ha resultado complejo? La investigación ha sido realmente apasionante. Un historia dentro de otra historia.  He llamado a la embajada española en París, al Ministerio de Exteriores, a la curia, a la Consejería de Cultura de varios ayuntamientos, incluso me suscribí a la Revista de Historia Naval de la Marina. Por cierto, quiero agradecer una vez más, el cariño y la profesionalidad con la que he sido atendido en todos ellos. He recorrido bibliotecas e internet y conocido gente a través de otras personas que me facilitaban datos que he usado en algunos casos. Por ejemplo, el embajador de entonces en Francia, aparece en la novela por su nombre original, los jefes indios de florida igual. Aunque con alguna licencia literaria, he procurado con cariño, que todos los personajes históricos reales se ajustaran a la realidad. Creo que ha sido lo más entretenido de todo el proceso de creación. Algunos datos me han costado reunirlos como la biografía del cobarde Domanioir, la muerte del general Gravina… Quizás lo que más me ha costado ha sido seleccionar lo que incluía o no. He quitado algunas escenas muy intensas para no “alargar” la novela. En fin, igual lo dejamos para la segunda parte, o como digo yo, la continuación.

Realmente minucioso. Te contaré una pequeña anécdota. En algún momento de la novela, se nombra al valido de Carlos IV, “el bastardo Godoy”. Como no sabía si era “políticamente correcto” llamé de nuevo al Ministerio de Exteriores y me pasaron con documentación. “¿Usted cree que por poner una vez ‘bastardo Godoy’ a la gente le sentará mal?” pregunté con curiosidad y respeto. El señor que me atendió, mayor, apasionado de la literatura histórica y con muchos años en el Ministerio, tomo aire y con voz afable me respondió: “En Granada dicen que hay unos atardeceres hermosísimos, ¿verdad?”. “Sí, Sí, preciosos” contesté riendo y entendiendo perfectamente su respuesta.

¿Hasta qué punto es fidedigno el contexto histórico de la historia? El Legado del Escorpión lo podríamos enmarcar en el género “Literatura histórica de ficción”. Como te he explicado antes, mi mayor deseo era ser lo más respetuoso con los personajes históricos. De hecho, todos los datos y biografías que se explican por boca del protagonista son reales. Por ejemplo, la muerte del general Gravina es de un gran verosimilitud a como fue en realidad, igual que
la Batalla de Tenerife, que el protagonista de ficción cuenta en primera persona. En el capítulo del París napoleónico, mi favorito, se detallan igualmente hechos y sucesos reales que el lector no podrá resistirse a comprobar por si mismo. La mayoría de la gente que me ha dado su opinión me dice que es esta combinación de personajes reales y ficticios es lo que más le gusta.

¿Por qué eliges este momento histórico concreto para escribir tu novela? Creo que por varios motivos, porque de aquellos polvos de mediocridad y cobardía política vinieron los lodos de la pérdida de nuestras colonias y lo que ello supuso. La pérdida de nuestras vías de comercio, y sin comercio, jaque mate. Y por supuesto la pérdida de las colonias en América. También por las felonías del gobierno de entonces, el del bobalicón y consentido Carlos IV y el ignominioso Fernando VII después. Posiblemente el rey más felón de la historia de España. Únicamente pido a la gente que se imaginen al pueblo llano luchando para el regreso de Fernando VII y cuando éste llegó lo primero que hizo fue abolir la constitución del 1812, instaurar el absolutismo y perseguir con saña a los que le auparon al poder. España ha sobrevivido a los franceses, a nuestra bastarda Guerra Civil y a Franco por nuestra grandeza como pueblo plural y libre. Por eso sobreviviremos también a esta crisis. Económica sí, pero sobre todo de valores, de honra, de sacrificio, de valor, de honestidad y de patriotismo real y libre. Joaquín Murat dijo que el mayor enemigo de España son sus políticos. No se equivocaba. Y ese momento crucial en la historia de España fue más evidente que nunca.

¿Cómo es la experiencia de publicar tu primer libro? Esto de las editoriales es un mundo enrevesado y muy complicado para un escritor novel como yo. De hecho, yo publiqué con Visión Libros porque era la única que me editaba unos cincuenta ejemplares. Todas las demás a las que envié la novela me pedían un mínimo de 200 ó 300 ejemplares. Y yo la verdad es que no disponía de dinero para afrontar semejante gasto. De todas maneras he vendido unos 600 ejemplares por el método del boca a boca. De hecho los gerentes de las dos librerías más grandes de Granada me dicen que debo de estar orgulloso de lo que he hecho y la verdad es que lo estoy. Yo sé que no soy nadie en este mundo tan competitivo, pero es que yo no busco vender muchos libros. Yo únicamente quiero y deseo que cuando estén leyendo mi novela, de vez en cuando, miren la contraportada donde está mi foto y digan: ¿Esto lo ha escrito JJ Ruiz? ¡¡¡Eso es lo que me hace feliz!!!

¿Qué se siente a ver tu historia en manos de otra gente anónima? Es inexplicable. Un sueño hecho realidad. En la primera presentación, ante la Asociación de la Prensa de Granada, vinieron amigos de Armilla, vecinos de mi familia, del trabajo, conocidos del profesor y poeta Francisco Acuyo y algún crítico literario. La boca se me secó y el corazón se me subió a los oídos, pero a medida que hablaba y miraba sus caras de asombro por verme allí, sentado frente a ellos, me tranquilicé un poco. Pero es que en la segunda presentación en el teatro de Armilla, casi asistieron cien personas. ¡Madre mía! Casi me da un infarto. Algunos de ellos cambiaron turnos de trabajo para poder acompañarme. No tengo palabras para agradecerles  a todos ellos que me hayan apoyado y/o comprado un ejemplar.

Casado, hijos, un trabajo que no tiene nada que ver con la literatura… ¿De dónde sacas el tiempo para escribir? Por favor, quiero la receta mágica. Buena pregunta, Agustín. Sin duda se lo debo a mi mujer y su infinita paciencia. De todas maneras no soy muy constante, por eso no consigo adelgazar, jajaja. He tardado un año y medio aproximadamente en terminar la novela. Entre otros motivos porque quería ser lo más respetuoso posible con los datos históricos. Soy Técnico en Emergencias Sanitarias y el poco tiempo libre lo tengo que compaginar con la familia, pero siempre se saca algún momento de allí y de allá. ¿La receta…? No dejar que el stress, la monotonía o el aburrimiento te aparte de este bello arte que es escribir y leer, porque quien no lee o escribe se está perdiendo un mundo maravilloso de sensaciones que te harán feliz. Eso creo yo.

¿Cómo se te ocurre meter personajes contemporáneos disfrazados en esta historia? Bueno, hago un pequeño homenaje a dos de nuestros grandes escritores de siempre, Galdós y Pérez Reverte. Pero es que también alguno de los personajes ficticios son amigos míos con distinto apellido. El cirujano de a bordo, D. Ignacio de Cajal es en realidad D. Ignacio Alvarez, ex médico del centro comercial Alcampo y que conocí cuando trabajé allí. Un gran médico y mejor persona. Al igual que los tenientes Anthony Wilson y Juan Esteban Lombardi, dos compañeros míos de entonces. El conde de Armilla, don Garcilaso de Villacastín, es un pequeño homenaje al pueblo donde vivo ahora. Incluso algunas de las protagonistas se llaman igual que dos compañeras de trabajo, etc. A todos les ha hecho mucha ilusión. Incluso puede que tenga que resucitar alguno, jajaja. Cuando hice la presentación de la novela ante la asociación de la prensa y los vi allí, fue algo muy emotivo.

Entonces estás trabajando en una nueva entrega pues. Sí, me han animado a continuar y a ser constante. Espero conseguirlo otra vez y que no me cueste el divorcio, jajaja. Lo único que le pido a las musas es que me ayuden a ser respetuoso con los personajes históricos que aparezcan en ella. No sé por dónde nos llevará la novela, porque es la novela la que me guía a mí y no al revés, pero quiero rendir homenaje a la gente anónima que luchó en la Guerra de la Independencia de Granada, aunque el protagonista seguirá con su lucha interior buscando apaciguar su alma… y algunas ideas más que me revolotean por la cabeza.

El Legado del Escorpión

Agustín Velasco | 31 de marzo de 2010 a las 17:03

trafalgar

El capitán de infantería de marina Juan Ruiz de Medinaceli es un personaje en la mejor tradición heroica de aventuras de todos los tiempos: misiones en alta mar, piratas, intrigas palaciegas, duelos de capa y espada… El Legado del Escorpión (Ed. Vision Libros) de Juan José Ruíz Ruíz es por encima de todo una novela de aventuras, con trasfondo histórico, sí, pero de donde las trepidantes peripecias en que nos sumerge reclaman el protagonismo por encima de todas las demás consideraciones narrativas.

  • 9788498867855[1]Título: El Legado del Escorpión
  • Autor: Juan José Ruíz Ruíz
  • Editorial: Vision Libros
  • Páginas: 291
  • Precio: 20 €

Una España que arrastra una historia de esplendor pero que poco a poco queda solo en una grandeza ‘nominal’ pues se encuentra sometida la ominosa regencia de un Carlos IV pusilánime y una María Luisa de Borbón-Parma ninfómana y entregada al Primer Ministro, un Godoy mezquino y vendido a los intereses franceses.  En este panorama de intereses espurios un grupo de intrépidos hombres, y sobre todo íntegros, se embarca una aventura que los unirá en hermandad hasta el mismo día de sus muertes y más allá. Capitaneados por el heroico Brigadier Churruca se embarcarán un grupo de hermanos de armas con Juan Ruiz al frente para liberar a las tía y prima de este de su cautiverio en las Islas Azores; y tiempo después se reencontrarán para viajar a ultramar en busca de El Escorpión de los Vientos (que no es cuestión desvelar qué es en esta reseña) en una misión secreta que les depara más de una sorpresa, como el enfrentamiento con el despiadado corsario Ralph Abercromby. A partir de entonces el destino los separa y Juan Ruíz tendrá que llevar a cabo un último encargo que el General Gravina le hace en su lecho de muerte: acabar con la vida de Napoleón Bonaparte.

Como transcurre todo, ya es cuestión de que cada cual lo averigüe de primera mano, pero si puedo decir que todo queda abierto a una nueva entrega, recurso muy hábil. El tono predominante he de admitir que es muy Perezrevertiano, y el propio autor de forma implícita lo subraya cuando cierra su obra con la aparición de un mozuelo que se llama Arturito Pérez Reverte que quieres “ser periodista y escritor… ¡y cagarme en los muertos de los ingleses, los franceses y todo los hijos de puta que nos rodean…!”. Aunque sin duda hay influencias muy visibles de clásicos como Alexandre Dumas y sus mosqueteros, por ejemplo.

Juan José Ruíz Ruíz tiene la habilidad de convertir la narración náutica y sus tecnicismos, que podrían caer en el sopor en la pluma de otro, en un emocionante relato que te hace ver con exquisita claridad el ritmo de vida de un barco decimonónico. Y sabe también muy bien cómo jugar con el contexto histórico integrando episodios significativos como los increíbles sucesos de Dominica en donde se celebró el último juicio de la inquisición americana o la Batalla de Trafalgar de forma que los protagonistas sacados de su imaginación tengan papeles esenciales en el devenir de los acontecimientos.

Y como siempre digo, de todos los libros se aprende, y aquí no faltan precisamente anécdotas históricas bastante curiosas en las que profundizar, como la aparición justo al principio, en 1804, de un sumergible llamado Nautilus que pilotaba su inventor Robert Fulton, del que sabía que había desarrollado el primer barco a vapor que resultó un éxito comercial pero desconocía la existencia de ese primer sumergible anterior al de Isaac Peral.

Sobre el autor sabremos más en el próximo post de este blog para el que lo he entrevistado porque creo que es un hombre digno de admiración por la pasión que ha puesto en este relato y de haber sacado tiempo de donde no lo había para llevarlo a cabo.

Próximamente: El nombre del viento (Ed Plaza Janés) de Patrick Rothfuss

Empezado: Diario de un pardillo (Ed. Destino) de Jordi Serra i Fabra